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La construcción del mito del SIDA

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Demofilo
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La construcción del mito del SIDA

Mensaje por Demofilo el Miér Dic 22, 2010 11:13 am

Origen de las ONG y grupos antisida,
su papel en la construcción del mito del SIDA

Dr. Manuel Garrido Sotelo, 19 de diciembre de 2010
http://superandoelsida.ning.com/profiles/blogs/origen-de-las-ONG-y-grupos

En este artículo no se trata de quién está en esos grupos, de las distintas personas, con diferentes ideologías y procedencias, que los integran, sino de situar su origen dentro de la historia del sida, así como su papel en el afianzamiento del mito del sida infeccioso.

Antes de abordar ese tema, conviene tener presente quién dicta, a nivel mundial, las estrategias a seguir con respecto a la “epidemia de Sida”, en todos los ámbitos, que no es otro que el CDC, (Centro para el Control de Enfermedad), de Atlanta, (EE UU). Pues bien, la idea inicial de crear este tipo de grupos y asociaciones, así como de dar dinero a otros grupos y asociaciones de todo tipo ya existentes, procede también del CDC.

Cuando se analiza la actuación del CDC en la historia reciente, nos encontramos con el llamado “Programa de asociaciones”, pero ¿Qué es este Programa de Asociaciones? Pues muy sencillo, cada vez que el CDC, a lo largo de su historia, se ha visto en la necesidad de difundir un determinado mensaje sanitario entre la población, lo que ha hecho sencillamente es eso, dar dinero a grupos o asociaciones, o crear otros nuevos, para difundir esos contenidos.

De ahí que una de las primeras cosas de las que el CDC se preocupó en Estados Unidos, ya desde los comienzos de la era del Sida, fue de la creación de estos grupos. El esquema de destinar una gran cantidad de dinero público, que proviene del bolsillo del contribuyente, a la creación de grupos y asociaciones que difundirán el mensaje del sida infeccioso, al igual que otras pautas que se refieren a la lucha contra la epidemia a nivel mundial (reparto de jeringas estériles y condones, recomendación de hacerse el test, recomendación de los fármacos antivirales, etc.), que es el esquema que los CDC de Atlanta pusieron en marcha en Estados Unidos, fue adoptado, de un modo mimético, en el resto de los países del mundo.

Otra fuente de financiación de los grupos y ONG antisida en todo el mundo la constituyen las generosas donaciones y contribuciones de la industria farmacéutica, algo que también se inició en Estados Unidos a principios de la década de los 80 y de lo que ofreceremos a continuación ejemplos, siendo adoptado posteriormente en el resto de los países, eso explica a la perfección el papel que vienen desempeñando estos grupos en el negocio farmacéutico de los tratamientos antivirales, con su actitud de apoyo incondicional a los fármacos antivirales que dicen combatir el virus, (ni una sola crítica en cambio por su parte hacia las irregularidades que rodearon la aprobación del AZT, sino todo lo contrario –vociferaron para que fuera suspendido el ensayo clínico y se diera el AZT a todo el mundo- ni a la gran mortalidad que provocó), proclamando sin cesar “el derecho” de todo el mundo a ser tratado con estas drogas y sin que parezca preocuparles mucho el hecho de que sean experimentales y tóxicas.

El Dr. Peter Duesberg, profesor de Biología Molecular de la Universidad de California Berkeley, en su libro, “Inventing the AIDS virus” (Regnery Publishing, Inc. Washington, DC., 1996), ofrece una buena panorámica, en este sentido, de los ingentes recursos, económicos y humanos, puestos en marcha a principios de la “era del Sida” en Estados Unidos, tras la proclamación del “descubrimiento” del virus del sida por Robert Gallo, con la exclusiva finalidad de difundir entre la población la idea del sida infeccioso, (y aquí es donde se enmarca el activismo de estos grupos antisida y ONG, aunque habría que llamarlas OG, es decir, organizaciones gubernamentales, por su fuente de financiación, que no es otra que el bolsillo del contribuyente).

El sida después de la declaración de Robert Gallo de abril de 1984

Es en esos años que siguen a la declaración de Gallo cuando se elaboraron las líneas generales y la estrategia de lo que sería la lucha contra el sida a nivel mundial, algo que es interesante conocer (fue tratado en un extenso artículo, publicado en nuestra página, llamado “La construcción del mito del Sida infeccioso”:
http://superandoelsida.ning.com/profiles/blogs/construyendo-el-mito-del-sida)
porque esas medidas que se adoptaron en Estados Unidos en esos años serían copiadas en el resto de los países, entre ellos el nuestro, por absurdas que puedan parecer cuando ahora las analizamos.

En 1986 la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos (NAC) nombró un comité para enfrentarse al problema del sida, presidido por David Baltimore, un destacado e influyente virólogo. El comité de la NAC, constituido por 23 prestigiosos científicos, diseñó un ambicioso programa con fondos crecientes y supervisión central, con el fin de crear un amplio consenso en Estados Unidos, unificando los esfuerzos de los científicos y la sociedad entera en la guerra del sida. El programa era más ambicioso aún que el de la guerra de la polio o incluso que el de la lucha contra el cáncer y permitiría la adopción de medidas extraordinarias que habitualmente pueden encontrar resistencia por parte de la población. El CDC se destacó, según Duesberg, como la principal agencia gubernamental de salud primera línea contra la epidemia, difundiendo las “medidas de prevención” entre la población, pensando más como activistas, que como investigadores. Lo esencial de su labor era, en palabras de un oficial del CDC, “persuadir a la población para que viera el sida como un problema infeccioso”. El CDC cuenta en la actualidad con un presupuesto anual de 2.000 millones de dólares.

Creación y financiación de grupos y asociaciones por el CDC

Pero había un problema que limitaba la influencia del CDC en la opinión pública y es que estos mensajes estaban asociados siempre a las siglas del CDC, por lo que este organismo decidió aumentar su influencia en el público de modo indirecto, es decir, por medio de otras organizaciones. Es así como se destinaron diez millones de dólares a los gobiernos de los estados para ser distribuidos en las nuevas sedes locales creadas para el control del VIH. El dinero iba acompañado de las correspondientes instrucciones según las directrices del CDC.

El CDC, reconociendo la influencia de ciertas organizaciones de base y asociaciones privadas en sus respectivos ámbitos, estableció vínculos con ellas solapadamente a través de subvenciones. Comenzó con la importante USCM, la cual se vió beneficiada con fondos crecientes que servirían para ayudar a grupos ya existentes contra el sida o para la creación de otros nuevos. Según Duesberg, a principios de los 90, unos 300 grupos habían sido creados, directa o indirectamente, por el CDC. Apretar el botón en la sede local del CDC en Atlanta o Georgia suponía la actuación al unísono de toda una amplia gama de asociaciones privadas y de grupos de “activistas” del sida. A cualquiera le daría la impresión de ser algo completamente espontáneo. La mayoría de estos grupos de activistas contra el sida eran grupos de homosexuales, a través de los cuales el CDC llegó a influir por completo en la comunidad homosexual norteamericana. Mientras financiaba la creación de estos grupos de activistas, el CDC dirigió su dinero e influencia a otros grupos cívicos con influencia en otros sectores de la sociedad.

Decenas de millones de dólares se destinaron a la Cruz Roja Americana, dentro de un acuerdo de cooperación que dió al CDC un inmenso control sobre esta institución. A su vez, la rama americana de la Cruz Roja presionaría a la Cruz Roja Internacional y a la Media Luna Roja, con el fin de difundir la doctrina del VIH/Sida en todo el mundo. La influencia del CDC se extendió, a golpe de talonario, a un sinfín de asociaciones, desde asociaciones de maestros, empleados municipales, grupos religiosos, etc. También formó una asociación con la Asocación Americana de Personas con Sida, grupo que patrocinaría una reunión anual de todo tipo de grupos de activistas del sida.

El papel de ciertas compañías farmacéuticas

Otra fuente muy importante de fondos para la guerra del Sida fue Burroughs Wellcome, la compañía fabricante del AZT, la cual se sumó a estos esfuerzos en 1987. La compañía Wellcome ha suministrado dinero a la mayoría de las organizaciones y grupos de Estados Unidos relacionados con el sida, unas dieciséis mil según Duesberg, desde las asociaciones que sostienen la investigación hasta los grupos más radicales, con fama de feroz independencia, como el grupo ACT UP. Muchas de ellas, con fama de radicales, fueron calmando sus críticas a medida que el dinero empezaba a llegarles.

En el lugar más destacado del stablishment del sida se situaba la American Foundation for AIDS Research (AmFAR) o Fundación Americana par la Investigación del Sida. Fundada en 1985 por Michael Gottlieb, el médico que describió los primeros cinco casos de sida y Mathilde Krim, una investigadora que participó en la guera del cáncer y que ahora desempeñaba, como otros muchos cientificos de aquella guerra, un papael destacado en la guerra del sida.

La AmFAR alcanzó notoriedad gracias a sus conexiones con Hollywood, sirva de ejemplo el caso de Elisabeth Taylor y Bárbara Streisand, las cuales sirvieron de reclamo a la hora de difundir el mensaje del sida y de organizar campañas de recogida de fondos. Burroughs Wellcome contribuyó con la suma de un millón de dólares en 1992, así como contribuyó con grandes donaciones la Fundación Bristol-Myers-Squibb, ligada a la compañía farmacéutica del mismo nombre y fabricante del Ddi (Videx).

El papel de ciertos grupos de activistas homosexuales

Dentro de los grupos más radicales del activismo del sida en Estados Unidos se encontraba Project Inform de San Francisco y el ya citado antes y muy conocido, ACT UP. Project Inform fue fundado por el activista Martin Delaney, quien empezó criticando el uso del AZT en el sida. Martin Delaney había escrito un libro, “Estrategias para la supervivencia”, en colaboración con otro autor, donde advertía a los hombres gays de los desastrosos efectos de los “poppers”, así como de la cocaína, heroína y anfetaminas, (de elevado consumo en aquella época), recalcando los efectos inmunodepresores de estas drogas. La donación de 150.000 dólares por parte de la compañía Wellcome y otros 200.000 por parte de Bristol-Myers-Squibb, cambió radicalmente el modo de pensar de Delaney, al extremo de convertirse en un feroz crítico de la postura de Duesberg en periódicos y revistas.

Otro tanto aconteció con Larry Kramer, conocido activista de los derechos de los homosexuales americanos, el cual pasó de tener una postura muy crítica con el estamento oficial del sida, (en un principio ni siquiera reconocía la existencia del sida), a difundir las consignas del CDC en cuanto a prevención y tratamiento, AZT incluído. Kramer había fundado en 1982 el Gay Men's Health Crisis, GMHC, pues bien, un exdirector ejecutivo de este grupo reconocíó al escritor John Lauritsen que el grupo había recibido fondos de la compañía Wellcome, si bien evitó decir la cantidad. Kramer fundaría otro grupo más radical en 1987, ACT UP, grupo que se encargaría de presionar a la FDA, el organismo encargado de la aprobación de drogas y alimentos en Estados Unidos, para que se aprobaran más fármacos contra el sida. La compañía Wellcome desarrolló estrechas relaciones con el grupo, el cual fue promocionado para asistir asiduamente a las conferencias internacionales sobre el sida, (esas macroconferencias, auténticos festivales de las empresas farmacéuticas, que se vienen celebrando cada dos años). En la Novena Conferencia Internacional, celebrada en Berlín en 1993, unos 300 miembros de ACT UP viajaron y se alojaron en hoteles con piscina, con los gastos cubiertos por la compañía Wellcome, así mismo un representante de ACT UP de Londres reconocíó que su grupo había recibido 50.000 libras de la firma.

La Novena Conferencia de Berlín fue pródiga en cuanto a las amenazas e intimidaciones, que llegaron a la agresión fisica, protagonizadas por miembros de ACT UP, el propio servicio de orden de la conferencia y el mismo Martin Delaney, contra un pequeño grupo de disidentes, periodistas y participantes críticos. El propio Robert Gallo sorprendió a propios y extraños cuando, para hacer frente a las incómodas preguntas de los periodistas echó mano nada menos que de sus guardaespaldas. “¿Desde cuándo un científico acude a los congresos rodeado de guardaespaldas?”, se preguntaría más tarde Joan Shenton, directora de Meditel, una productora independiente de televisión que ha ganado importantes premios por sus trabajos sobre el sida en el Reino Unido.

El mismo fenómeno de “institucionalización del VIH” que se dio en Estados Unidos (donde sólo falta el “Ministerio para el VIH”), se reprodujo fielmente en el resto de los países: comisiones nacionales, fundaciones privadas, grupos antisida subvencionados tanto con fondos públicos como privados. La guerra contra el sida ha creado una multitud de semi-funcionarillos que, bajo la apariencia de activismo espontáneo y defensa de los derechos de los “infectados”, repiten las consignas oficiales y actúan de acuerdo a los intereses de las farmacéuticas y no de los colectivos que dicen defender.

Un ejemplo de los extremos hasta dónde llega ese activismo lo refirió Michael Callen, un superviviente de sida de 12 años, que se esforzó por infundir esperanza a los enfermos de sida, encontrándose con la inesperada oposición de estos activistas a su mensaje de esperanza. Hemos publicado unos comentarios sobre su libro “Sobreviviendo al Sida en nuestra página:

http://superandoelsida.ning.com/profiles/blogs/sobrevivir-al-sida-1

La razón aducida era que, si se decía que el sida no era fatal, dificultaría la consecución de más fondos gubernamentales para luchar contra el sida. Al mismo tiempo se puede argumentar que la falaz afirmación de que el sida es fatal, facilita el empleo de unos caros y tóxicos fármacos que de otro modo nadie tomaría.

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Re: La construcción del mito del SIDA

Mensaje por Ursssukoy el Miér Dic 22, 2010 12:04 pm

Porque aun en el siglo XXI existen personas, que quieren encontrar la conspiración en todo.

Por culpa de estos "científicos" mucha gente a muerto.....


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Re: La construcción del mito del SIDA

Mensaje por Demofilo el Miér Dic 22, 2010 1:59 pm

¿Te refieres a la culpa del AZT y los antirretrovirales?

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Re: La construcción del mito del SIDA

Mensaje por Ursssukoy el Miér Dic 22, 2010 4:26 pm

No, me refiero a que parece que se ha puesto de moda en algunos "científicos" (si se les puede llamar así), dar la nota, una del as ultimas era sobre el LHC, unos cuantos "científicos" denunciaron que cuando se pusiera en marcha se crearía un agujero negro y se tragaría la tierra y paridas de estas, lo que hacen es perder toda su dignidad como científicos y que la comunidad internacional de científicos se rían de ellos.

Si hasta existe unos cuantos "científicos" que defienden que la tierra es plana....

