El Día de la Mujer. [Alexandra Kollontai]

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    El Día de la Mujer. [Alexandra Kollontai]

    Mensaje por Agitación el Jue Dic 09, 2010 6:39 pm

    El Día de la Mujer

    ¿Qué es el día de la mujer? ¿Es realmente necesario? ¿No es una concesión a las mujeres de clase burguesa, a las feministas y sufraguistas? ¿No es dañino para la unidad del movimiento obrero? Esas cuestiones todavía se oyen en Rusia, aunque ya no en el extranjero. La vida misma le ha dado una respuesta clara y elocuente a estas preguntas.

    El día de la mujer es un eslabón en la larga y sólida cadena de la mujer en el movimiento obrero. El ejército organizado de mujeres trabajadoras crece cada día. Hace veinte años las organizaciones obreras sólo tenías grupos dispersos de mujeres en las bases de los partidos obreros… Ahora los sindicatos ingleses tienen más de 292.000 mujeres sindicadas; en Alemania son alrededor de 200.000 sindicadas y 150.000 en el partido obrero, en Austria hay 47.000 en los sindicatos y 20.000 en el partido. En todas partes, en Italia, Hungría, Dinamarca, Suecia, Noruega y Suiza, las mujeres de la clase obrera se están organizando a sí mismas. El ejército de mujeres socialistas tiene casi un millón de miembros. ¡Una fuerza poderosa! Una fuerza con la que los poderes del mundo deben contar cuando se pone sobre la mesa el tema del coste de la vida, el seguro de maternidad, el trabajo infantil o la legislación para proteger a las trabajadoras.

    Hubo un tiempo en el que los hombres trabajadores pensaron que deberían cargar ellos solos sobre sus hombros el peso de la lucha contra el capital, pensaron que ellos solos debían enfrentarse al «viejo mundo» sin el apoyo de sus compañeras. Sin embargo, como las mujeres de clase trabajadora entraron en las filas de aquellos que vendían su trabajo a cambio de un salario, forzadas a entrar en el mercado laboral por necesidad, porque su marido o padre estaba en el paro, los trabajadores empezaron a darse cuenta de que dejar atrás a las mujeres entre las filas de «no-conscientes» era dañar su causa y evitar que avanzara. ¿Qué nivel de conciencia posee una mujer que se sienta en el fogón, que no tiene derechos en la sociedad, en el estado o en la familia? ¡Ella no tiene ideas propias! Todo se hace según ordena su padre o marido…

    El retraso y falta de derechos sufridos por las mujeres, su dependencia e indiferencia no son beneficiosos para la clase trabajadora, y de hecho son un daño directo hacia la lucha obrera. ¿Pero cómo entrará la mujer en esa lucha, como se la despertará?

    La socialdemocracia extranjera no encontró la solución correcta inmediatamente. Las organizaciones obreras estaban abiertas a las mujeres, pero sólo unas pocas entraban. ¿Por qué? Porque la clase trabajadora al principio no se percató de que la mujer trabajadora es el miembro más degradado, tanto legal como socialmente, de la clase obrera, de que ella ha sido golpeada, intimidada, acosada a lo largo de los siglos, y de que para estimular su mente y su corazón se necesita una aproximación especial, palabras que ella, como mujer, entienda. Los trabajadores no se dieron cuenta inmediatamente de que en este mundo de falta de derechos y de explotación, la mujer está oprimida no sólo como trabajadora, si no también como madre, mujer. Sin embargo, cuando los miembros del partido socialista obrero entendieron esto, hicieron suya la lucha por la defensa de las trabajadoras como asalariadas, como madres, como mujeres.

    Los socialistas en cada país comienzan a demandar una protección especial para el trabajo de las mujeres, seguros para las madres y sus hijos, derechos políticos para las mujeres y la defensa de sus intereses.

