Lenin como propagandista y agitador, de N. Krupskaia

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Roberto Jordán
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Lenin como propagandista y agitador, de N. Krupskaia

Mensaje por Roberto Jordán el Lun Ene 03, 2011 12:54 am

Buenas, dejo por aquí este texto -casi inédito en la red diría yo- escrito por Nadeshda Krupskaia, militante bolchevique y compañera de Lenin que nos ayuda a conocer un poco mejor la figura de Vladimir Ilich y su pensamiento.

Está digitalizado del libro "La educación comunista. Lenin y la juventud" de N- Krupskaia. Espero que os sea de ayuda.


LENIN COMO PROPAGANDISTA Y AGITADOR

De un artículo aparecido en la revista
“Propagandist y aguitator RKKKA”
(“Propagandista y agitador de EROC”) Nº1, año 1939

Lenin como propagandista

La industria comenzó a desenvolverse en Rusia después que en otros países capitalistas: Inglaterra, Francia y Alemania. Esa es la razón de que el movimiento obrero ruso empezara a desarrollarse más tarde y no adquiriese carácter de masas hasta la década del 90 del siglo pasado. En esa época, el proletariado internacional tenía ya gran experiencia de lucha y había pasado por varias revoluciones. En el fuego del movimiento revolucionario se habían forjado pensadores tan grandes como Marx y Engels, cuya doctrina iluminaba el camino que debía recorrer el proletariado. Ellos demostraron que el régimen burgués estaba condenado a perecer, que el proletariado triunfaría inevitablemente, tomaría el poder, reorganizaría toda la vida y crearía una sociedad nueva, comunista.

Después de estudiar en su juventud la doctrina de Marx y Engels y de reflexionar profundamente sobre ella, Lenin se dio cuenta de que esa doctrina era una guía para la acción de la clase obrera de Rusia, de que contribuiría a que los obreros rusos dejaran de ser esclavos ignorantes, oprimidos y brutalmente explotados, para convertirse en luchadores conscientes y organizados por el socialismo y a que la clase obrera de Rusia se transformase en una fuerza potente que condujera tras sí a todos los trabajadores y pusiera fin a la explotación.
La doctrina de Marx permitió a Lenin ver con claridad el rumbo del desarrollo social. Lenin estaba profundamente convencido de la justeza de las opiniones de Marx y Engels, estimaba que era imprescindible difundirlas ampliamente entre las masas y dedicó todas sus fuerzas a ello.
La propaganda de los fundamentos del marxismo tuvo gran éxito en la clase obrera. Nuestra propaganda, decía Lenin, tiene tanto éxito no porque seamos propagandistas muy hábiles, sino porque decimos la verdad.

Un rasgo característico de Lenin como propagandista era la profunda convicción.
Lenin conocía muy bien la doctrina de Marx y releyó muchas veces cada una de sus obras. Su trabajo sobre Marx, escrito en 1914 para el Diccionario Enciclopédico de Granat, va acompañado de extensa bibliografía y es una prueba palpable de su conocimiento multifacético de la doctrina de Marx. Testimonio de ello son también las demás obras de Lenin.

El segundo rasgo característico de Lenin como propagandista era el profundo conocimiento de la materia.
Lenin conocía la teoría marxista en todas sus relaciones y conexiones.
En 1894, en los comienzos del movimiento obrero, escribió un libro titulado ¿Quiénes son los “amigos del pueblo” y cómo luchan contra los socialdemócratas?, donde mostraba que la teoría de Marx debía ser aplicada, en nuestras condiciones desde los primeros pasos del movimiento obrero. Escribió eso cuando la mayoría de revolucionarios estimaba que la clase obrera no podía desempeñar un papel importante en Rusia.
En 1899 vio la luz El desarrollo del capitalismo en Rusia, libro en el que Lenin demostraba, basándose en numerosos hechos, que el capitalismo se desarrollaba en el país, a pesar de su atraso.
En 1902, Lenin publica ¿Qué hacer?, libro que trata de cómo debe ser el partido de la clase obrera en Rusia, para conducir a aquélla por un camino acertado.
En 1905, aparece su obra Las dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática.
En 1907, cuando ya era clara la derrota de la revolución de 1905, debida, entre otras causas, a la insuficiente unidad del movimiento obrero con el campesino, Lenin escribió El programa agrario de la socialdemocracia en la primera revolución rusa, obra en la que recalca, basándose en la experiencia de esta revolución, la necesidad de fortalecer la alianza combativa de la clase obrera con los campesinos.

