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Marx imprescindible - Alberto Arregui y Jordi Escuer - año 2018

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Mensaje por RioLena el Dom Dic 29, 2019 9:40 pm

Marx imprescindible

Alberto Arregui y Jordi Escuer


Alberto Arregui es miembro de la Coordinadora Federal de IU y Jordi Escuer de la Coordinadora de IU Madrid. Ambos son promotores del Manifiesto por el socialismo, www.porelsocialismo.net

tomado de multiforo.eu

publicado en la web Cuarto poder en 2018 en tres partes

•en el Foro en 3 mensajes


Marx imprescindible (I)

“Toda la concepción de Marx no es una doctrina, sino un método. No ofrece dogmas hechos, sino puntos de partida para la ulterior investigación y el método para dicha investigación.” - Federico Engels, carta a Werner Sombart, 11, 3, 1895

Ningún otro pensador ha asociado tan firmemente su nombre a los grandes cambios en la manera de percibir nuestra propia historia, en el cuestionamiento de la realidad tal cual es, y planteado posibles alternativas a los problemas de injusticia que atenazan a la sociedad humana en los últimos siglos de historia. En el bicentenario de su nacimiento las principales ideas de Marx conservan su carácter revolucionario, su utilidad para oponerlas a este sistema que está degradando la dignidad humana y poniendo en riesgo la supervivencia de la Tierra como planeta habitable.

Cualquier duda al respecto quedó despejada por la tozuda realidad con la crisis económica desatada como una tormenta global en 2008. El muerto al que los ideólogos del pensamiento único habían matado goza de buena salud; sólo recurriendo al genio de Tréveris se puede explicar la gigantesca crisis de sobreproducción del sistema capitalista que provocó una conmoción en forma de crisis financieras, desempleo, inestabilidad social, guerras y desplazamientos masivos de población en todo el mundo.

Materialismo dialéctico y no economicismo
Sus aportaciones en el campo de la economía ocupan la mayor extensión de su obra y no es ninguna casualidad, pues se propuso combatir un sistema social que se asienta sobre unas determinadas relaciones de propiedad que concentran la riqueza en manos de una minoría privilegiada, en un polo, y la pobreza en el otro ¡He ahí la médula del pensamiento marxista y también el fundamento del equívoco, al considerarlo sólo un economista! Marx tocó los campos vitales del pensamiento humano, tildarle de “economicista”, de ceñirse a la economía en exclusiva, supone un desconocimiento de su obra. Engels lo deja muy claro:

“...Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertirá aquella tesis en una frase vacua, abstracta, absurda (…)

Somos nosotros mismos quienes hacemos nuestra historia, pero la hacemos, en primer lugar, con arreglo a premisas y condiciones muy concretas. Entre ellas, son las económicas las que deciden en última instancia. (…) El que los discípulos hagan a veces más hincapié del debido en el aspecto económico, es cosa de la que, en parte, tenemos la culpa Marx y yo mismo.” [2]

El marxismo es una filosofía, este es el punto de partida. “Puso en pie” la dialéctica hegeliana al unirla al materialismo, y suprimir el misticismo idealista que la obstruía. Había que buscar en las condiciones de existencia materiales el punto de partida de los procesos históricos: “era menester buscar la anatomía de la sociedad civil en la economía política” [3]. Y había que dejar de considerar las contradicciones como algo irracional y entender que son las fuerzas internas contradictorias, en la naturaleza y los procesos sociales, las que generan el movimiento y la transformación. Los cambios cuantitativos producen saltos cualitativos. Y contrastó ese método especialmente en la economía política y la historia, pero no sólo en esos campos.

Criticó la concepción burguesa del Derecho comprendiendo que, además de una acumulación histórica de normas en las relaciones sociales, es la expresión en las relaciones humanas del “derecho del más fuerte”, de las relaciones entre las clases y, por tanto, significa también un equilibrio de dominio que expresa el papel del Estado en la sociedad de clases. Que “el bien común” no existe, que la sociedad civil es una sociedad con intereses contrapuestos entre las clases y el Derecho lo establece la clase dominante.

En el terreno de la psicología, no es una casualidad que él y Sigmund Freud sean coetáneos, pues llevaron a cabo una revolución en lo que concierne al concepto de la psique humana. Freud llegó a percibir el fondo del problema en su Malestar en la cultura, pero es Marx quien comprende la relación entre la base material de la sociedad y la interacción humana con la misma, que provoca los condicionantes del pensamiento y de la acción.

Sus aportaciones al explicar que “no es la conciencia de los hombres la que determina su ser sino, por el contrario, es su existencia social lo que determina la conciencia” [4] y que, por tanto, las clases sociales determinan su pensamiento de acuerdo con sus intereses materiales, es el equivalente en la psicología de masas a las aportaciones del fundador del psicoanálisis en el terreno de la psicología del individuo. La “cura” a este mal solo puede venir de la revolución social. Esa tarea corresponde a la clase obrera debido a la posición que ocupa en las relaciones de producción, lo que hace de ella el sujeto histórico llamado a superar la sociedad capitalista.

