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En su decadencia, el capitalismo avanza hay una crisis de subproducción, Jorge Beinstein nº60 revista política del PCPE "Propuesta Comunista"

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Mensaje por borche el Miér Dic 29, 2010 11:54 pm

En su decadencia, el capitalismo avanza hay una crisis de subproducción, Jorge Beinstein nº60 revista política del PCPE "Propuesta Comunista"
Me lanzo a crear mi primer tema recomendando el último nº del "Propuesta Comunista", con una entrevista y varios textos del marxita argentino Jorge Beinstein. Lo recomiendo pues de una manera profunda pero muy clara expone la situación actual del capital internacional y las tendencias de como a nivel de cada continente y de la insurgenca global se están creando y como se crean cada vez más las condiciones de la supervivencia de la humanidad o caeremos en la barabarie a mediano plazo quizá antes.

Este número se puede conseguir a través de los locales y militantes del PCPE y si alguien está interesado que se ponga en contacto conmingo a través este tema en este foro.

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Mensaje por Joven Guardia el Jue Dic 30, 2010 12:08 pm

EN SU DECADENCIA,

EL CAPITALISMO AVANZA
HACIA UNA CRISIS DE SUBPRODUCCION


Entrevista a Jorge Beinstein*
Publicada en el número 60 de Propuesta Comunista (PCPE)





"A la población del planeta le sobra el capitalismo. El capitalismo no es un señor abstracto o extrahumano. El capitalismo es humano, es una forma de vivir de los seres humanos. Hay potenciales 600 millones de personas a los cuales les sobran los otros 6.000 millones. Y, esos 600 millones, sometidos a un sistema superautoritario. Si uno imaginara cómo podría ser el capitalismo hacia 2100, tendríamos un capitalismo con 600 millones de personas viviendo en una especie de dictadura ultrafascista y, los otros 6.000 millones, muriéndose, siendo bombardeados para que no molesten en las fronteras, tirándoles bombas nucleares... Es un futuro terrible y, por ello, inviable. Ese esquema no puede funcionar porque los otros 6.000 millones tendrían que estar en unas condiciones de inferioridad civilizatoria decisiva, que es lo que permite la reproducción ampliada del colonialismo".





¿En qué crisis estamos?

Es una crisis del sistema capitalista, la totalidad del sistema está en crisis, y eso se puede producir por la multiplicidad de crisis: energética, alimentaria, industrial, financiera, ambiental, etc. Pero, en realidad, con eso solo no alcanza; habría que ver el proceso a lo largo de la historia y, entonces, lo que se visualiza es que esa crisis múltiple es el resultado de dos siglos de desarrollo del capitalismo, lo cual hace pensar que más que una crisis, más que una gran turbulencia, lo que tenemos enfrente es un proceso de decadencia del sistema. Yo no lo definiría tanto como una crisis, sino como un proceso de decadencia.



¿Está a la vista una quiebra económica del capitalismo global?

Estamos ante una muy larga crisis de acumulación de capacidad productiva. En términos clásicos, se diría que es una crisis de sobreproducción crónica, cosa que no es exactamente sobreproducción, sino sobreproducción potencial, porque el capitalismo tiene ya los suficientes recursos técnicos como para saber, si lanzan un producto al mercado, cuáles son sus posibilidades de venta. Pero el capitalismo lo que no puede evitar es la competencia entre las empresas, que las lleva a innovar y, en consecuencia, a aumentar la composición orgánica del capital.
El proceso se puede definir en el largo plazo -o sea, desde los años setenta hasta ahora- como una crisis crónica de sobreproducción potencial o una crisis crónica de sobrecapacidad, pero que se da en un proceso de liquidación de todos los recursos que tiene a su alcance con el fin de bajar los costos, y, entonces, hay una depredación ambiental colosal, una superexplotación de recursos naturales renovables y no renovables, lo cual lleva a una situación de colapso de esos recursos y de colapso ambiental. Estamos próximos a todo eso, y, de ahí, estaríamos pasando de una crisis crónica de sobrecapacidad, en el largo plazo, de carácter muy depredador, a un agotamiento de recursos que plantea un techo material (yo diría absoluto) a la reproducción ampliada del sistema. En términos técnicos, podríamos decir que la crisis crónica de sobrecapacidad o sobreproducción potencial, en las características que se han dado en los últimos 40 años, lleva a un fenómeno de parálisis económica creciente del sistema y, por tanto, a una crisis de subproducción. O sea, que el sistema no sólo no va a ser en el futuro próximo capaz de reproducirse a sí mismo de igual a igual, sino que ni siquiera va a poder hacer eso porque las reservas de petróleo están cayendo rápidamente y los otros recursos no naturales están también en el límite máximo de producción, ya cayendo, y, por otro lado, la desesperación en obtener ganancias por el sistema capitalista ha llevado a una depredación colosal de los recursos naturales no renovables y, consiguientemente, es un techo general en ese sentido, a lo cual se agrega, además, el hecho que esa crisis crónica de subproducción ha llevado a una hipertrofia financiera colosal y, por tanto, lo que tenemos es un gran techo financiero a la reproducción ampliada del capital.



¿Ese techo alcanza también a los recursos naturales renovables y no renovables?

La historia del capitalismo empieza por una depredación centrada en los recursos no renovables -aunque hubo también de renovables, pero era menos visible, porque, en última instancia, lo que sería una de las funciones básicas de la tierra, que es la producción de alimentos a partir de ella, se pudo realizar durante un largo período del capitalismo e, incluso, con desarrollos técnicos del capitalismo, lo que permitió aumentar en el largo plazo la productividad de la tierra. En la etapa última, donde trata de llevar la productividad de la tierra mucho más allá de lo posible, se violentan lo ciclos de reproducción natural y eso lleva, en un plazo no muy largo, a un colapso de los recursos naturales renovables -por ejemplo, la tierra (a través de glifosato, transgénicos, etc).
El Departamento de Defensa de EEUU sacó hace meses un estudio donde ellos confirman lo ya sabido: dentro de 20 años, a este ritmo de explotación, lo que vamos a tener es una bajada de 80 millones de barriles diarios de petróleo a 30 millones, sin posibilidad de grandes reemplazos, partiendo de la base que el petróleo es aproximadamente entre 35-40% de todos los recursos energéticos de que se dispone, pero es la mayoría aplastante (casi el 90%) del recurso energético que se usa para transportes. O sea, que lo visualizable de esa crisis energética es la imposibilidad de mantener el sistema de transporte actual.
La suma de agotamientos lleva a una crisis de subproducción; es decir, el capitalismo ya no puede hacer crecer más las fuerzas productivas y, no sólo no puede hacerlas crecer, sino que, si se reproduce el capitalismo, lo que vamos a tener enfrente es una reproducción ampliada negativa de fuerzas productivas: frente a eso estamos. Es una situación histórica, una realidad, imposible de ser pensada en 1950, ni qué decir en 1850. En 1950 era muy difícil pensar que se iba a llegar a una situación de este tipo. Más bien, la crisis del capitalismo se podía ver en ese momento como una crisis general del sistema a partir de una crisis de sobreproducción de magnitudes tales que ni iba a poder ser regulado el sistema. Pero lo que se dio fue que el capitalismo tenía los recursos para transformar la crisis en crónica -por supuesto, sin poder resolverla- y eso lleva a la situación actual, que puede parecer una novedad, una sorpresa, pero que no lo es cuando uno mira las historias de todas las civilizaciones que se han derrumbado por factores endógenos. Siempre, el derrumbe de las civilizaciones ha sido por un tema de crisis profunda y general de subproducción.