Y más adelante, todas las cuestiones cruciales relacionadas con el movimiento obrero fueron estudiadas cuidadosamente por Lenin a la luz de la teoría de Marx. Todos saben la enorme importancia que tuvo el libro de Lenin sobre el imperialismo escrito en el apogeo de la guerra mundial, y El Estado y la revolución, obra aparecida en vísperas de la Revolución de Octubre. Una peculiaridad de las obras de Lenin es que éste relacionaba en ellas la teoría con la práctica, no separaba ninguna cuestión práctica de la teoría y unía tan estrechamente los problemas teóricos con la realidad viva que el lector los comprendía perfectamente. En sus trabajos científicos y en su propaganda oral y escrita, Lenin sabía ligar estrechamente la teoría con la práctica *.
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*Veamos cómo describe I. Bábushkin, obrero de Petersburgo y uno de los discípulos de Lenin, el método que seguía éste para dirigir los estudios: “El círculo estaba formado por seis personas, el séptimo era el dirigente. Comenzamos a estudiar economía política en las obras de Marx. El dirigente nos explicaba esta ciencia sin emplear cuadernos, procuraba que hiciésemos objeciones o que discutiéramos e incitaba a uno a demostrar a otro la justeza de su punto de vista en la cuestión dada. Nuestras lecciones eran muy vivas, interesantes y tendían a cultivar en nosotros hábitos de orador; esta forma de estudiar era el mejor medio para que los oyentes comprendieran los problemas. Todos estábamos muy contentos de estas lecciones, nos admiraba la inteligencia de nuestro dirigente y decíamos entre nosotros, bromeando, que se le caía el pleno por tener demasiado talento. En estas lecciones, aprendíamos además, a estudiar por cuenta propia y encontrar material. El dirigente nos daba unas hojas con preguntas que para contestarlas se requería que observáramos atentamente la vida de la fábrica. Durante la jornada de trabajo, íbamos frecuentemente a otros talleres, con diversos pretextos, para recoger los datos necesarios por medio de la observación y si se presentaba la oportunidad a través de conversaciones. Mi cajón de las herramientas estaba siempre lleno de notas y durante la hora de la comida procuraba copias, sin que se dieran cuenta, la cantidad de jornadas de trabajo y lo que ganaban los obreros de nuestro taller”. (Veáse Recuerdos de Iván Vasilievich Bábushkin, Gosopolitizdat, 1965, pág. 44, ed. en ruso)

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Otra peculiaridad de Lenin como propagandista era su arte para relacionar la teoría con la realidad viva, lo que hacía comprensible la teoría y la realidad circundante.
Lenin no estudiaba la teoría y la realidad por el simple motivo de que era interesante. Al ver la realidad a la luz de la teoría marxista, Lenin traba siempre de sacar conclusiones que sirvieran de guía para la acción. La propaganda de Lenin estaba estrechamente ligada con lo que había que hacer en un momento dado. En las conferencias sobre la Comuna de París que pronunció en Suiza después de la Revolución de Febrero de 1917, Lenin no habló sólo de cómo los obreros parisiense habían tomado el poder en 1871 y del juicio de Marx sobre la Comuna, sino que se refirió también lo que debían hacer los obreros rusos cuando tomasen el poder. Lenin sabía convertir la teoría en guía para la acción.
Otra peculiaridad de Lenin como propagandista era su arte de convertir la teoría en guía para la acción.
A pesar de sus grandes conocimiento y de su vasta experiencia como propagandista –sus conferencias y artículos de propaganda son muy numerosos-, Lenin preparaba cuidadosamente cada una de sus intervenciones, conferencias e informes. Los muchos guiones de conferencias de Lenin que se conservan nos permiten ver cuán enjundias eran y cuán grande era su arte para destacar lo más necesario, lo principal, y aclarar sus pensamiento con brillantes ejemplos.
Otra peculiaridad de Lenin es que preparaba cuidadosamente las intervenciones.
Lenin no soslayaba en sus intervenciones los problemas delicados, no los atenuaba, al contrario, los planteaba con toda crudeza y concreción. Agudizaba adrede las cuestiones, no le asustaban las palabras bruscas, ni estimaba que el lenguaje del propagandista debía ser desapasionado, semejante al tranquilo murmullo de un arroyuelo. Hablaba a veces con brusquedad, con rudeza, pero sus palabras quedaban grabadas en la memoria, emocionaban y atraían.
Lenin como propagandista planteaba con toda crudeza los problemas y sugestionaba con su fogosidad al público.
Lenin estudiaba cuidadosamente a las masas, conocía sus condiciones de trabajo, de vida y los problemas concretos que les inquietaban. Al hablar a las masas procuraba encontrar un lenguaje común con ellas. En sus conferencias y charlas tenía en cuenta lo que en aquel momento preocupaba más al auditorio. Lo que no entendía y lo que le parecía más importante. Por el grado de atención de los oyentes, por sus preguntas y contestaciones, Lenin sabía captar el estado de ánimo del público, hablar de lo que le interesaba, explicar lo que no veía claro y hacerse con él.
Lenin sabía hacerse con los oyentes y crear una atmósfera de mutua comprensión.
Y, por fin, debemos señalar que la actitud de Lenin ante las masas daba gran fuerza a sus palabras. Lenin hablaba con los obreros, los campesinos pobres y medios y los soldados rojos llanamente, como camaradas, como iguales. No eran para él “objetos de la propaganda”, sino personas vivas que había sufrido y pensado mucho, que exigían atención a sus necesidades. “Hablaba con nosotros en serio”, decían los obreros, y apreciaban de modo particular su llaneza, sencillez y camaradería. Los oyentes veían que a Lenin le inquietaban las cuestiones que trataba y eso era lo más convincente.
La sencillez con que explicaba sus ideas y la camaradería con que trataba a los oyentes daban fuerza a la propaganda de Lenin, la hacían particularmente fructífera y eficaz, como se dice ahora.
La propaganda, la agitación y la organización no están separadas por barreras infranqueables. El propagandista que sabe comunicar su entusiasmo al público es al mismo tiempo agitador. El propagandista que sabe convertir la teoría en guía para la acción facilita indudablemente el trabajo del organizador.
En la propaganda de Lenin resonaban vigorosamente notas de agitación y se daba importancia a los problemas de organización, pero eso no disminuía la fuerza y la trascendencia de esa propaganda.
Aprendamos del Lenin propagandista.

