tratarè de colgar los resumenes de la crítica general contra la teoria de los tres mundos desarrolada en 1978 que llevó al quiebre entre el mci
CARTA DEL PCR DE CHILE DEL 15 DE JUNIO DE 1978 A PARTIDOS Y
ORGANIZACIONES DEL MCI . [DOCUMENTOS DEL MCI] (*)
SANTIAGO, 15 de junio de 1978.
Queridos camaradas:
Una positiva reacción de crítica y repudio se ha producido en los partidos
marxista-leninistas contra la nueva versión del revisionismo contemporáneo
levantada por los oportunistas que, a través de un golpe de Estado y de una
sangrienta represión, han controlado transitoriamente el poder en China. Su
teoría reaccionaria y anti-marxista de los "tres mundos" ha sido rechazada con
energía y argumentos irrefutables por muchos. Sólo han salido en defensa de Teng
Siao ping y sus secuaces aquellos que han hecho siempre gala de un podrido
oportunismo, inspirado no en principios de ninguna especie, sino en una actitud
pragmatista. Son los mismos que se han inclinado siempre ante los sectores que
han creído dominantes en China por mera conveniencia. Un ejemplo típico
(lamentablemente no el único), es el del grupo oportunista que encabeza Jurquet
en Francia. Han "apoyado" sucesivamente: la Revolución Cultural que condenó a
Teng Siao-ping, cuando ella estaba en auge; posteriormente, apoyaron a Teng
Siao-ping cuando éste comenzó a ser rehabilitado después de su hipócrita autocrítica;
más adelante, lo condenaron cuando fue destituido de todos sus cargos a
raíz de los incidentes de la plaza Tien An Men; y, actualmente, lo apoyan con
fervor ahora que juega un papel dominante, después del golpe de Estado que
siguió a la muerte del camarada Mao. Estas repugnantes muestras de seguidismo
oportunista, de quienes "bailan al son que les toquen" sus protectores del
momento, deben servirnos a todos de ejemplo negativo e incitarnos -como
recomendaba el camarada Mao- a pensar con nuestra propia cabeza, a la luz de
los principios.
Nuestro Partido, seguramente como el resto de los partidos marxista-leninistas,
esta empeñado en realizar un análisis lo más serio posible -dada nuestra
inexperiencia y medios limitados de información- de la lucha de clases en China
después de la liberación y del papel que en ella tuvo el PCCh y Mao Tse-tung. Por
lo que respecta al camarada Mao, nuestro Partido no estudia su rol en dicho
proceso a partir de cero, ni menos con prejuicios negativos respecto a su
participación en él. Lo hacemos partiendo del criterio ya formado y sólidamente
fundado en sus acciones y en su contribución ideológica, que lo caracterizan como
uno de los más grandes marxista-leninistas y revolucionarios de la historia
contemporánea, criterio expresado por la totalidad de los marxista-leninistas en
vida del propio camarada Mao. Debido a ello, nos preocupa profundamente que
algunos partidos, anticipándose a este análisis que para muchos recién comienza
y al indispensable intercambio de opiniones entre los diversos partidos marxistaleninistas
sobre un asunto tan serio, hayan cambiado bruscamente de opinión y
sin consultas mutuas comiencen a hacer públicos juicios negativos respecto al rol
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del camarada Mao Tse-tung. Este cambio se manifiesta, ya sea silenciando la gran
contribución positiva que siempre se le ha reconocido, insinuando que pudiera ser
responsable de lo ocurrido en China después de su muerte y hasta aceptando
tácitamente que pudiera ser el autor de la teoría oportunista de los "tres mundos",
que los facinerosos que han usurpado el poder en China se empeñan en atribuirle.
Hasta donde hemos analizado lo ocurrido en China, pensamos que las reticencias,
dudas y hasta opiniones negativas respecto al papel jugado por el camarada Mao,
son producto de un análisis superficial de los hechos. Estamos convencidos que
un examen en profundidad -materialista y dialéctico- de la lucha de clases en
dicho país confirmará aún más la elevada valoración que todos hemos hecho de la
contribución de Mao Tse-tung.
Por otra parte, debemos expresar con franqueza que, tomando en cuenta la
dispersión ideológica que aún existe para enfrentar las nuevas formulaciones
revisionistas propaladas por los actuales dirigentes chinos, así como la necesidad
de enfrentarlas a través de un sólido bloque de auténticos partidos marxistaleninistas,
nos parece profundamente inconveniente e inoportuno el hacer público
-ya sea expresamente o por omisión de la valoración positiva que siempre hemos
hecho -un cambio de opinión de algunos partidos respecto al papel de Mao Tsetung.
Esto, no sólo está reafirmando la cínica utilización que los revisionistas
chinos quieren hacer del prestigio del camarada Mao para vender su contrabando
acerca de los "tres mundos"; sino que, les está sirviendo de instrumento para
paralizar y hasta para arrastrar a posiciones incorrectas a los partidos que están
en una posición vacilante o en los que se libra una aguda lucha entre los
marxista-leninistas y los oportunistas. Las dudas sembradas públicamente, por lo
tanto, respecto a la obra del camarada Mao, nos parecen no sólo injustas, sino
inoportunas.
