Crónica de un viaje a Corea

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Re: Crónica de un viaje a Corea

Mensaje por Tovarishch el Sáb Ago 28, 2010 10:48 am

Argala escribió:No te digo que leas la Biblia sobre la RPD de Corea y que apliques la fé, sino que contrastes la información que llega por los medios "habituales" (por definirlos de alguna manera) con la información que puedas obtener, que no es poca, de medios norcoreanos. Y el día que puedas tener la oportunidad de viajar a Corea, utiliza con criterio tu propia cabeza para sacar tus opiniones personales.

Yo no leo esos periódicos, no sé de donde lo has sacado.
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Argala
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Re: Crónica de un viaje a Corea

Mensaje por Argala el Sáb Ago 28, 2010 3:25 pm

Cuarta Crónica de “Un viaje a Corea”
- Tercer día en Corea -


Juan Nogueira López para el blog “Corea Socialista” (http://coreasocialista.blogspot.com)



El día comenzó bien. Al menos hoy ya se puede ver el sol y, a pesar de ello, hace menos calor. Quizás porque se ha reducido la humedad. Además, he dormido seis horas y media y, encima, del tirón.

En mi nueva condición de hombre liberado de la opresión totalitaria de la fritanga y las salsas, he conseguido que mi desayuno se componga de café con leche en polvo, tostadas con mantequilla y mermelada de fresa y yogur natural.

El problema es que me atendió la misma camarera de ayer, con su carita angelical y su voz suave. En varias ocasiones me preguntó, como si no acabase de creérselo, si no quería arroz o tortilla para desayunar. Mientras, a mi izquierda, un turista chino engullía huevos fritos. Serán cosas mías, pero eso a mí por la mañana no me entra.

Bromas aparte, en general, los camareros y camareras coreanas son eficaces e incluso a veces excesivamente atentas. Apenas te despistas un momento y ya te han retirado un plato que creían terminado o te han rellenado el vaso. Son muy agradables y detallistas.

Una cosa que me he fijado es que la mayoría de mujeres en Corea trasmite, por su rostro y sus gestos, ser una persona cercana y agradable. Ésta, como todo, es solo una de las caras de la moneda. Las mismas “doncellitas” que parecen sacadas de una película antigua, agarran el lanzagranadas en la Plaza Kim Il Sung durante los desfiles militares y manejan tanques y artillería.

En el caso de los hombres sucede algo distinto. En general, todos trasmiten seriedad e incluso a veces hostilidad. Pero es una falsa imagen completamente. En cuanto comienzan a hablar o tratas con ellos te das cuenta de que son, en general, personas de gran corazón y cercanas.

En general, los hábitos y las dinámicas de los norcoreanos son mucho más europeas que la de los chinos y otros pueblos asiáticos. Los coreanos van al teatro y a la ópera, practican deporte, trabajan en la industria y el sector servicios y veranean en la costa o la montaña.

Y sin embargo, probablemente es el país donde mejor se conserva una cultura asiática auténtica sin la “invasión globalizadora” occidental, es decir, sin reggaeton, Britney Spears, macro-centros comerciales y fast food. Visitar un templo, un restaurante, un pueblo o una vivienda en Corea no es ver un chiringuito turístico que vende una presunta “vida tradicional”, sino que es visitar un sitio donde verdaderamente se vive, se respira, se come, se reza así.

A las 9 de la mañana, como todos los días, comenzó mi clase. En este caso, tratamos sobre el cambio social a lo largo de la historia y sobre los sujetos de la Revolución. El mayor de los debates lo tuvimos en torno a la cuestión del origen de clase y la posición de clase. Es decir, ambos coincidíamos en que el socialismo es una sociedad a la que se llega por medio de una Revolución y que es una sociedad que refleja los intereses de la clase trabajadora.

Sin embargo, en la lucha revolucionaria participan personas de origen muy diverso, no todas pertenecientes a la clase trabajadora. Lo fundamental, señalaba O Sung Chol, es el proyecto que impulsen las personas, independientemente de su origen de clase. Lo fundamental son sus ideas. Engels o Zhou Enlai venían de familias adineradas y, sin embargo, fueron auténticos revolucionarios.

Por supuesto, eso es innegable para mí y más en mi caso, teniendo en cuenta que mi familia trabaja en una farmacia que tiene en propiedad. Pero, le apuntaba yo, no hay que perder de vista que el ser social es el mayor creador de conciencia que existe y que nos debemos dirigir fundamentalmente a quienes nuestro proyecto beneficio objetivamente no sólo a nivel ideológico, sino fundamentalmente para mejorar su vida material, que es una mayoría de la sociedad.

Cuando hablamos de la lucha nacional y por el derecho de autodeterminación, decidí no entrar en debates profundos, porque ese es uno de los mayores quebraderos de cabeza en la realidad política del Estado Español. Lo que me sorprendió fue el gran conocimiento que en Corea tienen sobre el independentismo vasco y catalán. Me mencionaron dos cosas que me sorprendieron mucho -para que luego se diga que es un pueblo sometido por el “régimen” a la desinformación-: la manifestación masiva en Barcelona de rechazo a la sentencia del Tribunal Constitucional y la prohibición de los toros en el Parlament.

Tras el fin del coloquio, fui a Mangyongdae, pueblo natal de Kim Il Sung y donde se puede visitar la casa donde se crió. La casa es en realidad una choza que sus bisabuelos habían alquilado a unos terratenientes de la zona. Mangyongdae era una zona de gran belleza -y lo sigue siendo- a las afueras de una vieja urbe feudal, un asentamiento ideal para las familias que vivían de las rentas de las tierras.

El bisabuelo de Kim Il Sung trabajaba cuidando las tumbas de una de estas familias, que a cambio le alquiló la choza en la que vivió toda su vida. 12 personas de la familia de Kim Il Sung vivían en la choza y trabajaban el campo.

La familia era de corte nacionalista y progresista, aunque el primero en militar en una organización proletaria fuese el propio Kim Il Sung. Su padre fue fundador de la Asociación Nacional Coreana y participó en un movimiento ilustrado de enseñanza. Su madre era feminista y la primera presidenta de la Unión de Mujeres Democráticas de Corea, organización anterior a la Revolución.

Varios hermanos y tíos de Kim Il Sung cayeron en la lucha contra Japón.

Hoy día Mangyongdae pertenece a la ciudad de Pyongyang y es su barrio más poblado. La parte más cercana a la choza natal de Kim Il Sung tiene torres de edificios viejos y con cierto deterioro, aunque para ser justo, en Avilés -mi ciudad- hay zonas en mucho peor estado.

Sin embargo, menciono este detalle porque al poco de pasar Mangyongdae se llega al reparto Kwanbok, donde viven más de 50'000 personas y uno de los más modernos del país. Torres de edificios modernos de hasta 40 pisos, en algunos casos, con espaciosas zonas verdes, dos hoteles, el mayor Palacio de los Niños y Estudiantes de todo el país,... etc. El contraste es bastante claro. Kwanbok se construyó a finales de los años 80 y es, junto al reparto Thongil, ejemplo de modernidad y calidad de vida socialista. Es una buena muestra de cómo sería hoy todo el país de no haber sucedido la crisis de los años 90.

En cualquier caso, con el plan hacia el año 2012 y las nuevas 100'000 viviendas cabe el optimismo. Kwanbok también está sufriendo un plan de modernización, visible en la reparación y construcción de edificios. Además, también se está ampliando el metro, noticia que me ha sorprendido.

Pyongyang se moderniza y, además, quiere parecer moderna. Pyongyang siempre fue una ciudad sin semáforos, debido al escaso tráfico y a la presencia permanente de la policía de tráfico en los principales cruces. Ahora se están instalando de forma masiva, no tanto por aumento del tráfico, sino por una cuestión de simbolizar la recuperación.

En el caso de la instalación de más farolas, el problema es diferente. A medida en que se resuelven los problemas de suministro eléctrico, es posible satisfacer la iluminación nocturna de las ciudades. Sin embargo, creo que también existe cierta obsesión por demostrar que el país puede, al margen de que sea una necesidad.

A simple vista, no se ven dificultades ni grandes problemas económicos en la vida de los norcoreanos. El nivel de vida no es comparable al de Europa, pero en Europa no partimos de ser en 1945 de ser un país arrasado, con tan solo 9 licenciados universitarios y recién salidos de la época feudal. Tampoco estamos sometidos a un bloqueo imperialista casi completo, incluyendo el que practican Rusia y China a través de las sanciones de la ONU que ellas mismas permitieron, a pesar de su derecho a veto.

Y partiendo de esas premisas, el nivel de vida es increíblemente elevado. Lo normal sería la hambruna, el desempleo, el caos y la corrupción generalizada. Nada de eso ocurre en Corea.
En cualquier caso, y a pesar de la gran cantidad de obras que se están llevando a cabo, no sé hasta qué punto éstas representan la diferencia entre ser y no ser una “gran potencia socialista próspera”. Esto será más bien un proceso a largo plazo, que no comienza en 2012, ni siquiera comenzó en 2008. Comenzó en 1998, tras el fin de la crisis económica de los años 90 y con el comienzo de la década de recuperación. Igualmente, este proceso no termina en 2012 sino que se prolongará durante bastante tiempo. Es decir, en mi opinión 2012 no marcará la entrada coreana en la prosperidad, sino que será la celebración simbólica de algo que viene sucediendo desde hace tiempo.

Por la tarde visitamos el Museo de la Revolución. El museo es literalmente gigantesco: 240'000 metros cuadrados repartidos en unas 100 salas de exposición. Los coreanos explican que su revolución no se hizo con el objetivo inmediato de construir un Estado socialista, ya que eso era una realidad demasiado avanzada y lejana para ellos. Su lucha inmediata era contra el feudalismo y contra las agresiones de las potencias imperialistas contra Corea.
Por eso, el Museo de la Revolución arranca con el siglo XIX y las agresiones imperialistas contra Corea. Es especialmente interesante un memorándum del Congreso estadounidense en plena mitad del siglo XIX, en el que aprueban medidas de presión para lograr que el “Reino Ermitaño” se abra al comercio y la hegemonía yanki.

Como eso, hay en torno a 550'000 piezas, textos, reliquias, réplicas, maquetas a escala, etc. que se pueden ver en todo el museo. Está dividido por épocas: el periodo de lucha anti-feudal y por la independencia (1866 – 1945), el periodo de construcción de la Patria Nueva (1945 – 1950), el periodo de la Guerra de Corea (1950 – 1953), el periodo en el que se ponen las bases del socialismo (1953 – 1961), varios periodos de construcción del socialismo (1961 – 1970, 1970 – 1980, 1980 – 1994, 1994 – 2010) y un hall especial dedicado a los revolucionarios coreanos.
No visité, obviamente, todas estas secciones, sino que una guía del museo me enseñó en tres horas y media las dos primeras. Para ver el museo entero, según me explicó, se requeriría una semana.
Me explicaron algunas cuestiones históricas como las conferencias en las que los comunistas coreanos se organizan para la lucha armada contra el Imperio Japonés, la fundación de la guerrilla, la creación de zonas liberadas por la guerrillera, el paso de una táctica de grandes unidades guerrilleras a una de pequeñas unidades, la liberación de Corea, etc.

Tenían réplicas a escala real de los cuarteles generales de la guerrilla en las montañas cercanas a Paektusan. En general, el museo impresiona, aunque está excesivamente centrado en la figura personal de Kim Il Sung.

Fuera del museo está la gran estatua del revolucionario, de 22 metros de altura, junto a unas 120 figuras representativas de aquellos que lucharon por la Revolución en Corea, desde los artistas y músicos, a los intelectuales, obreros y campesinos, pasando -por supuesto- por los guerrilleros, las mujeres, los niños y, en general, el pueblo.

Tras un día dedicado a la política al cien por cien, al llegar al hotel me apetecía hacer algo diferente, así que decidí ir a la piscina. El hotel es estatal y la piscina del hotel, por tanto, también. En Corea, a la propiedad estatal se le conoce como “propiedad de todo el pueblo”, lo cual es más que un simple eufemismo.

Efectivamente, la entrada no está vetada a los coreanos. Más bien al contrario, sin norcoreanos esas piscinas dejarían de tener vida, ya que la población local era el 100% de los 40 que estábamos en la piscina, al margen de mí y de dos turistas chinos.

Las piscinas estaban bastante bien. A los turistas nos cobraban tres euros por la entrada, que incluía pase para las duchas (una pasada), las saunas (un infierno irrespirable del calor acumulado que había), sala de musculación, chanclas, taquillas y toallas.

