La Segunda Guerra Mundial y el Socialismo - Asociación de Amistad Hispano-Soviética - año 2020

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Mensaje por RioLena el Lun Feb 17, 2020 9:00 pm

La Segunda Guerra Mundial y el Socialismo

Asociación de Amistad Hispano-Soviética
- año 2020

Publicamos la primera parte (de dos) del trabajo de la AAHS “La Segunda Guerra Mundial y el Socialismo”, dentro del marco del estudio y recuperación de la historia del socialismo para la recuperación de la memoria de la clase obrera.

►en el Foro en 3 mensajes


ÍNDICE:

1.- Significado de la Guerra para el imperialismo.        
Intento de un golpe militar en la URSS.                            
La URSS aislada.                                                                  
2.- Estrategia nazi, estrategia soviética.                                                  
La contrainformación del imperialismo.                          
Katyn, montaje nazi reasumido por el imperialismo.    
¿Cómo se fraguó la Victoria?                                            
a) Guerra Total.            
b) Los frentes en la retaguardia nazi.            
c) La inteligencia soviética.            
d) Los Ejércitos de Choque.            
e) Mejora continua de los armamentos, terrestres, aéreos y navales.                                
3.- La conciencia de la población soviética.                
El Frente Laboral.                                                    
El Frente Moral.                                                      
El fondo de ayuda a la defensa.                            
La donación de sangre.                                          
Ni un paso atrás frente al fascismo.                    
El Socialismo hizo posible la victoria en la Gran Guerra Patria.
Los más entregados hijos de la URSS, el Partido Comunista bolchevique.
La amenaza de la guerra imperialista.              
Bibliografía                                                                                                


La Segunda Guerra Mundial y el Socialismo

1.- Significado de la Guerra para el imperialismo.

La guerra es un acto también político, como decía Lenin: “Me parece que lo principal, que generalmente se olvida o se le presta escasa atención, por lo cual se traban tantas discusiones, quizás vanas, sin finalidad, es el carácter de clase de la guerra, sus causas, las clases que la sostienen, las condiciones históricas e histórico-económicas que la han generado”[1].

La guerra es el estado natural del capitalismo y de su última criatura, el imperialismo. Después de la 1ª Guerra Mundial, los imperialismos estadounidenses y europeos se repartieron áreas de influencia económicas por todo el planeta, para explotar y extraer las máximas ganancias de los territorios, incluidas las antiguas colonias alemanas. Pero entre esas potencias, durante los años 20 y 30 había una competencia por acaparar más mercados, existía una guerra larvada por controlar a los pueblos y sus materias primas.

Tras la Revolución de Octubre, diversas naciones del antiguo imperio ruso se adhirieron al Socialismo. Pero todos los gobiernos capitalistas quisieron intervenir para invadir a esos pueblos, apoyando militarmente a los dictadores y terratenientes en armas. Durante cinco años intentaron en sucesivos ataques económicos y de intervención controlar las sucesivas repúblicas de los Soviets. Al fracasar en todos los intentos, trataron de aislar la unión de esas repúblicas (la URSS), apoyando inclusive al fascismo emergente en diversas naciones (Italia, Alemania, Rumanía, Finlandia, Letonia, Estonia, Lituania, etc.).

Aunque los choques entre los diferentes monopolios provocaron una estruendosa crisis en 1929, necesitaban destruir mercados apoyando las agresiones fascistas italianas, alemanas o japonesas. Pero también chocaban con esos imperialismos y entre ellos llegaban a pactos, contra los pueblos que querían ser independientes, provocando las intervenciones fascistas en China, Etiopía y España.

Pero el mayor enemigo de todos esos gobiernos y de las multinacionales de ambos lados del Atlántico era la Unión Soviética.

Contra ella se firmaban todos los pactos con la Alemania nazi, para que su ideario antisocialista enfilase una intervención contra la URSS. Entre los hechos que confirman esta estrategia están el suministro continuo a Alemania de motores, materias primas y petróleo norteamericano, los acuerdos para reconstruir la marina de guerra nazi con fondos ingleses, la permitida anexión del Sarre, de Renania, de Austria y la ocupación de Checoslovaquia, los acuerdos de Alemania con Rumanía y Bulgaria, etc.

