La CIA contra la URSS

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    Ereshkigal
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    La CIA contra la URSS

    Mensaje por Ereshkigal el Vie Abr 01, 2011 6:14 am

    La planificación en los Estados Mayores ya entonces había llegado lejos, y el secretario de Defensa, Forrestal, pidió el 10 de julio de 1948 presentar al Gobierno una exposición íntegra de la política nacional respecto a la Unión Soviética sin la cual no se podían adoptar decisiones lógicas sobre la dimensión de los recursos destinados a fines militares. El Consejo de Plani­ficación de la Política presentó el análisis requerido, bajo el título Objetivos de los EE.UU. respecto a Rusia, ratificado el 18 de agosto de 1948 como directiva 20/1, estrictamente secreta del Consejo de Seguridad Nacional. En 33 pliegos de escritura apre­tada este documento vio por primera vez la luz en los EE.UU. en 1978, en la recopilación Contención. Documentos sobre la po­lítica y la estrategia norteamericana en 1945-1950. En la introducción se enunciaba:

    "Por exigencias de la guerra política en curso, el Gobierno se ve obligado a fijar ya ahora, en tiempos de paz, respecto a Rusia objetivos más determinados y belicosos que los que fue necesario formular respecto a Alemania y Japón antes del co­mienzo de las hostilidades contra estos países... Hay que de­terminar en la actual planificación gubernamental, antes de comenzar la guerra, nuestros objetivos alcanzables tanto en tiem­pos de paz como en tiempos de guerra, reduciendo al mínimo la distancia entre ellos".

    En frases exquisitas se decía:

    "Nuestros objetivos básicos respecto a Rusia, en realidad, son sólo dos:

    a) Reducir el poder y la influencia de Moscú;

    b) Lograr un cambio básico en la teoría y la práctica de las relaciones internacionales seguidas por el Gobierno que está en el poder en Rusia".

    Según la práctica ya establecida de la alta dirección del Estado, se proyectaban acciones para condiciones de tiempos de paz y de tiempos de guerra. Para el período de paz, la directiva 20/1 del CSN auguraba la capitulación de la URSS bajo pre­sión exterior. Por supuesto, en la directiva 20/1 del CSN se pre­veían las consecuencias de esta política:

    "Nuestros esfuerzos para que Moscú acepte nuestras con­cepciones equivalen a decir que nuestro objetivo es el derro­camiento del Poder soviético. Partiendo de este punto de vista, cabe aducir que estos objetivos son inalcanzables sin guerra, y, por consiguiente, reconocemos con ello que nuestro objetivo fi­nal respecto a la Unión Soviética es una eventual guerra y el derrocamiento del Poder soviético mediante la violencia.

    Sería un error peligroso aceptar tal línea de razonamientos.

    En primer término, no estamos limitados por un plazo determinado para lograr nuestros objetivos en tiempos de paz. No tenemos una rígida periodicidad de guerra y de paz que nos obligue a decir que debemos alcanzar nuestros objetivos de tiem­pos de paz para una fecha precisa o que deberemos recurrir a otros medios.

    En segundo lugar, con toda razón no debemos experimentar ninguna sensación de culpa pretendiendo destruir una concep­ción incompatible con la paz y la estabilidad internacional y remplazarlas con la de tolerancia y colaboración internacional (así denominan, respectivamente, al socialismo y el capitalismo. —N. Y.). No es asunto nuestro pensar en las consecuencias in­ternas que puede tener la adopción de tales concepciones en otro país, igual que no debemos pensar en que tenemos respon­sabilidad alguna por estos acontecimientos. Si los líderes sovié­ticos estiman que la creciente prevalencia de los conceptos más cultos de relaciones internacionales es incompatible con el man­tenimiento de su poder en Rusia, esto será asunto suyo, y no nuestro. Nosotros debemos trabajar para lograr que allí se pro­duzcan acontecimientos... Como Gobierno, no tenemos respon­sabilidad por las condiciones internas en Rusia.

    En la directiva 20/1 del CSN la actividad subversiva contra la Unión Soviética se reconocía fríamente como política de Estado y un elemento de la política general de Washington. Para ello nece­sitaron movilizar considerables recursos y la hipocresía tradicional en los Estados Unidos. En la directiva 20/1 se declaraba de modo extraordinariamente sofisticado:

    "Nuestro propósito en tiempos de paz no es el derrocamien­to del Gobierno soviético. Naturalmente, tendemos a crear cir­cunstancias y situaciones que no agraden y con las que no po­drán transigir los actuales líderes soviéticos. Es posible que, vién­dose en tales condiciones, no puedan conservar su poder en Ru­sia, pero es preciso reiterar que eso es asunto suyo, y no nues­tro... Si surge realmente la situación que procuramos crear en tiempos de paz, que sea intolerable para el mantenimiento del poder interno en Rusia y que obligue al Gobierno soviético a desaparecer de la escena, no lo deploraremos, pero tampoco asu­miremos la responsabilidad de haber conseguido o realizado eso".

    ¿De qué "situación" se trataba? En la directiva 20/1 del CSN se señalaba en forma generalizada, pero con suficiente precisión: "Se trata ante todo de que la Unión Soviética sea polí­tica, militar y psicológicamente débil en comparación con las fuerzas internacionales fuera de su control".

    En resumidas cuentas, se pretendía derrocar el régimen so­cialista en nuestro país mediante acciones subversivas y otros métodos. Este era el objetivo que fijaba para "tiempos de paz" la directiva 20/1 del CSN.

    En caso de guerra todo resultaría mucho más simple, se preveía una manera de obrar de lo más enérgica. Sin entrar en detalles de cómo infligir una derrota militar a la Unión Sovié­tica —para eso están los generales—, pasaron a repartirse la piel del oso antes de matarlo, a considerar lo que los EE.UU. debían hacer tras la victoria sobre la URSS. Por lo visto, llegaron a mirar el mapa, porque apuntaron:

    "Debemos partir, ante todo, de que para nosotros no será provechoso o será prácticamente irrealizable ocupar todo el territorio de la Unión Soviética estableciendo allí nuestra administración militar. Ello es imposible por la gran extensión del territorio y por el número de sus habitantes... En otras palabras, no es preciso esperar la plena inserción de nuestra voluntad en el territorio ruso, como pretendimos hacer en Alemania y Japón. Debemos reconocer que el arreglo final debe ser político".

    Los estrategas de Washington examinaron variantes de tal "arreglo" en dependencia del desenlace de las operaciones milita­res:

    "En el peor de los casos, esto es subsistiendo el Poder so­viético en todo o casi todo el actual territorio soviético, debe­mos exigir:

    a) el cumplimiento de condiciones directamente militares (la en­trega del armamento, la evacuación de las áreas claves, etc.) para asegurar por largo tiempo el desamparo militar;

    b) condiciones que determinen una considerable dependen­cia económica del mundo exterior”. Esas condiciones tienen en cuenta el desmembramiento de nuestro país, la libre penetra­ción ideológica, etc. “Todas las condiciones deben ser duras y humillantes para el régimen comunista. Podrían semejarse en líneas generales al tratado de Brest-Litovsk de 1918, que a este propósito merece la más atenta consideración".

    ¡Magnífico! ¡En 1948 el Consejo de Seguridad de los EE.UU. se declara heredero de los militaristas alemanes de 1918! Pero la directiva 20/1 del CSN corrige el "error" de la Alemania del Káiser:

    "Debemos aceptar como requisito incondicional que no con­cluiremos un tratado de paz ni reanudaremos relaciones diplo­máticas normales con ningún gobierno ruso dominado por al­guno de los actuales líderes soviéticos o personas que compartan sus opiniones. Demasiado hemos sufrido en los últimos quince años, haciendo como si fueran posibles relaciones normales con tal régimen".

    Pero esos 15 años fueron el período del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los EE.UU. y la URSS en 1933, de cooperación de nuestros dos países en la guerra contra las potencias del “eje” fascista. No sólo nosotros, sino toda la hu­manidad vio que la Unión Soviética defendió la causa de las Naciones Unidas, incluyendo a los EE.UU., y en 1948 resultaba que los Estados Unidos habían "sufrido"; "sufrido" ¡pese a que los soldados soviéticos habían salvado también a los Estados Uni­dos! Pero es inútil hablar de moral o elemental decencia, vol­vamos a la directiva 20/1 del CSN. Los estrategas analizaron en detalle un desenlace de la guerra mucho más atractivo para ellos: la desaparición del Poder soviético:

    "Surge la cuestión de qué fines debemos perseguir respecto a cualquier autoridad no comunista que apareciera en parte o en todo el territorio ruso como consecuencia de los aconteci­mientos de la guerra. Cabe señalar con todo vigor que, indepen­dientemente de la base ideológica de todo régimen no comu­nista e independientemente de la medida en que esté dispuesto a servir de palabra a la democracia y al liberalismo, debemos perseguir nuestros propósitos básicos dimanantes de las deman­das enumeradas. En otros términos, debemos crear garantías automáticas de que incluso un régimen no comunista y nominalmente amistoso:

    a) no tenga gran poder militar,

    b) económicamente dependa en grado considerable del mun­do exterior,

    c) no ejerza gran autoridad sobre las principales minorías nacionales, y

    d) no instale nada semejante al telón de acero. En caso de que tal régimen sea hostil a los comunistas y amistoso con nosotros, debemos mirar que estas condiciones no sean impuestas de manera ofensiva o humillante, pero debemos impo­nerlas sea como fuere para proteger nuestros intereses".

    Es decir que junto con el Poder soviético querían destruir la propia existencia de Rusia como Estado, eliminar a nuestro país de entre las grandes potencias; ¿quién gobernaría según el Consejo de Seguridad Nacional en los territorios que antes integraran la Unión Soviética? "Actualmente —se decía en la directiva 20/1 del CSN— hay cantidad de interesantes y fuertes grupos políticos rusos en el exilio... cualquiera de ellos... desde nuestro punto de vista es preferible al Gobierno soviéti­co para administrar Rusia". Naturalmente, todos esos grupos eran mantenidos por los servicios especiales de los EE.UU., a los que pedían cada vez mayores dádivas. Es de suponer que cau­saron grandes quebraderos de cabeza a sus amos, pues en la directiva 20/1 del CSN se incluyó un plan que debía librar a los dirigentes estadounidenses de muchos cuidados:

    "Debemos esperar vigorosos esfuerzos que emprenderán di­versos grupos para inducirnos a tomar medidas en los asuntos internos de Rusia que nos comprometan y constituyan un motivo para que los grupos políticos en Rusia continúen pidiendo nuestra ayuda. En vista de ello debemos hacer determinados esfuerzos para eludir la responsabilidad por la decisión de quién gober­nará Rusia después de la desintegración del régimen soviético. La mejor salida para nosotros es permitir que todos los elemen­tos emigrados vuelvan a Rusia lo más pronto posible, y hacer todo lo que de nosotros dependa para que reciban posibilidades aproximadamente iguales en las opciones al poder... Probable­mente surjan querellas entre los grupos, pero aun así no debe­mos intervenir mientras la lucha no afecte nuestros intereses mi­litares".

    Quedaba la cuestión de la política respecto al Partido Comunista de la Unión Soviética. "Qué hacer con el poder del Partido Comunista de la Unión Soviética: este es un problema extremadamente intrincado, que no puede ser resuelto simple­mente".

    Después de todo tipo de divagaciones, los autores de la directiva 20/1 del CSN determinaron ponerlo en manos de aquellos "gobernantes" que los Estados Unidos traerían a nuestro país desde el extranjero. Ellos se encargarían de eliminar físi­camente a los comunistas, y los EE.UU. se lavarían las manos:

    "En cualquier territorio liberado del Poder soviético se nos presentará el problema de los remanentes humanos (¡vaya len­guaje! —N.Ya.) del aparato soviético de poder. Si las tropas soviéticas se retiran en orden del actual territorio soviético, es posible que el aparato local del Partido Comunista pase a la clandestinidad, como sucedió en las regiones ocupadas por los alemanes en la guerra pasada. Luego posiblemente reaparezca en parte en forma de guerrillas.

    En este aspecto el problema de cómo tratarlo será relativa­mente sencillo; nos bastará dar las armas necesarias y apoyo militar a cualquier autoridad rusa no comunista que controle la región respectiva y permitir que dicha autoridad se deshaga de las bandas comunistas por los procedimientos tradicionales de la guerra civil rusa. Un problema mucho más difícil repre­sentarán los miembros de base del Partido Comunista o fun­cionarios (del aparato soviético) que sean descubiertos o apre­sados o se entreguen a merced de nuestras tropas o de cualquier autoridad rusa. En este caso tampoco tenemos que asumir la responsabilidad por el modo de proceder contra estas personas ni dar órdenes directas a las autoridades locales de qué hacer con ellos. Esto será asunto de cualquier autoridad rusa que sustituya el régimen comunista. Podemos estar seguros que tal autoridad estará más capacitada que nosotros para juzgar sobre el peligro que los antiguos comunistas puedan representar para la seguridad del nuevo régimen y dispondrá de ellos de manera que no causen daño en el futuro... Debemos recordar siempre que las persecuciones por un Gobierno extranjero crean ine­vitablemente mártires locales... En suma, no debemos fijarnos la tarea de realizar con nuestras propias fuerzas en el territorio liberado del comunismo un amplio programa de descomunización y en general debemos dejarlo a consideración de cualquier autoridad local que sustituya al Poder sovié­tico."

    Así terminaba la directiva 20/1 del CSN (subrayado según el texto del documento) que fue recibida con euforia en la Casa Blanca y puesta en la base de la política estadounidense hacia la Unión Soviética. En muchos aspectos, hasta en la numeración, tenía connotaciones con la directiva N 21 impartida unos ocho años antes por Hitler para el plan "Barbarroja"...

    Sin embargo, la cuestión sobre la prioridad del genocidio respecto a los que son considerados enemigos no es tan sen­cilla. La directiva 20/1 del CSN estaba totalmente de acuerdo con la manera tradicional de los Estados Unidos de llevar a cabo la guerra, manera admirada por el propio Hitler. En una nueva biografía de éste, perteneciente a la pluma del historiador esta­dounidense John Toland, leemos: "Hitler afirmaba haber to­mado sus conceptos de campos de concentración y de la utili­dad del genocidio del estudio... de la historia de los Estados Uni­dos. Admiraba... los campos creados en sus tiempos para los indígenas en el salvaje Oeste. Ante sus allegados alababa a menudo la eficiencia de la técnica norteamericana de elimina­ción física: por el hambre y la lucha impuesta en condiciones desiguales".2 La revista Newsweek elogió el libro como "la pri­mera obra que debe leer todo el que se interese por Hitler... Comprende muchas cosas nuevas", y el autor fue distinguido en los EE.UU. con el premio Pulitzer. ¡Tomaremos nota de estas "cosas nuevas"!

