por Chapayev el Miér Ago 04, 2010 4:56 pm
[...] En 1949 Orwell había entregado una lista de sospechosos de ser compañeros de viaje ("Fellow Travellers" en su jerga) al Departamento de Investigación de la Información, una lista en la que denunciaba a 35 personas, testaferros del comunismo o simpatizantes, entre ellos Kingsley Martin, director del New Statesman and Nation, ("Liberal degenerado. Muy deshonesto"), Paul Robeson ("Muy antiblanco. Partidario de Wallace), J.B Priestley ("Simpatizante convencido, posiblemente tenga algún tipo de vinculo organizativo. Muy antiamericano") y Michael Redgrave (una ironía, del destino dada su aparición en la película 1984). Como sospechaba de casi todo el mundo , Orwell llevó junto a el durante muchos años un pequeño cuadernillo azul. Hacia 1949 ya incluía 125 nombres y se habia convertido en una especie de "juego" al que Orwell le gustaba jugar con Koestler y Rees y que consistía en calcular hasta que grado de traición serian capaces de llegar nuestras bestias negras favoritas.
Los criterios para la inclusión en el cuaderno parece que eran bastante amplios, como en el caso de Stephen Spender, cuya tendencia a la homosexualidad mereció ser anotada, (también dijo que era "muy poco fiable" y "facilmente influenciable"). Al realista estadounidense John Steinbeck se le incluía en la lista por ser "un escritor espurio, seudoingenuo", en tanto que Upton Sinclair se ganó el epíteto de "muy tonto". A George Padmore (seudónimo de Malcolm Nurse) se le calificaba de "negro" "¿de origen africano?" , "antiblanco" y probablemente amante de Nancy Cunard. Tom Driberg fue objeto de duros ataques al representar todo aquello que a Orwell le encantaba temer: "homosexual", "se cree que es miembro clandestino" y "judío ingles".
Sin embargo lo que Orwell llamaba su listita pasó de ser una especie de juego a tomar una nueva nueva y siniestra dimensión cuando voluntariamente la entregó al IRD, un arma secreta, como sabía Orwell, del Foreign Office. [...] se convirtió en un archivo que representaba un riesgo potencial de arruinar la reputación y las carreras de las personas.[...]
No hay pruebas de que nadie de la lista de Orwell estuviese implicado en actividades ilegales, "homosexual" era la única acusación que conllevaba riesgo de condena criminal, aunque ello no disuadió a Orwell en el empleo de la palabra. Las leyes británicas no prohibían la pertenencia al Partido Comunista, ni ser judío, ni sentimental, ni estúpido.
Fragmento de La cia y la Guerra fria Cultural, Frances Stonor Saunders