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El folclorismo izquierdista es revisionismo subjetivista

Jordi de Terrassa
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El folclorismo izquierdista es revisionismo subjetivista Empty El folclorismo izquierdista es revisionismo subjetivista

Mensaje por Jordi de Terrassa el Miér Abr 27, 2016 10:36 pm

La historia se repite, y de nuevo como una gran farsa, un viejo fantasma recorre el Mundo; el folclorismo izquierdista.

El folclorismo izquierdista utiliza un lenguaje seudo-revolucionario, pero acaba defendiendo las mismas posiciones ideológicas, políticas y económicas que las oligarquías financieras, clases sociales a las que dice combatir. El folclorismo izquierdista también enarbola banderas y consignas del pasado revolucionario, de las clases sociales trabajadoras y populares, sin embargo, las reducen a una farsa grotesca en el presente. El folclorismo izquierdista, emulando a los próceres de Constantinopla, temerosos de hacer frente a los problemas que presenta la transformación revolucionaria de la sociedad contemporánea, prefieren debatir sobre el sexo de los ángeles.

El folclorismo de izquierdas declara que está dispuesto a “tomar el cielo por asalto”, “socializar todos los medios de producción”, a distribuir "a cada cual según su trabajo" en la perspectiva de “a cada cual según su necesidad”. No obstante, el folclorismo de izquierdas, ve imposible o considera indigno, por "reformista" y “pactista”, preocuparse por los intereses inmediatos de la población y mejorar sus condiciones de vida. Mejoras, en España, como blindar los menguados derechos sociales reconocidos en la constitución, establecer una ley electoral mínimamente democrática que haga realidad el principio democrático de “un ciudadano un voto”, impedir la corrupción de la “puertas giratorias”, un “poder judicial” independiente de la corrupción del “poder político”, o garantizar al pueblo español que pueda ejercer “el derecho de auto-determinación” libremente.
Danko escribió:La izquierda folclórica la componen este tipo de personas y grupos que son extremadamente dogmáticos y que en esencia no se distinguen de un integrista o un fanático religioso. Asumen a pies y juntillas en una de las doctrinas de la izquierda (que ya puede ser el comunismo, el anarquismo u otra cualquiera) y consideran que todas las demás doctrinas son desviaciones burguesas. Creen que militan en la única izquierda verdadera, que defienden una especie de verdad revelada por un dios ideológico que tiene una vigencia eterna y está por encima de circunstancias y épocas.

Normalmente son sujetos que van ataviados con la simbología izquierdista propia de su tribu urbana que mostrarán con orgullo y con la que encuentran una identidad que no logran encontrar fuera de su respectiva tribu o parafernalia (vestimenta, estilo, pegatinas por todas partes, fraseología, merchandising temático, simbología y avatares en redes sociales, etc.). Su capacidad para el debate es nula, pues todo lo que defenderán tiene que estar previamente estructurado y explicado con una sobriedad infalible en base a sus textos sagrados (ya sean los textos de Marx, Engels o Lenin), y cualquier discusión tendrá que estar fundamentada en lo que dijo o escribió tal o cual autor correspondiente a los de su tribu (los demás autores no, están todos desviados). Se conocen su Biblia de memoria. Es más ese es el único libro que leen. Por eso les sacas de ahí y se desvela su profunda ignorancia de las cosas más elementales.

También se caracterizan por ser esencialmente sectarios. Cualquier discrepancia con este esquema incluso matización del mismo te convierte de facto en revisionista, o en alguien sospechoso de colaboracionista o de ser el brazo ejecutor (y en el tonto útil) de la burguesía. Cualquier solución intermedia o remedio a un problema concreto que se aparte de sus presupuestos maximalistas les resulta inaceptable, pues para ellos la solución única a todos los problemas es la revolución total, absoluta y eterna.

Gran parte de la izquierda ya se ha dado cuenta del peligro potencial que tiene para todos esta izquierda chiflada. Son personas altamente divisivas que parecen vivir en aquello de “cuanto peor, mejor”, hay veces que incluso parecen disfrutar con la degradación social y el empobrecimiento porque eso justifica sus teorías o porque así creen que se darán las “condiciones objetivas” para su deseada revolución
https://www.forocomunista.com/t35102p80-el-folclorismo#413348

Se puede pensar que el folclorismo de izquierdas es algo nuevo y reducido a un ámbito geográfico determinado, la realidad es que es tan viejo como la revolución. Lo único que se ha hecho es bautizar el fenómeno con un nombre nuevo, sin tomarlo prestado del pasado, a un espíritu viejo.

Ya en el Manifiesto comunista Marx Y Engels manifestaron que los comunistas no tenían mayores problemas en establecer, y mantener, alianzas con la burguesía, en función de las diferentes etapas, períodos o coyunturas de la lucha de clases;
Adaptación libre del Manifiesto del partido comunista de Marx y Engels escribió:Los comunistas, aunque luchando siempre por alcanzar los objetivos inmediatos y defender los intereses cotidianos de la clase obrera, representan a la par, dentro del movimiento actual, su porvenir. En Francia se alían al partido democrático-socialista  contra la burguesía conservadora y radical, más sin renunciar por esto a su derecho de crítica frente a los tópicos y las ilusiones procedentes de la tradición revolucionaria “del folclorismo de izquierda”.

En Suiza apoyan a los radicales, sin ignorar que este partido es una mezcla de elementos contradictorios: de demócratas socialistas, a la manera francesa, y de burgueses radicales.

En Polonia, los comunistas apoyan al partido que sostiene la revolución agraria, como condición previa para la emancipación nacional del país, al partido que provocó la insurrección de Cracovia en 1846.

En “España”, el partido comunista luchará al lado de la burguesía, mientras ésta actúe revolucionariamente, dando con ella la batalla a la monarquía, a la gran propiedad feudal y “a la oligarquía financiera”.

Pero todo esto sin dejar un solo instante de laborar entre los obreros, hasta afirmar en ellos con la mayor claridad posible la conciencia del antagonismo hostil que separa a la burguesía del proletariado, para que, llegado el momento, los obreros “españoles” se encuentren preparados para volverse contra la burguesía, como otras tantas armas, esas mismas condiciones políticas y sociales que la burguesía, una vez que triunfe, no tendrá más remedio que implantar; para que en el instante mismo en que sean derrocadas las clases reaccionarias comience, automáticamente, la lucha contra la burguesía.

Las miradas de los comunistas convergen con un especial interés sobre “España”, pues no desconocen que este país está en vísperas de una revolución burguesa y que esa sacudida revolucionaria se va a desarrollar bajo las propicias condiciones de la civilización europea y con un proletariado mucho más potente que el de Inglaterra en el siglo XVII y el de Francia en el XVIII, “o la Grecia de principios del XXI”, razones todas para que la revolución “española” burguesa que se avecina no sea más que el preludio inmediato de una revolución proletaria.

Resumiendo: los comunistas apoyan en todas partes, como se ve, cuantos movimientos revolucionarios se planteen contra el régimen social y político imperante.
http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm
Adaptación libre de un fragmento del Dieciocho brumario de Luis Bonaparte de Karl Marx escribió:Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando "los folclóricos de izquierda" aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando "los folclóricos de izquierda" conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal. Así, Lutero se disfrazó de apóstol Pablo, la revolución de 1789-1814 se vistió alternativamente con el ropaje de la República romana y del Imperio romano, y la revolución de 1848 no supo hacer nada mejor que parodiar aquí al 1789 y allá la tradición revolucionaria de 1793 a 1795."Los folclóricos de izquierda" son como el principiante que ha aprendido un idioma nuevo: lo traduce siempre a su idioma nativo, pero sólo se asimila el espíritu del nuevo idioma y sólo es capaz de expresarse libremente en él cuando se mueve dentro de él sin reminiscencias y olvida en él su "folclorismo original".
http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/52dblb/3.htm
Adaptación libre de un fragmento de La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo de Lenin escribió:Hemos visto en la cita del folleto de Francfort el tono decidido con que los "los folclóricos de izquierda" plantean esta consigna. Es triste ver cómo gentes que evidentemente se consideran como “comunistas” y quieren serlo, han olvidado las verdades fundamentales del “comunismo”. He aquí lo que en 1874 decía Engels -que, como Marx, pertenece a esa rarísima categoría de escritores cada una de cuyas frases de cada uno de sus grandes trabajos tiene una asombrosa profundidad de contenido-, contra el Manifiesto de los 33 “folclóricos de izquierda”:

   '…Somos comunistas' (decían en su manifiesto los “folclóricos de izquierda”) 'porque queremos alcanzar nuestro fin, sin detenernos en etapas intermedias y sin compromisos, que no hacen más que alejar el día de la victoria y prolongar el periodo de esclavitud'.

   Los comunistas alemanes son comunistas porque, a través de todas las etapas intermedias y de todos los compromisos creados no por ellos, sino por la marcha del desarrollo histórico, ven claramente y persiguen constantemente su objetivo final: la supresión de las clases y la creación de un régimen social en el cual no habrá ya sitio para la propiedad privada de la tierra y de todos los medios de producción. Los 33 “folclóricos de izquierda” son comunistas por cuanto se figuran que basta su buen deseo de saltar las etapas intermedias y los compromisos para que la cosa quede ya arreglada, y que si -ellos lo creen firmemente- 'se arma' uno de estos días y el  Poder cae en sus manos, el 'comunismo estará implantado' al día siguiente. Por consiguiente, si no pueden hacer esto inmediatamente, no son comunistas.  

   ¡Qué ingenua puerilidad la de presentar la propia impaciencia como argumento teórico!" (F. Engels, "Programa de “los folclóricos de izquierda”", en el periódico socialdemócrata alemán "Volksstaat", 1874, núm. 73)

   Engels expresa, en ese mismo artículo, su profundo respeto por Vaillant, habla de los "méritos indiscutibles" de este último (que fue, como Guesde, uno de los jefes más eminentes del socialismo internacional, antes de su traición al socialismo en agosto de 1914). Pero Engels no deja de analizar minuciosamente su manifiesto error. Naturalmente, los revolucionarios muy jóvenes e inexperimentados, así como los revolucionarios pequeñoburgueses aun de edad ya provecta y muy experimentados, consideran extraordinariamente "peligroso", incomprensible, erróneo, el "autorizar los compromisos". Y muchos sofistas (que son politicastros ultra o excesivamente "experimentados") razonan del mismo modo que los jefes del oportunismo inglés mencionados por el camarada Lansbury: "Si los bolcheviques se permiten tal o cual compromiso, ¿por qué no hemos de permitirnos nosotros cualquier compromiso?" Pero los proletarios educados por huelgas múltiples (para no considerar más que esta manifestación de la lucha de clases) se asimilan habitualmente de un modo admirable la profundísima verdad (filosófica, histórica, política, psicológica) enunciada por Engels. Todo proletario conoce huelgas, conoce "compromisos" con los opresores y explotadores odiados, después de los cuales, los obreros han tenido que volver al trabajo sin haber obtenido nada o contentándose con una satisfacción parcial de sus demandas. Todo proletario, gracias al ambiente de lucha de masas y de acentuada agudización de los antagonismos de clase en que vive, observa la diferencia que hay entre un compromiso impuesto por condiciones objetivas (los huelguistas no tienen dinero en su caja, ni cuentan con apoyo alguno, padecen hambre, están agotados indeciblemente) --compromiso que en nada disminuye la abnegación revolucionaria ni el ardor para continuar la lucha de los obreros que lo han contraído-- y por otro lado un compromiso de traidores que achacan a causas objetivas su vil egoísmo (¡los rompehuelgas también contraen "compromisos"!), su cobardía, su deseo de servir a “las oligarquías financieras”, su falta de firmeza ante las amenazas, a veces ante las exhortaciones, a veces ante las limosnas o los halagos de “las oligarquías financieras” (estos compromisos de traidores son numerosísimos, particularmente en la historia del movimiento obrero inglés por parte de los jefes de las tradeuniones, pero, en una u otra forma, casi todos los obreros de todos los países han podido observar fenómenos análogos)
http://www.marx2mao.com/M2M(SP)/Lenin(SP)/LWC20s.html
Adaptación libre de Contra el liberalismo de Mao Zedong escribió:Estamos por la lucha ideológica activa, pues ella es el arma con que se logra la unidad interna del Partido y demás colectividades revolucionarias en beneficio del combate. Todos los comunistas y revolucionarios deben empuñar esta arma. Pero el “folclorismo de izquierdas” rechaza la lucha ideológica y propugna una paz sin principios, dando origen a un estilo decadente y vulgar, que conduce a la degeneración política a algunas organizaciones y miembros del Partido y demás colectividades revolucionarias.

El “folclorismo de izquierdas” se manifiesta en diferentes formas:
A sabiendas de que una persona está en un error, no sostener una discusión de principio con ella y dejar pasar las cosas para preservar la paz y la amistad, porque se trata de un conocido, paisano, condiscípulo, amigo íntimo, ser querido, viejo colega o viejo subordinado, “y en especial si se trata del gran líder”. O bien buscando mantenerse en buenos términos con esa persona, rozar apenas el asunto en lugar de ir hasta el fondo. Así, tanto la colectividad como el individuo resultan perjudicados. Este es el primer tipo de “folclorismo de izquierdas”.

Hacer críticas irresponsables en privado en vez de plantear activamente sugerencias a la organización. No decir nada a los demás en su presencia, sino andar con chismes a sus espaldas; o callarse en las reuniones, pero murmurar después. No considerar para nada los principios de la vida colectiva, sino dejarse llevar por las inclinaciones personales. Este es el segundo tipo.

Dejar pasar cuanto no le afecte a uno personalmente; decir lo menos posible aunque se tenga perfecta conciencia de que algo es incorrecto; ser hábil en mantenerse a cubierto y preocuparse únicamente de evitar reproches. Este es el tercer tipo.

Desobedecer las órdenes y colocar las opiniones personales en primer lugar; exigir consideraciones especiales de la organización, pero rechazar su disciplina. Este es el cuarto tipo.

Entregarse a ataques personales, armar líos, desahogar rencores personales o buscar venganza, en vez de debatir los puntos de vista erróneos y luchar contra ellos en bien de la unidad, el progreso y el buen cumplimiento del trabajo. Este es el quinto tipo. Escuchar opiniones incorrectas y no refutarlas, e incluso escuchar expresiones contrarrevolucionarias y no informar sobre ellas, tomándolas tranquilamente como si nada hubiera pasado. Este es el sexto tipo.

Al hallarse entre las masas, no hacer propaganda ni agitación, no hablar en sus reuniones, no investigar ni hacerles preguntas, sino permanecer indiferente a ellas, sin mostrar la menor preocupación por su bienestar, olvidando que se es comunista y comportándose como una persona cualquiera. Este es el séptimo tipo.

No indignarse al ver que alguien perjudica los intereses de las masas, ni disuadirlo, ni impedir su acción, ni razonar con él, sino dejarle hacer. Este es el octavo tipo.

Trabajar descuidadamente, sin plan ni orientación definidos; cumplir sólo con las formalidades y pasar los días vegetando: "mientras sea monje, tocaré la campana". Este es el noveno tipo.

Considerar que se ha rendido grandes servicios a la revolución y darse aires de veterano; desdeñar las tareas pequeñas pero no estar a la altura de las grandes; ser negligente en el trabajo y flojo en el estudio. Este es el décimo tipo.

Tener conciencia de los propios errores pero no intentar corregirlos, tomando una actitud “folclórica de izquierdas” para consigo mismo. Este es el undécimo tipo.

Podrían citarse otros tipos más, pero los once descritos son los principales.

Todas éstas son manifestaciones de “folclorismo de izquierdas”.

En una colectividad revolucionaria, el “folclorismo de izquierdas” es extremadamente perjudicial. Es una especie de corrosivo, que deshace la unidad, debilita la cohesión, causa apatía y crea disensiones. Priva a las filas revolucionarias de su organización compacta y de su estricta disciplina, impide la aplicación cabal de su política y aleja a las organizaciones del Partido de las masas que éste dirige. Se trata de una tendencia sumamente perniciosa.

El “folclorismo de izquierdas” proviene del egoísmo de la pequeña burguesía; éste coloca los intereses personales en primer plano y relega los intereses de la revolución al segundo, engendrando así el “folclorismo de izquierdas” en los terrenos ideológico, político y organizativo.

Los adictos al “folclorismo de izquierdas” consideran los principios del “comunismo” como dogmas abstractos. Aprueban el “comunismo”, pero no están dispuestos a practicarlo o a practicarlo cabalmente; no están dispuestos a sustituir su “folclorismo de izquierdas” por el “comunismo”. Tienen su “comunismo” y también su “folclorismo de izquierdas” hablan del “comunismo” pero practican el “folclorismo de izquierdas”, el “comunismo” es para los demás y el “folclorismo de izquierdas” para ellos mismos. Llevan ambos en su bagaje y encuentran aplicación para uno y otro. Así es como funciona el cerebro de cierta gente.

El “folclorismo de izquierdas” constituye una manifestación de oportunismo y es radicalmente opuesto al “comunismo”. Es negativo y, objetivamente, hace el juego al enemigo. De ahí que éste se alegre si en nuestras filas persiste el “folclorismo de izquierdas”. Por ser tal su naturaleza, no debe haber lugar para el “folclorismo de izquierdas” en las filas revolucionarias.

Debemos emplear el espíritu “comunista”, que es positivo, para superar el “folclorismo de izquierdas”, que es negativo. El comunista debe ser sincero y franco leal y activo, poner los intereses de la revolución por encima de su propia vida y subordinar sus intereses personales a los de la revolución; en todo momento y lugar ha de adherirse a los principios justos y luchar infatigablemente contra todas las ideas y acciones incorrectas, a fin de consolidar la vida colectiva del Partido y la ligazón de éste con las masas ha de preocuparse más por el Partido y las masas que por ningún individuo, y más por los demás que por sí mismo. Sólo una persona así es digna de llamarse comunista.
Todos los comunistas leales, francos, activos y honrados deben unirse para combatir las tendencias “folclóricas de izquierda”, que cierta gente tiene, y encauzar a ésta por el camino correcto. He aquí una de nuestras tareas en el frente ideológico.
https://www.marxists.org/espanol/mao/escritos/CL37s.html

SS-18 escribió:Creo que no se entiende el término cuando lo he usado en el foro.

