Las necesidades reales.

Nestor Estebenz Nogal
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Mensaje por Nestor Estebenz Nogal el Jue Nov 04, 2010 12:10 pm

. Las necesidades reales. (notas de Campos de Discusión s.XXI) Néstor Estebenz Nogal

Realmente ¿qué necesitamos? Sería feliz en la inmensidad del desierto, una carpa, un bidón de agua, un ordenador, una compañera. conversaciones, paseos, observaciones estelares...¿y luego? Luego, nada. Decírselo a alguien para que haga su propia experiencia de mística y finitud.


El boom de las innovaciones de forma oculta el ritmo real de las modificaciones tecno, las de estructura de los componentes de una maquina de trabajo. A veces, cambiando la organización de los elementos se pretende hacer pasado por algo refuncionado lo que cumple la función vieja de siempre. El desmadre antitecnológico consiste en hacer pasar nuevas formas por nuevas realidades funcionales cuando no pasan de ser modificaciones de uso. La mercadotécnica está repleta de repeticiones funcionales aunque bien es cierta que en cada feria de presentaciones se acceden a nueva aparatología. Paralelamente un sector muy denunciado como el de la farmacología las firmas de laboratorios no han parado de poner en circulación nuevos nombres a viejos productos hasta que la legislación ha tenido que remediar esa inflación de superfluidades. Las propuestas tecnológicas avanzadas no son las que copian sino las que copian otras marcas sino las que las superan con innovaciones funcionales. Si la calidad tecnológica fuera cualitativamente mejor (o para cuando lo sea en un mundo ético) la geografía vería reducir considerablemente sus chatarras inservibles.


La imagen de terceredadistas hurgando en containers para llevarse piezas de fruta a la boca de la que algunos medios muestran sus fotos y dan señales de alarma tiene un largo recorrido de décadas por los itinerarios de las basuras. Esta escena es una de las formas más crueles de la reutilización. Los hombres-rata que hay en grandes ciudades del mundo cogiendo directamente de las papeleras de las calles restos de bocatas desechados y que vi por primera vez en el barrio latino parisino es sin duda una de las imágenes menos aceptables del sistema capitalista. Cada vez que alguien hace eso demuestra que el mundo está peor de lo que habíamos estimado. Pero esa no es la única forma de reutilización. Reutilizar básicamente significa pensar dos veces antes de tirar algo con tiempo de uso útil todavía, si puede seguir sirviendo a alguien de nuestro entorno o llevarlo a un espacio-almacén donde haya quien le pueda servir. Hay que recordar que antes que los países latinos se sumaran a la onda ecologista los países nórdico-europeos y los USA, más ricos, ya habían popularizado los espacios de Second Hand. En España las iniciativas de segunda mano (la forma más popular de mencionar la reutilización) con revistas anunciando objetos usados para la venta, aun con sus insistencias, no se han llegado a consolidar tanto. Cada ciudad, cada localidad, podría –debería- tener un espacio de objetos para la reutilización desechados por sus primeros dueños. Bastaría un local municipal asignado como almacén para eso y un encargado de clasificar los objetos en estanterías. El acceso a esos objetos en tanto que materiales no pagados, sino donados, debería ser gratis o con un coste mínimo que pagara el alojamiento en espera de encontrar un nuevo usuario. Si una iniciativa tan eficaz, barata y simple de puesta en funcionamiento como esta no se hace es porque esa clase de programa no genera beneficios económicos para nadie (entiéndase: para nadie de los especuladores) salvo para los directamente beneficiados con la reutilización. Puesto que ni el comercio particular ni los ayuntamientos ganarían con esa clase de recurso público por eso no es promocionado. Ese déficit puede ser subsanado desde otras iniciativas particulares, de hecho hay empresas (como Cáritas o Humana) que dan ejemplos de reutilización. No sé de iniciativas del asociacionismo de las canteras izquierdistas o ácratas que vayan en este sentido. Simbólicamente utilizar los jeans por otra persona puede desencadenar remilgos en posturas finolis o también todo lo contrario: creo recordar que todavía se puja por prendas de famosos subastadas en los establecimientos más chics del mundo. No sé si la osadía ha llegado a subastar bragas de usos certificados de actrices del reino cinematográfico pero no me extrañaría. Para el tema que nos ocupa la reutilización de un objeto significa lo significa: usar algo que sigue teniendo vida útil no por razones de fetichismo o de colección. El mundo del despilfarro existe porque hay un desajuste entre todo lo que se produce y los límites de su utilización. En cuanto se separa reutilizar más cesará tanta producción y el planeta descansará de tanto expolio.


