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Desarrollo histórico de las relaciones capitalistas de producción

Jordi de Terrassa
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Desarrollo histórico de las relaciones capitalistas de producción Empty Desarrollo histórico de las relaciones capitalistas de producción

Mensaje por Jordi de Terrassa el Miér Mayo 04, 2016 8:42 pm

En el régimen de producción capitalista, antes de producir cualquier mercancía se ha de producir un intercambio comercial; los capitalistas han de acudir al mercado y comprar, a los trabajadores asalariados el usufructo de su fuerza de trabajo, es decir, los capitalistas necesitan haber acumulado cierta cantidad de valor para poder comprar dicho usufructo de la fuerza de trabajo.

Karl Marx en El Capital, tomo I, capítulo XXIV, 'la llamada acumulación originaria':
La génesis del capitalista industrial no se produjo de una manera tan gradual como la del arrendatario. Indudablemente, no pocos pequeños maestros gremiales, y aún más pequeños artesanos independientes, e incluso trabajadores asalariados, se transformaron primero en pequeños capitalistas, y luego, mediante una explotación paulatinamente creciente de trabajo asalariado y la acumulación consiguiente, en capitalistas sans phrase [sin más especificación]. Durante la infancia de la producción capitalista solía ocurrir lo que sucedía durante la infancia del sistema urbano medieval, cuando el problema consistente en saber cuál de los siervos de la gleba huidos se convertiría en amo y cuál en sirviente, se resolvía de ordinario por la fecha, más temprana o más tardía, de su fuga. Con todo, el paso de tortuga inherente a este método en modo alguno era compatible con las necesidades comerciales del nuevo mercado mundial, creado por los grandes descubrimientos de fines del siglo XV. Pero la Edad Media había legado dos formas diferentes de capital, que maduran en las formaciones económico-sociales más diferentes y que antes de la era del modo de producción capitalista son consideradas como capital quand même [en general]: el capital usurario y el capital comercial. El régimen feudal en el campo y la constitución corporativa en la ciudad, le impedían al capital dinerario formado por medio de la usura y el comercio transformarse en capital industrial. Esas barreras cayeron al disolverse las mesnadas feudales y al ser expropiada, y en parte desalojada, la población rural. La nueva manufactura se asentó en puertos marítimos exportadores o en puntos de la campaña no sujetos al control del viejo régimen urbano y de su constitución corporativa. De ahí que en Inglaterra las incorporated towns lucharan encarnizadamente contra esos nuevos semilleros industriales.

El descubrimiento de las comarcas auríferas y argentíferas en América, el exterminio, esclavización y soterramiento en las minas de la población aborigen, la conquista y saqueo de las Indias Orientales, la transformación de África en un coto reservado para la caza comercial de pieles-negras, caracterizan los albores de la era de producción capitalista. Estos procesos idílicos constituyen factores fundamentales de la acumulación originaria. Pisándoles los talones, hace su aparición la guerra comercial entre las naciones europeas, con la redondez de la tierra como escenario. Se inaugura con el alzamiento de los Países Bajos y su separación de España; adquiere proporciones ciclópeas en la guerra anti jacobina llevada a cabo por Inglaterra y se prolonga todavía hoy en las guerras del opio contra China, etcétera.

Los diversos factores de la acumulación originaria se distribuyen ahora, en una secuencia más o menos cronológica, principalmente entre España, Portugal, Holanda, Francia e Inglaterra. En Inglaterra, a fines del siglo XVII, se combinan sistemáticamente en el sistema colonial, en el de la deuda pública, en el moderno sistema impositivo y el sistema proteccionista. Estos métodos, como por ejemplo el sistema colonial, se fundan en parte sobre la violencia más brutal. Pero todos ellos recurren al poder del estado, a la violencia organizada y concentrada de la sociedad, para fomentar como en un invernadero el proceso de transformación del modo de producción feudal en modo de producción capitalista y para abreviar las transiciones. La violencia es la partera de toda sociedad vieja preñada de una nueva. Ella misma es una potencia económica.

Del sistema colonial cristiano dice William Howitt, un hombre que del cristianismo ha hecho una especialidad: "Los actos de barbarie y los inicuos ultrajes perpetrados por las razas llamadas cristianas en todas las regiones del mundo y contra todos los pueblos que pudieron subyugar, no encuentran paralelo en ninguna era de la historia universal y en ninguna raza, por salvaje e inculta, despiadada e impúdica que ésta fuera". La historia de la administración colonial holandesa y Holanda era la nación capitalista modelo del siglo XVII "expone ante nuestros ojos un cuadro insuperable de traiciones, sobornos, asesinatos e infamias”. Nada es más característico que su sistema de robo de hombres, aplicado en Célebes para explotarlos como esclavos en Java. Se adiestraba con este objetivo a los ladrones de hombres. El ladrón, el intérprete y el vendedor eran los principales agentes en este negocio; príncipes nativos, los principales vendedores. Se mantenía escondidos en prisiones secretas de Célebes a los jóvenes secuestrados, hasta que, suficientemente maduros, se los pudiera despachar en los barcos de esclavos. Un informe oficial dice: "Esta ciudad de Macasar, por ejemplo, está llena de prisiones secretas, cada una más horrenda que la otra, atestadas de infortunados, víctimas de la codicia y la tiranía, cargados de cadenas, arrancados de sus familias a viva fuerza". Para apoderarse de Malaca, los holandeses sobornaron al gobernador portugués. Éste, en 1641, los dejó entrar a la ciudad. Los atacantes volaron hacia la casa del gobernador y lo asesinaron, para "abstenerse" de pagarle las [sterling] 21.875 que le habían prometido. Donde asentaban la planta, los seguían la devastación y la despoblación. Baniuuangui, una provincia de Java, contaba en 1750 más de 80.000 habitantes, en 1811 apenas eran 8.000. ¡He aquí el doux commerce [dulce comercio]!

Es sabido que la Compañía Inglesa de las Indias Orientales obtuvo, además de la dominación política en la India, el monopolio exclusivo del comercio del té, así como del comercio chino en general, y del transporte de bienes desde Europa y hacia este continente. Pero la navegación de cabotaje en la India y entre las islas, así como el comercio interno de la India, se convirtió en monopolio de los altos funcionarios de la compañía. Los monopolios de la sal, del opio, del betel y de otras mercancías eran minas inagotables de riqueza. Los funcionarios mismos fijaban los precios y expoliaban a su antojo al infeliz hindú. El gobernador general participaba en ese comercio privado. Sus favoritos obtenían contratos bajo condiciones mediante las cuales ellos, más astutos que los alquimistas, hacían oro de la nada. Grandes fortunas brotaban como los hongos, de un día para otro, la acumulación originaria se efectuaba sin necesidad de adelantar un chelín. El proceso contra Warren Hastings está cuajado de tales ejemplos. He aquí un caso. Se adjudica un contrato de suministro de opio a un tal Sullivan aunque estaba por partir en misión oficial a una región de la India muy distante de los distritos del opio. Sullivan vende su contrato por [sterling] 40.000 a un tal Binn, Binn lo vende el mismo día por [sterling] 60.000, y el último comprador y ejecutor del contrato declara que, después de todo eso, obtuvo enormes ganancias. Según una lista sometida a la consideración del parlamento, la compañía y sus funcionarios se hicieron regalar por los indios, de 1757 a 1766, seis millones de libras esterlinas! Entre 1769 y 1770 los ingleses fabricaron una hambruna, acaparando todo el arroz y negándose a revenderlo a no ser por precios fabulosos.

El trato dado a los aborígenes alcanzaba los niveles más vesánicos, desde luego, en las plantaciones destinadas exclusivamente al comercio de exportación, como las Indias Occidentales, y en los países ricos y densamente poblados, entregados al saqueo y el cuchillo, como México y las Indias Orientales. Pero tampoco en las colonias propiamente dichas se desmentía el carácter cristiano de la acumulación originaria. Esos austeros "virtuosos" del protestantismo, los puritanos ww, establecieron en 1703, por acuerdo de su assembly, un premio de [sterling] 40 por cada cuero cabelludo de indio y por cada piel roja capturado; en 1720, un premio de [sterling] 100 por cuero cabelludo, y en 1744, después que la Massachusetts Bay hubo declarado rebelde a cierta tribu, fijaron los siguientes precios: por escalpo de varón de 12 años o más, [sterling] 100 de nuevo curso; por prisioneros varones, [sterling] 105; por mujeres y niños tomados prisioneros, [sterling] 55 xx; por cuero cabelludo de mujeres y niños, [sterling] 50. Algunos decenios después, el sistema colonial se vengó en la descendencia, que en el ínterin se había vuelto rebelde, de los piadosos pilgrim fathers [padres peregrinos]. Fueron tomahauqueados por agentes a los que Inglaterra instigaba y pagaba. El parlamento británico declaró que los sabuesos y el escalpado eran "medios que Dios y la naturaleza han puesto en sus manos".

El sistema colonial hizo madurar, como plantas de invernadero, el comercio y la navegación. Las "sociedades Monopolia" (Lutero) constituían poderosas palancas de la concentración de capitales. La colonia aseguraba a las manufacturas en ascenso un mercado donde colocar sus productos y una acumulación potenciada por el monopolio del mercado. Los tesoros expoliados fuera de Europa directamente por el saqueo, por la esclavización y las matanzas con rapiñas, refluían a la metrópoli y transformaban allí en capital. Holanda, la primera en desarrollar plenamente el sistema colonial, había alcanzado ya en 1648 el cenit de su grandeza comercial. Se hallaba "en posesión casi exclusiva del comercio con las Indias Orientales y del tráfico entre el sudoeste y el nordeste europeos. Sus pesquerías, sus flotas, sus manufacturas, sobrepujaban a las de cualquier otro país. Los capitales de la república eran tal vez más considerables que los de todo el resto de Europa". Gülich se olvidó de agregar: la masa del pueblo holandés estaba ya en 1648 más recargada de trabajo y empobrecida, más brutalmente oprimida, que las masas populares de todo el resto de Europa.
El sistema colonial arrojó de un solo golpe todos los viejos ídolos por la borda. Proclamó la producción de plusvalor como el fin último y único de la humanidad. Aquel sistema fue la cuna de los sistemas modernos de la deuda pública y del crédito.
http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/24.htm

El capital y sus formas arcaicas
Karl Marx en El Capital, tomo I, capítulo VIII:
El capitalista ha comprado la fuerza de trabajo por su valor diario. Le pertenece el valor de uso de la misma durante una jornada laboral. Ha obtenido el derecho, pues, de hacer que el obrero trabaje para él durante un día. ¿Pero qué es una jornada laboral? En todo caso, menos de un día natural de vida. ¿Y cuánto menos? El capitalista tiene su opinión sobre esa última Thule, el límite necesario de la jornada laboral. Como capitalista, no es más que capital personificado. Su alma es el alma del capital. Pero el capital tiene un solo impulso vital, el impulso de valorizarse, de crear plusvalor, de absorber, con su parte constante, los medios de producción, la mayor masa posible de plustrabajo. El capital es trabajo muerto que sólo se reanima, a la manera de un vampiro, al chupar trabajo vivo, y que vive tanto más cuanto más trabajo vivo chupa. El tiempo durante el cual trabaja el obrero es el tiempo durante el cual el capitalista consume la fuerza de trabajo que ha adquirido. Si el obrero consume para sí mismo el tiempo a su disposición, roba al capitalista.

El capitalista, pues, se remite a la ley del intercambio mercantil. Al igual que cualquier otro comprador, procura extraer la mayor utilidad posible del valor de uso que tiene su mercancía. Pero súbitamente se alza la voz del obrero, que en el estrépito y agitación del proceso de producción había enmudecido:

La mercancía que te he vendido se distingue del populacho de las demás mercancías en que su uso genera valor, y valor mayor del que ella misma cuesta. Por eso la compraste. Lo que desde tu punto de vista aparece como valorización de capital, es desde el mío gasto excedentario de fuerza de trabajo.
http://pendientedemigracion.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/8.htm
El capital es una relación social de producción. El capital no son los medios de producción ni tampoco un determinado grado de su desarrollo, el capital no es solo trabajo muerto. Los medios de producción solo se transforman en capital cuando la fuerza de trabajo que los utilizan tiene la forma de trabajo asalariado, es decir, cuando los propietarios del trabajo muerto utilizan trabajo vivo bajo la forma de trabajo asalariado. La misma hacienda puede ser el capital de un terrateniente, el dominio de un señor feudal, la villa de un esclavista, estar sometida a tributo o ser el territorio de caza de una tribu primitiva. Si analizamos químicamente cualquier máquina o herramienta no encontraremos molécula alguna de capital, el capital no es una sustancia, por lo tanto, no forma parte de la naturaleza de ningún objeto. De igual manera, un trabajador dependiendo de las relaciones sociales de producción será esclavo, siervo o trabajador asalariado, no porque esté en su genotipo. El capital es una forma de relacionarse los seres humanos en la producción de valores de cambio.

En las sociedades capitalistas es necesaria la existencia de dos tipos de ciudadanos que se caracterizan; los unos por ser propietarios de medios de producción y de consumo, haber acumulado en sus manos trabajo muerto, y los otros por ser propietarios del usufructo de un valor de uso su fuerza de trabajo, pero que carecen de medios de producción, por lo que su fuerza de trabajo para ellos no tiene valor de uso. En el mercado capitalista del trabajo se enfrentan los capitalistas propietarios del trabajo muerto frente al trabajo vivo, para aumentar la propiedad de trabajo muerto de dichos capitalistas. El capitalista hace uso de la fuerza de trabajo comprada, teniendo en cuenta que su propietario está en la obligación de cambiarla por un valor inferior al de su uso, y la emplea en la producción de mercancías con lo que obtiene una ganancia o plusvalía, que se materializa para el capitalista en la venta de esas mercancías. Pero la naturaleza no produce por un lado a poseedores de capital y por otro lado a poseedores exclusivamente de su fuerza de trabajo. No existe el genotipo que predestine a unos seres humanos a ser poseedores de medios de producción y a otros a estar privados de ellos. La existencia de la mercancía fuerza de trabajo, y la propiedad común sobre ella por parte de los capitalistas, es garantizada por el estado mediante el monopolio de la fuerza.

En el sistema capitalista el obrero viviente, se dirige al mercado y vende su mercancía; la fuerza de trabajo, su propia corporalidad, a cambio de una determinada cantidad de valor bajo la forma de dinero. En el proceso de producción se transforma la fuerza de trabajo en capital variable, objetivándose la fuerza de trabajo del obrero viviente en el valor de uso por él producido, transformándose una parte de la vida del obrero en trabajo muerto como capital. El capitalista se dirige al mercado para realizar la totalidad del trabajo muerto en la mercancía contenido como valor de cambio, que, al ser comprada por un trabajador asalariado, y consumido el valor de uso contenido en la mercancía, se vuelve a subjetivar en obrero viviente el trabajo muerto objetivado en el valor de uso. Esta es la apropiación de trabajo vivo sobre la que se asienta el régimen de producción capitalista, con el único objetivo confesado de vampirizar la mayor cantidad posible de la vida del trabajador asalariado como trabajo muerto.

En el capitalismo el trabajo vivo, el obrero viviente, es la fuente de donde emana todo valor de cambio, pero él mismo carece de tal valor de cambio.

El gremio
Karl Marx y Friedrich Engels en El Manifiesto Comunista:
De los siervos de la gleba de la Edad Media surgieron los “villanos” de las primeras ciudades; y estos villanos fueron el germen de donde brotaron los primeros elementos de la burguesía.
Pero los mercados seguían dilatándose, las necesidades seguían creciendo.  Ya no bastaba tampoco la manufactura. El invento del vapor y la maquinaria vinieron a revolucionar el régimen industrial de producción.  La manufactura cedió el puesto a la gran industria moderna, y la clase media industrial hubo de dejar paso a los magnates de la industria, jefes de grandes ejércitos industriales, a los burgueses modernos
La gran industria creó el mercado mundial, ya preparado por el descubrimiento de América.  El mercado mundial imprimió un gigantesco impulso al comercio, a la navegación, a las comunicaciones por tierra.  A su vez, estos, progresos redundaron considerablemente en provecho de la industria, y en la misma proporción en que se dilataban la industria, el comercio, la navegación, los ferrocarriles, se desarrollaba la burguesía, crecían sus capitales, iba desplazando y esfumando a todas las clases heredadas de la Edad Media.
Vemos, pues, que la moderna burguesía es, como lo fueron en su tiempo las otras clases, producto de un largo proceso histórico, fruto de una serie de transformaciones radicales operadas en el régimen de cambio y de producción.
A cada etapa de avance recorrida por la burguesía corresponde una nueva etapa de progreso político.  Clase oprimida bajo el mando de los señores feudales, la burguesía forma en la “comuna”  una asociación autónoma y armada para la defensa de sus intereses; en unos sitios se organiza en repúblicas municipales independientes; en otros forma el tercer estado tributario de las monarquías; en la época de la manufactura es el contrapeso de la nobleza dentro de la monarquía feudal o absoluta y el fundamento de las grandes monarquías en general, hasta que, por último, implantada la gran industria y abiertos los cauces del mercado mundial, se conquista la hegemonía política y crea el moderno Estado representativo.  Hoy, el Poder público viene a ser, pura y simplemente, el Consejo de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa.
La burguesía ha desempeñado, en el transcurso de la historia, un papel verdaderamente revolucionario.
http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm
Trabajadores libres expropiados de cualquier medio de producción ya existen en Sumer, cuando aparecieron las clases sociales, y por lo tanto relaciones de producción capitalistas. Los constructores le las pirámides egipcias eran trabajadores asalariados. También existen trabajadores asalariados en China, en el valle del Indo, en Mesoamérica y en el imperio Inca. El capitalismo no es un modo de producción creado en Europa y posteriormente exportado al resto del mundo, a pesar que la mayoría de los estudios se centran en el capitalismo europeo por ser el más desarrollado, y que en Europa es donde se desarrolló el capitalismo industrial, y desde donde se expandió dicha fase capitalista al resto del mundo.

El código de Hammurabi (¿1790-1750? a. C.), entre otras cosas el primer convenio colectivo o laudo conocido de la historia, podemos constatar su regulación:
Ley 257: Si uno tomó a su servicio un cosechador, le pagará 8 GUR de trigo por año.

