Lenin en las bibliotecas, de N. Krupskaia

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Roberto Jordán
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Lenin en las bibliotecas, de N. Krupskaia

Mensaje por Roberto Jordán el Lun Ene 03, 2011 12:58 am

Otro texto del libro "La educación comunista. Lenin y la juventud" que describe la faceta de estudioso de Lenin y su periplo por las bibliotecas que ocupo una parte importante de su tiempo en el exilio.

Salud y que lo disfrutéis.


LENIN EN LAS BIBLIOTECAS, de Nadeshda Krupskaia

Lenin pasaba mucho tiempo en las bibliotecas. Cuando vivía en Samara tomaba muchos libros de la biblioteca. En Petersburgo estaba días enteros en la Biblioteca Pública y sacaba libros de la biblioteca de la Sociedad Económica Libre y de otras. Cuando se hallaba en la cárcel, su hermana le llevaba libros de las bibliotecas. Lenin tomaba notas de ellos. En el II tomo de la segunda edición de las obras de Lenin se dice que para escribir su trabajo “El desarrollo del capitalismo en Rusia” consultó 583 libros. ¿Podía Lenin comprar todos estos libros? Muchos de ellos no se ponían a la venta, por ejemplo, las compilaciones estadísticas de los “zemstvos” que tanto le interesaban. Además Lenin vivía entonces como un estudiante, en una habitación pequeña, gastando muy poco en su manutención. No tenía la posibilidad de desprenderse de tanto dinero – no menos de mil rublos- ni tiempo para buscarlos en las librerías – en este caso no le habría quedado ni un instante para leer-, y, por otra parte, sin consultar los catálogos de las bibliotecas no hubiera sabido que existían muchos de ellos. Además le faltaba sitio para guardarlos. La lectura de estos libros le permitió escribir un trabajo tan importante como El desarrollo del capitalismo en Rusia y conocer perfectamente la vida de los obreros y los campesinos de aquella época. Sin ello no habría podido llegar a ser el Lenin que todos conocemos. “El desarrollo del capitalismo en Rusia, fue editado en 1899.

