Los crímenes de Bélgica en el Congo

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Los crímenes de Bélgica en el Congo Empty Los crímenes de Bélgica en el Congo

Mensaje por NSV Liit el Dom Nov 21, 2010 7:17 pm

Una de los genocidios olvidados y del que se habla muy poco fue el cometido por los belgas en el Congo a finales del siglo XIX y comienzos del XX. De si contamos los daños por el porcentaje de población es quizás el mayor genocidio de la historia humana moderna. Ya que los belgas acabaron con entre 5 y 10 millones de personas, los asesinados directamente podrían sido alrededor de 1/3 de la población del Congo en la época, de hecho, la población bajó de 30 millones de personas a menos de 10 durante el reinado del asesino de Leopoldo II, que aspira por sí solo a entrar en la lista de los mayores criminales de la historia de la humanidad.

Pero bueno, os dejo un par de artículos:

http://www.aprendergratis.com/el-horror-del-estado-%E2%80%9Clibre%E2%80%9D-del-congo-parte-1.html

La codicia europea en la colonización africana
El horror del Estado “libre” del Congo. Parte 1
El rey Leopoldo ejecutó uno de los mayores crimenes de la historia contemporánea, un genocidio que se cobro la vida de entre 5 y 10 millones de personas.
Por Alvaro Peredo, en 1 de agosto de 2008

El rey Leopoldo II ejecutó uno de los mayores crímenes de la historia contemporánea, un genocidio que se cobro la vida de entre 5 y 10 millones de personas. La explotación de una espantosa magnitud, fué rodeada en Belgica y Europa, como una campaña publica altruista y civilizadora de una África “salvaje” y no “civilizada”.

Las primeras historias que llegaron a Europa sobre el Congo, estaban relacionadas con las románticas y valerosas exploraciones de los exploradores pioneros, que una vez más volvían a “descubrir” mundos que permanecían inexplorados. La historias sobre Livingston y Stanley se hicieron muy famosas, quizá por que formaban parte de un plan de relaciones públicas que tenía como fín último, conquistar primero y explotar después los vastos recursos del Congo ó quizá por que simplemente fueron utilizadas por los dirigentes belgas para sus fines personales.

Hoy en día, la mayoría de la gente común, relacionaria a Livingston y Stanley con el Congo o con algún país exótico de Africa en vez de con Leopoldo II y el posterior genocidio que allí se cometió. Los artículos, reportajes e historias que escribieron novelistas como Joseph Conrad o Mark Twain entre otros (que no han sido tan promocionadas como las del “doctor Livingston supongo”), vienen a describirnos una parte mas cercana a la realidad de la vida de los congoleños, sus “amos” y las grotescas condiciones de vida que les impusieron mientras una pequeña élite belga que obtuvo “riquezas más allá de lo que es capaz de soñar la avaricia”. [1]

Leopoldo II, rey de Bélgica había enviado a finales del siglo XIX, emisarios por todo el mundo para que reportaran la existencia de regiones ricas a las que poder colonizar y como explotar. Deseaba, como el resto de aristocratas de la época, un parte del mundo para él, no como parte de un nuevo y gran imperio a formar, sino para establecer una especie de “coto privado” en el que explotar valiosos recursos con los que equipararse en riqueza al resto de monarcas contemporáneos.


Cuando en 1872, Henry M. Stanley dió con David Livingstone, el hecho se publicitó de manera desmesurada dando fama internacional y para siempre a la frase anteriormente mencionada. Esta desmesurada publicidad tenía probablemente intenciones mas oscuras. Leopoldo publicitó las historias contadas por Stanley y Livingstone sobre la “crueldad esclavista de los árabes” y el grado de retraso y escasa civilización de los pueblos contactados con el fin de que su intención de colonizar aquellos vastos territorios adquiriera el motivo de una intervención altruista de erradicación del comercio de esclavos mientras al mismo tiempo se enseñaban la civilización europea y su moral cristiana supuestamente superior en todos los aspectos a aquellas sociedades “primitivas” compuestas por poco mas que “salvajes”.

Este simple pretexto, junto con el interés “absolutamente humanitario” de Leopoldo II, quedó formalizado en 1876 durante la “Conferencia Geográfica” que se desarrolló en Bruselas y en la que se convenció a muchas e importantes personas de diversos ámbitos (desde geógrafos a militares pasando como no, por hombres de negocios) sobre los buenos fines que perseguía tan conmovedora obra.
Este pretexto no es ni mucho menos nuevo. “Los imperios se visten con un aura de benevolencia” [2] desde mucho antes que el Imperio Romano, el cual sentó en gran manera las bases para este tipo de pretextos que tenían por objeto convencer a los más rehacios, a aceptar las políticas agresivas y beligerantes del Imperio sobre otros pueblos y culturas.

Leopoldo II financia tan “altruista” empresa valiéndose de un numeroso compendio de engaños gracias a los cuales obtiene aportaciones económicas y prestamos provenientes de empresas, instituciones e incluso del propio Estado belga. Dichos prestamos jamás serían devueltos.
Las exploraciones de Stanley en Centrofrica entre 1879 y 1884 dieron resultados satisfactorios para las partes implicadas y se fundaron diversas estaciones a lo largo del rio Congo. También firmó varios tratados con gobernantes locales estableciendo la “Asociación Internacional del Congo”, una organización tapadera de las verdaderas ambiciones de Leopoldo II.

A finales de la década, en 1878, el rey Leopoldo II establece un consorcio de banqueros para financiar la exploración y colonización del Congo. La “Conferencia de Berlin” (noviembre 1844 – febrero 1845), los Estados y monarquías europeas reconocen la Asociación Internacional del Congo, que pasa a llamarse “Estado Libre del Congo”.

Mientras Leopoldo II dictaba normas arbitrarias que expropiaban propiedades y recursos a los pueblos congoleños, fomentaba a que su brutal ejercito privado (la Fuerza Pública) cometiera todo tipo de atrocidades incluído el sistemático uso de torturas, secuestros, asesinatos etc con el fin de aterrorizar a la población, sometiéndola a trabajos forzados o a “vender” sus tierras, el resto de Europa se dedicaba a calificar sus acciones como de lucha contra el comercio de esclavos e incluso como defensa del libre comercio .
La “lucha contra el comercio de esclavos” y contra la “escasa civilización” de los congoleños, convirtió a Leopoldo II en apenas un par de décadas, en uno de los hombres mas ricos del mundo.

En la década de 1890, se construye una red de medios de transporte para una más extensa explotación y distribución de los recursos minerales, haciendo uso de trabajadores forzados. La construcción de estas infraestructuras, orientadas exclusivamente al interés personal, se cobró la vida de una incontable cantidad de seres humanos, en una tremenda agonía de la que no se salvaban ni siquiera los niños de mas corta edad.

Los esclavos de todas las condiciones, también fueron explotados para el desarrollo de caucho y la obtención de marfil. Un año después se conquista Katanga (1891 – 1892), región de enormes riquezas minerales y que será un foco de la rivalidad entre las grandes potencias hasta nuestros días. Entre 1895 y 1897 estallaron diversos motines contra la Fuerza Pública que serán reprimidos en poco tiempo y con la aconstumbrada dureza.