    En 1948, los Estados Unidos pusieron rumbo a la agresión contra la Unión Soviética en un futuro inmediato. De acuerdo con las tareas directas de planificar la guerra, el documento descrito debía ser refundido sucintamente como guía para el mando de las Fuerzas Armadas. En esta labor se enfrascaron los miembros del Consejo de Seguridad Nacional: A. Barkley, vicepresidente del CSN; George Marshall, secretario de Estado; James Forrestal, secretario de Defensa; K. Royall, secretario del Ejército; J. Sullivan, secretario de Marina; S. Symington, secretario de Aviación; el contralmirante R. Hillenkoetler, primer director de la CIA; J. Steelman, secretario del Departamento de Recur­sos Nacionales, y el almirante S. Souers, secretario ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional.

    El imponente grupo de autores trabajó varios meses sobre su propia versión de la directiva 20/1 del CSN reduciendo el texto a un cuarto. La variante final ofrecida a Truman y aprobada por éste el 23 de noviembre de 1948 como directiva 20/4 del CSN reproducía las tesis básicas de la directiva ante­rior, algo empeoradas por el estilo burocrático de los altos funcio­narios. Por supuesto, ni ellos ni todos sus ayudantes juntos po­seían el don literario del jefe del Consejo de Planificación de la Política, donde fue formulada la directiva 20/1.

    Con elegancia oficinesca, en la directiva 20/4 del CSN se decía: "El peligro más grave para la seguridad de los Estados Uni­dos en el futuro previsible proviene de los designios hostiles, del enorme poderío de la URSS y de la naturaleza del sistema soviético". O sea que la sola existencia del régimen soviético es "una grave amenaza". Así como suena. Más adelante se repetía la directiva 20/1 del CSN, a veces parafraseando algo, pero, en lo fundamental, con la reproducción literal de los lugares claves, y se enumeraban las acciones que ya conocemos para “tiempos de paz” y para la guerra. Es verdad que en compara­ción con ella se ponía mayor énfasis en la labor subversiva para ambos casos, haciéndose la siguiente conclusión final:
    “Si los Estados Unidos aprovechan las posibilidades potenciales de la guerra psicológica y las actividades subversivas, la URSS se encontrará ante el crecimiento del descontento de la oposi­ción ilegal en el área que se encuentre bajo control soviético”.

    Por cuanto la directiva 20/4 del CSN era entregada a los ejecutores, a éstos les aseguraron que la guerra tomaría por sorpresa a la URSS, pues "el minucioso análisis de diversos factores indica que el Gobierno soviético no planea en este mo­mento ninguna acción militar calculada para implicar a los EE.UU."

    Los mandos militares estadounidenses siguieron las indica­ciones de la directiva 20/4 del CSN, que fueron citadas y te­nidas en cuenta al elaborar los planes de las operaciones de ata­que a la URSS, los cuales abundaron en aquellos tiempos. Los políticos reiteraron a los generales quién era el enemigo, y a ellos, a su vez, sólo les quedó definir los métodos y los medios mi­litares para derrotar a la Unión Soviética; lo cual no debía tardar mucho, porque las directivas 20/1 y 20/4 del CSN partían de que la guerra contra la URSS no estaba lejos.


    Para 1948 en los Estados Mayores ya se habían elaborado muchos planes de ataque a la Unión Soviética. Participa­ron tanto la Junta de Jefes de los Estados Mayores como los jefes de los mandos locales. Por ejemplo, Dwight Eisenhower, jefe de las tropas estadounidenses en Europa, legó a su sucesor en este cargo el plan Totality, confeccionado ya a finales de 1945. Como es natural, los planes se renovaban, pero la preparación general del cercano ataque a la URSS comenzó después de la aprobación de las analizadas directivas del CSN.

    Por indicación de la Junta de Jefes de los EE.MM., hacia media­dos del año 1948 fue confeccionado el plan Charioteer. La gue­rra comenzaría "con ataques aéreos masivos empleando bombas atómicas contra centros gubernamentales, políticos y administra­tivos, conglomerados urbanos industriales y zonas petrolíferas, desde bases situadas en el hemisferio occidental y en el Reino Unido".

    Durante el primer período de la guerra — treinta días— debían ser arrojadas 133 bombas atómicas sobre 70 ciudades soviéticas. Ocho bombas se destinarían a Moscú para la destrucción de unas 40 millas cuadradas y siete a Leningrado, 35 millas cua­dradas. En dos años de guerra se calculaba arrojar otras 200 bombas atómicas y 250 mil toneladas de bombas corrientes. El mando de las Fuerzas Aéreas estratégicas suponía que durante o después de esos bombardeos la Unión Soviética capitularía.

    Para el 1º de septiembre de 1948 se despachó a los EE.MM. de las unidades de las Fuerzas Armadas de los EE.UU. el plan Fleet­wood, guía para el trazado de planes operativos. Lo mismo en los bosquejos del Charioteer como en el plan Fleetwood se ad­mitía que después de iniciada la contienda la Unión Soviética podía ocupar toda Europa. Por ejemplo, en el plan Fleetwood se señalaba respecto a la región del Mediterráneo:

    "Para fines del sexto mes de las operaciones militares, los So­viets pueden ocupar y consolidarse en todo el litoral norte del Mediterráneo, desde los Pirineos hasta Siria, y someter las lí­neas de comunicación por mar a fuertes ataques aéreos. Ade­más, a los seis meses de empezar la guerra, la URSS podrá ocupar España y someter las comunicaciones a bombardeo de la artillería (por el Estrecho de Gibraltar)".

    El Comité Conjunto de Información concluyó en una adi­ción al plan Fleetwood:

    "La URSS en la lucha con los probables enemigos — los EE.UU., Inglaterra y las naciones con ellos aliadas— podrá ocupar áreas claves de Europa y Asia".

    Las perspectivas parecían ser poco agradables para los agre­sores yanquis, entonces ¿para qué comenzar la guerra, en el primer período de la cual, según los planes, no se pensaba más que en la evacuación de Europa Occidental? El mando de la aviación estratégica proponía cerrar por un tiempo los ojos a todo eso, pues mientras el Ejército Rojo avanzara por Europa y Asia, los golpes atómicos contra el territorio de la Unión So­viética destruirían el elemento fundamental —político— del po­derío soviético, que, según el Comité Conjunto de Información decía en el Anexo al plan Fleetwood, consistía en lo siguiente:

    "1. el valor innato, la firmeza y el patriotismo del pueblo ruso; 2) el mecanismo elaborado y preciso con el que el Krem­lin ejerce el control centralizado en la órbita soviética... 3) el atractivo ideológico del comunismo teórico; 4) la evidente habilidad del régimen soviético para movilizar el patriotismo ruso innato en apoyo a esfuerzos de guerra soviéticos; 5) la capacidad del pueblo y del Gobierno para hacer la guerra en circunstancias de extrema desorganización, demostrada en los primeros años de la segunda guerra mundial".

    Pero las bombas atómicas, según los generales yanquis, podían más. Sobre este punto —si la aviación estratégica podría o no quebrantar la voluntad de los rusos— se entabló una polémica en la plana mayor de las Fuerzas Armadas, polémica que trans­curría mientras se ultimaban los preparativos para el ataque atómico. El 21 de diciembre de 1948, el comandante en jefe de la Fuerza Aérea expuso ante la Junta de Jefes de los EE.MM. el plan operativo 1-49 de las Fuerzas Aéreas Estratégicas:

    2. La guerra comenzará antes del 1º de abril de 1949.

    3. Las bombas atómicas se utilizarán en las proporciones que sean consideradas factibles y deseables...

    a. Teniendo en cuenta el número de bombas atómicas disponibles, el alcance de la aviación aliada, la precisión de bombardeo, el poder de los bombarderos y el tiempo necesario para determinar sus efectos, como objetivos prioritarios de los gol­pes aéreos se fijan los principales centros de la Unión Sovié­tica. Su destrucción minará en tal grado los centros indus­triales y administrativos de la URSS, que el poderío ofensivo y defensivo de las Fuerzas Armadas Soviéticas quedará reducido drásticamente...

    b. Los planos de los objetivos y los mapas de navegación para las operaciones contra las primeras 70 ciudades serán distribui­dos a las unidades para el 1º de febrero de 1949. Los actuales mapas de navegación en escala 1:1 000 000 son suficientemente precisos para asegurar el vuelo a cualquier punto deseado del territorio de la URSS...

    l. A los efectos de la planificación, para los primeros bombardeos atómicos se admiten pérdidas eventuales del 25% del número de los bombarderos utilizados, lo que no estorbará el empleo de toda la reserva de bombas atómicas. En la medida en que vaya influyendo la ofensiva atómica en la defensa antiaérea soviética, las pérdidas de los bombarderos se reducirán...

    De todo lo expuesto se infiere:

    Que puede ser lanzada conforme al plan una fuerte ofen­siva aérea estratégica contra los elementos claves del potencial militar soviético.

    Los generales de las Fuerzas Aéreas eran muy optimistas. Ardían en deseos de subir al aire la aviación estratégica, pero evidentemente no comprendían que no se trataba de si des­truían o no las ciudades (los generales respondían a ello afir­mativamente), sino de las consecuencias morales que todo eso podía tener para la población y el logro de los objetivos de la guerra en general. Los jefes de otros ejércitos y armas, aparte de la aviación estratégica, consideraban poco reales las pretensiones de los mandos. A comienzos de 1949 se constituyó un comité especial formado por los altos jefes del Ejército, la Ma­rina y la Fuerza Aérea, encabezado por el teniente general H. Harmon, que procuró evaluar las consecuencias políticas del proyectado ataque aéreo a la Unión Soviética. El 11 de mayo de 1949, el comité presentó el informe confidencial Evaluación del efecto que puede tener sobre los esfuerzos de guerra sovié­ticos una ofensiva aérea estratégica.

    Problema:

    1. Evaluar el efecto que puede tener sobre los esfuerzos de guerra de la URSS la ofensiva aérea estraté­gica contemplada en los planes militares actuales, incluyendo la apreciación del efecto psicológico de los bombardeos atómicos sobre la voluntad de los Soviets de sostener la guerra...

    3. El plan de la ofensiva aérea estratégica... comprende dos fases:

    a. La fase inicial consiste en una serie de ataques principal­mente con bombas atómicas contra 70 ciudades (en el presente el mando de la aviación estratégica planea realizar esto en unos 30 días).

    b. La segunda fase consiste en continuar el ataque inicial con el empleo de bombas tanto atómicas como convencionales.
    Efecto sobre la capacidad industrial:

    Los daños físicos a las instalaciones, la muerte del personal concen­trado en las zonas industriales y otros efectos acumulativos direc­tos o indirectos llevarán a la reducción en un 30 o un 40 por ciento de la capacidad industrial de la URSS, pero ésta no será per­manente, sino que será aliviada por las obras de reconstrucción soviéticas o agravada en dependencia de la fuerza y la eficacia de los bom­bardeos posteriores...

    Víctimas entre el personal:

    La fase inicial de la ofensiva atómica provocará por lo menos 2 700 000 muertos y 4 000 000 de víctimas adicionales dependiendo de la eficacia del sistema soviético de defensa pasiva. Será destruido un gran número de viviendas, complicán­dose mucho el problema de la vida para los sobrevivientes de los 28 000 000 de habitantes (la población total de las ciudades blancos de los bombardeos atómicos. —N.Ya.).

    Efectos psicológicos:

    La ofensiva atómica de por sí no provocará la capitu­lación, no destruirá las raíces del comunismo ni debilitará crí­ticamente el poder de la dirección soviética.

    Para la mayor parte del pueblo soviético los bombardeos atómicos confirmarán la propaganda soviética contra las poten­cias extranjeras, estimularán su resentimiento contra los Estados Unidos, unirán a este pueblo e incrementarán su voluntad de luchar. Entre una minoría indeterminable, los bombardeos atómicos pueden estimular la disidencia10 y la esperanza de libe­rarse de la opresión. Si ante los disidentes no se abren posibi­lidades mucho más favorables, estos elementos no ejercerán efec­to alguno apreciable sobre los esfuerzos de guerra soviéticos.

    Deducción general:

    Desde el punto de vista de nuestra seguridad na­cional, las ventajas del uso inmediato del arma atómica deben estar por encima de todo. Deben ser emprendidos todos los es­fuerzos razonables con tal de preparar los medios para llevar rápida y eficazmente el máximo número de bombas atómicas a los objetivos planificados.”

    En todo caso, en vísperas de la guerra los generales deben pensar en victorias y no en derrotas, de ahí el optimismo que matiza el informe del Comité Harmon. Pero si se mira con mayor atención, se percibe evidentemente una honda preocupación por los designios demenciales de derrotar a la Unión Soviética principalmente si no exclusivamente por medio de bombardeos atómicos. Inclu­so si todo se desarrolla según el plan —como promete el man­do de las fuerzas aéreas— y matan durante el primer mes a 6,7 millones de soviéticos, la moral de los rusos no será minada y la voluntad de luchar sólo crecerá. Harmon y sus colegas no miraron más allá del primer mes de la guerra y suponemos que premeditadamente: a buen seguro les aterroriza pensar qué sucedería después del prólogo atómico. El arma, y, en particu­lar, sólo el arma atómica, no resolverá los problemas políticos. Naturalmente, tal como corresponde a militares, llamaron a com­pletar los arsenales, especialmente de los medios de transporte, etc.

