El comunismo primitivo no fue lo que te contaron - artículo publicado en 2 entregas en la web Nuevo Curso - Emancipación - febrero de 2020

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Mensaje por RioLena el Dom Feb 23, 2020 7:26 pm

El comunismo primitivo no fue lo que te contaron

Primera parte

artículo publicado en 2 entregas en la web Nuevo Curso - Emancipación en febrero de 2020

En el relato que nos enseñaron en la escuela, hace unos 9.000 años, el descubrimiento de la agricultura produjo la sedentarización, la urbanización y la división en clases. El comunismo primitivo quedaba atrás y la Historia de la Humanidad comenzaba como tal con la ruptura de la comunidad social originaria y el comienzo de los modos de producción basados en la explotación de unas clases por otras. Los descubrimientos arqueológicos de las últimas décadas desmienten sin embargo estos relatos y nos pintan un mundo en el que el comunismo primitivo desarrolló la agricultura y la ganadería sin escindir la sociedad en clases, produjo grandes ciudades muy distintas a las del «Creciente fértil» y se resistió a la aparición de clases explotadoras hasta fechas relativamente recientes, llegando a convivir en el tiempo con los primeros reyes romanos y la primera democracia esclavista griega.

En el principio de la agricultura fue… el comunismo

El viejo relato tenía fallos evidentes. La primera gran revolución productiva de nuestra especie, el fin de medio millón de años de vida nómada que abrió la puerta a la división en clases sociales, la escritura, las religiones desarrolladas, los primeros estados… no podía explicarse como una mejora de la productividad. Cultivar requería más recursos y producía menos que seguir siendo nómadas cazadores. Durante décadas se intentaron todo tipo de modelos explicativos, pero ninguno conseguía llegar a resultados realmente satisfactorios. Parecía que nuestros antepasados habían pasado hambre y penurias voluntariamente para aprender a cultivar granos y criar ganado, a pesar de que estas prácticas tardarían muchas generaciones en ser más provechosas que la caza y la recolección.

Klaus Schmidt, el arqueólogo que dirigió la excavación de Göbekli Tepe, para muchos el descubrimiento arqueológico más importante hasta el día de hoy, fue el primero en elaborar a partir de la nueva evidencia, una teoría satisfactoria. Göbekli Tepe, descubierto en 1994 y construido hace unos 11.500 años, unos tres milenios antes de la fundación de Uruk/Sumer, ha sido conocido mediáticamente como «el primer templo», pero sobre todo es el primer vestigio material descubierto hasta ahora de la sedentarización y de producción agrícola.

Schmidt defendió que Göbekli Tepe había sido el centro desde el que se difundieron el cultivo y la ganadería hacia eso que llamamos «el Creciente Fértil». Pero los constructores de aquellas edificaciones eran todavía nómadas y cazadores. Habrían sido las necesidades de mantenimiento de las propias estructuras del santuario las que habrían generado los incentivos para invertir recursos en la ardua labor de cultivar cereales salvajes y domesticar algunas especies. Podría ser antieconómico en relación con la caza, pero la caza exigía largos viajes en un ciclo estacional, si quería permanecerse en Göbekli había que dedicar cada vez más tiempo a cuidar de los granos salvajes que lo rodeaban. Más aun si, como parece, el santuario recogía y albergaba regularmente tullidos y enfermos, funcionando como una especie de «base» de un grupo que seguía siendo nómada.

Faltaba con todo una pieza por pulir: ¿Qué sentido tenía mantener una estructura tan costosa y a la vez tan precaria? ¿Qué proveían estos santuarios que fuera tan importante como para organizar a su alrededor toda la vida comunitaria? La respuesta la daría de nuevo Göbekli Tepe. El descubrimiento de grandes cubas de fermentación iluminó un nuevo elemento. Excavaciones paralelas en China, mientras tanto, dieron pie a las primeras teorías que afirmaron que la agricultura fue un subproducto de la necesidad de producir bebidas alcohólicas para las celebraciones periódicas de aquellas partidas de cazadores nómadas.

En 2004, las excavaciones en Jiahu, la aldea Neolítica china más antigua descubierta hasta ahora, fundada hace unos 9000 años, aportaron una nueva pista. El arqueólogo Patrick McGovern descubrió restos de una bebida, una especie de chicha, que debió tener unos diez grados de alcohol. Lo que es más interesante la elaboración de esta primitiva «cerveza» habría sido según McGovern la causa de la sedentarización. Santuarios como Göbekli Tepe o asentamientos como Jiahu o los que habrían de dar lugar a Sumer, habrían sido producto de la necesidad de las comunidades y partidas de caza nómadas de reencontrarse para celebrar y redistribuir el fruto del trabajo.