Clase trabajadora y revolución social
En el terreno de la historia, la protagonista absoluta es su concepción de la lucha de clases como fuerza motriz de la historia humana. Marx concluye que la clave del desarrollo histórico es que la viabilidad de todo sistema socio económico depende de su capacidad para desarrollar las fuerzas productivas y aplica la dialéctica para comprender cómo funciona ese motor interno que mueve la sociedad:

“Al llegar a una fase determinada de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas, y se abre así una época de revolución social.” [5]

No descubre la lucha de clases, pero desentraña como nadie su dinámica, sus leyes internas y su desarrollo histórico. Lo resume con precisión en su carta a Pavel Vasilievich Annenkov, en 1846:

“¿Qué es la sociedad, cualquiera que sea su forma? El producto de la acción recíproca de los hombres. ¿Pueden los hombres elegir libremente esta o aquella forma social? Nada de eso. A un determinado nivel de desarrollo de las facultades productivas de los hombres, corresponde una determinada forma de comercio y de consumo. A determinadas fases de desarrollo de la producción, del comercio, del consumo, corresponden determinadas formas de constitución social, una determinada organización de la familia, de los estamentos o de las clases; en una palabra, una determinada sociedad civil. A una determinada sociedad civil, corresponde un determinado orden político (état politique), que no es más que la expresión oficial de la sociedad civil. Esto es lo que el señor Proudhon jamás llegará a comprender, pues él cree que ha hecho una gran cosa apelando del Estado a la sociedad civil, es decir, del resumen oficial de la sociedad a la sociedad oficial.

Huelga añadir que los hombres no son libres árbitros de sus fuerzas productivas —base de toda su historia—, pues toda fuerza productiva es una fuerza adquirida, producto de una actividad anterior. (…). El simple hecho de que cada generación posterior se encuentre con fuerzas productivas adquiridas por la generación precedente, que le sirven de materia prima para la nueva producción, crea en la historia de los hombres una conexión, crea una historia de la humanidad…”

Marx dedicó una gran parte de su esfuerzo a conseguir tener una concepción filosófica, sociológica, histórica y psicológica, que le permitiera bucear en la estructura y superestructura de la sociedad capitalista. Es en el terreno de la historia y de la economía donde las ideas de Marx se han hecho más populares y, también, donde la burguesía siempre ha intentado enterrar a Marx “definitivamente”. Sin embargo, sus principales postulados siguen siendo vigentes.

Ideas tan innovadoras como que la clase obrera debe transformarse de “clase en sí a clase para sí” [6], para ser capaz de afrontar su tarea histórica de transformación social, son en sí mismas el logro de un genio de la psicología. Hoy es un lugar común hablar de que la clase trabajadora “tradicional” ya no existe [7], ignorando el hecho de que es la propia lucha la que transforma su conciencia de clase. "Estaba allí con gente a la que amaba y junto a la que trabajaba, luchando juntos para lograr algo, fue lo más poderoso que sentí en mi vida" [8], declaraba una joven trabajadora de MacDonalds en Gran Bretaña, en la primera huelga que hacía en su vida.

La comprensión del papel de la lucha en la evolución de la conciencia de clase, su importancia, que se refleja muy bien en La ideología alemana [9], es determinante en el pensamiento revolucionario de Marx. Se pueden poner dos ejemplos que demuestran su vigencia, la juventud de su pensamiento hoy en día y, al tiempo, el desconocimiento actual del pensamiento profundo del fundador del socialismo científico.

Uno lo encontramos en su afirmación de que “para engendrar en masa esta conciencia comunista como para llevar adelante la cosa misma, es necesaria una transformación en masa de los hombres, que sólo podrá conseguirse mediante un movimiento práctico, mediante una revolución; y que, por consiguiente, la revolución no sólo es necesaria porque la clase dominante no puede ser derrocada de otro modo, sino también porque únicamente por medio de una revolución logrará la clase que derriba salir del cieno en que se hunde y volverse capaz de fundar la sociedad sobre nuevas bases” [el subrayado es nuestro].

El otro pensamiento sólo lo dejó apuntado y, sin embargo, es una piedra angular para comprender la degeneración y vuelta al capitalismo en la URSS, Europa del Este y China. Señala Marx que la precondición para una revolución es el desarrollo de las fuerzas productivas, pues “este desarrollo de las fuerzas productivas (que entraña ya, al misma tiempo, una existencia empírica dada en un plano histórico-universal, y no en la existencia puramente local de los hombres) constituye también una premisa práctica absolutamente necesaria, porque sin ella sólo se generalizaría la escasez y, por tanto, con la pobreza, comenzaría de nuevo, a la par, la lucha por lo indispensable y se recaería necesariamente en toda la porquería anterior; y, además, porque sólo este desarrollo universal de las fuerzas productivas lleva consigo un intercambio universal de los hombres, en virtud de lo cual, por una parte, el fenómeno de la masa «desposeída» se produce simultáneamente en todos los pueblos (competencia general), haciendo que cada uno de ellos dependa de las conmociones de los otros y, por último, instituye a individuos histórico-universales, empíricamente universales, en vez de individuos locales. Sin esto, 1) el comunismo sólo llegaría a existir como fenómeno local, 2) las mismas potencias de relación no podrían desarrollarse como potencias universales y, por tanto, insoportables, sino que seguirían siendo simples «circunstancias» supersticiosas de puertas adentro, y 3) toda ampliación de la relación acabaría con el comunismo local. El comunismo, empíricamente, sólo puede darse como la acción «coincidente» o simultánea de los pueblos dominantes, lo que presupone el desarrollo universal de las fuerzas productivas y el intercambio universal que lleva aparejado.” [el subrayado es nuestro]

Se muestra aquí el Marx cosmopolita, en la economía y en la lucha de clases. La proclama “proletarios de todos los países uníos” [10], no es una consigna, es mucho más, es en sí misma todo un programa que en nuestra época cobra una vitalidad mayor que en siglo XIX.