Los productos de compra y consumo remiten a listas de necesidades distintas. Lo necesario originariamente no es el dinero sino el objeto o servicio que se alcanza con él. De todas las cosas necesarias (teniendo en cuenta que el concepto de necesidad varía de individuo a individuo) las que lo son más (alimento, cobijo y desplazamientos) se ven con los precios más o menos incrementados no tanto por razones objetivas de la producción misma como por las especulaciones que inciden en el mercado. Una reorganización alternativa de la relación entre productores y consumidores haría la vida sumamente barata.
En la controversia entre la lógica de lo personal (lo privado) y lo público (lo colectivo y la militancia y dedicación por ello) se establece que la cualidad cooperante de cada individuo está por encima de su personalismo quedando demostrada su prescindibilidad. Sabemos que cada uno/a de nosotros estamos llamados a desaparecer pero contamos que nos sobrevivirán las causas por las que luchamos y los grupos o clases a los que defendimos. Mientras los movimientos de peso se organizan y progresan hacia metas paradisiacas las necesidades individuales de evolución y liberación personal no se estancan , con lo cual antes de una revolución de una mayoría el compromiso de cada cual con su propia revolución personal desterrando sus miedos y sus codicias es esencial.


La izquierda comunista que se dio en llamar también izquierda revolucionaria en oposición a un comunismo de la contemporización que también fue tratado de revisionista (equiparando el marxismo a una biblia intocable) ha dedicado el grueso de su energía a impugnar una sociedad de dolor basada en un sistema clasista pero no ha implementado modelos alternativos de convivencia y progreso colectivo porque los ha supeditado a un salto histórico de la clase obrera llamado revolución. Su pugna por el poder si bien la ha desmarcado de otros grupos rivales (dentro de la clase dominante también hay clanes por el poder en rivalidad entre sí)no la ha desmarcado de esa necesidad histórica humana de querer el dominio sobre el semejante. Sin una nueva teoría reinterpretativa de las necesidades reales y del realismo de su prescindencia, ya propuesta desde una visión epicureana de la existencia, un nuevo mundo que siga con las prisas, el estrés y la hiperproducción tendría más de viejo que de nuevo. De otro lado la sociedad superproductiva no ha desencadenado el feliz parto de un socialismo por la posibilidad material y matemática del reparto de los bienes entre todos (idea anunciada con un exceso optimista en el XIX) sino las mil y una caras de la continuidad capitalista como régimen de terror y servidumbres. Para Keneth K.Kurikhara compara a Marx y a Keynes, el uno como profeta de la catástrofe final (la del modelo capitalista llamado a desaparecer) y al otro como profeta del auge permanente en lo que se refería a las futuras posibilidades de ese capitalismo. Paradójicamente ante, la eclosión inflacionaria de mercados debido a los excesos especulativos, el capitalismo encuentra su techo y tiende a autocorregirse después del boom neoliberalista que hizo creer en la fantasía del desarrollo ilimitado y del capital creciente sin límite alguno. Las pseudodemocracias se han compaginado como aliadas al llamado libre mercado (lo que significa la posibilidad de colocar cualquier precio no explicado económicamente por el coste de los productos sino por la ventaja fraudulenta en su manipulación) y han sido las conectoras de una sociedad complicada y cómplice. La pseudodemocracia, además de la estructura parlamentaria de delegación diferida, ha requerido de un intermediario de negociación social para que acolche el movimiento obrero dando lugar a un sindicalismo en pos del pacto continuo sin cuestionar las estructuras de fondo. Será por un replanteamiento a escala general y a escala de cada individuo acerca de sus necesidades reales para poder objetar la forma de una existencia estresada y artificiosa. Para tener vidas de calidad y en paz no son necesarios los grandes dividendos tanto como las relaciones equilibradas, ecológicas y armoniosas con el entorno. Experimentos como Auroville demostraron en parte niveles de vida altos con ingresos mínimos. El sindicalismo en lugar de alternativizar a la sociedad capitalista ha sido y es uno de sus principales consolidadores porque no solo prioriza sino que exclusiviza el negocio de la fuerza de trabajo por encima de la dignidad de la vida.


