El golpe de Estado de 1981, también conocido como 23F - Víctor Arrogante - 3 entregas publicadas en Multiforo.eu en febrero de 2020

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Mensaje por RioLena el Dom Feb 23, 2020 7:56 pm

El golpe de Estado de 1981, también conocido como 23F, fue perpetrado por miembros del ejército, guardias civiles, e indeterminados particulares, al grito de "en nombre del rey". Los episodios centrales fueron el asalto al Palacio de las Cortes por un numeroso grupo de guardias civiles a cuyo mando se encontraba el teniente coronel Antonio Tejero, ocurrido durante la votación para la investidura del candidato a la Presidencia del Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo, de la UCD, que supuso el secuestro durante 18 horas del Gobierno y de los diputados en su interior; así como la ocupación militar de la ciudad de Valencia, en virtud del estado de excepción proclamado por el teniente general Jaime Milans del Bosch, capitán general de la III región militar.

Víctor Arrogante

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►en el Foro en 3 mensajes


•Golpe de Estado, un elefante blanco y el rey (1)

En España, el mes de Febrero es un mes golpista. El 23 de febrero de 1981, hace treinta y nueve años, las fuerzas antidemocráticas, altos mandos de las fuerzas armadas, fieles al "testamento" de Franco, con la ayuda de otros afines al régimen, y quienes querían reconducir la situación política del momento, fortaleciendo al rey y la monarquía, se confabularon y dieron un golpe de Estado. Fracasó, pero tuvo consecuencias políticas; la democracia quedó tocada.

Durante este mes voy a recuperar una serie de artículos publicados en 2013 en varios medios, corregidos y aumentados hoy, y que se incluyeron en mi libro Reflexiones republicanas. Las imágenes y el desarrollo del golpe lo tengo grabado en mi memoria.

El 23 de febrero de 1981, los españoles y la democracia, recuperada tras cuarenta años de dictadura, se enfrentaron a un golpe de Estado. Franco había muerto, su espíritu seguía vivo y el aparato de la dictadura intacto. Los fieles al régimen no podían permitir que se otorgase la soberanía al pueblo, se legalizaran los partidos políticos, se desmontara el estado totalitario, y se reconociese el derecho al autogobierno de nacionalidades y regiones. Además había otros intereses y todo había que reconducirlo.

Después de las elecciones de 1979, que le dio la mayoría al partido inventado por Adolfo Suárez, las políticas llevadas a cabo por sus gobiernos, agravadas por la situación internacional, provocaron una gravísima crisis social, económica y política: la inflación se disparó, se elevaron los precios y el desempleo aumentó vertiginosamente. Junto a esto, el terrorismo más cruento. Con cada atentado, la democracia se debilitaba, el Sistema perdía credibilidad y cundió el desencanto. Para muchos, la democracia tan anhelada había dejado de ser la panacea de toda solución; libertad, pero sin tener asegurado el bienestar. Suárez ya no era útil para otros.

Todo estaba planeado para que fuera en el mes de marzo, "los almendros florecen en primavera" era la clave, pero la dimisión de Suárez y la investidura de Calvo Sotelo, lo aceleró todo. En este trance llegó el teniente coronel Tejero Molina, con su tricornio y pistola en mano, tomó el Congreso: "¡Quieto todo el mundo!" y dio la orden de todos al suelo. Para reafirmar su poder, efectuó un disparo al aire, seguido por ráfagas de fuego de los guardias civiles asaltantes. Presentimos lo peor. El gobierno y el parlamento quedaban secuestrados, produciéndose el vacío de poder que pretendían los golpistas. Se acababa de producir el "Supuesto Anticonstitucional Máximo", que permitiría otra acción, para volver a la normalidad democrática, pero con cambios; otro golpe.