¿Ha llegado el momento de sustituir el petróleo por otras energías?

Los técnicos dicen que el petróleo que se usa para los transportes podría ser reemplazado en un 10-20%. No hay otra posibilidad, por lo menos en los próximos 20-30 años. No hay ninguna innovación a la vista que pueda hacer esa sustitución: con la energía eólica, se puede reemplazar muy poquito; con la solar, muy poco; lo del hidrógeno está por verse -por ahora, la producción de hidrógeno se hace usando como base los hidrocarburos, por lo que estamos gastando hidrocarburos para producir algo que ahorraría hidrocarburos. Eso no tiene ningún sentido. Los biocombustibles, incluso si se utilizara la totalidad de la tierra arable del planeta, no alcanzarían para reemplazar sino la mitad del petróleo. Pero, entonces, no tendríamos con qué alimentarnos. Es una locura completa.
Técnicamente no hay sustitución para los próximos 20 años; sólo un reemplazo menor. Entonces, es un hecho ineludible que la humanidad, que va a seguir creciendo, va a tener mucha menos energía disponible dentro de 20 años que la que tiene ahora.
Ese no es un tema solamente de disponibilidad energética, de dónde se va a sacar la energía, sino que no va a poder funcionar la industria que conocemos ahora, que no van a poder funcionar las grandes ciudades (que son grandes sistemas hiperconsumidores de energía). Las grandes ciudades son inviables en esta situación.
La solución pasa no por encontrar un reemplazo a la energía que se está agotando rápidamente, sino una sustitución del sistema, del sistema de producción que necesita tanta energía.
Inevitablemente, se tiene que pasar a un sistema de producción que sirva para satisfacer las necesidades de 7.000/8.000 millones de personas -y eso no puede ser el sistema capitalista que conocemos (y no hay otro). O hay una hiperconcentración de recursos que permitiría la supervivencia, en este sistema, de 600-700 millones de personas para los próximos 40 años. Luego, se les plantearía a ellos otra vez el problema.
El resto de la humanidad quedaría sumergida en la edad de piedra, muriéndose o viviendo de cualquier manera. Es un futuro de genocidio. Yo diría que la disyuntiva socialismo o barbarie ya no es vigente. El tema no es la supervivencia bárbara del capitalismo como civilización mundial, sino que el capitalismo que podría sobrevivir en los próximos 30-40 años se podría hacer solamente a condición de que no sobreviva la mitad de la humanidad. En tal sentido, cuando Fidel Castro dice que lo que está en peligro es la supervivencia de la humanidad, es exactamente así. O sea, que hemos llegado a un nivel de degeneración del capitalismo que era absolutamente impensable no ya hace 100 años, sino hace 50 años.



Es decir, que al capitalismo le sobra población

No, al revés: a la población del planeta le sobra el capitalismo. El capitalismo no es un señor abstracto o extrahumano. El capitalismo es humano, es una forma de vivir de los seres humanos. Hay potenciales 600 millones de personas a los cuales les sobran los otros 6.000 millones. Y, esos 600 millones, sometidos a un sistema superautoritario. Si uno imaginara cómo podría ser el capitalismo hacia 2100, tendríamos un capitalismo con 600 millones de personas viviendo en una especie de dictadura ultrafascista y, los otros 6.000 millones, muriéndose, siendo bombardeados para que no molesten en las fronteras, tirándoles bombas nucleares... Es un futuro terrible y, por ello, inviable. Ese esquema no puede funcionar porque los otros 6.000 millones tendrían que estar en unas condiciones de inferioridad civilizatoria decisiva, que es lo que permite la reproducción ampliada del colonialismo.
El colonialismo fracasa en la Baja Edad Media porque la civilización occidental emergente choca con una civilización igual o superior (mundo islámico de Oriente Medio). Entonces, Occidente tiene una superioridad militar, pero que es una pequeña superioridad militar (por el tipo de armamento que utiliza, por la manera en que se organiza el sistema militar de Occidente, por la ferocidad de las tácticas de guerra occidentales. Hay una diferencia colosal entre las tácticas militares de los pueblos del Islam de esa época y las de Occidente, que son de exterminio (empiezan con Alejandro Magno), mientras que las del Islam no eran de aniquilamiento, sino de desgaste del enemigo para obligarle a rendirse. Las tácticas occidentales son muy agresivas y disponen de un armamento relativamente superior. Pero, cuando llegan al Medio Oriente, cuando ocupan Jerusalén, se encuentran con una población que tiene una alta capacidad de resistencia. Lo que ha pasado después (la conquista de América, la conquista de Africa, el intento de volver a conquistar Medio Oriente -que sí que ya tiene éxito en los siglos XVIII y XIX) es exitoso porque ya la civilización occidental tiene una superioridad cultural decisiva sobre el resto del mundo.
Ahora, en este momento, ya no es eso precisamente, porque el mundo enteró se occidentalizó; o sea, la victoria cultural completa del capitalismo a escala planetaria hace que la empresa colonial ahora fracase como fracasó cuando trataban, hace siglos, de conquistar los países del Islam. Ya se vio con la operación que se ha hecho -que es de conquista de la franja central de Eurasia-, que ha fracasado porque esos pueblos tienen una capacidad de resistencia fenomenal. Y lo mismo pasaría si Estados Unidos intenta invadir América Latina.
Si ya hay fracaso, quiere decir que ese escenario de una especie de capitalismo genocida, colonial, ultrafascista, es muy difícil que se realice. No digo que sea imposible, sino que es muy difícil.



Un capitalismo para 600 millones. ¿El capitalismo ya no necesita la ampliación de mercados y la disputa de los existentes?