No pocos ya anunciamos que en etapas de crisis un panorama de adversidad podía ser un factor positivo para reexcitar la imaginación y reconsiderar no solo el modelo de economía sino también el modelo de existencia. Una vez se está dispuesto a cambiar el chip mental se encuentran soluciones. Si el objetivo de vida deja de ser el de la acumulación permanente de dinero y de bienes que en la cortedad biográfica no da tiempo de disfrutar totalmente y se prioriza el tiempo hedónico (el de gozo y el artístico) al tiempo productivo, el planteamiento de vida pasa a ser otro completamente diferente. Para vivir y para vivir bien (con dignidad y calidad de los materiales y de la relación con las cosas) no hace falta tanto, en el sentido de garantías y encastillamientos de infraestructuras. Lo que es más: el mundo grosso modo tiene más de lo que necesita. Después de tantos siglos de industria pesada con sus maquinas rugiendo y su enorme cantidad de productos en circulación, seguir con la misma dinámica esquilmando las materias primas de las entrañas del planeta y sobreproduciendo más de lo que hay es literalmente absurdo. El criterio educativo de una nueva pedagogía social debe cambiar la noción de conseguirlo todo por la de usar lo que se tiene inteligente y polivalentemente. (El menos es mas de Mies van der Rohe, no es una cuestión formal o estética sino una exigencia ética determinada por el respeto a la vida). Es mayor el problema a la gestión de las cosas asegurando su integridad que no el de la falta de ellas. Dicho de otra manera: hay de todo para todos. Esa afirmación no era posible ser hecha un siglo atrás, tampoco tras el desastre de la segunda guerra mundial, pero sí lo ha sido después. Continuar acudiendo a los tajos (centros de producción y refabricación) para abandonar el ocio, la lectura, la conversación, los placeres y la vida-jauja es un atentado autoético y un autodesprecio a uno mismo por trocar su tiempo de vida por tiempo de trabajo para contribuir a una abundancia de lo innecesario que pueble el merchandising de los almacenes de venta. Cambiar el chip significa seguir potenciando las iniciativas que ya se dan a pequeña escala de espacios de reutilización y reciclaje para convertirlas en un nuevo enfoque para la organización de garantías de la subsistencia colectiva. Las propuestas son múltiples: desde espacios de trueque que pueden ser probados como ferias puntuales a almacenes de acumulación de materiales que no sirven a unos para que sirvan a otros disminuyendo los eslabones de intermediación que especulen con ellos. Volver a la praxis del favor (apoyo mutuo) no es volver atrás sino recuperar lo que de positivo tuvieron historias pasadas clausuradas por quienes no encontraban beneficio suficiente en ellas.