Ley 258: Si uno tomó a su servicio un vaquero (Ungnad), un trillador (Scheil), le pagará 6 GUR de trigo por año.

Ley 261: Si uno tomó a su servicio en locación un pastor para bueyes y carneros, le dará 8 GUR de trigo por año.

Ley 273: Si uno tomó en locación un doméstico, desde el comienzo del año al quinto mes le dará 6 SHE de plata por día; desde el sexto mes al fin del año, le dará 5 SHE de plata por día.

Ley 274: Si uno tomó en locación el hijo de un obrero:
precio de un hombre 5
SHE de plata precio de un ladrillero
5 SHE de plata precio de un tejedor de plata
precio de un tallador de piedra de plata
… de plata
… de plata
de un carpintero de obra 4
SHE de plata precio de un obrero de cueros de plata
precio de un carpintero de ribera de plata
precio de un obrero de la construcción de plata le pagará por día.
http://www.historiaclasica.com/2007/06/el-cdigo-de-hammurabi-leyes-1-50_14.html
Una segunda fase en el desarrollo del capitalismo tiene lugar en el Siglo X en la Europa medieval, se produce un nuevo y espectacular desarrollo de las fuerzas productivas provocando una sobrepoblación rural y su emigración a las ciudades que hará entrar en crisis las relaciones de producción feudales. Provoca la emancipación de las ciudades de la servidumbre hacia el señor feudal de turno, y pondrá fin al estancamiento económico que dura en Occidente desde el siglo III. Las primeras villas y burgos en independizarse del dominio feudal se producen en el siglo XII. En las ciudades emancipadas del poder de los señores feudales la burguesía se organiza en corporaciones por oficios, y dentro de ellas la jerarquía básica es: la burguesía, maestros propietarios, oficiales y aprendices. Fuero de Villasila y Villamelendro. Carta de Privilegios de la Comuna de Dreux
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En la Fase del gremio (1000 – 1400)  el modo de producción capitalista está sometido al estado feudal. Se caracteriza por máquinas manejadas por artesanos, fabricadas por artesanos y movidas por animales o por molinos de agua. Se introduce el uso del estribo y la ballesta procedentes de la China. El arado romano es sustituido por el arado normando de vertedera, más potente y con ruedas que incluía una hoja metálica vertical. Aparece el arnés para el caballo, junto a los tirantes laterales que unidos al uso del balancín y de las herraduras clavadas facilita la tracción, lo que permite aumentar la velocidad de transporte y quintuplicar la carga que movían los bueyes con el yugo. La generación de nuevos sistemas de rotación de cultivos, el barbecho, la especialización en el trigo dejando de un lado, excepto como forraje, a otros cereales. La generación de nuevos abonos y el desarrollo de técnicas de regadío muy eficaces. Nuevas líneas de comunicación como alternativa a las vías terrestres, vías fluviales en el Po, el Ródano, el Loira, el Sena, el Rin, el Oder, el Támesis, el Danubio. Inventos; Papel moneda (China siglo VII) Pluma (España siglo VII) Molino de viento (Persia siglo VII) Xilografía (Japón-China siglo VIII) Cámara oscura. Imprenta de libros (China. siglo IX) Pólvora. Esclusa (China siglo X) Rueca (Asia siglo XI) Brújula (China-Arabia siglo XI) Timón (Arabia siglo XII) Lupa (Robert Grosseteste 1200) Hojalata (Bohemia 1250) Cañón (China 1280) Gafas (Italia 1286) Teoría del ímpetu (Jean Buridan. Béthune, 1300 – 1358) Reloj-despertador (Alemania 1380)
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Los Calculatores de Merton College, primera mitad del siglo XIV, tienen como principal éxito en el campo de la cinemática la elaboración del teorema de la velocidad media. Jean Buridan (Béthune, 1300 - 1358), desarrolló la teoría del ímpetu, que explicaba el movimiento de proyectiles y fue el primer paso hacia el concepto moderno de inercia. Nicolás Oresme (1320 - 1380), por su parte, demostró que las razones propuestas por la física aristotélica contra el movimiento del planeta Tierra no eran válidas en favor de la teoría de que es la Tierra la que se mueve, y no los cuerpos celestes. Descubrió el cambio de dirección de la luz a través de la refracción atmosférica.

Este período histórico, caracterizado por un gran progreso económico, es truncado por la crisis del sistema feudal en el siglo XIV. La crisis empieza como consecuencia de un estancamiento de la producción agrícola y el aumento continuado de la población. Se produjo un cambio climático de 1314 a 1317 que afectó de forma grave y continua a casi todo el mundo occidental ocasionando inundaciones y perdida de las cosechas, haciendo aparecer el hambre. El aumento de los impuestos para poder financiar guerras como la Guerra Civil de Castilla, la Guerra de las 2 Rosas en Inglaterra, y las revueltas de las ciudades italianas y sobre todo la Guerra de los Cien Años, provoca escasez de metal para acuñar moneda. La corrupción política en los estados feudales recurre a la práctica, que hundió al Imperio Romano, de devaluar la moneda rebajando el contenido en plata en la aleación de la moneda. Las levas forzosas van a incidir en el campesinado joven, lo cual va en perjuicio de la producción agrícola. El aumento del hambre provoca un debilitamiento general de la población, y junto a la aparición de la peste negra, a mediados del siglo XIV, acaba con un tercio de la población europea. La escasez de trabajadores provocó una competencia de los señores feudales por conseguirlos lo que, a su vez, indujo un enorme relajamiento de las leyes de servidumbre, un aumento general de salarios y, como consecuencia, una baja en las rentas señoriales. Los señores abandonan el cultivo directo de las tierras y lo que hacen es dejarla en manos de colonos a cambio de rentas fijas o las cesiones de las tierras mediante el sistema de aparcería. El intento de los señores de restablecer antiguos derechos feudales, provoca descontento, revueltas campesinas y urbanas, poniendo fin a la hegemonía del modo de producción feudal en las formaciones sociales de Europa Occidental. La resistencia de los siervos a los señores feudales son prueba las guerras campesinas, como la insurrección de Wat Tyler en Inglaterra (siglo XIV) y la de la Jacquerie en Francia (siglos XIV y XV), las guerras husitas en Bohemia (siglo XV), la guerra campesina de Alemania (siglo XVI) También se producen revueltas campesinas fuera de Europa Occidental como el levantamiento de los sijs en la India (siglos XVII y XVIII), los movimientos de Bolótnikov, Razin (siglo XVII) y Pugachov (siglo XVIII) en Rusia y de los tai-ping en China (siglo XIX)

Acumulación original de capital y función empresarial
Desde Marx se sabe que toda acumulación originaria de capital tiene su origen en el engaño, o en la estafa, o en el tráfico de influencias, o en la apropiación indebida, o en el robo, o en el expolio, o en el atraco, o en la piratería, o en el tráfico de esclavos, o en la guerra de conquista, o en la explotación entre otros medios o en una combinación de algunos o todos ellos, y que el único medio que seguro que no sirve al fin de crear capital es cualquier forma de trabajo propio. Estos fenómenos no son cosa del pasado, del capitalismo manufacturero o industrial, en la actualidad, en la fase del dominio de la usura, de la banca de reserva fraccionaria, la expropiación de las clases populares también se produce de forma igual o más violenta, aunque mucho más sibilina. Junto a la tradicional deuda pública, han aparecido nuevas formas de acumulación de capital como el robo de las acciones preferentes, o la no dación en pago de las hipotecas.

Este conocimiento lo han puesto en cuestión los subjetivistas ideólogos del utilitarismo marginal con las categorías de función empresarial y preferencia temporal que se definen como;
Jesús Huerta de Soto en Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial, página 41 escribió:En un sentido general o amplio la función empresarial coincide con la acción humana misma.  En este sentido podría afirmarse que ejerce la función empresarial cualquier persona que actúa para modificar el presente y conseguir sus objetivos en el futuro.
http://www.fcjs.urjc.es/httpddoc/Huerta-Soc.pdf
Un cazador-recolector bosquimano cuando produce un arco y flechas está modificando el presente para conseguir unos objetivos futuros, pero solo la escuela austríaca afirma que un cazador-recolector bosquimano ejerce de empresario en un sentido amplio. Los trabajadores asalariados modifican el presente, con su trabajo, para conseguir sus objetivos en el futuro, mediante el salario. Solo a los seguidores del subjetivismo marginal de la escuela austríaca, se le ocurre decir que la función empresarial de algunos trabajadores y la búsqueda del máximo beneficio personal les convierten en trabajadores asalariados, o en empresarios en sentido amplio. Todo sea para ocultar que el concepto de empresario, en sentido estricto de la economía política, es, y solo es, aquel que contrata fuerza de trabajo asalariada. Los empresarios, o capitalistas, es un concepto que se refiere a los individuos que conforman una clase social históricamente determinada, es decir, aparecieron con unas condiciones económico-políticas determinas, y que con la desaparición de dichas condiciones pasarán al museo de la historia el trabajo asalariado y los empresarios, o capitalistas.

La Acción Humana. Teoría de la preferencia temporal escribió:El ser humano, siempre y en todo caso prefiere la satisfacción más próxima a la más remota, es decir, prefiere consumir en el presente a hacerlo en el futuro, o dicho de otra forma, valora más los bienes presentes que los futuro.
http://la-accion-humana.blogspot.com.es/2009/05/lo-que-no-puede-ser-no-puede-ser-y.html
Dicho en Román Paladino; vale más pájaro en mano que ciento volando. La función empresarial y la preferencia temporal por el consumo presente no son hechos biológicos, la especie humana y muchas otras almacenan en un presente de relativa abundancia para tiempos futuros de escasez. La función empresarial y la preferencia temporal son “hechos económicos” que como todas las categorías filosóficas del subjetivismo marginal no requiere demostración teórica ni de evidencia histórica. Es una verdad “praxeológica” que basta enunciarla para demostrarla, y en todo caso su demostración es mitológica, no es en el mundo de la realidad histórica analizando hechos objetivos, sino en su mundo de ideal subjetividad adaptando conocidas novelas de ficción. Así explica la escuela austríaca como la función empresarial crea el capital;
Jesús Huerta de Soto, 1998, Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos, capítulo VII escribió:Supongamos que Robinson Crusoe se encuentra recién llegado en su isla y que, como único medio de subsistencia, se dedica a la recolección de moras, que recoge de los arbustos directamente a mano. Dedicando todo su esfuerzo diario a la recolección de moras, cosecha frutos en tal cantidad que puede subsistir e incluso tomar algunas más de las estrictamente necesarias para sobrevivir cada día. Después de varias semanas a ese régimen, Robinson Crusoe descubre empresarialmente que si se hiciera con una vara de madera de varios metros de largo, podría llegar más alto y lejos, golpear los arbustos con fuerza y conseguir la cosecha de moras que necesita con mucha más rapidez. El único problema es que calcula que en buscar el árbol del que pueda arrancar la vara y luego en prepararla, quitándola sus ramas, hojas e imperfecciones, puede tardar cinco días completos, durante los cuales tendrá forzosamente que interrumpir la recolección de moras. Es preciso, pues, si es que quiere proceder a elaborar la vara, que durante una serie de días reduzca algo su consumo de moras, dejando apartado el remanente en una cesta, hasta que disponga de una cantidad suficiente como para permitirle subsistir durante los cinco días que prevé que durará el proceso de producción de la vara de madera. Después de planificar su acción, Robinson Crusoe decide emprenderla, para lo cual, con carácter previo, debe, por tanto, ahorrar una parte de las moras que cosecha a mano cada día, reduciendo en ese importe su consumo. Es claro que esto le supone un sacrificio ineludible, pero piensa que el mismo sobradamente le compensa en relación con la ansiada meta que pretende lograr. Y así durante diez días decide reducir su consumo (es decir, ahorrar) acumulando moras de sobra en una cesta hasta alcanzar un importe que calcula será suficiente para sustentarle mientras produce la vara.
http://www.jesushuertadesoto.com/libros_espanol/dinero/dinero.pdf
Este ejemplo de la aparición del capitalismo, es la forma que tiene el subjetivismo marginal de la escuela austríaca de explicar las categorías filosóficas de las que parte, una preciosa historia novelada con una completa ausencia de fenómenos objetivos, en este caso hechos históricos. Con esta explicación, el profesor Jesús Huerta de Soto, no tiene la obligación de explicar la necesidad que conjuntamente al surgimiento del capital es necesario el surgimiento del trabajo asalariado. El profesor omite la presencia de Viernes, personaje que debido al descubrimiento y cálculos empresariales de Robinson Crusoe, es el que con toda seguridad verá reducida su ingesta de moras durante los cinco días, mientras busca, arranca y fabrica la vara. Moras que antes se ha encargado de recoger para él y para Robinson Crusoe. Fenómeno que el profesor puede explicar debido; a la función empresarial de Robinson, junto a una mayor preferencia temporal por el consumo presente por parte de Viernes, y a la menor preferencia de consumo presente por parte de Robinson Crusoe.
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Mensaje por Jordi de Terrassa el Miér Mayo 04, 2016 8:47 pm

Frente al subjetivismo utilitarista marginal de la escuela austríaca, la economía política explica la acumulación capitalista de forma objetiva. Marx estudia en Inglaterra el proceso histórico de acumulación de capital y la creación del trabajo asalariado y publica sus conclusiones en el Capital, capítulo, XXIV: "La llamada acumulación originaria".

1 El secreto de la acumulación originaria
Karl Marx en El Capital, tomo I, capítulo XXIV, "la llamada acumulación originaria:
…Esta acumulación originaria viene a desempeñar en la Economía política más o menos el mismo papel que desempeña en la teología el pecado original. Adán mordió la manzana y con ello el pecado se extendió a toda la humanidad. Los orígenes de la primitiva acumulación pretenden explicarse relatándolos como una anécdota del pasado. En tiempos muy remotos —se nos dice—, había, de una parte, una élite trabajadora, inteligente y sobre todo ahorrativa, y de la otra, un tropel de descamisados, haraganes, que derrochaban cuanto tenían y aún más. Es cierto que la leyenda del pecado original teológico nos dice cómo el hombre fue condenado a ganar el pan con el sudor de su rostro; pero la historia del pecado original económico nos revela por qué hay gente que no necesita sudar para comer. No importa. Así se explica que mientras los primeros acumulaban riqueza, los segundos acabaron por no tener ya nada que vender más que su pelleja. De este pecado original arranca la pobreza de la gran masa que todavía hoy, a pesar de lo mucho que trabaja, no tiene nada que vender más que a sí misma y la riqueza de los pocos, riqueza que no cesa de crecer, aunque ya haga muchísimo tiempo que sus propietarios han dejado de trabajar. Estas niñerías insustanciales son las que al señor Thiers, por ejemplo, sirven todavía, con el empaque y la seriedad de un hombre de estado a los franceses, en otro tiempo tan ingeniosos, en defensa de la propriété [propiedad]. Pero tan pronto como se plantea el problema de la propiedad, se convierte en un deber sacrosanto abrazar el punto de vista de la cartilla infantil, como el único que cuadra a todas las edades y a todos los grados de desarrollo. Sabido es que en la historia real desempeñan un gran papel la conquista, la esclavitud, el robo y el asesinato, la violencia, en una palabra. Pero en la dulce Economía política ha reinado siempre el idilio. Las únicas fuentes de riqueza han sido desde el primer momento el derecho y el «trabajo», exceptuando siempre, naturalmente, «el año en curso». En la realidad, los métodos de la acumulación originaria fueron cualquier cosa menos idílicos.

Ni el dinero ni la mercancía son de por sí capital, como no lo son tampoco los medios de producción ni los artículos de consumo. Hay que convertirlos en capital. Y para ello han de concurrir una serie de circunstancias concretas, que pueden resumirse así: han de enfrentarse y entrar en contacto dos clases muy diversas de poseedores de mercancías; de una parte, los propietarios de dinero, medios de producción y artículos de consumo deseosos de explotar la suma de valor de su propiedad mediante la compra de fuerza ajena de trabajo; de otra parte, los obreros libres, vendedores de su propia fuerza de trabajo y, por tanto, de su trabajo. Obreros libres en el doble sentido de que no figuran directamente entre los medios de producción, como los esclavos, los siervos, etc., ni cuentan tampoco con medios de producción de su propiedad como el labrador que trabaja su propia tierra, etc.; libres y desheredados. Con esta polarización del mercado de mercancías se dan las condiciones fundamentales de la producción capitalista. Las relaciones capitalistas presuponen el divorcio entre los obreros y la propiedad de las condiciones de realización del trabajo. Cuando ya se mueve por sus propios pies, la producción capitalista no sólo mantiene este divorcio, sino que lo reproduce en una escala cada vez mayor. Por tanto, el proceso que engendra el capitalismo sólo puede ser uno: el proceso de disociación entre el obrero y la propiedad de las condiciones de su trabajo, proceso que, de una parte, convierte en capital los medios sociales de vida y de producción, mientras que, de otra parte, convierte a los productores directos en obreros asalariados. La llamada acumulación originaria no es, pues, más que el proceso histórico de disociación entre el productor y los medios de producción. Se la llama «originaria» porque forma la prehistoria del capital y del modo capitalista de producción.

La estructura económica de la sociedad capitalista brotó de la estructura económica de la sociedad feudal. Al disolverse ésta, salieron a la superficie los elementos necesarios para la formación de aquélla.

El productor directo, el obrero, no pudo disponer de su persona hasta que no dejó de vivir encadenado a la gleba y de ser siervo dependiente de otra persona. Además, para poder convertirse en vendedor libre de fuerza de trabajo, que acude con su mercancía adondequiera que encuentre mercado, hubo de sacudir también el yugo de los gremios, sustraerse a las ordenanzas sobre aprendices y oficiales y a todos los estatutos que embarazaban el trabajo. Por eso, en uno de sus aspectos, el movimiento histórico que convierte a los productores en obreros asalariados representa la liberación de la servidumbre y la coacción gremial, y este aspecto es el único que existe para nuestros historiadores burgueses. Pero, si enfocamos el otro aspecto, vemos que estos trabajadores recién emancipados sólo pueden convertirse en vendedores de sí mismos, una vez que se vean despojados de todos sus medios de producción y de todas las garantías de vida que las viejas instituciones feudales les aseguraban. Y esta expropiación queda inscrita en los anales de la historia con trazos indelebles de sangre y fuego.