El capitalismo, para poder reproducirse de manera ampliada, necesitaría la expansión de los mercados. Pero el tema es que esos mercados periféricos son muy poquito en comparación con los grandes mercados de los países centrales. El capitalismo necesita todo el sistema periférico para una extracción violenta de todos los recursos naturales -que, además, son limitados. Por ejemplo, ¿cómo pudo el capitalismo inglés ampliar los mercados? Lo pudo hacer, en primer lugar, por las armas y, luego, porque tenía los recursos naturales suficientes como para poder producir a costos tales que permitían unas tasas de ganancia relativamente buenas. Cuando la tasa de ganancias no se puede mantener a niveles altos, sino que tiende a comprimirse, entonces ahí comienza a generarse fenómenos que podríamos llamar como de canibalismo capitalista. Esa es la explicación del sistema financiero. Este no es un sistema de reproducción ampliada de la base material del capitalismo. El sistema financiero y la financierización se hacen sobre la base de una reproducción ampliada que se va desacelerando hasta llegar a ser nula y, a continuación, empieza a ser negativa. Para usar una palabra más sencilla, casi se asimilaría a lo que podría ser, en la próxima etapa de desarrollo del capitalismo, una especie de proceso de autofagia. O sea, que el capitalismo, como un animal hambriento que se ha comido todo lo que tenía a su alrededor, se empieza a comer a sí mismo.
El capitalismo, como sistema, está condenado a perecer. Toda la cuestión es si perece el capitalismo o si es liquidado y aparece una civilización superior; o si esa degeneración del capitalismo arrastra al planeta entero.
En ese sentido, a una escala que no es planetaria y no es de la intensidad que tiene el fenómeno capitalista, es lo que sucedió con civilizaciones que no fueron superadas. Esas civilizaciones que no fueron superadas terminaron provocando un shock negativo sobre su propio sistema que lo reduce al desastre. Roma, en cifras aproximadas, llegó a tener casi un millón de habitantes y, en la Alta Edad Media, bajó a 30.000 habitantes -como ciudad. En el contexto humano del Imperio, sobre todo en las zonas más próximas a Roma, hay un derrumbe demográfico. O sea, que la decadencia de Roma no es sólo la menor capacidad para producir, sino que la autofagia del imperio, que presionó de una manera terrible a los campesinos, a los esclavos y a la tierra, llevó a un derrumbe demográfico. Ese es un caso absolutamente indiscutible de reproducción ampliada negativa de un sistema, lo cual alerta sobre lo siguiente: si la civilización decadente consigue atrapar en su decadencia a todo su sistema, que nadie escapa de la decadencia, lo que se produce es un retroceso que, como dice Meszaros, en el mejor de los casos, iría a la barbarie. Difícil imaginar el peor de los casos.
Lo que yo digo no es un alarmismo para que la gente se asuste y salga corriendo, máxime cuando hay que mantenerse sereno frente a la situación. Lo que señalo es el carácter excepcional de esta crisis y lo que está dándose a partir de esta crisis en relación a todo lo que antes ocurrió en la historia del capitalismo.
La anterior gran crisis del capitalismo, que es la que ocurre a partir de la I Guerra Mundial, que es una crisis general del capitalismo -ahora, históricamente, se la podría ver así-, produjo elementos de salvajismo y brutalidad inimaginables antes -es difícil que en 1890 alguien hubiera vaticinado la aparición de Hitler; es imposible imaginar algo así, lo cual demuestra que la realidad es superior a cualquier imaginación. Esa primera crisis produjo a Hitler, produjo a Mussolini, produjo una tentativa de transformar a los eslavos en un pueblo esclavo, para su exterminio, tentativa para exterminar cuanto pueblo raro hubiera en el contexto europeo más cercano (imagino lo que hubiera pasado con los africanos al sur del Sahara si Hitler hubiera ganado la guerra -el agravante es que podría haber ganado, no necesariamente tenía que perderla). Hitler pierde la guerra porque tiene que actuar con las armas convencionales; y, entonces, usando armas convencionales se encuentra frente a una masa de población ya con niveles de organización y de culturalización bastante altos, que es la población soviética. Esta derrota a Hitler no porque Stalin tuviera armas superiores -el armamento soviético era inferior al armamento alemán-; lo que pasa es que la URSS enfrenta a Hitler, en primer lugar, con una masa de armas convencionales combinada con la acción de 4-5 millones de guerrilleros. O sea, una población entera, que, en orden concentrado o disperso, ataca ese fenómeno de barbarie y lo derrota.
Eso es un producto de la gran crisis larga del capitalismo. Ahora estamos en la segunda, que tiene toda una etapa preparatoria que va de los años 70 hasta comienzos del siglo XXI, y ahora sí que la cosa es grave.
Estructuralmente, esto es mucho más grave que la crisis de 1914-45: hay crisis energética, crisis ambiental, financierización, que han llegado a niveles que eran inimaginables cuando Lenin escribe “El imperialismo, fase superior del capitalismo”. Él llega a usar la expresión “capitalismo degenerado”, proceso que, a casi cien años de ese texto, se muestra como un nivel de degeneración increíble.
¿Qué hubiera pasado si Hitler llega a tener la bomba atómica? La hubiera tirado, hubiera hecho una guerra preventiva -que la inventó Hitler, no Bush. Hubiera tirado la bomba atómica, hubiera hecho el ensayo, para asustar a todo el mundo, tirándola sobre Moscú o Leningrado. Es difícil imaginar el mundo desastroso que de ahí hubiera resultado. En la actualidad, sí que estas bestias tienen un poderío nuclear que lo pueden usar.
En mis tiempos de exilio, visitaba mucho a un gran marxólogo, Maximilien Rubel -del cual me considero discípulo en algunas cosas-, con un conocimiento de Marx superior al que Marx pudo tener de sí mismo. Rubel, conversando un día, me dijo que si Hitler hubiera tenido la bomba atómica, sobre todo en los últimos días, sin posibilidad ya de grandes transportes, el hubiera preferido tirarla dentro mismo de Alemania y morir él junto con todo el mundo.
Creo que hoy estos tipos están dispuestos a eso; no es inviable ni imposible que cualquier día bombardeen Irán. Si lo hacen, se iría el petróleo a 250 dólares el barril, se produciría un desastre universal. Pero esta gente incluso pueden llegar a creer que un desastre universal la puede beneficiar.
Hemos entrado en una etapa de alta peligrosidad de los núcleos centrales del capitalismo. No es casual que el penúltimo presidente de EEUU fuera un idiota absoluto, el que ahora tienen es una nulidad, un showman, un payaso, y los que están manejando son prácticamente locos, (los que realmente están manejando el sistema de poder en EEUU, en lo financiero, en lo militar); y el subsistema de países socios menores -Europa Occidental y el Japón- se está convirtiendo en sistema de países gobernados por estúpidos -Berlusconi, Sarkozy, Zapatero-, una clase de personajes que son los personajes de esta época, los del tiempo de la decadencia.



La guerra, la destrucción de fuerzas productivas, ¿sigue siendo el recurso para recuperar la tasa de ganancias?

