MN - "León Trotsky, el primer estalinista"

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Gran camarada
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Mensaje por 1521 el Jue Oct 14, 2010 10:32 pm

Aqui os dejo un texto de un colega mio a ver que os parece, tiene un tiempecillo pero seguro que mas de uno ya lo ha leido:

http://www.kaosenlared.net/noticia/leon-trotsky-primer-estalinista

Introducción

Hace unos meses, publiqué  un artículo titulado Trotsky no existe. Dicho artículo efectuaba una crítica a lo que considero izquierda dogmática y anquilosada, apostando por un marxismo abierto y actualizado, que supere sus errores históricos. Existe, sin embargo, una mala costumbre entre nuestros lectores: la de leer sólo el título de los artículos e inventarse, sin más, el contenido. Un único párrafo llamó la atención del público: aquel en el que someto a crítica la figura de León Trotsky.  

La tesis, sin embargo, era bien sencilla: ni Trotsky ni Stalin existieron jamás, al menos en las versiones icónicas que sus respectivos partidarios nos han legado. Ni Stalin fue el glorioso padre de los pueblos, ni Trotsky fue un activista antiburocrático y antirrepresión, como puede comprobarse recurriendo a toda la historiografía solvente sobre el periodo.

Como cabía esperar, llovieron las críticas contra mi persona, calificada, claro está, de “estalinista camuflado”. La compañera Neus Pérez-Vico, a quien debo dar las gracias por su brillante artículo (El Frente Popular de Judea), salió en mi defensa, argumentando que mis detractores no demostraban excesiva comprensión lectora... Tras leer un artículo que criticaba a Trotsky precisamente por parecerse más a Stalin de lo que a muchos les gustaría admitir, acabaron concluyendo que dicho artículo era... una defensa de Stalin.  

Sin embargo, debo dar las gracias también a estos detractores, porque sus airadas respuestas no hicieron otra cosa que darme la razón. A nadie molestaron mis críticas a Marx, Engels o Lenin... sino sólo mis críticas a Trotsky, al que dan culto y perciben, por tanto, como infalible. Es más, para ellos, criticar a Trotsky ha de significar necesariamente defender a Stalin, porque proponen una visión grotesca y pueril del marxismo, como un eje en el cual hubiera dos extremos (Trotsky y Stalin) y en el que, obligatoriamente, cuanto más te alejes de uno, más te acercas al otro.

Somos muchos los que pensamos que el marxismo es otra cosa. Por ello, he decidido continuar este debate, siempre sobre la base del respeto que impone el hecho de que somos compañeros y de que, en estos momentos, diversas organizaciones de la izquierda extraparlamentaria tienen sobre la mesa de debate el proyecto de un Frente de Izquierdas en el que, más allá de las diversas procedencias o matices programáticos, podamos confluir todos, en base a una breve serie de objetivos fundamentales.


¿Qué es el estalinismo?

El militante medio definiría  “estalinismo” aproximadamente en función de los siguientes rasgos:

  1. La represión.
  2. La calumnia contra el enemigo político para justificarse.
  3. La militarización de la sociedad y la supresión de la libertad sindical.
  4. La burocracia dictatorial del partido único.
  5. La ausencia de control obrero y popular sobre la producción.
  6. El férreo dogmatismo ideológico.
  7. El culto a la persona y la deriva final hacia el reformismo.



El propósito de este artículo es demostrar que podemos afirmar, de la manera más exacta, que si “estalinismo” es eso, Trotsky fue un estalinista, o, para ser más precisos, el primer estalinista.  

Por mucho que a algunos pueda sorprenderle, el problema, tal y como ha sido planteado hasta ahora, se reduce a una burda tautología. La escenificación de una supuesta disputa teórica entre quienes se disputaban el liderazgo tras la muerte de Lenin no resiste un análisis crítico digno de tal nombre. Dada la derrota de la revolución alemana, la “revolución mundial” y el “socialismo en un solo país” no constituían dos opciones entre las que hubiera que elegir, cosa que ambos sabían. El resto fue un vano intento de buscar profundas diferencias políticas donde no había otra cosa que despecho. Tras perder este combate por el poder, a Trotsky empezó a parecerle reprobable todo aquello que él mismo, junto a otros, había construido; y de pronto, otros no podían hacer lo que, años antes, él mismo había hecho.

Veámoslo.

La represión

En su artículo (Trotsky molesta) Pepe Gutiérrez me insta a citar fuentes y emplear las obras de “toda una legión de historiadores”, de los que cita determinados ejemplos. En primer lugar, tal vez debiera Gutiérrez plantearse la posibilidad de que exista cierta falta de respeto intelectual en la pretensión imponerle a su contertulio las fuentes que debe emplear. Mi artículo ya contaba con sus propias fuentes bibiográficas (Pérez-Vico constata que, sólo en los pasajes entrecomillados, empleo 25 fuentes directas).  

Por otro lado, algunos de los imparciales historiadores que cita no son, en realidad, historiadores sino militantes trotskistas, como Deutscher y Mandel. Pero, sobre todo, me llama la atención que mencione a E.H. Carr. Lo que Pepe Gutiérrez no sabe (aunque otros lectores más avispados sí se percataron de ello) es que Carr era precisamente una de las principales fuentes de mi Trotsky no existe.

De modo que aceptaré  su envite y emplearé, precisamente, al historiador que él ha querido imponer para este debate. Tengo sobre la mesa varios de los seis tomos de la Historia de la Rusia Soviética de E.H. Carr. En el Tomo 1 (La conquista y organización del poder) de la serie La revolución bolchevique (1917-1923), página 175, vemos que, tras la ilegalización del partido kadete, el VtsIK (Comité Ejecutivo Central de Todas las Rusias) protesta a Trotsky por las detenciones y registros arbitrariamente realizados. La respuesta de éste es, como poco, siniestra: “Protestáis contra el blando y débil terror que estamos aplicando contra nuestros enemigos de clase, pero habéis de saber que, antes de que transcurra el mes, el terror asumirá formas muy violentas siguiendo el ejemplo de los grandes revolucionarios franceses. La guillotina estará lista para nuestros enemigos, no ya simplemente la prisión”. Una semana después de este discurso nace la Cheka. En la página 174, por su parte, podemos ver a Trotsky amenazando de manera feroz: “Retenemos prisioneros a los kadetes como rehenes. Si nuestros hombres caen en las manos del enemigo, sepa éste que por cada obrero y cada soldado exigimos cinco kadetes”.

El propio Trotsky, de su propia mano, nos dice en la página 75 de Terrorismo y comunismo (1920): “Una guerra victoriosa, en general, no extermina más que a una ínfima parte del ejército vencido, pero desmoraliza a las restantes y quebranta su voluntad. La revolución actúa del mismo modo: mata a unas cuantas personas, aterra a miles. En este sentido el terror rojo no se diferencia, en principio, de la insurrección armada, de la que tan sólo es continuación. (...) Nuestras comisiones extraordinarias fusilan a los grandes propietarios, a los capitalistas, a los generales que intentan restaurar el régimen capitalista. ¿Percibís ese... matiz? ¿Sí? Para nosotros, los comunistas, es suficiente”.

También en Terrorismo y comunismo, afirma Trotsky: “Con todo, el socialismo, en su proceso, atraviesa una fase de la más alta estatización. Precisamente en ese periodo nos encontramos nosotros. Así como la lámpara, antes de extinguirse, brilla con una luz más viva, el Estado, antes de desaparecer, reviste la forma de dictadura del proletariado; es decir, del más despiadado gobierno, de un gobierno que abraza imperiosamente la vida de todos los ciudadanos”.

Presentar un análisis del periodo en el que Stalin sea el inaugurador de la represión en la URSS es, sencillamente, falsear por completo la historia soviética. Recordemos el “Telegrama a los comunistas de Ponza” de Lenin, el 11 de agosto de 1918: “1) Deben ahorcar (ahorcar sin falta, de modo que el pueblo lo vea) por lo menos 100 kulaks notorios, los ricos, y los chupasangres. 2) Publiquen sus nombres. 3) Quítenles todo su grano. 4) Ejecuten a los rehenes - de acuerdo con el telegrama de ayer. Esto necesita ser llevado acabo de tal manera que la gente por centenares de millas alrededor verá, temblará, sabrá y gritará: ahorquemos y estrangulemos esos kulaks chupasangres. Telegrafíenos reconociendo recibo y ejecución de esto. Suyo, Lenin. P.D. Utilizen a su gente más dura para esto”.  

Lenin y Stalin no dudaban en emplear la fuerza. Trotsky tampoco. Pero ¿sólo contra los enemigos de la guerra civil? Charles Bettleheim, en La lucha de clases en la URSS. Primer periodo, 1917-1923 (pág. 353), nos trascribe la declaración de Trotsky en el IX Congreso del partido (29 de marzo-5 de abril de 1920): “Hay que decir a los obreros el lugar que deben ocupar, desplazándolos y dirigiéndolos como si fuesen soldados. La obligación de trabajar alcanza su más alto grado de intensidad durante la transición del capitalismo al socialismo. Los desertores del trabajo deberán ser incorporados a batallones disciplinados enviados a campos de concentración”.  

Figura en las propias actas del IX Congreso: Trotsky, el “enemigo de la represión”, proponía (incluso en tiempos de paz) enviar a campos de concentración a aquellos obreros que no trabajaran en la ubicación exacta que les ordenara el Estado. ¿A quién le sorprende? ¿Es que no recordamos Kronstadt en marzo de 1921? Trotsky dirigiendo a 50.000 soldados del Ejército Rojo que reprimen a sangre y fuego a estos obreros (héroes de la revolución de 1917), que se encontraban amotinados en defensa de reivindicaciones como la libertad de expresión para los diferentes partidos socialistas y anarquistas ilegalizados por el Estado, libertades sindicales y libertad de expresión, entre otras cosas.

La calumnia contra el enemigo político para justificarse

Como sabemos, entre los años 1936 y 1938 Stalin juzgó  y condenó  a buena parte de la burocracia del partido en sus famosos Procesos de Moscú, acusándolos de las más diversas calumnias.

Pepe Gutiérrez, en su hagiografía (quise decir biografía) Conocer Trotsky y su obra (págs. 76 y 77) justifica la represión a Kronstadt en 1921, bajo argumentos como “Hay que considerar las necesidades de la revolución en peligro”, “lo indiscutible es que la única alternativa a su dominación [de los bolcheviques] era pura y simplemente la restauración zarista” o “los bolcheviques (…) estaban convencidos de que (…) no se podía entender más que como una adaptación de lo que los blancos blandían”.  