Me refiero al folclorismo a esos partidos revisionistas que carecen de todo contenido marxista, que carecen de la capacidad científica del marxismo y se parapetan solo detrás de simbología. Es decir, que intentan solapar su total falta de capacidad marxista, con simple y puro fetichismo folclórico.

No entienden los procesos históricos, el análisis de Stalin o de Lenin, no entienden el por qué se hizo el Pacto Molotov-Ribbentrop o se formó el Frente Popular. Solamente lo defienden pro simple folclore como el que defiende unos colores de una camiseta de futbol.

El problema no es la simbología, el problema es pretender ocular el anticomunismo y la reacción detrás de simbología haciéndose pasar uno por lo que no es.

El marxismo se diferencia y se detecta por el método científico, por el análisis, por la interiorización de ideas superiores. El marxismo, no se defiende desde el a ver quién agita más alto las banderas rojas.

Igual que el marxismo, le sirve y le vale quien tiene capacidad científica, objetiva y material de trasformación, modificación e influencia sobre la materia. No le vale a alguien que se forre de pies a cabezas con estampas de Stalin solo porque diga que es el más puro comunista del mundo.

Llamamos folclorismo a aquellos que han perdido toda utilidad marxista, que carecen de capacidad científica y algún tipo de provecho pragmático para el comunismo y pretenden suplantar ese valor científico con simple fetiche de símbolos, colores y cánticos “hooliganeros”.
Comunista no es el que se escuda en tecnicismos obreristas, en palabrería, en discursos izquierdistas y en procesiones de banderas rojas y estampitas de San Lenin y San Stalin. Comunista es el que estructura una visión científica de la realidad sobre la que formular acciones concretas con el objetivo de lograr transformar la materia, cuyos éxitos y errores de este proceso son los que determinan la correcta línea en la construcción del camino revolucionario.

Los folclóricos carecen del contenido científico y se escudan únicamente en ese fetiche simbólico…

…El folclorismo, es hijo del revisionismo soviético, del “breznevismo” de cuando la URSS estaba copada por esos traidores que emitían una especie de pamplina ideológica que solo defendían con palabrería pero que carecía de todo contenido y funcionalidad marxista. Las defensas eran desde el sectarismo, desde el dogmatismo, desde el infantilismo izquierdista.

El folclorismo es ese arte del revisionismo que engaña con charlatanería, con simbología, con banderas aprovechándose de los despistados y gente aún no formada, para hacer pasar líneas anticomunistas, por comunistas siendo atraídos por el folclore, no por el desarrollo ideológico de sus individuos.

Uno puede ser comunista llevando banderas rojas, símbolos comunistas, retratos de Stalin y Lenin. Ahora bien, no todo el que lleva banderas rojas, símbolos comunistas, retratos de Stalin o Lenin es comunista. Esto es lo que no entienden, porque desde la lógica burguesa, comunista debe de ser el que vista camisetas comunistas y el que diga que es comunista.

Los comunistas entendemos que las cosas no son porque uno crea o quiera que así sean si no por una relación pragmática ante la materia. Si alguien no emite análisis superiores, si no ha interiorizado niveles superiores de cosmovisión y entendimiento de la realidad y sobre todo, un modelo de actividad sobre la materia, no puede ser comunista por mucho que agite banderas rojas.

Los rasgos del trotskismo son ese infantilismo analítico ultra-revolucionario, ese dogmatismo, ese ultra-izquierdismo, ese sectarismo. No los hacen tener esas características por ser trotskistas, si no que el movimiento trotskista tiene esos rasgos. De la misma forma, de estos rasgos no escapa el que se crea seguidor de Stalin y Lenin, por eso mismo, folclorismo es el que intenta hacer pasar por socialismo científico el simple arte fetichista del meneo de banderas rojas, careciendo de toda profundidad y desarrollo ideológico marxista.

Puedes ser simpatizante comunista, pero no eres funcional al comunismo ni puedes ser comunista.

Por eso es importante poder y saber detectar esos rasgos primitivos y anticomunistas en los análisis y las formas de pensamiento. Estamos ante el peor de los enemigos del comunismo, aquel que se esconde detrás de la misma simbología, es el más difícil de detectar. Hablan en nombre del Marxismo, lo reivindican constantemente en cada palabra, intentan constantemente disfrazar los discursos de un aire “vintage” soviético, pero sus líneas de pensamiento, sus análisis, sus formas de estructurar las mediciones sobre la materia, son completamente calcadas de la reacción careciendo de todo valor científico.

Eso son los revisionistas folclóricos.

Boris Yeltsin, Mijaíl Gorbachov hacían fervientes discursos cargados de todo tipo de cháchara obrerista, revolucionaria, menciones a Marx, Lenin, revolución, etc. Pero sabiendo analizar lo que ellos defendían detrás de esa palabrería, se podía entender que lo que defendían eran líneas anticomunistas y completamente reaccionarias.

El problema de parte de los comunistas es que les cuesta entender esto, y creen que comunista es todo aquel que dice que lo es, y por eso acaban inutilizados y engañados…

…A ver lo de folclóricos lo llevo usando yo un tiempo… No existe definición. Es una caricatura del movimiento revisionista que yo llamo así. Folclórico porque hace campaña política en torno al folclore, no desde la capacidad marxista
https://www.forocomunista.com/t35102p10-el-folclorismo#384912

Una de las principales características, del folclorismo de izquierda, es la profunda desconfianza y el desprecio que sienten por el conjunto de los trabajadores, por estar éstos  alienados, vocablo que el folclorismo de izquierda encuentra políticamente correcto aunque en realidad utilizaría la palabra aborregados, y no prestar los trabajadores sus oídos a los cantos de sirena que entona, el folclorismo izquierdista, sobre la planificación económica centralizada de la que son capaces. Desconfianza las de los trabajadores plenamente justificada ya que, el folclorismo de izquierda, es incapaz de presentar una planificación mínimamente coherente sobre la economía de su propia secta. De ahí la acérrimo antagonismo que muestra el folclorismo de izquierda contra la democracia, y que los trabajadores, y el resto de clases populares, puedan hacerse dueños del propio destino y responsables del destino colectivo. Subvirtiendo con fraseología seudo-revolucionaria la lucha comunista por la democracia;
Frederich Engels en Introducción a las luchas de clases en Francia:
Pero, ocurra lo que ocurriere en otros países, la socialdemocracia alemana tiene una posición especial, y con ello, por el momento al menos, una tarea especial también. Los dos millones de electores que envía a las urnas, junto con los jóvenes y las mujeres que están detrás de ellos y no tienen voto, forman la masa más numerosa y más compacta, la «fuerza de choque» decisiva del ejército proletario internacional. Esta masa suministra, ya hoy, más de la cuarta parte de todos los votos emitidos; y crece incesantemente, como lo demuestran las elecciones suplementarias al Reichstag, las elecciones a las Dietas de los distintos estados y las elecciones municipales y de tribunales de artesanos. Su crecimiento avanza de un modo tan espontáneo, tan constante, tan incontenible y al mismo tiempo tan tranquilo como un proceso de la naturaleza. Todas las intervenciones del Gobierno han resultado impotentes contra él. Hoy podemos contar ya con dos millones y cuarto de electores. Si este avance continúa, antes de terminar el siglo habremos conquistado la mayor parte de las capas intermedias de la sociedad, tanto los pequeños burgueses como los pequeños campesinos y nos habremos convertido en la potencia decisiva del país, ante la que tendrán que inclinarse, quieran o no, todas las demás potencias. Mantener en marcha ininterrumpidamente este incremento, hasta que desborde por sí mismo el sistema de gobierno actual; no desgastar en operaciones de descubierta esta fuerza de choque que se fortalece diariamente, sino conservarla intacta hasta el día decisivo: tal es nuestra tarea principal. Y sólo hay un medio para poder contener momentáneamente el crecimiento constante de las fuerzas socialistas de combate en Alemania e incluso para llevarlo a un retroceso pasajero: un choque en gran escala con las tropas, una sangría como la de 1871 en París. Aunque, a la larga, también esto se superaría. Para borrar del mundo a tiros un partido de millones de hombres no bastan todos los fusiles de repetición de Europa y América. Pero el desarrollo normal se interrumpiría; no se podría disponer tal vez de la fuerza de choque en el momento crítico; la lucha decisiva se retrasaría, se postergaría y llevaría aparejados mayores sacrificios.
http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/50lcf/1.htm%23fnB7

En resumen, el viejo fantasma del folclorismo de izquierdas, nombre nuevo para la rancia ideología capitalista en el seno del proletariado revolucionario, cumple una doble función, por un lado defender los intereses de las oligarquías financiera camuflándolos como propios de los trabajadores, con simbología y charlatanería obrerista. Por otro lado, presentar las ideologías revolucionarias y la teoría comunista como una grotesca farsa acientífica y antidemocrática.


Última edición por Jordi de Terrassa el Miér Abr 27, 2016 11:00 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Jordi de Terrassa el Miér Abr 27, 2016 10:43 pm

El folclorismo de izquierdas asume como propias todas las falsas teorías, “ausencia de libertades políticas y democracia”, “subjetivismo filosófico” e “historicismo en la sucesión de las formaciones sociales”, atribuidas a la teoría comunista por ideólogos y filósofos críticos de dicha teoría. Especial mención merece el “utopismo económico” y el “socialismo estatista” propio de las teorías “rodbertianas”, concepciones atribuidas por los ideólogos apologetas del capitalismo, a la teoría comunista, para intentar dar cierta verosimilitud a sus críticas y que, como no podía ser de otra forma, el folclorismo de izquierdas hace suyas, convirtiéndose el folclorismo de izquierdas en defensor de estados dictatoriales, seguidores de doctrinas de subjetividad “cientifista”, valedores de concepciones lineales de la historia, teóricos de concepciones utópicas cuando no abiertamente subjetivas del valor. A pesar que dichas ideas fueron duramente criticadas, ya en su momento, como ajenas a la teoría comunista.

La ideología comunista. Sobre la violencia, el estado y las libertades democráticas;
Friedrich Engels en Principios del Comunismo:
XVI. ¿Será posible suprimir por vía pacífica la propiedad privada?
Sería de desear que fuese así, y los comunistas, como es lógico, serían los últimos en oponerse a ello. Los comunistas saben muy bien que todas las conspiraciones, además de inútiles, son incluso perjudiciales. Están perfectamente al corriente de que no se pueden hacer las revoluciones premeditada y arbitrariamente y que éstas han sido siempre y en todas partes una consecuencia necesaria de circunstancias que no dependían en absoluto de la voluntad y la dirección de unos u otros partidos o clases enteras. Pero, al propio tiempo, ven que se viene aplastando por la violencia el desarrollo del proletariado en casi todos los países civilizados y que, con ello, los enemigos mismos de los comunistas trabajan con todas sus energías para la revolución. Si todo ello termina, en fin de cuentas, empujando al proletariado subyugado a la revolución, nosotros, los comunistas, defenderemos con hechos, no menos que como ahora lo hacemos de palabra, la causa del proletariado.
http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/47-princi.htm
Karl Marx y Friedrich Engels en El Manifiesto Comunista:
Tan pronto como, en el transcurso del tiempo, hayan desaparecido las diferencias de clase y toda la producción esté concentrada en manos de la sociedad, el Estado perderá todo carácter político. El Poder político no es, en rigor, más que el poder organizado de una clase para la opresión de la otra. El proletariado se ve forzado a organizarse como clase para luchar contra la burguesía; la revolución le lleva al Poder; mas tan pronto como desde él, como clase gobernante, derribe por la fuerza el régimen vigente de producción, con éste hará desaparecer las condiciones que determinan el antagonismo de clases, las clases mismas, y, por tanto, su propia soberanía como tal clase.
http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm
Karl Marx en La guerra civil en Francia:
La Comuna estaba formada por los consejeros municipales elegidos por sufragio universal en los diversos distritos de la ciudad. Eran responsables y revocables en todo momento. La mayoría de sus miembros eran, naturalmente, obreros o representantes reconocidos de la clase obrera. La Comuna no había de ser un organismo parlamentario, sino una corporación de trabajo, ejecutiva y legislativa al mismo tiempo. En vez de continuar siendo un instrumento del Gobierno central, la policía fue despojada inmediatamente de sus atributos políticos y convertida en instrumento de la Comuna, responsable ante ella y revocable en todo momento. Lo mismo se hizo con los funcionarios de las demás ramas de la administración. Desde los miembros de la Comuna para abajo, todos los servidores públicos debían devengar salarios de obreros. Los intereses creados y los gastos de representación de los altos dignatarios del estado desaparecieron con los altos dignatarios mismos. Los cargos públicos dejaron de ser propiedad privada de los testaferros del Gobierno central. En manos de la Comuna se pusieron no solamente la administración municipal, sino toda la iniciativa ejercida hasta entonces por el estado…

En vez de decidir una vez cada tres o seis años qué miembros de la clase dominante habían de "representar" al pueblo en el parlamento, el sufragio universal habría de servir al pueblo organizado en comunas, como el sufragio individual sirve a los patronos que buscan obreros y administradores para sus negocios. Y es bien sabido que lo mismo las compañías que los particulares, cuando se trata de negocios saben generalmente colocar a cada hombre en el puesto que le corresponde y, si alguna vez se equivocan, reparan su error con presteza. Por otra parte, nada podía ser más ajeno al espíritu de la Comuna que sustituir el sufragio universal por una investidura jerárquica.
http://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gcfran/guer.htm

El materialismo dialéctico. Sobre la relación entre la objetividad y la subjetividad;
Karl Marx en Tesis sobre Feuerbach, publicadas por primera vez por Frederich Engels en 1888:
(i] El defecto fundamental de todo el materialismo anterior -incluido el de Feuerbach- es que sólo concibe las cosas, la realidad, la sensoriedad, bajo la forma de objeto o de contemplación, pero no como actividad sensorial humana, no como práctica, no de un modo subjetivo. De aquí que el lado activo fuese desarrollado por el idealismo, por oposición al materialismo, pero sólo de un modo abstracto, ya que el idealismo, naturalmente, no conoce la actividad real, sensorial, como tal. Feuerbach quiere objetos sensoriales, realmente distintos de los objetos conceptuales; pero tampoco él concibe la propia actividad humana como una actividad objetiva. Por eso, en la esencia del cristianismo sólo considera la actitud teórica como la auténticamente humana, mientras que concibe y fija la práctica sólo en su forma suciamente judaica de manifestarse. Por tanto, no comprende la importancia de la actuación "revolucionaria", "práctico-crítica".

[II] El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico.

[III] La teoría materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y de la educación, y de que, por tanto, los hombres modificados son producto de circunstancias distintas y de una educación modificada, olvida que son los hombres, precisamente, los que hacen que cambien las circunstancias y que el propio educador necesita ser educado. Conduce, pues, forzosamente, a la sociedad en dos partes, una de las cuales está por encima de la sociedad (así, por ej., en Robert Owen).
La coincidencia de la modificación de las circunstancias y de la actividad humana sólo puede concebirse y entenderse racionalmente como práctica revolucionaria.

[IV] Feuerbach arranca de la auto-enajenación religiosa, del desdoblamiento del mundo en un mundo religioso, imaginario, y otro real. Su cometido consiste en disolver el mundo religioso, reduciéndolo a su base terrenal. No advierte que, después de realizada esta labor, queda por hacer lo principal. En efecto, el que la base terrenal se separe de sí misma y se plasme en las nubes como reino independiente, sólo puede explicarse por el propio desgarramiento y la contradicción de esta base terrenal consigo misma. Por tanto, lo primero que hay que hacer es comprender ésta en su contradicción y luego revolucionarla prácticamente eliminando la contradicción. Por consiguiente, después de descubrir, v. gr., en la familia terrenal el secreto de la sagrada familia, hay que criticar teóricamente y revolucionar prácticamente aquélla.

[V] Feuerbach, no contento con el pensamiento abstracto, apela a la contemplación sensorial; pero no concibe la sensoriedad como una actividad sensorial humana práctica.

[VI] Feuerbach diluye la esencia religiosa en la esencia humana. Pero la esencia humana no es algo abstracto inherente a cada individuo. Es, en su realidad, el conjunto de las relaciones sociales. Feuerbach, que no se ocupa de la crítica de esta esencia real, se ve, por tanto, obligado:
A hacer abstracción de la trayectoria histórica, enfocando para sí el sentimiento religioso (Gemüt) y presuponiendo un individuo humano abstracto, aislado.
En él, la esencia humana sólo puede concebirse como "género", como una generalidad interna, muda, que se limita a unir naturalmente los muchos individuos.

[VII] Feuerbach no ve, por tanto, que el "sentimiento religioso" es también un producto social y que el individuo abstracto que él analiza pertenece, en realidad, a una determinada forma de sociedad.

[VIII] La vida social es, en esencia, práctica. Todos los misterios que descarrían la teoría hacia el misticismo, encuentran su solución racional en la práctica humana y en la comprensión de esa práctica.

[IX] A lo que más llega el materialismo contemplativo, es decir, el materialismo que no concibe la sensoriedad como actividad práctica, es a contemplar a los distintos individuos dentro de la "sociedad civil".

[X] El punto de vista del antiguo materialismo es la sociedad "civil; el del nuevo materialismo, la sociedad humana o la humanidad socializada.

[XI] Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.
http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/45-feuer.htm

El materialismo histórico. Sobre la subjetividad individual y la objetividad histórica;
Friedrich Engels en Carta a José Bloch:
…Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertirá aquella tesis en una frase vacua, abstracta, absurda. La situación económica es la base, pero los diversos factores de la superestructura que sobre ella se levanta --las formas políticas de la lucha de clases y sus resultados, las Constituciones que, después de ganada una batalla, redacta la clase triunfante, etc., las formas jurídicas, e incluso los reflejos de todas estas luchas reales en el cerebro de los participantes, las teorías políticas, jurídicas, filosóficas, las ideas religiosas y el desarrollo ulterior de éstas hasta convertirlas en un sistema de dogmas-- ejercen también su influencia sobre el curso de las luchas históricas y determinan, predominantemente en muchos casos, su forma. Es un juego mutuo de acciones y reacciones entre todos estos factores, en el que, a través de toda la muchedumbre infinita de casualidades (es decir, de cosas y acaecimientos cuya trabazón interna es tan remota o tan difícil de probar, que podemos considerarla como inexistente, no hacer caso de ella), acaba siempre imponiéndose como necesidad el movimiento económico. De otro modo, aplicar la teoría a una época histórica cualquiera sería más fácil que resolver una simple ecuación de primer grado.