En el extranjero frecuentó todavía más las bibliotecas. Sabía varios idiomas y leyó en ellos montones de libros. Jamás hubiera podido comprarlos, porque en la emigración había que pensarlo mucho antes de gastar un kopek, economizando en el tranvía, en la comida, etc. Si no hubiera leído libros, revistas y periódicos extranjeros no habría podido realizar la labor que hacía, no habría poseído su vasta cultura.
Sus “Cartas a los familiares” nos dan una idea de la gran importancia que concedía a las bibliotecas.
En 1895 sale por primera vez al extranjero. Muchas impresiones nuevas. Vive unas cuantas semanas en Berlín, observa la vida de los obreros y frecuenta la Biblioteca Imperial. En 1895 es encarcelado y a las tres semanas organiza el envío de libros de las bibliotecas a la cárcel. Lee libros de la biblioteca de la prisión y, además, se esfuerza por recibir libros de las bibliotecas de fuera. A las tres semanas de su detención, Vladimir Ilich escribe:
“...A los detenidos se les permite dedicarse a la labor literaria: lo he preguntado adrede al fiscal, aunque ya lo sabía antes. (Esta permitida incluso a los recluidos en la cárcel.) El fiscal me ha confirmado que no se limita el número de libros que pueden entrar y se autoriza la devolución. Por lo tanto es posible utilizar las bibliotecas. En ese sentido las cosas están bien.
Mucho más serias son las dificultades para obtenerlos. Necesito muchos libros – adjunto una lista de los que se me ocurren ahora- su obtención dará no poco quehacer. No sé incluso si será posible conseguirlos todos. Seguramente se podrá contar con la biblioteca de la Sociedad Económica Libre (de ella he sacado ya libros y dejé 16 rublos de fianza). Permite tomar libros para casa durante dos meses, bajo fianza, pero es muy incompleta. Si se pudiera recurrir ( a través de algún escritor o catedrático) a la biblioteca de la Universidad y a la del Comité Científico del Ministerio de Financias, el problema de los libros estaría resuelto...
Lo último y lo más difícil es hacer llegar los libros. Esto no es lo mismo que traer un par de folletos: hay que sacarlos de las bibliotecas periódicamente durante mucho tiempo, traerlos (creo que bastaría con una vez cada dos semanas o quizás cada mes, si se consiguen muchos libros de golpe) y devolverlos. No sé cómo se podría organizar esto. Posiblemente del siguiente modo: buscar a un portero, a un recadero o a un chico al que pudiera pagarle para que viniera a recogerlos. El cambio de libros, tanto por las condiciones de trabajo, como por las que ponen las bibliotecas, requiere puntualidad y seriedad. Todo esto hay que organizarlo.
“Decirlo cuesta poco...” Me doy perfecta cuenta de que esta empresa no es fácil y de que mi “plan” puede resultar una quimera...
Anna Ilínichna se encargó de buscar los libros en las bibliotecas y de llevárselos a la cárcel.
De camino al lugar de destierro, Lenin vivió desde el 4 de marzo hasta el 30 de abril de 1897 en Krasnoyarsk. Durante este tiempo iba a la biblioteca de un tal Yudin. He aquí lo que escribía Lenin a su hermana María Ilichna el 10 de marzo desde Krasnoyarsk:
“...Ayer estuve en la biblioteca de Yudin, muy famosa aquí, el dueño me acogió hospitalariamente y me mostró su colección de libros. Me ha dado permiso para que me sirva de la biblioteca y pienso que podré hacerlo. (Hay dos obstáculos: primero que la biblioteca está fuera de la ciudad, pero la distancia no es grande, unas dos verstas, en total un paseo agradable. Segundo que la biblioteca aún no está del todo organizada y por eso puedo causar excesivas molestias al dueño, si le pido frecuentemente libros.) Veremos cómo resulta. Pienso que el segundo obstáculo será también allanado. La biblioteca dista mucho de ser completa, pero en todo caso es una magnífica colección de libros. Tiene, por ejemplo, colecciones completas de revistas (las principales) desde finales del siglo XVIII hasta nuestros días. Espero que podré sacar de ellas los datos que tanto necesito para mi trabajo”.
De esta misma biblioteca habla en una carta a su madre, fechada el 15 de marzo:
“Voy diariamente a la biblioteca y como se halla a dos verstas de los arrabales de la ciudad tengo que recorrer cinco verstas, cerca de una hora de camino. El paseo me agrada, lo hago con placer, aunque a menudo me adormece completamente. En la biblioteca hay muchos menos libros de la materia de que me ocupo que cabría pensar a juzgar por sus proporciones, pero, no obstante, hay algo que me es útil y estoy muy satisfecho de no perder totalmente el tiempo aquí. Voy también a la biblioteca de la ciudad, en la que leo revistas y periódicos: llegan al undécimo día y no puedo acostumbrarme a “novedades” tan tardías.”