Eso tan cacareado de que “el régimen” aleja a los ciudadanos de los visitantes, hace aguas por todos sitios -nunca mejor dicho. Al margen ya de los paseos, de las 26 horas de tren con acompañantes coreanos, el parque de atracciones y otras experiencias que he narrado; la idea de poder echar carreras en una piscina, nadar, bromear y divertirse con jóvenes coreanos hace bastante insostenible toda la basura que habitualmente se dice contra Corea.

En la piscina fui por momentos la “sensación”, ya que una cara occidental sigue siendo algo exótico en Pyongyang. Muchos locales se acercaron a hablar conmigo y un pionero de 11 años no se separó de mí en la hora y media que estuve a remojo. Apenas hablaba inglés, pero echamos carreras, buceamos, dimos volteretas y todo lo que él quiso. Al final yo ya no sabía qué más hacer para que se divirtiera, una vez que ya renuncié a la idea de que el algún momento se cansaría de mí.

Nada más por hoy, con los dedos aún arrugados pongo punto final.




Fotografías de la cuarta crónica.
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Re: Crónica de un viaje a Corea

Mensaje por carlos el Sáb Ago 28, 2010 3:31 pm

Pues yo no estoy de acuerdo con azar

Vale que con corea todo el mundo la demonize pero la mucha gente odia a los ricos y a los politicos e incluso a la monarquia y a las fuerzas de represion

Cuando digo mucha gente hablo de millones de personas
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Re: Crónica de un viaje a Corea

Mensaje por NSV Liit el Sáb Ago 28, 2010 4:16 pm

Argala escribió:Cuarta Crónica de “Un viaje a Corea”
- Tercer día en Corea -


Juan Nogueira López para el blog “Corea Socialista” (http://coreasocialista.blogspot.com)



A simple vista, no se ven dificultades ni grandes problemas económicos en la vida de los norcoreanos.

Y partiendo de esas premisas, el nivel de vida es increíblemente elevado. Lo normal sería la hambruna, el desempleo, el caos y la corrupción generalizada. Nada de eso ocurre en Corea.


Efectivamente, la entrada no está vetada a los coreanos. Más bien al contrario, sin norcoreanos esas piscinas dejarían de tener vida, ya que la población local era el 100% de los 40 que estábamos en la piscina, al margen de mí y de dos turistas chinos.

Eso tan cacareado de que “el régimen” aleja a los ciudadanos de los visitantes, hace aguas por todos sitios -nunca mejor dicho. Al margen ya de los paseos, de las 26 horas de tren con acompañantes coreanos, el parque de atracciones y otras experiencias que he narrado; la idea de poder echar carreras en una piscina, nadar, bromear y divertirse con jóvenes coreanos hace bastante insostenible toda la basura que habitualmente se dice contra Corea.

Muchos locales se acercaron a hablar conmigo y un pionero de 11 años no se separó de mí en la hora y media que estuve a remojo.



Otra brillante crónica. Estoy a la espera de la siguiente también Smile

Por cierto, he señalado algunas cosas que me han llamado la atención y que rompen totalmente los esquemas que nos transmite la propaganda occidental sobre Corea del Norte.

Gracias camaradas, a Juan, por sus excelentes crónicas y a Argala por ponerla aquí.

Saludos comunistas!!
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Re: Crónica de un viaje a Corea

Mensaje por Tovarishch el Sáb Ago 28, 2010 4:24 pm

Impresionante crónica.

En un mes yo estaré por ahí y no tengo claro a que pueda tener tanta libertad como la tiene él. Evidentemente ahí hay una confianza hacia su persona que no hay con los turistas porque por lo que sé voy a tener dos personas del estado encima mio controlando qué fotos hago y dónde estoy. Que no lo critico (porque hay unas razones de fondo) pero sí dejo constancia.
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Quinta Crónica de "Un viaje a Corea"

Mensaje por Juche el Dom Ago 29, 2010 10:40 pm

http://coreasocialista.blogspot.com

La venganza se sirve en frío, o en este caso, en plato de arroz frío. Entre ayer y hoy he comprobado que mi incansable lucha contra las frituras, los empachos y la guindilla será larga. Pero eso no me desanima.

Las camareras son conscientes de que la guerra está servida. De hecho, cuando llegué a la comida, estaban haciendo un cierto corrillo y dejaron de hablar al verme. Me miraban con cierta sonrisa de medio lado. El ataque estaba listo: veréis, en Corea existe un hilo rojo que se desprende de algún vegetal desconocido para mí. Ese hilo tiene un color similar al del kimchi, aunque no sé si guarda alguna relación. ¡Pues bien! Ese hilillo estaba en hasta tres de los platos que me sirvieron a la comida. ¡Mi boca ardía!

Recurrí al antiguo ejemplo de la camarada Lara, heroína del fideo frío: apartarlos uno a uno. ¡Y cómo se esconden los condenados! Suerte que ya tengo habilidad con los palillos.

Para completar la comida, ternera picante y sopa picante.

En cualquier caso, el contraataque de la cocina ya llegó ayer. Hay que reconocer que tanto los camareros como las camareras del restaurante son tremendamente agradables. Pero hay una camarera que, sin dejar de ser agradable, tiene siempre un gesto de “¡tú toréame y verás!”.

Pues ayer, fue con ella con quién tuve que tratar los platos que deseaba tomar y los que no. Y, por supuesto, no me dio opción. Su estrategia fue sencilla: trajo de golpe en una bandeja todos los platos. ¡O eso creía yo! Después, como recompensa a habérmelos tomado sin rechistar, me trajo un plato de ternera sin picante de regalo y un helado. ¡La Fritanga, como si de un Dios se tratase, es un enemigo formidable, que aprieta, pero no asfixia!

En fin, bromas aparte, hoy la clase se me hizo larga, quizás por el cansancio acumulado. Tratamos las líneas maestras del desarrollo del socialismo en Corea, en el ámbito ideológico, económico, político y militar.

No extendimos algo más en el ámbito económico, debido a la gran actualidad de algunos asuntos.

En la última semana se han terminado dos grandes construcciones. La primera de ellas es la culminación del proyecto Taegyedo de diques marinos, para quitar territorio al mar y crear nuevos campos de cultivo. En total, el largo de los diques construidos en Taegyedo supera los 14 Km., convirtiéndose en el mayor de estos proyectos en Corea.

Además, se ha terminado la Presa de Kumyagang, una gran presa en la zona Oriental.
La importancia de estos dos proyectos se entiende comprendiendo una premisa: Corea es un país que trata de basar su economía en la idea de autosuficiencia. Esto no es negarse al comercio, sino comerciar partiendo de la base de que aquello que se pueda producir en el mercado doméstico y con recursos y materias primas propias, no se importa.

La autosuficiencia económica se entiende como base de la soberanía política.
La presa tiene importancia dentro de la satisfacción de las necesidades energéticas del país, aspecto que Corea no ha llegado a cubrir plenamente desde la liquidación de la Unión Soviética en 1991.

Quitarle tierras al mar va en la línea de la autosuficiencia y seguridad alimentaria, objetivo prioritario para un país donde más del 80% del territorio está cubierto de montañas o bosques. En Corea, cada centímetro cuadrado de tierra se utiliza de forma intensiva: con abonos naturales y químicos, mediante el uso de maquinaria agrícola y en sistema de doble cosecha anual.

Otro ejemplo que me llamó la atención fue el acero “jucheano”. El acero requiere hierro y la combustión de carbón de coque, que escasea en Corea. Esto ha supuesto un problema constante desde hace dos décadas, con la producción interrumpida a intervalos cuando no se conseguía importar carbón, debido al bloqueo imperialista.
Pues bien, tras un tiempo de investigaciones, Corea ha desarrollado una nueva forma de producir acero, basada en recursos que abundan dentro del país, lo que ha permitido desde el año pasado alcanzar cifras que no se recordaban desde 1991. Esta es la línea que sigue el país en todos los sectores y, en cierta manera, el “secreto” que permite que, aislados y agredidos, puedan estar llevando a cabo un ambicioso plan de desarrollo por sí mismos.

Por la tarde, visité el Museo de la Victoria en la Guerra de Liberación de la Patria o, resumiendo, el Museo de la Guerra de Corea.

La Guerra de Corea sigue levantando ampollas y creando controversias con mucha actualidad dentro de la Península. Corea del Sur tiene un gran problema y es que, históricamente, su existencia no se justifica. La existencia de una Corea separada al sur del paralelo 38 solo se entiende como producto del desembarco de tropas norteamericanas tres semanas después de que la Guerra contra Japón hubiese terminado y cuando Corea ya había sido liberada por las tropas soviéticas y por los propios coreanos.

Si Corea del Sur no es producto de la liberación de Corea, entonces, ¿cómo justificarse? La Guerra de Corea tiene bastante que ver con esto. A pesar de que ha pasado el tiempo reglamentario, hay papeles sin desclasificar en Estados Unidos sobre este asunto y es que, las heridas de la Guerra de Corea no han cicatrizado. Entre otros motivos, porque sus causantes siguen en bases militares a escasos kilómetros de Seúl. Reconocer la culpabilidad en el inicio de un desastre de más de 2 millones de muertes podría ocasionar un terremoto político al sur del paralelo 38. Por eso, se siguen manteniendo en pie algunas deformaciones históricas y mentiras que en el caso de otras guerras donde intervino Estados Unidos, como Vietnam o China, ya no son necesarias, ya que esos conflictos no perviven.

Estados Unidos no puede revelar su papel en el origen de la Guerra y a Corea del Sur no le interesa que se sepa, ya que su única legitimidad histórica viene dada por el anticomunismo militante, alimentado por el odio creado entre 1950 y 1953.

¿Cuál es el papel de Estados Unidos? Buena parte de las figuras clave de su gobierno del momento, pasaron por Corea del Sur durante los meses, semanas y días anteriores al “Día D”. Dulles, Secretario de Estado, furibundo anticomunista y jefe de la United Fruit Company, estuvo en Corea durante la semana anterior al comienzo de la guerra.

Visitó la frontera para revisar los preparativos de la guerra y dio un discurso en el Parlamento de Seúl, en el que afirmó que Estados Unidos daría todo el apoyo moral y material necesario para la lucha contra el comunismo en Corea. Esta frase tiene un sentido inmediato y otro intuitivo. El inmediato es moralmente repugnante, ya que significa el apoyo total al régimen derechista de Sygman Rhee en Corea del Sur, en su lucha contra los comunistas, los independentistas y cualquier persona del ámbito progresista (sindicalistas, organizaciones de mujeres, organizaciones estudiantiles, campesinos,...), lucha en la que hoy se calcula que perdieron la vida más de 100'000 personas sólo en el periodo 1945 – 1950. El otro sentido, es el apoyo a la “marcha al norte” que Sygman Rhee llevaba proclamando 5 años y que quería decir la invasión armada de Corea del Norte.

Los días previos al inicio de la Guerra, las familias de los soldados norteamericanos fueron evacuadas de Corea. ¿Cómo sabían que una guerra iba a comenzar, más que si la iban a comenzar ellos mismos?

Todas estas cuestiones se tratan de responder en el museo, gracias a la cantidad de material confiscado a Estados Unidos y Corea del Sur durante la toma de Seúl por las tropas norcoreanas. También puede verse material de guerra real, incluyendo tanques y aviones de ambos bandos. El primer T-34 que entró en Seúl está expuesto en una de las salas.

Tras el Museo de la Guerra de Corea, cancelamos la visita al Barco Espía Pueblo, ya que no nos daba tiempo a realizar esa actividad y llegar a tiempo para el Circo de Pyongyang.

El Barco Espía Pueblo es un barco norteamericano que en 1968 fue apresado por tropas norcoreanas, al haberse infiltrado en sus aguas territoriales. Durante once meses, se mantuvo un pulso en el que Estados Unidos llenaba Corea del Sur de armas nucleares y preparaba un segundo Vietnam y Corea del Norte sólo pedía dos cosas: reconocimiento del espionaje y disculpas oficiales por parte del Gobierno yanqui. A cambio de eso, devolvería sana y salva a toda la tripulación, como así hizo, cuando por primera vez en su historia, Estados Unidos pidió perdón por sus “acciones militares contra otro país”. El barco permanece en las aguas del río Taedong, en Pyongyang, como símbolo de la dignidad nacional que Corea ha recuperado con su Revolución.

El circo fue, simplemente, espectacular. Una excelente orquesta ambientaba con música en directo un espectáculo de una hora y media en el que trapecistas, cómicos, culturistas, acróbatas,... nos deleitaban con puestas en escena que dejaban la boca abierta. Una auténtica pena que no dejaran grabar el espectáculo, porque realmente merecía la pena. Es uno de esos tesoros que Corea esconde y que el mundo entero debería conocer. Alguno de sus números, de hecho, ha recibido galardones internacionales de oro, como el del 21º Festival de Roma.