Así, Gutiérrez termina aceptando (si bien de un modo algo ambiguo) lo que tanto Lenin como Trotsky, ni cortos ni perezosos, declararon entonces: que los marinos de Kronstadt eran aliados de los blancos. Pero esa acusación ya ha sido completamente refutada por la historiografía. La cuestión no es si era o no “necesario” reprimirlos, sino si era o no necesario mentir además sobre ellos. De modo que, si Trotsky, como defendemos, es el primer estalinista, su posición calumniadora con respecto a Kronstadt es el primer Proceso de Moscú.  

Por otro lado, el “Hay que considerar las necesidades de la revolución en peligro” de Gutiérrez me recuerda al argumento empleado por otro de mis detractores (Ronald León, quien en su ¿Qué nos divide? defiende la división entre trotskistas y estalinistas y la imposibilidad de un frente único de todos los comunistas): “los dirigentes bolcheviques se vieron obligados a colocar su defensa como primera cuestión. Este fue el contexto, ineludible de enmarcar, de las medidas autoritarias o burocráticas que Navarrete señala a Trotsky, Lenin y a la dirección bolchevique”. La prohibición de todos los partidos menos el bolchevique le resultan a Ronald León “una medida de guerra”, ya que, de permanecer los mencheviques o los anarquistas en la legalidad, habría acabado “imponiéndose ya no un régimen político con ciertas limitaciones circunstanciales a la democracia, sino un régimen de dictadura tipo fascista”. Curiosa percepción del resto de fuerzas políticas, aunque siempre dentro de la lógica autojustificatoria, apoyada en el argumento de la “inevitabilidad de lo necesario”; una lógica que cuenta con la dudosa ventaja de hacer innecesaria cualquier autocrítica.

Pérez-Vico contesta con una original fórmula matemática: “Si la circunstancia de guerra civil en Rusia justificaba todos los recortes democráticos que hicieron Lenin y Trotsky, ¿la circunstancia de guerra civil española justificaba acciones análogas?


Podemos expresarlo incluso mediante una regla de tres:

Guerra civil rusa--------------------------Kronstadt

Guerra civil española-------------------- X

Si despejamos la ecuación, el resultado será:

X= mayo del 37”.

La militarización de la sociedad y la supresión de la libertad sindical

En la página 228 del Tomo 2 (El orden económico, también en la serie La revolución bolchevique 1917-1923) de E. H. Carr (Historia de la Rusia Soviética), precisamente el historiador que Pepe Gutiérrez me sugería emplear, leemos la siguiente cita de Trotsky: “Reconocemos con ello fundamentalmente -no formalmente, sino fundamentalmente- el derecho del Estado de los obreros a enviar a todos los hombres y mujeres trabajadores al lugar donde son necesarios para el cumplimiento de las tareas económicas. Por tanto, reconocemos el derecho del Estado, el Estado de los obreros, a castigar al hombre o mujer trabajador que se niegue a cumplir sus órdenes, que no subordine su voluntad a la de la clase trabajadora y a sus tareas económicas. La militarización de la mano de obra es el método indispensable y básico para la organización de nuestras fuerzas laborales”.  

Trotsky proponía esta fórmula para el “periodo de transición del capitalismo al socialismo”. En la página 225 del mismo tomo, E.H. Carr reproduce esta otra frase de León Trotsky: “La militarización es impensable sin militarizar a los sindicatos como tales, sin el establecimiento de un régimen en el que cada obrero se sienta soldado del trabajo, que no pueda disponer por sí mismo libremente; si se le da la orden de trasladarse, debe cumplirla; si no la cumple, será un desertor a quien se castiga. ¿Quién cuida de ello? El sindicato; él crea el nuevo régimen. Esto es la militarización de la clase obrera”.  

Todo esto figura, como ya dijimos, en las actas del IX Congreso del partido bolchevique. Como podemos consultar en la página 238 de Carr, la propuesta de Trotsky (también secundada por Bujarin) fue rechazada por 336 votos contra 50. Las Resoluciones del IX Congreso (que pueden consultarse en el tomo anexo a las Obras completas de Lenin), recogen que para la inmensa mayoría del partido, contra lo que pensaba Trotsky, la coerción y la militarización sólo podían justificarse por circunstancias de guerra, y de ningún modo una vez superada ésta ni como método de construcción del socialismo.

Como expone Charles Bettleheim (páginas 357-360), Lenin combatió  las posiciones burocráticas de Trotsky en su folleto Los sindicatos, la situación actual y los errores de Trotsky. Para Lenin, Trotsky no entiende la dialéctica, ya que concibe el Estado soviético de una forma falsamente abstracta, como si fuese la “pura expresión” de la dictadura del proletariado. Lenin afirma que el Estado soviético tiene una doble naturaleza: obrero en la medida en que lo dirige un partido revolucionario y burgués por muchos de sus rasgos: dependencia de los técnicos y especialistas burgueses, reminiscencias administrativas del pasado... Por tanto, para Lenin, a diferencia de lo que planteaba Trotsky, la lucha huelguística puede estar justificada por la necesidad de combatir las deformaciones del nuevo Estado y las supervivencias del antiguo.

Trotsky, en su libro Terrorismo y comunismo (1920), expone de nuevo su curiosa propuesta de organización de la URSS. En el capítulo VII (“Las cuestiones de organización del trabajo”, pág. 155), leemos: “El Estado proletario se considera con derecho a enviar a todo trabajador adonde su trabajo sea necesario. Y ningún socialista serio negará al gobierno obrero el derecho a castigar al trabajador que se obstine en no llevar a cabo la misión que se le encomiende (…) Sin trabajo obligatorio, sin derecho a dar órdenes y a exigir su cumplimiento, los sindicatos pierden su razón de ser, pues el Estado socialista en formación los necesita, no para luchar por el mejoramiento de las condiciones de trabajo —que es la obra de conjunto de la organización social gubernamental—, sino con el fin de organizar la clase obrera para la producción, con el fin de educarla, de disciplinarla, de distribuirla”.  

Existe una idea comúnmente difundida, según la cual, de haber ascendido Trotsky, en lugar de Stalin, al poder, la URSS habría sido un lugar mucho más habitable. Sin embargo, cualquiera que lea estas palabras tendrá que admitir que la propuesta de Trotsky no parecía presagiarlo. No tenemos, por tanto, el menor motivo para pensar que la URSS hubiera sido mucho mejor, si excluimos el pensamiento desiderativo.  

Sólo dos cuestiones me resta por plantear al respecto. La primera: algunos, como Roland León, dirán que muchas de las medidas extremas que se propusieron eran estrictamente necesarias, pero, ¿era esta medida que proponía Trotsky necesaria? ¿Era necesario militarizar a la población, subordinar los sindicatos al Estado y que éste decidiera a dónde debía mandar a cada trabajador, so pena de ingresar en un campo de concentración en caso de negarse a cumplir dicha orden?  La segunda cuestión es, ¿por qué Pepe Gutiérrez, en su biografía de Trotsky (cuyas imparciales fuentes son, básicamente, la autobiografía de Trotsky y la biografía realizada por el trotskista Isaac Deutscher), no menciona una sola palabra acerca de este hecho, que figura, no sólo en el E. H. Carr que me aconsejaba consultar, sino en las propias obras de Trotsky, como Terrorismo y comunismo (1920)? ¿Existen fragmentos de la vida y de la obra de Trotsky que no deben mencionarse? ¿Hay que falsificar la historia para construir un nuevo Trotsky a la medida del mito que sobre él hemos inventado? ¿Qué adelantamos con eso?


La burocracia dictatorial del partido único

En Terrorismo y comunismo, Trotsky nos dice también: “Más de una vez se nos ha acusado de haber practicado la dictadura del partido en lugar de la dictadura de los sóviets. (…) En esta sustitución del poder de la clase obrera por el poder del partido no ha habido nada casual, e incluso, en el fondo, no existe en ello ninguna sustitución. Los comunistas expresan los intereses fundamentales de la clase trabajadora”. En esta obra, recientemente vuelta a publicar por Akal, Trotsky defiende la concepción de un partido único, infalible y situado por encima de la sociedad.

Bettleheim, por su parte (pág. 355), nos transcribe esta despectiva referencia a la Oposición Obrera de Alexandra Kollontai, efectuada por Trotsky en los debates del X Congreso del partido (1921): “Ellos han avanzado consignas peligrosas. Han convertido en fetiche los principios democráticos. Han colocado por encima del partido el derecho de los obreros a elegir sus representantes. Como si el partido no tuviese derecho a afirmar su dictadura, incluso si esta dictadura está en conflicto temporal con los humores cambiantes de la democracia obrera. El partido está obligado a mantener su dictadura, cualesquiera que sean las vacilaciones temporales, incluso de la propia clase obrera. La dictadura no se basa a cada instante en el principio formal de la democracia obrera”.

Como vemos, Trotsky defendía la dictadura del partido, y no la democracia obrera. Es más: todos los bolcheviques lo hacían. Ya recordé, en Trotsky no existe, el episodio de la disolución de la Asamblea Constituyente, en enero de 1918. O la crítica a la Revolución Rusa de Rosa Luxemburg, también en una fecha tan temprana como 1918. Vale la pena releer las palabras de Rosa y reflexionar sobre ellas: “Pero al sofocarse la actividad política en todo el país, también la vida en los sóviets tiene que resultar paralizada. Sin sufragio universal, libertad ilimitada de prensa y reunión y sin contraste libre de opiniones, se extingue la vida de toda institución pública, se convierte en una vida aparente, en la que la burocracia queda como único elemento activo. Al ir entumeciéndose la vida pública, todo lo dirigen y gobiernan unas docenas de jefes del partido, (...) en definitiva, una camarilla, una dictadura, ciertamente, pero no la del proletariado, sino una dictadura de un puñado de políticos”.

Además, cabe resaltar que Trotsky, en este X Congreso, se auto-expulsó virtualmente a sí mismo del partido, al votar a favor de la propuesta de Lenin de prohibir las facciones internas. Años más tarde, fue expulsado del partido por organizar una facción precisamente.

A pesar de las utópicas palabras de Lenin en El estado y la revolución (1917), nunca en la URSS existieron los cargos revocables ni las decisiones democráticas. Si queremos ver un texto más realista sobre las prácticas desempeñadas en la vida real por los bolcheviques, podemos consultar Las tareas inmediatas del poder soviético (Lenin, 1918), donde leemos: “La experiencia irrefutable de la historia muestra que la dictadura personal ha sido con mucha frecuencia, en el curso de los movimientos revolucionarios, la expresión de la dictadura de las clases revolucionarias, su portadora y su vehículo". También en el 18 aparece otro texto de Lenin, Acerca del infantilismo de izquierdas, citado por E.H. Carr en su Tomo 2 (pág. 105), donde leemos: “Nuestra tarea consiste en aprender de los alemanes el capitalismo de Estado, en implantarlo con todas las fuerzas, en no escatimar métodos dictatoriales para acelerar su implantación, (…) sin reparar en medios bárbaros de lucha contra la barbarie".  