Los golpistas pretendían establecer un gobierno "militar por supuesto", recuperar los principios del "movimiento nacional" y el espíritu del 18 de julio. Si nos atenemos a las palabras que Juan Carlos de Borbón al embajador alemán Lothar Lahn, según la nota diplomática remitida a Bonn en marzo de1981 (revista Der Spiegel), los sublevados sólo "habían querido lo mejor para España". Para el Borbón "los cabecillas sólo pretendían lo que todos deseábamos: el restablecimiento de la disciplina, el orden, la seguridad y la tranquilidad"; junto con la defensa de la unidad de España, la bandera y la corona, digo yo. Entendía que el responsable último del pronunciamiento era Adolfo Suárez, por no "tener en cuenta las peticiones de los militares, hasta que estos decidieron actuar por su cuenta". Juan Carlos estuvo al corriente de la trama, antes, durante y después del golpe.

El esperado "elefante blanco", la autoridad "militar por supuesto", que anunció el capitán Muñecas, no llegó a entrar en el hemiciclo, aunque llegó al Congreso. El plan que el general de división Alfonso Armada Comyn presentó a Tejero, en nombre del rey, no era de recibo para el guardia golpista. Había jugado demasiado fuerte, como para consentir, que en el futuro gobierno de España estuvieran socialistas y comunistas y sin Milans. Quería una junta militar. Tejero se sintió traicionado e impidió que el general asumiera la presidencia del gobierno. El suyo era un golpe duro, de involución. Armada jugó tarde y mal las cartas. No supo imponer la autoridad de sus estrellas. Tejero desmanteló la solución Armada: el golpe blando.

El rey, con cara descompuesta, apareció en televisión, después de haber dado la orden de interrumpir la operación, con el apoyo de los capitanes generales a sus órdenes, anunciando la continuidad democrática. Todo fue una operación para fortalecer a la monarquía, restaurar el prestigio de España y consolidar la democracia y es ahí donde jugaba Armada y el CESID. Fue una aventura peligrosa y un juego sucio para la joven democracia, pero eficaz para lo que se pretendía: la figura del rey se consolidó, los partidos reconvinieron sus políticas, el pueblo apoyó la democracia, sometidos al miedo a la involución. El desarrollo del estado autonómico, que supuestamente hacía peligrar la unidad de España, se paralizó durante unos años y la situación se recondujo. La conducta del rey antes del golpe "no fue en absoluto ejemplar, cometió errores, frivolidades e irresponsabilidades" (Javier Cercas en Anatomía de un instante).

Estados Unidos había seguido con mucha atención el proceso de la Transición a la democracia. La entrada de España en la OTAN, formaba parte de la estrategia de defensa del sur de Europa y el Mediterráneo. Unos días antes, fui testigo de la presencia americana en suelo español. Paseando por el barrio chino de Valencia, marineros estadounidenses llenaban los garitos, bajo la mirada de su "MP". Barcos de la VI Flota estaban atracados en el puerto. Tanto EEUU como el Vaticano eran prioridades en la política exterior española, por lo que la Iglesia también tenía que conocer la ejecución del golpe. Tibias y tardías fueron las reacciones de ambas instituciones. El día 23 de febrero, las bases militares americanas y los servicios de inteligencia, estaban en alerta por los acontecimientos que iban a ocurrir ese día.

Fue un golpe de Estado en toda regla: perpetrado por mandos militares, guardias civiles y una trama ideológica de la derecha reaccionaria sin identificar. Fue un golpe de estado promovido desde las instancias del poder para reconducir la situación política "a la deriva". Varias conspiraciones y varios golpes coincidieron en el tiempo. El CESID recondujo las acciones, algunas inducidas, para llevar a Armada a la presidencia del Gobierno. Algunos partidos políticos en la oposición de entonces también tuvieron su papel. Armada había sido el hombre leal y disciplinado, muy valorado por todas las fuerzas políticas, que estuvo en todo momento a las órdenes del rey. El rey, dice la periodista Pilar Urbano, no nos salvó del golpe; "el rey nos salvó in extremis de un golpe que él mismo había puesto en marcha", que el había alentado.

Se hizo todo en nombre del rey, aunque insistió "¡A mi dádmelo hecho!" (El Rey y su secreto, de Jesús Palacios). Estaba previsto que a la llegada de Armada, varios diputados lo avalaran, entre ellos Fraga, Sánchez Terán, Herrero de Miñón, Enrique Múgica, Peces Barba y José Luis Álvarez. En la historia de España, la monarquía siempre se ha restaurado o instaurado mediante golpes de Estado; la actual, por el de Franco. El 23-F, sin triunfar, consiguió lo que se pretendía. Cayo Lara, líder de IU, pidió en 2014 que se desclasificarann todos los documentos del 23-F y a la Casa Real "que desmienta, si se puede, con explicaciones claras y concretas, el papel del rey en el golpe"; sin resultado.

