La guerra Civil en Rusia

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    Francesc 57
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    Re: La guerra Civil en Rusia

    Mensaje por Francesc 57 el Sáb Sep 24, 2011 3:50 pm

    El 6 de junio de 1918 Stalin, a la cabeza de un destacamento de obreros, llega a
    Tsaritsin. Aliando la clarividencia de un jefe político a los talentos de un gran
    capitán, Stalin había adivinado el papel que Tsaritsin jugaría como centro en el que
    la contrarrevolución iba a asestar su golpe principal. La toma de Tsaritsin aislaría a
    la República de sus últimos recursos en trigo, del petróleo de Bakú, hubiera
    permitido a los blancos llevar a cabo la unión de la contrarrevolución del Don con
    Kolchak y la contrarrevolución checoslovaca, y marchar en un frente unido sobre
    Moscú. Era preciso que el poder de los Soviets preservase Tsaritsin a toda costa.
    Tras haber liquidado, con mano de hierro, a los conspiradores blancos de la ciudad,
    después de haber conseguido víveres en cantidad y haberlos expedido a las
    capitales golpeadas por el hambre, Stalin se consagró por entero a la defensa de
    Tsaritsin. Rompiendo sin piedad la resistencia de los contrarrevolucionarios
    profesionales, enviados por Trotski que les apoyaba, Stalin reorganizó, tomando
    medidas rápidas y decisivas, los destacamentos aislados, apresuró la llegada, desde
    la cuenca del Donetz, de las unidades de Vorochilov, que se transformarían en el
    núcleo del X Ejército, nuevamente formado. Gracias a su voluntad de hierro y a su
    genial clarividencia, Stalin pudo salvaguardar Tsaritsin e impedir a los blancos
    abrirse paso hacia Moscú.
    La heroica epopeya de la defensa de Tsaritsin coincidió con la derrota del
    imperialismo alemán en Ucrania. En noviembre de 1918, la revolución estallaba en
    Alemania y en Austria-Hungría. El Comité Central confía a Stalin el cuidado de
    organizar el frente ucraniano a fin de ayudar a los obreros y campesinos de Ucrania.
    Veinte militantes dirigentes del Partido, pertenecientes al X Ejército, con Vorochilov
    a la cabeza, son puestos a disposición de Stalin. A finales de noviembre, las tropas
    insurrectas de Ucrania en marcha contra Petliura y los alemanes, liberan Harkov. Al
    oeste, la ciudad de Minsk es liberada, Stalin despliega una intensa actividad para
    liberar las regiones occidentales y crear la República de Bielorrusia.
    El 30 de noviembre de 1918 era formado el Consejo de Defensa Obrera y
    Campesina con Lenin a la cabeza. Tenía por objeto dirigir el conjunto del trabajo de
    la defensa en los frentes y en la retaguardia, movilizar la industria y los transportes,
    así como todos los recursos del país. Introducido en el Consejo de Defensa como
    representante del Comité Ejecutivo Central de los Soviets de Rusia, Stalin ejerció de
    hecho en él la suplencia de Lenin.
    A finales de 1918, situación catastrófica en el frente Este. El ejército de Kolchak se
    apresuraba a llevar a cabo la unión con las tropas inglesas que atacaban por el
    norte. En nombre del Consejo de Defensa, Lenin exige que la situación sea
    restablecida ante Perm. Para conjurar la catástrofe, propone al Comité Central que
    Stalin y Dzerzinski sean enviados allí. Stalin consigue pronto restablecer la situación
    en Perm. En el sur, ante Tsaritsin, gracias a su poderosa voluntad, Stalin impide a
    la contrarrevolución del Don fusionarse con la de los Urales y de la cuenca del
    Volga. Por el norte, Stalin hace fracasar la tentativa de los invasores de llevar a
    cabo la unión con los checos y Kolchak. Las tropas rojas aniquilan a Kolchak, que
    está aislado de sus aliados del sur y del norte.
    De retorno del frente Este, Stalin emprende la organización del control del Estado. A
    propuesta de Lenin, es nombrado -en marzo de 1919- comisario del pueblo en el
    Control del Estado, el cual será reorganizado más tarde como comisariado del
    pueblo de la Inspección obrera y campesina. Stalin permanece en este puesto hasta abril de 1922.
    Esta actividad contribuyó poderosamente a hacer que los
    trabajadores participasen en el gobierno del Estado.
    En mayo de 1919, con el fin de desviar de Kolchak a las tropas rojas, el general
    Yudenich, apoyado por los ejércitos blancos de Finlandia y Estonia, marcha sobre
    Petrogrado. La ofensiva de Yudenich es apoyada por una escuadra inglesa. En la
    retaguardia del Ejército Rojo, los fuertes Krasnaia Gorka y Seraia Lochad, se
    amotinan. El frente rojo se repliega, el enemigo está a las puertas de Petrogrado.
    El Comité Central confía a Stalin la misión de organizar la resistencia a los Blancos.
    Los comunistas parten al frente. Rápidamente, Stalin hace que cesen las
    confusiones, aniquila sin piedad a los enemigos y traidores. Mediante un ataque
    combinado de la infantería en tierra y navíos por mar, los fuertes rebeldes son
    tomados, las tropas blancas rechazadas. La amenaza que pesaba sobre Petrogrado
    estaba conjurada. Desbaratados los planes de la Entente para conquistar esta
    ciudad. Los restos del ejército de Youdenich derrotado corren a refugiarse en
    Estonia.
    Verano de 1919, Stalin trabaja en el frente del oeste, en Smolensko, organizando la
    respuesta a la ofensiva polaca.
    La Entente había sido derrotada en su primera campaña. Tras haber aplastado a los
    Soviets en Baviera, Hungría, Estonia, Letonia, en otoño de 1919 emprende una
    segunda campaña, haciendo participar en ella, además de a las tropas blancas y a
    sus propios destacamentos, a los ejércitos de los pequeños Estados limítrofes de
    Rusia. Esta campaña fue llamada presuntuosamente por Churchill, ministro británico
    de la guerra, "la campaña de los 14 Estados".
    Mientras el Ejército Rojo batía a Kolchak en el este, Denikin se adueñaba de la
    cuenca del Donetz y, en un vasto frente, invadía Ucrania. A traición, Trotski había
    desorganizado el trabajo en el frente sur. Las tropas rojas experimentaron derrotas.
    Los polacos blancos vinieron en socorro de Denikin y ocuparon Minsk. Yudenich
    retoma la ofensiva sobre Petrogrado; en cuanto a Kolchak, trata de mantenerse en
    el Tobol. Nunca el enemigo había estado tan cerca de la capital soviética. Los
    capitalistas del Donetz habían incluso fijado una recompensa de un millón para
    aquel de los regimientos blancos que primero entrase en Moscú.
    Ante la ofensiva de los blancos, Lenin dirigió, en nombre del Comité Central, un
    vibrante llamamiento a las organizaciones del Partido: "¡Todos a la lucha contra
    Denikin!"
    El frente sur recibe numerosos refuerzos en hombres y material de guerra. Pero
    todavía era necesario un jefe capaz de agrupar a los centenares de miles de
    combatientes, cohesionarlos en una voluntad única y lanzarlos contra el enemigo. El
    Comité Central del Partido envía a Stalin el frente sur para organizar allí la victoria.
    Confusión, desconcierto, ausencia de plan estratégico, esto es lo que encuentra en
    el frente el gran capitán de la revolución. Después de haber expulsado de los
    estados mayores a los subordinados derrotistas de Trotski y haber exigido que se
    prohibiese a este último mezclarse en cualquiera de los asuntos del frente, Stalin
    rechaza el viejo plan criminal que ofrecía a Denikin la posibilidad de atravesar el
    frente partiendo del Volga (Tsaritsin) hacia Novorosiisk Lo reemplazó por su propio