Lenin como agitador

“Nuestra doctrina no es un dogma, sino guía para la acción”, decían Marx y Engels. Lenin repetía con frecuencia estas palabras. Toda su actividad estuvo enderezada a que el marxismo sirviese realmente de guía a la acción de la clase obrera.
En cuanto Lenin llegó en 1893 a Petersburgo, empezó a explicar a los obreros en los círculos cómo concebía Marx la situación y la tendencia del desarrollo de la sociedad, resaltando la importancia que daba Marx a la clase obrera, a su lucha contra los capitalistas y aclarando las razones que le movían a decir que el triunfo de la clase obrera era inevitable. Lenin procuraba hablar con la mayor sencillez posible, poniendo ejemplos de la vida de los obreros rusos. Veía que los obreros le escuchaban con enorme interés y asimilaban bien los fundamentos de la doctrina de Marx, pero se daba cuenta de que no era suficiente hablar, de que era “necesario desarrollar ampliamente la lucha de clases”, de que era preciso mostrar cómo hacerlo y destacar los problemas en torno a los cuales se debía organizar la lucha. La tarea consistía en tomar los hechos que más inquietaban a los obreros, explicarlos y mostrar qué había que hacer para eliminarlos o cambiarlos. Entre las cuestiones que más preocupaban a los obreros en la década del 90 estaban la duración de la jornada de trabajo, las multas, los descuentos de salario y el trato grosero. El círculo de Lenin siguió ese camino: iba un camarada a alguna fábrica y ayudaba a los obreros a formular sus reivindicaciones a la administración. Luego se imprimían octavillas explicando las reivindicaciones y los obreros las apoyaban unánimemente.
La agitación ponía en movimiento a las masas obreras.
“En indisoluble ligazón con la propaganda está la agitación entre los obreros, que pasa, naturalmente a primer plano, dadas las condiciones políticas actuales de Rusia y dado el nivel de desarrollo de las masas obreras – escribía Lenin en 1897 en el trabajo Tareas de los socialdemócratas rusos.. La agitación entre los obreros consiste en que los socialdemócratas participan en todas las manifestaciones espontáneas de la lucha de la clase obrera, en todos los conflictos entre los obreros y los capitalistas motivados por la jornada de trabajo, por el salario, por las condiciones de trabajo, etc. Nuestra tarea consiste en fundir nuestra actividad con los problemas prácticos, cotidianos de la vida obrera, en ayudar a los obreros a orientarse en estos problemas, en dirigir la atención de los obreros hacia los abusos más importantes de que son objeto, en ayudarles a formular más exacta y prácticamente sus reivindicaciones a los patronos, en desarrollar en los obreros la conciencia de su solidaridad, la conciencia de la comunidad de intereses y de la comunidad de causa de todos los obreros rusos como clase obrera única, que constituye una parte del ejército mundial del proletariado.”
En 1906, refiriéndose a cómo los apoderados electorales socialdemócratas debían llevar a cabo la agitación entre los campesinos, Lenin escribió: “...la sola repetición de la palabra “clase” es insuficiente para demostrar el papel de vanguardia del proletariado en la revolución actual. La exposición de nuestra doctrina socialista y la teoría general del marxismo no basta para demostrar el papel de vanguardia del proletariado. Para ello hay que saber mostrar de hecho, al analizar los problemas candentes de la revolución actual, que los militantes del partido obrero defienden con más consecuencia, acierto, energía y habilidad que nadie los intereses de esta revolución y de su triunfo completo.
La agitación, según Lenin, liga la teoría con la práctica. En ello reside su fuerza.
La agitación desempeñó un papel muy importante en la lucha económica de los obreros, enseñándoseles a utilizar la huelga como método de lucha contra los capitalistas y propiciando la conquista de algunas mejoras para la clase obrera.
Al calor de los éxitos de la lucha económica apareció en el seno de la socialdemocracia la corriente del “economismo”, que se distinguía por el menosprecio de la teoría marxista, por el culto a la espontaneidad, por la tendencia a reducir las tareas del proletariado a la lucha por mejorar su situación económica y por el afán de restringir la agitación política entre los obreros.
“Sin teoría revolucionaria, no puede haber tampoco movimiento revolucionario – escribió Lenin en 1902 en ¿Qué hacer? Saliendo al paso de los economistas-. Nunca se insistirá lo bastante sobre esta idea en un tiempo, en que a la predica en boga del oportunismo va unido un apasionamiento por las formas más estrechas de la actividad práctica.”
La agitación es un método de fomentar la actividad de las masas que no solamente lo emplean los marxistas: la burguesía tiene enorme y vieja experiencia en este sentido. Pero una agitación es completamente distinta de la otra. Sólo “la justa solución teórica asegura el éxito sólido de la agitación –decía Lenin en el II Congreso del Partido.
El menosprecio de la teoría y la disminución de su importancia -“en absoluto independientemente de la voluntad de quien lo hace”- significa “fortalecer la influencia de la ideología burguesa sobre los obreros”. De tal modo, lo fundamental, a lo que daba importancia Lenin, es el contenido de la agitación.
Lenin estaba en contra de que la agitación se redujera exclusivamente a llamamientos y exigía que estuviera ligada con el trabajo de aclaración.
Lenin estimaba que la fuerza de la agitación residía en el trabajo de aclaración, acertadamente organizado, sencillo y claro por la forma. Es preciso “saber hablar con un lenguaje sencillo y claro, asequible a las masas, desterrando enérgicamente la artillería pesada de vocablos sabios, de palabras extranjeras, las consignas, definiciones y conclusiones aprendidas de antemano, pero que las masas no entienden aún ni conocen” – escribía Lenin en 1906 en un artículo titulado La socialdemocracia y los acuerdos electorales.