Somos nosotros mismos quienes hacemos nuestra historia, pero la hacemos, en primer lugar con arreglo a premisas y condiciones muy concretas. Entre ellas, son las económicas las que deciden en última instancia. Pero también desempeñan su papel, aunque no sea decisivo, las condiciones políticas, y hasta la tradición, que merodea como un duende en las cabezas de los hombres. También el Estado prusiano ha nacido y se ha desarrollado por causas históricas, que son, en última instancia, causas económicas. Pero apenas podrá afirmarse, sin incurrir en pedantería, que de los muchos pequeños Estados del Norte de Alemania fuese precisamente Brandeburgo, por imperio de la necesidad económica, y no por la intervención de otros factores (y principalmente su complicación, mediante la posesión de Prusia, en los asuntos de Polonia, y a través de esto, en las relaciones políticas internacionales, que fueron también decisivas en la formación de la potencia dinástica austríaca), el destinado a convertirse en la gran potencia en que tomaron cuerpo las diferencias económicas,  lingüísticas, y desde la Reforma también las religiosas, entre el Norte y el Sur. Es difícil que se consiga explicar económicamente, sin caer en el ridículo, la existencia de cada pequeño Estado alemán del pasado y del presente o los orígenes de las permutaciones de consonantes en el alto alemán, que convierten en una línea de ruptura que corre a lo largo de Alemania la muralla geográfica formada por las montañas que se extienden de los Sudetes al Tauno.

En segundo lugar, la historia se hace de tal modo, que el resultado final siempre deriva de los conflictos entre muchas voluntades individuales, cada una de las cuales, a su vez, es lo que es por efecto de una multitud de condiciones especiales de vida; son, pues, innumerables fuerzas que se entrecruzan las unas con las otras, un grupo infinito de paralelogramos de fuerzas, de las que surge una resultante --el acontecimiento histórico--, que a su vez, puede considerarse producto de una fuerza única, que, como un todo, actúa sin conciencia y sin voluntad. Pues lo que uno quiere tropieza con la resistencia que le opone otro, y lo que resulta de todo ello es algo que nadie ha querido. De este modo, hasta aquí toda la historia ha discurrido a modo de un proceso natural y sometida también, sustancialmente, a las mismas leyes dinámicas. Pero del hecho de que las distintas voluntades individuales --cada una de las cuales apetece aquello a que le impulsa su constitución física y una serie de circunstancias externas, que son, en última instancia, circunstancias económicas (o las suyas propias personales o las generales de la sociedad) -- no alcancen lo que desean, sino que se fundan todas en una media total, en una resultante común, no debe inferirse que estas voluntades sean = 0. Por el contrario, todas contribuyen a la resultante y se hallan, por tanto, incluidas en ella.
Además, me permito rogarle que estudie usted esta teoría en las fuentes originales y no en obras de segunda mano; es, verdaderamente, mucho más fácil. Marx apenas ha escrito nada en que esta teoría no desempeñe su papel. Especialmente, "El 18 Brumario de Luis Bonaparte" es un magnífico ejemplo de aplicación de ella. También en El Capital se encuentran muchas referencias. En segundo término, me permito remitirle también a mis obras La subversión de la ciencia por el señor E. Dühring y Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, en las que se contiene, a mi modo de ver, la exposición más detallada que existe del materialismo histórico.

El que los discípulos hagan a veces más hincapié del debido en el aspecto económico, es cosa de la que, en parte, tenemos la culpa Marx y yo mismo. Frente a los adversarios, teníamos que subrayar este principio cardinal que se negaba, y no siempre disponíamos de tiempo, espacio y ocasión para dar la debida importancia a los demás factores que intervienen en el juego de las acciones y reacciones. Pero, tan pronto como se trataba de exponer una época histórica y, por tanto, de aplicar prácticamente el principio, cambiaba la cosa, y ya no había posibilidad de error. Desgraciadamente, ocurre con harta frecuencia que se cree haber entendido totalmente y que se puede manejar sin más una nueva teoría por el mero hecho de haberse asimilado, y no siempre exactamente, sus tesis fundamentales. De este reproche no se hallan exentos muchos de los nuevos «marxistas» y así se explican muchas de las cosas peregrinas que han aportado…
http://www.marxists.org/espanol/m-e/cartas/e21-9-90.htm

La economía política. Sobre la teoría del valor; qué trabajo, por qué y cómo crea valor;
Karl Marx y Frederich Engels en El Capital, Libro II, prólogo:
Tales son los hechos. Veamos ahora qué hay de cierto en lo tocante a las ideas que Marx, según se dice, ha "saqueado" a Rodbertus. "En mi tercera carta social -dice Rodbertus-, he puesto de manifiesto sustancialmente lo mismo que Marx, sólo que de un modo más breve y más claro, de dónde nace la plusvalía del capitalista." El punto cardinal es, por tanto, la teoría de la plusvalía; y, en realidad, nadie sería capaz de decir qué otra cosa podría Rodbertus reivindicar de Marx como propiedad suya. Rodbertus se hace aparecer, pues, aquí como el verdadero autor de la teoría de la plusvalía, pretendiendo que Marx se la ha saqueado.

Pues bien; ¿qué nos dice la tercera carta social [p. 87] respecto al nacimiento de la plusvalía? Nos dice, sencillamente, que la "renta", término en el que el autor sintetiza la renta del suelo y la ganancia no nace de un "recargo de valor" sobre el valor de la mercancía, sino "como consecuencia de una deducción de valor que se le impone al salario; en otros términos, porque el salario sólo representa una parte del valor del producto del trabajo" y porque allí donde la productividad del trabajo es suficiente, "no necesita ser igual al valor natural de cambio de su producto, con objeto de que quede un remanente para la reposición del capital (!), y para la renta". Sin que se nos diga qué "valor natural de cambio" del producto es ése en el que no queda ningún remanente para la "reposición del capital", es decir, para la reposición de las materias primas y del desgaste de las herramientas.

Afortunadamente, tenemos la posibilidad de comprobar la impresión que este sensacional descubrimiento de Rodbertus causó a Marx. En el cuaderno X, pp. 445 ss., del manuscrito titulado "Contribución a la crítica, etc.", nos encontramos con una "digresión" titulada "El señor Rodbertus. Una nueva teoría de la renta del suelo". Es el único punto de vista desde el cual se examina aquí la tercera carta social. Marx liquida la teoría rodbertiana de la plusvalía en general con esta observación irónica: "El señor Rodbertus empieza investigando el aspecto que presenta un país en que la posesión de la tierra y la del capital no se hallan separadas, para llegar luego al resultado importante de que la renta (por la cual entiende toda la plusvalía) equivale simplemente al trabajo no retribuido o a la cantidad de productos en que toma cuerpo."

Ahora bien, la humanidad capitalista se ha pasado varios siglos produciendo plusvalía y, poco a poco ha ido formándose, además, una idea acerca del nacimiento de ésta. La primera noción fue la que brotó de la práctica mercantil inmediata: la de que la plusvalía nacía de un recargo sobre el valor del producto. Esta idea predominaba entre los mercantilistas, pero ya James Steuart se dio cuenta de que, si fuese así, lo que unos ganaban tenían necesariamente que perderlo otros. A pesar de eso, esta idea siguió apuntando todavía durante mucho tiempo, sobre todo entre los socialistas; fue A. Smith quien la desplazó de la ciencia clásica.

En su Riqueza de las Naciones, libro 1, cap. VI, se dice: "Tan pronto como el capital se acumula en poder de personas determinadas, algunas de ellas procuran regularmente emplearlo en dar trabajo a gentes laboriosas, suministrándoles materiales y alimentos, para sacar provecho de la venta de su producto o del valor que el trabajador añade a los materiales." Éste "se resuelve en dos partes; una de ellas paga el salario de los obreros, y la otra las ganancias del empresario, sobre el fondo entero de materiales y salarios que adelanta." Y un poco más adelante: "Desde el momento en que las tierras de un país se convierten en propiedad privada de los terratenientes, éstos, como los demás hombres, desean cosechar donde nunca sembraron, y exigen una renta hasta por el producto natural del suelo..." El obrero "ha de pagar al terrateniente una parte de lo que su trabajo produce o recolecta. Esta porción, o lo que es lo mismo, el precio de ella, constituye la renta de la tierra".
En el citado manuscrito "Contribución a la crítica, etc.", p. 253. Marx comenta así este pasaje: "Para A. Smith, la plusvalía, es decir, el trabajo sobrante, el remanente de trabajo invertido y materializado en la mercancía después de cubrir el trabajo retribuido, cuyo equivalente es el salario, constituye por tanto la categoría general de que la ganancia propiamente dicha y la renta del suelo no son más que modalidades."

Más adelante, libro 1, cap. VIII, dice también A. Smith:

"Tan pronto como la tierra se convierte en propiedad privada, el propietario exige una parte de todo cuanto producto obtiene o recolecta en ella el trabajador. Su renta es la primera deducción que se hace del producto del trabajo aplicado a la tierra. Rara vez ocurre que la persona que cultiva la tierra disponga de lo necesario para mantenerse hasta la recolección. La subsistencia que se le adelanta procede generalmente del capital de un amo, el granjero que lo emplea, y que no tendría interés en ocuparlo sino participando en el producto del trabajador... este beneficio viene a ser la segunda deducción que se hace del producto del trabajo empleado en la tierra. El producto de cualquier otro trabajo está casi siempre sujeto a la misma deducción de un beneficio. En todas las artes y manufacturas, la mayor parte de los operarios necesitan de un patrón que les adelante los materiales de su obra, los salarios y el sustento hasta que la obra se termina. El patrón participa en el producto del trabajo de sus operarios, o en el valor que el trabajo incorpora a los materiales, y en esta participación consiste su beneficio."

Glosa de Marx (manuscrito p. 256): "En este pasaje, A. Smith presenta lisa y llanamente la renta del suelo y la ganancia del capital como simples deducciones hechas sobre el producto del obrero o sobre el valor de su producto, e iguales a la cantidad de trabajo añadida por él a las materias primas. Pero esta deducción sólo puede consistir, como el propio A. Smith pone en claro con anterioridad, en la parte del trabajo que el obrero añade a las materias primas después de cubrir la cantidad de trabajo que su salario se limita a resarcir o arroja un equivalente de éste; dicho, en otros términos, no puede consistir más que en plusvalía, en trabajo no retribuido."

Como vemos, ya A. Smith sabía "de dónde nace la plusvalía del capitalista" y, además, la del terrateniente; Marx lo reconoce sinceramente ya en 1861, mientras Rodbertus y todo el tropel de sus admiradores, que brotan como las setas bajo la lluvia caliente de estío del socialismo de Estado, parecen haberlo olvidado en absoluto.

"Sin embargo -prosigue Marx-, A. Smith no diferencia la plusvalía de por sí, como categoría propia, de las formas específicas bajo las que se presenta como ganancia y renta del suelo. De aquí todos los errores y los defectos de que adolece su investigación, y más aún la de Ricardo." Frase ésta que podría ser aplicada literalmente a Rodbertus. Su "renta" es, sencillamente, la suma de la renta del suelo + la ganancia; de la renta del suelo se forma una teoría totalmente falsa, y la ganancia la toma, sin molestarse en lo más mínimo, tal y como la encuentra en sus predecesores. En cambio, la plusvalía de Marx es la forma general de la suma de valor que se apropian sin equivalencia los poseedores de los medios de producción, suma que se descompone en las formas específicas, transformadas, de ganancia y renta del suelo, con arreglo a leyes muy peculiares, que Marx fue el primero en descubrir. Estas leyes se desarrollan en el libro III, donde se verá por vez primera cuántos eslabones son necesarios para llegar de la comprensión de la plusvalía en general a la de su transformación en ganancia y renta del suelo, es decir, a la comprensión de las leyes que rigen el reparto de la plusvalía en el seno de la clase capitalista.

Ricardo va ya bastante más allá que A. Smith. Basa su concepción de la plusvalía en una nueva teoría del valor, que aunque aparecía ya como un conato en A. Smith se perdía nuevamente entre los desenvolvimientos de este autor y que habría de constituir, el punto de partida de toda la ciencia económica posterior. De la determinación del valor de la mercancía por la cantidad de trabajo materializado en ella, deriva Ricardo la distribución entre obrero y capitalista de la cantidad de valor añadida a las matearías primas por el trabajo, su división en salario y ganancia (es decir, aquí, plusvalía). Demuestra que el valor de las mercancías es siempre el mismo, por mucho que cambie la proporción entre estas dos partes; ley a la que sólo admite excepciones aisladas. Establece, incluso, algunas leyes fundamentales acerca de la proporción inversa entre el salario y la plusvalía (concebida bajo la forma de ganancia), aunque en una formulación demasiado general (Marx, El Capital, I, cap. XV, I) [435-438], y demuestra la renta del suelo como un remanente que en determinadas circunstancias se desprende de la ganancia. Rodbertus no se remonta por encima de Ricardo en ninguno de estos dos puntos. Las contradicciones internas de la teoría de Ricardo, que condujeron al fracaso a su escuela, pasaron completamente inadvertidas para Rodbertus o sólo sirvieron para inducirle (Zur Erkenntniss, etc., p. 130), a reivindicaciones utópicas, y no a soluciones económicas.

Pero la teoría ricardiana del valor y de la plusvalía no necesité esperar a que apareciese la obra Zur Erkenntniss, etc., de Rodbertus para ser utilizada en un sentido socialista. En la p. 495 del primer tomo de El Capital encontramos citado el estudio "The possessors of surplus produce or capital", tomado de una obra titulada The Source and Remedy of the National Difficulties. A letter to Lord John Rusell, Londres, 1821. En esta obra, hacia cuya importancia hubiera debido llamar la atención, por si sola, la expresión de "surplus produce or capital" y que es un folleto de 40 páginas, arrancado por Marx al olvido, se dice:

"Cualquiera que sea lo que al capitalista le corresponda (desde el punto de vista del capitalista), sólo puede apropiarse el trabajo excedente (surplus labour) del obrero, pues el obrero necesita vivir" (p. 23). Pero, cómo viva el obrero y cuán grande pueda ser, por tanto, el trabajo excedente apropiado por el capitalista, es una cosa muy relativa. "Si el capital no disminuye de valor en la proporción en que aumenta de volumen, el capitalista estrujará al obrero el producto de cada hora de trabajo por encima del mínimo que el obrero necesita para vivir... El capitalista puede, en último término, decirle al obrero: no comas pan, pues puedes vivir comiendo nabos y patatas; hasta este punto hemos llegado" (p. 24). "Si se puede hacer que el obrero se alimente de patatas en vez de pan, es indiscutible que se podrá arrancar un producto mayor a su trabajo; es decir, sí el obrero para vivir de pan, necesita retener para su sustento y el de su familia el trabajo del lunes y del martes, alimentándose de patatas sólo retendrá para si la mitad del lunes, con lo cual el resto del lunes y todo el martes quedarán libres en provecho del Estado o para el capitalista"(p. 26). "Todos están de acuerdo (it is admited) en que los intereses abonados a los capitalistas, sea en forma de renta o en forma de réditos o de ganancia comercial o industrial, se pagan a costa del trabajo de otros" (p. 23). He aquí, pues, toda la "renta" de Rodbertus, con la diferencia de que en vez de "renta", aquí se dice intereses.

Glosa de Marx (manuscrito "Contribución a la crítica, etc.", p. 852): "Este folleto casi desconocido -que apareció por la época en que empezaba a hacerse célebre el `increíble chapucero' MacCulloch- representa un progreso muy notable respecto a Ricardo. Define directamente la plusvalía o 'ganancia', como Ricardo la llama (y también, con frecuencia, producto excedente, surplus product) o interest, como lo llama el autor del folleto, como surplus labour, trabajo excedente, como el trabajo que el obrero rinde gratis, después de cubrir la cantidad de trabajo que sirve para reponer el valor de su fuerza de trabajo y que, por tanto, produce un equivalente para su salario. Tan importante como era reducir el valor al trabajo, era reducir la plusvalía (surplus value) materializada en un producto excedente (surplus product) a trabajo excedente (surplus labour)

Esto aparece ya dicho, en efecto, en Adam Smith y constituye una fase fundamental en la evolución de Ricardo. Pero no aparece nunca expresado y plasmado en ellos en forma absoluta." Y más adelante, en la p. 859 del manuscrito, se dice: "Por lo demás, el autor sigue aferrado a las categorías económicas anteriores a él. En Ricardo la confusión de plusvalía y ganancia conduce a contradicciones desagradables. Exactamente lo mismo le ocurre a él, que bautiza la plusvalía con el nombre de interés del capital. Es cierto que le lleva a Ricardo la ventaja de que, en primer lugar, reduce toda la plusvalía a trabajo excedente, y de que, además, aunque llame a la plusvalía interés del capital, hace resaltar, al mismo tiempo, que entiende por interest of capital la forma general de la plusvalía, a diferencia de sus formas específicas, renta, interés y ganancia comercial e industrial. Pero vuelve a tomar el nombre de una de estas formas específicas, el interest, como el nombre de la forma general. Y esto basta para que vuelva a reincidir en la vieja jerga [slang, dice el manuscrito] económica."

Este último pasaje le viene a nuestro Rodbertus como anillo al dedo. También él se aferra a las categorías económicas anteriores. Y bautiza a la plusvalía con el nombre de una de sus modalidades transformadas, a la que, además, da una gran vaguedad: la renta. El resultado de estas dos pifias es que reincida en la vieja jerga económica, que no lleve adelante de un modo crítico su progreso respecto a Ricardo y que, en vez de eso, se deje inducir a hacer de su conato de teoría, antes de que ésta se haya desprendido del cascarón, la base de una utopía, que, como siempre, llega tarde. El folleto de referencia se publicó en 1821 y se adelanta ya plenamente a la "renta" rodbertiana de 1842.