Notas:

2 Carta de Federico Engels a Joseph Bloch, 21 de septiembre de 1890.
3 Prólogo a la Contribución a la crítica de la Economía política, Carlos Marx, 1859.
4 Prólogo a la Contribución a la crítica de la Economía política, Carlos Marx, 1859.
5 Prólogo a la Contribución a la crítica de la Economía política, Carlos Marx, 1859.
6 “Las condiciones económicas transformaron primero a la masa de la población del país en trabajadores. La dominación del capital ha creado a esta masa una situación común, unos intereses comunes. Así pues, esta masa es ya una clase con respecto al capital, pero aún no es una clase para sí. En la lucha, de la que no hemos señalado más que algunas fases, esta masa se une, se constituye como clase para sí. Los intereses que defiende se convierten en intereses de clase.” La miseria de la filosofía, Carlos Marx, 1847.
7 https://www.elconfidencial.com/cultura/2018-10-15/pablo-simon-entrevista-el-principe-moderno_1630537/
8 https://www.eldiario.es/theguardian/McHuelgas-jovenes-britanicos-reescribiendo-capitalismo_0_821368637.html
9 La ideología alemana, Carlos Marx y Federico Engels, 1846.
10 Manifiesto del Partido Comunista, Karl Marx y Frederich Engels, 1848.



Última edición por RioLena el Dom Dic 29, 2019 9:55 pm, editado 1 vez
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Mensaje por RioLena el Dom Dic 29, 2019 9:47 pm

►Marx imprescindible (2)

La teoría del Estado de Marx y Engels es indisociable de su concepción de la lucha de clases. Hoy es un lugar común apelar a la “sociedad civil”, de forma abstracta, olvidando que la sociedad se divide en clases sociales y que el Estado es, en última instancia, “el Consejo de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa”2. Su teoría del Estado, impregna muchos de sus escritos, en solitario o con Engels: desde el propio Manifiesto Comunista a El 18 Brumario, La lucha de clases en Francia o La guerra civil en Francia, y debe incluir El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, de Engels. Una concepción que fue perfeccionada después de la experiencia de la Comuna de París pero que, por razón metodológica, la veremos vinculada a su concepción de la historia.

Hemos vivido en el Reino de España unos acontecimientos que nos pueden ayudar a comprender hasta qué punto es certera la teoría marxista del Estado; no sólo el PP, también Cs y el propio PSOE se han unido, no para defender a un gobierno, sino para defender al Estado. Esa estructura de redes de poder que se ha puesto en funcionamiento y a ella se han sometido todas las fuerzas políticas que aceptan la sociedad tal y como es, pues ese statu quo es el que garantiza el dominio de los intereses de una minoría sobre la mayoría, de una clase social burguesa de millonarios privilegiados, sobre las demás clases sociales, sobre el pueblo trabajador.

Y para ello necesitan un ejército de burócratas, militares, policías, jueces, obispos, catedráticos… cuya función es defender los privilegios de la clase dominante. No se trata de que la gente sea mejor o peor, o de que sean políticos más o menos honestos, aunque esto tenga mucha importancia, de lo que se trata es de un sistema social que se preserva por la fuerza, la coacción y la represión. Las leyes, los derechos y las constituciones, llegan hasta el límite donde la clase dominante juzga que choca con sus intereses. Al llegar a ese punto se ve que la democracia burguesa tiene sus límites y cómo la clase dominante ejerce una verdadera dictadura para defenderse.

Y, si después de lo sucedido en Catalunya nos quedasen dudas para ver el papel del capital sobre la estructura de Estado, el espectáculo alrededor de la sentencia sobre el impuesto de Actos Jurídicos Documentados, termina de resolverlas.

La toma del poder político
Lenin llegó a afirmar que para ser marxista no bastaba con la idea de que la lucha de clases es el motor de la historia, es necesario unirlo a la concepción marxista del Estado. Esa lucha debe conducir a la toma del poder político y económico por un movimiento encabezado por la clase obrera, “expropiando a los expropiadores”, es decir aboliendo la propiedad privada de los medios de producción y estableciendo una “democracia socialista” que genere las condiciones para la progresiva extinción del Estado. Esa es la tarea del socialismo, algo muy alejado de las horrendas dictaduras de una casta burocrática de los fenecidos regímenes estalinistas. Marx se había basado en la experiencia de la Comuna de París de 1871.