A su vez, los capitalistas industriales, estos potentados de hoy, tuvieron que desalojar, para llegar a este puesto, no sólo a los maestros de los gremios artesanos, sino también a los señores feudales, en cuyas manos se concentraban las fuentes de la riqueza. Desde este punto de vista, su ascensión es el fruto de una lucha victoriosa contra el poder feudal y sus indignantes privilegios, contra los gremios y las trabas que estos ponían al libre desarrollo de la producción y a la libre explotación del hombre por el hombre. Pero los caballeros de la industria sólo consiguieron desplazar por completo a los caballeros de la espada explotando sucesos en que no tenían la menor parte de culpa. Subieron y triunfaron por procedimientos no menos viles que los que en su tiempo empleó el liberto romano para convertirse en señor de su patrono.

El proceso de donde salieron el obrero asalariado y el capitalista, tuvo como punto de partida la esclavización del obrero.

En la historia de la acumulación originaria hacen época todas las transformaciones que sirven de punto de apoyo a la naciente clase capitalista, y sobre todo los momentos en que grandes masas de hombres son despojadas repentina y violentamente de sus medios de subsistencia y lanzadas al mercado de trabajo como proletarios libres y desheredados. Sirve de base a todo este proceso la expropiación que priva de su tierra al productor rural, al campesino. Su historia presenta una modalidad diversa en cada país, y en cada uno de ellos recorre las diferentes fases en distinta gradación y en épocas históricas diversas. Reviste su forma clásica sólo en Inglaterra, país que aquí tomamos, por tanto, como modelo…

El sistema del crédito público, es decir, de la deuda del estado, cuyos orígenes descubríamos ya en Génova y en Venecia en la Edad Media, se adueñó de toda Europa durante el período manufacturero. El sistema colonial, con su comercio marítimo y sus guerras comerciales, le sirvió de acicate. Por eso fue Holanda el primer país en que arraigó. La deuda pública, o sea, la enajenación del estado —absoluto, constitucional o republicano—, imprime su sello a la era capitalista. La única parte de la llamada riqueza nacional que entra real y verdaderamente en posesión colectiva de los pueblos modernos es... la deuda pública. Por eso es perfectamente consecuente esa teoría moderna, según la cual un pueblo es tanto más rico cuanto más se carga de deudas. El crédito público se convierte en credo del capitalista. Y al surgir las deudas del estado, el pecado contra el Espíritu Santo, para el que no hay remisión, cede el puesto al perjurio contra la deuda pública.

La deuda pública se convierte en una de las palancas más potentes de la acumulación originaria. Es como una varita mágica que infunde virtud procreadora al dinero improductivo y lo convierte en capital sin exponerlo a los riesgos ni al esfuerzo que siempre lleva consigo la inversión industrial e incluso la usuraria. En realidad, los acreedores del estado no entregan nada, pues la suma prestada se convierte en títulos de la deuda pública, fácilmente negociables, que siguen desempeñando en sus manos el mismísimo papel del dinero. Pero aun prescindiendo de la clase de rentistas ociosos que así se crea y de la riqueza improvisada que va a parar al regazo de los usureros que actúan de mediadores entre el Gobierno y el país —así como de la riqueza regalada a los arrendadores de impuestos, comerciantes y fabricantes particulares, a cuyos bolsillos afluye una buena parte de los empréstitos del estado, como un capital llovido del cielo—, la deuda pública ha venido a dar impulso a las sociedades anónimas, al tráfico de efectos negociables de todo género, al agio; en una palabra, a la lotería de la bolsa y a la moderna bancocracia.

Desde el momento mismo de nacer, los grandes bancos, adornados con títulos nacionales, no fueron nunca más que sociedades de especuladores privados que cooperaban con los gobiernos y que, gracias a los privilegios que éstos les otorgaban, estaban en condiciones de adelantarles dinero. Por eso, la acumulación de la deuda pública no tiene barómetro más infalible que el alza progresiva de las acciones de estos bancos, cuyo pleno desarrollo data de la fundación del Banco de Inglaterra (en 1694). Este último comenzó prestando su dinero al Gobierno a un 8 por 100 de interés; al mismo tiempo, quedaba autorizado por el parlamento para acuñar dinero del mismo capital, volviendo a prestarlo al público en forma de billetes de banco. Con estos billetes podía descontar letras, abrir créditos sobre mercancías y comprar metales preciosos. No transcurrió mucho tiempo antes de que este mismo dinero fiduciario fabricado por él le sirviese de moneda para saldar los empréstitos hechos al estado y para pagar los intereses de la deuda pública por cuenta de éste. No contento con dar con una mano para recibir con la otra más de lo que daba, seguía siendo, a pesar de lo que se embolsaba, acreedor perpetuo de la nación hasta el último céntimo entregado. Poco a poco, fue convirtiéndose en depositario insustituible de los tesoros metálicos del país y en centro de gravitación de todo el crédito comercial. Por los años en que Inglaterra dejaba de quemar brujas, comenzaba a colgar falsificadores de billetes de banco. Las obras de aquellos años, por ejemplo, las de Bolingbroke muestran qué impresión producía a las gentes de la época la súbita aparición de este monstruo de bancócratas, usureros, rentistas, corredores, agentes y lobos de bolsa.

Con la deuda pública surgió un sistema internacional de crédito, detrás del que se esconde con frecuencia, en tal o cual pueblo, una de las fuentes de la acumulación originaria. Así, por ejemplo, las infamias del sistema de rapiña seguido en Venecia constituyen una de esas bases ocultas de la riqueza capitalista de Holanda, a quien la Venecia decadente prestaba grandes sumas de dinero. Otro tanto acontece entre Holanda e Inglaterra. Ya a comienzos del siglo XVIII, las manufacturas holandesas se habían quedado muy atrás y Holanda había perdido la supremacía comercial e industrial. Por eso, desde 1701 hasta 1776, uno de sus negocios principales consiste en prestar capitales gigantescos, sobre todo a su poderoso competidor: a Inglaterra. Es lo mismo que hoy ocurre entre Inglaterra y los Estados Unidos. Muchos de los capitales que hoy comparecen en Norteamérica sin cédula de origen son sangre infantil recién capitalizada en Inglaterra. La gran parte que toca a la deuda pública, así como al sistema fiscal correspondiente, en la capitalización de la riqueza y la expropiación de las masas, ha inducido a una serie de escritores como Cobbett, Doubleday y otros a buscar erróneamente en aquélla la causa fundamental de la miseria de los pueblos modernos…

Como fue expropiada del suelo la población rural    
En Inglaterra, la servidumbre había desaparecido ya, de hecho, en los últimos años del siglo XIV. En esta época, y más todavía en el transcurso del siglo XV, la inmensa mayoría de la población se componía de campesinos libres, dueños de la tierra que trabajaban, cualquiera que fuese la etiqueta feudal bajo la que ocultasen su propiedad. En las grandes fincas señoriales, el bailiff [gerente de finca], antes siervo, había sido desplazado por el arrendatario libre. Los jornaleros agrícolas eran, en parte, campesinos que aprovechaban su tiempo libre para trabajar a sueldo de los grandes terratenientes y, en parte, una clase especial relativa y absolutamente poco numerosa de verdaderos asalariados. Más también éstos eran, de hecho, a la par que jornaleros, labradores independientes, puesto que, además del salario, se les daba casa y labranza con una cabida de 4 y más acres. Además, tenían derecho a compartir con los verdaderos labradores el aprovechamiento de los terrenos comunales en los que pastaban sus ganados y que, al mismo tiempo, les suministraban la madera, la leña, la turba, etc... La producción feudal se caracteriza, en todos los países de Europa, por la división del suelo entre el mayor número posible de tributarios. El poder del señor feudal, como el de todo soberano, no descansaba solamente en la longitud de su rollo de rentas, sino en el número de sus súbditos, que, a su vez, dependía de la cifra de campesinos independientes. Por eso, aunque después de la conquista normanda el suelo inglés se dividió en unas pocas baronías gigantescas, entre las que había algunas que abarcaban por sí solas hasta 900 lorazgos anglosajones antiguos, estaba salpicado de pequeñas explotaciones campesinas, interrumpidas sólo de vez en cuando por grandes fincas señoriales. Estas condiciones, combinadas con el esplendor de las ciudades característico del siglo XV, permitían que se desarrollase aquella riqueza nacional que el canciller Fortescue describe con tanta elocuencia en su Laudibus Legum Angliae («La superioridad de las leyes inglesas»), pero cerraban el paso a la riqueza capitalista.

El preludio de la transformación que había de echar los cimientos para el régimen de producción capitalista, coincide con el último tercio del siglo XV y los primeros decenios del XVI. El licenciamiento de las huestes feudales —que, como dice acertadamente Sir James Steuart, «llenaban inútilmente en todas partes casas y patios»— lanzó al mercado de trabajo a una masa de proletarios libres y desheredados. El poder real, producto también del desarrollo burgués, en su deseo de conquistar la soberanía absoluta aceleró violentamente la disolución de estas huestes feudales, pero no fue ésa, ni mucho menos, la única causa que la produjo. Los grandes señores feudales, levantándose tenazmente contra la monarquía y el parlamento, crearon un proletariado incomparablemente mayor, al arrojar violentamente a los campesinos de las tierras que cultivaban y sobre las que tenían los mismos títulos jurídicos feudales que ellos, y al usurparles sus bienes comunales. El florecimiento de las manufacturas laneras de Flandes y la consiguiente alza de los precios de la lana, fue lo que sirvió de acicate directo para esto en Inglaterra. La antigua aristocracia había sido devorada por las guerras feudales, la nueva era ya una hija de sus tiempos, de unos tiempos en los que el dinero es la potencia de las potencias. Por eso enarboló como bandera la transformación de las tierras de labor en terrenos de pastos para ovejas. En su Description of England. Prefixed to Holinshed's Chronicles («Descripción de Inglaterra. Antepuesta a las Crónicas Holinshed»), Harrison describe cómo la expropiación de los pequeños agricultores arruina al país. «What care our great encroachers!» (« ¡Qué se les da de esto a nuestros grandes usurpadores!») Las casas de los campesinos y los cottages (chozas) de los obreros fueron violentamente arrasados o entregados a la ruina.

«Consultando los viejos inventarios de las fincas señoriales» —dice Harrison—, «vemos que han desaparecido innumerables casas y pequeñas haciendas de campesinos; que el campo sostiene a mucha menos gente; que muchas ciudades se han arruinado, aunque hayan florecido algo otras nuevas... También podríamos decir algo de las ciudades y los pueblos destruidos para convertirlos en pastos para ovejas y en los que sólo quedan en pie las casas de los señores».

Aunque exageradas siempre, las lamentaciones de estas viejas crónicas describen con toda exactitud la impresión que producía en los hombres de la época la revolución que se estaba operando en las condiciones de producción. Comparando las obras de Tomás Moro con las del canciller Fortescue es como mejor se ve el abismo que separa al siglo XV del XVI. Como observa acertadamente Thornton, la clase obrera inglesa se precipitó directamente, sin transición, de la edad de oro a la edad de hierro.

La legislación se echó a temblar ante la transformación que se estaba operando. No había llegado todavía a ese apogeo de la civilización en que la «Wealth of the Nation» [«la riqueza nacional»], es decir, la creación de capital y la despiadada explotación y depauperación de la masa del pueblo, se considera como la última Thule de toda sabiduría política. En su historia de Enrique VII, dice Bacon:
«Por aquella época» (1489), «fueron haciéndose más frecuentes las quejas contra la transformación de las tierras de labranza en terrenos de pastos (pastos de ganado lanar, etc.), fáciles de atender con unos cuantos pastores; los arrendamientos temporales de por vida y por años» (de los que vivían una gran parte de los yeomen) «fueron convertidos en fincas dominicales. Esto trajo la decadencia del pueblo y, con ella, la decadencia de ciudades, iglesias, diezmos... En aquella época, la sabiduría del rey y del parlamento para curar el mal fue verdaderamente maravillosa... Dictaron medidas contra esta usurpación, que estaba despoblando los terrenos comunales (depopulating inclosures), y contra el régimen despoblador de los pastos (depopulating pasturage), que seguía las huellas de aquélla».

Un decreto de Enrique VII, dictado en 1489, c. 19, prohibió la destrucción de todas las casas de labradores que tuviesen asignados más de 20 acres de tierra. Enrique VIII (el acto del año 25 de su reinado) confirma la misma ley. En este decreto se dice, entre otras cosas, que «se acumulan en pocas manos muchas tierras arrendadas y grandes rebaños de ganado, principalmente de ovejas, lo que hace que las rentas de la tierra suban mucho y la labranza (tillage) decaiga extraordinariamente, que sean derruidas iglesias y casas, quedando asombrosas masas de pueblo incapacitadas para ganarse su vida y mantener a sus familias».

En vista de esto, la ley ordena que se restauren las granjas arruinadas, establece la proporción que debe guardarse entre las tierras de labranza y los terrenos de pastos, etc. Una ley de 1533 se queja de que haya propietarios que poseen hasta 24.000 cabezas de ganado lanar y limita el número de éstas a 2.000. Ni las quejas del pueblo, ni la legislación prohibitiva, que comienza con Enrique VII y dura ciento cincuenta años, consiguieron absolutamente nada contra el movimiento de expropiación de los pequeños arrendatarios y campesinos. Bacon nos revela, sin saberlo, el secreto de este fracaso. «El decreto de Enrique VII» —dice en sus Essays, civil and moral («Ensayos de lo civil y lo moral.), sect. 29— «encerraba un sentido profundo y maravilloso, puesto que creaba explotaciones agrícolas y casas de labranza de una determinada dimensión normal, es decir, les garantizaba una proporción de tierra que les permitía traer al mundo súbditos suficientemente ricos y sin posición servil, poniendo el arado en manos de propietarios y no de gentes a sueldo» («to keep the plough in the hand of the owners and not hirelings»)

Precisamente lo contrario de lo que exigía, para instalarse, el sistema capitalista: la sujeción servil de la masa del pueblo, la transformación de éste en un tropel de gentes a sueldo y de sus medios de trabajo en capital. Durante este período de transición, la legislación procuró también mantener el límite de 4 acres de tierra para los cottages del jornalero del campo, prohibiéndole meter en su casa gentes a sueldo. Todavía en 1627, reinando Carlos I, fue condenado un Roger Crocker de Fontmill por haber construido en el manor (finca) de Fontmill un cottage sin asignarle como anejo permanente 4 acres de tierra; en 1638, reinando aún Carlos I, se nombró una comisión real encargada de imponer la ejecución de las antiguas leyes, principalmente la que exigía los 4 acres de tierra como mínimo; todavía Cromwell prohíbe la construcción de casas en 4 millas a la redonda de Londres sin dotarlas de 4 acres de tierra. Más tarde, en la primera mitad del siglo XVIII, se formulan todavía quejas cuando el cottage de un jornalero del campo no tiene asignados, por lo menos, de 1 a 2 acres. Hoy día, el bracero del campo se da por satisfecho con tal de tener una casa con huerto o de poder arrendar dos varas de tierra a regular distancia.

«Terratenientes y arrendatarios» —dice el Dr. Hunter— «se dan la mano en este punto. Pocos acres de tierra bastarían para que el jornalero del campo disfrutase de demasiada independencia».
La Reforma, con su séquito de colosales depredaciones de los bienes de la Iglesia, vino a dar, en el siglo XVI, un nuevo y espantoso impulso al proceso violento de expropiación de la masa del pueblo. Al producirse la Reforma, la Iglesia católica era propietaria feudal de una gran parte del suelo inglés. La persecución contra los conventos, etc., transformó a sus moradores en proletariado. Muchos de los bienes de la Iglesia fueron regalados a unos cuantos rapaces protegidos del rey o vendidos por un precio irrisorio a especuladores rurales y a personas residentes en la ciudad, quienes, reuniendo sus explotaciones, arrojaron de ellas en masa a los antiguos arrendatarios, que las venían cultivando de padres a hijos. El derecho de los labradores empobrecidos a percibir una parte de los diezmos de la Iglesia, derecho garantizado por la ley, había sido ya tácitamente confiscado. Pauper ubique jacet, exclama la reina Isabel, después de recorrer Inglaterra. Por fin, en el año 43 de su reinado, el Gobierno no tuvo más remedio que dar estado oficial al pauperismo, creando el impuesto de pobreza.

«Los autores de esta ley no se atrevieron a proclamar sus razones y, rompiendo con la tradición de siempre, la promulgaron sin ningún preámbulo» (exposición de motivos).

Por la ley promulgada al año 16 del reinado de Carlos I, 4, este impuesto fue declarado perpetuo, y sólo a partir de 1834 cobró una forma nueva y más rigurosa. Pero estas consecuencias inmediatas de la Reforma no fueron las más persistentes. El patrimonio eclesiástico era el baluarte religioso detrás del cual se atrincheraba el régimen antiguo de propiedad territorial. Al derrumbarse aquél, éste tampoco podía mantenerse en pie Todavía en los últimos decenios del siglo XVII, la yeomanry, clase de campesinos independientes, era más numerosa que la clase de los arrendatarios. La yeomanry había sido el puntal más firme de Cromwell, y el propio Macaulay confiesa que estos labradores ofrecían un contraste muy ventajoso con aquellos hidalgüelos borrachos y sus lacayos, los curas rurales, cuya misión consistía en casar las «mozas predilectas». Todavía no se había despojado a los jornaleros del campo de su derecho de copropiedad sobre los bienes comunales. Alrededor de 1750, desapareció la yeomanry y en los últimos decenios del siglo XVIII se borraron hasta los últimos vestigios de propiedad comunal de los agricultores. Aquí, prescindimos de los factores puramente económicos que intervinieron en la revolución de la agricultura y nos limitamos a indagar los factores de violencia que la impulsaron.

Bajo la restauración de los Estuardos, los terratenientes impusieron legalmente una usurpación que en todo el continente se había llevado también a cabo sin necesidad de los trámites de la ley. Esta usurpación consistió en abolir el régimen feudal del suelo, es decir, en transferir sus deberes tributarios al estado, «indemnizando» a éste por medio de impuestos sobre los campesinos y el resto de las masas del pueblo, reivindicando la moderna propiedad privada sobre fincas en las que sólo asistían a los terratenientes títulos feudales y, finalmente, dictando aquellas leyes de residencia (laws of settlement) que, mutatis mutandis, [con cambios correspondientes] ejercieron sobre los labradores ingleses la misma influencia que el edicto del tártaro Borís Godunov sobre los campesinos rusos.

