[Túnez ]Disturbios y actividad politica

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    RicardoTresFlechas
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    Re: [Túnez ]Disturbios y actividad politica

    Mensaje por RicardoTresFlechas el Jue Ene 20, 2011 3:54 pm

    EL PCOT no va a encontrar otro mejor momento para tomar el poder que ahora

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    Re: [Túnez ]Disturbios y actividad politica

    Mensaje por Tovaritx el Jue Ene 20, 2011 4:35 pm

    Bueno, pero habrá que ver que fuerza tiene y cómo está la correlación de fuerzas. Todos queremos esa solución, otra cosa es que sea posible.

    Parece (lo he leído en Civilización Socialista) que el PCOT está metido en una coalición con los islamistas de Enhadda y con un partido izquierdista progresista.

    Por otra aprte el sindicato mayoritario Unión General de los Trabajadores Tunecinos ha retirado sus tres ministros del gobierno provisional. Lo ha hecho debido al exceso poder del partido Reagrupamiento Constitucional Democrático, del depuesto presidente y del actual presidente interino. La UGTT no se opone a que el RCD esté en el Gob Provisiona, pero discrepa de exceso poder, dice que el Gobierno Provisional con esa composición puede ser una hoja de parra hacia una transición pilotada (la transición pilotada o la "ruptura controlada" de una u otra forma, suelen ser fórmulas de los imperialistas cuando necesitan un recambio. MUCHO OJO con los imperialistas ¿no es sospechoso que de repente toda la prensa internacional se haya convertido en anti-Ben Alí?)

    La RCD hasta ahora ha sido miembro de la Internacional Socialista. Por comentarlo.

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    Re: [Túnez ]Disturbios y actividad politica

    Mensaje por Agitación el Jue Ene 20, 2011 4:52 pm

    La lectura que yo hago es que ahora mismo estamos en una pelea a 3 bandas.

    Anteriormente Túnez disfrutaba de un estatus postcolonial de gran influencia francesa, siendo el imperialismo francés la potencia hegemónica del país, a la par que se iba conformando un creciente apoyo por parte de la oligarquía al imperialismo yanki.

    Ahora tenemos al imperialismo yanki disputándose el poder junto al imperialismo francés por un lado, y por otro tenemos al conglomerado de fuerzas antiimperialistas y patriotas como líderes del grupo popular.

    Las organizaciones que se denominan comunistas no se ven exentas de estar manipualdas por alguno de los ejes imperialsitas y generalmente por el yanki, como revelaron los camaradas de Vía Democrática de Marruecos, que que casualidad que durante las revueltas en todo el magreg que EEUU les proponen una reunión (VD rechaza entablar ningún contacto sabiamente).

    Hay que separar los intereses de la pugna interimperialista, de los objetivos de un frente porpular antiimperialista y patriota, que permit a a los comunistas ponerse en la vaguardia de las peticiones del pueblo tunecino y dirigir una posterior revolución proletaria que guía a todos los pueblos del Madreg a su emancipación.


    Saludos.

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    Re: [Túnez ]Disturbios y actividad politica

    Mensaje por Dzerjinskii el Jue Ene 20, 2011 5:00 pm

    Está claro que las facciones imperialistas han decidido cambiar de caballo en Túnez. Mantuvieron la censura y el silencio esperando a ver si el régimen se sostenía pero ante los hechos consumados ahora están buscando una salida "ordenada" ya están ensayando esto del "gobierno provisional" que les ha dado buenos resultados por ejemplo en Argentina luego de las insurrecciones del 2001 y en Albania en el 97 hasta sacaron de la cárcel al Fatos Nano un socialdemócrata que el liberal Sali Berisha tenia enjaulado y también les dio resultado formar una falsa opción con él. Lo que acompañado de la intervención militar del la ONU y una lluvia de créditos, controló la situación. Como sea dudo que el PCOT este en condiciones de tomar el poder, y menos aun mantenerlo. Pero sin duda la experiencia vale la pena. El PCOT se ha manejado bien a pesar de la represión. Siempre aposto por un frente popular y tuvo su partido legal con organizaciones de superficie pero también su partido clandestino. Pero no es para entusiasmarse todos los partidos comunistas del mundo quedaron muy debilitados desde los 90.

    Saludos

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    Re: [Túnez ]Disturbios y actividad politica

    Mensaje por Dzerjinskii el Jue Ene 20, 2011 5:16 pm

    Agitación escribió:
    Ahora tenemos al imperialismo yanki disputándose el poder junto al imperialismo francés por un lado, y por otro tenemos al conglomerado de fuerzas antiimperialistas y patriotas como líderes del grupo popular.

    Coincido, solo el miedo a que las cosas se salgan de control y los trabajadores y el pueblo avancen es lo que unifica a las facciones imperialistas y la burguesia en general, mientras tanto están tratando de sacar tajada unos contra otros...

    Agitación escribió:
    Las organizaciones que se denominan comunistas no se ven exentas de estar manipualdas por alguno de los ejes imperialsitas y generalmente por el yanki, como revelaron los camaradas de Vía Democrática de Marruecos, que que casualidad que durante las revueltas en todo el magreg que EEUU les proponen una reunión (VD rechaza entablar ningún contacto sabiamente).

    Ja, recuerdo que allá por el año 2002 cuando comenzaba el desembarco de capitales Chinos en Argentina el PCCH envío un correo a la pequeña organización en la que militaba “invitándonos a una reunión...” ¡y eso que reivindicábamos a Enver Hoxha! Los tipos apuestan a todo con tal de debilitar a sus competidores…

    Agitación escribió: Hay que separar los intereses de la pugna interimperialista, de los objetivos de un frente porpular antiimperialista y patriota, que permit a a los comunistas ponerse en la vaguardia de las peticiones del pueblo tunecino y dirigir una posterior revolución proletaria que guía a todos los pueblos del Madreg a su emancipación.

    es muy difícil hay que hacer la apuesta y no temer hacerle el juego a nadie, si sacan tajada los yanquis solo nos aseguramos nuevas contradicciones en el futuro cuando venga el contraataque francés... Recuerden que gracias a estas luchas intestinas de los imperialistas los alemanes liberaron a Lenin y lo llevaron en tren hasta San Petersburgo...
    El servicio secreto alemán todavía se debe estar arrepintiendo de eso ja, ja

    Los tunecinos tiene que luchar no importa si los yanquis están sobrevolando como cuervos, deben hacer su experiencia, templarse y mantener sus consignas independientes con disciplina y fusilando a los quietistas que asustan con eso de “no luchen que favorecemos a este o aquel” pero también estar alertas para que los oportunistas que sean seducidos por los sobornos de alguna facción imperialistas sean desenmascarados y terminen en la zanja con los quietistas…

    Saludos

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    Re: [Túnez ]Disturbios y actividad politica

    Mensaje por Tovaritx el Jue Ene 20, 2011 5:45 pm

    Agitación, se dice Magreb. Cosa que no entiendo, ya que creo que en árabe, Al-Maghreb es el nombre de Marruecos, no usado por ningún otro país ni árabe, ni norteafricano de los llamados "magrebíes".

    Por otro aldo, estoy con vosotros, es mujy difícil engañar al imperialismo, ya que tiene todos los escenarios previstos o por lo menos algún plan B para cualquier situación y mucho más poder de manipulación que nosotros. La única solución es ser fuerte, cosa que es más difícil hacer que decir, ya que decir es facilísimo. Pero siendofuerte te peudes permitir llegar a compromisos sin que eso signifique convertirse en un peón de ellos.


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    Re: [Túnez ]Disturbios y actividad politica

    Mensaje por Chapaev el Jue Ene 20, 2011 6:43 pm

    Dzerjinskii escribió:

    Ja, recuerdo que allá por el año 2002 cuando comenzaba el desembarco de capitales Chinos en Argentina el PCCH envío un correo a la pequeña organización en la que militaba “invitándonos a una reunión...” ¡y eso que reivindicábamos a Enver Hoxha! Los tipos apuestan a todo con tal de debilitar a sus competidores…



    No podia imaginarme algo así.

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    Re: [Túnez ]Disturbios y actividad politica

    Mensaje por Dzerjinskii el Vie Ene 21, 2011 4:35 pm

    Chapaev escribió:
    Dzerjinskii escribió:

    Ja, recuerdo que allá por el año 2002 cuando comenzaba el desembarco de capitales Chinos en Argentina el PCCH envío un correo a la pequeña organización en la que militaba “invitándonos a una reunión...” ¡y eso que reivindicábamos a Enver Hoxha! Los tipos apuestan a todo con tal de debilitar a sus competidores…



    No podia imaginarme algo así.

    Si, pero lo más tragicómico es que éramos una pequeña organización y que seguro nos conocieron por nuestra página Web, y aunque leíamos los materiales del PTB nos identificábamos más con la CIPOML. Al principio no le dimos importancia y pensamos que era un error, quizás algún chino que no comprendía bien el español o algo así, pero ahora que los chinos han invertido muchos capitales en mi país y que tienen fluidas relaciones con el gobierno empiezo a entender... La preguntas que me hago ahora son: ¿a cuantos más los han invitado a charlar? ¿Cuantos habrán aceptado un dinerillo del generoso PCCH para mostrar las virtudes de china? Los rusos están haciendo algo igual con la Casa de Rusia en Argentina, pero para ellos era más fácil tenían contactos ya hechos, lo único que hicieron fue adaptar las organizaciones que tenía el PC. De hecho el titular de la cámara argentina de comercio soviético-argentina ahora está en la cámara de comercio ruso-argentina y viaja en el avión presidencial cada vez que Cristina Fernández viaja a Rusia.
    En esto no tiene nada que envidiarle a las ONG´s y las “Fundaciones sin fines de lucro” etc. que tiene los yanquis, franceses y los pioneros en estas tácticas de sapa: los ingleses.

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    "Crónica de la revolución tunecina" de Alma Allende

    Mensaje por poloral el Sáb Ene 22, 2011 10:30 am

    Crónica del último día de un dictador (y del primero de un pueblo)
    Túnez: la lógica en cuclillas