    plan de lucha, que zanjaba el problema de una forma genial. Stalin propuso llevar el
    esfuerzo principal contra Denikin desde la zona de Voroneje, por Jarkov-cuenca del
    Donetz-Rostov, con el fin de partir en dos al ejército contrarrevolucionario. Este plan
    aseguraba un avance rápido del Ejército Rojo en una región con centros proletarios,
    donde la población esperaba con manifiesta simpatía la llegada del Ejército Rojo; en
    la que existía una espesa red de ferrocarriles, lo que permitía un avituallamiento
    regular de las tropas. Este plan permitía, en fin, liberar la cuenca del Donetz,
    poderosa fuente de carbón, que abastecía de combustible al país, y foco de fuerzas
    revolucionarias.
    El Comité Central adoptó el plan de Stalin.
    Para organizar la victoria, Stalin desplegó un esfuerzo titánico. Vigilaba la marcha
    de las operaciones, corregía los fallos sobre la marcha, elegía comandantes y
    colaboradores políticos en los que estimulaba el espíritu de lucha. Bajo su dirección
    fue elaborada, en el frente Sur y para uso de los comisarios de regimiento, una
    instrucción en la cual la misión de estos últimos era formulada en estos penetrantes
    términos:
    "El comisario de regimiento es el guía político y moral de su unidad, el primer
    defensor de sus intereses materiales e intelectuales. Si el comandante del
    regimiento es su jefe, el comisario debe ser su padre y su alma."(1)
    El plan de Stalin logró el total aplastamiento de Denikin. A iniciativa de Stalin, fue
    creado el 1º Ejército de Caballería, con Budionni, Vorochilov y Schadenko a la
    cabeza. El legendario Ejército de Caballería, apoyado por los ejércitos del frente sur,
    derrotó al ejército de Denikin.
    Durante la corta tregua que el país de los Soviets conoció tras el aplastamiento de
    Denikin, Stalin, delegado por Lenin, dirige en Ucrania los trabajos de restauración de
    la economía nacional destruida por la guerra. En febrero-marzo de 1920, está al
    frente del Consejo del Trabajo del ejército ucraniano y moviliza a los trabajadores
    de cara a la lucha por el carbón. Haciendo un llamamiento al ejército del trabajo, en
    marzo de 1920, Stalin muestra que, en el momento actual "el carbón es tan
    importante para Rusia como la victoria sobre Denikin" (2). Guiados por Stalin, los
    bolcheviques de Ucrania obtienen éxitos importantes en el aprovisionamiento del
    país en combustible y la organización de los transportes.
    En mayo de 1920, el Comité Central envía a Stalin al frente sudoeste contra los
    pequeños nobles polacos, que habían abierto la tercera campaña de la Entente
    contra la República soviética. Aquí, Stalin toma parte de inmediato en las
    operaciones que él mismo dirige y que tienen por objetivo romper el frente polaco,
    liberar Kiev y lograr que nuestras tropas progresen sobre Lvov. En el mismo año de
    1920, Stalin trabaja en la defensa de la Ucrania meridional contra la ofensiva de
    Wrangel; detiene el plan destructivo de éste último. El plan de operaciones de
    Frunce que permite derrotar a Wrangel se basaba en las directrices de Stalin.
    Los años de la guerra civil transcurrieron bajo el signo de una estrecha colaboración
    entre Lenin y Stalin. Juntos, organizan y fortalecen el Ejército Rojo. Lenin presta
    atención a los consejos de Stalin en problemas muy importantes relativos a la
    política del Estado soviético, a la estrategia y la táctica militares. En el momento en
    que Stalin se encontraba en el otro extremo del país de los Soviets, donde llevaba a
    cabo misiones políticas y militares de mucha importancia que Lenin le había
    encargado, el intercambio de cartas, telegramas y notas no se interrumpía un
    instante. Con regularidad, ponía a Lenin al corriente de los asuntos del frente. En
    sus cartas y telegramas, Stalin hacía un análisis magistral de la situación militar.
    Invariablemente, pedía a Lenin ayuda y asistencia, cuando la situación en el frente
    se hacía particularmente crítica. Lenin se mostraba extremadamente atento a las
    demandas de Stalin. Le ponía al corriente de los acontecimientos en curso, le
    informaba de lo que había de nuevo en política. Stalin fue el principal apoyo de
    Lenin en la organización y dirección de la defensa del país de los Soviets.
    En los años de la guerra civil, el Comité Central del Partido y Lenin en persona
    enviaban a Stalin a los frentes más decisivos y peligrosos para la revolución. Stalin
    era miembro del Consejo Militar Revolucionario de la República y de los Consejos
    Militares Revolucionarios de los frentes oeste, sur y suroeste. Stalin era enviado a
    los rincones en los que, por múltiples razones, el peligro se percibía como mortal
    para el Ejército Rojo, en los que el avance de los ejércitos de la contrarrevolución y
    de la intervención amenazaba la existencia misma del poder de los Soviets. "Stalin
    aparecía allí donde la confusión y el pánico podían llevar a la parálisis, a la
    catástrofe en cualquier momento."
    DERROTA DE LOS INTERVENCIONISTAS
    Stalin organizaba a las masas de los militantes del Partido y de los obreros, tomaba
    en sus firmes manos la dirección; apoyándose en el apoyo de las masas, aniquilaba
    sin piedad el sabotaje, reprimía con mano de hierro los complots de los felones, los
    traidores, los espías en los frentes y en la retaguardia. Predicando con el ejemplo,
    con su trabajo abnegado y su clara perspectiva revolucionaria, estimulaba el espíritu
    de combate y el entusiasmo revolucionario de los obreros y los campesinos, de los
    soldados rojos. Obtenía en los plazos más breves un viraje completo y la victoria del
    Ejército Rojo.
    Adivinaba y reducía a la nada los planes estratégicos más inteligentes y pérfidos del
    enemigo, de los que echaba por tierra toda la "ciencia", el "arte" y el entrenamiento
    militar.
    Los servicios prestados por Stalin en los frentes de la guerra civil fueron recordados,
    a iniciativa de Lenin, en una decisión del Comité Ejecutivo Central de los Soviets de
    Rusia, con fecha del 27 de noviembre de 1919, otorgándole la Orden de la Bandera
    Roja.
    El Partido Bolchevique, con Lenin y Stalin a la cabeza, fue el creador del Ejército
    Rojo, el primer ejército rojo del mundo, ejército de los obreros y los campesinos
    emancipados, ejército de la fraternidad entre los pueblos de nuestro país, ejército
    educado en el espíritu del internacionalismo. Lenin y Stalin, ayudados por los
    mejores militantes del Partido Bolchevique, dirigieron la defensa del país.
    Stalin fue el animador yl organizador directo de las más grandes victorias del
    Ejército Rojo. A todos los puntos del frente donde se decidía la suerte de la
    revolución, el Partido enviaba a Stalin. El fue el autor de los planes estratégicos más
    importantes. Dirigió las operaciones militares decisivas. Ante Tsaritsin y Perm, ante
    Petrogrado y contra Denikin, en el oeste contra la Polonia de los pequeños nobles y
    en el sur contra Wrangel, en todas partes la voluntad de hierro y el genio
    estratégico de Stalin aseguraron la victoria de la revolución. Stalin fue el educador y
    el guía de los comisarios en los Ejércitos, sin los cuales, como dijo Lenin, el Ejército
    Rojo no hubiera existido.
    El nombre de Stalin está ligado a las victorias más gloriosas de nuestro Ejército
    Rojo.