La «glorious Revolution» (Revolución gloriosa) entregó el poder, al ocuparlo Guillermo III de Orange y capitalistas-acaparadores. Estos elementos consagraron la nueva era, entregándose en una escala gigantesca al saqueo de los terrenos de dominio público, que hasta entonces sólo se había practicado en proporciones muy modestas. Estos terrenos fueron regalados, vendidos a precios irrisorios o simplemente anexionados a otros de propiedad privada, sin encubrir la usurpación bajo forma alguna. Y todo esto se llevó a cabo sin molestarse en cubrir ni la más mínima apariencia legal. Estos bienes del dominio público, apropiados de modo tan fraudulento, en unión de los bienes de que se despojó a la Iglesia —los que no le habían sido usurpados ya por la revolución republicana—, son la base de esos dominios principescos que hoy posee la oligarquía inglesa. Los capitalistas burgueses favorecieron esta operación, entre otras cosas, para convertir el suelo en un artículo puramente comercial, extender la zona de las grandes explotaciones agrícolas, hacer que aumentase la afluencia a la ciudad de proletarios libres y desheredados del campo, etc. Además, la nueva aristocracia de la tierra era la aliada natural de la nueva bancocracia, de la alta finanza, que acababa de dejar el cascarón, y de los grandes manufactureros, atrincherados por aquel entonces detrás del proteccionismo aduanero. La burguesía inglesa obró en defensa de sus intereses con el mismo acierto con que la de Suecia, siguiendo el camino contrario y haciéndose fuerte en su baluarte económico, el campesinado, apoyó a los reyes desde 1604 y más tarde bajo Carlos X y Carlos XI y les ayudó a rescatar por la fuerza los bienes de la Corona de manos de la oligarquía.

Los bienes comunales —completamente distintos de los bienes de dominio público, a que acabamos de referirnos— eran una institución de viejo origen germánico, que se mantenía en vigor bajo el manto del feudalismo. Hemos visto que la usurpación violenta de estos bienes, acompañada casi siempre por la transformación de las tierras de labor en pastos, comienza a fines del siglo XV y prosigue a lo largo del siglo XVI. Sin embargo, en aquellos tiempos este proceso revestía la forma de una serie de actos individuales de violencia, contra los que la legislación luchó infructuosamente durante 150 años. El progreso aportado por el siglo XVIII consiste en que ahora la propia ley se convierte en vehículo de esta depredación de los bienes del pueblo, aunque los grandes arrendatarios sigan empleando también, de paso, sus pequeños métodos personales e independientes. La forma parlamentaria que reviste este despojo es la de los Bills for Inclosures of Commons (leyes sobre el cercado de terrenos comunales); dicho en otros términos, decretos por medio de los cuales los terratenientes se regalan a sí mismos en propiedad privada las tierras del pueblo, decretos de expropiación del pueblo. Sir F. M. Eden se contradice a sí mismo en el astuto alegato curialesco en que procura explicar la propiedad comunal como propiedad privada de los grandes terratenientes que recogen la herencia de los señores feudales, al reclamar una «ley general del Parlamento sobre el derecho a cercar los terrenos comunales», reconociendo con ello, que la transformación de estos bienes en propiedad privada no puede prosperar sin un golpe de estado parlamentario, a la par que pide a la legislación una «indemnización, para los pobres expropiados.

Al paso que los yeomen independientes eran sustituidos por los tenants-at-will —pequeños colonos con contrato por un año, es decir, una chusma servil sometida al capricho de los terratenientes—, el despojo de los bienes del dominio público, y sobre todo la depredación sistemática de los terrenos comunales, ayudaron a incrementar esas grandes posesiones que se conocían en el siglo XVIII con los nombres de haciendas capitales o haciendas de comerciantes, y que dejaron a la población campesina «disponible» como proletariado al servicio de la industria.

Sin embargo, el siglo XVIII todavía no alcanza a comprender, en la medida en que había de comprenderlo el XIX, la identidad entre la riqueza nacional y la pobreza del pueblo. Por eso en los libros de Economía de esta época se produce una violentísima polémica en torno a la «inclosure of commons»). Entresaco unos cuantos pasajes de los materiales copiosísimos que tengo a la vista, para poner de relieve de un modo más vivo la situación.

«En muchas parroquias de Hertfordshire» —escribe una pluma indignada— «24 haciendas, cada una de las cuales contaba, por término medio, de 50 a 150 acres de extensión, se han fundido para formar sólo 3». «En Northamptonshire y Lincolnshire se ha impuesto la norma de cercar los terrenos comunales, y la mayoría de los lorazgos creados de este modo se han convertido en pastizales; a consecuencia de ello, hay muchos lorazgos que antes labraban 1.500 acres y que hoy no labran ni 50... Las ruinas de las viejas casas, cuadras y graneros», son los únicos vestigios de los antiguos moradores. «En algunos sitios, cien casas y familias han quedado reducidas... a 8 ó 10... En la mayoría de las parroquias, donde sólo se han comenzado a cercar los terrenos comunales desde hace quince o veinte años, los propietarios de tierra son en la actualidad poquísimos, en comparación con las cifras existentes cuando el suelo se cultivaba en régimen abierto. Es bastante frecuente encontrarse con lorazgos enteros recientemente cercados que antes se distribuían entre 20 ó 30 colonos y otros tantos pequeños labradores y tributarios, que hoy están usurpados por 4 ó 5 ganaderos ricos. Todos aquellos labradores fueron desalojados de sus tierras, en unión de sus familias y de muchas otras a las que daban trabajo y sustento».

Los terrenos anexionados por el terrateniente colindante, bajo pretexto de cercarlos, no eran siempre tierras yermas, sino también, con frecuencia, tierras cultivadas mediante un tributo al municipio, o comunalmente.

«Me refiero aquí al cercado de terrenos abiertos y de tierras ya cultivadas. Hasta los autores que defienden las inclosures reconocen que estos cercados refuerzan el monopolio de las grandes granjas, hacen subir el precio de las subsistencias y fomentan la despoblación... También al cercar los terrenos yermos, como ahora se hace, se despoja a los pobres de una parte de sus medios de sustento, incrementando haciendas que son ya de suyo harto grandes». «Si la tierra» —dice el Dr. Price— «cae en poder de un puñado de grandes colonos, los pequeños arrendatarios (en otro sitio los llama «una muchedumbre de pequeños propietarios y colonos que se mantienen a sí mismos y a sus familias con el producto de la tierra trabajada por ellos, con las ovejas, las aves, los cerdos, etc., que mandan a pastar a los terrenas comunales, no necesitando apenas, por tanto, comprar víveres para su consumo») «se verán convertidos en hombres obligados a trabajar para otros si quieren comer y tendrán que ir al mercado para proveerse de cuanto necesiten... Tal vez se trabaje más, porque la coacción será también mayor... Crecerán las ciudades y manufacturas, pues se verá empujada a ellas más gente en busca de trabajo. He aquí el camino hacia el que lógicamente se orienta la concentración de la propiedad territorial y por el que, desde hace muchos años, se viene marchando ya efectivamente en este reino».

Y resume los efectos generales de las inclosures en estos términos:
«En general, la situación de las clases humildes del pueblo ha empeorado en casi todos los sentidos; los pequeños propietarios de tierras y colonos se han visto reducidos al nivel de jornaleros y asalariados, a la par que se les hace cada vez más difícil ganarse la vida en esta situación».

En efecto, la usurpación de las tierras comunales y la revolución agrícola que la acompañaba empeoraron hasta tal punto la situación de los obreros agrícolas que, según el propio Eden, entre 1765 y 1780, su salario comenzó a descender por debajo del nivel mínimo, haciéndose necesario completarlo con el socorro oficial de pobreza. Su jornal, dice Eden, «alcanzaba a duras penas a cubrir sus necesidades más perentorias».

Oigamos ahora un instante a un defensor de las inclosures y adversario del Dr. Price.

«No es lógico inferir que exista despoblación porque ya no se vea a la gente derrochar su trabajo en campo abierto... Si al convertir a los pequeños labradores en personas obligadas a trabajar para otros, se moviliza más trabajo, es ésta una ventaja que la nación» (entre la que no figuran, naturalmente, los que sufren la transformación apuntada), «tiene que ver con buenos ojos... El producto será mayor si su trabajo combinado se emplea en una sola hacienda, así se creará un sobrante para las manufacturas haciendo de este modo que las manufacturas, una de las minas de oro de nuestra nación aumenten en proporción a la cantidad de trigo producido».

Sir F. M. Eden, matizado además de tory y de «filántropo», nos ofrece, por cierto, un ejemplo de la impasibilidad estoica con que los economistas contemplan las violaciones más descaradas del «sacrosanto derecho de propiedad» y la violencia más brutal contra la persona, cuando esto es necesario para echar los cimientos del régimen capitalista de producción. Toda la serie de despojos brutales, horrores y vejaciones que lleva aparejados la expropiación violenta del pueblo desde el último tercio del siglo XV hasta fines del siglo XVIII, sólo le inspira a nuestro autor esta «confortable» reflexión final:

«Era necesario restablecer la proporción debida (due) entre la tierra de labor y la destinada al ganado. Todavía durante todo el siglo XIV y la mayor parte del XV, por cada acre dedicado a ganadería había dos, tres y hasta cuatro dedicados a labranza. A mediados del siglo XVI, la proporción era ya de dos acres de ganadería por dos de labranza y más tarde de dos a uno, hasta que por último se consiguió establecer la proporción debida de tres acres de pastizales por cada acre de labranza».

En el siglo XIX se pierde, como es lógico, hasta el recuerdo de la conexión existente entre el agricultor y los bienes comunales. Para no hablar de los tiempos posteriores, bastará decir que la población rural no obtuvo ni un céntimo de indemnizaciones por los 3.511.770 acres de tierras comunales que entre los años de 1801 y 1831 le fueron arrebatados y ofrecidos como regalo a los terratenientes por el parlamento de terratenientes.

Finalmente, el último gran proceso de expropiación de los agricultores es el llamado Clearing of Estates («limpieza de fincas», que en realidad consistía en barrer de ellas a los hombres).
Todos los métodos ingleses que hemos venido estudiando culminan en esta «limpieza». Como veíamos al describir en la sección anterior la situación moderna, ahora que ya no había labradores independientes que barrer, las «limpias» llegan a barrer los mismos cottages, no dejando a los braceros del campo sitio siquiera para alojarse en las tierras que trabajan. Sin embargo, para saber lo que significa esto del «clearing of estates» en el sentido estricto de la palabra, tenemos que trasladarnos a la tierra de promisión de la literatura novelesca moderna: las montañas de Escocia. Es aquí donde este proceso a que nos referimos se distingue por su carácter sistemático, por la magnitud de la escala en que se opera de golpe (en Irlanda hubo terratenientes que consiguieron barrer varias aldeas a la vez; en la alta Escocia se trata de extensiones de la magnitud de los ducados alemanes), y finalmente, por la forma especial de la propiedad inmueble usurpada.

Los celtas de alta Escocia estaban divididos en clanes, y cada clan era propietario de los terrenos por él colonizados. El representante del clan, su jefe o «caudillo», no era más que un simple propietario titular de estos terrenos, del mismo modo que la reina de Inglaterra lo era del suelo de toda la nación. Cuando el Gobierno inglés hubo conseguido sofocar las guerras internas de estos «caudillos» y sus constantes irrupciones en las llanuras de la baja Escocia, los jefes de los clanes no abandonaron, ni mucho menos, su antiguo oficio de bandoleros; se limitaron a cambiarlo de forma. Por sí y ante sí, transformaron su derecho titular de propiedad en un derecho de propiedad privada, y como las gentes de los clanes opusieran resistencia, decidieron desalojarlas por la fuerza de sus posesiones.
«Con el mismo derecho» —dice el profesor Newman— «podría un rey de Inglaterra atreverse a arrojar a sus súbditos al mar».

En las obras de Sir James Steuart y James Anderson podemos seguir las primeras fases de esta revolución que en Escocia comienza después de la última intentona del pretendiente. En el siglo XVIII, a los gaeles lanzados de sus tierras se les prohibía al mismo tiempo emigrar del país, para así empujarlos por la fuerza a Glasgow y a otros centros fabriles de la región. Como ejemplo del método de expropiación predominante en el siglo XIX, bastará citar las «limpias» llevadas a cabo por la duquesa de Sutherland. Esta señora, muy instruida en las cuestiones de Economía política decidió, apenas hubo ceñido la corona de duquesa, aplicar a sus posesiones un tratamiento radical económico, convirtiendo todo su condado —cuyos habitantes, mermados por una serie de procesos anteriores semejantes a éste, habían ido quedando ya reducidos a 15.000— en pastos para ovejas. Desde 1814 hasta 1820 se desplegó una campaña sistemática de expulsión y exterminio para quitar de en medio a estos 15.000 habitantes, que formarían, aproximadamente, unas 3.000 familias. Todas sus aldeas fueron destruidas y arrasadas, sus campos convertidos todos en terreno de pastos. Las tropas británicas, enviadas por el Gobierno para ejecutar las órdenes de la duquesa, hicieron fuego contra los habitantes, expulsados de sus tierras. Una anciana pereció abrasada entre las llamas de su choza, por negarse a abandonarla. Así consiguió la señora duquesa apropiarse de 794.000 acres de tierra, pertenecientes al clan desde tiempos inmemoriales.

A los naturales del país desahuciados les asignó en la orilla del mar unos 6.000 acres, a razón de dos por familia. Hasta la fecha, esos 6.000 acres habían permanecido yermos, sin producir ninguna renta a sus propietarios. Llevada de su altruismo, la duquesa se dignó arrendar estos eriales por una renta media de 2 chelines y 6 peniques cada acre a aquellos mismos miembros del clan que habían vertido su sangre por su familia desde hacía siglos. Todos los terrenos robados al clan fueron divididos en 29 grandes granjas destinadas a la cría de lanares, atendida cada una de ella por una sola familia; los pastores eran, en su mayoría, braceros de arrendatarios ingleses. En 1825, los 15.000 gaeles habían sido sustituidos ya por 131.000 ovejas. Los aborígenes arrojados a la orilla del mar procuraban, entretanto, mantenerse de la pesca; se convirtieron en anfibios y vivían, según dice un escritor inglés de la época, mitad en tierra y mitad en el mar, sin vivir entre todo ello más que a medias.

Pero los bravos gaeles habían de pagar todavía más cara aquella idolatría romántica de montañeses por los «caudillos» de los clanes. El olor del pescado les dio en la nariz a los señores. Estos, barruntando algo de provecho en aquellas playas, las arrendaron a las grandes pescaderías de Londres, y los gaeles fueron arrojados de sus casas por segunda vez.

Finalmente, una parte de los pastos fue convertida en cotos de caza. Como es sabido, en Inglaterra no existen verdaderos bosques. La caza que corre por los parques de los aristócratas es, en realidad, ganado doméstico, gordo como los aldermen [concejales] de Londres. Por eso, Escocia es, para los ingleses, el último asilo de la «noble pasión» de la caza.

«En la montaña» —dice Somers en 1848— «se han extendido considerablemente los cotos de caza. A un lado de Gaick tenemos el nuevo coto de caza de Glenfeshie y al otro lado el nuevo coto de caza de Ardverikie. En la misma dirección, tenemos el Black Mount, un erial inmenso, recién crecido. De Este a Oeste, desde las inmediaciones de Aberdeen hasta las rocas de Oban, se extiende ahora una línea ininterrumpida de cotos de caza, mientras que en otras regiones de la alta Escocia se alzan los cotos de caza nuevos de Loch Archaig, Glengarry, Glenmoriston, etc. Al convertirse sus tierras en terrenos de pastos para ovejas..., los gaeles se vieron empujados a las comarcas estériles. Ahora la caza comienza a sustituir a las ovejas, empujando a aquéllos a una miseria todavía más espantosa... Los montes de caza no pueden convivir con la gente. Uno de los dos tiene que batirse en retirada y abandonar el campo. Si en los próximos veinticinco años los cotos de caza siguen creciendo en las mismas proporciones que en el último cuarto de siglo, no quedará ni un solo gael en su tierra natal. Este movimiento que se ha desarrollado entre los propietarios de las comarcas monstruosas se debe, en parte, a la moda, a la manía aristocrática, a la afición a la caza, etc., pero hay también muchos que explotan esto con la mira puesta exclusivamente en la ganancia, pues es indudable que, muchas veces, un pedazo de montaña convertido en coto de caza es bastante más rentable que empleado como terreno de pastos... El aficionado que busca un coto de caza no pone a su deseo más límite que la anchura de su bolsa... Sobre la montaña escocesa han llovido penalidades no menos crueles que las impuestas a Inglaterra por la política de los reyes normandos. A la caza se la deja correr en libertad, sin tasarle el terreno: en cambio, a las personas se las acosa y se las mete en fajas de tierras cada vez más estrechas... Al pueblo le fueron arrebatadas unas libertades tras otras... Y la opresión crece diariamente. Los propietarios siguen la norma de diezmar y exterminar a la gente como un principio fijo, como una necesidad agrícola, lo mismo que se talan los árboles y la maleza en las espesuras de América y Australia, y esta operación sigue su marcha tranquila y comercial»

La depredación de los bienes de la Iglesia, la enajenación fraudulenta de las tierras del dominio público, el saqueo de los terrenos comunales, la metamorfosis, llevada a cabo por la usurpación y el terrorismo más inhumano de la propiedad feudal y del patrimonio del clan en la moderna propiedad privada: he ahí otros tantos métodos idílicos de acumulación originaria. Con estos métodos se abrió paso a la agricultura capitalista, se incorporó el capital a la tierra y se crearon los contingentes de proletarios libres y privados de medios de vida que necesitaba la industria de las ciudades.

Legislación sangrienta contra los expropiados, a partir de fines del siglo XV. Leyes reduciendo el salario
Los contingentes expulsados de sus tierras al disolverse las huestes feudales y ser expropiados a empellones y por la fuerza formaban un proletariado libre y privado de medios de existencia, que no podía ser absorbido por las manufacturas con la misma rapidez con que aparecía en el mundo. Por otra parte, estos seres que de repente se veían lanzados fuera de su órbita acostumbrada de vida, no podían adaptarse con la misma celeridad a la disciplina de su nuevo estado. Y así, una masa de ellos fue convirtiéndose en mendigos, salteadores y vagabundos; algunos por inclinación, pero los más, obligados por las circunstancias. De aquí que a fines del siglo XV y durante todo el siglo XVI se dictase en toda Europa Occidental una legislación sangrienta persiguiendo el vagabundaje. De este modo, los padres de la clase obrera moderna empezaron viéndose castigados por algo de que ellos mismos eran víctimas, por verse reducidos a vagabundos y mendigos. La legislación los trataba como a delincuentes «voluntarios», como si dependiese de su buena voluntad el continuar trabajando en las viejas condiciones, ya abolidas.