Aquí debemos contestar a otra deformación de las ideas de Marx y Engels, ellos no tenían una concepción previa de la forma en que se desarrollaría la toma del poder político por parte de la clase obrera. Siempre la realidad de la lucha crea nuevas formas. Marx lo explicó de forma clara en algunas ocasiones, especialmente en un discurso que pronunció en el Congreso de La Haya en 1872:

“En nuestros medios se ha formado un grupo que preconiza la abstención de los obreros en materia política. Hemos considerado nuestro deber declarar hasta qué punto son estos principios peligrosos y funestos para nuestra causa.

El obrero deberá conquistar un día la supremacía política para asentar la nueva organización del trabajo; deberá dar al traste con la vieja política que sostienen las viejas instituciones, so pena, como los antiguos cristianos —que despreciaron y rechazaron la política—, de no ver jamás su reino de este mundo.

Pero nosotros jamás hemos pretendido que para lograr este objetivo sea preciso emplear en todas partes, medios idénticos.

Sabemos que hay que tener en cuenta las instituciones, las costumbres y las tradiciones de los diferentes países; y nosotros no negamos que existan países como América, Inglaterra y, si yo conociera mejor vuestras instituciones, agregaría Holanda, en los que los trabajadores pueden llegar a su objetivo por medios pacíficos. Si bien esto es cierto, debemos reconocer también que en la mayoría de los países del continente será la fuerza la que deberá servir de palanca de nuestras revoluciones; es a la fuerza a la que habrá que recurrir por algún tiempo a fin de establecer el reino del trabajo.”

Ahora que acabamos de vivir el centenario de la Revolución Rusa, debemos decir que la forma más democrática de organización que jamás se ha dado a pesar de que sólo durasen unos años, los Soviets, no estaban en el programa de ningún partido político. Fueron producto de la revolución de 1905.

Así, destruyamos dos prejuicios, no sólo el marxismo es partidario de la extinción del Estado desde el día siguiente a la toma del poder, sino que también preveía la posibilidad de llegar al poder a través de los mecanismos de la democracia burguesa. La diferencia cualitativa es que, como demuestran ejemplos como el de Chile, no puedes pensar que el Estado burgués se va a transformar en un instrumento en manos de la democracia socialista. No es transformable, es necesario deshacerse de él de manera revolucionaria y democrática, ambas inseparables, y crear nuevos mecanismos que rijan la vida en la sociedad. El mismo Marx, y Lenin, consideraban imprescindible el control democrático por parte de la clase trabajadora del nuevo Estado socialista o la limitación salarial de los representantes electos a lo percibido por un obrero cualificado y, por eso, defendían medidas como la reducción de la jornada laboral, condiciones imprescindibles para abrir este proceso, pues sin tiempo para ello no hay posible participación política.

La ley del valor: la economía y las clases sociales
El marxismo, siguiendo a Engels, nos muestra que la economía “no expresa relaciones entre cosas, sino entre clases sociales”, con todas las implicaciones que de ello se derivan al interpretar esas relaciones a la luz de la lucha de clases. Se trata de una interrelación de grandes consecuencias que llevaría a decir a Marx que “la producción no sólo crea un objeto para el sujeto, sino un sujeto para el objeto”.

La producción no se adapta a las necesidades de las personas, sino que fuerza a que las personas se adapten a las necesidades de la producción o, para ser más precisos, a las necesidades del capital. En el terreno de la vivienda, no es la atención de la necesidad de alojamiento el condicionante decisivo, sino la rentabilidad —la vivienda como un bien de inversión— y la consecuencia son “casas sin gente y gente sin casas”. Lo mismo podríamos ver en la producción energética, en la movilidad y hasta en la alimentación: son las necesidades de producción rentable las que acaban condicionando qué se produce y cómo, más allá de las propias necesidades de las personas. Lo mismo sucede con el empleo, que se quiere adaptar a las necesidades de “la producción”, es decir, de la rentabiidad capitalista: la expresión más rotunda son los contratos cero horas, donde el empresario decide a diario cuándo el empleado trabaja y por cuánto tiempo.

Porque el capitalismo ha convertido el “capital” en algo aceptado, que no se puede discutir en su bondad. Las empresas privadas son “la fuente de la riqueza” nos enseñan. Pero la realidad es que la fuente de la riqueza primera es la naturaleza, y la segunda, el trabajo humano, que transforma las materias primas de la naturaleza en bienes útiles para atender necesidades humanas. Y el trabajo humano, en última instancia, sólo se puede cuantificar en tiempo de trabajo. Eso es lo que permite que surja el fenómeno histórico del intercambio, lo que permite que productos de naturaleza muy distintas puedan intercambiarse: su valor de cambio. Esa es la base de la teoría del valor.

La producción capitalista tiene una célula vital: la mercancía. En una sociedad capitalista, la mayoría de lo que se produce es producción para el mercado, para vender. El movimiento Dinero-Mercancía-Dinero, revela su impulso interno, al devolver una cantidad de Dinero, superior a la que entró en el ciclo. A ese “crecimiento” del dinero es a lo que le damos el nombre de “plusvalía” (o plusvalor). En las palabras de Marx: “Se valoriza, y ese movimiento lo convierte en capital”.

