Trotsky y la cuestión judía

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Mensaje por Alexyevich el Dom Ene 30, 2011 4:25 am

La trayectoria y las ideas de Trotsky con relación al judaísmo presentan un múltiple interés. Primero, obviamente por el propio origen judío de Trotsky. Pero también se debe tomar en consideración el peso del antisemitismo en la tradición histórica rusa, en especial como política de gobierno de la autocracia zarista; el amplio uso del antisemitismo en la lucha de Stalin contra la oposición trotskista en la URSS, como mostró recientemente Dimitri Volkogonov; y finalmente la importancia del Holocausto perpetrado por el nazismo, como paradigma de la barbarie contemporánea.

La conferencia de Karlsruhe y el II Congreso del POSDR

Los primeros registros de una declaración de Trotsky sobre la "cuestión judía" datan de 1903. Trotsky tenía 23 años, era marxista desde los 17, y ya integraba la dirección del movimiento socialdemócrata ruso. En julio de ese año, durante el II Congreso del POSDR (Partido Obrero Social-Demócrata de Rusia), Trotsky participó del debate contra la corriente judía que terminó retirándose del partido. Pero, uno o dos meses antes, Trotsky fue invitado a una pequeña y poco recordada conferencia en Karlsruhe, organizada por esa misma corriente judía del partido, el Bund.

El Bund (en idisch, "unión", abreviatura de Unión General de los Trabajadores Judíos de Polonia, Lituania y Rusia) era una organización judía dentro del partido de Rusia. Se formó en 1897, un año antes del POSDR, y en 1898 fue el principal organizador del congreso de formación de éste. Hasta 1903 el Bund era la mayor organización socialdemócrata del imperio ruso, con mayor estructura y número de integrantes, con la más extendida publicación clandestina de periódicos y traducciones, y con mayor circulación y contrabando de literatura revolucionaria.

Participaron de la conferencia de Karlsruhe un integrante del Bund local, Trotsky y el teórico bundista Vladimir Medem, quien a través de su libro de memorias proporciona una descripción del evento. Medem relata una discusión que duró alrededor de dos horas. Después de la intervención del "camarada de Karlsruhe" exponiendo el programa nacional del Bund, Trotsky intervino con una respuesta crítica, contestada inmediatamente por Medem. Algunos jóvenes sionistas del público tomaron la palabra para exponer sus ideas, que fueron respondidas por Trotsky "con humor y buenas maneras". El debate siguió y culminó con una discusión, en términos "muy duros", entre Medem y Trotsky sobre la política del POSDR para combatir el antisemitismo.

El primero acusó al partido de descuidar la tarea. Trotsky rebatió la crítica afirmando, en primer lugar, que el partido combatía el antisemitismo a través de la distribución de volantes sobre el tema, y en segundo lugar, que en realidad no había que combatir específicamente el antisemitismo porque la solución para eliminar un sentimiento anticuado, herencia de la ignorancia imperante en la era medieval, era elevar el nivel general de conciencia de las masas.

Medem registró la antipatía que sintió por Trotsky desde ese momento y la mala sensación que le causó su discurso, que no pasaba de "una manera de ocultar para sí mismo la real y grave responsabilidad de los socialistas rusos" (1).

Era uno de los momentos más delicados para los judíos. En abril de 1903 (poco antes de la conferencia de Karlsruhe) ocurrió, en el imperio ruso, más específicamente en la porción ucraniana de la "zona de residencia", el mayor pogrom visto hasta entonces.

Los barrios judíos de Kichinev fueron destruidos, las casas devastadas, con cientos de judíos heridos y muertos. Fue el tristemente célebre "pogrom de Kichinev", que "shockeó" al mundo e incorporó a todos los idiomas el término ruso pogrom, que significa masacre. Esta fue incitada por agentes de policía del zar y por las Centurias Negras, pero la masa de los pogromistas era el pueblo, obreros y trabajadores como los judíos que perseguían. La confianza de los obreros judíos en sus hermanos de clase rusos resultó seriamente debilitada.

Fue ese espíritu de desconfianza el que Trotsky denunció durante el II Congreso del POSDR como una de las principales fuentes de discordia entre ellos y el Bund. La organización judía presentó sus demandas al congreso: autonomía dentro del partido, con el derecho de elegir su propio comité central y elaborar su propia política en las cuestiones referentes a la población judía; el reconocimiento del Bund como el único representante de la socialdemocracia entre los judíos; y la "autonomía cultural" en lugar de la simple "igualdad de derechos" que el partido defendía para los judíos, o sea, la reunión de los judíos alrededor de instituciones culturales propias, sin depender de un territorio común. La "autonomía cultural" resultaría en la defensa del derecho de los judíos a conducir sus propios asuntos culturales dentro de Rusia, como la educación en idisch.

La mayoría del congreso, formada por los "iskristas" (Iskra era el nombre de la revista que publicaban), estaba en contra del Bund porque veía en sus exigencias un separatismo que crearía precedentes para otros grupos y pondría en riesgo la unidad del partido. Quedó a cargo de los iskristas judíos, Martov y Trotsky rebatir las exigencias del Bund. Martov fue miembro del grupo fundador del Bund y Trotsky tomó la palabra como "representante de los iskristas de orígen judío". Esa fue una de las raras ocasiones en que Trotsky se refirió a sí mismo como judío, como lo recuerda Isaac Deutscher (2).

El debate no fue menos difícil por haberse sostenido "entre judíos". Trotsky rebatió enérgicamente las tres exigencias del Bund y tomó la palabra diez veces durante el debate, llevando a los representantes de la organización judía a una furiosa indignación.

En lo que se refiere a la "cuestión nacional" (la "autonomía nacional-cultural"), el Bund estaba dividido. La mitad del partido judío creía, en ese momento, que el futuro llevaría a la asimilación de los judíos y que nada debería ser hecho para separarlos, ya sea territorialmente o apenas en forma "cultural". Como recuerda Medem, "nosotros los bundistas no habíamos hecho de nuestro programa nacional una condición sine qua non y no salimos del partido por causa de su rechazo (...) Nuestro congreso [el V Congreso del Bund, 1903, NdA] sobre este asunto, se había dividido en dos" (3).

Con relación a la educación en idisch, ningún socialdemócrata podía seriamente oponerse al derecho de un pueblo o nación al propio idioma. La oposición, como quedó evidenciado en escritos posteriores de Lenin y Trotsky, era a la división de la educación en el imperio, en educación pública para los rusos y escuelas particulares en idisch para los judíos.

En un artículo publicado en Severnaya Pravda, Nº 14, agosto de 1913, Lenin escribe, respecto de la política oficial del Estado: "La expresión extrema del nacionalismo [ruso, NdA] actual está en el proyecto para la nacionalización de las escuelas judías, formulado por el oficial de educación del distrito de Odessa, y bien recibido por el Ministro de ‘Educación’ Pública. ¿Pero cuál es el significado de esa nacionalización? Ella significa segregar a los judíos en escuelas judías especiales (nivel secundario). Las puertas de todos los demás establecimientos de enseñanza *privados y públicos* serían completamente cerradas a los judíos... Ese proyecto, extremadamente perjudicial, incidentalmente demuestra el error de la llamada ‘autonomía nacional-cultural’, o sea, la idea de sacar la educación de las manos del Estado y pasarla a cada nación separadamente" (4).

Pero en lo que decía respecto al status del Bund dentro del POSDR, la organización judía no estaba dispuesta a ceder. Su decisión estaba tomada desde 1901: los judíos defendían la transformación del POSDR en una federación de organizaciones nacionales. La conquista de la autonomía política y organizativa del Bund dentro del POSDR era vista como una cuestión de sobrevivencia de la organización judía (5). Para Trotsky, lo que estaba en juego era más que una "cuestión judía". El partido no podía conceder la autonomía al Bund, abandonar el modelo de partido por el cual venía luchando, centralizado y no un conjunto suelto de organizaciones. Y no podía aprobar la exclusividad del Bund de la representación de los trabajadores judíos, sin ceder a la división del movimiento obrero por nacionalidad.

