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Argumentos antiimperialistas: el antecedente de Siria - Por Rolando Astarita

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Mensaje por Marx 12 el Miér Mar 20, 2019 3:46 am


Como he afirmado en muchos cruces que he tenido en Comentarios, la política de avalar, o al menos silenciar, en nombre del “antiimperialismo” atrocidades cometidas por el régimen venezolano, u otros regímenes burocráticos y represivos, tiene una larga tradición en la izquierda. A modo ilustrativo de esta saga, en lo que sigue, me concentro en la actitud de la izquierda en relación a Siria, y transcribo pasajes de sendos escritos de Fadi A. Bardawil y Leila Al-Shami.

Para situar esos textos, recuerdo que, al calor de los levantamientos democráticos en el mundo árabe, en marzo de 2011 estallaron protestas multitudinarias pidiendo libertades en Siria. Según | Gilbert Achcar (“Siria acorralada”, [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] 03/09/16), la dictadura siria era muy represiva, peor incluso que el régimen egipcio bajo Mubarak. Las manifestaciones fueron brutalmente reprimidas. A pesar de ello, en los primeros meses, dice Achcar, el movimiento opositor tuvo una dinámica democrática, de auto-organización a través de comités de coordinación.

Pero el régimen no solo lo reprimió, sino que, desde el inicio, hizo todo lo posible para colocar al alzamiento bajo la bandera islamista, yihadista. Por otra parte, la oposición democrática no recibió apoyo de EEUU. Más aún, Washington impuso de entrada un veto a sus aliados en la región –Turquía, Qatar- a la entrega de armas a la oposición. A pesar de estos datos, la mayoría de la izquierda mundial (en particular, el castrismo y el chavismo) apoyó la represión de Al Assad con el argumento “luchar contra el imperialismo”.

También a Faruk Mardam-Bey, “Hablar todavía y siempre de Siria”, enero 2019, en Contre Temps N.º 40 y Viento Sur (traducción Faustino Eguberri) describe cómo fue reprimido, desde su inicio, el levantamiento contra la dictadura:

“Sin embargo, antes de preguntarse sobre los errores cometidos durante estos años trágicos, hay que recordar que el levantamiento era espontáneo, que nació en el ambiente de la protesta contra los poderes establecidos en casi todo el mundo árabe, que se extendió como un incendio a través de todo el país, movilizando en particular a una buena parte de la juventud y de las capas populares más desfavorecidas, pero que ninguna fuerza política era capaz de dirigir -habiendo sido aplastadas todas bajo el reino de los Assad, padre e hijo, por una implacable represión. En un país desprovisto de vida política durante decenios, vigilado por servicios de información tentaculares y en el que las desconfianzas y los odios comunitarios eran deliberadamente mantenidos por el poder, la constitución progresiva de comités locales de coordinación, con consignas adecuadas, era en sí un verdadero milagro. Les faltó tiempo para que surgiera una dirección política y fueron marginados en el Consejo Nacional Sirio, constituido en Turquía en septiembre de 2011 y autoproclamado representante legítimo del levantamiento. Ahora bien, incluso si la legitimidad de esta instancia fue reconocida por las y los manifestantes, y luego por el Ejército Sirio Libre, sus disensiones internas, su inexperiencia política y el peso excesivo en su seno de los Hermanos Musulmanes no tardaron en desacreditarlo tanto en el interior como en el exterior”.