Intento de un golpe militar en la URSS.

Desde la construcción del Ejército Rojo, para defender las Repúblicas de los Soviets, los bolcheviques desarrollaron en las fuerzas soviéticas el lema “El Partido manda al fusil”. Así, bajo el mando de comisarios bolcheviques, los regimientos de las unidades armadas proletarias fueron enfrentándose a las fuerzas contrarrevolucionarias, aprendiendo las estrategias militares sobre la marcha. Numerosos oficiales del antiguo ejército zarista apoyaron la defensa de los soviets y, junto a los comisarios, lograron que el Ejército de campesinos y trabajadores tuviese resonantes victorias en Rusia, Ucrania, Polonia y el Cáucaso.

Aunque muchos nuevos oficiales del Ejército Soviético salieron de la unidad obrero-campesina, bajo el principio “…de que ningún ejército en el mundo está ajeno a los intereses de clases”, también muchos de aquellos especialistas procedentes de las clases burguesas expropiadas, que colaboraron en la capacitación del nuevo Ejército Proletario, mantenían sus ideas del antiguo régimen contra el socialismo.

De hecho, en 1930, un 10 % de los altos oficiales eran antiguos militares salidos del Ejército Zarista, inclusive se habían afiliado a los soviets y al Partido Bolchevique. En un ejército, donde los reclutas procedentes del campesinado aún no se habían desembarazado de los hábitos de querencia sobre la propiedad privada, chocaban entonces con la época de la colectivización de las granjas, del Primer Plan Quinquenal, de la acelerada industrialización por toda la Unión. En el Ejército se iba gestando una oposición coordinada contra los avances sociales favorables al proletariado y contra el control del partido sobre la “mentalidad exclusivista e individualista” propia de la casta militar.

Estos militares se agrupaban alrededor de los mariscales Tujachevski, Putna, Uborevich, Kork y algunos otros. Contra ellos actuaron los resortes de la Dictadura Democrática de los obreros y campesinos, aplastando violentamente la resistencia violenta.

Kliment Voroshilov, Mariscal de la Unión Soviética, Comisario de Defensa en 1938, dijo “Es más fácil asaltar una casa si se tienen cómplices en el interior. Nosotros nos hemos encargado de aquellos cómplices”.

En 1934 José Stalin observa que: “El asesinato de Kirov fue la primera advertencia seria que demostraba que los enemigos del pueblo iban a entrar en el doble juego y que haciéndolo se camuflarían de bolcheviques, de miembros del Partido para ganarse la confianza y abrirse el acceso a nuestras organizaciones”[2]. Los procesos contra zinovievistas, bujarinistas y trotskistas de los años 37 y 38, así como el desmantelamiento del golpe de Estado del Mariscal Tujachevski, fortalecieron al partido y al proletariado soviético.

Dos años después, el Ejército Rojo obtuvo importantes victorias militares sobre los imperialistas japoneses (las batallas del río Jaljin-Gol), y los fascistas finlandeses (la Línea Mannerheim). Estas campañas poco publicitadas por la propaganda burguesa, junto a la modernización del Ejército Rojo, desmienten que la depuración de responsabilidades en el Ejército Soviético hubiera tenido consecuencias importantes.

La URSS aislada

El gobierno soviético propuso al bloque imperialista de EEUU, Gran Bretaña y Francia un acuerdo de ayuda mutua político militar contra el fascismo alemán. Pero el gobierno inglés, a la vez que negociaba con Alemania para librarse de sus compromisos de asistencia a Polonia, respondía al Gobierno soviético que no deseaba una alianza de ayuda mutua.

