IV Congreso de la Internacional Comunista (cuestión sindical)

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    IV Congreso de la Internacional Comunista (cuestión sindical)

    Mensaje por Invitado el Miér Dic 15, 2010 11:43 am

    http://www.unionproletaria.net/spip.php?article370

    Tesis sobre la acción comunista en el movimiento sindical

    IV CONGRESO DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA (30 de noviembre - 5 de diciembre de 1922)


    I. SITUACIÓN DEL MOVIMIENTO SINDICAL

    1. En el curso de estos dos últimos años, caracterizados por la ofensiva universal del capital, el movimiento sindical se debilitó sensiblemente en todos los países. Salvo raras excepciones (Alemania, Austria), los sindicatos perdieron gran cantidad de afiliados. Este retroceso se explica por las vastas ofensivas de la burguesía y por la impotencia de los sindicatos reformistas no solamente en resolver la cuestión social sino también en resistir seriamente al ataque capitalista y defender los intereses más elementales de las masas obreras.

    2. Ante esta ofensiva capitalista por una parte, y esta colaboración de clases permanente por la otra, las masas obreras se decepcionan cada vez más. Esa es la causa no solamente de sus tentativas por crear nuevos agrupamientos sino también de la dispersión de un gran número de obreros conscientes que abandonan sus organizaciones. El sindicato dejó de ser para muchos un foco de agitación porque no supo, y en muchos casos no quiso, detener la ofensiva del capital y conservar las posiciones obtenidas. La esterilidad del reformismo se puso de manifiesto claramente en la práctica.

    3. El movimiento sindical posee, en todos los países, un carácter de inestabilidad básica. Grupos bastante numerosos de obreros se alejan de él mientras los reformistas continúan asiduamente su política de colaboración de clases, con el pretexto de “utilizar el capital en beneficio de los obreros”. En realidad, el capital continuó utilizando para sus fines a las organizaciones, haciéndolas cómplices del descenso del nivel de vida de las masas. El período transcurrido fortaleció sobre todo los vínculos que ya existían entre los gobiernos y los dirigentes reformistas, así como la subordinación de los intereses de la clase obrera a los de sus dirigentes.

    II. LA OFENSIVA DE AMSTERDAM CONTRA LOS SINDICATOS REVOLUCIONARIOS

    4. En el preciso momento en que cedían en toda la línea ante la presión burguesa, los dirigentes reformistas lanzaban su ofensiva contra los obreros revolucionarios. Viendo que su mala voluntad para organizar la resistencia contra el capital había provocado una profunda reacción en las masas obreras y resueltos a limpiar a las organizaciones de los gérmenes revolucionarios, emprendieron contra el movimiento sindical revolucionario una ofensiva tendiente a disgregar y desmoralizar a la minoría revolucionaria por todos los medios a su alcance, y a facilitar la consolidación del poder de clase vulnerado de la burguesía.

    5. Para conservar su autoridad, los dirigentes de la Internacional de Ámsterdam no vacilan en excluir no solamente a individuos y pequeños grupos sino a organizaciones enteras. Los jefes de Ámsterdam no quieren quedar en minoría y, en caso de amenaza de los elementos revolucionarios partidarios de la Internacional sindical roja y de la Internacional comunista, están decididos a provocar la escisión, con tal de poder de ese modo conservar su control sobre el aparato administrativo y los recursos materiales. Así procedieron los jefes de la CGT francesa. El mismo camino siguieron los reformistas de Checoslovaquia y los dirigentes de la Confederación nacional de los Sindicatos alemanes. Los intereses de la burguesía exigen la escisión del movimiento sindical.

    6. Al mismo tiempo que se desencadenaba la ofensiva reformista en los distintos países, las Federaciones internacionales adheridas a Ámsterdam expulsaban sistemáticamente o se negaban a admitir en su seno a las Federaciones nacionales revolucionarias. Los congresos internacionales del subsuelo, de los obreros textiles, de los empleados, de los obreros del cuero y pieles, de los trabajadores de la madera, de la construcción y de los PTT se negaron a admitir a los sindicatos rusos y a los demás sindicatos revolucionarios porque estos últimos pertenecían a la Internacional Sindical Roja.

    7. Esta campaña de los dirigentes de Ámsterdam contra los sindicatos revolucionarios es una expresión de la campaña del capital internacional contra la clase obrera. Persigue los mismos objetivos: consolidar el sistema capitalista sobre la miseria de las masas trabajadoras. El reformismo presiente su próximo fin y pretende, con ayuda de las expulsiones y de la escisión de los elementos más combativos, debilitar al máximo a la clase obrera e impedir que se adueñe del poder y de los medios de producción y de intercambio.

