El engaño del ataque sorpresa a Pearl Harbour

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Mensaje por Demofilo el Jue Dic 02, 2010 9:53 pm

Los documentos confidenciales publicados en 1995 en Estados Unidos demostraron que el ataque japonés a Pearl Habour no fue ninguna sorpresa para nadie, y menos para el gobierno de Roosvelt. El persistente fraude histórico y las películas de Hollywood han inculcado en todo el mundo una patraña que encubre un grave crimen por parte del gobierno estadounidense contra su propia población. Cuando Estados Unidos honra a los 2.400 muertos caídos en aquel ataque, derrama lágrimas de cocodrilo.

El espionaje estadounidense estaba al corriente de los planes militares de Japón por adelantado, pero no los pusieron en conocimiento de los mandos militares de Hawai, el almirante Husband E. Kimmel y el teniente general Walter Short. Tras el ataque, ambos oficiales fueron relevados de sus cargos, inculpados por fracasar en la defensa de Pearl Harbour contra del ataque, y degradados de su rango. La manipulación ha sido de tal calibre y tan prolongada que en 2000 Clinton pidió al Congreso que los comandantes fueran restituidos en sus rangos.

El ataque por sorpresa era una táctica conocida de los imperialistas nipones. En la noche del 8 de febrero de 1904, la flota japonesa también lanzó un ataque sorpresa en Port Arthur contra Rusia y bloqueó a la marina rusa, iniciando así otra guerra. Los militares estadounidenses conocían de sobra esa experiencia porque la estudiaban en las academias y habían realizado numerosas maniobras navales para prevenirla. Los planes de la Marina estadounidense siempre asumieron que, en caso de guerra, Japon atacaría a su flota en donde estuviera atracada.

En 1932 durante las maniobras Grand Joint del ejército y de la marina de guerra de Estados Unidos, el almirante Yarnell simuló un ataque con 152 aviones media hora antes de amanecer, sorpendiendo a los defensores de Pearl Habour. También era Domingo. En su informe determinó que la mejor manera de atacar Pearl Habour era un domingo por la mañana con aviones despegando desde los portaviones.

En 1938 el almirante Ernst dirigió un ataque aéreo desde el portaviones USS Saratoga contra Pearl Habour en otro ejercicio bélico de entrenamiento.

Por consiguiente, el mito del ataque por sorpresa a Pearl Habour no se sostiene. Pero el fraude a la historia va mucho más allá: Estados Unidos provocó el ataque de Japón para asumir su conocido papel de víctima; es un gobierno pacifista, no quiere la guerra pero las agresiones le obligan a tomar medidas drásticas.

El reparto del mundo

En el Extremo Oriente los imperialistas se habían repartido las áreas de influencia tras la Primera Guerra Mundial. Las fuerzas hegemónicas en la región eran Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, además de otros beneficiarios menores, como Holanda. En el continente americano Estados Unidos había impuesto la estrategia conocida como "doctrina Monroe", consistente en no permitir injerencia ni competencia alguna, considerando que América entera era su terreno privativo. Pero en Asia eran partidarios del saqueo conjunto de China por varias potencias imperialistas (la política de "puertas abiertas").

Tras su victoria militar sobre Rusia en la guerra de 1905, Japón era una potencia emergente en Extremo Oriente y aunque en el reparto del mundo les correspondió algunos pequeños enclaves arrancados a Alemania por el Tratado de Versalles, sus derechos eran mínimos. Al igual que los imperialistas europeos, Japón pretendía tener su propia área de influencia en una región que formaba parte de su entorno natural. Tratando de imponer su propia doctrina Monroe, en la versión de Asia para los asiáticos, Japón invadió el norte de China en 1937 para crear un enclave colonial de dominación exclusiva.

El enfrentamiento con Estados Unidos se hizo insostenible. Además, los imperialistas japoneses estaban introduciéndose en zonas que Estados Unidos consideraba vitales, como las fuentes de caucho y estaño del sudeste asiático. Estados Unidos no estaba dispuesto a renunciar a su creciente influencia en Asia y comenzó a apoyar a las fuerzas nacionalistas de Chiang Kai Tschek que resisitían a los japonses en Manchuria.

La escalada bélica

El 26 de julio de 1939 Estados Unidos anuló su tratado comercial con Japón, imponiendo un embargo unilateral de materias primas, como petroleo, chatarra y otras de primera necesidad. El embargo supuso un fuerte golpe para el esfuerzo bélico del Imperio nipón. El bloqueo económico es una medida hostil, la puerta abierta hacia la guerra.

