Crónica de un viaje a Corea

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    Re: Crónica de un viaje a Corea

    Mensaje por SS-18 el Mar Ago 31, 2010 1:54 pm

    unifico temas.


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    SE BUSCAN TEMAS IGUALES O PARECIDOS y SOLO EN EL CASO de NO existir, se abre un hilo nuevo . El desorden es motivo de sanción.
    http://www.forocomunista.com/material-grafico-f31/avatares-del-foro-t949.htm

    Obligatorio leerse las reglas del foro
    http://www.forocomunista.com/comunicados-de-la-administracion-f19/reglamento-de-foro-comunista-t2214.htm

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    Séptima Crónica de “Un viaje a Corea”, por Juan Nogueira

    Mensaje por Kiibakun el Mar Ago 31, 2010 10:24 pm

    Séptima Crónica de “Un viaje a Corea”, por Juan Nogueira
    - Sexto día en Corea -

    El día comenzó con música. ¡Sí, como suena! A las 7:30 de la mañana, hora a la que habitualmente me levanto aquí en Corea, un equipo de propaganda estaba animando a los trabajadores que construyen los grandes almacenes frente al Hotel Koryo y lo hacían con música y un discurso.

    En general, todas las mañanas escucho la misma canción cuando me despierto, parece venir de altavoces situados en la calle, pero no sé su origen concreto. Suena como una música relajada de algún videojuego japonés, pero se escucha de fondo, alejada.

    Sea como fuere, aquí el entusiasmo está a la orden del día. Y como todo en Corea, el entusiasmo también “se organiza”. Por las mañanas, los pioneros marchan por las calles antes de ir a sus escuelas -aquí las vacaciones largas son en invierno, cuando las temperaturas caen hasta -20º- con pancartas y cantando canciones revolucionarias. Eso, junto a los gigantescos carteles de propaganda que se ven por las calles, dan a Corea la imagen de ser un país en movilización.

    Con este alegre despertar, bajé a desayunar. Sin embargo, hoy no iba a ser un día cualquiera: hoy a primera hora, iba a visitar el Palacio Memorial Kumsusan, donde se puede ver el cuerpo embalsamado de Kim Il Sung. Por eso, Kimsito y Kimsita me pidieron que me vistiese lo más formal posible y yo, que ya tenía previsto que sucedería algo así, me puse un traje negro, con camisa blanca, pero sin corbata. Al desayuno, parecía uno más entre los japoneses y ellos, sonrientes y amables siempre, me dieron su aprobación. Ellas, menos parcas en palabras, me dijeron que estaba “muy guapo y debería llevarlo más a menudo”. ¡Ni caso!

    Aunque la batalla contra la Cocina ha vivido hoy nuevos e intrigantes capítulos, mi principal preocupación ahora es económica. Estoy, literalmente, en la más pura miseria, aunque de aquí al día en que salga de Corea, tengo el alojamiento, las comidas y el transporte cubierto. Cuando llegue a China podré sacar más dinero desde un cajero, pero por ahora tengo que contar hasta los cafés que me tomo.

    Sin embargo, Kimsito y Kimsita saben que el motivo está en que mi sueldo no da para pagar mucha gasolina y menos al precio al que cuesta en Corea, así como el pago del billete del tren, que finalmente salió más caro de lo previsto. Además, he hecho lo de siempre: comprar un buen cargamento de libros. Ellos saben todas estas circunstancias y están ayudándome en lo que pueden.

    Saben que me apasionan los libros y que una visita a Corea es una oportunidad única. Por eso, la KASS me va a regalar libros en castellano para que la falta de dinero no sea un impedimento. La clave aquí está en que los libros, a diferencia de la gasolina, no se pagan en divisas y tienen un coste muy bajo para los coreanos.

    Por otro lado, en los últimos días -y aunque no me han dicho nada en ningún momento- me están constantemente invitando ellos a los cafés y a las variada gama de cosas, como por ejemplo, montar en un carro tirado por caballos en el zoo.

    Realmente, he de admitir que tienen una calidad humana increíble, ambos. Son excelentes personas, convencidos revolucionarios e inteligentes. Tienen las partes positivas de los coreanos -son trabajadores, puntuales, respetuosos- y la parte positiva de la juventud -divertidos, alegres y hasta algo juerguistas: Kimsita algún día me confiesa que está cansada porque salió con sus amigas el día anterior hasta las 2 o las 3, teniendo trabajo al día siguiente,...

    Están haciendo todo lo posible por darme el mejor viaje: si les digo que me interesa algo, al día siguiente ya han hecho un hueco libre para llevarme; si quiero hacer algún cambio en el programa, lo aceptan sin falta; me preguntan constantemente si deseo algo o hay algo que esté en sus manos que puedan hacer,... etc. Desde luego, es su trabajo y reciben un salario por ello. Pero hay una gran diferencia entre cumplir lo básico que aparece en un contrario y desvivirte por hacer bien tu trabajo y hacer que otra persona se sienta a gusto.

    En un momento, comenté que en el PCPE y los CJC estábamos dando incrementando nuestra lucha por la emancipación de la mujer. Pues bien, ellos ya han contactado con la Unión de Mujeres Democráticas de Corea para conseguirme sus materiales.

    También hay que decir que ellos son sistemáticos, lo apuntan todo y trasmiten la información relevante a sus superiores. ¡Qué no cunda el pánico! No es un sistema de espionaje ni de violación de la intimidad, pero sí me encontré la sorpresa, cuando hablaba con el Director de la KASS para Europa, de que me citaba informaciones que yo había facilitado a Kimsito en una conversación relativamente informal. Eran informaciones relativas a nuestras actividades políticas como CJC, las actividades de solidaridad con Corea que se realizaban en el Estado Español y otras.

    En fin, a primera hora fuimos al Palacio Memorial de Kumsusan. El edifico es, para mi gusto, demasiado ostentoso. Se construyó en los años 60, como Palacio Presidencial, con todas las oficinas y salas desde donde se hacían los trabajos de la Presidencia y se recibían a líderes extranjeros. En los años 90, con la muerte de Kim Il Sung, se cerró como zona de trabajo y pasó a ser un lugar en honor al fundador de la Corea Socialista.

    Los detalles están medidos, contribuyendo a crear una atmósfera solemne. Para entrar hay que atravesar un pasillo kilométrico con una enorme cinta mecánica. Hay una guardia vigilando el mausoleo y hay un control de metales a la entrada, el único que he visto en Corea junto al del aeropuerto.

    Con todo, es emocionante verlo. Por dos motivos. Por un lado, tras leer sobre él, estudiar sus escritos, ver su imagen en media Corea y admirar su figura como la de un gran revolucionario, acabas teniendo la curiosidad de ver el cuerpo de Kim Il Sung, aunque ya no esté vivo. Por otro lado, siempre me da curiosidad ver los rostros de los coreanos cuando acuden a este lugar.

    La verdad es que hay muchos coreanos que visitan el Palacio Memorial, miles y miles todos los días, a pesar de que su muerte fue hace ya 16 años. Algunos aún lloran, la mayoría mantienen un rostro serio y solemne.

