Pier Paolo Pasolini

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    Gagarín
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    Pier Paolo Pasolini

    Mensaje por Gagarín el Sáb Sep 11, 2010 6:04 pm




    “Han dicho que tengo tres ídolos: Cristo, Marx y Freud. En realidad mi único ídolo es la Realidad. Si he elegido ser cineasta al mismo tiempo que escritor, se debe al hecho de que en lugar de expresar esta Realidad a través de esos símbolos que son las palabras, he preferido el cine como medio de expresión: expresar la Realidad a través de la Realidad”.

    Pier Paolo Pasolini nació el 5 de marzo de 1922 en Bolonia (Italia). Su padre era oficial del ejército italiano, y Pasolini se educó en varias ciudades del norte de Italia en las que su padre estuvo destinado. La relación con su padre nunca fue buena, al contrario de la que mantuvo con su madre, Susanna, una maestra rural que dejó la profesión por su familia.

    Asistió a la Facultad de Letras de Bolonia, donde estudió historia del arte y literatura. Se interesa por la poesía, la pintura moderna, el cine, Freud y la política.

    El estallido de la Segunda Guerra mundial acrecienta su conciencia social y política, y se agudiza su antifascismo. Su único hermano, Guido, influido por las ideas políticas de su hermano mayor se une a la Resistencia que se está organizando en el pueblo contra los fascistas y los nazis. Pero en 1945, en una pelea interna entre partisanos, Guido muere. Pasolini se sentirá culpable de su muerte, pero aún así nunca abjurará de sus ideas políticas.

    En 1942 se publicó su primera colección de poesías, escritas en friulano, el dialecto que utilizaban los campesinos de la región. Fue la primera manifestación de su nostalgia por otros mundos alejados tanto temporal como geográficamente de los horrores de la Italia de este siglo.

    En 1948 se incorpora al Partido Comunista Italiano (PCI) y se convierte en maestro de escuela. Su vida durante la posguerra transcurre sin colmarse sus ansias de poeta, y con un único motivo de felicidad: los jóvenes del pueblo. Ello provoca que sus enemigos políticos le acusen de corrupción de menores y de realizar actos obscenos en público.

    El 22 de octubre de 1949 es acusado, y un tribunal le absuelve de los cargos de corrupción, pero no de los de obscenidad, aunque dos años después le absuelven también de esto. Pero para entonces su carrera en la enseñanza había terminado con su expulsión, y también fue expulsado del PCI. Y, sobretodo, se había ganado el desprecio de todo el pueblo. Por ese motivo, en enero de 1950 parte del Friul hacia Roma con su madre, en busca de trabajo y un futuro más prometedor.

    Las dos novelas que escribió en esa década, "Ragazzi di vita" (1955) y "Una vita violenta" (1959), están pobladas de ladrones, buscones y chaperos, extraídos de sus experiencias personales. Estas obras le hacen famoso, pero también produjeron escándalo y fue acusado de obscenidad. También publica varios libros de poesía como "Las cenizas de Gramsci" (1957), "La religión de mi tiempo" (1961) y "Poesía in forma di rosa" (1964).

    En Roma conoce a quienes serán sus mejores amigos de por vida: los escritores Alberto Moravia, Elsa Morante, Atilio Bertolucci, Dancia Mariani... y los cineastas Fellini, Antonioni o Rosellini, quienes le introdujeron en el mundo del cine, primero como guionista y después como director de películas.

    “Razones de tipo personal me pusieron en contacto con el cine, primero como guionista y ahora como director. Mis antiguas experiencias de estudiante -años en los que vi films de Chaplin, Eisenstein y Dreyer- no estaban olvidadas cuando me puse a dirigir mi primer largometraje. Estos directores y otros de esa época, como Renoir y Clair, hicieron mucho para desarrollar mis primeros gustos”. (PPP)