El 23-F fue un episodio vergonzante en la historia de España, que se cerró con rapidez, sin investigar y con desaparición de pruebas. Quienes participaron, ocultaron y desvirtuaron la realidad; quienes algo conocían lo taparon por su seguridad y lealtades mal entendidas. Demasiadas instituciones y representantes públicos estuvieron implicados de espaldas al pueblo.

La semana próxima hablaremos del juicio de Campamento.

El golpe de Estado de 1981, también conocido como 23F - Víctor Arrogante - 3 entregas publicadas en Multiforo.eu en febrero de 2020 GolpeEstado23F



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Mensaje por RioLena el Dom Feb 23, 2020 7:57 pm

•Juicio de Campamento; un carnaval de contradicciones (2)

La pasada semana escribía sobre la ejecución del golpe de Estado de aquel 23-F de 1981. En este mes de Febrero he retomado el hilo de la historia y recuperado una serie de artículos, revisados y ampliados, que aparecen en mí libro Reflexiones republicanas (2013). Hoy vamos a conocer algunos extremos del juicio contra quienes lo consumaron. Se celebró en la Casa de Campo de Madrid.

Cerca de cuarenta años han pasado desde que fuerzas antidemocráticas, mandos militares, guardias civiles y una trama ideológica de la derecha reaccionaria sin identificar en su totalidad, perpetraron el último golpe de estado en España. También fue un golpe de Estado promovido desde las instancias del poder para reconducir la situación política a la deriva. La mayoría de cuantos participaron no han pagado su culpa. Sigue habiendo algún tapado que quizás sea irresponsable penalmente.

¿Se hizo todo en nombre del rey? ¿Es cierta la frase conocida, y que el rey repetía: "a mi dármelo hecho"? ¿Participaron destacados miembros de los partidos en la oposición y en el gobierno? ¿Cuál fue el papel que jugaron los servicios de información e inteligencia? El 23-F ha generado infinidad de libros y publicaciones, que han clarificado muchos extremos; pero siguen habiendo un cúmulo de interrogantes que sólo el tiempo desvelará. Fue un episodio que se quiso cerrar con demasiadas prisas y se hizo en falso. Quienes participaron, trataron de ocultar y desvirtuar la realidad; quienes algo conocían, por su interés lo taparon, y otros silencios por corporativismo y lealtades mal entendidas; demasiadas instituciones y gente importante implicada.

Iñaqui Anasagasti recuerda una conversación con Sabino Fernández Campo −entonces secretario general de la Casa del Rey−, sobre lo que escuchó decir al rey, en su conversación con el general Armada: "¡Qué coño es eso de intimidación! ¡Eso no estaba previsto!". Según Anasagasti, Fernández Campo le contó que: "Al quedarme sólo me di cuenta que mi cabeza era un volcán y cien preguntas me surgieron. ¿Qué significaba lo de no estaba previsto? ¿Por qué el Rey aparentaba estar tranquilo conmigo y no con Armada?". ¿Era la acción individual del loco Tejero? ¿Era un golpe de Estado? "Cogí el teléfono y llamé a mi hombre de confianza destacado en el Congreso y me confirmó que Tejero había dicho que aquello lo hacía en nombre del Rey".

La instrucción de la causa fue irregular y el Juicio ante el Consejo Supremo de Justicia Militar una componenda. No estaban sentados en el banquillo todos los implicados, aunque algunos de ellos fueron juzgados. La Casa de Campo, fue un desfile de carnaval. Todos eran compañeros: de uniforme, de cuerpo o de arma. Los que juzgaban, podrían haber sido inculpados, lo defensores acusadores y los procesados juzgadores. Se pretendió una férrea censura durante el juicio para acallar a la prensa que no consiguieron. Pedro J. Ramírez, entonces director de Diario16, fue expulsado de la sala por sus artículos y comentarios, que fue amparado por el Tribunal Constitucional.