    Las cuentas y los cálculos del comité Harmon (seguramente hubo también otros de la misma índole) no permitieron a los atomistas traspasar el límite fatal, pero el siniestro rumbo a la gue­rra contra la URSS quedó intacto. En abril de 1949 se amal­gamó el agresivo Pacto del Atlántico Norte. A lo largo de las fronteras de los países socialistas se construían y habilitaban nuevas bases militares. Los EE.UU. aceleraban el mecanismo de la industria de guerra. Los máximos dirigentes estadounidenses, cuya mentalidad se militarizaba sin cesar, confiaban en lograr una aplastante superioridad militar sobre la URSS, capaz de reducir al mínimo la importancia de los factores políticos des­critos. El procedimiento es sencillo: exterminar físicamente a to­dos los soviéticos. Así se imaginaba el asunto el general Curtis Le May, comandante de las Fuerzas Aéreas de los EE.UU. en Europa. Habló con desdén entonces de la confección de los diver­sos planes de guerra contra la URSS: no hacían la menor falta cuando los EE.UU. poseían los medios para simplemente “despoblar vas­tas dimensiones de la superficie terrestre, dejando sólo vestigios de la actividad material del hombre”.12 Sujetos como Le May estaban seguros de disponer de tiempo. En Occidente pensaban que pasarían muchos años antes de que la URSS tuviera el arma atómica. Pero...

    El 3 de septiembre de 1949 un bombardero estadounidense B 29 en misión de patrulla sobre la parte septentrional del Pa­cífico detectó en unas de las pruebas de aire una radiactividad su­perior a la normal. Al cabo de una semana de verificaciones se disiparon todas las dudas: la Unión Soviética había probado la bomba atómica. La Comisión de energía atómica estadouni­dense, que un año antes había creado el "programa de detección le­jana" —observación dosimétrica continua de la atmósfera— estaba satisfecha: en la apreciación de la ciencia soviética acer­taron los científicos y no los militares, especialmente los de las Fuerzas Aéreas...13 Aquella fue una proeza de los científicos e ingenieros soviéticos que pusieron fin al monopolio yanqui del arma atómica. Nuestros sacrificios materiales no habían sido en vano, el país ya tenía también un escudo atómico para defen­derse.

    El 25 de septiembre de 1949 TASS comunicó: "La Unión Soviética descubrió los secretos del arma atómica ya en 1947. En lo que se refiere a los temores que con este motivo pro­pagan determinados círculos extranjeros, carecen de fundamen­to. Cabe señalar que a pesar de que dispone de armas atómicas, el Gobierno soviético se mantiene y se mantendrá en su an­terior posición de prohibir incondicionalmente el empleo del ar­ma atómica".

    La respuesta de Washington fue considerar con urgencia la posibilidad de desencadenar una guerra preventiva.
    "Pero la guerra preventiva no se desencadenó —consta el investigador estadounidense A. Brown—. Aparte de otras cosas, los Estados Unidos no podrían haber vencido en tal guerra en 1949-1950. En aquel tiempo la aviación estratégica no era capaz de asestar a Rusia un solo golpe irreparable".

    Brown analiza las causas de ello en su libro Dropshot. El plan estadounidense de guerra atómica contra la URSS en 1957 (1978). A fines de 1949 los EE.UU. tenían 840 bombarderos estra­tégicos en acción y 1 350 en reserva, y más de 300 bombas ató­micas. Sólo desde las bases en las Islas Británicas se podía al­canzar Moscú, Leningrado y otros objetivos en la parte euro­pea de la URSS. En los planes se fijó como día de comienzo de la guerra el 1º de enero de 1950. En los primeros tres meses debían ser arrojadas unas 300 bombas atómicas y 20 000 tone­ladas de bombas ordinarias sobre cien ciudades soviéticas, para lo cual se calculaban necesarios 6 mil vuelos. Todo esto se de­nominaba el plan Troyano. La Junta de Jefes de los EE.MM. or­denó comprobar mediante ejercicios de los Estados Mayores las probabi­lidades de poner fuera de combate nueve zonas estratégicas: Moscú — Leningrado, los Urales, los objetivos próximos al mar Negro, el Cáucaso, Arjánguelsk, Tashkent — Alma-Atá, el Baikal y Vladi­vostok. Tomemos como botón de muestra los cálculos de las ope­raciones contra la zona del mar Negro de 233 bombarderos B 29 y B 50 (32 con bombas atómicas y los demás para neu­tralizar la defensa antiaérea y crear interferencias a los rada­res). Debían arrojar sobre los objetivos 24 bombas atómicas (tres bombas se pierden en aviones derribados, dos no llegan a lanzarse, tres no dan en el blanco). Las pérdidas suponen 35 aviones abatidos por cazas, más 2 por la artillería antiaérea, más 5 por otras causas y más un número indefinido de apa­ratos que sufren averías irreparables.

    En total, un 70 % de impactos y la pérdida del 55 % de los bombar­deros. ¿Podrían las tripulaciones seguir cumpliendo sus tareas con semejantes pérdidas? Durante la segunda guerra mundial sufrió las mayores bajas el grupo de 97 aviones que bombardea­ron Nuremberg la noche del 30 al 31 de marzo de 1944. No volvieron a sus bases 20 aviones, o sea, el 20,6 %. Des­pués de ello, entre el personal de vuelo en las bases de Ingla­terra comenzó a fermentar la desobediencia. Y en el caso del plan, las pérdidas ascienden al 55 %. Por varias razones técnicas, el ataque aéreo a la URSS no podía ser fulminante, los bom­bardeos atómicos de Moscú y Leningrado se efectuarían sola­mente el noveno día de hostilidades. Por otra parte, los cálcu­los más optimistas indicaban que las bases en las Islas Bri­tánicas serían puestas fuera de combate por las Fuerzas Aéreas de la URSS, ya con utilización de bombas atómicas, lo más tar­de al cabo de dos meses. Eso con seguridad, pero podía ser que aún antes. ¿Cuándo precisamente? Se puso en claro que después de ocasionar un enorme daño a las ciudades de la URSS, la aviación estratégica de los EE.UU. quedaría fuera de juego, sin aviones ni bases suficientes y con el sistema logístico en total desorden. Entre tanto, los ejércitos soviéticos alcanzarían para entonces las costas del Atlántico y del Índico. En los planes estadounidenses de la guerra contra la URSS se daba por axioma la pérdida de Europa, el Medio Oriente y el Extremo Orien­te, ya en los primeros meses.

    El mayor general Anderson, jefe de la dirección operativa del Estado Mayor del Aire, informó el 11 de abril de 1950 al secretario de Aviación, Symington: "La Fuerza Aérea no puede a) completar enteramente la ofensiva aérea según el plan Troyano y b) asegurar la defensa aérea de los Estados Unidos y Alaska".

    La cuestión de la guerra preventiva contra la URSS en 1950 fue retirada en vista de su impracticabilidad militar. Debido a que se puso en claro que los Estados Unidos no disponían de fuerzas sufi­cientes para derrotar a la Unión Soviética, la agresión fue trans­ferida a un plano de preparación de la guerra por parte de una coalición de países. Para eso se requería tiempo. Se fijó la fecha de comienzo de operaciones militares: el 1º de enero de 1957.

    Por indicación del Gobierno, la Junta de Jefes de los EE.MM. proyectó a partir de 1949 un plan de guerra cifrado Dropshot; en aras del secreto se le dio intencionadamente un nombre sin sentido. Suponíase que junto a los EE.UU. actuarían todos sus aliados de la OTAN. Irlanda, España, Suiza, Suecia, Egipto, Siria, Libia, Irak, Arabia Saudita, Yemen, Israel, Irán, la In­dia y Paquistán "procurarán mantenerse neutrales, pero se uni­rán a los aliados si son agredidos o expuestos a una grave amenaza". Como es natural, muchos países no pertenecientes al bloque atlántico no sospechaban que habían sido incluidos en el plan Dropshot.

    La "concepción estratégica general" del plan se presentaba así:

    "En cooperación con los aliados se impondrán nuestros obje­tivos de guerra a la Unión Soviética, destruyendo su voluntad y su capacidad de resistencia mediante la ofensiva estratégica en Eurasia Occidental y la defensa estratégica en el Extremo Oriente.
    Inicialmente: defender el hemisferio occidental; lanzar una ofensiva aérea; iniciar la contención discriminatoria del poderío soviético dentro del área general. Polo Norte — mar de Groen­landia — mar de Noruega — mar del Norte — Rin — Alpes — río Piave — mar Adriático — Creta — noreste de Turquía — valle del Tigris — golfo Pérsico — Himalaya — Sudeste de Asia — mar Meridional de China — mar Oriental de China — mar del Japón — estrecho de Bering — Polo Norte; mantener y controlar las zonas estratégicas, las bases y las comunicaciones prin­cipales; efectuar la guerra psicológica, económica y subversiva, sometiendo a una implacable presión las defensas y empleando todos los medios para agotar al máximo los recursos militares sovié­ticos.
    Consiguientemente: lanzar contra la URSS operaciones ofen­sivas coordinadas de todas las Armas".

    En la etapa inicial de la guerra, se planeaba arrojar sobre la Unión Soviética más de 300 bombas atómicas, 250 000 to­neladas de explosivos convencionales y destruir así hasta el 85 % de la industria soviética. Fueron concretadas las tareas para ap­lastar la defensa antiaérea soviética y las fuerzas terrestres, na­vales y aéreas de la URSS. En la segunda etapa proseguiría la ofensiva por aire, y se prepararían para entrar en acción las fuer­zas terrestres de la OTAN, 164 divisiones, de ellas 69 estadou­nidenses. Se establecería el control de las comunicaciones marítimas y oceánicas, etc. En la tercera etapa pasarían a la ofen­siva 114 divisiones de la OTAN en el sector oeste y 50 en el sur (desembarcos en la costa noroeste del mar Negro), ani­quilando a las Fuerzas Armadas Soviéticas de Europa Central. Estas acciones, más los incesantes bombardeos a las ciudades soviéticas, obligarían a la URSS y a sus aliados a capitular. En la guerra contra la URSS participarían hasta 250 divisiones: 6,25 millones de efectivos. En la aviación, la Marina, la defensa antiaérea, las unidades de servicio, etc., unos 8 millones de hom­bres más. En total para llevar a cabo el plan Dropshot estaba previsto emplear fuerzas armadas con veinte millones de efec­tivos.

    La cuarta y última etapa es descrita en el plan Dropshot con verdadera fruición: “A fin de cumplir nuestros objetivos na­cionales, los aliados deben ocupar” la Unión Soviética y otros países socialistas de Europa. Las necesidades totales en tropas de ocupación se fijaban en 38 divisiones, o aproximadamente un millón de hombres de las fuerzas terrestres. De ellas, di­visiones cumplirían misiones de ocupación en la Unión Sovié­tica. El territorio de nuestro país se dividía en cuatro “regiones de responsabilidad”, o zonas de ocupación: Parte occidental de la URSS; Cáucaso — Ucrania; Urales — Siberia Occidental — Turkestán; Siberia Oriental — Transbaikal — Primorie. Las regiones se dividían en 22 "subregiones de responsabilidad". Se designaron las ciudades para el acantonamiento de las tropas de ocupación: dos divisiones en Moscú y a razón de una divi­sión en Leningrado, Minsk, Múrmansk, Gorki, Kúibishev, Kíev, Járkov, Odesa, Sebastopol, Rostov, Novorossisk, Batumi, Bakú, Sverdlovsk, Cheliabinsk, Tashkent, Omsk, Novosibirsk, Jabárovsk y Vladivostok.

    En la URSS estarían dislocados cuatro de los cinco ejérci­tos aéreos destinados a ocupar todos los países socialistas. Ca­da ejército se compondría de cinco o seis grupos de combate, un grupo de transporte y otro de asalto. Una fuerza operacional de portaviones se destacaba al Báltico y otra al mar Negro. Se recalcaba especialmente que la alta proporción de la avia­ción en las tropas de ocupación debía dar a los soviéticos "una demostración palpable del poder de los aliados". Teniendo en cuenta que los ocupantes tendrían que desempeñar funciones represivas, el plan Dropshot preveía todo tipo de transporte adicional para las tropas, asegurando así su alta movilidad.

    Tanto en los planes de agresión anteriores, como en el plan Dropshot, la guerra contra la Unión Soviética y la ocu­pación tenían un acentuado carácter de clase. La guerra se justi­ficaba por "la grave amenaza a la seguridad de los Estados Uni­dos que... representaba la naturaleza del sistema soviético...

    Nunca antes en la historia la intención y los objetivos estra­tégicos de un agresor se habían definido con tanta claridad. En cientos de años la victoria del proletariado sobre la bur­guesía en la lucha de clases se identifica como el medio con el que el comunismo dominará en el mundo".

    Dropshot marcó un viraje en los planes militares de los EE.UU. en el sentido de que, a diferencia de los planes anteriores, que contaban con la agresión por medios puramente militares, en esta guerra contra la Unión Soviética se dedicaba atención al empleo de los aliados de clase al otro lado del frente, es decir, a los "disidentes". El término se incluyó en los planes de la guerra. Claro que los programadores en los Estados Mayores no se hacían ilusiones respecto a la fuerza de tales "disidentes":

    "Será más difícil aplicar los métodos de la guerra psico­lógica al pueblo de la URSS que al pueblo de los Estados Unidos.
    La guerra psicológica es un importantísimo medio de promover la disensión y la defección en el pueblo soviético, minar su moral y sembrar la confusión y la desorganización en el país...

    "Una de las más importantes tareas de los Estados Unidos es desplegar una amplia guerra psicológica. Su propósito fundamen­tal es destruir el apoyo de los pueblos de la URSS y los países satélites a su actual sistema de gobierno y la divulgación entre los pueblos de la URSS de la conciencia de que el derroca­miento del Politburó se encuentra dentro de las posibilidades reales...

    "Cabe esperar resistencia eficaz o motines sólo cuando los aliados occidentales puedan dar apoyo material, dirigir y ase­gurar a los disidentes que la liberación está próxima"

    En realidad, estos razonamientos eran una perífrasis de los estu­dios especiales estadounidenses de aquellos tiempos en torno a las causas del fracaso de la agresión de la Alemania hitleriana contra la Unión Soviética. Los teóricos estadounidenses estima­ban que en 1941-1945 Berlín perdió de vista los aspectos po­líticos formulados por Karl Von Clausewitz, a saber: “Rusia no es un país que pueda ser conquistado, es decir, ocupado real­mente... Un país como éste puede ser vencido sólo por la de­bilidad propia y la acción de las discordias internas”.21 Los estrategas yanquis se propusieron reparar las faltas de los di­rigentes del Reich.

    Además, los autores del plan Dropshot introdujeron en él disposiciones de la directiva 59 del CSN aprobada por Truman el 14 de septiembre de 1949: Política de los EE.UU. respecto a los satélites soviéticos en Europa Oriental. Mantenían la ilusión de que las desviaciones nacionalistas "debilitarían seriamente el blo­que soviético. Los Estados Unidos debían aprovechar esta debili­dad creando —para emplear como cuña y minar el prestigio soviético— un grupo de naciones comunistas contramoscovitas".