    Convencido de que el cine era el medio del futuro, tras una amplia actividad como guionista para Fellini (colabora en los diálogos de "Las noches de Cabiria (Le notti di Cabiria)", 1957), Bolognini ("La notte brava", 1959; "El bello Antonio (Il bell' Antonio)", 1960; "La giornata balorda", 1960), Franco Rossi ("Muerte de un amigo (Morte di un amico)", 1960) y Carlo Lizzani ("El jorobado de Roma (Il gobbo)", 1960), Pasolini comenzó a hacer películas en los años sesenta.Debuta como director con el magnífico "Accattone" (1961), una descripción de ese subproletariado que representa la última estirpe de un mundo campesino, amenazado por la inminente llegada del bienestar, que ya había sido protagonista de dos de sus famosas novelas, "Ragazzi di vitao" (1955) y "Una violenta violenta" (1959). Son temas que Pasolini tratará de forma más tradicional en su sucesiva película, "Mamma Roma" (1962), historia de una salvación imposible, intentada por una prostituta, ya no tan joven, por amor de su hijo. "El evangelio según Mateo" (1964) le vale el respeto como cineasta y le excluye de la marginación a la que estaba sometido.

    "Pajarracos y pajaricos" (1966) es concebida como oposición a la cultura de masas. Después dirige "Edipo rey" (1967) y "Medea" (1969), ambas recreaciones de los clásicos griegos. "Teorema" (1968) es una de sus películas más interesantes, en la cual se ven los estragos que provoca en una apacible familia la llegada de un fascinante extraño.

    A principios de los años setenta viajó a Irán, Yemen y Nepal para filmar su ambiciosa Trilogía de la vida, compuesta por "El Decamerón" (1971), "Los cuentos de Canterbury" (1972) y "Los cuentos de las mil y una noches" (1973). Todas ellas reflejan la pasión de Pasolini por la vida y el sexo. Con la "trilogía de la vida" recupera el carácter fabuloso, la felicidad creativa y el sentido poético del cine: "Decamerón" (1971), "Los cuentos de Canterbury (I racconti di Canterbury)" (1972) y "Las mil y una noches (Le Mille e una notte)" (1972) ofrecen una dimensión edénica y primitiva de la vida y exaltan una sexualidad libre y natural. Pero al terminarlas, Pasolini las repudió como respuesta contra la manipulación que la sociedad de consumo había realizado sobre ellas, en su reflexión titulada "Abjuración de la Trilogía de la Vida".

    Sin embargo, el director se despedirá prematuramente con "Salo o los 120 días de Sodoma (Saló o le centoventi giornate di Sodoma)" (1975), distribuido tras su trágica muerte. Censurada en muchos países, la película adapta el famoso texto del marqués de Sade al periodo final del fascismo y lleva a las últimas consecuencias los discursos que el autor hacia sobre el genocidio del pueblo perpetrado por el Poder en nombre del desarrollo y de la homologación al consumismo. Violaciones, torturas, coprofagia y mucho más se muestran mediante imágenes que hieren duramente y dejan huella: para muchos, el resultado es abominable, para otros, terrible, pero en cualquier caso el elevado valor formal de la película es indiscutible.

    Fue, desde siempre, eso que algunos denominan "un intelectual incómodo", lo que unido a su declarada homosexualidad lo convirtió en blanco perfecto de una derecha recalcitrante que no le perdonó ni sus películas ni sus penetrantes razonamientos públicos en contra del poder establecido.

    El 2 de noviembre de 1975, Pier Paolo Pasolini fue asesinado. "Crimen pasional", reiteró una masiva y mal intencionada propaganda, tratando de reducir el asunto a una "disputa espuria" entre el artista y el joven de 17 años, Pino Pelosi, dedicado a vender favores sexuales. No faltaron entonces voces que denunciaron la existencia de una trama más compleja, entre ella la de la periodista Oriana Fallaci, que sustentó la convicción de "conspiración política".

    Existían sospechas y hasta fuertes evidencias de que Pelosi no era el asesino, o al menos había estado acompañado en la acción, pero el joven reiteró ante los tribunales su absoluta responsabilidad (de reconocer la participación de otras personas hubiera podido ser sentenciado a 30 años y no los nueve que le correspondieron).

    Tres décadas de conjeturas y misterios, hasta que en mayo de este año, en un programa de televisión, Pelosi, todo un señor maduro, dice ante las cámaras de televisión de su país que Pier Paolo Pasolini, en un momento en que él había salido del auto donde ambos se encontraran, había sido asesinado por tres personas. "Y mientras lo golpeaban despiadadamente le gritaban "apestoso, puto y sucio comunista". ¿Por qué no lo dijo ante los tribunales?, le preguntaron. "Porque amenazaron con matarme a mí y a mis padres si hablaba". Según Pelosi, su revelación se debía a que sus padres ya estaban muertos y posiblemente también los asesinos.