    Alma Allende
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    “Lo hemos hecho temblar, pero no caer”, decía ayer por la mañana un amigo tunecino, director de cine y profesor, convencido de que la estrategia de Ben Alí había dado sus frutos. Estábamos delante del ministerio del Interior, en la calle Bourguiba, rodeados de una multitud que se había ido reuniendo desde las 9 de la mañana, en una jornada de huelga general convocada por la UGTT, pero que ningún partido ni organización secundaba o dirigía. El propio sindicato parecía haber abandonado a la gente a su suerte, ocupado más en negociar con palacio que en atender las demandas de sus afiliados. Ni comunicados ni instrucciones ni discursos. Gente, sólo gente de toda condición, dispuesta a desmentir las previsiones de mi amigo a fuerza de insistencia. El día anterior, tras las nuevas promesas del dictador, mientras coches de alquiler escenificaban a bocinazos un inverosímil apoyo a las medidas, los blogueros en Internet resumían un sentimiento común: “66 muertos son un precio muy alto para tener sólo youtube”. No era eso lo que querían y para demostrarlo habían acudido a la avenida principal de la capital tunecina, donde se encuentra el Hotel Africa, símbolo del Túnez turístico y barnizado, y el infame ministerio del Interior, símbolo de la dictadura: “Ministerio del Interior, ministerio del terror”, gritaban subiéndose a las rejas de la planta baja mientras desde arriba esbirros de la policía grababan a la muchedumbre.
    Se miraba mucho a las terrazas, temiendo a los francotiradores que el jueves habían causado dos víctimas mortales en el barrio de Lafayette, pero se tenía al mismo tiempo la tranquilidad de que la intervención de la policía era más improbable que nunca: el discurso del presidente y la presencia de periodistas extranjeros excluía, al menos de entrada, una matanza. Había muchos jóvenes -estudiantes, empleados y parados- pero también profesores, intelectuales, administrativos, informáticos, hombres y mujeres, y también niños y ancianos. Un hombre maduro de aspecto muy formal, envuelto en un abrigo de contable, discutía con dos chicas sobre la conveniencia de que Ben Alí dejara inmediatamente el poder, convencido de que no había ningún recambio que impidiese el caos. Detrás, un setentón tocado con una chachia y vestido con burnus, con manos de hierro de trabajador, con mucha menos cultura que su interlocutor, le corta sin embargo con autoridad: “No estamos en la escuela”, dice, “que se vaya y nosotros decidiremos”. Eso es, en efecto, lo que piden a gritos acompasados los manifestantes, mediante consignas repetidas una y otra vez entre un ondear de manos. Han perdido el miedo y no están dispuestos a recular: “Pan y agua, Ben Alí no” (hubz wa me, Ben Ali le), “Túnez libre, Ben Alí fuera” (Tunis khurra khurra, Ben Ali barra barra), “Ben Alí asesino”, “Trabelsi, ladrones del estado”, “No pararemos hasta derrocar al dictador”. Las consignas se interrumpen a menudo para dar paso al himno nacional, reciclado o recuperado como canto subversivo: “moriremos moriremos para que la patria viva”. Ninguna consigna religiosa ni bandera partidista. Y cuando un barbudo invoca una vez el nombre de Alá, es sepultado bajo un alud de silbidos y abucheos.
    A las dos de la tarde nadie se ha ido. Se busca un poco de agua y cigarrillos y se vuelve a la multitud, que recupera dos elementos por cada uno que pierde. Los mismos que por la mañana creían la partida perdida ahora empiezan a recuperar la fe, cambio que coincide y se solapa con un aumento de la tensión. La paciencia, el empecinamiento, la obstinación de los gritones comienzan a poner nerviosos a los policías, que por primera vez forman en escuadra en las calles adyacentes a la avenida Bourguiba, cerrando los accesos. A través de los teléfonos móviles se reciben noticias desde otros barrios de la ciudad y los rumores contagian una excitación nueva: la policía reprime a los habitantes de la periferia que quieren acceder al centro, muertos en Hay el-Khadra y Le Kram, asaltos a las casas de los Trabelsi en La Marsa. ¿Será cierto? Es la policía quien nos lo confirma con su barbarie. Un minuto después de que el cadáver de un joven asesinado el día anterior cerca de la Medina desfile por encima de la multitud del boulevard, comienza el asalto. Detonan las bombas lacrimógenas y en medio del humo blanco la multitud empuja hacia las estrechas callejas adyacentes. Pero lo hace con una disciplina, con una prudencia, con una buena educación que nadie habría sospechado tampoco hace tan solo veinte días: wahda, wahda, shuaia, shuaia, imponen orden jóvenes passolinianos de una belleza inesperada, tratando de evitar una avalancha. Consiguen incluso hacer recular la primera estampida. El segundo asalto, en medio de las explosiones, provoca la desbandada. Salimos ya un poco a ciegas, tosiendo y frotándonos los ojos, entre dos cortinas de humo, delante y detrás, y algunos preferimos no pararnos, cruzar la nube que nos cierra el camino y huir del centro del avispero. Los desafortunados que no lo consiguen, los valientes que no quieren ceder, se verán a partir de ese momento encerrados durante dos horas en medio de una balacera.
    Miles de personas corren por las calles alejándose de la avenida Bourguiba. Son miles, son muchos más de los que había en la concentración. ¿De dónde han salido? Las calles hasta entonces fantasmales, con todas los cierres metálicos de las tiendas bajados, burbujean ahora de una vida extraña, mitad excitada mitad amenazada, con una agudísima conciencia colectiva. Es muy emocionante. De pronto dos, tres, cuatro jóvenes se paran, se dan la vuelta y levantan las manos para detener a los fugitivos. “Hay que volver y luchar”, gritan. Y rompen a cantar de nuevo el himno nacional: namutu namutu wa yahi al-watan, moriremos moriremos para que viva la patria. Seis de cada diez vuelven sobre sus pasos para continuar la pelea a cuerpo desnudo. En ese momento no lo sabemos, pero este gesto cobra retrospectivamente todo su sentido: Ben Alí ha sido vencido por un pueblo que ha descubierto el valor de las matemáticas. Diez es más que uno; cien es más que diez. Y el del relato: hay un momento en el que es necesario marcar el climax, introducir un poco de retórica, respetar las convenciones. Los jóvenes cantan, arengan y el pueblo se gira, combate y vence.
    A partir de las 16 h. los acontecimientos se precipitan. Un vandalismo certero saquea y destruye en Gammarth las casas y muebles de la familia Trabelsi, dueña del país; se incendian comisarías en la Goulette; se lucha en Le Kram y en otros puntos de la ciudad. A media tarde se anuncia el estado de excepción con un toque de queda a partir de las 18 h. El ejército ocupa el aeropuerto y cierra el espacio aéreo. Miembros de la familia Trabelsi son arrestados. El dictador Ben Alí abandona Túnez en un avión con destino desconocido. A las 18.50 en el canal 7, el hasta entonces primer ministro, Mohamed Ghanouchi, asume la presidencia interina del país comprometiéndose a convocar elecciones. En algunas calles, soldados y ciudadanos se abrazan. El primer acto, la derrota del dictador a manos de su pueblo, se ha consumado.
    No es fácil saber qué pasará ahora. El nuevo gobierno es en realidad el viejo decapitado y su presidente pertenece al mismo partido; y ni siquiera tiene legitimidad constitucional para ocupar el cargo. EEUU y la UE han dirigido sin duda las operaciones en la sombra. Y quedan rescoldos encendidos -una policía refractaria y quizás saqueadora.- Pero ayer -cosa rarísima- hubo una victoria del pueblo y la menos previsible. El pueblo en el que menos se confiaba -un pueblo censado entre los vencidos y entregados- derrocó al dictador que más seguro se sentía. Podemos describir la lógica de las cosas, y es bueno hacerlo; pero jamás podremos saber en qué momento y por qué motivo suspende su dominio sobre el mundo. Los mismos que se rebelaban dignamente contra la oferta de Ben Alí, que quería venderles youtube a cambio de 66 muertos (finalmente más de cien), celebran hoy la victoria, pero desconfían y vigilan. Es que la conciencia de su dignidad, sus derechos y su fuerza es una felicidad siempre despierta.

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    El segundo dia

    Mensaje por poloral el Sáb Ene 22, 2011 10:31 am

    El segundo día del pueblo tunecino
    El pueblo organiza su defensa


    Alma Allende
    Rebelión


    El segundo día del pueblo tunecino se levanta con un cielo ancho y puro que aboveda aún más el silencio tenso que se ha apoderado de las calles. Mis amigos Ainara y Amín, después de una noche de terror refugiados en la casa de un obrero cerca de la Avenida Bourguiba, donde quedaron atrapados tras la manifestación del día anterior, vienen a refugiarse a casa. Traen los periódicos y no podemos dejar de echarnos a reír con pueril entusiasmo. De la noche a la mañana los diarios en árabe del régimen de Ben Alí han acusado la revolución. As-Sabah titula: “El pueblo ha dicho su palabra”. As-shuruq, más popular, es aún más rotundo: “La voluntad del pueblo ha triunfado”. Por primera vez en su historia, en la cinta donde figura el equipo de redacción se ha añadido una frase: “diario independiente de la mañana”. Es como si el ABC encabezase su edición con un “¡viva Fidel!”.
    Cuando salimos a la calle salimos ya a otro país. Son los mismos árboles, las mismas casas, las mismas gentes, pero en un mundo paralelo, en otra dimensión clónica en la que todo es exactamente distinto de su gemelo. Todo está mudo y muy pocas personas circulan por las calles de Mutuelleville. Las tiendas están cerradas; también, por supuesto, el Magazin General, que en cualquier caso, y al contrario que otros supermercados, no ha sido ni saqueado ni quemado. Encontramos finalmente una tiendecita abierta en la espalda de un edificio, junto a Charles Nicole. Una veintena de personas se agolpan frente al mostrador. Algo ha cambiado: no hay leche ni harina ni pan. Pero no es esto lo importante. La gente está -cómo decirlo- mejor educada; es más delicada, más respetuosa. No hay golpes ni empujones, no obstante el desabastecimiento y la necesidad de llevar alguna vianda a casa. Todos esperan su turno, preguntan con serenidad, se intercambian informaciones. En diez minutos hacemos una profunda amistad con una familia que expresa su alivio por la partida del dictador. Nos abrazamos. En una bolsa llevamos una botella de schweps, dos de zumo de naranja, un botecito de dentífrico, dos chocolatinas y una lata de sardinas.
    En Place Pasteur, la poca gente que pasa saluda al retén militar, rodeado de alambrada de espino, que hace guardia en la entrada del Belvedere. Todos estamos tensos, tenemos miedo, pero al cruzarnos nos intercambiamos un saludo. En cada desconocido, de algún modo, reconocemos algo común, una amistad de otro tiempo que queremos verificar con este “aslema” tímido y sonriente.
    Luego, hacia las dos de la tarde, la jornada se vira. Empiezan a llegar noticias de grupos armados que, en coches sin matrícula, entran en los barrios de la capital y disparan indiscriminadamente, asaltan las casas y las saquean. Los vecinos se organizan, armados de palos, para defender sus zonas. En nuestra propia calle una pandilla que esgrime cuchillos es rechazada por los habitantes de las casas contiguas, que me dicen que han pedido ayuda a la policía. Munquid, que vive en el garaje de al lado y se ocupa de regarnos las plantas en verano, me asegura, palo en ristre, que defenderá también nuestra casa.
    Tras el toque de queda, que entra en vigor a las 17 h., la situación se vuelve angustiosa. El helicóptero militar que vuela desde la noche anterior por encima del barrio, con su luz roja giratoria y su sirena, rozando los tejados, pasa y pasa una y otra vez. Ayer me irritaba su rugido insistente; hoy me irrita más no oírlo. Los barrios de Túnez han organizado comités de autodefensa coordinados con el ejército para neutralizar a los “tonton macoute” de Ben Alí: 3.000 policías, se dice, que el día anterior habrían causado la muerte de cien personas y que horas antes han disparado sobre el Café Saf-Saf, en La Marsa, centro populoso de esparcimiento de nativos y turistas.
    En casa, a partir de las 10 de la noche, mientras se escuchan a lo lejos, en Montfleury y Hay el-Khadra, ráfagas aisladas de metralleta, Amín organiza un centro de información; una especie de teleoperador de guerra que se comunica con los distintos frentes a través de Internet. Meher, Heyfel y Tarek están en Mourouj, Sofien en el Bardo, Taha en el Menzah, Mehdi en Cité el-Khadra, Amine y Radhouan en Kabaria, Amir en Ariana. Todos reportan minuto a minuto las evoluciones de la lucha sobre el terreno. Entre los barrios se ha organizado una especie de competencia para ver cuál de ellos detiene más coches de asesinos. La victoria por el momento es de Mourouj, donde se han arrestado diez. Es verdad que el pueblo unido jamás será vencido y si a veces parece una exageración lírica o retórica es por que no hay suficiente pueblo o no está suficientemente unido.
    Hay tensión, miedo, angustia, pero también determinación en la victoria. Lo que parecía una revolución cabalgada por un golpe de Estado se está convirtiendo poco a poco en una guerra. Inquieta un poco leer los periódicos occidentales -los de España, pero también Le Monde o Liberation en Francia- y descubrir que no describen la situación en sus justos términos. Hablan de disturbios, de motines, algunos insinúan la presencia de elementos salvajes del "benalismo", pero no dicen lo que verdaderamente está ocurriendo: grupos de policías del dictador -y de las milicias de su partido- acompañados de mercenarios están tratando de doblegar al pueblo por el terror.
    Pero el pueblo tunecino resiste. Una mujer exiliada en Francia decía que “el 14 de enero es nuestro 14 de julio”. Tiene razón. Lo que ha ocurrido estos días en Túnez marca un viraje histórico que saca al mundo árabe en su conjunto de la sumisión a la que parecía condenado. Argelia, Egipto, Jordania, temen el contagio. Ya nada será igual: un clavo ha sido sacado no por otro clavo sino por una flor. Y nos hemos instalado ya en otra dimensión.
    El segundo día del pueblo tunecino acaba lleno de incertidumbres y angustias, con batallas en las calles, rumores interesados difundidos por los mismos medios con los que el pueblo se informa y se defiende, con la conciencia de que esto no ha acabado y de que aún hay que pelear.
    Pero Mourouj 10, La Marsa 6, Cité Al-Khadra 5.
    Túnez no se rinde.

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    Tercer dia

    Mensaje por poloral el Sáb Ene 22, 2011 10:32 am

    El tercer día del pueblo tunecino
    Jóvenes tranquilizadores con cuchillos y palos

    Alma Allende
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    En el tercer día del pueblo tunecino me despierta muy pronto el silencio tremendo del mismo helicóptero cuyo traqueteo me ha impedido dormir toda la noche. De la calle, de hecho, no llega ningún sonido: ni coches ni voces ni pájaros. Es el domingo de la otra dimensión y, tras las incertidumbres de la madrugada, una casi teme que haya desaparecido el mundo. ¿Se ha acabado todo? ¿Para bien? ¿Para mal? ¿Para igual? De pronto, el silencio es roto por el inconfundible, cotidiano, reconfortante estrépito de lata de la épicerie de abajo. ¡Han abierto la tienda! Las primeras noticias, en la prensa y a través de los amigos -que se acaban de despertar- confirman la tregua: los asaltos han cesado y los barrios se desperezan en medio de los pecios de la tormenta, en este enero cálido de cielos muy azules y ruidos insospechados.
    Cuando salimos a hacer la compra, la épicerie ha cerrado de nuevo, sin nada que vender. El dueño confía en que el lunes se reanude el abastecimiento, pues de otro modo -dice- la situación se puede volver insostenible. También nuestro barrio burgués está regado de restos de barricadas. El impasse de la Aurore ha sido literalmente cerrado por una plancha de hierro; en las calles adyacentes a Premier Juin, ramas de árbol, piedras, placas de uralita marcan la voluntad de los vecinos de defender el barrio de los asaltantes. Todos los accesos a la plaza de Mendes France, donde se encuentra la sede local del RCD, han sido cortados, o al menos dificultados, con pivotes de cemento y bidones de plástico llenos quizás de arena. Ahora en todo caso ya sabemos de dónde viene el peligro. Los medios de comunicación lo reconocen abiertamente y, lo más importante, los tunecinos lo saben: son milicias de sicaros armadas, fieles al ex dictador, con instrucciones de imponer el caos y aterrorizar a la población.