Pues con el sida y el VIH igual, algunos defienden que un científico lo creo en un laboratorio (siempre es el típico científico loco perdido en algún país), o que algún gobierno de algún país lo creo.

Los negacionistas del VIH/Sida, son como los negacionistas del Holocausto, el objetivo dar la nota.

El 99% de los científicos están de acuerdo con la relación VIH/Sida, pero siempre queda ese 1% que quiere dar la nota, salir en los medios hacerse famosillos.

Existen suficientes pruebas sobre la existencia del VIH, que han echo los negacionistas, pues gracias a ellos en Sudáfrica: 343.000 muertes y 171.000 infecciones adicionales debido a las políticas del gobierno de Mbeki.





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Re: La construcción del mito del SIDA

Mensaje por Demofilo el Miér Dic 22, 2010 5:59 pm

Creo que yo entro con los negacionistas y ni soy famoso ni pretendo serlo.
En tiempos de Copérnico la proporción no llegaba ni al 1 por ciento: era el único. ¿Se gana la ciencia por votaciones mayoritarias? ¿Realmente crees que Duesberg quiere dar la nota o su postura le ha costado que no le den el Nobel?
¿Existen suficientes pruebas del VIH? ¿Las de Koch, por ejemplo?

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Re: La construcción del mito del SIDA

Mensaje por Disidente_del_Capitalismo el Miér Dic 22, 2010 6:41 pm

El ejemplo de Copérnico es muy malo y no aplica. En el caso del SIDA, ¿porqué la presencia del virus VIH determina que la persona luego padezca de SIDA? Hay gente que es inmune al SIDA y son una pequeña minoría muy minoritaria, pero eso no quiere decir que el VIH no sea el causante del SIDA.
Si en la actualidad los científicos que "creen" en el SIDA son la mayoría, no es por nada, ¿acaso la gran cantidad de investigaciones no ha probado nada? ¿o sólo es una conspiración para ganar dinero?

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Re: La construcción del mito del SIDA

Mensaje por Demofilo el Miér Dic 22, 2010 7:03 pm

1. Este asunto ya se trató en el apartado titulado "Marxismo y ciencia", y sería bueno que quien quiera aportar algo nuevo se lea antes lo que allá se discutió en su momento.

2. Hablar del virus VIH es un contrasentido tan grande que, en realidad, hasta los que defienden su existencia lo que dicen es que se trata de algo distinto, un retrovirus, no un virus.

3. Desde hace 100 años un conocido microbiólogo alemán llamado Koch estableció los postulados para decir cuándo un determinado virus (o retrovirus en su caso) se puede determinar que es la causa de una determinada enfermedad. Como en el caso del SIDA eso no se ha demostrado, lo que han hecho es tirar por la borda los postulados de Koch porque dicen que están obsoletos. Si consultas un manual de virología actualizado verás que nunca hablan de los postulados de Koch, pero si consultas uno "anticuado" previo a la paranoia del SIDA verás que hablan del asunto. Por ejemplo, el de Savador Luria: Virología general, Editorial Omega, Barcelona, 1977, página 18.

4. Desde que Peyton Rous descubrió los retrovirus en 1911 hasta 1972 en que se celebró un simposio internacional en el Instituto Pasteur de París, el concepto de retrovirus estaba previamente definido mediante una centrifugación hasta el equilibrio por gradientes de densidad ya que los retrovirus tienen una densidad característica y, por lo tanto, ese método es el mejor para aislarlos y purificarlos. Eso no se ha hecho con el VIH.

5. La primera vez que alguien dijo haber "descubierto" o sea, aislado, el VIH fueron Montagnier, Barre-Sinoussi y Chermann en un artículo publicado en 1983 en la revista "Science". Montagnier, Barre-Sinoussi y Chermann trabajaban en el Instituto Pasteur y estaban presentes en aquel simposio de 1972. Habían pasado sólo 11 años y donde dije digo... El artículo de 1983 no reúne ninguno de los requisitos acordados por ellos mismos en 1972. Por lo tanto, una de dos: o hay que cambiar las reglas de 1972 o no han demostrado la existencia del HIV. Montagnier ha reconocido públicamente no haber aislado nunca el VIH y también ha reconocido que el VIH no es capaz por si mismo de causar el SIDA sin la presencia de lo que califica de "factores coadyuvantes".

6. Sin embargo, los artículos más famosos sobre el "descubrimiento" del VIH son los que publicó al año siguiente Robert Gallo en el mismo medio, que han sido denunciados como falsos por cuatro investigaciones independientes.

7. La ciencia no conoce mayorías sino verdades y mentiras. En el mundo no hay una "mayoría" de científicos especializados en retrovirus; los que tratan el asunto no hacen sino aplaudir y seguir unas tesis que han nacido en Estados Unidos en la época de Reagan, auspiciadas por el CDC, un organismo que tuvo su origen en la Marina de Guerra de aquel país. Los demás hacen de palmeros y son tan crédulos como los que siguieron a pies juntillas la paranoia de la gripe "mexicana" (A/H1N1) en año pasado.


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Re: La construcción del mito del SIDA

Mensaje por Ursssukoy el Miér Dic 22, 2010 7:35 pm

Creo que yo entro con los negacionistas y ni soy famoso ni pretendo serlo.

Aunque no lo se porque no te conozco, dudo que seas un científico divulgativo especializado en enfermedades infecciosas etc etc, cuando me refiero a este 1% me refiero a científicos especializados.

Copérnico al igual que Galileo, vivieron una época en que la ciencia tenia muy poco peso una época en la cual no existían una gran cantidad de científicos, quien estaba en contra de sus teorias los científicos o la iglesia?.

¿Se gana la ciencia por votaciones mayoritarias?


Existen algunos científicos que dicen que la tierra es plana.

Existen algunos científicos que dicen que la tierra esta hueca y hay una civilización dentro de ella.

Existen algunos científicos que apoyan el lamarkismo, la generación espontanea, o la teoria del diseño inteligente.

Hay una minoría que defiende estas teorías y otras, pero que hace el 99% de la comunidad científica rechazarlas, y no las rechazan porque no les gustan estas teorías, si no mediante estudios y pruebas científicas.

En este foro hay el debate de si el hombre llego a la luna, la mayoría de gente que ha votado ha dicho que no llego a la luna, pero se basan en pruebas científicas o en una opinión, básicamente en una opinión, por lo tanto en este caso que realmente se muestra una opinión no un echo si que es correcto lo de no tiene que ser verdad porque la mayoría lo diga.

Claro pero si esta pregunta de el hombre llego o no se la hacemos a científicos estos darán su opinión, si pero su opinión sera construida en base a pruebas científicas, y si resulta que el 95% dicen que si llego y el 5% dice que no, pues lo lógico es pensar que si llego y por la navaja de Ockham también nos lo hace pensar.



Apenas iniciada la década de los ochenta, el mundo fue testigo del nacimiento de un moderno icono del terror: el SIDA, siglas de Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (en ingles AIDS, Acquired Immunodeficiency Syndrome). A la explosión de casos y muertes por esta enfermedad le siguió una explosión no menos epidémica de informaciones contradictorias, de tergiversaciones, de “interpretaciones”, de bulos y de opiniones sin fundamento. A medida que la investigación científica fue avanzando, el panorama comenzó a despejarse: se trataba de una enfermedad infecciosa, podía prevenirse, podía conseguirse un tratamiento y, eventualmente, una vacuna, la enfermedad es causada por un virus, y más concretamente, por un retrovirus. Todo esto, si bien no resultaba muy tranquilizador, al menos era comprensible.
El agente causal de la enfermedad fue descubierto en 1983, y tras una sonada polémica, paso a denominarse Virus de la Inmunodeficiencia Humana (mejor conocido por sus iniciales en ingles: HIV).

Pero, ¿es realmente el HIV la causa del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida? La mayor parte de las personas que tienen algún conocimiento acerca de la enfermedad no lo pondrán en duda, pero muy probablemente se verán en problemas si se les pregunta porque lo creen así. Y sin duda se sorprenderán si se les informa de que existe un grupo de disidentes (mas ruidoso que nutrido) que rechaza la “hipótesis” de que el HIV sea la causa del SIDA. Y que este grupo no está compuesto única ni fundamentalmente por los tradicionales alienados devotos de las “terapias alternativas”, sino que forman en sus filas unos cuantos personajes cuyas credenciales académicas previas son inatacables.

Intentaremos revisar aquí muy brevemente el tema.

La Historia Oficial

En 1981 Michael Gottlieb publicó en el New England Journal of Medicine un informe sobre cuatro “hombres homosexuales previamente sanos” que contrajeron neumonía por Pneumocystis carinii, candidiasis en mucosas e infecciones virales múltiples (N Engl J Med 1981;305(24):1425-31). Ninguna de estas patologías era nueva, pero si el hecho de que se dieran en individuos sin una causa conocida de inmunosupresión. Ese mismo año se notó un desmedido incremento de casos de sarcoma de Kaposi en homosexuales.
El término Acquired Immunodeficiency Syndrome (AIDS o SIDA) fue empleado por primera vez en 1982, y ese mismo año se fundó en Nueva York la The Gay Mens Health Crisis. El número de fallecimientos por la nueva enfermedad ascendió brutalmente de 460 en 1982 a 21074 en 1988. En 1983 un equipo del Instituto Pasteur de Francia, dirigido por el Dr. Luc Montagnier, aísla un nuevo virus, al que identifica como LAV (Virus Asociado a Linfoadenopatía), al que considera presunto causante de la enfermedad. Un año más tarde, Robert Gallo proclama en rueda de prensa haber descubierto un retrovirus, al que denomina HTLV III (Virus Linfotrópico Humano III), que también presuntamente es el causante de la enfermedad. Al final, ambos virus resultan ser el mismo (Gallo había trabajado sobre muestras cedidas por el grupo de Montagnier), y se inicia una absurda querella sobre la primacía en el descubrimiento, zanjada salomonicamente por la Comisión Internacional de Taxonomía de Virus al rebautizar al recién llegado como Virus de la Inmunodeficiencia Humana (HIV), y reconociendo tanto a ambos investigadores como “codescubridores” (de paso, hubo también un tercer descubridor – Levi – que es muy raramente mencionado).

Indiferente a todas estas discusiones, la enfermedad continúa su avance. En 1985 se aprueba el primer test de anticuerpos para identificar la infección por HIV, y comienzan a estudiarse los productos sanguíneos en Estados Unidos y Japón. En 1987 la FDA autoriza el primer tratamiento para el SIDA, la zidovudina, mejor conocida como AZT (producida por la Burroughs–Wellcome). En 1991 la Organización Mundial de la Salud publica una estimación del número de infectados por HIV en el mundo: diez millones. En 1993 el CDC revisa la definición de caso de SIDA, y paralelamente el estudio europeo Concorde encuentra que la administración precoz de AZT no beneficia a los pacientes. Progresivamente van apareciendo nuevos tratamientos: en 1992 el ddC, en 1994 el d4T, en 1995 el saquinavir, en 1996 el indinavir. Una nueva estimación de 1997 da un total de 22.000.000 de seropositivos a nivel mundial.

Algunos investigadores suponen que el virus pasó de los simios a los humanos entre 1926 y 1946. El primer posible caso de lo que luego sería conocido como SIDA data de 1959 (en el Congo). El primer caso confirmado es el de un marino noruego, que falleció en 1976, a los 29 años de edad (BMJ 1997;315:1689-1691). Actualmente se reconocen dos diferentes virus, HIV–1 y HIV–2; del HIV–1 se distinguen dos grupos, el M y el O. Todos estos virus posiblemente se deriven del Virus de la Inmunodeficiencia de los Simios (SIV); de hecho, el HIV–2 tiene más características comunes con el SIV que con HIV–1.


La otra Historia

La conspiración en marcha, trabajando en la sombra. El HIV no es la causa del SIDA, y quizás ni siquiera existe. Los arquitectos de esta conjura son los retrovirólogos, con Robert Gallo a la cabeza, la Burroughs–Wellcome (luego Glaxo–Wellcome) y otras empresas farmacéuticas, David Rockefeller, George Bush, el NIH, los CDC y el EIS. El objetivo es obtener inmensas ganancias a partir de una enfermedad inexistente, vendiendo fármacos tóxicos, que matan a mediano plazo, bajo la mirada servicial o cómplice del “establishment” médico y científico. El AZT es SIDA “por prescripción”, igual que ddC, el saquinavir y todos los demás: se piensa que los pacientes mueren de SIDA, pero en realidad los mata el tratamiento. El HIV quizás fue diseñado en un laboratorio, para acabar con los homosexuales y con la población negra del África Central. El SIDA no lo provoca el HIV, lo provocan las “drogas recreativas” y las transfusiones. También lo provoca el trimetropim–sulfametoxasol, un antimicrobiano ampliamente usado a nivel mundial, y para esconder este hecho es que se inventó la “operación SIDA”. El HIV jamás ha sido aislado, ergo, no existe, es una pura invención de Gallo, igual que el HTLV I y los demás retrovirus (presuntamente el compinche del norteamericano fue Luc Montagnier, y la disputa entre ambos no pasó de ser una pura representación). El HIV, aunque no existe, es también un virus inofensivo. Nadie ha demostrado jamás la conexión SIDA–HIV. El SIDA no es otra cosa viejas enfermedades con un nuevo nombre. El SIDA no existe en África; los pacientes de esa “presunta” enfermedad que han muerto allí son un error estadístico o quizás agentes de los conspiradores. También son agentes de la confabulación varios millares de supuestos científicos del “establishment” que publican sus estudios en las revistas más acreditadas, pero que cada fin de mes pasan secretamente por la administración de la Wellcome a cobrar los dineros de Judas. Los supuestos artículos científicos de los supuestos investigadores en realidad son redactados por escritores profesionales en una bodega abandonada de la Glaxo–Wellcome. Pero he aquí que surgen los paladines, los justicieros, los nuevos Galileos, para proclamar al mundo la verdad y debelar estos sórdidos manejos; no los arredran las amenazas de cárcel, la perdida de prebendas académicas, el desprestigio, el manicomio, el ostracismo científico. Son los “Herejes del SIDA”.
Un moderno Galileo: Peter Duesberg

En el número del 1° de marzo de 1987 de la revista Cancer Research apareció un artículo titulado Retroviruses as Carcinogens and Pathogens: Expectations and Reality, firmado por el Dr. Peter H. Duesberg. La primera parte de ese artículo estaba dirigida contra la afirmación, realizada por su colega en la investigación del cáncer, Robert Gallo, según la cual un retrovirus previamente descubierto por este, denominado HTLV-I podía provocar un cierto tipo leucemia. La segunda parte, que es la que nos interesa aquí, sostenía argumentos contra la teoría, ya para entonces casi universalmente aceptada, según la cual un retrovirus, el HIV (antes HTLV–III o LAV), provocaba el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida.
Este artículo le dio carta de naturalidad a las llamadas “Herejías del SIDA”, y por muy buenas razones, empezando por su propio autor. Peter Duesberg no era ningún recién llegado al campo de la virología. Nacido en Alemania, había emigrado a los Estados Unidos en 1964. Profesor de Biología Celular y Molecular en la Universidad de California, en 1970 había sido el codescubridor de las bases genéticas de la acción carcinogénica del retrovirus del sarcoma de Rous; en 1977 contribuyó a descifrar la estructura genética de los retrovirus. Todos estos trabajos lo habían hecho acreedor del premio del NIH Outstanding Investigator Grant, que le otorgaba el privilegio de dedicarse libremente por siete años a las investigaciones de su interés sin tener que renovar las solicitudes de fondos. Con semejantes credenciales era obvio que sus opiniones sobre el problema HIV–SIDA no dejarían de llamar la atención, como en efecto ocurrió. Desde entonces, su prestigio académico ha quedado en entredicho y sus solicitudes de fondos de investigación han sido rechazadas sistemáticamente. Por lo menos, no se puede decir que sus opiniones hayan sido ignoradas: Duesberg ha sido atacado duramente por la “ortodoxia” del SIDA, e incluso el NIAID (dependiente del NIH) se sintió en la obligación de publicar en julio de 1995 una “Hoja de Hechos” refutando sus principales argumentos (cosa curiosa, a Duesberg no le ha ido mucho mejor con sus colegas “heterodoxos”, como veremos más adelante).