    El caso ha sido reabierto a petición de la familia de Pasolini y quizá se preste atención esta vez a lo que siempre sustentó Sergio Cinti, director y amigo de la víctima, que dedicó buena parte de su vida a reconstruir los hechos minuto a minuto: "Los jueces hicieron un proceso deshonesto... los agresores fueron cinco y Pelosi les sirvió de cebo porque se requería de alguien a quien colgarle el delito; él tuvo que aceptar el juego de esta gente, `gente respetable' que cansada de Pasolini había ordenado el homicidio para callarle la boca".

    La noche antes de morir dio una entrevista, hoy famosa, a Stampa Sera, en la que recuerda del peligro del fascismo:
    [http://www.girodivite.it/Siamo-tutti-in-pericolo-intervista.html intervista di Furio Colombo a Pier Paolo Pasolini].

    Fuente:Rebeldemule

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    Re: Pier Paolo Pasolini

    Mensaje por Gagarín el Lun Oct 11, 2010 8:01 pm

    Pasolini, en tus artículos y en tus escritos has dado muchas versiones de lo que detestas. Has abierto una lucha, solo, contra muchas cosas, instituciones, convicciones, personas, poderes. Para que sea menos complicado el discurso yo diré «la situación», y tu sabrás que quiero hablar de la escena en contra de la que, en general, te bates. Ahora te hago esta objeción. La «situación», con todos los males que tú dices, contiene todo lo que te permite ser Pasolini. Quieto decir: tuyo es el mérito y el talento. ¿Pero los instrumentos? Los instrumentos son de la «situación». Editorial, cine, organización, hasta los objetos. Pongamos que el tuyo sea un pensamiento mágico. Haces un gesto y todo desaparece. Todo eso que detestas. ¿Y tú? ¿Tú no te quedarías solo y sin medios? Quiero decir medios expresivos, quiero...
    Sí, he entendido. Pero ese pensamiento mágico yo no sólo lo intento, sino que me lo creo. No en el sentido mediático. Sino porque sé que golpeando siempre sobre el mismo clavo puede hasta derribarse una casa. En pequeño, un buen ejemplo nos lo dan los radicales, cuatro gatos que consiguen remover la conciencia de un país (y tú sabes que no siempre estoy de acuerdo con ellos, pero precisamente ahora estoy a punto de salir para ir a su congreso). En grande, el ejemplo nos lo da la historia. El rechazo ha sido siempre un gesto esencial. Los santos, los ermitaños, pero también los intelectuales. Los pocos que han hecho la historia son aquellos que han dicho no, en absoluto los cortesanos y los ayudantes de los cardenales. El rechazo, para funcionar, debe ser grande, no pequeño, total, no sobre este o aquel punto, «absurdo», no de sentido común. Eichmann, amigo mío, tenía mucho sentido común. ¿Que le faltó? Le faltó decir no, antes, al principio, cuando lo que hacía era sólo administración rutinaria, burocracia. A lo mejor incluso habrá dicho a los amigos: a mí ese Himmler no me gusta mucho. Habrá murmurado, como se murmura en los editoriales, en los periódicos, en el amiguismo y en la televisión. O también se habrá rebelado porque este o aquel tren se paraba una vez al día para las necesidades y el pan y el agua de los deportados, cuando hubieran sido más funcionales o más económicas dos paradas. Pero nunca ha bloqueado la maquinaria. Entonces los problemas son tres. Cuál es, como dices tú, «la situación», y por qué se debería pararla o destruirla. Y cómo.