Se desató el rearme. El año anterior Estados Unidos había aprobado la Ley de Expansión naval que convertía al país en una potencia marítima. Japón respondió anulando el tratado naval de 1922 que le impedía construir buques de más de 35.000 toneladas y el 27 de septiembre firmó el acuerdo tripartito con Alemania e Italia. Para a los japoneses la flota estadounidense era la única amenaza.

A petición del ministro de la guerra Stimson, el 7 de octubre de 1939 Arthur McCollum, miembro de la ONI (Oficina de Inteligencia Naval), redactó un informe secreto que contenía ocho medidas para inducir a Japón a atacar a Estados Unidos, poniendo en acción las previsiones de asistencia recíprocas del Pacto Tripartito e introduciendo a Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. El memorando ha permanecido confidencial durante más de medio siglo.

Roosvelt puso en marcha las ocho medidas propuestas por McCollum en su informe. La primera de ellas consistía en situar a la flota en Hawai como cebo dentro del radio de alcance de los portaviones nipones. El 8 de octubre de 1939 Roosevelt llamó al Comandante en Jefe de la flota de Estados Unidos, el almirante James O. Richardson, para informarle del proyecto de poner a las fuerzas militares de Pearl Harbour como cebo. Tras una discusión, el almirante se opuso pero Roosevelt ordenó a la flota avanzar desde la costa oeste de Estados Unidos hasta Hawai. Richardson fue destituido de su cargo.

El equipo de espionaje militar en Hawai fue trasladado al continente americano, dejando a las islas a merced de la información suministrada desde el continente. El jefe de la inteligencia naval, el capitan Kirk, fue reemplazado por insistir en advertir a los mandos en Hawai de los planes japoneses de ataque.

En lugar de Richardson Roosevelt puso a un oscuro oficial naval, el contralmirante Husband E. Kimmel, al frente de la flota en Hawai. Kimmel fue promovido a almirante, tomnado el mando el 1 de febrero de 1941. Por su parte, Walter Short fue promovido de general a teniente general y se le otorgó el mando de las tropas de Hawai.

Los ruidos del silencio

El 27 de enero de 1941 Ricardo Shreiber, embajador peruano en Tokio le informó a Max Bishop, tercer secretario de la embajada de Estados Unidos que había un plan japonés para atacar por sorpresa Pearl Habour. Esta información fue enviada a la ONI y al almirante Kimmel en Hawai. Por su parte, Joseph C. Grew, embajador de Estados Unidos en Tokio, también cablegrafió a Washington idéntica información.

El 31 de marzo un informe de la Marina de Bellinger y Martin predice que si Japón declara la Guerra a Estados Unidos, el golpe podria ser en Pearl Habour sin previo aviso y al amanecer de un domingo, como es costumbre en la guerra japonesa.

A pesar de la leyenda de que la fuerza atacante mantuvo un silencio de radio estricto, desde agosto de 1940 la inteligencia naval de Estados Unidos interceptaba y descifraba los mensajes de los diplomáticos y militares nipones. Entre el 16 de noviembre y el 7 de diciembre de 1941 Estados Unidos interceptó 663 mensajes por radio entre Tokio y la fuerza de ataque, o sea, aproximadamente uno cada hora. Un mensaje del almirante Yamamoto no dejaba ninguna duda de que Pearl Harbour era el blanco del ataque japonés.

El FBI grabó todas las conversaciones telefónicas de la embajada japonesa en Washington, entre ellas una conversación no codificada entre un funcionario de la embajada que preguntaba a Tokio cuándo era la hora cero. Desde el otro lado del hilo K.Yamamoto le dijo que la hora cero es el 8 de diciembre (horario de Tokio, que significa 7 de diciembre en el horario de Hawai).

Más de medio siglo después, la Agencia de Seguridad Nacional sigue negándose a desclasificar los mensajes para no deshacer el fraude del ataque por sorpresa a Pearl Harbour.

El cebo en la ratonera

El 10 de julio el agregado militar de Estados Unidos en Tokio, Smith-Hutton, informó que la Armada japonesa había estado practicando secretamente ataques aéreos con torpedos contra grandes buques.

El 26 de julio los imperialistas nipones ocuparon el sur de Vietnam, una importante zona productora de caucho. Al día siguiente Washington congeló todas las cuentas bancarias japonesas en Estados Unidos y obligó a Inglaterra y Holanda a hacer lo mismo.

El 24 de septiembre los estadounidenses descifraron un despacho de la inteligencia naval japonesa al cónsul general de Japón en Honolulu. La transmisión solicitaba los lugares exactos de los buques en Pearl Harbour. Washington no remitió la información a los mandos en Pearl Harbour.