A Shúshenskoe, lugar de su destierro, llegaban las cartas y los periódicos al décimotercer día, pero incluso en este lejano rincón de Siberia, Lenin procuró conseguir libros de las bibliotecas de Moscú.
“...No dejo de pensar en cómo recibir libros de las bibliotecas de Moscú: ¿habéis hecho algo en este sentido? Es decir, ¿podréis sacar libros de alguna biblioteca pública? Si fuera posible tomarlos para dos meses (lo mismo que en S. Petersburgo en la biblioteca de la Sociedad Económica Libre) el envío por correo no costaría mucho (16 kopeks por libra, 7 kopeks por el certificado) (se pueden enviar 4 libras: 64 kopeks); me tendría más cuenta pagar los envíos y tener muchos libros que gastar bastante más dinero en la compra de unos pocos. Me parece que eso sería más conveniente para mí; el problema consiste en si es posible sacar libros para ese plazo (bajo fianza, naturalmente) de alguna biblioteca buena: la de la universidad (creo que Mitia podría organizarlo fácilmente a través de un estudiante de Derecho o diciéndole al profesores de Economía Política que desea estudiar esta materia y sacar libros de la biblioteca. Sólo que habrá que aplazarlo hasta el otoño) o la biblioteca de la Sociedad Jurídica de Moscú (hay que preguntar allí, mirar el catálogo, enterarse de las condiciones de admisión de nuevos miembros, etc.) En Moscú habrá seguramente unas cuantas bibliotecas buenas. Se puede preguntar también en las particulares. Si alguno de vosotros está aún en Moscú que haga el favor de enterarse de todo esto.
Si te marchas al extranjero, comunícamelo y te escribiré detalladamente acerca del envío de libros desde allí. Mándame el mayor número posible de catálogos de libreros de viejo, ect. (bibliotecas, librerías). Tuyo V.U.”
En una carta del 19 de junio de 1897 a su madre y a María Ilichna, Lenin escribe, contestando a la propuesta de su hermana de hacer copias para él: “No sé si necesitaré las copias. Espero que para el otoño tendré contacto con alguna biblioteca de Moscú o San Petersburgo”.
Por una carta que Ilich escribe a los familiares en el invierno de 1897 se ve que había conseguido algo, pero busca más posibilidades:
“A Maniasha.
He recibido tu tarjeta del 2/XII y dos libros de Semiónov. Gracias por ellos. Los devolveré en seguida, dentro de una semana a lo más tardar (el miércoles 24, temo que el cartero no vaya).
Resulta que en los dos primeros tomos no hay nada interesante. Es natural que ocurran semejantes cosas al pedir libros desconocidos, ya estaba preparado de antemano para ello.
Espero que no tendremos que pagar multa, que prolongarán el plazo un mes más.
No he comprendido tu frase: “Para entrar en la biblioteca jurídica – he preguntado a Kablukov- hay que ser abogado y presentar recomendaciones de dos miembros de la Sociedad Jurídica”. ¿Sólo? ¿No hace falta ser miembro de la Sociedad? Procuraré que me den en Petersburgo dos recomendaciones.
Es indudable que en la Sociedad puede ingresar uno que no sea abogado. Un apretón de manos. V.U.”
Sin embargo, durante su permanencia en Shúshenskoe no pudo utilizar en gran escala el servicio de las bibliotecas por culpa del correo.
En septiembre de 1898, se autorizó a Vladimir Ilich a ir a Krasnoyarsk para curarse la boca. Se alegró mucho de este viaje y pensaba tomar notas de la biblioteca de la ciudad.
Al volver del destierro, Lenin se domicilió en Pskov. En una carta fechada el 15 de marzo de 1900, escribe a su madre: “Voy mucho a la biblioteca y paseo”.
En la emigración trabajó mucho en las bibliotecas, pero hablaba poco de ello en las cartas a la familia.
Cuando vivimos en Londres de 1902 a 1903, Ilich se pasaba la mitad del tiempo en el Museo Británico, donde se encuentra la mayor biblioteca del mundo con un servicio magníficamente organizado. También iba mucho a las salas de lectura de Londres, como se ve por una carta escrita a su madre el 27 de octubre de 1902.
En Londres hay muchas salas de lectura – una habitación a la que se entra directamente desde la calle-, no tienen asientos, sólo hay unas mesas para leer y periódicos sujetos a un palo; el que entra toma un periódico sujeto al palo y en cuanto lo lee lo coloca en su sitio. Estas salas de lectura son cómodas y están muy concurridas durante todo el día.