Eso no significa, naturalmente, que Lenin niegue la utilidad de las consignas. “En muchos casos es conveniente y a veces necesario coronar la plataforma electoral de la socialdemocracia, lanzando una consigna general breve, la consigna de las elecciones, que plantee los problemas principales de la práctica política inmediata y proporcione la base y el material más favorables y asequibles para desplegar en todos los terrenos la prédica del socialismo” –escribió Lenin en 1911. Lenin condenaba la demagogia, el juego a excitar los malos instintos en las masas aprovechando su ignorancia. Decía: “... y no me cansaré de repetir que los demagogos son los peores enemigos de la clase obrera”. La demagogia y las falsas promesas indignaban a Lenin. ¡Qué no prometerían los socialrevolucionarios a los campesinos!
Lenin no prometió nunca a los campesinos nada en que no creyera profundamente. No toleraba que con el fin de tener éxito se silenciaran nuestros objetivos socialistas, nuestra posición netamente clasista. Las masas se daban cuenta de ello y comprendían que Lenin hablaba con ellas “en serio” (como decía un obrero al recordar las intervenciones de Lenin en 1917).
Lenin intervenía fogosamente contra los economicistas, que intentaban reducir el contenido de la agitación. En Las tareas de los socialdemócratas rusos (en 1897), Lenin decía: “Si no hay en el campo económico problema de la vida obrera que no sea utilizable para la agitación económica, tampoco hay en el campo político problema que no sirva de objeto de agitación política. Estos dos géneros de agitación se encuentran tan indisolublemente ligados en la actividad de los socialdemócratas como lo están entre sí las dos caras de una medalla. Tanto la agitación política como la económica son igualmente indispensables para el desarrollo de la conciencia de clase del proletariado, tanto la agitación política como la económica son igualmente indispensables como dirección de la lucha de clases de los obreros rusos, puesto toda lucha de clases es lucha política.”
“... La agitación política multilateral es precisamente el foco donde coinciden los intereses candentes de la educación política del proletariado y los intereses candentes de todo el desarrollo social y de todo el pueblo, en el sentido de todos los elementos democráticos de él. Nuestro deber es mezclarnos en todas las cuestiones planteadas por los liberales, definir nuestra actitud socialdemócrata ante ellas y tomar medidas para que el proletariado participe activamente en su solución y obligue a resolverlas a su modo.”
“¿Es posible limitarse a la propaganda de la idea de que la clase obrera es hostil a la autocracia? Naturalmente que no. No basta explicar la opresión política de que son objeto los obreros (de la misma manera que no bastaba explicarles el antagonismo entre sus intereses y los de los patronos). Es necesario hacer agitación con motivo de cada manifestación concreta de esa opresión (como comenzamos a hacerla con motivo de las manifestaciones concretas de opresión económica). Y puesto que las más diversas clases de la sociedad son víctimas de esa opresión, puesto que se manifiesta en los más diferentes aspectos de la vida y de la actividad sindical, civil, personal, familiar, religiosa, científica, etc., ¿no es evidente que no cumpliríamos nuestra misión de desarrollar la conciencia política de los obreros si no nos comprometiéramos a organizar una vasta campaña de denuncias de la autocracia? Porque, para hacer agitación con motivo de las manifestaciones concretas de la opresión, es preciso denunciar esas manifestaciones (lo mismo que para hacer la agitación económica era necesario denunciar los abusos cometidos en las fábricas)”.
La denuncia política corrió en aquel tiempo a cargo de Iskra, periódico clandestino que se editaba en el extranjero. Según el propósito de Lenin, el periódico debía convertirse en propagandista colectivo, en agitador colectivo y en organizador colectivo que contribuyera a fundir la actividad de las masas obreras en un cauce único y plantear los problemas más importantes. “... Toda la vida política – escribía Lenin en 1902 en ¿Qué hacer?-, es una cadena sin fin compuesta de una infinita serie de eslabones. Todo el arte de un político consiste precisamente en encontrar y asirse con fuerza, precisamente al eslaboncito que menos pueda ser arrancado de las manos, que sea el más importante en un momento determinado, que garantice lo más posible a quien lo posea la posesión de la cadena...”
Iskra, bajo la dirección de Lenin, sabía elegir los problemas más importantes y desplegaba una vasta agitación en torno a ellos.
Una organización política, acertadamente estructurada, que abarcaba a las amplias masas trabajadoras elevaba el papel de agitador.
El agitador – decía Lenin- es un tribuno popular que sabe hablar a las masas, comunicarles su entusiasmo y tomar los hechos más destacados y elocuentes. El discurso de semejante tribuno popular encuentra eco en las masas y es apoyado por la energía de la clase revolucionaria.
Lenin fue un agitador, un tribuno popular de ese tipo.
En el verano de 1905. Lenin escribió en Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática que “toda la labor del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia ha cristalizado ya en un marco definitivo, consistente e invariable que garantiza de un modo incondicional fijar el centro de gravedad en la propaganda y la agitación, en los mítines relámpago y reuniones de masas, en la difusión de octavillas y folletos, en la contribución a la lucha económica y en el apoyo de sus consignas”.
Pero el hecho de que la agitación haya entrado ya en la práctica del trabajo y haya adquirido formas determinadas, “no significa que Lenin tolere, ni por un instante, que se convierta en cliché”.