El folleto comentado por Marx no es más que la avanzada extrema de toda una literatura que en la década del veinte endereza la teoría ricardiana del valor y de la plusvalía, en interés del proletariado contra la producción capitalista, combatiendo a la burguesía con sus propias armas. Todo el comunismo de Owen, en la medida en que reviste una forma económico-polémica, se basa en Ricardo. Y junto a él encontramos toda una serie de escritores, entre los cuales Marx se limita, ya en 1847, a citar unos cuantos en contra de Proudhon (Misére de la Philosophie, p. 49): Edmonds, Thompson, Hodgskin, etc., etc., "y cuatro páginas más de etcéteras". Entre este sinnúmero de obras, citaré una, tomada al azar: An Inquiry into the Principles of the Distribution of Wealth, most conducive to Human Happiness, por William Thompson; nueva edición, Londres, 1850. La primera edición de esta obra, escrita en 1822, se publicó por vez primera en 1824. También aquí se define constantemente, y con palabras bastantes contundentes, la riqueza apropiada por las clases no productoras como deducción del producto del obrero. "La aspiración constante de lo que llamamos sociedad ha consistido en mover al obrero productivo, por el engaño o la persuasión, por la coacción o el terror, a trabajar percibiendo la parte más pequeña posible del producto de su propio trabajo" (p. 28). "¿Por qué el obrero no ha de percibir todo el producto absoluto de su trabajo?" (p. 32). "Esta compensación que los capitalistas le arrancan al obrero productivo bajo el nombre de renta del suelo, o de ganancia, se le reclama por el uso de la tierra o de otros objetos... Puesto que todas las materias físicas sobre las cuales o por medio de las cuales puede poner en práctica su capacidad de producción el obrero productivo desposeído, al que no se le deja más que su capacidad de producir, se hallan en posesión de otros cuyos intereses son antagónicos a los suyos y cuyo consentimiento es condición previa para su trabajo, ¿no depende y no tiene necesariamente que depender de la buena voluntad de estos capitalistas la parte de los frutos de su propio trabajo que se le deje como remuneración de éste (p. 125)... en proporción a la magnitud del producto retenido, ya se dé... a estos desfalcos el nombre de impuestos, el de ganancia o el de robo?" (p. 126), etcétera.

Confieso que siento, al escribir estas líneas, un poco de vergüenza. Pase el que la literatura inglesa anticapitalista de las décadas del veinte y del treinta sea tan absolutamente ignorada en Alemania, a pesar de que ya en la Misére de la Philosophie, Marx alude directamente a ella y de que en el primer tomo de El Capital cita repetidas veces algunas de estas publicaciones: el folleto de 1821, a Ravenstone, a Hodgskin, etc. Pero el hecho de que no sólo el literatus vulgaris que se agarra desesperadamente a los faldones de la levita de Rodbertus, ese literato "que no ha aprendido realmente nada", sino incluso el profesor de oficio que "se jacta de erudición" haya olvidado su economía clásica hasta el punto de poder acusar seriamente a Marx de copiar de Rodbertus, cosas que pueden leerse ya en A. Smith y en Ricardo, demuestra cuán bajo ha caído hoy, en Alemania, la economía oficial.

¿Qué es, entonces, lo que Marx dice de nuevo acerca de la plusvalía? ¿Cómo se explica que la teoría de la plusvalía de Marx haya desencadenado una tormenta repentina, y además en todos los países civilizados, mientras que las teorías de todos sus predecesores socialistas, incluyendo a Rodbertus, se esfumaron sin dejar rastro?

Podríamos explicar esto a la luz de un ejemplo sacado de la historia de la química.

A fines del siglo pasado, imperaba todavía en la química, como es sabido, la teoría flogística, la cual explicaba el proceso de toda combustión, a base de un cuerpo, hipotético, un combustible absoluto que según ella se desprendía en ese proceso y al que se daba el nombre de flogisto. Esta teoría bastaba para explicar la mayoría de los fenómenos conocidos por aquel entonces, aunque para ello, en ciertos casos, fuera necesario violentar un poco la cosa. En 1774, Priestley descubrió una clase de aire "tan puro o tan exento de flogisto que, a su lado, el aire corriente parecía estar ya corrompido". Y le dio el nombre de aire desflogistizado. Poco después, Scheele encontró en Suecia la misma clase de aire y demostró su existencia en la atmósfera. Descubrió, además, que desaparecía al quemar un cuerpo en él o en aire corriente, razón por la cual le dio nombre de "aire ígneo". "Estos resultados le llevaron a la conclusión de que la combinación que se produce por la unión del flogisto con una de las partes integrantes del aire (es decir, en el proceso de combustión) no es otra cosa que fuego o calor, que se escapa por el vidrio."
Tanto Priestley como Scheele habían descubierto el oxígeno, pero no sabían lo que tenían en la mano. Seguían aferrados a las categorías "flogísticas" anteriores a ellos. En sus manos, el elemento llamado a echar por tierra toda la concepción flogística y a revolucionar la química, estaba condenado a la esterilidad. Pero Priestley comunicó enseguida su descubrimiento a Lavoisier, en París, y Lavoisier se puso a investigar, a la luz de este nuevo hecho, toda la química flogística, hasta que descubrió que la nueva clase de aire era, en realidad, un nuevo elemento químico; que en la combustión no interviene ningún misterioso flogisto que se escape del cuerpo en ignición, sino que es el nuevo elemento el que se combina con el cuerpo que arde, y de este modo puso de pie toda la química, que bajo su forma flogística estaba de cabeza. Y aunque, como él mismo lo afirma, no presentó el oxígeno al mismo tiempo que los otros e independientemente de ellos, Lavoisier es, a pesar de ello, con respecto a los otros dos, el verdadero descubridor del oxígeno, ya que aquéllos no hicieron más que tropezar con el nuevo elemento sin sospechar siquiera qué era aquello en que tropezaban.

Pues bien; la relación que medía entre Lavoisier y Priestley y Scheele es la misma que media, en lo tocante a la teoría de la plusvalía, entre Marx y sus predecesores. La existencia de esa parte de valor del producto a que hoy damos el nombre de plusvalía, habíase comprobado mucho antes de Marx; y asimismo se había expresado, con mayor o menor claridad, en lo que consiste, a saber: en el producto del trabajo por el que quien se lo apropia no paga equivalente alguno. Pero no se pasaba de ahí. Los unos -los economistas burgueses clásicos- investigaban, a lo sumo, la proporción en que el producto del trabajo se repartía entre el obrero y el poseedor de los medios de producción. Los otros -los socialistas- encontraban este reparto injusto y buscaban medios utópicos para corregir la injusticia. Pero, tanto unos como otros seguían aferrados a las categorías económicas anteriores a ellos.

Fue entonces cuando apareció Marx. Y apareció en directa contraposición con todos sus predecesores. Allí donde éstos veían una solución, Marx vio solamente un problema. Vio que aquí no se trataba ni de aire desflogistizado ni de aire ígneo, sino de oxígeno; que no se trataba ni de la simple comprobación de un hecho económico corriente, ni del conflicto de este hecho con la eterna justicia y la verdadera moral, sino de un hecho que estaba llamado a revolucionar toda la economía y que daba -a quien supiera interpretarlo- la clave para comprender toda la producción capitalista. A la luz de este hecho, investigó todas las categorías anteriores a él, lo mismo que Lavoisier había investigado a la luz del oxígeno todas las anteriores categorías de la química flogistica. Para saber qué era la plusvalía, tenía que saber qué era el valor. Y el único camino que se podía seguir, para ello, era el de someter a crítica, ante todo, la propia teoría del valor de Ricardo. Y así, Marx investigó el trabajo en su función creadora de valor y puso en claro por vez primera qué trabajo y por qué y cómo crea valor, descubriendo que el valor no es otra cosa que trabajo de esta clase cristalizado, punto éste que Rodbertus no llegó jamás a comprender. Luego, Marx investigó la relación entre la mercancía y el dinero y demostró cómo y por qué, gracias a la cualidad de valor inherente a ella, la mercancía y el cambio de mercancías tienen necesariamente que engendrar la antítesis de mercancía y dinero; su teoría del dinero cimentada sobre esta base, es la primera teoría completa, hoy tácitamente aceptada por todo el mundo. Investigó la conversión del dinero en capital y demostró que este proceso descansa en la compra y venta de la fuerza de trabajo. Y, sustituyendo el trabajo por la fuerza de trabajo, por la cualidad creadora de valor, resolvió de golpe una de las dificultades contra las que se había estrellado la escuela de Ricardo: la imposibilidad de poner intercambio de capital y trabajo en consonancia con la ley ricardiana de la determinación del valor por el trabajo. Sentando la distinción del capital en constante y variable, consiguió por vez primera exponer hasta en sus más pequeños detalles y, por tanto, explicarlo, el proceso de la formación de plusvalía en su verdadero desarrollo, cosa que ninguno de sus predecesores había logrado: estableció, por este camino, una distinción entre dos clases de capital de la que ni Rodbertus ni los economistas burgueses habían sido capaces de sacar nada en limpio y que, sin embargo, nos da la clave para resolver los problemas económicos más intrincados, como lo demuestra palmariamente, una vez más, este libro II y lo demostrará más aún, según se verá en su día, el libro III. Siguió investigando la misma plusvalía y descubrió sus dos formas: la plusvalía absoluta y la relativa, señalando el papel distinto, pero decisivo en ambos casos, que la plusvalía desempeña en el desarrollo histórico de la producción capitalista. Y, sobre la base de la plusvalía, desarrolló la primera teoría racional del salario que poseemos y trazó por vez primera las líneas generales para una historia de la acumulación capitalista y para una exposición de su tendencia histórica.

¿Y Rodbertus? Después de leer todo esto, ve en ello -economista de tendencia, como siempre- un "asalto a la sociedad", le parece que él ha dicho de un modo mucho más breve y más claro de dónde nace la plusvalía y encuentra, finalmente, que todo esto se amolda, indudablemente, a "la actual forma de capital", es decir, al capital tal como existe históricamente, pero no al "concepto del capital", es decir, a la idea utópica que del capital se ha formado el señor Rodbertus. Exactamente lo mismo que sucedía al vejo Priestley, que hasta su muerte ponía la mano en el fuego por el flogismo, sin querer saber absolutamente nada del oxígeno. Con la diferencia de que Priestley fue realmente el primero que tropezó con el oxígeno, mientras que Rodbertus, con su plusvalía, o mejor dicho con su "renta", no hizo más que volver a descubrir un lugar común, y de que Marx, al contrario que los predecesores de Lavoisier, jamás afirmó haber sido el primero en descubrir el hecho de la existencia de la plusvalía.

Las demás aportaciones de Rodbertus en materia de economía se hallan al mismo nivel de ésta. Su elaboración de la plusvalía hasta convertirla en un concepto utópico, fue criticada ya por Marx, sin proponérselo, en la Misére de la Philosophie; y cuanto restaba por decir acerca de esto, ha sido dicho por mí en el prólogo a la traducción alemana de la citada obra. La tendencia a las crisis comerciales por el déficit de consumo de la clase obrera la encontramos ya en los Nouveaux Principes de l'Économie Politique de Sismondi, libro IV, capítulo IV.³ Sólo que Sismondi no pierde de vista nunca el mercado mundial, mientras que el horizonte de Rodbertus queda encerrado dentro de las fronteras prusianas. Sus especulaciones sobre si el salario proviene del capital o de la renta son puro escolasticismo y quedan definitivamente liquidadas con la sección tercera de este libro II de El Capital. Su teoría de la renta es propiedad exclusiva suya y podrá seguir sesteando tranquilamente hasta que vea la luz el manuscrito de Marx en que se hace la crítica de ella. Finalmente, sus proposiciones encaminadas a emancipar la propiedad territorial de la vieja Prusia de la opresión del capital son también completamente utópicas; en ellas se elude, en efecto, la única cuestión práctica que aquí se ventila: la cuestión de saber cómo el terrateniente de la vieja Prusia puede ingresar, digamos, 20,000 marcos un año con otro y gastar, por ejemplo, 30,000, sin contraer deudas.

La escuela ricardiana fracasó hacía 1830 por culpa de la plusvalía. El problema que ella no fue capaz de resolver siguió siendo un problema sin solución, con harta mayor razón, para su sucesora, la economía vulgar. He aquí los dos puntos contra los cuales Ricardo y su escuela se estrellaron:

Primero. El trabajo es la medida del valor. Sin embargo, el trabajo vivo, al ser cambiado por capital, presenta un valor inferior al del trabajo materializado por el que se cambia. El salario, el valor de una determinada cantidad de trabajo vivo, es siempre inferior al valor del producto creado por esta misma cantidad de trabajo vivo o en que ésta toma cuerpo. Así formulado, el problema es, en efecto, insoluble. Marx lo plantea en sus verdaderos términos y, al plantearlo así, lo resuelve. No es el trabajo el que tiene un valor. Como actividad creadora de valor que es, el trabajo no puede tener un valor especial, lo mismo que la gravedad no puede tener un peso especial, ni el calor una temperatura especial, ni la electricidad un voltaje especial. Lo que se compra y se vende como mercancía no es el trabajo, sino la fuerza de trabajo. Al convertirse en mercancía, su valor se rige por el trabajo encarnado en ella como producto social y equivale al trabajo socialmente necesario para su producción y reproducción. La compra y venta de la fuerza de trabajo sobre la base de este valor suyo no contradice, por tanto, en modo alguno, a la ley económica del valor.

Segundo. Según la ley ricardiana del valor, dos capitales que emplean la misma cantidad de trabajo vivo y con la misma remuneración, producen en tiempos iguales -suponiendo que todas las demás circunstancias sean idénticas- productos de igual valor y plusvalía o ganancia en cantidad también igual. Pero sí emplean cantidades desiguales de trabajo vivo, no pueden producir una plusvalía, o, como dicen los ricardianos, una ganancia de tipo igual. Pues bien, lo que ocurre es precisamente lo contrario. En realidad, capitales iguales, cualquiera que sea la cantidad, pequeña o grande, de trabajo vivo que empleen, producen en tiempos iguales por término medio, ganancias iguales. Se encierra aquí, por tanto, una contradicción a la ley del valor, contradicción descubierta ya por Ricardo, y que su escuela fue también incapaz de resolver. Rodbertus vio también esta contradicción; pero, en vez de resolverla, la convirtió en uno de los puntos de partida de su utopía (Zur Erkenntnis, etc., p. 131). La tal contradicción había sido ya resuelta por Marx en el manuscrito titulado "Contribución a la crítica, etc."; la solución se encuentra, con arreglo al plan de El Capital, en el libro III. Aún habrán de pasar varios meses antes de su publicación. Por tanto, los economistas que pretenden descubrirnos en Rodbertus la fuente secreta de Marx y un precursor aventajado de éste, tienen aquí una ocasión de demostrarnos lo que puede dar de sí la economía rodbertiana. Si son capaces de explicarnos cómo, no ya sin infringir la ley del valor, sino sobre la base precisamente de esta ley, puede y debe formarse una cuota medía de ganancia igual, entonces discutiremos mano a mano con ellos. Pero, tienen que darse prisa. Las brillantes investigaciones contenidas en este libro II de El Capital y los novísimos resultados a que llegan en terrenos que hasta aquí apenas había pisado nadie, no son más que las premisas para el contenido del libro III, en el que se desarrollan los resultados finales de la exposición marxista del proceso social de reproducción, sobre la base capitalista. Cuando este libro III vea la luz, ya casi nadie se acordará de que existió un economista llamado Rodbertus.
http://pendientedemigracion.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/2.htm

El folclorismo de izquierdas se caracteriza por el subjetivismo teórico, se manifiesta en;
• La hienda ideológica. Frente a los límites de la democracia bajo el capitalismo propone la dictadura del estado sobre el trabajo asalariado, por el contrario de la dictadura del trabajo sobre el capital. Frente a las ideologías de género femenino opone ideologías de género masculino, por el contrario de no discriminar por razones de sexo. Frente al patrioterismo de una nación opone el patrioterismo de otra, por el contrario de no discriminar por razones de etnia o nacionalidad, etc…
• El raquitismo teórico. Ridículas teorías sobre el valor subjetivo de algunos bienes materiales, combinado con un completo desconocimiento de la teoría del valor trabajo; qué trabajo, por qué y cómo crea valor.
• La nula medición de la realidad. A pesar de afirmar que dispone de una doctrina científica, manifiesta una incapacidad crónica para hacer medición alguna de la realidad social, y de realizar un cálculo matemático sobre dichas mediciones.

El subjetivismo ideológico tiene su base material en la base del poder de las oligarquías financieras, el privilegio de crear a voluntad dinero fiduciario y dinero bancario. El folclorismo izquierdista, en todas sus expresiones, son manifestaciones de las ideologías subjetivistas de las oligarquías financieras en el seno de las clases sociales populares.



Karl Marx en El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte escribió:Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado.
http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/52dblb/3.htm

Para que una clase social, sector o grupo social, pueda tomar el poder en una formación social, primero debe crear un clima de opinión favorable a sus objetivos e intereses de clases en dicha sociedad, debiendo arrebatar a la clase social en el poder, o alianza de clases las bases, las bases de apoyo con las que cuenta en la formación social. Crear este clima de opinión es lo que se conoce como lucha ideológica, y se consigue haciendo agitación y propaganda de sus intereses de clase, de sus objetivos estratégicos y a corto plazo como los intereses y objetivos generales de toda la formación social. La agitación debe dirigirse a los sectores más atrasados de la sociedad, en general son los sectores que constituyen las bases de apoyo de las clases dominantes, y su destino debe ser el mundo emocional denunciando los aspectos más sangrantes de la realidad económica, política y jurídica de la sociedad, ofreciendo alternativas sencillas, aunque no simples. Por ejemplo, frente a la actual situación de paro, miseria económica y desahucios para las clases populares, denunciar el enriquecimiento desmedido de las oligarquías financieras, aunque se les denomine “casta” o cualquier otro nombre que indigne a la población, ofreciendo una alternativa específica como una renta básica, renta para jubilados y discapacitados, y un salario mínimo interprofesional con cantidades concretas, 8.400 €, 16.800 € , y 42.000 € brutos anuales respectivamente, que garanticen un mínimo poder adquisitivo de bienes, y no simplezas generales del tipo “por una redistribución justa de la riqueza”. Por otro lado, también debe hacerse una propaganda dirigida a los sectores más adelantados e intermedios de la sociedad, exponiendo de forma científica como se pueden hacer realidad los objetivos inmediatos proclamados en la agitación, denunciando los privilegios monopolistas de la minoría oligárquico financiera, explicando las complejas relaciones económicas, políticas y familiares entre el monopolio de la creación de dinero fiduciario, el oligopolio de la creación de dinero bancario, la fusión con las grandes empresas financieras, industriales, comerciales y de servicios privadas y los altos cargos políticos dirigentes de la administración del estado, aunque la fusión se la denomine “puertas giratorias”. Otro ejemplo puede ser denunciar el privilegio de la elección del jefe del estado por vía espermática, y hacer propaganda de las carencias democráticas de la ley electoral donde el valor del voto no es igual para todos los ciudadanos…

En las formaciones sociales cuyo modo de producción dominante era el feudalismo ¿cómo fue posible que los capitalistas, una exigua minoría exploradora, derrotara a los señores feudales? Los teóricos capitalistas representantes de la burguesía manufacturera e industrial, lanzaron una consigna; la tierra para el que la trabaja. La virtud de esta consigna es que todo el mundo la entiende independientemente del nivel de conciencia y conocimientos, socaba la base de poder económico y de apoyo social de señores feudales y terratenientes. Al hacerse realidad abre un nuevo e inmenso mercado a los productos de las manufacturas e industrias de los capitalistas, facilitando el desarrollo de las fuerzas productivas, con lo que hace materialmente imposible la restauración de las viejas relaciones de producción.