Durante la segunda emigración, cuando cobraron vuelo las discusiones sobre problemas filosóficos y se puso a escribir Materialismo y empiriocriticismo, Lenin se fue en mayo de 1908 se Ginebra a Londres con el único fin de trabajar en el Museo Británico. Allí estuvo más de un mes.
En Ginebra, a donde llegamos en 1903, Ilich se pasaba días enteros en la enorme biblioteca de la Sociedad de Lectura, que reunía magníficas condiciones para trabajar y recibía inmensa cantidad de periódicos y revistas en francés, alemán e inglés. Los afiliados a la Sociedad, viejos profesores en su mayoría, iban poco a la biblioteca; Lenin tenía a su disposición un gabinete en donde podía escribir, pasearse de un lado a otro, pensar los artículos y tomar de las estanterías cualquier libro.
Ilich frecuentaba también en Ginebra la biblioteca rusa Kuklin, dirigida por el camarada Karpinski. Más tarde, viviendo en otras ciudades, pedía a menudo libros a esta biblioteca.
En París iba sobre todo a la Biblioteca Nacional.
En diciembre de 1909 escribía yo a la madre de Ilich: “Es ya la segunda semana que se levanta a las 8 y va a la biblioteca, de donde vuelve a las 2. Los primeros días le costaba mucho levantarse temprano, pero ahora está muy contento y se acuesta pronto.”
Ilich recorrió otras bibliotecas de París, pero no le satisfacían mucho. En la Biblioteca Nacional no había catálogos de los últimos años y eran necesarios muchos trámites para recibir un libro. En general, las bibliotecas de Francia estaban archiburocráticamente organizadas. En las bibliotecas municipales de barriada casi todos los libros eran literarios y para llevárselos a casa hacía falta un certificado del dueño del apartamento, haciéndose responsable de que su inquilino devolviera puntualmente los libros. El dueño de nuestra casa tardó mucho en darnos el certificado en vista de la pobreza de nuestro ajuar. Por la forma de estar organizadas las bibliotecas Lenin juzgaba del nivel cultural. La organización de las bibliotecas era para él un índice de la cultura general.
El 22 de abril de 1914 escribía a su madre desde Cracovia:
“...trabajar en París era molesto, la Biblioteca Nacional está mal organizada, recordábamos con frecuencia Ginebra, donde se trabajaba mejor, había una biblioteca cómoda y la vida era menos agitada y estúpida. De todos los lugares de mi peregrinación habría elegido Londres o Ginebra si no estuvieran tan lejos. Ginebra se distingue por su cultura general y por las extraordinarias comodidades de la vida. Aquí, naturalmente, no cabe hablar de cultura – casi lo mismo que en Rusia – la biblioteca es mala y archiincómoda, pero apenas tengo ocasión de ir a ella...”
Cuando llegamos de Cracovia a Berna, ilich escribió a María Ilinichna el 22 de diciembre de 1914:
Las bibliotecas son buenas y he arreglado bien las cosas en cuanto a la lectura de libros. Es muy agradable leer después de un periodo de labor diaria en el periódico. Nadia tiene además una biblioteca pedagógica y escribe un trabajo sobre pedagogía.”
El 20 de febrero de 1916, Vladimir Ilich escribe a María Ilinichna: “Nadia y yo estamos muy contentos de vivir en Zurcí, hay buenas bibliotecas”, y el 12 de marzo de 1916 escribe a su madre: “Ahora vivimos en Zurcí. Hemos venido a leer en sus bibliotecas. El lago nos gusta mucho y las bibliotecas son mucho mejores que las de Berna, así es que permaneceremos aquí más de lo que pensábamos.”
Y el 22 de octubre repite en una carta a María Ilinichna: “En Zurcí las bibliotecas son mejores y se trabaja más cómodamente.”
En Suiza está espléndidamente organizado todo lo que tañe a las bibliotecas, sobre todo, el intercambio de libros entre ellas. Las bibliotecas científicas de la Suiza alemana se relacionan con las bibliotecas de Alemania. Vladimir Ilich, incluso durante la guerra, recibía de Alemania a través de la biblioteca los libros que necesitaba.
Otra ventaja es que sirven muy bien a los lectores, no hay ni asomo de burocratismo, tienen muy buenos catálogos y las estanterías están abiertas, es decir, se guardan muchas atenciones a los lectores.
El verano de 1915 vivimos en la montaña, al pie de Rothorn, en una aldehuela muy apartada, y recibíamos libros que las bibliotecas nos enviaban gratuitamente por correo. Los mandaban en carpetas plegables con una etiqueta que tenía por un lado la dirección del destinatario y por el otro las señas de la biblioteca. Para devolver el libro no había más que dar la vuelta a la etiqueta y llevarlo a correos.
Vladimir Ilich elogiaba sin cesar la cultura suiza y soñaba en cómo serían organizadas las bibliotecas en Rusia después de la revolución.

