por pedrocasca el Mar Mar 22, 2011 11:37 am
La Guardia mora de Franco proviene de los tabores (un tabor era equivalente a un batallón con pocas compañías) de regulares (soldados indígenas con mandos españoles) conformados por más de 70.000 marroquíes (algunos suben el número hasta los 150.000), muchos de las zonas montañosas del Rif, que lucharon en la Guerra de España encuadrados en el ejército fascista.
Lo importante a conocer sobre ellos es que fueron una fuerza de choque, es decir, carne de cañón, que cumplieron dos misiones fundamentales en el levantamiento fascista: morir y matar para que la burguesía española tomara el poder de la manera más absoluta derrocando las aspiraciones democráticas de las clases populares defensoras de la Segunda República y servir de cobertura a las matanzas, violaciones y tropelías que el ejército fascista realizó por allí por donde pasaba (fue a los moros y no a legionarios y falangistas a quienes se les atribuyeron las peores atrocidades realizadas a civiles y soldados prisioneros republicanos: destripamientos, desmembramientos, decapitaciones y amputaciones de orejas, nariz o testículos; violaciones anales, etc.).
Finalizada la contienda Franco eligió a aquellos que se distinguieron por su formación militar y lealtad hacia él para su guardia personal en El Pardo (en los primeros años el principal acuartelamiento estaba ubicado en el Cuartel del Conde Duque en Madrid), de manera tal que siempre se dijo que no se fiaba de nadie (en especial desde la unificación forzada de falangistas y requetés en 1937, fecha en la que ya en Burgos se instauró la Guardia mora) y por eso le guardaban moros. Hasta 1951 los tabores de regulares moros siguieron estando estacionados en distintos puntos de España como si fueran una fuerza policíaca de reserva y a cargo de algunos de los campos de concentración y cárceles más duros y en donde más gente mataron (exterminaron) los fascistas.
Franco se preocupó personalmente de reclutar a los indígenas marroquíes antes del alzamiento prometiéndoles oro y mujeres (tenían permiso para violar a cualquier mujer que no fuera del bando nacional), aunque curiosamente él mismo fijó las míseras pensiones (nunca revalorizadas) que desde 1961 cobraron hasta hoy, que se calcula queden menos de 1.500 vivos en Marruecos y algunos en el barrio de Tetuán de Madrid, en Málaga, Almería y, sobre todo, en Ceuta y Melilla.
En 1955 se dictó la ley de destinos civiles para que militares que habían estado en el levantamiento fascista y con muchos años de servicio pudieran pasar a ser funcionarios en los distintos Ministerios. Muchos de los mandos españoles de confianza de Franco que estaban en la Guardia mora y ya no podían ascender en su grado militar dejaron el ejército, lo que sumado a que en 1956 tanto España como Francia reconocieron la independencia de Marruecos (en los primeros años el nacionalismo marroquí fue mucho más beligerante con España que con Francia) y que entre 1957 y 1958 se desarrollara la nunca declarada guerra de Ifni (que produjo un número de bajas importante entre los soldados españoles de reemplazo) en donde hubo levantamientos de tropas indígenas encuadradas en el ejército español, provocaron una gran desconfianza hacia los integrantes marroquíes de la Guardia mora (llegaron a ser apedreados en Madrid en un acto de presentación de credenciales de un diplomático extranjero).
Ya en 1960 la Guardia de Franco estaba conformada por soldados voluntarios españoles de caballería (y con claros antecedentes familiares franquistas) y los marroquíes o pasaron al retiro (jubilación) o a las unidades de procedencia en los Regulares (fueron muy pocos los que continuaron en el ejército). En su día también se habló de que siempre había habido inadaptación de los soldados marroquíes, de que el gasto en uniformes y caballería era muy alto, de episodios de delincuencia relacionados con la prostitución y el tráfico de hachís y se dice que hubo una solicitud de subidas salariales y actualización de las futuras pensiones de jubilación que desencadenaron la desaparición de los moros de la Guardia de Franco.
De la salvaje actuación de los marroquíes encuadrados en el ejército nacional en la Guerra civil se hizo eco Dolores Ibárruri, La Pasionaria: “morisma salvaje, borracha de sensualidad, que se vierte en horrendas violaciones de nuestras muchachas en los pueblos que han sido hollados por la pezuña fascista”.
Última edición por pedrocasca el Sáb Dic 17, 2011 2:18 pm, editado 1 vez