El propietario de los medios de producción ha de contar con una mercancía que aumenta el valor de los componentes del proceso de producción con su intervención: la fuerza de trabajo. Pues como señaló acertadamente Engels: “De la nada no surge nada y señaladamente no surge beneficio”3.

La explotación capitalista exige la propiedad privada de los medios de producción, a un lado, y la existencia de una amplia masa de personas que no tengan otra cosa que vender que su fuera de trabajo, al otro. Por eso el capitalismo rechaza la existencia de un sector público que les haga la competencia o de sistemas de desempleo o pensiones demasiado “generosos” que “desincentiven” la búsqueda de empleo.

La forma capitalista no es la manera natural de producir, sólo es un fenómeno histórico determinado, que consiste en apropiarse de una parte de ese tiempo de trabajo de una forma determinada: el sistema de trabajo asalariado. La explotación de la naturaleza y del trabajo humano, es la esencia del capitalismo y debemos a Marx la comprensión de cómo sucede.

La plusvalía o cómo nos explota el capitalismo
El concepto de plusvalía es la llave que abre la puerta para comprender la esencia interna del sistema capitalista descorre el velo de la explotación de la mayor parte de la humanidad por una minoría, en un proceso en el que las tijeras entre la opulencia y la miseria se abren cada vez más, al tiempo que la naturaleza sufre una degradación que amenaza con ser irreversible.

Marx comprendió que lo que compra el empresario con el salario no es el trabajo, sino la capacidad de trabajar: la fuerza de trabajo. Al transformar con el trabajo humano la materia prima en mercancía se crea un valor nuevo dividido en dos partes diferenciadas: por un lado, la que será atribuida al trabajador y que expresará el salario (el trabajo necesario), por otro lado, aquella de la que se apropiará el propietario de los medios de producción expresada en la plusvalía (el trabajo excedente). Pues la plusvalía es el trabajo no pagado.

Esa es la clave, no sólo para entender la fuente del beneficio, sino la existencia de la desigualdad social y de las malas condiciones de empleo, incluido el aumento alarmante de la precariedad que va unida a la pérdida de derechos laborales, porque hay una tendencia inmanente al capitalismo a tratar de lograr cada vez más trabajo a cambio de menos o, en otras palabras, a explotar con más intensidad.

Actualmente, en la izquierda domina la idea de que puede separarse cómo se produce de cómo se distribuye, que la cuestión es regular el capitalismo, obligándole a pagar mejores salarios, a invertir de otra forma… Jospin, el veterano dirigente del Partido Socialista Francés, acuñó un aforismo clásico que expresa muy bien qué se pretende con esto: “economía de mercado sí, sociedad de mercado no”. Es un viejo debate, Marx escribía: “La organización de la distribución está totalmente determinada por la organización de la producción” (…) “Una vez más se evidencia la tontería de los economistas, que presentan la producción como una verdad eterna y relegan la Historia al campo de la distribución” (…) “No es que la producción, la distribución, el cambio y el consumo sean idénticos, sino que constituyen las articulaciones de una totalidad, diferenciaciones dentro de la unidad”. La desigualdad social nace de la desigualdad en la producción, donde una minoría es propietaria de los grandes medios de producción sociales, y la mayoría está obligada a vender su fuerza de trabajo. El empeño en explotar más intensamente no es el producto de la codicia ni de una estafa, ni de una obsesión ideológica neoliberal, sino de la dinámica íntima del sistema. A Marx le debemos la compresión de ese fenómeno.

De hecho, su concepción respecto a la labor sindical conserva una plena vigencia en nuestra época, y es imprescindible para cambiar la actual política de los sindicatos:

“No debe olvidar que lucha contra los efectos, pero no contra las causas de estos efectos; que lo que hace es contener el movimiento descendente, pero no cambiar su dirección; que aplica paliativos, pero no cura la enfermedad. No debe, por tanto, entregarse por entero a esta inevitable lucha guerrillera, continuamente provocada por los abusos incesantes del capital o por las fluctuaciones del mercado. Debe comprender que el sistema actual, aun con todas las miserias que vuelca sobre ella, engendra simultáneamente las condiciones materiales y las formas sociales necesarias para la reconstrucción económica de la sociedad. En vez del lema conservador de "¡Un salario justo por una jornada de trabajo justa!", deberá inscribir en su bandera esta consigna revolucionaria: "¡Abolición del sistema del trabajo asalariado!"4

La comprensión de la imposibilidad de modificar sustancialmente el capitalismo, establece la diferencia cualitativa entre el reformismo acomodaticio al sistema y el programa revolucionario; el primero sólo le “exige” al sistema lo que este puede dar, las migajas de las que se puede desprender, la actitud de Marx es la exigencia de lo que nos corresponde, de nuestros derechos que, precisamente esa es la clave, no caben dentro de este sistema.


Notas:

2 Manifiesto del Partido Comunista, Karl Marx y Frederich Engels, 1848.
3 Anti-Dühring, Federico Engels, 1878.
4 Salario, precio y ganancia, Carlos Marx, 1865.