Para contribuir modestamente a este análisis acerca de lo ocurrido en China,
nuestro Partido quisiera, entregar a través de ésta carta, que sólo haremos llegar a
algunos partidos hermanos con los que nos sentimos particularmente unidos,
algunas opiniones sobre dicho problema fruto de los estudios provisorios que
hemos realizado al respecto. No pretendemos de modo alguno, por cierto, erigirnos
en maestros de como realizar este análisis de la sociedad China, ni menos
interferir en la discusión y análisis internos o pronunciamientos de los partidos
hermanos. Sólo deseamos hacer una contribución al intercambio de opiniones y
de antecedentes que creemos indispensable para un avance, lo más colectivo
posible, del análisis de lo sucedido en China y de la contribución, así como de los
errores, contenidos en la actuación de Mao Tse-tung. Esperamos, así mismo, con
sincero interés y necesidad, el aporte de los partidos hermanos a nuestra propia
investigación y discusión. Creemos, sinceramente, que estos intercambios
bilaterales y multilaterales de opiniones -que siempre hemos defendido contra los
oportunistas chinos- nos permitirán fortalecer la unidad entre nuestros partidos e
ir reconstruyendo y desarrollando impetuosamente el Movimiento Comunista
Internacional.
La compleja lucha de clases que se ha desarrollado en China, país en que vive la
cuarta parte de la humanidad, y la derrota transitoria allí de los marxistaleninistas,
es fuente de profundas enseñanzas para los revolucionarios. No
obstante, para que sea provechoso el análisis de lo ocurrido y nos conduzca a
conclusiones justas, debemos hacerlo con criterio materialista y dialéctico. Un
análisis materialista-dialéctico, nos exige examinar lo ocurrido en China en
relación a la situación internacional imperante mientras tenían lugar esas luchas;
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nos exige hacerlo en el contexto histórico de la gran contra-corriente oportunista y
revisionista, que se apoderó en la post-guerra de la casi totalidad de los antiguos
partidos comunistas; nos exige tomar en cuenta las particularidades de China y
las características específicas que ellas determinaron allí, en la lucha entre
marxista-leninistas y revisionistas. Es preciso, así mismo, tras las apariencias
engañosas que se han empeñado y se empeñan en exhibir los revisionistas chinos,
buscar la verdad en la esencia de los hechos, lo que no es fácil desde el exterior y
favorece las conclusiones precipitadas y erróneas. "Esa gente -señaló el camarada
Mao, refiriéndose a los revisionistas chinos- no os dice la verdad en la cara; lo que
os dicen en la cara no son sino mentiras y engaños. Ellos disimulan sus objetivos
reales".
Por otra parte, en el análisis es indispensable poner de relieve las contradicciones
de clase, la lucha entre dos líneas y dos vías, que se produjo allí de un modo
extremadamente complejo dada la vastedad de la sociedad china. Es preciso
identificar a los marxista-leninistas, sus formulaciones y las acciones inspiradas
en ellas, diferenciándolas de las de sus enemigos abiertos o encubiertos. Al mismo
tiempo, es indispensable valorar con exactitud tras las apariencias, la real
correlación de fuerzas que se dio en las diversas etapas y alternativas de esa
lucha. El no valorar dicha correlación de fuerzas, el pensar que todo lo que allí
ocurrió es producto de una decisión común o, peor aún, de decisiones
"omnipotentes" de Mao Tse-tung, sólo puede conducirnos a juicios absolutamente
equivocados. Sólo así, analizando los hechos desde un punto de vista materialista
y dialéctico, podremos apreciar en qué medida los errores de los marxistaleninistas,
y en qué medida factores objetivos relacionados con el poderío real
(aunque hábilmente disimulado) de los oportunistas, contribuyeron a la derrota
temporal de los primeros. Así comprenderemos también -a juicio nuestro- que la
derrota transitoria de los marxista-leninistas, no invalida la justeza fundamental
de su lucha y de sus formulaciones. En numerosos partidos comunistas y aún en
estados donde se construía el socialismo -por semejantes razones o por otras- los
revisionistas lograron también derrotar a los marxista-leninistas, lo que no
significa que estos últimos no defendieran la verdad y los intereses del
proletariado. Por otro lado, el triunfo transitorio de los revisionistas en esos
partidos (desde el punto de vista de controlar sus direcciones, el grueso de la
militancia y conservar su influencia de masas), y en esos países donde se
construía el socialismo, no significa en modo alguno que ellos tenga razón, que
defiendan el marxismo y los intereses de la revolución.
El primer problema que nos parece importante tomar en cuenta para juzgar las
dificultades que encararon los marxista-leninistas chinos en su lucha, es la
composición de clases en dicho país. Baste decir al respecto, que ya en 1937,
China contaba, con 450 millones de habitantes, de los cuales el 90% o más eran
campesinos. El peso de la población urbana era muy pequeño y, por ende, el del
proletariado industrial aún menor. En 1939, sólo existían poco más de dos
millones y medio de verdaderos proletarios ligados a una industria de cierto
desarrollo, es decir, apenas el 0,5% de la población. Por otra parte, es obvio, que
para dirigir la lucha en una sociedad tan numerosa era indispensable contar con
un fuerte partido comunista, vinculado a las amplias masas. En 1943, sin que
existiera un cambio notorio en el desarrollo del proletariado, el PCCh cuenta ya
con casi un millón de militantes, que a los pocos años suben a tres millones. Sin
duda, que en ese partido la militancia tiene que haber sido básicamente de
extracción pequeño-burguesa campesina.
Por otra parte, el atraso de la sociedad china, su carácter feudal, colonial y semi4
colonial, el débil desarrollo de su burguesía, exigían una separación muy nítida de
las etapas Democrático Popular y Socialista de la revolución. El período de
transición, además, de una a otra etapa, período en que era preciso contar, para el
indispensable desarrollo de la industria y del comercio, con varios sectores de la
burguesía nacional, debía ser necesariamente más prolongado y complejo que en
otros países de más avanzado desarrollo capitalista. Estos rasgos de la sociedad
china, como está probado, determinaron que el peso de los sectores pequeñoburgueses
y burgueses en los organismos estatales y aún en el PCCh, fuera muy
pronunciado.