En Inglaterra, esta legislación comenzó bajo el reinado de Enrique VII.

Enrique VIII, 1530: Los mendigos viejos e incapacitados para el trabajo deberán proveerse de licencia para mendigar. Para los vagabundos capaces de trabajar, por el contrario, azotes y reclusión. Se les atará a la parte trasera de un carro y se les azotará hasta que la sangre mane de su cuerpo, devolviéndolos luego, bajo juramento, a su pueblo natal o al sitio en que hayan residido durante los últimos tres años, para que «se pongan a trabajar» (to put himself to labour). ¡Qué ironía tan cruel! El acto del año 27 del reinado de Enrique VIII reitera el estatuto anterior, pero con nuevas adicciones, que lo hacen todavía más riguroso. En caso de reincidencia de vagabundaje, deberá azotarse de nuevo al culpable y cortarle media oreja; a la tercera vez que se le coja, se le ahorcará como criminal peligroso y enemigo de la sociedad.

Eduardo VI: Un estatuto dictado en el primer año de su reinado, en 1547, ordena que si alguien se niega a trabajar se le asigne como esclavo a la persona que le denuncie como holgazán. El dueño deberá alimentar a su esclavo con pan y agua, bodrio y los desperdicios de carne que crea conveniente. Tiene derecho a obligarle a que realice cualquier trabajo, por muy repelente que sea, azotándole y encadenándole, si fuera necesario. Si el esclavo desaparece durante dos semanas, se le condenará a esclavitud de por vida, marcándole a fuego con una S [S-Slave, esclavo, en inglés] en la frente o en un carrillo; si huye por tercera vez, se le ahorcará como reo de alta traición. Su dueño puede venderlo, legarlo a sus herederos o cederlo como esclavo, exactamente igual que el ganado o cualquier objeto mueble. Los esclavos que se confabulen contra sus dueños serán también ahorcados. Los jueces de paz seguirán las huellas a los pícaros, tan pronto se les informe. Si se averigua que un vagabundo lleva tres días seguidos haraganeando, se le expedirá a su pueblo natal con una V marcada a fuego en el pecho, y le sacarán con cadenas a la calle a trabajar en la construcción de carreteras o empleándole en otros servicios. El vagabundo que indique un falso pueblo de nacimiento será castigado a quedarse en él toda la vida como esclavo, sea de los vecinos o de la corporación, y se le marcará a fuego con una S. Todo el mundo tiene derecho a quitarle al vagabundo sus hijos y tenerlos bajo su custodia como aprendices: los hijos hasta los veinticuatro años, las hijas hasta los veinte. Si se escapan, serán entregados como esclavos, hasta dicha edad, a sus maestros, quienes podrán azotarlos, cargarlos de cadenas, etc., a su libre albedrío. El maestro puede poner a su esclavo un anillo de hierro en el cuello, el brazo o la pierna, para identificarlo mejor y tenerlo más a mano. En la última parte de este estatuto se establece que ciertos pobres podrán ser obligados a trabajar para el lugar o el individuo que les dé de comer y-beber y les busque trabajo. Esta clase de esclavos parroquiales subsiste en Inglaterra hasta bien entrado el siglo XIX, bajo el nombre de roundsmen (rondadores).

Isabel, 1572: Los mendigos sin licencia y mayores de catorce años serán azotados sin misericordia y marcados con hierro candente en la oreja izquierda, caso de que nadie quiera tomarlos durante dos años a su servicio. En caso de reincidencia, siempre que sean mayores de dieciocho años y nadie quiera tomarlos por dos años a su servicio, serán ahorcados. Al incidir por tercera vez, se les ahorcará irremisiblemente como reos de alta traición. Otros estatutos semejantes: el del año 18 del reinado de Isabel, c. 13, y la ley de 1597.

Jacobo I: Todo el que no tenga empleo fijo y se dedique a mendigar es declarado vagabundo. Los jueces de paz de las Petty Sessions quedan autorizados a mandar a azotarlos en público y a recluirlos en la cárcel, a la primera vez que se les sorprenda, por seis meses, a la segunda, por dos años. Durante su permanencia en la cárcel, podrán ser azotados tantas veces y en tanta cantidad como los jueces de paz crean conveniente... Los vagabundos peligrosos e incorregibles deberán ser marcados a fuego con una R en el hombro izquierdo y sujetos a trabajos forzados; y si se les sorprende nuevamente mendigando, serán ahorcados sin misericordia. Estos preceptos, que conservan su fuerza legal hasta los primeros años del siglo XVIII, sólo fueron derogados por el reglamento del año 12 del reinado de Ana, c. 23.

Leyes parecidas a éstas se dictaron también en Francia, en cuya capital se había establecido, a mediados del siglo XVII, un verdadero reino de vagabundos (royaume des truands). Todavía en los primeros años del reinado de Luis XVI (Ordenanza del 13 de julio de 1777), disponía la ley que se mandase a galeras a todas las personas de dieciséis a sesenta años que, gozando de salud, careciesen de medios de vida y no ejerciesen ninguna profesión. Normas semejantes se contenían en el estatuto dado por Carlos V, en octubre de 1537, para los Países Bajos, en el primer edicto de los estados y ciudades de Holanda (l9 de marzo de 1614), en el bando de las Provincias Unidas (25 de junio de 1649), etc.

Véase, pues, cómo después de ser violentamente expropiados y expulsados de sus tierras y convertidos en vagabundos, se encajaba a los antiguos campesinos, mediante leyes grotescamente terroristas a fuerza de palos, de marcas a fuego y de tormentos, en la disciplina que exigía el sistema del trabajo asalariado.

No basta con que las condiciones de trabajo cristalicen en uno de los polos como capital y en el polo contrario como hombres que no tienen nada que vender más que su fuerza de trabajo. Ni basta tampoco con obligar a éstos a venderse voluntariamente. En el transcurso de la producción capitalista, se va formando una clase obrera que, a fuerza de educación, de tradición, de costumbre, se somete a las exigencias de este régimen de producción como a las más lógicas leyes naturales. La organización del proceso capitalista de producción ya desarrollado vence todas las resistencias; la creación constante de una superpoblación relativa mantiene la ley de la oferta y la demanda de trabajo y, por ello, l salario a tono con las necesidades de crecimiento del capital, y la presión sorda de las condiciones económicas sella el poder de mando del capitalista sobre el obrero. Todavía se emplea, de vez en cuando, la violencia directa, extraeconómica; pero sólo en casos excepcionales. Dentro de la marcha natural de las cosas, ya puede dejarse al obrero a merced de las «leyes naturales de la producción», es decir, puesto en dependencia del capital, dependencia que las propias condiciones de producción engendran, garantizan y perpetúan. Durante la génesis histórica de la producción capitalista, no ocurre aun así. La burguesía, que va ascendiendo, necesita y emplea todavía el poder del estado para «regular» los salarios, es decir, para sujetarlos dentro de los límites que benefician a la extracción de plusvalía, y para alargar la jornada de trabajo y mantener al mismo obrero en el grado normal de dependencia. Es éste un factor esencial de la llamada acumulación originaria.

La clase de los obreros asalariados, que surgió en la segunda mitad del siglo XIV, sólo representaba por aquel entonces y durante el siglo siguiente una parte muy pequeña de la población y tenía bien cubierta la espalda por la economía de los campesinos independientes, de una parte, y, de otra, por la organización gremial de las ciudades. Tanto en la ciudad como en el campo, había una cierta afinidad social entre patronos y obreros. La supeditación del trabajo al capital era sólo formal; es decir, el modo de producción no presentaba aún un carácter específicamente capitalista. El elemento variable del capital predominaba considerablemente sobre el constante. Por eso, la demanda de trabajo asalariado crecía rápidamente con cada acumulación de capital mientras la oferta sólo le seguía lentamente. Por aquel entonces, todavía se invertía en el fondo de consumo del obrero una gran parte del producto nacional, que más tarde había de convertirse en fondo de acumulación de capital.

En Inglaterra, la legislación sobre el trabajo asalariado, encaminada desde el primer momento a la explotación del obrero y enemiga de él desde el primer instante hasta el último, comienza con el Statute of Labourers [Estatuto de obreros] de Eduardo III, en 1349. A él corresponde, en Francia la Ordenanza de 1350, dictada en nombre del rey Juan. La legislación inglesa y francesa sigue rumbos paralelos y tienen idéntico contenido. En la parte en que los estatutos obreros procuran imponer la prolongación de la jornada de trabajo no hemos de volver sobre ellos, pues este punto ha sido tratado ya (parte 5 del capítulo VIII).

El Statute of Labourers se dictó ante las apremiantes quejas de la Cámara de los Comunes.

«Antes» —dice candorosamente un tory— «los pobres exigían unos jornales tan altos, que ponían en trance de ruina la industria y la riqueza. Hoy, sus salarios son tan bajos, que ponen también en trance de ruina la industria y la riqueza, pero de otro modo y tal vez más amenazadoramente que antes».

En este estatuto se establece una tarifa legal de salarios para el campo y la ciudad, por piezas y por días. Los obreros del campo deberán contratarse por años, los de la ciudad «en el mercado libre». Se prohíbe, bajo penas de cárcel, abonar jornales superiores a los señalados por el estatuto, pero el delito de percibir tales salarios ilegales se castiga con mayor dureza que el delito de abonarlos. Siguiendo esta norma, en las sec. 18 y 19 del Estatuto de aprendices dictado por la reina Isabel se castiga con diez días de cárcel al que abone jornales excesivos; en cambio, al que los cobre se le castiga con veintiuno. Un estatuto de 1360 aumenta las penas y autoriza incluso al patrono para imponer, mediante castigos corporales, el trabajo por el salario tarifado. Todas las combinaciones, contratos, juramentos, etc., con que se obligan entre sí los albañiles y los carpinteros son declarados nulos. Desde el siglo XIV hasta 1825, el año de la abolición de las leyes anticoalicionistas, las coaliciones obreras son consideradas como un grave crimen. Cuál era el espíritu que inspiraba el estatuto obrero de 1349 y sus hermanos menores se ve claramente con sólo advertir que en él se fijaba por imperio del estado un salario máximo; lo que no se prescribía ni por asomo era un salario mínimo.

Durante el siglo XVI, empeoró considerablemente, como se sabe, la situación de los obreros. El salario en dinero subió, pero no proporcionalmente a la depreciación del dinero y a la correspondiente subida de los precios de las mercancías. En realidad, pues, los jornales bajaron. A pesar de ello, seguían en vigor las leyes encaminadas a hacerlos bajar, con la conminación de cortar la oreja y marcar con el hierro candente a aquellos «que nadie quisiera tomar a su servicio». El Estatuto de aprendices del año 5 del reinado de Isabel, c. 3, autorizaba a los jueces de paz a fijar determinados salarios y modificarlos, según las épocas del año y los precios de las mercancías. Jacobo I hizo extensiva esta norma a los tejedores, los hilanderos y toda suerte de categorías obreras, y Jorge II extendió las leyes contra las coaliciones obreras a todas las manufacturas.

Dentro del período propiamente manufacturero, el régimen capitalista de producción sentíase ya lo suficientemente fuerte para que la reglamentación legal de los salarios fuese tan impracticable como superflua, pero se conservaban, por si acaso, las armas del antiguo arsenal. Todavía el reglamento publicado el año 8 del reinado de Jorge II prohíbe que los oficiales de sastre de Londres y sus alrededores cobren más de 2 chelines y 7 peniques y medio de jornal, salvo en casos de duelo público; el reglamento del año 13 del reinado de Jorge III, c. 68, encomienda a los jueces de paz la reglamentación del salario de los tejedores en seda; todavía en 1796, fueron necesarios dos fallos de los tribunales superiores para decidir si las órdenes de los jueces de paz sobre salarios regían también para los obreros no agrícolas; en 1799, una ley del parlamento confirma que el salario de los obreros mineros de Escocia se halla reglamentado por un estatuto de la reina Isabel y dos leyes escocesas de 1661 y 1671. Un episodio inaudito, producido en la Cámara de los Comunes de Inglaterra, vino a demostrar hasta qué punto habían cambiado las cosas. Aquí, donde durante más de 400 años se habían estado fabricando leyes sobre la tasa máxima que en modo alguno podía rebasar el salario pagado a un obrero, se levantó en 1796 un diputado, Whitbread, para proponer un salario mínimo para los jornaleros del campo. Pitt se opuso a la propuesta, aunque reconociendo que «la situación de los pobres era cruel». Por fin, en 1813 fueron derogadas las leyes sobre reglamentación de salarios. Estas leyes eran una ridícula anomalía, desde el momento en que el capitalista regía la fábrica con sus leyes privadas, haciéndose necesario completar el salario del bracero del campo con el tributo de pobreza para llegar al mínimo indispensable. Las normas de los Estatutos obreros sobre los contratos entre el patrono y sus jornaleros, sobre los plazos de aviso, etc., las que sólo permiten demandar por lo civil contra el patrono que falta a sus deberes contractuales, permitiendo, en cambio, procesar por lo criminal al obrero que no cumple los suyos, siguen en pleno vigor hasta la fecha.

Las crueles leyes contra las coaliciones hubieron de derogarse en 1825, ante la actitud amenazadora del proletariado. No obstante, sólo fueron derogadas parcialmente. Hasta 1859 no desaparecieron algunos hermosos vestigios de los antiguos estatutos. Finalmente, la ley votada por el parlamento el 29 de junio de 1871 prometió borrar las últimas huellas de esta legislación de clase, mediante el reconocimiento legal de las tradeuniones. Pero otra ley parlamentaria de la misma fecha (An act to amend the criminal law relating to violence, threats and molestation) («Acto para enmendar la criminal ley acerca de la violencia, las amenazas y las vejaciones») restablece, en realidad, el antiguo estado de derecho bajo una forma nueva. Mediante este escamoteo parlamentario, los recursos de que pueden valerse los obreros en caso de huelga o lockout (huelga de los fabricantes coaligados, para cerrar sus fábricas), se sustraen al derecho común y se someten a una legislación penal de excepción, que los propios fabricantes son los encargados de interpretar, en su función de jueces de paz. Dos años antes, la misma Cámara de los Comunes y el mismo señor Gladstone, con su proverbial honradez, habían presentado un proyecto de ley aboliendo todas las leyes penales de excepción contra la clase obrera. Pero no se le dejó pasar de la segunda lectura, y se fue dando largas al asunto, hasta que, por fin, el «gran partido liberal», fortalecido por la alianza con los tories, tuvo la valentía necesaria para votar contra el mismo proletariado que le había encaramado en el poder. No contento con esta traición, el «gran partido liberal» permitió que los jueces ingleses, que tanto se desviven en el servicio a las clases gobernantes, desenterrasen las leyes ya prescritas sobre las «conspiraciones» y las aplicasen a las coaliciones obreras. Como se ve, el parlamento inglés renunció a las leyes contra las huelgas y las tradeuniones de mala gana y presionado por las masas, después de haber desempeñado él durante cinco siglos, con el egoísmo más desvergonzado, el papel de una tradeunión permanente de los capitalistas contra los obreros.

En los mismos comienzos de la tormenta revolucionaria, la burguesía francesa se atrevió a arrebatar de nuevo a los obreros el derecho de asociación que acababan de conquistar. Por decreto del 14 de junio de 1791, declaró todas las coaliciones obreras como un «atentado contra la libertad y la Declaración de los Derechos del Hombre», sancionable con una multa de 500 libras y privación de la ciudadanía activa durante un año. Esta ley, que, poniendo a contribución el poder policíaco del estado, procura encauzar dentro de los límites que al capital le plazcan la lucha de concurrencia entablada entre el capital y el trabajo, sobrevivió a todas las revoluciones y cambios de dinastía. Ni el mismo régimen del terror se atrevió a tocarla. No se la borró del Código penal hasta hace muy poco. Nada más elocuente que el pretexto que se dio, al votar la ley para justificar este golpe de estado burgués. «Aunque es de desear —dice el ponente de la ley, Le Chapelier— que los salarios suban por encima de su nivel actual, para que quienes los perciben puedan sustraerse a esa dependencia absoluta que supone la carencia de los medios de vida más elementales, y que es casi la esclavitud», a los obreros se les niega el derecho a ponerse de acuerdo sobre sus intereses, a actuar conjuntamente y, por tanto, a vencer esa «dependencia absoluta, que es casi la esclavitud», porque con ello herirían «la libertad de sus cidevant maîtres [anteriores dueños] y actuales patronos» (¡la libertad de mantener a los obreros en la esclavitud!), y porque el coaligarse contra el despotismo de los antiguos maestros de las corporaciones equivaldría —¡adivínese!— a restaurar las corporaciones abolidas por la Constitución francesa.
http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/24.htm
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Desarrollo histórico de las relaciones capitalistas de producción Empty La manufactura

Mensaje por Jordi de Terrassa el Miér Mayo 04, 2016 8:49 pm

La manufactura
Karl Marx y Friedrich Engels en El Manifiesto Comunista:
El descubrimiento de América, la circunnavegación de África abrieron nuevos horizontes e imprimieron nuevo impulso a la burguesía. El mercado de China y de las Indias orientales, la colonización de América, el intercambio con las colonias, el incremento de los medios de cambio y de las mercaderías en general, dieron al comercio, a la navegación, a la industria, un empuje jamás conocido, atizando con ello el elemento revolucionario que se escondía en el seno de la sociedad feudal en descomposición.

El régimen feudal o gremial de producción que seguía imperando no bastaba ya para cubrir las necesidades que abrían los nuevos mercados.  Vino a ocupar su puesto la manufactura.  Los maestros de los gremios se vieron desplazados por la clase media industrial, y la división del trabajo entre las diversas corporaciones fue suplantada por la división del trabajo dentro de cada taller.
http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm
Como forma de producción capitalista la fase manufacturera surgió en Europa en el siglo XV, y predominó hasta el último tercio del siglo XVIII, siendo la tercera fase de desarrollo del capitalismo, período donde el capital comercial europeo alcanza la hegemonía mundial, con el tratado de Tordesillas España y Portugal se reparten el comercio mundial.