    Cuanto más claramente el partido obrero percibía esta dicotomía mujer/trabajadora, más ansiosamente las mujeres se unían al partido, más apreciaban el rol del partido como su verdadero defensor y más decididamente sentían que la clase trabajadora también luchaba por sus necesidades. Las mujeres trabajadoras, organizadas y conscientes, han hecho muchísimo para elucidar este objetivo. Ahora el peso del trabajo para atraer a las trabajadoras al movimiento socialista reside en las mismas trabajadoras. Los partidos en cada país tienen sus comités de mujeres, con sus secretariados y burós para la mujer. Estos comités de mujeres trabajan en la todavía gran población de mujeres no conscientes, levantando la conciencia de las trabajadoras a su alrededor. También examinan las demandas y cuestiones que afectan más directamente a la mujer: protección y provisión para las madres embarazadas o con hijos, legislación del trabajo femenino, campaña contra la prostitución y el trabajo infantil, la demanda de derechos políticos para las mujeres, la campaña contra la subida del coste de la vida…

    Así, como miembros del partido, las mujeres trabajadoras luchan por la causa común de la clase, mientras al mismo tiempo delinean y ponen en cuestión aquellas necesidades y sus demandas que les afectan más directamente como mujeres, amas de casa y madres. El partido apoya esas demandas y lucha por ellas… Estas necesidades de las mujeres trabajadoras son parte de la causa de los trabajadores como clase.

    En el día de la mujer las mujeres organizadas se manifiestan contra su falta de derechos. Pero algunos dicen ¿por qué está separación de las luchas de las mujeres? ¿Por qué hay un día de la Mujer, panfletos especiales para trabajadoras, conferencias y mítines? ¿No es, en fin, una concesión a las feministas y sufraguistas burguesas? Sólo aquellos que no comprendan la diferencia radical entre el movimiento de mujeres socialistas y las sufraguistas burguesas pueden pensar de esa manera.

    ¿Cuál es el objetivo de las feministas burguesas? Conseguir las mismas ventajas, el mismo poder, los mismos derechos en la sociedad capitalista que poseen ahora sus maridos, padres y hermanos. ¿Cuál es el objetivo de las obreras socialistas? Abolir todo tipo de privilegios que deriven del nacimiento o de la riqueza. A la mujer obrera le es indiferente si su patrón es hombre o mujer.

    Las feministas burguesas demandan la igualdad de derechos siempre y en cualquier lugar. Las mujeres trabajadoras responden: demandamos derechos para todos los ciudadanos, hombres y mujeres, pero nosotras no sólo somos mujeres y trabajadoras, también somos madres. Y como madres, como mujeres que tendremos hijos en el futuro, demandamos un cuidado especial del gobierno, protección especial del estado y de la sociedad.

    Las feministas burguesas están luchando para conseguir derechos políticos: también aquí nuestros caminos se separan: para las mujeres burguesas, los derechos políticos son simplemente un medio para conseguir sus objetivos más cómodamente y más seguramente en este mundo basado en la explotación de los trabajadores. Para las mujeres obreras, los derechos políticos son un paso en el camino empedrado y difícil que lleva al deseado reino del trabajo.

    Los caminos seguidos por las mujeres trabajadoras y las sufraguistas burguesas se han separado hace tiempo. Hay una gran diferencia entre sus objetivos. Hay también una gran contradicción entre los intereses de una mujer obrera y las damas propietarias, entre la sirvienta y su señora… Así pues, los trabajadores no deberían temer que haya un día separado y señalado como el Día de la Mujer, ni que haya conferencias especiales y panfletos o prensa especial para las mujeres.

    Cada distinción especial hacia las mujeres en el trabajo de una organización obrera es una forma de elevar la conciencia de las trabajadoras y acercarlas a las filas de aquellos que están luchando por un futuro mejor. El Día de la Mujer y el lento, meticuloso trabajo llevado para elevar la auto-conciencia de la mujer trabajadora están sirviendo a la causa, no de la división, sino de la unión de la clase trabajadora.