Estos aspectos señalados son factores, que unidos a la vastedad de la sociedad
china, crean particulares dificultades para el avance en la construcción socialista
y para la proletarización del partido que debía dirigir ese avance. No obstante, se
trata de dificultades objetivas, dadas, que era preciso superar para realizar la
Revolución Democrático Popular primero, y la construcción del Socialismo luego,
bastante más complejo que la conquista del poder. Uno de los méritos del
camarada Mao, a la cabeza de los marxistas-leninistas chinos, consiste,
precisamente, en haber superado esos obstáculos aplicando el marxismo a la
realidad concreta de China, logrando llegar de ese modo a un avanzado nivel en la
construcción del socialismo. ¿O es que alguien puede sostener, dadas esas
dificultades objetivas, que no debió emprender la lucha por conquistar el poder y
construir el socialismo y que debió esperar, probablemente varios siglos, a que se
desarrollara el capitalismo, para contar con un partido respaldado por un
proletariado numeroso y fuerte? Nuestro Partido piensa que esta alternativa era
inaceptable.
Todo lo anterior significa que la proletarización del PCCh implicaba un problema
extremadamente complejo y difícil y que era necesario llevarla a cabo a través de
la formación ideológica de militantes de extracción predominantemente no
proletaria. Nuestro Partido piensa, así mismo, que el camarada Mao cumplió un
importante papel en esa proletarización ideológica del PCCh. Para ello debió
encarar, además, las dificultades generadas por el bajo nivel cultural de las masas
populares chinas, en gran parte analfabetas y las dificultades propias de la lengua
china, que hacía muy difícil la traducción y difusión de las obras marxistas
clásicas, aún entre aquellos que sabían leer. En 1938, el camarada Mao, escribe:
"Si entre los camaradas encargados de las principales responsabilidades en el
trabajo de dirección hubiera cien a doscientos con una comprensión del
marxismo-leninismo sistemática y no fragmentaria, real y no huera, la capacidad
de nuestro Partido será considerablemente acrecentada y aceleraremos nuestra
victoria sobre el imperialismo japonés". Esta frase no puede ser más elocuente de
los problemas que enfrentaban. En 1938, con más de 450 millones de habitantes
en China, el camarada Mao reclamaba apenas la posibilidad de contar con cien o
doscientos cuadros dirigentes que dominaran realmente el marxismo.
El camarada Mao, sin embargo, dio una gigantesca batalla contra estas
dificultades. Tan sólo en los 4 tomos de sus Obras Escogidas publicados antes de
su muerte, hay más de 20 obras en las que desarrolla temas destinados a educar
al PCCh, algunas enteramente dedicadas a ello. Tempranamente, ya en 1929, en
el IX Congreso de la organización del Partido en el IV Cuerpo de Ejército, señala:
"Las distintas ideas incorrectas que existen en esta organización del Partido tienen
su origen como es lógico, en el hecho de que la base de dicha organización está
compuesta en su gran mayoría de campesinos y otros elementos procedentes de la
pequeña-burguesía; pero el hecho de que los organismos dirigentes del Partido no
hayan combatido de manera coordinada y resuelta estas ideas incorrectas, ni
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hayan educado suficientemente a sus militantes en la línea justa, es también
causa importante de su existencia y desarrollo. Este Congreso de conformidad con
el espíritu de la Carta de Septiembre del Comité central señala aquí la
manifestación de las ideas no proletarias en la organización del Partido en el IV
Ejército, así como su origen y los métodos para rectificarlas y llama a todos los
camaradas a luchar por eliminarlas completamente". ("Sobre la Rectificación de
las ideas Erróneas en el Partido"). Al mismo tiempo que difundía el marxismo a
través de su vasta obra, el camarada Mao, emprendió una serie de campañas de
Rectificación del Estilo de Trabajo y otras de Educación Socialista, con el mismo
objetivo. El último movimiento de Educación Socialista efectuado en 1964, sirvió,
precisamente, de preludio al desencadenamiento de la Revolución Cultural
Proletaria.
Un aspecto más de la proletarización ideológica del PCCH, aunque su significado
político era más vasto, fue la lucha que se llevó a cabo en sus filas contra las
diversas líneas burguesas que allí surgieron. Los chinos hablan de 11 lucha de
líneas en el PCCh. En la última de ellas, precisamente, habrían obtenido los
revisionistas chinos su victoria transitoria, a raíz de la muerte del camarada Mao.
El mismo hecho de que se hable de 11 luchas de líneas, demuestra de por sí que
ellas eran combatidas para ser liquidadas y que jamás el camarada Mao aceptó el
criterio de que fuera "normal" (en el sentido de aceptable) la existencia de
fracciones y líneas contrapuestas en el Partido. Señaló, eso sí, que la influencia de
la burguesía (china e internacional), especialmente en un Partido tan numeroso
como el chino, determinaba el surgimiento en su seno de líneas burguesas, reflejo
en sus filas de la lucha de clases. Señaló eso, no para mostrar que se trataba de
un hecho aceptable ni menos deseable, sino, por eI contrario, para recalcar la
necesidad de combatirlas y extirparlas. En 1927, surge la primera manifestación
en eI PCCh de una línea burguesa, la que encabeza Chen Tu-siu. Esta desviación
derechista fue firmemente combatida y su derrota culminó en 1929 con la
expulsión de dicho oportunista del PCCh. Posteriormente, surge la desviación
"izquierdista" de Li Li-san, que duró cuatro meses y que culminó con su derrota en
la III Sesión Plenaria del Comité Central celebrada en 1930, en la que Li Li-san
reconoció sus errores y fue sacado del Comité Central. La lucha contra la
desviación "izquierdista" de Wang Ming, que duró varios años y causó fuertes
pérdidas militares, culminó también con la expulsión del Partido de este
oportunista. En el año 1944, realizando un balance de la lucha contra las líneas
burguesas, el camarada Mao indica que ella ha sido positiva, pues esas fracciones
del pasado han sido eliminadas. "Se debe indicar -señala- que como resultado de
una serie de cambios operados a raíz de la reunión de Tsunyí, han desaparecido
las fracciones que existieron en un tiempo y desempeñaron un papel nocivo en la
historia del Partido".