Leopoldo II creó su propia empresa para la obtención de marfil y caucho, concediéndo tierras a diversas empresas e intereses privados a cambio de un porcentaje sobre los beneficios. Era el empresario del momento en el paraíso del libre comercio, es decir de la libre explotación.

Entre 1885 y 1906 el único comercio que existió en el Congo fue el de abalorios y camisetas de algodón que se cambiaban por inmensas tierras fértiles o incluso a cambio de años de trabajo, todo ello cuando no se recurría al terror sobre la población, el saqueo, la destrucción de aldeas y pueblos, chantajes y atroces castigos para aquellos que no cumplían con las ordenes o las tremendas jornadas de trabajo que exigía el monarca para mejorar la productividad.

FUENTES GRAFICAS: WikiCommons

FUENTES:
[1] Adam Smith
[2] Noam Chomsky – Noam Chomsky: “Los imperios se visten con un aura de benevolencia”. David Barsamian. La Jornada

OTRAS FUENTES RECOMENDADAS
Amo y señor del Congo. Jorge Eduardo Benavides (http://www.elpais.es/articulo/elpepspor/20060129elpepspor_2/Tes/portada/Amo/senor/Congo)
http://www.ikuska.com/Africa/Historia/congo/hiscongo1.htm )


http://www.aprendergratis.com/el-horror-del-estado-%E2%80%9Clibre%E2%80%9D-del-congo-parte-2.html

(segunda parte del artículo)

La codicia europea en la colonización africana
El horror del Estado “libre” del Congo. Parte 2
Por Alvaro Peredo, en 5 de agosto de 2008

Los métodos de Leopoldo II en el Congo, no constituyen una novedad de los procesos de colonización – saqueo de otras tierras, sino que el recurso al terrorismo a gran escala sobre poblaciones indefensas era moneada de cambio pues no se podía explotar pacíficamente a tan grandes poblaciones sin recurrir a la violencia. Eran en parte, los mismos métodos empleados por los colonizadores españoles, ingleses, holandeses y franceses en el “Nuevo Mundo”.

Según explica en su libro Adam Hochschild ( King Leopold’s Ghost ), no hay ninguna duda que Leopoldo II conocía de primera mano lo que allí pasaba pues, preocupado por la muerte de muchos trabajadores a causa de las brutales condiciones, sugiririó que se empleara también a niños para el trabajo. De cualquier forma, aunque Leopoldo II no hubiera tenido conocimiento de estos hechos, ello le hubiera hecho igualmente responsable por que al fin y al cabo el era el amo y señor de aquellos dominios.

Las primeras voces criticas al respecto, fueron las del misionero americano G.W. Willians, y los relatos y datos obtenidos por escritores como Mark Twain y Joseph Conrad. A sus preocupaciones, le siguieron las preocupaciones (interesadas o no) de otras personalidades como el tambien misionero Willians Sephard, el diplomático británico Casement, y principalmente los trabajos de Edmund Dene.

En 1908, en respuesta a las crecientes criticas sobre el tratamiento dado a las poblaciones africanas, el Parlamento belga anexiona el Estado Libre del Congo y lo renombra Congo belga. Las condiciones de los nativos se suavizaran aunque su rol de semi-esclavitud se mantendrá practicamente hasta el día de hoy.

El Congo permaneció bajo soberanía belga hasta 1960, año en que obtuvo su independencia. Tras la propia independencia del Congo el 15 de agosto de 1960, los Estados europeos y EEUU no dejaran de intervenir en la zona, ávidos por explotar los inmensos recursos y riquezas del nuevo Estado amén de mantener el “comunismo” (es decir cualquiera de los intereses nativos) lejos de sus fronteras y como base para atacar países vecinos que se consideraban también “comunistas”.


Las intervenciones exteriores vendrán en forma de apoyo a determinadas facciones étnicas, dictadores ó señores de la guerra, a las que armaban o pagaban para que controlaran militarmente alguna región del país haciendolo “seguro” para que las empresas mineras y manufactureras, tuvieran acceso a la explotación de sus recursos. Esas facciones a menudo pertenencia a etnias que habian apoyado en su momento a los colonizadores frente a otros comunidades etnicas que se aponían a la presencia extranjera, con lo cual los resentimientos y odios entre dichas etnias aumentaron considerablemente. Ello favorecía en gran manera a los intereses geopolíticos y económicos extranjeros, pues mediante esta situación se mantenía un pais potencialmente peligroso (dada su extremada riqueza) alejado de poder convertirse en un poder regional independiente con aspiraciones panafricanas que atacara las propias causas y origenes de muchas de esas disputas.

Todavía se discute en Bélgica la responsabilidad de Leopoldo II y de la propia Bélgica en las atrocidades allí cometidas, aduciendo que Bélgica se involucró en el Congo por motivos puramente altruistas. Resulta difícil que tal y como sostiene una parte de la”Historiografía” oficial, las naciones occidentales, una vez que comenzaron a conocer lo que ocurría no hicieran nada y cuando hicieron algo, simplemente lo hicieron para reducir el poder de un potencial rival regional en un continente, que pronto se repartirían con descaro y arrogancia entre las potencias europeas a golpe de escuadra y regla, ignorando los agravios cometidos en el pasado y agravando los actuales mediante la separación de comunidades enteras de la misma etnia y la unión con otras rivales, fomentando los futuros conflictos con el fin de facilitar el trabajo de la metrópoli en la zona.

En los colegios e institutos apenas se estudian estos hechos como parte de otro de tantos genocidios llevados a cabo por las naciones europeas durante la colonización de Africa a finales del siglo XIX y durante el siglo XX. El coste de la colonización belga ha sido cifrado por algunos autores en un mínimo de 5 millones de almas de todas las condiciones. Otros autores afirman que una cifra más acorde estaría entre los 5 y 10 millones de personas muertas como consecuencia directa de la colonización.[3]

Lo mas penoso de toda esta terrible historia, al igual que ha pasado y pasa con tantas otras similares, es que hoy en día la gran mayoría de la gente desconoce por completo el genocidio y las atrocidades cometidas en ese periodo, estimadas en 5 millones de muertos, los cuales no han empañado en nada la imagen de Leopoldo II, cuya estatua ecuestre sigue ocupando su lugar en el palacio de Laeken sin que a nadie le incomode lo mas minimo. Al fin y al cabo, como “argumentaría” mucha gente, “es historia”.

FUENTES GRAFICAS: WikiCommons

FUENTES
[3] La Ventana – “Aquí, en la selva, nacieron ideas nuevas”. Entrevista de Juan Gelman a Jose Saramago http://laventana.casa.cult.cu/modules.php?name=News&file=print&sid=645

OTRAS FUENTES RECOMENDADAS
Amo y señor del Congo. Jorge Eduardo Benavides (http://www.elpais.es/articulo/elpepspor/20060129elpepspor_2/Tes/portada/Amo/senor/Congo)
http://www.ikuska.com/Africa/Historia/congo/hiscongo1.htm )

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Mensaje por NSV Liit el Dom Nov 21, 2010 7:32 pm

Pero además, la influencia belga en el Congo ha continuado después, véase por ejemplo este artículo sobre la responsabilidad belga en el asesinato de Patricio Lumumba:

http://www.elcorresponsal.com/modules.php?name=ElCorresponsal_Articulos&file=articulo&req_sectionid=2&req_articleid=162

Nuevas revelaciones sobre el asesinato de Patrice Lumumba

Una comisión parlamentaria belga investiga uno de los capítulos más oscuros de la historia colonial de ese país en Africa: la participación del gobierno de Bruselas en el asesinato del líder congoleño, cuya muerte despejó el camino para aplastar las revueltas anticolonislistas en el Congo y sentó las bases para el régimen subsidiario de Mobutu. El Congo, rico en minerales, fue expoliado durante 30 años de la forma más brutal por una sociedad integrada por Bélgica, Francia, los Estados Unidos y la cleptocracia que rodeó a Mobutu.