    Dejad que un sentimiento alegre de servir a la causa común de la clase trabajadora y de luchar simultáneamente por la emancipación femenina inspire a las trabajadoras a unirse a la celebración del Día de la Mujer.

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    Re: El Día de la Mujer. [Alexandra Kollontai]

    Mensaje por Ace B. el Jue Dic 09, 2010 9:32 pm

    Oye agitación tu eres macho o hembra? Porque el nick y tal suena a hombre, pero entre los comentarios y los 3 hilos que has habierto sobre mujeres, tengo mis dudas.

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    Re: El Día de la Mujer. [Alexandra Kollontai]

    Mensaje por Agitación el Vie Dic 10, 2010 11:50 am

    *********

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    Re: El Día de la Mujer. [Alexandra Kollontai]

    Mensaje por pedrocasca el Mar Oct 09, 2012 8:05 pm

    Se puede descargar desde: (4 páginas de buen formato pdf)

    http://creandopueblo.files.wordpress.com/2011/09/kollontai-alexandra-el-dicc81a-de-la-mujer.pdf



    cartel soviético del Día 8 de Marzo


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    Re: El Día de la Mujer. [Alexandra Kollontai]

    Mensaje por pedrocasca el Vie Mar 08, 2013 7:09 pm

    Texto publicado el 8 de marzo de 2013 en el blog de José Luis Forneo "Un vallekano en Rumanía":

    "¡Gloria a la Revolución de Octubre que liberó a la mujer!" - Alexandra Kollontai

    Alexandra Kollontai dedicó su vida a la lucha por la toma del poder de la clase obrera y, por lo tanto, también por la liberación de la mujer trabajadora, encarnando lo que definiría otra gran mujer socialista, Clara Zetkin, como el único camino para la liberación de la mujer: "solo la victoria de la clase obrera puede emancipar a las mujeres trabajadoras".

    Se olvida demasiadas veces que la revolución rusa comenzó un 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer que había proclamado la II Internacional Socialista, con una manifestación de las obreras en Petrogrado.

    Kollontai sería elegida miembro del Comité Ejecutivo del Soviet de Petrogrado, apoyando a Lenin en su concepción de los soviets como organismos para el ejercicio del poder y en la necesidad de superar la revolución burguesa con la revolución proletaria. Ya antes de octubre de 1917 fue elegida miembro del Comité Central del Partido y votaria sin duda alguna a favor de la insurrección y de la toma del Palacio de Invierno para construir así un Estado obrero.

    Tras la toma del poder, Alexandra Kollontái fue elegida Comisaria del Pueblo para la Asistencia Pública. Fue una de las que más trabajaron para conseguir los derechos y libertades de las mujeres, modificando aspectos de las leyes que hacían a la mujer una subordinada del hombre, le negaban derecho al voto y la hacían ganar menos salario y trabajar en peores condiciones que los hombres.

    La Revolución Sovietica consiguió poner las bases para igualdad real entre hombres y mujeres, liberalizando las relaciones familiares y las relaciones sexuales. Se aprobaría el divorcio y el derecho al aborto, y se otorgaba a las mujeres beneficios sociales en forma de salarios de maternidad, guarderías y hogares para los niños. Así mismo se desarrollaron campañas de información para dar a conocer a las mujeres sus nuevos derechos iguales a los del hombre.

    En 1918 Kollontái fue una de las organizadoras del Primer Congreso de Mujeres Trabajadoras de toda Rusia. De este congreso nació el Zhenotdel (Departamento de la Mujer), un organismo dedicado a promover la participación de las mujeres en la vida pública, y en proyectos sociales, y de manera muy especial la lucha contra el analfabetismo. El Zhenotdel tenía su propia revista llamada Kommunistka (Mujer Comunista) y Kollontái era parte de su Consejo editorial.

    Kollontai se convertiría también en la primera mujer embajadora de la historia, siendo representante de la Union Soviética en Noruega, Suecia y México. También formó parte de la delegación soviética en la Sociedad de Naciones.