    Eso es, describe “la situación”. Sabes perfectamente que tus intervenciones y tu lenguaje tienen un poco el efecto del sol que atraviesa el polvo. Es una imagen bella, pero se entiende poco.
    Gracias por la imagen del sol, pero pretendo mucho menos. Pretendo que mires a tu alrededor y te des cuenta de la tragedia. ¿Cuál es la tragedia? La tragedia es que ya no somos seres humanos, somos extrañas locomotoras que chocan unas contra otras. Y nosotros, los intelectuales, cogemos el horario de los trenes del año pasado, o de hace diez años, y decimos: qué extraño, esos dos trenes no pasan por ahí, ¿cómo es que se han destrozado de esa manera? O el maquinista se ha vuelto loco o es un criminal aislado o se trata de un complot. El complot, sobre todo, nos hace delirar. Nos libera de todo el peso de enfrentarnos solos a la verdad. Qué bien si mientras nosotros estamos aquí charlando alguno en una taberna está haciendo planes para deshacerse de nosotros. Es fácil, es sencillo, es la resistencia. Perderemos algunos camaradas y después nos organizaremos y quitaremos de en medio a los otros, ¿no te parece? Yo sé que cuando da en televisión ¿Arde París? Todos están ante el televisor, con lágrimas en los ojos y unas ganas locas de que la historia se repita, bella, limpia (un efecto del tiempo es que “lava” las cosas, como las fachadas de las casas). Sencillo; yo aquí, tú allí. No hagamos bromas con la sangre, el dolor, la fatiga que la gente pagó entonces por “elegir”. Cuando estás con la cara aplastada contra aquel momento, aquel minuto de la historia, elegir es siempre una tragedia. Pero, admitámoslo, era más sencillo. El fascista de Salò, el nazi de las SS, el hombre normal, con la ayuda del valor y de la conciencia, consigue rechazarlo, incluso de su vida interior (que es donde empieza siempre la revolución). Pero ahora no. Uno se te viene encima vestido de amigo, es gentil, cortés, y “colabora” (pongamos que en la televisión), por ir tirando o porque no es un delito. El otro –o los otros, los grupos- te sale al encuentro o se te echa encima –con sus chantajes ideológicos, con sus sermones, sus prédicas, sus anatemas, y tú sientes que también son amenazas. Desfilan con banderas y consignas, pero ¿qué los separa del poder?

    ¿Qué es el poder, según tú, dónde está, dónde se encuentra, como lo sacas de su madriguera?
    El poder es un sistema de educación que nos divide en subyugados y subyugadores. Pero cuidado. Un mismo sistema educativo que nos forma a todos, desde las llamadas clases dirigentes hasta los pobres. Por eso todos quieren las mismas cosas y se portan de la misma manera. Si tengo en las manos un consejo de administración o una operación bursátil, los utilizo. Si no, una barra de hierro. Y cuando utilizo una barra de hierro hago uso de mi violencia para obtener lo que quiero. ¿Por qué lo quiero? Porque me han dicho que es una virtud quererlo. Yo ejerzo mi derecho-virtud. Soy asesino y soy bueno.

    Te han acusado de no distinguir política e ideológicamente, de haber perdido el sentido de la diferencia profunda que tiene que haber entre fascistas y no fascistas, por ejemplo entre los jóvenes.
    Por eso te hablaba del horario ferroviario del año pasado. ¿Nunca has visto esas marionetas que hacen reír tanto a los niños porque tienen el cuerpo vuelto de una parte y la cabeza de la otra? Me parece que Totò hacía un truco parecido. Así veo yo la inmensa tropa de intelectuales, sociólogos, expertos y periodistas de las intenciones más nobles, las cosas suceden aquí y la cabeza mira hacia allá. No digo que no exista el fascismo. Digo: dejad de hablarme del mar mientras estamos en la montaña. Este es un paisaje distinto. Aquí existe el deseo de matar. Y este deseo nos ata como hermanos siniestros de un fracaso siniestro de todo un sistema social. También a mi me gustaría que todo se resolviese con aislar a la oveja negra. Yo también veo las ovejas negras. Veo muchas. Las veo todas. Este es el problema, ya se lo he dicho a Moravia: por la vida que llevo pago un precio... Es como uno que baja al infierno. Pero cuando vuelvo - si vuelvo - he visto otras cosas, más cosas. No digo que tengáis que creerme. Digo que tenéis que cambiar continuamente de discurso para no enfrentaros a la verdad.