    III. LOS ANARQUISTAS Y LOS COMUNISTAS

    8. Simultáneamente fue lanzada una “ofensiva” muy similar a la de Ámsterdam por el ala anarquista del movimiento obrero contra la Internacional comunista, los partidos comunistas y las células comunistas de los sindicatos. Cierto número de organizaciones anarco-sindicalistas se declararon abiertamente hostiles a la Internacional Comunista y a la Revolución Rusa, pese a su solemne adhesión a la Internacional Comunista en 1920 y a sus muestras de simpatía al proletariado ruso y a la Revolución de Octubre. Así sucedió con los sindicatos italianos, los localistas alemanes, los anarcosindicalistas de Francia, de Holanda y de Suecia.

    9. En nombre de la autonomía sindical, ciertas organizaciones sindicalistas (Secretariado Obrero Nacional de Holanda, IWW, Unión sindical italiana, etc.) excluyen a los partidarios de la Internacional Sindical Roja en general y a los comunistas en particular. De ese modo, , es la divisa de autonomía, luego de haber sido archirevolucionaria, se ha convertido en anticomunista decir en contrarrevolucionaria, y coincide con la de Ámsterdam, que lleva a cabo la misma política bajo la bandera de la independencia, aunque para nadie sea un secreto que depende totalmente de la burguesía nacional e internacional.

    10. La acción de los anarquistas contra la Internacional Comunista, la Internacional Sindical Roja y la Revolución Rusa provocó la descomposición y la escisión en sus propias filas. Los mejores elementos obreros reaccionaron contra esta ideología. El anarquismo y el anarco-sindicalismo se escindieron en varios grupos y tendencias que sostienen una lucha encarnizada en favor o en contra de la internacional Sindical Roja, de la dictadura proletaria, de la Revolución Rusa.

    IV. NEUTRALISMO Y AUTONOMÍA

    11. La influencia de la burguesía sobre el proletariado se refleja en la teoría de la neutralidad según la cual los sindicatos deberían plantearse exclusivamente objetivos corporativos, estrictamente económicos y no de clase. El neutralismo siempre fue una doctrina puramente burguesa contra la cual el marxismo revolucionario lleva a cabo una lucha a muerte. Los sindicalistas que no se plantean ningún objetivo de clase, es decir que no apuntan al derrocamiento del sistema capitalista son, pese a su composición proletaria, los mejores defensores del orden y del régimen burgués.

    12. Este período del neutralismo siempre fue favorecido por el argumento de que los sindicatos obreros deben interesarse únicamente en los problemas económicos sin mezclarse en política. La burguesía siempre tiende a separar la política de la economía, comprendiendo perfectamente que si logra insertar a la clase obrera en el marco corporativo, ningún peligro serio amenaza su hegemonía.

    13. Esta misma delimitación entre economía y política es trazada también por los elementos anarquistas del movimiento sindical, para apartar al movimiento obrero de la vía política con el pretexto de que toda política está dirigida contra los trabajadores. Esta teoría, puramente burguesa en el fondo, es presentada a los obreros como la de la autonomía sindical, y se entiende a esta última como una oposición de los sindicatos al partido comunista y una declaración de guerra al movimiento obrero comunista.

    14. Esta lucha contra “la política y el partido político de la clase obrera” provoca un retraimiento del movimiento obrero y de las organizaciones obreras así como una campaña contra el comunismo, conciencia concentrada de la clase obrera. La autonomía en todas sus formas, ya sea anarquista y anarcosindicalista, es una doctrina anticomunista y debe oponérsele una decidida resistencia. Lo mejor que puede resultar de ella es una autonomía con relación al comunismo y un antagonismo entre sindicatos y partidos comunistas, o si no, una lucha encarnizada de los sindicatos contra el partido comunista, el comunismo y la revolución social.

    15. La teoría de la autonomía, tal como es expuesta por los anarcosindicalistas franceses, italianos y españoles, es, en suma, el grito de guerra del anarquismo contra el comunismo. Los comunistas deben llevar a cabo en el seno de los sindicatos una decisiva campaña contra esta maniobra que trata de encubrir, bajo la consigna de la autonomía, una trampa anarquista para dividir el movimiento obrero en sectores hostiles entre sí, para retrasar u obstaculizar el triunfo de la clase obrera.


    V. SINDICALISMO Y COMUNISMO

    16. Los anarcosindicalistas confunden sindicatos y sindicalismo presentando a su partido anarcosindicalista como la única organización realmente revolucionaria y capaz de llevar a cabo la acción de clase del proletariado. El sindicalismo, que constituye un inmenso progreso en relación con el trade-unionismo, presenta sin embargo numerosos defectos y aspectos perjudiciales, ante los cuales es preciso resistir firmemente.