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"LENIN en las Bibliotecas" - texto de Krupskaya que refleja a un Lenin estudioso por las bibliotecas de Europa

Mensaje por pedrocasca el Sáb Jun 18, 2011 10:16 pm

Lenin en las bibliotecas

Tomado del libro de Nadezhda Konstantínovna Krúpskaya (esposa de V. I. Lenin) "La educación comunista. Lenin y la juventud" que describe la faceta de estudioso de Lenin y su periplo por las bibliotecas que ocupo una parte importante de su tiempo en el exilio. Publicado el 6 de enero de 2011 en la web Gramscimania.


Lenin pasaba mucho tiempo en las bibliotecas. Cuando vivía en Samara tomaba muchos libros de la biblioteca. En Petersburgo estaba días enteros en la Biblioteca Pública y sacaba libros de la biblioteca de la Sociedad Económica Libre y de otras. Cuando se hallaba en la cárcel, su hermana le llevaba libros de las bibliotecas. Lenin tomaba notas de ellos. En el II tomo de la segunda edición de las obras de Lenin se dice que para escribir su trabajo “El desarrollo del capitalismo en Rusia” consultó 583 libros. ¿Podía Lenin comprar todos estos libros? Muchos de ellos no se ponían a la venta, por ejemplo, las compilaciones estadísticas de los “zemstvos” que tanto le interesaban. Además Lenin vivía entonces como un estudiante, en una habitación pequeña, gastando muy poco en su manutención. No tenía la posibilidad de desprenderse de tanto dinero – no menos de mil rublos- ni tiempo para buscarlos en las librerías – en este caso no le habría quedado ni un instante para leer-, y, por otra parte, sin consultar los catálogos de las bibliotecas no hubiera sabido que existían muchos de ellos. Además le faltaba sitio para guardarlos. La lectura de estos libros le permitió escribir un trabajo tan importante como El desarrollo del capitalismo en Rusia y conocer perfectamente la vida de los obreros y los campesinos de aquella época. Sin ello no habría podido llegar a ser el Lenin que todos conocemos. “El desarrollo del capitalismo en Rusia, fue editado en 1899.

En el extranjero frecuentó todavía más las bibliotecas. Sabía varios idiomas y leyó en ellos montones de libros. Jamás hubiera podido comprarlos, porque en la emigración había que pensarlo mucho antes de gastar un kopek, economizando en el tranvía, en la comida, etc. Si no hubiera leído libros, revistas y periódicos extranjeros no habría podido realizar la labor que hacía, no habría poseído su vasta cultura.
Sus “Cartas a los familiares” nos dan una idea de la gran importancia que concedía a las bibliotecas.
En 1895 sale por primera vez al extranjero. Muchas impresiones nuevas. Vive unas cuantas semanas en Berlín, observa la vida de los obreros y frecuenta la Biblioteca Imperial. En 1895 es encarcelado y a las tres semanas organiza el envío de libros de las bibliotecas a la cárcel. Lee libros de la biblioteca de la prisión y, además, se esfuerza por recibir libros de las bibliotecas de fuera. A las tres semanas de su detención, Vladimir Ilich escribe:
“...A los detenidos se les permite dedicarse a la labor literaria: lo he preguntado adrede al fiscal, aunque ya lo sabía antes. (Esta permitida incluso a los recluidos en la cárcel.) El fiscal me ha confirmado que no se limita el número de libros que pueden entrar y se autoriza la devolución. Por lo tanto es posible utilizar las bibliotecas. En ese sentido las cosas están bien.
Mucho más serias son las dificultades para obtenerlos. Necesito muchos libros – adjunto una lista de los que se me ocurren ahora- su obtención dará no poco quehacer. No sé incluso si será posible conseguirlos todos. Seguramente se podrá contar con la biblioteca de la Sociedad Económica Libre (de ella he sacado ya libros y dejé 16 rublos de fianza). Permite tomar libros para casa durante dos meses, bajo fianza, pero es muy incompleta. Si se pudiera recurrir ( a través de algún escritor o catedrático) a la biblioteca de la Universidad y a la del Comité Científico del Ministerio de Financias, el problema de los libros estaría resuelto...

Lo último y lo más difícil es hacer llegar los libros. Esto no es lo mismo que traer un par de folletos: hay que sacarlos de las bibliotecas periódicamente durante mucho tiempo, traerlos (creo que bastaría con una vez cada dos semanas o quizás cada mes, si se consiguen muchos libros de golpe) y devolverlos. No sé cómo se podría organizar esto. Posiblemente del siguiente modo: buscar a un portero, a un recadero o a un chico al que pudiera pagarle para que viniera a recogerlos. El cambio de libros, tanto por las condiciones de trabajo, como por las que ponen las bibliotecas, requiere puntualidad y seriedad. Todo esto hay que organizarlo.
“Decirlo cuesta poco...” Me doy perfecta cuenta de que esta empresa no es fácil y de que mi “plan” puede resultar una quimera...
Anna Ilínichna se encargó de buscar los libros en las bibliotecas y de llevárselos a la cárcel.
De camino al lugar de destierro, Lenin vivió desde el 4 de marzo hasta el 30 de abril de 1897 en Krasnoyarsk. Durante este tiempo iba a la biblioteca de un tal Yudin. He aquí lo que escribía Lenin a su hermana María Ilichna el 10 de marzo desde Krasnoyarsk:
“...Ayer estuve en la biblioteca de Yudin, muy famosa aquí, el dueño me acogió hospitalariamente y me mostró su colección de libros. Me ha dado permiso para que me sirva de la biblioteca y pienso que podré hacerlo. (Hay dos obstáculos: primero que la biblioteca está fuera de la ciudad, pero la distancia no es grande, unas dos verstas, en total un paseo agradable. Segundo que la biblioteca aún no está del todo organizada y por eso puedo causar excesivas molestias al dueño, si le pido frecuentemente libros.) Veremos cómo resulta. Pienso que el segundo obstáculo será también allanado. La biblioteca dista mucho de ser completa, pero en todo caso es una magnífica colección de libros. Tiene, por ejemplo, colecciones completas de revistas (las principales) desde finales del siglo XVIII hasta nuestros días. Espero que podré sacar de ellas los datos que tanto necesito para mi trabajo”.