Cualquier palabra con la que intente describir lo que vi no haría justicia al espectáculo, así que sólo me referiré a uno de los números cómicos. En él, los personajes eran un oficial surcoreano y dos soldados rasos. El oficial pregunta a los soldados por los rumores que circulan entre la tropa sobre el Cheonan y los soldados le dan largas, pero el oficial se da cuenta y les pega. Pero poco a poco, los soldados van diciendo cosas, aunque cuando les escucha el oficial, dicen algo que suena parecido, pero que cambia totalmente el sentido. Algunas de las frases tienen mucha miga, como cuando afirman: “Qué raro que murieran 47 soldados y ningún oficial” o “¿Ese día todos los oficiales tenían el día libre?” o, tras serles arreados sendos bofetones “¡Qué gran vida militar nos ofrece la democracia!”.

El público -fundamentalmente adolescentes, aunque también familias, grupos de amigos de alrededor de 30 años y una gran cantidad de soldados uniformados- se reía y aplaudía muchísimo. Se ve que algo de ironía no está de más a la hora de hablar de política en la Península Coreana.

A la vuelta, en el coche, iba hablando con Kimsita y Kimsito cuando en la radio empezaron a poner una canción que todos conocíamos. La empezamos a tararear y, por enésima vez desde que estoy en Corea, me dijeron que tenía muy buena voz para cantar, afirmación claramente alejada de la realidad. En cualquier caso, ésta está siendo una de las muchas sorpresas de este viaje.
Hablando de otro Kim, me referiré ahora al Kim que dirige actualmente el país. En concreto, a uno de los aspectos que más se repite en el exterior de Corea: el culto a la personalidad.

No me voy a extender en aspectos ya conocidos, como el papel que han jugado en la Revolución, la Guerra y la construcción del socialismo; o el papel que asigna la cultura asiática a los líderes. Tampoco voy a perder tiempo desmintiendo que la admiración y llegue a cotas tan exageradas como se afirma, aunque a algunos les sorprenderían datos que puedo ofrecer, como que en toda Corea apenas existen dos estatuas de él y que no existen pines con la cara de Kim Jong Il y otros aspectos que sí suceden con su padre.

Fundamentalmente, quiero referirme a cómo nos manipulan desde los grandes think tanks del imperialismo para pensar en sus claves.

Incluso entre los comunistas y los revolucionarios del Estado Español, asumimos que no podemos ser solidarios con Corea por el “culto a la personalidad” o, si acaso, hay que serlo pero con “reservas”. “Sí, pero...”.

Y digo que nos tienen ganada la batalla porque damos un enfoque totalmente formalista a este aspecto, en vez de centrarnos en las cuestiones de contenido. Cuando los coreanos nos hablan de sus líderes, no están hablando más que de su Revolución, de su pueblo y de su partido. Ellos lo entienden como un todo, que no tiene sentido por separado. Por lo tanto, si tanto nos preocupa, olvidémonos de cómo nos expresan ellos las ideas y vayamos al contenido.

Por ejemplo, cuando los coreanos nos dicen “El camarada Kim Il Sung impulsó la creación de un sistema de enseñanza obligatoria socialista de 11 años”, quieren decir lo mismo que cuando los cubanos dicen “Uno de los grandes logros de nuestra Revolución es el sistema educativo, público, universal y gratuito.”

El imperialismo nos tiene ganada la batalla, porque cuando leemos la anterior frase, nos quedamos con que mencionan a Kim Il Sung -la forma- y no con el contenido real. Asumir el hecho de la diferencia y de que su Revolución es suya, quiere decir que tenemos que respaldarles, no en función de si aquello que hacen -y cómo lo hacen- es aplicable en nuestro propio proyecto -como parece que hacen algunos comunistas. Valoremos sus logros en función de la situación de Corea y asumamos que -a priori- para los coreanos su líder tiene una importancia capital en su Revolución. Y esto no quiere decir que eso nos agrade o deje de agradar.

En general, en mi opinión, cuando pensamos en un líder político no debemos pensar en claves formalistas -cuánto culto se le aplica- sino de contenidos -qué proyecto político están impulsando- y, desde este punto de vista, Kim Il Sung y Kim Jong Il han sido positivos para la Revolución Socialista en Corea. Es más de lo que muchos líderes socialistas “sin culto” pueden decir.

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Re: Crónica de un viaje a Corea

Mensaje por Tovarishch el Dom Ago 29, 2010 11:24 pm

Excelente como siempre Smile
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Re: Crónica de un viaje a Corea

Mensaje por Pyongyang el Dom Ago 29, 2010 11:40 pm

Gracias a todos los que habeís valorado positivamente las crónicas y, por supuesto, también a los que plantean dudas o críticas en sentido constructivo. Como propuesta y para no macrodimensionar el post, propondría que las siguientes se colgasen en un post diferente, porque sino se confunden debates e impresiones.
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Re: Crónica de un viaje a Corea

Mensaje por rebelderojo el Dom Ago 29, 2010 11:52 pm

ya que estas te pregunto,una vez escuche algo de un ruso sobre que las mujeres no usaban bicicletas o algo asi
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Re: Crónica de un viaje a Corea

Mensaje por Pyongyang el Dom Ago 29, 2010 11:54 pm

Sí, yo también leí la afirmación del ruso... Te puedo asegurar que sí que montan y mucho, tengo vídeos y fotografías (cuando me organice un poco, a ver si recuerdo subirlas). Lo raro es que sobre todo es fuera de Pyongyang, en la capital se ve menos. Igualmente, las mujeres apenas fuman, salvo alguna señora mayor... Son costumbres que no comprendo muy bien.
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Re: Crónica de un viaje a Corea

Mensaje por rebelderojo el Lun Ago 30, 2010 12:19 am

lo ideal seria que no fuamara nadie
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Pyongyang
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Sexta crónica (y en adelante) de un viaje a Corea

Mensaje por Pyongyang el Lun Ago 30, 2010 3:23 pm

El contubernio continúa. El de la cocina, por supuesto. Pero hoy no voy a centrarme en su picante agresión, entre otras cosas, porque he descubierto una panadería donde venden unas rosquillas buenísimas para los días en que se junten demasiadas comidas con hilillo rojo. Hoy quiero hablar de la parte positiva.

¡Sí, existe! Para empezar, he decir que en general, la calidad de los cocineros y cocineras coreanas es bastante alta. Eso se nota, por ejemplo, cuando preparan un plato occidental, como la pasta italiana, que te permite comparar con algo conocido. Y en segundo lugar, porque hay platos coreanos espectaculares.

Un ejemplo de ello es la ternera a la parrilla, que sirve en finos trozos pequeños, sobre cebolla y con algo de sémola. También una crema que me han servido hoy con pollo. La crema tenía zanahoria -seguro- y el resto no lo sé, aunque creo que patata, calabacín y puerro. Conociendo la fiabilidad de mis papilas gustativas... es tan posible que tuviese los tres ingredientes como que no tuviese ninguno. En cualquier caso, muy bueno.

Eso sí, conmigo se traen un cachondeo bastante grande. Cuando llego, una camarera siempre me acerca hasta mi mesa, pero me pone una sonrisita de “te estábamos esperando” y al poco comienza a escucharse en cocina “Ispaña, Ispaña”. Mi táctica suele ser siempre la misma: “Not hungry. Let me choose”, aunque últimamente ellas se escudan en que no entienden y se ríen.

En cualquier caso, que nadie se desanime a venir a Corea por la comida. Entre otras cosas, porque el maltrato gastronómico parece dirigido especialmente contra mí. Otros, reciben trato de favor. Pude observar, con sana envidia, cómo a los de la mesa de al lado les servían tarta, junto al helado y una copa de vino. ¡Qué suerte!

Una de las cosas que uno menos se espera en Corea es ligar. Especialmente, porque si según Occidente estamos ante “el último bastión del estalinismo”, el contacto con la población debe ser mínimo y reducido a ocasiones protocolarias y de intercambio político.

Pues bien, si en mis dos viajes anteriores ya había podido desechar radicalmente estas ideas, en esta ocasión no salgo de mi asombro. No hay día en que alguna mujer me diga que le parezco guapo y de ahí, para arriba, lo más variopinto. ¡Y no sólo mujeres, lo cual es más preocupante, dado el “estalinismo”!

Alejandro Cao de Benós, Presidente de la KFA y al que conozco bastante, me dijo una vez que las mujeres coreanas valoran sobre todo el interior de una persona y, especialmente, su ideología.

Ya siento contradecirle, pero no es el marxismo-leninismo lo que han visto en mí... ¡sino mis cejas! Sí, por raro que suene, en Corea les llama mucho la atención unas cejas gruesas. No es común en Oriente y les da una apariencia de virilidad.

Hoy llegué con mi habitual puntualidad a la clase-coloquio. Hoy hablamos de la intervención en las masas. Los coreanos consideran que ésta es la prioridad de un partido revolucionario. Ellos insisten mucho en la idea de la toma de conciencia, es decir, que un partido cuando interviene políticamente con la gente, tiene que elevar el nivel de conciencia y educar, buscando que sea la propia gente la que voluntariamente se movilice para la acción. Desechar cualquier intervención que reproduzca métodos burocráticos o administrativos, intervenir políticamente para movilizar las conciencias.

Después, O Song Chol se fue y llegó un nuevo ponente, llamado Lee, para hablar de lo que en Corea denominan “idea Songun”, que quiere decir “priorización de los asuntos militares”. Ellos argumentan que esto ha sido una idea que implícitamente ha estado presente durante todo el proceso revolucionario, debido a la situación de Corea: país dividido debido a la ocupación norteamericana de Corea del Sur.

En cualquier caso, recalcan, hacer una Revolución es siempre un proceso en el que una clase le arrebata el poder a otra. Incluso en el más democrático de estos procesos, la clase que pierde el poder, nunca va a renunciar a sus privilegios de forma pacífica. Por eso, a la violencia reaccionaria hay que oponer la violencia revolucionaria en algún momento del proceso, ya sea antes de que triunfe la Revolución, durante el triunfo o tras el triunfo.

En el caso de Corea, por la invasión imperialista que sufrió a manos japonesas, la Revolución tomó la forma de armas contra armas. Ahí nos quedamos y mañana continuaremos.

Durante el coloquio anterior surgió el tema del fenómeno del revisionismo: bajo la fórmula de “renovar” o “actualizar” las líneas políticas del partido, cambiar el carácter revolucionario del mismo. Ellos sitúan que el fenómeno del revisionismo moderno es el que más daño les hizo, aunque se enfrentaron a él y expulsaron del partido a una fracción revisionista en 1956. Con revisionismo moderno -término utilizado especialmente por China, aunque también por Corea- se refieren, y así me lo dijo, a todo lo que va desde Kruschov hasta Gorbachov en la Unión Soviética y durante el mismo periodo en varios de los partidos aliados al PCUS. Sin embargo, ellos enfatizan la importancia que tuvo la crítica al “culto a la personalidad”, crítica que para ellos significa un ataque directo a la misma idea de que exista un centro en la Revolución y, en concreto, a la figura de un líder.

Es curioso, Corea puede que sea uno de los pocos países donde se publican textos de Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao, los cinco autores políticos extranjeros más leídos en el país, según me dijo O Song Chol. También me dijo que sus textos y obras escogidas y completas se reproducen de forma masiva en coreano. Por la noche, mientras buscaba en la radio una emisora donde pusieran música, encontré un programa en coreano sobre Marx, Engels, Lenin y Stalin. ¡Qué envidia! ¡Mientras tanto, en España por las noches tenemos a César Vidal y por las mañanas a Federico Jiménez Losantos!

Por la tarde volvimos a ir al Museo de la Revolución, donde visitamos salas dedicadas al periodo de construcción del socialismo, entre 1953 (fin de la Guerra de Corea) y 1970 (fin del Plan Septenal). Había una guía que me iba narrando los acontecimientos y tenía una voz enérgica y muy expresiva. Kimsita, en cambio, que estaba traduciendo al castellano, había dormido mal y se trababa a menudo.

En cualquier caso, estas salas son una pasada. Están llenas de fotos, cifras de crecimiento, maquetas, vídeos, representaciones virtuales de ciudades,... etc Son las que menos se suelen mostrar a los extranjeros, ya que se prioriza las salas relativas a la lucha contra el Imperio Japonés. Una auténtica pena, ya que lo que más llama la atención -al menos a mí- es la construcción de un modelo económico y social diferente, más que la lucha guerrillera.