Por Pierre Dorremans

La noche era fría aquel 17 de enero de 1961 en Katanga, una provincia rica en cobre del ex Congo Belga. La reciente ruptura del estado independiente del Congo había sido financiada por capital belga. Un descampado en la oscura sabana es iluminado por las luces de los coches de la policía. Un oficial de la policía belga toma del brazo a Patrice Lumumba, el ex primer ministro elegido de la República del Congo y lo lleva hacia un enorme árbol. El primer ministro apenas puede caminar, ha sido torturado durante horas, hasta días. Un escuadrón de ejecución formado por cuatro hombres y provisto de FALs belgas y revólveres Vigneron esperan, mientras que 20 soldados, policías, oficiales belgas y ministros katangueses observan en silencio. Un capitán belga da la orden de disparar y una lluvia de balas acribillan a Lumumba y a dos de sus ex-ministros.

Cuarenta años después una comisión parlamentaria belga ha iniciado una investigación sobre este oscurísimo capítulo de la historia colonial belga. La comisión tiene un año para aclarar el asunto.

Está investigación tiene un doble propósito: por un lado, sirve para restablecer la reputación de los belgas en el extranjero, una reputación que se ha visto severamente afectada debido a la enorme cantidad de escándalos que han sacudido al país durante los pasados cinco años (desde el escándalo de corrupción por contratos de armas en los que los líderes del Partido Socialista tuvieron un papel destacado, al abuso sexual y asesinato de niños, a la contaminación de alimentos con dioxina... para mencionar sólo los más importantes).

Esta es una mala situación para un país pequeño que exporta más de tres cuartas partes de su producción de bienes y servicios. En un intento por limpiar su imagen, el nuevo gobierno belga (una alianza de los partidos Socialista, Liberal y Verde) ha llevado la iniciativa en los procedimientos jurídicos contra Pinochet y el ex presidente iraní Rafsanjani, en el boicot a Haider y está también buscando limpiar su propia conciencia al investigar su tumultuosa historia colonial.

Una segunda razón es que el Departamento Belga de Exteriores ha comprendido que Kabila, el nuevo gobernante del Congo, va a seguir por un tiempo. Y como Kabila se apoya decididamente en el nacionalismo izquierdista de Lumumba, Bélgica tiene que limpiar su reputación de asesinos del dirigente nacionalista más destacado del Congo para poder continuar sus actividades en Kinshasa. El hecho de que los Demócratas Cristianos belgas -que han estado en el poder desde la Edad Media- se encuentren ahora en la oposición, facilita las cosas.

Los principales protagonistas en el intento de restablecer el poder colonial belga hace 40 años fueron Demócratas Cristianos, siendo primer ministro Gaston Eyskens en la época en que tuvo lugar una huelga de dimensiones pre revolucionarias (invierno 1960-1961) por su agresiva política de austeridad, y el conde de Aspremont Lynden, representante de una burguesía belga y pre belga de un siglo de antigüedad al timón del "Departamento de Asuntos Africanos".

La tesis doctoral de Jacques Brassine "Investigación del asesinato de Patrice Lumumba" (Universidad Libre de Bruselas, 1990) ha sido considerada durante los últimos 10 años como la piedra angular de la versión oficial de los hechos acaecidos en el Congo en 1960-1961.

En este informe Brassine intentó probar que el asesinato de Lumumba fue un asunto totalmente interno en el que Bélgica no participó en absoluto. Este trabajo es bien conocido en los círculos políticos belgas de extrema derecha.

Pero con su libro "Crisis en el Congo" (1996), el sociólogo belga Ludo De Witte arrojó una luz muy diferente a la lucha por la independencia. Concluye que el gobierno de Eyskens, mínimamente favoreció el clima en el que Lumumba fue asesinado, y que las tropas de las Naciones Unidas en el Congo fueron "cómplices por negligencia".

En su último libro, "El asesinato de Lumumba" (1999), De Witte elabora esta tesis detalladamente. En los primeros capítulos no deja sin cuestionar ni uno solo de los elementos de la metodología de Brassine (entre otras cosas, Brassine tuvo una participación muy activa en los hechos de 1960-61 y por lo tanto, no se lo puede considerar como si fuera un investigador independiente!).

Una complicidad virtualmente probada

Además, De Witte se embarca en el análisis detallado de más de 8.000 telegramas que se habían intercambiado entre diplomáticos de la ONU en el Congo y la sede central de la ONU en Nueva York. De Witte llega a estar muy cerca de probar la intensa complicidad de Bélgica en el asesinato.

En vez de ser los lacayos de Tsjombe, el presidente de Katanga, fueron los belgas quienes inventaron, crearon, manejaron y financiaron el estado títere de Katanga como muro de defensa del colonialismo belga en Africa. Fue en Bruselas y no en Leopoldville (ahora Kinshasa) o Elisabetville (ahora Lubumbashi, capital de Katanga o Shaba, como se la ha conocido en tiempos recientes) donde se organizó y ordenó el traslado de Lumumba desde una prisión del ejército congolés al estado sin ley de Katanga.

Mientras estuvo entre rejas Lumumba consiguió llevar al ejército congolés hacia una revuelta anticolonial contra el régimen instaurado por el famoso coronel Mobutu.

La forma meticulosa en que De Witte describe y analiza los meses, días y horas previas al asesinato, los lúgubres detalles de tortura y asesinato y el traslado del cadáver, hace que "El asesinato" no sea un libro muy agradable. Sin embargo, es una clara descripción de la forma en que la burguesía de un llamado país "democrático" como Bélgica actúa cuando sus intereses fundamentales están en juego.

Una lectura concienzuda de este libro pondrá las investigaciones de la comisión parlamentaria -suponiendo que realmente quiera descubrir la verdad- en la buena senda.

De Witte menciona varios puntos negros (reuniones, personas, etc.) que deben aclararse si se quiere tener el cuadro completo. La comisión debería concentrarse en ellos. Por ejemplo el papel que jugó el gabinete belga en la sombra alojado en el edificio Immokat de Elisabethville.

El asesinato de Lumumba y de dos de sus ministros, Mpolo y Okito, despejaron el camino para aplastar las revueltas antiimperialistas en el Congo y por lo tanto sentó las bases para el régimen subsidiario de Mobutu.

El Congo, rico en minerales (un geólogo describió a la ex colonia belga como un "escándalo geológico") fue expoliado durante 30 años de la forma más brutal por los imperialismos belga, francés y norteamericano y por la cleptocracia que rodeó a Mobutu.

Mientras tanto, el país servía como muro de contención contra las revoluciones africanas que empezaron a surgir en los sesenta y setenta.