Tras el Pacto de Munich, el gobierno soviético tuvo la confirmación de que, tanto Gran Bretaña como Francia, apoyados por los EEUU, llegaban a cualquier componenda para no tener que volver a enfrentarse en los campos de batalla, “…llegando a dar facilidades a la Alemania Nazi para que invadiese la Unión Soviética”[3]. Polonia rechazó la ayuda que la URSS le propuso en las negociaciones anglo-franco-soviéticas.

La Unión Soviética no estaba preparada para la guerra, y por eso antes de verse invadida desde el Este y el Oeste, el 23 de Agosto de 1939 firmó en Moscú un pacto de no agresión con Berlín.

Traicionando a Polonia, las potencias occidentales trataron mediante pactos que Alemania siguiera su ofensiva contra la URSS. De hecho el general nazi Jodl declaró “Si no sufrimos el descalabro en 1939, fue únicamente porque durante la campaña de Polonia unas 110 divisiones francesas y británicas se quedaron quietas en Occidente frente a 23 divisiones alemanas”[4].

Durante el resto del año 1939-40 y 1941, en toda Europa y especialmente en los EEUU, se atacó al socialismo como alternativa social, especialmente por este pacto. En todos los países occidentales, la prensa y los gobiernos atacaban abiertamente a quienes luchaban contra el ascenso del fascismo, contra los que apoyaban a la Unión Soviética, contra los comunistas de todo el mundo, apoyándose en los trotskistas y demás antisoviéticos.

Calificaban el Tratado de No agresión como un pacto de “ayuda económica al Régimen Nazi” contra Inglaterra y Francia. V. Mólotov escribió el 22 de Febrero de 1940 al representante soviético en Londres:

“Primero. Consideramos ridículo e insultante para nosotros no sólo que se afirme, sino hasta que se aventure que la Unión Soviética es un aliado militar de Alemania. Ni siquiera los simplones en política entran así en alianza con una potencia beligerante, comprendiendo lo compleja y arriesgada que sería semejante alianza… Segundo. El tratado económico con Alemania no es más que comercial: la exportación soviética a Alemania alcanza apenas 500 millones de marcos, y es económicamente conveniente a la URSS, porque nuestro país recibe de Alemania abundantes máquinas y bienes de equipo…, cuya venta nos ha sido siempre negada tanto por Inglaterra como por Francia. Tercero… Los rumores de la alianza militar URSS-Alemania, propalados con obstinación, no los alimentan solamente ciertos elementos en Alemania, para intimidar a Inglaterra y Francia, sino también agentes de la misma Inglaterra y la propia Francia, que desean valerse del imaginario ‘paso de la URSS al campo de Alemania’ para alcanzar objetivos singulares en su política interior”[5].

A la vez, el 19 de Enero el Gobierno francés y el británico idearon, en secreto, dos planes de agresión a la URSS (nombres en clave MA6 en inglés y RIP en francés). La histérica reacción imperialista llevó a Gran Bretaña a retirar su embajador en Moscú y a París a declarar persona “non grata” al embajador soviético.

Los EEUU realizaron reuniones para encabezar un bloque antisoviético. Hubo intentos de acercamiento del imperialismo con Alemania, como el viaje del subsecretario de Estado de los EEUU, en febrero de 1940, para lograr la reconciliación de los aliados occidentales con Alemania con el propósito de que todos actuasen contra Rusia, pues ello traería “el derrumbe del comunismo”[6]. Por ello, hasta abril del 40, tras la invasión de Polonia y la declaración de guerra del 39 [1 y 3 de septiembre de 1939], no hubo ninguna acción bélica entre los ingleses, franceses y nazis. Fue la llamada “guerra rara”.

Hitler se negó a esta colusión, afirmando que el Reich era invencible y no necesitaba componendas, pasando a atacar a Dinamarca, Noruega, Holanda, Bélgica, Francia, Yugoslavia y Grecia.

2.-Estrategia nazi, estrategia soviética.

El 22 de Junio de 1941, el ejército fascista alemán, la maquinaria de los países ocupados y los estados vasallos pronazis invadieron la URSS. En aquellos momentos, solamente Inglaterra estaba en conflicto con el nazismo.