Cuando me invitaron a este viaje, me advirtieron que me podrían cubrir los gastos dentro de Corea, pero no los relativos al petróleo, ya que el bloqueo imperialista se ceba especialmente con los combustibles y cada litro cuesta un dineral. Yo pregunté al embajador coreano en Roma a cuánto podría ascender dicho coste y él me dijo que lo desconocía, pero que no me preocupase, que sería poco.

Sin embargo, el cálculo que me han pasado los coreanos es de 150 euros, contando únicamente las salidas fuera de Pyongyang. Al principio, me pareció una exageración, pero luego, pensándolo, me di cuenta del coste que debe significar a Corea importar cada gota de petróleo, no sólo por el coste relativo que tiene para un país con escasez de divisas, sino especialmente por las piruetas que tienen que hacer los barcos para llegar a puertos lejanos y volver a aguas coreanas sin ser abordados o pasar vergonzosos controles extranjeros bajo la excusa del “control de armas”. Por no decir que el petróleo lo tiene que comprar a intermediarios occidentales que encarecen el coste, ya que Corea no ha invadido países árabes para poner sus empresas en ellos y bajar el precio al que compra el crudo.

A veces en Occidente nos olvidamos de estas circunstancias y tratamos de comparar a países como Cuba o Corea con Europa, como si el contexto en el que tienen que moverse fuese si quiera parecido.

Les exigimos como si fuesen países europeos, cuando es un auténtico acto de heroísmo que -por los bloqueos y agresiones que sufren- no sean similares al más pobre país de África. Hay mucho snobismo occidental cuando se habla de la libertad de navegar en internet desde Corea o Cuba, o la libertad de leer propaganda contrarrevolucionaria o cuestiones por el estilo.

Quienes hacen este tipo de críticas suelen tener dos defectos: el primero, no conocer el estado real de las libertades en Corea o Cuba, acusándolas de situaciones que sólo existen en las páginas de los medios de la derecha más reaccionaria; el segundo, ser personas que utilizan un lenguaje muy grandilocuente sobre libertades y revoluciones, pero que ni en Cuba, ni en Corea, ni en España -ni en ningún país a lo largo de la historia tampoco-, hacen nada real ni efectivo en favor de una revolución que se pueda materializar.

Corea es un país con dificultades tremendas para acceder a recursos que no se hallen dentro del país, debido al bloqueo; su situación histórica siempre fue la de un país tecnológicamente atrasado y hoy se le veta internacionalmente el acceso a la tecnología punta; es un país de 24 millones de habitantes, pequeño y montañoso. Sin embargo, consigue mantener un sistema eficiente de alimentación, empleo, salud, educación, vestimenta y vivienda; mantiene una confrontación directa con la primera potencia mundial sin arrodillarse; y está llevando a cabo un ambicioso plan de desarrollo que concluye en el año 2012.

La premisa para que esto sea posible es que todo el país este unido en torno al proyecto socialista y que en la confrontación con el imperialismo, todo el pueblo sea una fortaleza sin penetración de “quintacolumnistas” occidentales.


Los planes del imperialismo para sabotear esta revolución no solo incluyen la agresión militar y el bloqueo económico, sino también la agresión mediática y la penetración cultural e ideológica. Estas dos últimas están perfectamente planificadas y estudiadas y ya se llevaron a cabo en el pasado contra otros países socialistas. Incluye desde la penetración a través de intercambios de estudiantes y delegaciones, la cooptación de personas dentro del país con cierta influencia, programas de radio de carácter contrarrevolucionario, etc.

En medio de este plan de penetración anti-comunista, algún “lumbreras occidental”, sugiere a sus “camaradas coreanos” facilitar el camino al imperialismo, importando publicaciones contrarrevolucionarias o facilitando el acceso a internet libre.

Eso no quiere decir que no se pueda hacer un uso eficiente de la red de redes en los países socialistas. De hecho, Cuba y Corea nos dan buenos ejemplos de ello. En Corea hay millones de archivos subidos a la intranet propia, entre los que se encuentran archivos musicales, vídeos, materiales formativos, textos científicos, textos políticos,... Mientras en Occidente se restringe la libre circulación de conocimiento, con el eufemístico nombre de “lucha contra la piratería”, en Corea se fomenta la libre difusión de conocimiento. Pero conocimiento útil para la sociedad del futuro, que es el socialismo; lo que es útil para el imperialismo, ya se encargarán ellos de hacerlo llegar, como de hecho hacen.

Hablando de conocimiento, les pedí a Kimsito y Kimsita que me llevaran a alguna librería donde hubiese publicaciones en inglés, al margen de las de los hoteles, que ya me las tengo suficientemente exploradas. Me llevaron a una cercana a la Plaza Kim Il Sung, donde pude comprar varios libros por un precio realmente barato. Entre ellos, algún regalo -entre otros, para Lara- y algún encargo -Miguel, de Granada. La verdad es que si un coreano me preguntase dónde comprar en España libros en su lengua, no sabría dónde llevarle. Pero tampoco si me lo preguntase un francés, un chino, un alemán o un ruso. Este país tiene algo que lo hace diferente, eso está claro.

Por la noche volví a ir a la piscina. Esta vez había en torno a 60 personas, la mayoría jóvenes. En general -y esto es destacable- tanto hombres como mujeres en Corea tienen cuerpos atléticos. Supongo que tiene que ver con una vida muy activa en deportes y con que el periodo en el ejército es prolongado: 4 años. No hubo mayores novedades, aunque sí que me pareció interesante el hecho de que ninguna de las personas de la piscina había estado el día anterior. Y si habían estado, yo no les reconocí. Es decir, el acceso a este tipo de instalaciones no es algo restrictivo, sino que parece algo más generalizado.

Hora de ir a cenar. Nueva batalla contra el contubernio de la cocina.
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Re: Crónica de un viaje a Corea

Mensaje por Ascanio el Lun Ago 30, 2010 3:34 pm

Debo decir, que la forma de escribir que tienes es magnífica, hace fácil y entretenido de leer el texto, además de proporcionar datos interesantes. Sin duda un texto que junto al resto de crónicas guardaré para leer cuando en las noticias digan algo sobre Corea del norte. :koreanflag:
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Re: Crónica de un viaje a Corea

Mensaje por NSV Liit el Lun Ago 30, 2010 4:55 pm

Otra brillante crónica, como las anteriores....

Muchas gracias otra vez por toda la información, no sabes la importancia que tiene todo lo que escribes (bueno, quizás si lo sabes)...

señalo un par de cosas que me han llamado la atención:


En cualquier caso, recalcan, hacer una Revolución es siempre un proceso en el que una clase le arrebata el poder a otra.

una frase y un concepto tan sencillo, que curiosamente se le atraganta a tanta gente que se dice comunista. Es quizás la diferencia entre hacer la revolución en la práctica, o pensarla bien comodamente desde la habitación de uno...


Ellos sitúan que el fenómeno del revisionismo moderno es el que más daño les hizo, aunque se enfrentaron a él y expulsaron del partido a una fracción revisionista en 1956.

Me lo puedo imaginar teniendo en cuenta como acabaron aquellos países donde el revisionismo se impuso.

Incluye desde la penetración a través de intercambios de estudiantes y delegaciones, la cooptación de personas dentro del país con cierta influencia, programas de radio de carácter contrarrevolucionario, etc.

que son por cierto los métodos típicos para extender la influencia occidental incluso en países que no son comunistas. Lo digo para que nadie se piense que son exageraciones o algo así. Lo han usado por ejemplo en la Serbia de Milósevic, o cuando los naranjas en Ucrania.

Y totalmente de acuerdo con tu reflexión final sobre el "snobismo occidental"

Saludos y esperamos la siguiente crónica con ganas...
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Re: Crónica de un viaje a Corea

Mensaje por Miravete el Mar Ago 31, 2010 2:01 pm

Camarada Juan, creo que tus aportaciones sobre Corea están ayudando sobremanera a refrescar la opinión sobre el mismo país. Gracias a ellas haces llegar de una manera cercana y real el dia a dia en esta patria socialista, y eso hace ver con claridad parte de la realidad de un país que siempre se ha visto desde occidente como la dictadura más nefasta y totalitaria de la historia de la humanidad. Leer tus vivencias alli, me hace ver cada vez más claro la manera en que nos manipulan desde los medios de desinformación, puesto que tú mismo me pareces una fuente infinítamente más fiable que cualquier massmedia-escupebasura de los que pululan en nuestro día a día. Gracias por ilustrarnos y despejar dudas. Estoy seguro de que estas crónicas marcarán un antes y un después, en la concepción que tiene la izquierda del estado español con respecto a Corea. Y eso lo estás logrando tu camarada.
Salud y a seguir en la brega.
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Re: Crónica de un viaje a Corea

Mensaje por SS-18 el Mar Ago 31, 2010 2:54 pm

unifico temas.


------------------------------
Ningún hombre puede concluir una opinión sobre otro hombre, lo único aceptable es corregirlo.
Marx: “Nuestra tarea es la crítica despiadada, y mucho más contra aparentes amigos que contra enemigos abiertos“.
SE BUSCAN TEMAS IGUALES O PARECIDOS y SOLO EN EL CASO de NO existir, se abre un hilo nuevo . El desorden es motivo de sanción.
No ABRIR HILOS HASTA LEERSE ESTO:::
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Séptima Crónica de “Un viaje a Corea”, por Juan Nogueira

Mensaje por Kiibakun el Mar Ago 31, 2010 11:24 pm

Séptima Crónica de “Un viaje a Corea”, por Juan Nogueira
- Sexto día en Corea -

El día comenzó con música. ¡Sí, como suena! A las 7:30 de la mañana, hora a la que habitualmente me levanto aquí en Corea, un equipo de propaganda estaba animando a los trabajadores que construyen los grandes almacenes frente al Hotel Koryo y lo hacían con música y un discurso.

En general, todas las mañanas escucho la misma canción cuando me despierto, parece venir de altavoces situados en la calle, pero no sé su origen concreto. Suena como una música relajada de algún videojuego japonés, pero se escucha de fondo, alejada.

Sea como fuere, aquí el entusiasmo está a la orden del día. Y como todo en Corea, el entusiasmo también “se organiza”. Por las mañanas, los pioneros marchan por las calles antes de ir a sus escuelas -aquí las vacaciones largas son en invierno, cuando las temperaturas caen hasta -20º- con pancartas y cantando canciones revolucionarias. Eso, junto a los gigantescos carteles de propaganda que se ven por las calles, dan a Corea la imagen de ser un país en movilización.

Con este alegre despertar, bajé a desayunar. Sin embargo, hoy no iba a ser un día cualquiera: hoy a primera hora, iba a visitar el Palacio Memorial Kumsusan, donde se puede ver el cuerpo embalsamado de Kim Il Sung. Por eso, Kimsito y Kimsita me pidieron que me vistiese lo más formal posible y yo, que ya tenía previsto que sucedería algo así, me puse un traje negro, con camisa blanca, pero sin corbata. Al desayuno, parecía uno más entre los japoneses y ellos, sonrientes y amables siempre, me dieron su aprobación. Ellas, menos parcas en palabras, me dijeron que estaba “muy guapo y debería llevarlo más a menudo”. ¡Ni caso!

Aunque la batalla contra la Cocina ha vivido hoy nuevos e intrigantes capítulos, mi principal preocupación ahora es económica. Estoy, literalmente, en la más pura miseria, aunque de aquí al día en que salga de Corea, tengo el alojamiento, las comidas y el transporte cubierto. Cuando llegue a China podré sacar más dinero desde un cajero, pero por ahora tengo que contar hasta los cafés que me tomo.

Sin embargo, Kimsito y Kimsita saben que el motivo está en que mi sueldo no da para pagar mucha gasolina y menos al precio al que cuesta en Corea, así como el pago del billete del tren, que finalmente salió más caro de lo previsto. Además, he hecho lo de siempre: comprar un buen cargamento de libros. Ellos saben todas estas circunstancias y están ayudándome en lo que pueden.

Saben que me apasionan los libros y que una visita a Corea es una oportunidad única. Por eso, la KASS me va a regalar libros en castellano para que la falta de dinero no sea un impedimento. La clave aquí está en que los libros, a diferencia de la gasolina, no se pagan en divisas y tienen un coste muy bajo para los coreanos.

Por otro lado, en los últimos días -y aunque no me han dicho nada en ningún momento- me están constantemente invitando ellos a los cafés y a las variada gama de cosas, como por ejemplo, montar en un carro tirado por caballos en el zoo.