La causa 2/81 nunca desentrañó la trama CESID, por lo que quedó sin conocerse la procedencia de las órdenes, si existieron, de acciones encubiertas o de inducción, y el papel que jugaron los agentes implicados. Todos declararon su inocencia, salvo Pardo Zancada que creía que la operación contaba con el apoyo real. No solamente invocaron al rey para su defensa, sino que alegaron obediencia debida y estado de necesidad, como eximentes. Todo fue un cúmulo de contradicciones.

Entre los acusados se formaron dos grupos irreconciliables: Armada, con los del CESID (Gómez Iglesias y Cortina), frente a los demás. No se conoció si Armada formaba parte del golpe principal o si por el contrario los fue del alternativo, o si participó para reconducir la situación; declaró que "antes, durante y después, actuó a las órdenes del rey". Milans se escudó tras las reuniones que dijo haber tenido con Armada, donde se le aseguró que el rey estaba de acuerdo.

Tampoco el juicio conoció la autoría intelectual; si fue Milans, junto con los otros generales y militares de alta graduación procesados, o quien fue el tapado "elefante blanco". En el juicio si quedó probado que había habido una rebelión militar. También quedó probado, por grabado, el asalto de la guardia civil al Congreso. De no haber habido esas imágenes, posiblemente nos habrían ocultado hasta la propia acción.

Fueron juzgados catorce militares, dieciocho guardias civiles y un ex dirigente del sindicato vertical franquista; pese a que muchos más participaron, por acción u omisión, conocimiento o inducción. La sentencia condenó al general Milans y el teniente coronel Tejero, fueron condenados a 30 años de prisión, por un delito probado de rebelión militar. Posteriormente el Supremo condenó a la misma pena, por el mismo delito, al general Armada. El resto de procesados fueron condenados a diferentes penas, entre los doce años a uno de prisión, o a la pérdida de empleo temporal, y tres absoluciones.

La reunión de Juan Carlos de Borbón con las fuerzas políticas el día 24 de febrero, fue un pacto de conveniencia, para evitar la generalización de la culpa hacia las fuerzas armadas y de seguridad del Estado. Después ya nadie supo nada; Tejero llegó a decir: "espero que alguien me cuente algún día lo que fue el 23F". El presidente Calvo Sotelo, intentó que se implicara al menor número posible de militares. En los papeles del embajador alemán, ya citados la pasada semana, se dice que el monarca intercedió ante el gobierno y ante la justicia militar para que a los involucrados, no les sucediera nada demasiado grave, porque a fin de cuentas, los golpistas sólo querían lo mejor.

La Zarzuela afirmó que: "La participación y actuación del rey en defensa de la democracia y la Constitución aquel 23-F, está fuera de toda duda para los españoles y la comunidad internacional"; no todo está aclarado. La corona estima que el 23-F es más territorio de los historiadores. Pocos años han pasado para pretender que la historia se haga cargo de la situación. Muchos somos los que vivimos la congoja de un golpe de Estado y si de verdad fue, como parece, una operación en la que el rey estaba implicado para consolidar su situación ante la democracia, su culpa no ha prescrito.

Sabino Fernández Campos habló por teléfono con el general Armada: "Alfonso, si es verdad que ese loco ha entrado en el Congreso en nombre del Rey hay que desmentirlo urgentemente". Se dirigió al rey y en presencia de la reina le dijo: "Señor, lo que está sucediendo es muy grave. −Sí, Sabino, la cosa es grave. Creo que debemos autorizar a Armada a que venga a la Zarzuela y nos explique lo que está pasando, porque creo que están pasando cosas que no estaban previstas−" ¿Cosas que no estaban previstas? ¿A qué se refería? "Por primera vez noté cierto nerviosismo en el rey, como si quisiera ocultarme algo". Para Suárez estaba claro que el alma del 23-F era el rey.