    Fragmento de BIOGRAFÍA DE STALIN, elaborada por el Instituto Marx-Engels-Lenin.
    G. Alexandrov, M. Galaktionov, V. Krujkov, M. Mitin, V. Motchalov, P. Pospelov
    1950

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    Re: La guerra Civil en Rusia

    Mensaje por Francesc 57 el Sáb Sep 24, 2011 6:06 pm

    Una de las primeras medidas del nuevo gobierno de los soviets fue la anulación de las
    deudas contraídas por la Rusia zarista con las potencias imperialistas, que superaban los
    16.000 millones de rublos. Esto amenazaba con llevar a la ruina a muchos banqueros,
    rentistas y especuladores, justamente aquellos que manejaban las cancillerías de Londres,
    París, Berlín, Roma, Nueva York y otras plazas financieras. Era lógico que trataran de utilizar
    la fuerza de su Estado para salvaguardar sus bolsillos.
    Por su parte, las viejas fuerzas reaccionarias de Rusia que se veían amenazadas por un
    nuevo poder de obreros y campesinos; los capitalistas, terratenientes, generales zaristas,
    todos ellos comenzaron a conspirar contra los soviets en alianza con la reacción exterior. "La
    contrarrevolución en Rusia tenía cuadros militares y reservas humanas, sobre todo entre las
    capas superiores de los cosacos y entre los kulaks [...] Pero no tenía ni armas ni dinero. Los
    imperialistas extranjeros por su parte tenían dinero y armas, pero no podían utilizar en la
    intervención fuerzas militares suficientes, no solamente porque estas fuerzas les eran
    necesarias para la guerra contra Alemania y Austria, sino también porque podían resultar
    poco seguras en la lucha contra el poder soviético" [9]. Todas las fuerzas reaccionarias se
    agruparon bajo las banderas del antisovietismo. Era una aglomeración bastante heterogénea,
    pero que tenía un objetivo común: demoler el poder de los soviets y restaurar el capitalismo
    en Rusia.
    Además, en diciembre de 1917 los imperialistas franceses e ingleses habían acordado
    repartirse la Rusia meridional en zonas de influencia. La parte francesa comprendía
    Besarabia, Ucrania, Crimea y la cuenca del Donetz; la parte inglesa, el norte del Cáucaso,
    Transcaucasia y Asia Central.
    Esta fue la base de la intervención exterior contra el poder de los Soviets y el origen de la
    guerra civil. Desde el punto de vista militar, representaba una amenaza seria porque las
    fuerzas de los contrincantes eran muy desiguales. Inmediatamente después de la Revolución
    de Octubre el proletariado victorioso debió vencer la resistencia armada principalmente de las
    clases explotadoras, pero ahora el mayor peligro estaba representado por la intervención
    militar extranjera que permitió alzar la cabeza a la contrarrevolución interna.
    Tropas anglo-francesas desembarcan en el Norte de Rusia para derrocar a los Soviets
    En la primavera de 1918, la ofensiva de las tropas de la Alemania kaiseriana fue seguida por
    la intervención de los imperialistas de la Entente. Esta intervención comenzó a principios de
    marzo con un desembarco de tropas anglo-francesas en el norte para ocupar el territorio de
    Murmansk e imponer un gobierno de guardias blancos, la dictadura del general Miller. A
    mediados del mismo mes, la Conferencia londinense de primeros ministros y ministros de
    asuntos exteriores de Inglaterra, Francia e Italia adoptó una resolución sobre La intervención
    de los aliados en la Rusia Oriental con participación del Japón.
    El 30 de diciembre de 1917 (12 de enero de 1918), buques de guerra japoneses habían
    penetrado por sorpresa en el puerto de Vladivostok "para proteger a sus súbditos". El 5 de
    abril desembarcaron y, en colaboración con rusos blancos, ocuparon Vladivostok restaurando
    el poder de la burguesía.
    Rusos Blancos dan la bienvenida a las tropas japonesas recién desembarcadas
    Al tiempo, el 25 de mayo estalló la sublevación contrarrevolucionaria del cuerpo de ejército
    checoslovaco que se había formado en la zona del medio Volga durante la guerra imperialista
    con los prisioneros de aquella nacionalidad que manifestaron su deseo de combatir contra
    Alemania. De un total de unos 200.000 presos, en el verano de 1918 se habían reclutado
    más de 60.000 hombres. Después de la instauración del poder soviético las potencias de la
    Entente tomaron a su cargo la financiación de esta tropa declarándola parte del ejército
    francés y plantearon su evacuación a aquel país. En virtud del convenio de 26 de marzo de
    1918 el Gobierno soviético aceptó la evacuación a condición de que regresaran los soldados
    rusos que se encontraban en Francia, de que entregaran las armas y de que viajaran en
    pequeños grupos. El cuerpo checoslovaco fue autorizado a salir de Rusia por Vladivostok pero
    el mando contrarrevolucionario del cuerpo no entregó las armas y provocó el motín, que
    Estados Unidos, Inglaterra y Francia apoyaron incondicionalmente. Los checos blancos,
    actuando en estrecho contacto con los guardias blancos y los kulaks, ocuparon Samara y una
    parte considerable de los Urales, la región del Volga y Siberia. En todas partes restauraron el
    poder de la burguesía y, con participación de los mencheviques y eseristas, formaron
    gobiernos de guardias blancos: en Omsk se constituyó el gobierno de Siberia, en Samara, el
    Comité de Miembros de la Asamblea Constituyente, etc.
    Los ingleses hicieron entrar a sus tropas en Transcaucasla y Turkestán, en colaboración con
    la burguesía autóctona y el viejo ejército zarista.
    Los generales Denikin y Kornilov, apoyados por oficiales cosacos se adueñaron del norte del
    Cáucaso con el apoyo de los imperialistas anglo-franceses. Kolchak reunió 400.000
    mercenarios, ocupando vastas regiones de Siberia y los Urales. Desde el sur avanzó Denikin,
    que llegó muy cerca de Moscú, mientras por el norte atacaba Yúdenich.
    La situación se fue agravando notablemente porque los imperialistas alemanes no podían
    permanecer con los brazos cruzados con su acuerdo de paz de Brest-Litovsk, mientras sus
    rivales imperialistas se estaban apoderando de la mitad del territorio ruso. A pesar de haber
    firmado el acuerdo de paz, decidieron apoyar a los generales Krasnov y Mamontov, quienes
    se adueñaron de Crimea y de la región del Don. Los alemanes apuntaban en su ofensiva en
    dirección al Cáucaso y, junto a los turcos, ocuparon también Tiflis y Bakú.
    Tomaron parte en la intervención los países capitalistas más importantes de Europa y
    también Estados Unidos y Japón. En 1918, en Siberia y el Extremo Oriente, más de 150.000
    hombres integraban las tropas intervencionistas; en el sur de Ucrania, en Crimea y
    Transcaucasia, los imperialistas de la Entente desembarcaron a casi 130.000 soldados; en el
    Norte, el ejército de guardias blancos de Miller contaba con el apoyo de más de 31.000
    invasores.
    Los territorios ocupados por los intervencionistas se convertían en bases logísticas de los
    guardias blancos. El imperialismo mundial armó y pertrechó de todo lo necesario a los
    ejércitos de Kolchak y Denikin, cuyos efectivos en algún momento alcanzaron a 400.000 y
    110.000 hombres respectivamente. En mayo de 1918 las tropas invasoras sumaban por lo
    menos 700.000 hombres, mientras que el Ejército Rojo contaba entonces con poco más de
    300.000 combatientes.
    A finales de 1918 los soviets estaban completamente cercados. Las ciudades sufrían hambre
    y la producción se encontraba paralizada por falta de materias primas. La prensa imperialista
    hablaba de que los soviets estaban a punto de derrumbarse ante el poderío de sus
    adversarios y la pobreza de sus recursos.
    Para rechazar la invasión el Estado soviético se vio obligado a movilizar, además de los
    recursos materiales existentes, toda la energía revolucionaria de las masas. En aquel tiempo
    el Poder soviético sólo regía en 28 provincias de la parte europea de Rusia, pobladas por
    64.500.000 habitantes; las otras 30 provincias del país estaban bajo el poder de los