Evangelista incansable, Duesberg no ha cesado de difundir sus puntos de vista en conferencias, entrevistas, artículos y libros como Why we will never win the war on AIDS (1994) e Inventing the AIDS virus (1996), entre otros.

Los argumentos de Duesberg

Puntualizaré a continuación los principales argumentos de Peter Duesberg para rechazar la hipótesis de que el HIV es el causante del SIDA (esta información tiene como fuente esencial al artículo de Duesberg, AIDS Epidemiology: Inconsistencies with Human Immunodeficiency Virus and with Infectious Disease, Proc. Natl. Acad. Sci. USA, 1991;88,1575-1579). Duesberg afirma que no existe evidencia virológica ni epidemiológica que respalde la creencia de que el HIV es el causante del SIDA.
1. “No existe correlación entre HIV y SIDA; por ejemplo, el riesgo de SIDA de los sujetos infectados varía mas de 10 veces según su género y país. Riesgos anormales para la salud que nunca son controlados como causas independientes de SIDA por las estadísticas del SIDA, como la adicción a drogas y la hemofilia, se correlacionan directamente con una anormal incidencia de las enfermedades del SIDA. Y sobre todo, las enfermedades del SIDA ocurren en todos los grupos en ausencia del HIV”.
2. “El SIDA en América es incompatible con una enfermedad infecciosa, debido a que está casi exclusivamente restringido a los hombres (91 %), debido a que si ocurre es solo después de un promedio de 10 años desde la adquisición del HIV, debido a que las enfermedades específicas no son transmisibles entre los diferentes grupos de riesgo, y debido a que a diferencia de otras nuevas enfermedades infecciosas, el SIDA no ha aumentado exponencialmente desde que el test del SIDA fue establecido y el SIDA recibió su actual definición en 1987”.

3. “La evidencia epidemiológica indica que el HIV es un virus establecido hace largo tiempo, transmitido perinatalmente. El HIV actúa como un marcador para el riesgo del SIDA en América, debido a que es raro y no transmisible por contactos horizontales diferentes de las transfusiones frecuentes, las drogas intravenosas, y sexo repetido o promiscuo”.

Estos fueron sus argumento iniciales, que posteriormente ha ido ampliando. Así, ha señalado que el HIV es demasiado inactivo e infecta demasiado pocas células para ocasionar la enfermedad; además, no se conoce el modo en que el este pudiera ocasionar el SIDA. También aduce que el HIV no satisface los postulados de Koch. Por otro lado, la presencia de anticuerpos contra el HIV demuestran que hay una buena respuesta inmune contra la enfermedad (“un anticuerpo es ciertamente un antídoto”). Resalta asimismo el hecho de que aproximadamente la tercera parte de las enfermedades asociadas con el HIV no tienen nada que ver con inmunodeficiencias (concretamente el síndrome de desgaste, el Kaposi y el linfoma). Otra prueba que alega son los “miles de casos” existentes de SIDA sin HIV, y los millones de infectados por HIV que no han enfermado ni muerto. Finalmente, propone su propia hipótesis alternativa: El SIDA es provocado por el uso consuetudinario de “drogas recreativas”, de nitrito de amilo y por inmunosupresión por transfusiones repetidas; además, el mismo AZT (usado para el tratamiento de la infección por HIV) puede ocasionar el síndrome (“El AZT es SIDA por prescripción”).
Los errores de Duesberg

No es este el lugar para desglosar detalladamente los ingeniosos argumentos del Dr. Duesberg, ni para intentar una refutación punto por punto, pues esta ya ha sido satisfactoriamente realizada por otros autores; recomiendo en especial el artículo The AIDS Heresies – A case Study in Skepticism Taken Too Far de Steven B. Harris (del cual he tomado mucha de la información que sigue; para consultarlo, el enlace correspondiente se encuentra al final de la siguiente página). Pero de cualquier manera haremos algunas precisiones.

Para empezar sí existe una buena correlación entre el HIV y el SIDA; la prevalencia del virus en la población estadounidense (que es la mejor estudiada) es de apenas 0,3 % dentro de la población general, pero es en este pequeño porcentaje en donde se concentran la totalidad de los casos de SIDA adecuadamente diagnosticados. En cualquier caso, las correlaciones citadas por Duesberg (uso de drogas intravenosas, transfusiones repetidas) son mucho más débiles, y existe evidencia bien fundada que las contradice.

El comportamiento epidemiológico del HIV tampoco resulta inexplicable ni insólito. La probabilidad de infectarse depende de ciertos factores o conductas de riesgo. Los homosexuales, los usuarios de drogas intravenosas o aquellos individuos que necesitan recibir transfusiones repetidas de productos sanguíneos tienen muchas más probabilidades de encontrarse con el virus que (digamos) una mujer heterosexual, que no está accediendo a los principales “reservorios” del mismo, en los que el virus recircula constantemente. Y a esto se añade que la transmisión por vía de la cópula anal (que ocasiona traumatismos en la delicada mucosa del recto) es mucho más efectiva que la vaginal (y esto también es cierto para la Hepatitis B).

Uno de los primeros datos que llamó la atención de los investigadores cuando el SIDA apareció, fue su comportamiento sensiblemente similar a la Hepatitis B: transmisión por vía sexual, por productos sanguíneos, usuarios de drogas intravenosas. Esto hizo muy factible que se tratara de un agente infeccioso. El llamado “caso cero” del SIDA en los Estados Unidos (Gaetan Dugas, fallecido en 1984), tuvo contacto (directo o indirecto) con nueve de los primeros 19 casos reportados en Los Angeles, y con cuarenta de los primeros 248 en los Estados Unidos.

Por otra parte, el HIV–2, el virus que prevalece en el SIDA en África, se distribuye por igual en ambos sexos, por lo que aquí no existen dudas acerca de su comportamiento epidemiológico. Aquí es donde los “herejes” (el propio Duesberg y Harvey Bialy, entre otros) aducen que el SIDA en África simplemente no existe, que los datos no son fiables, que se están diagnosticando como SIDA casos de enfermedades comunes en los países del tercer mundo. Esto implica que no deben existir diferencias notables de mortalidad entre pacientes seropositivos y seronegativos, en ausencia de otros factores. En un estudio realizado en Uganda por Nun y Mulder (BMJ 1997;315:767-77), en el que se examinaron 9777 residentes de una zona rural, de los cuales el 8 % resultaron positivos para HIV–1 (no HIV–2) se encontró que la mortalidad entre los seropositivos adultos en el período de observación fue de 114 por mil por año, contra 10,4 por 1000 de los seronegativos (diez veces mayor para los seropositivos). La mortalidad de los seropositivos fue similar entre los hombres y las mujeres. No se encontraron otros factores que pudieran explicar ese exceso de mortalidad, salvo la infección por HIV. Por supuesto, los pacientes con SIDA en África muy probablemente fallecen de “enfermedades comunes” en el tercer mundo, pero simplemente porque son las enfermedades a que están más expuestos (esto mismo es aplicable a los grupos de riesgo en otros países: la gente se infecta y se enferma de lo que encuentra en su medio. Un homosexual no está expuesto a los mismos gérmenes que un hemofílico).

La transmisión del SIDA por vía sanguínea solo puede ser explicada satisfactoriamente por un agente infeccioso (hablaremos más delante de la posible inmunosupresión por los concentrados de factor VIII). ¿Y de que otra forma puede explicarse el SIDA entre mujeres que son compañeras sexuales de hombres seropositivos? Adicionalmente, el incremento de casos de SIDA en una población determinada siempre es posterior a la entrada del virus en dicha población, y no se conoce ninguna excepción a esta regla

Se ha planteado también que el largo período de latencia existente entre la infección por el HIV y la aparición de las enfermedades indicadoras del SIDA va en contra de la hipótesis infecciosa. El problema aquí es que no existe ninguna pauta que dicte cómo deben comportarse los virus. Un virus tan “clásico” como el del sarampión puede ocasionar la panencefalitis esclerosante subaguda de 4 a 8 años después de la infección inicial. Otro tanto puede decirse de otro virus igual de conservador, el de la rubéola. También pueden citarse aquí todos los herpesvirus: ingresan al organismo para quedarse, pudiendo producir enfermedad años o décadas más tarde. Se han descrito no menos de nueve familias de virus capaces de ocasionar infección humana persistente. Los lentivirus se encuentran bien documentados en animales y pueden producir un espectro de enfermedad idéntica al del SIDA humano: el ya citado SIV, el virus de la inmunodeficiencia felina (FIV) y el virus visna de las ovejas. Tampoco aquí el comportamiento del HIV resulta particularmente insólito.

Por otra parte, el HIV no es tan “inactivo”, ni infecta tan pocas células como se pensó inicialmente; con el uso de nuevas técnicas se ha encontrado que en el período de “latencia” entre la infección y el desarrollo de los síntomas el virus se replica activamente, infectando hasta dos millardos de células CD4 diariamente. En los nódulos linfáticos hasta el 25 % de las células CD4 pueden estar infectadas. Asimismo, se ha documentado la presencia del virus en otras líneas celulares, como los macrófagos.

Otro punto importante es que la presencia de anticuerpos contra el HIV no necesariamente demuestra que el virus haya sido erradicado. Esto suele ser cierto, pero las excepciones en cuanto a enfermedades virales son numerosas y bien conocidas. Un ejemplo de esto son los virus herpes (CMV, herpes, varicela zoster); sin contar con la posibilidad de que las mutaciones del virus hagan inefectivos muchos de estos anticuerpos. Aún es más dudoso decir (como lo hace Duesberg) que la tercera parte de las enfermedades presuntamente ligadas a la infección por HIV no tienen nada que ver con deficiencias en la inmunidad; quizás sea más ajustado decir que se desconoce que papel puede jugar la deficiencia inmune en su etiología. Duesberg cita, concretamente, al sarcoma de Kaposi, los linfomas y la enfermedad de desgaste Pero existe evidencia de que probablemente el sarcoma de Kaposi tenga una etiología viral, o de que un virus al menos actúe como cofactor (el Herpesvirus 8 – Lancet 1996; 348: 1133-38). Sobre la posible etiología de los linfomas son más las cosas que no se saben que las que se saben (de hecho, algunos también han sido relacionados con virus, como el linfoma de Burkitt con el virus de Epstein–Barr).


Viejas enfermedades con nombre nuevo y los miles de casos

Es indudable que las enfermedades asociadas al SIDA fueron descritas y diagnosticadas mucho antes de que este apareciera, como ocurre con el sarcoma de Kaposi, la neumonía por P. carinii, la candidiasis esofágica y traqueal, la infección por Mycobacterim avium, la retinitis por CMV y otras. Pero su incidencia era muy baja, y sobre todo, estaba limitada básicamente a individuos con causas conocidas de inmunosupresión (cáncer, leucemia, tratamiento inmunosupresor). Con la entrada en escena del HIV (y del SIDA), la incidencia de todas estas enfermedades poco comunes subió espectacularmente, y en grupos de la población donde nunca antes se presentaban. Los herejes aducen que estas enfermedades no tienen nada en común; sus opositores replican que lo que tienen en común es precisamente la infección por HIV. En la primera definición de SIDA del CDC, la presencia de alguna de las enfermedades índice, sin causa conocida de inmunosupresión, se consideraba como “caso de SIDA”. Posteriormente, los criterios fueron modificados para incluir la serología y el recuento de CD4, con vistas a lograr una mayor especificidad y una mejor capacidad de predicción.
A los “herejes” les desagrada este reajuste de los criterios (Duesberg le llama a esto “mover la portería”), a pesar de que haya demostrado su utilidad para predecir la evolución de los pacientes. En especial por el hecho de que se halla incluido el diagnóstico serológico, lo que implica que un caso solo puede ser calificado de SIDA si se demuestra infección por HIV, lo que resulta para ellos una tautología. Él y Robert Root Bernstein (otro “hereje” no menos combativo, que descubre casos compatibles con SIDA en la literatura médica desde 1872) encuentran “miles” de casos de SIDA sin HIV. Pero ¿qué criterio están empleando para ello? ¿Únicamente la existencia de una de las enfermedades índice? ¿O cual criterio inmunológico? Si se usan unos criterios arbitrariamente amplios, es indudable que se gana sensibilidad para detectar todos los casos de enfermedad, pero se pierde especificidad, y se acaba por diagnosticar como SIDA lo que simplemente no lo es, y esto es lo que ocurre en los “miles de casos” de SIDA sin HIV citados por los “herejes”. Con anterioridad, se había empleado la relación entre CD4 y CD8 como criterio; después esto se cambió al recuento absoluto de CD4. Este cambio transforma en nada los “miles de casos” de SIDA sin HIV. Y el cambio de criterio no fue arbitrario: se hizo porque la disminución del recuento absoluto de CD4 (y no la relación CD4/CD8) es el perfil inmunológico específico que tipifica al SIDA, y el que permite predecir una evolución y dar un pronóstico (y no, como pudiera pensarse, solamente por molestar a Duesberg). Lo mismo puede decirse de la inclusión de la demostración serológica de la infección por HIV: aquellos individuos con enfermedades indicadores (por ejemplo, neumonía por Pneumocystis) y serología positiva tienen una evolución que es predecible y que permite caracterizarlos.