A nosotros nos parece indiscutible, que la política del camarada Mao ante las
diversas líneas burguesas y fracciones que las levantaban en el interior del
Partido, fue claramente de combatirlas y liquidarlas. En 1938, el camarada Mao
escribe ya: "En la lucha contra las desviaciones, hay que prestar seria atención a
combatir la duplicidad, porque el mayor peligro de ésta es que pueda convertirse
en actividad fraccional". Y al año siguiente señala: "A este respecto debemos ser
muy estrictos. Los que se hayan infiltrado en el Partido, en el Ejército o los
organismos gubernamentales, deben ser firme pero discriminadamente
expulsados sobre la base de pruebas concluyentes''. En sus "Intervenciones en el
Foro de Yenan sobre Arte y Literatura", por su parte, afirma: "Sucede con
frecuencia que en el Partido se infiltran enemigos e ideologías enemigas... Contra
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esa gente debemos recurrir a la lucha despiadada y a los golpes implacables, pues
esos malvados usan esos mismos procedimientos contra el Partido; si los
toleramos iremos derecho a caer en sus trampas. Pero no debemos emplear estos
medios para tratar con los camaradas que hayan cometido errores
ocasionalmente, caso en el cual es necesario utilizar el método de la crítica y
autocrítica".
Respecto a las diversas fracciones revisionistas, que aparecen ocupando cargos
claves en el Partido, en el Estado, en las Fuerzas Armadas y en el aparato de
propaganda, y que salen a luz aprovechando la ola de revisionismo y de
restauración del capitalismo que se expande en el mundo después del XX
Congreso del PCUS, el camarada Mao, no deja tampoco lugar a dudas respecto a
su decisión de combatirlas y aplastarlas: "los representantes de la burguesía que
se han infiltrado en el Partido, el Gobierno, el Ejército y los diversos sectores
culturales, son un grupo de revisionistas contra-revolucionarios. Cuando maduren
las condiciones, se apoderarán del Poder y convertirán la dictadura del
proletariado en dictadura de la burguesía. A algunas de estas personas ya las
hemos descubierto; a otras todavía no. Y en algunas confiamos y las preparamos
para ser nuestros continuadores. Por ejemplo, gente tipo Jruschov todavía anida a
nuestro lado. Los comités del Partido a todo nivel deben prestar plena atención a
todo esto". Y en otro lugar: "Ellos son fieles lacayos de la burguesía y el
imperialismo y, asociados con éstos, insisten en la ideología burguesa de la
opresión y explotación del proletariado y en el sistema social capitalista, y
combaten la ideología marxista-leninista y el sistema socialista". "La lucha que
libran contra nosotros es una lucha a muerte y en ello no cabe ninguna igualdad.
Por lo tanto, nuestra lucha contra ellos tiene que ser también una lucha a
muerte".
De la complejísima lucha contra el revisionismo contemporáneo que se libró en
China y en el PCCh, de sus altibajos, de los sucesivos avances y retrocesos que allí
se dieron, así como del triunfo transitorio que han obtenido los revisionistas a raíz
de la muerte del camarada Mao, algunos camaradas son inducidos a sacar la
conclusión que dicha prolongación de la lucha se debió a una política de
tolerancia y debilidad por parte de los marxista-leninistas y de Mao Tse-tung. A
quienes así piensan desearíamos recordarles solamente las características que
tuvo la lucha de líneas en el PCUS, así como los resultados en que ella desembocó,
veinte años antes del golpe de Estado en China. Para ello, haremos un breve
resumen de esa lucha con antecedentes sacados de la "Historia del Partido
Comunista (b) de la URSS", tan sólo de lo ocurrido después de la conquista del
poder.
En 1918, nos dice la Historia, los "comunistas de izquierda" se apoderaron del
Buró Regional del Partido en Moscú. Ese mismo año, Lenin, en el VII Congreso del
Partido, señala: "La dura crisis por la que atraviesa nuestro Partido, con motivo de
la formación dentro de él de una oposición de izquierda, es una de las mayores
crisis por las que ha pasado la revolución rusa". (pág. 255).
En 1919, en el VIII Congreso del PCUS, Bujarin y Piatakov levantan un programa
de oposición con una línea diferente a la de los marxista-leninistas, en el problema
nacional, campesino, etc. Surge también el grupo llamado de "oposición militar",
que si bien se oponía a Trotski en dicho terreno, tenía también ideas oportunistas.
Por su parte, Sapronov y Osinski, encabezan otra fracción que niega el papel
dirigente del proletariado en los Soviets.
En 1920, tiene lugar el IX Congreso del PCUS. La Historia nos dice: "Pero no todos
los miembros del Partido pensaban como el Comité Central. Los grupos de
oposición -los trotskistas» la "oposición obrera", los "comunistas de izquierda", los
"centralistas democráticos", etc., hallábanse en un estado de confusión y
vacilación ante el paso a los cauces de la edificación pacífica de la economía. En el
Partido había no pocos antiguos mencheviques, social-revolucionarios, bundistas,
borotbistas, y toda suerte de semi-nacionalistas de la periferia de Rusia. En gran
parte estos elementos se adhieren a unos u otros grupos de oposición".
En el X Congreso, todos estos grupos hacen planteamientos anti-marxistas y el
Congreso resuelve: "La disolución de los grupos y se plantea que los que no acaten
serán expulsados". En 1921, efectivamente, según la Historia citada, se efectúa
una depuración en el PCUS, de: "Los granujas, de los elementos burocratizados,
de la gente poco honrada, de comunistas vacilantes y de mencheviques que,
aunque hubieren revocado su fachada, en espíritu seguían siendo mencheviques".