El capitalismo utilizó la guerra con un objetivo colonial en un proceso en que destruye fuerzas productivas y también construye fuerzas productivas. La II Guerra Mundial muestra cómo el país que es líder histórico, en última instancia, de la II Guerra Mundial no es Inglaterra, sino EEUU, que no sufrió la destrucción de fuerzas productivas en su territorio. Estados Unidos inicia su redespliegue industrial a partir de 1939-40 gracias a la economía de guerra. La gran destrucción de fuerzas productivas, que sucede en Europa, que no pasa en EEUU, es de una magnitud tal que lo que hace es, por un lado, terminar con el capitalismo en una parte de Europa, y, por otra, dejar una Europa colonizada por EEUU, lo que le permite transformarla en un socio menor con la aplicación del Plan Marshall. El capitalismo histórico de Europa Occidental, sin ese factor, no hubiera sobrevivido. La salida de la crisis larga de 1914, que permite una destrucción y reconstrucción desde adentro del sistema, ya se hace en una situación en la que la capacidad militar de destrucción disponible casi excedía la capacidad de recuperación, de reconstrucción del capitalismo. Por eso hablaba antes de un escenario con Hitler disponiendo de la bomba atómica. No sé si en ese escenario hubiera habido posibilidad de reconstrucción del capitalismo. Posiblemente, el mundo hubiera caído en un estado de descomposición general.
En las grandes guerras anteriores, la capacidad destructiva estaba en niveles controlables. No es el caso actual. Ahora, con las armas nucleares y con un capitalismo con una debilidad estructural terrible, bastan dos o tres cosas importantes para que el sistema entre en colapso. Basta un shock energético muy fuerte, una turbulencia político-militar de gran entidad, para que ese sistema se caiga.
Puede parecer, por lo que digo, que simplemente nos tenemos que sentar y ver cómo se derrumba el capitalismo. La cosa es grave porque puede ocurrir que efectivamente el capitalismo se derrumbe por sí solo, se descomponga por sí solo, pero que, en ese proceso, produzca una cosa como la del Imperio Romano, pero a una escala planetaria. Sería un colapso demográfico, una catástrofe para la humanidad. El peligro no es si se termina o no el capitalismo. Este está condenado, pero lo que también hay que ver es si no condena a la humanidad como tal. Reitero las advertencias de Fidel Castro, que, en ese sentido, dice que el peligro es la misma supervivencia de la humanidad, que va más allá de la propia supervivencia del capitalismo. Este puede terminar siendo, si es que no hay fuerzas capaces para liquidarlo en los próximos veinte años, una especie de tumor canceroso. Y, ahora, estaríamos en la etapa de las metástasis que se expanden a gran velocidad, lo que sería gravísimo.
Frente a eso, diría que el postcapitalismo no es estratégicamente urgente, diría que es civilizatoriamente urgente. Hay una urgencia de la humanidad para terminar con el capitalismo. Es el tiempo de la lucha para que quienes puedan ser protagonistas de esa liquidación lo sean cuanto antes.





¿El militarismo ya no es una vía de salida para la crisis?

Lo gravísimo es que ellos ven que esa es la solución que les queda. En realidad, por lo que se ve en Asia, es una victoria pírrica del capitalismo (en Irak, asesinaron no se sabe todavía cuantos cientos de miles y no han logrado conquistar establemente ese país; van a tener que matar hasta el último habitante). Irak es la imagen del futuro de buena parte del mundo si no se para al núcleo agresor -así como Guernica fue la imagen previa de Europa si no se paraba al nazismo. Lo que Irak muestra también es lo otro: que pueden hacer cualquier desastre, pero con eso no consiguen hacerlo funcionar; consiguen, como máximo, sacar un poco de petróleo; pero, en realidad, cuando uno compara los beneficios que sacaron consiguiendo el petróleo de Irak y todo lo que le costó militarmente, todo lo que hicieron para eso, es una locura. Lo que pasa es que esa lógica hay que explicarla también económicamente, porque gracias a esa guerra, que no les sirvió para conseguir el petróleo -que era el objetivo-, les sirvió para que grupos de armamentos, grupos financieros, ganaran muchísimo dinero. Hay grupos que han prosperado mucho con esa guerra y con la de Afganistán. Con eso no se va a armar un ciclo keynesiano, como se armó a partir de la II Guerra Mundial. Eso es el pasado, no se repite más. Lo que hay ahora es lo que los gurús de la época de Bush llamaban el restablecimiento del imperio militar, que se parece a la idea de Hitler. Este era un señor capitalista, un adalid del capitalismo, pero, en realidad, a lo que apuntaba era a un capitalismo que era sustancialmente distinto del capitalismo que había existido en los 150 años anteriores. Era una mezcla de militarización, esclavismo... Lo de ahora puede ser algo parecido a eso.



¿Suple la financierización la caída de beneficios de la economía productiva?
El sistema financiero es un sistema que parasita sobre el sistema productivo, porque, en última instancia, si sacamos las cuentas, ¿qué quiere decir ganancia financiera? Son ganancias que, siguiendo todo el circuito, se extraen del sector productivo, se extraen del trabajo, de quienes trabajan. Lo que hace el sistema financiero no es producir valor, sino extraer valor del resto: está succionando plusvalía. Es una redistribución de la plusvalía a favor de un grupo muy concentrado. En última instancia, el sistema financiero, la financierización, es eso: un proceso de concentración del poder económico. Por otro lado, a través del pago del salario, que está por debajo del valor que producen los trabajadores, y, por medio del consumo, se expropia doblemente a los trabajadores. Se los expropia por el lado de la producción y los vuelven a expropiar por el lado del consumo (porque les dan créditos: lo que aparece como un gran beneficio para la gente, el crédito -por el que cobran tasas de interés-, deviene obligación de consumir productos sin medir si los precios son más altos o son más bajos).
El sistema de crédito permite que el consumidor compre productos que podría haber comprado más baratos a precios más altos porque los paga a largo plazo. Lo que aparece ante los ojos del consumidor es la cuota que tiene que pagar, no la totalidad de lo que termina pagando con los intereses.
Ese sistema va creciendo hasta que llega a un punto en que no tiene cómo seguir devorando riqueza del resto.
Su primera fase es el usurero que le saca ingresos a los demás: le saca dinero directamente al consumidor, o se lo está sacando al burgués industrial, que, a su vez, está obteniendo beneficios de lo que le saca a los trabajadores. Esta es una primera etapa, en la que el sistema financiero no es hegemónico, y, si esto no sucediera, podría durar muchísimo tiempo. Pero, cuando la masa financiera es apabullante, se produce la realización de una segunda etapa, en la que el sector financiero no sólo devora al resto de la economía, sino que se devora a sí mismo, llegándose a un punto de saturación financiera, de crisis del propio sistema financiero, que encuentra el techo del desarrollo del sector financiero, que es, en mi opinión, lo que está sucediendo ahora.
Al ver qué pasa con la masa financiera global, diría que tuvo un proceso de crecimiento cómodo -entre 1970 y 2007- y, ahora, está creciendo como creció en otras épocas del capitalismo industrial: gracias al voluntarismo del Estado, porque, cuando viene el colapso de 2008, hay una contracción de la masa financiera global (del orden del 20% teniendo como referencia la reducción de productos financieros derivados, que bajaron de 700 billones a poco menos de 600 billones de dólares). Ahora, esa masa se ha recompuesto al nivel de 2008 sobre la base de una transferencia de ingresos proveniente de los Estados como nunca ha ocurrido; Estados que le sacan dinero a todo el mundo y se endeudan para hacer transferencias que pueden estar en 8-9 billones de dólares, que permiten poner en funcionamiento la masa financiera y que vuelva a crecer hasta el nivel anterior. Ahora, pues, estamos en un capitalismo financiero asistido por el Estado. No estamos hablando ni siquiera de economía: ya es una locura completa. Sería una especie de keynesianismo financiero, algo así como que el Estado interviene para salvar al propio sector financiero. Interviene, claro está, un Estado que es manejado por los propios grupos financieros.