    Hay quizás más gente en la calle en este primer domingo de la nueva dimensión; algunos, armados todavía con palos, bostezan después de la juerga negra del sábado noche. Pero es un domingo de otra dimensión, en efecto, pues las tiendas siguen cerradas. Entre los restos de barricadas vamos a todas en las que hemos comprado alguna vez. Sin suerte. O con poca. La única que ha abierto sólo contiene ya algunas bolsas de pan de molde integral y galletas italianas. Nos inclinamos por el pan.

    A la 1.30 cogemos el coche para llevar a Amin a su casa, en el Mourouj, el barrio victorioso de la noche precedente. Y empieza entonces un largo, tortuoso, revelador recorrido por la ciudad. Para evitar el centro, cuyos accesos han sido bloqueados por la policía, decidimos dar un rodeo por Bab Saadun, donde un poderoso tanque del ejército domina la plaza, enmarcado bajo el arco de la enorme puerta medieval. Es una imagen que todos hemos visto ya muchas veces antes de verla por primera vez -esa especie de inconsecuencia visual, como la idea de la muerte y la doncella- y se nos encoge un poco el corazón. Hay un primer control militar en el arranque de la avenida 9 de abril, enseguida otro frente a la Qasba y luego un tercero, en el que un soldado nos obliga a entregar la documentación, bajarnos del coche y abrir el maletero. Después nos esperan -contados- diecinueve controles más.

    Pero estos diecinueve controles son otra cosa, son otro mundo. Hemos dejado atrás la Qasba y a un lado y otro de la 9 de Abril, con sus dos carriles rápidos, se suceden los barrios más populares de la ciudad: Al-Malassin, Al-Manoubia, Al-Kabaria, Al-Mourouj. Ya no hay militares ni policías. Es como si recorriésemos espacialmente, de una calle a otra, hacia un orden superior, todas los acontecimientos que mezclan sus formas en estos días en Túnez: de una revuelta a una guerra a un golpe de Estado a -de pronto- una revolución. Resulta que los jóvenes se han adueñado de la ciudad. Literalmente es suya. Empuñan bastones, cuchillos, hachas y martillos, pero sentimos al verlos, al contrario que frente al tanque, una enorme tranquilidad. Una extraña alegría. Son muchísimos, algunos apenas adolescentes; han defendido sus barrios durante la noche y ahora prosiguen su lucha contra la dictadura mediante ordenadísimos retenes que, cada ochocientos metros, detienen a los coches y los registran, especialmente los taxis, porque se sabe que los utilizan los esbirros de Ben Alí para asaltar los barrios y transportar armas. Hay algo festivo en el aire y algo solemne en los gestos y es completamente lógico: son libres de estar juntos y de ser muchos y tienen además una misión.

    Lo primero no es el logos; lo primero es la solidaridad y el orden. Hay que ejercer mucha violencia y mucho desprecio sobre un ser humano para que no le apetezca ser serio, bueno, responsable, solidario, cuidadoso, protector. Hay que ejercer mucha presión sobre una sociedad para que prefiera la mentira, la oscuridad, el caos. Rousseau tiene razón. Pero como la naturaleza la hemos perdido para siempre hay que recurrir a la educación. Pero como la educación en nuestro mundo está asociada al dinero, que corrompe, hay que crear -o esperar- una situación. Estos jóvenes han creado la situación en la que pueden por fin estar bien educados. Hace un mes, sí, languidecían en los cafés, pateaban a los perros, se emborrachaban, soñaban quizás con nadar hasta Lampedusa. Nadie creía en ellos, nadie esperaba nada de ellos, nadie hubiese escuchado su opinión. Sólo cabía esperar que, rotos los frenos, dueños de la calle, se pusieran a romper cristales, como los estadounidenses cuando se va la luz, y a robar televisores. Pero hete aquí que, rotos los frenos y dueños de la calle, se ponen a pensar más bien en la protección de sus familias, en el bienestar de sus vecinos, en el destino de su país. Los que asaltan y saquean, ahora que no tienen poder, son los policías de Ben Alí; y los jóvenes, sus antiguas víctimas, ahora que pueden elegir, escogen la generosidad y la organización.

    Es tan emocionante verlos sin vigilancia en las calles, tan vigilantes en las calles, tan sueltos y tantos juntos, tan cuidadosos, tan conscientes de su importancia y por ello mismo tan respetuosos y tan tranquilizadores, con sus cuchillos y sus palos en las manos, que casi nos apetece encontrar enseguida otro retén, que nos vuelvan a parar, dejarles registrar el maletero, darles las gracias por lo que están haciendo, desearles de nuevo mucha suerte en su misión.

    (La única objeción grave es que esta maduración vertiginosa, esta educación en micro-ondas deja fuera a las mujeres. Y en efecto muchas tunecinas protestan en facebook, mientras festejan la autogestión de los barrios, por la ausencia de esta otra revolución aún pendiente).

    Luego, por la tarde, vuelve la tensión. Antes del toque de queda montamos con los vecinos tres barricadas en nuestra calle mientras llegan las noticias de los enfrentamientos con armas pesadas en el palacio presidencial, de los choques en la Porte de France, de la terrible situación de Bizerta, aislada del mundo, a merced de las milicias del ex dictador. Y pienso, en efecto, que junto al golpe de Estado tiranicida y la guerra entre aparatos y los pactos para la formación de un nuevo gobierno, en Túnez hay una revolución. Pienso en esos jóvenes, dueños de la calle, educados, dignos, importantes, conscientes de su valor, a los que se teme y a los que se deja esta noche de nuevo colaborar en la defensa de la ciudad, pero que en realidad, mucho me temo, no encajan en ninguno de los planes programados -desde dentro y desde fuera- para Túnez.

    Pero cuidado. Porque ahora están educados y saben que sólo seguirán siendo dueños de su calle y de su barrio si son también dueños de su país.

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    Cuarto día

    Mensaje por poloral el Sáb Ene 22, 2011 10:34 am

    El cuarto día del pueblo tunecino
    ¿Reforma o ruptura?


    Alma Allende
    Rebelión


    Después del domingo viene el lunes. Pero aquí, después del domingo, sigue siendo Túnez, la nueva dimensión, que empieza a ser, no un país, no, sino un día muy largo, con horas que se repiten cada cien metros y minutos compuestos de sesenta ciudades diferentes. El cuarto día del pueblo tunecino tiene algo de déjà vu. ¿Porque ya lo vivimos ayer? ¿O porque lo habíamos soñado alguna vez? Los estados de excepción -las guerras y las vacaciones- imponen una sombra familiar, el eco de un ritornello. Uno vive por primera vez sólo las cosas más banales; las decisivas ya se habían vivido antes, en otro cuerpo, en otra época de la historia, en otra generación. Amamos la primera vez por segunda vez; nos morimos siempre de nuevo; la libertad siempre se recupera. Todo lo que ocurre de verdad ya había ocurrido antes. Porque todo lo que ocurre de verdad le ocurre a mucha gente al mismo tiempo. Esos tanques y esos disparos los reconocemos, pero la alegría de compartir un gesto viene también de otra vida anterior, de otras vidas. El terror y el entusiasmo nos traen siempre viejos recuerdos.
    Hay una intensificación que homogeneiza la experiencia o una homogeneización que la intensifica. Eso explica, en parte, la delicadeza asombrosa en las colas para comprar el pan, la facilidad con que se establecen conversaciones entre desconocidos, la tranquilidad pasmosa con que la gente toma café después de un tiroteo o la pericia rutinaria con que se monta una barricada. O lo más asombroso: que un pueblo silenciado durante 23 años hable de pronto de política, con naturalidad y madurez, como si lo hubiese hecho toda la vida. ¡Qué gran transformación que parezca normal lo que no se ha vivido nunca y que se ha conquistado mediante un centenar de muertos!
    Hemda, la periodista tunecina despedida de la radio, ha encontrado enseguida trabajo en una emisora nueva: por teléfono, sin conocer a sus patrones, se ha convertido en reportera y debe mandar crónicas desde distintos puntos de la ciudad. El propósito es el de radiar en directo el regreso a la normalidad de la población de la capital. Pero lo primero que encontramos en el centro de la ciudad es una manifestación de unas doscientas personas que avanzan por la avenida de Paris hacia Le Passage. Gritan consignas contra el primer ministro, Mohamed Ghanoushi, y reclaman la inmediata disolución del RCD, el partido de Ben Ali. Las pocas tiendas abiertas se precipitan a cerrar sus puertas mientras los policías se disponen a intervenir ante la mirada de esfinge de los retenes militares. Aún faltan unas horas para el anuncio del nuevo gobierno de coalición, pero esta imagen da ya la medida de un conflicto que sólo puede agravarse en los próximos días. Los viandantes que han salido a comprar el pan discuten en voz alta: como en todos los barrios de Túnez, unos sostienen que hay que ser pacientes, esperar a las elecciones y dar la vuelta al calcetín sucio del régimen desde dentro. Otros, al contrario, desconfían de esa posibilidad y aseguran que es necesario continuar la presión para que no les arrebaten una oportunidad histórica que puede no volver a presentarse.
    Prolongamos la discusión en el Bardo, donde la noche del domingo hubo duros enfrentamientos armados y cuyas calles vigila el ejército. Curiosamente esto proporciona un pequeño recinto de normalidad paradójica. Mientras decenas de personas forman cola delante del Monoprix, que está a punto de abrir sus puertas, los cafés del barrio están atestados de clientes y beben y fuman en las terrazas al lado de los soldados que montan la guardia. En uno de ellos encontramos a Mehdi, licenciado en historia, quien sostiene que las manifestaciones son peligrosas, pero también una demostración de normalidad democrática que debería respetarse. Está preocupado, en todo caso, por la continuidad previsible del nuevo gobierno. Hemda insiste en que lo prioritario es recuperar la normalidad, convocar elecciones y permitir que todos los partidos se presenten a ella, y que para llegar a ese punto es preciso evitar las provocaciones y aceptar la gestión provisional del RCD. Me pregunto para mis adentros qué pensarán al respecto los jóvenes tranquilizadores de los cuchillos que defienden los barrios populares y decido proponer a Hemda una visita al Malasin o al Muruj para el día siguiente. En todo caso, es emocionante escucharles pronunciar la palabra democracia; suena muy limpia en sus labios, muy poderosa, difícil de rebatir. A mis objeciones sobre el trabajo en la sombra de EEUU y Francia para imponer límites a cualquier proceso electoral futuro, responden con cabezonería: elecciones, elecciones, elecciones. Confían de tal manera en la madurez de ese pueblo que ha demostrado en estos días tanto valor, disciplina y dignidad que ven por un solo ojo. Pero ese ojo está lleno de luz.
    De vuelta al centro, en la avenida Mohamed V, vemos una escena diminuta y modélica. En medio de la calle hay dos coches que nos bloquean el paso. Los conductores se hablan de ventanilla a ventanilla. ¿Conspiran? ¿Discuten? ¿Se están pasando un arma? No, uno de ellos alarga la mano y le da al otro media barra de pan. Es la primera baguette que vemos en cinco días.
    Pasamos luego por los aledaños de la avenida Bourguiba, donde se respira una enorme tensión -y restos de gases lacrimógenos. Sólo hay soldados y policías y caminamos sin querer mirando a los tejados, recordando los francotiradores del ex-dictador que la tarde anterior han provocado el terror.
    Por fin vamos a la Qasba. Allí se encuentran el palacio de Justicia, la Alcaldía de Túnez, el Ministerio de Finanzas. Se puede imaginar la vigilancia: tanques, soldados, policías. Y sin embargo -por uno de esas misteriosas extravagancias de este país- logramos llegar sin que nadie nos detenga ni nos pregunte nada hasta la misma puerta de la sede del Primer Ministro, donde está a punto de celebrarse la conferencia de prensa anunciada para las 15 h.. Hemda, que aún no tiene carnet de prensa, pide a un periodista de Al-Jazeera que marque el número de la emisora y active el móvil cuando comience a hablar Mohamed Ghanoushi. Es así como consigue retransmitir los nombres de los nuevos ministros que nosotros, fuera, no oímos. Pero escuchamos, en cambio, a uno de los policías que custodian el ministerio, muy simpático, muy familiar, que quiere convencernos de que también ellos son buenos:
    - En realidad somos proletarios y estamos dispuestos a dar la vida por el pueblo. Es una minoría la que ha disparado sobre nuestros hermanos y no se nos puede juzgar por lo que han hecho y siguen haciendo unos pocos. Se nos necesita y tendremos que buscar la forma de que los ciudadanos confíen en nosotros.
    De vuelta a casa, dos horas antes del toque de queda -que se ha retrasado hasta las 7- me entero de la composición del nuevo gobierno: el RCD conserva todo el aparato del Estado -Interior, Exteriores, Defensa y Justicia- y deja a los tres partidos de oposición que ya eran legales Sanidad, Desarrollo y Educación. Si eso es toda la ruptura que puede ofrecer Ghanoushi, hay motivos para preocuparse. La oposición real -Marzouki o Nasraoui, por ejemplo- denuncian enseguida la continuidad con la dictadura y llaman a los tunecinos a seguir movilizándose.
    La situación, pues, se complica. El ejército, independiente pero débil, apenas si puede hacer otra cosa que contener a las milicias asesinas del ex-dictador. El gobierno ya ha dejado claro cuál es la vía que se va a seguir. Y los ciudadanos están divididos entre dos alternativas igualmente peligrosas: ceder puede acabar para siempre con la esperanza de una verdadera democracia para Túnez; seguir luchando puede conducir a una guerra abierta en la que, sin líderes reconocidos ni organizaciones aglutinantes, los rebeldes sean masacrados por todas las partes. La sensación es que todo se vuelve frágil y peligroso.
    A las 9 escuchamos tres ráfagas de metralleta cercanas. Luego la noche es tranquila.
    En Argelia, en Egipto, en Mauritania tres jóvenes siguen el ejemplo de Mohammed Bouazizi y se inmolan como protesta. Túnez ha volteado de un coletazo su posición en la historia para convertirse en la vanguardia inesperada del mundo árabe. Todos tenemos ahora los dos ojos puestos en este país.