Como describe Deutscher, "la exigencia de que el Bund fuese reconocido como el único representante del partido entre los trabajadores judíos significaba afirmar que sólo los judíos estaban autorizados a llevar el mensaje socialista a los trabajadores judíos y organizarlos. Eso, dijo Trotsky, era una expresión de falta de confianza en los miembros no judíos del partido, un desafío a sus convicciones y sentimientos internacionalistas". "El Bund *dijo Trotsky en medio de una tormenta de protestas* es libre para no confiar en el partido, pero no puede esperar que el partido vote su no confianza en sí mismo". El objetivo del socialismo, argumentó Trotsky, era "barrer las barreras entre razas, religiones y nacionalidades, y no colaborar para levantarlas" (6).

Según la visión de Enzo Traverso, "cuando se trató de comprender las causas profundas de la escisión entre el Bund y la social-democracia, su análisis [de Trotsky, NdA] se reveló menos abstracto que el de los bolcheviques. En el congreso de fundación del POSDR, la autonomía del Bund era puramente técnica, pero percibió que poco a poco lo ‘particular’ se había sobrepuesto a lo ‘general’: de representante del POSDR en el seno del proletariado judío, el Bund se había transformado en representante de los trabajadores judíos vis-a-vis al partido social-demócrata. El congreso de 1903, en el fondo, sancionó una escisión que ya existía en la realidad" (7).

El Bund anunció su retirada del partido durante el congreso en Londres. Su salida no era totalmente inesperada, pero no por eso fue menos grave para ambas partes. El Bund se retiró del congreso llevándose consigo 25.000 del total de 34.000 miembros del POSDR (Cool.

Robert Wistrich sugirió que Lenin deseaba la retirada del Bund del congreso para facilitar su victoria en los dos debates siguientes que llevaron a la escisión entre mencheviques y bolcheviques, y usó a Trotsky para provocar al grupo adversario: "Trotsky, representando a la Unión Social-Demócrata de los Trabajadores de Siberia, fue de hecho el instrumento de Lenin para forzar al Bund a abandonar el congreso de Londres. De esa forma, con Martov ayudó, sin intención, a forjar una mayoría bolchevique en las sesiones siguientes" (9). No obstante, no tenemos motivos para suponer que Trotsky actuó por otras convicciones que no fueran las propias. En todos sus escritos siguientes sobre la "cuestión judía", fuesen cartas, entrevistas, capítulos o pasajes de sus libros, Trotsky mantuvo su oposición al modelo bundista de partido y a cualquier forma de separación de los trabajadores judíos del movimiento obrero del país en que vivieran.

Más sobre el movimiento obrero judío

En 1903 Trotsky también escribió su primer artículo dedicado exclusivamente a la "cuestión judía", titulado "La desintegración del sionismo y sus posibles herederos", publicado en Iskra, Nº 56, 1º de enero de 1904. El artículo era un comentario sobre el VI Congreso Sionista (Basilea, agosto de 1903), donde Trotsky también profundiza en las críticas hechas al Bund verbalmente durante el II Congreso de la Socialdemocracia de Rusia.

Durante el congreso de Basilea, Theodor Herzl, creador del movimiento sionista, anuncia que no había esperanza de obtener Palestina en un futuro próximo, y propone a Uganda como hogar nacional judío, por lo menos hasta que se pueda obtener la "tierra prometida", entonces parte del imperio turco. Por poco no se produjo una ruptura en el joven movimiento y Herzl tuvo que intervenir, utilizando su influencia y carisma para mantener la unidad del movimiento (unidad que duró hasta dos años después de su muerte, producida en 1904).

Trotsky no dejó de notar la diversidad de los grupos que formaban el movimiento sionista y pronosticó su fracaso: "El congreso de Basilea, repito, es apenas una demostración de desintegración e impotencia. El señor Herzl podrá ligarse durante algún tiempo a una u otra ‘patria’. Decenas de agitadores y centenas de hombres simples podrán apoyar su aventura, pero el sionismo como movimiento ya fue condenado a perder todo derecho a la existencia en el futuro. Esto está claro como el sol del medio día" (10).

Con la supuesta liquidación del sionismo y la desintegración política del "conglomerado de camadas sociales que componían el movimiento", el interés de Trotsky estaba en saber qué organización de izquierda heredaría a la izquierda sionista "compuesta por la intelligentzia y/o semi-intelligentzia de la democracia burguesa" (11).

El Bund, en un panfleto de la misma época, "El Congreso Sionista en Basilea", también pronosticó el fin del sionismo y demostró la misma preocupación por transformarse en el heredero de la izquierda del movimiento.

La posibilidad de que el Bund de hecho incorporase la militancia de izquierda sionista fue el motivo por el que Trotsky reitera su crítica de julio de 1903 y demuestra, primero, que el Bund no podía atraer militantes desilusionados con el sionismo porque en su polémica contra los sionistas, terminó incorporando de ellos su esencia nacionalista. En segundo lugar, si el Bund eventualmente se transformase en el sucesor del movimiento, acabaría "desviando al proletariado judío del camino revolucionario socialdemócrata..." (12).

En la interpretación de Harari, en ese artículo Trotsky llega a indicar la posibilidad de que se cree una nueva organización de izquierda, no nacionalista como el Bund, para absorber a la izquierda del movimiento sionista (13). Para otros autores, Trotsky no está haciendo una apelación para la creación de una organización judía, pero sí está alertando a la socialdemocracia de la necesidad de incorporar esos obreros judíos a sus propias filas (14).

Lo cierto es que en 1903-1904 Trotsky demuestra, ante la falsa previsión de desintegración del sionismo, la preocupación por aproximar el movimiento obrero judío al movimiento revolucionario socialdemócrata de Rusia.

Los ‘pogroms’ de 1905

En 1905, Trotsky, como presidente del Soviet de San Petesburgo (el primer soviet de la historia), intervino en la creación de las unidades de auto-defensa judía en Kiev y San Petesburgo y promovió la participación conjunta de judíos y no-judíos en la resistencia contra los actos de vandalismo. Como recuerda Glotzer, ese acto inauguró una serie de intervenciones de Trotsky contra las manifestaciones anti-judías, hasta su asesinato en 1940 (15). Las primeras unidades de auto-defensa fueron creadas por el Bund en 1903 y fueron conocidas por la sigla BO (Beovie Otriady). Pero durante la revolución de 1905 (y la reacción contra ella) los pogroms se multiplicaron de tal forma que los esfuerzos aislados del Bund no lograron defender, prácticamente, a la población judía.

Albert Glotzer cuenta que Trotsky, después de la derrota de la revolución de 1905, estaba impactado por la atrocidad de los pogroms y escribió más que nadie en el partido contra las masacres. En su libro 1905, hace una descripción viva y minuciosa del pogrom de Odessa, de más de tres páginas, de las cuales reproduciremos algunos fragmentos, mostrando que la policía, la iglesia y otros órganos ligados al imperio prepararon el pogrom, divulgaron rumores mentirosos sobre los judíos, incitaron a la población y hasta condujeron la masacre: "Todo el mundo sabe con antelación cuando va a haber un pogrom: se distribuyen llamamientos, artículos odiosos aparecen en el órgano oficial Goubernskia Viedomosti (La Información Provincial) (...) rumores siniestros son divulgados entre la masa ignorante: ‘los judíos están listos para atacar a los ortodoxos’; ‘los socialistas profanaron un verdadero ícono’; ‘los estudiantes despedazaron un retrato del zar’ (...) Cuando llega el gran día, el oficio divino es celebrado en la catedral: el sermón es pronunciado. Al frente del cortejo patriótico marcha el clero, con un retrato del zar prestado del distrito policial y con innumerables estandartes nacionales. Al comienzo se rompen las vidrieras, los transeúntes son maltratados y se bebe en abundancia. La música militar repite incansablemente el himno ruso: ‘¡Dios salve al emperador!’ *es el himno de los pogroms (...) Protegida por el frente y por la retaguardia por patrullas de soldados, por un escuadrón de cosacos, guiados por policías y provocadores, acompañados por mercenarios (...) el bando se precipita a través de la ciudad en un carnaval de locura y sangre... El pordiosero es amo de la situación. Un esclavo temeroso, hasta aquel momento, perseguido por la policía, muerto de hambre, ahora siente que ninguna barrera se puede oponer a su despotismo (...) El puede todo, se atreve a todo... ‘¡Dios salve al emperador!’. Por un lado, un joven que vio la muerte tan cerca que sus cabellos se emblanquecieron en pocos minutos. Por el otro, un niño de diez años que perdió la razón sobre los cadáveres mutilados de sus padres. O el médico graduado que conoció todos los horrores de la toma del Port-Arthur sin vacilar, pero que no pudo soportar algunas horas del pogrom de Odessa (...) Otros caen de rodillas delante de los oficiales, de los policías, delante de los asesinos, extienden sus brazos, besan las botas de los soldados y suplican. La respuesta viene entre carcajadas insensatas. ‘Vos quisiste la libertad, ¡aprovechá su dulce sabor!’ En esas palabras se resume la moral, la infernal política de los pogroms..." (16).