¿Qué efectos produce la revitalización del sector financiero?

Estamos en un capitalismo de carácter totalmente regresivo. El crecimiento anterior de la masa financiera ya operó como freno para el desarrollo de fuerzas productivas. Esto ya no es solamente un freno; esto tira hacia atrás, porque los planes de ajuste que se están haciendo en toda Europa, que se recrudecerán cuando terminen los efectos de los estímulos en EEUU, lo que hacen es contraer el consumo popular y congelar los salarios y pensiones. Esos serían los efectos más visibles. En segunda instancia, da un golpe muy fuerte al sistema productivo porque va a poder producir menos de lo que estaba produciendo. O sea, hay una recesión a la vista. Ahora estamos en un momento en el que pueden obtener ganancias los grupos financieros, pero haciendo retroceder directamente el sistema productivo. Como consecuencia, tenemos industriales que venden menos, trabajadores que pierden derechos.



Apoyar al sector financiero, ¿no lleva a recuperar las tasas de empleo?

Las tasas de empleo son una variable de ajuste desde hace muchos años. Europa tiene desocupación crónica. En EEUU, comenzó a crecer el desempleo y no tienen cómo achicar eso a nivel más o menos razonable.
Hay que partir de la base siguiente: no es que hay un sector financiero como factor exógeno al sistema y, por otro lado, una economía real que estaría siendo víctima de ese parásito que apareció. No es así. No es que un señor que se llama Estado salva al capitalismo financiero. Es el capitalismo financiero quien se salva a sí mismo porque es el dueño del Estado y, además, es el dueño del núcleo central del sistema productivo mundial. El capitalismo, hoy en día, es financiero en el sentido que todo lo que es productivo en mayor importancia a escala mundial (agricultura avanzada, el corazón de la industria, …) forma parte del sistema financiero (ya no es el sistema financiero que se comporta como un usurero del sistema productivo; ahora, el sistema financiero es dueño del sistema productivo: este sí es el final de la historia).
La historia empieza con comerciantes del Mediterráneo que inician asociaciones que crean un personaje capitalista que es entre comercial y artesanal. Le dan facilidades al artesano para que produzca y se empieza a formar un personaje nuevo, que es el capitalista industrial. En ese momento, aparece el embrión de lo que sería el capitalista financiero (por ejemplo, los Medici), que obtienen sus grandes ganancias prestando al Estado naciente y, al tiempo, haciéndose con propiedades (minas, etc).
El origen del capitalismo en Occidente combina un sistema productivo (artesanos, …) y una mezcla de comerciantes y financieros que, con el tiempo, terminan apoderándose de aquél, pero que, al apoderarse, se transforman a sí mismos: el financiero comercial que se apodera del artesanado asume él mismo la responsabilidad industrial al hacerlo y ya no es más un comerciante financiero, sino una metamorfosis que forma el capital industrial y, en el punto en el que se forma, culturalmente lo que hace ese señor histórico transformado en industrial es también recuperar toda su memoria histórica e introduce en la producción industrial formas de organización productiva que no son ni las del artesanado ni la organización del comercio ni la organización de las finanzas, que se emparentan con sectores de punta de la producción industrial en los orígenes del capitalismo, como la producción militar. Si uno quiere ver el modelo de lo que es la fábrica que va a aparecer con fuerza en el siglo XVII, pero sobre todo a fines del XVIII y a lo largo del XIX, tiene que buscar en las grandes fábricas militares -por ejemplo, el Arsenal de Venecia-, que son el modelo que se va a aplicar en la fábrica civil, en la industria, que se basa en sacar a los artesanos de sus casas, destruirles el grupo familiar (que les da una cierta autonomía) y llevarlos a un campo de concentración, que es la fábrica, donde se da un régimen de explotación salvaje, incluso en sus inicios. Las primeras fábricas son un buen antecedente de los campos de concentración nazis. Es un sistema en el que se pone a la gente a trabajar, con castigos corporales incluidos, sacadas de su viejo medio familiar, en jornadas que van desde que sale el sol hasta después que se oculta, todos los días de la semana, todos los días del año, hasta que mueren reventados. Ese es el sistema inicial.
Al final de esta historia tenemos la degeneración parasitaria del capitalismo, que genera este parásito financiero (el cual se apodera de todo así como el viejo sistema comercial financiero se apoderó del artesanado) que se apropia del planeta y, con ello, se va transformando a sí mismo. Ya no es el sistema financiero de los años setenta: es un sistema financiero con fuertes componentes mafiosas, absolutamente degenerado, loco, produciendo un desarrollo criminal del capitalismo, que es financiero.
Diría que se da una segunda metamorfosis. La primera es la formación del capitalismo industrial, y, la segunda, es la formación, no del capitalismo financiero, sino la formación de la sociedad capitalista como sociedad con cultura financiera. Esto es lo nuevo. Cuando digo cultura financiera no estoy diciendo que es la cultura de Medici, o de los banqueros orleanistas, o de los banqueros estadounidenses de los años veinte. Es un personaje nuevo, que vive de la especulación financiera, que dentro de su ejercicio de la especulación financiera entra la economía industrial, la economía de guerra, el sistema energético, la investigación científica, el tráfico de drogas y de mujeres, estafas a países enteros... o sea, mafia. Es un sistema totalmente parasitario.



¿La investigación científica es el penúltimo recurso para la recuperación de un capitalismo en condiciones de reanimarse y animar la economía de todo el planeta?