El Ejército nazi se equipó, aparte del material bélico de su propio estado, de 200 divisiones tomadas a los ejércitos checoslovacos, franceses, ingleses, belgas, holandeses y noruegos. Cinco mil empresas europeas le abastecían, y otros países deudores pronazis como el régimen de Vichy en Francia y sus colonias, así como el de Franco en España y el de Antonescu en Rumanía, le nutrían de materias primas y, posteriormente, de unidades militares.

Así aquel 22 de Junio, el ejército agresor fascista atacó la Unión Soviética con 5,5 millones de soldados, 47.000 cañones, 4.300 tanques, y 5.000 aviones de combate.
El propósito de fascismo alemán era destruir los soviets, aniquilar el socialismo, arrasar la forma de vida de los soviéticos. Para ello, se proponía ocupar sus tierras, exterminando a una parte de su población y convirtiendo en esclavos a la otra parte.

El pueblo soviético sufrió, más que ningún pueblo del mundo hasta nuestros días, lo que es la barbarie fascista. Pero ya el 3 de Julio de 1941, José Stalin, Presidente del Consejo Estatal de Defensa declaraba por radio: “La finalidad de esta guerra patria, de todo el pueblo contra los opresores fascistas, no se reduce únicamente a la conjuración del peligro que se ha cernido sobre nuestro país, sino que implica la ayuda a todos los pueblos de Europa que gimen bajo el yugo del fascismo alemán”[7].

Durante la ocupación, los criminales nazis exterminaron o martirizaron a más de siete millones de civiles y a más de cuatro millones de militares soviéticos prisioneros. Casi cinco millones de soviéticos fueron llevados a Alemania como esclavos de trabajo, para las fábricas nazis, viviendo en condiciones infrahumanas. Pocos pudieron volver a la URSS.

Para llevar a cabo la aniquilación masiva de la población, la Gestapo creó los “einsatzgruppen”, unidades de terror compuestas por fanáticos SS.
Estas fuerzas llevaron a campos de exterminio a los habitantes de las aldeas, como el Campo 9, cerca de Kaunas en Lituania o los campos de fusilamientos masivos de Salapils y Bikernieki cerca de Riga en Letonia.

Ochocientas cincuenta y seis grandes poblaciones bielorrusas fueron quemadas con sus habitantes y, en los pantanos de los bosques de Mozir, ahogaron a miles de mujeres y niños bielorrusos.

Tan solo en Bielorrusia, los ocupantes crearon 260 campos de concentración y centenares de prisiones y ghettos. En Pólotsk, perecieron 150.000 soviéticos; en Gómel, más de 100.000; y en Vítebsk, más de 90.000. Los nazis asesinaron a la cuarta parte de los habitantes de Bielorrusia.

Liquidaron el ghetto judío de Smolensk. Y en Babi Yar (cerca de Kiev) asesinaron a 100.000 soviéticos en un solo día.

En resumen, los Nazis asesinaron en Ucrania a más de 5 millones de soviéticos, en Bielorrusia, a 2.200.000 y, en Rusia, a cerca de 1.700.000.
Los daños materiales causados por la invasión fascista fueron de una magnitud no conocida hasta entonces.
Fueron destruidas:

* 1.710 ciudades y poblados obreros.
* 70.000 aldeas.
* 32.000 empresas industriales.
* 40.000 hospitales y establecimientos médicos.
* 84.000 escuelas, centros de enseñanza media y superior e institutos de investigación.
* 4.100 estaciones ferroviarias.
* 65.000 kilómetros de vías férreas.
* 14.000 puentes ferroviarios y otras instalaciones.

Capítulo aparte merecen los robos y saqueos agropecuarios estatales, cooperativos y particulares que ascendieron al 30 % de la riqueza nacional. Y allí donde llegaron sus atroces destrucciones, quisieron aniquilar las riquezas culturales, la memoria de los pueblos eslavos, de sus museos, palacios, centros históricos y memoriales. Pero tras la derrota del nazismo, todos estos lugares fueron reconstruidos piedra a piedra.