Como en Göbekli Tepe, Jiahu no alojaba originalmente a toda la tribu. Es muy posible que naciera como un asentamiento de tan solo unas pocas personas que cuidaban de cultivos «fermentables» que en cada ciclo estacional permitían la elaboración de la bebida. Se trataba de bebidas cuya función era integrarse en una suerte de fiesta en la que la comunidad nómada se reencontraba con sus tullidos y con los menos productivos y sacrificados agricultores. McGovern remarca:

Comoquiera que caractericemos a estas bebidas neolíticas y la domesticación de estas plantas, encontraremos que se trata de un esfuerzo igualitario, con todos trabajando juntos.

En una economía comunista primitiva, la celebración es el principal mecanismo colectivo de cohesión social. Uniendo la redistribución entre agricultores y cazadores através de ceremoniales, la comunidad no escindida en clases, afirmaba sin fricciones su igualitarismo. La fermentación de granos salvajes -la forma más primitiva de cerveza- empieza a jugar un papel cada vez más importante en estas fiestas porque de forma natural se convierten en el «objetivo» de todos. Toda celebración necesita algo especial. De ese modo algo en apariencia anti-económico, como sembrar y cultivar a tiempo completo se convierte en el objeto de una primera división del trabajo que no sirve a la explotación de unos por otros.

Hay todavía ejemplos de esta lógica comunista primitiva operando en sociedades vivas, por ejemplo los Enawene-Nawe, cuya sociedad combina caza y agricultura articulándose alrededor de un festival cíclico central. Cada vez que vuelven las partidas conjuntas de caza y pesca, una casa distinta -los encargados de un huerto- organiza un festival comunitario donde se redistribuyen los resultados de la caza y el cultivo manteniendo la organización social. Las casas están distribuidas radialmente y la casa que debe organizar el festival va cambiando de radio a radio como el calendario cíclico amazónico.

Esta lógica redistributiva parece haber sido también el origen de las primeras redes «globales». Con toda probabilidad un intercambio no mercantil más parecido a las extensas redes de intercambio ritual polinésicas o las de los kwakiutl hasta el siglo XX, que al comercio posterior de fenicios o griegos. Recientes investigaciones sobre el ADN de la flora británica llevaron a un equipo de científicos a concluir que las comunidades neolíticas del Sur de Europa compartían semillas de granos cultivados con sus vecinos más atrasados del Norte hace más de ocho mil años, dos mil años antes de las primeras evidencias conocidas de agricultura en las islas.

Es decir, los «santuarios» -originalmente el centro de los itinerarios de caza de las partidas de una tribu- posiblemente sirvieron también para la redistribución entre tribus, difundiendo e igualando los avances en distintas regiones geográficas. La revolución agraria creó un mundo interconectado con intercambios a larga distancia mucho antes del nacimiento de la mercancía.

El resultado global es un cuadro de la Revolución Neolítica y el nacimiento de la civilización muy diferente del que se tuvo durante el siglo XX. La primitiva comunidad agraria no tenía una estructura social ni un ciclo productivo esencialmente diferente de los de la tribu nómada. Tras el comunalismo primitivo de cazadores recolectores que fascinó a los primeros antropólogos, no vinieron inmediatamente el estado, la propiedad privada y la división sexual y social del trabajo, sino una larga fase de comunismo agrario que seguía sosteniéndose en parte de la caza, la pesca y la recolección. Este sistema productivo ocupaba amplios espacios geográficos, seguramente más conectados entre sí de lo que imaginamos. Y lo que es más importante: el gran salto no fue el descubrimiento de la agricultura en sí, sino el nacimiento del comunal agrario a partir de la lógica ceremonial de la celebración.


Lee la segunda parte de este artículo: «Las ciudades del comunismo primitivo», sobre los «megasitios»: las primeras grandes ciudades que bajo un sistema de comunismo primitivo prosperaron durante más de 3.000 años y sobrevivieron aproximadamente hasta el 850 AeC.

Las fotografías, ilustraciones y dibujos hacen más conveniente ver y leer el artículo en la web original:

► https://nuevocurso.org/las-ciudades-del-comunismo-primitivo/




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