Por sensibilidad, conciencia y pensamiento evolucionado uno puede optar por no ser un depredador pero lo tiene más difícil para dejar de ser una presa. Tras sus cuidados y con mucho esmero puede posponer su cita como víctima pero no perder la prevención de que tal condición le puede alcanzar. De hecho, la vida productivo-consumista queda vertebrada en torno a distintas secuencias de victimidad que ingresan en el costumbrismo y en el mal hacer. Hay distintos grados de predación. La victima de accidente de tráfico por negligencia ajena o el obrero de la construcción muerto por la caída desde un andamio en el que no está amarrado o el de quien hace la ingesta de un producto tóxico vendido como fármaco o alimento pertenecen a una categoría de destrucción física y la victimidad derivada por el fraude comercial, la negligencia profesional o los errores organizativos es de otro grupo. Hay otro tipo de victimización: la incomprensión de los decires a veces con intencionalidad confusionista y otras por no concurso de las habilidades intelectivas. Los factores concurrenciales por la victimización es de tal extensión que es difícil en las interacciones sociales que pase un solo día sin que se sea víctima en un asunto u otro. Para que no haya victimas no debería haber predadores. La desconfianza como medida cautelar y autoprotectora configura una sociedad de cobardes y masivamente formada por individuos no implicados por construir una realidad mejor.


Además de las víctimas humanas y animales la víctima más mal parada es el lenguaje. La inmersión de la sociedad entera en sus salsas de mentiras y descalificaciones es de tal envergadura que es prácticamente imposible encontrar a un solo hablante que no maneje vocablos hirientes aderezados con la violencia sutil de las miradas y gestos despreciativos. Quien no tiene razones ni es ducho en argumentística se aprende unas cuantas palabrotas de las que sabe que hacen daño y las tira a boleo o con bazoka de precisión. Lo triste del asunto es que el lenguaje barriobajero que en otrora naciera de los espíritus menos duchados con agua caliente y estropajo también es el de las altas cunas, espacios parlamentarios y claustros de doctos. Y es que el lenguaje además de ser eso tan exquisitamente destilado por el arte de la expresión obedece al estado concreto de cada olla emocional, a la hidráulica interna linfa, sangre arterial, sangre venosa, exudaciones varias y sapos chapoteando en todo ello, de cada cuerpo energuménico o no (que también hay quien las mata callando) que sigue siendo capaz de ver pajitas en ojos ajenos sin ver las vigas en los propios, sea cual sea su curriculum académico o sus andanzas por los esferoides de los grandes logros profesionales. No hay mayor logro biográfico que el de la autenticidad y saberse hecho de una sola pieza (es un decir, todo individuo que se precie es un amasijo de cientos de huesos, músculos, nervios, conductos y de millones de células, muchas que no están de acuerdo con la vida que lleva el conjunto organísmico). Educar (que contiene transmisión de conocimiento y dominio de método y formas) sigue siendo la palabra-clave pero en aras a la educación se ha inventado la teledirección, el monolitismo, la manipulación y otra versión –eso sí ilustrada- de la ignorancia. La destilación del saber es algo que pasa por la academia algo menos que por la extra academia. En la vida en crudo reside el encuentro con las verdades, a menudo desalentadoras, porque una parte considerable de los que más copada tienen la palabra pública (la clase política y las castas deportivas y glamorosas, para resumir) es la que menos sabe. Como que R.Tagore dijo que cerrar la puerta a las equivocaciones es dejar afuera la verdad podemos admitir los siguientes milenios una coexistencia entre mentiras autopropagadas y la sensibilidad horrorizada de quienes las superaron. Saber hablar implica volver a aprender a hablar en medio de contextos lingüísticos mal hablados o en los que se habla mal (demasiados para enumerarlos) y tomar la oportuna distancia para mantenerse fuera de sus contaminantes. No participar de innumerables espacios conversacionales tampoco significa una gran pérdida, como compensación el ser marginado sabe que su separación tiene otra clase de compensaciones privadas. Como consuelo Chuang Tzú dijo que “El perfecto no tiene <yo>, el santo no tiene mérito, el sabio no tiene fama”


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