Realmente, he de admitir que tienen una calidad humana increíble, ambos. Son excelentes personas, convencidos revolucionarios e inteligentes. Tienen las partes positivas de los coreanos -son trabajadores, puntuales, respetuosos- y la parte positiva de la juventud -divertidos, alegres y hasta algo juerguistas: Kimsita algún día me confiesa que está cansada porque salió con sus amigas el día anterior hasta las 2 o las 3, teniendo trabajo al día siguiente,...

Están haciendo todo lo posible por darme el mejor viaje: si les digo que me interesa algo, al día siguiente ya han hecho un hueco libre para llevarme; si quiero hacer algún cambio en el programa, lo aceptan sin falta; me preguntan constantemente si deseo algo o hay algo que esté en sus manos que puedan hacer,... etc. Desde luego, es su trabajo y reciben un salario por ello. Pero hay una gran diferencia entre cumplir lo básico que aparece en un contrario y desvivirte por hacer bien tu trabajo y hacer que otra persona se sienta a gusto.

En un momento, comenté que en el PCPE y los CJC estábamos dando incrementando nuestra lucha por la emancipación de la mujer. Pues bien, ellos ya han contactado con la Unión de Mujeres Democráticas de Corea para conseguirme sus materiales.

También hay que decir que ellos son sistemáticos, lo apuntan todo y trasmiten la información relevante a sus superiores. ¡Qué no cunda el pánico! No es un sistema de espionaje ni de violación de la intimidad, pero sí me encontré la sorpresa, cuando hablaba con el Director de la KASS para Europa, de que me citaba informaciones que yo había facilitado a Kimsito en una conversación relativamente informal. Eran informaciones relativas a nuestras actividades políticas como CJC, las actividades de solidaridad con Corea que se realizaban en el Estado Español y otras.

En fin, a primera hora fuimos al Palacio Memorial de Kumsusan. El edifico es, para mi gusto, demasiado ostentoso. Se construyó en los años 60, como Palacio Presidencial, con todas las oficinas y salas desde donde se hacían los trabajos de la Presidencia y se recibían a líderes extranjeros. En los años 90, con la muerte de Kim Il Sung, se cerró como zona de trabajo y pasó a ser un lugar en honor al fundador de la Corea Socialista.

Los detalles están medidos, contribuyendo a crear una atmósfera solemne. Para entrar hay que atravesar un pasillo kilométrico con una enorme cinta mecánica. Hay una guardia vigilando el mausoleo y hay un control de metales a la entrada, el único que he visto en Corea junto al del aeropuerto.

Con todo, es emocionante verlo. Por dos motivos. Por un lado, tras leer sobre él, estudiar sus escritos, ver su imagen en media Corea y admirar su figura como la de un gran revolucionario, acabas teniendo la curiosidad de ver el cuerpo de Kim Il Sung, aunque ya no esté vivo. Por otro lado, siempre me da curiosidad ver los rostros de los coreanos cuando acuden a este lugar.

La verdad es que hay muchos coreanos que visitan el Palacio Memorial, miles y miles todos los días, a pesar de que su muerte fue hace ya 16 años. Algunos aún lloran, la mayoría mantienen un rostro serio y solemne.

Después de Kumsusan, fuimos al Cementerio de los Mártires Revolucionarios. No sé si los coreanos son conscientes del matiz religioso que tiene en castellano la palabra “mártir”, pero esa fue la traducción que ellos me hicieron. En cualquier caso, es una inmensa ladera de una colina donde se han hecho bustos de bronce de los principales combatientes de la lucha guerrillera, especialmente de aquellos que murieron en combate.

El cementerio se construyó en los años 70 y de bastantes guerrilleros muertos a principios de los años 30 o, incluso, en los años 20, no existían fotografías, debido al atraso de Corea en aquel momento y al origen campesino de la mayoría de guerrilleros. Por eso, se crearon comisiones de investigación entre familiares y camaradas para hacer el retrato robot del guerrillero. En mi opinión, un detalle muy humano.

En el cementerio también están enterrados antiguos guerrilleros que luego jugaron un papel importante en la vida política norcoreana. Incluso hay un antiguo guerrillero que murió en 2008, tras una vida entera dedicada a la causa del socialismo en Corea. Tiene su busto de bronce en el Cementerio.

En el Cementerio no había tanta gente como en Kumsusan, pero sí que había alrededor de 150 personas y eso a pesar de que eran las 10 de la mañana. Había desde alumnos de secundaria con libretas (los datos biográficos de los guerrilleros aparecen bajo el busto) hasta madres enseñando a sus hijos pequeños el recinto, pasando por grupos de escolares, personas individuales o militares.

Más personas había en nuestra siguiente visita: el zoo. Por cierto, parte del mismo está renovándose con vistas a 2012. El zoo de Pyongyang no es ni el más extenso ni el más moderno del mundo, pero no está mal.

La parte de reptiles es un poco floja, pero el acuario está bastante bien. También hay tigres de bengala y tigres coreanos -abundan en el norte del país y son muy grandes-, elefantes laosianos, zebras, leones,... etc. En la zona dedicada a aves, destacan las grullas y... ¡las gallinas! ¡Sí, aunque resulte incomprensible, también hay un corral en el zoo!

Por cierto, esto me permite desviarme a mi tema favorito relativo a Corea: la comida. En los años 60 y hasta 1970, Corea se llenó de granjas de pollos. Esto estaba recogido dentro del plan septenal. Pues bien, se ve que este plan tuvo un éxito tremendo. En primer lugar, porque sólo ver el mapa de Corea del Norte y el reparto que a través de él hacen cientos y cientos de granjas, es espectacular. Pero en segundo lugar -y mucho más importante- porque si la leche está racionada y se da a los sectores que la requieren, en el caso de los huevos y el pollo, su distribución es masiva. ¡En concreto, no hay día en el que en cada una de las tres comidas no me ofrezcan huevos, tortilla, ensaladas con huevo, mayonesa o pollo! Realmente, no sé cuántos huevos podría haber comido en la semana que llevo en Pyongyang, si hubiese aceptado todos los que me han intentado dar.

Tras irnos del zoo, volvimos al hotel para comer. Durante el viaje pude observar que la mayoría de restaurantes de la capital estaban absolutamente llenos. El plan 2008 – 2012 prevee elevar los niveles de consumo de los trabajadores y campesinos y sus resultados son visibles. No sólo en los restaurantes, también están llenos los grandes almacenes, las zonas deportivas,... etc

Kimsita me dijo que, en concreto, la ropa es relativamente barata en Corea y que existía cierto boom de la compra de ropa.

Un aspecto curioso es que, para un Occidental que visita Pyongyang, el hecho de que existan tantas tiendas puede resultar al principio chocante. Especialmente, porque las tiendas se sitúan en la parte baja de los edificios, pero pasan inadvertidas para nosotros, acostumbrados al marketing, los carteles, luces de neón y mostradores. Nada de eso existe en Corea, por lo que las tiendas son locales comerciales generalmente muy grandes, situados en la parte baja de la mayoría de edificios y sin apenas distintivos que hagan pensar qué puedes comprar dentro.

Por la tarde, tuvimos coloquio sobre la priorización militar de nuevo. Esta vez dimos un paso más adelante.

Con la idea Songún, los norcoreanos parten de premisas bien conocidas por el marxismo-leninismo: el Estado es un instrumento de clase; no es algo neutro, democrático, sino algo que defiende los intereses de la clase en el poder. Las leyes, la policía, la propaganda, el sistema educativo... son instrumentos del Estado para hacer valer los intereses de la clase que está en el poder. En un Estado capitalista, los intereses de la élite adinerada; en uno socialista, los de la mayoría trabajadora.

En este sentido, si todo esto falla para mantener el poder de la clase dominante, siempre queda un último instrumento: la coacción armada, es decir, la clase dominante tiene un Estado y este posee un ejército; las clases que no están en el poder no tienen nada de eso.

Precisamente por esto, cuando las clases oprimidas quieren tomar el poder, deben hacer uso de su propio ejército revolucionario que se enfrente al Estado y al ejército de las clases dominantes. Toda revolución es ejemplo de ello: Corea, Cuba, la Unión Soviética, China,...

El poder armado y la compenetración del partido con las masas es la condición de existencia y supervivencia de una organización revolucionaria.

Pero mantener ese poder armado es necesario también para mantener la revolución. En el caso de la experiencia chilena, Kim Il Sung se entrevistó con Allende y le dijo que lo fundamental era tener control sobre el Ejército. Allende insistía en que el Estado era democrático y que había habido un cambio en la correlación de fuerzas, pero Kim Il Sung le insistió en que el Estado no había cambiado de manos, sólo el gobierno, los revolucionarios necesitaban tomar posesión del ejército. Allende le respondió que ellos deseaban un ejército “neutral y democrático” y Kim Il Sung le indicó que eso no era ni siquiera suficiente para llevar a cabo reformas democráticas, por no hablar de las reformas socialistas. El resultado ya se conoce: el ejército neutral y democrático dio un golpe de Estado, devolvió el gobierno a la élite oligárquica y instauró una atroz dictadura durante más de 15 años.

En Alemania Oriental, la defensa dependía en buena medida de la Unión Soviética, mientras que en Rumanía había una escasa dirección política sobre la tropa. En el primer caso, Alemania Occidental se anexionó la RDA sin disparar un tiro -si el poder armado dependía de Gorbachov, este era quién decidía- y en el segundo caso, el Ejército dio un golpe de Estado y asesinó a Ceaucescu.

Por lo tanto, en Corea creen que el papel del ejército es fundamental y debe convertirse en la principal vanguardia de la construcción y defensa del socialismo. Por eso, en Corea el ejército no cumple únicamente funciones defensivas, sino que en él se educa a través del partido ideológicamente todas las generaciones jóvenes y participan activamente en obras de construcción y algunos sectores económicos. En el ejército ven la suma de fuerza, ideología y organización, siendo una fuerza capaz de mantener de forma organizada la lucha incluso si hay un golpe contrarrevolucionario, manteniendo vivo el partido y el Estado.

En cualquier caso, afirman que en su caso, tienen que exagerar el papel del ejército, debido a que son un pequeño Estado socialista, rodeado del capital internacional, bloqueado y amenazado. No existe un sistema socialista mundial -que por cierto, afirman que quieren que se reconstruya y que contribuirán a ello- y apenas existe una solidaridad antiimperialista real. Por eso, tienen que apoyarse únicamente en sus propias fuerzas.

Por la tarde, acudimos al Palacio de los Niños y Estudiantes de Mangyongdae. El Palacio es un impresionante edificio de 8 plantas y más de 120 salas, en el moderno barrio de Kwanbok. Según nos explicó una pionera, la forma del edificio representa el abrazo de una madre.

Retórica aparte, en Corea hay más de 60 palacios de este tipo. Sirven para las actividades extraescolares de los estudiantes y como centro para desarrollar talentos. Son gratuitos y en ellos se aprenden deportes (volleyball, fútbol, baloncesto, ping pong y taekwondo, que yo pudiese ver), música (piano, acordeón, flauta, guitarra española y eléctrica, batería, así como varios instrumentos propios de Corea, entre los que pude ver), pintura (caligrafía -considerada un arte en Oriente-, pintura en varios estilos, escultura, bordado,... etc.), oratoria y canto. También hay una piscina olímpica con trampolines a varias alturas, a las que se sube en ascensor.

La decoración abunda en colores vivos, naves espaciales, luces, mármoles y lámparas ostentosas. Tiene salas de actuaciones, donde pudimos asistir a un espectáculo musical con canciones de varios estilos. Eran característicos los coros, la gran cantidad de instrumentos, voces increíbles entre los solistas y una esmerada puesta en escena. Una buena guinda para un día lluvioso. ¡Mañana más!

Fotos en: http://picasaweb.google.es/100726707852813525496/SeptimaCronicaSextoDiaEnCorea#


Última edición por Kiibakun el Miér Sep 01, 2010 12:54 pm, editado 2 veces
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Octava crónica - Séptimo día

Mensaje por Pyongyang el Miér Sep 01, 2010 11:06 am

Lo siento... me he adelantado y publiqué la novena crónica en vez de la octava... Es el problema de no estar publicándolas en directo...

Aquí va la correcta:

Desde que estoy en Corea, no hay día en que no me despierte soñando algo extraño. Hoy, en sueños, eché una bronca monumental a un camarada. ¡Prubín! Igualmente, desde que estoy en Corea, no hay día en que no me entren unas ganas horribles de volver a fumar. ¡Mal tema!

En cualquier caso, me alegro de no haber hecho ninguna de las dos cosas.

Hoy, el día ha transcurrido con alguna novedad.