    Después de Kumsusan, fuimos al Cementerio de los Mártires Revolucionarios. No sé si los coreanos son conscientes del matiz religioso que tiene en castellano la palabra “mártir”, pero esa fue la traducción que ellos me hicieron. En cualquier caso, es una inmensa ladera de una colina donde se han hecho bustos de bronce de los principales combatientes de la lucha guerrillera, especialmente de aquellos que murieron en combate.

    El cementerio se construyó en los años 70 y de bastantes guerrilleros muertos a principios de los años 30 o, incluso, en los años 20, no existían fotografías, debido al atraso de Corea en aquel momento y al origen campesino de la mayoría de guerrilleros. Por eso, se crearon comisiones de investigación entre familiares y camaradas para hacer el retrato robot del guerrillero. En mi opinión, un detalle muy humano.

    En el cementerio también están enterrados antiguos guerrilleros que luego jugaron un papel importante en la vida política norcoreana. Incluso hay un antiguo guerrillero que murió en 2008, tras una vida entera dedicada a la causa del socialismo en Corea. Tiene su busto de bronce en el Cementerio.

    En el Cementerio no había tanta gente como en Kumsusan, pero sí que había alrededor de 150 personas y eso a pesar de que eran las 10 de la mañana. Había desde alumnos de secundaria con libretas (los datos biográficos de los guerrilleros aparecen bajo el busto) hasta madres enseñando a sus hijos pequeños el recinto, pasando por grupos de escolares, personas individuales o militares.

    Más personas había en nuestra siguiente visita: el zoo. Por cierto, parte del mismo está renovándose con vistas a 2012. El zoo de Pyongyang no es ni el más extenso ni el más moderno del mundo, pero no está mal.

    La parte de reptiles es un poco floja, pero el acuario está bastante bien. También hay tigres de bengala y tigres coreanos -abundan en el norte del país y son muy grandes-, elefantes laosianos, zebras, leones,... etc. En la zona dedicada a aves, destacan las grullas y... ¡las gallinas! ¡Sí, aunque resulte incomprensible, también hay un corral en el zoo!

    Por cierto, esto me permite desviarme a mi tema favorito relativo a Corea: la comida. En los años 60 y hasta 1970, Corea se llenó de granjas de pollos. Esto estaba recogido dentro del plan septenal. Pues bien, se ve que este plan tuvo un éxito tremendo. En primer lugar, porque sólo ver el mapa de Corea del Norte y el reparto que a través de él hacen cientos y cientos de granjas, es espectacular. Pero en segundo lugar -y mucho más importante- porque si la leche está racionada y se da a los sectores que la requieren, en el caso de los huevos y el pollo, su distribución es masiva. ¡En concreto, no hay día en el que en cada una de las tres comidas no me ofrezcan huevos, tortilla, ensaladas con huevo, mayonesa o pollo! Realmente, no sé cuántos huevos podría haber comido en la semana que llevo en Pyongyang, si hubiese aceptado todos los que me han intentado dar.

    Tras irnos del zoo, volvimos al hotel para comer. Durante el viaje pude observar que la mayoría de restaurantes de la capital estaban absolutamente llenos. El plan 2008 – 2012 prevee elevar los niveles de consumo de los trabajadores y campesinos y sus resultados son visibles. No sólo en los restaurantes, también están llenos los grandes almacenes, las zonas deportivas,... etc

    Kimsita me dijo que, en concreto, la ropa es relativamente barata en Corea y que existía cierto boom de la compra de ropa.

    Un aspecto curioso es que, para un Occidental que visita Pyongyang, el hecho de que existan tantas tiendas puede resultar al principio chocante. Especialmente, porque las tiendas se sitúan en la parte baja de los edificios, pero pasan inadvertidas para nosotros, acostumbrados al marketing, los carteles, luces de neón y mostradores. Nada de eso existe en Corea, por lo que las tiendas son locales comerciales generalmente muy grandes, situados en la parte baja de la mayoría de edificios y sin apenas distintivos que hagan pensar qué puedes comprar dentro.

    Por la tarde, tuvimos coloquio sobre la priorización militar de nuevo. Esta vez dimos un paso más adelante.

    Con la idea Songún, los norcoreanos parten de premisas bien conocidas por el marxismo-leninismo: el Estado es un instrumento de clase; no es algo neutro, democrático, sino algo que defiende los intereses de la clase en el poder. Las leyes, la policía, la propaganda, el sistema educativo... son instrumentos del Estado para hacer valer los intereses de la clase que está en el poder. En un Estado capitalista, los intereses de la élite adinerada; en uno socialista, los de la mayoría trabajadora.

    En este sentido, si todo esto falla para mantener el poder de la clase dominante, siempre queda un último instrumento: la coacción armada, es decir, la clase dominante tiene un Estado y este posee un ejército; las clases que no están en el poder no tienen nada de eso.

    Precisamente por esto, cuando las clases oprimidas quieren tomar el poder, deben hacer uso de su propio ejército revolucionario que se enfrente al Estado y al ejército de las clases dominantes. Toda revolución es ejemplo de ello: Corea, Cuba, la Unión Soviética, China,...

    El poder armado y la compenetración del partido con las masas es la condición de existencia y supervivencia de una organización revolucionaria.

    Pero mantener ese poder armado es necesario también para mantener la revolución. En el caso de la experiencia chilena, Kim Il Sung se entrevistó con Allende y le dijo que lo fundamental era tener control sobre el Ejército. Allende insistía en que el Estado era democrático y que había habido un cambio en la correlación de fuerzas, pero Kim Il Sung le insistió en que el Estado no había cambiado de manos, sólo el gobierno, los revolucionarios necesitaban tomar posesión del ejército. Allende le respondió que ellos deseaban un ejército “neutral y democrático” y Kim Il Sung le indicó que eso no era ni siquiera suficiente para llevar a cabo reformas democráticas, por no hablar de las reformas socialistas. El resultado ya se conoce: el ejército neutral y democrático dio un golpe de Estado, devolvió el gobierno a la élite oligárquica y instauró una atroz dictadura durante más de 15 años.

    En Alemania Oriental, la defensa dependía en buena medida de la Unión Soviética, mientras que en Rumanía había una escasa dirección política sobre la tropa. En el primer caso, Alemania Occidental se anexionó la RDA sin disparar un tiro -si el poder armado dependía de Gorbachov, este era quién decidía- y en el segundo caso, el Ejército dio un golpe de Estado y asesinó a Ceaucescu.

    Por lo tanto, en Corea creen que el papel del ejército es fundamental y debe convertirse en la principal vanguardia de la construcción y defensa del socialismo. Por eso, en Corea el ejército no cumple únicamente funciones defensivas, sino que en él se educa a través del partido ideológicamente todas las generaciones jóvenes y participan activamente en obras de construcción y algunos sectores económicos. En el ejército ven la suma de fuerza, ideología y organización, siendo una fuerza capaz de mantener de forma organizada la lucha incluso si hay un golpe contrarrevolucionario, manteniendo vivo el partido y el Estado.