Un símbolo de la independencia

Lumumba era un demócrata burgués que, a pesar de todo, se radicalizó rápidamente mediante su oposición a la descaradas ambiciones coloniales de Bélgica. Lumumba se convirtió en el símbolo de un jovencísimo y velozmente radicalizado movimiento de independencia que estaba muy desorganizado para sobrevivir el asesinato y/o la prisión de sus líderes más destacados.

Hoy Lumumba todavía vive en el recuerdo como un revolucionario honesto y genuino para muchos miles de trabajadores africanos y jóvenes que tratan de encontrar una salida del callejón mortal del imperialismo en el continente negro. Por lo tanto, mientras se señalan las carencias de un programa nacionalista y la necesidad del internacionalismo socialista en toda Africa y el resto del mundo, la herencia de Lumumba debe tomarse con cautela y respeto.

Hoy el régimen de Kabila en Kinshasa coquetea con la retórica antiimperialista del lumumbismo y por lo tanto puede contar con cierto nivel de apoyo entre las fuerzas progresistas en el Congo y en el exilio. Occidente está tratando de presionar a Kabila por medio de la financiación de algunas revueltas artificiales en el este del Congo.

Pero los tiempos han cambiado desde 1960, cuando el imperialismo occidental estaba más o menos unido en su lucha contra el "comunismo" en Africa. Ahora la situación en el continente es más parecida a la de la época de la Conferencia de Berlín de 1885, cuando Africa se convirtió en un campo de batalla entre los poderes imperialistas europeos.

Hasta ahora, Kabila ha podido hacer equilibrio entre los distintos intereses. Esto lo mantiene en el poder, pero no está conduciendo hacia una mayor liberación y emancipación del pueblo africano. Por lo contrario, Africa Central está atrapada en guerras civiles interminables y devastadoras.

Otro artículo sobre el asunto:

"El asesinato de Patricio Lumumba"

Rebelión


Ludo De Witte
Editorial Crítica, Madrid - 336 paginas.

El asesinato de Patricio Lumumba, primer ministro de la República del Congo y pionero de la lucha en pro de la unidad y liberación de África, ha sido presentado, hasta fechas recientes, en muchos libros de historia como "un arreglo de cuentas entre los bantúes". Esta campaña de desinformación ha sido llevada a cabo precisamente por los mismos que fueron responsables del asesinato de uno de los jóvenes estadistas más brillantes del continente africano. Lumumba fue asesinado el 17 de enero de 1961, menos de seis meses después de haber sido elegido primer ministro del antiguo Congo belga.

En su libro, De Witte denuncia las mentiras e hipocresía que rodearon al asesinato del líder africano, hace ahora 43 años. Para la elaboración de este libro De Witte consultó los archivos de la ONU y del Ministerio de Exteriores de Bélgica y recopiló los testimonios personales de aquéllos que estuvieron directamente implicados en el asesinato. El autor pone al descubierto así una red de complicidades que se extendía desde el gobierno belga hasta la CIA norteamericana y el liderazgo de la ONU, que tenía como secretario general entonces a Dag Hammarskold (m. 1961).

En 1960, el Congo era el más grande y rico de los 16 estados africanos que habían conseguido la independencia. El establecimiento de un Congo independiente el 30 de junio de 1960 limitó la capacidad de Bélgica para continuar saqueando los recursos naturales de la nación africana. Para contrarrestar el obstáculo que la independencia suponía, las antiguas potencias coloniales se vieron obligadas a sustituir su política de dominación abierta por otra de control indirecto de los nuevos países independientes mediante la instalación en ellos de regímenes marioneta que aceptaran todas las exigencias de tipo político y económico que dichas potencias quisieran imponerles.

El autor describe, en este sentido, como Lumumba, un nacionalista radical cuya elección había sorprendido a Bruselas, bloqueó la aplicación de estos planes neocolonialistas al defender una completa descolonización del Congo y un control del país sobre sus propios recursos, que beneficiara a la población en su conjunto y devolviera a ésta su sentido de la dignidad y el orgullo.

De Witte señala como el discurso inaugural de Lumumba como primer ministro, pronunciado el 30 de junio de 1960, molestó al gobierno belga, que esperaba mantener su posición privilegiada en el Congo independiente y seguir controlando este país, aunque a través de una fachada africana.. La prensa belga calificó entonces despectivamente a Lumumba de "arribista negro". Las palabras de Lumumba, que mostraban su determinación de luchar contra todo vestigio de colonialismo y neocolonismo, fueron seguidas pronto por acciones y decisiones políticas en este mismo sentido. Esto acabó generando una situación que terminó con el asesinato del líder congoleño.

De Witte describe la forma en que fue fabricada la rebelión secesionista de Katanga, una provincia rica en cobre y otros minerales. La aparición de un movimiento separatista en dicha provincia representó el inicio de una grave crisis en el Congo y supuso también un paso decisivo en los planes de destrucción del nuevo gobierno del país. El gobierno belga, liderado por el primer ministro Gaston Eyskens, apoyó al "gobierno" separatista de Katanga, y muy en especial a los líderes rebeldes Moise Tshombe y Joseph-Desire Mobutu. Los presidentes norteamericanos Eisenhower y Kennedy respaldaron, por su parte, la intervención de la ONU en el conflicto en con el fin de impedir que Lumumba consiguiera el apoyo de los ejércitos de algunos países africanos amigos o recursos del bloque soviético para combatir la agresión de los separatistas de Katanga.

De esta forma, algunos altos responsables de Naciones Unidas, incluyendo Dag Hammarskjold, aprobaron el envío de una fuerza militar de la ONU al país. Estas fuerzas acabaron jugando un papel fundamental en el derrocamiento del gobierno congoleño, al proceder a desarmar al ejército congoleño e impedirle así luchar contra los rebeldes. En este sentido, De Witte señala que la ONU sirvió como un mero instrumento al servicio de EEUU, Bélgica y otros países occidentales en aquel conflicto.

Una unidad secreta de la CIA recibió también el encargo de asesinar a Lumumba, en colaboración con el gobierno de Bruselas, que también montó, por su parte, una operación de comando denominada "Operación Barracuda" con un fin similar. En un telegrama enviado a Lawrence Devlin, jefe de estación de la CIA en el Congo, Allen Dulles, en aquella época director de la CIA, señalaba: "Resulta claro que si Lumumba continúa ostentando su actual cargo, el resultado inevitable, en el mejor de los casos, será el caos en el Congo, y, en el peor, una toma del poder por parte de los comunistas, con desastrosas consecuencias para el prestigio de la ONU y los intereses del mundo libre en general. En consecuencia, hemos concluido que su derrocamiento debe ser un objetivo urgente y prioritario de nuestra acción encubierta". La CIA puso en marcha entonces la "Operación Wizard", destinada a apartar a Lumumba del poder y acabar con su movimiento. Según diversos relatos aparecidos en periódicos como The Guardian o The Washington Post, el propio Eisenhower dio a Dulles la orden de que Lumumba fuera "eliminado". En septiembre de 1960, el coronel Joseph-Desire Mobutu, apoyado por EEUU y Bélgica, dio un golpe de estado y disolvió el gobierno y el Parlamento.