    ¿Cómo se realizaría todo esto? Los militares autores del plan Dropshot no tenían respuesta, pero en la directiva 50 del CSN, publicada en 1978 con grandes cortes, se afirmaba:

    "Nuestro último propósito es, naturalmente, la aparición en Europa Oriental de Gobiernos no totalitarios que deseen ubi­carse y participar en la comunidad del mundo libre, pero con­sideraciones tácticas muy serias impiden plantear este propósito como objetivo inmediato... Para nosotros el curso inmediato prác­ticamente realizable es ayudar al proceso herético de despren­dimiento de los satélites. Por muy débiles que parezcan, ya existen premisas para el cisma herético. Podemos coadyuvar a esta escisión sin contraer por ello ninguna responsabilidad. Y cuando se produzca la ruptura final, no estaremos envueltos di­rectamente en el reto a la autoridad soviética, la querella se desarrollará entre el Kremlin y la Reforma Comunista".

    En la directiva 58 del CSN se enfatizaba que, al aplicar esta política, los Estados Unidos debían borrar por todos los medios las huellas:

    "La ofensiva debe mantenerse no sólo en un plano abierto, sino también de forma encubierta... El rumbo a la estimula­ción del cisma en el mundo comunista debe sostenerse con pru­dencia, pues este rumbo no es más que una necesidad táctica y no debe oscurecer nuestro objetivo básico y de largo alcance: la creación de un sistema no totalitario en Europa Oriental. La tarea consiste en facilitar el desarrollo del comunismo he­rético, sin causar al mismo tiempo un grave perjuicio a nuestras posibilidades de remplazar este totalitarismo intermedio por re­gímenes tolerantes pertenecientes al mundo libre. Debemos in­crementar al máximo la ayuda posible a los líderes y los grupos pro occidentales en estos países".

    Pero... siempre callarse la boca, aleccionaba constantemente George Kennan tras las puertas cerradas de los departamentos gubernamentales de Washington. "No tenemos por qué hacer contribuciones gratuitas a la propaganda soviética asumiendo la responsabilidad por el proceso de desintegración en los países comunistas" —decía en aquel tiempo Kennan en una conferen­cia secreta en el Pentágono.

    La guerra psicológica ocupaba el siguiente lugar en la concepción estratégica general del plan Dropshot:

    Análisis: El comienzo o la intensificación de la guerra psicológica, económica y clandestina dirigida a grupos o países amigos y enemigos aumentará grandemente las probabilidades de terminación rápida y exitosa de la guerra, puesto que ayu­dará a quebrantar la voluntad de lucha del enemigo, sostener la moral de grupos amigos en territorio enemigo, mejorar la moral de los países amigos y la actitud de los neutrales hacia los aliados.

    Este tipo de guerra puede aplicarse también en tiempo de paz contra los Soviets y las naciones amigas, pero debe ser refor­zada fuertemente después de comenzar la guerra, explotando al máximo los efectos psicológicos de la ofensiva aérea estraté­gica. Requerirá la participación de todos los tipos de fuerzas armadas para prestar asistencia en su realización a otras agen­cias...

    Tarea: Lograr la integración de la guerra psicológica, eco­nómica y clandestina con los planes de las operaciones militares.”25
    El plan Dropshot terminaba con un vistazo al futuro: des­pués de la derrota de la URSS y sus aliados en Europa, llegaría el turno al Extremo Oriente, donde los EE.UU., en el curso de la guerra contra la Unión Soviética, mantenía una defensa es­tratégica. Dice así:

    "Consideramos que China comunista y otras regiones del Sudeste de Asia controladas por los comunistas nativos, a diferen­cia de Corea y los satélites europeos, no caerán bajo la completa dominación de los Soviets y en caso de una rápida capitulación de la URSS, tampoco capitularán necesariamente. Por consiguiente, la introducción de las tropas aliadas de ocupación en estas áreas antes de capitular la URSS, puede resultar tanto irreali­zable como indeseable, por cuanto para vencer la oposición se necesitará sostener una verdadera guerra. En consecuencia, la decisión sobre las acciones apropiadas en estas áreas se tomará teniéndose en cuenta la situación creada después de la capitu­lación de la URSS. Es necesario comprender que la realización de los objetivos nacionales de los EE.UU. exigirá una gran ofen­siva en el Extremo Oriente y Asia Sudoriental tras la capitulación de la URSS".

    Si consideramos que, según el plan Dropshot, con los EE.UU. debían alinearse, de grado o por la fuerza, no sólo los países de la OTAN, sino también varios países de Asia y el Medio Oriente, en tanto América Latina y África harían el papel de reserva y fuente de materias primas, resulta que las operaciones en el Le­jano Oriente y en el Sudeste de Asia cerraban la cuenta: Wa­shington tenia la intención de eliminar por las armas el socia­lismo. Ello significaba al mismo tiempo el cumplimiento del sue­ño de la oligarquía yanqui: establecer la hegemonía mundial de los Estados Unidos. Si se necesitaran pruebas oficiales provenientes de la élite gobernante de los EE.UU., ahí están: ¡el plan Dropshot!

    ¿Por qué se dejó que algunos investigadores accedieran al Dropshot? A. Brown, que lo sacó a luz en 1978 en un libro con sus comentarios, escribe:

    "Dropshot, el plan estadounidense de guerra mundial contra la Unión Soviética, fue elaborado en 1949 por una comisión de la Junta de Jefes de los EE.MM. con la autorización y el conocimiento del presidente Truman... Después de todo, la geografía militar no cambia, y el armamento convencional cambia sólo por el grado de su poder destructivo. Los campos de batalla de 1949 a 1957 pueden muy bien convertirse en los campos de batalla de la guerra futura.

    Estas consideraciones evidentes conducen a plantear la cues­tión más importante: ¿no era una tontería dar a la publicidad el plan Dropshot? He reflexionado mucho sobre este asunto y deduje que la publicación de este documento fue, ciertamente, una ton­tería. Habría sido necesario quemarlo, enterrarlo, guardarlo en la caja fuerte más inviolable, pues no hace a los EE.UU. más atrayentes a los ojos de Rusia. Dropshot no era solamente el plan de atomización de Rusia; preveía la ocupación de un extenso continente por ejércitos estadounidenses y la extirpación de las raíces del bolchevismo. Obviamente, en nuestros tiempos críticos —la guerra fría ha cesado, aunque sea temporalmente, pero sigue con intensidad la guerra política e ideológica—, los rusos dirán que Dropshot constituye una prueba de la persistente belicosidad estadounidense hacia Rusia y, por lo tanto, Rusia deberá incrementar sus fuerzas armadas.

    ¿Por qué, entonces, se publicó el plan Dropshot? Ninguna ley obligaba a la Junta de Jefes de los EE.MM. a hacerlo... El do­cumento y los materiales anexos muestran que (1) los EE.UU. po­drían haber perdido la tercera guerra mundial; (2) Rusia se­guramente ocuparía Europa Occidental en 20 días; (3) el man­do de la Fuerza Aérea de los EE.UU. estimaba que Rusia lograría en 60 días poner fuera de combate a Inglaterra, principal alia­da de los EE.UU. y con bases de primera importancia para el lan­zamiento de los golpes atómicos; (4) los ataques atómicos rusos combinados con las guerrillas comunistas en los EE.UU. quebran­tarían gravemente nuestra capacidad y voluntad de conducir la guerra; (5) los EE.UU. no podrían defender sus ciudades; (6) se necesitarían al menos dos años para colocar la industria y las Fuerzas Armadas de los EE.UU. a un nivel que permitiese el retorno militar a Europa; (7) los EE.UU. pretendían ocupar Rusia con el riesgo de provocar una interminable guerra de guerrillas en ese país…

    A mi parecer, la Junta de Jefes de E. M. decidió revelar el plan sin ningún motivo especial. El hecho es sencillo: se con­sideró que el plan es anticuado. Con los armamentos modernos nos aproximamos al día del Juicio Final y por eso el plan Dropshot carece de importancia".

    En el razonamiento de Brown hay parte de verdad, pero sólo una pequeña parte. La publicación del plan y de otros docu­mentos similares obedece a motivos complejos. En cuanto a la “antigüedad” y los designios criminales, como los plasmados en el plan Dropshot, el sentido común se revela sólo con la idea que a ellos pueda ser aplicado el plazo de prescripción. Cabe afirmar con seguridad que la publicación es un modo de justifi­cación: se quiere demostrar "a posteriori" que Washington nun­ca fue “blando” con el comunismo, tesis cara a los militaristas resentidos porque no se descargó entonces el golpe atómico a la Unión Soviética. Creen que el éxito era seguro. El general Le May, ascendido a jefe del E. M. de las Fuerzas Aéreas bajo la presidencia de Kennedy, publicó en 1968 su libro Norteamérica en peligro, en el que, refiriéndose a los últimos años cuarenta y los primeros cincuenta, repetía: “Podríamos destruir por comple­to a Rusia sin lastimarnos siquiera las manos”.28 El plan Drop­shot, ahora develado, lleva a desvalorizar toda la sabiduría del general.

    Así y todo, quienes dieron el visto bueno a la puesta en cir­culación de los documentos mencionados piensan más en el fu­turo que en el pasado. A los estadounidenses se les ha referido inteligiblemente y se les ha mostrado con claridad las conse­cuencias desastrosas que acarrearía una gran guerra contra la Unión Soviética incluso cuando no existía todavía el arma ter­monuclear, y los misiles intercontinentales no habían despegado aún de las mesas de los proyectistas... Indirecta y a veces di­rectamente se insinúa que con la presente correlación de fuer­zas entre la URSS y los EE.UU. el choque armado sería mortal también para los Estados Unidos. Los decenios de la carrera de armamentos, que sustrajeron a los estadounidenses sumas fabu­losas, no han dado a Washington la superioridad que desea en el terreno militar. No se ha logrado romper el equilibrio de fuerzas entre el capitalismo y el socialismo, alcanzado, en lo fun­damental, por el pueblo soviético en los años 1941-1945. Lo debemos a los soldados de la Gran Guerra Patria, héroes de la lucha a muerte contra las potencias del “eje” nazifascista, a aquellos que demostraron cuánto puede hacer un pueblo que defiende su propio poder.


    Última edición por Ereshkigal el Vie Abr 01, 2011 10:24 pm, editado 1 vez

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    Re: La CIA contra la URSS

    Mensaje por Ereshkigal el Vie Abr 01, 2011 6:24 am

    Llegamos a lo principal: las señales del peligro de una guerra contra la URSS se invocan como prueba de la racionalidad suprema de los intentos de derrotarnos por otros medios, sin traspasar la frontera de la hecatombe nuclear. O, en poquísi­mas palabras, por la subversión en el sentido más amplio del tér­mino. A los militares les señalaron que debían ocuparse de su Dropshot, mientras los más altos dirigentes estadounidenses pro­cedían a considerar toda la estrategia de los EE.UU. respecto a la URSS ateniéndose a que nosotros teníamos el arma atómica y nacía la era termonuclear. En 1950 el Consejo de Seguridad Nacional de los EE.UU. elaboró la directiva 68, llamada a sustituir la 20/4 del CSN.


    Sustituir... Sería, quizás, demasiado decir. Se trataba más bien de cambiar los acentos. En el nuevo documento, muy largo, que superaba casi en el doble al volumen de la directiva 20/4, las descripciones objetivas de la política estadounidense se revali­daban totalmente. Los autores del proyecto —el mismo Consejo de Planificación de la Política del Departamento de Estado que en lugar de G. Kennan dirigía Paul Nitze— citaban profusa­mente la directiva 20/4, pero impregnaron el documento de un con­tenido alarmista o, mejor, de pánico. Escribían: "Se ha intensi­ficado altamente la amenaza soviética a la seguridad de los Esta­dos Unidos. Reviste el mismo carácter descrito en la directiva 20/4 del CSN, aprobada por el presidente el 24 de noviembre de 1948, pero es mucho más inmediata de lo que antes se pre­sumía. La República y sus ciudadanos corren un enorme peligro en el cénit de su poder. Es una cuestión de vida o muerte no sólo para esta República, sino para toda la civilización".

    La directiva 68 del CSN empezaba pasando amplia revista a los cambios que habían sacudido el mundo en los precedentes 35 años: desaparecieron cinco imperios —el otomano, el austro hún­garo, el alemán, el italiano, y el japonés—; la correlación mundial de fuerzas adquirió trazos completamente nuevos en la vida de una sola generación. Quedaron sólo dos potencias, “los EE.UU. y la URSS, dos centros hacia los cuales gravita de modo cre­ciente el poder”. Se confirmaba, aunque no siempre con preci­sión, la paridad militar entre los dos países, o sea, la conclu­sión a que había llegado entre 1943 y 1944 la Junta de Jefes de los EE.MM.

    Pero claro, eso no lo podían consentir. Comparaban en de­talle las capacidades económicas de los EE.UU. y la URSS, y concluían que los Estados Unidos debían multiplicar varias veces los gastos militares. Eso se hizo, como es sabido, tras la apro­bación de la directiva 68 del CSN. Al final de la presidencia de Truman los gastos militares anuales de los EE.UU. sobrepasa­ron los 50 000 millones de dólares, superando en más del triple las asignaciones de fines de los años cuarenta. ¿Existe un tope pa­ra el incremento de los gastos militares en un amplio sentido? La directiva 68 del CSN decía: “En caso de emergencia, los EE.UU. pueden asignar a estos fines hasta el 50 % del producto nacional bruto, como se hizo en la pasada guerra”. El PNB de los EE.UU. en 1949 equivalía a 225 000 millones de dólares. Tras estos razonamientos, trasluce la intención principal de Washington: incrementar los gastos militares para arrastrar a la Unión So­viética a la carrera de armamentos y arruinarla sin recurrir, por el momento, a las armas.