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    Quinto Día

    Mensaje por poloral el Sáb Ene 22, 2011 10:35 am

    El quinto día del pueblo tunecino
    Pues eso: revolución

    Alma Allende
    Rebelión

    Fotos de Ainara Makalilo


    Bajo un cielo gris que empieza a ajustarse al calendario, después de un pequeñísimo remanso, Túnez vuelve a la lucha. No acepta apaños ni la idea del calcetín reversible ni la transición a la española. La nueva dimensión -con sus angustias nocturnas y sus tiendas cerradas, pero preñada de esperanzas- no quiere absorberse de nuevo en su gemela falsa. Del pasado no se quiere conservar nada, salvo el futuro que sin saberlo llevaba dentro.
    A las 10 de la mañana parece haber un poco más de tráfico y Hemda expresa su alivio: “Nunca pensé que iba a alegrarme de ver un embotellamiento”. Algunos supermercados han abierto, como el lunes, y en la avenida de la Libertad las severas persianas metálicas se alternan con puestos de zumos y pequeños quioscos que despachan tabaco y frutos secos. Pero la ilusión se desvanece al acercarnos a Lafayette. Como el día anterior, una pequeña manifestación está subiendo por la avenida de París, gritando consignas contra el RCD y el gobierno de coalición. No parece en todo caso una gran protesta y seguimos por la calle de la República hasta el extremo del bulevar de la avenida Bourguiba, en una de cuyas calles adyacentes, junto a la embajada francesa, dejamos el coche. El acceso en automóvil a la Bourguiba está cortado por todos los lados; alambradas de espinos, tanques, retenes militares y policiales, junto con furgonetas de todos los cuerpos imaginables, se suceden en la arboleda hasta donde alcanza la vista.
    La tensión parece aletear en el aire. Oímos enseguida, en la callecita paralela por la que subimos, voces excitadas y vemos algunos metros más arriba un grupo de unas treinta personas que ocupan la calzada. Dos de ellas discuten a gritos sobre el nuevo gobierno, con un acaloramiento que exige la intervención de los compañeros, mientras dos hombres invitan a la gente a encaminarse hacia la sede central del RCD, el partido del dictador depuesto.

    Entramos en la avenida Bourguiba y la recorremos por la acera derecha, subiendo hacia el ministerio del Interior. La vía principal de la ciudad, con el hermoso Teatro Municipal, la catedral, sus hoteles y cafés -centro habitual de encuentro de turistas y nativos- aparece aplastada y obscenamente desnuda. Como si le hubieran pasado por encima un cepillo de púas. Nadie circula por el bulevar central, cortado en tiras por el ejército y la policía, aunque grupitos susurrantes comienzan a coagular en las esquinas. Algunos periodistas están sentados en las terrazas, aguardando acontecimientos cuyo embrión se forma a ojos vista y crece en dirección a la plaza 7 de noviembre. Es extraña, por lo demás, esa contigüidad en el espacio del ejército y la policía, como dos especies distintas de las que la gente aguarda también distintas reacciones. La policía da miedo. En algunos de los tanques los ciudadanos han depositados ramos de flores.

    Muy cerca de la plaza 7 de Noviembre, en la avenida Mohammed V, se levanta el colosal edificio del partido RCD, uno de los más altos de la ciudad, construido hace cinco años por Ben Alí y símbolo avasallador de la fortaleza de la dictadura. Hacia allí se dirige la gente con consignas escritas en folios de papel: “Fuera el RCD”, “Pan y agua, RCD no” (jubz wa ma, tayamu' la); se corean eslóganes imperativos: “Túnez Túnez libre libre, RCD fuera fuera”. Son las mismas que llevaron al derrocamiento del dictador el viernes pasado, pero que ahora piden la disolución inmediata del partido y la formación de un gobierno de transición sin lastres del pasado. Hay algunos abogados con toga, profesores, artistas, empleados de banca. Está Munir Trudi, un conocido cantante, que defiende con calor su posición frente a algunas objeciones de Hemda: “Llevamos días demostrando en los barrios que somos perfectamente capaces de organizarnos. No necesitamos ninguna tutela. No podemos alcanzar libertad y democracia a través de un gobierno corrupto y criminal. Que se vayan ya”.
    Son pocos por el momento, unas cien personas que alzan sus puños y sus consignas frente al edificio mientras los militares, muy próximos, parecen contener a la policía, apostada al otro lado de la avenida. Hay mucha tensión, muchos gritos, mucha obstinación. De pronto suenan tres disparos y el grupo se dispersa. Pero enseguida se forma de nuevo y vuelve sobre sus pasos. Vuelven a gritar, a exhibir sus carteles, a reclamar la disolución de partido. Un rumor sobrevuela las cabezas y se convierte en un grito de alegría y en una salva de aplausos: se difunde la noticia de que Mohammed Ghanoushi, el primer ministro de Ben Alí, el primer ministro del gobierno de coalición, ha dimitido. Es una buena señal, una pequeña victoria.
    Poco después, un hombre con bigote y gorra de lana, con aspecto de militante de izquierdas, reclama silencio. Los militares le han pedido la disolución inmediata de la manifestación: “Dicen que ya nos hemos expresado y que debemos dispersarnos en cinco minutos”. Obedecemos mansamente.
    Pero entonces, mientras caminamos en paralelo a la avenida Bourguiba, cuando parece haber acabado todo, con la duda ya sobre la renuncia de Ghanoushi, que no logramos confirmar, se despejan todas las incertidumbres sobre lo que verdaderamente importa. Es la revolución. A medida que caminamos hacia la avenida de París nos vamos contando y cada vez somos más; todos los grupúsculos desperdigados por el centro, cristalizados al azar, aglutinados por una ambición compartida, afluyen desde las calles laterales, decenas, centenares, luego algunos miles de personas que cantan el himno nacional: namutu namutu wa yahi al-watan. Un camarero, de pie en la calle, a punto de cerrar el local, se une a los gritos contra el RCD, insulta al gobierno, vocifera su “Túnez libre libre” (Tunis jurra jurra); desde un tranvía con el que nos cruzamos los pasajeros levantan el pulgar y hacen el signo de la victoria. En la avenida de París se unen los artistas convocados por la mañana al teatro Le Quatrieme-Art para discutir la situación. Llegan noticias de manifestaciones semejantes en Sfax, en Sidi Bouzid, en Qasserin. La decisión está tomada: es, en efecto, la revolución. Ni apaños ni calcetines reversibles ni transición a la española.
    Y llega, claro, la carga policial. Se oyen las primeras detonaciones y por encima de la muchedumbre se elevan las parábolas humeantes de las bombas lacrimógenas. Hay que correr evitando las trampas de las callejuelas, alejándonos del lugar donde dos horas antes dejamos el coche. Se impone un largo rodeo por la Medina. Caminamos al lado de dos jóvenes guapísimos que nos agradecen la solidaridad; un viejo elegante tocado con shashia nos detiene, nos explica fervoroso lo que está pasando y exige una amnistía general.
    La calle de las Salinas, bajo el cielo plomizo, recoge parte de la tensión. Los tenderetes de fruta, aún abiertos, comienzan a cerrar. Pero la tensión ya no es un cepillo de púas sino una vibración de fiesta, de poder, de decisión. Allí, al volver un recodo, nos encontramos en la recoleta plaza de Mohammed Alí Al-Hammi, bullente de sindicalistas reunidos delante de la sede de la UGTT, la Unión General de Trabajadores, el histórico sindicato tunecino. La atmósfera es de excitación, pero más bien jubilosa. No es Mohammed Ghanoushi el que ha dimitido, nos aclaran, sino los tres miembros del sindicato que habían aceptado formar parte del gobierno. “Sólo empezando de cero podemos realmente empezar”, dice Saida Sharif, presidenta de la Federación de Cineclubs. “Con el RCD en el poder no habrá ningún cambio”. Todos están de acuerdo en que no se puede participar en un gobierno del que forme parte el aparato del partido corrupto y criminal que ha gobernado Túnez en las últimas décadas. La UGTT se ha plegado a la determinación del pueblo y sus afiliados. Se habla abiertamente de revolución. Los nasseristas y los Patriotas Democráticos (una escisión del PCT) reparten panfletos en árabe llamando a la movilización.
    Nos desplazamos hasta la Place Pasteur, a la calle de Alain Savary, sede de la Unión General de Trabajadores del Maghreb Arabe, donde la UGTT ha convocado una rueda de prensa. Abdelsharif Badawi, ministro adjunto al primer ministro, está razonando ante los medios de comunicación allí presentes la decisión de dimitir del gobierno provisional: “UGTT aceptará responsabilidades de gobierno en un gabinete distinto. La revolución del pueblo no puede ser confiscada por el RCD”. El comunicado oficial, leído por Abdel Salim Jedar, secretario general de la organización, anuncia la dimisión de todos los cargos de la UGTT de todas las instituciones del Estado, locales y nacionales, rechaza toda injerencia externa en el proceso y llama a la formación de un "consejo constituyente" elegido en elecciones libres y democráticas. Es una gran noticia. La dimisión de los ministros de la UGTT 24 horas después de aceptar sus cargos indica la fuerza de las movilizaciones de este día y también -y no menos importante- la conciencia por parte de la UGTT, tantas veces ambigua cuando no colaboracionista, de que realmente se puede emprender un camino al margen de las amenazas del aparato del Partido/Estado de Ben Alí. Junto a la noticia del regreso a Túnez de Moncef Marzouki, opositor histórico del Congreso por la República, quien reclama un gobierno de unidad nacional con todos los partidos excepto el RCD, la decisión del sindicato tunecino deja claro que el pueblo de Túnez puede gobernarse a sí mismo.
    Las manifestaciones de hoy parecen reproducir la dinámica de la semana pasada, cuando a las concesiones de Ben Alí se respondía con nuevas protestas. El gobierno de coalición ha durado 24 horas, tumbado por la voluntad del pueblo. Al volver a casa, leo la noticia de la dimisión de Ghanoushi, en efecto, pero no del gobierno sino de sus cargos en el partido; y leo también la noticia de que el partido ha expulsado a Ben Alí y otros siete miembros señeros. Nada puede ser más surrealista: el partido se descontamina expulsando al dictador y el primer ministro se descontamina saliéndose del partido. ¿Pueden seguir pensando, tras este mes de insobornable lucha, que están tratando con niños o con idiotas? Mañana los tunecinos responderán de nuevo en la calle.
    Más preocupante es que los medios occidentales, y algunos usuarios de facebook, relacionen de nuevo las manifestaciones de hoy con los islamistas del Nahda. Puede que hubiera alguno en las protestas y habrá que acostumbrase, por lo demás, a que forman parte legítima de la opinión pública tunecina; pero lo cierto es que sólo la manipulación más interesada puede localizar un sello religioso en la nueva marejada. El que afirme haber oído una consiga o un haber visto un símbolo islamista miente. Una vez más el himno nacional y la bandera del país, rescatados de la ignominia, eran las únicas enseñas que unían a todos los presentes.
    A las 17:30 un vecino me pide ayuda para arrastrar un tronco y cerrar nuestra calle. Va a comenzar otra noche de toque de queda, angustiosa, llena de murmullos y de tiros, con el irritante helicóptero tranquilizador sobre nuestras cabezas. Los peligros son muchos. Pero el pueblo sigue defendiendo los barrios y nadie puede decir ya que no hay una alternativa política al terror.