Para empezar, el coloquio de por la mañana fue con los dos profesores al mismo tiempo: O Song Chol y Lee Chol Jun. La idea era que hoy íbamos a repasar aquello que había aprendido, a ver si había comprendido la esencia de lo que habían querido trasmitirme. Quedaron muy satisfechos.

Como rápidamente percibieron que de Ciencias Sociales, Marxismo-Leninismo, comprensión de la Idea Juche o Revolución en general, no me falta conocimiento, pasaron a los temas que más les gustan a ambos: otras realidades revolucionarias.

Hablamos de Venezuela, de Cuba y de la Segunda República Española. Me preguntaron especialmente por el periodo que va desde la Primera República hasta la Segunda, cómo se llega a la Guerra Civil, qué papel jugaron los comunistas y cómo veíamos retrospectivamente los comunistas ahora esa parte de nuestra historia. También les interesaba conocer cómo veía actualmente la sociedad española la Guerra Civil. Les sorprendió mucho saber que aún hoy existen calles y monumentos dedicados a los “héroes” del fascismo, mientras los héroes del pueblo siguen marginados de forma insultante por el actual régimen.

Les expliqué que, en nuestro análisis, veíamos la transición como un lavado de cara y una recolocación de las figuras del régimen, buscando resituar la economía española desde un modelo desarrollista del franquismo al mercado común de la Unión Europea, pero sin mediar ruptura democrática ni asunción de responsabilidades por parte de los criminales fascistas. De ahí que el actual régimen sea heredero del sistema “legal” del franquismo y herede sus calles, sus sentencias judiciales, sus monumentos y héroes,... etc

También les interesaba conocer la realidad de la juventud española, a qué se dedica, qué le preocupa, si se interesa por la política. Tuve que desilusionarles y decirles la verdad: la juventud española es de las más puteadas de Europa en cuanto a paro, precariedad laboral, temporalidad y fracaso escolar. Sin embargo, la han convertido en una de las juventudes más conformistas y alienadas, creyendo que su libertad se esnifa, se consegue a base de litros de alcohol o se compra como complemento de rebajas. Demasiadas energías se derrochan en los bares y centros comerciales. ¡Qué luchen otros!

Pero no hay pesimismos, el reformismo siempre se queja de las circunstancias. “¡Con esta juventud no hay nada que hacer!” -dicen... Si mayor es la dificultad, mayor es el reto y los revolucionarios tenemos que tener el compromiso de hacerle frente.

Finalmente, me preguntaron por la percepción que tienen los españoles sobre Corea y, especialmente, sobre el papel que aquí se le da al Ejército Popular. Como siempre, les dije la verdad: en España no se conoce el papel del ejército. Es decir, ni se conoce la agresión imperialista americana ni se conoce el papel que el EPC juega en la construcción socialista ni la gran unidad entre pueblo y ejército que existe en Corea.

Los medios han creado un consenso perverso en torno a la idea de que todos los ejércitos -salvo los de la civilizada Occidente- son iguales: instrumentos de represión de dictadores sin escrúpulos. Ellos me dijeron que se lo esperaban, que estaban acostumbrados a que les acusasen de dictadura militar. Pero, dijeron, ellos viven en libertad e igualdad, son felices con su democracia socialista y el ejército es el mayor garante de su defensa y avance. Sé que dijeron eso, exactamente, porque lo apunté.

Por la tarde he vuelto al Museo de la Revolución, en la que ha sido mi última visita a este centro. Visitamos la parte relativa a la década de los 90 y del 2000. Sin embargo, fue la menos interesante de todas, quizás por estar excesivamente centradas en las figuras personales de Kim Il Sung y Kim Jong Il.

Sí que fue interesante ver un vídeo sobre la muerte de Kim Il Sung. La reacción de los norcoreanos, dentro de lo exagerada que resulta para quienes lo vivimos desde fuera, resulta enternecedora. Pero esa admiración por Kim Il Sung y ese dolor es totalmene genuino. Todos los norcoreanos en esa sala se pusieron a ver el vídeo -que probablemente ya habrán visto en la televisión antes- y todos y todas acabaron llorando. Son sentimientos que tienen muy interiorizados.

Una cosa que cada vez me impresiona más es lo mucho que leen los coreanos. Hoy, además, pude conseguir el catálogo de la compañía de importación y exportación de publicaciones de Corea. Especialmente, destacan los boletines y revistas que publican universidades, organizaciones e instituciones.

Hay revistas de expertos en ciencias sociales, en materia militar, en historia, de medicina, de universidades, feministas,... todo lo imaginable y más. La mayoría son de publicación mensual o quincenal.

Esto, que a priori puedo no parecer un hecho tan espectacular, no sucede en la mayoría de países del llamado “Tercer Mundo”. Precisamente, cuando estuve en Cuba -otro país de grandes lectores, no por casualidad- el director de Juventud Rebelde nos explicaba que el mayor problema para incrementar la tirada o dar más variedad es la falta de papel. Tan simple como eso, problemas que desde nuestro eurocentrismo difícilmente comprendemos. Fuera de Cuba y Corea, hay que sumar el precio de las publicaciones y los bajos niveles culturales.

Precisamente, el socialismo es la causa y la principal razón del consumo de lectura entre la sociedad cubana y coreana. Ser culto para ser libre, que diría Martí.

Por la tarde, visitamos la única Granja de Avestruces del país. Está cerca de Sunan, en los alrededores de Pyongyang. Es una de las tres mayores granjas de avestruces del mundo. Las dos restantes se sitúan en Sudáfrica y en Francia.

Es de propiedad estatal, hay alrededor de 10'000 avestruces en la granja y da empleo a casi 500 trabajadores. Cuenta con maquinaria moderna que se ha importado de Francia e Italia. Se utiliza para producir cuero, carne y productos que utilizan sus pelos y plumas. Satisface el mercado nacional -como pude comprobar hace dos días- y el extranjero.

La granja se fundó hace 10 años con avestruces procedentes de África. Kim Jong Il la ha visitado en varias ocasiones e incluso ha llevado allí a líderes extranjeros como Hu Jintao. Es un centro muy moderno que se ocupa de la reproducción, cría, engorde, muerte y procesamiento de las avestruces. También cuenta con un espacio dedicado a cerdos, a la producción de abonos y al cultivo de varios vegetales.

La visita fue interesante, aunque demasiado rápida, en mi opinión. La mayor parte del tiempo la pasamos haciendo un tour por toda la granja -kilométrica- en coche.

Para terminar el día, tuve la sorpresa de encontrarme con Alejandro Cao de Benos, aunque estaba ocupado en una entrevista con dos extranjeros. Hemos acordado vernos otro día.

Y ya que hoy me sobra algo de espacio, voy a tratar otro de los mitos sobre Corea. Este, en concreto, es el favorito de mi madre: los coreanos y las coreanas sólo pueden peinarse y cortarse el pelo de siete formas elegidas por el gobierno.

Mi amiga Lucía se sentiría decepcionada de saber que entre ellas no está el moño. ¡Lo siento, fía!

La verdad es que la logística que requiere hacer cumplir una normativa como ésta es impresionante. ¿Habría delitos contra el buen gusto en el código penal? ¿O un código propio de peluquería y belleza?

¿Quién controla el cumplimiento de estas normas? ¿Brigadas peluqueras esposando a los infractores y llevándoles a la fuerza a cortarse el pelo? Desde luego, los escasos policías -además, de tráfico- que hay desplegados por las ciudades no darían para controlar a una población tan grande.

Es cierto que los coreanos y coreanas son muy ordenados y protocolarios en cuanto a la vestimenta y el aspecto físico y que eso es algo que les enseñan desde bebés en las familias y en las escuelas. Pero de ahí a afirmar -como a veces parece desprenderse del delirio de los medios de comunicación occidentales- que poco más y abren un “gulag para cutres”, hay un paso gigante.

Aunque pensándolo bien, esa normativa vendría muy bien en España, especialmente ahora que nuestro gobierno no sabe cómo llenar el agujero que han dejado las ayudas a la banca. Además, por más que se quiera freír a los conductores a multas, ya no es lo que era, sobre todo con el precio de la gasolina. La solución está en la Unidad Policial del Buen Gusto.

Si quieren forrarse, una recomendación sobre por dónde empezar para solucionar la crisis: en Oviedo hay un bar llamado Tribecca... En fin... Bromas aparte, ¡mañana más!


Última edición por Pyongyang el Miér Sep 01, 2010 11:56 am, editado 1 vez
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Re: Crónica de un viaje a Corea

Mensaje por sorge el Miér Sep 01, 2010 11:36 am

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Última edición por sorge el Jue Sep 02, 2010 11:02 am, editado 1 vez
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Novena crónica - Octavo Día

Mensaje por Pyongyang el Jue Sep 02, 2010 9:22 am

El día comenzó con unas gotas de lluvia, aunque según avanzaban las horas la llovizna se convirtió en aguacero y para la noche teníamos una animada tormenta de verano. ¡Todo el día!

Para colmo de las coincidencias, hoy era mi día de montaña. ¿Qué es más importante, el programa o el agua? Ahora responded desde la mentalidad de un coreano.

Efectivamente, fuimos a las montañas. En concreto a las de Kuwolsan. La elección fue mía.

Todo partió de que cuando me entregaron el programa, vi que estaba prevista una visita a los montañas de Myanghang, donde está la Exposición Permanente de Amistad. La verdad es que esa visita es bonita: hay una buena carretera hasta las montañas, impresionantes paisajes y en Myanghang puedes hacer varias rutas, picnic junto a una cascada, visitar la Exposición Permanente de la Amistad y el espectacular Templo de Pohyon. Además, la KASS me invitaba a pasar la noche en el cercano Hotel Hyesan y hacer alpinismo por el Valle Manphok al día siguiente.

Interesante, pero esa visita -aún sin pasar la noche allí- ya la había hecho en dos ocasiones. Por eso, pedí un cambio del programa propuesto y me puse a investigar qué montañas podríamos visitar. La verdad es que, por malo que sea para la agricultura, en Corea hay muchas montañas y muy bonitas y bien conservadas.

Las condiciones fundamentales eran que se pudiese llegar en coche, que no estuviesen demasiado alejadas de Pyongyang y que pudiésemos dormir en el Hotel Koryo. Eso descartaba bastantes opciones, como el Monte Paektu -lugar de lucha de la guerrilla- o Kumgangsan, junto a la frontera oriental con Corea del Sur.

Al final elegí Kuwolsan, entre las ciudades de Nampo y Haeju, no lejos de la frontera occidental con Corea del Sur. La opción era prometedora, pero los problemas no tardaron en llegar.

En primer lugar, porque Corea es un país en situación de guerra y aunque existe libertad de movimientos, hay que informar de los desplazamientos por un registro. Un control de carretera nos pidió la copia registrada de que habíamos informado del desplazamiento. Es triste que tenga que ser así, pero supongo que no hay otro remedio en un país dividido y sometido al acoso del imperialismo.

Y el segundo problema fue que se nos estropeó el coche. ¡Sí, un Mercedes de fabricación alemana, con cien por cien de fiabilidad! ¡Estropeado... por momentos! Al rato se recuperó con un poquito de ingenio y la ayuda de campesinos de una aldea, muy acostumbrados a conseguir prolongar la vida útil de los aparatos, con alguna chapuza sencilla.

La verdad es que las paradas -fueron tres- que hicimos sirvieron para conocer mejor la realidad de los pueblos en Corea. En todos sin excepción vi tres cosas esenciales: campos plantados aprovechando toda la tierra útil -incluso pequeños “deltas” en los ríos-, que en todos había electricidad -logro conseguido hace 40 años, pero que pude certificar que sigue siendo vigente- y casas de tamaño medio y con tejado de tejas.

Esto último lo menciono porque, en Corea, un dicho antiguo afirmaba que la riqueza era vivir bajo techo de tejas, con vestido de seda y con algo de arroz para acompañar cada comida. Kim Il Sung dijo que el socialismo estaría plenamente asentado cuando la economía colectiva fuera capaz de garantizar eso a todo el mundo.

El tejado con tejas -es decir, el fin de las chozas- lleva siendo una realidad en Corea del Norte desde hace décadas, así como la electricidad y el arroz. No así otros aspectos.

Por ejemplo, debido a la austeridad en el uso de electricidad, el bombeo de agua corriente es intermitente en algunos pueblos.

Además, existen diferencias entre unos pueblos y otros. En general, la mayoría tienen un aspecto bastante decente. Sin embargo, en otros, hay situaciones más austeras.