    intervencionistas y guardias blancos. Por si eso fuera poco, la industria, la agricultura y el
    transporte estaban agotados por la guerra imperialista de cuatro años. Todo ello acarreaba
    dificultades inimaginables.
    La primera tarea fue la creación del Ejército Rojo. En los dos primeros meses después de la
    Revolución de Octubre, 100.000 hombres (esencialmente obreros revolucionarios) se habían
    incorporado voluntariamente al nuevo Ejército. Pero esta cifra resultó absolutamente
    insuficiente ante los nuevos acontecimientos. Por ello en mayo de 1918 se estableció el
    servicio militar obligatorio. De esta forma se logró que, bastante rápidamente, el Ejército
    Rojo alcanzara el millón de hombres. Se crearon los comisarios políticos para elevar la moral
    de los combatientes, educarlos políticamente y establecer la dirección del Partido.
    El Partido Comunista, al mismo tiempo que construía el Ejército Rojo, dirigió su lucha en los
    frentes. El país todo era un campamento militar, reorganizaba su vida según las demandas
    de la guerra. A pesar de que la economía nacional se encontraba en estado de enorme
    tensión, tuvo que ampliarse la industria de guerra. Se tomaron medidas encaminadas a
    robustecer los cuadros de mando y políticos del Ejército Rojo y desenvolver la lucha
    clandestina y de guerrillas en las zonas ocupadas por los intervencionistas y guardias
    blancos.
    Al frente del Ejército Rojo estaba Trotski, quien había reconoció su error al oponerse a la
    postura de Lenin sobre la paz de Brest-Litovsk y ofreció al Partido bolchevique su
    colaboración sin reservas. El Partido aceptó la autocrítica y le nombró esta vez comisario de
    Guerra.
    Se creó un Consejo de Defensa Obrera, dirigido personalmente por Lenin, para resolver el
    problema de los abastecimientos (militares y civiles) que era dramático. La contrarrevolución
    controlaba las zonas más ricas en recursos. La guerra civil era una guerra de tipo moderno y
    el Ejército Rojo necesitaba armas modernas que solamente la industria podía producir. Pero
    la industria necesitaba materias primas. Las ciudades necesitaban trigo. La situación era
    dificilísima, casi desesperada.
    Milicias populares de obreros/as y campesinos/as del Ejército Rojo
    El año 1918 fue para el Ejército Rojo un año de combates muy duros. En él se ubican las
    primeras victorias obtenidas casi en todos los frentes. En otoño fue liberada del enemigo
    parte considerable de las zonas del Volga, saliendo las unidades del Ejército Rojo a las
    estribaciones de los Urales; en el norte, en duros combates, las tropas soviéticas detuvieron
    a los intervencionistas que se afanaban por penetrar en las regiones centrales del país para
    unirse a los contrarrevolucionarios siberianos.
    Krasnov y Denikin intentaron agrupar los ejércitos de guardias blancos del este y del norte
    del Cáucaso en una campaña contra Moscú. A ese fracaso contribuyó mucho la heroica
    defensa de Zaritsin por las unidades del Ejército Rojo, los destacamentos proletarios de la
    ciudad y los mineros del Donbas, que con sus acciones abnegadas paralizaron el grueso del
    ejército de Denikin y evitaron el golpe que quería asestar a Moscú. La ciudad de Zaritsin (la
    futura Stalingrado) tenía una gran importancia estratégica. La ciudad conectaba a la Rusia
    soviética con el bajo Volga y con el Cáucaso del Norte. Por ello para los blancos resultaba de
    gran importancia adueñarse de ella, porque de esta forma podrían unificar el frente este,
    controlado por las unidades checoslovacas y el meridional, controlado por Krasnov. De esta
    forma les sería posible lanzar una ofensiva contra Moscú y al mismo tiempo aislar a la
    capital de las fuentes de trigo y de petróleo.
    El 6 de junio de 1918 Stalin llegó a Zaritsin enviado por el Consejo de Defensa Obrera. Hacía
    su primera aparición en un frente de guerra para resolver un problema de abastecimientos,
    pero su misión adquirió pronto un carácter militar. Será la primera de una larga serie.
    Kaganovitch escribirá más tarde: "Allí, donde el Ejército Rojo flaqueaba, cuando las fuerzas
    contrarrevolucionarias acrecentaban sus éxitos, cuando la agitación y el pánico podían
    convertirse a cada instante en catástrofe, allí se presentaba Stalin. Se pasaba las noches sin
    dormir, organizaba, empuñaba el mando, rompía resistencias, insistía y pasaba la curva,
    resolvía la situación". En los tres años de guerra Stalin se trasladará -incesantemente de un
    frente a otro en los momentos y situaciones de mayor peligro, resolverá las cuestiones más
    enrevesadas y se verá en la necesidad de hacer frente a importantes tareas de dirección
    militar. Lenin recurrirá a menudo a él, sobre todo a partir de los éxitos que cosechó en
    Zaritsin.
    Un día después de su llegada Stalin escribe a Lenin que ha encontrado en la ciudad "un
    desbarajuste increíble". La administración soviética y el Partido están en plena disgregación.
    En la ciudad pululaban elementos contrarrevolucionarios, envalentonados por el avance
    enemigo. Muchos de los mandos militares, compuestos en gran parte por ex-oficiales del
    ejército zarista han resultado ser unos traidores, dispuestos a pasarse con armas y bagajes
    al enemigo. Tampoco la tropa es muy segura. Se ha producido un viraje en el "mujik --que
    en octubre luchó por el Poder Soviético-- contra el Poder Soviético (odia con toda su alma el
    monopolio cerealista, los precios fijos, las requisas, la lucha contra la especulación)".
    Algunas unidades son de composición cosaca y muchos elementos se han unido a ellas "para
    recibir armas, informarse del dispositivo de nuestras unidades y después desertar al campo
    de Krasnov, llevándose a regimientos enteros".
    El día 7 Stalin escribe a Lenin: "Expulso y amonesto a cuantos es preciso [...] Puedes estar
    seguro de que seremos implacables con todos, con nosotros mismos y con los demás, y que
    enviaremos cereales a toda costa. Si nuestros 'especialistas' militares (¡chapuceros!) no se
    hubieran dormido, ni hecho el vago, no habría quedado cortada la línea, y si se restablece,
    no será gracias a los militares, sino a pesar de ellos".
    Tres días después Stalin escribe a Lenin: "Métele en la cabeza [a Trotski] que, sin el
    conocimiento de la gente local, no se deben hacer nombramientos, que de otro modo se
    desprestigia al Poder soviético". Y más adelante: "En el sur hay muchos cereales, pero, para
    conseguirlos se necesita un aparato bien organizado, que no tropiece con obstáculos por
    parte de los convoyes, de los jefes de los ejércitos etc. Aún más: es preciso que los
    militares ayuden a los agentes de abastos. La cuestión de los abastos, lógicamente se
    entrelaza con la militar. En interés del trabajo, necesito atribuciones militares. He escrito ya
    a este respecto, sin recibir contestación. Muy bien. En tal caso, yo mismo destituiré, sin más
    formalidades, a los jefes de ejército y comisarios que lo echan todo a perder. Así me lo
    dictan los intereses de la causa y, naturalmente, la falta de un pedazo de papel firmado por
    Trotski no me detendrá". Se trataba de una explícita petición de poderes en el plano militar,
    poderes que Stalin obtuvo a través de un telegrama del Consejo de Guerra Revolucionario de
    la República firmado por Lenin, en el cual se le encargaba "restablecer el orden, transformar
    los destacamentos en ejército regular, nombrar una dirección justa, expulsar a todos los
    insubordinados".
    Cuando este telegrama llegó la situación era aún más grave porque los restos del Ejército
    Rojo de Ucrania habían llegado a Zaritsin, retrocediendo ante el avance alemán. Stalin creó
    un Consejo Militar Revolucionario y comenzó a limpiar el Estado Mayor, las unidades
    militares y la retaguardia de elementos contrarrevolucionarios, vacilantes o inseguros.
    Reforzó el mando y las unidades con comunistas probados y las unificó bajo una única
    dirección militar.