Lenin exigía abordar de distinto modo a las diversas capas de la población. “De la república debe hablar siempre todo socialdemócrata dondequiera que pronuncie un discurso político. Pero de la república hay que saber hablar: de ella no se puede hablar lo mismo en un mitin en una fábrica que en una aldea cosaca, en una reunión de estudiantes que en una isba campesina, desde la tribuna de la III Duma que desde las páginas de una publicación editada en el extranjero. El arte de todo propagandista y de todo agitador consiste precisamente en influir lo mejor posible en cada auditorio dado, haciendo para él lo más convincente, comprensible, palmaria y asimilable una verdad conocida” –escribió Lenin en diciembre de 1911. Eso no quiere decir, naturalmente, que a unos se les deba decir una cosa y a otros otra. Se trata nada más que del modo de abordar la cuestión.

Recuerdo que durante esos años vivíamos en París y frecuentábamos las reuniones electorales. A Lenin le interesaba especialmente cómo hablaban los socialistas en los actos públicos. Recuerdo que escuchamos a un socialista en un mitin obrero y luego volvimos a escucharlo en una reunión de intelectuales en la que predominaban los maestros. El conferenciante dijo en la segunda reunión lo contrario de lo que había dicho en la primera. Quería tener el mayor número de votos en las elecciones. Lenin estaba indignado: radical ante los obreros y oportunista ante los intelectuales.

