La palabra energética.

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    Nestor Estebenz Nogal
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    La palabra energética.

    Mensaje por Nestor Estebenz Nogal el Jue Sep 30, 2010 12:19 am

    La palabra energética. notas de Campos de Discusión s.XXI

    Es desde el silencio pensante que de la subvocalidad se hace un intradiálogo llevándose consigo el sujeto retirado de la conversación una buena parte de lo que ha observado en los demás y en sus expresiones. Esa es una de la funciones de la comunicación: destilar en privado lo que no permite llegar a acuerdos en las interacciones en directo con otros hablantes. Pronto y rápido se detectan los hablantes que no dicen nada, que abusan de los espacios verbales tratando de monopolizarlos para no decir nada interesante y que, en suma, se opta justificadamente por dejarlos de lado para no seguir perdiendo el tiempo con ellos. Por otra parte, el lenguaje culto puede resultar tan insatisfactorio e inalcanzable para quien no es dado a las letras como al revés. ¿El derecho al desprecio recíproco remitiría a una justicia natural? Lo cierto es que el tipo de vocabulario que se usa clasifica a sus hablantes y los hablantes se juntan o se separan según sus formas de habla, además de por sus contenidos. Cuando la disuerte lleva a descartar continuamente a hablantes es el momento de preguntarse qué es lo que está fallando: si el lenguaje o sus usuarios. Posiblemente son las dos cosas: los unos por utilizarlo de forma perversa y aquél por ser un instrumento deficitario.


    En el silencio de uno mismo se tiende a suponer que se ha alcanza una claridad mental total pero no es hasta que se trata de explicar a un afuera lo que se siente, se sabe o se ha descubierto cuando uno descubre los límites de su elocuencia y persuasión, así como la falta de expresividad para relatar sus conceptos. Hasta que el lenguaje no es expuesto arriesgándose a chocar con su incomprensión no se puede estar seguro de su potencial.


    Si bien toda discusión y análisis observacional de los hechos y los hablares es una contribución de mejor o peor calidad a la literatura(o al menos a las producciones de las letras) no toda discusión garantiza ni la formación intelectual ni el esclarecimiento de las confusiones teóricas. Para conseguirlo, debería evaluarse en cada participación, en cada idea expuesta, en cada nuevo concepto que se pretenda elaborar, su potencialidad intelectiva para cambiar las cosas, es decir para cambiar la manera de pensar. Eso es un proceso extremadamente complejo cuya analizabilidad para que sirva de algo le toca pasar por la transmisión de método de persona a persona. Inevitablemente, el hablante cae en las mismas trampas del lenguaje -a las que se presta- cuando no sale de las fetichizaciones de ideas hechas sin cuestionarles su periclitidad. Metodológicamente, el criterio profiláctico sigue siendo cuestionar cada afirmación dada que no se desprenda por un proceso argumentístico anterior sino que sea la imposicion volitiva de su autor en un”porque sí y porque yo lo digo”. En sociologia se apuesta por la evolución con los mismos actos de fe que la teologia apuesta por el todopoderoso o la oferta de sus excelencias eternas. Que la teología acepte no entrar en el mecanismo que lleva a la adopción de la fe es propio de su misma concepción de creencias, que la ciencia se haga adepta de ella, no puede ser aceptado. La fiabilidad de una tesis no dpende del proselitismo de las mayorias en que la crean o les parezca bien sino del rigor de las minorias en demosrar su autenticidad. El proceso de cualificación de un lenguaje adhrente a la esperanza de un futuro mejor para ser convertido en un lenguaje cientifico que lo demuestre como seguro pasa por la depuración de las presuntas verdades predeterminadas por animatorias que hayan podido ser. El ilusionismo es un juego que altera la percepción ante los hechos verdaderos. Lo que le pasa al espectador ante el mago tambien le ha pasado a un movimiento multitudinario ante las profecías que por ahora siguen incumplidas. Esa llamada al realismo sin embarho tiene el peligro de ser desmovilizadora. Para conseguir otros grados de realidad es necesario el componente subvjetivo del entusiasmo de la utopía con el esmero de que este no amordace la autoobservacion de un metodo critico-activo que sirva para avanzar en conciencia y en hechos medibles de transformación de la vida.