El problema es precisamente ese: utilizando criterios arbitrariamente amplios, se encuentran presuntos casos de SIDA sin HIV; pero esos casos “asimilados” a la enfermedad resultan ser marcadamente diferentes a aquellos en que si se consigue el virus, respecto a evolución y pronóstico. Entonces, ¿en base a que se puede afirmar que presentan el mismo cuadro? Contrariamente a lo que afirman los herejes, un caso de tuberculosis sola es sí diferente a un caso de tuberculosis con HIV; la diferencia está precisamente en la evolución que es de esperar de cada uno.

Al final de todo quedó todavía un pequeño remanente de pacientes con recuentos anormalmente bajos de CD4, y sin HIV: según Steven Harris, menos de 100. Se les calificó de “ICL” (Inmunodeficiencia CD4 idiopática). ¿Son estos los famosos casos de SIDA sin HIV? Pues tampoco: para empezar, como lo señala Harris, nadie ha demostrado que se trate de una inmunodeficiencia adquirida; tampoco su evolución es comparable a la de los verdaderos pacientes con SIDA, y sus recuentos de CD4 parecen ser fluctuantes. Muy probablemente se trate de un trastorno que se descubre precisamente porque es en este momento cuando se hacen estudios extensos de subpoblaciones de linfocitos.

Otro argumento que se aduce contra la hipótesis de que el HIV es causa del SIDA, es que existen millones de pacientes infectados que ni están enfermos ni muertos (se encuentran “sanos”). Descontando que esos individuos no estén dando manifestaciones ahora, pero que si posiblemente las darán futuro, hay que señalar que para la mayoría de las enfermedades infecciosas, “infección” no necesariamente significa “enfermedad”, y que “enfermedad” no implica necesariamente “muerte”. Enfermar o no, tras exponerse a un agente infeccioso, no depende de un único factor, por más virulento que sea dicho agente; el agente es condición necesaria, pero no suficiente. Esto tampoco es una característica insólita del SIDA: la peste bubónica diezmó a la población europea en el siglo XIII, pero demás está decir que no despobló el continente, como tampoco lo hizo la viruela con América tras la conquista española.

En algunas ocasiones, Duesberg se sale de la línea de argumentación científica para caer de lleno en el campo de la falacia pura y simple, como cuando afirma que “el promedio de vida de los hemofílicos americanos se ha doblado durante los últimos diez a quince años después de que alrededor del 75 % (15.000) han sido infectados por transfusiones” (Results fall short for HIV Theory. Insight 14 Feb, 1994). Lástima que esto no se a así. De acuerdo a un estudio de Chorba y Holman (Am J Hematol 1994 Feb;45(2):112-21), a partir de 1984, la expectativa de vida de los hemofílicos comenzó a disminuir, pasando de 57 años para el período 1979–1981, a 40 años entre 1987 y 1989. De 1979–1981 a 1987–1989 la mortalidad se incrementó en todos los grupos de edad sobre los 9 años, en especial entre aquellos más jóvenes. Y un detalle importante: este incremento de la mortalidad fue previo al inicio del uso del AZT, por lo que no cabe atribuirlo al uso de este fármaco.

Más hipótesis

Si el HIV no es causa del SIDA ¿Cómo se explica entonces que un grupo de “viejas enfermedades” adquieran de pronto proporciones epidémicas, dentro de un contexto de deficiencia inmune específica, y en presencia de evidencia serológica de infección por un agente viral determinado? Aquí el Dr. Duesberg lleva su ingenio al límite, y le consigue explicaciones a todo (o a casi todo). Veamos como.
Para empezar, resucita la antigua hipótesis de que el SIDA es causada por el uso (o más bien, por el abuso) de drogas recreativas y de nitritos de amilo (sustancia utilizada para “potenciar” el orgasmo). Esto se planteo en los inicios de la epidemia, y pareció plausible en su momento (para esa época también se pensó que el agente causal podía ser el citomegalovirus, o la exposición contínua a las proteínas del semen). Pero como ha sido señalado por muchos autores, el uso de drogas recreativas es muy anterior a la aparición del SIDA, y los estudios realizados en usuarios de drogas intravenosas sin infección por HIV no han encontrado defectos inmunes equiparables a los del SIDA. A partir de este punto Duesberg comienza a aplicar una “defensa escalonada” para explicar porque el SIDA aparece en grupos que obviamente no utilizan las drogas intravenosas.

¿Por qué aparece el HIV especialmente entre los pacientes con SIDA? Porque es un “marcador de riesgo”, propone. Se lo transmiten entre sí los homosexuales, los drogadictos y los hemofílicos junto con el “verdadero” agente etiológico (tóxico) de la enfermedad. ¿Cuál es ese “factor tóxico? Por lo visto, no hay uno solo: valen los nitritos de amilo, la heroína, el LSD, las anfetaminas, la cocaína y cualquier otro. Pero esto deja por fuera a los hemofílicos y receptores de transfusiones en general, que no suelen, como grupo, darse a esta clase de expansiones y por consiguiente no tienen este factor de riesgo. La cuestión se resuelve apelando a la inmunosupresión ocasionada por las transfusiones repetidas.

Se sabe que la exposición repetida a proteínas exógenas puede alterar la respuesta inmune. Pero ¿al extremo de producir el SIDA? No existe ninguna evidencia a favor de esta posibilidad, pero sí en contra. Repetidos estudios han encontrado que no existe relación entre dosis las de factor VIII que reciben los pacientes y la posibilidad de presentar enfermedades marcadoras de SIDA; una vez más, la única correlación consistente es con la infección por HIV. De acuerdo a la hipótesis “tóxica”, aquellos pacientes que recibieran mayor cantidad del hemoderivado en cuestión (concentrado de factor VIII) deberían tener mayor probabilidad de enfermar, pero esto no ocurre en la práctica. Por ejemplo, Sabin y colaboradores (BMJ 1996;312:207-210), en un estudio pareado de pacientes con hemofilia seropositivos y seronegativos, no encontraron correlación entre la aparición de enfermedades indicadoras de SIDA ni del recuento de CD4 respecto a la cantidad de concentrado de factor VIII administrada a los pacientes. Todas las enfermedades indicadoras de SIDA aparecieron en el grupo seropositivo para HIV. Una vez más, estamos ante una hipótesis ad hoc, en favor de la cual no se aporta ninguna prueba y que es desmentida por los estudios pertinentes
¿Y que ocurre con el SIDA en mujeres? Aquí Duesberg recurre a una respuesta estándar: simplemente la mayoría son usuarias de drogas intravenosas. Lo cual en principio puede ser cierto, pero que obvia el hecho de que el grupo en el que el SIDA se ha incrementado más rápidamente es el de las mujeres heterosexuales sin otro factor de riesgo conocido salvo el de ser pareja de un hombre infectado. ¿Explicaciones para esto? Por lo visto, ninguna. Duesberg se limita a minimizar el problema (“el 25 % del 10% es el 2,5 %”), pero el hecho de que este grupo sea numéricamente poco importante por ahora en relación a los otros no hace que deje de existir. Y que represente un problema si se sigue abogando por una “hipótesis tóxica”. El hecho es que esas mujeres existen, están infectadas por HIV, desarrollan el SIDA y no tienen otro factor de riesgo aparte del contacto sexual.

SIDA por prescripción

Los herejes del SIDA alegan continuamente que el AZT es “SIDA por prescripción”; en sus artículos el riesgo de tomar dicho medicamento es maximizado al punto que el lector no puede menos sospechar que se está administrando deliberadamente un veneno a un grupo de individuos inocentes con la intención de provocarles la muerte ocasionándoles un SIDA “artificial” (y en más de una ocasión, no es que el lector lo tenga que sospechar, sino que se le dice eso explícitamente). Esta “leyenda negra” se ha ido extendiendo después a cada nuevo fármaco que aparece, ya sea análogo de los nucleósidos o inhibidor de la proteasa. Nadie niega que el AZT sea tóxico, y dado su mecanismo de acción (interfiere la formación del DNA) no podía esperarse otra cosa. El principal argumento de los herejes es el estudio europeo Concorde. Dicho estudio encontró que el AZT no proporcionaba beneficios para los pacientes, pero también demostró que tampoco tenía mayor impacto en las tasas de supervivencia, esto es, que ni las mejoraba ni las empeoraba dentro de valores de significancia estadística. Dicho sea de paso, las elevadas dosis iniciales actualmente ya no se utilizan, y la monoterapia tiene muy pocas indicaciones (la más importante, la prevención de la transmisión vertical de la madre al feto durante el embarazo y el parto, obteniéndose aparentemente buenos resultados).
Los nuevos fármacos y las combinaciones de estos también son prejuzgados según este mismo patrón. Pero ya existe evidencia de que las nuevas combinaciones (conocidas coloquialmente como “cócteles”) pueden retrasar la progresión del SIDA y mejorar la supervivencia (véase por ejemplo, el estudio Impact of new antiretroviral combination therapies in HIV infected patients in Switzerland: prospective multicentre study en BMJ 1997;315:1194-1199).

¿Fue aprobado el AZT por el FDA con una precipitación indecorosa, y sin adecuados estudios previos, como proclaman los herejes del SIDA? Pues en esto muy probablemente tienen razón. Lo cierto es que apenas existía evidencia en 1987 de que el AZT pudiera funcionar, y esta evidencia dependía de un solo estudio (incompleto), promovido de paso por la misma Burroughs–Wellcome (el laboratorio que lo fabricaba; luego transformado en Glaxo–Wellcome). Pero antes de comenzar a pontificar sobre conspiraciones y sobre el oro de la industria farmacéutica, sería adecuado considerar otros aspectos del problema. Como por ejemplo, las presiones que existían en esa época para que se consiguiera un tratamiento en una carrera contra el reloj, en medio de un ambiente de pánico y desesperación por una nueva enfermedad letal. "Drugs into bodies" era la divisa de los activistas de las organizaciones de homosexuales. Si algo demuestra todo esto es que no se puede hacer buena ciencia ni buena medicina siguiendo criterios políticos y/o económicos.


Root-Bernstein

Otro herético del SIDA, Robert Root–Bernstein, no parece ir tan lejos como Duesberg a la hora de negar la relación del síndrome con el HIV. Éste parece pensar, en base a la revisión de la evidencia epidemiológica, que son precisos varios factores para que aparezca la enfermedad: malnutrición, uso de drogas intravenosas, factores de inmunosupresión, pero por lo visto sin excluir al virus. Todo esto excluye que los adultos sanos puedan adquirir la enfermedad. Root–Bernstein hace especial hincapié en lo que el llama la “paradoja de las prostitutas”: es extraordinariamente infrecuente que las prostitutas no usuarias de drogas intravenosas adquieran el SIDA (o el HIV) a pesar de practicar conductas de riesgo. De esto deduce que el SIDA no se comporta como una enfermedad de transmisión sexual corriente, y que es necesario “otro factor”. En apoyo a esta idea aduce que la enfermedad se transmite con mucha mayor facilidad a través de la cópula anal, y que la transmisión se produce con mucho más facilidad al miembro receptivo de la pareja que a partir de este. “Ninguna otra enfermedad transmitida sexualmente se conduce de esta manera”– concluye. Lamentablemente para su línea de argumentación, la transmisión de la Hepatitis B entre los hombres homosexuales sigue este mismo patrón, por lo que no resulta precisamente insólito. También es errónea la idea de que los adultos “sanos” no adquieren la enfermedad. Para adquirir la enfermedad el factor principal es pertenecer a un grupo de riesgo; es claro que en esos grupos la cantidad de individuos “no sanos” puede ser abrumadoramente superior al promedio de la población (piénsese, como caso extremo, en los usuarios de drogas intravenosas), pero dentro del mismo grupo se ha comprobado que pueden adquirir la enfermedad tanto los previamente “sanos” como los previamente “enfermos”. Se ha demostrado la transmisión en homosexuales sin ninguna deficiencia inmunitaria previa, y también en las parejas sanas (femeninas) de hombres hemofílicos; la única forma de hacerlos encajar en la teoría de Root–Bernstein sería ampliar el concepto de “enfermo” a unos límites tan exagerados que resultaría inútil.
Root-Bernstein también tiene algo que decir acerca del descenso de las células CD4. Tras revisar exhaustivamente la literatura médica encuentra tasas de células CD4 similares a las de los pacientes de SIDA en muchas categorías de pacientes de cáncer, pacientes trasplantados, usuarios a largo plazo de drogas intravenosas, niños con deficiencias inmunitarias congénitas, personas que sufren de malnutrición, receptores de transfusiones sanguíneas, personas recién operadas o sometidas a anestesia. Pero ¿qué tiene todo esto de especial? Muchos de los ejemplos citados simplemente tienen causas bien establecidas de inmunosupresión, conocidas desde mucho antes de la aparición del SIDA. En otros, como los usuarios de drogas intravenosas, son extraordinariamente infrecuentes los casos de niveles de CD4 bajos comparables a los del SIDA (y cuando esto ocurre, siempre existe otra causa de inmunosupresión). Otras patologías y estados fisiológicos pueden también disminuir el recuento, pero de modo transitorio y sin llegar a los niveles que se ven en el síndrome, y sobre todo, sin estar relacionados con infecciones oportunistas.

Por lo visto Robert Root–Bernstein es verdaderamente un moderado entre los herejes; sus opiniones parecen estar a medio camino entre Duesberg y la postura “oficial”. Pero sorprendentemente, como veremos a continuación, también la postura de Peter Duesberg resulta ser muy moderada, a pesar de toda su beligerancia. Duesberg piensa que la causa del SIDA es tóxica, y rechaza al HIV como agente causal, pero sin negar su existencia. Para algunos de los heréticos que encontraremos mas adelante, esto resulta muy poco.



En 1991 se fundó el Group for the Scientific Reappraisal of the HIV/AIDS Hypothesis. De sus cuarenta miembros iniciales, pronto creció a mas de doscientos, incluyendo a ganadores del premio Nobel como Kary Mullis y Walter Gilbert.