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Mensaje por RioLena el Dom Dic 29, 2019 9:54 pm

►Marx imprescindible (3)

Desde el campo de la burguesía se afirma que, gracias al capitalismo, nunca había habido tanta gente saliendo de la pobreza, porque la mayoría inmensa de la población de los países desarrollados y emergentes gana más de 1,9 dólares al día, que es la línea de la pobreza. Es algo así como, “¿de qué os quejáis, si vivís mejor que vuestros tatarabuelos?”. Faltaría más, gracias al desarrollo económico y a la lucha de la clase trabajadora se han conquistado derechos que hubieran parecido un sueño: sanidad y educación públicas, sistema público de pensiones, seguro de desempleo, derecho a huelga…

Pero basta con ver lo que lleva sucediendo los últimos cuarenta años para ver que Marx tenía razón cuando afirmaba: “el propio desarrollo de la moderna industria contribuye por fuerza a inclinar la balanza cada vez más en favor del capitalista y en contra del obrero”. Todas estas conquistas están siendo desmanteladas o amenazadas, sin excepción en el mundo desarrollado. Y son un sueño para los trabajadores en los países emergentes como China o la India.

También consideran inadecuadas las cifras que establecen el umbral de la pobreza2. Es curioso que quienes suelen defender esa postura, es poco probable que estuviesen dispuestos a vivir con semejante cuantía, aunque les parece razonable que eso sea así para los demás. Los consejeros ejecutivos de las empresas que cotizan en Bolsa se subieron el sueldo un 43% desde 2013, y no ganaban el SMI precisamente. Cobraron de media 1,56 millones de euros en 2017, una cifra que duplican los que trabajan para las 35 grandes compañías del ÍBEX, con 3,11 millones3. El hecho es que cada vez la desigualdad es mayor dando, de nuevo, la razón al marxismo.

Qué lejos quedan hoy las afirmaciones de que nos dirigíamos a una “sociedad del ocio y el bienestar”, un fenómeno que se suponía que iba a llevarnos cada vez a una sociedad con mejores condiciones de vida y más tiempo libre. Lejos de esa Icaria a la que nos iba a llevar el capitalismo, nos explican que hay “que trabajar más y ganar menos”, dando la razón a Marx cuando explicaba que el desarrollo capitalista tendía a incrementar la explotación del proletariado4. China y la India, proporcionan el proletariado más numeroso de la historia del capitalismo. Entre 1980 y el año 2000, el proletariado mundial se dobló. Más de mil millones de seres humanos se han incorporado al mecanismo de explotación capitalista.

Los partidarios del capitalismo ven en ese fenómeno una prueba del buen funcionamiento del capitalismo, y un argumento incontestable contra las tesis marxistas, pero lo cierto es que el salario habitual de los trabajadores y trabajadoras chinos o indios, es incapaz de garantizar unas condiciones de existencia dignas, y sufren una explotación atroz. El reflejo de ello es una movilización creciente en China durante más de una década, que ha conseguido ir arrancando algunos derechos y mejoras salariales5. En la India hemos vivido recientemente una huelga general con la participación de 180 millones de trabajadores6. Y, a propósito, con este panorama el hablar de la “desaparición de la clase obrera” es simplemente desconocer la realidad. Nunca había existido un proletariado tan numeroso a escala planetaria.

Las crisis cíclicas de sobreproducción del capitalismo
Cada vez que se produce un ciclo de auge de la economía capitalista aparecen voceros de la clase dominante que dan por acabadas las tesis de Marx acerca de las crisis cíclicas del sistema como parte sustancial del mismo. Y, cada vez que esto sucede, la Historia vuelve a reivindicar a Marx con una nueva crisis de sobreproducción. La descripción de las crisis que hacen Marx y Engels conserva una vigencia sorprendente:

“Las crisis comerciales, además de destruir una gran parte de los productos elaborados, aniquilan una parte considerable de las fuerzas productivas existentes. En esas crisis se desata una epidemia social que a cualquiera de las épocas anteriores hubiera parecido absurda e inconcebible: la epidemia de la superproducción. La sociedad se ve retrotraída repentinamente a un estado de barbarie momentánea; se diría que una plaga de hambre o una gran guerra aniquiladora la han dejado esquilmado, sin recursos para subsistir; la industria, el comercio están a punto de perecer. ¿Y todo por qué? Porque la sociedad posee demasiada civilización, demasiados recursos, demasiada industria, demasiado comercio. Las fuerzas productivas de que dispone no sirven ya para fomentar el régimen burgués de la propiedad; son ya demasiado poderosas para servir a este régimen, que embaraza su desarrollo. Y tan pronto como logran vencer este obstáculo, siembran el desorden en la sociedad burguesa, amenazan dar al traste con el régimen burgués de la propiedad. Las condiciones sociales burguesas resultan ya demasiado angostas para abarcar la riqueza por ellas engendrada. ¿Cómo se sobrepone a las crisis la burguesía? De dos maneras: destruyendo violentamente una gran masa de fuerzas productivas y conquistándose nuevos mercados, a la par que procurando explotar más concienzudamente los mercados antiguos. Es decir, que remedia unas crisis preparando otras más extensas e imponentes y mutilando los medios de que dispone para precaverlas”7.