Franco en su testamento político, dejaba todo "atado y bien atado" en manos del rey, la banca, la alta burguesía, los altos mandos de la administración, el ejército y la Iglesia. Seis años después de su desaparición, su espíritu seguía vivo y el aparato intacto. No podían consentir que se otorgase la soberanía al pueblo, se legalizaran los partidos, especialmente el PCE, se desmontara el estado totalitario y se reconociese el derecho al autogobierno de nacionalidades y regiones. Otros intereses de poder pretendían reconducir la situación, ante la política de Suárez "que llevaba al abismo".

Si los golpistas estaban en ese juego −visionario, violento, peligroso y sucio para la joven democracia y españoles y españolas−, sin triunfar, algo consiguieron: la figura del rey se consolidó ante la ciudadanía y las fuerzas políticas (renta de la que todavía sobreviven); la democracia se consolidó (a costa de quedar sometida al miedo a la involución); el desarrollo del estado autonómico (que supuestamente hacía peligrar la unidad de España), se paralizó temporalmente, y la situación política e institucional (creada por los gobiernos de Suárez ya dimitido) se recondujo.

El 17 de marzo de 1981, el Congreso de los Diputados celebró un pleno monográfico sobre el 23-F a puerta cerrada −algo sin precedentes−, sin cámaras de televisión, fotógrafos ni invitados. El ministro de Defensa, Alberto Oliart, presentó la primera explicación oficial. El informe Oliart precisaba que el golpe sufrió un adelanto forzado, ante la inesperada dimisión de Adolfo Suárez y cogió a los golpistas con el pie cambiado. Como los autores del golpe primaron la seguridad, la conjura "no fue detectada a tiempo por los servicios de información".

El Congreso guarda bajo relativo secreto tres informes sobre el golpe de Estado del 23-F: uno redactado por el jefe de seguridad de la Cámara, otro de los secretarios de la Mesa y un tercero que refleja la transcripción de la comparecencia en la que el ministro de Defensa ofreció las primeras conclusiones en esa sesión a puerta cerrada. Los papeles fueron parcialmente desclasificados en 2011, durante la presidencia de José Bono. Los archiveros de la cámara son claros sobre el material, que se permite consultar a algunos periodistas: se pueden tomar notas, pero no hacer fotografías o fotocopias.

Según el informe Oliart, el papel de Juan Carlos I constituye "un ejemplar ejercicio de la suprema magistratura de un Estado y del respecto por la soberanía popular". Frente a la teoría de Oliart, otros analistas del 23-F han destacado siempre que el monarca fue ambiguo durante las primeras horas del golpe y solo actuó con rotundidad cuando la asonada estaba en fase de fracaso. En Anatomía de un Instante, Javier Cercas profundiza en las zonas grises en torno al papel antes y durante el golpe de Estado. En una entrevista al diario El País, Cercas aseguraba: "El rey hizo cosas en el 23-F que no debería haber hecho".

El golpe del 23-F, sigue siendo secreto de Estado; quedan preguntas sin respuestas, que plantearemos la próxima semana.


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Mensaje por RioLena el Dom Feb 23, 2020 8:00 pm

•Febrero: preguntas sobre el 23-F que requieren respuestas oficiales; o no (y 3)

El golpe de estado del 23-F de 1981, es un acto de la historia reciente española, que aun abierto en canal, no ha enseñado la verdad del veneno de sus vísceras. Fue un acontecimiento de violencia política extrema para cuantos lo vivimos en la inocencia de la democracia. Se desconocen las interioridades de la acción, pero si las consecuencias políticas e institucionales que han pervivido 39 años. Algunos viven de sus réditos.

Los golpistas querían establecer un gobierno "militar por supuesto", recuperar los principios del movimiento nacional y el espíritu del 18 de julio. Si nos atenemos a las palabras que el rey dedicó al embajador alemán Lothar Lahn en marzo de1981, los sublevados sólo "habían querido lo mejor para España". Para el rey "los cabecillas sólo pretendían lo que todos deseábamos: el restablecimiento de la disciplina, el orden, la seguridad y la tranquilidad"; la defensa de la unidad de España, la bandera y la corona.