“Mientras tanto la confrontación con el régimen se había militarizado. ¿Era como se dice muy a menudo la falta que habría que evitar a cualquier precio? Pero, ¿quién ha cometido esa falta? Ninguna fuerza política de la oposición lleva su responsabilidad, ninguna llamó a la lucha armada, ninguna había siquiera previsto, equivocadamente, que el régimen podría, lanzando el ejército regular contra las y los manifestantes, arrastrar al país a una guerra civil implacable. Si ha habido alguna falta, era no prepararse para esa eventualidad. De hecho, la militarización comenzó cuando soldados y oficiales del ejército regular desertaron en masa para no disparar contra las y los manifestantes. Y lo hicieron espontáneamente, de forma desordenada, sin la menor coordinación, y el Ejército Sirio Libre que iban a formar no pudo evitar mantener los estigmas de sus orígenes. La lucha armada que desencadenó, sin tener los medios para controlarla, logró, ciertamente, hacer perder al régimen las tres cuartas partes del territorio nacional, pero las zonas liberadas quedaron sin defensa contra la aviación, abundaron los señores de la guerra, se abrió en gran medida la vía para las interferencias extranjeras, debido a la necesidad urgente de armas y dinero, y los grupos yihadistas hicieron irrupción sobre el terreno, disponiendo de importantes medios militares y financieros, hasta tomar poco a poco la primacía sobre todas las fuerzas combatientes -y hasta desacreditar a ojos de todo el mundo las reivindicaciones democráticas originales de la revolución”.

“Manual antiimperialista de abandono de la revolución siria”

Transcribo ahora pasajes de “Manual antiimperialista de abandono de la revolución siria”, de Fadi A. Bardawil, 30/12/2016, tomado de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

“En Siria… surgió en 2011 un movimiento de base por la emancipación contra el brutal régimen autoritario poscolonial en la estela de los levantamientos árabes. La revolución siria cambia el lugar de la práctica política de un movimiento de oposición en Occidente a un movimiento emancipador en la propia Siria, volviendo a abrir en el proceso la cuestión de la solidaridad internacionalista. La reestructuración por la Izquierda de la revolución siria, a pesar de sus implicaciones en agendas políticas conflictivas, definidas por la potencial intervención de Occidente, es un movimiento que vuelve a inscribir la política en monopolio de los centros imperiales. Imagina la política sólo en relación al Imperio (y practicada por el Imperio), anulando en el proceso los esfuerzos del pueblo sirio para hacer su propia historia, restableciendo a Occidente como sujeto y agente principal de la Historia”. (…)

“Este pasado verano surgió la Coalición “Manos Fuera de Siria (Hands Off Syria)”. El grupo inicial redactó y aprobó una declaración con una serie de “Puntos de Unidad”. Según la página web de la coalición “250 organizaciones, 500 activistas por la paz y cerca de 1.500 personas de todo el mundo han firmado el comunicado de Puntos de Unidad de la Coalición”. Entre los firmantes están los partidos políticos comunistas de todo el mundo, los comités antibelicistas estadounidenses, los capítulos de los Veteranos por la Paz, las ligas antiimperialistas. El Punto 1 afirma: “La continuación de la guerra en Siria es el resultado de una intervención orquestada por EEUU, la OTAN, sus aliados regionales y fuerzas reaccionarias, con el objetivo de cambiar el régimen en Siria”.

“El levantamiento del pueblo sirio se inscribe en la narrativa del régimen de una guerra instrumentada por EEUU y sus aliados. La sustitución del agente principal de la práctica política por el imperio estadounidense transforma directamente el horizonte deseable de acción. Ya no se trata de una revolución contra un régimen asesino sino un cambio de régimen impuesto desde fuera en violación del derecho internacional, la declaración de los derechos humanos y los derechos “del pueblo sirio a la independencia, soberanía nacional y autodeterminación” (Punto 5). De estos dos puntos se desprende claramente que la versión siria de la campaña “contra la guerra” ha adoptado totalmente la retórica de Asad, a pesar de su afirmación de que “no es asunto nuestro apoyar ni oponernos al presidente Asad o al gobierno sirio” (Punto 7)

“Desde la pérdida de la solidaridad internacionalista del Tercer Mundo con el eclipse de la política de izquierdas y la ascendencia del renacer islámico en las décadas de 1970 y 1980, la Izquierda metropolitana adoptó una política de oposición a las intervenciones imperiales, aunque carente de aliados políticos en la región. Este antiimperialismo entró en tensión con los antiguos izquierdistas y una nueva generación de activistas en el mundo árabe que se valían del lenguaje liberal de los derechos humanos para combatir la represión de los regímenes de sus países. Los izquierdistas metropolitanos consideraban los derechos humanos como un caballo de Troya imperial que buscaba socavar la soberanía de los regímenes anti-EEUU con sanciones económicas e intervenciones militares. Por otra parte, los activistas sobre el terreno condenaban la sordera de sus supuestos aliados izquierdistas ante la violencia de esos regímenes, así como su adopción de una retórica similar a la del antiimperialismo nacionalista de tales regímenes”. (…)