¿Lenin y Trotsky antiburocráticos? Sería necesario reescribir y falsear la historia entera de esta revolución para llegar a esa conclusión. Por último, no deja de resultar curioso que, en sus últimas cartas (consideradas su “testamento político), Lenin, tras criticar con dureza a Stalin, Bujarin, Zinoviev, Kamenev y Piatakov, acuse también a Trotsky de vanidad y... burocratismo (“está demasiado ensoberbecido y demasiado atraído por el aspecto puramente administrativo de los asuntos”). El caso es que, nos guste o no, para Lenin ninguno de sus sucesores estaba a la altura.

La ausencia de control obrero y popular sobre la producción

En la célebre novela de George Orwell Rebelión en la granja, fábula inspirada en la historia de la Revolución Rusa, los animales de la “Granja Animal” se han sublevado contra sus amos y viven en un régimen utópico. Entonces, uno de los líderes (Napoleón) expulsa a otro (Snowball) y establece su dictadura. Se produce un corte radical: desde ese momento, comienza una degeneración por la cual Napoleón acaba siendo tan tiránico y explotador como los antiguos amos (o quizá más).

La mala costumbre de la militancia comunista actual de no leer ni informarse hace que, en no pocos casos, esta breve y popular novela (o la película, o el resumen de Wikipedia, o la narración acelerada de un compañero...) venga a sustituir a la adecuada formación histórica sobre el periodo. Así, surge el “mito del corte de 1924”. En pocas palabras, la URSS era un paraíso socialista (con sus problemas, tal vez... pero básicamente eso), hasta que, en 1924, muere Lenin y asciende al poder Stalin, que acaba con la revolución y establece un sistema similar al de la Alemania nazi. Otros, en un alarde de cultura, adelantan la fecha a 1922, demostrando con ello conocer aquello de la apoplejía final de Lenin. La cuestión es que, conociendo la fábula popular orwelliana, basta con rellenar los huecos a base de tres o cuatro anécdotas eruditas, que demuestren, por ejemplo, lo bueno que era mi personaje histórico favorito y lo malo que era su odiado rival y... voilà, ya tenemos a un militante bien formado, capaz de ingresar en el Comité Central de más de una liga o partido proletario con más siglas que afiliados.

Volvamos al mundo real. En sus Tesis de abril (1917), al igual que en El estado y la revolución, Lenin proponía  que los funcionarios del Estado o los directores de fábrica no percibieran un salario mayor que los obreros y fueran elegidos por ellos democráticamente, con posibilidad de revocación en cualquier instante. En Acerca del infantilismo de izquierdas (1918), en cambio, Lenin ha asumido que es completamente imposible reorganizar la maquinaria del Estado mediante el control obrero. A menudo las fábricas sólo miran por su propio interés o expulsan a los directores arbitrariamente. La producción desciende y la utopía, sencillamente, no ha funcionado.  

En la página 85 del Tomo 2 de la obra de E.H. Carr asistimos a la creación del Consejo Superior de Economía Nacional (Vesenja), por el decreto del 5-18 de diciembre de 1917. En la página 98, asistimos a la promulgación del decreto de 3 de marzo de 1918, que otorga a este organismo estatal el control de toda la industria, acabando de facto con el control obrero. Como cuenta Carr en el Tomo 1, página 234, un militante llamado Sapronov protestó ante el partido porque el Vesenja zanjaba cualquier discusión con los órganos inferiores con un lacónico: “No entendéis absolutamente nada de producción”. En Acerca del infantilismo de izquierdas, Lenin explica la necesidad de poner al frente de la industria a los antiguos capitalistas y expertos, al ser los únicos que podían ponerla en marcha de manera solvente. Estos expertos, naturalmente, serán nombrados por el Vesenja (el sóviet tendrá un papel meramente consultivo). Lenin justifica incluso la necesidad de que cobren un salario más elevado que los obreros. He ahí el génesis de la burocracia: en 1918. Ya en el IX Congreso (1919) Sapronov criticó esta degeneración burocrática, argumentando que eso no era “centralismo democrático” sino “centralismo vertical ordinario” (E.H. Carr, Tomo 1, pág. 235).

También en E. H. Carr (pág. 238 del Tomo 1) podemos leer la siguiente declaración de Trotsky en el II Congreso del Komintern (1920), una declaración que constituye, además, un alarde de burocratismo casi sin precedentes: “Hoy hemos recibido propuestas del gobierno polaco para firmar la paz. ¿Quién decide en esta cuestión? Poseemos el Sovnarkom pero tiene que estar sujeto a un cierto control. ¿Qué control?  ¿El control de la clase obrera como masa caótica y sin forma? No. El comité central del partido ha sido reunido para discutir la propuesta y decidir cómo contestarla”. Eso opinaba Trotsky. ¿Y el resto del bolchevismo? Un año antes, en el IX Congreso, como leemos en la página 237 del Tomo 1 de E. H. Carr, escribía por su parte Grigori Zinoviev, presidente del Soviet de Petrogrado, que “las cuestiones fundamentales de política, tanto internacional como interior, tienen que ser decididas por el comité central de nuestro partido, es decir, del Partido Comunista, que de este modo tramita estas decisiones a través de los organismos del Sóviet”.  

Así pues, tal vez el trotskismo defienda el control obrero y la autonomía sindical, pero la realidad (contrastable en toda la historiografía disponible de las más diversas tendencias) es que Trotsky no lo hizo. O, en otras palabras, en esta materia Trotsky no fue trotskista, sino “estalinista”.

El férreo dogmatismo ideológico

En el epílogo de La revolución permanente (1930) Trotsky resume sus ideas, efectuando determinadas afirmaciones harto atrevidas: “La resolución íntegra y efectiva de los fines democráticos y de la emancipación nacional tan sólo puede concebirse por medio de la dictadura del proletariado, empuñando éste el poder como caudillo de la nación oprimida y, ante todo, de sus masas campesinas”. “La realización de la alianza revolucionaria del proletariado con las masas campesinas sólo es concebible bajo la dirección política de la vanguardia proletaria organizada en Partido Comunista”. “Sin embargo, esta última [la experiencia histórica] ha demostrado, y en condiciones que excluyen toda torcida interpretación, que, por grande que sea el papel revolucionario de los campesinos, no puede ser nunca autónomo ni, con mayor motivo, dirigente. El campesino sigue al obrero o al burgués. Esto significa que la 'dictadura democrática del proletariado y de los campesinos' sólo es concebible como dictadura del proletariado arrastrando tras de sí a las masas campesinas”. “Un país colonial o semicolonial, cuyo proletariado resulte aún insuficientemente preparado para agrupar en torno suyo a los campesinos y conquistar el poder, se halla por ello mismo imposibilitado para llevar hasta el fin la revolución democrática”.“La tendencia de la Internacional Comunista a imponer actualmente a los pueblos orientales la consigna de la dictadura democrática del proletariado y de los campesinos, superada definitivamente desde hace tiempo por la historia, no puede tener más que un carácter reaccionario”, ya que “esta consigna se opone a la dictadura del proletariado”, de modo que “la incorporación de esta consigna al Programa de la Internacional Comunista representa ya de suyo una traición directa contra el marxismo y las tradiciones bolchevistas de Octubre”.  

Cuando uno lee este libro, parece que el centro de la “teoría de la revolución permanente” es la idea de que el campesinado no puede ser revolucionario. Sólo el proletariado industrial (con su mono azul, a ser posible) está capacitado para ello. Estamos otra vez ante el vetusto (o carpetovetónico) prejuicio, defendido aún por muchos en la actualidad, lo que resulta más grotesco si cabe, ya que, hoy día, el pueblo trabajador se divide en muy distintas fracciones de clase y los obreros fabriles son sólo una minoría (y no la más empobrecida, ni tampoco la más revolucionaria).  

Trotsky no quiso aprender de los aportes que, ya entonces, planteaba José Carlos Mariátegui, de su alegría creadora y del nuevo papel que asignaba al campesinado. En mi opinión, Trotsky aquí es más marxiano, pero menos marxista que Mariátegui o Lenin. Si tomamos al pie de la letra (y, por tanto, de manera antidialéctica) los textos de Marx, la teoría de Trotsky se convierte correcta, pero deja de tener utilidad en el mundo real. El gran acierto de Lenin es saber qué hemos de desechar de las ideas de Marx, para que el marxismo siga siendo útil. Por ejemplo, a la idea marxiana de que la revolución triunfará en los países industrializados, Lenin opone la idea marxista de que una cadena se rompe por “el eslabón más débil” (las naciones subdesarrolladas). Lenin no hace uso de los textos de Marx como un creyente hace uso de la Biblia. De modo que yo, porque soy leninista, no me ciño lo que dijera Lenin. Parto de mi propia realidad, no de cuatro citas descontextualizadas.

Esto nunca fue comprendido ni por Trotsky, ni por buena parte del trotskismo (y del estalinismo). Sin embargo, contra lo que postulaba la “teoría de la revolución permanente”, y como bien teorizó en su día el Che Guevara, el campesinado se ha convertido en el sujeto central de todas y cada una de las revoluciones triunfantes que se han producido desde el momento en que ese texto de Trotsky fue redactado hasta la actualidad: desde la Revolución China, hasta la Revolución Nicaragüense, pasando por la Revolución Cubana o la Vietnamita. ¿Se puede seguir defendiendo esa teoría, aun habiendo sido refutada de manera clamorosa por toda la historia del siglo XX? Supongo que, por descontado, no podemos esperar de nadie la menor rectificación, ni tampoco el abandono de esta teoría (en todo caso, podemos esperar que la falsifiquen, diciendo que afirmaba otra cosa distinta a lo que realmente afirmaba). Aunque, ¿qué es la realidad comparada con una hermosa teoría de hace casi un siglo?