    En cualquier caso, afirman que en su caso, tienen que exagerar el papel del ejército, debido a que son un pequeño Estado socialista, rodeado del capital internacional, bloqueado y amenazado. No existe un sistema socialista mundial -que por cierto, afirman que quieren que se reconstruya y que contribuirán a ello- y apenas existe una solidaridad antiimperialista real. Por eso, tienen que apoyarse únicamente en sus propias fuerzas.

    Por la tarde, acudimos al Palacio de los Niños y Estudiantes de Mangyongdae. El Palacio es un impresionante edificio de 8 plantas y más de 120 salas, en el moderno barrio de Kwanbok. Según nos explicó una pionera, la forma del edificio representa el abrazo de una madre.

    Retórica aparte, en Corea hay más de 60 palacios de este tipo. Sirven para las actividades extraescolares de los estudiantes y como centro para desarrollar talentos. Son gratuitos y en ellos se aprenden deportes (volleyball, fútbol, baloncesto, ping pong y taekwondo, que yo pudiese ver), música (piano, acordeón, flauta, guitarra española y eléctrica, batería, así como varios instrumentos propios de Corea, entre los que pude ver), pintura (caligrafía -considerada un arte en Oriente-, pintura en varios estilos, escultura, bordado,... etc.), oratoria y canto. También hay una piscina olímpica con trampolines a varias alturas, a las que se sube en ascensor.

    La decoración abunda en colores vivos, naves espaciales, luces, mármoles y lámparas ostentosas. Tiene salas de actuaciones, donde pudimos asistir a un espectáculo musical con canciones de varios estilos. Eran característicos los coros, la gran cantidad de instrumentos, voces increíbles entre los solistas y una esmerada puesta en escena. Una buena guinda para un día lluvioso. ¡Mañana más!

    Fotos en: http://picasaweb.google.es/100726707852813525496/SeptimaCronicaSextoDiaEnCorea#


    Última edición por Kiibakun el Miér Sep 01, 2010 11:54 am, editado 2 veces

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    Octava crónica - Séptimo día

    Mensaje por Pyongyang el Miér Sep 01, 2010 10:06 am

    Lo siento... me he adelantado y publiqué la novena crónica en vez de la octava... Es el problema de no estar publicándolas en directo...

    Aquí va la correcta:

    Desde que estoy en Corea, no hay día en que no me despierte soñando algo extraño. Hoy, en sueños, eché una bronca monumental a un camarada. ¡Prubín! Igualmente, desde que estoy en Corea, no hay día en que no me entren unas ganas horribles de volver a fumar. ¡Mal tema!

    En cualquier caso, me alegro de no haber hecho ninguna de las dos cosas.

    Hoy, el día ha transcurrido con alguna novedad.

    Para empezar, el coloquio de por la mañana fue con los dos profesores al mismo tiempo: O Song Chol y Lee Chol Jun. La idea era que hoy íbamos a repasar aquello que había aprendido, a ver si había comprendido la esencia de lo que habían querido trasmitirme. Quedaron muy satisfechos.

    Como rápidamente percibieron que de Ciencias Sociales, Marxismo-Leninismo, comprensión de la Idea Juche o Revolución en general, no me falta conocimiento, pasaron a los temas que más les gustan a ambos: otras realidades revolucionarias.

    Hablamos de Venezuela, de Cuba y de la Segunda República Española. Me preguntaron especialmente por el periodo que va desde la Primera República hasta la Segunda, cómo se llega a la Guerra Civil, qué papel jugaron los comunistas y cómo veíamos retrospectivamente los comunistas ahora esa parte de nuestra historia. También les interesaba conocer cómo veía actualmente la sociedad española la Guerra Civil. Les sorprendió mucho saber que aún hoy existen calles y monumentos dedicados a los “héroes” del fascismo, mientras los héroes del pueblo siguen marginados de forma insultante por el actual régimen.

    Les expliqué que, en nuestro análisis, veíamos la transición como un lavado de cara y una recolocación de las figuras del régimen, buscando resituar la economía española desde un modelo desarrollista del franquismo al mercado común de la Unión Europea, pero sin mediar ruptura democrática ni asunción de responsabilidades por parte de los criminales fascistas. De ahí que el actual régimen sea heredero del sistema “legal” del franquismo y herede sus calles, sus sentencias judiciales, sus monumentos y héroes,... etc

    También les interesaba conocer la realidad de la juventud española, a qué se dedica, qué le preocupa, si se interesa por la política. Tuve que desilusionarles y decirles la verdad: la juventud española es de las más puteadas de Europa en cuanto a paro, precariedad laboral, temporalidad y fracaso escolar. Sin embargo, la han convertido en una de las juventudes más conformistas y alienadas, creyendo que su libertad se esnifa, se consegue a base de litros de alcohol o se compra como complemento de rebajas. Demasiadas energías se derrochan en los bares y centros comerciales. ¡Qué luchen otros!

    Pero no hay pesimismos, el reformismo siempre se queja de las circunstancias. “¡Con esta juventud no hay nada que hacer!” -dicen... Si mayor es la dificultad, mayor es el reto y los revolucionarios tenemos que tener el compromiso de hacerle frente.

    Finalmente, me preguntaron por la percepción que tienen los españoles sobre Corea y, especialmente, sobre el papel que aquí se le da al Ejército Popular. Como siempre, les dije la verdad: en España no se conoce el papel del ejército. Es decir, ni se conoce la agresión imperialista americana ni se conoce el papel que el EPC juega en la construcción socialista ni la gran unidad entre pueblo y ejército que existe en Corea.

    Los medios han creado un consenso perverso en torno a la idea de que todos los ejércitos -salvo los de la civilizada Occidente- son iguales: instrumentos de represión de dictadores sin escrúpulos. Ellos me dijeron que se lo esperaban, que estaban acostumbrados a que les acusasen de dictadura militar. Pero, dijeron, ellos viven en libertad e igualdad, son felices con su democracia socialista y el ejército es el mayor garante de su defensa y avance. Sé que dijeron eso, exactamente, porque lo apunté.

    Por la tarde he vuelto al Museo de la Revolución, en la que ha sido mi última visita a este centro. Visitamos la parte relativa a la década de los 90 y del 2000. Sin embargo, fue la menos interesante de todas, quizás por estar excesivamente centradas en las figuras personales de Kim Il Sung y Kim Jong Il.

    Sí que fue interesante ver un vídeo sobre la muerte de Kim Il Sung. La reacción de los norcoreanos, dentro de lo exagerada que resulta para quienes lo vivimos desde fuera, resulta enternecedora. Pero esa admiración por Kim Il Sung y ese dolor es totalmene genuino. Todos los norcoreanos en esa sala se pusieron a ver el vídeo -que probablemente ya habrán visto en la televisión antes- y todos y todas acabaron llorando. Son sentimientos que tienen muy interiorizados.