    ¿Y cuál es la verdad?
    Siento haber utilizado esta palabra. Quería decir «evidencia». Deja que ponga otra vez las cosas en orden. Primera tragedia: una educación común, obligatoria y equivocada que nos empuja todos a la competición por tenerlo todo a toda costa. A esta arena nos empuja como una extraña y oscura armada en la que unos tienen los cañones y otros tienen las barras de hierro. Entonces, una primera división, clásica, es «estar con los débiles». Pero yo digo que, en un cierto sentido, todos son los débiles, porque todos son victimas. Y todos son los culpables, porque todos están listos para el juego de la masacre. Con tal de tener. La educación recibida ha sido: tener, poseer, destruir.

    Entonces deja que vuelva a la pregunta inicial. Tú, mágicamente anulas todo. Pero vives de los libros, y necesitas inteligencias que lean. Es decir, consumidores educados del producto intelectual. Tú haces cine y necesitas no sólo de grandes plateas disponibles (de hecho por lo general tienes mucho éxito popular, o sea eres «consumido» ávidamente por tu público) sino también de una gran maquinaria técnica, organizativa, industrial, que esta en medio. ¿Si quitas todo eso, con una especie de mágico monaquismo de tipo paleo-católico y neo-chino, qué te queda?
    A mi me queda todo, o sea yo mismo, ser vivo, estar al mundo, ver, trabajar, comprender. Hay cientos de maneras de contar las historias, de escuchar las lenguas, de reproducir los dialectos, de hacer el teatro de los títeres. A los otros les queda mucho más. Pueden hacerme frente, cultos como yo o ignorantes como yo. El mundo se hace grande, todo pasa a ser nuestro y no tenemos que utilizar ni la Bolsa, ni el consejo de administración, ni la barra de hierro para depredarnos. Ves, en el mundo que muchos de nosotros soñábamos (repito: leer el horario de trenes del año anterior, pero en este caso podemos decir de muchos años antes) había el patrón infame con el sombrero de copa y los dólares que se le colaban de los bolsillos y la viuda demacrada que pedía justicia con sus niños. El buen mundo de Brecht, en suma.

    Es como decir que tienes nostalgia de aquel mundo.
    ¡No! Tengo nostalgia de la gente pobre y verdadera que peleaba para derribar a aquel patrón sin convertirse en aquel patrón. Como estaban excluidos de todo, nadie los había colonizado. Yo tengo miedo de estos negros en revuelta, iguales al patrón, otros saqueadores que quieren todo a toda costa. Esta oscura obstinación en la violencia total no deja ver ya «de que signo eres». A cualquiera que lleven al hospital al final de su vida sea llevado moribundo al hospital le interesa más -si tiene todavía un soplo de vida - qué le dirán los médicos sobre sus posibilidades de vivir que qué le dirán los policías sobre la mecánica del delito. Date cuenta de que yo no hago ni un proceso de intenciones ni me interesa ya la cadena causa efecto, primero ellos, o primero él, o quién es el jefe-culpable. Me parece que hemos definido lo que tú llamas la «situación». Es como cuando en una ciudad llueve y se han atorado las alcantarillas. El agua sube, es un agua inocente, agua de lluvia, no tiene ni la furia del mar ni la maldad de las corrientes de un río. Mas, por la razón que sea no baja, sino que sube. Es la misma agua de lluvia de muchos poemitas infantiles y de las musiquillas del «cantando bajo la lluvia». Pero sube y te ahoga. Si hemos llegado a este punto yo digo: no perdamos todo el tiempo en poner una etiqueta aquí y otra allá. Veamos cómo se desatasca esta maldita bañera, antes que nos ahoguemos todos.