Mientras los diputados y el gobierno legítimo permanecían secuestrados por las armas, el general Armada, presentaba a Tejero el gobierno de salvación nacional, que lo formaban: Presidente, general Alfonso Armada; Vicepresidente Asuntos Políticos, Felipe González Márquez; Vicepresidente Asuntos Económicos, J. M. López de Letona. Ministros UCD: Hacienda, Pío Cabanillas; Obras Públicas, José Luis Álvarez; Educación y Ciencia, Miguel Herrero de Miñón; Industria, Agustín Rodríguez Sahagún. Ministros PSOE: Justicia, Gregorio Peces-Barba; Transportes y Comunicaciones, Javier Solana; y Sanidad, Enrique Múgica. Ministros PCE: Trabajo, Jordi Solé Tura; y Economía, Ramón Tamames. Otros partidos e instancias: Asuntos Exteriores, José María de Areilza (Coalición Democrática); Defensa, Manuel Fraga (Alianza Popular); Comercio, Carlos Ferrer Salat (presidente CEOE); Cultura, Antonio Garrigues Walker; Información, Luis María Anson. Militares: Interior, general Manuel Saavedra; y Autonomías y Regiones, general José A. Sáenz de Santamaría. ¿Estos señores, eran conocedores de lo que se proponía?

El desaparecido Diario16, dirigido entonces por Pedro J. Ramírez, que entre otras cualidades, se caracterizó por la investigación de las tramas golpistas; sobre este caso, dejó 23 preguntas escritas, que junto con las que nos hemos hecho en estos días, siguen teniendo plena vigencia y en si mismas encierran respuestas sobre lo que ocurrió:

1. ¿Qué quiso decir Suárez en su despedida televisiva, con: No quiero que la democracia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España?

2. ¿Por qué nadie investigó al diario ultraderechista El Alcázar, cuando el día antes publicaba una posible contraseña "Todo dispuesto para la sesión del lunes", antes de que suenen las 18.30 horas?

3. ¿Por qué nadie investigó lo aparecido en la evista Spic del mes de febrero, donde un tal Otis escribía en el penúltimo párrafo de su columna: "No es cierto que yo pretenda dar un golpe militar el lunes 23 de febrero por la tarde... ¡Además, no sé!"?

4. ¿Por qué el capitán Sánchez Valiente, "el hombre del maletín", que se marchó al extranjero tras fracasar el 23-F y no volvió hasta varios años después, sólo fue juzgado por abandono de destino y no por colaborador del golpe?

5. ¿Por qué no se investigó la frase del coronel San Martín en el juicio de Campamento: "Por una confidencia supe que más gente estaba enterada e implicada... más de los que aquí comparecemos". ¡Allá ellos y sus conciencias!?

6. ¿Por qué el Rey, en su telex a Milans del Bosch, dijo: "después de este mensaje ya no puedo volverme atrás"?

7. ¿Por qué el Rey tuvo que decir aquello de: "Ni abdico, ni me voy. Tendréis que fusilarme"?

8. ¿Por qué de los numerosos militares a los que se les dijo que el Rey respaldaba el golpe, a ninguno se le ocurrió comprobarlo llamando a la Casa Real?

9. ¿Por qué no se reveló el nombre del "portavoz parlamentario" que iba a servir de interlocutor entre los golpistas y los diputados?

10. ¿Por qué el Gobierno de la UCD giró radicalmente a la derecha tras el fracaso del golpe?

11. ¿Por qué el golpe aceleró nuestra integración en la OTAN?

12. ¿Por qué no se quiso identificar, con lo fácil que era, a los tenientes y guardias que agredieron al vicepresidente del Gobierno Manuel Gutiérrez Mellado?

13. ¿Por qué dijo Armada a Aramburu (director de la Guardia Civil), nada más llegar al Hotel Palace en la medianoche del 23-F: "Vengo porque me has llamado tú"?

14. ¿Por qué se impidió a Armada revelar en el juicio el contenido de su audiencia con el Rey (que duró hora y media) en la Zarzuela, diez días antes del 23-F?

15. ¿Por qué el Consejo de Guerra que juzgó a los implicados en el golpe condenó al general Armada a seis años de prisión y luego el Supremo elevó la pena a 30 años, la misma pena que a Milans y Tejero?

16. ¿Por qué no se investigó debidamente el asalto al Gobierno Militar de Madrid con intervención de elementos ultraderechistas?