En octubre, desde su puesto en Tokio, Richard Sorge informó a Moscú que los japoneses se disponían a atacar Pearl Habour dentro de 60 días. Desde Moscú le respondieron que iban a transmitir la alerta a Estados Unidos. Todas las referencias a Pearl Habour en la copia de la confesion de Sorge a los japoneses que guardaba el Departamento de Guerra de Estados Unidos (32.000 palabras) fueron borradas de los archivos.

El 30 de octubre el agente coreano Kilsoo Haan informó al senador Guy Gillette que los japoneses planeaban atacar Pearl Habour en diciembre o a más tardar en enero. Gillette alertó al Departamento de Estado, al Ejército, a la ONI y a Roosvelt personalmente.

El 13 de noviembre el embajador de Alemania en Washington, Dr. Thomsen, un furibundo antinazi, relató a la ONI que Pearl Habour podría ser atacado.

El 14 de noviembre la Marina Mercante japonesa fue alertada de que las señales de reconocimiento para tiempo de guerra entrarían en vigor desde el 1 de diciembre. La ONI interceptó este mensaje.

El 16 de noviembre las primeras unidades japonesas de ataque, los submarinos Midget, zarpan hacia Hawai. El director de la CIA, Allen Dulles, dijo diez años más tarde que Estados Unidos fue alertada a mediados de noviembre de que la flota japonesa había zarpado y se disponía a atacar Pearl Harbour.

El 25 de noviembre el secretario de Estado, Cordell Hull, envió un ultimátum a Japón: evacuar Indochina y China, y reconocer al general Chiang Kai-shek como único gobierno legítimo de China. Sabía que Japón no podía acceder. Esa misma tarde, el secretario de Guerra escribió en su diario: "[El presidente] mencionó la probabilidad de que Japón nos ataque, quizás el lunes que viene, porque es notorio por atacar sin advertencia, y nos preguntó qué hacer. Lo importante es que dispare primero pero que no nos cause daños excesivos. Es mucho pedir".

Al día siguiente, el jefe del Estado Mayor del Ejército, George C. Marshall, envió un cable al comandante de Hawai: "Parece que las negociaciones con Japón han terminado y que existe muy poca posibilidad de que Japón acepte continuarlas. Es difícil predecir sus acciones, pero podría iniciar hostilidades en cualquier momento. Si no se pueden evitar, Estados Unidos quiere que Japón lance el primer ataque. Eso no debe restringirle a una línea de conducta que ponga en peligro sus defensas. Antes de que Japón inicie hostilidades, debe realizar reconocimiento y otras medidas que considere necesarias, pero se deben llevar a cabo de tal manera que no asusten a la población civil ni le indiquen su propósito. Manténganos al tanto de las medidas que tome. Si comienzan las hostilidades, debe llevar a cabo la tarea asignada en Rainbow Five con relación a Japón. Se debe limitar la diseminación de esta información ultrasecreta a la mínima cantidad posible de oficiales".

El 26 de noviembre Washington ordena que los portaviones Enterprise y Lexington así como 50 cazas abandonen Pearl Harbour "tan pronto como sea posible".

El 26 y 29 de noviembre y el 2 de diciembre MacArthur envió tres mensajes falsos a Hawai dando una posición errónea de la flota japonesa, diciendo que estaba en el Mar de China.

El 27 y 28 de noviembre de 1941, Roosevelt ordenó expresamente al almirante Kimmel y al general Short permanecer a la defensiva pues “Estados Unidos desea que Japón cometa el primer acto abierto”.

El domingo 7 de diciembre de 1941 la marina japonesa atacó la flota estadounidense anclada en la base naval de Pearl Habour. 181 aviones japoneses lanzaron el ataque, que duró dos horas. 21 naves de la flota de Estados Unidos fueron destruidas.

Inmediatamente, Roosevelt anunció que Estados Unidos se lanzaría a la guerra: "Nuestro pueblo, nuestro territorio y nuestros intereses están en grave peligro... He pedido que el Congreso declare que desde que Japón lanzó este cobarde ataque sin provocación alguna el domingo 7 de diciembre, Estados Unidos y el Imperio japonés están en estado guerra".

El secretario de Guerra escribió en su diario: "Cuando recibimos la noticia del ataque japonés, mi reacción inicial fue alivio porque la indecisión había terminado y ocurrió de tal manera que podría unificar a todo nuestro pueblo. Ese sentimiento persistió a pesar de las noticias de catástrofes. Este país, si está unido, no tiene nada que temer. Por otro lado, la apatía y las divisiones que fomentaban personas antipatrióticas eran muy desalentadoras".

Para el gobierno de Roosevelt, la guerra que quería y esperó tanto tiempo había estallado y le permitió seguir apareciendo como víctima de agresiones ajenas.

Pero al día siguiente el New York Times tituló así la noticia: "Attack Was Expected".

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