Uno de mis detractores, Ronald León, milita, como él mismo indica, a un partido perteneneciente a la LIT, que es sólo una más de las muchas “Internacionales” que surgieron tras la muerte de Trotsky, cuando cada uno de los líderes de su IV Internacional llegó a la conclusión de que era el verdadero exégeta del revolucionario ucraniano, a diferencia de los demás que eran unos traidores pequeñoburgueses. El líder de la LIT, que se llamaba Nahuel Moreno y fue uno de los principales dirigentes del trotskismo latinoamericano, escribió en 1973 un texto titulado Tesis sobre el guerrillerismo, en el que afirma: “El surgimiento de direcciones pequeñoburguesas independientes del stalinismo que han dirigido revoluciones triunfantes, como fue en su momento el castrismo y es ahora el sandinismo, puede llevarnos al error de creer que con estas direcciones y sus organizaciones nos une una estrategia común. (…) Pero a la larga es inevitable que traicionen a la revolución, en algún punto del proceso revolucionario, por esa profunda razón de clase: son pequeñoburguesas. (…) Las organizaciones y direcciones guerrilleras no son obreras, sino burguesas o pequeñoburguesas, por el solo hecho de ser guerrilleras. (…) Las organizaciones guerrilleras son enemigas de la organización obrera.  (…) Las organizaciones guerrilleras son terroristas. (...)Los trotskistas no sólo no apoyamos esas acciones, sino denunciamos ante los trabajadores su carácter desmoralizador, desmovilizador y desorganizador”.

El dogmatismo afirma que su método de lucha es el único válido y posible, satanizando cualquier otro. Tampoco la efectividad de una u otra vía supone el menor argumento para ellos, como vemos en esta crítica a Fidel Castro y los sandinistas (que, a diferencia de Moreno, sí hicieron la revolución en sus respectivos países). Se trata, simplemente, de dar cabezazos contra la realidad, a fin de amoldarla, encorsetarla y, aunque sea a duras penas, hacerla coherente con un texto sagrado y lleno de polvo.


El culto a la persona y la deriva final hacia el reformismo

Ésta es, para acabar, una de las características más evidentes del estalinismo de León Trotsky. En La revolución permanente, Trotsky habla de sí mismo en tercera persona, a lo largo de todo el libro. En la primera de las conclusiones finales, afirma, tan humilde como de costumbre: “La teoría de la revolución permanente exige en la actualidad la mayor atención por parte de todo marxista”. En la última, se ubica a sí mismo en el olimpo de los dioses del marxismo, junto a los más grandes: “el problema de la revolución permanente ha rebasado las divergencias episódicas, completamente superadas por la historia, entre Lenin y Trotski. La lucha está entablada entre las ideas fundamentales de Marx y Lenin de una parte, y el eclecticismo de los centristas, de otra”. Para colmo, Trotsky no pudo resistirse a escribir su autobiografía (Mi vida).

Si el culto a Stalin fue vergonzoso y de mal gusto, no lo es menos el culto a Trotsky. En cualquier organización o editorial de ideología trotskista, como por ejemplo El Militante, no faltarán jamás rostros de Trotsky por doquier, o citas de este autor, aunque no vengan al caso. La misma adscripción al significativo término “trotskista” se efectúa de un modo sectáreo, excluyente y cerrado. Cabe preguntarse, ¿creó este revolucionario (o Fidel, o Mao, o el Che) un corpus teórico comparable al de Marx o Lenin, que justifique el nacimiento de una nueva ideología?  

Por otra parte, el trotskismo ha acusado siempre al estalinismo de “reformista”. Por supuesto, el trotskismo se ha cuidado mucho de mezclar y confundir el estalinismo con las ideas de revisionistas y anti-estalinistas tardíos como Nikita Kruschev o, en el contexto del Estado español, Santiago Carrillo (ya que no podían llamar reformistas a las guerrillas radicales maoístas, que proliferaban por medio mundo). Con Kruschev (que, como sabemos, renegó de Stalin y de sus prácticas) comienza la doctrina de la “coexistencia pacífica” y los Partidos Comunistas de todo el mundo adoptan la vía electoral como la fundamental, descartando métodos revolucionarios.  

La base empírica que emplea el trotskismo para promover esta identificación entre estalinismo y reformismo está  en la estrategia de Frentes Populares, adoptada, tras extensos debates, por el Komintern en su VII Congreso (1935), con el fin de frenar el auge incontenible del fascismo en Europa. La posibilidad, en situaciones muy concretas (por ejemplo, una invasión extranjera, una situación semi-feudal o el auge del fascismo), de alianzas de clase entre la clase trabajadora y sectores progresistas de la burguesía es algo que siempre ha espantado de manera singular al trotskismo, a pesar de que el propio Marx, en un texto tan poco rebuscado como el Manifiesto comunista, afirma: “En Alemania, el partido comunista lucha al lado de la burguesía, en tanto que ésta actúa revolucionariamente contra la monarquía absoluta, la propiedad territorial feudal y la pequeña burguesía reaccionaria”. Pero, en efecto, a mediados de los años 30 el estalinismo empieza a plantear la necesidad de alianzas con la socialdemocracia reformista y otras fuerzas democráticas antifascistas, manteniendo sin embargo la independencia del partido.  

Sin embargo, en esta misma época, Trotsky instaba a sus seguidores a dejar en un segundo plano el partido comunista en el que militaran y afiliarse... directamente a los socialdemócratas. En La Liga frente un giro decisivo, de 1934, Trotsky afirma que “Queremos participar activamente. La única posibilidad que nuestra organización tiene de participar en el frente único de masas, en las circunstancias dadas, consiste en ingresar al Partido Socialista. Hoy, tal como antes, consideramos más necesaria que nunca la lucha por los principios del bolchevismo, por la creación de un verdadera partido revolucionario de la vanguardia proletaria y por la Cuarta Internacional. Confiamos en que hemos de convencer de todo esto a la mayoría de los trabajadores, tanto socialistas como comunistas. Nos comprometemos a llevar a cabo esta tarea dentro de los marcos del partido, a sujetarnos a su disciplina y a preservar la unidad de acción”.

Esta táctica (afiliarse a un partido con el fin de convencer a algunos de sus miembros de que ingresen en otro), que se caracteriza por su excepcional deslealtad, fue denominada “entrismo”. En muchos lugares conocemos sus nefastos resultados. Incluso en la actualidad. Así fue como destruyeron las asambleas vecinales que se crearon en Argentina tras el “corralito”. Por no hablar del movimiento estudiantil en diversos puntos del Estado español. Pero lo curioso, volviendo a los años 30, es que los trotskistas acusaran a los comunistas de reformismo por pactar con la socialdemocracia, decidiendo con ello ingresar... en la socialdemocracia.

Por otro lado, ¿por qué  no se acusa a Lenin de reformismo, en tanto que inspirador de la NEP? ¿Su figura es incuestionable? ¿Cómo es que al hablar de la NEP (al igual que pasaba al tratar el asunto de Kronstadt) vuelven a entrar en juego las “circunstancias que obligan y justifican” y la “inevitabilidad de lo necesario”?

Conclusión

El término “estalinismo” no me parece aceptable para definir el fenómeno que hemos tratado de referir. Suele emplearse arbitraria y abusivamente, para definir experiencias históricas en los más diversos lugares y épocas, o hechos que se dieron tanto antes de la ascensión de Stalin al poder como después de su muerte. No obstante, lo emplearé provisionalmente.  

La conclusión de este artículo es que Trotsky, como hemos tratado de demostrar, fue el primer estalinista. Era partidario de la más férrea represión, no sólo contra el enemigo de clase, sino incluso contra los propios trabajadores, como en Kronstadt (a cuyos obreros no dudó en calumniar, en lo que he denominado “el primer Proceso de Moscú”). Propuso incluso la deportación de los trabajadores a campos de concentración si desobedecían al Estado. Defendió con toda firmeza la militarización del trabajo (no ya para los tiempos de guerra, sino como modelo de construcción del socialismo), de modo que el Estado decidiera donde debía trasladarse a trabajar cada cual, de manera obligatoria y vinculante. Creía en un régimen de partido único, sin la menor libertad sindical y en el que los sóviets estuvieran totalmente controlados por el partido. Se auto-expulsó a sí mismo del partido, ya que votó a favor de la prohibición de facciones internas, para acabar siendo expulsado precisamente por ese motivo. Propugnaba que una minoría del Comité Central del Partido debía decidir en todas las cuestiones relevantes. Participó activamente en la eliminación del control obrero sobre la producción, que sólo se mantuvo vigente durante los 6 primeros meses de la revolución. No dejó de practicar y defender todas estas prácticas hasta que fue desplazado de los puestos de poder. Además, hacía gala de un férreo dogmatismo ideológico, lo que le llevaba a despreciar el papel del campesinado, que según él no podía tener un papel activo ni revolucionario. No estaba exento de cierta egolatría y sus seguidores dieron culto a su persona, cosa que siguen haciendo. Dado la pequeñez de los partidos de su IV Internacional, terminó propugnando a sus militantes que, en lugar de militar en los partidos comunistas, lo hicieran en la socialdemocracia, si bien era sólo una táctica desleal para convencer a la gente de que abandonara esos partidos e ingresara en el suyo. Todo esto es irrefutable, ya que he acudido a las fuentes más directas para documentarlo, empezando siempre por los textos del propio Trotsky.

Además, este fenómeno que hemos tratado de estudiar, el fenómeno de justificar y practicar la represión en defensa de un partido dictatorial y burocrático (“estalinismo” según la errónea terminología que aquí, provisional y metodológicamente, hemos aceptado) sería un fenómeno común tanto a Lenin, como a Stalin, como a Trotsky, en diferentes grados. Podemos decir que en Stalin se dio en un grado mayor, quizá por el hecho de estar durante más años en el poder. Pero, no obstante, en los años en los que Lenin y Trotsky (junto a Stalin y otros) controlaron los resortes del poder, ya existían el terror, la Cheka, el GULAG, el Partido Único, la prohibición de las facciones internas en el partido, la burocracia, el dogmatismo y la ausencia de control obrero.

Por supuesto, para mí  no se trata de extraer conclusiones maniqueas, aunque no faltarán, de igual modo que tampoco faltarán etiquetas. Probablemente, los trotskistas dirán que soy un estalinista (y me recordarán los crímenes de Stalin, aunque no venga a cuento hacerlo, ya que ni los he negado ni tengo el menor interés en hacerlo). Los estalinistas, por su parte, dirán que soy un anarquista. Los anarquistas dirán que soy un degenerado. Nada de eso me ha import(un)ado a la hora de elaborar este escrito, que persigue únicamente la verdad, la realidad histórica a la que, a grandes rasgos, con todos los matices que puedan hacerse, llegará cualquiera que, libre de prejuicios y estereotipos, estudie el periodo. Por tanto, no he buscado llegar a una vulgar moraleja, al estilo de “los bolcheviques eran buenos” o “los bolcheviques eran malos”. Los bolcheviques, en mi opinión, hicieron una gran revolución, que pasará a la historia de la humanidad como uno de los momentos más luminosos para los oprimidos en su pugna por liberarse de la sociedad de clases. Los avances de la sociedad soviética fueron innegables, pero también sus errores. Apoyo y defiendo la Revolución Rusa, pero trato de comprenderla históricamente, para aprender de sus fracasos, al plantear, aquí y ahora, la táctica más adecuada para (y desde) mi realidad.