De esta misma biblioteca habla en una carta a su madre, fechada el 15 de marzo:
“Voy diariamente a la biblioteca y como se halla a dos verstas de los arrabales de la ciudad tengo que recorrer cinco verstas, cerca de una hora de camino. El paseo me agrada, lo hago con placer, aunque a menudo me adormece completamente. En la biblioteca hay muchos menos libros de la materia de que me ocupo que cabría pensar a juzgar por sus proporciones, pero, no obstante, hay algo que me es útil y estoy muy satisfecho de no perder totalmente el tiempo aquí. Voy también a la biblioteca de la ciudad, en la que leo revistas y periódicos: llegan al undécimo día y no puedo acostumbrarme a “novedades” tan tardías.”
A Shúshenskoe, lugar de su destierro, llegaban las cartas y los periódicos al décimotercer día, pero incluso en este lejano rincón de Siberia, Lenin procuró conseguir libros de las bibliotecas de Moscú.
“...No dejo de pensar en cómo recibir libros de las bibliotecas de Moscú: ¿habéis hecho algo en este sentido? Es decir, ¿podréis sacar libros de alguna biblioteca pública? Si fuera posible tomarlos para dos meses (lo mismo que en S. Petersburgo en la biblioteca de la Sociedad Económica Libre) el envío por correo no costaría mucho (16 kopeks por libra, 7 kopeks por el certificado) (se pueden enviar 4 libras: 64 kopeks); me tendría más cuenta pagar los envíos y tener muchos libros que gastar bastante más dinero en la compra de unos pocos. Me parece que eso sería más conveniente para mí; el problema consiste en si es posible sacar libros para ese plazo (bajo fianza, naturalmente) de alguna biblioteca buena: la de la universidad (creo que Mitia podría organizarlo fácilmente a través de un estudiante de Derecho o diciéndole al profesores de Economía Política que desea estudiar esta materia y sacar libros de la biblioteca. Sólo que habrá que aplazarlo hasta el otoño) o la biblioteca de la Sociedad Jurídica de Moscú (hay que preguntar allí, mirar el catálogo, enterarse de las condiciones de admisión de nuevos miembros, etc.) En Moscú habrá seguramente unas cuantas bibliotecas buenas. Se puede preguntar también en las particulares. Si alguno de vosotros está aún en Moscú que haga el favor de enterarse de todo esto.
Si te marchas al extranjero, comunícamelo y te escribiré detalladamente acerca del envío de libros desde allí. Mándame el mayor número posible de catálogos de libreros de viejo, de bibliotecas, librerías, etc. Tuyo V.U.”
En una carta del 19 de junio de 1897 a su madre y a María Ilichna, Lenin escribe, contestando a la propuesta de su hermana de hacer copias para él: “No sé si necesitaré las copias. Espero que para el otoño tendré contacto con alguna biblioteca de Moscú o San Petersburgo”.
Por una carta que Ilich escribe a los familiares en el invierno de 1897 se ve que había conseguido algo, pero busca más posibilidades:
“A Maniasha.
He recibido tu tarjeta del 2/XII y dos libros de Semiónov. Gracias por ellos. Los devolveré en seguida, dentro de una semana a lo más tardar (el miércoles 24, temo que el cartero no vaya).
Resulta que en los dos primeros tomos no hay nada interesante. Es natural que ocurran semejantes cosas al pedir libros desconocidos, ya estaba preparado de antemano para ello.
Espero que no tendremos que pagar multa, que prolongarán el plazo un mes más.
No he comprendido tu frase: “Para entrar en la biblioteca jurídica – he preguntado a Kablukov- hay que ser abogado y presentar recomendaciones de dos miembros de la Sociedad Jurídica”. ¿Sólo? ¿No hace falta ser miembro de la Sociedad? Procuraré que me den en Petersburgo dos recomendaciones.
Es indudable que en la Sociedad puede ingresar uno que no sea abogado. Un apretón de manos. V.U.”
Sin embargo, durante su permanencia en Shúshenskoe no pudo utilizar en gran escala el servicio de las bibliotecas por culpa del correo.