(pág. 303). Son expulsados del PCUS, nada menos que 170 mil militantes, es
decir, el 25% del total. No obstante, como veremos, los principales grupos
oposicionistas siguen operando en su interior.
En otoño de 1923, nos señala la Historia, en el XIII Congreso del PCUS, Trotski,
agrupó "en torno suyo a todos los elementos anti-leninistas del Partido, amañó
una plataforma oposicionista, plataforma que iba dirigida contra el Partido, contra
su Dirección y contra su política".
En enero de 1924, en la XIII Conferencia del PCUS, el camarada Stalin combate
los planteamientos de la oposición. No obstante eso, nos señala la Historia del
PCUS, "los trotskistas no cesaron en su trabajo de sapa". En mayo de ese mismo
año, vuelven a ser condenados en el XIII Congreso del PCUS, sin embargo, no son
liquidados.
En abril de 1925, en la XIV Conferencia del PCUS, los trotskistas levantan su
teoría de la "revolución permanente". Bujarin, por su parte, una línea
abiertamente derechista. En diciembre de ese año se realiza el XIV Congreso del
PCUS. Según señala la Historia citada: "Este Congreso discurrió en una atmósfera
de gran tensión dentro del Partido. En todo el tiempo que éste llevaba de
existencia no se había dado todavía el caso de que la delegación de un centro
importantísimo como Leningrado se confabulase para actuar toda ella en contra
de su Comité Central", (pág. 322). Y señala luego: "Los zinovievistas derrotados en
el Congreso no se sometieron a la disciplina del Partido. Comenzaron a luchar
contra los acuerdos del Congreso".
En verano de 1926, prosigue la Historia del PCUS, "a pesar de los acuerdos del
XIV Congreso del Partido y de las promesas de lealtad hechas por la oposición, sus
secuaces no deponían las armas. Lejos de ello, intensifican cada vez más su labor
escisionista y de sapa". "En el verano de 1926, los troskistas y los zinovievistas se
unieron en un bloque anti-bolchevique y agruparon en torno a este bloque a los
restos de todos los grupos de oposición derrotados y sentaron las bases para su
partido anti-leninista clandestino". (pág. 332). "Sometieron al juicio de los afiliados
del Partido una Plataforma". Eso no fue obstáculo para que presentaran al Comité
Central una declaración en que condenaban la actividad fraccional, firmada por
los principales fraccionalistas. "No obstante, -señala la Historia- su bloque siguió
existiendo de hecho y sus componentes no cejaron en su actividad clandestina
contra el Partido. Siguieron amañando a retazos su partido anti-leninista,
montaron una imprenta clandestina, percibían cotizaciones de sus secuaces y
difundían su plataforma".
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En noviembre de 1926, en la IV Conferencia del PCUS, son condenados
nuevamente por la mayoría. Sin embargo, en 1927, levantaron la plataforma
oportunista llamada la "Plataforma de los 83". Ella es discutida en octubre de
1927 y derrotada. Intentan, entonces, organizar manifestaciones públicas de
protesta en Moscú y Leningrado, nada menos que el 7 de noviembre en que se
celebraba el aniversario de la Revolución de Octubre. A raíz de ello, el 14 de
noviembre de 1927, Trotski y Zinoviev, son expulsados del Partido. En diciembre
de ese mismo año, el XV Congreso del PCUS ratifica dicha expulsión.
Sin embargo, la Historia del PCUS nos señala que, algún tiempo después del XV
Congreso, "la mayoría de los expulsados aceptó las condiciones impuestas por el
Partido para su reingreso y publicó en la prensa sus correspondientes
declaraciones. El Partido apiadándose de ellos y no queriendo privarlos de la
posibilidad de volver a militar en las filas del Partido de la clase obrera, los
restituyó en sus derechos de afiliados del Partido". "Sin embargo, andando el
tiempo -agrega la Historia del PCUS- se puso de manifiesto, que las declaraciones
firmadas por los militantes activos del bloque trotskista-zinovievista eran, salvo
contadas excepciones, mentirosas y falsas, de los pies a la cabeza". (pág. 340).
Entretanto, aparte de los reinfiltrados en el Partido, surge otro grupo derechista
encabezado por Bujarin y Rykov, que "se levantaron dentro del Comité Central con
una nueva plataforma anti-bolchevique".
Finalmente, en 1934, es asesinado Kirov, alto dirigente del PCUS. Se abren
entonces los procesos de Moscú, que duran hasta 1937. "Los citados procesos -
señala la Historia del PCUS- pusieron de relieve que estos detritus del género
humano (se refiere a Bujarin, Radek, etc.), en unión de los enemigos del pueblo -
Trotski, Zinoviev y Kamenev- estaban ya confabulados contra Lenin, contra el
Partido y contra el Estado soviético, desde los primeros días de la Revolución
Socialista de Octubre". Fueron acusados, además, y condenados por estar
vendidos a los servicios de espionaje de Alemania fascista. La Historia del PCUS,
concluye: "El Tribunal Soviético condenó al fusilamiento a los monstruos
Bujarinistas-Trotskistas".