    17. Los comunistas no pueden ni deben, en nombre de abstractos principios anarcosindicalistas abandonar su derecho a organizar “células” en el seno de los sindicatos, cualquiera que sea la orientación de estos últimos. Nadie puede privarlos de ese derecho. Es obvio que los comunistas militantes en los sindicatos sabrán coordinar su acción con la de aquellos sindicatos que han aprovechado la experiencia de la guerra y de la revolución.

    18. Los comunistas deben tomar la iniciativa de crear en los sindicatos un bloque con los obreros revolucionarios de otras tendencias. Los más próximos al comunismo son los “sindicalistas comunistas”, que reconocen la necesidad de la dictadura proletaria y defienden contra los anarcosindicalistas el principio del Estado obrero. Pero la coordinación de las acciones supone una organización de los comunistas. Una acción aislada e individual de los comunistas no podrá coordinarse con nadie porque no poseerá ninguna fuerza considerable.

    19. Realizando del modo más enérgico y consecuente sus principios, combatiendo las teorías anticomunistas de autonomía y la separación de la política y de la economía, idea anarquista extremadamente perjudicial para el progreso revolucionario de la clase obrera, los comunistas deben esforzarse, en el seno de los sindicatos de cualquier tendencia, por coordinar su acción en la lucha práctica contra el reformismo y el verbalismo anarcosindicalista, con todos los elementos revolucionarios que apoyan el derrocamiento del capitalismo y la dictadura del proletariado.

    20. En los países donde existen importantes organizaciones sindicalistas revolucionarias (Francia) y donde bajo la influencia de toda una serie de causas históricas persista la desconfianza con respecto a los partidos políticos en ciertos sectores de obreros revolucionarios, los comunistas elaborarán en el lugar, de acuerdo con los sindicalistas y conforme a las particularidades del país y del movimiento obrero en cuestión, las formas y métodos de lucha común y de colaboración en todas las acciones defensivas y ofensivas contra el capital.

    VI. LA LUCHA POR LA UNIDAD SINDICAL

    21. La consigna de la Internacional Comunista (contra la escisión sindical) debe ser aplicada tan enérgicamente como antes, pese a las furiosas persecuciones a que los reformistas de todos los países someten a los comunistas. Los reformistas quieren prolongar la escisión valiéndose de las expulsiones. Persiguiendo sistemáticamente a los mejores elementos de los sindicatos, esperan desanimar a los comunistas, alejarlos de los sindicatos y hacerlos abandonar el plan profundamente meditado de la conquista de los sindicatos desde adentro pronunciándose por la escisión. Pero los reformistas no lo conseguirán.

    22. La escisión del movimiento sindical, sobre todo en las condiciones actuales, representa el mayor peligro para el movimiento obrero en su conjunto. La escisión en los sindicatos obreros haría retroceder a la clase obrera varios años, pues la burguesía podría entonces retomar fácilmente las conquistas más elementales de los obreros. Los comunistas deben impedir a cualquier precio la escisión sindical. Por todos los medios, con todas las fuerzas de su organización, deben obstaculizar la criminal ligereza con la que los reformistas rompen la unidad sindical.

    23. En los países donde existen paralelamente dos centrales sindicales nacionales (España, Francia, Checoslovaquia, etc.), los comunistas deben luchar sistemáticamente por la fusión de las organizaciones paralelas. Dado el objetivo de la fusión de los sindicatos actualmente escindidos, no es conveniente apartar a los comunistas aislados y a los obreros revolucionarios de los sindicatos reformistas, transfiriéndolos a los sindicatos revolucionarios. Ningún sindicato reformista debe quedar desprovisto del fermento comunista. El trabajo activo de los comunistas en los dos sindicatos es una condición para el restablecimiento de la unidad destruida.

    24. La preservación de la unidad sindical así como el restablecimiento de la unidad destruida sólo son posibles si los comunistas llevan adelante un programa práctico para cada país y cada sector de la industria. En el ámbito de un trabajo práctico, de una lucha práctica, es posible agrupar a los elementos dispersos del movimiento obrero y crear, en el caso de una escisión sindical, las condiciones propicias para asegurar su unificación orgánica. Cada comunista debe tener presente que la escisión sindical es no solamente una amenaza para las conquistas inmediatas de la clase obrera sino también una amenaza para la revolución social. Las tentativas de los reformistas de escindir los sindicatos deben ser sofocadas radicalmente, lo que sólo se podrá lograr con ayuda de un enérgico trabajo organizativo y político con las masas obreras.