Ursssukoy
Gran camarada
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Re: La construcción del mito del SIDA

Mensaje por Ursssukoy el Miér Dic 22, 2010 7:37 pm

Este grupo defiende los siguientes postulados:

El HIV puede ser completamente inofensivo.
Las personas con SIDA pueden estar enfermas no por la infección por HIV, sino por otros factores, como alguno o más de los siguientes:
Efectos directos e indirectos del consumo de drogas recreativas.
Exposición inmunológica a proteínas extrañas, como ocurre en los hemofílicos con la terapia con factores de la coagulación y las transfusiones sanguíneas.
Condiciones de vida depauperadas.
Quimioterapia tóxica con fármacos anti HIV, como el AZT y los inhibidores de las proteasas.
Terror psicosomático inspirado por un diagnóstico de seropositividad al HIV.
Dentro de los grupos de riesgo para HIV, las condiciones relacionadas con el SIDA pueden ser comunes aún entre personas que son seronegativas para HIV. Esto indica la necesidad de mirar más allá del HIV para explicar el SIDA, y la necesidad de reconsiderar la definición oficial de SIDA, pues esta limita el diagnóstico a aquellos pacientes con presunta infección por HIV.
Los fármacos prescritos para tratar el HIV pueden ser causa de algunos casos de SIDA.
Muchas personas seropositivas pueden no tener infección activa por HIV, incluyendo muchos pacientes con SIDA.
Contrariamente al mensaje de salud pública que afirma que “todos estamos en riesgo para el HIV y el SIDA”, la vasta mayoría de todos los americanos sexualmente activos no tiene un riesgo significativo.
Las autoridades públicas, médicos, científicos y activistas sociales han aceptado el modelo infeccioso HIV/SIDA sin haberlo escrutado apropiadamente.
Las autoridades públicas, médicos, científicos y activistas sociales han rechazado los modelos alternativos sin haberlos considerado apropiadamente
Pero no todo ha sido concordia y paz dentro del grupo de los heréticos. En 1994 se publicó Why we will never win the war on AIDS, escrito en colaboración por Peter Duesberg y su antiguo protegido Bryan J. Ellison. Este último decidió unilateralmente la publicación del manuscrito en Inside Story Communications (revista que él mismo editaba), sin el consentimiento de Duesberg; por supuesto, las relaciones entre ambos se rompieron al instante. Poco después, Duesberg también corto relaciones con Rethinking AIDS, publicación en la que Ellison colaboraba con John Tabulse. El grupo de Duesberg publica ahora el Reappraising AIDS, editada por Paul Phillpott.
Mientras Reappraising AIDS ha seguido manteniendo, en esencia, los puntos de vista de Duesberg respecto al SIDA (lo que viene a ser algo así como la “ortodoxia” de los herejes), no se puede decir lo mismo de Rethinking AIDS. Esta publicación, mucho más ecléctica, le da un amplísimo despliegue a las opiniones más radicales, en especial a las de aquellos que simplemente niegan que el HIV exista.

La negación de la existencia del Virus de la Inmunodeficiencia Humana indudablemente que le confiere una nueva dimensión al debate; ya no es cuestión de que un virus haya sido considerado erróneamente causa de la enfermedad debido a una mala interpretación de la evidencia epidemiológica, sino que el mismo virus ni siquiera existe, y la casi totalidad de los investigadores del SIDA han estado corriendo tras un espejismo. Y no solo los pertenecientes al “establishment” científico, sino también todos aquellos heréticos que han malgastado miles de palabras intentando justificar las razones por las cuales la infección por el “imaginario” HIV prevalece de tal forma entre los pacientes con SIDA (pero no en la población general sin factores de riesgo).

Esta posición extrema es defendida principalmente por el llamado “grupo de Perth”, conformado por investigadores de esa ciudad del Australia Occidental. A la cabeza de éste se encuentra Eleni Papadopulos-Eleopulos. Rethinking AIDS le ha dado un amplísimo campo a la beligerancia de este grupo, en especial a raíz de la publicación del reto de la revista Continuum, ofreciendo 1000 libras a cualquiera que pudiera probar que el virus efectivamente ha sido aislado (hablaremos de este “reto” con más detalle en otra sección). Otro paladín a ultranza de esta postura es el alemán Stefan Lanka. De paso, esta posición es la que ha resultado más del agrado de aquellos que no solo cuestionan la forma en que se ha llevado la investigación sobre el SIDA, sino a la medicina “oficial” en general.

Todo lo que se pueda decir sobre el SIDA ha sido cuestionado y puesto bajo el microscopio del hiperescepticismo por los herejes: su definición, los recuentos de CD4, el SIDA en África, el AZT, los “cócteles” de drogas (“cócteles asesinos”), la PCR, los test diagnósticos, la existencia misma del virus. Muchos de estos cuestionamientos simplemente no se sostienen en pie tras un análisis detallado: o ignoran muchos hechos o los hechos no los respaldan (como por ejemplo, las ideas de Duesberg sobre el SIDA en los hemofílicos). Otros requerirían de un tramado de fantásticas conspiraciones para poder ser verosímiles. Y casi siempre, las “hipótesis” alternativas de la etiología de la enfermedad terminan por ser más complicadas (y peor fundadas) que la “convencional”.
Los test en especial han recibido numerosos ataques, sobre todo acusaciones de poca confiabilidad. Naturalmente, obviando el hecho de que los test de 1985 no son los mismos de 1990 ni tampoco los de 1999 (entre los primeros y los últimos hay nada menos que catorce años de avances tecnológicos). Pero, ¿qué ocurre si el inventor de una de las pruebas expresa de pronto dudas acerca de su validez? Pues también eso ha sucedido.

Uno de los casos más extraños entre los herejes del SIDA es el de Kary Mullis. Frente a casi todo el resto de la humanidad, Kary Mullis tiene una exorbitante ventaja: recibió el Premio Nobel. Y según cierto erróneo consenso, producto de la mala información y de la aceptación indiscriminada de hechos sin base, un Premio Nobel es una especie de oráculo viviente e infalible. Y como tal, sus opiniones son citadas y repetidas una y otra vez. Aquí tenemos una de ellas:

“No hay ningún tubo de HIV en el país que sea puro. Esos son cultivos que contienen algo así como una parte en 100.000 que es HIV. Eso es todo. Eso es lo mejor que han logrado”

Sería interesante que comparara notas con Duesberg respecto a esta observación. Duesberg ha defendido y defiende (como se verá más tarde) que el HIV ha sido cultivado, clonado y secuenciado en muchas oportunidades.

Kary Mullis ganó el Nobel en 1993 por el desarrollo de la Reacción de Cadena Polimerasa (PCR por sus siglas en ingles). Una invención brillante, sin la menor sombra de duda, y de un carácter totalmente revolucionario para el diagnóstico y la investigación de las enfermedades infecciosas.
Según él mismo confiesa, Mullis concibió sus primeras sospechas acerca de la relación HIV–SIDA en 1988, mientras trabajaba como consultor en Specialty Labs en el marco de un proyecto de la NIH. Mientras escribía un informe, se dio cuenta que desconocía la referencia científica que avalaba la causalidad del HIV en el SIDA (aquí admite, muy honestamente, que “el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida era algo de lo que no sabía demasiado”). Una exhaustiva búsqueda no le permitió encontrar dicho informe, por lo que optó por acercarse “a cualquiera que diese una charla sobre SIDA y preguntarle qué referencias debía citar para esa cada vez más polémica declaración: «el HIV es la probable causa del SIDA»”. Ni el mismo Luc Montagnier fue capaz de contestarle. O, para ser más precisos, la respuesta que logró no fue de su agrado.
A partir de entonces, Kary Mullis se ha convertido en uno de los más activos detractores de la relación entre HIV y SIDA; no hay reunión de “heréticos” que se precie a la que no prestigie con su presencia, e incluso escribió el prefacio del libro de Duesberg “Inventing the AIDS virus”. Como es de suponerse, sus declaraciones son ansiosamente recogidas por la prensa (pero no precisamente porque sean las declaraciones del individuo Kary Mullis, sino porque son las de “un Premio Nobel”).

Aquí conviene hacer algunas precisiones. Mullis no es ningún oráculo, e incluso él mismo ha confesado que en 1988 “no sabía demasiado” sobre el SIDA. Aparte de esa duda que tanto lo ha inquietado sobre la “referencia científica” perdida, no ha aportado nada radicalmente nuevo (con una excepción) al debate sobre si el HIV es o no el causante del SIDA; por lo visto, en este campo se limita a suscribir los argumentos de Duesberg sobre la etiología tóxica, apoyándolos con su prestigio de laureado del Nobel. La excepción a la que me refiero es que Mullis no cree que la PCR (que el mismo inventó, y que fue al fin y al cabo lo que le dio el Nobel) sea capaz de detectar el HIV, ya que es demasiado eficaz, por lo que amplifica cualquier DNA que se encuentre en la muestra, indistintamente de que dicho DNA pertenezca al HIV o a un contaminante.

Por lo visto, en el mundo de los herejes del SIDA todo debe resultar sorprendente; no creo que existan muchos individuos que reciban el Nobel y ha continuación se dediquen a propagar la idea de que aquello por lo que se lo otorgaron no funciona (ya que el argumento de Mullis respecto al HIV podría aplicarse a cualquier otro empleo de la PCR, pues si es “demasiado eficaz” amplificando los contaminantes en el caso del HIV, ¿por qué no va a serlo para cualquier otro caso – digamos, por ejemplo, el citomegalovirus–? ¿no debería amplificar también los “contaminantes”? Con lo que su utilidad para la investigación y para el diagnóstico clínico quedarían en nada...).

Mullis no dice nada acerca de la evidencia epidemiológica acumulada, de los estudios en animales, del cultivo del virus, de su clonación, de la determinación de su secuencia genética, ni ofrece tampoco ninguna hipótesis alternativa. Y es probable que no esté en la capacidad de hacerlo; en realidad se trata de un técnico extremadamente competente dentro de un campo específico y muy limitado de trabajo, que tuvo una idea genial y que supo llevarla a la práctica. La mayoría de sus trabajos publicados se relacionan con la Reacción de Cadena Polimerasa. Vistos sus actuales puntos de vista, quizás el más asombroso sea éste: Identification of human immunodeficiency virus sequences by using in vitro enzymatic amplification and oligomer cleavage detection (J Virol 1987;61(5):1690-4).

En paralelo a la Conferencias Internacionales del SIDA, los rebeldes han creado sus propias reuniones periódicas: Amsterdam (1992), Sant Cugat y Londres (1993), Bolonia (1994), Buenos Aires (1995), Bucaramanga (1997), Barcelona (1998). El encuentro de 1997 llevó la pintoresca denominación de “I Simposio Internacional sobre Sustancias y Microorganismos Enigmáticos y Desconcertantes”, y fue el escenario de un intercambio fuera de programa de opiniones “científicas” entre Duesberg y Lanka. Una característica inquietante de esos encuentros es la constante presencia de representantes de las mal llamadas “medicinas alternativas”.


En busca del virus perdido

En diciembre de 1995, la revista Continuum, que actúa como una especie de órgano semioficial de los heréticos más radicales, estableció un premio de 1000 libras esterlinas a “la primera persona que encuentre un artículo científico estableciendo el aislamiento del HIV”, o, en otras palabras que demuestre que el Virus de la Inmunodeficiencia Humana efectivamente existe (la convocatoria del premio comienza con esta provocación “Blind romantics still believe HIV causes AIDS”). Al parecer, los mentores intelectuales de este reto fueron Eleni Papadopulos y su grupo, así como Stefan Lanka (vocero del MuM y del REGIMED). Posteriormente, otras organizaciones han seguido este ejemplo, entre ellas algunas cuyas coincidencias con cualquier forma de pensamiento lógico o racional no han pasado del rango de eventualidad plenamente indeseada, como el grupo español Centro Orientativo de Bio-Regeneración Aplicada (C.O.B.R.A.), que ha promovido nada menos que ocho convocatorias similares desde 1996. Lamentablemente, semejantes “ayudas” no contribuyen precisamente a mejorar la credibilidad de los heréticos...



Pero volvamos con el premio de Continuum. Los autores del reto advirtieron que “las reglas para el aislamiento de un retrovirus fueron ampliamente discutidas en el Instituto Pasteur, París, en 1973, y son los requerimientos mínimos lógicos para establecer la existencia independiente del HIV” (estos “requerimientos mínimos”, de apariencia tan oficial, serían invocados posteriormente por todos los grupos que afirman que el HIV no existe). La primera respuesta a la convocatoria la dio el Dr. Edward King, editor del UK's National AIDS Manual, aunque no precisamente para reclamar el premio. King se limitó a señalar que las condiciones de aislamiento del virus exigidas por Continuum eran simplemente irrazonables e imposibles, aparte de basarse en “siete pasos” supuestamente propuestos como guía por el Instituto Pasteur en 1973, que en realidad no aparecen como tales en ninguna publicación. En otras palabras, las condiciones de demostración del premio se establecieron ad hoc, sin respaldo en pautas previas conocidas y consensuadas. Además dejan de lado técnicas mucho más modernas e inapelables, desconocidas en 1973. Conforme a esas técnicas mejoradas, el virus había sido exitosamente aislado en más de una ocasión, secuenciado su código genético, clonado y purificado satisfaciendo incluso varias de las supuestas “reglas”.
Por supuesto, siguió entonces la inevitable réplica de Papadopulos y su grupo. Como era de esperar, estos rechazaron la respuesta de King, pues los argumento expuestos por este en su carta “no satisfacen sin ambigüedad los requerimientos de la prueba” (recuérdese aquí que King ya habían calificado esos requerimientos de “irrazonables”). Por demás, en la respuesta de Papadopulos aparecen otros datos interesantes: para empezar, hallan la justificación de sus pretendidos “siete pasos” del aislamiento de los retrovirus en una referencia de JW Beard de ¡1957! (pero ¿no habían dicho en primer lugar que eran las guías del Instituto Pasteur de 1973?). En segundo lugar, para intentar justificar la imprudente referencia al Instituto Pasteur, se vieron obligados a citar dos artículos de investigadores de dicho Instituto, sobre técnicas de purificación de virus tumorales, uno de los cuales contiene un figura titulada “Flow chart for purification of RNA viruses by double sucrose density gradient zonal centrifugation”, complementada más adelante por una tabla, dentro de todo lo cual aparecen algunos de los tan traídos y llevados siete pasos; solo que por ninguna parte aparece que se traten de "las reglas para el aislamiento de un retrovirus [...] ampliamente discutidas en el Instituto Pasteur, París, en 1973". A lo más, pueden considerarse como el método adoptado por el autor de uno de los estudios (no existe evidencia de que esto sea cierto en el otro). Uniendo los dos artículos se obtienen los citados “requerimientos mínimos”. Y que hayan o sido no discutidas ampliamente, es algo que no está documentado en ninguna parte. Es llamativo que el Instituto Pasteur sea tan descuidado como para “discutir ampliamente” las “reglas para el aislamiento de un retrovirus”, y luego “olviden” publicarlas, como no sea unas pocas aquí y otras más allá, en publicaciones dispersas. En cuanto a las alegaciones de King de que el HIV ha sido cultivado, extraído de células infectadas, su material genético purificado, y sus genes clonados, Papadopulos las rechaza en base a que previamente no se han cumplido las reglas (apócrifas) del Instituto Pasteur, y que por lo tanto no se puede saber si lo que realmente se ha clonado ha sido el virus...

A pesar de todo esto, no tardó mucho en aparecer alguien reclamando el premio. Y ese alguien resultó ser nada menos que... Peter H. Duesberg.