Lenin estimaba que era de gran importancia saber explicar las consignas generales, basándose en hecho locales. “Hay que utilizar lo más posible el órgano central en la agitación local no sólo reimprimiéndolo, sino también explicando en octavillas las ideas y las consignas, desarrollándolas o modificándolas de acuerdo con las condiciones locales, etc.” – escribía Lenin en1905 en nombre de la redacción de Proletari (24) en el periódico Rabochi (25)
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24 - Proletari: periódico clandestino bolchevique, órgano socialdemócrata ruso editado en Ginebra del 14 de Mayo al 12 de noviembre de 1905, bajo la dirección de Lenin.
25 - Rabochi: periódico socialdemócrata clandestino, se editó en Moscú por el CC del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso de agosto a octubre de 1905.
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Lenin no cesaba de insistir en que se estudiara a las masas, en que se les hablase de habilidad. El estudiaba incesantemente a las masas, sabía escucharlas, comprender lo que decían y captar la esencia de lo que quería exponer el obrero y el campesino.
Al hablar de la dictadura del proletariado y de cómo deben prepararse los comunistas en todas las partes para ella, Lenin dijo en las Tesis acerca de las tareas fundamentales del II Congreso de la Internacional Comunista (julio de 1920): “La dictadura del proletariado es el pleno ejercicio de la dirección de todos los trabajadores y explotados a los que la clase capitalista oprimía, vejaba, aplastaba, intimidaba, desunía y engañaba- , por la única clase a la que el desarrollo histórico del capitalismo ha preparado para esta función dirigente. De ahí que la preparación de la dictadura del proletariado deba ser iniciada en todas las partes y sin más dilaciones mediante el procedimiento siguiente, entre otros”. Después de recalcar la necesidad de organizar células comunistas, Lenin prosigue: “...estas células, estrechamente ligadas entre sí y con los organismos centrales del Partido, intercambiando su experiencia, realizando un trabajo de agitación, de propaganda, y de organización y adaptándose sin falta a todas las esferas de la vida social, a todas las categorías y sectores de la masa trabajadora, deben educarse a sí mismas con toda la regularidad a través de esta labor multilátera y educar al Partido, a la clase y a las masas”. Y más adelante: “... en lo que se refiere a las masas, es preciso aprender a abordarlas del modo más paciente y cauteloso, con el fin de llegar a comprender las particularidades y los rasgos originales de la psicología de cada capa, profesión, etc.”
Aprende a abordar a las masas, en eso veía Lenin la preparación del Partido para la dictadura del proletariado. A eso aprendió con particular tenacidad durante toda su vida.
Lenin no toleraba ningún cliché en la elección de las consignas en torno a las cuales se hacía la agitación. Concedía gran importancia a la elección de ésta. En su informe sobre los partidos pequeñoburgueses ante una reunión de funcionarios del Partido, celebrada en noviembre de 1918, Lenin señaló que “toda consigna puede hacerse más rígida de lo que es necesario”. En la agitación Lenin daba una importancia extraordinaria a la flexibilidad, al arte de elegir en la cadena de hechos el eslabón que permitiera arrastrar toda la cadena, o sea alcarar el conjunto de fenómenos.
Cuando a comienzos de la década del 90 entré en un círculo estudiantil, sin ser todavía marxista, los compañeros del círculo me dieron a leer Cartas históricas de Mirtov (Lavrov) 26. Las Cartas me produjeron mucha impresión. Y unos años después durante el destierro en Shüshenskoe, Lenin y yo conversamos sobre este tema. Yo hablaba de ellas con mucha “suavidad”. Ilich la criticaba desde el punto de vista marxistas. Mi último argumento fue: “¿acaso no tiene razón Lavrov al decir; “La bandera que es revolucionaria en un momento, puede ser reaccionaria en el siguiente?” Ilich repuso que ese pensamiento era acertado, pero añadió que eso no hacía acertado el libro entero.
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26 – Lavrov P.L. (1823-1900): destacado ideólogo del populismo, representante de la escuela subjetivista en sociología.
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En el transcurso de toda su actividad, el Partido, manteniéndose fiel a sus principios fundamentales, ha tenido que cambiar constantemente de consignas en dependencia de la mutación de las condiciones. Y las condiciones del trabajo cambiaban sin cesar.
En el verano de 1905, Lenin escribió a los camaradas de Rusia que era muy importante dar a conocer a los obreros que en el extranjero se editaba clandestinamente el órgano central del Partido con una tirada de dos mil ejemplares y se difundía ilegalmente. Sólo llegaban algunos ejemplares a los obreros. Pero al cabo de unos meses cambiaron radicalmente las condiciones, “Ahora, la tribuna desde la que podemos influir más ampliamente en el proletariado es el diario de Petersburgo (podemos publicar 100.000 ejemplares y reducir el precio de venta hasta un kopek)” –escribió Lenin a Plejánov a finales de octubre de 1905.
En diciembre de 1911, Lenin escribió acerca de la enorme importancia de la “Duma del Estado como tribuna de agitación”. Esta importancia la comprendían también los liberales, los kadetes, que en la segunda Duma insistían ya en que los bolcheviques dieran de lado a este punto de vista sobre la Duma.
Cuando cambiaban, las condiciones, repito, cambiaban las consignas.
En 1897, Lenin señaló en el folleto “Tareas de los socialdemócratas rusos” que no había que dispersarse, que había que concentrar todas las fuerzas en el trabajo entre el proletariado de las ciudades. En este momento hacer agitación en la aldea habría sigo gastar fuerzas en vano. Pero en 1907, Lenin escribió: “Es preciso decuplicar nuestra labor de agitación y organización entre los campesinos, entre los que pasan hambre en la aldea y entre los que enviaron el otoño pasado a sus hijos al ejército y han vivido el gran año de la revolución.”
El arte de enjuiciar el momento desde el punto de vista marxista, de tomar los acontecimientos en todas sus conexiones, consecuencias y desarrollo y de determinar qué necesita en el instante dado la clase obrera para triunfar, en una palabra, el enfoque dialéctico, marxista del momento pertrechó al partido del arte de elegir acertadamente las consignas y de aferrarse al eslabón fundamental. Lenin ha hecho aportaciones particularmente valiosas al análisis de las tareas del Partido en cada etapa. La elección acertada de las consignas enlazaba la teoría con la práctica y daba a la agitación particular eficacia, la consigna de la paz y la consigna de la tierra lanzadas por los bolcheviques conmovieron profundamente a los campesinos y los soldados, aún siendo muy brillantes, no se basaban en la situación real.
Cuando en 1918, se planteó el problema de aceptar las durísimas condiciones de la paz con Alemania y algunos, interviniendo contra la conclusión de la paz, hablaban de la guerra revolucionaria, Lenin los censuró en un artículo titulado Acerca de la frase revolucionaria!:
“La frase revolucionaria es repetición de consignas revolucionarias sin tener en cuenta las circunstancias objetivas, la marcha de los acontecimientos y la situación de las cosas. Consignas magníficas, sugestivas, embriagadoras, pero sin base firme, he ahí la esencia de la frase revolucionaria” – escribió Lenin. “El que no quiere adormecerse con palabras, discursos, y exclamaciones –prosigue Lenin- no puede dejar de ver que la “consigna” de guerra revolucionaria en febrero de 1918 es una frase hueca tras la que no hay nada real y objetivo. Sentimiento, deseo, irritación, indignación, de ahí el único contenido de esta consigna en los momentos actuales. La consigna que sólo tiene un contenido semejante se llama frase revolucionaria”.
“La labor de la agitación política jamás se pierde en vano – escribía Lenin en 1908, cuando la reacción estaba en su apogeo-. Su éxito no se mide únicamente por si hemos logrado ahora y en el acto la mayoría o el acuerdo para la acción política coordinada. Es posible que no consigamos eso en el acto: precisamente porque somos un partido proletario organizado no debemos turbarnos por los reveses transitorios, sino hacer nuestra labor con tenacidad, de modo inmutable, con firmeza, incluso en las condiciones más difíciles.”