    La Unión Soviética daba cada vez nuevas pruebas de su apego a la causa de la paz. Quienes exacerbaban la histeria belicista, no podían desconocer que después de elaborar el arma atómica, Moscú había confirmado con fuerza renovada su posi­ción: la bomba atómica debe ser prohibida. ¿Qué hacer? En la directiva 68 del CSN se afirmaba: "Nos proponen que anun­ciemos que no vamos a utilizar las armas atómicas salvo en res­puesta al previo empleo de estas armas por un agresor... Si no estamos dispuestos a abandonar nuestros objetivos, no podemos hacer tal declaración de buena fe mientras no estemos seguros de que podremos alcanzarlos sin guerra, o, en caso de guerra, sin recurrir al uso de las armas atómicas con fines estratégicos o tácticos". Ninguna esperanza. Los atomomaníacos estaban ob­sesionados, analizaban y sopesaban detallada y meticulosamente las ventajas del ataque a la URSS.

    Pero desgraciadamente para ellos la capacidad de los EE.UU. de desarrollar operaciones ofensivas eficaces se limita al ata­que con armas atómicas. Podríamos lanzarlo a la URSS, pero se estima que esta operación sola no bastaría para obligar al Kremlin a capitular, de suerte que el Kremlin todavía podría utilizar sus fuerzas para establecer su dominio sobre la mayor parte de Eurasia”. Pero sí había, en verdad, un atisbo de es­peranza: "Si los EE.UU. crean el arma termonuclear antes que la Unión Soviética, durante cierto tiempo podrán ejercer creciente presión sobre la URSS". Surgía, sin embargo, otro problema: "Si comienza la guerra, ¿cuál será el papel de la fuerza? Si no la empleamos para mostrar al pueblo ruso que nuestros es­fuerzos están dirigidos contra el régimen y su poder agresivo, y no contra sus intereses, uniremos al régimen y al pueblo en una lucha hasta la última gota de sangre". Ciertamente, ni la bomba atómica ni mucho menos la de nitrógeno podían trazar tan sutil diferencia, sin hablar ya de lo principal: de que la guerra contra la URSS, como vemos, no aseguraba la victoria de los Estados Unidos.

    La directiva 68 del CSN indicaba la salida del atolladero; por un lado, multiplicar los preparativos bélicos de los EE.UU. y sus aliados; y por otro, "estimular los gérmenes de la destrucción dentro del sistema soviético hasta inducir al Kremlin, al me­nos, a cambiar su política... Ahora bien, sin un poder militar superior fácilmente movilizable, la política de 'contención', que en realidad es una política de coerción calculada y gradual, no será más que una fanfarronada".

    En consecuencia:

    "Debemos sostener una gran guerra psicológica abierta, tendiendo a estimular el abandono en masa de la fidelidad a los Soviets y frustrar los designios del Kremlin en otros aspec­tos, intensificar las medidas y las operaciones positivas y opor­tunas por medios ocultos en el campo de la guerra económica, política y psicológica con miras a estimular y promover desór­denes y revueltas en determinados países satélites estratégicos".

    Estas acciones apuntaban, según la directiva 68 del CSN, a las siguientes metas:

    "Los objetivos de la sociedad libre son determinados por sus valores básicos y la necesidad de mantener el medio material en que florecen...

    1. Tenemos que ser fuertes tanto al afirmar nuestros valores en la conducción de nuestra vida nacional como en el desenvol­vimiento de nuestro poder militar y económico.

    2. Debemos dirigir la construcción de un sistema político y económico eficiente en el mundo libre...

    3. Pero nuestra política y actuación, además de afirmar nues­tros valores, debe provocar un cambio fundamental en la na­turaleza del sistema soviético, y como primero y más impor­tante paso en ese sentido, debe frustrar los designios del Kre­mlin. Obviamente el cambio será más eficaz y de menor costo si es en máximo grado fruto de la acción de fuerzas internas de la sociedad soviética...

    La victoria segura significará la frustración de los designios del Kremlin por medio del desarrollo gradual de la fuerza mo­ral y material del mundo libre y su proyección en el mundo soviético con la consiguiente realización de cambios internos dentro del sistema soviético".

    El 7 de abril de 1950, la directiva 68 del CSN fue presen­tada al presidente Truman. Inmediatamente se le dio curso. Oficialmente, la directiva de Truman fue aprobada el 30 de septiembre de 1950. La directiva 68 del CSN sirvió hasta en su último punto como fundamento de la política de los EE.UU. res­pecto a la URSS durante muchos años, y sus conceptos básicos todavía están en vigor.

    El pensamiento político en Washington respecto a la Unión Soviética giraba más o menos dentro de un círculo de ideas preestablecidas. Ocurrían también casos curiosos como éste: el 11 de julio de 1952, Hubert Humphrey, a la sazón senador no­vato, posiblemente no iniciado aún en los altos secretos de Esta­do, dirigió una carta a Truman planteando un problema que "estaba íntimamente relacionado con sus intereses primordiales... Perdóneme, pero yo intervengo en estos asuntos guiado por consideraciones de la mayor significación nacional". Tras la lisonjera introducción, Humphrey expresaba su preocupación: cómo organizar mejor la ocupación de la Unión Soviética. Al señalar que la guerra con la URSS era “posible”, el senador rogaba al presidente:

    "Estoy seguro de no trascender los marcos de los posibles acontecimientos, al proponer que nuestros militares contemplen del modo más activo, varias opciones que, en fin de cuentas, se plantearán ante nosotros después de la guerra y la victoria. Esto conducirá necesariamente a la conclusión de que debe­mos evaluar la experiencia de nuestros esfuerzos en Alemania y Japón tras el cese de las hostilidades.

    Creo, señor Presidente, que usted con su agudo interés por la historia, sentirá particular interés hacia nuestra política de ocupación en estos países. A mi parecer, para un historiador de la cultura no puede haber nada más interesante que un análisis minucioso y objetivo de nuestros más nuevos esfuerzos fundamentales de ejercer una decisiva influencia sobre la cultura de otro pueblo por medio de la intervención directa en los procesos a través de los cuales se manifiesta dicha cultura".

    Este documento, guardado en el archivo de Harry S. Truman, sirvió, seguramente, para la perfecta reputación del joven se­nador a los ojos de los altos dirigentes de su país. Por la car­ta del preocupado Humphrey no se puede juzgar acerca de las me­didas que fueron tomadas, pero cabe suponer que los altos funcionarios se congratularon por lo bien que se guardan los secretos de Estado en los EE.UU. El senador pensaba en la inter­vención en la "cultura", que, como hemos visto, ya estaba determinada en los planes militares secretos: primero las bom­bas atómicas y luego la ocupación de la Unión Soviética. En los planes de la ocupación no se mencionaba la "cultura", se trataba de la eliminación física de los rusos.

    La CIA contra la URSS, de Nikolai Yákovlev, Editorial Progreso

    Por si os interesa leerlo:

    http://es.scribd.com/doc/31455860/La-CIA-contra-la-URSS-Nikolai-Yakovlev

    http://kinokulak.blogspot.com/2009/11/libro-la-cia-contra-la-urss-por-nikolai.html

    AsturcOn
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    Re: La CIA contra la URSS

    Mensaje por AsturcOn el Vie Abr 01, 2011 10:41 am

    Impresionante informacion camarada.

    Ni siquiera con 300 bombas atomicas y con mas de 250 divisiones militarizadas, los EE.UU tenian garantias de ganar una hipotetica guerra contra la Union Sovietica, lo cual demuestra el verdadero potencial industrial, cientifico y militar desarrollado por el camarada Stalin para defender de futuras agresiones al primer estado socialista del mundo.

    Podemos tener por seguro que con estas directivas imperialistas y con los planes creados durante el transcurso de la ultima fase de la segunda guerra mundial en la llamada operacion "inimaginable" del gobierno britanico, toda Europa y la mayor parte de Asia habrian terminado bajo el dominio de la esfera sovietica, y es precisamente por esta razon que los imperialistas abortaron todos sus planes de conquista. Este tipo de planes habrian sido un autentico suicidio para EE.UU y para todos los paises de la coalicion atlantica, que habrian visto como el capitalismo desapareceria del mapa a costa de la vida de millones de personas en solo el primer mes de guerra.

    Esto es un claro sintoma de la actual politica exterior de EE.UU que ya desde finalizada la segunda guerra mundial se han tenido que conformar con invadir pequeños paises y administrar economicamente los mas de 100 golpes de estado repartidos por el mundo bajo el sello de la CIA.

    En el hipotetico caso de una guerra asi, todo se habria terminado para los intereses del capitalismo en el mundo, dejando patas arriba el enorme esfuerzo en la guerra propagandistica contra el comunismo y provocando en contra de sus intereses iniciales, nuevos estados satelites en beneficio de la Union Sovietica. Europa habria sido totalmente conquistada (liberada) por los ejercitos sovieticos y todas las divisiones encabezadas por EE.UU habrian sido eliminadas dejando el mapa politico definitivamente consolidado para que el comunismo entrase en una fase inprovisada y radicalmente internacionalista.

    Es precisamente por este motivo, por el cual no se han podido desarrollar jamas este tipo de planes. De otro modo, si los respectivos gobiernos de los EE.UU hubieran tenido alguna garantia de exito en cumplir satisfactoriamente con tales operaciones, sabemos por experiencia real que EE.UU no escatimaria esfuerzos belicos en volver a usar las bombas atomicas, y lo habrian hecho sin dudarlo un segundo, de la misma forma que lo hicieron sin dudarlo contra las ciudades japonesas cuando el gobierno fascista de Japon ya estaba preparando su rendicion y Alemania ya habia perdido definitivamente la guerra contra los ejercitos de Stalin.

    Esto es tambien un buen indicador de los limites por los cuales esta y ha estado siempre condicionado EE.UU como potencia, viendose limitado todo su poder armamentistico a pequeñas operaciones militares contra pequeños paises inofensivos y alejados de las fronteras gringas, como en los casos de Irak, Afganistan y ahora Libia. Dejando como unico frente de lucha a la vanguardia mediatica en la guerra de propaganda que desde 1917 no ha dejado de funcionar sistematica y principalmente contra el comunismo, y sumando en este frente, a todos los gobiernos de paises que tengan bajo su territorio, los recursos suficientes para garantizar cierto predominio de los EE.UU en el mundo para las proximas decadas.

    EE.UU y fundamentalmente todos los paises europeos, estas obligados a continuar en el futuro con las directivas militares impuestas por la OTAN, provocando nuevas guerras y apoyando todos los confliztos internacionales que surjan por el camino, enfocando principalmente todos los esfuerzos belicos en fururas guerras contra todas las naciones que posean recursos que garanticen el desarrollo (insostenible) de sus sociedades capitalistas.

    Saludos

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    Re: La CIA contra la URSS

    Mensaje por pedrocasca el Vie Abr 01, 2011 3:09 pm

    Para añadir a la historia de las actuaciones de la CIA:

    Apoyaremos y encumbraremos por todos los medios a los denominados artistas que comenzarán a sembrar e inculcar en la conciencia humana el culto del sexo, de la violencia, el sadismo, la traición. En una palabra: cualquier tipo de inmoralidad. En la dirección del Estado crearemos el caos y la confusión. De una manera imperceptible, pero activa y constante, propiciaremos el despotismo de los funcionarios, el soborno, la corrupción, la falta de principios. La honradez y la honestidad serán ridiculizadas como innecesarias y convertidas en un vestigio del pasado. El descaro, la insolencia, el engaño y la mentira, el alcoholismo y la drogadicción, el miedo irracional entre semejantes, la traición, el nacionalismo, la enemistad entre los pueblos y, ante todo, el odio al pueblo ruso; todo esto es lo que vamos a cultivar hábilmente hasta que reviente como el capullo de una flor. Sólo unos pocos acertarán a sospechar e incluso comprender lo que realmente sucede. Pero a esa gente la situaremos en una posición de indefensión, ridiculizándolos, encontrando la manera de calumniarlos, desacreditarlos y señalarlos como desechos de la sociedad. Haremos parecer chabacanos los fundamentos de la moralidad, destruyéndolos. Nuestra principal apuesta será la juventud. La corromperemos, desmoralizaremos, pervertiremos.

    Allen Wels Dulles, director de la CIA entre 1953 y 1961, refiriéndose a las actuaciones estadounidenses contra la URSS.
    ¿Acaso lo dudábamos?.

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    Re: La CIA contra la URSS

    Mensaje por Ereshkigal el Vie Abr 01, 2011 4:07 pm

    Por supuesto, es que esos puritanos son como los abusones del patio de cualquier colegio que sólo se enfrentan a los que son más débiles que ellos. Probablemente, se siguen considerando un pueblo elegido, al igual que en el siglo XIX. Y no debemos olvidar que son tan o más racitas que los propios nazis. No podemos comparar los valores capitalistas con los valores socialitas porque los primeros son incapaces de resistirla. Stalin se negó a concederles el monopolio que exigian ( no sé con qué potestad) sobre la bomba atómica y sus supuestos intereses para preservar la paz.

    http://www.marxists.org/reference/archive/stalin/works/1951/10/06.htm

    La CIA es de lo peor, el problema es que la mayoría de la gente tiene una visión casi ídilica de ella, producto de las novelas de espías pero esencialmente del género de espías en la que los espías americanos siempre eran los buenos y los rusos los malos. De hecho, yo siempre digo que hay que ver una de las primeras películas anticomunistas de la industria de cine norteamericana fue Telón de Acero, dirigida por William Wellman en 1948, un clásico del género de intriga y de espías en el Berlín oriental que todas las críticas coinciden en que está narrada en tono de “semidocumental” porque está basada en las memorias del traidor Igor Gouzenko, es la primera película que considera a la Unión Soviética como el Imperio del Mal del cual debían defendernos los buenos.

    Nikolai Yákovlev escribe sobre el final de la guerra lo siguiente:

    Entonces el único país en el mundo que disponía de recursos abundantes en exceso eran los Estados Unidos. No sufrió, sino, al contrario, prosperó en los años cuando en los campos de batalla se decidía la suerte de la humanidad. Durante la guerra nos encontrábamos en las mismas filas, pero nuestro aporte y el aporte estadounidense fueron muy diferentes. En suelo norteame­ricano no estalló ni un solo proyectil, no fue destruida ni una sola casa. Nosotros perdimos 20 millones de vidas cuyo valor no puede calcularse y los estadounidenses, 400 mil hombres. Por cada 50 soviéticos caídos, un estadounidense. En mis tra­bajos dedicados a la historia de la segunda guerra mundial he recurrido reiteradas veces a esa relación. Algunos historiadores que en los EE.UU. están lejos de compartir nuestros puntos de vis­ta, no obstante no pueden dejar de reconocer la razón de esta comparación, aunque, claro está, no de buen grado. El profe­sor John Gaddis, historiador estadounidense, en el libro Rusia, la Unión Soviética y los Estados Unidos: Intento de interpretación (1978), refiriéndose a uno de mis trabajos, acota: “El autor destaca con acentuada precisión que por cada norteamericano muerto en la guerra, hubo 50 muertos rusos”.