    Stalin en Zaritsin (1919)
    Este último aspecto tiene mucha importancia para entender el carácter de las divergencias
    entre Trotski y Stalin sobre los asuntos de la dirección militar. En el telegrama de
    instrucciones se le encargaba "transformar los destacamentos en ejército regular". Para
    entender el sentido de esta orden es preciso hacer una rápida mención del origen y la
    génesis del Ejército Rojo. Las primeras operaciones militares en defensa del nuevo poder
    revolucionario se realizaron inmediatamente después de la insurrección. Por lo general se
    trataba de acciones aisladas, realizadas por destacamentos que, integrados por obreros y
    soldados voluntarios, se desplazaban desde los centros urbanos hacia las provincias a fin de
    extender el poder de los soviets y hacer frente a los primeros intentos contrarrevolucionarios
    que en esa fase tenían un carácter aislado y no coordinado, debido al derrocamiento del
    Gobierno de Kerenski y a la desaparición del Estado Mayor reaccionario. Estas unidades
    utilizaron ampliamente la guerra de guerrillas y se basaban para su acción en las masas.
    Algunos de los jefes de estos destacamentos adquirieron gran experiencia y mucho prestigio.
    Pero, a partir de la intervención extranjera, las unidades voluntarias se encontraron frente a
    frente con ejércitos centralizados, armados modernamente, dirigidos por militares
    profesionales.

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    Re: La guerra Civil en Rusia