Si bien esa, drástica medida no pone fin a desviaciones como el trotskismo, que
aún hoy en día sigue contando con adeptos, elimina en apariencia la oposición
interna y la prolongada y compleja lucha de líneas en el interior del PCUS. La
dictadura del proletariado y la construcción socialista en la URSS, parecen
desenvolverse sin obstáculos significativos. Sin embargo, para sorpresa de todos
los que así pensábamos, a poco más de dos años de la muerte del camarada
Stalin, a raíz del XX Congreso del PCUS, se descubre: que éste ha caído en manos
de revisionistas, que ocupaban ya allí importantes cargos dirigentes; que tales
revisionistas levantan a escala mundial, para todo el Movimiento Comunista
Internacional, una plataforma anti-marxista; que comienzan a restaurar el
capitalismo en la URSS, más aún, a transformarla en una, super-potencia socialimperialista;
que en la totalidad de las llamadas Democracias Populares de
Europa Oriental -con la honrosa excepción de Albania- ocurre lo mismo, es decir,
se propalan teoarías revisionistas y se restaura el capitalismo. Han pasado más de
20 años de estos sucesos y aún no se advierte ni en la URSS ni en los países
afiliados el Pacto de Varsovia, una lucha de importancia encabezada por marxistaleninistas,
que amenace seriamente al revisionismo en el poder y su restauración
del capitalismo.
Por su parte, la casi totalidad de los partidos comunistas del mundo capitalista
son arrastrados a las posiciones revisionistas preconizadas por Jruschov y sus
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sucesores. La casi totalidad de sus dirigentes y la mayor parte de sus militantes,
adhieren a la línea anti-marxista. Muchos, hoy día, hacen públicamente un
abandono completo de los más elementales principios marxistas.
Tenemos, pues, que en la mayor parte de los países que fueron socialistas, si bien
se conquistó el poder de manos de la antigua burguesía, fue imposible impedir el
surgimiento de una nueva burguesía infiltrada, por lo general, en los propios
partidos comunistas en el poder, que ha impulsado en su beneficio un nuevo
sistema de explotación y que ha hecho abandono completo del marxismo. Con
razón ya Engels, en su Introducción a "La Guerra Civil en Francia" de Marx,
invitaba a fortalecer la dictadura del proletariado, para prevenir: "la
transformación del Estado y de los órganos del Estado de servidores de la sociedad
en señores de ella" y para evitar que quienes controlan esas instancias de poder:
"persigan sus propios intereses específicos". Lenin, por su parte, en su Informe
sobre el Programa del Partido ante el VIII Congreso del PCUS, alertaba: "Los
burócratas zaristas han comenzado a infiltrarse en las instituciones soviéticas y a
llevar a ellas el burocratismo, disfrazados de comunistas y procurando exhibir su
carnet de miembros del PCUS para mejor asegurar su carrera. Los hemos arrojado
por la puerta, pero vuelven a colarse por la ventana". Y en abril de 1918, señalaba:
"Sí, al derrocar a los terratenientes y a la burguesía limpiamos el camino, pero no
hemos construido el edificio del socialismo. Y sobre el suelo que hemos limpiado
de una generación aparecen constantemente en la historia nuevas generaciones,
porque el suelo produjo y produce burgueses en gran número. Y en cuanto a los
que miran la victoria sobre los capitalistas a la manera como la miran los
pequeños propietarios -"ellos agarraran su tajada, ahora me toca a mí"- en verdad
cada uno de ellos es la fuente de una nueva generación de burgueses". El
camarada Mao, por su parte, durante el movimiento de Educación Socialista, que
promoviera en 1964, señala: "Transformados o en camino de transformarse en
elementos burgueses que chupan la sangre de los obreros, ¿cómo esos cuadros
dirigentes comprometidos en la vía capitalista podrían comprender
suficientemente la necesidad de la revolución socialista? Esas gentes son el blanco
de la lucha, el blanco de la revolución; en el movimiento de educación socialista,
no es posible en ningún caso apoyarse en ellos. Nosotros no podemos contar sino
con los cuadros a los que no opone ningún odio a los obreros y que están
animados de un espíritu revolucionario". Y enfrentándose directamente a Teng
Siao-ping y sus secuaces antes de su muerte, dice: "Sucede que la revolución
socialista les cae sobre su propia cabeza, y así durante la cooperativización
agrícola ya hubo en el Partido quienes se opusieron, y cuando se critica el derecho
burgués su sentimiento es de rechazo. Se está haciendo la revolución socialista,
sin embargo, no se comprende dónde está la burguesía. Está justamente dentro
del Partido Comunista, y son los dirigentes seguidores del camino capitalista en el
Partido. Los seguidores del camino capitalista siguen todavía su camino". Y en
otra ocasión señala: "Luego de la revolución democrática, los obreros, los
campesinos pobres y campesinos medios inferiores no se han detenido y quieren
hacer la revolución. En cambio, una parte de los militantes del Partido se
muestran renuentes a seguir adelante, y algunos han retrocedido y se han puesto
contra la revolución. ¿Por qué? Porque éstos, como altos funcionarios que han
llegado a ser, buscan proteger los intereses de los altos funcionarios".
Tenemos, pues, que el proceso de reinfiltración burguesa en los Estados y en los
partidos comunistas en el poder, fue casi general e incontrarrestable en la mayor
parte de los países. Conociendo las características ya descritas de la sociedad
china y las particulares dificultades que ella presentaba a la construcción del
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socialismo, ¿podía ser una excepción a este proceso? De hecho no lo fue. Y, en tal
caso, teniendo en vista la complejidad que tuvo la lucha de líneas en la URSS y en
los otros países socialistas en que los marxistas fueron derrotados, ¿podemos
atribuir fundamentalmente a "debilidad" en su lucha, por parte del camarada Mao
y de los marxista-leninistas chinos, los altibajos de esa lucha, su carácter
prolongado y su derrota transitoria después de la muerte de Mao Tse-tung?
Nuestro Partido piensa que no.
En el curso de la lucha librada contra ellos en China, debemos considerar,
además, que se libró en condiciones extremadamente desfavorables para ese país.