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    Sexto día

    Mensaje por poloral el Sáb Ene 22, 2011 10:37 am

    El sexto día del pueblo tunecino
    Haciendo planes


    Alma Allende
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    Fotos de Ainara Makalilo


    En el sexto día del pueblo tunecino circula un chiste entre la gente: “hemos echado a Ali Babá, pero se han quedado los 40 ladrones”.

    Por sexto día consecutivo, cientos de ciudadanos violan la ley marcial, que impide reunirse a más de tres personas, y alcanzan esta vez la Avenida Bourguiba, invadiendo el boulevard central. La policía deja hacer. La atmósfera, bajo un cielo a franjas blancas y azules, es completamente distinta del día anterior. Toda la tensión se ha esfumado. Se tiene la certeza de la debilidad del gobierno o al menos de que su estrategia, a la espera del consejo de ministros aplazado hasta el jueves, pasa por no usar la fuerza. De hecho, hemos llegado hasta allí por calles de nuevo populosas, con muchas tiendas abiertas y felizmente abastecidas, y en medio de un tráfico relativamente nutrido. Los bancos, que aún no entregan dinero, están también abiertos. Pero no es la normalidad. O sí: es precisamente la normalidad. Da la sensación de que, por primera vez en 23 años, en Túnez ocurre algo normal. Como si se hubiese levantado la tapa del cielo sobre sus cabezas.

    En el boulevard de la Bourguiba, los manifestantes manifiestan, al mismo tiempo que su rechazo al RCD, su simple existencia, su anchura y longitud, el despliegue máximo de su realidad compartida. Gritan de nuevo consignas vigorosamente abstractas (“Pueblo, libertad, patria, dignidad”), hacen ondear la bandera de Túnez, cantan una y otra vez el himno nacional. Abren sus apretadas filas para que pasen los tranvías, que exhiben en los parabrisas leyendas contra el RCD y el ilegítimo gobierno de coalición, y se cierran de nuevo para seguir alzando sus voces. Se dejan llevar por la sensación, quizás peligrosa, de que ya han vencido. Y convierten el boulevard en una concentración, pero también en un desfile festivo, donde cada participante expresa a su manera, en un trozo de papel, mediante una frase o una imagen, su decisión: “Respetad la voluntad del pueblo”, “Bel Ali+RCD=terrorismo”, “Fuera Ghanouchi”. Seis jóvenes vestidos de negro pasan muy deprisa, adelante y atrás, cargando sobre sus hombres un ataúd en el que está escrito: “RCD, al basurero de la historia”. Y todos nos conmovemos cuando pasa un hombre mostrando un montaje fotográfico en el que aparece Mohammed Bouazizi, el mártir de Sidi Bousid, con la cinta presidencial cruzándole el pecho sobre una leyenda que dice: “Bouazizi, presidente”.

    Hay alegría y orgullo; de pronto los tunecinos se han convertido en el símbolo de la resistencia contra las dictaduras y muchos no se creen lo que han sido capaces de hacer. Ines Tlili, cámara de cine, dice exultante de felicidad: “Ayer veía las noticias en la tv y me sentía perpleja y feliz: ¡somos nosotros!”.

    Grupos de militantes e intelectuales discuten en corros excitados. Se cita a Lenin, a Rosa Luxemburgo, la revolución francesa, la rusa, la china. También se citan los casos de Cuba y Venezuela.

    - Podemos organizarnos de manera autónoma -dice el hermano de Ben Brik, el famoso periodista perseguido por el régimen, y continua: - Hay que aprovechar la autogestión defensiva de los barrios para formar consejos y comunas.

    - Necesitamos una alternativa organizada -dice otro.

    - Precisamente no hay nada más organizado que la espontaneidad.

    - Pero piénsalo un poco. La economía de nuestro país depende del turismo, la emigración y el sector textil en manos extranjeras. En un mes todo eso puede venirse abajo. Pueblo y libertad son ideas abstractas. Necesitamos un plan concreto. ¿Lo tienes?

    - Lo tengo. Jóvenes organizados en los barrios y un gobierno de unidad nacional formado por la UGTT y los partidos de izquierdas.

    Que el régimen siga en pie, que las milicias de Ben Alí no hayan sido derrotadas, que la ruptura no se haya consumado, no es obstáculo para esta eclosión de febril actividad constructiva. Hay formas de alegría que demandan precisamente planificación, aunque no se disponga aún de los medios para ello.

    Amira, joven actriz, hace también planes para difundir la cultura en los pueblos más castigados y en los sectores más desfavorecidos de Túnez. “En el sur la vida de los jóvenes es desoladora. El único recurso que se les ha proporcionado es la prostitución del turismo. No hay cine ni centros culturales ni teatro ni nada. Es necesario llevarles todo eso como factor inseparable de la soberanía política y de la conciencia colectiva, quebrada intencionadamente por la dictadura de Ben Ali”.

    Las situaciones de excitación revolucionaria actualizan todos los mitos, que son en realidad atajos celerísimos hacia la armonía total. Najib es un contable cuarentón que trabaja en una institución pública. Se ha mezclado con los intelectuales y militantes y ha discutido con ellos en pie de igualdad, haciendo gala de una vasta, aunque vacilante, cultura histórica autodidacta. Se define como musulmán, aunque declara enseguida que no votaría jamás por el Nahda. Tiene su propia solución: no se trata de acabar con el RCD sino con todos los partidos, todos los sindicatos, todas las instituciones. ¿Y entonces? ¿Cómo gobernar el país? “El pueblo”, dice con aplomo, “el pueblo tunecino está preparado, es inteligente, es genial. Cualquier tunecino puede poner en marcha un avión o gestionar un hospital”. Después de lo que el pueblo ha hecho en los últimos treinta días, es fácil creer en los milagros.

    Se canta, se baila, se cuentan, por lo demás, historias que abonan la excitación emancipatoria. En distintos lugares de la ciudad los trabajadores habrían expulsado a sus patrones y tomado sus centros de trabajo. Los empleados de la compañía de seguros Star habrían obligado al director a abandonar descalzo el edificio de la compañía. De otras ciudades de Túnez siguen llegando noticias de asaltos a sedes del RCD. Se anuncia además un inminente comunicado de todos los partidos de izquierda, reunidos para coordinar una estrategia común frente al gobierno de Ghanouchi.

    De vuelta a casa, en un Túnez extrañamente festivo en el que los tanques alegran casi la vista, nos emociona ver a un viejo que reparte su baguette de pan, mendrugo a mendrugo, entre los paseantes y más adelante un pequeño puesto de verduras en el que puede leerse el siguiente anuncio: “el que tenga dinero que pague, el que no que coja gratis”.

    Unas ochenta personas permanecen toda la noche en la Avenida Bourguiba para esperar el aluvión del día siguiente.

    Estamos a punto de engañarnos y acostarnos contentos.

    Pero a las 10.30 llegan noticias del Mourouj. Las milicias del dictador están asaltando el barrio y se enfrentan a tiros con el ejército, que ha pedido a los comandos de autodefensa que se refugien en las casas para evitar víctimas civiles.

    A veces los humanos han cambiado ya mientras las estructuras siguen en pie. Y eso es bueno si se quiere tumbarlas.

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    Septimo día

    Mensaje por poloral el Sáb Ene 22, 2011 10:38 am

    Primera semana del pueblo tunecino
    Siempre adelante


    Alma Allende
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    Fotos de Ainara Makalilo