Trotsky analiza la condición social de los judíos

En 1911 comenzó el "Caso Beillis", la acusación de asesinato ritual contra Mendel Beillis, un desconocido trabajador judío de Kiev. Las acusaciones contra Beillis fueron hechas por el Ministerio de Justicia, comandado por Schelovitov, antisemita notorio. El proceso terminó en 1913, con la inocencia de Beillis pero con la victoria del gobierno zarista que, con toda la murmuración creada sobre la "naturaleza maligna y asesina de los judíos, etc.", consiguió fomentar el antisemitismo al punto de crear el clima para la irrupción de una onda de pogroms en Kiev.

Trotsky escribió en un artículo, en noviembre de 1913, para Die Neue Zeit, publicación socialdemócrata dirigida por Karl Kautsky, que el proceso antisemita le causó náuseas, y comparó el Caso Beillis con el Caso Dreyfus, ocurrido en Francia entre 1894 y 1906. Para Trotsky las semejanzas eran superficiales, puesto que el antisemitismo francés era un juego de chicos al lado de la política criminal del zar Nicolás II. Para Trotsky, el antisemitismo en Rusia se había vuelto un medio de gobierno, una política de Estado (17).

Trotsky viajó por los Balcanes, entre 1912 y 1913, como corresponsal del diario liberal ruso Kievskaya Mysl. Entre sus varios artículos envió al diario uno llamado "La cuestión judía en Rumania y la política de Bismarck". El artículo fue enviado, en el verano de 1914, al diario berlinés antibelicista dirigido por Rudolf Breitscheid, Auslandspolitik Korrespondenz, siendo publicado el 4 y 25 de abril de 1918, después de terminar la guerra, porque al comienzo de la guerra había "perdido su actualidad", como decía la nota introductoria del artículo en el diario (18).

Trotsky inicia el artículo (que firma con su nombre completo, Lev Davidovitch Bronstein) diciendo que "la verdadera Rumania se manifiesta a través de la cuestión judía" (19). Aquí, los judíos no poseían derechos, sólo obligaciones, como el servicio militar obligatorio, y restricciones profesionales que terminaban creando los rótulos de "judíos usurarios", "aprovechadores" y así en adelante. "El país estaba penetrado por el odio a los judíos: los pequeños comerciantes temían su competencia; profesionales y funcionarios estatales estaban preocupados por la posibilidad de que los judíos conquistaran la ciudadanía y de esa forma tomaran sus puestos; profesores y padres, ‘agentes’ de los propietarios rurales patrióticos, convencían al campesinado de que todos los males de debían a los judíos". Pero, ¿por qué los judíos eran tolerados? De acuerdo con Trotsky, el régimen rumano necesitaba al judío: primero, para actuar como el "intermediario" entre el propietario de las tierras y el campesino, entre el político y sus clientes, para realizar todo el ‘trabajo sucio’; en segundo lugar, para ser el blanco de la indignación de la población rumana insatisfecha, para ser el eterno chivo expiatorio" (20).

Reiterando la afirmación de que la situación de los judíos expresaba de forma extremadamente clara la situación general de Rumania, Trotsky dice que "las condiciones de parálisis feudal, restricción legal, corrupción política y burocrática no sólo degradan económicamente a las masas judías, sino que también promueven su degradación espiritual. Puede haber innumerables argumentos para decir que los judíos son una nación aparte, pero es un hecho incuestionable que los judíos reflejan las condiciones económicas y morales del país en que viven y que igualmente aislados artificialmente de la mayoría de la población, pertenecen integralmente a ella (21).

Trotsky llegó a los siguientes números sobre la composición social de los judíos, basándose en sus propias investigaciones: Los judíos constituían el 4% de la población rumana. Debido a las restricciones legales que pesaban sobre ellos, con la prohibición de poseer tierras, vivir en las aldeas y una limitación sobre la cantidad de tierra que podían arrendar, 4/5 de los judíos vivían en las ciudades. La concentración de los judíos en las ciudades los transformaba en un factor bastante importante en la vida del país. Pero Trotsky alerta que "es superfluo decir hasta qué punto carece de lógica tipificar el judaísmo rumano como una clase explotadora (...) La mayor parte de los judíos estaba asentada en Moldavia y estaba compuesta por pequeños artesanos: costureros, zapateros, relojeros y finalmente aquellos seres que constituían una incógnita no sólo desde el punto de vista económico sino también desde un punto de vista fisiológico, o sea que su posibilidad de existencia física constituye una incógnita" (22).

Trotsky señala que la mitad de la población judía de Rumania estaba compuesta por familias de obreros y pequeños artesanos (30.000 familias o 150.000 almas). La otra mitad de la población judía estaba dividida entre varias ocupaciones, como propietarios de pequeños comercios, industriales, prestamistas, cerca de 500 médicos, 40 abogados, algunos ingenieros y un total de 2 profesores.

Los judíos de Rumania, dice Trotsky, eran víctimas de un sistema social y hasta de una maniobra diplomática internacional, por no decir conspiración, como demostraban los eventos de 1878. Durante el Congreso de Berlín, realizado ese año, estadistas de Europa occidental, y Bismark en particular, impusieron la igualdad de derechos de los judíos de Rumania como pre-condición para garantizar la independencia de ese Estado. Pero luego quedó claro, dice Trotsky, que la verdadera preocupación de Bismark era la adquisición a precios elevados, por parte de Rumania, de las participaciones de los banqueros alemanes, muchos de los cuales eran judíos, en los ferrocarriles rumanos, que hasta ese momento sólo habían dado pérdidas.

La "pre-condición judía" fue rápidamente olvidada ni bien la transacción comercial fue resuelta satisfactoriamente para Bismark. De esa forma, el gobierno rumano reconoció, en 1879, que la religión no podía ser un obstáculo para obtener los derechos civiles en Rumania y emancipó a los 900 judíos que lucharon en la guerra ruso-turca de 1876-1878. Luego de que las potencias occidentales desviaron sus ojos del "problema judío", la monarquía maniobró para mantener a sus judíos en su tradicional estado de opresión, estableciendo que ellos eran ciudadanos extranjeros y sólo podían naturalizarse individualmente.

Cada judío como individuo debía presentar un pedido de naturalización que, tras pasar por toda la burocracia del Estado, demandaría de 15 a 30 años y una suma de dinero para soborno fuera del alcance de la mayoría. En los 34 años siguientes a la promulgación de la ley se emanciparon no más de 400 judíos. Por lo tanto, de los casi 300.000 judíos rumanos, en 1913, quedaban aproximadamente 450 judíos emancipados desde 1879 (la otra mitad ya había fallecido) y otros 400 más obtuvieron su emancipación individual. Los otros 299.150 permanecieron como antes.

Por lo tanto Trotsky, en este artículo, investigó la historia más reciente de la región, la tentativa de emancipación de los judíos de 1879 y, quejándose de la falta de un censo oficial, investigó los números de la población judía y su composición social. Trotsky criticó al gobierno rumano y demostró una gran solidaridad con los judíos y la injusticia practicada contra ellos.

Glotzer cuenta que Trotsky estaba shoqueado por el salvajismo del antisemitismo oficial de la monarquía rumana y por la indiferencia de Europa y de los judíos europeos frente al sufrimiento de los judíos de los Balcanes. En esa región atrasada de Europa, principalmente en Rumania, el antisemitismo se había vuelto, en palabras de Trotsky, "una religión de Estado".