Marx tiene el mérito de haber desentrañado el misterio de tal de las crisis de sobreproducción:

“No se producen demasiados medios de subsistencia en proporción a la población existente; por el contrario. Se producen demasiado pocos como para satisfacer decente y humanamente al grueso de la población. No se producen demasiados medios de producción para ocupar a la parte de la población capaz de trabajar; por el contrario. (...) Pero periódicamente se producen demasiados medios de trabajo y de subsistencia como para hacerlos actuar en calidad de medios de explotación de los obreros a determinada tasa de ganancia. (...) No se produce demasiada riqueza. Pero periódicamente se produce demasiada riqueza en sus formas capitalistas antagónicas.”8.

“La producción se detiene no allí donde esa detención se impone en virtud de la satisfacción de las necesidades, sino donde lo ordena la producción y realización de ganancias”9

El ciclo alza-recesión siguen existiendo, pero con una gran diferencia, cada vez más el capitalismo se convierte en un sistema incapaz de un crecimiento sano, ni siquiera en la parte alcista del ciclo: la explotación tanto de la clase trabajadora como el expolio de la naturaleza, se intensifican en ambos momentos con consecuencias sociales y ecológicas cada vez más insoportables.

Marx y Engels fueron capaces de pronosticar el desarrollo futuro del sistema capitalista y en eso podemos distinguir el carácter científico de su análisis comparado con el de todos los hechiceros que defienden el sistema. La tendencia imparable a la concentración de capital y la creación del mercado mundial, que hoy llamamos globalización, con la superación de las fronteras nacionales por este mercado son dos de las previsiones brillantes de Marx que se han ratificado.

Los monopolios son la forma del capitalismo actual y eso no tiene marcha atrás; la pequeña empresa no volverá, los recursos se concentran cada vez en menos manos. Un puñado de empresas controlan la economía de los países más poderosos del mundo. El “libre mercado”, el “laissez faire”, la no intervención estatal y todas esas monsergas liberales no son más que sombras del pasado. El capitalismo ha llegado a un callejón sin salida y está destruyendo las dos fuentes de la riqueza: el trabajo humano y la naturaleza.

También fueron capaces de prever el peso creciente del sector financiero y sus nefastas consecuencias. Para ellos, el dominio del capital financiero era la consecuencia natural del desarrollo del capital: “El sistema bancario, en lo que respecta a su organización formal y su centralización, es el producto más artificial y desarrollado a que haya llegado el sistema de producción capitalista en general… El carácter social del capital sólo puede aparecer y realizarse por entero gracias al pleno desarrollo del sistema de crédito y del bancario…”10. Veían en ese hecho una doble faceta: “Ello anula el carácter privado del capital, y contiene en potencia, pero sólo en potencia, la eliminación del capital mismo… Hace que la banca y el crédito sean el medio más poderoso para que la producción capitalista supere sus propios límites, y la convierte en uno de los vehículos más eficaces de las crisis y la especulación…”. Esta “supresión del modo de producción capitalista en su propio seno» hacía “renacer una nueva aristocracia financiera, una nueva especie de parásitos, en forma de promotores, especuladores y directores simplemente nominales» que propiciaba “todo un sistema de estafas y fraudes por medio de la promoción de corporaciones, de la emisión y el tráfico de acciones. Es la propiedad privada sin el control de la propiedad privada”11.

La tarea sigue siendo transformar el mundo
Por supuesto, se han producido algunos desarrollos que Marx no consideró, o que tocó sólo de refilón, o que pensó que no llegarían al grado de desarrollo producido ya que la revolución socialista lo impediría, o que simplemente no tuvo tiempo, ni tampoco Engels, de desarrollar.

Y desde luego, aunque valoró la posibilidad de una revolución socialista en Rusia, la veía sólo como un eslabón de una revolución europea y, desde luego, lo que no podía prever era la degeneración estalinista de esa revolución, al igual que los primeros cristianos no podían prever ni evitar la Inquisición o que el Vaticano se convirtiera en un lupanar de simonía, degeneración y prevaricación. Culpar al marxismo de los regímenes monstruosos que conocemos con el nombre de “socialismo real”, es como culpar al filósofo atomista Demócrito de Abdera del asesinato en masa de la población de Hiroshima y Nagasaki.

Marx analizó el mundo capitalista y propuso una alternativa. Ese mundo, en lo esencial, sigue mostrando las mismas tendencias que puso al descubierto Marx y, por tanto, las alternativas, también en lo esencial, siguen siendo las mismas que propuso el viejo revolucionario, pues el problema de la explotación subsiste, la pobreza, la concentración de capital, la ley del valor, el plusvalor… o las crisis de sobreproducción. Que sus ideas hoy nos permitan comprender el mundo en el que vivimos, no sólo demuestran la genialidad del pensamiento marxista, sino también indican el callejón sin salida al que está abocada la izquierda intentando buscar en las ideas anteriores a Marx y Engels la alternativa. La tarea es, en última instancia, no enterrar sus ideas sino encontrar la manera de llevarlas a cabo, a la luz de las experiencias vividas. Los propios economistas burgueses están recurriendo a Marx para intentar entender y salvar su propio sistema. Nosotros debemos volver a estudiar el marxismo, pero para enviar este sistema, con todas sus secuelas destructivas, al basurero de la historia.