Las revoluciones dirigidas por partidos comunistas del siglo XX tienen en común, con las revoluciones burguesas, que se han realizado en sociedades con un relativo atraso en el desarrollo del capitalismo o medio-feudales medio-capitalistas. Sociedades donde la inmensa mayoría de los explotados eran campesinos desposeídos y analfabetos. Independientemente de los nobles ideales que movían a las vanguardias de esos procesos revolucionarios, adoptaron la misma consigna; la tierra para el que la trabaja, con idénticos resultados.

En la URSS después de la Revolución de octubre de 1917, el primer decreto del nuevo poder fue el que aprobó el reparto de la tierra entre los campesinos, provocando la deserción de los campesinos desposeídos de los ejércitos zaristas, para participar en el proceso de reparto. Cuando el ejército blanco quiso restaurar los antiguos derechos de propiedad, no solo carecían de la base social de donde manaba su riqueza y poder, sino que ésta empuñó las armas en su contra, en defensa del nuevo orden social, de las nuevas relaciones de producción y propiedad de los medios de producción. Mediante la propaganda muchos cuadros dirigentes e intermedios del antiguo régimen apoyaron en mayor o menor medida la nueva sociedad.

Si bien no hay que olvidar que en última instancia el poder emana de la punta del fusil, en la actualidad que una minoría de oligarcas financieros pueda enriquecerse, explotando a la inmensa mayoría de la población trabajadora, se debe a que el conjunto de la población está unificada, mediante unas ideologías determinadas, en los intereses y objetivos de dicha clase social, sector o grupo social. En los países de capitalismo desarrollado donde el proletariado es la clase social mayoritaria, los comunistas todavía no han encontrado una consigna que cumpla la función que cumplió “la tierra para el que la trabaja”, en las sociedades con un menor desarrollo económico. Es decir, que, independientemente del nivel de conciencia, los trabajadores asalariados tengan un interés objetivo material en el presente por el que luchar. Tal vez pueda servir a estos fines como consigna estratégica; las empresas para quién trabaja en ellas, o tal vez sea mejor como consigna inmediata; todos los ciudadanos tienen derecho a una renta básica. La segunda se trata de una consigna fácil y sencilla de explicar, aunque no simple si se adjunta una cantidad, y más sencilla aún de entender. La primera consigna de hacerse realidad cerrará el grifo de donde mana el poder económico, por lo tanto, el poder político y militar de los capitalistas, creando una base social inmensa de apoyo en defensa del nuevo orden social, de las nuevas relaciones de producción y propiedad de los medios de producción. Las nuevas relaciones de producción facilitan el desarrollo de las fuerzas productivas, al aumentar la capacidad adquisitiva de los trabajadores, la inmensa mayoría de la población, aumenta la demanda de bienes, con lo que hace materialmente imposible la restauración de las viejas relaciones de producción.

Los procesos revolucionarios no son el producto de la voluntad y capacidad de ciertos seres humanos, esta es una concepción de la historia de subjetivismo idealista. La concepción materialista de la historia establece que los procesos revolucionarios, y las ideas de los seres humanos que los dirigen, son producto de la relación contradictoria entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción, es decir, cuando las relaciones de producción impiden o frenan el desarrollo de las fuerzas productivas. No por cómo interpreta el cerebro de los seres humanos dicha contradicción.

Jorge Dimitrov en La ofensiva del fascismo y las tareas de la Internacional en la lucha por la unidad de la clase obrera contra el fascismo:
No seríamos marxistas revolucionarios, leninistas, dignos discípulos de Marx, Engels, Lenin, si no cambiásemos de un modo congruente nuestra política y nuestra táctica, de acuerdo con los cambios operados en la situación y en el movimiento obrero mundial.

No seríamos verdaderos revolucionarios, si no aprendiésemos de nuestra propia experiencia y de la experiencia de las masas.

Queremos que nuestros Partidos de los países capitalistas actúen y procedan como verdaderos partidos políticos de la clase obrera, que desempeñen en la realidad el papel de un factor político en la vida de su país, que lleven a cabo en todo momento una activa política bolchevique de masas y no se limiten sólo a la propaganda y la crítica, a lanzar meros llamamientos a la lucha por la dictadura proletaria.

Somos enemigos de todo esquematismo. Queremos que se tenga en cuenta la situación concreta de cada momento y de cada sitio dados y que no se obre siempre y en todas partes con arreglo a un patrón determinado, no queremos olvidar que la posición de los comunistas no puede ser igual en todas las condiciones.

Queremos tener en cuenta serenamente todas las etapas del desarrollo de la lucha de clases y del incremento de la conciencia de clase de las masas, saber encontrar y resolver en cada etapa las tareas concretas del movimiento revolucionario que corresponden a ella.

Queremos encontrar un lenguaje común con las más extensas masas, para luchar contra el enemigo de clase, encontrar los caminos, por los cuales la vanguardia revolucionaria se sobreponga definitivamente a su aislamiento de las masas del proletariado y de todos los trabajadores y para que la propia clase obrera se sobreponga al fatal aislamiento de sus aliados naturales en la lucha contra la burguesía, contra el fascismo.

Queremos incorporar a las masas cada vez más extensas a la lucha revolucionaria de clases y atraerlas a la revolución proletaria, partiendo de sus intereses y necesidades candentes y sobre la base de su propia experiencia.

Queremos, sobre el ejemplo de nuestros gloriosos bolcheviques rusos, sobre el ejemplo del Partido guía de la Internacional Comunista, del Partido Comunista de la Unión Soviética, asociarnos al heroísmo revolucionario de los comunistas alemanes, españoles, austríacos y de otros países, al auténtico realismo revolucionario, y acabar con los últimos restos de devaneos escolásticos en torno a problemas políticos serios.

Queremos pertrechar a nuestros Partidos en todos los aspectos, para que puedan resolver los problemas políticos más complicados que se les planteen. Para esto, hay que elevar cada vez más su nivel teórico, educarlos en el espíritu del marxismo-leninismo vivo y no de un doctrinarismo muerto.

Queremos extirpar de nuestras filas el sectarismo satisfecho de sí mismo, que cierra, ante todo, el camino hacia las masas e impide la realización de una verdadera política bolchevique de masas. Queremos reforzar, por todos los medios, la lucha contra todas las manifestaciones concretas del oportunismo de derecha, teniendo presente que el peligro, que apunta de este lado, crecerá precisamente al llevar a la práctica nuestra política y nuestra lucha de masas.

Queremos que los comunistas de cada país saquen y aprovechen todas las enseñanzas de su propia experiencia, como vanguardia revolucionaria del proletariado. Queremos que aprendan lo antes posible a nadar en las aguas tempestuosas de la lucha de clases y que no se queden en la orilla como observadores y registradores de las olas que se acercan, esperando el buen tiempo.

¡He ahí lo que nosotros queremos!

Y queremos todo esto, porque por este camino la clase obrera, a la cabeza de todos los trabajadores, estrechando sus filas en un ejército revolucionario de millones de hombres, dirigido por la Internacional Comunista, podrá cumplir con toda certeza su misión histórica: barrer al fascismo y, con él, al capitalismo de la faz de la tierra.
https://www.marxists.org/espanol/dimitrov/1935_1.htm

Danko en foro Comunista escribió:Qué hacer es política. Cómo hacerlo es ciencia. Si es bueno o malo, es ética. Separemos cada ámbito al debatir.
http://elrincondedanko.blogspot.com.es/

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Mensaje por PequeñoBurgués el Jue Abr 28, 2016 12:37 pm

Excelentes aportaciones, muchas gracias.
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Mensaje por PequeñoBurgués el Vie Abr 29, 2016 11:39 am

Solo una cosa, releyendo el asunto:

Especial mención merece el “utopismo económico” y el “socialismo estatista”propio de las teorías “rodbertianas”, concepciones atribuidas por los ideólogos apologetas del capitalismo, a la teoría comunista, para intentar dar cierta verosimilitud a sus críticas y que, como no podía ser de otra forma, el folclorismo de izquierdas hace suyas, convirtiéndose el folclorismo de izquierdas en defensor de estados dictatoriales, seguidores de doctrinas de subjetividad “cientifista”, valedores de concepciones lineales de la historia, teóricos de concepciones utópicas cuando no abiertamente subjetivas del valor. A pesar que dichas ideas fueron duramente criticadas, ya en su momento, como ajenas a la teoría comunista.

Qué ejemplos pondrías aquí? Corea del Norte mismamente?
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Mensaje por Jordi de Terrassa el Vie Abr 29, 2016 12:19 pm

El ejemplo más paradigmático es la URSS, como se expone por el propio inventor de término, SS-18, en el artículo.

Sobre la RPDC solo tiene que ir al hilo; Elecciones a las Asambleas Populares provinciales - Actualidad RPDC, leer las valiosas contribuciones de Argala82, en menor medida de 현욱한 así y como las aportaciones de otros usuarios, entre los que nos encontramos usted y yo mismo, y sacar sus propias conclusiones sobre la formación social norcoreana, qué clase social es la dominante en dicha formación social, en consecuencia, el carácter de clase del estado y el régimen político de dominación que utiliza.

Saludos.
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Mensaje por Jordi de Terrassa el Mar Mayo 03, 2016 8:14 pm

Estos hilos constituyen una unidad, que se puede denominar;

Teoría del conocimiento
Sobre la relación entre la objetividad y la subjetividad

El folclorismo izquierdista es revisionismo subjetivista
Ideología comunista. Violencia, dictadura y democracia
Lucha de clases en la URSS, en la R. P. de China, y revisionismo
Materialismo dialéctico, ¿la filosofía comunista?
Dialéctica de la materia. Ciencia y subjetivismo filosófico

Aunque se pueden leer aleatoriamente, es aconsejable leerlos en el orden indicado. Los tres primeros son fundamentalmente ideológicos, y los dos siguientes filosóficos.

  • El primero es un análisis de la actualidad de Movimiento comunista en lucha con el subjetivismo como el principal error.
  • En el segundo se definen conceptos, y la posición democrática de la ideología comunista, enfrentada al liberalismo y anarco-capitalismo como ideologías no democráticas.
  • En el tercero se analizan algunos de los errores principales, en opinión del autor, del Movimiento Comunista, lo que algunos han dado en llamar el ciclo de Octubre.
  • En el cuarto se define que es la filosofía, se analiza algunas concepciones filosóficas y como la filosofía afecta al ideología y a la ciencia.
  • El quinto es un estudio de la filosofía actuando al borde del conocimiento, favoreciendo su desarrollo o su frenado.

Saludos.
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Mensaje por SS-18 el Miér Mayo 04, 2016 12:26 am

Excelente trabajo Jordi.

Desde luego aqui hemos dejado plasmado por primera vez en la historia del MCE del pais los rasgos de las calidades y cualidades de los problemas del movimiento.

Tendria mucha mas miga, entrar en comprender las formas que adopta el analisis infantilizado anarquizado del izquierdismo folclorico, entrar dentro del aspecto filosofico educador en el que se enseñe, por qué una posicion esta elaborada sin fundamentos cientificos y por qué solamente es retorica izquierdista y obrerista disfrazada de folclore pero que mantiene el ADN de la ideología reaccionaria imperante.

Es un problema , la simpleza del infantilismo ultrarevolucionario domesticado anarquista , se ha adaptado bajo las banderas rojas, sin entender siquiera el por qué.

Dejo por aqui este otro link donde se explica y se incide en los rasgos del infantilismo izquierdista , que lo llamamos folclorico, porque solo usa el folclore como representabilidad de alguna especie de idea parecida al comunismo.

Saludos cordiales.

https://www.forocomunista.com/t37225-izquierdismo-la-enfermedad-infantil-en-el-comunismo


------------------------------
Ningún hombre puede concluir una opinión sobre otro hombre, lo único aceptable es corregirlo.
Marx: “Nuestra tarea es la crítica despiadada, y mucho más contra aparentes amigos que contra enemigos abiertos“.
SE BUSCAN TEMAS IGUALES O PARECIDOS y SOLO EN EL CASO de NO existir, se abre un hilo nuevo . El desorden es motivo de sanción.
No ABRIR HILOS HASTA LEERSE ESTO:::
https://www.forocomunista.com/t20128-aviso-a-la-comunidad-leer-antes-de-abrir-post-importante#245530
Obligatorio leerse las reglas del foro
https://www.forocomunista.com/comunicados-de-la-administracion-f19/reglamento-de-foro-comunista-t2214.htm

https://lamayoria.online/
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El folclorismo izquierdista es revisionismo subjetivista Empty Apuntes de economía

Mensaje por Jordi de Terrassa el Miér Mayo 11, 2016 8:08 pm

Este hilo forma parte de un conjunto que pueden titularse Apuntes de economía, más que una investigación, es un estudio sobre las investigaciones de otros autores, de ahí la utilización de gran cantidad de citas y de la extensión de algunas de ellas. El estudio es sobre algunas leyes de las llamadas ciencias sociales y los conceptos que utilizan. El estudio está dividido en cuatro secciones, teoría del conocimiento, materialismo histórico, economía política y lucha de clases en España.

El folclorismo izquierdista es revisionismo subjetivista. Un análisis de la actualidad de Movimiento comunista en lucha contra el subjetivismo como el principal error teórico del Movimiento Comunista Internacional. El folclorismo izquierdista, en sus proclamas, continuamente utiliza términos como marxismo, materialismo, ciencia, …, como los jóvenes "marxistas" en tiempos de Engels, sin embargo, tanto los unos como los otros son flojos en el estudio y prefieren adherirse a una doctrina teológica a la que llaman "marxismo-…". Si el “marxismo” es la doctrina que predica el folclorismo izquierdista, hay que proclamar; “tout ce que je sais, c'est que je ne suis pas marxiste”;
Friedrich Engels en Carta a Konrad Schmidt escribió:Marx había dicho a fines de la década del 70, refiriéndose a los «marxistas» franceses, que «tout ce que je sais, c'est que je ne suis pas marxiste*»…

…Usted, que ha hecho realmente algo, habrá notado por fuerza qué pocos de los literatos jóvenes que se cuelgan al partido se toman la molestia de estudiar Economía política, historia de la Economía política, historia del comercio, de la industria, de la agricultura, de las formaciones sociales. ¡Cuántos conocen a Maurer sólo de nombre! La suficiencia del periodista tiene que suplirlo todo, y así anda ello. A veces, parece como si estos caballeros creyesen que para los obreros cualquier cosa es buena. ¡Si supiesen que Marx no creía nunca que incluso sus mejores cosas eran bastante buenas para los obreros y que consideraba un crimen ofrecer a los obreros algo que no fuese lo mejor de lo mejor!...
https://www.marxists.org/espanol/m-e/cartas/e5-8-90.htm
*Todo lo que yo sé, es que yo no soy marxista

Teoría del conocimiento. Sobre los principios ideológicos y el punto de vista filosófico
Ideología comunista. Violencia, dictadura y democracia. Trata sobre la ideología comunista como ideología opuesta a todo tipo de estado, se definen las nociones de dictadura y democracia, el papel histórico de la violencia y su relación con el estado en la ideología comunista, así como las dos fases de la sociedad comunista y el período de transición desde el capitalismo. Se define el revisionismo, o folclorismo de izquierdas "marxista", y el anarco-capitalismo como folclorismo de derechas, se estudia el libre mercado y la planificación económica a la luz de la ideología comunista.

Lucha de clases en la URSS, en la R. P. de China, y revisionismo. Se esboza un análisis de la lucha de clases en la extinta URSS, y en la República Popular China, de los errores de principios ideológicos y de las concepciones subjetivistas en el Movimiento Comunista Internacional, lo que algunos han dado en llamar el ciclo de octubre.

Materialismo dialéctico, ¿la filosofía comunista?. Se estudia una concepción filosófica materialista, la relación entre materia e ideas, se define las concepciones de sensación, emoción y percepción, así como la relación entre idolología filosofía y ciencia y se propone un criterio de verdad. Se estudia concepciones y tesis filosóficas con apariencia materialista pero que realmente son subjetivismo ideológico, revisionismo folclórico de izquierdas "marxista", junto a concepciones filosóficas sobre la sociedad propias del folclorismo de derechas, declaradamente de subjetivismo idealista.

Dialéctica de la materia. Ciencia y subjetivismo filosófico. Se estudia como solo las leyes científicas, no las tesis filosóficas que solo sirven para extraviar a la ciencia, dan conocimiento objetivo sobre la realidad material, cómo, dicho conocimiento, puede servir para transformar la realidad conforme a las leyes objetivas del movimiento material, y la relación que guardan entre sí las diferentes leyes científicas.