    Kollontai nos cuenta en el siguiente texto, "Mujeres combatientes en la Revolución de Octubre", la importancia de la lucha de la mujer en la toma del poder de la clase obrera, y como el triunfo de la Revolución hizo realidad la proclama de Clara Zetkin, liberando a los trabajadores de la explotación y liberando a la mujer trabajadora.

    En 2013, casi un siglo después de la Revolución Bolchevique, muchos de los derechos alcanzados por los trabajadores y por las mujeres soviéticas hoy siguen siendo casi ciencia ficción en la mayor parte del mundo. Y es que, parafraseando a Lenin, la única forma de alcanzar la emancipación (social o sexual) es que cada obrera y cada obrero lleven un arma sobre el hombro.

    !Viva la mujer trabajadora! !Viva la mujer que lucha!

    MUJERES COMBATIENTES EN LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE - por Alexandra Kollontai

    tomado del blog Revolución bolchevique

    "¿Quiénes fueron las mujeres que participaron en la Gran Revolución de Octubre? ¿Fueron casos aislados? No; hubo multitudes de ellas: decenas, centenas de miles de heroínas anónimas que marcharon –codo a codo– con los obreros y campesinos, bajo la Bandera Roja y la consigna de los Soviets, pasando sobre las ruinas de la teocracia zarista hacia un nuevo futuro…
    Milicia bolchevique

    Si uno mira hacia atrás, al pasado, uno puede verlas: masas de heroínas anónimas que Octubre encontró viviendo en ciudades desfallecientes, en aldeas empobrecidas saqueadas por la guerra… Una bufanda en la cabeza (raras veces una pañoleta roja), un vestido gastado, un abrigo de invierno remendado. Jóvenes y adultas, obreras y campesinas esposas de soldados y amas de casa pobres de la ciudad. Muy raro, mucho más raro en aquellos días: mujeres trabajadoras de oficina y profesionales, educadas y cultas. Pero hubo también mujeres de la intellingentsia entre las que llevaron la Bandera Roja a la victoria en Octubre – maestras, empleadas de oficina, jóvenes estudiantes de las escuelas secundarias y universidades, doctoras. Marchaban alegres, desprendidas y resueltas. Iban a donde se les enviara. ¿Al frente? Se ponían una gorra de soldado y se convertían en combatientes del Ejército Rojo. Si portaban el brazalete rojo, entonces iban con prisa a las unidades de primeros auxilios para ayudar al frente Rojo contra Kerensky en Gatchina. Trabajaban también en las comunicaciones del ejército. Trabajaban alegres, con la convicción de que algo trascendental estaba ocurriendo y que todos éramos pequeños engranajes de una revolución única en su clase.

    En las aldeas, las campesinas (sus esposos habían sido enviados al frente) tomaron la tierra de los terratenientes y sacaron a la aristocracia de los nidos donde habían vivido durante siglos.

    Cuando uno recuerda los eventos de Octubre, no ve rostros individuales sino masas. Incontables masas, oleadas de humanidad. Dondequiera que se mire se ve hombres -en reuniones, mítines, manifestaciones...

    Todavía no están seguros de lo que quieren, por qué están luchando, pero saben una cosa: no soportarán más la guerra. Tampoco quieren a los terratenientes y a los ricos… En el año 1917, el gran océano humano se levanta y se mueve, y en gran parte ese océano está formado por mujeres.

    Algún día, la historia escribirá sobre las proezas de estas heroínas anónimas de la revolución que murieron en el frente, que fueron asesinadas por los Blancos y que soportaron las innumerables privaciones de los primeros años de la revolución pero continuaron enarbolando la Bandera Roja del poder soviético y el comunismo.