    Una cosa que cada vez me impresiona más es lo mucho que leen los coreanos. Hoy, además, pude conseguir el catálogo de la compañía de importación y exportación de publicaciones de Corea. Especialmente, destacan los boletines y revistas que publican universidades, organizaciones e instituciones.

    Hay revistas de expertos en ciencias sociales, en materia militar, en historia, de medicina, de universidades, feministas,... todo lo imaginable y más. La mayoría son de publicación mensual o quincenal.

    Esto, que a priori puedo no parecer un hecho tan espectacular, no sucede en la mayoría de países del llamado “Tercer Mundo”. Precisamente, cuando estuve en Cuba -otro país de grandes lectores, no por casualidad- el director de Juventud Rebelde nos explicaba que el mayor problema para incrementar la tirada o dar más variedad es la falta de papel. Tan simple como eso, problemas que desde nuestro eurocentrismo difícilmente comprendemos. Fuera de Cuba y Corea, hay que sumar el precio de las publicaciones y los bajos niveles culturales.

    Precisamente, el socialismo es la causa y la principal razón del consumo de lectura entre la sociedad cubana y coreana. Ser culto para ser libre, que diría Martí.

    Por la tarde, visitamos la única Granja de Avestruces del país. Está cerca de Sunan, en los alrededores de Pyongyang. Es una de las tres mayores granjas de avestruces del mundo. Las dos restantes se sitúan en Sudáfrica y en Francia.

    Es de propiedad estatal, hay alrededor de 10'000 avestruces en la granja y da empleo a casi 500 trabajadores. Cuenta con maquinaria moderna que se ha importado de Francia e Italia. Se utiliza para producir cuero, carne y productos que utilizan sus pelos y plumas. Satisface el mercado nacional -como pude comprobar hace dos días- y el extranjero.

    La granja se fundó hace 10 años con avestruces procedentes de África. Kim Jong Il la ha visitado en varias ocasiones e incluso ha llevado allí a líderes extranjeros como Hu Jintao. Es un centro muy moderno que se ocupa de la reproducción, cría, engorde, muerte y procesamiento de las avestruces. También cuenta con un espacio dedicado a cerdos, a la producción de abonos y al cultivo de varios vegetales.

    La visita fue interesante, aunque demasiado rápida, en mi opinión. La mayor parte del tiempo la pasamos haciendo un tour por toda la granja -kilométrica- en coche.

    Para terminar el día, tuve la sorpresa de encontrarme con Alejandro Cao de Benos, aunque estaba ocupado en una entrevista con dos extranjeros. Hemos acordado vernos otro día.

    Y ya que hoy me sobra algo de espacio, voy a tratar otro de los mitos sobre Corea. Este, en concreto, es el favorito de mi madre: los coreanos y las coreanas sólo pueden peinarse y cortarse el pelo de siete formas elegidas por el gobierno.

    Mi amiga Lucía se sentiría decepcionada de saber que entre ellas no está el moño. ¡Lo siento, fía!

    La verdad es que la logística que requiere hacer cumplir una normativa como ésta es impresionante. ¿Habría delitos contra el buen gusto en el código penal? ¿O un código propio de peluquería y belleza?

    ¿Quién controla el cumplimiento de estas normas? ¿Brigadas peluqueras esposando a los infractores y llevándoles a la fuerza a cortarse el pelo? Desde luego, los escasos policías -además, de tráfico- que hay desplegados por las ciudades no darían para controlar a una población tan grande.

    Es cierto que los coreanos y coreanas son muy ordenados y protocolarios en cuanto a la vestimenta y el aspecto físico y que eso es algo que les enseñan desde bebés en las familias y en las escuelas. Pero de ahí a afirmar -como a veces parece desprenderse del delirio de los medios de comunicación occidentales- que poco más y abren un “gulag para cutres”, hay un paso gigante.

    Aunque pensándolo bien, esa normativa vendría muy bien en España, especialmente ahora que nuestro gobierno no sabe cómo llenar el agujero que han dejado las ayudas a la banca. Además, por más que se quiera freír a los conductores a multas, ya no es lo que era, sobre todo con el precio de la gasolina. La solución está en la Unidad Policial del Buen Gusto.

    Si quieren forrarse, una recomendación sobre por dónde empezar para solucionar la crisis: en Oviedo hay un bar llamado Tribecca... En fin... Bromas aparte, ¡mañana más!


    Última edición por Pyongyang el Miér Sep 01, 2010 10:56 am, editado 1 vez

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    Re: Crónica de un viaje a Corea

    Mensaje por sorge el Miér Sep 01, 2010 10:36 am

    e


    Última edición por sorge el Jue Sep 02, 2010 10:02 am, editado 1 vez

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    Novena crónica - Octavo Día

    Mensaje por Pyongyang el Jue Sep 02, 2010 8:22 am

    El día comenzó con unas gotas de lluvia, aunque según avanzaban las horas la llovizna se convirtió en aguacero y para la noche teníamos una animada tormenta de verano. ¡Todo el día!

    Para colmo de las coincidencias, hoy era mi día de montaña. ¿Qué es más importante, el programa o el agua? Ahora responded desde la mentalidad de un coreano.

    Efectivamente, fuimos a las montañas. En concreto a las de Kuwolsan. La elección fue mía.

    Todo partió de que cuando me entregaron el programa, vi que estaba prevista una visita a los montañas de Myanghang, donde está la Exposición Permanente de Amistad. La verdad es que esa visita es bonita: hay una buena carretera hasta las montañas, impresionantes paisajes y en Myanghang puedes hacer varias rutas, picnic junto a una cascada, visitar la Exposición Permanente de la Amistad y el espectacular Templo de Pohyon. Además, la KASS me invitaba a pasar la noche en el cercano Hotel Hyesan y hacer alpinismo por el Valle Manphok al día siguiente.

    Interesante, pero esa visita -aún sin pasar la noche allí- ya la había hecho en dos ocasiones. Por eso, pedí un cambio del programa propuesto y me puse a investigar qué montañas podríamos visitar. La verdad es que, por malo que sea para la agricultura, en Corea hay muchas montañas y muy bonitas y bien conservadas.

    Las condiciones fundamentales eran que se pudiese llegar en coche, que no estuviesen demasiado alejadas de Pyongyang y que pudiésemos dormir en el Hotel Koryo. Eso descartaba bastantes opciones, como el Monte Paektu -lugar de lucha de la guerrilla- o Kumgangsan, junto a la frontera oriental con Corea del Sur.

    Al final elegí Kuwolsan, entre las ciudades de Nampo y Haeju, no lejos de la frontera occidental con Corea del Sur. La opción era prometedora, pero los problemas no tardaron en llegar.

    En primer lugar, porque Corea es un país en situación de guerra y aunque existe libertad de movimientos, hay que informar de los desplazamientos por un registro. Un control de carretera nos pidió la copia registrada de que habíamos informado del desplazamiento. Es triste que tenga que ser así, pero supongo que no hay otro remedio en un país dividido y sometido al acoso del imperialismo.