En septiembre de 1898, se autorizó a Vladimir Ilich a ir a Krasnoyarsk para curarse la boca. Se alegró mucho de este viaje y pensaba tomar notas de la biblioteca de la ciudad.
Al volver del destierro, Lenin se domicilió en Pskov. En una carta fechada el 15 de marzo de 1900, escribe a su madre: “Voy mucho a la biblioteca y paseo”.
En la emigración trabajó mucho en las bibliotecas, pero hablaba poco de ello en las cartas a la familia.
Cuando vivimos en Londres de 1902 a 1903, Ilich se pasaba la mitad del tiempo en el Museo Británico, donde se encuentra la mayor biblioteca del mundo con un servicio magníficamente organizado. También iba mucho a las salas de lectura de Londres, como se ve por una carta escrita a su madre el 27 de octubre de 1902.

En Londres hay muchas salas de lectura – una habitación a la que se entra directamente desde la calle-, no tienen asientos, sólo hay unas mesas para leer y periódicos sujetos a un palo; el que entra toma un periódico sujeto al palo y en cuanto lo lee lo coloca en su sitio. Estas salas de lectura son cómodas y están muy concurridas durante todo el día.
Durante la segunda emigración, cuando cobraron vuelo las discusiones sobre problemas filosóficos y se puso a escribir Materialismo y empiriocriticismo, Lenin se fue en mayo de 1908 se Ginebra a Londres con el único fin de trabajar en el Museo Británico. Allí estuvo más de un mes.
En Ginebra, a donde llegamos en 1903, Ilich se pasaba días enteros en la enorme biblioteca de la Sociedad de Lectura, que reunía magníficas condiciones para trabajar y recibía inmensa cantidad de periódicos y revistas en francés, alemán e inglés. Los afiliados a la Sociedad, viejos profesores en su mayoría, iban poco a la biblioteca; Lenin tenía a su disposición un gabinete en donde podía escribir, pasearse de un lado a otro, pensar los artículos y tomar de las estanterías cualquier libro.
Ilich frecuentaba también en Ginebra la biblioteca rusa Kuklin, dirigida por el camarada Karpinski. Más tarde, viviendo en otras ciudades, pedía a menudo libros a esta biblioteca.
En París iba sobre todo a la Biblioteca Nacional.
En diciembre de 1909 escribía yo a la madre de Ilich: “Es ya la segunda semana que se levanta a las 8 y va a la biblioteca, de donde vuelve a las 2. Los primeros días le costaba mucho levantarse temprano, pero ahora está muy contento y se acuesta pronto.”
Ilich recorrió otras bibliotecas de París, pero no le satisfacían mucho. En la Biblioteca Nacional no había catálogos de los últimos años y eran necesarios muchos trámites para recibir un libro. En general, las bibliotecas de Francia estaban archiburocráticamente organizadas. En las bibliotecas municipales de barriada casi todos los libros eran literarios y para llevárselos a casa hacía falta un certificado del dueño del apartamento, haciéndose responsable de que su inquilino devolviera puntualmente los libros. El dueño de nuestra casa tardó mucho en darnos el certificado en vista de la pobreza de nuestro ajuar. Por la forma de estar organizadas las bibliotecas Lenin juzgaba del nivel cultural. La organización de las bibliotecas era para él un índice de la cultura general.

El 22 de abril de 1914 escribía a su madre desde Cracovia:
“...trabajar en París era molesto, la Biblioteca Nacional está mal organizada, recordábamos con frecuencia Ginebra, donde se trabajaba mejor, había una biblioteca cómoda y la vida era menos agitada y estúpida. De todos los lugares de mi peregrinación habría elegido Londres o Ginebra si no estuvieran tan lejos. Ginebra se distingue por su cultura general y por las extraordinarias comodidades de la vida. Aquí, naturalmente, no cabe hablar de cultura – casi lo mismo que en Rusia – la biblioteca es mala y archiincómoda, pero apenas tengo ocasión de ir a ella...”
Cuando llegamos de Cracovia a Berna, Ilich escribió a María Ilinichna el 22 de diciembre de 1914:
Las bibliotecas son buenas y he arreglado bien las cosas en cuanto a la lectura de libros. Es muy agradable leer después de un periodo de labor diaria en el periódico. Nadia tiene además una biblioteca pedagógica y escribe un trabajo sobre pedagogía.”