17. ¿Por qué no se investigó quién era la autoridad, "militar por supuesto", que anunció el capitán Muñecas desde la tribuna del Congreso, que iba a llegar en breve para hacerse cargo de la situación?

18. ¿Por qué Quintana Lacaci, capitán general de la Primera Región, manifestó que si el rey le hubiese ordenado el 23-F sacar sus tropas a la calle y ocupar Madrid le hubiese obedecido? ¿Es que no sabía Quintana que ello era contrario a la Constitución? ¿Es que ignoraba que ésta confería al rey la jefatura de las Fuerzas Armadas sólo a título representativo y no ejecutivo, pues ello es potestativo del poder civil?

19. ¿Por qué no se investigó y llamó al orden al teniente general Ignacio Alfaro, presidente de la JUJEM, quien, tras ver el mensaje del rey por TVE, se fue a dormir ("a echar una cabezadita", según su ayudante)?

20. ¿Por qué no se detuvo a Torres Rojas en la propia Acorazada Brunete" cuando, a pesar de ordenarle su capitán general, Manuel Fernández Posse, que regresara a A Coruña, continuó varias horas más en la División?

21. Si la RTVE estuvo controlada por una pequeña columna militar en las primeras horas, no fue así con las radios privadas, que siempre estuvieron libres. De ahí surge la pregunta: ¿Por qué el Rey no utilizó una de ellas, la SER por ejemplo, para dirigirse por sus ondas, aunque fuese brevemente, para dar tranquilidad al país?

22. ¿Por qué el Gobierno español no protestó ante el de EEUU por la frase despectiva de su secretario de Estado, Alexander Haig, al conocer la invasión del Congreso "Es un asunto interno de los españoles", cuando lo normal hubiese sido solidarizarse con el mantenimiento de la democracia en España y el rechazo al militarismo golpista?

23. La diputada Carmen Echave, declaró a El Correo Español: "Cuando aquella noche me condujeron los guardias al despacho del vicepresidente del Congreso, me prohibieron encender la luz. Es por su seguridad. No le conviene ver quiénes están ahí", me dijeron. Allí dentro había civiles. "Sugerí al ministro Rosón que mandase analizar una botella de coñac francés que se estaban bebiendo". Tenía que estar llena de huellas dactilares. Pero a nadie le interesó investigar. ¿Por qué?

Fue un golpe de estado en toda regla: perpetrado por mandos militares, guardias civiles y una trama ideológica de la derecha reaccionaria sin identificar y que no fue investigada. Fue un golpe de estado promovido desde las instancias del poder para reconducir la "situación política a la deriva". Al menos dos conspiraciones coincidieron en el tiempo. La violencia de Tejero con sus disparos, asustó al rey y a Armada.. El CESID recondujo acciones e indujo otras para llevar a Armada a la presidencia del gobierno, con la connivencia de algunos políticos y partidos en la oposición que jugaron un papel determinante. El general Armada "ayudó a crear un ambiente golpista previo al 23-F" e hizo todo lo posible para que Suárez dimitiera. Todo parece que Armada era el "elefante blanco" que se iba a hacer con el poder en nombre del rey (Iñaqui Anasagasti).

Años después encontré esta nota debajo de mi puerta: "Yo no sé muchas cosas, es verdad. Digo tan sólo lo que he visto..." (León Felipe en Sé todos los cuentos). Yo digo lo que he oído, lo que he vivido y lo que pienso. Inmediatamente entendí que el rey estuvo enterado del golpe de Estado, "antes, durante y después", como dijo Alfonso Armada; también por la frase tan comentada de "A mi dármelo hecho"; así como por la opinión de Pilar Urbano cuando dice: "el rey nos salvó in extremis de un golpe que él mismo había puesto en marcha" y que él mismo alentó.

Habrá que esperar a una nueva desclasificación de documentos secretos, aunque previsiblemente la mayoría de las pruebas, hayan sido destruidas, por quienes han tenido tiempo, interés, o recibido órdenes de destrucción masiva. Después de treinta y  nueve años transcurridos, todo sigue siendo un secreto de Estado.

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final de la tercera entrega - FIN del texto


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