    Y el segundo problema fue que se nos estropeó el coche. ¡Sí, un Mercedes de fabricación alemana, con cien por cien de fiabilidad! ¡Estropeado... por momentos! Al rato se recuperó con un poquito de ingenio y la ayuda de campesinos de una aldea, muy acostumbrados a conseguir prolongar la vida útil de los aparatos, con alguna chapuza sencilla.

    La verdad es que las paradas -fueron tres- que hicimos sirvieron para conocer mejor la realidad de los pueblos en Corea. En todos sin excepción vi tres cosas esenciales: campos plantados aprovechando toda la tierra útil -incluso pequeños “deltas” en los ríos-, que en todos había electricidad -logro conseguido hace 40 años, pero que pude certificar que sigue siendo vigente- y casas de tamaño medio y con tejado de tejas.

    Esto último lo menciono porque, en Corea, un dicho antiguo afirmaba que la riqueza era vivir bajo techo de tejas, con vestido de seda y con algo de arroz para acompañar cada comida. Kim Il Sung dijo que el socialismo estaría plenamente asentado cuando la economía colectiva fuera capaz de garantizar eso a todo el mundo.

    El tejado con tejas -es decir, el fin de las chozas- lleva siendo una realidad en Corea del Norte desde hace décadas, así como la electricidad y el arroz. No así otros aspectos.

    Por ejemplo, debido a la austeridad en el uso de electricidad, el bombeo de agua corriente es intermitente en algunos pueblos.

    Además, existen diferencias entre unos pueblos y otros. En general, la mayoría tienen un aspecto bastante decente. Sin embargo, en otros, hay situaciones más austeras.

    En uno de los lugares que pasamos, vimos a niños vestidos en chandal y jugando en la tierra a pelearse con palos de bambu. Las casas, aunque aceptables, tenían puertas y ventanas viejas y algo desgastadas. Los niños se lo pasaban en grande, pero la imagen era muy distinta a la de la mayoría de pueblos, más modernos, con casas más recientes y con los niños vestidos de camisa, cinturón y pantalón largo, montados en bicicleta y con libros para leer en algún parque o bajo algún árbol. En esto tiene mucho que ver el parón que supusieron los años 90 en el desarrollo socialista de Corea, del que sólo ahora están saliendo poco a poco.

    Cuando llegamos a Kuwolsan, ya estaba cansado incluso antes de salir del coche. ¡33 grados y más de 90% de humedad! En serio, cualquier futuro visitante de Corea, ¡hazme caso: septiembre, no agosto! La humedad es simplemente terrible en Corea. No sólo te adormila, sino que te produce cansancio de forma constante, sudas y se te pesan las piernas. ¡September is the month!

    Kuwolsan, por supuesto, es precioso. Había varios grupos de la Liga Juvenil Socialista haciendo picnics en las montañas. Cantaban, comían, caminaban... y nos miraban sorprendidos. ¡Extranjeros en Kuwolsan!

    Estas montañas siempre habían sido uno de los paisajes más conocidos de Corea, pero el acceso a las mismas era muy complicado. El Ejército Popular de Corea se puso manos a la obra y construyó una carretera y varios caminitos para hacer rutas. Además, en medio de las montañas hay pabellones de estilo oriental desde el que se pueden ver vistas alucinantes.

    La vegetación en Corea es mucho más frondosa que en Europa. Recuerda en parte a la selva, aunque los árboles no son tan altos y no hay una fauna tan nutrida. Eso sí, en el norte de Corea hay tigres y, en cuanto a serpientes, reptiles e insectos, el menú donde elegir es amplio.

    Hace poco había en el periódico un reportaje sobre estas montañas en otoño. La verdad es que todo se vuelve de colores. Mi tía Ani creo que pediría un traslado estacional a Corea si viese las fotos. ¡Buff... septiembre! ¡Qué mal elegí!

    Comimos alrededor de una cascada. El agua era cristalina y no estaba muy fría. La gente metía los píes y se lavaba la cara y las manos. Desde luego, la tarde era idílica, si no fuera porque cada poco comenzaba a llover.

    La comida estaba compuesta a base de un poco de varios platos, entre los que se incluía la ternera a la parrilla. Mis ojos no se lo podían creer cuando vi que entre la comida había sushi, uno de mis platos preferidos entre la comida oriental. Sin embargo, los coreanos me aclararon que no era sushi japonés, sino una variedad local que tenía una antigüedad mayor que la del sushi. Yo les miré con cara extrañada como diciendo “pero si es igual que el sushi” y decidí que no iba a entrar en discusiones culinarias, sobre todo si eso reabría viejas rivalidades nipo-coreanas. No sería sushi, pero yo me comí a gusto los seis makis que me habían servido y seguí a lo mío.

    En realidad, es probable que los coreanos tengan razón y que los japoneses hayan copiado y popularizado algo que en origen nació en Corea. Lo digo porque en Oriente existen casos similares. Por ejemplo, lo que todos conocemos como “rollitos de primavera” deberían llamarse, simplemente, “rollitos chinos”. “Rollito de primavera” es el nombre que tiene en Vietnam lo que aquí conocemos como “rollito vietnamita”.

    Es decir, los restaurantes chinos hicieron una versión china del “rollito de primavera” vietnamita y se apropiaron del nombre. Por eso, los auténticos rollitos de primavera -los vietnamitas- se tienen que llamar “rollitos vietnamitas” en los restaurantes que se abren en Occidente.

    Las guerras del sushi, sabiendo los precedentes, tienen para mí un sabor familiar.

    ¡En fin! Cuando decidimos que la lluvia hacía imposible seguir en la montaña, volvimos a Pyongyang. A la ida, hicimos el trayecto a través de la ciudad portuaria de Nampo. A la vuelta, vinimos una ruta interior, a través de Sinchón -lugar donde en la Guerra de Corea, Estados Unidos organizó una de las mayores masacres- y de Sariwon.

    Yo había estado en Nampo y Sinchón en 2005. Ambas están bastante mejoradas desde entonces, aunque en el caso de Nampo, el cambio es espectacular.

    En 2005, Nampo parecía una ciudad recién salida de una guerra, fundamentalmente por la cantidad de edificios en obras y calles levantadas. A día de hoy, sin ser una segunda Pyongyang, es una ciudad agradable, con vida cultural, calles limpias y ordenadas y olor a mar. Está mejor que la ciudad fronteriza de Sinuiju, claramente.

    A la noche me tocó cenar en la misma mesa que una profesora francesa. Ésta es su decimoséptima vez en Corea y su tesis doctoral está centrada en el Songún, es decir, la priorización de los asuntos militares en Corea.

    Ha escrito un libro de alrededor de 400 páginas sobre la misma temática. Ella me explicó que el libro “no es de propaganda, sino que es un estudio académico”. Sinceramente, ese tipo de afirmación me parece un lugar común muy típico de Occidente.

    Ella lo hace con su mejor intención, pero refleja un fenómeno muy extendido en nuestras sociedades: tenemos un miedo tremendo a posicionarnos y comprometernos claramente con una realidad o a que la imagen que demos sea la de alguien comprometido.