Pues sí, Peter Duesberg. En una carta dirigida a Continuum, Duesberg aduce que puede demostrar que “la clonación molecular de DNA infeccioso de HIV excede los criterios de las viejas «Reglas del Pasteur»” logrando exitosamente el aislamiento y la identificación del virus. Tras exponer sus pruebas, concluye que “La singularidad del HIV es confirmada por la detección de secuencias de DNA específico del HIV en el DNA de muchos individuos seropositivos. El mismo DNA no se encuentras en humanos no infectados, y la probabilidad de encontrar dicha secuencia en cualquier muestra de DNA es de 1 en 4× 10 9500”.

Papadopulos no se dejó amilanar por el calibre de este quizás inesperado oponente. Siguieron las réplicas y contrarréplicas, siempre dentro las páginas de Continuum. Por momentos, las respuestas de Papadopulos dan la impresión de que estuviera dándole una lección de virología a un alumno no muy dotado, al punto de tener que de explicarle las propiedades de los virus. Por su lado, Duesberg extrema las muestras de cortesía: “Me siento honrado por las profundas y apasionadas reacciones Hodgkinson, Lanka y Papadopulos-Eleopulos a mi carta sobre la existencia o no existencia del HIV”, pero sin dejar de señalarles que están equivocados:

Contrariamente a la consigna de Papadopulos et al. «No aislamiento, no clonación», la clonación es aislamiento, y es de hecho el más riguroso aislamiento que la ciencia puede ofrecer para los retrovirus.
La segunda réplica de Duesberg culmina con este dramático llamado a la razón, que más bien suena a queja:
Me parece trágico que más del 99 % de los investigadores estudien un virus que no causa el SIDA, y que los pocos que no lo hacemos estemos ahora ocupados en un debate sobre la existencia de un virus que no causa el SIDA.
De cualquier manera, el grupo de Perth y Lanka no se dejaron ablandar, y al final no le otorgaron el premio a Duesberg. Lo que por otra parte, era de esperarse, dadas las condiciones exigidas, y por mucho que el virus, indiferente a todas estas polémicas, siga creciendo en los laboratorios y su código genético sea secuenciado una y otra vez. Como ya había sido claramente advertido por King, dichas condiciones son “simplemente irrazonables” (descripción que quizás convenga también a Papadopulos, su grupo y Lanka).
Una respuesta final a Duesberg estuvo a cargo de Stefan Lanka. Este es uno de los más radicales de los herejes, y se ha caracterizado por su antipatía sin concesiones (que en ocasiones raya en lo patológico) hacia los retrovirólogos. En su artículo–respuesta Rethinking HIV – Collective Fallacy (Continuum Sept./Oct. 1996) el pobre Duesberg queda mal parado ya a partir de un epígrafe harto ilustrativo:

He aquí un tremendo ejemplo de cómo un distinguido académico que contribuyó mucho al adelanto de la ciencia, luego impide nuevos adelantos con su terca adhesión a un dogma de su propia creación [...]
Johan Wolfgang von Goethe, Maximen und Reflexionen, Textstelle 586.
En el resto del texto no se le trata mucho mejor: habla de que “se ha dejado embaucar”, menciona su “falta de rigor intelectual”, su “celo retrovirológico” (???), lo trata de “bienintencionado y crédulo”. Todo lo cual resulta bastante fuerte, por no decir ofensivo, en especial dentro del marco de un supuesto debate “científico”.
Como ya se mencionó antes, otras organizaciones se han sumado a la propuesta inicial de Continuum, de modo que ahora el reto es internacional: la ya mencionada Asociación C.O.B.R.A., el MuM (Alemania), el ASI–NO–SIDA (Colombia), la TAPS (Brasil), la HERETES (República Checa); con lo que el monto del premio se ha incrementado sustancialmente. Pero hay que recordar aquí que en realidad no arriesgan demasiado (o mejor dicho, nada), pues las condiciones impuestas hacen prácticamente imposible que alguien lo reclame, así estas no tengan el más mínimo apoyo documental (pues las llamadas guías del Instituto Pasteur simplemente no existen como tales). C.O.B.R.A. incluso impone unas condiciones aún mas absurdas y menos probatorias, al parecer inventadas por el mismo Lanka. Contra ese riesgo mínimo obtienen un arma propagandística poderosísima: nadie reclama el premio porque nadie puede probar que el virus existe (aunque se les olvida aclarar “como nosotros queremos...”).

La polémica volvió a reavivarse una vez más en el encuentro de Bucaramanga de 1997. En esa oportunidad, Duesberg y Stefan Lanka sostuvieron un prolongado encuentro verbal tras una conferencia de este último (que, naturalmente, versaba sobre la inexistencia del HIV) que ocasionó “preocupación” entre muchos de los asistentes. Que este intercambio de opiniones no debe haber transcurrido precisamente dentro de las más depuradas reglas académicas lo demuestra la descripción incidental que del mismo hace el redactor de la omnipresente Asociación C.O.B.R.A., cuando se refiere a “la preocupación que este choque produjo, manifestada oralmente por unas personas y simplemente con la expresión de sus caras por otras muchas”. Y uno no puede menos que compadecer al pobre Duesberg: después de ser el que inició la lucha, y de haber dejado en ella su prestigio académico y la consideración de sus colegas (en un artículo se menciona que “ha sido privado de su influencia en su Departamento, y ha sido colocado a cargo de tareas como organizar el picnic anual”), al final viene a resultar que algunos de sus compañeros de herejía lo vienen a considerar, en el mejor de los casos, como un tonto o un terco dogmático, y en el peor, una especie de compinche de Robert Gallo y de los perversos retrovirólogos...

Al otro extremo

Como era de esperarse, todo este apasionante debate no podía pasar desapercibido así como así para cierta gente sagaz. Y esa gente sagaz se presentó enseguida; me refiero a los manipuladores de energías ignotas, a los vendedores de cartílago de tiburón, de melanotonina, de hierbas chinas y de otras inutilidades por el estilo, detractores a ultranza de la medicina “oficial”. En pocas palabras, a los partidarios de las “medicinas alternativas”.
Por supuesto, para los practicantes de las terapias complementarias de cualquier pelaje, el repetido reclamo de Duesberg sobre que el AZT es “SIDA por prescripción” no podía dejar de sonar como música celestial para sus oídos, siempre atentos según acostumbran a cualquier rumor que les permita atacar a la agonizante y malsana medicina “oficial”. Y la postura extrema de los negadores de la existencia del HIV no pudo venirles mejor: la medicina “oficial” no solo suministra medicamentos que matan en vez de curar, sino que ni siquiera existe aquello contra lo que se indican. ¿Acaso es concebible mayor perversidad?

Aclaremos: la mayor parte de los “herejes del SIDA” son individuos cuyos referencias académicas son intachables; ahí encontramos a un Harvey Bialy, a un Walter Gilbert, a un Peter Duesberg, incluso a un Kary Mullis, y a muchas decenas más. Ya se han mencionado los antecedentes de Peter Duesberg: de haber continuado en su línea de investigación, muy probablemente habría terminado por recibir el premio Nobel. Esto no implica que no puedan estar equivocados (y de hecho, todo parece indicar, lamentablemente para ellos, que lo están). Pero también encontramos otra clase de gente, incluyendo autodenominados “expertos” que no son tales, e individuos disfrazados de “herejes del SIDA” que en realidad son herejes respecto cualquier forma de pensamiento racional y organizado.

Naturalmente, la presencia en el debate de está clase de elementos no favorece en nada la repetida solicitud de los heréticos “ortodoxos” de que la comunidad científica inicie una discusión crítica respecto al rol del HIV en el SIDA; en todo caso, lo que hace es desnaturalizarlo. Por continuidad se asimilan los argumentos (buenos o malos) de los “herejes” a las especulaciones perfectamente gratuitas del gremio de los alternativos. Por supuesto, los heréticos ganan un foro para sus ideas (dada la repercusión desmedida que tienen en los medios de comunicación las ridiculeces paracientíficas) pero pierden credibilidad ante la comunidad científica y ante el público bien informado.

Veamos algunos ejemplos de estos discutibles “herejes”.

El Dr. Heinrich Kremer se nos presenta como “exdirector médico de una clínica de drogodependencia”, posición de la que hubo de dimitir debido a sus puntos de vista sobre el SIDA (por supuesto). Pues bien, el Dr. Kremer tiene algunas cosas interesantes que contarnos. Ha descubierto que el SIDA es ocasionado por la lesión mitocondrial que produce el uso del Trimetropim–sulfametoxasol o cotrimazol, combinación de antimicrobianos de amplísimo uso a nivel mundial (sus componentes inhiben pasos sucesivos del metabolismo del ácido fólico). Demás está decirlo, el apoyo documental a esta brillante observación es inexistente (por lo visto, es algo que simplemente se le ocurrió). Por supuesto, los homosexuales comenzaron a tomarlo consuetudinariamente y sus mitocondrias se dañaron, por lo que terminaron enfermando. A partir de aquí el buen Dr. Kremer desarrolla la típica teoría conspiranoica: desde altas instancias gubernamentales y de la industria farmacéutica se decidió inventar la Operación SIDA para ocultar la verdad; según parece, en la génesis de esta operación estuvo implicado nada menos que el entonces vicepresidente de los Estados Unidos, George Bush. Por lo visto, este solo fue el inicio, pues posteriormente alguien decidió seguir sacándole provecho a la situación y comenzaron a aparecer los dañinos antirretrovirales. ¿Y que hay respecto a los hemofílicos? Ellos no toman cotrimazol rutinariamente, y por lo tanto, no deberían enfermar ¿No?. Pero el Dr. Kremer también tiene su respuesta a mano: es porque recibieron sangre con proteínas contaminadas. ¿Con que se contaminaron? Pues eso no se sabe (presuntamente no fue con el HIV). Debemos señalar aquí que los “argumentos” del Dr. Heinrich Kremer no son más que una burda simplificación de los de Duesberg. Pero aún hay más: después de darnos todas estas razones “científicas”, y antes de que la depresión ocasionada por el conocimiento de verdades tan sorprendentes nos induzca al suicidio preventivo, el Dr. Kremer nos ofrece una luz de esperanza: en lugar de los nocivos inhibidores artificiales de las proteasas, se deben tomar productos que ayuden a recuperar el funcionamiento correcto de las mitocondrias como la coenzima Q-10 y Padma-28 (un producto de la fitoterapia tibetana); también resultan útiles el condritimsulfato y el agar (no faltaba más). Por no hablar de la melanotonina. De paso, hay que mencionar que Kremer es uno de los fundadores de REGIMED y asesor “científico” de C.O.B.R.A.

Tomemos también el ejemplo de uno de los heréticos más radicales, el belicoso Stefan Lanka, quien siempre se nos presenta como virólogo y genetista alemán, portavoz de REGIMED (Research Group in Investigative Medicine and journalism) y del MuM; al Dr Lanka sus credenciales académicas parecen aportarle, hasta cierto punto, alguna autoridad. Sin embargo, existen ciertos detalles que inducen precozmente a la duda, como el hecho de que también asesore al funambulesco grupo catalán C.O.B.R.A. (otro más; ¿qué será lo que los induce a juntarse?). Y he aquí que de pronto nos enteramos que el Dr. Lanka afirma que la ingeniería genética produce daños masivos en medicina, incluyendo en esto en esto el uso de insulina recombinante (??), así como en la agricultura y la ganadería (???), qué los antibióticos dañan la actividad celular y la formación de la energía y del material genético (????) y que no existen los virus de las Hepatitis B y C (?????). Semejante colección de insensateces echa por tierra cualquier credibilidad que pudiéramos atribuirle a este “investigador”, y más aún si se tiene en cuenta que las expresó en una serie de conferencias patrocinadas (cuando no) por la Asociación C.O.B.R.A., y apoyadas por una larga retahíla de centros de terapias alternativas y establecimientos por el estilo (entre los que se incluyeron, vaya a saber por que, varios restaurantes vegetarianos). Eso sí, Stefan Lanka no pierde oportunidad de proclamarse, cada vez que tiene oportunidad, como descubridor del virus Ectocarpus silicosus . Y de paso, nos recomienda también ese excelente producto tibetano que se comercializa en Suiza, el Patma-28.

Otros no intentan ni siquiera escudarse tras credenciales académicas mas o menos “convencionales” (como Lanka con su virus). El personaje más ilustrativo de esta tendencia es el archiconocido Dr. Ryke Geerd Hamer, autor de la imaginaria y celebradísima (por sus creyentes) “Ley de Hierro del Cáncer”, descubridor de los no menos imaginarios Focos de Hamer y del Síndrome Dirk Hamer, y actualmente en prisión por infracciones a la Ley de la práctica médica. No es este el lugar para detallar las extensas y enrevesadas ideas de Hamer sobre el SIDA, que no son otra cosa que una heterogénea mezcla de reinterpretaciones y plagios de los argumentos de Duesberg con la Ley de Hierro. Según parece, Hamer considera que el SIDA es conflicto de desvalorización consigo mismo, ocasionado por el diagnóstico de un paciente como seropositivo (“¡sólo se convierte en víctima del S.I.D.A. quien sabe que es seropositivo o cree serlo!” – afirma). Por lo visto, Hamer es el que ha ido más lejos al plantearse la etiología del SIDA; la causa no es un virus, sino el mismo diagnóstico (bueno, pero esto no es tampoco original; el grupo de Reppraising AIDS ya había hablado del “terror psicosomático inspirado por un diagnóstico de seropositividad al HIV”). Mas tarde, la perversa medicina oficial se encargará de liquidar al paciente por medio de sus pócimas nocivas (idea, por otra parte, nada nueva entre los devotos del alternativismo). ¿Qué tratamiento ofrece Hamer? Por supuesto, la “Nueva Medicina”, inventada por él mismo. ¿No suena todo esto conocido?

La “ayuda” de estos supuestos herejes no hace sino caricaturizar la postura de los auténticos disidentes. Y es de prever que a corto plazo, de mantenerse la tendencia actual, lleguen incluso a convertirse en mayoría. Con lo que algo que comenzó como una lucha por un debate científico abierto terminará por convertirse en uno más de los grandes mitos de las pseudomedicinas.

Conclusión

¿Existe alguna posibilidad de que Peter Duesberg y los demás herejes estén en lo cierto cuando afirman que la “hipótesis” HIV/SIDA es errónea? Es muy dudoso. La evidencia acumulada tras dieciocho años de investigaciones está, en general, en contra de esa posición.
La evidencia epidemiológica respalda con mucha más fuerza la etiología infecciosa que la tóxica; para hacer encajar a esta última hay que apelar a argumentos forzados, como ocurre con las diferentes “soluciones” que se ofrecen para cada grupo de riesgo en particular: los homosexuales por los nitritos de amilo, los drogadictos intravenosos por el abuso de fármacos, los hemofílicos por la inmunosupresión por las transfusiones, el SIDA infantil por las madres adictas... Y lo peor es que ninguna de estas propuestas se sustenta cuando se estudian en profundidad, empezando por su inconsistencia epidemiológica.