En uno de los lugares que pasamos, vimos a niños vestidos en chandal y jugando en la tierra a pelearse con palos de bambu. Las casas, aunque aceptables, tenían puertas y ventanas viejas y algo desgastadas. Los niños se lo pasaban en grande, pero la imagen era muy distinta a la de la mayoría de pueblos, más modernos, con casas más recientes y con los niños vestidos de camisa, cinturón y pantalón largo, montados en bicicleta y con libros para leer en algún parque o bajo algún árbol. En esto tiene mucho que ver el parón que supusieron los años 90 en el desarrollo socialista de Corea, del que sólo ahora están saliendo poco a poco.

Cuando llegamos a Kuwolsan, ya estaba cansado incluso antes de salir del coche. ¡33 grados y más de 90% de humedad! En serio, cualquier futuro visitante de Corea, ¡hazme caso: septiembre, no agosto! La humedad es simplemente terrible en Corea. No sólo te adormila, sino que te produce cansancio de forma constante, sudas y se te pesan las piernas. ¡September is the month!

Kuwolsan, por supuesto, es precioso. Había varios grupos de la Liga Juvenil Socialista haciendo picnics en las montañas. Cantaban, comían, caminaban... y nos miraban sorprendidos. ¡Extranjeros en Kuwolsan!

Estas montañas siempre habían sido uno de los paisajes más conocidos de Corea, pero el acceso a las mismas era muy complicado. El Ejército Popular de Corea se puso manos a la obra y construyó una carretera y varios caminitos para hacer rutas. Además, en medio de las montañas hay pabellones de estilo oriental desde el que se pueden ver vistas alucinantes.

La vegetación en Corea es mucho más frondosa que en Europa. Recuerda en parte a la selva, aunque los árboles no son tan altos y no hay una fauna tan nutrida. Eso sí, en el norte de Corea hay tigres y, en cuanto a serpientes, reptiles e insectos, el menú donde elegir es amplio.

Hace poco había en el periódico un reportaje sobre estas montañas en otoño. La verdad es que todo se vuelve de colores. Mi tía Ani creo que pediría un traslado estacional a Corea si viese las fotos. ¡Buff... septiembre! ¡Qué mal elegí!

Comimos alrededor de una cascada. El agua era cristalina y no estaba muy fría. La gente metía los píes y se lavaba la cara y las manos. Desde luego, la tarde era idílica, si no fuera porque cada poco comenzaba a llover.

La comida estaba compuesta a base de un poco de varios platos, entre los que se incluía la ternera a la parrilla. Mis ojos no se lo podían creer cuando vi que entre la comida había sushi, uno de mis platos preferidos entre la comida oriental. Sin embargo, los coreanos me aclararon que no era sushi japonés, sino una variedad local que tenía una antigüedad mayor que la del sushi. Yo les miré con cara extrañada como diciendo “pero si es igual que el sushi” y decidí que no iba a entrar en discusiones culinarias, sobre todo si eso reabría viejas rivalidades nipo-coreanas. No sería sushi, pero yo me comí a gusto los seis makis que me habían servido y seguí a lo mío.

En realidad, es probable que los coreanos tengan razón y que los japoneses hayan copiado y popularizado algo que en origen nació en Corea. Lo digo porque en Oriente existen casos similares. Por ejemplo, lo que todos conocemos como “rollitos de primavera” deberían llamarse, simplemente, “rollitos chinos”. “Rollito de primavera” es el nombre que tiene en Vietnam lo que aquí conocemos como “rollito vietnamita”.

Es decir, los restaurantes chinos hicieron una versión china del “rollito de primavera” vietnamita y se apropiaron del nombre. Por eso, los auténticos rollitos de primavera -los vietnamitas- se tienen que llamar “rollitos vietnamitas” en los restaurantes que se abren en Occidente.

Las guerras del sushi, sabiendo los precedentes, tienen para mí un sabor familiar.

¡En fin! Cuando decidimos que la lluvia hacía imposible seguir en la montaña, volvimos a Pyongyang. A la ida, hicimos el trayecto a través de la ciudad portuaria de Nampo. A la vuelta, vinimos una ruta interior, a través de Sinchón -lugar donde en la Guerra de Corea, Estados Unidos organizó una de las mayores masacres- y de Sariwon.

Yo había estado en Nampo y Sinchón en 2005. Ambas están bastante mejoradas desde entonces, aunque en el caso de Nampo, el cambio es espectacular.

En 2005, Nampo parecía una ciudad recién salida de una guerra, fundamentalmente por la cantidad de edificios en obras y calles levantadas. A día de hoy, sin ser una segunda Pyongyang, es una ciudad agradable, con vida cultural, calles limpias y ordenadas y olor a mar. Está mejor que la ciudad fronteriza de Sinuiju, claramente.

A la noche me tocó cenar en la misma mesa que una profesora francesa. Ésta es su decimoséptima vez en Corea y su tesis doctoral está centrada en el Songún, es decir, la priorización de los asuntos militares en Corea.

Ha escrito un libro de alrededor de 400 páginas sobre la misma temática. Ella me explicó que el libro “no es de propaganda, sino que es un estudio académico”. Sinceramente, ese tipo de afirmación me parece un lugar común muy típico de Occidente.

Ella lo hace con su mejor intención, pero refleja un fenómeno muy extendido en nuestras sociedades: tenemos un miedo tremendo a posicionarnos y comprometernos claramente con una realidad o a que la imagen que demos sea la de alguien comprometido.

Yo, cuando publico algo sobre Corea, tengo claro que no soy neutro: escribo para defender el socialismo y unas determinadas experiencias de construcción socialista. Eso sí, para defenderlo, utilizo únicamente la verdad, porque como dice Lenin, nosotros no tenemos miedo a la verdad, nuestra teoría es científica y nuestra práctica es revolucionaria y en favor de las grandes mayorías. ¿Por qué íbamos a necesitar recurrir al engaño o a inventarnos cosas que no existen?

Eso sí, decir la verdad no niega que lo que yo y otros publicamos sea propaganda. ¿Pero es que acaso en la confrontación entre socialismo y capitalismo alguien es verdaderamente neutro? Incluso podríamos plantearnos, ¿es que acaso deberíamos serlo? Eso es extender una forma de pensar totalmente relativista, muy típico del postmodernismo, que es totalmente ajena a los marxistas y a la realidad. En la realidad hay cosas buenas y malas, aunque sean relativas al criterio moral que se utilice. ¿Utilizamos los revolucionarios criterios éticos para distinguir lo bueno de lo malo? Claro, nuestra ética tiene como criterio moral los intereses de las grandes mayorías, el socialismo. ¿O también seríamos neutros si hablamos de democracia o dictadura? ¿O de respeto por los derechos humanos o no? Mucho me temo que el relativismo en unas cuestiones y el posicionamiento en otras, en realidad refleja que el sistema nos tiene ganada la batalla de ideas.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que el hecho de que yo considere que informando de la verdad se hace propaganda en favor del socialismo, no es únicamente un criterio que maneje yo. En realidad, ¿qué información no está posicionada? ¿Es acaso la información que nos dan los medios de comunicación occidentales veraz, objetiva y “neutra”?

Todo lo contrario. Todo es propaganda, pero no necesariamente porque tenga esa intencionalidad, sino porque todo mensaje que se trasmite en sociedad lleva implicitamente una connotación ideológica.

Cuando un periodista graba con su cámara de televisión unos hechos y emite las imágenes y el sonido sin hacer comentarios, incluso entonces hay una carga ideológica o, llamésmoslo de otra forma, una distorsión del mensaje por el sujeto que nos lo trasmite. ¿Por qué? Pues porque ese periodista, aunque quisiese, no podría registrar en su cámara la totalidad de los hechos, ni desde todos los ángulos. Registrar y reproducir la realidad tal cual es una utopía, al menos desde un punto de vista “fotográfico”, empírico. Siempre existe un sujeto que narra el mensaje.

El elemento más básico y simple por el que existe una carga de subjetividad y una intencionalidad -o no- ideológica es precisamente que existe la selección. Y eso existe en toda producción audiovisual, literaria, periodística, académica,... etc Por ejemplo, una comedia romántica estadounidense tiene también su lado de propaganda: ¿por qué sus protagonistas siempre son de clase media alta y sus preocupaciones jamás son las del común de los mortales: encontrar o mantener el trabajo y sobrevivir sin asesinar a tu jefe? ¿No crean acaso, este tipo de dramas, la sensación -falsa- de que la sociedad estadounidense es una sociedad de éxito y donde las únicas preocupaciones son la pareja, el sexo y las amistades? Probablemente no es su intención a priori, pero en el fondo, existe ese ámbito ideológico.

Si este ámbito ideológico existe siempre, ¿por qué tememos que el nuestro sea de forma clara una sociedad socialista? Un trabajo académico o un estudio de ciencias sociales pueden ser -y son- perfectamente un material de propaganda, sin decir ninguna mentira ni ocultar ningún hecho. Es simplemente que la actitud que adopta el sujeto que emite el mensaje es la de posicionarse como defensor de una realidad.

En fin. La conversación con la profesora francesa dio para bastante, aunque la reflexión que aquí recojo sobre la propaganda, no lo tratamos. Aunque es una cuestión que me preocupa, el hecho de que la haya sacado citando parte de la conversación que tuvimos, no quiere decir que el problema fundamental sea con ella, ni mucho menos.

Ella admira lo que llama “moralidad” de la sociedad coreana y especialmente los valores de su ejército, que son extrapolables al resto de la sociedad.

Aún así, considera que el país atraviesa problemas económicos muy serios debido al bloqueo y las sanciones. No cree que actualmente se esté ante las puertas de una gran potencia próspera socialista, como anuncian los propios coreanos. Yo escuché sus opiniones con atención porque es una persona que realmente aprecia a Corea y que conoce el país. Sin embargo, discrepé con ella en el asunto del crecimiento económico, pues hay cuestiones que son innegables: numerosos edificios están siendo reparados, 100'000 nuevas viviendas están en construcción en Pyongyang, nuevas estaciones de metro están en camino, el hotel de 330 metros está en vías de terminarse, se inauguran nuevas presas de gran tamaño, se quita terreno al mar,... etc Ella se quedó pensativa y dijo que se hacían cosas nuevas pero que la vida del pueblo estaba estancada.

Ante eso yo volví a discrepar, diciendo que con nueva vivienda, una mejora del transporte, acceso frecuente a piscinas, parques de atracciones y centros deportivos, teléfono móvil, mp3 y cámara digital, el nivel de vida es suficiente o, al menos, ha mejorado. Sino, ¿entonces qué más espera? Su respuesta me inquieto. Según ella, sólo una parte de la población accede a esos bienes, porque en Corea están surgiendo diferencias de poder adquisitivo.

Dijo que no eran una nueva clase, porque aquí todos son asalariados del estado o de cooperativas. Pero sí están empezando a nacer esas diferencias. No me explicó en qué lo ha notado o cómo se ha cerciorado de ello.

No puedo descartar de forma radical que eso sea así, me falta información, pero me surgen varias reflexiones.

Lo primero es que hay que diferenciar lo principal de lo secundario y admitir que en Corea existe la economía más colectivizada y la brecha salarial más pequeña del mundo.

En segundo lugar, hay que admitir que las circunstancias en las que se construye el socialismo aquí son tremendamente difíciles, como también lo son en Cuba. Por eso, es posible que haya distorsiones que no alteren la línea hegemónica, que es la de construir el socialismo. Distorsiones como por ejemplo, intentar abrirse al comercio con China, a pesar de que esto implique que aparezcan personas que trabajen en empresas de intercambio, manejen divisas y se enriquezcan más que la mayoría de coreanos.

En cualquier caso, no creo que la tecnología y bienes sea patrimonio exclusivo de una élite. Entre otras cosas, porque entonces la élite sería gigantesca en este país, ya que son decenas de miles los móviles y cámaras digitales que he visto durante estos días.

La profesora francesa, en cualquier caso, es más pesimista. Considera que Corea se ve en la encruzijada de necesitar una apertura al comercio extranjero, pero no poder realizarla por la situación de ser un país dividido y en guerra. La solución que están adoptando, por lo tanto, es una huida hacia adelante: mantener el socialismo, ya que entre otras cosas no hay otra vía alternativa, hacer la mayor apertura posible a productos extranjeros, sin preocuparse demasiado de si se crean diferencias sociales o no, ya que ahora mismo lo prioritario son los problemas económicos.

Creo que ésta es la reproducción más fiel de lo que ella me dijo. Para cualquiera que haya leído anteriores crónicas o artículos, sabrá que mi opinión es muy diferente. No sólo creo que hay una apuesta por el socialismo, sino que además eso no se pone en duda.

