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Nota sobre el Stalinismo y el Trotskismo - Ken Nabb - año 2010

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Mensaje por RioLena el Sáb Abr 11, 2020 12:15 pm

Nota sobre el Stalinismo y el Trotskismo

Ken Nabb
(traductor de escritos de miembros de la Internacional situacionista) - año 2010

publicado en El Sudamericano en febrero de 2013


Para aquellos que no están familiarizados con el trasfondo político internacional de la historia de Ngo Van, puede ser útil hacer algunas observaciones sobre el stalinismo y el trotskismo y esbozar algunas de las vueltas y contravueltas de la Tercera Internacional bajo el control de Stalin.

La Revolución Rusa de 1917 consistió en dos etapas relativamente distintas. La “Revolución de Febrero” fue una serie de luchas populares en gran medida espontáneas a partir de febrero y continuando durante los próximos meses, la “Revolución de Octubre” fue esencialmente un golpe de Estado perpetrado por el Partido Bolchevique bajo la dirección de Lenin y Trotsky. Los bolcheviques tenían la reputación de ser revolucionarios radicales, en parte debido a que habían sido uno de los pocos grupos izquierdistas que se opusieron a la Primera Guerra Mundial; pero una vez en el poder reprimieron las tendencias radicales de base y se transformaron en una nueva clase dominante. A pesar de que cambiaron su nombre a “Partido Comunista” en 1918, el sistema que crearon no tenía nada que ver con el comunismo en el verdadero sentido de la palabra, sino que era simplemente una versión más cruda y más concentrada del capitalismo. La propiedad privada fue sustituida por la propiedad estatal, pero el propio capitalismo (el sistema de relaciones sociales mercantilizadas) no fue eliminado de ninguna manera. Los trabajadores que fueron explotados anteriormente por una multitud de capitalistas privados eran explotados ahora por una sola empresa capitalista propietaria de todo: el Estado. Aunque este proceso fue complejo y gradual, la transformación ya estaba bastante clara en 1921 cuando los marineros revolucionarios de Kronstadt fueron aplastados por el régimen “comunista” bajo el liderazgo directo de Trotsky. (Ver La revolución desconocida de Volin y Los bolcheviques y el control obrero, 1917-21, de Maurice Brinton.)

Tras la muerte de Lenin en 1924, la facción del Partido Comunista dirigida por Stalin adquirió cada vez más poder, hasta el punto de que Trotsky fue puesto a la defensiva y, finalmente, expulsado del Partido y obligado a exiliarse. Stalin impuso a continuación las diversas medidas internas totalitarias que no serán discutidas aquí, ya que en general son bien conocidas — la dictadura policial del Estado, la colectivización forzada, los campos de trabajo o Gulags, los juicios de Moscú, etc. (Para buenos relatos de este proceso ver Stalin: Un estudio crítico del bolchevismo de Boris Souvarine, El enigma ruso de Ante Ciliga, y Memorias de un revolucionario de Victor Serge.)

El régimen stalinista también ejercio una influencia nefasta en los movimientos radicales de otros países en todo el mundo. La Tercera Internacional (también conocida como Internacional Comunista o Comintern) se había formado en Moscú en 1919 para unir a los partidos comunistas revolucionarios en todo el mundo, después de que la mayoría de los partidos socialistas de la II Internacional había traicionado sus principios socialistas e internacionalistas tomando partido por sus respectivos gobiernos durante la Primera Guerra Mundial. Bajo el control de Stalin, la Comintern se centró cada vez más en el objetivo de defender el régimen de Stalin a toda costa. Con este fin, durante las próximas dos décadas impuso una sucesión de zig-zags políticos a los partidos comunistas subordinados en otros países, la mayoría de los cuales llevaron a resultados desastrosos.

Después de algunas debacles “aventureras” en el principio de la década de 1920 (Alemania en 1923, Estonia en 1924, etc), la Comintern viró a una política defensiva de compromisos y alianzas con diversas fuerzas burguesas en todo el mundo. El fracaso más dramático de esta política fue en China en 1925-1927. En el mismo momento en que los obreros radicales alcanzaron importantes victorias en las grandes ciudades de China, Stalin insistió en que el Partido Comunista de China se subordinase al Kuomintang, el partido nacionalista liderado por el general Chiang Kai-shek. Cuando los obreros de Shanghai se habían apoderado de la ciudad en abril de 1927, los líderes comunistas les instaron a dar la bienvenida al ejército de Chiang Kai-shek y entregar todas sus armas. Cuando lo hicieron, el ejército de Chiang entró en la ciudad y masacró a los obreros radicales por miles (ver La tragedia de la revolución china de Harold Isaacs). Este resultado catastrófico de la política de Stalin, que Trotsky había predicho con exactitud y trató de impedir, fue sin duda un factor importante que contribuyó a la disposición de los radicales vietnamitas para tomar partido por las posiciones trotskistas en los siguientes años.