Como dice Harari, "el artículo es un testimonio muy importante de la actitud de Trotsky con relación a la cuestión judía y hasta hoy continúa siendo actual para todos aquellos a quienes les importa el destino de los judíos y ven que éste es determinado en gran medida por las intrigas de los grandes Estados" (23). Según Glotzer, causa extrañeza a los historiadores del socialismo que se ocuparon de la "cuestión judía" que Trotsky interviniese tanto sobre el asunto, ya que no se consideraba judío (24). Para Knei-Paz, la sensibilidad de Trotsky en ese artículo para con el sufrimiento de los judíos, que considera uno de los mejores artículos de Trotsky sobre la "cuestión judía", casi produce la impresión en el lector de que Trotsky se identificaba no sólo con "el sufrimiento" sino con "el sufridor", el judío (25).

Concluyendo el artículo, Trotsky nota que hasta el momento los judíos no habían conseguido organizarse para una acción política efectiva. Habían formado una "Unión" que basaba su programa en la aproximación con la oligarquía gobernante y el patriotismo rumano. Trotsky llega a la conclusión de que era obligación del partido del proletariado luchar para integrar en sus filas, y desde un punto de vista político, a todos los elementos "cuya existencia y desenvolvimiento no se moldeaban al régimen existente" (26). La socialdemocracia era la única defensora de los derechos de los judíos en general (no sólo de los trabajadores), ya que los otros partidos existentes, conservadores y liberales, no tenían un compromiso siquiera con la lucha por un gobierno democrático en Rumania.

Durante la revolución y la guerra civil en la URSS

Trotsky no escribió sobre la cuestión judía durante el período de la revolución y la guerra civil en Rusia. Pero la cuestión judía, por lo que revela su autobiografía, entre otros estudios, estaba presente en lo cotidiano de ese período agitado. Trotsky, en Mi Vida, escribió que un día después de la revolución de octubre rechazó el importante cargo de Comisario de Asuntos Internos (ministro del Interior), que Lenin insistía tomara a su cargo, para "no colocar en las manos de los enemigos un arma como mi judaísmo".

Trotsky explica su actitud diciendo que "ya había mencionado que la instancia nacional, tan importante en la vida de Rusia, no había cumplido papel alguno en mi vida. En mi juventud los impulsos nacionales y pre-conceptos irracionales ya me parecían incomprensibles, y en algunos casos me causaban repugnancia. La educación marxista profundizó ese estado de ánimo y lo convirtió en internacionalismo activo. La vida en diversos países, el conocimiento del idioma, de la política y de la cultura de cada uno, hicieron que ese internacionalismo penetrase en mi carne y en mi sangre. Y si en el año 1917, y posteriormente, utilicé mi judaísmo como argumento para no aceptar alguna nominación, lo hice sólo por consideraciones políticas" (27).

Cuando la prensa mundial se refería a la Revolución Rusa casi siempre mencionaba el origen judío de Trotsky, uno de sus principales líderes. La prensa judía, dice Glotzer, expresaba orgullo por los orígenes judíos de Trotsky, a pesar de que casi siempre condenaba su bolchevismo (!)(28), mientras que Trotsky intentaba desvincular su imagen de la de un judío. Cuando en 1918 una delegación de judíos pidió a Trotsky usar su influencia con los bolcheviques para que fuese mantenida la igualdad de derechos que la revolución de febrero les había concedido por primera vez en la historia de Rusia, Trotsky respondió: "No soy un judío sino un internacionalista". Notamos que la intención de Trotsky tampoco era oponerse a los derechos de los judíos. Trotsky resaltó, en su Historia de la Revolución Rusa, para mérito de la revolución de febrero, que abolió las 650 leyes restrictivas de los derechos judíos en Rusia.

El rabino-jefe de Moscú, Jacob Maze (a veces escrito como Mazeh), en 1921 "en la cúspide de su poder político, después de la consolidación de la revolución bolchevique, lo visitó en nombre de los judíos privados nuevamente de muchos derechos (...) [la campaña anti-religiosa era dirigida indiscriminadamente contra todas las religion es, NdA]. Trotsky respondió: "Yo soy un revolucionario y bolchevique, no un judío". Rabbi Maze retrucó: "Los Trotskis hacen la revolución y los Bronsteins pagan la cuenta". Antes de ese episodio, consta que Trotsky le dijo a un grupo de judíos que lo visitó, que "los judíos no le interesaban más que los búlgaros". Según Vladimir Medem, Trotsky dijo que no se consideraba ni judío ni ruso, apenas un socialdemócrata (29).

De hecho, había una campaña antisemita dentro de Rusia, y fuera también, dirigida contra la revolución. "En el auge de la guerra civil, la agencia de noticias blanca, en Yekaterinburg, publicó un panfleto titulado ‘Tristes Recordaciones sobre los bolcheviques’. Su autor, Sergei Auslender, pintó el perfil de los líderes bolcheviques, sobre todo el de Trotsky: ‘Ese especulador internacional subyugó a Rusia, está fusilando a los viejos generales del ejército, vive en el palacio del Kremlin y comanda el ejército ruso... El sabe cómo extraer lo que hay de peor y más podrido en sus esclavos’. En noviembre de 1921, un panfleto titulado ‘Bolchevismo judío’ fue publicado en Munich con un prefacio de Alfred Rosenberg, el ideólogo nazi. El objetivo de ese trabajo era mostrar que la Revolución Rusa, en su contenido, ideas y liderazgo, era profundamente judía: ‘Desde el día de su surgimiento, el bolchevismo es una empresa judía’. Manipulando el número de Comisarios del Pueblo judíos, Rosenberg intentó mostrar que ‘la dictadura proletaria sobre el pueblo arruinado, semi-hambriento, fue un plan trazado en los albergues de Londres, Nueva York y Berlín’. Sus principales ejecutores también eran judíos, el principal entre ellos, Trotsky-Bronstein, y su objetivo era la revolución mundial. Ese tipo de calumnia tenía por objetivo desacreditar no sólo a la revolución sino también a sus líderes" (30).

Mandel sugiere que Trotsky era más conciente que el propio Lenin (que como líder de la revolución y jefe del nuevo Estado soviético se mostró un riguroso e incansable combatiente del antisemitismo) de los horrores potenciales del antisemitismo en Rusia (31). La preocupación de Trotsky por evitar, de todas las maneras, actitudes que pudieran dar margen a nuevas irrupciones de antisemitismo en Rusia se mostró justificada durante la guerra civil. Durante ese período, los ejércitos blancos de Petlioura y Koltchak, con la ayuda del ejército anarquista anti-bolchevique de Nestor Makhno, dejaron en Ucrania un saldo de más de 1.000 pogroms, 125.000 judíos muertos y 40.000 heridos, sin contar la destrucción general causada por los saqueos (32). Para Wistrich, los ataques a los judíos durante la guerra civil "eran, por lo menos en parte, una reacción contra el ‘Zhid’ Trotsky y los ejércitos bolcheviques bajo su comando" (33). Lo que sugiere Wistrich debe ser tomado en consideración. Significa que los pogroms de los bandos blancos y anti-bolcheviques en general fueron, en gran medida, un acto de venganza contra una revolución que veían como "obra de judíos". Según Mandel, las masacres de los blancos dejaron "el mayor número de víctimas judías antes de la masacre nazi" (34).

Pero el antisemitismo no era exclusividad de los opositores de la revolución de octubre. Existía dentro de Rusia como herencia del zarismo, y Trotsky se vio obligado a combatirlo dentro del propio Ejército Rojo. Como jefe del Ejército, Trotsky llegó a mandar a los judíos al frente de batalla para evitar comentarios antisemitas que acusaban a los judíos de permanecer en los bastidores, en cargos administrativos, y no tomar las armas para defender la revolución. Trotsky permitió, a pedido del partido sionista de Rusia, la formación del batallón Poale Sion, pero, conciente del antisemitismo de sus soldados, sugirió que los batallones judíos entrasen en aquellos regimientos donde hubiese también batallones de otras nacionalidades, para "evitar el chauvinismo que resulta de la separación de las nacionalidades, y que infelizmente surge cuando se constituyen unidades militares nacionales totalmente independientes" (35).