Sobre si existen diferencias salariales, puedo repetir lo que ya he dicho: Pyongyang ofrece mejores condiciones de vida que el resto de ciudades coreanas, el campo ofrece condiciones bastante decentes pero hay diferencias entre distintos pueblos. Lo que tengo claro es que estas diferencias no son sociales: no existen clases diferenciadas que opriman a otras, sino un cierto desarrollo desigual producido porque Corea no es aún un país rico y su desarrollo socialista se vio interrumpido en 1991 con una crisis considerable.

Ella me insistió en que este tipo de fenómenos le recordaban a lo que ella vio en Laos: partido comunista, sociedad crecientemente individualista, aunque en Corea reconoció que el colectivismo y la moral comunista son claramente hegemónicos. Yo sinceramente encuentro diferencias significativas entre Laos y Corea y la clave creo que puede verse en cómo el imperialismo norteamericano trata a uno y otro país.

Lo que sucede en Corea, si es que existen estos fenómenos, es algo similar a pequeña escala a lo que ocurre en Cuba. Y ambos casos, los revolucionarios tenemos unicamente que decir que ¡Venceremos!

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Re: Crónica de un viaje a Corea

Mensaje por Kiibakun el Jue Sep 02, 2010 9:50 am

Yo ya estoy convencido de ir en Septiembre de 2012 Very Happy
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Re: Crónica de un viaje a Corea

Mensaje por sorge el Jue Sep 02, 2010 11:03 am

Como ha reordenado las cronica, yo reordeno mi intervención:
Es curioso el dato que apunta Pyongyang de otros paises que podrian estar en las mismas circunstancias que la RPDC no se habla, los grandes medios ignoran a Laos o Vietnam, ninguna superpotencia los amenaza. Aunque me gusta que en Vietnam los salarios de los trabajadores de las zonas francas sean estipulados exclusivamente por el estado.
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Décima crónica - Noveno Día

Mensaje por Pyongyang el Vie Sep 03, 2010 8:36 am

15 de agosto, día de la liberación de Corea. Es domingo. Eso quiere decir que todo está cerrado hoy y, para encima, se ha proclamado día de luto nacional por los muertos en las inundaciones de China. Eso quiere decir que hoy no habrá ni Arirang ni velada de bailes de los estudiantes en la Plaza Kim Il Sung. ¡El día promete poco!


A las 8 bajo a desayunar, más tarde de lo habitual. El desayuno consiste hoy en un buffet, lo cual me ahorra disgustos aceitosos a primera hora. Los camareros van hoy con smoking blanco y pajarita negra. La mitad de las camareras viste también así, la otra mitad viste con un vestido tradicional rosa. Como siempre, son muy atentos, demasiado. En un día de buffet, lo lógico es que tuvieran menos trabajo de lo habitual. ¡Nada de eso! No tener que servir los platos les dejó tiempo libre para recoger aquello con lo que íbamos terminando con más rapidez y eficacia. ¡Insisto: Demasiada!


Resulta que yo había aprovechado el buffet para coger dos yhogures. Obviamente, sólo cogí una cucharilla y un azucarero para los dos. Pues bien, en cuanto terminé el primero, empecé a preparar las tostadas. Entre medias, ya me habían retirado la cucharilla y el azucarero. Eso sí, con una gran sonrisa en la boca. Para que cualquiera se haga una idea de el tipo de atención que te brindan en Corea.


La gente que está por el hotel son de lo más variopinto. En España la gente suele verme como bicho raro por hacer viajes a Corea y defender esta realidad socialista. Pues bien, al lado de mucha de la gente que se acerca el país, yo soy el perfecto ejemplo de normalidad.


Pero no voy a criticar personas. Hace unos días llegó un nuevo grupo de japoneses, alrededor de 20. También hay un gran número de chinos y unos 6 norteamericanos. Son las nacionalidades más repetidas.


El grupo de jóvenes japoneses sigue sorprendiéndome. No sólo por su ropa, sino por esa forma de ser tan correcta y tan oriental que tienen. Una de ellas, me dijo el otro día que estaba emocionada. Le pregunté el motivo y me respondió que era porque iba a visitar el Palacio Memorial de Kumsusan, donde están los restos de Kim Il Sung. Sorprendido, le pregunté si era la primera vez que tenía ocasión de visitar el palacio. Ella me dijo que no, que era la tercera pero que... siempre se emocionaba cuando iba.


Supongo que en Occidente nos cuesta mucho entender este tipo de sentimientos, pero para la gente de culturas asiáticas, es algo más común. En Occidente, incluso en la literatura, ya no nos creemos al héroe, al personaje virtuoso que lucha abnegadamente por un fin y lo consigue. Lo consideramos propio de relatos antiguos o para niños pequeños. Nos refugiamos en la comedia o el drama cotidiano o en relatos épicos, pero siempre que el protagonista se vea arrastado hacia su lucha, no porque él busque la gloria.


No tengo la capacidad de desentrañar por qué nos hemos vuelto desengañados e incrédulos, pero supongo que tiene bastante que ver con el tipo de sociedad en la que vivimos, en la que quienes nos hablan en términos épicos y de lucha entre el bien y el mal son “héroes” como George W. Bush. ¡Así, es normal!


De igual forma, en Occidente hemos enterrado cualquier criterio de moralidad. Incluso la propia palabra nos suena anacrónica y religiosa. Supongo que el nefasto papel de la Iglesia Católica tiene bastante que ver con ello, pero el vacío moral dejado por la religión tras el fin del franquismo, no ha sido rellenado por ninguna moral colectiva y socialmente aceptada. Más bien existen criterios morales relativistas, no formulados y asumidos de forma individual. Es decir, cada uno forja sus propios principios y normas, de forma que, en la práctica, todos hacemos lo que nos da la gana. ¡O creemos hacerlo! Porque nuestras decisiones, lejos de ser libres, siempre tienen una inclinación a hacer aquello que el sistema actualmente existente quiere que hagas: consumir.


Si queremos construir una sociedad diferente, ésta tendrá que partir de hombres y mujeres que luchen por construirla. Y eso implica formas de pensar, de comportarnos y relacionarnos diferentes. Es decir, en definitiva, una nueva moral progresista, que nos haga avanzar. Tendrá que ser una moral adecuada a la clase sobre la que se basará la nueva sociedad. Lo que en el pasado autores como el Che Guevara llamaron la moral comunista del hombre y la mujer nueva.


Pues bien, a su manera y se esté de acuerdo o no, en Corea, además de tener un héroe, un relato épico de lucha del bien -el socialismo, el pueblo, el líder- contra el mal -el imperialismo, los capitalistas, los enemigos de la patria-, también tienen una moral diferente y socialmente aceptada.


Por la mañana, mientras daba un paseo por los alrededores del hotel, pude verlo con mis propios ojos. En el día de la Liberación, en que no abren colegios ni centros de trabajo, decenas de miles de personas habían sido movilizadas desde por la mañana para embellecer la ciudad. Los sindicatos, los pioneros, la Asociación Democrática de Mujeres y otras organizaciones de masas, habían convocado a sus miembros -con un sonoro éxito, por cierto- a cortar el cesped, arreglar las plantas y flores, limpiar las señales de tráfico, pintar paredes,... etc


Después de explorar los alrededores del Hotel Koryo, fui en coche a ver zonas de ocio y esparcimiento de Pyongyang. Algunas de ellas fueron el Gran Palacio de Pyongyang, el parque y fuentes de alrededor del Gran Palacio de Estudios del Pueblo, los alrededores del río Taedong -si no fuera porque ninguno somos expertos en remar, hubiésemos subido a una barca, como hacen muchos ciudadanos de Pyongyang- y la Puerta Taedong, antigua entrada a la capital a través de sus murallas y uno de las pocas cosas que quedó en pie tras la barbarie yanqui.


Todo de lo más normal: gente estudiando, jóvenes y mayores leyendo, familias paseando a sus pequeños, parejas tomando un helado mirando al río Taedong. Sé que mi hermano se sentirá decepcionado, pero aquí las parejas toman sólo helados, no paninis. Aunque, todo hay que decirlo, la comida italiana tiene cierto tirón en Corea: hay dos restaurantes italianos en Pyongyang y uno “europeo” y en los hoteles no es raro que te sirvan spaguettis o macarrones.


Por la tarde, estuve tomando un café Pokka con Kimsita. Estuvimos hablando de varios temas, aunque el más espinoso fue sin duda el de la alimentación en Corea. Me estuvo explicando que existe una cartilla de abastecimiento, que son alimentos a precios casi gratuitos que el Estado asigna a cada persona, en función de una serie de condiciones (edad, dureza del trabajo desempeñado, embarazo,...). Además, en toda tienda, cualquier persona puede adquirir más alimentos a precios no subvencionados.


Kimsita me aseguró que en Corea no existen problemas de hambre, pero dice que la situación alimenticia tiene que mejorar, porque el nivel actual de comida disponible para cada familia es algo austero.


Mientras tomábamos el café, las camareras subieron el volumen de la televisión. Estaba comenzando el concierto en el Teatro Mansudae, en honor al 65º aniversario de la Liberación del país.


La sorpresa fue ver muchas caras conocidas entre los cantantes: un grupo de alrededor de 10 rusos que se alojaban en el Hotel Koryo eran, en realidad, músicos invitados al concierto. Según me informaron más adelante, ya han estado en otras ocasiones en Corea.


La música rusa, sin ninguna duda, apasiona a los coreanos, que aplauden, cantan, tararean y bailan con la mayoría de canciones, incluso con las folklóricas. El repertorio se compuso, fundamentalmente, de canciones de la época soviética, bien conocidas en Corea.


Junto a los artistas rusos había una amplia orquesta coreana y varios cantantes. El resultado fue simplemente espectacular.


En Corea no sólo gusta la música rusa, sino también la música clásica europea. He podido escuchar piezas de Mozart, Brahms, Strauss, Beethoven, Tchaikovsky y otros compositores, tocadas por conjuntos locales o emitidas por la radio.


La televisión se prodiga también en producciones extranjeras. Son frecuentes las series chinas en la televisión estatal, así como los documentales y películas rusas.


Una pregunta que bastante frecuentemente me hago es la de cuántos canales tiene en realidad la televisión norcoreana. Como mínimo, siempre está emitiendo uno. Pero según el día, emiten hasta dos más. En realidad, casi que mejor. Cuando no tienes nada que decir, mejor cállate y no rellenes con chorradas como “Sálvame” y otras delicatessen de la parrilla audiovisual española.


Hoy me encontré en Pyongyang a dos viejos conocidos.


El primero de ellos fue George, norteamericano, de algo más de 50 años y experto en medicina deportiva. Es su cuarta estancia en Pyongyang y lleva programas de cooperación con Corea en su especialidad.


Es una buena persona y bastante estoico. Esto último lo digo por las condiciones que tienen los estadounidenses que visitan Corea, con mayores controles y trámites. De hecho, su visado es de turista, a pesar de que se dedique a la cooperación. Eso implica que tiene mayores dificultades a la hora de llevar las gestiones y reuniones. Pero él persiste y sigue empeñado en ayudar a sus camaradas coreanos.


El segundo reencuentro fue con Alejandro Cao de Benós, con el que tengo estima y confianza. Es una de las personas más enérgicas y activas que conozco y su compromiso con Corea es total. Es agradable en el trato e inteligente.


Nos conocimos en mi primer viaje a la Península Coreana, en 2005. Desde entonces, nos hemos visto en numerosas ocasiones, ya sea en Pyongyang o en algún encuentro de solidaridad.


Esta vez, tuvimos la desgracia de que cuando llegó, me pilló destrozando dos culturas musicales al mismo tiempo, es decir, en el karaoke. Casi que le agradezco que me rescatara de esa pesadilla.


Alejandro y yo hablamos de nuestros viajes, mis por fin finalizados estudios, que he dejado el tabaco, proyectos en la solidaridad con Corea,... etc ¡Un poco de todo! Especialmente, tratamos el encuentro de solidaridad con Corea que habrá en Barcelona el próximo 23 de octubre y al que estarán invitadas todas las personas solidarias en el Estado Español.


Fue agradable poder conversar con él, sobre todo en un día en que he hecho bastante poco. ¡Mañana sigue la crónica!
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Re: Crónica de un viaje a Corea

Mensaje por SS-18 el Vie Sep 03, 2010 1:44 pm

Que grande. Muchas gracias.

Muy interesantes reflexiones.

Pongo chincheta


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Re: Crónica de un viaje a Corea

Mensaje por Ascanio el Vie Sep 03, 2010 2:37 pm

Grandísimo, sin duda se merece la chincheta.

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Re: Crónica de un viaje a Corea

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