Cuando hablamos de investigación científica hay que sacarla del nivel de abstracción y llevarla a lo concreto. Hay que decir cuáles son las grandes aplicaciones en los últimos 30 años y en los próximos 20 de la investigación científica, porque, si no, hablamos de la investigación científica en general como se puede hablar de dios en general. Pero dios tiene sus profetas, se materializa (es un hombre, no es una mujer), es un personaje concreto aunque presentado muy abstractamente.
¿Qué quiere decir ciencia en su materialización, en su concreción en el mercado productivo? Tres cosas importantes: la biotecnología, la informática y los nuevos materiales. Luego, hay otras muchas cosas menores.
¿Qué es biotecnología? Es una maravillosa promesa de felicidad; pero, en concreto, las grandes realizaciones de la biotecnología comenzaron por provocar un desastre comercial, un gran éxito comercial, en un sector muy chiquitito, el del azúcar, al crear el llamado “jarabe de maíz”, de alto contenido en fructuosa, lo que provoca una revolución de precios en ese sector porque introduce el azúcar líquido a partir del maíz o de cualquier producto del que se pueda sacar glucosa. El primer ensayo que hubo de biotecnología comercial fue un desastre para la gente que estaba metida en ese negocio, salvo para un grupo muy chiquito de capitalistas, que controlaron eso y empezaron a ganar mucho dinero, incluyendo un grupo que estaba en el sector de la producción y comercialización del maíz, pero no en el del azúcar.
Hoy, la gran promesa de la biotecnología a nivel productivo es la producción de biocombustible, que es una desgracia para la humanidad, que va a provocar una crisis alimentaria fenomenal. Y estoy poniendo la cara favorable de aplicación de la ciencia burguesa moderna.
Otro ámbito es el de la informática. El gran negocio que hay, la gran concreción de mercado de la informática es el sistema financiero. Esa es la gran realización de la informática junto a los sistemas de control poblacional.
Los nuevos materiales operan como ha operado históricamente el ejército industrial de reserva, como un instrumento que hace que los salarios se mantengan bajos. De todos los nuevos materiales, unos hacen sustitución, pero, básicamente, son una suerte de reaseguro para poder mantener bajos los precios de un amplio sector: minería, producción de algunas materias primas industriales de origen agrícola, …
Las realizaciones tecnológicas del capitalismo en los últimos 30 años no han cumplido un rol “positivo” desde el punto de vista de la humanidad, del desarrollo de fuerzas productivas, sino que, más bien, han contribuido a fortalecer el sistema capitalista parasitario. Hay que hacer bajar a tierra el tema de la ciencia. Hay que ver la ciencia desde el punto de vista de cual es su rol social, cuáles son los intereses de clase que hay detrás.
Se dice: “gracias a la ciencia vamos a resolver el problema de los combustibles” o “vamos a resolver tal o cual cosa”. Pero, también, gracias a la ciencia, ocurre lo que está ocurriendo. Hay que darle la vuelta.
La biotecnología se puede desarrollar de otra manera; la informática puede ser un instrumento de liberación; los nuevos materiales también pueden ser un instrumento para la felicidad humana, que, entre otras cosas, nos permitiría no destruir el medio ambiente, no liquidar todos los recursos, etc.
Eso significa que tendría que haber otra civilización que consiga recuperar de todas las civilizaciones anteriores, pero, en especial, de ésta que tiene más cerca, la posibilidad de pasar a un nivel civilizacional superior.
Yo insisto mucho con el concepto de Hegel de la abolición, que es un doble proceso de destrucción y de recuperación. La abolición del capitalismo, la abolición de la civilización burguesa, es destrucción de relaciones de producción de objetos técnicos del capitalismo que hay que destruirlos (hay objetos técnicos, hay relaciones de producción, hay formas de producción de ciencia y tecnología que tienen que ser liquidados definitivamente), y, por otro lado, una gran reconversión del pensamiento con respecto al desarrollo tecnológico, a la relación que tiene el cambio tecnológico con el medio natural, y una reutilización de todo lo recuperable, y pasar a un nivel que permita que vivan 9.000 millones de personas de una manera relativamente buena, que no destruyamos el medio ambiente, que no es destruir algo que está fuera del hombre -la destrucción del medio ambiente es una autofagia; estamos destruyéndonos a nosotros mismos.
El paso de una civilización a otra implica una remodelación completa de lo que llamamos los modernos pensamientos científicos y de la creación de técnicas -o sea, formas de producir. En realidad, el capitalismo, cuando llega a capitalismo, lo es haciendo una abolición de la civilización anterior. Cuando vemos muchas de las creaciones del capitalismo, cuando las empezamos a rastrear, vamos a encontrar objetos técnicos hacia el siglo XVII que a su vez tienen que ver con objetos técnicos del siglo XIV, con objetos técnicos del siglo X; hay una continuidad histórica desde todos los niveles, desde el nivel más sencillo de producción, que tiene una técnica para producción agrícola, hasta el pensamiento más general sobre la realidad. Marx, por ejemplo, sería un discípulo de Aristóteles, Platón... hay una herencia, que no es negada, sino asumida llevándola a un nivel superior.



Usted habla de fragilidad del capitalismo. ¿Qué significado da a ese concepto?

El capitalismo mundial está entrando en una despolarización peligrosa. Al decir que el capitalismo está entrando en debilidad, mi cabeza se divide en dos: por un lado, eso me llena de alegría; por otro, tengo una angustia terrible, me preocupo, porque a estos tipos la fragilidad no los calma, sino que los enloquece, los enardece, los convierte en personas terriblemente peligrosas.
El capitalismo es frágil, como estamos viendo con el estallido de las subprime y del mercado hipotecario, que ha sido el disparador de un gran desastre. Podrían haber muchos disparadores así en el futuro, por lo que usan desesperadamente los instrumentos que tienen, usan el aparato del Estado, que controlan bien, y lo usan para explotar más a la gente, para armar las guerras...
Cuando se usa la palabra fragilidad no quiere decir que son viejitos tranquilos: son viejitos histéricos, locos, que quieren llevarse el mundo junto con ellos.
La fragilidad es útil, interesante, si hay fuerzas de recambio del capitalismo que usan su fragilidad para superarlo rápidamente. Por ejemplo, en países periféricos o en el área latinoamericana, esa fragilidad permitió la irrupción de gobiernos progresistas, de grandes movimientos populares y hasta de un par de gobiernos que quieren irse del capitalismo y hablan de socialismo. Eso, gracias a la fragilidad del sistema, que es un sistema donde no podían gobernar más políticamente, que no tenían legitimidad, y eso permitió la irrupción de masas populares que están provocando cambios. Ese sería el lado positivo de la fragilidad. Pero también está el otro lado, el negativo, que es que si se les permite a ellos controlar las protestas populares y las expresiones de oposición, van a desarrollar formas monstruosas de control en su desesperación por mantener el sistema. Y, hoy, controlar es aumentar rápidamente la tasa de explotación. Ejemplo, por cada euro de aumento del coste energético tiene que haber un euro menos de costo laboral... salvo que decidan ganar menos, cosa que por ahora no se visualiza, pues cuando pierden un euro por un lado buscan cómo ganarlo por otro.
Esto los pone en una situación frágil. No están como hace cuarenta años, que tenían costes energéticos más o menos bajos, podían explotar de una manera bastante organizada la mano de obra, pues, cuando ésta protestaba o se encolerizaba, le podían dar un poco de dinero para que se calmara. Así, teníamos keynesianismo democrático, con democracia representativa, que se podía mantener porque el sistema tenía una buena tasa de crecimiento, tenía márgenes para expandirse hacia muchos lados y, por tanto, podía integrar.
En estos momentos, la democracia es un lujo que el capitalismo se va a poder dar de menos en menos hacia el futuro.
La democracia burguesa empezó siendo un lujo de ricos, pero, ahora, ni siquiera es un lujo de los países ricos: es un lujo de los ricos de los países ricos (que ya van a comenzar a dejar de ser países ricos). La democracia burguesa la van a ir restringiendo, la pueden ir restringiendo, cosa que van a hacer si pueden más que los que protestan, si éstos no reúnen fuerzas para impedirle a estos tipos que le saquen una porción más de plusvalía y que controlen la situación.