Antes de la revolución, era generalizada la creencia de que los judíos eran "cobardes" y evitaban el servicio militar, lo que explica que Trotsky, como jefe del Ejército Rojo, fuese visto como un "ruso auténtico", "un luchador", "uno de los nuestros", según un cosaco citado en Mi Vida. Las palabras del cosaco no constituían un caso aislado. Otros ejemplos semejantes aparecen en la literatura de ficción de la época. En un cuento de la conocida escritora Seipulina, un campesino decía: "Trotsky es uno de los nuestros, él es ruso y bolchevique. Lenin es judío y comunista". En Sal, de Isaac Babel, publicado originariamente en 1923, una mujer, que tiene su sal (un producto escaso en la época) requisada por un soldado, le dice: "Yo perdí mi sal, lo reconozco y no temo la verdad. Pero a ustedes sólo les preocupa salar los a zhid Lenin y Trotsky". El soldado: "Que en este momento no se hable de los judíos, ciudadana saboteadora; los zhids no tienen nada que ver con eso y a propósito, ya que habla de Lenin, no tengo nada que decir, pero si se trata de Trotsky, él es descendiente del heroico y temido gobernador de Tambov..." (36).

En ese momento de revolución y guerra civil, Trotsky lidió con el problema antisemita, en la medida en que se imponía en los pogroms de los ejércitos adversarios, en la propaganda anti-bolchevique y dentro del propio Ejército Rojo. Más tarde, Trotsky dirá que el antisemitismo constituyó un problema con el que resultó, en verdad, difícil lidiar y combatir durante el reflujo revolucionario del período stalinista.

En el exilio

El próximo escrito de Trotsky dedicado a la "cuestión judía" fue una carta-respuesta al Klorkeit ("Claridad", en idisch, el órgano del grupo judío de la Oposición Comunista de Izquierda de Paris) escrita desde el exilio, en Turquía, el 10 de mayo de 1930 y publicada en Klorkeit, Nº 3, Paris, mayo de 1930, con el título "El papel de los trabajadores judíos en el movimiento general de los trabajadores de Francia".

Trotsky agradece al grupo por una carta, que le llevaba informaciones, por primera vez, sobre el estado del movimiento obrero judío en Europa Occidental. En su respuesta, Trotsky explica el papel especial que los 60.000 obreros judíos podrían ejercer en el movimiento obrero de Francia, por su situación de inmigrantes y por su posición entre las camadas más bajas del proletariado francés, mal organizado y que carecía de la influencia internacionalista y del ánimo de lucha típicos del obrero judío. Trotsky usa el ejemplo del Bund para alertarlos contra el papel que no debe cumplir la prensa idische: "Es claro que no servirá arrancar a los trabajadores judíos del movimiento obrero de cada país específico, como fue el caso con la prensa del ‘Bund’ judío, sino por el contrario, aproximarlos a lo cotidiano de esa clase obrera" (37).

Purgas y antisemitismo

En 1936 comenzaron los "Procesos de Moscú", juicios farsescos contra la Oposición que Stalin en ese momento quería eliminar. La fabricación de los procesos, con pruebas falsas y la utilización del antisemitismo para dar mayor "legitimidad" a la condena del acusado, llevó a Trotsky a comparar los "Procesos de Moscú" con otros juicios antisemitas ocurridos en la historia: los casos Beillis y Dreyfus.

Los métodos (antisemitismo, acusaciones falsas y sensacionalismo) y los objetivos (desviar la atención de las masas de los verdaderos culpables y los reales problemas del país) eran tan semejantes en los dos casos, que Trotsky afirmó que los casos Beillis y Dreyfus fueron los antecedentes históricos de los "Procesos de Moscú". Como dice Volkogonov, "los procesos de Moscú no fueron apenas una purga general, fueron realizados para destruir a Trotsky moral, política y psicológicamente; la orden para aniquilarlo físicamente ya había sido dada mucho antes" (52).

El Estado soviético promovía el antisemitismo general del país y perseguía a los judíos (Trotsky y los opositores no eran los únicos judíos perseguidos, ni el antisemitismo stalinista concluyó luego de su eliminación: vease el caso del "Complot de los Médicos" en 1952 y el destino de Leopold Trepper, a manos de la policía rusa después de la Segunda Guerra Mundial, entre otros tantos ejemplos), al mismo tiempo que condenaba a muerte a los antisemitas. Stalin mantuvo la orden de condenar el antisemitismo mientras lanzaba su propia campaña antisemita. Según Vaksberg, no fueron sólo los procesos antisemitas las que crecieron en los años treinta, sino también los propios anti antisemitas (53). El Estado soviético fingía combatir el antisemitismo mientras promovía el antisemitismo.

Los procesos de Moscú consiguieron reunir las dos acusaciones *judaísmo y antisemitismo*... en la misma víctima: "El último proceso de Moscú, por ejemplo, fue escenificado con la intención muy mal encubierta de presentar a internacionalistas como judíos infieles capaces de venderse a la Gestapo alemana. Desde 1925 y principalmente desde 1926, la demagogia antisemita, bien camuflada, inatacable, se da de la mano con juicios simbólicos contra supuestos pogromistas" (54).

En la medida en que el dictador derrotó a Trotsky y sus aliados con métodos antisemitas, es lícito indagar si Trotsky fue derrotado porque era judío, como sostienen Wistrich y Volkogonov. Wistrich afirma inclusive que Winston Churchil no tenía dudas de que el judaísmo de Trotsky fue central para su derrota: "El era además un judío. Nada podía alterar eso", diría el estadista británico (55).

Birobidjan

La idea de crear un territorio judío en la Unión Soviética surgió en los círculos del Partido Comunista en 1925. El 4 de septiembre de 1926, la sección judía del partido, Yevsektsia, adoptó una resolución declarando deseable el establecimiento de un territorio autónomo judío. El 28 de marzo de 1928 quedó oficialmente decidido por el Presidium del Comité Ejecutivo de la URSS, orientar toda colonización judía para la región de Birobidjan, en Siberia oriental, cerca de China y el Río Amur.

Según Weinstock, el territorio autónomo judío fue creado de manera puramente administrativa. Los verdaderos interesados no fueron consultados y la iniciativa contó con la oposición de una parte de la OZET (organización de colonización agrícola judía en la URSS). Birobidjan, que debería abrigar a las colonias agrícolas judías, estaba situado en una región siberiana árida, escogida en razón de intereses estratégicos: poblar el extremo oriente ruso e impedir el avance chino.

Dice Weinstock: "Según los planificadores, a lo largo del primer plan quinquenal debía surgir de la nada un centro birobidjanés con decenas de miles de colonos judíos. Esas visiones utópicas no se condecían con la dura realidad. Las condiciones climáticas y económicas eran tan rigurosas que dos tercios de los colonos retornaron a sus hogares. Lo que no impidió que Birobidjan fuese declarado ‘Distrito autónomo judío’ el 31 de octubre de 1931. De 1928 a 1933 cerca de 20.000 judíos se instalaron allí definitivamente. Cuando la región fue proclamada ‘Provincia autónoma’ el 7 de mayo de 1934, su población judía no pasaba de un quinto del total de habitantes. (Llegó a 23,8% en 1937). A fines de 1937 contaba con 20.000 judíos birobidjanos, estando apenas el 5% empleado en la agricultura" (70).

En 1937, interrogado sobre su visión de la creación de la "Provincia autónoma" judía de Birobidjan, Trotsky respondió que no poseía información privilegiada (recordemos que Trotsky dejó la URSS en el período de la creación del proyecto), pero que su evaluación personal era que aquella sólo podía ser una experiencia muy limitada. Trotsky reconocía que para que los judíos mantuvieran una existencia nacional normal les faltaba un territorio propio. Pero la URSS, dice Trotsky, incluso en un estadio de desarrollo socialista mucho más avanzado que el entonces existente, aún sería muy pobre para resolver su propio problema judío (71).

Trotsky no se oponía a la idea general contenida en el proyecto de Birobidjan: "Ningún individuo progresista y que usa el cerebro podrá hacer objeción a que la URSS designe un territorio especial para los ciudadanos que se sienten judíos, usan la lengua judía preferentemente respecto a cualquier otra y desean vivir como una masa compacta". Pero tampoco cerraba los ojos para los grandes problemas que envolvía la creación de la "Provincia autónoma" y al hecho de que "inevitablemente reflejará todos los vicios del despotismo burocrático" (72).