“Las revoluciones volvieron a introducir las políticas populares de masas desde abajo –a pesar de las divisiones infra-nacionales de los pueblos a lo largo de líneas étnicas, sectarias y regionales en ocasiones- contra los regímenes”. (…)

“La Izquierda no tuvo escrúpulos a la hora de animar las revoluciones cuando iban contra los regímenes apoyados por EEUU, como Túnez, Egipto y Bahréin. Sin embargo, cuando se trató de Siria, el apoyo se evaporó. Y se sustituyó por la ceguera ante la dura situación de los sirios y por la sordera ante su sufrimiento”.

“El ‘antiimperialismo’ de los idiotas”

Transcribo ahora pasajes de “El ‘antiimperialismo’ de los idiotas”, de Leila Al-Shami, 27/04/2018, [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

“Más de medio millón de sirios han sido asesinados desde 2011. La gran mayoría de las muertes de civiles se han producido mediante el uso de armas convencionales y el 94% de estas víctimas fueron asesinadas por la alianza sirio-rusa-iraní. No hay indignación ni se finge preocupación por esta guerra, que siguió a la brutal represión del régimen contra manifestantes pacíficos y en favor de la democracia. No hay indignación cuando se lanzan bombas de barril, armas químicas y napalm en comunidades democráticamente autoorganizadas o en hospitales y trabajadores de rescate. Los civiles son prescindibles; las capacidades militares de un régimen genocida y fascista no lo son. De hecho, el lema “Manos fuera de Siria” realmente significa “No tocar a Assad” y a menudo se brinda apoyo para la intervención militar de Rusia”. (…)

“Esta izquierda muestra tendencias profundamente autoritarias, aquella que coloca a los propios estados en el centro del análisis político. Por lo tanto, la solidaridad se extiende a los estados (vistos como el actor principal en la lucha por la liberación) en lugar de grupos oprimidos o desfavorecidos en cualquier sociedad dada, sin importar la tiranía de ese estado. Ciegos a la guerra social que ocurre dentro de Siria, los sirios (allá donde los hay) son vistos como simples peones en un juego de ajedrez geopolítico. Repiten el mantra ‘Assad es el gobernante legítimo de un país soberano’. Assad, que heredó una dictadura de su padre y nunca ha celebrado, y mucho menos ganado, una elección libre y justa. Assad, cuyo “ejército árabe sirio” solo puede recuperar el territorio que perdió gracias al respaldo de una mezcolanza de mercenarios extranjeros y con el apoyo de bombas extranjeras, y que están luchando, en general, contra rebeldes y civiles nacidos en Siria. ¿Cuántos considerarían legítimo a su propio gobierno electo si comenzara a llevar a cabo campañas de violación en masa contra los disidentes? Tal posición solo es posible por la deshumanización completa de los sirios. Es un racismo que ve a los sirios como incapaces de lograr, y mucho menos de merecer, algo mejor que una de las dictaduras más brutales de nuestro tiempo”.

“Para esta izquierda autoritaria, el apoyo se extiende al régimen de Assad en nombre del “antiimperialismo”. Assad es visto como parte del “eje de resistencia” tanto contra el imperio estadounidense como contra el sionismo. Poco importa que el propio régimen de Assad haya apoyado la primera guerra del Golfo, o haya participado en el programa de entregas ilegales de Estados Unidos donde los presuntos terroristas fueron torturados en Siria en nombre de la CIA. El hecho de que este régimen probablemente tenga la dudosa distinción de masacrar a más palestinos que el estado israelí es constantemente ignorado, como lo es el hecho de que está más decidido a utilizar sus fuerzas armadas para reprimir la disidencia interna que a liberar el Golán ocupado por Israel”. (…)