La contrainformación del imperialismo.

Después de la terminación de la Segunda Guerra Mundial, el complejo industrial militar creado por los EEUU y el Reino Unido veía que la paz en Europa era muy negativa para sus intereses. Ante el desmantelamiento de una gran parte de sus fábricas y la merma de sus ganancias, necesitaban de un enemigo para seguir exportando nuevas guerras, amedrantando a los pueblos que aspiraban a liberarse de las cadenas del imperialismo.

Los gobiernos de Truman iniciaron una intensa propaganda contra la URSS, apoyándose en las declaraciones de los gobiernos conservadores británicos de denunciar los acuerdos de Postdam, abriendo la etapa de la “guerra fría”, guerra encubierta, contra los pueblos y los trabajadores que veían en el Socialismo, tras el ejemplo soviético, la solución a los problemas sociales en sus países. Y más aún, por la disposición del gobierno yanqui de imponer la “pax americana” mediante la bomba atómica y el rearme de sus fuerzas militares.

A la vez que el chantaje nuclear, tuvo lugar una soterrada guerra publicitaria contra el Ejército Rojo, que continúa hasta la actualidad. Casi todos los medios de comunicación, agencias de noticias, editoriales, etc., se dedicaron con saña a tergiversas no solamente los hechos de la Gran Guerra Patria.

Además, en estos últimos años, se está silenciando que el principal artífice de la victoria sobre el nazismo fue el Ejército Rojo. El imperialismo está repitiendo que la batalla principal de la Segunda Guerra Mundial fue el desembarco en Normandía. Pero calladamente no dice que el Ejército Soviético, en los días del desembarco, tras la liberación de casi toda Bielorrusia y Ucrania, realizó una impresionante ofensiva en los 4.500 kms de frente, llegando hasta las fronteras estatales antiguas de la URSS del año 1941 y obligando al ejército nazi a retirar todas las reservas que tenía en el Frente Occidental.

Pero, servilmente, los medios de comunicación, historiadores y medios de propaganda imperialistas están utilizando los argumentos de la propaganda nazi y revisionista, tanto rusa como europea, para atacar los logros del socialismo.

Katyn, montaje nazi reasumido por el imperialismo.

La masacre de Katyn es un señalado ejemplo de este ataque al Ejército Rojo y al Socialismo.

Es difícil acceder a opiniones discrepantes sobre este tema, por las trabas que se imponen a una información contrastada y honesta, tras las versiones oficiales de los historiadores “pronacionalistas” actuales, sobre todo desde Polonia o Ucrania donde se ha asentado la falta absoluta de credibilidad científica.

Cuando leemos hoy en día las fuentes burguesas, vemos que todas aseguran que la Unión Soviética era responsable de la masacre de Katyn (matanza de miles de oficiales polacos), y lo hacen con tanta seguridad y frecuencia que al tratar de argumentar lo contrario uno se siente como un nazi revisionista intentando negar la masacre de judíos por Hitler.

Después de la desintegración de la Unión Soviética, Gorbachov se sumó a esta campaña de desinformación y produjo material que supuestamente provenía de los archivos soviéticos que ‘demostraba’ que los soviéticos cometieron esa atrocidad, y que por supuesto lo hicieron por órdenes de Stalin.

Conocemos el interés que todos los Gorbachovs tenían en satanizar a Stalin. Su objetivo no era tanto Stalin como el socialismo. Al denigrar el socialismo, su propósito era el de restablecer el capitalismo y de disfrutar de unas vidas de lujo parasítico para ellos y sus lacayos en detrimento del sufrimiento colectivo de los pueblos soviéticos. Su cinismo equivale al de los nazis alemanes y no podemos sorprendernos al verles cantar con la misma tonada[8].

Pero los diferentes exámenes soviéticos sobre el terreno en los años 40, y las últimas pruebas fidedignas sobre la autoría nazi de esta masacre, en los descubrimientos de los enterramientos de Vladimir Volinsky, han dejado con claridad meridiana la autoría del Régimen Nazi, y la vileza de este montaje y esta propaganda antisoviética y antisocialista del imperialismo sobre Katyn[9].