    ¿Qué es una revolución? Una situación en la que se está más seguro, más tranquilo, más vivo, más protegido, mejor acompañado en la calle que en casa. Es quizás por eso por lo que todo el mundo, una y otra vez, todos los días, sin desfallecimiento ni retroceso, se lanza a las calles y se mantiene en ellas cuatro, cinco, ocho horas, resistiéndose a abandonar ese gran refugio abierto en el que se ha convertido la ciudad. “A partir de hoy, no tenemos miedo”, exhibía una mujer un cartel por encima de su cabeza. Y qué hermosura de gente, qué hermosura de rostros sin miedo, qué embellecimiento inaudito el de unas miradas repentinamente liberadas de las legañas de la sumisión.
    Como el agua que cae en cascada, como los fuegos de artificio que estallan abriéndose en cadena en el cielo, como el frenesí de la percusión, como la multiplicación de los panes y los peces, venían de aquí y de allá, uno y luego otro y más tarde otro, pequeños grupos organizados -reunidos al azar en las calles y coordinados a través de los teléfonos móviles- para concentrarse esta vez en la avenida Mohammed V, frente al ignominioso edificio de vidrio ciego del RCD, protegido por el ejército. En esta ocasión los manifestantes han cortado esta gran arteria de la capital, ocupando por completo la calzada y aislando el centro del tráfico rodado. La policía observa ceñuda y los soldados sonríen. La consigna más coreada esta vez es: “El pueblo quiere derrocar al gobierno” (ashaab iurid isqat al khukuma).
    Seguimos hasta el final de la avenida, contra la corriente que llega, para acercarnos a la avenida Bourguiba. En la plaza 7 de Noviembre, el tanque de ayer tiene más ramos de flores, uno que le ha crecido en la boca del cañón, como un disparo de jacintos y amapolas. A las 12 del mediodía hay aquí mucha más presencia militar y menos policial; dentro de la alambrada de espino otras tres tanquetas y numerosos soldados se suceden frente al ministerio del interior, en el centro del bulevar. Pero es increíble. Porque ya no se puede hablar de una manifestación sino de un desparramamiento (“mucha cosa feliz desparramada por toda la ladera”, que diría Álvaro de Campos), de una expansión y asentamiento por todas las calles del centro. En el bulevar se forman corros -cuento hasta quince- de hombres y mujeres que discuten y tratan de establecer programas y estrategias. Son verdaderas asambleas populares cuyos miembros toman la palabra con un cierto desorden, alzando la voz, reclamando libertad de palabra. Es llamativa la mayor presencia hoy de mujeres de todas las edades y con un papel protagonista. En una de estas asambleas improvisadas en medio del bulevar, cuando la discusión impide escucharse, son precisamente dos mujeres -una velada y con aspecto de islamista, la otra claramente laica e izquierdista- las que imponen silencio recordando que “no hay más que un pueblo y todos forman parte de él”.
    Es en estas asambleas donde queda más clara una cierta fractura que está por resolver, que se está resolviendo. Las direcciones de los partidos y sindicatos se reúnen hoy en Bab-al-Asal; los abogados se manifiestan frente al Palacio de Justicia; y la llamada “sociedad civil”, esa vaga constelación de artistas, intelectuales, activistas por los derechos humanos, trata de reestructurar y liberar las organizaciones oficiales en las que habían quedado atrapados, como moscas en ámbar. Aquí en la calle, son los jóvenes, los empleados, los trabajadores manuales -el pueblo- los que toman la palabra en estas asambleas pedestres, porque las forman gente de a pie, en las que voces enfervorizadas de líderes volátiles insisten en el gran descubrimiento de sus vidas: “Esta es la revolución del pueblo”, dice un joven ceñido en una falsa chaqueta de cuero, de rostro decidido y bien tallado, “y no estamos dispuestos a entregársela a ningún líder”. Y añade en medio de los aplausos: “Todos los cuadros del CDR, de los secretarios al presidente, tienen que ser depurados”.
    Lo importante -lo impresionante- es que todos están organizándose sin esperar a tener un gobierno. Por la mañana leo la iniciativa de un grupo de ciudadanos que propone la creación de un Frente de Liberación Popular de Túnez, al margen de los partidos pero que también los interpela, para expresar algunas reivindicaciones comunes a todos: “llamamos a continuar la creación de comités populares sobre todo el territorio tunecino y en el extranjero y a su coordinación, a fin de organizar la lucha del pueblo y alcanzar su derecho legítimo: el acceso al poder”. El comunicado llama también a la defensa del país por parte de estos mismo comités en colaboración con el ejército -al que invita a reforzar la confianza del pueblo- al mismo tiempo que pide la disolución del gobierno, de la policía política y del RCD, la nacionalización de los bienes del partido y del clan Ben Alí y el juicio de todos los responsables del saqueo de la nación. Más importante que todo esto: en el interior del país se forman ya consejos que gestionan las vidas de los pueblos. En Qasserine, uno de los símbolos de la revolución tunecina, tumba de mártires, cuna del nuevo día, una verdadera Comuna formada por sindicatos, partidos de izquierdas y células juveniles, han pasado a dirigir el “gobernorado”, devolviendo a las fuerzas del orden a sus cuarteles. Aquí y allí todos reclaman la disolución del RCD y el gobierno provisional y el establecimiento de una asamblea constituyente.
    Puntos muy parecidos incluye el comunicado de la “Coalición de cineastas libres” que se celebra en esos momentos -a las 13 h.- en la Maison de la Culture Ibn Khaldun, ocupada por los trabajadores de la imagen para una asamblea de urgencia. En ella se declara suspendida de hecho la censura y, tras acaloradas discusiones (en las que se usan las sillas como tribunas) y la lectura del acuerdo, que pide una proceso constituyente y elecciones libres, la asamblea se disuelve para sumarse a la calle: “Los cineastas somos ciudadanos como cualesquiera otros”, dice un enérgico sesentón de bigote amarillento, “y tenemos que unirnos al pueblo”. Bajamos todos las blancas escaleras de estilo colonial para volver a la calle.
    El pueblo sigue frente al edificio de la RCD, donde se han producido algunos cambios. Sobre la verja de entrada un gran cartel declara: “Casa de la revolución del pueblo”. Y arriba, a sesenta metros de altura, figuras humanas diminutas trabajan en el desmantelamiento de las letras que componen el nombre del partido. Consiguen arrancar la palabra “tayamua” (Rassemblement) y desde ese montaña de injusticia la dejan caer; se precipita arrugándose en el aire para quedar prendida en un alero en medio de los vítores y aplausos de la multitud. Pero eso no basta. Aún queda, encima de la gran puerta de cristal roto por las piedras, en el pretencioso dintel, el nombre rimbombante del partido grabado sobre el mármol. Los jóvenes situados en primera línea empujan la verja para entrar en el recinto y los militares, que hasta entonces han permanecido impasibles, disparan al aire tres descargas nutridas de fusil. La muchedumbre se dispersa, pero lo hace como si estuviese unida por muchas gomas a un centro invisible que tirase de los extremos. Tras el minuto de pavor, se vuelve hacia el edificio del RCD. Mientras regresamos por una callecita lateral un joven soldado, verdaderamente bello, nos dice sonriendo con picardía, el arma inclinada hacia el suelo:
    - Bueno, basta por hoy. Volved mañana.
    Pero volvemos hoy. La vanguardia de la manifestación, de nuevo pegada a la verja, negocia con los militares del interior, que dejan pasar a cinco o seis personas. Unos minutos más tarde se asoman por las ventanas, por encima del dintel, y dejan caer unos cables entre la pared y las letras en relieve que componen el nombre en árabe del partido. Debajo espera una camioneta. Después de varias tentativas fallidas, entre el fervor de la gente, las letras van siendo arrancadas, junto a losas de mármol, de la pared. Ya no existe el RCD; es realmente la Casa de la Revolución del Pueblo, un futuro hospital infantil -se reclama a gritos- en una ciudad que sólo tiene uno.
    Luego, de acuerdo con los militares, la multitud se va alejando por Mohammed V, pero sólo para reencontrarse -desde diversos afluentes- en la calle Bourguiba, donde ahora domina la presencia policial, señal quizás de una inminente carga dispersiva. Pero aún se recorre varias veces la avenida, arriba y abajo, en dos grupos procedentes de direcciones inversas que se encuentran en el centro. Se canta de nuevo el himno nacional. Jóvenes se suben a las farolas enarbolando banderas y consignas. Pasa una familia con cinco niños que exhiben carteles denunciando el horror del régimen y exigiendo la disolución del gobierno. No es revuelta, no, ni protesta ni griterío. Es revolución.
    En casa, por la noche, bajo el toque de queda, compartimos la casa con Amín, Ainara, Mohammed e Inés. No tenemos ya ni vino ni cerveza, pues en estos días no puede comprarse, pero sí un resto de orujo gallego y unos puros cubanos. Festejamos el día, los días venideros. Inés cuenta que los asaltos de la noche pasada en algunos barrios populares respondían a la tentativa de las milicias negras de interrumpir el abastecimiento de verduras y alimentos en la ciudad. Mohamed, profesor de Bellas Artes y ex militante del Partido del Trabajo Democrático Patriótico, de filiación marxista, enumera todas las iniciativas en marcha destinadas a consolidar un recambio institucional a partir de la ya embrionaria coalición entre la UGTT, los partidos de oposición y los consejos juveniles surgidos en estos días.
    - La izquierda escondida, reprimida durante años, ha salido a la luz -dice-. Ha estallado. Y si queda mucho camino por recorrer antes de depurar el aparato del Estado, y muchos peligros que conjurar, hay ya un recambio. Hay una estructura preparada para dar realmente el poder al pueblo.
    Inés canta una canción que habla de la hija de la luna, enamorada de un extranjero exiliado que ama su país. Y escuchamos La Estaca de Lluis Llach. Nos emocionamos. Pero nos emocionamos sobre todo viendo un vídeo doméstico rodado estas noches atrás en Jebel Lakhmar, una auténtica “favela” de la periferia de la capital, foco de reyertas y delitos donde hasta hace unos días nadie se atrevía a entrar. En él se ve a decenas y decenas de jóvenes armados con cuchillos y machetes en medio de la noche, tocados con pañuelos blancos, distintivo de los comandos de defensa. Cantan y bailan e interpelan a la cámara: “Mirad, no somos peligrosos, nos amamos; defendemos nuestro barrio y nuestro país. Estamos orgullosos de ser tunecinos”. Allí, como en otros barrios populares de la ciudad, se han invertido los papeles y los jóvenes, en sus retenes de control, han parado a la policía que los paraba siempre a ellos, les han hecho salir del coche, les han pedido los papeles, les han registrado con las manos en alto y luego, con una educación exquisita, les han dejado pasar.
    La noche esta noche no cae. Extiende su manto.

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    octavo día

    Mensaje por poloral el Sáb Ene 22, 2011 10:41 am

    Octavo día del pueblo tunecino
    ¿Cae o no cae?


    Alma Allende
    Rebelión

    Fotos de Ainara Makalilo


    Comenzamos el día con una prueba inquietante de que la revolución no lo puede todo y de que fuerzas irracionales siguen operando al margen de la lógica dominante de las cosas. Nuestro amigo Amín ha cogido la gripe.
    Y sin embargo, la revolución puede con la tristeza, la melancolía, el mal humor, las tendencias suicidas. Mohammed cita el caso de un amigo al que su psiquiatra ha dado de alta después del 14 de enero, fecha de la caída del dictador. Inventamos un nuevo término, la “zauraterapia”, la revolución (zaura ) como terapia psicológica. Las movilizaciones, que se repiten un día más en el centro de la ciudad, están salvando cuerpos y almas.

    Antes de dirigirnos de nuevo a la avenida Bourguiba nos reunimos en un hotel con Hamami Jilani, sindicalista en el sector de las telecomunicaciones y miembro dirigente del Partido Comunista Obrero de Túnez. Hamami, que es también sociólogo, no tiene la menor duda de que la presión popular va acabar por derribar el gobierno. ¿El recambio? Desde hace días, dice, hay diversas tentativas para formar coaliciones amplias que eviten el vacío de poder. Aunque el ejército es débil y Ben Alí lo mantuvo al margen de los entresijos palaciegos, como un cuerpo de técnicos muy despolitizado, su prestigio ha aumentado en los últimos días mientras que los partidos políticos, prohibidos y reprimidos, no han tenido ocasión de hacer llegar sus ideas a la población. Por eso es necesario actuar deprisa. Se espera que mañana mismo se anuncie la constitución del Frente 14 de Enero, que reunirá a un amplio espectro de fuerzas izquierdistas y nacionalistas hasta ahora divididas: el PCOT, los Patriotas Democráticos, el Partido del Trabajo Patriótico y Democrático, nasseristas, baazistas, trotskystas y pequeños grupúsculos de inspiración marxista. Ha sido imposible incorporar al Congreso de la República, de Moncef Marzouki, que estaría negociando por su parte algún tipo de alianza con el Nahda, el partido islamista de Rachid Ghanouchi, aún en el exilio. La fuerza decisiva, en todo caso, será la UGTT, el sindicato tunecino, al que el propio Jilani pertenece, que cuenta con 500.000 afiliados y cuyas bases han estado desde el principio movilizadas.

    - Siempre ha habido dos “velocidades” dentro de la UGTT -dice Jilani. - La dirección no sólo ha colaborado con el régimen sino que se ha mostrado pasivo, cuando no cómplice, en la detención de muchos de sus afiliados más de izquierdas. Pero ahora la presión popular le ha obligado a seguir las directrices de las bases. La UGTT no convocó a la manifestación del 14 de enero; el día antes había acudido a la llamada de palacio y el día después aceptó formar parte del gobierno de coalición. Ha sido la presión desde abajo la que le ha hecho rectificar.

    El programa del Frente 14 de Enero incluiría, como medidas inmediatas, el establecimiento de un gobierno provisional del que sólo se excluiría al RCD y la convocatoria de elecciones para una asamblea constituyente encargada de redactar una nueva constitución. Este gobierno se mantendría durante un año. Para alcanzar este propósito -añade- hay que continuar la presión popular.

    - La presión implica dos elementos simultáneos: las manifestaciones en la calle y la organización de la vida cotidiana. Se han formado ya las llamadas “comisiones populares” o “consejos de defensa de la revolución” en todos los rincones de Túnez. Su misión inicial, la de proteger los barrios de las milicias benalistas, debe extenderse a la gestión de los servicios municipales para construir un nuevo modelo de gestión democrática popular. También en los puestos de trabajo. Muchos dirigentes de empresas, tanto estatales como privadas, han sido expulsados estos días por los trabajadores

    Sobre la amenaza de las milicias, Jilani piensa que el peligro aún no conjurado procede de la Guarda Presidencial, un cuerpo enteramente opaco creado por Ben Alí, muy bien armado y compuesto de un número ignorado de elementos. Anoche volvieron a disparar en el Mourouj y siempre con el propósito de dañar el abastecimiento de la ciudad. Por lo demás, tampoco se conoce el número exacto de prisioneros políticos, algunos en cárceles secretas; ni está claro que se haya liberado a todos los que fueron detenidos la noche del 14 de enero y encerrados en el ministerio del interior.

    - La mayor parte de los prisioneros políticos bajo el régimen de Ben Alí pertenecían a nuestro partido, el PCOT, o a los islamistas del Nahda, las únicas dos fuerzas de oposición real a la dictadura dentro del país y las que más sacrificios hicieron. No obstante nuestras diferencias irreconciliables, hay que reconocer el alto coste que han pagado los partidarios del Nahda durante estas dos décadas. También que desde 1987 su discurso se ha moderado muchísimo: aceptan la separación entre Estado y religión y el código de familia progresista de Bourguiba. ¿Lo hacen por pragmatismo, conscientes de su debilidad, o están realmente convencidos? Esta es la pregunta para la que no tenemos respuesta.

    La perspicacia de Jilani en su análisis de la situación revolucionaria vigente contrasta con la ingenuidad a la hora de juzgar el papel de EEUU y la UE en todo el proceso.

    - Les cogió realmente desprevenidos y por eso no han intervenido directamente. Ahora no tienen más remedio que operar a remolque de las fuerzas populares.

    Por último, le preguntamos por las razones que explican, a su juicio, la potencia de una revolución popular que no esperaba nadie.

    - Al contrario de lo que se dice, el movimiento no ha sido espontáneo o al menos mucho menos de lo que se cree. Las primeras manifestaciones en Sidi Bousid tras la inmolación de Mohammed Bouazizi demostraban ya su fuerte carga política: “El empleo es un derecho”, repetían las consignas, o “empleo, libertad, dignidad nacional”. Detrás estaba el trabajo sindical, puesto a prueba sobre todo durante las revueltas populares de la cuenca minera de Gafsa, entre enero y agosto de 2008. También se exagera -dice en respuesta a una pregunta nuestra- el papel de internet. En ausencia de libertad de expresión, facebook y el teléfono móvil han jugado un papel esencial, pero no son ellos los que han tumbado al gobierno.



    (El tanque e Ibn Khaldun)

    Antes de sumergirnos en la “zauraterapia”, hablamos también con Fabio Marchelli, abogado italiano vinculado a la organización Juristas Demócratas y que forma parte de la Delegación Euromediterránea de DDHH encargada de informar a la UE de las violaciones cometidas por el régimen de Ben Alí.

    - Se debe crear una comisión de investigación -dice- que se ocupe de todas las violaciones cometidas desde 1957, con arreglo al modelo seguido en algunos países latinoamericanos.