    Mensaje por Francesc 57 el Sáb Sep 24, 2011 6:10 pm

    sigue
    La acción de los destacamentos aislados de voluntarios ya no podía servir. Se necesitaba un
    ejército regular revolucionario. Para ello se estableció el Servicio Militar obligatorio, a través
    del cual se reclutaron centenares de miles de hombres, y se decidió la fusión, en un único
    ejército, de los viejos destacamentos.
    Esto último tropezó con no pocas dificultades. La mentalidad de muchos de los cuadros de
    estos destacamentos se habían amoldado a un estilo y a un método de acción de tipo
    independiente y no les fue fácil acostumbrarse a las nuevas circunstancias. Por otra parte el
    reclutamiento se había realizado en gran parte cuando aún prevalecía la vieja línea y ello se
    reflejaba en la composición de los destacamentos. En muchos escritos de la época se pueden
    leer afirmaciones acerca de la necesidad de ir superando el espíritu guerrillero.
    Sobre esta cuestión se formó dentro el Partido una corriente vinculada a los "comunistas de
    izquierda" que se denominó "oposición militar". La "oposición militar" negaba la necesidad de
    crear un ejército centralizado, afirmaba que la lucha contra los blancos podía realizarse
    utilizando un ejército guerrillero. La "oposición militar" estaba radicalmente en contra de la
    utilización de los "especialistas militares", es decir, de los oficiales del viejo ejército zarista
    que habían aceptado colaborar con el nuevo ejército.
    Trotski afirma que Stalin era el promotor de esa "oposición militar". En sus escritos hay
    incesantes referencias a los "guerrilleros de Stalin", a los zaritsinistas, forma despectiva en la
    que Trotski define a la dirección militar que Stalin formó en Zaritsin y en particular a
    Vorochilov, a que "Stalin no luchaba con suficiente firmeza contra la autonomía local, las
    guerrillas comarcales y la insubordinación".
    Esto es falso. En todos los escritos, discursos y actuaciones de Stalin de esa época
    encontramos una defensa y una aplicación práctica de la necesidad de un ejército regular, de
    una disciplina de hierro, de una dirección centralizada y de la superación del cantonalismo y
    del espíritu guerrillero.
    Pocos días después de haber recibido la orden por la que se le concedían plenos poderes en
    Zaritsin, y en la cual se le pedía entre otras cosas "transformar los destacamentos en
    ejército regular", en una carta a Lenin de 4 de agosto Stalin mencionaba, como uno de los
    aspectos positivos de la nueva situación que se había creado con la creación del Consejo
    Militar Revolucionario, "la supresión total del desbarajuste originado por el sistema de
    destacamentos. Este hecho había permitido establecer en las unidades militares una
    disciplina de hierro".
    Es cierto que, además, Stalin menciona también, como otro factor positivo, "la destitución
    oportuna de los llamados especialistas (en parte grandes partidarios de los cosacos y en
    parte de los anglo-franceses)". Las divergencias entre Trotski y Stalin no versaron nunca
    sobre la necesidad de un ejército regular y de un mando centralizado. La divergencia
    estribaba en la forma de concebir la unificación y centralización militar. Para Trotski, el eje
    de esta centralización, su instrumento, eran los especialistas militares del ejército zarista.
    Siempre que Trotski habla de la necesidad de un ejército regular, de centralizar el mando,
    etc., a continuación lanza una parrafada sobre los especialistas, sobre su necesidad, sobre
    superar la desconfianza contra ellos, etc. Stalin nunca estuvo en contra de la utilización de
    especialistas militares pero concibió siempre el reforzamiento de la unidad y de la disciplina
    del Ejército Rojo no como un reforzamiento de las posiciones de la oficialidad zarista en los
    organismos de mando, sino como un reforzamiento de la dirección del Partido en el Ejército.
    Había, evidentemente, que utilizar a todos los ex-oficiales zaristas que estaban dispuestos a
    colaborar, pero, sobre todo, había que crear cuadros militares comunistas, reforzar los
    poderes de los comisarios políticos, no dejarse deslumbrar por los especialistas y promover
    audazmente a puestos de dirección militar a obreros y campesinos que demostraran tener
    las capacidades y conocimientos adecuados, y destituir o castigar sin miramientos a aquellos
    profesionales castrenses que resultaran ser unos incapaces o unos traidores.
    Trotski escribe, refiriéndose a la actuación de Stalin en Zaritsin, que la "brutal agresividad
    frente a los especialistas militares no era, naturalmente, lo más propicio para ganar la
    voluntad de estos últimos y hacerlos leales servidores del nuevo régimen". Pero ¿qué clase
    de especialistas había en Zaritsin? El mismo Trotski reconoce: "La clase de especialistas de
    Zaritsin se había reclutado entre la hez de la oficialidad: alcohólicos desprovistos de todo
    vestigio de dignidad humana, hombres sin estimación propia, dispuestos a arrastrarse ante el
    nuevo amo, a adularle y abstenerse de toda contradicción. El jefe de Estado Mayor era un
    hombre entregado sin remedio a las bebidas alcohólicas" Estos son los hombres que Stalin
    destituyó porque no podía utilizar a ninguna de ellos para aplastar a la contrarrevolución y
    sustituyó a esos oficiales por cuadros comunistas, por militantes que aunque no tuvieran
    gran experiencia militar, aunque aún tuvieran "mentalidad guerrillera", su entrega, moralidad
    y fidelidad estaba por encima de toda duda.
    Tras destituir a los especialistas de Zaritsin, Stalin ponía de relieve, en su carta a Lenin, que
    esta medida había permitido "ganar la predisposición de las unidades militares". Stalin
    opinaba que la política militar de Trotski, de absoluto servilismo ante los ex-oficiales zaristas,
    echaba a estos elementos en brazos de la "oposición militar", favorecía las tendencias que se
    pretendía combatir: reforzar entre ellos la mentalidad guerrillera, el desprecio por el ejército
    regular, la indisciplina, disminuir el prestigio del Estado Mayor.
    El VIII Congreso del Partido criticó a Trotski por su actuación al margen de las directrices de
    las células del Partido en el Ejército, y fue Stalin quien pronunció el discurso sobre la
    cuestión militar. Por tanto, era Stalin quien expresaba el punto de vista del Partido sobre
    esta cuestión, y no el ministro de Guerra. No puede resultar más significativo que, en un
    momento de guerra civil, fuera precisamente Stalin quien asumiera esa función dentro del
    Partido bolchevique en una materia que no estaba bajo su responsabilidad. El mito de Trotski
    como organizador el Ejército Rojo que ha propagado el imperialismo calificándole de
    "Napoleón Rojo", carece de todo fundamento histórico. El paso de Trotski por el Ejército Rojo
    fue más bien efímero y plagado de errores.
    En este Congreso los planteamientos de la "oposición" fueron defendidas por Smirnov,
    mientras en su intervención Stalin dijo: "Hace medio año, después de desmoronarse el viejo
    ejército zarista, teníamos un ejército nuevo, voluntario, mal organizado, con una dirección
    colectiva, un ejército que no siempre acataba las órdenes [...] La composición del ejército
    era principalmente obrera, si no exclusivamente obrera. Debido a la falta de disciplina en
    este ejército voluntario, debido a que las órdenes no siempre se cumplían, debido a la
    desorganización en el mando del ejército, sufrimos derrotas [...] Los hechos demuestran que
    el ejército voluntario no resiste la crítica, que no podemos defender la república si no
    creamos otro ejército: un ejército regular, penetrado del espíritu de disciplina, con una
    sección política bien organizada [...] O creamos un verdadero ejército regular, obrero y
    campesino, con una severa disciplina, y defendemos la República, o no hacemos ésto, y
    entonces nuestra causa estará perdida [...] El proyecto presentado por Smirnov es
    inaceptable, ya que sólo contribuiría a minar la disciplina en el ejército y excluye la
    posibilidad de formar un ejército regular".
    Luego Stalin no sólo no formó parte, en ningún momento, de la "oposición militar", sino que
    combatió abiertamente sus posiciones y su enfrentamiento con la línea preconizada por
    Trotski estaba dictada por el temor de que el servilismo de Trotski hacia los oficiales
    reaccionarios y su hostilidad hacia los cuadros militares comunistas, pudiera reforzar dentro
    del Partido la animosidad hacia todos los especialistas y, en definitiva, hacia la idea misma
    de un ejército regular.
    En su Historia del PC (b) de la URSS, al caracterizar a la "oposición militar", Stalin afirma
    que este grupo "además de los representantes del derrotado comunismo de izquierda
    comprendía también a militantes que, sin haber jamás participado en ninguna oposición,
    estaban sin embargo descontentos con la dirección de Trotski en el ejército. La mayoría de
    los delegados militares [en el VIII Congreso del Partido] estaba muy indignada contra
    Trotski, contra sus reverencias ante los especialistas castrenses del viejo ejército zarista, del
    cual una parte nos había traicionado sin más, durante la guerra civil, contra su actitud hostil
    hacia los viejos militantes bolcheviques en el ejército. Más adelante añade: Aún luchando
    contra la deformación de la política militar del Partido efectuada por Trotski, la 'oposición
    militar' defendía sin embargo posiciones erróneas sobre varias cuestiones relativas a la
    formación del Ejército".
    Con su falsedad, Trotski pretende justificarse a sí mismo y encubrir sus errores militares. El
    truco es sencillo: como la polémica entre ambos coincide en el tiempo con la polémica
    planteada por la "oposición militar", Trotski trata de hacer pasar sus diferencias con Stalin
    como si formaran parte de aquella otra polémica. Stalin era partidario del ejército regular y
    polemizaba con Trotski acerca de la concepción específica que éste último tenía del ejército
    regular, de su burocratismo en las cuestiones militares.
    Cuando Trotski alude a los viejos guerrilleros del Partido, a los combatientes de los primeros
    destacamentos, lo hace siempre con desprecio y utilizando expresiones injuriosas. En varias
    ocasiones el Comité Central tuvo que intervenir directamente para impedir que fusilara a los
    delegados bolcheviques que le transmitían las directrices de la dirección. En el VIII Congreso
    se planteará abiertamente la cuestión del fusilamiento por parte de Trotski de muchos
    comunistas, acusados de infracciones secundarias o que se oponían a su línea.
    En cualquier caso, los hechos ponen de manifiesto que Stalin prefirió a los viejos
    combatientes obreros y campesinos frente a esos especialistas militares, aún entendiendo
    que debían esforzarse para amoldarse a las nuevas exigencias del ejército regular. Y Trotski
    lamenta el trato brutal empleado por Stalin contra los viejos oficiales zaristas, aristócratas y
    reaccionarios.
    En Zaritsin Stalin empleó mano dura contra la burguesía y los traidores: "La vida de toda la
    ciudad fue sometida a la presión de una dictadura inflexible", dice Trotski. Y más adelante
    cita a un autor según el cual en Zaritsin "no pasaba día sin que descubriera toda suerte de
    conspiraciones en los sitios que parecían de más seguridad y respeto". Todo ello queda dicho
    con un tono que da a entender que se trataba de la rudeza de Stalin, de su manía de tratar
    "brutalmente" a los oficiales zaristas y que esa "dictadura" no estaba justificada.
    Uno de los colaboradores de Trotski era Blumkin [10], un antiguo socialista revolucionario
    que asesinó al conde Mirbach, el embajador alemán en Moscú, en plena negociación de la
    paz de Brest-Litovsk para sabotearla. También estaba Tujachevski entre los oficiales zaristas
    promovidos por Trotski durante la guerra contra Polonia.
    El 3 de febrero de 1919, un traidor llamado Nossovitch que se había pasado a Krasnov,
    describía así la situación de Zaritsin en la época de la estancia de Stalin: "En esta época la
    organización contrarrevolucionaria local se había fortalecido mucho y con dinero llegado de
    Moscú se preparaba una intervención activa para ayudar a los cosacos del Don a liberar a
    Zaritsin". Nossovitch admite que el complot fue abortado por Stalin, el cual mandó detener
    al jefe de la conspiración, un ingeniero de la capital, y le mandó fusilar junto con otros
    cómplices suyos. Al mismo tiempo los alcohólicos del viejo Estado Mayor de Zaritsin estaban
    detenidos en una barcaza en medio del Volga: "Cuando Trotski, inquieto por la destrucción
    de las direcciones militares de la región, puestas en pie con tanto esfuerzo, mandó un
    telegrama diciendo que era preciso reponer en sus funciones al Estado Mayor y a los
    Comisarios y darles la posibilidad de trabajar, Stalin tomó el telegrama y trazó con mano
    firme estas palabras: 'No se toma en consideración'. Efectivamente, el telegrama no fue
    tomado en consideración, y toda la dirección de la artillería y una parte del Estado Mayor
    permanecieron en una barca en Zaritsin".
    Trotski confirma este episodio a su manera. Dice que Stalin había puesto en uno de sus
    telegramas la anotación de "no hacer caso" pero nada dice acerca del contenido concreto de
    tal telegrama. De esta forma pretende utilizar el episodio para demostrar el espíritu
    "guerrillero" de Stalin. Según Trotski "Stalin no luchaba con firmeza suficiente contra la
    autonomía local, las guerrillas comarcales y la insubordinación de la gente de la región".
    Pero lo que calla es que el telegrama se refería a la reposición en sus funciones del viejo
    Estado Mayor de Zaritsin y a la destitución de los cuadros comunistas que Stalin había
    puesto a la cabeza de la organización militar de la región.
    La actuación de Stalin en Zaritsin fue coronada por el éxito y la amenaza
    contrarrevolucionaria sobre la ciudad se vio momentáneamente alejada. Trotski lo interpreta
    de la manera opuesta afirmando que fue un "completo fracaso", que eso "se sabía" entonces
    dentro del Partido, que había una opinión unánime al respecto y que la expresión
    "zaritsinista" por aquel entonces se pronunciaba con desprecio en los medios del Ejército
    Rojo. Pero a las pocas semanas de producirse el "estrepitoso fracaso" de Stalin, ante la
    noticia de un grave desastre militar en Perm, Lenin telegrafió a Trotski: "Hay varios informes
    del Partido de los alrededores de Perm sobre el estado catastrófico del Ejército y sobre
    embriaguez. Te lo transmito. Piden que vayas allí. Pensé en enviar a Stalin. Temo que
    Smilga sea demasiado blando con Lashevich, que al parecer bebe con exceso y no es capaz
    de restablecer el orden". Trotski contestaba al día siguiente: "De acuerdo con enviar a Stalin
    con poderes del Partido y del Consejo Revolucionario de Guerra de la República para
    restablecer el orden, depurar la plantilla de comisarios y castigar severamente a los
    culpables".
    (sigue)

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    Re: La guerra Civil en Rusia