De Witte no se limita únicamente a realizar un análisis de las estrategias de EEUU y Bélgica, a describir los despliegues de tropas o a mencionar las visitas oficiales ocurridas en aquellas fechas, sino que también hace un relato exhaustivo de los últimos días y horas de Patricio Lumumba, que se convirtió en el preso más famoso del mundo en enero de 1961.

De Witte describe cómo Lumumba y dos de sus colaboradores (Okio y Mpolo) fueron llevados, tras su derrocamiento, a Katanga y dejados en manos de sus peores enemigos. Las entrevistas del autor con el antiguo comisionado de la policía, Gerard Soete, son muy relevantes a este respecto. Soete habla de cómo dispuso a su antojo del cadáver de Lumumba y mostró a los periodistas dos de sus dientes y una bala extraída de su cráneo. También afirma que guardó como recuerdo dos huesos de los dedos de Lumumba. Él añadió que los pelos de la cabeza y la barba de Lumumba le fueron arrancados mientras estaba todavía vivo.

La culpa de la muerte de Lumumba recae también sobre los periodistas y medios que le demonizaron. La retórica de dichos medios durante aquel tiempo estuvo dirigida a destruir la imagen de Lumumba ante la opinión pública internacional al describirle, entre otras cosas, como un "tirano" y "un ladrón analfabeto".

En los días que precedieron al estallido de la rebelión separatista de Katanga los medios de Bélgica y algunos del Congo inventaron historias que hablaban de la comisión de violaciones y saqueos por parte los soldados congoleños. Estos reportajes fueron utilizados como excusa por el primer ministro belga, Gaston Eyskens, para intervenir en su antigua colonia. Bélgica aumentó así el contingente de tropas estacionadas en el Congo hasta los 10.000 soldados. El gobierno belga jugó también un papel importante en la ocultación del asesinato de Lumumba al declarar públicamente que su muerte había sido consecuencia de "una acción defensiva".

De Witte señala que la jerarquía católica jugó también un papel importante en el proceso de derrocamiento de Lumumba. Al igual que sucedió en los casos de Sudáfrica y Ruanda, la Iglesia católica del Congo debe responder, sin duda, por su participación en aquellos hechos.

Cabe añadir que la narración de estos hechos está realizada en un estilo claro y fácil de entender. El libro contiene también un índice detallado y una selecta bibliografía que será de gran utilidad a todos los interesados en la historia del nacionalismo africano. La descripción de la política de "cambio de régimen" promovida por EEUU y Bélgica en el Congo recuerda mucho el caso de la reciente invasión militar de Iraq. Esta política de "cambio de régimen" supone, tanto en el caso del Congo como en el de Iraq, una violación de la ley internacional y un profundo desprecio hacia la soberanía de estos países.

La así llamada "neutralidad de la ONU" es también cuestionada por De Witte. Lumumba invitó a la ONU al Congo con el fin de preservar la paz y el orden. La ONU, sin embargo, se declaró "neutral" y no sólo se negó a prestar su ayuda al gobierno legítimo del Congo, sino que, como ya ha sido mencionado, desarmó a su ejército, mientras que los rebeldes de Katanga aumentaban su poder gracias al abierto apoyo de Bélgica.

El pueblo del Congo fue dejado en manos del dictador Mobutu Sese Seko, que rigió los destinos del país durante más de tres décadas, en las cuales saqueó los recursos del país y creó una enorme fortuna personal, que envió al extranjero. Tras la victoria de la guerrilla de Laurent Kabila en 1997 la historia se repitió. Uganda y Ruanda, los países más pronorteamericanos de la región, enviaron ayuda y asistencia a un nuevo movimiento rebelde que luchó para derrocar al nuevo líder, que acabó siendo asesinado el 16 de enero de 2001.

De Witte señala que Lumumba fue el líder de un embrionario movimiento nacionalista africano que, si Occidente no lo hubiera destruido, podría haber jugado un papel muy positivo en la historia de África. En este sentido, sus asesinos intentaron no sólo eliminarle físicamente, sino también destruir su recuerdo y su legado en la conciencia colectiva de la juventud africana, con el fin de impedir que ésta se "contagiase" de sus ideas. En su carta de despedida a su esposa, Lumumba escribió: "La historia será la que tenga la última palabra. No será la historia enseñada en la ONU, Washington, París o Bruselas, sino la historia que se enseñe en los países que se han liberado del imperialismo y sus marionetas. África escribirá su propia historia, y, tanto al norte como al sur del Sahara, ésta será una historia de gloria y dignidad".

Queda la esperanza de que la denuncia de las mentiras y las manipulaciones llevadas a cabo por las potencias occidentales en el Congo y otras partes de Árica sirva para construir esa historia de gloria y dignidad a la que Lumumba se referió poco antes de morir. Con la publicación del libro "El Asesinato de Lumumba" De Witte ha dado un paso significativo en este camino.

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Mensaje por Mecagoendios el Dom Nov 21, 2010 7:53 pm

Me he leído las dos partes del primero y he dejado el de Lumumba para otro rato, pero de verdad, me ha encantado (si encantarme es, a fin de cuentas, confirmar la concepción leninista del imperialismo. Es curioso el hecho de que las empresas, bancos...etc financiaran el proyecto ``civilización´´ del Congo, aunque más que curioso es previsible y bastante rutinario (detrás de los actos más horrendos suele estar la financiación de capitales privados, ya se sabe, el mercado, el máximo beneficio...).
También se ve muy bien la moral capitalista, que justifica cualquier muerte e intervención violenta si se trata de mantener sus intereses y torpedear los del pueblo trabajador, y todavía hay ``comunistas´´´que sienten remilgos hacia acciones armadas contra el Estado y el poder burgués...

En fin, muchas gracias NSV, tus aportaciones son muy intresantes.
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Mensaje por stefano el Jue Feb 10, 2011 2:21 am

La ocupacion alemana en Belgica fué menos violenta que la ocupacion belga en Congo
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Mensaje por norman el Miér Jun 22, 2011 7:49 am

con razón Bélgica y toda europa y ademas la USA tiene grandes problemas económico y sociales en su poblacion joven, todo se paga en el mundo.que bueno que encontré este foro ya que desconocía mucha info que te hace pensar el porque en muchas partes del mundo hay aun problemas de cualquier tipo que tienen solucion practica como es el socialismo.
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Mensaje por Chapayev el Jue Jul 07, 2011 3:53 pm

A dia de hoy Amberes sigue siendo el centro mundial de importación de diamantes, vamos que en el siglo XIX los nativos de Congo eran explotados, esclavizados y masacrados por parte de la metropoli ahora en el siglo XX las elites del Congo controlan el trafico de diamantes y se benefician de ello mientras la mayoria de la población vive en condiciones de extrema pobreza.