En 1928 Stalin impuso otro cambio en la política, argumentando que, después del período de levantamientos revolucionarios en los primeros años post-Guerra Mundial (1917-1923) y luego del período defensivo y de descenso de las luchas (1924-1928), el movimiento obrero internacional había entrado en un nuevo “tercer período” en el que las revoluciones radicales una vez más estaban en la agenda. Los principales enemigos supuestamente pasaban a ser los partidos socialistas, a los cuales los stalinistas se refirieron como “social-fascistas”. Siguiendo esta política, el Partido Comunista alemán se concentró en atacar a los socialistas alemanes al mismo tiempo que ignoraba en gran medida a los nazis, ayudando así a preparar el camino para la toma del poder por estos últimos en 1933 (lo que pronto llevó a la destrucción tanto de los socialistas como de los comunistas en Alemania).

En 1935 la línea de la Comintern se volcó al extremo opuesto. Ahora era supuestamente necesario aliarse con los socialistas, y de hecho con todo el mundo que no fuera rotundamente fascista, incluidos los partidos centristas y conservadores, para formar un “frente único contra el fascismo”. Esta política llevó a la victoria de los gobiernos de los Frentes Populares en España y Francia en 1936. Pero las corrientes radicales que habían apoyado a esos frentes se vieron comprometidas y con las manos atadas debido a sus alianzas con fuerzas más centristas. Sobre el Frente Popular español, véase la nota 2 [en el libro In the Crossfire de Ngo Van]. En Francia, el gobierno del Frente Popular, presionado por una ola de huelgas y ocupaciones de fábricas de extensión nacional, aprobó algunas leyes progresistas (40 horas semanales, vacaciones pagas, el derecho a huelga, etc.), pero no hizo nada para eliminar el colonialismo francés y casi nada incluso para mejorar las condiciones en las colonias más allá de algunas reformas de menor importancia que en su mayoría no fueron aplicadas. Esto puso a los stalinistas vietnamitas en la incómoda posición de tener que defender al régimen colonial francés contra el cual habían estado luchando desesperadamente por tanto tiempo.

Entonces el pacto Hitler-Stalin de 1939 provocó un nuevo zigzag. Ahora la atención se centró una vez más en la lucha contra Francia, mientras que la amenaza del fascismo fue menospreciada (a pesar de que la Alemania nazi estaba a punto de invadir Francia y Japón estaba a punto de invadir Indochina).

Luego, cuando Hitler traicionó a Stalin con la invasión a Rusia en 1941, una vez más pasó al frente la “guerra contra el fascismo”. Los stalinistas vietnamitas, por lo tanto, se encontraron una vez más en alianza con sus amos coloniales franceses (aunque el régimen colonial en Indochina era pro-Vichy y por lo tanto parcialmente aliado con los fascistas).

Luego, con el vacío de poder tras la derrota de los japoneses en 1945, en momentos en que el pueblo vietnamita se encontraba en posición de evitar la entrada al país de las fuerzas francesas (Francia se estaba recuperando de años de ocupación nazi y estaba desmoralizada por el régimen de colaboración de Vichy con los nazis, y la mayoría de sus fuerzas armadas estaban al otro lado del planeta), el líder stalinista Ho Chi Minh hizo una serie de compromisos con los estadounidenses, los británicos, los chinos y los franceses, que le permitieron aumentar su poder, destruir a los trotskistas y otros rivales potenciales, y asumir el control total sobre las fuerzas nacionalistas, pero que al mismo tiempo, permitió a las fuerzas francesas volver a entrar al país, lo que condujo a treinta años más de guerra para obtener la independencia nacional que muy bien podría haberse ganado en 1945. Sólo en 1975 el país finalmente se vio liberado de sus amos extranjeros — mientras permanecía sujeto a una dictadura stalinista autóctona.