    Se ha reunido en estos días con organizaciones de DDHH, con el comité de apoyo a Gafsa y con asociaciones de mujeres. También con los representantes de los abogados, muy combativos en el último período (y que ayer expulsaron del palacio del Tribunal a un juez particularmente corrupto). La delegación fue recibida también por el ministro del interior, Ahmed Friaa, uno de los blancos de la ira popular.

    - El ministro -dice Marchelli- se refirió a las protestas populares como una “revolución” y reconoció que su puesto es provisional.

    Respecto a la posición de la UE durante la crisis, cree que su imagen ha quedado claramente lastimada por el sostén a Ben Alí de los gobiernos francés, español e italiano y que las instituciones europeas deberían apoyar ahora todos los cambios en favor de un movimiento democrático fuerte y organizado y con objetivos claros para el futuro inmediato.

    Debería, sí, pero debería entonces -digo yo- negar su apoyo a Israel, a Argelia, a Egipto, a Jordania, a Arabia Saudí y a un largo etcétera de bribones y criminales. Y parece más probable que siga siendo incoherente con sus discursos que incoherente con sus intereses.


    (Los libros prohibidos)

    El centro de la ciudad sigue en revolución. Todos los días se renuevan las protestas y todos los días se producen pequeños cambios. Hoy las concentraciones comienzan de nuevo en la Avenida Bourguiba, donde a las 10 de la mañana, frente al ministerio del interior, hay ya en torno a dos mil personas. El gobierno, entre otras medidas tomadas a modo de placebo, ha decretado tres días de luto por los “mártires” que el propio gobierno mató y las banderas ondean en los edificios a media asta. Un cartel enarbolado por los manifestantes dice: “Ningún luto antes de que el gobierno caiga”. Se grita, se canta, se reclama la disolución del gabinete. La policía entra desde la plaza 7 de Noviembre y tiende un nutrido cordón de escudos y cascos para cortar la calzada en dirección a Mohamed V. Un grupo de manifestantes que irrumpe con gritos y cánticos desde el extremo opuesto empuja sin saberlo y por un momento el choque parece inevitable. Pero la disciplina por ambas partes es muy grande y, tras apoyarse un instante sobre el muro de uniformes negros, la multitud se gira y comienza a caminar hacia la Medina, sin dejar de gritar y cantar el himno nacional.

    (Gloria a la revolución del 14 de enero)

    En el boulevard quedan, como el día anterior, pequeños corros asamblearios y muchos signos desperdigados de cambio. Las pintadas, por ejemplo, en árabe y francés, que invocan la libertad desde las paredes o denuncian los crímenes del régimen. O la gente que se agolpa en el escaparate de la librería El-Kitab, que ha puesto a la venta La regenta de Carthago , el libro prohibido sobre la mujer de Ben Alí y su familia, y las obras del periodista opositor Ben Brik. O el extraordinario consumo -o exhibición supersticiosa- de periódicos en un país que despreciaba la prensa. O esa ocupación de los cafés de la avenida por parte de periodistas, intelectuales, artistas que se toman un café, se intercambian información, hablan sin bridas, antes de sumarse de nuevo a las movilizaciones. O esa señora de sesenta años, con aspecto de matrona de barrio, que se me acerca con naturalidad y me pregunta por la manifestación como si me estuviera preguntando por la parada del autobús. Frente a la catedral, la estatua del gran historiador tunecino Ibn Khaldun comparte tiernamente el espacio con un tanque en flor. La avenida Bourguiba, que siempre tuvo un aire sombrío -un aire retenido- tiene hoy la ligereza soleada de un día de campo. La atmósfera de esos sueños freudianos en los que uno se agacha a coger una moneda y ve otra al lado y luego otra y de pronto todo alrededor se ha llenado de monedas brillantes que no caben en las manos.

    Así esta extraña dinámica de concentraciones volátiles. De pronto se vuelven a oír gritos y llegan los médicos, con sus batas blancas, insistiendo a voz en grito: “El dictador en Arabia Saudí y el mismo gobierno aquí”. Y se van. Y luego se oyen carreras y pasan a ritmo casi militar los trabajadores del transporte, que han abandonado sus vehículos y se dirigen coreando consignas hacia la Puerta de Francia. Y desaparecen.

    La manifestación -se nos dice- se ha desplazado a la Qasba, a la plaza delante de la sede del Primer Ministro, y hacia allí nos dirigimos atravesando La Medina, extrañamente relajada sin la presencia de turistas. Es lógico ir a la Qasba: es ahí donde hay que hacer ahora la presión. En ese gran cajón formado por el ministerio de Finanzas, el Ayuntamiento, el Palacio de Justicia y el Primer Ministerio, algunos miles de personas hacen hervir sus carteles y sus banderas. Son ya las 14 h. y la multitud insiste, resiste, no se cansa: “Seguiremos luchando hasta derribar el gobierno”. Cuando el griterío o la espesura parecen aflojar, un nuevo grupo se incorpora desde detrás del hospital, con nuevas consignas y nuevos refuerzos; y luego otro desde el corazón de La Medina. Racimos de jóvenes cuelgan de las ventanas del primer ministro.



    (Delante del Primer Ministerio en la Qasba)

    Hacia las 14.30 ocurre una cosa increíble. Una mujer de cuarenta años se me acerca muy excitada, tira de mi manga con obstinación y me pide que la siga. Se ríe, se ríe a carcajadas. Yo al principio no entiendo nada o lo que entiendo me parece un delirio absurdo: “¡Un ministro sin coche! !Un ministro a pie!”. Y no puede dejar de reírse; se parte literalmente de risa mientras hace señas a uno y a otro, se excita, señala con el dedo. Allí está: es un hombre ligeramente panzón, calvo, de patillas blancas, vestido con chaqueta gris. Es Ahmed Brami, el ministro de Enseñanza Superior, líder de uno de los partidos de oposición ( Tajdid , Renovación) que aceptó tareas de gobierno y no ha dimitido. Está esperando el automóvil y trata de pasar desapercibido. La mujer está patidifusa; no se lo acaba de creer y se ríe como una niña: “¡A pie en la calle! ¡Un ministro y no tiene coche!”. Pero a los que reparan en él finalmente no les hace ninguna gracia. Veinte o treinta personas se le echan encima; forman un corro a su alrededor y se va estrechando amenazadoramente. Levantan los puños, le increpan: “Colaboracionista”, “traidor”, “dimite si no quieres ser cómplice”, “estás vendiendo a nuestro mártires”. Por un momento me temo lo peor. En una situación parecida, en cualquier otro lugar, habría sido atrozmente normal un linchamiento o, por lo menos, una agresión vengativa. Pero no en Túnez después de la revolución. El ministro intenta dar explicaciones, luego se acalora, intenta abrirse paso en el follaje. Algunos le empujan; otros, los más, piden calma. Y después de algunos forcejeos e insultos, el ministro se desprende de la tenaza, monta en un coche y escapa indemne.




    (La policía se une al pueblo)



    Pero lo más increíble ocurre hacia las 15 h.. De pronto desde la calle Bab Bnat, donde se encuentran los tribunales, sube un nutrido grupo de manifestantes en un coro de voces. Van vestidos de negro. Exhiben un carnet en la mano. Son, sí, policías que vienen a sumarse a las protestas. Cuando llegan a los aledaños de la plaza, donde se encuentran frente a frente los camiones militares y las furgonetas policiales, los recién llegados se mezclan con los ciudadanos, se estrechan las manos, se abrazan. Algunos de ellos se suben al techo de dos de los furgones y gritan: “Viva el pueblo, nosotros también somos hijos suyos”. Los enfervorizados espectadores aplauden y vitorean. Todos juntos cantan una vez más el himno nacional: namutu namutu wa yahi el-watan.

    A mi lado, Amira llora.

    Ahora sí parece el final. El régimen se desmorona. No queda nadie para defender al gobierno.

    Pero no. Cuando llego a casa empiezo a pensar que lo he soñado. Busco en los periódicos y no hay nada; nada en los españoles, pero nada tampoco en Liberation o Le Monde, que estos días atrás han actualizado la información minuto a minuto. Seguramente lo han hecho por miedo o por un cálculo astuto, pero, ¿no es importante que una parte de la policía se una a los manifestantes declarando su ruptura con el régimen? Y me doy cuenta de que, al igual que una parte de la pequeña burguesía tunecina, cansada de tantas fatigas, los medios de comunicación occidentales se dan por contentos con los cambios producidos y buscan más bien frenar cualquier ulterior evolución. Hablan de las medidas tomadas por Ghanouchi en favor de la libertad, pero nada, o muy poco, de las manifestaciones contra él. No es que lo que no salga en las televisiones o los periódicos no exista; es que no produce efectos. Se puede fingir que no ha ocurrido. Los gobiernos no se sienten concernidos por las presiones sino por la atención que se les presta. Facebook -hormigueo de intercambios privados- tiene mucho menos poder que El País o The New York Times, que pueden convertir en un hormigueo de intercambios privados una sublevación policial a favor del pueblo enfrente del Primer Ministerio, en una plaza pública bajo el sol.

    Yo creí haber vivido un momento “histórico”, como les gusta decir a los coleccionistas de sobresaltos, y sólo había entrevisto el descarte de un periódico.

    ¿Hamami Jilani se equivoca? ¿No habrá ruptura? ¿No caerá el gobierno?

    Como todo es todo el rato sorprendente, no hay que sacar conclusiones. La gripe existe, es verdad, pero el pueblo tunecino es sólo un bebé de apenas ocho días.

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    Re: [Túnez ]Disturbios y actividad politica

    Mensaje por poloral el Sáb Ene 22, 2011 10:42 am

    Bueno cuando salga en noveno día ya lo colgare!

    VASILI ZAITSEV
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    Re: [Túnez ]Disturbios y actividad politica

    Mensaje por VASILI ZAITSEV el Mar Ene 25, 2011 2:11 am

    poloral escribió:Bueno cuando salga en noveno día ya lo colgare! Twisted EvilTwisted EvilTwisted Evil



    La insurrección en Túnez y el futuro de la Revolución Árabe
    (Artículo del gringo Alan Woods)

    VASILI ZAITSEV
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    Re: [Túnez ]Disturbios y actividad politica

    Mensaje por VASILI ZAITSEV el Mar Ene 25, 2011 2:26 am

    Copio y pego, por economizar tiempo, mis impresiones sobre el tema tunecino que di anoche en otro FORO que anda un poco flojo, a ver si acaso se suscita un contraste de impresiones con los camaradas y hacer un seguimiento de los sucesos que tienen lugar en tierras "cartaginesas" Very Happy Smile



    ¡Enhorabuena camaradas!

    ¡Que prometedoras expectativas se le plantean a la clase trabajadora tunecina! ya quisiera poder ver y tomar parte de algo semejante en mi país, claro, no sin que antes se haya constituido una dirección revolucionaria proletaria competente que sepa abrirse paso entre la aparente confusión, caos y tentaciones pequeño burguesas hacia la conquista del Poder para la clase obrera y sus panas del campo y las barriadas urbanas; el caso contrario presenta siempre serias amenazas, digo esto teniendo en cuenta, ante todo, el trágico desenlace de la experiencia de la Unidad Popular en Chile y el posterior período de “transición democrática”.



    No sé ustedes, pero yo estimo que las cosas en las tierras del general Barca, debido a la rapidez y el ímpetu de las movilizaciones, donde el mantenimiento o restauración de la antigüa administración resulta poco probable, tenderán a asemejarse justamente al carácter de una “transición democrática” a la "dictadura del gran capital", si con esto las clases dominantes y el imperialismo logran aplacar el entusiasmo de las masas que ven, por ahora, como principal enemigo a Ben Alí y sus secuaces, siendo su resultante un gobierno burgués pro imperialista más presentable que la repugnante administración que ofrecía Ben Alí “Babá” y sus “40 ladrones” enquistados aún en el Estado. Aquí es donde harán su entrada a escena los lobos de la burguesía con sus disfraces de blancos corderos democráticos, e incluso no extrañaría ver hasta corderos de roja lana con fraseología revolucionaria, sin los cuales estas pretensiones serían imposibles de concretar.

    En caso contrario si las masas demuestran un grado de combatividad creciente y bajo una dirección obrera independiente de la burguesía sus reivindicaciones adquieren más y más el carácter de un programa socialista, se abrirá una etapa de abierta contrarrevolución. En uno y otro caso la inestimable labor de los rapaces corderos de la burguesía hará sentir su perniciosa influencia en las filas obreras y la juventud, y mellará el inconsecuente revolucionarismo o neutralidad de los sectores medios, si acaso los hubiera. Pues bien camaradas, a todo esto esto hay que oponer la política de una dirección revolucionaria que centralice y estimule las luchas y aspiraciones del pueblo trabajador: una “dirección bolchevique 2.0” , enriquecida teóricamente por la inestimable experiencia histórica del siglo del radiante amanecer y trágico ocaso de una revolución proletaria victoriosa y de innumerables abortos revolucionarios que se dieron a nivel mundial.