Recuerdo haber visto la peli Dimantes de sangre y a pesar de que es una peli de Hollywood es bastante digna, comparado con lo que se estila por allí.
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Mensaje por Luchador Revolucionario el Sáb Ago 27, 2011 10:20 pm

con razon cuando tienen problemas economicos recurren a la guerra como esta pasando en libia donde estan masacrando de manera impune al pueblo libio por puro petroleo y agua dulce sin duda europa estados unidos gobernados por los obama los zarkosy los cameron los zapatero los berlusconi los merkel son unos genocidas !!!!
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Mensaje por Chapayev el Sáb Oct 22, 2011 2:39 pm

La descolonización del Congo en la prensa española: anticomunismo y racismo. El papel cómplice del ABC con los colonialistas

El procedimiento de guerra propagandística empleado hace medio siglo resulta de lo más familiar en las acciones imperialistas del siglo XXI presentadas como operaciones de libertad duradera, revoluciones de colores y guerras contra el eje del mal.
Agustín Velloso Santisteban | Para Kaos en la Red | Hoy a las 2:34 | 286 lecturas | 2 comentarios
www.kaosenlared.net/noticia/descolonizacion-congo-prensa-espanola-anticomunismo-racismo-papel-comp


El 6 de septiembre de 1960 el diario español ABC pone en duda la capacidad del gobierno de Lumumba de restablecer la unidad nacional (por supuesto sin mencionar la alianza imperialista en su contra) y destaca la posición ventajosa de Tshombe (debida a esa misma alianza). Las luchas se multiplican por el país.

Desde luego, lo que preocupa al ABC, en sintonía con la política de Estados Unidos, no es el ataque imperialista contra la independencia del Congo y su gobierno democráticamente elegido -con la participación de un colaboracionista como Tshombe en busca de su beneficio y en detrimento de la población congoleña- sino aprovechar la situación de la República para declarar que “hay que contrarrestar la intervención soviética”.

De esta forma presenta el diario el argumento estadounidense:

“El gobernador de Nueva York, Nelson Rockefeller, ha manifestado que si la Unión Soviética interviene en el Congo, los Estados Unidos deberían también emprender alguna acción, pero a través de las Naciones Unidas. Si nosotros estamos por la libertad, debemos estar dispuestos a luchar por ella tanto si es en Corea como en el Congo, o en Hungría, o en cualquier parte que se vea amenazada. Debemos estar dispuestos a proteger las fuerzas de la libertad. No creo que los soviets hayan actuado de buena fe en esta situación.”

El procedimiento de guerra propagandística empleado hace medio siglo resulta de lo más familiar en las acciones imperialistas del siglo XXI presentadas como operaciones de libertad duradera, revoluciones de colores y guerras contra el eje del mal.

El colonialismo necesita de la colaboración de las elites del país colonizado, que a cambio de obtener beneficios del sistema colonial, se coloca en contra de los intereses de la mayoría de la población de su país. Se trata de un caso ejemplar de simbiosis que los simbiontes han de ocultar con declaraciones propagandísticas sobre el interés nacional, la ayuda al desarrollo, la libertad, la estabilidad, el bien del pueblo y otras zarandajas que sin embargo tienen influencia sobre la población colonizada.

En realidad se trata de evitar que Katanga, la provincia que más aporta a la economía nacional, quede bajo el control del gobierno central encabezado por Lumumba, cuya intención es distribuir la riqueza del país en beneficio de todos los congoleños. Por ello Tshombe y las compañías extranjeras hablan de libertad, pero no dicen que se refieren a la de actuación de los empresarios y políticos sobre las riquezas de Katanga. Aquél justifica la secesión con el argumento de que está motivada por el caos de la República y éstos porque desean proteger a las fuerzas de la libertad.

ABC aprovecha la guerra que tiene lugar en el Congo para soltar su discurso anticomunista, el cual sirve igualmente hoy para ser usado en otra guerra, esta vez contra el peligro islamista.

El 23 de junio de 1961 el diario informa de que “Tshombe dijo que había llegado a un acuerdo con el general Mobutu para formar un frente común contra el comunismo. Agregó que existía un completo acuerdo militar para reorganizar todas las fuerzas armadas congoleñas, incluidas las katangueñas, sin la ayuda de las Naciones Unidas. No son necesarias las Naciones Unidas –dijo- desde el momento en que disponemos, en el general Mobutu, de un hombre en el cual puede confiarse completamente.”

Jaime Fernández, por su parte, es testigo de la escasa verdad de esas afirmaciones en el Royal Hotel de Kinshasa, donde se encontraba de servicio el 18 de abril de 1962 “a fin de escoltar al señor Tshombe en su regreso a Lubumbashi”. (Allí observó que) “el avión empezó a rodar hacia una pista de despegue; por ello, los altos funcionarios de la ONU abandonaron el aeropuerto, mas ¡qué sorpresa!, éste fue bloqueado con camiones de los bomberos del aeropuerto; además los pilotos informaron que la torre de control no autorizó la salida.

Como corrían rumores de que el gobierno local había instruido a la torre para evitar la salida del señor Tshombe, el jefe de la escolta pidió refuerzos para sostener un posible ataque del Ejército Nacional Congoleño –que no estaba lejos del aeropuerto; por lo tanto la situación se hizo peligrosa. (…)

Pronto llegó el general Mobuto, comandante en el jefe del ejército. Este hecho daba clara idea de que pretendían arrestar al huésped de la ONU, y esta circunstancia creaba un problema difícil a la escolta.

A las 17:35 horas las autoridades de la ONU regresaron de nuevo para confortar al señor Tshombe que aún estaba en el avión. Después de 5 minutos de interviú con el presidente, bajaron y fueron a hablar con el general Mobuto quien no estaba lejos, pero aparentemente él no estaba dispuesto a dejarles el aeropuerto libre; por lo tanto, las autoridades de la ONU regresaron a Kinshasa para discutir el caso con el gobierno congoleño.

(…) la seguridad del señor Tshombe dependía del personal de la ONU y estaban decididos a evitar que fuese arrestado por el gobierno (nacional) de Kinshasa, que había prometido respetar la estancia de Tshombe y de su personal durante su viaje diplomático-oficial a Kinshasa.

A las 03:00 horas las autoridades de la ONU dieron instrucciones para que despegara el avión, que lo hizo bajo escolta a lo largo de la pista (con la presencia de los dichos y los periodistas). Este descortés adiós anuló todos los acuerdos que había entre el gobierno de Kinshasa y el señor Tshombe, así declaró tan pronto llegó a Katanga.” (p. 61-62)

Thsombe intenta durante un par de años deshacerse política y militarmente de la ONU con la decidida ayuda de Bélgica y Estados Unidos por un lado y las divisiones e inoperancia del resto de sus miembros por el otro. Finalmente, sin embargo, la secesión de Katanga se termina cuando la ONU consigue el control de la provincia. Por ese motivo Tshombe se marcha del país y se instala en España.

España resulta ser a la vez no sólo el lugar donde se refugia uno de los responsables del asesinato de Lumumba y dos colaboradores cercanos, de los miles de muertos, heridos y desplazados tras la secesión de Katanga, sino que también se convierte en la plataforma desde la que va a organizar nuevas agresiones que incluyen la participación española en el martirio –que aún dura- de la RDC.

Así, mientras el gobierno de Franco va a proveer a Tshombe de una base segura para sus planes, así como de personal y suministros ad hoc, la prensa española le hace la campaña de propaganda.

La descolonización en la prensa española: anticomunismo y racismo

El 9 de enero de 1963 ABC cree pertinente presentar a sus lectores la versión de los agresores en lugar de la de las víctimas: “Un senador americano, Thomas Dodd, de Connecticut, decía el otro día: El ataque contra Katanga es un acto inhumano y flagrante de agresión por parte del nuevo imperialismo de la ONU. La iniciativa de la ONU interviniendo militarmente en un país, para forzar su unificación y obligar a aceptar una determinada constitución, establece un precedente extremadamente peligroso, que puede culminar un día en un desastre moral y político.”

