Elecciones en EE UU: lucha de clases y círculo vicioso de la democracia burguesa.

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    Elecciones en EE UU: lucha de clases y círculo vicioso de la democracia burguesa.

    Mensaje por Red strike el Miér Dic 01, 2010 3:55 am

    Las elecciones del 2 de noviembre en Estados Unidos (EEUU) tuvieron un resultado adverso para Barack Obama y el Partido Demócrata (PD). Los últimos datos confirman el nuevo control del Partido Republicano (PR) de la Cámara Baja: 239 representantes de ese partido sobre 185 del partido del presidente; un mayor número de senadores, aunque demócratas conservan el liderazgo; y 29 gubernaturas republicanas.

    Lo más importante es comprender –hasta donde sea posible – los motivos de la debacle demócrata. Para los trabajadores de EEUU, de México y de todo el mundo tiene relevancia entender lo que se esconde tras los números fríos y los discursos envalentonados, autocríticos o conciliadores que se reparten entre cada bando. Lo sucedido deja lecciones para toda persona sencilla que aspira a vivir en un mundo nuevo y una tierra justa.

    El PR ha proclamado su victoria a los cuatro vientos. Sin embargo, incluso las encuestas de salida realizadas por las cadenas CBS, NBC y ABC muestran que entre los electores entrevistados, una mitad (52%) se mostró contraria a este partido y otra (53%) se mostró adversa al PD. No se dice que el 60% del padrón de electores decidió no votar.

    Además, disminuyó la participación de quienes en 2008 contribuyeron al ascenso presidencial de Obama: jóvenes (entre 18 y 29 años), sectores afroamericanos y latinos.
    Estos números ya indican que dentro de las masas hay desinterés, apatía y, sobre todo, inconformidad o desencanto con respecto a los partidos de los grandes millonarios. Aunque los efectos estén golpeando principalmente a Obama y su partido, esto no excluye la cuota de enfado y molestia hacia republicanos. Sobran motivos para el descontento.

    A inicios de su gestión, Barack Obama y el PD promovió destinar una enorme cantidad de impuestos a favor de multinacionales como Ford, General Motors y Chrysler. Supuestamente para evitar despidos masivos. El desenlace hoy muestra otra cosa: varias de estas empresas consiguieron sanear finanzas e incrementar ganancias a costillas del despido de miles de sus obreros. Obama y sus cantos de sirena se esconden detrás de la natural embestida oligárquica del Partido Republicano a su gobierno (en particular el Tea Party) justifican con el incesante ataque de su enemigo su propia tibieza para tomar medidas siquiera paliativas; su colaboración descarada con el capital financiero.

    En 2 años este es el panorama real: la guerra en Afganistán continúa (se destinaron 113 mil millones de dólares sólo en este año); criminalización de los obreros migrantes; ocho millones de empleos se perdieron en cerca de 2 años (10% de desempleo); y si bien se aprobó una reforma al sistema de salud, no garantiza servicios médicos a todos y está condicionada por la industria farmacéutica y las aseguradoras.

    Era natural que la fe ciega en un cambio sin definir mostrara límites. El Partido Demócrata, Obama y corrientes de opinión al interior de la prensa burguesa o pequeñoburguesa –incluyendo la Jornada – voltean la cara a las masas trabajadoras de EEUU y les adjudican la derrota con palabras cuidadosas. Sea por motivos culturales, por la “naturaleza derechista del pueblo estadounidense” o por que “la sociedad estadounidense mostró su rechazo a los cambios y dejó al país sin rumbo de solución para los vicios” que padece Estados Unidos en lo económico, político y social.

    Al contrario, aún en el PD hay quienes atribuyen el fracaso a que Obama se desligó de las capas populares que lo llevaron a la victoria y decepcionó a quien lo consideraba un giro progresista frente a las políticas reaccionarias y anti-obreras de Bush. Otras voces demócratas le recriminan haber insistido en conciliar con republicanos para sacar las reformas prometidas. Para Vanguardia Proletaria, la política de colaboración de clases en Obama y la supremacía que tienen en su cabeza los intereses de los más ricos de las finanzas e industria no podrían tener otro final que el fracaso en las urnas.

    ¿Las amas de casa, los obreros estadounidenses y sin papeles, las mujeres, los estudiantes pobres, las minorías populares debían de refrendar con su voto un gobierno que los ha engañado por dos años y ha actuado mayoritariamente a favor de los monopolios y la oligarquía? De ninguna forma. Entre quienes se abstuvieron de votar por el proyecto embustero del PD o llegaron a caer por agravio en las garras del comando fascista del Tea Party, hay quienes llevan el descontento popular contra la oligarquía y su Estado al terreno electoral, aunque sea instintivamente, con limitaciones, ceguera o sin perspectiva proletaria.

    Son estas circunstancias de rechazo generalizado a demócratas y republicanos; de reducción de las simpatías hacia la figura de Obama (su aceptación cayó presumiblemente al 45%) y las simpatías por un populismo ultra-reaccionario las que ponen sobre la mesa la permanente necesidad de construir el Partido Comunista, de ligarlo con las masas obreras y populares. Y, por otro lado, construir un referente unitario.
    Ambos, para dotar de fuerza, voluntad compartida y rumbo proletario revolucionario a todos aquellos que no creen en el descompuesto sistema bipartidista de la democracia burguesa.

    Que incluso, Partido Comunista y Frente Único, sirvieran a las masas explotadas y oprimidas para romper el círculo vicioso de esta democracia: ejemplificado en las quejas demagógicas del Partido Demócrata porque legisladores del Partido Republicano entorpecen hasta los elementos más grises del trabajo en conjunto en el Senado o la Cámara; o la criminalidad casi fascista del grupúsculo republicano del Tea Party que reclama menos impuestos para los empresarios y más recortes a los programas de ayuda social para trabajar con los demócratas, mientras promueve el creacionismo en las escuelas.

    La crisis se mantiene. Las intentonas de imponer que los trabajadores la paguen con sus sacrificios tienen a republicanos, demócratas y Tea Party (fracción ultra del primero) como 3 salidas a la misma, sin ser profundamente distintas. Peligroso que no se denuncie al Tea Party como un embrión del fascismo en EE UU y que Obama insista en negociar con ellos. Si Obama pierde en 2012 como ahora en 2010 no es por culpa de las masas, sino por su propias limitaciones de clase, por encerrar a las masas esperanzadas en una cárcel de promesas y titubeos, por desmovilizarlas, mientras él hace la gran política burguesa.

    La derrota de Obama sólo es reflejo de la lucha de clases: Tea Party lo tachó de comunista y se benefició mayoritariamente de los 4 mil millones que la oligarquía invirtió en las elecciones para imponer una corriente sumamente conservadora, incluso entre sectores de las masas trabajadoras; y los obreros de todas las nacionalidades, los desempleados, rechazaron la política oligárquica no participando en su juego electoral. Sin embargo, rechazar no basta, hay que transformar el mundo. Y para eso ocupamos otro tipo de salida, la revolucionaria.


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