    Las pérdidas materiales fueron absolutamente diferentes. La guerra se llevó una tercera parte de nuestro patrimonio nacional. Recordemos que la misma proporción de la riqueza nacional se perdió durante la primera guerra mundial y la Guerra Civil. Expresado en cifras, el cuadro de nuestras pérdidas de 1941 a 1945 es el siguiente. Según la cotización monetaria de en­tonces, la guerra costó a la URSS 485 mil millones de dólares (evaluación de lo que fue destruido). Los gastos militares de los EE.UU. en la segunda guerra mundial fueron de 330 mil millones de dólares. A la ayuda lend lease prestada a los enemi­gos de las potencias del “eje” nazi fascista los EE.UU. destinaron 43 600 mi­llones de dólares. Los suministros lend lease a la Unión Soviética alcanzaron unos 10 mil millones de dólares, aproximadamen­te el 3,5 por ciento de los gastos militares de los EE.UU. en la segun­da guerra mundial. Este 3,5 por ciento, que refleja exactamen­te el aporte de los Estados Unidos a las gigantescas batallas en el principal frente de lucha contra Alemania y sus aliados, debe estar siempre presente cuando volvamos mentalmente a la cooperación combativa de nuestros países en aquel período.

    En los primeros años posbélicos visitaron la Unión Soviética no pocos estadounidenses influyentes o destacados en su país. Se les recibía cordialmente, recordando la reciente coopera­ción militar. A algunos los recibía Stalin o respondía a sus pre­guntas. Cuando un corresponsal de United Press preguntó “si Rusia estaba interesada todavía en recibir un empréstito de los Esta­dos Unidos”, Stalin, el 29 de octubre de 1946, respondió: “Está interesada”.

    El corresponsal preguntó: “¿Cuánto tiempo se necesitará pa­ra restablecer las regiones devastadas de Rusia Occidental?” La respuesta fue: “Seis o siete años, si no más”.

    El hijo del presidente Franklin Delano Roosevelt, Elliott Roosevelt, en una entrevista con Stalin el 21 de diciembre de 1946 planteó la cuestión de manera diferente: “Si entre los Estados Uni­dos y la Unión Soviética se llega a un acuerdo sobre el sistema de empréstitos o créditos, ¿traerán esos acuerdos beneficios du­raderos a la economía de los Estados Unidos?” La respuesta: “El sistema de tales créditos, sin dudas, debe ser de ventaja tanto para los Estados Unidos como para la Unión Soviética”.

    En aquel tiempo se esperaba, en efecto, que los EE.UU. tende­rían una mano al aliado de los años de guerra en la defensa no sólo de nuestra Patria, sino de la causa de las Naciones Uni­das. No se pasó de la fase de las conversaciones, por cuanto en lo alto del poder de los EE.UU. se tomaron decisiones contrarias. Dos decenios después, George Kennan (entonces consejero de la em­bajada de los EE.UU. en Moscú) escribió en el primer tomo de sus memorias aparecidas en 1967: “Las administraciones norte­americanas de entonces, tanto la de Roosevelt como la de Truman, fueron posteriormente criticadas con frecuencia por haber reducido bruscamente en el verano de 1945 la ayuda lend lease a Rusia, y porque no le ofrecimos a la Unión Soviética un cré­dito mayor, aun cuando, en opinión de algunos, a los líderes soviéticos se les dio a entender que podían esperarlo... Debo confesar que si el Gobierno de los EE.UU. merece ser criticado por su línea rígida en todos estos asuntos, yo merezco una crítica mucho mayor por haber asumido una actitud aún más rígida ya antes que el Gobierno, por haber inspirado la rigidez de Washington... Quiero poner un ejemplo de mis opiniones expuestas en aquellos días al embajador y al Departamento de Estado: 'No hay ninguna justificación, ni económica ni política, para prestar a Rusia ayuda sucesiva en base al lend lease o para nuestro asentimiento a que Rusia, que no es un país que contribuya a la UNRRA2, reciba ayuda sustancial alguna de la UNRRA o para dar a Rusia un crédito gubernamental norte­americano sin obtener ventajas políticas equivalentes'... No en­cuentro, en definitiva, ninguna razón para lamentar lo hecho”.

    La CIA contra la URSS, de Nikolai Yakovlev




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    Re: La CIA contra la URSS

    Mensaje por Ereshkigal el Sáb Abr 09, 2011 10:10 pm



    Estructuras para el control y dominación

    La NED, vitrina legal de la CIA


    por Thierry Meyssan*

    11 de octubre de 2010


    Desde Moscú (Rusia)

    Desde hace 30 años, la National Endowment for Democracy (NED) se encarga de la parte legal de las operaciones ilegales de la CIA. Sin despertar sospechas, ha venido creando una extensa red mundial de corrupción, comprando sindicatos –tanto obreros como patronales– así como partidos políticos de izquierda y de derecha para que defiendan los intereses de Estados Unidos en vez de los intereses de sus propios miembros. Thierry Meyssan describe en este trabajo la envergadura de ese dispositivo.

    En 2006, el Kremlin denunciaba la proliferación en Rusia de asociaciones extranjeras, algunas de las cuales parecían estar participando en un plan tendiente a desestabilizar el país, plan orquestado por la estadounidense Fundación Nacional por la Democracia (National Endowment for Democracy – NED). En previsión de una «revolución de color», Vladislav Surkov elaboraba entonces una estricta reglamentación para esas «organizaciones no gubernamentales (ONG)». En Occidente, aquella reglamentación de orden administrativo fue descrita como un nuevo ataque del «dictador» Putin y de su consejero en contra de la libertad de asociación.

    Otros Estados que también siguieron una política similar han sido igualmente calificados por la prensa internacional como «dictaduras».

    El gobierno de Estados Unidos dice trabajar a favor de «la promoción de la democracia a través del mundo». Su posición es que el Congreso estadounidense puede subvencionar la NED y que la NED puede a su vez, de manera independiente, ayudar directa o indirectamente a asociaciones, partidos políticos o sindicatos en cualquier país del mundo. Al ser, como su nombre lo indica, «no gubernamentales», las ONGs pueden emprender iniciativas políticas que las embajadas no pueden asumir sin violar la soberanía de los Estados que las acogen. Esa es precisamente la cuestión.

    ¿La NED y la red de ONGs financiadas a través de ese órgano son acaso iniciativas de la sociedad civil injustamente reprimidas por el Kremlin o son en realidad pantallas de los servicios de inteligencia estadounidenses, sorprendidos en flagrante delito de injerencia?

    Para responder esa interrogante nos remontaremos al origen de la National Endowment for Democracy y escrutaremos su funcionamiento. Para ello debemos analizar, primero que todo, lo que significa el proyecto oficial estadounidense de «exportación de la democracia».

    Los puritanos que fundaron Estados Unidos querían construir una «ciudad radiante» que alumbraría el mundo. Se veían a sí mismos como misionarios de un modelo político. ¿Qué tipo de democracia?

    Como pueblo, los estadounidenses asumen la ideología de sus padres fundadores. Se ven a sí mismos como una colonia llegada de Europa para fundar una ciudad que obedece a Dios. Ven a su propio país como «una luz encima de la montaña», según la expresión de San Mateo que la mayoría de los presidentes estadounidenses han retomado en sus discursos políticos a lo largo de dos siglos. Por lo tanto, Estados Unidos sería una nación modelo, que brilla en lo alto de una colina, iluminando el mundo. Y todos los demás pueblos de la Tierra deberían abrigar la esperanza de poder copiar ese modelo para alcanzar su propia salvación.

    Para los estadounidenses, esa ingenua creencia implica –como una verdad que no necesita demostración– que su país es una democracia ejemplar y que ellos tienen el deber mesiánico de extenderla al resto del mundo. San Mateo predicaba que la propagación de la fe debía lograrse sólo mediante el ejemplo de una vida honesta, pero los padres fundadores de Estados Unidos veían el acto de encender su fuego y de propagarlo como un cambio de régimen. Los puritanos ingleses decapitaron a Carlos I de Inglaterra antes de huir hacia Holanda y América. Posteriormente, los patriotas del Nuevo Mundo rechazaron la autoridad del rey Jorge III de Inglaterra y proclamaron la independencia de los Estados Unidos.

    Imbuidos de esa mitología nacional, los estadounidense no ven la política exterior de su propio gobierno como un imperialismo. Consideran que derrocar un gobierno es perfectamente válido si ese gobierno ambiciona encarnar un modelo diferente del estadounidense, lo cual lo convierte en un gobierno maléfico. Al mismo tiempo, están convencidos de que, debido a la misión mesiánica de la que están investidos, han logrado imponer la democracia por la fuerza en los países que han ocupado.

    En las escuelas de Estados Unidos se enseña que los soldados estadounidenses llevaron la democracia a Alemania. Ignoran que los hechos históricos demuestran exactamente lo contrario: el gobierno estadounidense ayudó a Hitler a derrocar la República de Weimar y a instaurar un régimen militar para acabar con la Unión Soviética.

    Esa ideología irracional les impide cuestionar la naturaleza de sus propias instituciones y lo absurdo del concepto mismo de «democracia forzosa». Sin embargo, según la fórmula del presidente Abraham Lincoln, «la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo».

    Visto desde ese punto de vista, Estados Unidos no es una democracia sino un sistema híbrido en el que el poder ejecutivo está en manos de una oligarquía mientras que el pueblo limita la arbitrariedad [de esa oligarquía] a través de los contrapoderes legislativo y judicial.

    En efecto, el pueblo elige a los miembros del Congreso y a algunos jueces pero son los Estados miembros de la federación los que eligen el poder ejecutivo, que a su vez designa a los altos magistrados. Si bien los ciudadanos están llamados a pronunciarse sobre la elección del presidente, el voto de la ciudadanía no es más que una consulta, como hubo de recordarlo la Corte Suprema a raíz de la elección presidencial del año 2000, al pronunciarse sobre el caso Gore vs. Bush. La Constitución de los Estados Unidos no reconoce la soberanía del pueblo ya que el poder se comparte entre el pueblo y los Estados que componen la federación, o sea los notables locales.

    Es importante observar aquí, dicho sea de paso, que la Constitución de la Federación Rusa sí tiene un carácter democrático –por lo menos en el papel– ya que estipula: «El depositario de la soberanía y única fuente del poder en la Federación Rusa es su pueblo multinacional» (Título I, Capítulo 1, artículo 3). En base a ese contexto intelectual, los estadounidenses apoyan a su gobierno en su afirmación de que quiere «exportar la democracia» cuando su propio país no es una democracia, ni siquiera a la luz de su propia Constitución. Resulta difícil entender cómo podrían exportar lo que no tienen ni quieren tener en su propio país.

    Durante los 30 últimos años, la NED ha sido portadora de esa contradicción, que se ha concretado en la desestabilización de numerosos Estados. Miles de crédulos militantes de ONGs han violado la soberanía de los pueblos con la beatífica sonrisa de quien tiene la conciencia tranquila.


    Una Fundación pluralista e independiente



    En su célebre discurso del 8 de junio de 1982 ante el parlamento británico, el presidente Reagan denunció la Unión Soviética como el «Imperio del Mal» y propuso prestar ayuda a los disidentes, en la URSS y en otras partes. «Se trata de ayudar a crear la infraestructura necesaria para la democracia: libertad de prensa, sindicatos, partidos políticos, universidades. Los pueblos serán así libres de escoger el camino que les convenga para desarrollar su cultura y resolver sus diferencias por medios pacíficos», declaró.

    Basándose en ese consenso de lucha contra la tiranía, una comisión bipartidista de reflexión aconsejó a Washington la creación de la Fundación Nacional para la Democracia (NED), que sería instituida por el Congreso estadounidense en noviembre de 1983 y de inmediato recibiría financiamiento.

    La NED subvenciona cuatro estructuras autónomas que se encargan de redistribuir en el exterior el dinero del que disponen entre asociaciones, sindicatos obreros y patronales así como partidos de derecha y de izquierda. Esas cuatro estructuras autónomas son:

    El Instituto de Sindicatos Libres (Free Trade Union Institute – FTUI), hoy rebautizado como Centro Americano para la Solidaridad de los Trabajadores (American Center for International Labor Solidarity – ACILS), cuya gestión está en manos del sindicato obrero AFL-CIO;

    El Centro para la Empresa Privada Internacional (Center for International Private Entreprise – CIPE), cuya gestión está en manos de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos;

    El Instituto Republicano Internacional (International Republican Institute – IRI), cuya gestión está en manos del Partido Republicano;

    El Instituto Nacional Democrático de Asuntos Internacionales (National Democratic Institute for International Affairs – NDI), cuya gestión está en manos del Partido Demócrata.

    Bajo esa presentación, la NED y sus cuatro tentáculos parecen estar basados en la sociedad civil y parecen reflejar además la diversidad social y el pluralismo político de esa misma sociedad civil. Financiados por el pueblo estadounidense, a través del Congreso, parecería que actúan a favor de un ideal universal, que son completamente independientes de la administración presidencial y que su accionar no puede servir de fachada a operaciones secretas al servicio de inconfesables intereses nacionales.


    La realidad es muy diferente.


    En 1982, Ronald Reagan crea la NED, en coordinación con el Reino Unido y Australia, para derrocar el «Imperio del Mal». Un montaje de la CIA, el MI6 y el ASIS

    El discurso de Ronald Reagan en Londres se produce después de los escándalos que rodearon las revelaciones de los manejos sucios de la CIA, revelaciones provenientes de varias comisiones investigadoras parlamentarias.

    El Congreso prohibió entonces a la CIA la organización de nuevos golpes de Estado como medio de conquistar mercados. En la Casa Blanca, el Consejo de Seguridad Nacional busca entonces otras vías que le permitan sortear dicha prohibición.

    La comisión bipartidista de reflexión se constituyó antes del discurso de Ronald Reagan, aunque el mandato oficial de la Casa Blanca sólo le fue entregado posteriormente. Ello indica que aquella Comisión no respondía a la pomposa ambición presidencial sino que era anterior. El discurso no es por lo tanto otra cosa que la justificación retórica de decisiones ya tomadas de antemano en líneas generales y destinadas a su puesta en escena por parte de la comisión bipartidista.