El diario no cree conveniente que sus lectores sepan que la legalidad era la de la constitución vigente con el gobierno central –elegido democráticamente por mayoría- en la RDC completa y unida y que por tanto el desastre moral y político era el provocado por Tshombe en alianza con las potencias occidentales.

Más adelante, apenas una semana antes de la derrota de las fuerzas de Tshombe ante las de la ONU el 21 de enero de 1963, ABC divulga el día 10 tres opiniones sobre la situación, las tres contrarias a la legalidad internacional y de la RDC. Destaca por supuesto por su notorio belicismo la que proviene de Estados Unidos:

“La Comisión Norteamericana de Ayuda a los Guerreros de la Libertad de Katanga ha publicado una petición en la que solicita del Congreso que vote los fondos necesarios para armar a Katanga. Votad pronto y generosamente los fondos necesarios para enviarles las armas que precisan”, piden republicanos y demócratas al alimón.

Jaime Fernández resume bien el conflicto ocasionado por Tshombe: “los katangueños sabían que el gobierno (central) era reconocido por casi todos los países extranjeros, estaba enfrente o en contra de ellos con poderes constitucionales. Sin embargo, asuntos internos-externos de Katanga –la Unión Minière con sus ricas minas, etc.- no permitían que Katanga se sometiese al gobierno central, por el momento.” (p. 71)

Días después Jaime Fernández registra la salida de Tshombe del Congo el 16 de junio de 1963, “ya que necesitaba la atención de un oculista, el famoso doctor Barraquer”, aunque hace notar que, en realidad, con su salida se quedaba “esperando la retirada de las tropas de la ONU y entonces los katangueños hablarían con un acento diferente.” (p. 106)

Evidentemente el diario presenta éste y otros viajes de Tshombe a España y otros países como cuestiones personales y asuntos privados, cuando en realidad se trata de acciones políticas concretas encaminadas a alcanzar sus objetivos políticos y empresariales.

Al mismo tiempo ABC no considera pertinente que sus lectores conozcan otras versiones sobre los sucesos de la RDC, por ejemplo la del American Committee on Africa, por boca de su fundador y presidente George Hauser, que hizo público el 2 de abril de 1962 su postura contraria a la comisión en apoyo a los guerreros de Katanga, con un tono antibélico muy diferente del que tiene la Comisión citada anteriormente:

“un comité que asegura ‘apoyar a los luchadores por la libertad’ en Katanga intenta desacreditar los motivos y métodos de Naciones Unidas, al tiempo que se opone a la compra por parte de Estados Unidos de bonos de Naciones Unidas en apoyo de su operación en el Congo. (…) El movimiento secesionista de Katanga, fuertemente influido por colonos europeos con intereses financieros en empresas mineras, apuntala la previsible extensión de la guerra fría hacia África. (…) La espina dorsal del liderazgo militar estaba en manos de extremistas, venidos de Argelia tras el fracaso del golpe de la OAS en abril de 1961 (13). El estado de ánimo de la dominante población blanca era histéricamente anti Naciones Unidas. Para la mayoría de esos colonos, cualquier intento de retirarles su estatuto de privilegio era interpretado como un acto de agresión”. (14)

Jaime Fernández también registra su llegada al aeropuerto de N’Djilli, procedente de España, el 26 de de junio de 1964, o sea, un año después de su salida del mismo hacia Madrid. No por casualidad también volvía de España el mismo día Albert Kalonji, líder del movimiento secesionista de Kasai del Sur, provincia conocida por su riqueza en diamantes, que fue sofocado por el gobierno congoleño tras unas operaciones militares que duraron cuatro meses.

Un viaje a Italia es la ocasión para que ABC publique el 10 de diciembre de 1964 una joya periodística de apología del genocidio animado por Occidente, que aparece subliminalmente sancionado por el Papa, aderezada con una cruzada contra los comunistas. La firma José Salas, su corresponsal en Roma.

Mientras los comunistas italianos difunden octavillas por las calles de la ciudad para denunciar la visita de “quien llamó a los mercenarios extranjeros para llevar a cabo el exterminio de su propio pueblo,” afirmar que “el gobierno será culpable de tolerar esta presencia infamante en nuestro suelo” y exigir “la inmediata expulsión de Tshombe de Italia”, Salas escribe que éste realiza “una simple parada en Roma camino de Estados Unidos y que intentará ver a Pablo VI.”

Tras miles de muertes y notable destrucción en el Congo, cree que lo importante es informar a los lectores de que, “al fin y al cabo, es el único que se ha opuesto en el centro de África a las matanzas de los europeos que por allí andaban”.

Por tanto –a su juicio- la responsabilidad no es de Tshombe, sino que “a la hora de la verdad puede verse cómo el comunismo es el instrumento que se monta al servicio de unas actitudes que tienen que ver muy poco con la civilización.”

Más aún, insiste, “sean cual sean las características personales y políticas de Moisés Tshombe, no puede haber más planteamiento que el de estar con las víctimas o con los asesinos. Thsombe ha estado con las víctimas, con el orden de su país y con el entendimiento hacia Europa. El comunismo italiano se pone de parte de los asesinos.”

Durante los siguientes años Tshombe resulta ser un comodín de oro para los editorialistas del diario, quienes disparan con sus escritos contra los comunistas, los izquierdistas, los rusos, los chinos, los negros antiblancos (sic), las fuerzas democráticas, las Naciones Unidas. Lumumba y un largo etcétera. El 8 de septiembre de 1964 se lee en ABC:

“Tiene razón Tshombe al protestar como lo ha hecho contra la fea palabra ‘mercenarios’, aplicada a los voluntarios blancos que acuden a completar el Ejército nacional congoleño. Todos los militares son pagados. Es lógico, pues, que tampoco luchen gratis los que ven en Tshombe un africano que es amigo del mundo blanco, en vez de hostigarlo, como hacía Patricio Lumumba. Ahora se trata de defender al país centroafricano contra el asalto comunista, porque la potencia que mande en el congo ejercerá peligrosa presión sobre todos los vecinos del país. Los comunistas, que sean rusos o chinos, conocen perfectamente la importancia del Congo. En el país creado por el rey de los belgas Leopoldo II se defiende virtualmente casi la totalidad del llamado continente negro, de modo que los ‘mercenarios’ desarrollan realmente una obra civilizadora y, en vez de ser calumniados, merecen verdaderamente el agradecimiento de todas las potencias anticomunistas.

Se cometería una injusticia y al mismo tiempo una obra nefasta si se volviese a los tiempos en que Tshombe fue combatido por las Naciones Unidas, como si sólo los negros antiblancos fuesen dignos de ser tomados en consideración y los amigos del Oeste traidores a su raza. Tshombe, combatido desde el primer momento de su actuación por Lumumba, el secretario de las Naciones Unidas y por las fuerzas izquierdistas de todos los países, aparece ahora como el único político congoleño capaz de salvar a su país de la anarquía. Pero en vez de verse apreciado y estimulado por aquellos a cuyo favor trabaja, tiene que esforzarse en rasgar, ante todo, el velo de incomprensión que le envuelve.”