Birobidjan no iba a producir las condiciones materiales para el desarrollo cultural judío y por lo tanto no realizaría aquello que, según Trotsky (en carta de 1934), sería la obligación de un gobierno proletario: "El sionismo aleja a los trabajadores de la lucha de clases a través de la esperanza irrealizable de un Estado judío bajo el capitalismo. Pero es obligación de un gobierno obrero crear para los judíos, así como para cualquier otra nación, las mejores circunstancias para su desarrollo cultural. Eso significa, ‘inter ali’: proveer, para aquellos judíos que así lo desean, sus propias escuelas, su propia prensa, su propio teatro, etc.; un territorio separado para su desarrollo y administración propias. El proletariado internacional se comportará de la misma forma cuando sea la dirección de todo el globo. En la esfera de la cuestión nacional no debe haber restricción; por el contrario, debe haber una asistencia material plena para las necesidades culturales de todas las nacionalidades y grupos étnicos. Si este o aquel grupo nacional está predestinado a desaparecer (en el sentido nacional), entonces deberá ser por un proceso natural, nunca como consecuencia de dificultades territoriales, económicas o administrativas" (73).

Además de las mencionadas dificultades, Birobidjan quedaba muy lejos de Moscú o cualquier otro centro urbano importante. Sobrevivir allí no era fácil y reemprender la vida en la ciudad de origen era más difícil aún, motivo por el cual Birobidjan fue frecuentemente comparado con un gueto. Pero durante la Segunda Guerra Mundial, Birobidjan, en palabras de Pierre Teruel-Mania, pasó de gueto a un verdadero campo de concentración. Con el avance de las tropas nazis, la URSS evacuó toda una población de Polonia ocupada por el Ejército Rojo (cerca de un millón de judíos), transportándola a la fuerza en vagones de carga hasta los Urales y Siberia.

El motivo de ese desplazamiento forzado habría sido la desconfianza de Stalin de que los polacos, inclusive los judíos entre ellos, podían apoyar la invasión nazi contra la Unión Soviética. Stalin, sin proponérselo, salvó a esos judíos de morir en los campos de concentración y exterminio nazis. Pero, por otro lado, los confinó y dejó morir de hambre y frío en las regiones semi-desérticas de Siberia, en particular en Birobidjan. El número de muertos, según los sobrevivientes, llegó a las 600.000 almas o más. "Lo cierto es que en 1946, cuando los polacos ‘refugiados de la URSS’ fueron autorizados a volver a casa, no se contaba con más de 150.000 judíos. Centenas de miles perecieron de frío y de hambre en el gueto de Birobidjan, en Siberia oriental *de hecho, un campo de concentración" (74).

El nazismo

Trotsky fue, seguramente, el primer líder político (de cualquier ideología) en alertar al mundo de dos peligros representados por el ascenso del nazismo en Alemania: una nueva guerra mundial y el exterminio físico de los judíos. En junio de 1933, Trotsky escribía que "el plazo que nos separa de una nueva catástrofe europea está determinado por el tiempo necesario para el rearme alemán. No se trata de meses pero tampoco de años. Si Hitler no es detenido a tiempo por las fuerzas internas de Alemania, algunos años bastarán para que Europa se encuentre nuevamente arrojada a una guerra" (75). El cambio de actitud de los jefes nazis, que en ese momento hacían declaraciones pacifistas, sólo podía "asombrar a los más bobos", dijo Trotsky. Los nazis recurrirían a la guerra como única forma de responsabilizar a los enemigos externos por los desastres internos. En palabras de Volkogonov, "Trotsky previó la Segunda Guerra Mundial en el inicio de la década de 1930" (76).

En el análisis de Trotsky, Hitler, en toda su mediocridad, no creó política o teoría propia; su metodología política fue prestada de Mussolini, que conocía la teoría de la lucha de clases de Marx lo suficientemente bien como para utilizarla contra la clase trabajadora. Su teoría de raza, la debía a las ideas de racismo de un diplomático y escritor francés, el conde Gobineau. La habilidad política de Hitler consistió en traducir la "ideología del fascismo al idioma del misticismo alemán" y así movilizar, como hizo Mussolini en Italia, las clases intermedias contra el proletariado (el único que podría haber barrido con el avance nazi).

Dice Trotsky que antes de convertirse en poder de Estado, el nacional-socialismo prácticamente no tenía acceso a la clase trabajadora. Tampoco la gran burguesía, incluso aquella que apoyaba al nacional-socialismo con su dinero, veía a aquel partido como suyo. La base social sobre la cual el nazismo se apoyó para su ascensión fue la pequeña burguesía, arrasada y pauperizada por la crisis en Alemania. Fue también en ese medio que los mitos antisemitas encontraron su campo de propagación más fértil.

"El pequeño burgués necesita una instancia superior, más allá de la naturaleza y de la historia, para protegerse de la competencia, la inflación, la crisis y la venta en remate público. A la evolución, a la concepción materialista, al nacionalismo *en los siglos XX, XIX y XVIII* se opone el idealismo nacional como fuente de inspiración heroica. La nación de Hitler es una sombra mitológica de la propia pequeña burguesía, delirio patético que le muestra su reinado milenario sobre la Tierra. Para elevar a la nación por encima de la historia, se le da el apoyo de la raza. La historia es considerada como la emanación de la raza. Las cualidades de la raza son construidas independientemente de las diversas condiciones sociales. Al rechazar la concepción económica como inferior, el nacional-socialismo desciende a una etapa más baja: del materialismo económico recurre al materialismo zoológico (...) Del sistema económico contemporáneo, los nazis excluyen al capital usurario y bancario como si fuese el demonio. Ahora bien, es precisamente en esa esfera donde la burguesía judía ocupa un lugar importante. Los pequeños burgueses se inclinan delante del capital en su conjunto, pero declaran la guerra al maléfico espíritu de acumulación bajo la forma de un judío polaco con una larga capa pero que, muy frecuentemente, no tiene un centavo en sus bolsillos. El pogrom se convierte en la prueba más elevada de la superioridad de la raza" (77).

La verdadera causa del éxito de Hitler, según Trotsky, no fue la fuerza de su ideología sino la falta de una alternativa: "No hay ninguna razón para ver la causa de esos fracasos [de las Internacionales socialista y comunista, NdA] en la potencia de la ideología fascista. Mussolini jamás tuvo ideología alguna y la ideología de Hitler nunca fue tomada en serio por los obreros. Las capas de la población que en un momento dado fueron seducidas por el fascismo, principalmente la clase media, ya tuvieron tiempo de desilusionarse. El hecho de que la pequeña oposición existente se limite a los medios clericales protestantes y católicos, no se explica por la potencia de las teorías semi delirantes, semi charlatanas de la ‘raza’ y de la ‘sangre’, sino por el quiebre estrepitoso de las ideologías de la democracia, de la socialdemocracia y del Comintern" (78).

El segundo pronóstico de Trotsky *el exterminio de los judíos* estaba relacionado con su pronóstico de la irrupción de una nueva guerra mundial, pero no dependía de ésta. En 1938, Trotsky afirmaba que "el número de países que expulsa a los judíos crece sin parar. El número de países que pueden aceptarlos decrece... Podemos, sin dificultad, imaginar lo que espera a los judíos con el mero inicio de la próxima guerra mundial. Pero igualmente sin guerra, el próximo desarrollo de la reacción mundial significa con seguridad el exterminio físico de los judíos" (79). Estas líneas fueron escritas, como recuerda Harari, "bien antes de que los hornos de Hitler comenzasen su tarea, cuando el mundo entero era indiferente en relación al problema de los judíos" (80).

En el mismo artículo, de diciembre de 1938, Trotsky no sólo alerta contra el peligro del exterminio de los judíos, sino también contra la proximidad de esa catástrofe, y lanza un llamamiento a todos los elementos progresistas para que fueran al auxilio de la revolución mundial. Para los judíos, incluyendo a su burguesía, esta tarea era prácticamente una obligación, ya que, en un momento en que Palestina aparecía como una "trágica ilusión", Birobidjan como una "farsa burocrática" y los países de Europa y del nuevo mundo cerraban sus fronteras para la inmigración judía, sólo la revolución podía salvarlos de la masacre: "La Cuarta Internacional fue la primera en proclamar el peligro del fascismo e indicar el camino para la salvación. La Cuarta Internacional llama a las masas populares a no dejarse engañar para encarar abiertamente la realidad amenazadora. La salvación reside sólo en la lucha revolucionaria... Los elementos progresistas y perspicaces del pueblo judío tienen la obligación de venir al auxilio de la vanguardia revolucionaria. El tiempo apremia. Un día ahora equivale a un mes o hasta un año. Lo que hagan, ¡háganlo rápido!" (81).