Por un lado, en medio de un feroz bloqueo imperialista contra dicho país; con
China, marginada de las relaciones diplomáticas y comerciales con numerosos
países, así como de los organismos internacionales; bajo un cerco riguroso de los
países dominados por los revisionistas y las amenazas e intrigas del Social-
Imperialismo en su contra; con la casi totalidad del antiguo movimiento
comunista, que conservó en buena parte su influencia de masas, en manos de los
revisionistas; y con un movimiento marxista-leninista naciente y extremadamente
débil, tanto en su militancia como en su influencia de masas.
Algunos camaradas, sin valorar correctamente las enormes dificultades internas y
externas en las que Mao Tse-tung y quienes lo acompañaban en esa lucha,
debieron librarla; más aún, partiendo del mito del poder casi omnímodo que se
atribuía al camarada Mao, se preguntan: ¿cómo es que el camarada Mao,
conociendo lo ocurrido en la URSS y en otros países socialistas y conociendo la
catadura de los revisionistas chinos, no les aplastó en forma rápida y completa?
No obstante, una cosa es tener conciencia (la que, por lo demás, no se desarrolla
sino a través de la lucha que los desenmascara, paso a paso) de los enemigos, y
otra muy diferente tener la fuerza suficiente para derrotarlos. Cuando se trata de
combatir una fracción burguesa en un partido que no ha conquistado aún el
poder, el problema es, sin dudas, menos complicado. Se trata allí de
desenmascarar al enemigo, de combatir su oportunismo, de ganarle a los sectores
honestos influidos por él, de aislarlo al máximo y, por último, de expulsarlo del
partido. Si se es derrotado en ese proceso, no queda a los marxista-leninistas otro
camino que romper con los oportunistas y organizarse de un modo independiente.
Sin embargo, en un partido comunista que está en el poder y en el que los
oportunistas han alcanzado fuerte influencia o influencia dominante, la lucha se
complica en extremo. El enemigo controla, en tal caso instrumentos de poder, ya
sea económicos, burocráticos, militares, propagandísticos, etc., de los que es
preciso desplazarlo. Se trata allí, de una real lucha por reconquistar el poder en
aquellos terrenos en que ha sido usurpado por los representantes de la vieja o
nueva burguesía. Así fue, precisamente, definido el objetivo central de la
Revolución Cultural Proletaria, a través de la cual el camarada Mao, a la cabeza de
los marxista-leninistas, intentó derrotar a los oportunistas.
En el caso particular de China, la enorme complejidad e inmensidad de la
población, hacen la lucha infinitamente más difícil. Es sabido que en un punto la
cantidad influye en un cambio de calidad de los fenómenos. El PCCh, por sí sólo,
tiene más militantes que habitantes de gran parte de los países europeos. La lucha
en él contra los oportunistas, no es, por cierto, lo mismo que la lucha contra ellos
en un partido que cuente con algunos miles de militantes. Para no dar más que
un ejemplo: cuando ha surgido una fracción en nuestro Partido, los dirigentes
marxistas-leninistas hemos podido disentir personalmente con la casi totalidad de
los militantes en el curso de algunos meses. ¿Era posible que Mao Tse-tung y
quienes le secundaban en la lucha, hicieran lo mismo en un Partido con decenas
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de millones de militantes? Evidentemente, que no. Por otra parte, la vastedad de
China como país y como población, permitía a los revisionistas -tanto en forma
abierta como encubierta- mantener reductos de influencia, verdaderos "reinos
independientes" como fueron llamados, de donde resultaba extremadamente difícil
erradicarlos. Más aún, la lucha había que librarla, sin dejar de conducir la
economía, la defensa y una agricultura capaz de alimentar a casi 900 millones de
personas. La capacidad de maniobra del enemigo era, pues, inmensa. A todo lo
anterior se suma la doblez política del enemigo, que sólo permitió desenmascararlo
a través de todo un proceso prolongado y complejo. Recordemos, tan sólo, que
individuos de "doble faz" como Lin Piao, mientras saboteaba de hecho la
Revolución Cultural, simuló lealtad hasta el final, es decir, hasta que puso en
práctica su intento concreto de apoderarse en forma total del poder. Otros, como
Teng Siao-ping, por ejemplo, fingieron arrepentimiento y efectuaron hipócritas y
rastreras auto-críticas, tan sólo para reinfiltrarse y renovar sus ataques.
La verdad concreta, por lo tanto, que se desprende de lo sucedido después de la
muerte del camarada Mao, es que, si bien éste tenía una enorme influencia y
gozaba de un inmenso prestigio entre las masas populares, sus enemigos
revisionistas tenían un control dominante -abierto o encubierto- en todo el aparato
económico, militar, administrativo y del Partido. El principal factor que contribuyó
a oscurecer este hecho, no sólo entre los que mirábamos las cosas desde fuera,
sino aún en parte entre sus propios partidarios en China, fue la utilización que
hicieron del prestigio de Mao Tse-tung y de aspectos parciales de su obra, tanto
sus reales partidarios como sus enemigos mortales. Este hecho fue denunciado en
varias ocasiones por el mismo camarada Mao, quien señaló que los revisionistas
estaban haciendo uso y abuso de su nombre y de ideas sueltas de su obra, para
camuflarse y "levantando banderas rojas, para combatir la bandera roja". De esta
aparente "unanimidad" para considerarlo como árbitro en todas las situaciones, al
menos en apariencia, derivó la falsa idea, en especial fuera de China, de que podía
decidir en forma omnipotente allí el curso de los acontecimientos. Consta, sin
embargo, también, hasta qué punto el camarada Mao combatió esta actitud. No
obstante esa creencia, la influencia real de Mao Tse-tung entre las grandes masas,
se encontraba mediatizada y obstruida por el aparato burocrático, partidario y
estatal, que en lo esencial no lo unía, sino que, lo separaba de ellas. Precisamente,
al no poder contar en lo fundamental con ese gigantesco aparato burocrático
manejado por los revisionistas, es que el camarada Mao debió apelar a la
movilización de las masas a través de la Revolución Cultural. Debió, a la cabeza de
ellas, con apenas un puñado de camaradas, movilizarlas contra las estructuras
tanto del Partido como del Estado, dominadas por los revisionistas. Algunos
camaradas lo critican por no haberse servido del Partido en muchos aspectos de
esa lucha e, incluso, de haber demolido ciertos organismos de Partido así como del
Estado, forjando organismos diferentes. Sin embargo, cabe preguntarse, ¿es que
los marxista-leninistas pudimos servirnos de la estructura de los viejos partidos
que cayeron en manos de los revisionistas, pese a que ellos no tenían el poder?