La vida ha demostrado cuánta razón tenía Lenin. En 1912 comenzó el auge revolucionario y revivieron las tradiciones de 1905 que contribuyeron a que los obreros contestaran a los acontecimientos del Lena con una grandiosa huelga de masas. Los obreros comprendieron y resucitaron en seguida esta tradición.

Lenin llamaba a la huelga revolucionaria de masas método proletario de agitación.

“La revolución rusa – escribió Lenin en junio de 1912- ha desarrollado por primera vez, en vastas proporciones, este método proletario de agitación, este método de despertar, cohesionar a las masas e incorporarlas a la lucha. Y ahora, el proletariado pone de nuevo en juego y aún con mayor firmeza ese método. No hay fuerza en el mundo capaz de efectuar lo que realiza con este método la vanguardia revolucionaria del proletariado. El inmenso país con 150 millones de habitantes, desperdigados en su gigantesca extensión, fragmentados, oprimidos, faltos de derechos, ignorantes, aislados de “las influencias perniciosas” por una nube de autoridades, policías, espías; todo este país entra en efervescencia. Los sectores más atrasados tanto de los obreros, como de los campesinos entran en contacto directo e indirecto con los huelguistas. En la escena aparecen de golpe centenas de millares de agitadores revolucionarios, cuya influencia se intensifica infinitamente porque ellos están ligados de una manera indisoluble con la base, con las masas, permanecen en sus filas, luchan por las necesidades más inmediatas de cada familia obrera, enlazan esta lucha directa por las necesidades económicas inmediatas con la protesta política y la lucha contra la monarquía. Pues la contrarrevolución ha inculcado a millones y docenas de millones de hombres el odio agudo a la monarquía, los gérmenes de la comprensión de su papel y ahora la consigna de los obreros avanzados de la capital – “¡Viva la República democrática!”- fluye sin cesar por miles de conductos detrás de cada huelga para penetrar entre los sectores atrasados, en las provincias apartadas, en el “Pueblo”, ”en las profundidades de Rusia”:

Las masas se convencen con los hechos, no creen en las palabras, sino en los actos. En su intervención en el III Congreso de los Soviets, Lenin dijo: “Sabemos que en las masas populares se alza ahora otra voz: se dicen a sí mismas: ahora no hay que temer al hombre del fusil, porque defiende a los trabajadores y aplastará implacablemente el dominio de los explotadores. El pueblo se ha dado cuenta de eso, y por ello la agitación que hacen personas sencillas y poco instruidas, cuando dicen que los guardias rojos dirigen su potencia contra los explotadores es invencible”.