Al contrario de los autores que afirman que el pronóstico tan preciso de Trotsky no tenía implicancias prácticas, o que Trotsky no dio soluciones a la altura de sus previsiones (82), Peter Buch escribe que "para Trotsky no era cuestión de ‘esperar’ por el socialismo. Eran necesarias medidas prácticas para salvar a los judíos de los carniceros nazis. Con la derrota de la revolución socialista en Europa, solamente una campaña internacional poderosa para revelar los verdaderos planes de Hitler y forzar a los países de Occidente a abrir sus puertas y ofrecer asilo a los judíos, principalmente EE.UU. e Inglaterra, podía ayudar a los judíos. Trotsky planteó una acción masiva por la demanda de asilo para los judíos amenazados. Tal demanda era capaz de unir a todos los verdaderos opositores al fascismo, socialistas o no, en un movimiento de masas que podría haber salvado a millones de las cámaras de gas..." (83).

Trotsky no veía la amenaza de exterminio de los judíos como producto de las características intrínsecas y pluriseculares del pueblo alemán *como afirma una corriente historiográfica del nazismo y, más recientemente, Daniel J. Goldhagen (84)*, sino como un problema creado por el capitalismo como un todo, siendo que la "cuestión judía es más crítica en el país capitalista más avanzado de Europa, Alemania" (85). Isaac Deutscher recuerda que "en una frase memorable, animada por la premonición de las cámaras de gas, Trotsky resumió así la esencia del nazismo: ‘Todo lo que la sociedad, si se hubiese desarrollado normalmente (por ejemplo, en dirección al socialismo), debería haber expulsado... como el excremento de la cultura, está ahora brotando por su garganta: la civilización capitalista está vomitando la barbarie no digerida’..." (86). Trotsky escribió sobre el peligro del antisemitismo en Estados Unidos si llegara a tornarse tan crítico o peor que en Alemania: "La victoria del fascismo en ese país [Francia, NdA] significaría el fortalecimiento de la reacción, y el crecimiento monstruoso del antisemitismo violento en todo el mundo, sobre todo en Estados Unidos" (87). Pasajes como éste son sintomáticamente olvidados por aquellos que no consiguen explicarlos o ridiculizarlos.

En una carta a Glotzer, escrita el 14 de febrero de 1939, Trotsky va un poco más lejos en su previsión de la irrupción de un antisemitismo violento en Estados Unidos: "Hay 400.000 judíos en Palestina, pero Ruskin y sus asociados pretenden llevar allí 500.000 más. (¿Cómo? ¿Cuándo?) Yo le respondí que estaban preparando una bella trampa a los judíos en Palestina. Antes de trasladar a esas 500.000 personas, tendremos una cuestión palestina interna con los 2.500.000 judíos de Estados Unidos. Con la declinación del capitalismo americano, el antisemitismo se volverá más y más terrible en Estados Unidos *en todo caso, más importante que en Alemania. Si la guerra viene, y vendrá, un gran número de judíos caerá como las primeras víctimas de la guerra y serán prácticamente exterminados". Glotzer tanto glorifica a Trotsky por su previsión de la solución final, como lo ridiculiza por sus visiones del antisemitismo en Estados Unidos: "Trotsky estaba totalmente fuera de la verdadera América. Allí sus abstracciones no le sirvieron" (88).

Para Traverso, basta recordar que Trotsky denunciaba constantemente el cierre de las fronteras de los países de Europa y Estados Unidos para la inmigración judía *una acción criminal de las democracias occidentales a la altura del bandidaje del propio nazismo*, para notar que "la referencia implícita a Estados Unidos, que se oponía a acoger a los judíos europeos amenazados por Hitler, demuestra que Trotsky veía en el antisemitismo un producto del sistema imperialista como un todo, y no exclusivamente la consecuencia del delirio nazi" (89). Se debe recordar que no fueron sólo las democracias occidentales las que cerraron sus fronteras para la inmigración de los judíos huyendo del nazismo. "Antes de la firma del pacto Hitler-Stalin, durante la persecución de los judíos en Alemania, Austria y Checoslovaquia, la URSS stalinista era el único país de Europa *hasta la España franquista concedía el derecho de asilo a los judíos* en negar asilo a los judíos perseguidos por Hitler" (90).

Fuente (artículo completo): http://archivo.po.org.ar/edm/edm27/trotskyy.htm
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Mensaje por Mark Goldstein el Miér Feb 05, 2014 4:36 am

El Estalinismo es la traicion al socialismo como los socialdemocratas


Viva la Mother Russia

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Mensaje por CamiloTorres el Miér Feb 05, 2014 11:47 am

Mark Goldstein escribió:El Estalinismo es la traicion al socialismo como los socialdemocratas  


Dinámica de la población y la dispersión de los Judios de Belarús en el siglo XX escribió:
Durante los años 1921-1939 la ocupación Judios en las regiones occidentales de Belarús mantuvo tradicional: que en su mayoría vivían en ciudades y pueblos compactos. Siete localidades Judios predominaron, lo que representa más del 75% (ciudades Dyatlovo, Skidel Ivie, Shchuchin Antopil, Kamenetz, High-Litovsk). Diecinueve ciudades proporción de Judios estaba dentro de 60 a 75%, y nueve - superó el 50%. Las mayores comunidades existieron en Brest (15.630 personas), Pinsk (17.513) y Grodno (18.697 personas) 23 .

Un rasgo característico de la diáspora en Bielorrusia Occidental fue alta seguridad, a diferencia de las regiones del este del país, el shtetl judío tradicional - shtetl. El proceso de concentración de Judios en la ciudad se mantuvo  y toda la comunidad judía local es relativamente estable, la migración interna siguió siendo insignificante. Sin embargo, los 1920-1930-s se caracterizan por la emigración a gran escala de 1921 a 1937 a los EE.UU., América Latina y Europa emigraron de Polonia 395.000 Judios 1923-1937, se trasladaron a Palestina más de 270.000 Judios polaco . Cierta parte de los emigrantes eran Judios en Bielorrusia occidental.

En el otoño de 1939, después de la Pacto Ribbentrop-Mólotov , Bielorrusia Occidental volvió a entrar en el BSSR. Formalmente, la asociación territorial derivada de la república, unida y de la diáspora judía. Pero en realidad no lo era. Hace cerca de 20 años de existencia separada de los diversos estados entre los dos grupos de Judios han acumulado importantes diferencias: las regiones del este de judío era más urbanizada, atrapados en el proceso de modernización y absorben los muchos valores soviéticos. Indicativo en este sentido los siguientes datos. En las regiones occidentales de Belarús se ha mantenido en gran medida el compromiso con el idioma nativo de los Judios (en 1931 el 88,9% de los Judios reconocido nativa Yiddish 25 ), mientras que en las regiones del este es su rápida aculturación (si en 1926 el 90% de los Judios llamó su lengua materna al yiddish, y luego en 1939 - sólo el 55%)  .

A lo largo de 1939-1941, las diferencias disponibles comenzaron a desaparecer, pero el proceso era claramente la influencia de un solo lado era mucho más fuerte "este" a "al oeste". En primer lugar, se manifiesta en el movimiento migratorio. En la región occidental de Belarús llegaron los llamados orientales (hasta el 10-20% de ellos eran Judios ). El reasentamiento de los judios "occidentales" instalada en el este de forma artificial y estaba regulado estrictamente; da permiso para salir eEsto dificultó la erosión de la diáspora judía en Bielorrusia occidental, ayudó a preservar su estabilidad relativa. Sin embargo, su movimiento hacia la modernización era inevitable en el contexto de la política general de la sovietización. Y, sin embargo, esta fusión de dos partes de la población judía de Bielorrusia a la II Guerra Mundial no fue así, la comunidad judía local y no fue asimilada.