Materialismo histórico. Sobre el desarrollo de las fuerzas productivas y relaciones de producción
Materialismo histórico. Sucesión de formaciones sociales y filosofía subjetiva de la historia. Se estudia el desarrollo histórico de las sociedades humanas, el desarrollo de las fuerzas productivas, los modos de producción, la sucesión de las formaciones sociales, la aparición del mercado y de la lucha de clases. Se definen diferentes modos de producción y conceptos como formación social, clase social, lucha de clases, etc…

Desarrollo histórico de las relaciones capitalistas de producción. Se esboza la aparición del modo de producción capitalista, la necesaria acumulación primitiva de capital y la imprescindible producción de la mercancía fuerza de trabajo, y diferentes fases de su desarrollo el gremio, la manufactura, la industria y la gran industria. Al igual que diferentes clases de capital, el capital comercial, el agrario, el industrial y el bancario. De igual modo se esbozan las líneas generales de algunas escuelas de pensamiento económico, como la escuela de Salamanca, el mercantilismo, la fisiocracia hasta la conversión de la economía en ciencia con Adam Smith.

Usura, capital financiero e imperialismo. Se analiza el ciclo económico del capital bancario, la forma en que con el capital bancario aparece una nueva clase social los gerentes profesionales del capital, la evolución histórica del capital bancario y como éste se convirtió en hegemónico sobre el capital comercial, el agrario y el industrial a finales del siglo XIX. También se apunta cómo el capital comercial y el agrario desarrollan el colonialismo, el capital industrial el librecambismo, el capital bancario conduce de forma inexorable, por la ley de la tendencia al monopolio del capitalismo financiero, al imperialismo como fase ulterior del capitalismo y, finalmente como el imperialismo se redujo a dos superpotencias hegemonistas, los cambios en la lucha por la hegemonía mundial y como la lucha hegemonista conduce a la extinción del capitalismo.

Economía política. Sobre la producción, circulación, distribución y consumo de mercancías
Circulación de mercancías. Valor objetivo de la mercancía y función subjetiva de utilidad marginal. Se estudia la circulación capitalista y el ciclo económico comercial del capital, diferentes conceptos de la economía política; el dinero y como sustituyó al trueque en el intercambio de mercancías, diferentes tipos de dinero como el dinero mercancía, el fiduciario, el dinero bancario y la evolución histórica de las diferentes leyes del intercambio de mercancías. Así y como los conceptos de mercancía y libre mercado, los conceptos de recurso natural, de utilidad, de valor de uso y de valor de cambio. Al igual que se estudia la ley general del valor de cambio de una mercancía, como la ley de la oferta y la demanda tiende a igualar la tasa de ganancia capitalista y a la concentración del capital. También se definen los conceptos de precio de mercado, capital fijo, capital circulante, capital variable, precio de costo, precio de producción, valor de producción, la ganancia capitalista o plusvalía, la tasa de ganancia y la tasa de plusvalía.

Producción de mercancías en el capitalismo. Teoría sobre el valor y el precio de las mercancías. Se estudia las leyes de producción capitalista de mercancías, se define los conceptos de trabajo, fuerza de trabajo, como la fuerza de trabajo genera un plus-trabajo, mediante el desarrollo de las fuerzas productivas y la división técnica del trabajo o ley de asociación de Ricardo. El ciclo económico industrial, la ley del valor y de la ganancia capitalista, la ley de la tasa de ganancia y de la tasa de plusvalía.

Distribución capitalista de mercancías, consumo y ánimo de lucro . Se estudia la distribución de la plusvalía entre diferentes clases sociales, así y como el subjetivismo acientífico de la preferencia temporal por el consumo en la escuela austríaca, del multiplicador keynesiano del ingreso y el monetarismo neoliberal. También se estudia el límite demográfico a la expansión capitalista, el estancamiento sistémico del capitalismo y las alternativas para el desarrollo de las fuerzas productivas.

Lucha de clases en España. Sobre la producción y distribución de plusvalía y la crisis económica española
Las clases sociales en España. Límites de la democracia española. Es una aplicación de los conceptos y leyes estudiados en las anteriores secciones a la formación social española. Se estudian las diferentes clases sociales y su desarrollo histórico. También se estudia las carencias democráticas del estado español, estado al servicio de los intereses económicos y políticos de oligarquías financieras, de igual modo se estudia la cuestión nacional en España, las diferentes nacionalidades su evolución histórica y las relaciones de dominación del estado con las minorías nacionales.

La plusvalía en España, su producción y distribución. Se estudia la producción de plusvalía en España, su evolución durante la crisis económica y su distribución entre diferentes clases sociales, así como las exigencias del imperialismo sobre la oligarquía española.

La crisis económica española. Causas y consecuencias. Se estudia la crisis económica en España, sus causas y consecuencias, entre otras; la enorme e impagable deuda. También se estudian los privilegios económicos de los oligarcas y financieros en España.

Programa mínimo de transformaciones económicas y políticas para España

Aunque se pueden leer de forma aleatoria es aconsejable leerlos en el orden indicado.

Todos los hilos se pueden descargar en formato .pdf del siguiente enlace;

El folclorismo izquierdista es revisionismo subjetivista 1072v6e



Apuntes de economía
Subjetivismo filosófico y ciencia

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Mensaje por SS-18 el Miér Mayo 18, 2016 3:30 pm

Comparto en facebook.


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Ningún hombre puede concluir una opinión sobre otro hombre, lo único aceptable es corregirlo.
Marx: “Nuestra tarea es la crítica despiadada, y mucho más contra aparentes amigos que contra enemigos abiertos“.
SE BUSCAN TEMAS IGUALES O PARECIDOS y SOLO EN EL CASO de NO existir, se abre un hilo nuevo . El desorden es motivo de sanción.
No ABRIR HILOS HASTA LEERSE ESTO:::
https://www.forocomunista.com/t20128-aviso-a-la-comunidad-leer-antes-de-abrir-post-importante#245530
Obligatorio leerse las reglas del foro
https://www.forocomunista.com/comunicados-de-la-administracion-f19/reglamento-de-foro-comunista-t2214.htm

https://lamayoria.online/
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Mensaje por SS-18 el Mar Feb 28, 2017 9:13 pm

Esto deberia de leerlo todo DIOS.

“La causa fundamental de su bancarrota –la de la II Internacional- consiste en que se han dejado "encandilar" por
una forma determinada de crecimiento del movimiento obrero y del socialismo, olvidándose de su unilateralidad; han
tenido miedo a ver la brusca ruptura, inevitable por las circunstancias objetivas, y han seguido repitiendo las simples
verdades aprendidas de memoria y a primera vista indiscutibles: tres son más que dos. Pero la política se parece más
al álgebra que a la aritmética y todavía más a las matemáticas superiores que a las matemáticas simples. En realidad,
todas las formas antiguas del movimiento socialista se han llenado de un contenido nuevo y un nuevo signo ha
aparecido por lo tanto delante de las cifras, el signo "menos", mientras nuestros sabios seguían (y siguen) afirmando
tenazmente a todo el mundo que "menos tres" es mayor que "menos dos". Hay que procurar que los comunistas no
repitan el mismo error en el otro sentido, o mejor dicho, que ese mismo error, cometido, aunque en un sentido
contrario, por los comunistas "de izquierda" sea corregido y curado con el máximo de rapidez y el mínimo de dolor
para el organismo. No sólo el doctrinarismo de derecha constituye un error, también lo constituye el doctrinarismo de
izquierda”
V.I Lenin. “La enfermedad Infantil del ‘izquierdismo’ en el Comunismo”
ÍNDICE:
Página
1. Antecedente histórico: el socialismo utópico....................................................................................... 2
2. El peligroso molde burgués de izquierda-derecha................................................................................ 2
3. El izquierdismo: una errónea utilización del método dialéctico........................................................... 4
4. Las etapas principales de la historia del bolchevismo.......................................................................... 5
5. Lenin y la III Internacional combaten la táctica izquierdista............................................................... 6
6. La política leninista de liderazgo de masas no entiende de izquierdismo............................................ 8
7. El izquierdismo borra las particularidades nacionales...........................................................................8
8. Un debate pendiente en los aledaños del izquierdismo: la revolución permanente.............................. 9
9. Búsqueda permanente de la síntesis superadora en la lucha entre líneas............................................ 10
10. Dialéctica y revolución....................................................................................................................... 11
Pablo G. V. (Militante de Corriente Roja)
Madrid, 24 de Octubre de 2006

* NOTA: Para situar al lector, le informo que mi militancia la desarrollo fundamentalmente en Corriente Roja (CR). Donde explícitamente, en teoría
y práctica, ha rechazado el revisionismo de derecha o el institucionalismo de cara dura, representado por el postmodernismo ‘de la Multitud’ (Negri y
Hard) o el PCE-IU (en España), respectivamente. Al PCE le daré de comer aparte, por lo que fue en los años 30 y por lo que es ahora. Nada queda de
leninismo o marxismo en el Partido de Paco Frutos por su perseverante defensa de la democracia burguesa, que le lleva a renunciar a todo tipo de
praxis revolucionaria. El PCE se ha convertido en una ‘sala de espera’ para el control de una IU que objetivamente cumple una función de colchoneta
del sistema para absorber y paralizar el movimiento popular. En la construcción de la identidad de CR, como es natural, y como ocurrió con diferentes
movimientos revolucionarios, incluido el bolchevismo, tiene tensiones de debate donde aparecen posiciones izquierdistas. Esto, en principio, no es
malo. Lo importante, históricamente, es haber cortado el cordón umbilical con esa socialdemocracia desorientada que busca amigos en el socialliberalismo
y en la corrupta clase política. Desde luego, no comparto las falsas críticas a CR por ‘izquierdismo’, expresadas por sospechosos sectores
del PCE que cohabitan con Frutos la dirección, por los que como República.es u Octubre buscan ‘parlamentizar’ la lucha por la III República, o los
que desde el trotskismo entrista “antiderecha” (El Militante) nos intentan dar lecciones de leninismo cuando ellos hacen justo lo contrario. Aquí dejo
la declaración de principios de CR: http://www.corrienteroja.net/articulo.php?p=25&more=1&c=1 . Lo expresado en el actual esto, es sólo atribuible
a un posicionamiento personal.
2
Antecedente histórico: el socialismo utópico
Aunque la referencia central del presente texto sea el conocido folleto de Lenin: “La enfermedad infantil del
‘izquierdismo’ en el comunismo”, que originariamente se llamó en 1920 “Ensayo de discusión popular sobre
la táctica y la estrategia marxista”1
, conviene recordar que no es un tema nuevo para el movimiento obrero.
La crítica al ‘izquierdismo’ sobrevuela en las batallas contra los socialistas utópicos incluyendo los
anarquistas2
(Saint-Simon, Fourier, Owen, Proudhon, Blanc, Bakunin,...). Marx y Engels, sin negar la
contribución histórica de los utópicos al pensamiento socialista, critican la ausencia tanto de un análisis
científico de la Historia como de un estudio riguroso de las bases materiales necesarias para construir esa
sociedad sin clases.
Paradigmáticos, en ese sentido, eran los comuneros blanquistas, quienes en un manifiesto argumentaban:
". . . Somos comunistas porque queremos alcanzar nuestro fin, sin detenernos en etapas intermedias y sin
compromisos, que no hacen más que alejar el día de la victoria y prolongar el periodo de esclavitud'.
Engels les contestó lo siguiente:
“Los comunistas alemanes son comunistas porque, a través de todas las etapas intermedias y de todos los
compromisos creados no por ellos, sino por la marcha del desarrollo histórico, ven claramente y persiguen
constantemente su objetivo final: la supresión de las clases y la creación de un régimen social en el cual no
habrá ya sitio para la propiedad privada de la tierra y de todos los medios de producción. Los blanquistas son
comunistas por cuanto se figuran que basta su buen deseo de saltar las etapas intermedias y los compromisos
para que la cosa quede ya arreglada, y que si -- ellos lo creen firmemente -- 'se arma' uno de estos días y el
Poder cae en sus manos, el 'comunismo estará implantado' al día siguiente. Por consiguiente, si no pueden
hacer esto inmediatamente, no son comunistas. ¡Qué ingenua puerilidad la de presentar la propia impaciencia
como argumento teórico!"3
El peligroso molde burgués de izquierda-derecha
Antes de desmenuzar el debate es necesaria una aclaración inmediata. No estará de más recordar que el
razonamiento dialéctico se basa en la “ascensión de lo abstracto a lo concreto”. Es decir, lo particular es lo
abstracto, y la interrelación es lo concreto. Un concepto aislado no es nada sin el medio que lo relaciona. En
el caso a tratar: “el izquierdismo”, contiene una indefinición añadida por dos motivos: 1) porque establece
una distancia entre una “desmesurada izquierda” y un centro (de referencia). Por tanto, necesitamos una
‘brújula’ con un ‘norte’, que por otra parte, no está exento de polémica por las amplias dosis de subjetivismo
que se cuelan en este tipo de orientaciones; y 2) El término “izquierdismo”, está altamente contaminado por
el molde burgués de izquierda-derecha. La primera indefinición la solucionaremos, usando el “norte” de
Lenin, y con la segunda, no nos quedará más remedio que destruir ese esquema lógico burgués que nos han
metido en la cabeza. Lo intentaremos.
Adelanto la tesis general para que nos situemos. La dualidad izquierda-derecha funciona actualmente como
una pantalla ideológica que busca dar protagonismo a los partidos políticos, utilizándose de parapeto de su
retaguardia dominante, su amo: la oligarquía; que a pesar de estar legitimada electoralmente, sigue siendo
oligarquía. Me explico.
La dualidad izquierda-derecha implica una relación de necesidad entre esos dos polos. La izquierda sin la
derecha no existe, ni viceversa. Si seguimos escarbando, nos encontraremos dos problemas: uno de forma,
dos categorías son pocas para encasillar los intereses del bloque dominante reaccionario y del bloque
revolucionario; y otro de contenido: ¿Qué políticas son de izquierda y cuales de derecha?.

1
El título se cambió en vida de Lenin. El antiguo título es más descriptivo sobre la línea de debate, en cambio, el segundo, da énfasis a la falta de
preparación y la inmadurez de esa tendencia.
2
Ante la crisis de la II Internacional. Lenin, a modo de excepción, hace un reconocimiento concreto al anarquismo por lo acertado de su crítica a la
socialdemocracia como mera gestora del Estado burgués. Kautsky había olvidado el carácter de clase del Estado. Pero ese error no había que
adjudicarlo al marxismo, como afirmaban los anarquistas; únicamente iba a cargo de los revisionistas de la II Internacional.
3
F. Engels, "Programa de los comuneros blanquistas", en el periódico socialdemócrata alemán "Volksstaat", 1874, núm. 73. Marx y Engels siempre
subrayan que los intereses del partido obrero coinciden con los intereses del movimiento. Pues el comunismo es el movimiento real que quiere superar
el estado de las cosas teniendo en cuenta las leyes objetivas de la Historia.
3
El lector inquieto se preguntará: ¿Estas políticas dependerán del desarrollo histórico?. Evidentemente, si. La
relación izquierda-derecha proviene de la Revolución Francesa, y entonces, los situados más a la derecha,
eran los más reaccionarios en la medida que portaban los intereses del Antiguo Régimen. Esa derecha fue
liquidada por la burguesía revolucionaria y el campesinado popular. Se barrió de la Historia a los señores
feudales en tanto que clase, y con ello, se llevó por delante a todos sus representantes políticos. Siguiendo
esta lógica, el mismo lector inquieto podrá traspasar la línea de lo políticamente correcto si se para a
comparar esa situación con la actual sociedad burguesa. Lo digo más claro: la eliminación de los capitalistas
en tanto que clase. Ya hemos tocado el botón rojo: esta idea, no se puede explicar en términos de izquierda y
derecha. ¡Se nos jodió el invento!, o si somos mal pensados, hemos encontrado la trampa de quien hace la
ley.
Si nos damos un baño de lucidez a través del materialismo histórico, éste nos dirá que los intereses de los
capitalistas tienen una caducidad histórica, en contraste con la categoría de derecha que permanece en el
esquema lógico. Es en ese terreno, cuando las categorías manipulan a la lógica dialéctica, donde la confusión
alimenta la idea revisionista de convivencia pacífica, sobre bases capitalistas, entre izquierda y derecha.
Para el marxismo las ideologías no son un enorme abanico de opciones con sus correspondientes tonalidades
(del rojo al azul), donde el espectro comienza en la extrema izquierda, y gradualmente, se va acercando a la
extrema derecha, su final. Este razonamiento, aparentemente tan simplón, es un producto sofisticado de la
superestructura de la democracia burguesa para romper la conciencia de clase4
. Debemos ser conscientes de
que las ideologías se sostienen por intereses materiales de clase, y lo que no sea eso: es un cascarón
políticamente hueco.
Nos apoyaremos en dos ejemplos muy gráficos para romper con los esquemas mecanicistas burgueses: una
metáfora y un análisis espacial.
a) El interés de clase es un río que atraviesa la historia; en algunos momentos el río estará en
emergencia (sujetos históricos de progreso), con mayor o menor caudal (situación revolucionaria),
con mejor o peor canalización (organización de clase), pero de nada sirve estar parado en la orilla
izquierda del río (izquierdismo), si no estás montado en el torrente del mismo.
b) La distancia entre ideologías (que no de opciones políticas) no son medibles en metros; su distancia
no es geográfica, ya que están en planos totalmente distintos. Nada explica, pues, que una formación
política esté un poco más a la izquierda o un poco menos a la derecha. ¿Dónde está la clave? Está en
que todo análisis riguroso nunca puede soslayar el posicionamiento con respecto a las clases
sociales. En definitiva, el marxismo tiene su propio ‘plano’ ideológico independiente de cualquier
opción política que haya dentro del estrecho marco5
(‘plano’) de la ideología burguesa; son dos
‘planos’ que se enfrentan cuando se produce un choque entre los intereses de clase (‘vectores’), en
este caso antagónicos. Estos ‘planos’ conviven en un mismo mundo donde opera la lucha de clases,
pero funcionan con diferentes lógicas internas.
Para no alarmar al lector, dejaré claro que no se trata de renunciar a la autodenominación “de izquierdas” ni a
sus tradiciones, sino de destruir el esquema lógico burgués de los parámetros izquierda-derecha. Es cierto
que formalmente se utiliza para señalar hacia donde apunta la discusión, si hacia la derecha (revisionismo,
reformismo) o hace la izquierda (dogmatismo, sectarismo), pero debe quedar claro que esos parámetros no
son suficientes para describir una realidad política.