La agitación adquirió durante la guerra civil proporciones extraordinarias. Entonces el Comité Central Ejecutivo de Rusia organizó trenes y barcos de agitación. Vladimir Ilich prestó mucha atención a esta labor e hizo indicaciones acerca de la selección del personal, del carácter de la agitación y de cómo se debía llevar la cuenta de la labor realizada.
Los derechos del Poder soviético tenían también enorme importancia en el terreno de la propaganda y la agitación. Lenin escribió:

“... Si renunciáramos señalar en los decretos el camino a seguir, seriamos unos traidores al socialismo. Estos decretos, que han podido ser aplicados en el acto y en toda su integridad, han desempeñado un importante papel desde el punto de vista de la propaganda. Y si antes hacíamos nuestra propaganda sobre la bases de verdades comunes, hoy la hacemos con nuestro trabajo. Esto también es propaganda, pero es una propaganda con la acción, y no en el sentido de acciones aisladas de algunos anarquistas y del viejo socialismo. Nuestros decretos son llamamientos pero no al viejo estilo: “¡Obreros levantaos, derrocada a la burguesía!” No, son exhortaciones a las masas, son llamamientos a acciones prácticas. Los decretos son instrucciones que invitan a la acción práctica de las masas. Eso es lo esencial”:

Lenin relacionaba estrechamente la agitación con la propaganda y la organización. La agitación ayuda a las masas a organizarse – decía Lenin- las cohesiona y les ayuda a actuar al unísono. La agitación tuvo enorme importancia organizativa en los momentos de la revolución, pero no la tiene menos en lo que atañe a la construcción del socialismo. Las formas de agitación cambian, pero la agitación continúa siendo importancia organizativa y sobre todo la agitación mediante los actos, el trabajo y el ejemplo.
Lenin concedía particular importancia a la agitación con el ejemplo. En el artículo Tareas actuales del Poder Soviético escrito en marzo y abril de 1918, Lenin subraya la gran fuerza de agitación que adquiría el ejemplo en la sociedad soviética. “Con los métodos capitalistas de producción, la importancia de cada ejemplo aislado, de alguna cooperativa de producción supongamos, quedaba, de un modo infalible, limitada en grado extremo, y sólo una fantasía pequeñoburguesa podía soñar con “corregir” el capitalismo mediante la influencia de las instituciones benéficas modelo. Después de pasar el Poder político a manos del proletariado, después de la expropiación de los expropiadores, la situación cambia radicalmente y –de acuerdo con las repetidas indicaciones de destacados socialistas- la fuerza del ejemplo adquiere por vez primera la posibilidad de ejercer su influencia en vasta escala. Las comunas modelo deben servir y servirán de ejemplo educador, se enseñanza y estímulo para las comunas atrasadas, La prensa debe ser un instrumento de la construcción del socialismo, difundiendo con todos los detalles los éxitos, los métodos de organización de sus economías, colocando, por otro lado, en la “lista negra” a las comunas que se obstinan en conservar las “tradiciones del capitalismo”, es decir, la anarquía, la holgazanería, el desorden, la especulación”.
Lenin daba también enorme importancia a la emulación socialista como medio de agitación.
Cuando la guerra civil tocaba a su fin. Lenin señaló que la propaganda y la agitación debían ser colocadas sobre nuevos rieles, ligándolas lo más estrechamente posible con la construcción socialista y, sobre todo, con las tareas de la edificación económica y de la economía planificada.
“La propaganda del viejo tipo – decía Lenin- habla y pone ejemplos de qué es el comunismo. Pero esa vieja propaganda no sirve para nada, porque es preciso mostrar cómo hay que construir el socialismo. Toda la propaganda debe basarse en la experiencia política de la edificación económica... Nuestra política económica del Estado... Y en eso deberá basarse toda la agitación y toda la propaganda...
... Todo agitador debe ser un dirigente del Estado, un dirigente de los campesinos y los obreros en la edificación socialista”.
Lenin exigía que se reforzara el trabajo económico y práctico de los trenes y barcos de agitación incluyendo en sus secciones políticas a agrónomos y peritos, seleccionando publicaciones técnicas y películas adecuadas, exigía que se rodaran films sobre temas agrícolas e industriales y que se compraran películas de ese tipo en el extranjero.
De los centros de instrucción política exigía que se organizara en gran escala la propaganda técnica, trazaba tesis sobre esta cuestión, pedía que se estudiaran las formas que revestía esta propaganda y agitación industrial en el extranjero, sobre todo, en Norteamérica y que se estudiara la aplicación de estos métodos en nuestro país. En relación con el informe GOELRO 27, exigía que se incorporara a las amplias masas obreras al trabajo de electrificación y que se diera carácter político a ala agitación en torno a un plan único de electrificación, exigía que se ampliase el horizonte politécnico de los obreros, sin el cual era imposible comprender la esencial de la economía planificada.
Lenin soñaba con apasionamiento en convertir el País de los Soviets en una especie de centro de agitación que convenciera con ejemplos, en antorcha que iluminara el proletariado del mundo entero.

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27 GOELRO: Comisión Estatal de Electrificación de Rusia, que confeccionó en 1920, por indicación de Lenin, el plan de electrificación del país.

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