    (Esa es nuestra ventaja sobre el partido de Lenin, por no mencionar la base material y espiritual de que disponemos en el siglo XXI: el desarrollo de la técnica, la productividad del trabajo y la cultura son mucho más favorables ante el desencadenamiento de un thermidor que cimente la contrarrevolución política que sepulte la democracia obrera y suplante la dictadura del proletariado por la dictadura política y la explotación económica de los jefes del Estado y el partido sobre el proletariado. No, esta perspectiva se aleja cada vez más con el progreso ya alcanzado por la industrialización en los países atrasados, una casta burocrática no tiene que reemplazar a la burguesía de un escenario semi feudal en el desarrollo de las fuerzas productivas en el marco del proceso de industrialización, cuando esta misma burguesía ya a agotado su papel en este empeño. Como explicó Marx, toda formación socio económica, en general, sólo puede mantenerse a condición de desarrollar las fuerzas productivas, esto es válido también para un régimen burocrático. La experiencia de la URSS es la verificación histórica de esta formulación. Cuando la burocracia "marxista-leninista", bromas a parte, fue incapaz de desarrollar la producción en el marco de su propia existencia, esto constituyó la antesala de la restauración capitalista de la mano de esa misma burocracia, de lo contrario quedaba la reconquista del Poder por el proletariado, la casta dirigente se inclinó por la primera opción. He ahí el secreto de la hipócrita, misteriosa y descolocante estalinofilia y estalinofobia de los jefes y funcionarios del Estado soviético.)



    De la decisión, firmeza y seguridad que alcance el “Estado Mayor” de la revolución que germina en Túnez, tanto para saber cuando avanzar como para replegarse en los momentos oportunos, dependerán los alcances de una escisión clasista en las filas del ejército y la policía hacia las filas del bando revolucionario.

    La abierta confraternización con los manifestantes que se ha venido observando primeramente en sectores del ejército y posteriormente de la policía son una señal de resquebrajamiento de la disciplina y obediencia al podrido régimen de imperaba en Túnez. No hay que permitir que el Estado recupere la seguridad del mando sobre el aparato represivo (esta era la apuesta del gobierno francés al tenderle la mano al dictadorzuelo tunecino para restaurar el orden), la apuesta represiva seguramente hubiese estimulado esta escisión, bastante conveniente por cierto, para la ulterior contraofensiva del pueblo, recordemos que aquí lo mejor del combustible revolucionario de las masas no ha sido consumido por el entrampamiento de una experiencia reformista que en su defensa del Estado burgués desmoralice a obreros, mine la confianza en sus descomunales fuerzas y haga cundir la desilusión y el agotamiento en las filas revolucionarias, entregando a consecuencia de esto, a lo mejor de la clase y la juventud en bandeja de plata a las fauces de la contrarrevolución. No, aquí la chispa recién se está encendiendo.

    Ben Ali fue consciente de esta perspectiva y opto por huir, lo como hizo en su momento Sánchez de Lozada al salir huyendo del alzamiento de las masas bolivianas, los más pobres de los pobres, tras hacer uso del fuego para imponer su preciado "orden". Ni hablar de la crisis política que le dio la patada en el trasero a Lucio Gutierrez en Ecuador, entre muchas otras. En uno y otro caso cuando las condiciones objetivas estaban a pedir de boca para el avance revolucionario, la ausencia del bolchevismo marcó el desarrollo ulterior, ¿Cuál fue el resultado en Bolivia y Ecuador? Evo Morales y el MAS de una parte, y Rafael Correa y su "revolución ciudadana" de otra, respectivamente.

    Estos verdaderos "regímenes de Kerensky", bisoños, ambigüos e inconsecuentes se han extendido más de lo que se pudiera haber estimado debido a la crisis de la dirección política del proletariado independiente de las influencias burguesas colaboracionistas, que no recomiendan la lucha de clases y que no se cansan pregonar que las condiciones "aún no están maduras" para la lucha por el socialismo entre otras chorradas, esto por un lado y por otro, a la impotencia de las clases dominantes y sus viejos partidos para recuperar el viejo dominio u ofrecer una alternativa en una situación de crisis económica mundial en el marco de un capitalismo tardío y agonizante. En cambio la reacción han preferido dejar bailar a las masas la ridícula pieza del reformismo y el colaboracionismo de clase hasta que esta agote todas sus fuerzas, para en un futuro reconquistar su pleno dominio hasta con la elegancia propia de un cambio de mando presidencial en una democracia burguesa cualquiera. En Chile esta última perspectiva se conoce como Sebastían Piñera.

    Lo mismo corre para Venezuela, se ha perdido mucho tiempo fantaseando con idílicas salidas reformistas, incluso elementos hostiles al proletariado y los campesinos legados de las anteriores administraciones y oportunistas de toda laya han tenido tiempo de enquistarse en las filas del movimiento bajo la forma de una "burocracia bolivariana", el grito de alarma a este respecto fue el referendum constitucional de 2007 donde el apoyo chavista se redujo en cerca de 3 millones de votos, hay que enmendar la marcha y radicalizar la revolución para salvaguardarla, ahora que aún podemos de hablar de revolución en Venezuela.



    El ejemplo de un triunfo revolucionario de carácter laico en Túnez tendría un gran impacto en los países árabes, sobre todo al desbaratar la influencia de la repulsiva basura reaccionaria del fundamentalismo islámico que logra engatusar a importantes sectores que lo consideran como una alternativa viable para el desarrollo de la sociedad.



    Así, con todo, concuerdo plenamente con el gringo Woods cuando asemeja los sucesos de Túnez a la revolución de febrero de 1917 en Rusia, en que en uno u otro caso la calidad de la vanguardia revolucionaria desempeñó un papel clave sobre el curso de los acontecimientos.



    El pueblo tunecino merece más que un el congelamiento transitorio del alza en el pan o las pírricas, formales y engañosas "conquistas democráticas" que le ofrecerá la burguesía, tras esto, como sabemos vendrá el garrote de la revancha patronal.



    Adelante camaradas!!!

    Arriba Túnez carajo!!!






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    Re: [Túnez ]Disturbios y actividad politica

    Mensaje por VASILI ZAITSEV el Mar Ene 25, 2011 2:32 am

    Comienza el arribo de los "lobos democráticos"

    Enviado de EE.UU. visita Túnez y ofrece ayuda en el proceso de transición
    Por Agencia EFE – Hace 1 hora.

    Washington, 24 ene (EFE).- El secretario de Estado adjunto para Asuntos de Oriente Próximo de EE.UU., Jeff Feltman, se reunió hoy en Túnez con el ministro de Exteriores y otros líderes políticos del país para transmitir al pueblo tunecino el apoyo de Estados Unidos en la transición democrática. >seguir leyendo

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    Re: [Túnez ]Disturbios y actividad politica

    Mensaje por Dzerjinskii el Mar Ene 25, 2011 2:32 am

    Hay opiniones que tratan de asociar la insurrección de Tunéz con una "revolución de colores" pro estadounidense. Ya hemos dicho aquí que seguro las facciones imperialistas están tratando de sacar tajada y que llegaron a la conclusión de que debían cambiar de "gerente" en Túnez. Me preocupa que camaradas puedan caer en teorías conspirativas y sobre todo que demuestren que tenían confianza y defendían regimenes como el de Túnez solo porque Libia pone en guardia su sistema de propaganda para alertar sobre la influencia de EEUU en la región.
    El simplismo de que todo lo que se oponga a EEUU es bueno me preocupa. La idea de que los pueblos son simples marionetas de las "revoluciones de colores" también. Si aceptamos la idea de que solo con la televisión y unas revueltas marketineras se puede derrotar un gobierno popular, democrático y antiimperialista es subestimar al pueblo y negar toda nuestra ideología. Ningún putch triunfa si no hay un rechazo generalizado al régimen. No niego que existan luchas facciosas de la burguesía y las facciones imperialistas, solo recuerdo que precisamente en ese contexto es que los comunistas han podido tomar el poder. ¿Si los EEUU pone un gobierno títere en que puede empeorar la situación del pueblo de tunecino? ¿Acaso las concesiones y beneficios políticos y económicos dependen del burgués de turno? No, dependen de la lucha y la resistencia del pueblo. Sea quien sea que termine en el gobierno de Túnez deberá lidiar con el pueblo que ha tenido su experiencia en la lucha, en las calles. Sea quien sea la facción del imperialismo que saque ventaja en Túnez no estará a salvo y deberá tener en cuenta la resistencia del pueblo. No se trata de “preferir” un imperio u otro, un burgués u otro, se trata de templar las fuerzas y demostrar que no podrán avanzar fácil.


    ¿Que opinan?


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    Re: [Túnez ]Disturbios y actividad politica

    Mensaje por AntiCapitalista el Mar Ene 25, 2011 9:08 am

    No os quepa duda de que los capitalistas van a entrar en Túnez para manipular la transición, como hacen siempre. El parido comunista de Túnez está fuerte ahora mismo y si sabe jugar bien sus cartas no dejará que los yankees metan mano. Vosotros pensad en la cantidad de países que han subsistido gracias a las ayudas de países como EEUU a cambio de un gobierno capitalista (RDA, Corea del Sur, Honduras...)
    Por ejemplo, con Chávez intentaron hacerlo, incluso tuvo que decir que no estaba dispuesto a nacionalizar empresas para que lo dejaran gobernar, o Fidel cuando dijo "We are not communist"
    Esperemos que los comunistas de Túnez hagan lo que tienen que hacer y ganen las elecciones. Es lo que el pueblo quiere ahora mismo aunque en 6 meses los EEUU pueden meter muuuucha mano al asunto.

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    Re: [Túnez ]Disturbios y actividad politica

    Mensaje por sorge el Mar Ene 25, 2011 12:03 pm

    Leyendo las impresiones de Vasili, diria para puntualizar creo que los procesos revolucionarios tienen las direcciones que se labran durante decadas, en los casos mencionados de America es muy posible que no tengan dirección leninista, porque los comunistas han cometido graves errores o no han podido salir de su aislamiento, no hubo ausencia sino insuficiencias inevitables o traiciones.

    El caso de Tunez obviamente el imperialismo intenta contener la revolución para que solo haga un cambio de fachada, los yankis intentara pescar para que pase a ser un protectorado suyo, a parte es importante ver que papel juegan organizaciones de la izquierda legal como el Forum Democratico del Trabajo y las Libertades o el Partido Democratico del Pueblo, ya que ante la ultima maniobra del dictador previo a su sus derrocamiento, estos partidos asumieron ser comparsas de la farsa, y cuando se formo el nuevo gobierno proimperialista no dudaron en ser parte de él, aunque las masas derrotan definitivamente al partido del dictador, todavia quedarian bastante tarea para poder organizarse de cara asumir la necesidad del socialismo,sí el Partido Comunista es capaz de asumir ese liderazgo llegaran victorioso, sino habria que ver otras fuerzas revolucionarias pueden asumirlo, seria un desastre si lo lidera el Forum o los democratas del Pueblo.

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    Re: [Túnez ]Disturbios y actividad politica

    Mensaje por Bostezos el Mar Ene 25, 2011 2:58 pm

    Dos entrevistas a Hamma Hammami

    http://www.pceml.info/2011/01/21/tunez-entrevista-al-camarada-hamma-hammami/

    http://www.cadenaser.com/internacional/articulo/hamma-hammami-nos-hemos-desembarazado-dictador-dictadura-permanece/csrcsrpor/20110119csrcsrint_9/Tes/dictador/dictadura/todavia/existe/elpaudint/20110119csrcsrint_1/Aes/

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    Re: [Túnez ]Disturbios y actividad politica

    Mensaje por VASILI ZAITSEV el Miér Ene 26, 2011 4:05 am

    Bostezos escribió:Declaraciones(en frances)de Hamma Hammami y Radhia Nasrau (PCOT), sobre el nuevo gobierno tunecino. ¡Fuera los corruptos de Túnez! ¡Por una República Democrática de Túnez que garantice los derechos del pueblo y la justicia social!
    http://www.dailymotion.com/video/xgm22c_le-premier-ministre-n-a-annonce-que-des-quot-mesurettes-quot_news

    Disculpa mi ignorancia, pero por las siglas PCOT deduzco que se trata de "comunistas", no??
    Bostezos escribió:¡Fuera los corruptos de Túnez! ¡Por una República Democrática de Túnez que garantice los derechos del pueblo y la justicia social!
    ¿es la pespectiva que ellos proponen o se trata de la vuestra?

    Mi francés es nulo Evil or Very Mad y me llamó la atención dicha reivindicación Very Happy

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    Re: [Túnez ]Disturbios y actividad politica

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