Desarrollo histórico de las relaciones capitalistas de producción Dxjwhz

Ante el debilitamiento económico y político de los gremios, producido por el estancamiento económico producto de la concentración monopolista, y por la epidemia de peste negra, surge una nueva figura el empresario comercial independiente.
Desarrollo histórico de las relaciones capitalistas de producción 10eki6a

La característica de la primera etapa de la manufactura estriba en que los trabajadores semi-proletarios, son campesinos que trabajan en sus casas, obtienen un ingreso extra hilando, tejiendo o elaborando otras manufacturas. El empresario capitalista les suministra las materias primas, eludiendo el control monopolista del gremio medieval. Los burgueses enriquecidos por el comercio, la manufactura o los cargos públicos, en las ciudades emancipadas del dominio feudal, empiezan a comprar tierras alrededor de las ciudades a los señores feudales o se apropian de las tierras comunales. La siguiente etapa de la producción manufacturera es la manufactura centralizada; con ella, los obreros asalariados explotados por el capital se concentran en un lugar. En la fase manufacturera del capitalismo existen dos tipos de manufactura de naturaleza diferente;
· Manufacturas donde están concentrados obreros de especialidades diferentes, los cuales ejecutan hasta el fin todo el proceso de producción necesario para crear un determinado producto; Ciclo de máquinas manejadas por artesanos, fabricadas por artesanos y movidas por animales o por molinos de agua (1400 – 1600) Inventos Tornillo (Alemania. 1405) Imprenta tipos móviles (Alemania. 1450. Johannes Gutemberg) Lentes cóncava (1450. Nicolás de Cusa) Astrolabio (Europa. 1470) Granadas (Francia. 1528) Tapón de corcho (Francia. 1530) Lápiz (1565. Konrad von Gesner) Microscopio compuesto (Holanda. 1590. Zacharias Hans Janssen) Telescopio (Holanda. 1590. Hans Lippershey) Termómetro (Italia. 1592. Galileo Galilei)

· Manufacturas donde se concentran artesanos de la misma especialidad. La labor homogénea se descompone en diversas operaciones que se convierten en función especial de cada obrero por separado. Este segundo tipo de manufactura con una nueva y más eficaz división del trabajo basada en el conocimiento y la habilidad individual, da lugar a un nuevo desarrollo de las fuerzas productivas revolucionando las relaciones de producción y acaba por destruir el poder de los monopolios de los gremios artesanales por improductivos.

El capital comercial en las ciudades se hace hegemónico y desplaza a la nobleza feudal como clase dominante. Se establecen monopolios comerciales que dan lugar a la expansión del colonialismo en el siglo XVI. Con el descubrimiento de América aparecen nuevas rutas comerciales de nuevos productos y materias primas, la ampliación de los mercados y el comercio es a escala mundial, la creación de mercados de usura y la acumulación de capital convertirá a las potencias económicas europeas en hegemónicas en el mundo.

En del siglo XVII, con el desarrollo de la manufactura, se produce una revolución científica con la aparición de la ciencia mecánica, tanto la cinemática como la dinámica, (Kepler, Galileo, Newton) que provoca una evolución en el pensamiento filosófico, que se traduce en el enfrentamiento entre el empirismo y el racionalismo.

La escuela de Salamanca
Martín de Azpilcueta en Comentario resolutorio de usuras escribió:En las tierras do ay gran falta de dinero, todas las otras cosas vendibles, y aún las manos y trabajos de los hombres se dan por menos dinero que do ay abundancia del; como por la experiencia se ve que en Francia, donde ay menos dinero que en España, vale mucho menos el pan, vino, paños, manos y trabajos; y aun en España, el tiempo, que avía menos dinero, por mucho menos se davan las cosas vendibles, las manos y trabajos de los hombres, que después que las Indias descubiertas la cubrieron de oro y plata. La causa de lo cual es, que el dinero vale más donde y cuando ay falta del, que donde, y cuando ay abundancia.
http://books.google.es/books?id=l288AAAAcAAJ&printsec=frontcover&hl=ca&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false
Los escolásticos de la escuela de Salamanca son los primeros en estudiar la relación entre la oferta monetaria y el nivel de precios, debido a la inflación que se produjo en España por la afluencia masiva de oro y plata procedente de las minas de América durante el siglo XVI, consecuencia de lo cual convirtió a España y en concreto a Sevilla en el centro económico mundial, desplazando a las ciudades comerciales del norte de Italia. Esta escuela es considerada, por algunos, como el inicio de la economía como ciencia. Los miembros de la escuela de Salamanca eran, en general, partidarios de la libertad de marcado, de la propiedad privada sobre la comunal y de la teoría cuantitativa del dinero. Siguen la doctrina tradicional de la iglesia, se oponen a los préstamos con interés, y en cuanto a los depósitos a la vista son partidarios del coeficiente de caja del cien por cien. Los más destacados defensores de esta línea son Saravia de la Calle, Martín de Azpilcueta y Tomás de Mercado. Más tarde, probablemente, para justificar las prácticas de la corona de apropiarse de los depósitos bancarios a cambio de deuda, y la obtención de préstamos de los banqueros para financiar la política imperial, otros miembros de la escuela de Salamanca justifican el préstamo con interés y la banca de reserva fraccionaria con limitaciones, los más destacados partidarios de esta línea son Domingo de Soto, Luis de Molina y Juan de Lugo;
Luis de Molina en Tratados sobre los cambios escribió:… hay que advertir que [los banqueros] pecan mortalmente si el dinero que tienen en depósito lo comprometen en sus negocios en tal cantidad que se ven luego incapacitados para entregar en el momento oportuno las cantidades que los depositantes piden o mandan pagar con cargo al dinero que tienen depositado [...] Asimismo, pecan mortalmente si se dedican a negocios tales que corren el peligro de llegar a una situación en que no puedan pagar los depósitos. Por ejemplo, si envían tantas mercancías a ultramar que, en caso de naufragar la nave, o de que sea apresada por piratas, no les sea posible pagar los depósitos ni aun vendiendo su patrimonio. Y no sólo pecan mortalmente cuando el negocio acaba mal, sino también aunque concluya favorablemente. Y eso por razón del peligro a que se expusieron de causar daño a los depositantes y fiadores que ellos mismos aportaron para los depósitos.
http://books.google.es/books?id=-naV8iWsno0C&pg=PR9&lpg=PR9&dq=Luis+de+Molina,+Tratados+sobre+los+cambios,+1597&source=bl&ots=F4AO9EqaSM&sig=tsYXZEORkYAEG0nZW0Lfcct0-U4&hl=ca&sa=X&ei=EBMLU_rvLKiO0AWMhIHwAw&redir_esc=y#v=onepage&q=Luis%20de%20Molina%2C%20Tratados%20sobre%20los%20cambios%2C%201597&f=false
Tras el fallecimiento de Fernando el Católico y la regencia del cardenal Cisneros, llega a España Carlos I, nieto de Fernando, en 1517. Un monarca de 17 años, criado en la Corte de Gante, que desconoce el idioma y las costumbres de los reinos ibéricos que va a gobernar. Se encuentra con los nobles terratenientes revueltos, con el objetivo de recuperar el poder perdido en época de los Reyes Católicos, y a los capitalistas de las manufacturas laneras -la lana era el recurso más importante en esta época- enfrentados al capital comercial que ambicionaba exportar toda la producción a Flandes, mientras que los capitalistas manufactureros textiles, que pretendía que se quedara en Castilla. La derrota del capital manufacturero castellano a manos de terratenientes y del capital comercial en Villalar de los Comuneros, invirtió la relación económica de Castilla con Inglaterra, el desarrollo de la Mesta en Castilla provocó el debilitamiento económico de los terratenientes ingleses que abastecían las manufacturas castellanas y acabó con las manufacturas textiles castellanas en Flandes e Inglaterra fortaleciendo al capital manufacturero holandés e inglés.

Por otro parte, la práctica fraudulenta de la banca de reserva fraccionaria, entre otros de los usureros sevillanos, que sirvió para financiar la política del emperador Carlos V, I de España y de Felipe II, esta política económica de endeudamiento público y privado acabó por sumir en la bancarrota a la economía española a finales del siglo XVI, el hundimiento a la postre del imperio español a mediados del siglo XVII, y el establecimiento de un nuevo orden mundial con el tratado de Utrecht, en el que España pasa a ser una potencia de segundo orden a principios del siglo XVIII.
Nace en las Indias honrado,
donde el mundo le acompaña.
Viene a morir en España
y es en Génova enterrado...
¡Poderoso caballero es Don Dinero!

El mercantilismo
Thomas Mun en A discourse of trade from England unto the East Indies escribió:Los medios de enriquecer este reino y de aumentar nuestro tesoro.

Aunque un reino se puede enriquecer por los dones recibidos, o en las compras adquiridas de algunas otras naciones, todas éstas son cosas inciertas y de poca importancia cuando suceden. Por tanto, el medio normal de aumentar nuestra riqueza y tesoro es mediante el comercio exterior, por lo que debemos siempre seguir esta regla; vender cada año más a los extranjeros de lo que consumimos de ellos en valor. (...) Manteniendo esta norma en nuestro comercio, podemos estar seguros de que el reino será enriquecido anualmente en doscientas mil libras, que nos llegarán como tesoro; porque esa parte de nuestra producción que no vuelve a nosotros en mercancías se debe volver necesariamente a casa en tesoro.
http://www.eumed.net/cursecon/economistas/Mun.htm
La fase de capital comercial y agrario se caracteriza por máquinas manejadas por artesanos, fabricadas por artesanos y movidas por tracción animal o por molinos de agua y de viento (1600 a 1787) Aunque pueden considerarse precursores de las sociedades anónimas los bancos italianos de los siglos XIV y XV como el Ambrosiano o la Casa de San Jorge, la última era una asociación de los acreedores de la República genovesa. Históricamente las sociedades anónimas modernas encuentran su origen en las compañías coloniales, la primera fue la Compañía Británica de las Indias Orientales fundada en 1600 por la Carta Real de la reina Isabel I de Inglaterra, que le garantizaba el monopolio del comercio en las Indias Orientales. Constituida con un capital inicial de 744.000 libras esterlinas, dividido en acciones de 50 libras cada una. La compañía holandesa de las indias Orientales en 1602 con un aporte de capital inicial de 6,5 millones de florines, fundada por concesión monopolista de los Estados Generales de las Provincias Unidas. Las primeras compañías comerciales francesas se remontan al ministerio de Richelieu (1642), fueron las de Canadá y las de las islas de América. En España el estado detentó el monopolio del tráfico colonial hasta el siglo XVIII, hasta con la creación de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas (1728) Inventos. Regla de cálculo (1622. William Oughtred) Calculadora (1623. Wilhelm Schickard) Turbina de vapor (Italia. 1629. Giovanni Branca) Máquina de sumar (Francia. 1642. Blaise Pascal) Barómetro (Italia, 1643. Evangelista Torricelli) Bomba de vacío (Alemania. 1650. Otto von Guericke) Reloj de péndulo

Las sociedades anónimas de capital holandés son quienes desde 1620 en adelante se establecieron en las Antillas, y protegiendo abiertamente a los filibusteros y piratas, arrebataron a la corona española la supremacía en el Caribe. Las sociedades anónimas de capital inglés tuvieron una ruta particular en las colonias atlánticas de América del Norte, y los franceses las suyas de la región de Quebec y Mississippi. La ruta de los "metales", plata y oro, que iba de Veracruz y Lima hasta Cádiz o Sevilla, perdió la importancia del siglo anterior, debido al agotamiento de las minas y al anquilosamiento de la economía española. La ruta de los esclavos, con las nuevas sociedades anónimas, creció con la trata de negros, realizada legalmente o de contrabando por sociedades anónimas de capital francés, portugués, holandés e inglés. Iba del golfo de Guinea hasta las Antillas y Brasil.
Desarrollo histórico de las relaciones capitalistas de producción 9fpkdg

La sociedad anónima es una sociedad mercantil capitalista, con denominación y capital fundacional, representado por acciones nominativas suscritas por accionistas que responden hasta por el monto de su aportación. Las sociedades anónimas se crean como un privilegio concedido por el estado, mediante el cual los capitalistas dejan de responder por las deudas contraídas por sus empresas con su patrimonio, haciéndolo solo por el capital social de dichas empresas.

El pensamiento económico que define la fase de dominio del capital comercial es conocido como mercantilismo. Casi todos los economistas europeos de entre 1500 y 1750 se consideran hoy en día como mercantilistas. Sin embargo, estos autores no se veían a sí mismos como miembros de una escuela económica, sino que el término fue popularizado por Adam Smith en 1776. Sostenían que la riqueza de las naciones consistía en la cantidad de metales preciosos que poseía y para aumentar la cantidad de oro y plata debían tener una balanza comercial positiva. Para conseguirlo eran partidarios del monopolio del comercio y del intervencionismo del estado en el desarrollo de las manufacturas para favorecer las exportaciones. Defendían un aumento demográfico y salarios bajos para aumentar la producción de manufacturas baratas. La idea que la riqueza mundial era una magnitud fija, determinada por la cantidad de metales preciosos, dicho de otra manera, la cantidad de dinero y que la única manera de aumentar la riqueza de una nación era arrebatándosela a otra, provocó la mayor parte de las guerras en Europa de los siglos XVI, XVII y XVIII. El pensamiento mercantilista se puede sintetizar a través de las nueve reglas de Von Hornick;
· Que cada pulgada del suelo de un país se utilice para la agricultura, la minería o las manufacturas.
· Que todas las primeras materias que se encuentren en un país se utilicen en las manufacturas nacionales, porque los bienes acabados tienen un valor mayor que las materias primas
· Que se fomente una población grande y trabajadora.
· Que se prohíban todas las exportaciones de oro y plata y que todo el dinero nacional se mantenga en circulación.
· Que se obstaculicen tanto cuanto sea posible todas las importaciones de bienes extranjeros.
· Que donde sean indispensables determinadas importaciones deban obtenerse de primera mano, a cambio de otros bienes nacionales, y no de oro y plata.
· Que en la medida que sea posible las importaciones se limiten a las primeras materias que puedan acabarse en el país.
· Que se busquen constantemente las oportunidades para vender el excedente de manufacturas de un país a los extranjeros, en la medida necesaria, a cambio de oro y plata.
· Que no se permita ninguna importación si los bienes que se importan existen de modo suficiente y adecuado en el país.


El credo popular es que el origen de la riqueza de un hombre es la cantidad de dinero que atesora, de la misma forma las sociedades más ricas son las que tienen una oferta monetaria mayor. El origen de la creencia de que la abundancia de dinero es la causa de la riqueza son las nociones y concepciones de los mercantilistas que se hicieron dominantes en Europa durante los siglos XVI, XVII y la primera mitad del siglo XVIII. Para favorecer la balanza de pagos, y así aumentar el oro atesorado, fomentaron el control monopolista del comercio sobre algunas ramas de la producción. La cantidad de oro es limitada y el enriquecimiento de unos es a costa del empobrecimiento de otros, sobre estas bases ideológicas se asentaba el pensamiento mercantilista. Estas ideas fueron ampliamente probadas como no científicas por los economistas de la escuela clásica. Todos los mercantilistas eran partidarios de que los trabajadores debían vivir con unos ingresos cercanos al nivel de supervivencia, para maximizar la producción. Las leyes de pobres persiguen a los vagabundos y hacen obligatorio el trabajo. El ministro Colbert hará trabajar a niños con seis años en las manufacturas de estado. El hecho de que los trabajadores tuvieran más dinero, tiempo libre, o educación se veía como un problema que degeneraría en pocas ganas de trabajar, dañando la economía del país. Los capitalistas obtenían grandes beneficios por la imposición de monopolios, las prohibiciones a las importaciones y los salarios de miseria de los trabajadores. Los gobiernos y políticos profesionales, por su parte, se beneficiaban del cobro de los aranceles y los pagos de los comerciantes. El desarrollo de la industria moderna sobre todo en la Inglaterra del siglo XIX hizo abandonar las ideas mercantilistas por las concepciones de la economía clásica.
Bernard de Mandeville en The Fable of the Bees, An Essay on Trade and Commerce escribió:Donde la propiedad está suficientemente protegida, sería más fácil vivir sin dinero que sin pobres, ¿porque quién haría el trabajo?... Así como se debe velar para que los pobres no mueran de hambre, no debieran recibir nada que valga la pena ahorrar. Si de tanto en tanto una persona de la clase más baja, gracias a una diligencia extraordinaria y apretarse el cinturón, se eleva sobre la condición en que se crió, nadie debe impedírselo: no puede negarse que el plan más sabio para todo particular, para cada familia en la sociedad, consiste en ser frugal; pero a todas las naciones ricas les interesa que la parte mayor de los pobres nunca esté inactiva y, sin embargo, que gasten continuamente lo que perciben... Los que se ganan la vida con su trabajo diario [...] no tienen nada que los acicatee para ser serviciales salvo sus necesidades, que es prudente mitigar, pero que sería insensato curar. La única cosa que puede hacer diligente al hombre que trabaja es un salario moderado: si fuera demasiado pequeño lo desanimaría o, según su temperamento, lo empujaría a la desesperación; si fuera demasiado grande, se volvería insolente y perezoso... De lo que hasta ahora hemos expuesto, se desprende que en una nación libre, donde no se permite tener esclavos, la riqueza más segura consiste en una multitud de pobres laboriosos. Porque además de ser la fuente inagotable de las armadas y los ejércitos, sin ellos no habría ningún disfrute y ningún producto del país sería valorizable. “Para hacer feliz a la sociedad" (que, naturalmente, se compone de no trabajadores) "y para contentar al pueblo aun en su mísera situación, es necesario que la gran mayoría siga siendo tan ignorante como pobre. El conocimiento amplía y multiplica nuestros deseos, y cuanto menos desea un hombre tanto más fácilmente pueden satisfacerse sus necesidades.
http://ebooks.adelaide.edu.au/m/mandeville/bernard/bees/complete.html
Con el paso del tiempo, a partir del siglo XVIII, y sin dejar de considerar la importancia del oro y la plata, algunos mercantilistas defendían que otras mercancías también eran base de riqueza. Continuaron apoyando la creación de monopolios. Defendían la prohibición de exportar materias primas para favorecer el desarrollo de las manufacturas propias e impedir el desarrollo de las manufacturas de otras naciones. Se aprobaron medidas contra la usura por la necesidad de grandes capitales para crear y desarrollar las manufacturas;
Vauban en Proyecto de una dixma real escribió:... no es la gran cantidad de oro y plata lo que constituye la verdadera riqueza de un estado, ya que en el mundo hay Países muy grandes que cuentan con abundancia de oro y plata, y que no se encuentran más cómodos, ni son más felices […]. La verdadera riqueza de un Reino consiste en la abundancia de las Mercancías, cuyo uso es tan necesario para el sostenimiento de la vida de los hombres, que no pueden pasarse de ellas.
http://es.wikipedia.org/wiki/Vauban