En ABC el anticomunismo cerril va de la mano del racismo más cavernario y el Congo resulta ser un tema periodístico perfecto para justificar ambos. Antonio Burgos destaca en este subgénero de la propaganda política con una entrevista “a un testigo español”, que quizás tuvo lugar en verdad, publicada el 21 de agosto de 1966:

“¿Existe capacidad de gestión en el actual gobierno?” pregunta a “un español que trabaja desde hace varios años en una compañía extranjera radicada en el Congo” (…) y que “por razones obvias silenciamos el nombre de este español y el lugar donde habitualmente trabaja en el Congo”:

Éste responde: “En absoluto. El Congo adolece de una falta elemental de preparación. La administración es un caos. Algo que nos mueve a risa a los blancos. La población negra está en un estado de absoluto primitivismo, en la más radical incultura. Los negros no quieren serlo (énfasis añadido); esto es un hecho cierto, al que no hay que darle vueltas por muchos movimientos integracionistas que haya. Los negros no piensan más que en el vino y las mujeres, sin tener sentido alguno de la familia. Es cierto que ganan unos salarios que no tienen punto de comparación con los sueldos de los blancos; pero este dinero se lo gastan en cerveza.” (p. 51)

Tras siete años de propaganda a favor de Tshombe sin conseguir auparle al poder, ABC intenta una astracanada final en su edición del 10 de agosto de 1967, cuando aquél ya ha sido condenado a muerte en ausencia y lleva preso más de un mes en Argelia, anunciando que Ricardo Ribes Marqués es el “presidente de la Comisión Internacional pro Tshombe y Derechos Humanos recientemente creada en Barcelona”

http://hemeroteca.abc.es/detalle.stm

ABC no está solo en su campaña en apoyo de Tshombe. La revista estadounidense Time le dedicó una portada el 22 de diciembre de 1961 con el título de “Lucha por el Congo” y también se puso de su parte.

Sin embargo no toda la prensa es cien por cien favorable. La revista Ebony, fundada en 1945 y destinada al sector afro-americano de Estados Unidos, dedica unas páginas (100 a 104) a Tshombe en su número de agosto de 1964 con el título de “El escondite español de Tshombe”. En éste expone varias fotografías de la estancia de Tshombe en España y presenta una posición menos favorable.

“En su oficina recibe a periodistas y a partidarios suyos de varios países del mundo. Durante su estancia en España mantiene un equipo de quince personas que incluye un ayudante, cuatro secretarias y un cocinero español. Además cuatro policías de seguridad custodian su oficina y un guardaespaldas le sigue, una atención de Franco, el dictador de España. Hasta que Tshombe no volvió (al Congo) algunos españoles no se dieron cuenta de que habían sido los anfitriones de un hombre clave en un conflicto que amenaza con envolver a todo un continente en la guerra.”

Al pie de una fotografía se lee: “Tshombe, elegante, espera con el guardaespaldas asignado por Franco a que llegue la limusina que le lleve a su oficina en Madrid”. En otra se comenta su gusto por la ropa cara, “manda hacerse los trajes en París y los zapatos a mano en Roma”. En otra aparece sentado ante la piscina de su mansión Villa Kauni al fondo, situada en la zona residencial de Madrid conocida como La Moraleja. Se le presenta como “controvertido secesionista considerado por los africanos como una herramienta del colonialismo belga”. En otra se dice que mantiene vastos contactos con negocios privados en Europa y se le califica como uno de los empresarios más ricos del Congo. También que recibe a diario a muchas personas con intereses políticos o económicos en Katanga.

http://books.google.es/books?id=pMY-b0sleEEC&pg=PA100&lpg=PA100&dq=time+magazine+tshombe&source=bl&ots=Zm-ePvov5u&sig=g0I_0arjXcXu0JIGOWaPnRa0Icw&hl=es&ei=-_xsTeC7JZqO4gaH__HYBA&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=7&ved=0CFMQ6AEwBjgK#v=onepage&q&f=false

Hay que acudir a una revista de política internacional y no meramente de noticias de actualidad como las anteriores para conocer una opinión congoleña sobre Tshombe en lugar de una procedente de una fuente occidental. En el artículo “What is Behind the Tragedy?", que aparece en el número 11 de 1966 de International Affairs, A. Zakharov cita a Radio Kinshasa y al embajador especial del Congo en Europa:

“Radio Kinshsasa nombró a Moise Thsombe, que lleva a cabo actividades políticas subversivas desde Madrid, como el principal responsable de la tragedia reciente.”

“Los líderes congoleños que fueron sus colegas en el pasado llaman ahora ‘traidor a la patria’ al ex presidente de Katanga y reciente primer ministro del Congo. El gobierno del Congo ha presentado ante la justicia cargos por alta traición en su contra. Marcel Lengema, Embajador Especial del Congo que ha realizado recientemente varias capitales europeas, ha declarado a la prensa que ‘Tshombe es un traidor al servicio de intereses extranjeros y un criminal que ha derramado demasiada sangre’.”

Zakharov concluye que “el siniestro personaje de Tshombe ha estado tras el escenario de la vida política del Congo durante los seis años desde que el país fue declarado independiente. Su nombre está relacionado con los intentos de los colonialistas belgas de desmembrar el país y privarlo de Katanga, su provincia más rica. Está implicado en el diabólico asesinato del héroe nacional del pueblo congoleño Patrice Lumumba y en la masacre de patriotas en diferentes partes del país. Moise Tshombe protege los intereses de los monopolios imperialistas en el Congo. Tienen razón los belgas que le llaman ‘la marioneta ideal del neocolonialismo’.”

Extracto del trabajo: "España, comparsa del imperialismo estadounidense en el Congo Belga". Revista Cuadernos. Mayo-Agosto 2011. Volumen XXV. Nº 3 y 4.

Ver trabajo completo descargando archivo adjunto.


http://www.kaosenlared.net/noticia/descolonizacion-congo-prensa-espanola-anticomunismo-racismo-papel-comp
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Mensaje por AlejoSola el Sáb Feb 23, 2013 4:13 pm

El Congo ha sido y está siendo explotado para que gente de los países capitalistas (explotadores de los ciudadanos del Congo aparte de sus propios trabajadores y, en conjunto con otros países imperialistas, de todos los trabajadores) tengan móviles e "inocente tecnología". Famosas son las riquezas naturales de la zona congoleña, pero destaca por la extracción, forzada para niños y adultos(mano de obra muy barata), indistintamente, del mineral coltán (sí, ese de los móviles, mandos a distancia, controladores de radio control...)en insalubres minas. Y, obviamente, las empresas se excusan "oh, no sabíamos que era peligroso que niños trabajasen de sol a sol en minas..." y las ya compradas organizaciones por los derechos humanos alegando que "vamos a impedir la explotación de niños" , pero claro, como se llevan beneficiando del capitalismo desde su creación (no son mas que empresas), siguen sin hacer nada, y seguirán igual, si no hacemos nada, por el resto de su existencia. Con hacer algo me refiero a que ocurra algo gordo a nivel internacional protagonizado por el proletariado.
PD:¿Por qué se llama República Democrática del Congo, si es una denominación socialista normalmente?

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