Lo que no pueden entender los economistas de cátedra, posmodernos y reformistas, es que Marx no era “un economista”, sino un revolucionario, no desarrolla una teoría económica de cátedra o de ministerio, para “resolver los problemas de gestionar el sistema” o elaborar un programa electoral reformista, sino que analiza la realidad para transformarla radicalmente y, por tanto, considera las fuerzas internas de la sociedad capitalista, sus contradicciones, y cuenta al elaborar su perspectiva con la capacidad de la clase obrera para transformar la sociedad y, sin duda, una de las cosas que demostró es que la acción consciente de la clase obrera es un factor económico, algo que sigue escapando a toda esa legión de economistas de cátedra. La médula de su filosofía se concentra en la tesis 11 sobre Feuerbach: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.

Es más, puso sus ideas al servicio de su clase social, en la que tenía una confianza no mesiánica sino fundada en la racionalidad. En contra de la imagen deformada de autoritarismo que la derecha ha construido, al calor de la degeneración de la antigua Unión soviética, la concepción de Marx era profundamente democrática. Basta ver para ello el ejemplo de cómo se construyó la Asociación Internacional de los Trabajadores, que agrupó a todos los colectivos políticos que representaban a la clase obrera de la época, y cuyo estatutos, redactados por Marx, empezaban afirmando: “la emancipación de la clase obrera debe ser obra de los obreros mismos; que la lucha por la emancipación de la clase obrera no es una lucha por privilegios y monopolios de clase, sino por el establecimiento de derechos y deberes iguales y por la abolición de todo privilegio de clase”12. [El subrayado es nuestro]

En definitiva, el marxismo no es una doctrina cerrada, es un camino abierto, una concepción de la filosofía, de la economía política, de la historia, de la psicología, de la sociedad humana, de la cultura, que nos proporciona un método de análisis para desentrañar las relaciones humanas y el conocimiento de la naturaleza… y destacadamente para concretarse en un programa de transformación social que debe contrastarse con la realidad cotidiana. Un programa para alterar el eje de rotación de la sociedad humana poniendo la riqueza de la sociedad y el cuidado del planeta en manos comunes, eliminando la depredación privada, liberando toda la energía latente, pues en definitiva el socialismo es la propiedad común de la riqueza y su administración democrática, para ponernos en el camino de alcanzar ese ideal que resume el anhelo expresado por Marx y Engels: de cada cual, según sus posibilidades, a cada cual, según sus necesidades.


Notas:

2 En 2016 el umbral de riesgo de pobreza para los hogares de una persona se ha establecido en 8.209 euros anuales y afectaba al 22,3% de la población que tenía unos ingresos inferiores a esa cuantía. El porcentaje que vive en riesgo de pobreza se eleva al 27,9 % (0,7 puntos menos que un año antes) si se utiliza el indicador Arope (siglas de At Risk Of Poverty or social Exclusión) que es el que figura en la estrategia Europa 2020 de la UE.

3https://www.infolibre.es/noticias/economia/2018/10/18/los_consejeros_ejecutivos_las_empresas_que_cotizan_bolsa_subieron_sueldo_desde_2013_87856_1011.html

4 En 2018 terminará con 192 millones de parados en el planeta, que equivale al 5,5% de la clase trabajadora mundial. Una cantidad casi idéntica a la de 2017 y que la OIT prevé que aumente en 2019. La OIT calcula que el 42% de los trabajadores y trabajadoras del planeta estaba en situación de vulnerabilidad (se considera así a quienes trabajan por cuenta propia o tienen un empleo familiar auxiliar). En los países llamados “en desarrollo” este alcanza al 76% del total y en los “emergentes” al 46%. Y la previsión es que esas cifras aumenten en los próximos años. Perspectivas Sociales y del Empleo en el mundo, 2018. Organización Internacional del Trabajo (OIT)

5 En los últimos 10 años, los conflictos laborales han aumentado un 25% anual, lo que ha supuesto que el salario medio haya crecido un 17% al año entre 2009 y la actualidad. En 2016 ese salario medio era 5 veces más alto que en 2001. Aun así, los salarios en las ciudades del litoral rondan los 200 euros mensuales, cayendo a la mitad en el interior. Esos aumentos, sobre todo entre los niveles salariales más bajos, se han visto erosionados por el aumento del coste de la vida.
En la espiral de la energía, volumen I, página 56.

6 http://www.sinpermiso.info/textos/india-la-mayor-huelga-general-del-mundo
7 Manifiesto del Partido Comunista, Karl Marx y Frederich Engels, 1848.
8 El Capital, Carlos Marx. Libro Tercero, Volumen 6. Página 331 Siglo XXI
9 El Capital, Carlos Marx. Libro Tercero, Volumen 6. Página 332 Siglo XXI
10 El Capital, tercer libro, Capítulo XXXVI, Carlos Marx.
11 El Capital, tercer libro, Capítulo XXVII, Carlos Marx.
12 Estatutos Generales de la Asociación Internacional de Trabajadores, 1864.


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