¿Qué debemos entender por despolarización?

La despolarización es, en primer lugar, una pérdida de hegemonía de EEUU, que se da en un proceso de descomposición del capitalismo y que no implica el ascenso hegemónico de otra potencia. Eso está indicando que EEUU tiene una crisis de una gravedad que no tiene ningún precedente. Todas las crisis de hegemonía en el capitalismo se dieron en un proceso que significaba que un sistema imperial caía y otro subía. En estos momentos, lo que estamos viendo es que el sistema imperial planetario, que tiene por centro a EEUU, ha entrado en declinación y no hay reemplazo, sustitución. Lo que hay es declinación, nada más. La unipolaridad no es reemplazada por la multipolaridad; es sustituida por la nada. Van quedando, en una primera etapa, países periféricos con un margen de autonomía que, a veces, ni siquiera lo buscaron, que no hubo ningún movimiento de liberación nacional que consiguiera esa autonomía; se da casi sola. En algunos casos, la tienen y la usan poco, podrían usarla más. En otros, la tienen y ya la usan (China la usa más o menos -podría utilizarla más); los brasileños la usan poco; el gobierno argentino la usa poco; el gobierno venezolano la usa más). Son hechos que indican que el sistema está perdiendo la capacidad de control sobre sí mismo.
El sistema capitalista es un sistema articulado con un centro imperial, y ese centro está perdiendo capacidad de control. La entropía avanza y las fuerzas utilizables del sistema central para tratar de recomponer el control perdido son básicamente fuerzas político-militares, no son fuerzas económicas. Lo que se ve es que no lo pueden recomponer.
Esa despolarización genera dos fenómenos: uno, ilusorio -real, pero que genera ilusión-: en muchos de estos capitalismos periféricos aparece la ilusión de la reproducción más allá de la decadencia del sistema central; la reproducción de capitalismo en la periferia: o sea, la ilusión de un renacimiento burgués de la periferia. Esa ilusión empezó en los últimos diez años y, actualmente, es muy grande. Por ejemplo, el gobierno de Lula, del PT, en Brasil, representa mucho eso; su gran ilusión es un capitalismo brasileño muy fuerte, hegemónico en América Latina. La realidad es que el capitalismo brasileño está bien financierizado y recontrapenetrado por las empresas multinacionales.
En el caso de China, ha aparecido una burguesía emergente cuya ilusión es transformar a China en un país capitalista normal. La realidad es que su dependencia, desde el punto de vista comercial y financiero, es tan grande que están pegados al titanic y se pueden ahogar.



Este es uno de los aspectos, el ilusionismo burgués en la periferia, que, en unos casos, se le puede llamar capitalismo salvaje y, en otros, progresismo; en unos casos, nacionalista y, en otros, capitalismo humanista, progresista.
El otro aspecto de la despolarización es que el descontrol del sistema mundial deja en el aire, desnudos, a los capitalismos periféricos, que son débiles sin el centro imperial. Basta una gran movilización popular sin mayores complicaciones para destruir esos sistemas locales, que son sistemas ya con todas las podredumbres del capitalismo, con una burguesía que es mezcla de burguesía convencional y lumpenburguesía.
Esta es la razón de que aparezca primero en la periferia, siendo muy esperanzador porque se distiende el sistema de control imperialista y, entonces, quedan a cargo del problema las llamadas burguesías locales o nacionales, que no son fuertes.



O entran en escena las fuerzas populares…

Este tema de las fuerzas de la burguesía lo dividiría en dos: uno, es la fuerza propia de la burguesía (cual es su capacidad operativa, cual es su psicología, cual es su cultura, cómo se organiza, como puede controlar sus sociedades). Luego, hay un sistema difuso, que no tengo resuelto, que hay que pensarlo más y discutirlo más, que es hasta qué punto el capitalismo ha llegado a conquistar a las poblaciones periféricas como cultura (o sea, en qué medida la fragilidad de estas burguesías periféricas podría llegar a ser compensada por una cultura burguesa popular). Este es un tema abierto, candente, porque eso tiene mucho que ver con la posibilidad de realizar en zonas periféricas revoluciones socialistas exitosas, porque podría llegar a suceder que estas burguesías frágiles no puedan gobernar y se transforme eso, durante un plazo bastante prolongado, en una situación de ingobernabilidad caótica, donde las burguesías éstas no puedan recuperar el poder de manera fascista ni más o menos vivir en ese sistema de una forma medianamente progresista, y, por otro lado, esas masas populares, que pueden llegar a ser insurgentes, no tienen capacidad para tomar el poder y, si toman el poder, para perdurar en él y generar una sociedad superior.
La historia de las civilizaciones muestra poblaciones que pueden prácticamente aniquilar físicamente a sus dominadores, matarlos a todos, y, luego, de su seno, surgir otra vez un subgrupo dominante no de otra civilización, sino de la misma. Por ejemplo, los campesinos matan al rey y proclaman a un rey campesino que, con el correr del tiempo, se transforma en un déspota terrible (hacia el siglo XVI, un gran pensador francés, Étienne de La Boétie, escribió el famoso “Discurso de la servidumbre voluntaria”, donde él se planteó un tema que era de difícil respuesta, formulado así: "Si un tirano es un solo hombre y sus súbditos son muchos, ¿por qué consienten ellos su propia esclavitud?". Concluía que el rey era un producto de la sociedad, que la sociedad fabricaba al rey, no que el rey fabricaba a la sociedad. Por tanto, si la sociedad liquidaba al rey, entronizaba otro).
Cuando Toni Negri era una persona con un pensamiento interesante, escribió un librito (Autonomía y sabotaje). El toma el concepto de La Boétie y dice que el Estado está en nosotros, está dentro de nuestra cabeza, la opresión está dentro de nuestra cabeza y la exteriorizamos: la sociedad reproduce sus formas de opresión.
En ese sentido, el socialismo es necesario, es una necesidad; pero el socialismo no es inexorable. La liberación del hombre no es un proceso inexorable, es un proceso necesario. Esto no es un juego de palabras. Es un juego entre la vida y la muerte. Cuando digo que el socialismo se necesita quiero decir que se tiene que hacer un esfuerzo de voluntad para conseguirlo, no sale solo, no es que la población, porque el capitalismo sea frágil, puede rápidamente construir postcapitalismo. Y ahí hay cuestiones decisivas. Una, el tema de la revolución; o sea, es necesario acabar con los capitalistas, es necesario destruir el Estado, socializar la propiedad... A continuación, viene un proceso más difícil aún -como nos ha enseñado el siglo XX, donde operó la ilusión falsa de que todo era cuestión de hacer la revolución y lo demás caía por su propio peso, siglo en el que los comunistas eran básicamente revolucionarios y con ello se daban por satisfechos, concibiendo que bastaba con el triunfo de la revolución para hacer un mundo mejor. De lo que no se daban cuenta los comunistas de esa época era de que había que ser revolucionario y había que ser postcapitalista, había que tener una reflexión y una praxis de los oprimidos, que había que generarla, desarrollarla, como una batalla feroz en la que el enemigo es uno mismo en tanto que portador de la cultura capitalista.
Si hay una lección para los comunistas básica, básica, es que, primero, por supuesto, la revolución; pero que no alcanza con eso. La revolución es sólo el paso necesario para entrar en el proceso complejo de revolución civilizacional, cultural, que no se fabrica el día después que tomamos el poder. Eso se empieza a fabricar ahora y hay que estar preparados ya para el doble operativo: la ruptura (liquidar el Estado burgués) y, los grupos más avanzados, más reflexivos, de la masa insurgente (o sea, el partido) tienen que ser no sólo una máquina para tomar el poder, sino también, al unísono, quienes desarrollen los embriones para la construcción del socialismo. Ambos aspectos son necesarios para entrar en el siglo XXI; si no, nos quedamos en el siglo XX.
Tenemos que hacer una superautocrítica de la tradición aparatista del siglo XX, que era un culto a la eficacia y una subestimación del proceso de inteligencia revolucionaria (es decir, de pensamiento crítico radical, revolucionario). El partido tiene que ser el lugar donde más se reflexiona, se discute y se piensa el capitalismo a fondo para poder hacer el postcapitalismo. El partido tiene que ser, de verdad, un intelectual colectivo (que no quiere decir que es mucha gente que piensa lo mismo al mismo tiempo, sino gente que piensa cosas distintas y que va poniéndose de acuerdo en lo fundamental manteniendo sus desacuerdos). El partido como intelectual, como un colectivo que es intelectual -no en el sentido burgués del concepto, sino en el sentido de alguien que piensa la realidad.
Si Chávez habla de socialismo del siglo XXI, vamos a hablar de comunismo del siglo XXI: o sea, lo que está delante del socialismo. Entonces, tenemos que hablar de Partido Comunista del siglo XXI, que no es el partido del siglo XX ni el del siglo XIX; que no es la Liga de los Comunistas, de Marx, ni el Partido Bolchevique, que es un modelo formidable. Pero ahora tenemos que ir a un modelo superior de partido porque tenemos un capitalismo que tiene un poder de control y destrucción que no lo tenía en aquellos años.
Por ejemplo, frente a la concentración comunicacional y militar del capitalismo, tenemos que construir formas de autonomía social que permitan, precisamente, resistir y ganar la pelea a los capitalistas, incluso en el plano militar (lo que está visto en las experiencias militares de esta última década es que podemos derrotar a los ejércitos imperialistas, con toda su sofisticación, si podemos desarrollar una verdadera guerra popular -es decir, guerra en orden disperso, con autonomías locales, regionales, grupales-, que hace que esa gigantesca máquina del capitalismo se transforme en un gigantesco aparato que tiene que matar las hormiguitas una a una, con lo que, a la quinta hormiguita, ya hay diez hormiguitas más (esto es lo que ha hecho que Hezbollah ganara a los israelíes, o la razón de la eficacia que está teniendo la insurgencia colombiana).
En términos más generales de la lucha de clases, tenemos que construir partidos que se apoyen en la autonomía de la base, que los grupos revolucionarios no tengan que esperar que el estado mayor les diga lo que tienen que hacer. Partidos coherentes en términos estratégicos, que es fundamental, pero con una gran capacidad de decisión de sus distintas componentes. Ese es el que yo considero partido comunista del siglo XXI.