    Y tú, por eso, quisieras que todos fuesen pastorcillos sin enseñanza obligatoria, ignorantes y felices.
    Dicho así sería una estupidez. Pero la llamada enseñanza obligatoria fabrica a la fuerza gladiadores desesperados. La masa se hace más grande, como la desesperación, como la rabia. Admitamos que yo haya tenido una salida de tono (aunque no lo creo). Decidme vosotros otra cosa. Se entiende que añoro la revolución pura y directa de la gente oprimida que tiene el único objetivo de hacerse libre y dueña de si misma. Se entiende que me imagino que pueda todavía llegar un momento así en la historia italiana y en la del mundo. Lo mejor de lo que pienso podrá hasta inspirarme uno de mis próximos poemas. Pero no lo que sé y lo que veo. Quieto decir con toda franqueza: yo bajo al infierno y sé cosas que no molestan la paz de otros. Pero prestad atención. El infierno está subiendo también entre vosotros. Es verdad que sueña con su uniforme y su justificación (a veces). Pero es también verdad que sus ganas, su necesidad de golpear con la barra de hierro, de agredir, de matar, es fuerte y es general. No será por mucho tiempo la experiencia privada y peligrosa de quien, cómo decirlo, ha tocado «la vida violenta». No os hagáis ilusiones. Y vosotros, con la escuela, la televisión, lo pacato de vuestros periódicos, vosotros sois los grandes conservadores de este orden horrendo basado en la idea de poseer y en la idea de destruir. Dichosos vosotros que os quedáis tan felices cuando podéis poner sobre un crimen su buena etiqueta. A mi esta me parece otra de las muchas operaciones de la cultura de masa. Como no podemos impedir que pasen ciertas cosas, nos tranquilizamos encasillándolas.

    Pero abolir tiene que decir a la fuerza crear, si no tú también eres un destructor. Los libros por ejemplo, ¿qué será de ellos? No quiero hacer el papel de quien se angustia más por la cultura que por la gente. Pero esta gente salvada, en tu visión de un mundo diferente, ya no puede ser primitiva (esta es una acusación frecuente que te hacen) y si no queremos utilizar la represión «más avanzada»...
    Que me da escalofríos.

    Si no queremos utilizar frases hechas, una indicación tiene sin embargo que existir. Por ejemplo, en la ciencia-ficción, como en el nazismo, se queman siempre los libros como gesto inicial de exterminio. Cerradas las escuelas, clausurada la televisión, ¿cómo animas tu belén?
    Creo haberme ya explicado con Moravia. Cerrar, en mi lenguaje, quiere decir cambiar. Cambiar pero de modo tan drástico y desesperado como drástica y desesperada es la situación. Lo que impide un verdadero debate con Moravia, pero sobre todo con Firpo, por ejemplo, es que parecemos personas que no ven la misma escena, que no conocen la misma gente, que no escuchan las mismas voces. Para vosotros una cosa ocurre cuando es una crónica, hecha, maquetada, editada y titulada. ¿Pero qué hay debajo? Aquí falta el cirujano que tiene el coraje de examinar el tejido y de decir: señores, esto es cáncer, no una cosita benigna. ¿Qué es el cáncer? Es una cosa que cambia todas las células, que las hace crecer todas de forma enloquecida, fuera de cualquier lógica precedente. ¿Es un nostálgico el enfermo que sueña con la salud que tenía antes, aunque antes fuera un estúpido y un desgraciado? Antes del cáncer, digo. Es decir, antes de todo será necesario hacer no sólo un esfuerzo para tener la misma imagen. Yo oigo a los políticos con sus formulismos, todos los políticos, y me vuelvo loco. No saben de que país están hablando, están tan lejos como la luna. Y los literatos. Y los sociólogos. Y los expertos de todos tipo.

    ¿Por qué piensas que para ti ciertas cosas están tan más claras?
    No quisiera hablar más de mí, quizás he hablado dicho incluso demasiado. Todos saben que yo mis experiencias las pago personalmente. Pero están también mis libros y mis películas. Quizás soy yo quien se equivoca. Pero sigo diciendo que estamos todos en peligro.

    Pasolini, si ves la vida así - o se si aceptarás esta pregunta- ¿cómo piensas evitar el peligro y el riesgo?
    Se ha hecho tarde, Pasolini no ha encendido la luz y se hace difícil tomar apuntes. Miramos juntos los míos. Luego me pide que le deje las preguntas.

    Hay puntos que me parecen demasiado absolutos. Deja que lo piense, que los relea. Y dame tiempo para encontrar una conclusión. Tengo una cosa en mente para responder a tu pregunta. Para mi es más fácil escribir que hablar. Te dejo las notas que añada mañana por la mañana».


    Al día siguiente, domingo, el cuerpo sin vida de Pier Paolo Pasolini estaba en el tanatorio de la policía de Roma.

    Fuente: http://www.pasolini.net/madrid-saggi22.htm

      Fecha y hora actual: Dom Dic 04, 2016 9:15 am