Población judia en belarus en 1939-1940 aumentó temporalmente debido a los refugiados procedentes de Polonia. A principios de 1940, en Bielorrusia se han registrado 72.896 refugiados, entre ellos 65.796 Judios (90,2%)  . En la región de Vitebsk de febrero 1940 se reporto la llegada de 3.820 refugiados judíos,en Mogilev - 3.570 personas,en Gomel - 1.391 personas  . La mayor parte de los refugiados fueron tomadas durante el verano de 1940 la evacuacion en junio de 1941. Junto con los refugiados fueron sometidos a deportación y otros grupos de Bielorrusia Occidental (miembros de partidos políticos, empresarios, etc.). .

El ataque de la Alemania nazi contra la Unión Soviética y los años de la ocupación nazi tuvo consecuencias trágicas para la población judía. La evacuación se llevó a cabo en un apuro. El rápido avance del enemigo para movilizar e impedir la evacuación en las regiones occidentales. Los datos precisos sobre el número de Judios lograron salir del país antes de que fuera ocupada por los nazis, no. Los cálculos aproximados muestran que de las zonas capturadas antes de finales de junio de 1941, fue evacuado por alrededor de 11% de todos los Judios de las áreas ocupadas por 1941 mediados de julio - 43-44%, y por último, de la parte oriental del país, fueron rescatados cerca de 63 - 64% .

Hasta ahora, la pregunta sobre el número de víctimas del Holocausto en Bielorrusia sigue siendo uno de los más complejos y controvertidos. Comisión Estatal Extraordinaria de investigación y el establecimiento de las atrocidades de los agresores fascistas y sus cómplices no están especialmente interesados ​​en hacer preguntas sobre la composición étnica de las víctimas del nazismo. De acuerdo con la conclusión oficial de la comisión, en el territorio de la república durante la ocupación feron asesinados 1.409.225 civiles y prisioneros de guerra 810.091.

Los investigadores utilizaron diferentes métodos de cálculo de las pérdidas entre la población judía que vive en Bielorrusia dentro de sus fronteras actuales, dan las cifras más contradictorias. En la literatura histórica de Belarús moderna, estas pérdidas se estimaron 400 a 810 mil personas ​​. Según las estimaciones de EG Joffe, en Bielorrusia, teniendo en cuenta las áreas que formaban parte de la RSS de Bielorrusia en vísperas de la guerra (es decir, incluyendo la región Belostokskaya), durante la Gran Guerra Patriótica se mató a 946.000 Judios, 898.000 de ellosresultado directo de la "solución final de la cuestión judía" y 48.000 - en batalla . No hay consenso sobre el número de víctimas del Holocausto en Belarús y de investigadores extranjeros. P. Eberhardt dijo que la pérdida de la población judía durante la guerra ascendió a 520.900 personas aquí  . R. Hilberg estima la pérdida de 1 millón de personas (el mismo número aparece en la Enciclopedia del Holocausto) , y M. Gilbert - a 246.000 personas . Estudios recientes han demostrado que sólo en las zonas occidentales fueron asesinados de 528 a 569.000 Judios  .

La diferencia en los números se debe, en primer lugar, el hecho de que algunos investigadores está hablando de las pérdidas demográficas, mientras que otros lo llaman só muerto. En segundo lugar, la base de la mayoría de los métodos de cálculo basado en los más diversos datos sobre la población judía originales de Belarús en vísperas de la Gran Guerra Patria. , Información documentada completa sobre el cuantitativo y la composición nacional de la población a principios del verano 1941 no están disponibles. Para establecer el número exacto de Judios atrapados en el territorio ocupado, es extremadamente difícil. Por lo general, los investigadores están recurriendo a los datos del censo oficial: materiales polaco censo de 1931 y 1939 censo soviético, y luego compararlos con los resultados del primer censo posterior a la guerra en 1959. Ya en esta etapa del estudio parecen malos entendidos. Además, es necesario tener en cuenta los procesos migratorios que se producen antes y al comienzo de la guerra (un afluente a Bielorrusia en 1939-1940 refugiados de Polonia, llegada en la región "de Oriente" occidentales; deportación de la población del poder soviético; evacuación primeras semanas de la guerra)  Los resultados de estos movimiento para establecer el más difícil. Los intentos de determinar los historiadores, la población judía de Bielorrusia en vísperas de la guerra, el uso de las fuentes a menudo en conflicto, y llevado a la aparición de tan considerable discordia en las pérdidas estimadas de los Judios durante la ocupación.

Consecuencias demográficas del genocidio nazi expresan principalmente en una fuerte disminución de la proporción de Judios en la población del país (antes de la guerra - alrededor del 10%). De acuerdo con los cálculos de M. Kupovetsky entre los Judios que viven en regiones que se convirtieron en parte de la URSS en 1939-1940, asesinado el 86%, y entre los que vivían en el territorio de las fronteras de la URSS hasta 1939/36% 39 . Cabe señalar que las pérdidas durante la Segunda Guerra Mundial entre el primer grupo de Judios ("occidentales") y el segundo ("orientales") en Bielorrusia fue significativamente más alta que en otras repúblicas (Ucrania, Federación de Rusia, los Estados Bálticos, Moldavia). Jugó un papel fatal de las tropas alemanas velocidad de avance. La mayor parte de la población judía de la zona oeste de la RSS de Bielorrusia no ha tenido tiempo para evacuar y casi totalmente destruida. En la parte oriental de la situación es diferente. Aquí se llevó a cabo una gran escala la evacuación de judios, lo que permite a decenas de miles de Judios fueron más allá del alcance de los nazis. En Bobruisk mantenido ocupado alrededor del 52% de la población judía antes de la guerra en Mogilev - 44%, en Orsha - alrededor del 25%, en Vitebsk - aproximadamente 17-20%, en Gomel - 10%  . Pero en la mayoría de ciudades y pueblos pequeños evacuación no se llevó a cabo, y los intentos independientes para escapar Judios eran a menudo sin éxito. Por el contrario, en las regiones orientales de la RSS de Bielorrusia, matando a por lo menos el 50% de los Judios.

Después de la guerra, la diáspora judía de la República se ha ido recuperando poco a poco. En los pueblos y aldeas de los veteranos desmovilizados que regresan los evacuados y los residentes de Bielorrusia al este. Sin embargo, este proceso se ha retrasado.

Así, de acuerdo a los años 1944-1945, en Brest Judios fueron sólo 186 (0,45% de los residentes de la ciudad), mientras que en la víspera de la guerra que había hasta su 25.000 (alrededor del 40% de la ciudad). Región de Brest después de la liberación había sólo 344 Judios, lo que representa el 0,075% de la región. Así, en el Holocausto ocurrido un cambio irreversible de la composición étnica de las ciudades y pueblos.

Por otra parte, otra de las consecuencias del Holocausto se convirtió en un cambio cardinal en la naturaleza de la distribución territorial de la población judía (ver Tabla 7). Antes de la guerra, la población judía en la parte occidental y oriental del país es comparable, y después de la guerra formó una desproporción aguda, existe. Según el censo de 1959, en las regiones occidentales de Belarús fueron alrededor de 15.000 Judios  , es decir, sólo el 10% de la población judía. Muchos Judios de las regiones occidentales, deportado o evacuado profundamente en la Unión Soviética en los años de posguerra, ejercieron su derecho a la repatriación. El hecho de que el 10 de noviembre 1945 SNK tomó un decreto secreto en la regulación de las relaciones entre la URSS y Polonia, por el permiso para regresar a sus antiguos ciudadanos, incluidos los judíos, 06 de julio 1946 fue firmado por el acuerdo soviético-polaco sobre el procedimiento para la salida ciudadanía soviética y el reasentamiento de las personas de nacionalidad polaca y judía en Polonia. Sólo de Jambul Región en 1946 emigraron 7.995 polacos y los Judios. Total en 15 de agosto 1946 a su derecho a cabo en Polonia se beneficiaron 233.198 personas  , incluyendo al menos 136.579 Judios (la gran mayoría de los repatriados son de las regiones del centro del país).
Entonces el malvado "regimen Stalin" le dio refugio a  65.796 y luego evacua a gran parte de ellos,para salvarlos de los nazis por lo que veras este texto Troskysta esta lleno de mentiras.

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