    Mensaje por Francesc 57 el Sáb Sep 24, 2011 6:13 pm

    sigue
    No parece que la opinión del Partido fuera tan contraria a la actuación de Stalin en Zaritsin
    si a las pocas semanas se le enviaba con plenos poderes para resolver una situación en
    apariencia semejante.
    Cuando Stalin, junto con Dzerzhinski llegó a Viatka (Perm ya se había perdido) la situación
    que encontró era gravísima. El III Ejército había huido desordenadamente, abandonando
    armas, equipos e instalaciones en manos del enemigo. Como Stalin expondrá en su Informe
    a Lenin esto no ha sido, propiamente hablando una retirada; menos todavía se le puede
    llamar repliegue organizado a nuevas posiciones. Ha sido una verdadera desbandada de un
    ejército en plena derrota, completamente desmoralizado, con un Estado Mayor incapaz de
    comprender la situación y de prever, más o menos, el inevitable desastre, incapaz de tomar
    a tiempo medidas para salvar al ejército, replegándose a posiciones preparadas de
    antemano, aún a costa de perder territorio.
    Este Informe acerca de las causas de la caída de Perm [11] ilustra claramente acerca los
    puntos de vista de Stalin sobre los asuntos militares. Trotski dice que casi todos los
    extremos de este informe constituían un golpe contra él, lo cual es cierto. Pero lo dice para
    dar a entender que se trataba de la consabida conjura de la "oposición militar", de la
    oposición de Stalin a un ejército regular, de la "anarquía", etc.
    Si todo eso es falso respecto a Zaritsin, lo es aún mucho más en relación a la actuación de
    Stalin en el frente del este.
    Las principales causas de la caída de Perm, según el informe de Stalin, fueron:
    - La falta de disciplina y de centralización de las fuerzas, de lo que responsabiliza al
    Comandante en Jefe, al Consejo Militar Revolucionario y al Estado Mayor del III Ejército: "El
    Estado Mayor del Ejército no debe conformarse con la información que dan los partes
    oficiales (a menudo inexactos) de los jefes de división y de brigada; debe tener sus propios
    delegados, sus agentes, que informen con regularidad al Estado Mayor y vigilen celosamente
    el exacto cumplimiento de las órdenes del jefe del ejército. Sólo así se puede asegurar el
    enlace del Estado Mayor con el Ejército, acabar con la autonomía, que de hecho existe, de
    las divisiones y brigadas y establecer una verdadera centralización en el ejército. Stalin
    continúa observando que un ejército no puede actuar como una unidad que se basta a sí
    misma y completamente autónoma. Por ello, es necesario establecer en los frentes [...] un
    régimen de estricta centralización de las operaciones de los distintos ejércitos en el
    cumplimiento de una directiva concreta y seriamente meditada". Es claro que todo esto
    constituye una crítica a Trotski y que no se trata de una defensa del principio de la
    autonomía de los distintos cuerpos del ejército sino de todo lo contrario. Stalin critica a
    Trotski justamente por no realizar la necesaria centralización; critica también al Consejo
    Militar Revolucionario por desconocer la situación real de los distintos frentes por no ejercer
    el necesario control y actuar de manera improvisada y superficial, emitiendo órdenes a
    menudo contradictorias, por ser incapaz de concentrar las fuerzas en el lugar preciso y en el
    momento preciso, etc.
    - El sistema de reclutamiento: "Hasta fines de mayo, la formación de unidades del Ejército
    Rojo [...] se efectuaba según el principio de la voluntariedad, sobre la base de incorporar al
    Ejército a los obreros y a los campesinos que no exploten trabajo ajeno [...] Es posible que
    a ésta, entre otras razones, se deba la firmeza de las unidades del periodo voluntario. A
    partir de finales de mayo, al ser disuelta la Junta y al encomendar la formación de unidades
    al Estado Mayor Central de toda Rusia, la situación ha ido empeorando. El Estado Mayor
    Central ha calcado íntegramente el sistema de formación del período zarista, incorporando al
    servicio en las filas del Ejercito Rojo a todos los movilizados sin distinción de bienes de
    fortuna". Stalin observa que "esta es la razón principal de que, como fruto del trabajo de
    nuestros organismos de formación de unidades, resultara, más que un Ejército Rojo un
    'ejército nacional' ". Insiste, por tanto, en la necesidad de un ejército centralizado, regular,
    basado en el servicio militar obligatorio, pero debe tratarse de un verdadero Ejército Rojo,
    formado por obreros y campesinos según criterios de clase. La crítica a Trotski no es por
    querer un ejército regular sino por imitar al Ejército zarista. La despreocupación por el factor
    clasista y por la cuestión de la dirección del Partido, hacía que Trotski no dedicara la
    necesaria atención e importancia a la formación de los Comisarios Políticos. Estos, por lo
    general, eran "unos mozalbetes incapaces en absoluto de organizar el trabajo político de
    modo más o menos satisfactorio". Stalin observaba que en este ejército nacional la palabra
    "comisario" se había convertido en un "mote injurioso".
    - La traición de los especialistas, que se pasaban al enemigo. Trotski dice que los casos que
    se solían dar eran aislados pero en su informe Stalin cita, entre los que desertaron en Perm
    ante el enemigo: el ingeniero Banin, jefe de fortificaciones, con todo su personal; el
    ingeniero de ferrocarriles Adrianovski, con toda la plantilla de especialistas de la dirección de
    ferrocarriles de la zona; Sujorski, jefe de la sección de comunicaciones militares y su
    personal; Bukin, jefe de la sección de movilización del Comisariado Militar de Zona, y su
    personal; Ufimtsev, comandante del batallón de guardia; Valiuzhenich, comandante de la
    brigada de artillería; Eskin, jefe de la sección organizadora de unidades especiales; el
    comandante del batallón de ingenieros con su ayudante; los comandantes militares de la
    estaciones de Perm I y Perm II; la sección de estadística de la Dirección de
    Aprovisionamiento del Ejército en pleno; la mitad de los miembros de la Junta Central y
    muchos otros.
    - El mal trabajo político del Partido en la región. En el frente del este --expone Stalin-- la
    retaguardia mantenía una actitud hostil hacia la revolución debido a un mal trabajo político
    del Partido, especialmente entre los campesinos. Los organismos del Partido en la zona y los
    organismos soviéticos "aseguran que los pueblos de esta zona son pueblos habitados
    exclusivamente por kulaks. A nuestra observación de que no hay pueblos habitados
    exclusivamente por kulaks, de que la existencia de los kulaks es inconcebible sin explotados,
    pues los kulaks tienen que explotar a alguien, en los organismos mencionados se encogían
    de hombros y se negaban a dar explicación alguna". La verdad es --observa Stalin-- que "las
    organizaciones del Partido son débiles, de poca confianza y desligados del centro". Se ha
    consentido que el impuesto extraordinario, creado por las necesidades de la guerra, se
    repartiera por cabeza y no por censo, lo cual ha permitido a los kulaks realizar una eficaz
    agitación entre los campesinos pobres en contra del poder soviético. La reacción del Partido
    ha sido recurrir a la Cheka, "a las medidas represivas, que tienen en un grito las aldeas. Las
    propias Comisiones Extraordinarias, debido a que su labor no se complementaba con un
    trabajo paralelo positivo, de agitación y de organización, de los organismos del Partido y de
    los Soviets, cayeron en una situación excepcional de completo aislamiento, con perjuicio para
    el prestigio del poder soviético". Todo ello por la falta de control, por parte de los
    organismos centrales del Partido, de lo que sucede en las provincias, y también de la
    consabida política de basarse para todo en los viejos funcionarios, sin renovar con nuevos
    cuadros el aparato de la administración y del Estado. Stalin cita el hecho de que en Viatka,
    de un total de 4.766 funcionarios de los Soviets, 4.467 lo habían sido de la administración
    zarista: "Los viejos organismos zaristas, de los zemstvos han cambiado simplemente su
    nombre por el de organismos soviéticos".
    En las obras de Stalin no se encuentra una exposición sistemática de sus puntos de vista
    militares en la etapa de la guerra civil. sus ideas están expuestas en una serie de informes,
    cartas, telegramas y discursos que no resultan de fácil lectura, por las incesantes referencias
    a situaciones, episodios y hechos particulares del momento. Pero de toda la masa de
    documentos resulta una línea de pensamiento coherente, clara, que no da lugar a
    tergiversaciones o deformaciones: Stalin peleó por construir un ejército disciplinado,
    centralizado y rojo, es decir, integrado por elementos proletarios y campesinos y dirigido por
    el Partido Comunista. Luchó al mismo tiempo en contra de preservar los destacamentos
    guerrilleros propugnada por la "oposición militar" y en contra del burocratismo derechista de
    Trotski. Estas fueron las verdaderas posiciones de Stalin en el curso de la guerra civil.
    Hacia finales de 1918 y comienzos de 1919 la derrota de Alemania en la guerra mundial
    modificó profundamente la situación de Rusia. Si por un lado el poder soviético pudo
    denunciar inmediatamente la paz de Brest-Litovsk y recuperar algunos territorios, y se veía
    favorecido por la desaparición de uno de los peores enemigos imperialistas de la revolución,
    por el otro, el fin del conflicto interimperialista significó que las potencias de la Entente
    podían concentrar sus fuerzas en contra del primer país socialista.
    Los primeros éxitos del Ejército Rojo tuvieron gran importancia político-militar y psicológicomoral.
    Los cosacos blancos contrarrevolucionarios de los Urales y Astrakán no pudieron
    unirse a Denikin. A finales de 1918, casi todos los ocupantes alemanes fueron expulsados de
    Ucrania, Bielorrusia y de las regiones del Báltico. Las victorias del Ejército Rojo
    desconcertaban y privaban de seguridad a los contrarrevolucionarios e intervencionistas,
    sembrando el pánico entre ellos. Crecía la confianza de todo el pueblo, obreros y
    campesinos, soldados y marineros, en la firmeza del poder soviético y en su capacidad para
    hacer frente a los enemigos y obtener victorias sobre ellos. Esto ayudaba para que pasaran
    al lado de la revolución sectores populares cada vez más amplios, sobre todo el
    campesinado trabajador, y permitía engrosar las filas del ejército con numerosos y
    conscientes defensores del poder soviético. En octubre de 1918 Lenin dijo: "Se necesitaron
    cerca de seis meses para que se produjera un viraje. Este viraje ha llegado; él modifica la
    fuerza de la revolución... ha ingresado al ejército gente nueva, millares de hombres que
    ofrendan su vida".
    Las importantes victorias del Ejército Rojo y el continuo aumento de su combatividad no
    podían dejar de influir en la política de los imperialistas: éstos comenzaron a prepararse para
    una intervención aún más vasta y para prestar mayor apoyo a los guardias blancos. En una
    conferencia celebrada en Jassy, en la que participaron representantes de Estados Unidos,
    Inglaterra y Francia, así como de las organizaciones de los guardias blancos rusos, y en el
    Cuartel General del Mando Supremo de las tropas aliadas en París, fue acordado emprender
    en todos los frentes operaciones activas contra la República Soviética.
    La Entente comenzó su nueva campaña en noviembre de 1918, haciendo entrar en el mar
    Negro los buques de guerra franceses e ingleses y desembarcando a los intervencionistas en
    los puertos de Novorosisk, Odesa y Sebastopol. Las tropas griegas, rumanas y otras, a la par
    de las francesas e inglesas, reemplazaron a los ocupantes alemanes expulsados. A los
    guardias blancos rusos se les suministraron gran cantidad de piezas de artillería, armas de
    infantería, municiones y equipos.
    Simultáneamente hacían sus preparativos militares Yudenich (en las regiones del Báltico) y
    Kolchak (en Siberia). Este último, al encabezar las tropas de guardias blancos, se proclamó
    "Jefe Supremo de toda Rusia".
    El golpe principal se preparaba en el sur, en dirección a Moscú y por eso el Ejército Rojo
    concentró sus esfuerzos principales contra Denikin. La razón estratégica consistía en que,
    aprovechando su flota en el mar Negro, los imperialistas podían hacer llegar en plazos
    relativamente breves refuerzos a las tropas propias y al ejército de Denikin. Para impedir
    esto, el Comité Central del Partido tomó la decisión de arrollar, en primer término, al ejército
    de Denikin y las tropas intervencionistas en el sur del país, antes de que fueran reforzados
    por la Entente, y luego emprender el ataque al enemigo en los demás frentes.
    La determinación acertada del frente decisivo de lucha y la concentración en él de los
    esfuerzos principales cambiaron la situación. Durante enero y febrero de 1919 el Ejército
    Rojo aplastó a las tropas de Denikin y liberó de enemigos el territorio ucraniano al este del
    Dnieper.
    En la primavera de 1919, no obstante los éxitos alcanzados en el sur, el país vivía
    momentos difíciles. El Ejército Rojo sostenía operaciones activas en un frente de ocho mil
    kilómetros de extensión.
    Después del VIII Congreso del Partido, a partir de la primavera de 1919 comenzó la segunda
    parte de la guerra civil que fue caracterizada por tres grandes ofensivas de la Entente.
    La primera ofensiva fue la de Kolchak desde el este. Esta ofensiva fue acompañada en mayo
    de 1919 por otra de Yudenich sobre Petrogrado que tenía por objeto de aligerar la situación
    de los blancos en el frente oriental y obligar a los soviéticos a luchar en dos frentes. La
    ofensiva sobre Petrogrado fue acompañada por una conjura del comandante del VII Ejército
    y de las guarniciones que rodeaban a la antigua capital. Muy pronto ésta se vio amenazada y
    Lenin envió a Stalin para restablecer la situación. Stalin actuó con la acostumbrada energía y
    tras la toma del fuerte de Krasnaia Gorka, que había caído en manos de los conspiradores,
    el peligro se vio alejado: "Los especialistas navales aseguran que la toma por mar de
    Krasnaia Gorka echa por tierra toda la ciencia naval. Sólo me resta compadecer a esta
    llamada ciencia. La rápida conquista de Krasnaia Gorka se debe a que yo y, en general, los
    civiles, hemos intervenido sin contemplaciones de ningún género en las operaciones,
    habiendo llegado hasta revocar las órdenes de mar y tierra e imponer órdenes propias".
    sigue...