El 20 de febrero de 1916, Vladimir Ilich escribe a María Ilinichna: “Nadia y yo estamos muy contentos de vivir en Zurcí, hay buenas bibliotecas”, y el 12 de marzo de 1916 escribe a su madre: “Ahora vivimos en Zurcí. Hemos venido a leer en sus bibliotecas. El lago nos gusta mucho y las bibliotecas son mucho mejores que las de Berna, así es que permaneceremos aquí más de lo que pensábamos.”
Y el 22 de octubre repite en una carta a María Ilinichna: “En Zurcí las bibliotecas son mejores y se trabaja más cómodamente.”
En Suiza está espléndidamente organizado todo lo que tañe a las bibliotecas, sobre todo, el intercambio de libros entre ellas. Las bibliotecas científicas de la Suiza alemana se relacionan con las bibliotecas de Alemania. Vladimir Ilich, incluso durante la guerra, recibía de Alemania a través de la biblioteca los libros que necesitaba.
Otra ventaja es que sirven muy bien a los lectores, no hay ni asomo de burocratismo, tienen muy buenos catálogos y las estanterías están abiertas, es decir, se guardan muchas atenciones a los lectores.
El verano de 1915 vivimos en la montaña, al pie de Rothorn, en una aldehuela muy apartada, y recibíamos libros que las bibliotecas nos enviaban gratuitamente por correo. Los mandaban en carpetas plegables con una etiqueta que tenía por un lado la dirección del destinatario y por el otro las señas de la biblioteca. Para devolver el libro no había más que dar la vuelta a la etiqueta y llevarlo a correos.
Vladimir Ilich elogiaba sin cesar la cultura suiza y soñaba en cómo serían organizadas las bibliotecas en Rusia después de la revolución.



Última edición por pedrocasca el Jue Ago 18, 2011 1:49 pm, editado 1 vez

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Re: Lenin en las bibliotecas, de N. Krupskaia

Mensaje por pedrocasca el Sáb Jun 18, 2011 10:22 pm

Utilizando el Buscador del Foro no he encontrado un tema con el mismo título o similar. Si no es así o no debe estar aquí ubicado, los Administradores del Foro actúen en consecuencia.

Hay otro tema en el Foro que puede considerarse parecido: ¿CÓMO ESTUDIABAN LOS CLÁSICOS DEL MARXISMO?: Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao. Se accede a él en: http://www.forocomunista.com/t11086-como-estudiaban-los-clsicos-del-marxismo-marx-engels-lenin-stalin-mao.

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Re: Lenin en las bibliotecas, de N. Krupskaia

Mensaje por pedrocasca el Mar Jun 21, 2011 8:10 pm

Se me olvidó incluir que el libro de Nadezhda Konstantínovna Krúpskaya (esposa de V. I. Lenin) "La educación comunista. Lenin y la juventud" se puede descargar (en formato pdf) desde el blog BOLCHETVO en el enlace: http://bolchetvo.blogspot.com/2011/04/la-educacion-comunista.html


Última edición por pedrocasca el Sáb Oct 08, 2011 6:04 pm, editado 1 vez
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Re: Lenin en las bibliotecas, de N. Krupskaia

Mensaje por ajuan el Sáb Oct 08, 2011 5:01 pm

Muy interesante esta esta época de Lenin.

Era un gran lector y analista de los libros que leia.

Se notaba que amaba los libros y me hubiera gustado saber que tipo de novelas habrá leído.

Hay buenos extractos de la vida de Lenin en la biografiá hecha por Troski.

Muy bueno pedrocasca


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:minihoz: "Y comprendí de pronto que el devoto pueblo ruso no necesitaba ya sacerdotes que le ayudasen a impetrar el reino de los cielos. Este pueblo estaba construyendo en la Tierra un reino tan esplendoroso como no hay en ningun otro cielo,reino por el cual era una dicha morir..."John Reed  :minihoz:

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Re: Lenin en las bibliotecas, de N. Krupskaia

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