Una realidad sobre la que necesitamos luz es la china. Habla usted de la emergencia de una burguesía china. ¿Se agota el socialismo en China?

En China hay 200 millones más de obreros que antes de que empezaran las reformas, dato importante para un análisis marxista. Hay comunistas chinos, que están en el Estado y en el Partido. Y hay burgueses chinos.
China es, hoy, una mezcla, una combinación, de comunistas, de segmentos del Estado manejados por comunistas, de segmentos del Estado manejados por miembros del Partido que, a su vez, son burgueses (protoburgueses) y de burgueses que no son el Estado y que tienen empresas. Esa es la realidad de China.
¿China va a transformarse en un Estado capitalista normal? Yo creo que no. No hay condiciones, ni siquiera planetarias, porque para que eso ocurra deberíamos pasar de 900 millones de vehículos a 2.000 millones, y el planeta no aguanta eso, no hay combustible para esa cantidad de vehículos. Es irrealizable la sociedad de consumo en China e India (por poner esos dos casos, que concentran 2.400 millones de personas), pues materialmente no hay disponibilidad. China, o bien se transforma en un país subdesarrollado descompuesto, colonia de no se sabe quien, o retoma la vía de construcción del socialismo. Para esta segunda opción, en China hay fuerzas sociales para hacerlo y el problema se sitúa en el ámbito subjetivo, afectado por la época neoliberal, pero contando con una base social muchísimo más grande para plantear el socialismo en ese país. No sabemos cuantos comunistas quedan después de la mutación de mercado, pero esos comunistas tienen un espacio infinitamente mejor que el que tenían muchos más comunistas hace cuarenta años en China. Una de las grandes luchas que vamos a tener en la próxima década se librará en China decidiendo hacia dónde va esa sociedad.



24 de octubre de 2010




* Propuesta Comunista, revista del Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE), dedica su número 60 a los análisis sobre la crisis del capitalismo que viene realizando desde hace años el economista marxista argentino Jorge Beinstein.



Jorge Beinstein es Doctor de Estado en Ciencias Económicas por la Universidad de Franche Comté–Besançon. Especialista en pronósticos económicos y economía mundial, ha sido durante estos últimos treinta años consultor de organismos internacionales además de dirigir numerosos programas de investigación. Ha sido igualmente titular de cátedras de economía internacional y prospectiva tanto en Europa como en América Latina. Actualmente, es profesor titular de las cátedras libres "Globalización y Crisis" en las universidades de Buenos Aires y Córdoba (Argentina) y de La Habana (Cuba), y Director del Centro de Prospectiva y Gestión de Sistemas (Cepros). Entre 1986 y 1998, fue titular de la Cátedra de Historia Económica Mundial ("Historia económica y social general") de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina, donde, a comienzos de los 90, fundó y dirigió el Centro de Estudios e Investigaciones Multidisciplinarias en Innovación Tecnológica y Prospectiva (Cemitep). En esa época, coordinó el Programa de Prospectiva de la Comisión Latinoamericana de Ciencia y Tecnología del SELA (Sistema Económico Latinoamericano). Varios centenares de publicaciones científicas internacionales y de divulgación en medios de difusión masiva expresan una larga trayectoria consagrada a la prospectiva y al análisis de la economía global. En sus libros La larga crisis del capitalismo global (Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1999) y Capitalismo Senil (Ediciones Record, Río de Janeiro, 2001) anticipó la actual crisis mundial. Su libro más reciente es Crónica de la decadencia. Capitalismo global 1999-2009 (Editorial Cartago, Buenos Aires, 2009).

Militante revolucionario, pasó varios años en prisión y es obligado al exilio europeo por la última dictadura militar argentina.

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