Fisiocracia
François Quesnay en Tableau Economique escribió:Todo lo que es desventajoso para la agricultura es perjudicial para la nación y para el Estado, y todo lo que favorece a la agricultura es beneficioso para el Estado y para la nación […] La clase productiva es aquella que hace renacer a través del cultivo de la tierra las riquezas anuales de la nación; aquella que hace los avances de los gastos para los trabajos de la agricultura y la que paga anualmente los ingresos de los propietarios de las tierras” [...] “La clase estéril está formada por todos aquellos ciudadanos ocupados en otros servicios y otros trabajos distintos a los de la agricultura y cuyos ingresos son pagados por la clase productiva y por la clase de los propietarios, quienes obtienen sus ingresos de la clase productiva.
http://www.archivesdefrance.culture.gouv.fr/action-culturelle/celebrations-nationales/2008/sciences-et-techniques/le-tableau-economique-de-francois-quesnay/
Los fisiócratas consideraban que el origen de la riqueza era la tierra y que la única rama de la producción que producía excedente era la agricultura. Si bien los fisiócratas sostienen nociones pre científicas representan un avance en el pensamiento económico. Sostenían que la agricultura era la única fuente de riqueza y que el comercio lo que hacía era distribuirla. Defendían a los agricultores enriquecidos que habían comprado tierras a nobles empobrecidos como la clase creadora de riqueza.
Mercier de la Rivière en Orden natural y esencial de las sociedades políticas escribió:Para obtener dinero hay que comprarlo y, después de hacerlo, no se es más rico que antes, pues no se ha hecho otra cosa que poner en dinero el mismo valor que antes estaba en mercancías.
http://www.eco.unlpam.edu.ar/sitio/objetos/_area.academica/los%20fisiocratas/Los%20Fisiocratas%20010%20Riviere.pdf
Los fisiócratas son los primeros en analizar el valor al margen de la circulación de las mercancías, y analizar dicho valor en la producción. Los fisiócratas consideran el trabajo del agricultor como el único productivo, debido a que el plus-trabajo del agricultor es evidente, una vez retirado el producto del trabajo destinado a nueva simiente queda un excedente para mantenerse él y su familia, más la parte destinada al mantenimiento del ganado de labor, el pago de la renta y para comerciar con él. Mientras que en la manufactura, o la industria, el plus-trabajo del trabajador queda enmascarado por las propias condiciones de producción y circulación. No obstante, los fisiócratas consideran el plus-trabajo más un producto de la naturaleza que del propio trabajo humano.

Los fisiócratas en general eran contrarios a la intervención de los gobiernos en asuntos económicos, “laissez faire, laissez passer”. El principal representante de los fisiócratas es François Quesnay, que en 1758 publicó una obra titulada Tableau économique (Cuadro Económico). En la descripción de Quesnay, hay tres clases sociales: agricultores (clase productiva); una clase estéril (artesanos, comerciantes, fabricantes y profesionales); y una clase propietaria (terratenientes).

El orden natural de los fisiócratas:
· Propiedad Personal: derecho de todo hombre a disponer de sus facultades físicas o intelectuales.
· Propiedad Mobiliaria: disponer de los frutos de su trabajo.
· Propiedad Territorial: el heredero debía disponer de la tierra, esto lo justificaban afirmando que era la retribución por haber mejorado y conservado el suelo durante las generaciones, y que era el mejor sistema para asegurar el mantenimiento de la tierra.
· Libertad del comercio exterior.
· Libertad del tráfico interno. El orden natural llevaría a un buen precio los productos agrícolas. Una política de no intervención del gobierno, haría posible que el capital fluyese libremente hacia el sector agrícola, y que el flujo del producto se ampliase con el tiempo. Salarios lo más elevados posibles para aumentar la capacidad de compra de los productos agrícolas.  
· Límite a la tasa de interés, para evitar que el rendimiento del dinero sea mayor al rendimiento de la tierra.  
· Despotismo Legal: soberanía de un rey que conocía el orden natural de la fisiocracia y llevaba su política de acuerdo al mismo.

Las teorías económicas de los ideólogos fisiócratas representan en general los intereses del capital agrícola;
François Quesnay, 1775, L’Encyclopédie escribió:Nosotros no consideramos aquí al agricultor rico como un obrero que trabaja la tierra él mismo; es un empresario que dirige y pone a valer su empresa por su inteligencia y por sus riquezas. La agricultura dirigida por ricos agricultores es una profesión muy honesta y muy lucrativa, reservada a hombres libres con capacidad para hacer los avances de los gastos considerables que exige el cultivo de la tierra, emplear a los campesinos y procurarles siempre una ganancia conveniente y segura…

…El comercio exterior de una nación siempre debe ser libre, desprovisto de cualquier impedimento y exento de cualquier impuesto, porque no es sino a través de la comunicación que él mantiene entre las naciones, que se puede asegurar constantemente en el comercio interior, el mejor precio posible de las producciones del territorio.
http://es.wikipedia.org/wiki/Fran%C3%A7ois_Quesnay
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Desarrollo histórico de las relaciones capitalistas de producción Empty La industria y la gran industria

Mensaje por Jordi de Terrassa el Miér Mayo 04, 2016 8:57 pm

La industria y la gran industria
El papel jugado por el estado en el desarrollo del capital comercial y la aparición del capital industrial es explicado por Marx en los siguientes términos;
Karl Marx, 1867, tomo I, El Capital, capítulo XXIV, 'la llamada acumulación originaria':
6. Génesis del capitalista industrial
El sistema proteccionista era un medio artificial de fabricar fabricantes, de expropiar trabajadores independientes, de capitalizar los medios de producción y de subsistencia nacionales, de abreviar por la violencia la transición entre el modo de producción antiguo y el moderno. Los estados europeos se disputaron con furor la patente de este invento, y una vez que hubieron entrado al servicio de los fabricantes de plusvalor, no sólo esquilmaron al propio pueblo indirectamente con los aranceles protectores, directamente con primas a la exportación, etcétera para alcanzar ese objetivo, sino que en los países contiguos dependientes extirparon por la violencia toda industria, como hizo Inglaterra, por ejemplo, en el caso de la manufactura lanera irlandesa. En el continente europeo, siguiendo el método de Colbert, el proceso se había simplificado considerablemente. Aquí, parte del capital originario del industrial fluía directamente del erario público. "¿Por qué", exclama Mirabeau, "ir a buscar tan lejos la causa del auge manufacturero de Sajonia antes de la Guerra de los Siete Años? ¡180 millones de deudas públicas!".

Sistema colonial, deudas públicas, impuestos abrumadores, proteccionismo, guerras comerciales, etcétera; estos vástagos del período manufacturero propiamente dicho experimentaron un crecimiento gigantesco durante la infancia de la gran industria. El nacimiento de esta última fue celebrado con el gran robo herodiano de los inocentes. Sir Francis Morton Eden, tan impasible ante las crueldades que conlleva la expropiación de la población rural, a la que se despoja de sus tierras desde el último tercio del siglo XV hasta los tiempos de ese autor, a fines del siglo XVIII; que con tanta complacencia se congratula por ese proceso, "necesario" para establecer la agricultura capitalista y "la debida proporción entre las tierras de labor y las pasturas", no da pruebas de la misma perspicacia económica, por el contrario, en lo que respecta a la necesidad del robo de niños y de la esclavitud infantil para transformar la industria manufacturera en fabril y para establecer la debida proporción entre el capital y la fuerza de trabajo. Afirma Eden: "Quizás merezca la atención del público la consideración de si una manufactura cualquiera que, para ser operada con éxito, requiere que se saqueen cottages y workhouses en busca de niños pobres, con el objeto de hacerlos trabajar durísimamente, por turnos, durante la mayor parte de la noche, robándoles el reposo [...]; de si una manufactura que, además, mezcla montones de individuos de uno u otro sexo, de diversas edades e inclinaciones, de tal manera que el contagio del ejemplo tiene necesariamente que empujar a la depravación y la vida licenciosa; de si tal manufactura puede acrecentar la suma de la felicidad individual y nacional". "En Derbyshire, Nottinghamshire y particularmente en Lancashire", dice Fielden, "la maquinaria recién inventada se empleó en grandes fábricas construidas junto a corrientes de agua capaces de mover la rueda hidráulica. En esos lugares, alejados de las ciudades, súbitamente se necesitaron miles de brazos, y especialmente Lancashire hasta esa época relativamente poco poblado e improductivo requirió ante todo una población. Lo que más se necesitaba era dedos pequeños y ágiles [...]. Súbitamente surgió la costumbre de conseguir aprendices (!) en los diversos hospicios parroquiales de Londres, Birmingham y otros lugares. De esta manera se despacharon hacia el norte muchísimos miles de esas criaturitas desamparadas, cuyas edades oscilaban entre los 7 y los 13 ó 14 años. Lo habitual era que el patrón" (esto es, el ladrón de niños) "vistiera, alimentara y alojara a sus aprendices en una casa, destinada a ese fin, cerca de la fábrica. Se designaban capataces para vigilar el trabajo de los niños. El interés de estos capataces de esclavos consistía en sobrecargar de trabajo a los chicos, ya que la paga de los primeros estaba en relación con la cantidad de producto que se pudiera arrancar a los segundos. La crueldad, por supuesto, era la consecuencia natural... En muchos distritos fabriles, particularmente [...] de Lancashire, esas criaturas inocentes y desvalidas, consignadas a los patrones de fábricas, eran sometidas a las torturas más atroces. Se las atormentaba hasta la muerte con el exceso de trabajo... se las azotaba, encadenaba y torturaba con los más exquisitos refinamientos de crueldad; [...] en muchos casos, esqueléticas a fuerza de privaciones, el látigo las mantenía en su lugar de trabajo...Y hasta en algunos casos [...], ¡se las empujaba al suicidio!... ¡Los hermosos y románticos valles de Derbyshire, Nottinghamshire y Lancashire, ocultos a las miradas del público, se convirtieron en lúgubres páramos de la tortura, y a menudo del asesinato!... Las ganancias de los fabricantes eran enormes. Pero eso mismo no hizo más que acicatear su hambre rabiosa, propia de ogros. Comenzaron con la práctica del trabajo nocturno, esto es, después de dejar entumecidos por el trabajo diurno a un grupo de obreros, tenían pronto otro grupo para el trabajo nocturno, los del turno diurno ocupaban las camas recién abandonadas por el grupo nocturno, y viceversa. Es tradición popular en Lancashire que las camas nunca se enfriaban".

Con el desarrollo de la producción capitalista durante el período manufacturero, la opinión pública de Europa perdió los últimos restos de pudor y de conciencia. Las naciones se jactaban cínicamente de toda infamia que constituyera un medio para la acumulación de capital. Léanse, por ejemplo, los ingenuos anales comerciales del benemérito Anderson. En ellos se celebra con bombos y platillos, como triunfo de la sabiduría política de Inglaterra, el que en la paz de Utrecht ese país arrancara a los españoles, por el tratado de asiento, el privilegio de poder practicar también entre África y la América española la trata de negros, que hasta entonces sólo efectuaba entre África y las Indias Occidentales inglesas. Inglaterra obtuvo el derecho de suministrar a la América española, hasta 1743, 4.800 negros por año. Tal tráfico, a la vez, daba cobertura oficial al contrabando británico. Liverpool creció considerablemente gracias a la trata. Ésta constituyó su método de acumulación originaria. Y hasta el día de hoy la "respetabilidad" liverpulense es el Píndaro de la trata, la cual véase la citada obra del doctor Aikin, publicada en 1795 "exalta hasta la pasión el espíritu comercial y de empresa, forma famosos navegantes y rinde enormes ganancias". Liverpool dedicaba a la trata, en 1730, 15 barcos; en 1751, 53; en 1760, 74; en 1770, 96, y en 1792, 132.

Al mismo tiempo que introducía la esclavitud infantil en Inglaterra, la industria algodonera daba el impulso para la transformación de la economía esclavista más o menos patriarcal de estados Unidos en un sistema comercial de explotación. En general, la esclavitud disfrazada de los asalariados en Europa exigía, a modo de pedestal, la esclavitud sans phrase [desembozada] en el Nuevo Mundo.

Tantæ molis erat [tantos esfuerzos se requirieron] para asistir al parto de las "leyes naturales eternas" que rigen al modo capitalista de producción, para consumar el proceso de escisión entre los trabajadores y las condiciones de trabajo, transformando, en uno de los polos, los medios de producción y de subsistencia sociales en capital, y en el polo opuesto la masa del pueblo en asalariados, en "pobres laboriosos" libres, ese producto artificial de la historia moderna. Si el dinero, como dice Augier, "viene al mundo con manchas de sangre en una mejilla", el capital lo hace chorreando sangre y lodo, por todos los poros, desde la cabeza hasta los pies.
http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/24.htm

Capital industrial
La existencia de controles fronterizos más intensos evitó la propagación de enfermedades y disminuyó la propagación de epidemias como las ocurridas en tiempos anteriores. La revolución agrícola hizo además más eficiente la producción de alimentos con una menor aportación de fuerza de trabajo, obligando a la población que no podía encontrar trabajos agrícolas a buscar empleos relacionados con la industria, originando un movimiento migratorio desde el campo a las ciudades lo que conllevó un nuevo desarrollo en las fábricas. La presencia de un mayor mercado doméstico debería también ser considerada como un catalizador de la revolución industrial, explicando particularmente por qué ocurrió en el Reino Unido.
Desarrollo histórico de las relaciones capitalistas de producción 21mye5f

La fase del capital industrial se caracteriza por máquinas manejadas por artesanos, fabricadas por artesanos y propulsadas por máquinas de vapor (1787 a 1842) Tecnología textil basada en el algodón; máquina de hilar, equipos movidos por energías atmosféricas, reemplazados por el motor de alta presión, hierro colado y forjado, canales. Inventos Regulador centrífugo (Inglaterra. 1788. James Watt) Máquina de coser (Inglaterra. 1790. Thomas Saint) Hélice (1790) Turbina de gas (Inglaterra. 1791. John Barber) Gas de alumbrado (Inglaterra. 1792. William Murdock) Sistema métrico decimal (1791-95. Gobierno francés) Vacuna contra viruela (Inglaterra. 1796. Edward Jenner) Prensa hidráulica (Inglaterra. 1796. Joseph Bramah) Cinta sin fin de tela metálica (Francia. 1798. Louis Robert) Litografía (Alemania. 1798. Aloys Senefelder) Pila (batería eléctrica) (Italia. 1800. Alessandro Volta) Telar Jacquard (Francia. 1800. Joseph Marie Jacquard) Telar de patrones (Francia. 1801. Joseph Marie Jacquard) Cocina de gas (Austria. 1802. Zachaus Winzler) Locomotora de vapor (Inglaterra. 1803. Richard Trevithick) Botón a presión o automático (Dinamarca. 1807. Bertel Sanders) Conservación de alimentos (Francia. 1810. Nicolas Appert) Alimentos enlatados (Inglaterra. 1810. Peter Durand) Prensa de imprimir (Alemania. 1810. Frederick Koenig) Gato hidráulico (1812. Joseph Bramah) Locomotora ferroviaria (Inglaterra. 1814. George Stephenson) Espectroscopio (1814. Joseph von Frauenhofer) Lámpara de seguridad (Inglaterra. 1815. Sir Humphry Dhabi) Estetoscopio (1816. René Laënnec) Revólver (1818. Elisha Collier y Artemis Wheeler) Galvanómetro (Alemania. 1820. Johann Salomón Cristoph Schweigger) Higrómetro (Inglaterra. 1820. J.F. Daniell) Motor eléctrico (Inglaterra. 1821. Michael Faraday) Electroimán (Inglaterra. 1823. William Sturgeon) Cemento Portland (Inglaterra. 1824. Joseph Aspdin) Segadora (1826. Patrick Bell) Cerillas de fricción (Inglaterra. 1827. John Walker) Daguerrotipos o fotografías (1827. Joseph Nièpce y L. Daguerre) Máquina de coser (Francia. 1829. Barthélemy Thimonnier y Walter Hunt) Cortadora de pasto (1830) Dinamo (Inglaterra. 1831. Michael Faraday) Transformador (Inglaterra. 1831. Michael Faraday) Telégrafo (Inglaterra. 1837. Samuel Morse, William Cooke y Charles Wheatstone) Cosechadora (1838. Varios) Martillo hidráulico (Inglaterra. 1839. James Nasmyth) Buques con casco de hierro (1840)

La fase del capital industrial comienza con la aplicación en la industria de nuevas fuentes de energía, la producción se hace masiva gracias a la introducción en las fábricas, a gran escala, de las máquinas de vapor a partir de 1750, permite una más eficaz división técnica del trabajo, la especialización en la actividad productiva y la concentración de los trabajadores en las ciudades. La sociedad pasa de ser rural a urbana. En esta fase de desarrollo del capitalismo las potencias europeas colonizaran toda la Tierra, salvó Etiopía en África y China y Japón en Asia. Tras la derrota sufrida en 1815 por el capital comercial y agrario francés, en las guerras napoleónicas, el capital industrial británico triunfante se propuso establecer un nuevo equilibrio político mundial. Ese mismo año, se reunió el Congreso de Viena, en el que participaron Austria, España, Francia, Inglaterra, Portugal, Prusia y Rusia con el objetivo de sellar ese compromiso. Este acuerdo fue reforzado con la creación de la Santa Alianza, con el fin de garantizar militarmente la defensa de los principios del absolutismo monárquico y los intereses económicos del capital industrial. La Santa Alianza consiguió mantener la paz entre las potencias en suelo europeo.  