    El presidente de la comisión bipartidista de reflexión era el representante especial de Estados Unidos para el Comercio, lo cual indica que el objetivo de dicha comisión no era precisamente promover la democracia sino, según la terminología consagrada, la promoción de la «democracia de mercado».

    Este extraño término corresponde al modelo estadounidense: una oligarquía económica y financiera impone sus decisiones políticas a través de los mercados y del Estado federal, mientras que los parlamentarios y jueces electos por el pueblo protegen a los individuos de la arbitrariedad de la administración.

    De los cuatro organismos periféricos de la NED tres fueron conformados para la ocasión. El cuarto, el organismo sindical (ACILS), no hubo que crearlo porque ya existía desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, aunque había cambiado de nombre en 1978, cuando se descubrió que dependía de la CIA. Esto permite deducir que el CIPE, el IRI y el NDI no nacieron por generación espontánea, sino que también fueron creados bajo los auspicios de la CIA.

    Además, a pesar de ser la NED una asociación creada conforme al derecho estadounidense no es un instrumento de uso exclusivo de la CIA sino un dispositivo común con los servicios británico (fue por eso que Reagan la anunció precisamente en Londres) y australiano. Esa característica fundamental nunca se menciona a pesar de estar enteramente confirmada por los mensajes de felicitación de los primeros ministros Tony Blair y John Howard en ocasión del vigésimo aniversario de la supuesta «ONG».

    La NED y sus tentáculos son órganos del pacto militar anglosajón que vincula a Londres, Washington y Camberra, pacto en el que se incluye igualmente la red de intercepción electrónica Echelon. Además de la CIA, el MI6 británico y el ASIS australiano también pueden solicitar los servicios de ese dispositivo.

    Para esconder esa realidad la NED ha propiciado la creación, por parte de varios aliados, de organizaciones análogas que trabajan con ella. En 1988, Canadá se dotó de un centro llamado Derechos & Democracia, que se concentró sobre todo en Haití y posteriormente en Afganistán. En 1991, el Reino Unido instituyó la Westminster Foundation for Democracy (WFD).

    El funcionamiento de ese organismo público está diseñado según el modelo de la NED: su administración está en manos de los partidos políticos (consta de 8 delegados: 3 del Partido Conservador, 3 del Partido Laborista, uno del Partido Liberal y el octavo para los demás partidos representados en el parlamento británico). La WFD fue muy activa en Europa del Este.

    Finalmente, en 2001 la Unión Europea se dotó del European Instrument for Democracy and Human Rights (EIDHR), que despierta menos sospechas que sus homólogos. Ese órgano depende de EuroAid, dirigida por un alto funcionario tan poderoso como desconocido, el holandés Jacobus Richelle.


    La directiva presidencial 77


    Cuando votaron la fundación de la NED, el 22 de noviembre 1983, los miembros del Congreso de los Estados Unidos ignoraban que aquella organización ya existía en secreto, en virtud de una directiva presidencial fechada el 14 de enero.

    Aquel documento, que no fue desclasificado hasta 20 años más tarde, organiza la «diplomacia pública», expresión políticamente correcta para designar la propaganda. Instituye además en la Casa Blanca varios grupos de trabajo dentro del Consejo de Seguridad Nacional, uno de ellos encargado de pilotear la NED.

    Henry Kissinger, administrador de la NED. ¿Quién dijo «representante de la sociedad civil»? El consejo de administración de la NED no es por lo tanto otra cosa que una correa de transmisión del Consejo de Seguridad Nacional. En aras de salvar las apariencias, se decidió que, de manera general, los agentes o ex agentes de la CIA no podían figurar en el consejo de administración.

    A pesar de lo anterior, las cosas no pueden estar más claras. La mayoría de los altos funcionarios que han desempeñado un papel central en el Consejo de Seguridad Nacional han sido administradores de la NED. En ese caso se encuentran, por ejemplo, Henry Kissinger, Franck Carlucci, Zbigniew Brzezinski y Paul Wolfowitz, personalidades que la Historia no recordará precisamente como idealistas de la democracia sino como estrategas cínicos de la violencia.

    El presupuesto de la NED no puede ser interpretado de manera aislada ya que esa institución recibe además instrucciones del Consejo de Seguridad Nacional para la realización de acciones que se inscriben en el marco de grandes operaciones en las que participan varias agencias.

    Existen fondos, provenientes esencialmente de la Agencia Estadounidense de Ayuda Internacional (USAID), que transitan por la NED sin aparecer en su presupuesto, simplemente para darles un carácter «no gubernamental». Además, la NED recibe indirectamente el dinero de la CIA, previamente blanqueado por intermediarios privados como la Smith Richardson Foundation, la John M. Olin Foundation o la Lynde and Harry Bradley Foundation.

    Para evaluar la verdadera envergadura de ese programa habría que añadir al presupuesto de la NED los subpresupuestos correspondientes del Departamento de Estado, de la USAID, de la CIA y del Departamento de Defensa, lo cual resulta hoy en día imposible.

    Ciertos elementos conocidos permiten sin embargo hacerse una idea de su importancia. En los últimos 5 años, Estados Unidos gastó más de 1 000 millones de dólares en asociaciones y partidos únicamente en el Líbano, pequeño Estado de 4 millones de habitantes. Globalmente, la mitad de esa suma la distribuyeron públicamente el Departamento de Estado, la USAID y la NED. La otra mitad fue entregada secretamente por la CIA y el Departamento de Defensa.

    Este ejemplo permite deducir que el presupuesto general que Estados Unidos dedica a la corrupción institucional se cuenta en decenas de miles de millones al año. En todo caso, el programa equivalente de la Unión Europea, que tiene un carácter enteramente público y sirve de apoyo a las acciones estadounidenses, es de 7 000 millones de euros al año.

    En definitiva, la estructura jurídica de la NED y el volumen de su presupuesto oficial no son más que apariencia. En esencia, la NED no es un organismo independiente a cargo de acciones legales que anteriormente realizaba la CIA sino una vitrina que el Consejo de Seguridad Nacional utiliza para garantizar los aspectos legales de operaciones ilegales.


    La estrategia trotskista

    Durante su etapa de instauración (en 1984), la NED tuvo como presidente a Allen Weinstein. John Richardson ocupó después ese puesto durante 4 años (desde 1984 hasta 1988) y fue finalmente reemplazado por Carl Gershman (desde 1998).

    Los tres tienen tres cosas en común. Son judíos, fueron miembros del partido trotskista Social Democrats USA y trabajaron en la Freedom House. Todo eso tiene su lógica. El odio al estalinismo llevó a algunos trotskistas a unirse a la CIA para luchar contra los soviéticos. Y llevaron a la CIA la teoría de la toma del poder a escala mundial, transponiéndola a las «revoluciones de colores» y la «democratización». Simplemente desplazaron la doctrina trotskista aplicándola al combate cultural analizado por Antonio Gramsci: el poder se ejerce en las mentes más que por la fuerza. Para gobernar a las masas, una élite tiene que inculcarles primero una ideología que las programe para que acepten el poder que las domina.

    El Centro Americano para la Solidaridad de los Trabajadores (ACILS)


    Conocido con el nombre de Solidarity Center, el ACILS, rama sindical de la NED, es de lejos su principal canal. Distribuye más de la mitad de las donaciones de la NED, sustituyó organismos anteriores que habían trabajado durante toda la guerra fría en la estructuración de sindicatos no comunistas a través del mundo, desde Vietnam hasta Angola pasando por Francia y Chile.

    La utilización de sindicalistas para encubrir ese programa de la CIA entraña de por sí una excepcional perversión. Lejos de la divisa marxista «Proletarios de todos los países, ¡uníos!», el ACILS asocia los sindicatos obreros estadounidenses con el imperialismo que reprime a los trabajadores de los demás países.

    Esa filial estuvo bajo la dirección de un personaje singular, Irving Brown, desde 1948 hasta el fallecimiento de este último en 1989.

    En 1981, Irving Brown pone a Jean-Claude Mailly en el puesto de asistente del secretario general del sindicato francés Force Ouvriere, André Bergeron. Bergeron reconocerá que el financiamiento de sus actividades proviene de la CIA. Mailly se convierte en secretario general de FO en 2004. Algunos autores aseguran que Brown era hijo de un ruso blanco cercano a Alexander Kerensky. Lo que sí está comprobado es que Brown fue agente del OSS, el servicio de inteligencia estadounidense, durante la Segunda Guerra Mundial y que participó en la creación de la CIA y del Gladio, la red secreta de la OTAN, pero se negó a asumir la dirección porque prefería concentrarse en su especialidad: los sindicatos.

    Tuvo su base en Roma y posteriormente en París, no en Washington, lo que le proporcionó especial influencia en la vida pública de Italia y Francia. Al final de su vida, Brown se jactaba de haber dirigido siempre –por debajo de la mesa– el sindicato francés Force Ouvriere, de haber manipulado los hilos del sindicato estudiantil francés UNI (en cuyo seno militaron Nicolas Sarkozy y sus ministros Francois Fillon, Xavier Darcos, Hervé Morin y Michele Alliot-Marie, así como el presidente de la Asamblea Nacional Bernard Accoyer y el presidente de la mayoría parlamentaria Jean-Francois Copé) y de haber formado personalmente, en el sector de izquierda, a los miembros de un grupúsculo trotskista, como Jean-Christophe Cambadelis y el futuro primer ministro francés Lionel Jospin.

    A fines de los años 1990, los miembros de la confederación AFL-CIO pidieron cuentas sobre las verdaderas actividades del ACILS, cuya naturaleza criminal en numerosos países ya había sido por entonces ampliamente documentada. Cualquiera creería que las cosas cambiaron después de aquel escándalo. Pero no fue así. En 2002 y 2004, el ACILS participó activamente en el fallido golpe de Estado perpetrado en Venezuela contra el presidente Hugo Chávez y en el exitoso derrocamiento del presidente Jean-Bertrand Aristide en Haití.

    El ACILS se encuentra actualmente bajo la dirección de John Sweeney, ex presidente de la confederación AFL-CIO, otro personaje proveniente del partido trotskista Social Democrats USA.

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    Re: La CIA contra la URSS

    Mensaje por Ereshkigal el Sáb Abr 09, 2011 10:14 pm

    El Centro para la Empresa Privada Internacional (CIPE)


    El Centro para la Empresa Privada Internacional (CIPE) se concentra en la difusión de la ideología capitalista liberal y la lucha contra la corrupción.

    El primer éxito del CIPE fue la transformación, en 1987, del European Management Forum –un club de grandes patronos europeos– en World Economic Forum –el club de la clase dirigente transnacional. El gran encuentro anual de la aristocracia económica y política global en la estación de esquí suiza de Davos contribuyó a forjar un sentido de pertenencia clasista, más allá de las identidades nacionales de los participantes.

    El CIPE es muy cuidadoso en cuanto a no tener ningún vínculo de tipo estructural con el Foro de Davos, razón por la cual resulta imposible –al menos por el momento– probar que World Economic Forum esté siendo manejado por la CIA. Les costaría, sin embargo, mucho trabajo a los dirigentes de Davos explicar por qué ciertos líderes políticos han escogido su Forum Económico como escenario de acontecimientos de la más alta importancia si no se tratara de operaciones planificadas por el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos.

    Por ejemplo, en 1988, fue en Davos, no en la ONU, donde Grecia y Turquía hicieron las paces. En 1989, fue en Davos donde las dos Coreas, por un lado, y las dos Alemanias, por el otro, realizaron su primera cumbre a nivel ministerial, en el caso de las primeras, y su primera cumbre sobre la reunificación alemana. En 1992, fue también en Davos donde Frederik de Klerk y Nelson Mandela presentaron juntos –por primera vez fuera de Sudáfrica– su proyecto común para aquel país. Más increíble aún, fue en Davos, en 1994, después del Acuerdo de Oslo, que Shimon Peres y Yaser Arafat negociaron y firmaron su aplicación en Gaza y Jericó.

    El vínculo entre el Foro Económico de Davos y Washington pasa evidentemente por Susan K. Reardon, ex directora de la asociación profesional de empleados del Departamento de Estado convertida en directora de la Fundación de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, órgano encargado de la administración del CIPE.

    El otro éxito del Centro para la Empresa Privada Internacional es Transparency International. Esta «ONG» fue creada oficialmente por un oficial de la inteligencia militar estadounidense, Michael J. Hershman, quien es por demás administrador del CIPE y, hoy en día, uno de los responsables del reclutamiento de informantes para el FBI así como presidente-director general de la agencia privada de inteligencia Fairfax Group.

    Transparency International es ante todo una fachada para las actividades de la CIA en materia de inteligencia económica. Es también un instrumento de comunicación utilizado para obligar a otros Estados a modificar sus legislaciones de forma favorable a la apertura de sus propios mercados.

    Para esconder el origen de Transparency International, el CIPE recurrió a las habilidades del ex director de prensa del Banco Mundial, el neoconservador Frank Vogl. Este último instauró un Comité de personalidades que contribuyó a crear la imagen de que se trataba de una asociación proveniente de la sociedad civil. Este comité de fachada está bajo la dirección de Peter Eigen, ex director del Banco Mundial en el este de África. En 2004 y 2009, la esposa de Eigen fue candidata a la presidencia de la República Federal de Alemania por el SPD.

    La actividad de Transparency International favorece los intereses de Estados Unidos y no es en lo absoluto confiable. En 2008 esta seudo ONG denunciaba la corrupción de PDVSA, la empresa estatal del petróleo de Venezuela. Basándose en información falsificada, Transparency International situaba a PDVSA en la última posición de la clasificación mundial de empresas estatales.

    El objetivo era evidente: sabotear la reputación de una empresa que sirve de base económica a la política antiimperialista del presidente venezolano Hugo Chávez. Al ser sorprendida en flagrante delito de intoxicación, Transparency International se negó a contestar las preguntas de la prensa latinoamericana y a modificar su propio informe. Lo cual no tiene en definitiva nada de sorprendente si recordamos que el corresponsal del CIPE en Venezuela, Pedro Carmona, fue precisamente el personaje que Estados Unidos puso en el poder –donde no logró mantenerse– durante el fallido golpe de Estado contra Hugo Chávez.

    En cierta forma, al dirigir la atención de los medios de difusión hacia la corrupción económica, Transparency International enmascara la actividad de la NED, que se dedica a la corrupción políticas de las élites dirigentes en beneficio de los anglosajones.