El hecho es que aparece una nueva enfermedad, y poco después se descubre un virus completamente nuevo. El virus solo afecta al 0,3 % de la población, pero dentro de ese mínimo porcentaje se encuentran todos los casos que muestran un patrón inmunológico y un espectro clínico característicos. El virus se aísla, se cultiva, se clona y se secuencia; tres laboratoristas se inoculan accidentalmente con él y enferman. La enfermedad se transmite por vía sanguínea, pero solo si el donante está infectado por el virus. Mujeres heterosexuales sin ningún factor de riesgo tóxico enferman al mantener relaciones sexuales con un infectado. Hijos de madres con infección por el virus desarrollan también la enfermedad.

¿Errores y fallas en la posición “oficial”? Muchísimos, sin duda. Empezando por la forma en que se dio a conocer el supuesto descubrimiento del virus por Gallo, en una aparatosa rueda de prensa, sin dar lugar a que otros investigadores contrastaran previamente los hallazgos o que los sometieran a revisión crítica. Por no hablar de las absurdas expectativas que se crearon tras este anuncio, haciendo parecer que una vacuna o una cura estaban prácticamente al alcance de la mano. También la apresurada aprobación del AZT sin un adecuado respaldo experimental, quizás como un modo de intentar demostrar que al fin y al cabo se estaba haciendo algo y cediendo a la presión del momento.

Pero nada de esto influye particularmente para que Duesberg tenga que tener razón. Solo demuestra que los hombres de ciencia son falibles (cosa sabida desde hace mucho) y en especial cuando comienzan a hacer “ciencia” en base a consideraciones políticas o de relaciones públicas.
La posición de los “heréticos” trasciende el mero debate científico o académico. Nadie puede criticar que se exija un controversia abierto sobre cualquier tema, pero existen peligros muy reales en este caso en particular. Decir que el SIDA no es una enfermedad infecciosa o que el HIV no existe puede echar por tierra todos los esfuerzos de prevención y crear una falsa sensación de seguridad. Y el precio a pagar sería muy alto.

Faltarían sin duda muchas cosas que decir. No falta quien afirme (sin el mas mínimo apoyo documental) que el HIV fue diseñado en un laboratorio durante la guerra fría, con la finalidad de servir de arma biológica. O que es un castigo divino a las prácticas homosexuales y demás conductas pecaminosas. El SIDA da para todo, en especial si se es devoto de las teorías conspiranoicas y se carece de algunos conocimientos elementales sobre el tema. Es indudable que existe gente capaz de creer en ideas tan absurdas como estas, como es capaz de creer en las fantasías de los ovnis, en el biorritmo y en las pirámides. Pero ese es ya otro tema.




Ursssukoy
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Re: La construcción del mito del SIDA

Mensaje por Ursssukoy el Miér Dic 22, 2010 8:40 pm


2. Hablar del virus VIH es un contrasentido tan grande que, en realidad, hasta los que defienden su existencia lo que dicen es que se trata de algo distinto, un retrovirus, no un virus.

Te has equivocado..... Podemos clasificar los virus en dos tipos, los que su información genética esta codificada en el "Ácido desoxirribonucleico" mas conocido como ADN, y los virus los cuales su información genética esta codificada en Ácido ribonucleico mas conocido como ARN, estos últimos se conocen como Retrovirus, pero no dejan de ser virus.



3. Desde hace 100 años un conocido microbiólogo alemán llamado Koch estableció los postulados para decir cuándo un determinado virus (o retrovirus en su caso) se puede determinar que es la causa de una determinada enfermedad. Como en el caso del SIDA eso no se ha demostrado, lo que han hecho es tirar por la borda los postulados de Koch porque dicen que están obsoletos. Si consultas un manual de virología actualizado verás que nunca hablan de los postulados de Koch, pero si consultas uno "anticuado" previo a la paranoia del SIDA verás que hablan del asunto. Por ejemplo, el de Savador Luria: Virología general, Editorial Omega, Barcelona, 1977, página 18.

Los Postulados de Koch

En el siglo XIX, el científico alemán Robert Koch desarrolló un conjunto de cuatro “postulados” para guiar a la gente que trataba de probar que un microbio causaba una enfermedad. Los científicos están de acuerdo en decir que si el VIH satisface todas estas condiciones con respecto al SIDA, entonces debe ser la causa del SIDA:15

Koch 1: El microbio debe ser encontrado en todas las personas con la enfermedad
Koch 2: El microbio debe ser aislado de alguien que tenga la enfermedad y debe poder amplificarse puro en cultivo
Koch 3: El microbio debe causar la enfermedad cuando es introducido a una persona sana
Koch 4: El microbio debe ser reaislado de la persona infectada
Otras evidencias

El mismo Koch reconoció que en algunos casos no se podía cumplir con todas estas condiciones, por lo que otro tipo de evidencias también debían ser consideradas. Esto es particularmente cierto cuando el microbio es un virus y no una bacteria.16 Los científicos modernos están dispuestos a considerar una amplia gama de evidencias. En particular, nos podemos hacer cinco preguntas:

¿Las estadísticas de vigilancia epidemiológica muestran una relación entre el VIH y el SIDA?
¿Qué tan bien predice el VIH la progresión de la enfermedad y la muerte?
¿Los fármacos diseñados para combatir al VIH benefician a la gente con SIDA?
¿Existen otras causas creíbles además del VIH?
¿Qué podemos aprender de África?
Consideraremos estas cuestiones después de haber analizado los Postulados de Koch.

Koch 1: El microbio debe ser encontrado en todas las personas con la enfermedad

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (Centers for Disease Control and Prevention (CDC)) de Estados Unidos definen una condición llamada linfocitopenia idiopática de células T CD4+, abreviada ICL. Una persona es diagnosticada con ICL si tiene un conteo de T CD4+ por debajo de 300 células por milímetro cúbico o 20% de todos sus linfocitos T en al menos dos ocasiones, pero no tienen infección con VIH detectable ni ninguna otra causa de deficiencia inmune (como terapia anti-cáncer). Como lo han señalado muchos disidentes, esto es esencialmente una definición de “SIDA sin VIH”. Así que ¿qué tan común es esta condición?

En 1993, un grupo de trabajo del CDC publicó los resultados de una revisión exhaustiva de ICL en los Estados Unidos. Revisaron 230,179 casos semejantes a SIDA reportados desde 1983 e identificaron 47 pacientes con ICL (más 127 casos inciertos). Todas las demás personas con SIDA que habían recibido una prueba de VIH tuvieron un resultado positivo. Además, el equipo investigó de cerca los casos de ICL y descubrió que no correspondían al perfil típico de SIDA. Eran 29 hombres y 18 mujeres y 39 de ellos eran blancos (4 más eran de origen asiático). En 29 casos, los investigadores no pudieron encajar a las personas en los grupos de alto riesgo convencionales para SIDA (hombres homosexuales, hemofílicos, usuarios de drogas intravenosas y las parejas sexuales de dichos grupos). Lo que sea que estos 47 casos representan, no parecen ser típicos de la epidemia masiva en la cual estamos interesados.17

Los resultados de la revisión de ICL son respaldados por estudios de monitoreo extensivos, incluyendo el “Multicenter AIDS Cohort Study” (Cohorte de Estudio Multicéntrico de SIDA) o MACS. Durante el MACS, los científicos monitorearon la salud de 2,713 hombres homosexuales y bisexuales negativos para anticuerpos de VIH. A lo largo de varios años, sólo uno de estos hombres tuvo conteos persistentemente bajos de células T CD4+ y estaba sometiéndose a una terapia anti-cáncer diseñada para debilitar su sistema inmune. Se han encontrado resultados similares entre donadores de sangre, receptores de sangre y productos sanguíneos, usuarios de drogas intravenosas y otros grupos: la inmunodeficiencia severa es virtualmente inexistente en aquellos que son negativos para una prueba de VIH.18

Como lo ha señalado el Dr. Duesberg, mucha gente (sobre todo en los primeros años de la década de los ochentas) ha sido diagnosticada con SIDA en los Estados Unidos a pesar de nunca haberse realizado una prueba de VIH, y nadie sabe si estas personas eran VIH positivas o no. Sin embargo, basado en la muestra mucho mayor de personas que han sido probadas para VIH, el primer postulado de Koch ha sido claramente satisfecho. La única manera en la que los disidentes han podido encontrar un número significativo de pacientes de “SIDA sin VIH” ha sido usando definiciones mucho más laxas de SIDA. Tales definiciones incluyen muchas personas con inmunodeficiencias menos severas, que generalmente no son fatales.19 20

¿Y que hay de los resultados falsos positivos?

El diagnóstico de una infección usando una prueba para detectar anticuerpos es uno de los conceptos mejor establecidos en medicina. La Organización Mundial de la Salud y los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos están de acuerdo en que las pruebas modernas de detección de VIH son extremadamente fiables y son incluso más precisas que las pruebas para la mayoría de las otras enfermedades infecciosas.21 22

Sin embargo, algunos disidentes han intentado desechar la asociación entre SIDA y VIH afirmando que muchos de aquellos que resultan positivos no están realmente infectados con el VIH. En particular Christine Johnson ha enumerado docenas de condiciones en las que se han reportado reacciones de falsos positivos en al menos una ocasión (bajo condiciones particulares y usando kits particulares de detección).23

Es cierto que ninguna prueba es perfecta. Sin embargo, lo que los disidentes usualmente no mencionan es lo raros que han sido los reportes de falsos positivos, especialmente en años recientes. Tampoco mencionan que cada persona que utiliza un kit ha sido entrenada para detectar los signos reveladores de un resultado sospechoso, y para continuar haciendo pruebas usando varios métodos hasta que no quede ninguna duda. Las condiciones que causan falsos positivos no sólo son muy poco comunes sino que además son de corta duración, mientras que la infección con VIH se mantiene.24 25

La teoría disidente no puede explicar de forma satisfactoria por qué es que los científicos han podido usar varias técnicas para detectar el virus en sí mismo en virtualmente todas las personas con SIDA, así como en la mayoría de las personas que tienen pruebas positivas para anticuerpos, como se explica en la siguiente sección. Estos métodos (incluyendo PCR de ADN, PCR de ARN y cultivo viral) no son afectados por ninguno de los factores que se dice pueden producir falsos positivos en las pruebas de anticuerpos.

La teoría alternativa tampoco puede explicar por completo cómo es que la asociación entre el SIDA y las pruebas de anticuerpos es tan excepcionalmente fuerte: virtualmente todas las personas que tienen SIDA son positivas en las pruebas de VIH, mientras que más del 99% del público de los Estados Unidos es negativo. Además no pueden explicar por qué es que la proporción de personas positivas para VIH se ha incrementado de forma tan dramática en el tiempo. Por ejemplo, la proporción de mujeres de Sudáfrica positivas para VIH en sondeos prenatales anuales se incrementó de 0.8% en 1990 a 10.4% en 1995, 24.5% en 2000 y 29.5% en 2004. La distribución de edad de estos datos es similar a la de otras infecciones transmitidas sexualmente.26

Koch 2: El microbio debe ser aislado de alguien que tenga la enfermedad y debe poder amplificarse en cultivo puro

Koch requería que el microbio fuera aislado de todo el material que pudiera posiblemente causar la enfermedad, para que su tercer y cuarto postulados pudieran ser probados adecuadamente.

En mayo de 1983, Luc Montagnier y sus colegas en Francia reportaron el aislamiento de un virus que llamaron LAV, que infectaba y mataba a células T CD4+. Un año después, el estadounidense Robert Gallo anunció que había aislado un virus llamado HTLV-III y encontrado una manera de cultivarlo. Más tarde se descubrió que los dos virus eran genéticamente indistinguibles y fueron rebautizados VIH.27

Los investigadores han podido aislar y cultivar el VIH de la mayoría de los pacientes con SIDA que han examinado (así como de muchos otros pacientes con anticuerpos anti-VIH).28 Han aislado el virus de células de la sangre, plasma de la sangre, ganglios linfáticos, semen, fluidos vaginales, fluidos amnióticos, médula ósea, cerebro, fluido cefalorraquídeo, intestinos, leche materna, saliva y orina y han podido cultivarlo en varios tipos de células.29 Las imágenes tomadas usando el microscopio electrónico y otras técnicas han mostrado partículas semejantes a virus que tienen el tamaño, la forma, la estructura, la densidad, las proteínas y el comportamiento que se espera de un retrovirus.30 31

Las técnicas desarrolladas a mediados de los noventas han vuelto mucho más simple la extracción y la secuenciación del material genético completo (genoma) de un virus aislado.32 33 La base de datos de Los Álamos contiene hoy cientos de genomas completos de VIH de alrededor del mundo, cada uno conteniendo los mismos nueve genes.34 Basándose en las similitudes y diferencias genéticas, estas secuencias han sido utilizadas para definir árboles genealógicos de los tipos, grupos y subtipos del VIH así como híbridos llamados formas recombinantes.35

Se han detectado genomas totales o parciales del VIH en numerosos pacientes con SIDA, utilizando técnicas llamadas PCR (la misma tecnología que se usa para buscar evidencia de ADN con la cual condenar a asesinos o resolver una disputa sobre la paternidad, así como detectar a los microbios que causan hepatitis, tuberculosis y otras enfermedades). Casi todas las personas positivas para el material genético del VIH lo son también para anticuerpos anti-VIH y viceversa, mientras que aquéllos que son negativos para una de las dos, también lo son para la otra.36 Las personas que han sido expuestas a la misma fuente de infección contienen cepas de VIH genéticamente muy similares, lo suficientemente similares como para ser usadas en condenas en la corte.37

Los científicos han utilizado una técnica estándar de la ciencia genética llamada clonación molecular para obtener VIH altamente purificado. El material genético que se extrae utilizando PCR u otras técnicas ha sido introducido en bacterias u otras células (usualmente utilizando fagos o plásmidos), que producen entonces muchas copias exactas (clones) de los genes virales. Si los genomas virales clonados son insertados (transfectados) en células humanas pueden entonces producir una nueva generación de partículas de VIH infecciosas que están libres de contaminantes.38

Virtualmente todos los expertos están de acuerdo en decir que el VIH ha sido aislado de acuerdo con los estándares más rigurosos de la virología moderna, lo cual quiere decir que el segundo postulado de Koch ha sido claramente satisfecho.

¿Y que hay con el Grupo Perth?