    VII. LA LUCHA CONTRA LA EXPULSIÓN DE LOS COMUNISTAS

    25. La exclusión de los comunistas tiene por objeto desorganizar el movimiento revolucionario aislando a los dirigentes de las masas obreras. Por eso los comunistas no pueden limitarse a las formas y métodos de lucha puestos en práctica por ellos hasta ahora. El movimiento sindical mundial ha llegado a su momento más crítico. La voluntad escisionista de los reformistas se ha exacerbado mientras que nuestra voluntad de proteger la unidad sindical ha sido puesta en evidencia en numerosas oportunidades, y los comunistas deben demostrar en el futuro, también prácticamente, el valor que asignan a la unidad del movimiento sindical.

    26. Cuanto más evidente se torna la línea escisionista de nuestros enemigos, es preciso demostrar mayor fuerza en el planteo del problema de la unidad sindical. Ni una fábrica, ni una reunión obrera deben ser olvidadas, en todas partes debe hacerse oír la protesta contra la táctica amsterdamista. Es necesario que el problema de la escisión sindical sea planteado ante cada sindicato y no solamente en el momento en que la escisión es inminente sino cuando recién comienza a esbozarse. La cuestión de la expulsión de los comunistas del movimiento sindical debe ser discutida con todo el movimiento obrero de cada país. Los comunistas son lo suficientemente fuertes como para dejarse eliminar sin decir nada. La clase obrera debe saber quién está por la escisión y quién por la unidad.

    27. La exclusión de los comunistas, luego de su elección para desempeñar funciones sindicales, por parte de las organizaciones locales no solamente debe suscitar protestas por la violencia ejercida contra la voluntad de los electores sino que debe provocar una resistencia organizada. Los miembros excluidos no tienen que permanecer dispersos. La tarea más importante de los partidos comunistas consiste en impedir la disgregación de los elementos excluidos. Deben organizarse en sindicatos de expulsados centrando su trabajo político en un programa concreto y la exigencia de su reintegración.

    28. La lucha contra las exclusiones es en realidad una lucha por la unidad del movimiento sindical. En este caso, todas las medidas que tiendan al restablecimiento de la unidad destruida son buenas. Los expulsados no deben permanecer aislados, así como tampoco las organizaciones revolucionarias independientes existentes en el país en cuestión, con vistas a la organización común de la lucha contra las expulsiones y para la coordinación de la acción en la lucha contra el capital.

    29. Las medidas prácticas de lucha pueden y deben ser completadas y modificadas de acuerdo con las condiciones y particularidades locales. Es importante que los partidos comunistas adopten claramente una posición anti-escisionista de combate y hagan todo lo posible para derrotar la política de las expulsiones que se fortaleció sensiblemente en relación con el comienzo de la fusión de las Internacionales II y II y ½. No existen medios y métodos universales y definitivos en la lucha contra las expulsiones. En este sentido, los partidos comunistas tienen la posibilidad de luchar con los medios que consideren como más efectivos para lograr su objetivo: la conquista de los sindicatos y el restablecimiento de la unidad sindical destruida.

    30. Los comunistas deben desarrollar una lucha muy enérgica contra la expulsión de los sindicatos revolucionarios del seno de las Federaciones Internacionales por industria. Los partidos comunistas no pueden permanecer como espectadores pasivos de la expulsión de los sindicatos revolucionarios por la única razón de que son revolucionarios. Los comités internacionales de propaganda por industria, creados por la Internacional Sindical Roja, deben hallar el más firme apoyo en los partidos comunistas, de modo de agrupar todas las fuerzas revolucionarias existentes tras el objetivo de luchar por las federaciones internacionales únicas por industria. Toda esta lucha se llevará a cabo bajo la consigna de la admisión de todos los sindicatos sin distinción de tendencia, sin distinción de corrientes políticas, en una organización internacional única de industria.

    CONCLUSIÓN

    Prosiguiendo su camino hacia la conquista de los sindicatos y la lucha contra la política escisionista de los reformistas, el 4º Congreso de la Internacional Comunista declara solemnemente que cuando los dirigentes de Amsterdam no recurran a las expulsiones, cuando den a los comunistas la posibilidad de luchar ideológicamente por sus principios en el seno de los sindicatos, los comunistas lucharán como miembros disciplinados en las filas de la organización única, marchando siempre adelante en todos los enfrentamientos y en todos los conflictos con la burguesía. El 4º Congreso de la Internacional Comunista declara que todos los partidos comunistas deben extremar todos sus esfuerzos para impedir la escisión en los sindicatos, hacer todo lo posible para reconstruir la unidad sindical destruida en ciertos países y obtener la adhesión del movimiento sindical de sus países a la Internacional Sindical Roja.

      Fecha y hora actual: Dom Dic 04, 2016 7:26 pm