¿no debimos romper con ellos, esforzarnos por destruirlos y reconstruir auténticos
partidos marxista-leninistas? ¿No se apoderaron los revisionistas incluso del
glorioso Partido bolchevique construido por el propio Lenin y Stalin?
Hay quienes no valoran la correlación objetiva de fuerzas que existió en China y
razonando en forma esquemática y unilateral, sobre la base de apariencias,
consideran que, puesto que el camarada Mao era "omnipotente" en China, todas
las manifestaciones de líneas burguesas eran toleradas, cuando no promovidas,
directamente por él. Hemos escuchado, por ejemplo, criticarle por haber
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"permitido" que Teng Siao-ping permaneciera como militante del PCCh, después
de haber sido destituido de todos sus cargos de responsabilidad a raíz de los
incidentes de la plaza Tien An Men. No ven este hecho como expresión de una
correlación de fuerzas absolutamente desfavorable para los marxista-leninistas, a
pesar de la cual el camarada Mao logró, al menos, que fuera destituido de sus
cargos de responsabilidad por la unanimidad del Comité Central, en que
predominaban fuerzas adversas. Si no es así, ¿cómo se explica entonces, que ese
mismo Comité Central le rehabilitara, también por unanimidad, en todos sus
cargos de responsabilidad inmediatamente después de la muerte de Mao Tsetung?
¿Cómo se explica que fueran a parar a la cárcel todos los dirigentes que lo
secundaron en su lucha contra Teng Siao-ping?
Estamos convencidos que buena parte de las críticas o dudas que circulan entre
camaradas, respecto al desempeño del camarada Mao y a su carácter de gran
dirigente marxista-leninista, derivan de que aún persiste esa creencia de que tenía
poder decisivo en todos los acontecimientos de China. Esa creencia, impide
analizar correctamente los hechos como expresión de una lucha de clases, impide
valorar la real correlación de fuerzas que existió en China y por lo mismo, impide
comprender la estrategia y táctica, las concesiones, las etapas, los compromisos
legítimos a los que los marxista-leninistas con Mao Tse-tung a la cabeza, debieron
acceder. Piensan, por ejemplo, que el camarada Mao podía y debía combatir,
simultáneamente, en forma pública y por igual, todas las manifestaciones
reaccionarias puestas en práctica o preconizadas por los revisionistas chinos. Se
olvidan, también en este aspecto, que la lucha contra el revisionismo en China era
una lucha contra enemigos que habían usurpado una parte importante
(probablemente decisiva) del poder y que para derrotarlos, era indispensable
acumular fuerzas, hacer alianzas con enemigos menos poderosos o que aún no se
habían manifestado abiertamente como tales, de manera de aniquilarlos por
partes.
Uno de los aspectos, por ejemplo, que se le critica al camarada Mao, es el que no
haya denunciado abiertamente y con la misma fuerza con que lo hizo respecto a
su política interna para China, la línea y la política internacional de los
revisionistas chinos en los años 70. No obstante, está claro que a través de la
polémica internacional contra el revisionismo contemporáneo, el camarada Mao
sustentó una línea internacional diametralmente opuesta a la de Teng Siao-ping y
sus secuaces. Más aún, esa línea correcta se aplicó en lo esencial en los
momentos de auge de la Revolución Cultural, es decir, cuando apoyándose en las
masas, los marxista-leninistas chinos con el camarada Mao a la cabeza, lograron
contener y obligaron a replegarse a los revisionistas de numerosos puestos de
poder que controlaban. Son los propios revisionistas, por lo demás, quienes han
reconocido que los colaboradores más cercanos de Mao Tse-tung (y sin duda el
propio Mao), se opusieron a la teoría de los "tres mundos".
Si la lucha contra el revisionismo en materia internacional no se hizo pública
cuando se impuso esta línea en los años 70, ello se debe, sin dudas, a la
imposibilidad de enfrentar -dada la correlación de fuerzas que se produjo después
del complot de Lin Piao- a los oportunistas con igual vigor, en todos los terrenos.
Es preciso agregar que, según nuestra opinión, uno de los preconizadores de una
serie de aspectos de la línea internacional revisionista, era el propio Chou En-lai,
quien según se dice, además, fue uno de los promotores de la rehabilitación de
Teng Siao-ping. El apoyo de Chou En-lai, segundo dirigente en importancia de
China, al parecer, fue indispensable para conjurar las ramificaciones del complot
de Lin Piao, en el que estaban comprometidos importantes jefes de las fuerzas
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Armadas. Precisamente, es después de descubierto el complot de Lin Piao, que
comienza, a infiltrarse y a ser promovido Teng Siao-ping. El mismo año 1971, en
que se descubre ese complot, Teng Siao-ping envía una carta al Comité Central
ofreciendo su colaboración, la que en 1972, es dada a conocer en todo el país. En
1974, propala ya abiertamente su línea oportunista en las Naciones Unidas y,
muy pronto, comienza ya a formular una línea interna reaccionaria y opuesta a las
conquistas de la Revolución Cultural Proletaria.
Es este frente interno el que elige el camarada Mao p