    Yo, cuando publico algo sobre Corea, tengo claro que no soy neutro: escribo para defender el socialismo y unas determinadas experiencias de construcción socialista. Eso sí, para defenderlo, utilizo únicamente la verdad, porque como dice Lenin, nosotros no tenemos miedo a la verdad, nuestra teoría es científica y nuestra práctica es revolucionaria y en favor de las grandes mayorías. ¿Por qué íbamos a necesitar recurrir al engaño o a inventarnos cosas que no existen?

    Eso sí, decir la verdad no niega que lo que yo y otros publicamos sea propaganda. ¿Pero es que acaso en la confrontación entre socialismo y capitalismo alguien es verdaderamente neutro? Incluso podríamos plantearnos, ¿es que acaso deberíamos serlo? Eso es extender una forma de pensar totalmente relativista, muy típico del postmodernismo, que es totalmente ajena a los marxistas y a la realidad. En la realidad hay cosas buenas y malas, aunque sean relativas al criterio moral que se utilice. ¿Utilizamos los revolucionarios criterios éticos para distinguir lo bueno de lo malo? Claro, nuestra ética tiene como criterio moral los intereses de las grandes mayorías, el socialismo. ¿O también seríamos neutros si hablamos de democracia o dictadura? ¿O de respeto por los derechos humanos o no? Mucho me temo que el relativismo en unas cuestiones y el posicionamiento en otras, en realidad refleja que el sistema nos tiene ganada la batalla de ideas.

    Por otro lado, hay que tener en cuenta que el hecho de que yo considere que informando de la verdad se hace propaganda en favor del socialismo, no es únicamente un criterio que maneje yo. En realidad, ¿qué información no está posicionada? ¿Es acaso la información que nos dan los medios de comunicación occidentales veraz, objetiva y “neutra”?

    Todo lo contrario. Todo es propaganda, pero no necesariamente porque tenga esa intencionalidad, sino porque todo mensaje que se trasmite en sociedad lleva implicitamente una connotación ideológica.

    Cuando un periodista graba con su cámara de televisión unos hechos y emite las imágenes y el sonido sin hacer comentarios, incluso entonces hay una carga ideológica o, llamésmoslo de otra forma, una distorsión del mensaje por el sujeto que nos lo trasmite. ¿Por qué? Pues porque ese periodista, aunque quisiese, no podría registrar en su cámara la totalidad de los hechos, ni desde todos los ángulos. Registrar y reproducir la realidad tal cual es una utopía, al menos desde un punto de vista “fotográfico”, empírico. Siempre existe un sujeto que narra el mensaje.

    El elemento más básico y simple por el que existe una carga de subjetividad y una intencionalidad -o no- ideológica es precisamente que existe la selección. Y eso existe en toda producción audiovisual, literaria, periodística, académica,... etc Por ejemplo, una comedia romántica estadounidense tiene también su lado de propaganda: ¿por qué sus protagonistas siempre son de clase media alta y sus preocupaciones jamás son las del común de los mortales: encontrar o mantener el trabajo y sobrevivir sin asesinar a tu jefe? ¿No crean acaso, este tipo de dramas, la sensación -falsa- de que la sociedad estadounidense es una sociedad de éxito y donde las únicas preocupaciones son la pareja, el sexo y las amistades? Probablemente no es su intención a priori, pero en el fondo, existe ese ámbito ideológico.

    Si este ámbito ideológico existe siempre, ¿por qué tememos que el nuestro sea de forma clara una sociedad socialista? Un trabajo académico o un estudio de ciencias sociales pueden ser -y son- perfectamente un material de propaganda, sin decir ninguna mentira ni ocultar ningún hecho. Es simplemente que la actitud que adopta el sujeto que emite el mensaje es la de posicionarse como defensor de una realidad.

    En fin. La conversación con la profesora francesa dio para bastante, aunque la reflexión que aquí recojo sobre la propaganda, no lo tratamos. Aunque es una cuestión que me preocupa, el hecho de que la haya sacado citando parte de la conversación que tuvimos, no quiere decir que el problema fundamental sea con ella, ni mucho menos.

    Ella admira lo que llama “moralidad” de la sociedad coreana y especialmente los valores de su ejército, que son extrapolables al resto de la sociedad.

    Aún así, considera que el país atraviesa problemas económicos muy serios debido al bloqueo y las sanciones. No cree que actualmente se esté ante las puertas de una gran potencia próspera socialista, como anuncian los propios coreanos. Yo escuché sus opiniones con atención porque es una persona que realmente aprecia a Corea y que conoce el país. Sin embargo, discrepé con ella en el asunto del crecimiento económico, pues hay cuestiones que son innegables: numerosos edificios están siendo reparados, 100'000 nuevas viviendas están en construcción en Pyongyang, nuevas estaciones de metro están en camino, el hotel de 330 metros está en vías de terminarse, se inauguran nuevas presas de gran tamaño, se quita terreno al mar,... etc Ella se quedó pensativa y dijo que se hacían cosas nuevas pero que la vida del pueblo estaba estancada.

    Ante eso yo volví a discrepar, diciendo que con nueva vivienda, una mejora del transporte, acceso frecuente a piscinas, parques de atracciones y centros deportivos, teléfono móvil, mp3 y cámara digital, el nivel de vida es suficiente o, al menos, ha mejorado. Sino, ¿entonces qué más espera? Su respuesta me inquieto. Según ella, sólo una parte de la población accede a esos bienes, porque en Corea están surgiendo diferencias de poder adquisitivo.

    Dijo que no eran una nueva clase, porque aquí todos son asalariados del estado o de cooperativas. Pero sí están empezando a nacer esas diferencias. No me explicó en qué lo ha notado o cómo se ha cerciorado de ello.

    No puedo descartar de forma radical que eso sea así, me falta información, pero me surgen varias reflexiones.

    Lo primero es que hay que diferenciar lo principal de lo secundario y admitir que en Corea existe la economía más colectivizada y la brecha salarial más pequeña del mundo.

    En segundo lugar, hay que admitir que las circunstancias en las que se construye el socialismo aquí son tremendamente difíciles, como también lo son en Cuba. Por eso, es posible que haya distorsiones que no alteren la línea hegemónica, que es la de construir el socialismo. Distorsiones como por ejemplo, intentar abrirse al comercio con China, a pesar de que esto implique que aparezcan personas que trabajen en empresas de intercambio, manejen divisas y se enriquezcan más que la mayoría de coreanos.

    En cualquier caso, no creo que la tecnología y bienes sea patrimonio exclusivo de una élite. Entre otras cosas, porque entonces la élite sería gigantesca en este país, ya que son decenas de miles los móviles y cámaras digitales que he visto durante estos días.