4
Existen varias versiones burguesas que desarrollan esta idea en el sentido de promocionar el interclasismo. La versión socialdemócrata-liberal (“los
extremos se tocan”), o la versión extremista-sentimental de izquierdas o derechas: “la izquierda es el gin, y la derecha el gan, o viceversa”), en los dos
casos obvian el curso de los intereses de clase y establecen implícitamente una relación de necesidad entre derecha e izquierda, reproduciendo el
esquema lógico burgués al uso “éste es menos malo que aquel de allá”. Ideas que llevan, por ejemplo, al nefasto razonamiento del “voto útil” en
condiciones de un régimen burgués desarrollado, o a la idea de ir “todos contra la derecha” que tanto ‘le pone’ a ‘El Militante’ y a la IU Llamazarista.
Asimismo también existe otra versión, la de Julio Anguita, donde se diferencia ‘izquierda’ con realizar ‘políticas de izquierda’, donde ésta última
estaría definida por los intereses de la clase trabajadora. Razonamiento correcto, pero de poca utilidad si no se desmarca del plano ideológico burgués.
5
Durante un tiempo se pensó que el keynesianismo pudiera ser una opción ideológica diferenciada, basándose en la suposición de que éste pudiese
ser un contrapeso a los intereses del capital, pero esto se ha demostrado que es falso. El keynesianismo fue útil para la burguesía en una determinada
época de desarrollo del capitalismo, hoy, los mismos que lo defendieron, lo desechan, pero por una mera cuestión técnica. En consecuencia, sólo es
problema de vanguardia intelectual en la alimentación del programa económico de la burguesía; el programa que sea más eficiente para el conjunto
del régimen burgués en función de sus necesidades históricas, ese triunfará.
4
Una primera conclusión marxista sería la siguiente: el revolucionario no eleva su nivel de conciencia por ser
el más crítico con el régimen imperante, por tener la retórica más utópica o por ser el más ‘purista’ en los
medios a utilizar para derrocar a la clase dominante. En caso de defensa del argumento contrario, visite los
libros del doctor Lenin.
El izquierdismo: una errónea utilización del método dialéctico
Históricamente el izquierdismo ha parido muchos ‘hijos desviacionistas’, entre ellos, los famosos:
voluntarismo, sectarismo, dogmatismo, subjetivismo de vanguardia o de masas,...; todos ellos utilizan un
esquematismo, como deformación de la lógica dialéctica, cuya perturbación viene dada por obviar
condiciones objetivas y subjetivas. Todas estas etiquetas mencionadas no son más que la caracterización del
efecto, pero no su causa. El error ideológico, como siempre, lo encontramos en la metodología del análisis.
Vayamos por partes, primero caractericemos los fallos del izquierdismo, y a continuación, el camarada Mao
nos explicará con más detalle los errores que pueden darse en el proceso de conocimiento y la aplicación de
políticas.
Caracterización de los fallos del izquierdismo:
- Confundir deseo con realidad: idealismo.
- No saber marcar los tiempos ni enlazar correctamente la táctica y estrategia. En la táctica, como la
lucha por la conquista de reformas parciales, está siempre supeditada a que ascienda “el nivel general
de conciencia y el espíritu revolucionario”.
- Estilo de trabajo sectario hacia las masas. Lenin sostiene que no saben maniobrar ni ganarse a las
masas vacilantes.
- Elevar una “contradicción secundaria” a categoría de “contradicción principal”6
. Generalmente estos
errores suelen ir en beneficio de un agente reaccionario externo al partido o al régimen socialista.
- Partir de modelos teóricos puros que no encajan sobre una realidad dialéctica.
- Sentenciar apriorísticamente el futuro de un proceso revolucionario en virtud de una previsión
“ortodoxa”. Según ellos, no puede existir un periodo de disputa interna de lucha de clases en el seno
de los movimientos populares. En resumen, si no tienen suficiente pedigrí comunista desde el
comienzo, indefectiblemente será un brazo político al servicio de la burguesía.
- Ausencia de autocrítica y rectificación, persistiendo en el error.
- Confundir comunismo con socialismo.
- Sustraer la ciencia del análisis marxista, quedando la lucha de clases huérfana de las leyes del
materialismo histórico y la economía política.
En resumen, los izquierdistas transforman al marxismo en religión (dogma), perturbando el carácter
científico de su análisis y su función política de mera “guía para la acción”.
Mao Tse-Tung en su folleto ‘¿Dónde provienen las ideas correctas?’ nos ayuda a descifrar las causas del
izquierdismo a través de la teoría marxista del conocimiento:
“Al comienzo, el conocimiento es puramente sensitivo. Al acumularse cuantitativamente este conocimiento
sensitivo se producirá un salto y se convertirá en conocimiento racional, en ideas. Este es el proceso del
conocimiento. Es la primera etapa del proceso del conocimiento en su conjunto, la etapa que conduce de la
materia objetiva a la conciencia subjetiva, de la existencia a las ideas. En esta etapa, todavía no se ha
comprobado si la conciencia y las ideas (incluyendo teorías, políticas, planes y resoluciones) reflejan

6
Un trabajo donde se detallan las contradicciones principales del sistema mundial “Apuntes para una línea internacionalista”. Francisco García
Cediel (2006). Publicado en num 4 de Fahrenheit 451. También disponible: http://civilizacionsocialista.blogspot.com/2006/08/apuntes-para-unalinea.html
5
correctamente las leyes de la realidad objetiva, todavía no se puede determinar si son justas. Luego se
presenta la segunda etapa del proceso del conocimiento, la etapa que conduce de la conciencia a la materia,
de las ideas a la existencia, esto es, aplicar a la práctica social el conocimiento obtenido en la primera etapa,
para ver si esas teorías, políticas, planes y resoluciones pueden alcanzar las consecuencias esperadas.
Hablando en general, los que resultan bien son adecuados, y los que resultan mal son erróneos, especialmente
en la lucha de la humanidad contra la naturaleza. En las luchas sociales, las fuerzas que representan a la
clase avanzada a veces padecen algún fracaso, más no a causa de que sus ideas sean incorrectas, sino de que
en la correlación de las fuerzas en lucha, las fuerzas avanzadas aún no son tan poderosas por el momento
como las reaccionarias, y por consiguiente fracasan temporalmente, pero alcanzan los éxitos previstos tarde o
temprano. Después de las pruebas de la práctica, el conocimiento de la gente realizará otro salto, que es más
importante aún que el anterior. Porque sólo mediante el segundo salto puede probarse lo acertado o erróneo
del primer salto del conocimiento, esto es, de las ideas, teorías, políticas, planes y resoluciones formadas
durante el curso de la reflexión de la realidad objetiva. No hay otro método para comprobar la verdad. La
única finalidad del proletariado en su conocimiento del mundo es transformarlo a éste. A menudo sólo se
puede lograr un conocimiento correcto después de muchas reiteraciones del proceso que conduce de la
materia a la conciencia y de la conciencia a la materia, es decir, de la práctica al conocimiento y del
conocimiento a la práctica. Esta es la teoría marxista del conocimiento, es la teoría materialista dialéctica del
conocimiento. Muchos de nuestros camaradas todavía no comprenden esta teoría del conocimiento”7
.
Entre los que no la comprenden están los izquierdistas. De una primera mala digestión en lo que llaman los
sociólogos modernos el ‘trabajo de campo’, pasan a una verdadera gastroenteritis crónica al “aplicar a la
práctica social el conocimiento obtenido”. Vano intento, pues, el de aplicar un modelo teórico puro de patrón
universal a realidades con circunstancias históricas, económicas y políticas muy diferentes. Yerran y sin
mérito: la cuadratura del círculo es tan vieja como la geometría.
Las etapas principales de la historia del bolchevismo
Lenin consideraba al izquierdismo como un “problema interno” del comunismo en la medida que sus
representantes hablaban en nombre del mismo, pero que no por ello, dejaba de contener nexos (externos) de
unión con el anarquismo. Si Marx ya nos advirtió en la “Crítica del Programa de Gotha” (1875) que había
que estar abiertos a pactos, pero “sin concesiones teóricas”. Lenin, por su parte, y en este tema en concreto,
no cedió ni un milímetro de terreno al izquierdismo. Un capítulo de su folleto lo dedicó exclusivamente a
sacar a relucir la enorme autoridad intelectual de la experiencia del bolchevismo como arma para
desacreditar “a los que quieren aplicar inmediatamente el comunismo puro”. A continuación resumiremos
el citado capítulo:
(1903-1905): Años de Preparación de revolución.
Surgen“tres tendencias políticas principales: la liberal-burguesa, la democrático-pequeñoburguesa (cubierta
bajo la etiqueta de las corrientes "socialdemócrata" y "socialrevolucionaria") y la proletaria revolucionaria”
(1905-1907): Años de Revolución. Huelga económica transformada en política, y a su vez, en insurrección.
La acción espontánea crea ‘la forma soviética de organización’.
“La sucesión de los métodos de lucha parlamentarios y no parlamentarios, de la táctica de boicot del
parlamento y de participación en el mismo, de las formas legales e ilegales de lucha, así como sus relaciones
recíprocas y los vínculos existentes entre ellos, todo esto se distingue por una asombrosa riqueza de contenido.
Cada mes de este período vale, desde el punto de vista del aprendizaje de los fundamentos de la ciencia
política -- para las masas y los jefes, para las clases y los partidos --, por un año de desenvolvimiento
"pacífico" y "constitucional". Sin el "ensayo general" de 1905, la victoria de la Revolución de Octubre en
1917 hubiera sido imposible”.
(1907-1910): Años de reacción.
“Han sido aplastados todos los partidos revolucionarios y de oposición. (...)El zarismo victorioso se ve
obligado a destruir precipitadamente los residuos del régimen de vida preburgués, patriarcal en Rusia. El
desenvolvimiento burgués del país progresa con rapidez notable. Las ilusiones situadas al margen de las

7
Escrito en 1963. Texto íntegro: http://www.marxists.org/espanol/mao/1963donde.htm
6
clases, por encima de ellas, ilusiones sobre la posibilidad de evitar el capitalismo, caen hechas polvo. Entra en
escena la lucha de clases de un modo absolutamente nuevo y con mayor relieve”.
Los revolucionarios han aprendido a atacar, ahora toca aprender a replegarse. El objetivo más ambicioso en
esta fase no va más allá de minimizar el daño y mantener el orden interno. Es tiempo de escisiones. Los
bolcheviques logran sobrevivir; su deterioro organizativo es menor que otros partidos.
(1910-1914). Años de ascenso. Los mencheviques actúan como agentes de la burguesía en el movimiento
obrero pero, finalmente, son derrotados por los bolcheviques. Se combina la lucha ilegal con las
‘posibilidades legales’.
“En la más reaccionaria de las Dumas, los bolcheviques conquistaron toda la curia obrera”
(1914-1917). Primera guerra imperialista mundial.
“El parlamentarismo legal, con un ‘parlamento’ ultrarreaccionario, presta los más grandes servicios al
partido del proletariado revolucionario, a los bolcheviques. Los diputados bolcheviques van a Siberia”.
Las instituciones burguesas se cierran para el partido del proletariado, por un lado quieren evitar que las
destruyan por dentro, pero por otro, cometerán el error de deslegitimar la democracia burguesa por adoptar
una forma autocrática. La II Internacional se autodestruye por la deriva socialchovinista al alinearse con sus
gobiernos respectivos en guerra. El interés nacional burgués sustituye al internacionalismo proletario. Los
bolcheviques se mantienen firmes en la denuncia “del carácter imperialista” de la Primera Guerra Mundial.
(Febrero-Octubre, 1917). Segunda Revolución Rusa.
“El grado de decrepitud inverosímil y de caducidad del zarismo (con ayuda de los reveses y sufrimientos de
una guerra infinitamente penosa) suscitaron contra él una fuerza extraordinaria de destrucción. En pocos días
Rusia se vio convertida en una república democrático-burguesa más libre, en las condiciones de la guerra,
que cualquier otro país del mundo. (...) En pocas semanas los mencheviques y los "socialrevolucionarios" se
asimilaron perfectamente todos los procedimientos y modales, argumentos y sofismas de los héroes europeos
de la II Internacional, de los ministerialistas y de toda la canalla oportunista”.(...) “Los bolcheviques
empezaron su lucha victoriosa contra la república parlamentaria (burguesa de hecho) y contra los
mencheviques con suma prudencia y no la prepararon, ni mucho menos, tan sencillamente como hoy piensan
muchos en Europa y América. En el principio del período mencionado no incitamos a derribar el gobierno,
sino que explicamos la imposibilidad de hacerlo sin modificar previamente la composición y el estado de
espíritu de los Soviets. No declaramos el boicot al parlamento burgués, a la Asamblea Constituyente, sino que
dijimos, a partir de la Conferencia de nuestro Partido, celebrada en abril de 1917, dijimos oficialmente, en
nombre del Partido, que una república burguesa, con una Asamblea Constituyente, era preferible a la misma
república sin Constituyente, pero que la república "obrera y campesina" soviética es mejor que cualquier
república democráticoburguesa, parlamentaria. Sin esta preparación prudente, minuciosa, circunspecta y
prolongada, no hubiésemos podido alcanzar ni consolidar la victoria en octubre de 1917”
“En 1917 observamos claramente el paso gradual de las masas obreras de los mencheviques a los
bolcheviques. En el I Congreso de los Soviets de toda Rusia, celebrado en junio de dicho año, teníamos un
13% de los votos. La mayoría pertenecía a los socialrevolucionarios y a los mencheviques. En el II Congreso
de los Soviets (25 de octubre de 1917, según el viejo calendario) teníamos el 51% de los sufragios”
Lenin y la III Internacional combaten la táctica izquierdista
En 1919 nace la III Internacional8
. Hija de madre soltera: la revolución bolchevique, pero al mismo tiempo,
‘hija no deseada’ de la II Internacional, en plena crisis existencial por integrarse en el orden burgués. La
‘Tercera’ recoge el material genético del pensamiento originario marxista, mantenido hasta entonces por la
‘Segunda’, y le da un nuevo impulso al calor de la experiencia de la toma del poder en Rusia. La lucha de

8
21 condiciones para el ingreso en la III Internacional:
http://es.wikisource.org/wiki/Condiciones_para_la_admisi%C3%B3n_a_la_Internacional_Comunista
7
líneas en este momento pasaba por liberarse del frente reformista y socialchovinista. La ‘Tercera’ nació de
un proceso de ‘independencia comunista’ de la socialdemocracia, ese terremoto político sólo medible con
categorías históricas, abrió la caja de pandora; naciendo por efecto reacción una tendencia invertida: el
‘izquierdismo’. En este contexto de escisiones, la III Internacional tuvo que reordenar el mapa de los partidos
obreros afines a la nueva Unión Soviética, admitiendo como invitados o simpatizantes a varios partidos de un
país, para inducir a procesos de unidad dentro del comunismo.
“Para unir, primero hay que separar”, se decía mucho en aquella época. Pues bien, muchos de los que se
separaron de la socialdemocracia no estaban por la labor de unirse bajo principios bolcheviques. Así pues, la
tendencia izquierdista, comenzó a dar muchos dolores de cabeza a la III Internacional, y se puso a combatirla
de raíz.
La táctica izquierdista se puede resumir por una mezcolanza de fetichismo por la ilegalidad sumado a una
impaciencia acientífica ante el ‘advenimiento’ de un socialismo por decreto o caído del cielo.
La crítica argumentada en el citado folleto de Lenin, escrito en abril de 1920, entre otras disquisiciones, pone
en cuestión tres dogmas izquierdistas: a) No se debe participar en los parlamentos burgueses porque son
parte de la legalidad burguesa; b) No se debe participar en sindicatos reaccionarios por tener lideres
revisionistas. c) Toda violencia revolucionaria es positiva, en particular el terrorismo individual9
¿Cuál es la contestación de Lenin? La lucha puramente materialista por la toma del poder –la que caracteriza
al socialismo científico según Lenin- no entiende más allá del frío criterio de la “conveniencia
revolucionaria” dentro del conocido “análisis concreto de la realidad concreta”. Por principio nada se
rechaza, salvo los intereses revolucionarios de clase. En definitiva, nuestra lucha vive en el terreno de la
ilegalidad en la medida que nuestros objetivos políticos necesariamente pasan por un cambio violento de la
estructura de poder, pero tácticamente siempre hay que utilizar todas las ‘posibilidades legales’ que te brinde
el sistema para destruirlo desde dentro. La experiencia del bolchevismo tiene etapas de boicot parlamentarios
y de participación en los mismos, de provocación y represión,... Es una lucha en todos los frentes: una guerra
entre clases, donde una (o varias) de ellas tiene al aparato del Estado a su servicio como brazo armado. A
pesar de ese desequilibrio, en muchas ocasiones de la experiencia rusa, la burguesía torpemente trabajó para
la popularidad de los bolcheviques, cometiendo errores en la línea sus intereses. En el estudio de las tácticas
para la toma del poder, siempre hay que tener en cuenta las contradicciones internas del sistema.
Por otro lado, el imperialismo siempre ha aprendido mucho de estas tácticas; son las que se utilizan en
Venezuela o las que utilizaron contra los regímenes socialistas: se trata de instrumentalizar las instituciones
post-burguesas para deslegitimarlas popularmente. Cuando se agudiza la lucha de clases, la siguiente
sentencia de Engels aparece tan cristalina como el agua: “la violencia es la partera de la historia”.
La idea de fondo que maneja Lenin es que ‘actuar por fuera de la legalidad’, no te da necesariamente
garantías de hacer daño a los intereses de las clases dominantes, ni mucho menos te liberas de la
dependencia al sistema. En muchas ocasiones el izquierdismo ha acabado preso de una ‘dependencia
negativa’ con el sistema, lo que constituye la cara B de una práctica de apuntalamiento del sistema, en la
medida que ayudan a retroceder las posiciones revolucionarias en el seno del pueblo por su divisionismo
congénito y el regalo al sistema por el ‘no uso’ de las contradicciones internas que tienen las instituciones de
la democracia burguesa.
El quid de la cuestión está en la orientación revolucionaria, su fin; el medio para conseguirlo está sujeto al
principio de ‘conveniencia revolucionaria’; principio, que a su vez, está sujeto a revisión por exigencia de la
dialectica.