No creo en las excusas. Como dice Zizek, el trotskismo (al igual que el estalinismo) ha supuesto un obstáculo casi insalvable, que anulaba cualquier oportunidad de efectuar una crítica útil, seria y estructural. Eso nos impide progresar. Por un lado, como nos recuerda Jean Salem, se aceptan acríticamente las cifras sobre la represión en la Unión Soviética o la China de Mao, por irrisorias que puedan llegar a ser (como los 100 millones del Libro Negro de Courtois). Por otro, se echan balones fuera, cada vez que se cuestiona algún aspecto de la URSS (o incluso de Cuba o la China maoísta), recurriendo al comodín de Stalin. No podemos seguir jugando a este juego. Debemos admitir que el comunismo (el de Lenin, el de Fidel y el de todos) también tuvo sus problemas, sus errores y sus dilemas (desde el mismo año 17).  

Defiendo la noción de Poder Popular y creo que, en las condiciones históricas actuales (bastante distintas a las que vivieron los bolcheviques), los partidos deben centrarse en reforzar las instancias comunes de participación y resistencia, y no en reforzarse a sí mismos. No creo en el partido infalible que, nos guste o no, planteaban tanto Lenin, como Trotsky, como Stalin. Creo que, tarde o temprano, esa subordinación del pueblo trabajador (de las bases) a la jerarquía y ese flujo unidireccional del poder y las decisiones acaban por socavar la propia jerarquía, haciendo caer todo como un castillo de naipes. Debemos apoyarnos en la heterodoxia para pensar otra vez la relación entre el partido y las masas, alcanzando una comprensión más profunda de cómo se protegen sus lazos, ya que el divorcio entre él y ellas ha sido, hasta ahora, a causa de la prepotencia de él, y no de la “incapacidad” de ellas. Sólo así podremos hacerlo mejor la próxima vez.
Trotsky no existe: es un símbolo, una fábula, una excusa para no aceptar que, en más de un aspecto, lo hicimos mal desde el principio. La cuestión es ¿necesitamos ese símbolo? ¿Nos sirve para algo? ¿Refleja la madurez de nuestro movimiento, o su puerilidad?
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Mensaje por verdadyreconciliacion el Jue Oct 14, 2010 11:00 pm

Buen artículo, gracias por el post. Lamentablemente tiene un título sensacionalista.
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Mensaje por 1521 el Jue Oct 14, 2010 11:21 pm

Si, el titulo es sensacionalista, de eso se trata de llamar la atencion y hacer que la gente se interese por el, marketing puro y duro Razz
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Mensaje por Dimitri Kalashnikov el Jue Oct 14, 2010 11:25 pm

Es una reflexion bastante polemica , no estoy de acuerdo con ella en muchos puntos.

Tanto , Lenin como Stalin lucharon contra la burocracia dentro del Partido ,y en cuanto a Trotsky no le considero un burocrata.

Sobre lo que dice de las relaciones con las masas del partido ya estan perfectamente definidas, y tambien esta definido el trabajo que el Partido tiene que desarrollar respecto a las masas , lo único que s e debe hacer es cumplir eso , no hace falta un ''revisonismo'' , la teoría esta ahi , solo hace falta ponerla en practica conforme esta establecida.
No niego que haga falta cambiar cosas como mecanismos más eficientes contra la burocracia, pero no hacen falta cambios muy grandes.

Un asi lo considero un buen articulo reflexivo y critico.
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Mensaje por AsturcOn el Vie Oct 15, 2010 12:42 am

No pretendo defender a Trotsky, pero creo que durante el rato que llevo leyendo hasta este punto no veo mas que el interes de llevarnos a la conclusion de que el marxismo, sea trotskista o leninista es un instrumento de represion y tortura.

Acusar al autor de estalinista o trotskista es una perdida de tiempo, mas al contrario, tu amigo es un anticomunista manipulador que ha sacado todas estas frases de contexto, omitiendo las circunstancias historicas de la guerra civil y olvidandose del significado de la palabra guerra, un significado que habia inpregnado a los cuatro vientos la crueldad y el espanto de una guerra que movilizo dramáticamente a todos sus ciudadanos. No es justo insinuar que los bolcheviques no tenian derecho a defenderse movilizando a su pueblo, obligandolo a despertar para que se defienda y aprenda a defenderse el mismo. Y perdoname, pero asi se gano la guerra civil y la segunda guerra mundial, movilizando al pueblo en esta ocasión para que luche por sus derechos y no por los intereses de un rey caprichoso o por los intereses de un presidente capitalista que a aprendido a sacarle mas partido a su pueblo que una monarquia.

Trotsky proponía esta fórmula para el “periodo de transición del capitalismo al socialismo”. En la página 225 del mismo tomo, E.H. Carr reproduce esta otra frase de León Trotsky: “La militarización es impensable sin militarizar a los sindicatos como tales, sin el establecimiento de un régimen en el que cada obrero se sienta soldado del trabajo, que no pueda disponer por sí mismo libremente; si se le da la orden de trasladarse, debe cumplirla; si no la cumple, será un desertor a quien se castiga. ¿Quién cuida de ello? El sindicato; él crea el nuevo régimen. Esto es la militarización de la clase obrera”.


Se nota cierto tufo a perversa sensibilidad, y repito no estoy defendiendo a Trotsky, pero el autor esta creando un ambiente que no refleja con realidad la tensión vivida durante años con el acoso militar de invasiones y guerras. Tratando de anular el derecho de los defensores soviéticos inmersos en guerras no declaradas para movilizar a su pueblo tal y como siempre lo ha hecho el capitalismo. La diferencia esque no es lo mismo la militarización del pueblo por el pueblo, que la militarización del pueblo por el rey y en su defecto por el capitalismo y el fascismo. La movilización del pueblo por parte de los bolcheviques fue en beneficio de los trabajadores y campesinos bajo la consigna “todo el poder para el soviet”, por lo tanto tenemos la conciencia tranquila.

Todo esto figura, como ya dijimos, en las actas del IX Congreso del partido bolchevique. Como podemos consultar en la página 238 de Carr, la propuesta de Trotsky (también secundada por Bujarin) fue rechazada por 336 votos contra 50. Las Resoluciones del IX Congreso (que pueden consultarse en el tomo anexo a las Obras completas de Lenin), recogen que para la inmensa mayoría del partido, contra lo que pensaba Trotsky, la coerción y la militarización sólo podían justificarse por circunstancias de guerra, y de ningún modo una vez superada ésta ni como método de construcción del socialismo.

Estos documentos están datados de 1917 a 1923 terminada la guerra civil con la victoria de los bolcheviques, por lo tanto Trotsky no hacia nada malo en solicitar el visto bueno para tomar estas medidas en plena guerra, medidas que por represivas que parezcan mantienen el orden de una nación sometida al bloqueo internacional.

Ahora la pregunta es:

¿Conoces a algún país que no penalice con la máxima pena la deserción?


Lo que si es cierto esque muchos hablan de Stalin y su supuesta mano de hierro, cuando Trotsky habría sido mucho mas violento con las represiones de lo que fue Stalin, pero por fortuna no hubo tiempo para ello.

¿Lenin y Trotsky antiburocráticos? Sería necesario reescribir y falsear la historia entera de esta revolución para llegar a esa conclusión. Por último, no deja de resultar curioso que, en sus últimas cartas (consideradas su “testamento político), Lenin, tras criticar con dureza a Stalin, Bujarin, Zinoviev, Kamenev y Piatakov, acuse también a Trotsky de vanidad y... burocratismo (“está demasiado ensoberbecido y demasiado atraído por el aspecto puramente administrativo de los asuntos”). El caso es que, nos guste o no, para Lenin ninguno de sus sucesores estaba a la altura.

Los últimos días de Lenin y concretamente el llamado testamento de Lenin fue escrito bajo los efectos de medicamentos como morfina, por lo tanto pensando que esos fueron sus últimos días no podemos hacer sobre esos documentos un juicio de valor sobre lo escrito en esas cartas. Lo que si es cierto esque no se salva prácticamente ninguno de los grandes de sus dichas criticas.

La mala costumbre de la militancia comunista actual de no leer ni informarse hace que, en no pocos casos, esta breve y popular novela (o la película, o el resumen de Wikipedia, o la narración acelerada de un compañero...) venga a sustituir a la adecuada formación histórica sobre el periodo. Así, surge el “mito del corte de 1924”. En pocas palabras, la URSS era un paraíso socialista (con sus problemas, tal vez... pero básicamente eso), hasta que, en 1924, muere Lenin y asciende al poder Stalin, que acaba con la revolución y establece un sistema similar al de la Alemania nazi. Otros, en un alarde de cultura, adelantan la fecha a 1922, demostrando con ello conocer aquello de la apoplejía final de Lenin. La cuestión es que, conociendo la fábula popular orwelliana, basta con rellenar los huecos a base de tres o cuatro anécdotas eruditas, que demuestren, por ejemplo, lo bueno que era mi personaje histórico favorito y lo malo que era su odiado rival y... voilà, ya tenemos a un militante bien formado, capaz de ingresar en el Comité Central de más de una liga o partido proletario con más siglas que afiliados.


Volvamos al mundo real. En sus Tesis de abril (1917), al igual que en El estado y la revolución, Lenin proponía que los funcionarios del Estado o los directores de fábrica no percibieran un salario mayor que los obreros y fueran elegidos por ellos democráticamente, con posibilidad de revocación en cualquier instante. En Acerca del infantilismo de izquierdas (1918), en cambio, Lenin ha asumido que es completamente imposible reorganizar la maquinaria del Estado mediante el control obrero. A menudo las fábricas sólo miran por su propio interés o expulsan a los directores arbitrariamente. La producción desciende y la utopía, sencillamente, no ha funcionado.

El autor (claramente capitalista) trata de defender la postura burguesa que niega la capacidad del obrero para dirigir la empresa, se olvida precisamente de que el obrero es el motor que la impulsa y la desarrolla. Los soviéticos aprendieron rápido a organizar las empresas estatales hasta el punto de producir en serie tanques y aviones para la segunda guerra mundial. En aquellos años se trato de recuperar antiguos cuadros para que la eficacia fuera mayor, pero esto no fue lo normal. La mayoría de los que mas tarde terminaron como directores de empresas estatales eran antiguos trabajadores que conocían perfectamente el funcionamiento de las fabricas haciéndolas productivas y actas para la demanda de una guerra, el resultado de esa guerra lo demuestra. Para decidir quien trabaja y quien no valemos todos.

