Bueno, intentaré ser mas explícito. Si recomiendo leer el texto, es porque considero que el c. Mitchel lo desarrolla mucho mejor de lo que yo lo puedo explicar, y además permite una comprensión global de las posturas defendidas.
Primero, del camarada Mitchel resalta en principio el internacionalismo ferreo, que lo caracterizaba, y que caracteriza a todo el campo proletario:
"Sólo podemos comprender los sucesos de España si nos referimos a la realidad histórica que se traduce, por un lado, en la decadencia del sistema capitalista (globalmente hablando) y, por otro, en la profunda depresión del movimiento obrero internacional."
Ahora con décadas encima, podemos entender cuan valiosas eran estas palabras, cuan ciertas y visionarias, sólo a partir de la comprensión de que el reflujo y derrota del movimiento obrero haya generado la degeneracion del partido mundial, y que todo esto condujo a la segunda guerra mundial imperialista lo confirman. Y además explican tanto o con más fuerza lo que explicaba Mitchell:
"Los hechos hablan hoy brutalmente. Ya no se trata de Revolución sino de guerra capitalista. La lucha en España opone efectivamente, a la burguesía y el proletariado pero en una situación en la que éste consiente en su propia destrucción en provecho del capitalismo, al igual que durante la guerra mundial de 1.914-1.918, se prestaba a morir por el “futuro del socialismo” al que había que defender de la “barbarie pangermanista”. Nadie niega ya actualmente que España se ha convertido en el campo de las competiciones imperialistas. Ya en Septiembre, en Ginebra, el ministro socialista (de izquierda) de asuntos exteriores de España, Alvarez de Vayo, podía declarar con bastante exactitud que “ante nuestros propios ojos, los campos ensangrentados de España ya se han convertido en el campo de batalla de la guerra mundial. Esta lucha una vez iniciada se ha transformado inmediatamente en una cuestión internacional”.
España, se convertía pues en el campo de batalla, en el laboratorio de la próxima guerra mundial imperialista, donde cada campo burgués tomaba sus precauciones debido al levantamiento obrero, y sus posibles consecuencias, pero cada quién contradictoriamente como es la clase burguesa, tomaba su lado en el concierto bélico.
"Sin embargo sabemos que hasta el momento la solidaridad tácita, aunque terriblemente efectiva, de los estados democráticos y fascistas no ha dejado de actuar contra el proletariado español con el apoyo inconsciente del proletariado internacional. Al amparo de la farsa de la no-intervención debida a la iniciativa del Gobierno del Frente Popular de Blum, esta solidaridad se llevó a cabo de la forma más eficaz posible al inmovilizar a los proletarios de Francia, Inglaterra, Bélgica conteniendo y frenando el desarrollo de los contrastes imperialistas. Porque Blum tenía razón cuando invocaba la perspectiva de la guerra mundial como continuación de una intervención más brutal de los Estados democráticos en los sucesos Españoles. Lo que por otro lado no les impedía favorecer tácitamente el reclutamiento de voluntarios para la masacre bajo el signo del Frente Popular de España. Por otro lado, los Estados fascistas podían intervenir abiertamente con material y hombres protegidos por la actitud de “neutralidad” de las democracias que correspondía a la “voluntad” de aquéllas de frenar la evolución hacía la guerra imperialista generalizada: Y, Delbos, Ministro francés de Asuntos Exteriores, declaraba en octubre que había que evitar a toda costa una crisis internacional aguda que podría evolucionar, según su expresión, hacía una “guerra de secesión” en Europa. Pero para el proletariado internacional, el problema de clase podía presentarse tanto desde la perspectiva de la intervención como de la no-intervención, ambas de naturaleza capitalista. El informe de camarada H. es equivoco en este punto. Rechaza la argumentación por la que Blum justifica la no-intervención. Sin embargo cuando considera falso “que una política de apoyo a la revolución llevará a una guerra mundial”, ¿qué entiende por “política de apoyo”?. Porque en este caso se impone la claridad. ¿Acaso cree que el apoyo abierto al Frente Popular español bajo el control de capitalismo estaba encaminado a favorecer el desarrollo de la revolución proletaria en España?. En otros términos ¿el proletariado internacional al luchar por el “levantamiento del bloqueo” para forzar a Blum, Eden, Stalin, a adoptar el internacionalismo, ayudaba al proletariado español?.
En primer lugar, si los Estados democráticos no respondieron a las maniobras de Hitler y Musolini con otra intervención abierta, ¿no fue por el temor de que una ayuda material masiva pudiese contribuir a reforzar las posiciones de clase de los obreros españoles, aumentando su conciencia revolucionaria y poniendo trabas al proceso de Unión Sagrada?. Tal hipótesis está por demostrar. Por un lado, la guerra antifascista, con el apoyo directo de los estados fascistas y el apoyo indirecto de los estados democráticos, se manifestaba como el instrumento perfecto de servidumbre del proletariado español a los interese capitalistas. Pero, por otro lado, también es cierto que en el caso de que una poderosa efervescencia obrera desbordara el marco de la Unión Sagrada y amenazase a la burguesía española asistiríamos a una unión inmediata de las fuerzas “democráticas” de España, Francia, Inglaterra, Bélgica y Rusia para aplastar a los obreros y campesinos de España.
Pero en ausencia de tal perspectiva, hemos asistido ya al apoyo abierto de la URSS al campo antifascista, dando lugar a una situación en la que, como señala el camarada H., “el proletariado español se encuentra de nuevo empeñado en la defensa del sistema capitalista”. Es evidente que la URSS trataba así, no de sostener al proletariado español, sino de defender su particular posición en el concierto imperialista mundial."