El gran capital industrial
Desarrollo histórico de las relaciones capitalistas de producción 2pq4201

La fase del gran capital industrial se caracteriza máquinas operadas por maquinistas, fabricadas industrialmente y movidas por motores de vapor (1842 a 1897) El Ferrocarril de vapor el barco a vapor, el acero barato, la máquina herramienta, el telégrafo, las cosechadoras de tracción animal y la difusión de piezas intercambiables. Irrupción del petróleo, la industria química y la industria pesada a partir de 1870. Inventos Acueductos públicos y sistemas de alcantarillado. Código Morse (1844. Samuel Morse) Anestesia (1844. Horace Wells) Oftalmoscopio (Alemania. 1851. Hermann Ludwig Ferdinand Helmholtz) Dirigible no rígido (Francia. 1852. Henri Giffard) Giróscopo (Francia. 1852. Jean Bernard Leon Foucault) Ascensor (1854. Eli Otis) Fósforo de seguridad (Suecia. 1855. J. E. Lundstrom) Jeringuilla hipodérmica (Inglaterra. 1855. Alexander Wood) Mechero de gas Bunsen (Alemania. 1855. Roberto Wilhelm Bunsen) Anilina, primer colorante sintético (Inglaterra. 1856. William Pekín) Acero (Inglaterra. 1856. Herny Bessemer) Espectroscopio (Alemania. 1859. Gustav R. Kirchhoff y Robert W. Bunsen) Acumulador (1859. Gastón Planté) Sumergible (1859. Narcis Monturiol) Linóleo para suelos (Inglaterra. 1860. Frederick Walton) Motor de gas (Francia. 1860. Étienne Lenoir) Pasteurización (Francia. 1860, Louis Pasteur) Horno eléctrico (Inglaterra. 1861. William Siemens) Fotografía en color (1861. James Maxwell) Plásticos (1861. Varios) Cirugía antiséptica (Inglaterra. 1865. Joseph Lister) Rotativa (1865. Varios) Dinamita (Suecia. 1865. Alfred Nobel) Torpedo (1866. Robert Whitehead) Hormigón (1867. Joseph Monier) Pila seca (Francia. 1868. Georges Leclanché) Máquina de escribir (1870) Frigorífico (Francia. 1870. George Claude) Máquina de escribir (1873. Cristopher Latham Sholes) Gelinita (explosivo) (1875. Alfred Nobel) Teléfono (1876. Alexander Graham Bell) Fonógrafo (1877. Thomas Edison) Micrófono (1878. David Hughes) Motor de cuatro tiempos (Alemania. 1879. Karl Benz) Caja registradora (1879. James Ritty) Lámpara eléctrica de incandescencia (1879. Thomas Edison) Tren eléctrico (Alemania. 1879) Estufa de gas (1880. Sigismund Leoni) Tranvía (1881. Werner von Siemens) Central hidroeléctrica (Inglaterra. 1881) Plancha eléctrica (1882. Henry W. Seely) Linotipia (1884. Ottmar Mergenthaler) Turbina de vapor (1884. Charles Parsons) Disco de Nipkow, televisión (Alemania. 1884. Paul Gottlieb Nipkow) Turbina de vapor multieje (Inglaterra. 1844. Charles Algernon Parsons) Motor de gasolina (1884. Gottlieb Daimler) Submarino eléctrico (España. 1885. Isaac Peral) Morfología de neuronas (España. 1887. Santiago Ramón y Cajal) Llanta neumática inflable (Inglaterra. 1887. J. B. Dunlop) Gramófono (1888) Kinetoscopio (Inglaterra. 1888. William Kennedy Dickson, junto a T. A. Edison) Estetoscopio (Francia, 1891. René Laennec) Goma sintética (Inglaterra. 1891. Sir William Augustus Tilden) Planeador (Alemania. 1891. Otto Lilienthal) Botella de vacío (Inglaterra. 1892. James Dewar) Termo (Inglaterra. 1892. James Dewar) Motor Diesel (Alemania. 1892. Rudolph Diesel) Célula fotoeléctrica (Alemania. 1893. Julius Elster y Hans F. Geitel) Radio (Italia. 1895. Guiglielmo Marconi) Telegrafía sin hilos (Italia. 1895. Guiglielmo Marconi) Neumáticos (Francia. 1895. Hermanos Michelin de Clermont Ferrand) Rayos X (Alemania. 1895. Wilhelm Conrad Roentgen) Tubos de rayos catódicos (1897. Ferdinand Braun)

Con el avance de la gran industria se desarrollan las ciencias de la termodinámica, la biología. El gran capital industrial se hace dominante con el inicio del período revolucionario de 1848 poniendo fin a la hegemonía del capital industrial capitaneado por la Santa Alianza como gendarme mundial del orden establecido. El libre comercio bandera del gran capital industrial sustituye a los monopolios comerciales y sus imperios coloniales hegemonizados por la Compañía Británica de las Indias Orientales que fue una sociedad de inversores que obtuvo en 1600 la Carta Real de la reina Isabel I de Inglaterra que le garantizaba el monopolio del comercio en las Indias Orientales. La Compañía se transformó en el verdadero poder hegemónico, pasando de una simple unión comercial, hasta convertirse en la empresa que gobernó de forma virtual la India hasta la disolución de la compañía en 1858. Tenía su sede en Londres. El gran capital industrial fue hegemónico hasta finales del siglo XIX, cuando alcanza la hegemonía la usura. El desarrollo económico mundial desde la revolución industrial; Angus Maddison en Desarrollo económico a largo plazo;  http://dx.doi.org/10.1787/086121023387

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http://www.indexmundi.com/g/r.aspx?v=65&l=es

La ciencia de la economía política
Adam Smith, 1776, La Riqueza de las Naciones, libro IV, capítulo 1 escribió:La doble función que cumple el Dinero, como instrumento de comercio y como medida de los valores, ha hecho que se produzca de modo natural esa idea popular de que el Dinero hace la riqueza, o que la riqueza consiste en la abundancia de oro y plata […]. Se razona de la misma manera con respecto a un país. Un país rico es aquél en el que abunda el dinero, y el medio más sencillo de enriquecer el suyo, es amasar el oro y la plata […]. Debido al creciente éxito de estas ideas, las diferentes naciones de Europa se han dedicado, aunque sin demasiado éxito, a buscar y acumular oro y plata de todas las maneras posibles. España y Portugal, poseedores de las principales minas que proveen a Europa de esos metales, han prohibido su exportación amenazando con graves represalias, o la han sometido a enormes tasas. Esta misma prohibición ha formado parte de la política de la mayoría de las naciones de Europa. Uno la encuentra incluso donde menos lo esperaría, en algunas antiguas actas del parlamento de Escocia, que prohíben, bajo fuertes penas, transportar oro y plata fuera del reino. La misma política se puso en marcha en Francia y en Inglaterra.
http://www.marxists.org/espanol/smith_adam/1776/riqueza/index.htm
La ciencia de la economía política se funda como necesidad del capital industrial, en crítica a las concepciones de los mercantilistas, ideólogos del capital comercial, y a los fisiócratas, ideólogos del capital agrario. La economía clásica es una escuela de pensamiento económico cuyos principales exponentes son Adam Smith, David Ricardo y John Stuart Mill. Es considerada por muchos como la primera escuela científica de economía, al establecer Adam Smith que el valor natural de una mercancía es directamente proporcional a la cantidad de trabajo necesario para producirla, que formuló como:
M = f + c + b

Donde M es el valor de cambio de la mercancía, f es el capital fijo, parte del capital que no se consume en un solo proceso productivo y que solo transmite una parte de su valor a la nueva mercancía, c es el capital circulante, parte del capital que se consume completamente en un proceso productivo y que transmiten todo su valor a la nueva mercancía y b es el justo beneficio. Los postulados de la economía clásica son;
· Defienden la ley de Say que sostiene que el riesgo de un desempleo masivo en una economía competitiva es despreciable, porque la oferta crea su propia demanda, limitada por la cantidad de mano de obra y los recursos naturales disponibles para producir. Cada aumento de la producción aumenta los salarios y los demás ingresos que se necesitan para poder comprar esa cantidad adicional producida.
· El valor de un bien está dado por la cantidad de trabajo empleado en la producción de ese bien.
· Competencia perfecta en todos los mercados.
· El estado no debe intervenir en el funcionamiento de los mercados, ya que los agentes económicos en su acción individual, como por medio de una "mano invisible", son dirigidos al equilibrio y a la eficiencia.
· Precios flexibles al alza y a la baja, incluidos los salarios, lo que va a permitir que todos los mercados estén siempre en equilibrio.
· El mercado de trabajo está siempre en situación de pleno empleo. El desempleo que pueda existir es debido al tiempo que la gente tarda en localizar un trabajo acorde con su capacitación o voluntario debido a gente que no quiere aceptar el salario que le ofrece el mercado.
· La política monetaria es ineficaz (neutralidad del dinero): variaciones en la oferta monetaria sólo afectan al nivel de precios, sin que tengan ningún efecto sobre las variables reales (cantidad demandada, producción de equilibrio, salarios, etc., una vez depurado el efecto de los precios)


Saludos.
Jordi de Terrassa
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Camarada Comisario
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Mensaje por Jordi de Terrassa el Miér Mayo 11, 2016 8:23 pm

Este hilo forma parte de un conjunto que pueden titularse Apuntes de economía, más que una investigación, es un estudio sobre las investigaciones de otros autores, de ahí la utilización de gran cantidad de citas y de la extensión de algunas de ellas. El estudio es sobre algunas leyes de las llamadas ciencias sociales y los conceptos que utilizan. El estudio está dividido en cuatro secciones, teoría del conocimiento, materialismo histórico, economía política y lucha de clases en España.

El folclorismo izquierdista es revisionismo subjetivista. Un análisis de la actualidad de Movimiento comunista en lucha contra el subjetivismo como el principal error teórico del Movimiento Comunista Internacional. El folclorismo izquierdista, en sus proclamas, continuamente utiliza términos como marxismo, materialismo, ciencia, …, como los jóvenes "marxistas" en tiempos de Engels, sin embargo, tanto los unos como los otros son flojos en el estudio y prefieren adherirse a una doctrina teológica a la que llaman "marxismo-…". Si el “marxismo” es la doctrina que predica el folclorismo izquierdista, hay que proclamar; “tout ce que je sais, c'est que je ne suis pas marxiste”;
Friedrich Engels en Carta a Konrad Schmidt escribió:Marx había dicho a fines de la década del 70, refiriéndose a los «marxistas» franceses, que «tout ce que je sais, c'est que je ne suis pas marxiste*»…

…Usted, que ha hecho realmente algo, habrá notado por fuerza qué pocos de los literatos jóvenes que se cuelgan al partido se toman la molestia de estudiar Economía política, historia de la Economía política, historia del comercio, de la industria, de la agricultura, de las formaciones sociales. ¡Cuántos conocen a Maurer sólo de nombre! La suficiencia del periodista tiene que suplirlo todo, y así anda ello. A veces, parece como si estos caballeros creyesen que para los obreros cualquier cosa es buena. ¡Si supiesen que Marx no creía nunca que incluso sus mejores cosas eran bastante buenas para los obreros y que consideraba un crimen ofrecer a los obreros algo que no fuese lo mejor de lo mejor!...
https://www.marxists.org/espanol/m-e/cartas/e5-8-90.htm
*Todo lo que yo sé, es que yo no soy marxista

Teoría del conocimiento. Sobre los principios ideológicos y el punto de vista filosófico
Ideología comunista. Violencia, dictadura y democracia. Trata sobre la ideología comunista como ideología opuesta a todo tipo de estado, se definen las nociones de dictadura y democracia, el papel histórico de la violencia y su relación con el estado en la ideología comunista, así como las dos fases de la sociedad comunista y el período de transición desde el capitalismo. Se define el revisionismo, o folclorismo de izquierdas "marxista", y el anarco-capitalismo como folclorismo de derechas, se estudia el libre mercado y la planificación económica a la luz de la ideología comunista.

Lucha de clases en la URSS, en la R. P. de China, y revisionismo. Se esboza un análisis de la lucha de clases en la extinta URSS, y en la República Popular China, de los errores de principios ideológicos y de las concepciones subjetivistas en el Movimiento Comunista Internacional, lo que algunos han dado en llamar el ciclo de octubre.

Materialismo dialéctico, ¿la filosofía comunista?. Se estudia una concepción filosófica materialista, la relación entre materia e ideas, se define las concepciones de sensación, emoción y percepción, así como la relación entre idolología filosofía y ciencia y se propone un criterio de verdad. Se estudia concepciones y tesis filosóficas con apariencia materialista pero que realmente son subjetivismo ideológico, revisionismo folclórico de izquierdas "marxista", junto a concepciones filosóficas sobre la sociedad propias del folclorismo de derechas, declaradamente de subjetivismo idealista.

Dialéctica de la materia. Ciencia y subjetivismo filosófico. Se estudia como solo las leyes científicas, no las tesis filosóficas que solo sirven para extraviar a la ciencia, dan conocimiento objetivo sobre la realidad material, cómo, dicho conocimiento, puede servir para transformar la realidad conforme a las leyes objetivas del movimiento material, y la relación que guardan entre sí las diferentes leyes científicas.

Materialismo histórico. Sobre el desarrollo de las fuerzas productivas y relaciones de producción
Materialismo histórico. Sucesión de formaciones sociales y filosofía subjetiva de la historia. Se estudia el desarrollo histórico de las sociedades humanas, el desarrollo de las fuerzas productivas, los modos de producción, la sucesión de las formaciones sociales, la aparición del mercado y de la lucha de clases. Se definen diferentes modos de producción y conceptos como formación social, clase social, lucha de clases, etc…

Desarrollo histórico de las relaciones capitalistas de producción. Se esboza la aparición del modo de producción capitalista, la necesaria acumulación primitiva de capital y la imprescindible producción de la mercancía fuerza de trabajo, y diferentes fases de su desarrollo el gremio, la manufactura, la industria y la gran industria. Al igual que diferentes clases de capital, el capital comercial, el agrario, el industrial y el bancario. De igual modo se esbozan las líneas generales de algunas escuelas de pensamiento económico, como la escuela de Salamanca, el mercantilismo, la fisiocracia hasta la conversión de la economía en ciencia con Adam Smith.

Usura, capital financiero e imperialismo. Se analiza el ciclo económico del capital bancario, la forma en que con el capital bancario aparece una nueva clase social los gerentes profesionales del capital, la evolución histórica del capital bancario y como éste se convirtió en hegemónico sobre el capital comercial, el agrario y el industrial a finales del siglo XIX. También se apunta cómo el capital comercial y el agrario desarrollan el colonialismo, el capital industrial el librecambismo, el capital bancario conduce de forma inexorable, por la ley de la tendencia al monopolio del capitalismo financiero, al imperialismo como fase ulterior del capitalismo y, finalmente como el imperialismo se redujo a dos superpotencias hegemonistas, los cambios en la lucha por la hegemonía mundial y como la lucha hegemonista conduce a la extinción del capitalismo.

Economía política. Sobre la producción, circulación, distribución y consumo de mercancías
Circulación de mercancías. Valor objetivo de la mercancía y función subjetiva de utilidad marginal. Se estudia la circulación capitalista y el ciclo económico comercial del capital, diferentes conceptos de la economía política; el dinero y como sustituyó al trueque en el intercambio de mercancías, diferentes tipos de dinero como el dinero mercancía, el fiduciario, el dinero bancario y la evolución histórica de las diferentes leyes del intercambio de mercancías. Así y como los conceptos de mercancía y libre mercado, los conceptos de recurso natural, de utilidad, de valor de uso y de valor de cambio. Al igual que se estudia la ley general del valor de cambio de una mercancía, como la ley de la oferta y la demanda tiende a igualar la tasa de ganancia capitalista y a la concentración del capital. También se definen los conceptos de precio de mercado, capital fijo, capital circulante, capital variable, precio de costo, precio de producción, valor de producción, la ganancia capitalista o plusvalía, la tasa de ganancia y la tasa de plusvalía.

Producción de mercancías en el capitalismo. Teoría sobre el valor y el precio de las mercancías. Se estudia las leyes de producción capitalista de mercancías, se define los conceptos de trabajo, fuerza de trabajo, como la fuerza de trabajo genera un plus-trabajo, mediante el desarrollo de las fuerzas productivas y la división técnica del trabajo o ley de asociación de Ricardo. El ciclo económico industrial, la ley del valor y de la ganancia capitalista, la ley de la tasa de ganancia y de la tasa de plusvalía.

Distribución capitalista de mercancías, consumo y ánimo de lucro . Se estudia la distribución de la plusvalía entre diferentes clases sociales, así y como el subjetivismo acientífico de la preferencia temporal por el consumo en la escuela austríaca, del multiplicador keynesiano del ingreso y el monetarismo neoliberal. También se estudia el límite demográfico a la expansión capitalista, el estancamiento sistémico del capitalismo y las alternativas para el desarrollo de las fuerzas productivas.

Lucha de clases en España. Sobre la producción y distribución de plusvalía y la crisis económica española
Las clases sociales en España. Límites de la democracia española. Es una aplicación de los conceptos y leyes estudiados en las anteriores secciones a la formación social española. Se estudian las diferentes clases sociales y su desarrollo histórico. También se estudia las carencias democráticas del estado español, estado al servicio de los intereses económicos y políticos de oligarquías financieras, de igual modo se estudia la cuestión nacional en España, las diferentes nacionalidades su evolución histórica y las relaciones de dominación del estado con las minorías nacionales.

La plusvalía en España, su producción y distribución. Se estudia la producción de plusvalía en España, su evolución durante la crisis económica y su distribución entre diferentes clases sociales, así como las exigencias del imperialismo sobre la oligarquía española.

La crisis económica española. Causas y consecuencias. Se estudia la crisis económica en España, sus causas y consecuencias, entre otras; la enorme e impagable deuda. También se estudian los privilegios económicos de los oligarcas y financieros en España.

Programa mínimo de transformaciones económicas y políticas para España

Aunque se pueden leer de forma aleatoria es aconsejable leerlos en el orden indicado.

Todos los hilos se pueden descargar en formato .pdf del siguiente enlace;
Desarrollo histórico de las relaciones capitalistas de producción 1072v6e
Apuntes de economía
Subjetivismo filosófico y ciencia

Saludos.

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