Así pues, tal vez el trotskismo defienda el control obrero y la autonomía sindical, pero la realidad (contrastable en toda la historiografía disponible de las más diversas tendencias) es que Trotsky no lo hizo. O, en otras palabras, en esta materia Trotsky no fue trotskista, sino “estalinista”.

Asombroso como define el capitalismo real y puro a Trotsky intentando asemejarlo a Stalin. Un fascista no lo haría mejor.

Interesante sin duda esta nueva forma de ver a Trotsky y a la revolución de paso que se sataniza a Lenin y Stalin descontextualizándolos, pero como siempre olvidando los acontecimientos reales
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Mensaje por Dimitri Kalashnikov el Vie Oct 15, 2010 1:08 am

Basicamente el autor de esta critica se sale del contexto hsitorico totalmente , sin un contexto historico y social las cosas se deforman y adquieren otro significado.

Ciertamente muchas industrias no funcionaron con el control obrero , pero no fue cuestion de que los obreros no pudieran hacerlo, los obreros estaban saliendo de un sistema casi feudal ,tenían poco sentido de Estado como parte de ellos , los obreros y más aun los campesinos tenian una mentalidad de Estado como una cosa ajena que pertenecía a unos privilegiados que eran el Zar y sus nobles,entre otras cosas por esa incomprension de que era el estado despues de 1917 muchos campesionos se resistierno a la coletivisación ya que pesaban aun con mentalidad feudal , tambien tenían poca preparación ya que la mayoría de la poblacion obrera rusa en esos momentos era analfabeta.

Por eso existe el socialismo , para preparar a esos obreros para poder desempeñar la funcion de dirigir , optimizar y planificar la produccion eficientemente.

Como he dicho anes es una buena critica en algunos aspectos , pero no estoy de acuerdo con muchos puntos ya que el que ha esctrito este articulo situa las cosas fuera de su contexto historico.

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Mensaje por verdadyreconciliacion el Vie Oct 15, 2010 1:25 am

Basicamente el autor de esta critica se sale del contexto hsitorico totalmente , sin un contexto historico y social las cosas se deforman y adquieren otro significado.

¿Que significado deformado, distinto recoge el texto publicado, de los hechos concretos?.

A mi me ha parecido bastante explicativo.
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Mensaje por Dimitri Kalashnikov el Vie Oct 15, 2010 1:48 am

Hay accione sque se las sacafuera de contexto , como ha mencionado el camarada AsturOn , eran teimpos de guerra
, era el unico país socialista del mundo intentando sobrevivir bajo acoso internacional , la represon en esos casos no se puede juzgar tan a la ligera.

Los dirigente del partido y de la revolucion se veían muy presionados ya que estava en juego todo.
Además la revolucion no es ninguna fiesta , en revluciones como esa se derrama mucha sangre y se lleva por delante mucha gente.


Contando también con el hecho de que Rusia no era precisamente el lugar más propicio para una revolución de este caracter.

Ademas los datos regoidos sobre la URSS hasta los 70 no muestra un divorcio claro entre el partido y las masas.
Hay que apreciar que la planificaión y las politicas que tanto exito tubierno en la época de Stalin , e incluso Breznev fue porque el partido recogía verdaderamente la opinon de las másas y sabía sus necesidades.
El divorcio se puede apreciar cuando las politicas económicas ya no son acordes a las masas, aqui es donde se converte en un Capitalismo de Estado.

Tambien este autor habla de la NEP como si no hubiera sido necesaria en este momento , otra vez olvida la guerra.

Es una critica para mi ,izquierdista.
Pero que cada uno piense de ella lo que quiera.
No digo que no se tenga en cuenta esta critica ni mucho menos , es una critica muy dura de la que hay que aprender , pero como he dicho para mi no es muy acertada en muchos puntos.
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Mensaje por AsturcOn el Vie Oct 15, 2010 2:24 am

Dimitri Kalashnikov escribió:Hay accione sque se las sacafuera de contexto , como ha mencionado el camarada AsturOn , eran teimpos de guerra
, era el unico país socialista del mundo intentando sobrevivir bajo acoso internacional , la represon en esos casos no se puede juzgar tan a la ligera.

Los dirigente del partido y de la revolucion se veían muy presionados ya que estava en juego todo.
Además la revolucion no es ninguna fiesta , en revluciones como esa se derrama mucha sangre y se lleva por delante mucha gente.


Contando también con el hecho de que Rusia no era precisamente el lugar más propicio para una revolución de este caracter.

Ademas los datos regoidos sobre la URSS hasta los 70 no muestra un divorcio claro entre el partido y las masas.
Hay que apreciar que la planificaión y las politicas que tanto exito tubierno en la época de Stalin , e incluso Breznev fue porque el partido recogía verdaderamente la opinon de las másas y sabía sus necesidades.
El divorcio se puede apreciar cuando las politicas económicas ya no son acordes a las masas, aqui es donde se converte en un Capitalismo de Estado.

Tambien este autor habla de la NEP como si no hubiera sido necesaria en este momento , otra vez olvida la guerra.

Es una critica para mi ,izquierdista.
Pero que cada uno piense de ella lo que quiera.
No digo que no se tenga en cuenta esta critica ni mucho menos , es una critica muy dura de la que hay que aprender , pero como he dicho para mi no es muy acertada en muchos puntos.


Coincido contigo 100% en todo, este original articulo saca de contexto las frases de Lenin y Trotsky, olvidando con toda la intención el estresante ambiente vivido en aquellos años, una presión diaria por la constante agresión y amenaza extranjera. Se trata de una critica enfocada principalmente contra Trotsky, pero que lo compara negativamente a Lenin y Stalin, olvidándose también de que precisamente entre marxistas-leninistas y trotskistas habían insalvables diferencias ideológicas. Se trata de trasladarnos a un ambiente represivo sin precedentes históricos en el que todos los lideres de la revolución maltrataron a su pueblo haciéndole falsas promesas, oculta el derecho de la revolución a defenderse movilizando al pueblo y sataniza a los lideres con frases sueltas que no muestran la situación completa.

El autor sabe que la figura de Stalin esta suficientemente desfigurada por los medios capitalistas y cree que este es el momento de terminar con cualquier forma de marxismo atacando al niño mimado del sensacionalismo gringo (León Trotsky), al cual han acudido en numerosas ocasiones para atacar a Stalin.
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Mensaje por AsturcOn el Vie Oct 15, 2010 2:44 am

1521 escribió:Si, el titulo es sensacionalista, de eso se trata de llamar la atencion y hacer que la gente se interese por el, marketing puro y duro Razz

Pero es muy interesante y recoge una buena colección de frases sueltas que darán mucho que hablar en acción comunista.

saludos.
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Mensaje por verdadyreconciliacion el Vie Oct 15, 2010 2:49 am

"frases sacadas de contexto", Hay "que ver el contexto", siempre lo escucho.

¿Pero en que contexto puede ser justificable la sustitución de la democracia obrera, por la dictadura del partido?. En una guerra quizas, puede ser.

Para la construccion de las bases socialistas?, también?.
Para las críticas internas a la línea, tb?
Se justifica la mentira, la manipulacion, la calumnia?

Bajo los contextos se han cubierto toda la clase de oportunistas, los marxistas vemos los contextos, pero bajo unos principios, y no los principios puestos de lado por los contextos.

Ahora la revolución no es un banquete, eso es cierto, real. Pero eso justifica los errores?, es posible hablar de excesos cuando se da una política clara al respecto?.

Lo que debemos hacer los marxistas es analizar, comprender, criticar. No justificar lo injustificable. El marxismo no se acaba ni con Stalin ni con Trotsky, tiene una larga lucha todavía que librar.




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Mensaje por AsturcOn el Vie Oct 15, 2010 4:34 am

"frases sacadas de contexto", Hay "que ver el contexto", siempre lo escucho.

¿Pero en que contexto puede ser justificable la sustitución de la democracia obrera, por la dictadura del partido?. En una guerra quizas, puede ser.

Tu lo has dicho.

Para la construccion de las bases socialistas?, también?.
Para las críticas internas a la línea, tb?
Se justifica la mentira, la manipulacion, la calumnia?

Bajo los contextos se han cubierto toda la clase de oportunistas, los marxistas vemos los contextos, pero bajo unos principios, y no los principios puestos de lado por los contextos.


Insinúas que no tenemos principios, que los dejamos de lado quedándonos con los contextos.

Es para ti una cuestión de principios perdonar a un asesino, a un traidor a su pueblo y casualmente a un traidor de esos principios. Supongo que para ti los principios de los que hablas son marxistas y sabes que para Marx no hay revolución sin violencia, también sabes que los zares, fascistas y capitalistas habrían ejercido una represión 1000 veces mayor contra la revolución si esta hubiera perdido el control tras la guerra civil y la SGM. No olvides que los que manipulan la historia son mercenarios del capitalismo, por tanto no acuses precisamente al líder que mas hizo por los ciudadanos soviéticos, por asegurarles la vida y la revolución, aunque solo sea por salvar la vida de mas de 100 millones de ciudadanos soviéticos y otros tantos europeos de caer en las cámaras de gas y los crematorios nazis.

Ahora la revolución no es un banquete, eso es cierto, real. Pero eso justifica los errores?, es posible hablar de excesos cuando se da una política clara al respecto?.

No estamos justificando los errores, de ellos se aprende, pero repito que todo depende de lo que sea para ti considerado un error. Para ti es un error hacer justicia con los enemigos para que esto sirva de aviso al resto, pero en esos años así funcionaba la cosa en todo el planeta, quizás tus principios morales no pertenecen a este mundo. Además la represión no se ejerció sobre la población pues se trataba de liberarla del yugo capitalista, dicha represión tenia precisamente como objetivo a una minoría que se resistió a los cambios.

Lo que debemos hacer los marxistas es analizar, comprender, criticar. No justificar lo injustificable. El marxismo no se acaba ni con Stalin ni con Trotsky, tiene una larga lucha todavía que librar.