    Es a estas heroínas anónimas que murieron por conquistar una nueva vida para el pueblo trabajador durante la Gran Revolución de Octubre, ante quienes la joven república ahora se inclina en reconocimiento, mientras su juventud, alegre y entusiasta, emprende la construcción de la base del socialismo

    Sin embargo, de este mar de mujeres en bufandas y gorras desgastadas, emergen inevitablemente las figuras de aquellas mujeres a quienes el historiador dedicará una atención especial, cuando dentro de muchos años escriba sobre la Gran Revolución de Octubre y su líder, Lenin.

    La primera en emerger es la figura de la fiel compañera de Lenin, Nadezhda Konstantinovna Krupskaya, en su vestido gris claro, esforzándose siempre en permanecer en segundo plano. En las reuniones, ella se deslizaba inadvertidamente y se ubicaba detrás de una columna; veía y escuchaba todo, observando todo lo que pasaba para así poder hacerle un resumen completo a Vladimir Ilich, añadiendo acertados comentarios propios y aportando alguna idea razonable, apropiada y útil.

    En aquellos días Nadezhda Konstantinovna no hablaba en las numerosas y candentes reuniones en que la gente discutía sobre una gran cuestión: ¿Tomarán los soviets el poder o no?; pero trabajaba incansablemente como la mano derecha de Vladimir Ilich, haciendo ocasionalmente comentarios breves pero elocuentes en las reuniones partidarias. En los momentos de mayor dificultad y peligro, cuando muchos camaradas más fuertes perdieron el ánimo y sucumbieron ante la duda, Nadezhda Konstantinovna permaneció siempre la misma, totalmente convencida de la justicia de la causa y de la certeza de la victoria. Ella irradiaba una fe inquebrantable; y esta fortaleza de espíritu, oculta detrás de una rara modestia, siempre tenía un efecto alentador sobre quienes tenían contacto con la compañera del gran líder de la Revolución de Octubre.

    Otra figura emerge, de otra compañera fiel de Vladimir Ilich, compañera de armas durante los años difíciles de la clandestinidad: la secretaria del Comité Central del Partido, Yelena Dmitriyevna Stassova. Culta, con una precisión sin igual, una excepcional capacidad de trabajo, y una habilidad única para “descubrir” a la persona adecuada para cada tarea. Su figura alta y escultural se vió por primera vez en el Palacio Táurida, luego en la mansión Kshesinskaya y finalmente en el Smolny. Con un cuaderno en sus manos, mientras alrededor sus compañeros de la prensa del frente, obreros, guardias rojos, mujeres trabajadoras, miembros del partido y de los soviets, buscan una respuesta u orden rápida y clara..

    Stassova tenía bajo su responsabilidad muchos asuntos importantes; pero si un camarada necesitaba algo o tenía algún problema en aquellos días tormentosos, ella siempre respondía con una respuesta breve, aparentemente cortante, pero haciendo todo lo que podía. Estaba sobrecargada de trabajo y siempre en su puesto. Siempre en su puesto pero sin pretender pasar a la primera fila, a la notoriedad. No le gustaba ser el centro de atención. No se preocupaba por ella misma sino por la causa.

    Por la noble y querida causa del comunismo, por la que Yelena Stassova sufrió exilio y prisión en las cárceles zaristas que la dejaron con la salud quebrantada… En nombre de la causa, era firme, dura como el acero. Pero ante los sufrimientos de los camaradas, demostraba una sensibilidad y una capacidad de respuesta que sólo se puede encontrar en una mujer de corazón noble y cálido.

    Klavdia Nikolayeva era una mujer de origen muy humilde. Se unió a los bolcheviques en 1908, en los años de reacción, y soportó el exilio y la prisión… En 1917, regresó a Leningrado y se convirtió en el alma de la primera revista para mujeres trabajadoras, Kommunistka. Era aún joven, llena de pasión e impaciencia. Pero sostuvo la bandera con firmeza, y defendió enérgicamente la idea de que las obreras, las campesinas y las esposas de soldados debían ser atraídas al partido. ¡A trabajar mujeres! ¡Por la defensa de los soviets y el comunismo!