La mayoría de estas políticas stalinistas habían sido duramente criticadas por Trotsky. Desde alrededor de 1923-1934 Trotsky y sus seguidores se referían a sí mismos como la “Oposición de Izquierda”, lo que significaba una oposición dentro del Partido Comunista de Rusia, en un intento de recuperar el poder de las manos de la facción stalinista para llevar el partido de vuelta hacia una dirección revolucionaria e internacionalista. Después de ser expulsado del partido ruso en 1928, su atención se volvió hacia los partidos comunistas en otros países y la Tercera Internacional. Esta estrategia resultó igualmente infructuosa ya que las tendencias trotskistas fueron eliminadas sistemáticamente de los partidos dominados por Stalin que había en todo el mundo. En 1933 o 1934 la mayoría de los trotskistas había concluido que la Tercera Internacional era ya irrecuperable y que era necesario formar una Cuarta Internacional. Esto tuvo lugar en 1938 (lo cual fue la razón por la que algunos grupos de entonces, tales como la Liga de los Comunistas Internacionalistas de Ngo Van, se referían a sí mismos como “por la Construcción de la Cuarta Internacional”).

Sería demasiado tedioso discutir las complejas diferencias entre los numerosos grupos y tendencias trotskistas desde la década de 1930 hasta la actualidad. Baste decir que como el propio Trotsky estaba directamente implicado en el proceso por el cual el Partido Comunista se convirtió en una fuerza contrarrevolucionaria dentro de Rusia, y puesto que él nunca reconoció que ese partido se había convertido en una nueva clase dominante burocrática, sus intentos de presionar al partido para que reanudara una política internacional revolucionaria estaban condenados al fracaso. “Trotski fue condenado por su perspectiva fundamental, puesto que en el momento en que la burocracia se reconoce en su resultado como clase contrarrevolucionaria en el interior debe escoger también ser efectivamente contrarrevolucionaria hacia el exterior” (Guy Debord, La Sociedad del Espectáculo, Tesis 112). Esta es la razón por la cual las polémicas trotskistas, por muy radicales que puedan parecer en algunos aspectos, siempre terminan cayendo de nuevo en la misma conclusión simplona: el stalinismo es criticado de muchas maneras, pero en última instancia sigue siendo considerado “progresista”. Los regímenes stalinistas son descriptos como “Estados obreros degenerados” o “Estados obreros deformados”, dando a entender que el sistema socio-económico es básicamente bueno, el problema se reduce a que está pobremente liderado por una dirigencia política inepta que debe ser sustituida por una dirigencia correcta al estilo de Lenin y Trotsky. Los trotskistas no reconocen los orígenes del stalinismo en las prácticas autoritarias anteriores de Lenin y Trotsky y en la estructura jerárquica del partido bolchevique, el cual había inaugurado ya el nuevo sistema de capitalismo de Estado mucho antes de que Stalin llegara al poder.

Cabe señalar que ninguna de estas tendencias políticas tiene mucha relación con Marx, a pesar del hecho de que todas dicen ser marxistas. Una de las razones por las que Ngo Van apreciaba a Maximilien Rubel es porque demostró de forma convincente cómo el leninismo y el trotskismo (por no hablar del stalinismo) diferían demasiado de los puntos de vista reales de Marx. Mientras que Marx tenía diferencias notorias con algunos de los anarquistas de su tiempo, su perspectiva era en realidad mucho más cercana al anarquismo que a cualquiera de las variedades del socialismo de Estado. La prevalencia del “marxismo” estatista durante el último siglo ha tendido a ahogar otras corrientes del marxismo que son más cercanas a Marx (y a las más coherentes tendencias del anarquismo), como Rosa Luxemburgo, Anton Pannekoek, Karl Korsch, Socialisme ou Barbarie, y la Internacional Situacionista.


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Mensaje por RioLena el Sáb Abr 11, 2020 12:22 pm

La Internacional Situacionista (IS) era una organización revolucionaria (termina en 1972) de artistas e intelectuales cuyo principal objetivo era el de liquidar la sociedad de clases en tanto que sistema opresivo y el de combatir el sistema ideológico contemporáneo de la civilización occidental: la llamada dominación capitalista y la dictadura de la mercancía.

La IS llegaba ideológicamente hablando a la mezcla de diferentes movimientos revolucionarios aparecidos desde el siglo XIX hasta sus días, notablemente influida del pensamiento marxista de Anton Pannekoek, de Rosa Luxemburg, de Georg Lukács, del grupo Socialisme ou barbarie (Claude Lefort y Cornelius Castoriadis) así como del llamado Comunismo de Consejos o «Consejismo».

Fundada en julio de 1957, la Internacional situacionista nace de la fusión de varios movimientos vanguardistas, representado en sus inicios la voluntad de superar las tentativas revolucionarias de las vanguardias artísticas de la primera mitad del siglo XX: dadaísmo, surrealismo y letrismo.​

Entre los situacionistas estuvieron: Guy Debord, Raoul Vaneigem, René Viénet, Constant Nieuwenhuys, Alexander Trocchi, Ralph Rumney, Asger Jorn, Attila Kotanyi, la escritora Michèle Bernstein (esposa de Guy Debord)...



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