    Francesc 57
    Gran camarada
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    Re: La guerra Civil en Rusia

    Mensaje por Francesc 57 el Sáb Sep 24, 2011 6:18 pm

    sigue...
    A los pocos días de su estancia en Petrogrado, Stalin comunicaba a Lenin que el Ejército
    Rojo había pasado a la ofensiva, que ya no se producían deserciones, que los desertores
    volvían por miles y que incluso "han pasado a nuestras filas cuatrocientos hombres del
    enemigo, casi todos con sus armas".
    De Petrogrado Stalin fue enviado al frente del este. En realidad el ataque sobre Petrogrado
    no era más que una estratagema para favorecer la ofensiva en el frente principal, el
    oriental, por parte de Kolchak. Stalin escribía a Lenin: "Kolchak es el enemigo más serio,
    pues tiene bastante espacio para retroceder, bastante material humano para el ejército y
    una retaguardia rica en cereales". Sólo Estados Unidos suministró a este ejército, en el
    primer semestre de 1919, más de 250.000 fusiles, centenares de piezas de artillería, miles
    de ametralladoras y gran cantidad de municiones y equipos. Kolchak representaba una seria
    fuerza militar.
    El peligro amenazaba no sólo a la cuenca del Volga, sino también a toda la República. Por
    eso el partido prestó la mayor atención al Frente Oriental, a la organización inmediata de las
    acciones contra Kolchak. A tenor de las resoluciones del VIII Congreso del Partido, el Comité
    Central adoptó un programa de lucha contra las hordas de Kolchak.
    El país puso en tensión todas sus fuerzas; el frente fue completado por nuevas unidades del
    Ejército Rojo, equipos y municiones. Se llevaron a cabo movilizaciones de miembros del
    Partido, jóvenes comunistas y sindicalistas. El Partido envió al Frente Oriental en calidad de
    comisarios, mandos y soldados rasos a más de quince mil comunistas. El Komsomol destinó
    al frente más de tres mil afiliados. Los sindicatos movilizaron a más de sesenta mil obreros.
    En las tropas cansadas de ininterrumpidos combates, los comunistas infundieron entusiasmo
    revolucionario, la organización propia de los bolcheviques y el espíritu de disciplina
    proletaria. Al recibir este refuerzo, los órganos políticos y las organizaciones del partido
    desplegaron un gigantesco trabajo de orientación de los combatientes para la derrota de
    Kolchak.
    En abril de 1919 Kolchak había sufrido una grave derrota, comenzaba a retirarse y las tropas
    del Ejército Rojo avanzaban sobre Ufá para aplastarle. Entonces se abrió dentro del Partido
    otra discusión sobre la línea estratégica a seguir a partir de entonces, proponiéndose dos
    opciones: la de Trotski y la de los demás.
    La dirección del Partido, con Lenin a la cabeza, era partidario de continuar la ofensiva contra
    Kolchak, de tratar de liquidarle definitivamente. Si se dejaba a Kolchak el dominio de los
    Urales, era tanto como cederle toda la Asia soviética. Con la ayuda de ingleses y japoneses,
    podría reponerse fácilmente, reagrupar sus efectivos, equiparse y volver a la ofensiva. De
    esa misma opinión era Stalin, que declaró entonces al respecto: "Los Urales, con sus
    fábricas, con su red de ferrocarriles, no debe quedar en manos de Kolchak que podría
    fácilmente reagrupar en torno suyo a los grandes terratenientes y avanzar sobre el Volga".
    Existía además la posibilidad de liquidar definitivamente la contrarrevolución en el oriente.
    Ésta era también la opinión del jefe del frente del este S.S. Kamenev (no confundir con el
    homónimo dirigente del Partido bolchevique).
    Por su parte, Trotski defendía la postura del comandante en jefe del Ejército, Vicetis, uno de
    sus especialistas, según el cual había que detener la ofensiva en los Urales. Siguiendo su
    criterio, Trotski estimaba que Kolchak ya no constituía una amenaza para los soviets en los
    Urales, y proponía al Comité Central detener la ofensiva en el río Bielaia y enviar sus fuerzas
    contra Deninkin en el sur.
    Según la opinión de la dirección bolchevique, y de Stalin en particular, S.S.Kamenev debía
    sustituir a Vicetis al frente del Ejército. Trotski presenta esta cuestión como una simple
    apreciación diferente de las cualidades militares de uno y otro, y apunta que Stalin "sacaba
    provecho" de esa "cuestión técnica". Veamos lo que dice el mismo Trotski acerca de estos
    dos oficiales; tras aclarar que es difícil decir cuál de los dos fuera cl más competente, añade:
    "Ambos eran sin duda estrategas de primer orden, con amplia experiencia de la guerra
    mundial, y decididamente optimistas, cosa indispensable para ejercer el mando. Vicetis, era
    el más obstinado y quisquilloso, e indudablemente el más propio a ceder a la influencia. de
    elementos hostiles a la revolución. Kamenev era más tratable, y se allanaba con más
    facilidad a la influencia de los comunistas que trabajaban con él".
    En realidad se trataba de una forma opuesta de valorar a los cuadros del Ejército. El coronel
    Vicetis era uno de aquellos viejos oficiales zaristas de los que se rodeó Trotski, sumamente
    inseguro. En julio del mismo año fue apartado del Ejército Rojo y detenido por sospechas de
    traición y conspiración conta el alto mando. Sin embargo, en su autobiografía, Trotski siguió
    defendiendo a su antiguo subordinado, a pesar de que reconoce que actuaba sin tener en
    cuenta las instrucciones del Comité Central ni del gobierno: "Fue acusado" --dice Trotski--
    "de proyectos y de relaciones dudosas y tuvo que apartarse, pero en realidad no había nada
    de serio en esas acusaciones. Puede que antes de ir a acostarse leyera la biografía de
    Napoleón y que confiara sus sueños ambiciosos a dos o tres jóvenes oficiales".
    No es por casualidad que el Partido se inclinara por S.S. Kamenev: era uno de los
    poquísimos altos oficiales del antiguo ejército zarista que se identificaba con el nuevo poder
    y con la Revolución de Octubre.
    Cuando Vicetis, apoyado por Trotski decidió detener la ofensiva hacia el este, en los Urales,
    el Comité Central no vaciló: en la sesión del 3 de julio Vicetis fue destituido y S.S. Kamenev
    fue nombrado comandante en Jefe. El Comité Central ordenó expulsar a Kolchak hacia
    Siberia. Trotski que defendió hasta el último momento el plan de su protegido, dimitió del
    Consejo Revolucionario de Guerra de la República. Vicetis también dimitió. Aunque la de
    Trotski fue rechazada, se le obligó a abandonar el frente oriental, en la que ya no volvió a
    tener ninguna responsabilidad.
    La ofensiva en el este significó la victoria total contra la primera campaña de la Entente.
    Kolchak fue perseguido hasta Siberia. Su ejército fue completamente destruido y el mismo
    Kolchak fue detenido y fusilado.
    Pero el fracaso de Kolchak no hizo entrar en razón a los enemigos del poder soviético. Los
    imperialistas jugaron otra vez a una carta perdida: desde el sur Denikin desata la segunda
    ofensiva. Le aumentaron sin demora la ayuda militar y durante el verano y el otoño de 1919
    sus tropas ocuparon un inmenso territorio en el sur, apoderándose de Zaritsin, Voronez,
    Oriol, Chernigov y Kiev. El peligro se cernía sobre las regiones centrales de Rusia; Denikin
    amenazaba con entrar en Moscú. El Comité Central del Partido levantó a todo el pueblo para
    liquidar la nueva amenaza. Una carta del Comité Central formulaba el objetivo político y
    estratégico del Partido: "Todas las fuerzas de los obreros y campesinos, todas las fuerzas de
    la República Soviética deben ponerse en tensión para rechazar y derrotar a Denikin, sin
    suspender la ofensiva victoriosa del Ejército Rojo sobre los Urales y Siberia".
    En respuesta a este llamamiento, la República Soviética movilizó todas sus posibilidades para
    la defensa de las conquistas de Octubre. Las mejores unidades unidades fueron trasladadas
    al Frente Sur; a este frente se envió a los más expertos dirigentes del Partido y mandos
    militares de otros frentes. Mejoró la dirección de las acciones combativas; comenzaron a
    satisfacerse con mayor plenitud las demandas del frente referentes al armamento,
    municiones, vestimenta y víveres. Treinta mil comunistas, diez mil komsomoles y decenas de
    miles de sindicalistas engrosaron las filas de los regimientos del frente sur.
    Stalin fue uno de estos cuadros dirigentes que el Partido enviò al frente sur y así tuvo un
    papel destacado también en el curso de la segunda y tercera ofensiva de la Entente.
    Para rechazar a Denikin el plan de Trotski preveía un ataque por las estepas del Don, en
    medio de poblaciones hostiles que en una zona sin vías de comunicación y ocupada por
    bandas contrarrevolucionarias de cosacos. Pero Stalin elaboró un nuevo plan de ataque para
    el Ejército Rojo proponiendo que avanzara por la cuenca del Donetz, que disponía de una
    densa red de ferrocarriles y reservas de carbón. Preveía asestar el golpe principal sobre
    Rostov: "Aquí no nos rodearía un medio hostil" --informaba Stalin-- "sino, al contrario, un
    medio simpatizante, cosa que facilitaría nuestro avance. En segundo lugar dispondríamos de
    una importantísima red ferroviaria".
    El Comité Central apoyó el plan de Stalin; Trotski fue apartado del frente sur y recibió la
    orden expresa de no intervenir en el curso de las operaciones militares. Tras dos victorias
    decisivas en Oriol y Voronez, siguiendo este plan de Stalin Denikin fue definitivamente
    destruido a finales de 1919 y el Ejército Rojo salió al mar Negro.
    Al derrotar a Denikin en el sur, a Kolchak en el este y a Yudenich en el noroeste, el Ejército
    Rojo dio al país una breve tregua. Pero fue efímera. En abril de 1920, los militaristas
    polacos, amamantados y azuzados por la Entente, atacaron a la Rusia Soviética. En junio les
    apoyó Wrangel que comenzó a avanzar desde Crimea.
    El Ejército Rojo, que había pasado por el crisol de la guerra, entonces ya contaba con más
    de tres millones de soldados, templados en combates y fieles sin reservas a la causa de la
    revolución. Pero las tropas soviéticas se hallaban dispersas en dilatados frentes, cuando las
    circunstancias imponían la necesidad de concentrar rápidamente los esfuerzos principales en
    el Frente Oeste, empresa difícil de realizar dadas las lamentables condiciones del transporte.
    A pesar de esto, los ejércitos, que combatían contra los polacos contrarrevolucionarios y las
    huestes wrangelianas, en poco tiempo recibieron considerables refuerzos. Después de una
    rápida reagrupación pasaron a la ofensiva y derrotaron a las tropas de la Polonia señorial y
    luego a Wrangel.
    De este modo, al finalizar el año 1920, fueron arrolladas las últimas criaturas de la Entente.
    Con eso prácticamente se dio por término a la guerra civil en los frente principales.
    La guerra civil atrajo a la órbita de lucha activa no sólo a la tropa, sino también a vastos
    sectores de la población. La política del Partido bolchevique de alianza de la clase obrera con
    los campesinos medios, apoyándose en los campesinos pobres y manteniendo el papel
    dirigente de aquélla, tuvo muchísima importancia para cohesionar todas las fuerzas de la
    República y derrotar a los enemigos externos e internos. Las ideas leninistas acerca de la
    alianza con el campesino medio y la organización del ejército sobre una base rigurosamente
    centralizada tuvieron una importancia singular, de principios, en la situación concreta de
    entonces.
    El Partido bolchevique creó el nuevo ejército y dirigió sus actividades combativas en
    condiciones extremadamente duras: bajo el embate enemigo, en plazos muy breves,
    asistiendo a la descomposición del viejo ejército y no teniendo experiencia en la organización
    militar. Los combatientes soviéticos, en una situación increíblemente penosa, con con un
    elevado espíritu revolucionario, lucharon abnegadamente contra las tropas de los
    intervencionistas y los guardias blancos bien armados, pertrechados y adiestrados. Como
    señaló Lenin en el VIII Congreso del Partido: "Pusimos manos a una obra que nadie había
    emprendido antes en el mundo con tanta amplitud. Fuimos de experimento en experimento,
    intentamos formar un ejército voluntario, marchando a tientas, sondeando el terreno,
    probando por qué medio podría ser cumplida la tarea en la situación dada. Y la tarea era
    clara. Sin la defensa armada de la República socialista no podíamos existir. La clase
    dominante jamás entregará su poder a la clase oprimida. Pero esta última debe demostrar
    con hechos que es capaz no sólo de derrocar a los explotadores, sino de organizarse para la
    autodefensa, de jugárselo todo a una carta".
    Tres años estuvo el país bajo la tormenta de la guerra civil, aunque en la periferia del país
    el Ejército Rojo durante cierto tiempo tuvo que seguir exterminando los restos de las fuerzas
    contrarrevolucionarias. En algunas regiones, como Siberia, Extremo Oriente y el Cáucaso, la
    derrota de los intervencionistas japoneses y los guardias blancos se prolongó hasta finales de
    1922. La liquidación de los basmaches (bandas contrarrevolucionarias nacionalistas) de Asia
    Central, no se logró hasta principios de 1923.
    A no ser por la ayuda de los intervencionistas extranjeros y su participación directa en las
    operaciones contra la República Soviética, la contrarrevolución interna no hubiera podido
    mantenerse largo tiempo y la guerra civil en Rusia habría terminado mucho antes.
    Unos 22 millones de rusos murieron a consecuencia de la criminal intervención imperialista y
    de la vieja burguesía reaccionaria. Cuando los imperialistas hablan con tanta profusión de los
    crímenes soviéticos, semejan al ladrón que señala a otro para enfilar la ira de la población
    hacia terceras personas ajenas al robo. Pero fueron la propia oligarquía rusa y sus aliados
    imperialistas los únicos responsables de dejar un país acabó extenuado, con la producción al
    14 por ciento del nivel de preguerra, la producción industrial a un tercio, y la siderurgia y el
    transporte ferroviario apenas llegaban a un quinto del volumen anterior. Se desató un
    hambre pavorosa y la propagación de toda clase de enfermedades.

    Fragmento de JOSEPH VISSARIONOVICH DZHUGASHVILI 'STALIN'. Texto publicado por el PCE (r)

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