España, con todo lo contradictorio que era poseía todavía un proletariado fuerte, que no había sufrido la masacre de la primera guerra mundial, y por lo tanto una amenaza para el desenvolvimiento del próximo conflicto imperialista, un proletariado que podía convertir el concierto sanguinario de la burguesía en la llama de la revolucion mundial. Era necesario extirparla, era necesario poner a todos los españoles a tiro de marcha de las contradicciones mundiales, sólo era posible masacrandola. Franco tenía que cumplir su parte.
"La sociedad española bajo su forma inacabada, semi-feudal, semi-burguesa, no dejó de convertirse por eso en un mecanismo del sistema de producción burgués, adquiriendo por ello una naturaleza y un contenido burgués. El capitalismo mundial se apoyó en una amalgama de clases parásitas formada por una minoría específicamente burguesa rodeada de señores feudales “aburguesados”, de nobles terratenientes, de congregaciones del clero, para adueñarse de forma sumaria de los recursos nacionales mediante una explotación feroz de las masas obreras y campesinas. Hasta aquí el instrumento de esta explotación consistió, a falta de un aparato de estado poderosamente centralizado al servicio de una burguesía políticamente fuerte, en una monarquía burocrático-militar que vivía en medio de una lenta descomposición de las clases dominantes salvaguardando su existencia: una relación social análoga, globalmente, a la que se daba en la Rusia zarista.
Sin embargo, en realidad, el capitalismo español sufría desde hacía mucho tiempo, en estado endémico, una profunda crisis social que lo sacudía periódicamente hasta sus cimientos y que era el amargo fruto de su composición heterogénea, de la naturaleza híbrida de su estructura política y económica. Pero esta crisis no resultaba en modo alguno del choque entre feudalismo y fuerzas nuevas de una burguesía revolucionaria; se limitaba al interior de las clases dominantes a luchas de minorías que se disputaban el poder y las prebendas en las que el proletariado no llegaba a intervenir como fuerza política independiente. El eje de la lucha se desplazó sin embargo cuando el proletariado industrial y agrario aumentó su peso específico en la economía. Sabemos que la neutralidad de España favoreció un cierto desarrollo económico al que contribuyó, igualmente, una intervención más masiva del capital extranjero en la explotación minera e industrial. Pero esta prosperidad efímera y muy relativa no hizo sino acelerar consecuentemente el proceso de la sociedad española en el momento en que la crisis económica mundial descubrió brutalmente, de nuevo, la realidad de la decadencia irrevocable del capitalismo (revelado ya por la guerra imperialista).
La burguesía española en un clima histórico que excluía una nueva expansión de las fuerzas productivas bajo su forma capitalista, no podía plantearse la consumación de la Revolución industrial que había sido incapaz de realizar anteriormente. Lejos de poder soñar con asociar “su” proletariado a una utópica prosperidad (ni lo pensaba) su tarea, por el contrario, consistía en esclavizarlo totalmente, sangrarlo incluso si quería únicamente salvaguardar su dominación. Tenía, en suma, que resolver el problema que se le presentaba a la burguesía mundial disponiendo de medios mucho más restringidos que, por ejemplo, los Estados capitalistas democráticos. Si, de 1.931 a 1.936, fracasó al jugar la baza “democrática” fue por su debilidad congénita y no porque la relación de clase le hubiese sido desfavorable, lo que contradice la realidad de las situaciones. En efecto, como veremos en el capítulo siguiente, la República democrática en vez de favorecer el desarrollo ideológico y político del proletariado, y en consecuencia la constitución de su partido de clase, contribuyó al reforzamiento de las fuerzas contrarevolucionarias que obraban en las masas socialistas, estalinistas, anarco-sindicalistas, corrompiendo los débiles núcleos comunistas supervivientes de la ruina de la IIIª Internacional.
Se asiste en España, a menor escala, a lo que ocurrió en los otros países capitalistas en la era del “resurgimiento” democrático que siguió a la guerra imperialista.
Si el criterio internacionalista significa algo, hay que afirmar que bajo el signo de la contrarrevolución a nivel mundial la orientación política en España, entre 1.931 y 1.936, no podía sino seguir una dirección paralela y el curso inverso a un desarrollo revolucionario."
Y finalmente reafirma, la necesidad imperante del partido de la clase, que no estuvo, que no se formó. Esta era la tragedia del proletariado español, y a la vez la bancarrota del movimiento obrero, consecuencia, obreros en armas tras de sus respectivas burguesías.
"No es menos cierto que el proletariado español fue lanzado a esa trágica situación que, aún oponiéndose a un “eslabón débil” del capitalismo mundial, lucha en peores condiciones porque está privado de los instrumentos de su emancipación: el partido de clase y el programa revolucionario. Si quedaba aún la más mínima duda sobre el papel fundamental de partido en la revolución, la experiencia española desde Julio de 1.936 hubiera bastado para borrarla definitivamente. Incluso si asimilamos el ataque de Franco a la aventura de Kornilov en Agosto de 1.917 (lo que es falso histórica y políticamente) el contraste entre las dos revoluciones continúa siendo impresionante. La una, en España, determina la progresiva colaboración de las clases hacia la unión sagrada de todas las fuerzas políticas; la otra, en Rusia, se dirige hacia la elevación de la lucha de clases que acaba en la insurrección victoriosa bajo el control vigilante de Partido Bolchevique, templado mediante 15 años de lucha mediante la critica y la lucha armada.
Hacía falta un milagro para que el proletariado español pudiera abrirse “el mismo” su camino de clase. Pero sabemos que los milagros sociales no se concilian con la dialéctica materialista."
Salu2 internacionalistas.