    De cómo hablamos y lo qué decimos se va la mayor parte del tiempo del habla., señal esta que los signos lingüísticos no están tan logrados como infalibles en sus intentos explicativos. El lenguaje y el vocabulario del que se vale es instrumentado para la descripción de objetos y fenómenos –entre ellos los humanos y sus conductas- y, consiguientemente, su clasificación. Las relaciones ordinales y la conceptuación de categorías es inherente al hecho de hablar. Un interesante experimento de estudio de campo de todo lo que publican periódicos y revistas consistente en colorear con subrayadores transparentes las distintas declaraciones demuestra plásticamente con total rotundidad que predominan los enunciados gratuitos, sensacionalistas y lesivos y están prácticamente ausentes los científicos salvo unos cuantos datos que están comparativamente en minoría gráfica a todo lo demás. Inevitablemente el lenguaje categorial es discriminativo, de no serlo no tendría sentido emplearlo. El problema no es su empleo sino no equivocarse en el establecimiento de categorías y en la inclusión de individuos y actos que los compongan. En el vocabulario científica discriminar significa separar los excepcional o lo distinto del grupo o el resto, no significa excluir (como se entiende en el vocabulario relacional o coloquial) sino reconocer en sus características diferentes para poderlo estudiar como otro evento.


    El lenguaje no queda limitado a las palabras, menos o más afortunadas, que emplee; al agotamiento de unas y al carácter neologista de otras. El lenguaje es el indicador más potente para demostrar la existencia de pensamiento o su falta. El habla está poblada de actos de significado no solo por lo que trata de decir sino por cómo lo dice, cuando elige para decirlo y dónde lo expone. Al hablar de revolución social y transformación de la realidad existencial de la especie humana lo que cuenta además de la exposición de deseos es la forma de exponerlos. De la estructura lingüística de un speech (en el meeting, en la asamblea, en una célula reunida, en una conversación confidencial,…) se infieren varias cosas: el quantum de lo que se sabe, lo que se sabe que no se sabe, y lo que no se sabe sin saberlo haciendo trampa con este déficit para burlar la incoherencia. Ese triple registro del texto es un reconocimiento necesario para la marcha de la elaboración teórica, entendida como la construcción de ideas que se lleven a la práctica con las que cambiar situaciones. El lenguaje revolucionario es inherente al deseo humano por transformar radicalmente la realidad y en particular las relaciones humanas en torno a procesos productivos y supervivenciales. Para que el lenguaje que tenga impacto los conceptos que refiere han de estar en `permanente auto superación del menor tinte inflexible o dogmático. Para eso hay que redefinir las definiciones caducas con respecto a prácticamente todas las keywords de las anterior literatura apologista del cambio por realizar.


    De las dificultades del uso del lenguaje comunista y de sus limitaciones expresivas han dado cuenta las distintas formas de expresarlo vinculadas a tantas otras interpretaciones ligadas a grupos de intervención política. A diferencia de la concepción origen en la que lo revolucionario pasaba por las tesis comunistas, los distintos “comunismos” expresados de hoy van desde las actitudes sociales más radicales a las más reaccionarias. De toda concepción teórica y para-futurista (que no futuróloga) hay que diferenciar su apuesta fetichista por lo que tiene que suceder de lo que es sucedible. Ha habido momentos históricos de mayorías sociales controlando sedes productivas y espacios geográficos que no acabaron con una reorganización de la sociedad. Más bien, los movimientos protestararios se distinguen por la justicia de sus planteamientos y la inepcia de asegurar sus conquistas. La espontaneidad extendida demuestra el gran potencial de radicalidad y el deseo multitudinario de acabar de una vez por todas con un pasado obsoleto; otro asunto es la capacidad autogestionaria y reorganizadora de un nuevo modelo. No hay organizaciones ni poderosas ni prestigiosas hoy en los distintos continentes por las que apostar como nuevas vanguardias de cambio. La contradicción entre movimiento y organización ya se demostró en el pasado, en el control de ésta de los excesos creativos o inventivos de aquél. Técnicamente la toma de poder para gestionarlo todo de mejor modo no es/sería tan complicada. Menos de 5mil personas pueden copar las sedes neurálgicas más importantes de una capital (comandancias, mandos de regiones militares, cuarteles policiacos, instituciones de la administración pública, estaciones de radio, compañías de transporte, puertos de mercancías o centrales eléctricas …) sin que eso garantice para nada una gestión eficaz posterior. La construcción de un nuevo estado lo mismo que el de su noción hegeliana sigue pasando por la razón, es decir, por su racionalización. Una parte de la eclosión espontanea de una rebeldía va en contra de una planificación de la realidad desde la eficacia. En la misma esencia de la lucha política se engendra la negación de la disidencia que inevitablemente desencadena, a no ser que las iniciativas populares para una nueva sociedad pasen por pautas muy firmes del compartir los recursos y seguir un programa sensato de desprivatizaciones. La asunción de este futuro es actualmente intersectorial. No es la prerrogativa en exclusiva de los mas expoliados sino de los sujetos más lúcidos y valientes.