9
La posición de Lenin es que si hubiera que rechazar el terrorismo individual no se rechaza por razones morales, sino por razones utilitaristas. En la
realidad rusa de las décadas anteriores a 1917, era una política errónea por impopular y por dar pretextos para incrementar la represión burguesa.
8
La política leninista de liderazgo de masas no entiende de izquierdismo
El estilo de trabajo de los comunistas nada tiene que ver con el conspiracionismo intelectual del viejo cuño
blanquista. Hacemos política “hacia las masas”, sin caer en el paternalismo, pero desde luego no “hacia
nosotros”. La revolución es mucho más que un golpe de estado de unos revolucionarios profesionales, es un
salto cualitativo histórico en la conciencia del pueblo trabajador, y éste, debe ser participe del proceso, y si
no es así, no será revolucionario.
Por otro lado, la polémica del sujeto revolucionario y las tareas históricas pendientes, todavía sigue dando
muchas páginas de discusión. La fórmula leninista, bajo condiciones rusas de 1917, del ‘bloque obrerocampesino
bajo la dirección del proletariado’10, fue contestada desde posiciones izquierdistas que pretendían
que la única forma de dominación del Estado Soviético fuera de ‘dictadura del proletariado’, dejando de
convidado de piedra al campesinado. Esta idea absurda era hostil al proceso revolucionario porque mina el
mantenimiento del poder soviético, y era antidemocrática porque constituía en la praxis la implantación de
una dictadura de una parte minoritaria de la población; que en el caso de Rusia, tras la guerra civil,
teóricamente el 1% de clase obrera debía dominar a todo el gigantesco mundo rural. Lenin, a diferencia de
Trotsky, no desprecia la democracia (¡ojo! medida en intereses de clase), ya que a la revolución hay que
incorporar a todas las masas populares, y deben ser beneficiarias de la misma. Esa es nuestra fuente de
legitimación.
Si tomar el poder es difícil, mantenerlo, es tanto igual o más. Una de las claves para mantenerlo, según
Lenin, es a través de la ‘disciplina revolucionaria del partido del proletariado’, que se demuestra, entre otras
cuestiones por:
“su capacidad de vincularse, aproximarse y hasta cierto punto, si queréis, fundirse con las más grandes masas
trabajadoras, en primer término con la masa proletaria, pero también con la masa trabajadora no
proletaria.”11
.
En definitiva, la orientación leninista conlleva una política de “unidad popular” bajo dirección del
proletariado; una sensibilidad, desde luego, ‘no sectaria’ y ‘no conspiracionista’.
El izquierdismo borra las particularidades nacionales
Lenin no vende fórmulas mágicas, en contraste con eso, subraya las peculiaridades nacionales de las
revoluciones:
“Pero aunque la escuela preparatoria que conduce al movimiento obrero a la victoria sobre la burguesía sea
en todas partes idéntica en el fondo, su desarrollo se realiza en cada país de un modo original. (...) Lo que
importa ahora es que los comunistas de cada país adquieran completa conciencia, tanto de los principios
fundamentales de la lucha contra el oportunismo y el doctrinarismo "de izquierda", como de las
particularidades concretas que esta lucha toma y debe tomar inevitablemente en cada país aislado, conforme
a los rasgos originales de su economía, de su política, de su cultura, de su composición nacional (Irlanda,
etc.), de sus colonias, de sus divisiones religiosas, etc., etc. (...). Mientras subsistan diferencias nacionales y
estatales entre los pueblos y los países -- y estas diferencias subsistirán incluso mucho tiempo después de la
instauración universal de la dictadura del proletariado --, la unidad de la táctica internacional del movimiento
obrero comunista de todos los países exige, no la supresión de la variedad, no la supresión de las
particularidades nacionales (lo cual constituye en la actualidad un sueño absurdo), sino una aplicación tal de
los principios fundamentales del comunismo (Poder de los Soviets y dictadura del proletariado) que haga
variar como es debido estos principios en sus explicaciones parciales, que los adapte, que los aplique
acertadamente a las particularidades nacionales y políticas de cada Estado. Investigar, estudiar, descubrir,
adivinar, comprender lo que hay de nacionalmente particular, nacionalmente específico en la manera como
cada país aborda concretamente la solución de un mismo problema internacional...”

10 Los trabajadores industriales y agrícolas eran beneficiarios de la revolución; los dos sujetos revolucionarios formaban parte del partido
bolchevique, pero la dirección del proletariado se establecía mediante el desequilibrio cuantitativo y cualitativo a favor de los hijos de la industria.
Dirección política si, pero no exclusión de los beneficios de la revolución, ni de su participación en la misma de los campesinos.
11 Edición utilizada del folleto: “La enfermedad infantil del comunismo: el izquierdismo”. Ante cualquier duda sobre personas, tendencias y
organizaciones citadas, se recomienda leer notas: http://www.marx2mao.com/M2M(SP)/Lenin(SP)/LWC20s.html
9
“La historia en general, y la de las revoluciones en particular, es siempre más rica de contenido, más variada
de formas y aspectos, más viva y más ‘astuta’ de lo que imaginan los mejores partidos, las vanguardias más
conscientes de las clases más avanzadas”
Moraleja leninista: aprendamos de los procesos realmente existentes. ¿Qué decir a los dogmáticos,
eurocentristas u otros seres de mal vivir? Pues que cuando se empapen de realidad y respeto, será entonces
cuando legitimarán su crítica. Hasta entonces seguirán ejerciendo de mosca cojonera para el movimiento
revolucionario.
Un ejemplo cercano. Jon Idígoras, dirigente histórico de Herri Batasuna, cuenta en su biografía los ataques
izquierdistas que sufrieron en la época álgida del movimiento popular abertzale por parte de varios
portavoces de las esencias del comunismo, algunos desde la versión trotskista y otros, marxistas-leninistas
pasados de rosca. Los epítetos que disparaban iban desde “movimiento pequeño-burgués fanatizado” hasta
“agentes de la burguesía”. Estamos en el año 1975, aunque posteriormente esas críticas continuaron. Jon
contestando desde el estrado a una intervención de un izquierdista, dijo:
“me temo que el camarada se ha equivocado de bando; o quizá el no haber conocido jamás una fábrica y
estar lejos de las luchas obreras que en Euskadi se están dando le lleva a tildar de pequeño-burgueses
precisamente a los que están combatiendo al fascismo español, a los que están denunciando la traición del
PCE y PSOE españoles, hoy verdaderos aliados de la oligarquía. Quizá, en su equivocación, siga llamando
pequeño-burgueses a los que se han levantado hace unos días contra el asesinato de trabajadores en Gasteiz o
quienes lo hicieron contra los fusilamientos de Txiki y Otaegi. Compañeros y compañeras, estamos ya hasta
las narices de ‘revolucionarios’ de retaguardia que, con el mayor descaro, se atreven a tildar de pequeñoburgueses
precisamente a los que en Euskadi, y con otros grupos revolucionarios, estamos en primera línea de
combate contra el capitalismo y la opresión nacional”.12
Como remate final, Jon levantó el puño y recibió una ovación como “la de Rafael El Gallo en una
memorable corrida de Las Ventas en Madrid”.
Un debate pendiente en los aledaños del izquierdismo: la revolución permanente
Debates muy candentes en el movimiento comunista internacional se dieron en torno a la relación entre la
revolución democrático-burguesa y la revolución socialista. Especialmente virulentos fueron después de la
muerte de Lenin pese a que la III Internacional llevaba una línea clara sobre el enlace de esas dos
revoluciones en países semicoloniales, mediante la lucha por la hegemonía de los intereses del proletariado
dentro de los movimientos de liberación nacional donde los comunistas deben permitirles “educar a las
masas” y mantener una línea independiente de clase. Un ejemplo actual, que merece todo nuestro apoyo, es
la política de alianzas del Partido Comunista de Venezuela con el movimiento de liberación nacional
bolivariano. Tanto en ritmo como en contenido, supone un avance constante desde la perspectiva leninista.
Sabemos que Lenin no estaba de acuerdo con la revolución permanente13 de Trotsky, pero queda para el
debate si debe ser considerado una “deformación izquierdista”. Personalmente, lo mantengo, pues esa tesis
supone la violación de la “ley de desarrollo desigual de las fuerzas productivas” intrínseca al orden
imperialista mundial. La política trotskista en este caso se basa en un atajo intelectual, para justificar la
existencia real de las premisas objetivas para la construcción del socialismo en cualquier zona del mundo.
Pero curiosamente, acto seguido, niegan la anterior tesis: no puede existir transición al socialismo o
socialismo en un solo país. Mejor dicho, no la niegan, le ponen una condición sine quan non: el gobierno
revolucionario, inmediatamente después de tomar el poder, se debe lanzar a una cruzada internacionalista
para extender el socialismo en todo el planeta. Perdón, el ‘socialismo’ no, porque no existiría, sería extender
una toma del poder temporal hasta que pueda decretarse por ley única: el socialismo planetario, este si, ya
con la bendición trotskista, cumpliendo, por fin, todos los sacramentos de la ‘religión permanente’. Este
‘aventurerismo de libro’ niega las leyes de desarrollo objetivo, y en la práctica, la teoría del eslabón débil

12 Página 298. El Hijo de Juanita Gerrikabeitia. (Jon Idígoras). Editorial Txalaparta
13 Lenin en 1917 vé un acercamiento de las posiciones de Trotsky, antaño de los mencheviques de izquierda, y que en la situación particular de Rusia,
de enfrentamiento total contra la burguesía liberal e industrial por su colaboración con el feudalismo de Estado, le hacía acercarse a posiciones
bolcheviques. Lenin lo expresa así: “independientemente de la cuestión de la revolución permanente, existe solidaridad en los puntos fundamentales”
con Trotsky en la Rusia de 1917. Lenin. Obras. VIII, pág. 400. Mencionado en “La Revolución Permanente” de Trotsky.
10
para construir Estados que creen las bases materiales del socialismo. La realidad es que los ‘izquierdistas’
nunca han tenido éxito, más bien siempre han jugado el papel marginal del que busca protagonismo en la
competencia entre diferentes partidos comunistas, y no porque establezca una fuente de autoridad por su
vinculación con las masas o por poseer unas ideas revolucionarias emergentes.
Desde luego, la Unión Soviética, en sus primeras décadas, dió toda una lección al izquierdismo. El camarada
Alberto Arana lo explica de esta manera:
“Stalin, tras derrotar a sus rivales asume dar el gran paso, en realidad la tercera revolución rusa, la de
industrializar el país y colectivizar el campo. Es decir la parte práctica de la idea del socialismo en un solo
país, creando así las bases materiales del socialismo en vez de llorar porque no existían y esperar anhelante la
revolución mundial que sacara a Rusia del atraso y la librara de amenazas”14
“El socialismo mágico se inhibe con ello de la dialéctica de la historia, prefiriendo al embarrado y tosco
socialismo pegado a la realidad y en brega con dificultades descomunales, el cómodo refugio en fórmulas
platónicas en espera de que éstas, por su perfección, acaben ejerciendo un sortilegio sobre la sociedad”15
Para no golpear sólo por un lado, todos somos conscientes, que la III Internacional en el llamado tercer
periodo mantuvo una estrategia izquierdista como reacción a los ataques de la socialdemocracia a la Unión
Soviética, pero, afortunadamente, fue reconocido a través de la rectificación de la política del Frente
Popular16, donde se identificó correctamente la contradicción principal en la táctica contra ese “régimen
reaccionario de masas” que intentaba destruir a los elementos avanzados de la clase obrera y el campesinado,
mediante la construcción de una superestructura terrorista para mantener la dominación burguesa. Asimismo,
mantenía elementos sui generis reaccionarios basados en concepciones racistas-imperialistas, como el caso
alemán.
Búsqueda permanente de la síntesis superadora en la lucha entre líneas
Históricamente el imperialismo siempre se ha beneficiado, ha utilizado, financiado e infiltrado en
grupúsculos izquierdistas para desestabilizar los regímenes socialistas haciendo una pinza sobre la base de
los intereses de clase de la burguesía y la aristocracia.
La lucha entre líneas es una constante en la vida del partido y en la construcción del socialismo, es la
expresión de la lucha de clases por la vía interna de las instituciones del proletariado. El tratamiento de estas
contradicciones no puede resolverse de la misma manera que las contradicciones que no están en el seno del
pueblo, como decía Mao Tse-Tung: “Las contradicciones cualitativamente diferentes sólo pueden resolverse
por métodos cualitativamente diferentes”. En este sentido, en estos debates debe cumplirse el centralismo
democrático (movimiento de arriba abajo y de abajo arriba), mantener un método científico de análisis, la
verificación en la praxis y persistir en el proceso dialéctico de crítica y autocrítica. El objetivo es conseguir
una síntesis superadora, y no un equilibrio ecléctico de posiciones.
En tiempos de guerra, la liquidación de líneas es una práctica “urgente que va generalmente en contra de lo
necesario”, que no tiene ninguna solución de manual, ni mucho menos desde posiciones cínicas e
inoperantes del ‘democratismo no centralista’. Sin embargo, en tiempos de paz, la resolución de
contradicciones requiere de una lealtad mayor que a las propias ideas, la lealtad a los intereses del
movimiento, la causa socialista y del pueblo en general. Evidentemente, en la medida que el socialismo se
desarrolle en paz (interior y exterior), los márgenes de pluralidad se amplían, pues el sistema adquiere
suficiente fortaleza y experimenta métodos eficaces de resolución interna de las contradicciones. Esto no
pudo ser en el socialismo del siglo XX por sus limitaciones históricas, pero lo será en el XXI.

14 “Las Controversias de la Revolución Rusa” (2006). Alberto Arana. Publicado en el num. 4 de Fahrenheit 451
15 “CCCP, la enciclopedia del socialismo real” (2006). Editorial num. 4 Fahrenheit 451. También disponible:
http://www.corrienteroja.net/articulo.php?p=2796&more=1&c=1
16 “La ofensiva del fascismo y las tareas de la Internacional en la lucha por la unidad de la clase obrera contra el fascismo” (1935). Dimitrov.
http://www.marxists.org/espanol/dimitrov/1935.htm
11
Dialéctica y revolución
En el debate con el izquierdismo, al fin y al cabo, lo que nos jugamos es la propia concepción de la dialéctica
de la historia, pues las consecuencias políticas de un error de este tipo se pagan tanto en el proceso de la
toma del poder como en la construcción del socialismo. Para finalizar, perdonaré la tradicional última
puntilla del artículo, y acabaré con algo en positivo. A la postre, Lenin siempre consideró a la enfermedad
infantil como una simple ‘gripe no vacunada’, pero peligrosa para los recién nacidos; en cambio, a la
enfermedad senil del comunismo, el revisionismo de derecha, sí que le dio un carácter cancerígeno-crónico17
,
donde ya sólo cabe darle la extremaunción, o si nos ponemos educados, un adiós en la despedida del viaje a
las entrañas del sistema capitalista.
En honor al texto estudiado, y a modo de despedida, reproduzco a continuación la antológica reflexión de
Lenin donde describe la ley fundamental de la revolución:
“La ley fundamental de la revolución, confirmada por todas ellas, y en particular por las tres revoluciones
rusas del siglo XX, consiste en lo siguiente: para la revolución no basta con que las masas explotadas y
oprimidas tengan conciencia de la imposibilidad de vivir como antes y reclamen cambios, para la revolución
es necesario que los explotadores no puedan vivir ni gobernar como antes. Sólo cuando las "capas bajas" no
quieren lo viejo y las "capas altas" no pueden sostenerlo al modo antiguo, sólo entonces puede triunfar la
revolución. En otros términos, esta verdad se expresa del modo siguiente: la revolución es imposible sin una
crisis nacional general (que afecte a explotados y explotadores)”
El Monumento a la Tercera Internacional o Torre de Tatlin, fue un proyecto arquitectónico del escultor ruso Vladimir Tatlin, quien lo presentó a
comienzos de los años veinte. Se proyectó para ser construido en Leningrado, como monumento y sede de la Tercera Internacional. Estaba prvisto
que tuviera unos 400 metros de alto, superando en altura a la Torre Eiffel de París(del centenario de la Revolución Francesa). Finalmente no se
pudo realizar porque existían otras prioridades económicas tras la guerra civil. Fuente: Wikipedia

17 El revisionismo de Negri y Hard es el más peligroso actualmente, pues parece que el Manifiesto Programa del PCE no pasará de retórica reformista
radical; hace tiempo abandoraron el objetivo del socialismo, nada bueno puede salir de ahí. Para combatir el revisionismo moderno, recomiendo: “El
postmaterialismo o la narcótica del movimiento” (2006). Tito, militante de Corriente Roja.
http://www.nodo50.org/carlosmarx/spip/article.php3?id_article=83


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Mensaje por SS-18 el Mar Feb 28, 2017 9:13 pm

http://www.rebelion.org/docs/40339.pdf


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Mensaje por SS-18 el Mar Feb 28, 2017 9:20 pm

Paradigmáticos, en ese sentido, eran los comuneros blanquistas, quienes en un manifiesto argumentaban:
". . . Somos comunistas porque queremos alcanzar nuestro fin, sin detenernos en etapas intermedias y sin
compromisos, que no hacen más que alejar el día de la victoria y prolongar el periodo de esclavitud'.
Engels les contestó lo siguiente:
“Los comunistas alemanes son comunistas porque, a través de todas las etapas intermedias y de todos los
compromisos creados no por ellos, sino por la marcha del desarrollo histórico, ven claramente y persiguen
constantemente su objetivo final: la supresión de las clases y la creación de un régimen social en el cual no
habrá ya sitio para la propiedad privada de la tierra y de todos los medios de producción. Los blanquistas son
comunistas por cuanto se figuran que basta su buen deseo de saltar las etapas intermedias y los compromisos
para que la cosa quede ya arreglada, y que si -- ellos lo creen firmemente -- 'se arma' uno de estos días y el
Poder cae en sus manos, el 'comunismo estará implantado' al día siguiente. Por consiguiente, si no pueden
hacer esto inmediatamente, no son comunistas. ¡Qué ingenua puerilidad la de presentar la propia impaciencia
como argumento teórico!"


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