    En las reuniones, ella hablaba todavía nerviosa e insegura pero atrayendo a otros a que la siguieran. Fue una de las que llevó sobre sus hombros todas las dificultades relativas a la preparación del camino para la amplia y masiva participación de las mujeres en la revolución; una de las que luchó en dos frentes: por los soviets y el comunismo, y al mismo tiempo por la emancipación de la mujer. Los nombres de Klavdia Nikolayeva y Konkordia Samoilova –que murió en su puesto revolucionario (de cólera) en 1921– están indisolublemente ligados con los primeros y más difíciles pasos dados por el movimiento de mujeres trabajadoras, particularmente en Leningrado. Konkordia Samoilova fue una militante con un desprendimiento sin igual, una oradora brillante y experimentada que sabía cómo ganarse el corazón de las obreras. Aquellos que trabajaron a su lado, recordarán siempre a Konkordia Samoilova. Era simple en su trato, sencilla en el vestir, exigente en la ejecución de las decisiones, y estricta consigo misma y con los demás.

    Especialmente notable es la figura dulce y encantadora de Inessa Armand, quien realizó un importante trabajo partidario en la preparación de la Revolución de Octubre, y contribuyó con muchas ideas creativas para el trabajo entre las mujeres. Con toda su femineidad y delicadeza, Inessa Armand era firme en sus convicciones y capaz de defender lo que creía correcto, incluso cuando se enfrentaba con adversarios temibles. Después de la revolución, Inessa Armand se dedicó a organizar el movimiento amplio de mujeres trabajadoras, y la Conferencia de delegadas es creación suya.

    Enorme fue el trabajo realizado por Varvara Nikolayevna Yakovleva, en Moscú, durante los difíciles y decisivos días de la Revolución de Octubre. En la batalla de barricadas, demostró una resolución digna de un líder central del partido… Muchos camaradas dijeron que su resolución y su inquebrantable coraje dieron fuerzas a los vacilantes e inspiraron a aquellos que habían perdido el ánimo. “¡Adelante! ¡A la victoria”.
    La mujer en primera linea de la revolución

    Cuando uno recuerda a las mujeres que participaron en la Gran Revolución de Octubre, más y más nombres y rostros se vienen a la memoria, como por arte de magia. ¿Podríamos dejar de honrar hoy la memoria de Vera Slutskaya, que trabajó generosamente en la preparación de la revolución y fue asesinada por los cosacos en el primer frente rojo, cerca de Petrogrado?

    ¿Podríamos olvidar a Yevgenia Bosh, con su temperamento apasionado, siempre lista para la batalla? Ella también murió en su puesto revolucionario.

    ¿Podríamos dejar de mencionar aquí dos nombres estrechamente ligados a la vida y la actividad de V.I. Lenin: sus dos hermanas y camaradas de armas, Anna Ilyinichna Yelizarova y Maria Ilyinichna Ulyanova?

    ...¿Y la camarada Varya, de los talleres de ferrocarriles de Moscú, siempre vivaz y con prisa? ¿Y Fyodorova, la obrera textil de Leningrado, con su rostro agradable y sonriente, y su valentía a la hora de luchar en las barricadas?

    Es imposible mencionarlas a todas, y ¡cuántas quedan en el anonimato! Las heroínas de la Revolución de Octubre fueron todo un ejército, y aunque sus nombres se olviden, su entrega vive en la victoria misma de esa revolución, en todas las conquistas y logros que ahora disfrutan las mujeres trabajadoras de la Unión Soviética.

    Es un hecho claro e indiscutible que sin la participación de las mujeres la Revolución de Octubre no hubiera llevado la Bandera Roja a la victoria. ¡Gloria a las mujeres trabajadoras que marcharon bajo la Bandera Roja durante la Revolución de Octubre! ¡Gloria a la Revolución de Octubre que liberó a la mujer"!"


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