    La profesora francesa, en cualquier caso, es más pesimista. Considera que Corea se ve en la encruzijada de necesitar una apertura al comercio extranjero, pero no poder realizarla por la situación de ser un país dividido y en guerra. La solución que están adoptando, por lo tanto, es una huida hacia adelante: mantener el socialismo, ya que entre otras cosas no hay otra vía alternativa, hacer la mayor apertura posible a productos extranjeros, sin preocuparse demasiado de si se crean diferencias sociales o no, ya que ahora mismo lo prioritario son los problemas económicos.

    Creo que ésta es la reproducción más fiel de lo que ella me dijo. Para cualquiera que haya leído anteriores crónicas o artículos, sabrá que mi opinión es muy diferente. No sólo creo que hay una apuesta por el socialismo, sino que además eso no se pone en duda.

    Sobre si existen diferencias salariales, puedo repetir lo que ya he dicho: Pyongyang ofrece mejores condiciones de vida que el resto de ciudades coreanas, el campo ofrece condiciones bastante decentes pero hay diferencias entre distintos pueblos. Lo que tengo claro es que estas diferencias no son sociales: no existen clases diferenciadas que opriman a otras, sino un cierto desarrollo desigual producido porque Corea no es aún un país rico y su desarrollo socialista se vio interrumpido en 1991 con una crisis considerable.

    Ella me insistió en que este tipo de fenómenos le recordaban a lo que ella vio en Laos: partido comunista, sociedad crecientemente individualista, aunque en Corea reconoció que el colectivismo y la moral comunista son claramente hegemónicos. Yo sinceramente encuentro diferencias significativas entre Laos y Corea y la clave creo que puede verse en cómo el imperialismo norteamericano trata a uno y otro país.

    Lo que sucede en Corea, si es que existen estos fenómenos, es algo similar a pequeña escala a lo que ocurre en Cuba. Y ambos casos, los revolucionarios tenemos unicamente que decir que ¡Venceremos!

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    Re: Crónica de un viaje a Corea

    Mensaje por Kiibakun el Jue Sep 02, 2010 8:50 am

    Yo ya estoy convencido de ir en Septiembre de 2012 Very Happy

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    Re: Crónica de un viaje a Corea

    Mensaje por sorge el Jue Sep 02, 2010 10:03 am

    Como ha reordenado las cronica, yo reordeno mi intervención:
    Es curioso el dato que apunta Pyongyang de otros paises que podrian estar en las mismas circunstancias que la RPDC no se habla, los grandes medios ignoran a Laos o Vietnam, ninguna superpotencia los amenaza. Aunque me gusta que en Vietnam los salarios de los trabajadores de las zonas francas sean estipulados exclusivamente por el estado.

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    Décima crónica - Noveno Día

    Mensaje por Pyongyang el Vie Sep 03, 2010 7:36 am

    15 de agosto, día de la liberación de Corea. Es domingo. Eso quiere decir que todo está cerrado hoy y, para encima, se ha proclamado día de luto nacional por los muertos en las inundaciones de China. Eso quiere decir que hoy no habrá ni Arirang ni velada de bailes de los estudiantes en la Plaza Kim Il Sung. ¡El día promete poco!


    A las 8 bajo a desayunar, más tarde de lo habitual. El desayuno consiste hoy en un buffet, lo cual me ahorra disgustos aceitosos a primera hora. Los camareros van hoy con smoking blanco y pajarita negra. La mitad de las camareras viste también así, la otra mitad viste con un vestido tradicional rosa. Como siempre, son muy atentos, demasiado. En un día de buffet, lo lógico es que tuvieran menos trabajo de lo habitual. ¡Nada de eso! No tener que servir los platos les dejó tiempo libre para recoger aquello con lo que íbamos terminando con más rapidez y eficacia. ¡Insisto: Demasiada!


    Resulta que yo había aprovechado el buffet para coger dos yhogures. Obviamente, sólo cogí una cucharilla y un azucarero para los dos. Pues bien, en cuanto terminé el primero, empecé a preparar las tostadas. Entre medias, ya me habían retirado la cucharilla y el azucarero. Eso sí, con una gran sonrisa en la boca. Para que cualquiera se haga una idea de el tipo de atención que te brindan en Corea.


    La gente que está por el hotel son de lo más variopinto. En España la gente suele verme como bicho raro por hacer viajes a Corea y defender esta realidad socialista. Pues bien, al lado de mucha de la gente que se acerca el país, yo soy el perfecto ejemplo de normalidad.


    Pero no voy a criticar personas. Hace unos días llegó un nuevo grupo de japoneses, alrededor de 20. También hay un gran número de chinos y unos 6 norteamericanos. Son las nacionalidades más repetidas.


    El grupo de jóvenes japoneses sigue sorprendiéndome. No sólo por su ropa, sino por esa forma de ser tan correcta y tan oriental que tienen. Una de ellas, me dijo el otro día que estaba emocionada. Le pregunté el motivo y me respondió que era porque iba a visitar el Palacio Memorial de Kumsusan, donde están los restos de Kim Il Sung. Sorprendido, le pregunté si era la primera vez que tenía ocasión de visitar el palacio. Ella me dijo que no, que era la tercera pero que... siempre se emocionaba cuando iba.


    Supongo que en Occidente nos cuesta mucho entender este tipo de sentimientos, pero para la gente de culturas asiáticas, es algo más común. En Occidente, incluso en la literatura, ya no nos creemos al héroe, al personaje virtuoso que lucha abnegadamente por un fin y lo consigue. Lo consideramos propio de relatos antiguos o para niños pequeños. Nos refugiamos en la comedia o el drama cotidiano o en relatos épicos, pero siempre que el protagonista se vea arrastado hacia su lucha, no porque él busque la gloria.


    No tengo la capacidad de desentrañar por qué nos hemos vuelto desengañados e incrédulos, pero supongo que tiene bastante que ver con el tipo de sociedad en la que vivimos, en la que quienes nos hablan en términos épicos y de lucha entre el bien y el mal son “héroes” como George W. Bush. ¡Así, es normal!


    De igual forma, en Occidente hemos enterrado cualquier criterio de moralidad. Incluso la propia palabra nos suena anacrónica y religiosa. Supongo que el nefasto papel de la Iglesia Católica tiene bastante que ver con ello, pero el vacío moral dejado por la religión tras el fin del franquismo, no ha sido rellenado por ninguna moral colectiva y socialmente aceptada. Más bien existen criterios morales relativistas, no formulados y asumidos de forma individual. Es decir, cada uno forja sus propios principios y normas, de forma que, en la práctica, todos hacemos lo que nos da la gana. ¡O creemos hacerlo! Porque nuestras decisiones, lejos de ser libres, siempre tienen una inclinación a hacer aquello que el sistema actualmente existente quiere que hagas: consumir.


    Si queremos construir una sociedad diferente, ésta tendrá que partir de hombres y mujeres que luchen por construirla. Y eso implica formas de pensar, de comportarnos y relacionarnos diferentes. Es decir, en definitiva, una nueva moral progresista, que nos haga avanzar. Tendrá que ser una moral adecuada a la clase sobre la que se basará la nueva sociedad. Lo que en el pasado autores como el Che Guevara llamaron la moral comunista del hombre y la mujer nueva.