    El lenguaje que presunta y con firme voluntad se instrumenta para el entendimiento entre hablantes también abre muchos campos de exploración e interrogantes que no van a ser cerrados por el hecho de señalarlos. Hay una mayor capacidad para las preguntas que resoluciones o habilidades para las respuestas. En casi todos los campos temáticos las controversias pueden enredarse de tal manera que el hablante mas amoroso de palabras y estilísticas sospecha que apenas si hace algo más que gimnasia bucal o digital (en e l sentido originario de esta palabra, ejercicio con los dedos). Para soportar el hablar con la hipótesis realista de que no va a llevar a conclusiones que superen las que ya se tienen ni a consensos con los otros hablantes, la ironía y la deportividad tú-yo, tú-yo, tú-yo,…son poderosos criterios aliados con los que sobrevivir a las más variadas adversidades. En el último reducto siempre queda reír. Se puede plantear a modo de criterio de subsistencia. (no siempre, al humorista George Dennis Carlin parece que le llevó a un infarto prematuro). En caso de emergencia y cuando se quede sin palabras: ría. Pero palabras es de lo que más hay, otra es que puedan servir para los propósitos que son empleadas y los silencios salvo los de los mimos no suelen ser cómicos. Noam Chomsky sostiene las capacidades innatas, comprobó que a los 4ª años de edad se hace bien la praxis expresiva sin conocimiento de sintaxis ni gramática. Fue criticado equivocadamente por sostener la existencia de un lenguaje innato, lo cual no fue amifrmado. Es uno de los casos de los que se sigue derivando confusión. Reconocer la predisposición a algo desde el pre-aprendizaje no significa el dominio en esta aptitud que solo da el aprendizaje posterior. Un lenguaje temático de cualquier campo que se pueda elegir (humor, escalada, agitación, biotecnología, solidaridad, oceanografía, etología, blues, fotogenia y cualquier otro de una lista interminable que no tenga nada que ver con los anteriores lo mismo que estos entre sí) tiene dos terrenos: el de su delimitación concreta y el de sus conexiones algorítmicas con todo lo que se desee citar. Cuando se pretender circunscribir un tema T a él y solo a él sin admitir la libertad metodológica de vincularlo a otro o tratarlos desde otros marcos en una especie de sucesión de círculos concéntricos la brillantez discursiva se apaga y la conciencia multilateral se posterga. Eso no significa que haya que hablarlo todo para tratar de cada parte pero tampoco lo contrario: negarlo. De las discusiones mezcladas y revueltas cada observador va desprendiendo aquello con lo que más conecta y desentendiéndose de las aportaciones (hablas o posts) que no le interesan. No hay un espacio de n1 número de participantes con n2 de temas en que todos los primeros sigan y quieran seguir todos los segundos. Los temas se reparten en el espacio atencional (desde el miniatencional al maxiatencional) no a tanto por cabeza pero sí de manera desigual según las cuotas de comprensión. No siempre el objetivo de la conversación es el acuerdo ni tiene porque serlo como criterio. En su lugar, es mejor el criterio de posicionar a cada figura en el tablero de los significantes. Una vez ubicado a cada interlocutor en su genialidad o en sus déficits, en sus contestaciones o en sus no-respuestas, toca actuar en consecuencia. No discutirlo in situ todo no significa no tener una discusión para ello sino una opción de no repetirse en cosas ya dichas, a veces en el articulo cabecera de la que se derivan muchos comentarios. Chesterton señaló que la gran desgracia del loco no es la deprivación de la razón, sino no tener más recurso vital que ella. Para vivir necesitamos algo más que palabras y no compromete su seriedad saber ironizar sutilmente con ellas. El cuerdo no tiene más suerte que el loco si solo sabe entender las palabras ordenadas por sujeto-verbo y complementos.

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