En esto estoy de acuerdo 100%
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Mensaje por gazte el Vie Oct 15, 2010 2:53 pm

Figura en las propias actas del IX Congreso: Trotsky, el “enemigo de la represión”, proponía (incluso en tiempos de paz) enviar a campos de concentración a aquellos obreros que no trabajaran en la ubicación exacta que les ordenara el Estado. ¿A quién le sorprende? ¿Es que no recordamos Kronstadt en marzo de 1921? Trotsky dirigiendo a 50.000 soldados del Ejército Rojo que reprimen a sangre y fuego a estos obreros (héroes de la revolución de 1917), que se encontraban amotinados en defensa de reivindicaciones como la libertad de expresión para los diferentes partidos socialistas y anarquistas ilegalizados por el Estado, libertades sindicales y libertad de expresión, entre otras cosas.

me he leido un cacho y ya he encontrado un fallo. primero, trotsky no dirigio esa operacion. segundo, los marinos de kronstdat represaliados no eran los de 1917, los de 1917 se hallaban dispersos por los frentes luchando, fueron reemplazados por "chicos de campo", que tradicionalmente tienden mas al anarquismo. pues bien, esta fue una revuelta anarquista y pequeloburguesa, en una epoca de guerra civil y de escasez una de sus peticiones era el DERECHO A COMERCIAR CON EL GRANO, esto es, el derecho a enriquecerse. ademas, era la puerta de entrada a la capital revolucionaria y tenia que estar bien protegida, no se podia permitir ese agujero, era una GUERRA!. era necesario reprimirlos, contextualicemoslo en la epoca y listo, ahora no se habria hecho igual.
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Mensaje por verdadyreconciliacion el Vie Oct 15, 2010 3:22 pm

segundo, los marinos de kronstdat represaliados no eran los de 1917, los de 1917 se hallaban dispersos por los frentes luchando

Esa es la tesis de Trotsky. Había una cantidad considerable de los mismos marinos que participaron en la insurrección.

¿No se podría haber resuelto de una manera distinta este conflicto?, tomandolo de unas palabras de Victor Serge, allí mismo estaba la semilla de lo que ocurriría luego.
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Mensaje por gazte el Vie Oct 15, 2010 5:03 pm

hoy en dia probablemente se habria resuelto de otra forma, pero tiene que verlo en esa epoca. alguna idea?

pero estamos de acuerdo todos en que era necesario tapar ese agujero no?, aun asi trotsky no fue el que dirigio la operacion, que es lo que señala el texto.

otra cosa, kronstdat=!mayo37.

voy a seguir leyendo ese texto.
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Mensaje por Dzerjinskii el Sáb Oct 16, 2010 3:18 am

verdadyreconciliacion escribió:
¿No se podría haber resuelto de una manera distinta este conflicto?, tomandolo de unas palabras de Victor Serge, allí mismo estaba la semilla de lo que ocurriría luego.

Eres un romántico, idealizas al pueblo, te tengo noticias: entre los trabajadores hay alcohólicos, vagos, golpeadores de mujeres, ladrones, cobardes incurables y muchos oportunistas y arrivistas que siguen la corriente, se suman al triunfador y a la menor dificultad se cambian de bando y ni hablar de los carneros…
Tu no haces un estudio histórico relatas una novela. En la vida real el partido, sea de la clase social que sea, no solo lucha contra sus enemigos sino que disciplina a su clase.
Los que recuperaron Kronstdant, al asalto sobre el fino hielo de las aguas congeladas eran obreros, eran delegados de todas las partes de rusia que mientras estaban discutiendo soluciones en una asamblea, para salir de la grave situación que causo la guerra civil, tuvieron que dar su vida para combatir el cobarde ataque por la retaguardia de los mujik alborotados por los menchevique y eseristas.
Muy bonito lo de la democracia obrera, pero esa democracia se ejerce desde la dictadura del proletariado, no desde las idílicas democracias utópicas. ¡Encima citas al anarquista Serge! Que se paso todo el periodo de la segunda guerra mundial despotricando contra la USSS…
Si hay algo que no se les puede negar a Lenin, Stalin y Torstky es que conocían bien lo que es la lucha insurreccional y las medidas necesarias para lograr el triunfo.
Todos lo que anda predicando “democracias” no hacen más que dar infundadas confianzas en lo simple de la tarea a realizar. Venden un socialismo perfecto generando desengaño y desilusión entre los que les creyeron cuando se chocan con la cruda realidad. Una revolución no es un paseo de obrero concientes y educaditos tirando flores.

Disculpen el tono pero me esta molestando cada vez más leer en es te foro lo mismo que dicen en el History Channel.
Quizás este un poco irritable.
Saludos
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Mensaje por verdadyreconciliacion el Sáb Oct 16, 2010 7:28 pm

No se porque te habría de molestar un comentario que de seguro no vas a encontrar en el History Channel.

Los comunistas tenemos algo tambien de románticos, porque no somos robots, ni pertenecemos a una clase donde los obreros son maquinas de obediencia incondicional y que puede ser "disciplinada", por el partido infalible. Los comunistas aprendemos de las masas, y las masas de nosotros, y asi. El que muchos se pongan por encima de la clase demuestra porque nos encontramos donde nos encontramos.

Y este no es ningún argumento romántico, sino un análisis materialista de la realidad, de los hechos acaecidos y concretos.


Venden un socialismo perfecto generando desengaño y desilusión entre los que les creyeron cuando se chocan con la cruda realidad. Una revolución no es un paseo de obrero concientes y educaditos tirando flores.

Sin democracia obrera, no hay dictadura del proletariado.

Y las experiencias históricas lo avalan.


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Mensaje por gazte el Sáb Oct 16, 2010 8:18 pm

estoy de acuerdo con eso, solo por un detalle, la guerra civil en la defensa de la revolucion... las decisiones de calado tenian que ser rapidas y tenia que haber una cadena de mando fuerte.
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Mensaje por AsturcOn el Sáb Oct 16, 2010 8:57 pm

No se porque te habría de molestar un comentario que de seguro no vas a encontrar en el History Channel.

Los comunistas tenemos algo tambien de románticos, porque no somos robots, ni pertenecemos a una clase donde los obreros son maquinas de obediencia incondicional y que puede ser "disciplinada", por el partido infalible. Los comunistas aprendemos de las masas, y las masas de nosotros, y asi. El que muchos se pongan por encima de la clase demuestra porque nos encontramos donde nos encontramos.

Y este no es ningún argumento romántico, sino un análisis materialista de la realidad, de los hechos acaecidos y concretos.

Tienes razón en este acertado comentario verdadyreconciliacion, pero sigue como dijo Dzerjinskii, un sentimiento “romántico” e irreal. La vida es cruel y el capitalismo entre otros males endémicos, es el mayor fabricante de la crueldad. Para terminar con el capitalismo es necesaria la movilización, la disciplina de sus lideres y del pueblo, de otro modo el capitalismo nunca cederá sus posiciones haciendo mas grandes las diferencias entre ricos y pobres, pues esta demostrado que el capitalismo siempre quiere mas.

Pero ¿cuando hablas de disciplina a que tipo de disciplina te refieres? No hace falta que me contestes porque se que tu también percibes la disciplina sin opresión, aunque de algún modo hay que ejercerla, incluso imponiéndola con dureza sobre aquellos que se niegan sin el deseo de adaptarse, a perder los privilegios que antes de la revolución tenían. Es precisamente con estos individuos infecciosos contra los que la represión se hace inevitable, mas aun cuando dichos parásitos no ceden y ejercen una represión mayor contra los productores de sus privilegios, los trabajadores y campesinos.

Esta es una pequeña muestra de la noción que tenia Stalin sobre la opresión de las distintas tiranías que controlaron al mundo durante toda su historia y sobre la visión de Lenin en esta materia. Te lo pongo para que veas que Stalin también se sentía en mayor o menor grado un romántico revolucionario.

“Durante 25 años el camarada Lenin forjo amorosamente nuestro partido e hizo de él el partido obrero mas fuerte y mejor templado del mundo. Los golpes del zarismo y de sus esbirros, la rabia furiosa de la burguesía y de los terratenientes, los ataques armados de Kolchak y Denikin, la intervención armada de Inglaterra y de Francia, las mentiras y las calumnias del coro de la prensa burguesa: todos esos escorpiones se lanzaron constantemente contra nuestro partido en el transcurso de 5 lustros. Pero nuestro partido se mantenía como una roca, rechazando los innumerables golpes de sus enemigos y llevando a la clase obrera adelante hacia la unidad y la cohesión, conquisto la victoria sobre los enemigos de la clase obrera.

Dura e insoportable es la vida de la clase obrera. Angustiosos y crueles son los sufrimientos de los trabajadores. Esclavos y esclavistas, siervos y señores, campesinos y terratenientes, obreros y capitalistas, oprimidos y opresores: así estuvo estructurado el mundo desde tiempos inmemoriales, y así lo esta todavía en la inmensa mayoría de los países.

Decenas y centenares de veces en el transcurso de los siglos intentaron los trabajadores librarse de sus opresores y hacerse dueños de su propio destino. Pero siempre batidos y humillados, tuvieron que emprender la retirada, guardando en el fondo de su alma el dolor y la humillación, la desesperación y la ira, y levantando los ojos ante el incógnito cielo, donde esperaban encontrar la salvación.

Las cadenas de la esclavitud permanecían intactas o las viejas cadenas eran reemplazadas por otras nuevas, tan pesadas y ultrajantes. Solo es nuestro país consiguieron las masas trabajadoras, oprimidas y aplastadas, sacudirse la dominación de los terratenientes y los capitalistas y establecer en su lugar la dominación de los obreros y los campesinos. Vosotros sabéis camaradas, y hoy el mundo entero lo reconoce, que aquella lucha gigantesca fue dirigida por el camarada Lenin y por su partido.”


Quizás tu no te creas nada de lo que dice este señor, pero este repaso histórico sobre explotadores y explotados (inspirado por Lenin) era una pequeña muestra del valor humano de Stalin con su pueblo y es precisamente este uno de los motivos por los cuales el capitalismo y el fascismo quieron terminar con la revolución. Si Stalin hubiera defendido ideas burguesas nunca habrían querido terminar con el y su incondicional pueblo.

Tu pensaras que es posible hacer una revolución y sostenerla durante largo tiempo sin violencia, en ese caso te sobra la disciplina, y la libertad sin reglas es precisamente un caos capitalista que solo es impuesta sobre ellos mismos, quitando la libertad al pueblo bajo el hambre y la explotación, el paro y la miseria, lo que lleva a fenómenos sociales como la prostitucion, las mafias, las drogas, el contrabando, el trafico de órganos, de niños y esclavos, la trata de blancas, el crimen, la pirateria y la corrupcion, fenómenos que a su vez incrementan la inseguridad ciudadana y peor aun, el terrorismo. Para terminar con un enemigo como el capitalismo es necesaria la violencia y la represión, porque después de todo, bajo una revolución marxista-leninista el mayor beneficiado es el pueblo. Si fuera de otro modo el capitalismo no se molestaría lo mas mínimo en luchar contra el marxismo-leninismo.
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Mensaje por verdadyreconciliacion el Sáb Oct 16, 2010 9:15 pm

No, yo no digo que una revolución no necesite pasar por una etapa de gran centralismo (época de guerra), ni que se necesite medidas coercitivas (dictadura de partido), ni siquiera he afirmado que fuera injustificado desbaratar la rebelión de Kronstad.