    El Instituto Republicano Internacional (IRI) y el Instituto Nacional Democrático de Relaciones Internacionales (NDI)


    El Instituto Republicano Internacional (IRI) tiene la misión de corromper a los partidos de derecha mientras que el Instituto Nacional Democrático de Relaciones Internacionales (NDI) se ocupa de los partidos de izquierda. El primero tiene como presidente a John McCain y el segundo a Madeleine Albright. Estos dos personajes no deben por lo tanto ser considerados políticos normales o como un líder de oposición y una sabia retirada, sino como activos responsables de programas del Consejo de Seguridad Nacional.

    Tanto el IRI como el NDI han renunciado a tratar de controlar la Internacional Liberal y la Internacional Socialista como vía para ejercer su control sobre los principales partidos políticos del mundo. En vez de ello han preferido crear organizaciones rivales: la Unión Democrática Internacional (IDU) y la Alianza de los Demócratas (AD). La primera tiene como presidente al australiano John Howard, con el ruso Leonid Gozman de Justa Causa (Правое дело) como vicepresidente. La segunda se encuentra bajo la dirección del italiano Gianni Vernetti, quien tiene como copresidente al francés Francois Bayrou.

    El IRI y el NDI se apoyan también en las fundaciones políticas vinculadas a los grandes partidos europeos (6 en Alemania, 2 en Francia, una en Holanda y otra en Suecia). Por otro lado, algunas operaciones se realizan a través de misteriosas empresas privadas, como Democracy International Inc. que organizó las más recientes elecciones “arregladas” en Afganistán.

    Todo esto deja un gusto amargo. Estados Unidos ha logrado corromper la mayoría de los grandes partidos políticos y sindicatos de todo el mundo.

    Ex adjunto de Rahm Emanuel y actual responsable del NDI, Tom McMahon estuvo en Francia para organizar las elecciones primarias del Partido Socialista. La «democracia» que Estados Unidos promueve consiste en definitiva en discutir cuestiones locales en cada país –incluso simples temas sociales, como los derechos de las mujeres o de los homosexuales– mientras se alinean con Washington en todas las cuestiones internacionales.

    Las campañas electorales se han convertido en espectáculos en los que la NED escoge a los actores mediante la entrega –a unos sí y a otros no– de los recursos financieros que necesitan. La noción misma de alternancia ha perdido su verdadero sentido ya que la NED promueve alternativamente uno u otro bando con tal de que ambos mantengan la misma política exterior y de defensa. Tanto en la Unión Europea como en otras partes se escuchan hoy lamentos sobre la crisis de la democracia. Y los responsables de esa crisis son, evidentemente, la NED y Estados Unidos. ¿Cómo puede calificarse, en todo caso, un régimen como el de Estados Unidos, cuyo principal líder de oposición, John McCain, es en realidad empleado del Consejo de Seguridad Nacional? Ciertamente no como democracia.


    Balance de un sistema


    Con el tiempo, la USAID, la NED, sus institutos satélites y sus fundaciones intermedias han dado lugar a la aparición de una burocracia tan extensa como avariciosa. La votación sobre el presupuesto de la NED da lugar, año tras año, a ásperos debates sobre la ineficacia de ese sistema tentacular y los rumores de malversación de fondos en beneficio de personalidades políticas estadounidenses encargadas de administrar dichos fondos.

    Con ánimo de mejorar la gestión, se han realizado numerosos estudios tendientes a medir el impacto de esos flujos financieros. Expertos han comparado las sumas destinadas a cada país con la calificación democrática de esos mismos países que otorga la Freedom House. Y han calculado después cuántos dólares por habitante había que gastar para que la calificación de un país subiera un punto.

    Tomicah Tillemann, consejero de Hillary Clinton para la sociedad civil y las democracias emergentes, supervisa el dispositivo de la NED por el Departamento de Estado. Lo anterior no es, por supuesto, otra cosa que un intento de autojustificación. La idea de otorgar calificaciones en materia de democracia nada tiene de científica. De forma totalitaria, se parte del principio que sólo existe una forma de instituciones democráticas. Y, de manera infantil, se establece una disparatada lista de criterios a los que se atribuyen coeficientes imaginarios para convertir la complejidad social en una cifra única.

    El resultado es que la gran mayoría de esos estudios muestran el fracaso: aunque la cantidad de democracias aumente en el mundo, no parece existir relación alguna entre los progresos o retrocesos democráticos y las sumas que gasta el Consejo de Seguridad Nacional.

    Esto confirma, por el contrario, que los objetivos reales nada tienen que ver con los objetivos oficialmente anunciados. Los responsables de la USAID citan, sin embargo, un estudio de la universidad Vanderbilt que afirma que sólo las operaciones de la NED cofinanciadas por la USAID han sido eficaces, ya que la USAID tiene una administración rigurosa de su presupuesto. Por supuesto, este singular estudio fue financiado por… la USAID.

    En todo caso, en 2003, en ocasión de su vigésimo aniversario, la NED hizo un balance político de su acción. Según ese balance, la NED financiaba en aquel momento más de 6 000 organizaciones políticas y sociales en todo el mundo, cifra que ido en aumento desde aquel entonces. La NED reconocía entonces haber creado enteramente el sindicato Solidarnorsc en Polonia, la Carta de los 77 en Checoslovaquia y Otpor en Serbia. Se felicitaba por haber creado también enteramente la radio B92 y el cotidiano Oslobodjenje en la antigua Yugoslavia así como gran cantidad de medios de difusión independientes en el Irak «liberado».


    Cambiar de fachada


    Luego de haber registrado un éxito mundial, la retórica de la democratización ya no convence a nadie. El presidente George W. Bush la desgastó al abusar de su uso. Nadie puede afirmar seriamente que las subvenciones que distribuye la NED harán desaparecer el terrorismo internacional. Como tampoco es posible afirmar ahora que las tropas estadounidenses derrocaron a Sadam Husein para ofrecer la democracia a los iraquíes.

    Además, los ciudadanos que en el mundo entero militan a favor de la democracia son ahora más desconfiados. Han entendido que la ayuda que ofrecen la NED y sus sucursales sirve en realidad para manipularlos a ellos y a sus países. Se niegan, por lo tanto, cada vez más a menudo a aceptar las donaciones «desinteresadas» que estas les proponen. Así que los responsables estadounidenses de los diferentes canales de corrupción estudian cómo cambiar nuevamente de fachada.

    Después de los sucios manejos de la CIA y la transparencia de la NED, apuntan ahora hacia la creación de una nueva estructura que vendría a reemplazar un conjunto ya desacreditado.

    Esa estructura ya no estaría en manos de los sindicatos, del patronato y de los dos grandes partidos políticos estadounidenses sino de multinacionales concebidas según el modelo de la Asia Foundation.

    En los años 1980, la prensa reveló que la Asia Foundation era una fachada de la CIA para la lucha contra el comunismo en Asia. Hubo entonces una reforma de la fundación y su administración fue puesta en manos de varias transnacionales (Boeing, Chevron, Coca-Cola, Levis Strauss, etc…). Aquel cambio de apariencia bastó para proporcionar un aspecto no gubernamental y respetable a una estructura que nunca dejó de estar al servicio de la CIA.

    Después de la disolución de la URSS, se creó también la Eurasia Foundation, cuya misión consistiría en extender la acción secreta a los nuevos Estados asiáticos.

    Otra discutida cuestión es la de saber si las donaciones para la «promoción de la democracia» deben adoptar únicamente la forma de contratos para la realización de determinados proyectos o la de subvenciones sin obligación de resultados. La primera fórmula ofrece mejor cobertura jurídica, pero la segunda es mucho más eficaz como estrategia de corrupción.

    Ante tal panorama, la exigencia de Vladimir Putin y de Vladislav Surkov en cuanto a reglamentar el financiamiento de las ONGs que operan en Rusia es enteramente legítima, por muy exagerada y extremadamente meticulosa que sea la burocracia que hayan establecido para ello.

    El dispositivo de la NED, instaurado bajo la autoridad del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, no sólo está lejos de favorecer los esfuerzos democráticos en el mundo, sino que además los envenena.



    Thierry Meyssan


    Analista político francés. Fundador y presidente de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

    Fuente Odnako (Russia)


    Este artículo fue publicado originalmente en la revista semanal rusa Odnako que apareció en el número 35 con fecha del 27 de septiembre de 2010.


    http://www.voltairenet.org/article167223.html



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    Re: La CIA contra la URSS

    Mensaje por Ereshkigal el Sáb Abr 09, 2011 11:21 pm

    En la página de la CIA están algunos documentos desclasificados sobre la URSS desde finales de los años cuarenta hasta su caída, como siempre he pensado que hay que conocer lo que dice el "enemigo" los he subido a Megaupload ( espero que funcionen los enlaces) Están en inglés, por supuesto, y si han sido desclasificados tienen que ser los más suaves a la fuerza o por lo menos eso creo.

    http://www.megaupload.com/?d=TTH4T0RB

    http://www.megaupload.com/?d=WTS538MO

    http://www.megaupload.com/?d=JQ4ENGOH

    http://www.megaupload.com/?d=YNWXONTO

    http://www.megaupload.com/?d=J92B3AWW

    http://www.megaupload.com/?d=Y67GGZ82

    http://www.megaupload.com/?d=AS6PIXLV

    http://www.megaupload.com/?d=ILM2H36P

    http://www.megaupload.com/?d=PY9LS1M9

    http://www.megaupload.com/?d=RMWPSU3K

    http://www.megaupload.com/?d=MZVV0Z2T

    http://www.megaupload.com/?d=ILM2H36P ( Sobre el XX Congreso del PCUS)


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    Re: La CIA contra la URSS

    Mensaje por rebelderojo el Dom Abr 10, 2011 2:13 am

    AsturcOn escribió:Impresionante informacion camarada.

    Ni siquiera con 300 bombas atomicas y con mas de 250 divisiones militarizadas, los EE.UU tenian garantias de ganar una hipotetica guerra contra la Union Sovietica, lo cual demuestra el verdadero potencial industrial, cientifico y militar desarrollado por el camarada Stalin para defender de futuras agresiones al primer estado socialista del mundo.

    Podemos tener por seguro que con estas directivas imperialistas y con los planes creados durante el transcurso de la ultima fase de la segunda guerra mundial en la llamada operacion "inimaginable" del gobierno britanico, toda Europa y la mayor parte de Asia habrian terminado bajo el dominio de la esfera sovietica, y es precisamente por esta razon que los imperialistas abortaron todos sus planes de conquista. Este tipo de planes habrian sido un autentico suicidio para EE.UU y para todos los paises de la coalicion atlantica, que habrian visto como el capitalismo desapareceria del mapa a costa de la vida de millones de personas en solo el primer mes de guerra.

    Esto es un claro sintoma de la actual politica exterior de EE.UU que ya desde finalizada la segunda guerra mundial se han tenido que conformar con invadir pequeños paises y administrar economicamente los mas de 100 golpes de estado repartidos por el mundo bajo el sello de la CIA.

    En el hipotetico caso de una guerra asi, todo se habria terminado para los intereses del capitalismo en el mundo, dejando patas arriba el enorme esfuerzo en la guerra propagandistica contra el comunismo y provocando en contra de sus intereses iniciales, nuevos estados satelites en beneficio de la Union Sovietica. Europa habria sido totalmente conquistada (liberada) por los ejercitos sovieticos y todas las divisiones encabezadas por EE.UU habrian sido eliminadas dejando el mapa politico definitivamente consolidado para que el comunismo entrase en una fase inprovisada y radicalmente internacionalista.

    Es precisamente por este motivo, por el cual no se han podido desarrollar jamas este tipo de planes. De otro modo, si los respectivos gobiernos de los EE.UU hubieran tenido alguna garantia de exito en cumplir satisfactoriamente con tales operaciones, sabemos por experiencia real que EE.UU no escatimaria esfuerzos belicos en volver a usar las bombas atomicas, y lo habrian hecho sin dudarlo un segundo, de la misma forma que lo hicieron sin dudarlo contra las ciudades japonesas cuando el gobierno fascista de Japon ya estaba preparando su rendicion y Alemania ya habia perdido definitivamente la guerra contra los ejercitos de Stalin.

    Esto es tambien un buen indicador de los limites por los cuales esta y ha estado siempre condicionado EE.UU como potencia, viendose limitado todo su poder armamentistico a pequeñas operaciones militares contra pequeños paises inofensivos y alejados de las fronteras gringas, como en los casos de Irak, Afganistan y ahora Libia. Dejando como unico frente de lucha a la vanguardia mediatica en la guerra de propaganda que desde 1917 no ha dejado de funcionar sistematica y principalmente contra el comunismo, y sumando en este frente, a todos los gobiernos de paises que tengan bajo su territorio, los recursos suficientes para garantizar cierto predominio de los EE.UU en el mundo para las proximas decadas.

    EE.UU y fundamentalmente todos los paises europeos, estas obligados a continuar en el futuro con las directivas militares impuestas por la OTAN, provocando nuevas guerras y apoyando todos los confliztos internacionales que surjan por el camino, enfocando principalmente todos los esfuerzos belicos en fururas guerras contra todas las naciones que posean recursos que garanticen el desarrollo (insostenible) de sus sociedades capitalistas.

    Saludos
    que haces con una foto de trosky?

    AsturcOn
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    Re: La CIA contra la URSS

    Mensaje por AsturcOn el Dom Abr 10, 2011 12:08 pm

    La tendre puesta como imagen de mi avatar unos dias en señal de luto. Laughing

    Pero que nadie se alarme, pues dicen que aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

    Saludos.




    rebelderojo
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    Re: La CIA contra la URSS

    Mensaje por rebelderojo el Miér Abr 13, 2011 3:36 am

    AsturcOn escribió:La tendre puesta como imagen de mi avatar unos dias en señal de luto. Laughing

    Pero que nadie se alarme, pues dicen que aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

    Saludos.



    pense que te habian hackeado XD

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    Re: La CIA contra la URSS

    Mensaje por Andres.alcala el Mar Mayo 03, 2011 8:27 pm

    La CIA llevaba incontables años trabajando para acabar con la vida de la URSS, junto a Ben Laden en Afganistan, después este acusado por terrorismo se radicalizó en el Islám y se puso en contra de los EEUU destrozando las Torres Gemelas y últimamente le mataron en Pakistán a 80 kms al norte de Islamabad.

    :urss:

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    Re: La CIA contra la URSS

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