    Pues bien, a su manera y se esté de acuerdo o no, en Corea, además de tener un héroe, un relato épico de lucha del bien -el socialismo, el pueblo, el líder- contra el mal -el imperialismo, los capitalistas, los enemigos de la patria-, también tienen una moral diferente y socialmente aceptada.


    Por la mañana, mientras daba un paseo por los alrededores del hotel, pude verlo con mis propios ojos. En el día de la Liberación, en que no abren colegios ni centros de trabajo, decenas de miles de personas habían sido movilizadas desde por la mañana para embellecer la ciudad. Los sindicatos, los pioneros, la Asociación Democrática de Mujeres y otras organizaciones de masas, habían convocado a sus miembros -con un sonoro éxito, por cierto- a cortar el cesped, arreglar las plantas y flores, limpiar las señales de tráfico, pintar paredes,... etc


    Después de explorar los alrededores del Hotel Koryo, fui en coche a ver zonas de ocio y esparcimiento de Pyongyang. Algunas de ellas fueron el Gran Palacio de Pyongyang, el parque y fuentes de alrededor del Gran Palacio de Estudios del Pueblo, los alrededores del río Taedong -si no fuera porque ninguno somos expertos en remar, hubiésemos subido a una barca, como hacen muchos ciudadanos de Pyongyang- y la Puerta Taedong, antigua entrada a la capital a través de sus murallas y uno de las pocas cosas que quedó en pie tras la barbarie yanqui.


    Todo de lo más normal: gente estudiando, jóvenes y mayores leyendo, familias paseando a sus pequeños, parejas tomando un helado mirando al río Taedong. Sé que mi hermano se sentirá decepcionado, pero aquí las parejas toman sólo helados, no paninis. Aunque, todo hay que decirlo, la comida italiana tiene cierto tirón en Corea: hay dos restaurantes italianos en Pyongyang y uno “europeo” y en los hoteles no es raro que te sirvan spaguettis o macarrones.


    Por la tarde, estuve tomando un café Pokka con Kimsita. Estuvimos hablando de varios temas, aunque el más espinoso fue sin duda el de la alimentación en Corea. Me estuvo explicando que existe una cartilla de abastecimiento, que son alimentos a precios casi gratuitos que el Estado asigna a cada persona, en función de una serie de condiciones (edad, dureza del trabajo desempeñado, embarazo,...). Además, en toda tienda, cualquier persona puede adquirir más alimentos a precios no subvencionados.


    Kimsita me aseguró que en Corea no existen problemas de hambre, pero dice que la situación alimenticia tiene que mejorar, porque el nivel actual de comida disponible para cada familia es algo austero.


    Mientras tomábamos el café, las camareras subieron el volumen de la televisión. Estaba comenzando el concierto en el Teatro Mansudae, en honor al 65º aniversario de la Liberación del país.


    La sorpresa fue ver muchas caras conocidas entre los cantantes: un grupo de alrededor de 10 rusos que se alojaban en el Hotel Koryo eran, en realidad, músicos invitados al concierto. Según me informaron más adelante, ya han estado en otras ocasiones en Corea.


    La música rusa, sin ninguna duda, apasiona a los coreanos, que aplauden, cantan, tararean y bailan con la mayoría de canciones, incluso con las folklóricas. El repertorio se compuso, fundamentalmente, de canciones de la época soviética, bien conocidas en Corea.


    Junto a los artistas rusos había una amplia orquesta coreana y varios cantantes. El resultado fue simplemente espectacular.


    En Corea no sólo gusta la música rusa, sino también la música clásica europea. He podido escuchar piezas de Mozart, Brahms, Strauss, Beethoven, Tchaikovsky y otros compositores, tocadas por conjuntos locales o emitidas por la radio.


    La televisión se prodiga también en producciones extranjeras. Son frecuentes las series chinas en la televisión estatal, así como los documentales y películas rusas.


    Una pregunta que bastante frecuentemente me hago es la de cuántos canales tiene en realidad la televisión norcoreana. Como mínimo, siempre está emitiendo uno. Pero según el día, emiten hasta dos más. En realidad, casi que mejor. Cuando no tienes nada que decir, mejor cállate y no rellenes con chorradas como “Sálvame” y otras delicatessen de la parrilla audiovisual española.


    Hoy me encontré en Pyongyang a dos viejos conocidos.


    El primero de ellos fue George, norteamericano, de algo más de 50 años y experto en medicina deportiva. Es su cuarta estancia en Pyongyang y lleva programas de cooperación con Corea en su especialidad.


    Es una buena persona y bastante estoico. Esto último lo digo por las condiciones que tienen los estadounidenses que visitan Corea, con mayores controles y trámites. De hecho, su visado es de turista, a pesar de que se dedique a la cooperación. Eso implica que tiene mayores dificultades a la hora de llevar las gestiones y reuniones. Pero él persiste y sigue empeñado en ayudar a sus camaradas coreanos.


    El segundo reencuentro fue con Alejandro Cao de Benós, con el que tengo estima y confianza. Es una de las personas más enérgicas y activas que conozco y su compromiso con Corea es total. Es agradable en el trato e inteligente.


    Nos conocimos en mi primer viaje a la Península Coreana, en 2005. Desde entonces, nos hemos visto en numerosas ocasiones, ya sea en Pyongyang o en algún encuentro de solidaridad.


    Esta vez, tuvimos la desgracia de que cuando llegó, me pilló destrozando dos culturas musicales al mismo tiempo, es decir, en el karaoke. Casi que le agradezco que me rescatara de esa pesadilla.


    Alejandro y yo hablamos de nuestros viajes, mis por fin finalizados estudios, que he dejado el tabaco, proyectos en la solidaridad con Corea,... etc ¡Un poco de todo! Especialmente, tratamos el encuentro de solidaridad con Corea que habrá en Barcelona el próximo 23 de octubre y al que estarán invitadas todas las personas solidarias en el Estado Español.


    Fue agradable poder conversar con él, sobre todo en un día en que he hecho bastante poco. ¡Mañana sigue la crónica!

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    Re: Crónica de un viaje a Corea

    Mensaje por SS-18 el Vie Sep 03, 2010 12:44 pm

    Que grande. Muchas gracias.

    Muy interesantes reflexiones.

    Pongo chincheta


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    SE BUSCAN TEMAS IGUALES O PARECIDOS y SOLO EN EL CASO de NO existir, se abre un hilo nuevo . El desorden es motivo de sanción.
    http://www.forocomunista.com/material-grafico-f31/avatares-del-foro-t949.htm

    Obligatorio leerse las reglas del foro
    http://www.forocomunista.com/comunicados-de-la-administracion-f19/reglamento-de-foro-comunista-t2214.htm

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    Re: Crónica de un viaje a Corea

    Mensaje por Ascanio el Vie Sep 03, 2010 1:37 pm

    Grandísimo, sin duda se merece la chincheta.

      Fecha y hora actual: Mar Mayo 22, 2012 1:13 pm