Pero allí hubo excesos, todo entramado tiene dos lados. En un momento crítico de la revolución como aquella, la violencia impartida por los bolcheviques puedes estar justificada, ¿pero la calumnia?, ¿pero la mentira?.

Ni todos los marinos eran blancos, zaristas.
Ni todos los marinos eran unos "tiraflores".
Ni todos los marinos entendian la situación.
Ni todos los marinos eran "campesinos recien llegados".

Es mas, la gran mayoría eran revolucionarios.

Mi pregunta es clara,

¿No se podría haber arreglado aquello desde una forma distinta?.

Yo creo que sí, aunque ahora hablar es muy fácil. . Lo que si no se puede justificar es la mentira flagrante de que todos eran unos contrarevolucionarios, o como se ha insinuado aquí que todos eran borrachos, vagos, y que veían History Channel.
Si no se lo preguntamos al "contrarevolucionario" Lenin y la NEP.

Eso no.
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Mensaje por AsturcOn el Sáb Oct 16, 2010 9:20 pm

verdadyreconciliacion escribió:No, yo no digo que una revolución no necesite pasar por una etapa de gran centralismo (época de guerra), ni que se necesite medidas coercitivas (dictadura de partido), ni siquiera he afirmado que fuera injustificado desbaratar la rebelión de Kronstad.

Pero allí hubo excesos, todo entramado tiene dos lados. En un momento crítico de la revolución como aquella, la violencia impartida por los bolcheviques puedes estar justificada, ¿pero la calumnia?, ¿pero la mentira?.

Ni todos los marinos eran blancos, zaristas.
Ni todos los marinos eran unos "tiraflores".
Ni todos los marinos entendian la situación.
Ni todos los marinos eran "campesinos recien llegados".

Es mas, la gran mayoría eran revolucionarios.

Mi pregunta es clara,

¿No se podría haber arreglado aquello desde una forma distinta?.

Yo creo que sí, aunque ahora hablar es muy fácil. . Lo que si no se puede justificar es la mentira flagrante de que todos eran unos contrarevolucionarios, o como se ha insinuado aquí que todos eran borrachos, vagos, y que veían History Channel.
Si no se lo preguntamos al "contrarevolucionario" Lenin y la NEP.

Eso no.

Me parece bien todo lo que he leído, pero acláreme un poco esto porfavor.

Si no se lo preguntamos al "contrarevolucionario" Lenin y la NEP.
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Mensaje por gazte el Sáb Oct 16, 2010 9:27 pm

¿No se podría haber arreglado aquello desde una forma distinta?.

por ejempl?
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Mensaje por verdadyreconciliacion el Sáb Oct 16, 2010 9:53 pm

Por ejemplo, negociar con los marinos, y aislar a los mas recalcitrantes, como Petrichenko, denunciar a los infiltrados, no mentir. Sobretodo por lo que después sucedio, la instauracion de la NEP.

Y eso es, porque Lenin al proponer la NEP, estaba indirectamente tomando parte de los reclamos de los marinos de krondstat. Asi que el mote de contrarevolucionario tambien se lo podía haber llevado el. O no¿?.


El fracaso del Ejército Rojo ante Varsovia hizo cambiar los propósitos de Lenin, pero lo peor fue que, a resultas de esta penosa guerra, en un país desangrado y empobrecido, ya no entró en consideración abolir la pena de muerte ni comenzar la reconstrucción sobre las bases de una democracia soviética... La miseria y el peligro esclerotizaron al Estado-Partido inmerso en ese régimen económico, intolerable para la población y inviable en sí, que se ha dado en llamar el "comunismo de guerra".

A principios de 1921 la sublevación de los marineros de Cronstadt fue, precisamente, una respuesta contra ese régimen económico y contra la dictadura del Partido. Sean cuales sean sus intenciones, un partido que gobierna a un país hambriento no podrá mantener su popularidad. La espontaneidad de las masas se había apagado; los sacrificios y las privaciones habían agotado a la minoría activa de la revolución. Los inviernos helados, las raciones insuficientes, las epidemias, los requerimientos en el campo extendían el rencor, la desesperanza, la ideología confusa de la contrarrevolución por el pan blanco. Si el Partido bolchevique hubiera aflojado las riendas del poder, ¿quién lo habría sucedido? ¿No era su deber mantenerlo? Hizo bien en hacerlo.

Se equivocó, sin embargo, al enloquecer ante la sublevación de Cronstad, ya que le era posible hacerlo de otra forma, como sabemos los que estábamos allí, en Petrogrado. Los errores y las responsabilidades del poder se funden en lo que respecta a Cronstadt en 1921. Los marineros se sublevaron porque Kalinin rehusó escucharles. Donde era necesaria la persuasión y la comprensión, el presidente del Comité ejecutivo de los Sóviets empleó la amenaza y el insulto. La delegación de Cronstadt al Sóviet de Petrogrado, en lugar de ser recibida fraternalmente, fue arrestada por la Checa. La verdad sobre el conflicto fue hurtada al país y al Partido por la prensa, que, por vez primera mintió, publicando que un general blanco, Kozlovski, ejercía la autoridad en Cronstadt. La mediación propuesta por los influyentes y bienintencionados anarquistas americanos, Emma Goldman y Alexandre Berkman, fue rechazada. Sonaron los cañones en una batalla fraticida y la Checa, después, fusiló a los prisioneros. Si, como indica Trotsky, los marineros habían cambiado después de 1918 y expresaban las aspiraciones del campesinado atrasado, hay que reconocer que el poder también había cambiado.

Lenin, al proclamar el fin del "comunismo de guerra" y la "nueva política económica", satisfizo las reivindicaciones económicas de Cronstadt después de la batalla y de la masacre. Reconocía así que el Partido y él mismo se habían aferrado a un régimen insostenible que ya Trotsky había alertado sobre sus peligros y propuesto un cambio un año atrás.
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Mensaje por Dzerjinskii el Dom Oct 17, 2010 2:05 am

verdadyreconciliacion escribió:No se porque te habría de molestar un comentario que de seguro no vas a encontrar en el History Channel.

Vamos camarada, si todos los documentales de los "democratistas" socialdemocratas, liberales o anarquistas, ponen como punto de partida de la "tragedia" de la revolución, la repreción de kronstadt o la expulción de los mencheviques de izquierda y eseristas del supuesto "gobierno de coalición" y cuando no, el desconocimiento de los bolcheviques de la Asamblea Constituyente ¡que es ni más ni menos que la revolución misma!

verdadyreconciliacion escribió: Los comunistas tenemos algo tambien de románticos, porque no somos robots, ni pertenecemos a una clase donde los obreros son maquinas de obediencia incondicional y que puede ser "disciplinada", por el partido infalible. Los comunistas aprendemos de las masas, y las masas de nosotros, y asi. El que muchos se pongan por encima de la clase demuestra porque nos encontramos donde nos encontramos.
Y este no es ningún argumento romántico, sino un análisis materialista de la realidad, de los hechos acaecidos y concretos.

Claro que no hay "obediencia incondicional" eso mismo es lo que hago notar en mi mensaje anterior. Es una lucha constante por elevar la consciencia y organizar a los trabajadores, lo que solo se logra si se parte de los trabajadores más avanzados, abnegados y honestos, es decir "los mejores" y lo digo sin ruborizarme, porque es un hecho innegable que cualquier mujik puede entender y que solo la sovervia y falsa modestia de los intelectualoides se atreeve a negar. No es lo mismo el trabajador que se la pasa de juerga y no se esfuera por reflecionos al menos dos o tres ideas, que el que participa de las asambleas, de estas discuciones en el foro, o trata como sea de aprender y mejorarce. Esa misma diferencia es la que hace que cuando los problemas se vienen encima, los compañeros más despreocupados y ganados por la desidia vengan a buscarte y preguntarte tal o cual cosa del convenio colectivo etc. no les queda otra más que respetar el esfuerso y la seriedad de los comunistas. Esos que se la dan de revolucionarios y no son mas que lumpenes, que no pueden ni organizar su vida, menos van a organizar a la clase obrera. Nunca prodran ganarce el repeto y la lealtad de nadie. Toda esa horda de anarquistas que no hacen más que gritar "democracia" y acusan de "burocratas" a todos solo causan rechaso entre los trabajadores y arruinan las asambleas.
Tu apologia del "basismo y el democratismo" no hace más que contradecir los irrefutables textos de Engels sobre la autoridad, y ni hablar del ¿Que hacer? de Lenin. En este tema no se puede andar con "discursos bonitos" solo para quedar bien y ser ambiguo. Se corre el riesgo de traficar viejas tesis pre marxistas, propias del socialismo utopico y el anarquismo y precentarlas como comunistas.
La burguesia impuso su moral sobre los derroches y perverciones de la artistocracia feudal, nosotros tenemos que imponer la moral comunista sobre los vicios, la desidia y la flojera que la burguesia en decadencia exparce sobre toda la sociedad.

Saludos



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Mensaje por Dzerjinskii el Dom Oct 17, 2010 2:28 am

verdadyreconciliacion escribió: Lenin al proponer la NEP, estaba indirectamente tomando parte de los reclamos de los marinos de krondstat. Asi que el mote de contrarevolucionario tambien se lo podía haber llevado el. O no¿?.

No seas probocador. Es verdad que Kronstadt y en general la dicidencia de los campesinos fueron los ejemplos que permitieron que Lenin impusiera sus tesis sobre los comunistas de izquierda y los trostkystas pero esto no quiere decir que detras del amotinamiento no estuvieran los mencheviquyes y eseristas y que la revuelta no tueviera que ser ahogada en sangre. Kronstadt no fue un hecho aislado, es parte de una seguidilla de acciones contra el poder socvietico orquestada por las más variadas fuerzas opocitoras, desde los eseristas y mencheviques hasta los diplomaticos de las embajadas occidentales. Hechos que incluyen hasta los antentados contra Lenin. Más claramente la revelión de Tambov fue lo que sentencio el "comunismo de guerra" y dió paso a la NEP.

¿no es paradojico que los mismos que se oponian a la NEP exaltando las viejas ideas de las "comunas autonomas", el "basismo" y se rasgaban las vestiduras por la "democracia y la libertad" sean los mismo que critican la repreción de Kronstadt? ¿Acaso no fue el retraso en la aplicación de la NEP lo que dio lugar a que los mencheviques y eseristas agitaran a los campesinos?






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