Una pequeña banda de científicos y médicos australianos afirman que el VIH nunca ha sido correctamente aislado. El Grupo Perth nunca ha dicho que el VIH no existe, sino más bien que nunca se ha probado de forma concluyente que el VIH existe. No confían en ninguna de las pruebas de detección de VIH, porque no han sido verificadas utilizando su “estándar de oro” de virus aislado. El grupo utiliza el argumento del aislamiento del virus para desechar todo tipo de evidencia de que el VIH causa el SIDA.39

Virtualmente todos los virólogos consideran que las condiciones del Grupo Perth son innecesarias. Dicen que nadie nunca ha utilizado tales reglas para aislar ningún tipo de virus y que las otras técnicas son mucho más efectivas. De acuerdo con las reglas del Grupo Perth, nunca nadie ha aislado o probado la existencia de los virus causantes de la viruela, la influenza, el sarampión, las paperas y la fiebre amarilla.

Los expertos sostienen que las reglas del Grupo son irracionalmente demandantes e imposibles de satisfacer por completo, a pesar de que sus requerimientos principales ya han sido satisfechos.40 41 El Dr. Duesberg es uno de aquellos que ha intentado en vano de persuadir al Grupo Perth que el VIH definitivamente existe y que ha sido aislado usando los métodos más rigurosos disponibles.42 43 44 Ninguno de los del Grupo Perth tiene preparación en virología o investigación en SIDA.

Koch 3 y 4: El microbio debe causar la enfermedad cuando es introducido a una persona sana y el microbio debe ser reaislado de la persona infectada

El tercer y cuarto postulados son mucho más difíciles de probar. No es considerado ético el infectar deliberadamente a alguien con VIH puro, por lo que tal experimento jamás ha sido llevado a cabo. Sin embargo, la transmisión no tiene por qué ser deliberada.

Ha habido tres reportes de trabajadores de laboratorio que han desarrollado la inmunodeficiencia después de haberse expuesto accidentalmente al VIH clonado y purificado. Como se mencionó mas arriba, este virus clonado está libre de todo contaminante de la fuente original. Ninguna de estas personas encajaba dentro de los grupos de riesgo convencionales para la enfermedad. En cada caso, el VIH fue reaislado del individuo y por secuenciación genética, se encontró que era la misma cepa a la que habían sido expuestos. Uno de estos trabajadores desarrolló PCP y tuvo una cuenta de T CD4+ menor a 50 células antes de comenzar un tratamiento antiretroviral.45

Sin embargo, tres ejemplos no forman una prueba totalmente concluyente, por lo que vale la pena buscar más evidencias.

Una línea de argumentación puede ser basada en experimentos en animales.46 En algunos estudios, los chimpancés deliberadamente infectados con VIH-1 han desarrollado condiciones semejantes a SIDA (aunque esto parece ser raro),47 mientras que el VIH-2 ha tenido el mismo efecto en babuinos.48 Los monos macacos han desarrollado SIDA después de haber sido infectados con un virus híbrido llamado SHIV, que contiene genes obtenidos del VIH.49 Y en ratones diseñados para tener un sistema inmune humano, el VIH produce el mismo patrón de enfermedad que en los humanos.50

Si estuviéramos preparados para doblar las reglas un poquito más, podemos tomar en cuenta las personas que han sido infectadas con VIH no purificado. Estos casos al menos sugieren que el SIDA es infeccioso, aunque no descartan la posibilidad de que más de un microbio esté involucrado.

Los científicos han documentado numerosos casos de personas que desarrollan SIDA después de haber sido infectados por el VIH como resultado de transfusiones de sangre, uso de drogas, transmisión materno-fetal, exposición ocupacional y transmisión sexual. En tales casos, han registrado el desarrollo de anticuerpos anti-VIH (seroconversión) utilizando una serie de pruebas de sangre, antes de la progresión a SIDA. La seroconversión muchas veces se acompaña de una enfermedad poco severa semejante a una gripa o de ganglios inflamados.51

Hasta la mitad de los noventas, nadie afirmaba que el VIH había satisfecho los últimos dos postulados de Koch. Incluso hoy en día las pruebas no son perfectas. Pero la mayoría de los científicos piensan que la evidencia es hoy lo suficientemente fuerte como para despejar cualquier duda razonable.52





Otra fuente:

Evidencia de que el VIH causa el SIDA
VIH cumple los postulados de Koch como la causa del SIDA.

Entre muchos criterios utilizados durante años para demostrar la supuesta relación entre patógenos (causantes de enfermedades) los agentes y la enfermedad, tal vez el más citados son los postulados de Koch, desarrollado en el siglo 19. los postulados de Koch han sido interpretados de diversas maneras por muchos científicos, y se han sugerido modificaciones para dar cabida a las nuevas tecnologías, en particular con respecto a los virus ( Endurecer . Pubbl Est. Zool Napoli [II] de 1992; 14:249; O'Brien, Goedert . Curr Opin Immunol 1996, 8:613). Sin embargo, los principios básicos siguen siendo los mismos, y para más de un siglo, los postulados de Koch, que se enumeran a continuación, han servido como prueba de fuego para determinar la causa de cualquier enfermedad epidémica:

asociación epidemiológica: la causa sospechosa debe estar fuertemente asociada con la enfermedad.
Aislamiento: el microorganismo sospechoso puede ser aislado - y propagado - fuera del huésped.
patogénesis de transmisión: la transferencia del patógeno se sospecha que un huésped infectado hombre, o animal, produce la enfermedad en ese host.
Con respecto a postular # 1, numerosos estudios de todo el mundo muestran que prácticamente todos los pacientes con SIDA son seropositivos al VIH, es decir que llevan los anticuerpos que indican infección por el VIH. Con respecto a postular # 2, las técnicas modernas de cultivo han permitido el aislamiento del VIH en prácticamente todos los pacientes con SIDA, así como en casi todos los individuos seropositivos al VIH, tanto la enfermedad a principios y finales de etapa. Además, la cadena de la polimerasa (PCR) y otras técnicas moleculares sofisticadas han permitido a los investigadores para documentar la presencia de genes del VIH en prácticamente todos los pacientes con SIDA, así como en individuos en etapas tempranas de la enfermedad del VIH.

Postulado # 3 se ha cumplido en los incidentes trágicos que afectaron a tres trabajadores de laboratorio, sin otros factores de riesgo que han desarrollado el SIDA o inmunosupresión severa después de la exposición accidental a la concentración, clonado el VIH en el laboratorio. En los tres casos, el VIH se aisló de la persona infectada, secuenciado y se demostró que la cepa infectante del virus. En otro trágico incidente, la transmisión del VIH de un dentista de Florida a seis pacientes ha sido documentada por los análisis genéticos del virus aislado en tanto que el dentista y los pacientes. El dentista y tres de los pacientes con sida y murió, y al menos uno de los otros pacientes se ha desarrollado el SIDA. Cinco de los pacientes no tenían factores de riesgo de VIH que no sean múltiples visitas al dentista para procedimientos invasivos ( O'Brien, Goedert . Curr Opin Immunol 1996; 8:613; O'Brien, 1997; Ciesielski . et al Ann Intern Med 1994; 121:886).

Además, hasta diciembre de 1999, el CDC había recibido informes de 56 trabajadores de atención de salud en los Estados Unidos con documentada, infección por VIH adquirida ocupacionalmente, de los cuales 25 han desarrollado el SIDA en ausencia de otros factores de riesgo. El desarrollo del SIDA conocidos siguientes seroconversión del VIH también ha sido repetidamente observadas en adultos casos de transfusión de sangre y pediátricos, en la madre al niño de transmisión, y en los estudios de la hemofilia,-el uso de drogas por inyección y de transmisión sexual en la que la seroconversión se puede documentar el uso de serie muestras de sangre ( CDC . Vigilancia de VIH / SIDA Informe de 1999, 11 [2]: 1; SIDA Knowledge Base, 1999). Por ejemplo, en un estudio de 10 años en los Países Bajos, investigadores dieron seguimiento a 11 niños que se habían infectado con el VIH en recién nacidos por pequeñas alícuotas de plasma de un infectadas por el VIH solo donante. Durante el período de 10 años, ocho de los niños murieron de SIDA. De los otros tres hijos, todos mostraron una disminución progresiva de la inmunidad celular, y dos de los tres tenía síntomas de estar relacionada con la infección por el VIH ( van den Berg et al. Acta Paediatr 1994; 83:17).

Los postulados de Koch también se han cumplido en modelos animales de SIDA humano. Los chimpancés infectados experimentalmente con el VIH han desarrollado inmunodepresión grave y el SIDA. En la inmunodeficiencia combinada severa (SCID), los ratones que recibieron un sistema inmune humano, el VIH produce patrones similares de muerte celular y la patogénesis como se ve en las personas. VIH-2, una variante menos virulenta del VIH que causa el SIDA en las personas, también causa un síndrome similar al sida en los babuinos. Más de una docena de cepas del virus de inmunodeficiencia simia (SIV), un primo cercano del VIH, la causa del SIDA en macacos asiáticos. Además, los virus quimérico conocido como SHIVs, que contienen una columna vertebral SIV con varios genes del VIH en el lugar de los correspondientes genes SIV, la causa del SIDA en macacos. Fortalecer aún más la asociación de estos virus con el SIDA, los investigadores han demostrado que SIV / SHIVs aisladas de animales con causa el SIDA SIDA cuando se transmiten a los animales no infectados ( O'Neilet al. Infect Dis J 2000; 182:1051; Aldrovandi et al. Naturaleza 1993; 363:732; Liska et al. Res Hum retrovirus del SIDA de 1999; 15:445; Locher et al. Laboratorio de Patología Arch Med 1998; 22:523 ; Hirsch al. et Virus Res 1994; 32:183; JOAG al. et J Virol 1996; 70:3189).



4
. Desde que Peyton Rous descubrió los retrovirus en 1911 hasta 1972 en que se celebró un simposio internacional en el Instituto Pasteur de París, el concepto de retrovirus estaba previamente definido mediante una centrifugación hasta el equilibrio por gradientes de densidad ya que los retrovirus tienen una densidad característica y, por lo tanto, ese método es el mejor para aislarlos y purificarlos. Eso no se ha hecho con el VIH.


WESTERN BLOT

Es una discriminación de los antígenos del VIH frente a los que se dirigen los anticuerpos presentes en la muestra.
Básicamente se basa en la separación de las proteínas, antígenos obtenidas del VIH-1 procedentes del lisado del cultivo del virus y purificadas por centrifugación. La proteína viral así obtenida se coloca en un gel de poliacrilamida en forma de láminas delgadas y luego se efectúa una electroforesis con la que las proteínas de menor peso molecular, p17 y p24, emigran más lejos en el gel, mientras que las de mayor peso molecular se mantiene cerca de su lugar de depósito. Posteriormente, se transfieren a una tira de nitrocelulosa y se cortan en tiras de unos 5 mm de ancho. Estas son las tiras que se exponen al suero humano diluido, después de una incubación se lavan y se vuelven a incubar con una IgG antihumana marcada con una enzima que con la exposición a un revelador enzimático producirá una banda coloreada en las zonas correspondientes a los anticuerpos específicos que contenga la muestra
5. La primera vez que alguien dijo haber "descubierto" o sea, aislado, el VIH fueron Montagnier, Barre-Sinoussi y Chermann en un artículo publicado en 1983 en la revista "Science". Montagnier, Barre-Sinoussi y Chermann trabajaban en el Instituto Pasteur y estaban presentes en aquel simposio de 1972. Habían pasado sólo 11 años y donde dije digo... El artículo de 1983 no reúne ninguno de los requisitos acordados por ellos mismos en 1972. Por lo tanto, una de dos: o hay que cambiar las reglas de 1972 o no han demostrado la existencia del HIV. Montagnier ha reconocido públicamente no haber aislado nunca el VIH y también ha reconocido que el VIH no es capaz por si mismo de causar el SIDA sin la presencia de lo que califica de "factores coadyuvantes".



6. Sin embargo, los artículos más famosos sobre el "descubrimiento" del VIH son los que publicó al año siguiente Robert Gallo en el mismo medio, que han sido denunciados como falsos por cuatro investigaciones independientes.

Una cosa es que tu solo conozcas un articulo de Robert Gallo otra muy diferente es los que existen en realidad:

-National Institute of Allergy and Infectious Diseases (NIAID): Focus on the HIV-AIDS Connection

-AidsTruth.org

-AVERT.org: Evidence that HIV causes AIDS

-AEGiS: News and Views on AIDS Causality

-Aidsmap: Dissident views

-Series of articles published in Science magazine debunking dissident claims

-Enlace a texto del CDC The Evidence That HIV Causes AIDS

-The AIDS Heresies. A Case Study in Skepticism Taken Too Far. By Steven B. Harris, M.D. Skeptic Magazine

-http://www.niaid.nih.gov

-http://www.avert.org

-The Evidence That HIV Causes AIDS "Hoja de Hechos" del NIH explicando las razones por las que se piensa que el

-HIV causa el SIDA. Muy concisa. Recomiendo leerla tras haber estudiado primero los argumentos de los herejes.

-The AIDS Heretic Who Won't Die Nathan Crow expone los errores de los argumentos del libro de Duesberg "Inventing AIDS".

-The AIDS Heresies Estudio tan extenso como bien documentado de Steven B. Harris, en el que se pasa revista y se analizan casi todos los aspectos de la herejía del SIDA y las razones por las que los heréticos están equivocados. Absolutamente fundamental. Otras fuentes sobre el SIDAHIV | InSite | Home

-AIDS HIV AEGIS Información muy amplia sobre todos los aspectos del SIDA.

-The AIDS Heresies – A case Study in Skepticism Taken Too Far de Steven B. Harris

Uno MUY MUY importante: Declaración de Durban
En julio de 2000, más de 5.000 científicos firmaron una declaración, conocida como declaración de Durban,71 en respuesta a los negacionistas del sida, reafirmando el consenso científico de que el VIH es la causa del sida.


Y podría continuar.


7. La ciencia no conoce mayorías sino verdades y mentiras. En el mundo no hay una "mayoría" de científicos especializados en retrovirus; los que tratan el asunto no hacen sino aplaudir y seguir unas tesis que han nacido en Estados Unidos en la época de Reagan, auspiciadas por el CDC, un organismo que tuvo su origen en la Marina de Guerra de aquel país. Los demás hacen de palmeros y son tan crédulos como los que siguieron a pies juntillas la paranoia de la gripe "mexicana" (A/H1N1) en año pasado.

Este tipo de argumentos, es el que utiliza uno cuando ya no tiene pruebas científicas que puedan apoyar su argumento, lo único que le queda la des-calificación personal hacia los científicos. No aprotas pruebas simplemente ahora tachas que todo lo que digan ellos es falso.

Esto no es política es ciencia, el procesamiento del ácido ribonucleico mensajero sigue siendo el mismo, este en la casa blanca Reagan, bush obama o quien sea.





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