Realmente, el tema de los medios de comunicación es un auténtico filón...
Históricamente, los Partidos Comunistas siempre han tenido órganos de expresión a través de los cuales comunicar, digamos, "en línea directa", con el pueblo y poder transmitir la verdad que normalmente la burguesía oculta tras un velo de manipulación, tergiversación y falsedad. Y esa tradición, ese nexo informativo entre vanguardia y "retaguardia" (llamemos así a los trabajadores cuya conciencia de clase flaquea), se ha debilitado hasta el extremo de perderse. El Mundo Obrero o Nuestra Bandera han quedado relegados a la categoría de boletines intrapartidarios, que llegan solo a aquellos que no necesitan recibir ese constante flujo de información que refuerce la identificación con la causa, y son, en consecuencia, inútiles; a parte de eso, tan solo disponemos de canales de comunicación secundarios, vía Internet que, si bien facilitan el acceso a la información para su previa difusión, no cumplen el papel de altavoz de "la otra realidad" (si bien realidad solo hay una, la de los hechos que la burguesía difumina y oculta) que permita construir poco a poco el edificio de un Partido de clase y revolucionario.
Para que este Partido pueda aspirar a asentarse entre la clase trabajadora como alternativa viable, debe empezar por hacerse visible; debe empezar por convertir a los simpatizantes en militantes y a los ajenos en simpatizantes, para lo cual es necesario que exista una unión Partido - individuo no tan vinculante como la militancia pero que pueda algún día convertirse en esta. Y no hay mejor unión o contacto inicial con el Partido que la informativa. Si un trabajador recibe periódicamente un órgano de expresión revolucionario que incluya no solo información sino también opinión, establecerá un vínculo con el Partido que seguramente termine por estrecharse hasta convertirse en militancia cuando se dé cuenta de cuan injusta es la realidad y de que, como decía Marx, "los proletarios solo pueden perder sus cadenas; tienen, en cambio, un mundo entero por ganar". El problema de la ausencia de implantación real del Partido en la clase trabajadora se deriva de la no presencia de este en el día a día del proletario; no podemos aspirar a convertir en militante (y ni siquiera pretender su voto) a un trabajador si solo acudimos a él dos semanas antes de las elecciones, porque obviamente se encontrará en un estado de saturación que le hará cerrarse a nuestra opción. Nuestro contacto con ese trabajador debe ser constante, periódico, rutinario... Debe ser un contacto estable y firme que le atraiga paulatinamente hacia posiciones revolucionarias; la escasez de militancia se debe a un error en la cadena de "producción" (por llamarlo de alguna manera) de comunistas. Un trabajador, para devenir en trabajador concienciado y revolucionario, debe atravesar tres fases:
1.- Concienciación: una fase en que se dé cuenta de su situación y sienta la necesidad de cambiarla. Obviamente, el descontento que lleva a un trabajador a concienciarse de su situación suele venir de un azote inherente al capitalismo: el paro. Un paro que los comunistas no hemos sabido aprovechar...
2.- Formación: la fase fundamental, en que asiente su concienciación y la convierta en odio de clase y energía revolucionaria. Debemos tener mucho cuidado con esta fase ya que en ella el trabajador es vulnerable a la demagogia y el populismo y su odio puede verse mal encaminado por aquellos interesados en que así ocurra (p.e., hacia los inmigrantes o hacia nosotros mismos), y en consecuencia su energía puede ser mal dirigida (p.e., las SA, compuestas por obreros y trabajadores que el KPD, en su lucha con el SPD, descuidó).
3.- Militancia: última fase en que, asentados ya el odio y conciencia de clase, la energía revolucionaria del trabajador pueda ser canalizada por el Partido hacia la derrota del régimen burgués.
El problema del comunismo español subyace en la segunda fase: no existe ningún canal a través del cual el trabajador pueda acceder facilmente a la información que le ayude a formarse y dirigir correctamente su indignación y energía. Ese canal, que debería ser, por ejemplo, un periódico del Partido, no aparece por ningún lado, y por lo tanto, en los mejores casos el trabajador termina resignándose y olvidando
la fase 1, y en los peores casos se acerca a las opciones fascistas. Obviamente, ninguna de las dos es buena ni productiva ni para el proletariado ni para el Partido Comunista.
Ante esta ausencia de uniones Partido - proletariado, solo podemos esperar reacciones tipo 15M, una explosión de energía revolucionaria ocasionada por un conato de reconocimiento del antagonismo trabajadores - burgueses, que se va diluyendo ya que, como dijo el Ché, "cuando no hay organización, las ideas, tras un primer impulso inicial, van perdiendo fuerza". Hemos tenido la revolución al alcance de la mano pero el conservadurismo y revisionismo de las fuerzas dirigentes de los agentes a priori revolucionarios (PCE, sindicatos) no han sabido verlo ni aprovecharlo... Estamos condenados a otra dictadura fascista, más tarde o más temprano...
Y, para colmo de males, cuando se intenta poner en marcha una iniciativa que comience a paliar el daño que la falta de nexos Partido - proletariado ha hecho, hace y seguirá haciendo al movimiento obrero, el Partido Comunista mira para otro lado y se abstiene de colaborar. Se intentó sacar de Internet el periódico digital La República y ponerlo en los kioscos, pero finalmente el proyecto se quedó en un sueño de tantos debido a una ausencia de fondos que a buen seguro una movilización del Partido y la militancia habrían podido conseguir.
Vamos por el mal camino, camaradas, vamos por el mal camino. Y encima, en lugar de colaborar juntos, las fuerzas marxista - leninistas actuamos por separado (corrientes en el PCE, PCPE, PCE(m-l), Iniciativa Comunista... cada uno tirando por su lado). Si el camarada Stalin levantara la cabeza...