“Por primera vez en la historia de Siria, Estados Unidos ha establecido una serie de bases militares en el norte controlado por los kurdos. Esto debería preocupar a cualquiera que apoye la autodeterminación siria, aunque palidece en comparación con las decenas de miles de tropas iraníes y milicias chiíes respaldadas por Irán que ahora ocupan gran parte del país, o los criminales bombardeos llevados a cabo por la fuerza aérea rusa en apoyo de la dictadura fascista. Ahora, Rusia ha establecido bases militares permanentes en el país y se le han otorgado derechos exclusivos sobre el petróleo y el gas de Siria como recompensa por su apoyo. Noam Chomsky una vez sostuvo que la intervención de Rusia no podía ser considerada imperialismo porque fue invitada a bombardear el país por el régimen sirio. Según ese análisis, la intervención de los EE.UU. en Vietnam tampoco fue imperialista, invitada como lo fue por el gobierno survietnamita”. (…)

“Existen muchas razones válidas para oponerse a la intervención militar externa en Siria, ya sea por parte de EE UU, Rusia, Irán o Turquía. Ninguno de estos estados está actuando en interés del pueblo sirio, la democracia o los derechos humanos. Actúan únicamente por sus propios intereses. Hoy, la intervención de los Estados Unidos, el Reino Unido y Francia no pretende tanto el proteger a los sirios de las atrocidades masivas sino el hacer cumplir una norma internacional de que el uso de armas químicas es inaceptable, por temor a que algún día se utilicen contra los propios occidentales. Más bombas extranjeras no traerán paz ni estabilidad. Hay poca intención de expulsar a Assad del poder, lo que contribuiría a terminar con la peor de las atrocidades”.

“Sin embargo, al oponerse a la intervención extranjera, uno tiene que encontrar una alternativa para proteger a los sirios de la matanza. Es moralmente objetable, como mínimo, esperar que los sirios callen y mueran para proteger el principio superior del “antiimperialismo”. Los sirios han propuesto muchas veces alternativas a la intervención militar extranjera, que han sido ignoradas. Y entonces queda la pregunta, cuando las opciones diplomáticas han fallado, cuando un régimen genocida está protegido de la censura por poderosos apoyos internacionales, cuando no se logra detener los bombardeos diarios, poner fin a los asedios por inanición o liberar a los prisioneros torturados a escala industrial, ¿qué se puede hacer?

“No me quedan respuestas. Siempre me he opuesto a toda intervención militar extranjera en Siria, apoyé el proceso liderado por Siria para librar a su país de un tirano y respaldé procedimientos internacionales basados ​​en esfuerzos para proteger a los civiles y los derechos humanos y garantizar la rendición de cuentas de todos los actores responsables de crímenes de guerra”. (…)

“Los grupos extremistas y las ideologías están prosperando en el caos creado por el Estado. Los civiles continúan huyendo a miles a medida que se implementan mecanismos legales, como la Ley nº 10, para garantizar que nunca regresarán a sus hogares. El sistema internacional en sí mismo está colapsando bajo el peso de su propia impotencia. Las palabras ‘Nunca más’ suenan huecas. No hay un movimiento popular importante que se solidarice con las víctimas. Al contrario, son calumniados, su sufrimiento es negado u objeto de burla, y sus voces, ausentes de los debates o puestas en duda por personas lejanas, que no saben nada de Siria, la revolución o la guerra, y que arrogantemente creen que saben lo que es mejor. Es esta situación desesperada la que hace que muchos sirios den la bienvenida a la acción de EE.UU., Reino Unido y Francia y que ahora vean la intervención extranjera como su única esperanza, a pesar de los riesgos que saben que conlleva”.

“Una cosa es segura: no voy a perder el sueño por los ataques dirigidos contra las bases militares del régimen y las plantas de armas químicas que pueden proporcionar a los sirios un breve respiro de la matanza diaria. Y nunca seré una aliada de aquellos que pongan los discursos rimbombantes por encima de las realidades vividas, que apoyen regímenes brutales en países lejanos, o que promocionen el racismo, las teorías de la conspiración y la negación de las atrocidades”.

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Mensaje por Alejandro Avila Diaz el Miér Mar 20, 2019 2:39 pm

esto como no se vaya

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