•Notas:

[1] Obras Completas, tomo XXVI, pág. 395. V. I. Ulianov “Lenin”. Editorial Política, La Habana, 1963.
[2] https://asturiesdixebra.files.wordpress.com/2014/08/otra-mirada-sobre-stalin.pdf
[3] Declaraciones de K. E. Voroshilov en Izvestia, 27 de Agosto de 1939, en cuanto a que las negociaciones con los aliados contra la guerra estaban en un callejón sin salida.
[4] Declaración de los Mayores Criminales de Guerra antes del Tribunal Internacional Militar de Nuremberg (en inglés, Trial of the Major War Criminals before the International Military Tribunal). Nuremberg, Vol. XV. 1948. Pág. 350.
[5] Las causas de la segunda guerra mundial. Pag. 158. Editorial Progreso. En ruso. Moscú, 1982.
[6] Sumner Welles. The time for Decisión. Pag. 321. Harper and Brothers Publishers, New York and London, 1944.
[7] La Gran Guerra Patria de la Unión Soviética. J. V. Stalin. Pag. 84. En ruso. Moscú, 1952.
[8] unionproletaria.net/IMG/doc/La_masacre_de_Katyn_version_final_.doc
[9] https://docs.google.com/file/d/0ByP565N0sPRSX29SMW5IMnZrdFk/edit




Última edición por RioLena el Lun Feb 17, 2020 9:33 pm, editado 2 veces
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Mensaje por RioLena el Lun Feb 17, 2020 9:22 pm

La Segunda Guerra Mundial y el Socialismo (Segunda parte)

¿Cómo se fraguó la Victoria?

La inmensa mayoría del pueblo soviético respondió incorporándose en masa al Ejército Rojo, ingresando millones de mujeres y hombres en el Partido Comunista, apoyando las decisiones del Gobierno Soviético, defendiendo con su sangre el Socialismo.

Artífices principales del Frente Militar fueron:

a) Guerra Total.
b) Los frentes en la retaguardia nazi.
c) La Inteligencia Soviética.
d) Los Ejércitos de Choque.
e) Mejora continua de los armamentos, terrestres, aéreos y navales.

a) Guerra Total.

Cada adulto, mujer u hombre, anciano o niño era un combatiente. “De cada persona según sus capacidades” fue el principio que determinó la consigna “Todo para la Victoria”, “Todo para el Frente”.

Fue implantada de nuevo la jornada laboral de ocho horas, se desistió de la semana de trabajo de seis días y se pasó a la de siete, se crearon reservas de trabajo estatales con los jóvenes y se promulgaron severas leyes que introdujeron el orden y la disciplina consciente en las fábricas. Se articularon clases de formación política a todas las obreras y obreros, se crearon nuevas escuelas de capacitación profesional adjuntas a las fábricas, se multiplicaron los comedores colectivos y las guarderías, bajo los carteles “Por el Triunfo del Socialismo”, “Por Stalin”.

Y aún en los momentos más angustiosos, cuando en todas las agencias de prensa del mundo consignaban que los hitlerianos entrarían en Moscú antes del invierno del 41, la población soviética en aquellos meses, como un gran puño contenía al ejército nazi en Kalinin, Tula y a 30 kilómetros de Moscú.

Delante de las divisiones de combate, estaban las divisiones de construcción que, alrededor de las ciudades y aldeas cercanas a Moscú, hicieron miles de fosos antitanques, nuevas vías de comunicación entre las sucesivas líneas defensivas en las trincheras, cientos de miles de blocaos y nudos defensivos. Los intentos de tomar Moscú y Leningrado se estrellaron por la firmeza y confianza del pueblo soviético en su sistema social.

De hecho, a despecho de los historiadores occidentales la Victoria del Ejército Rojo no se debió a una superioridad numérica de efectivos o a causas climáticas como las temperaturas bajo cero. En ambos casos, hasta mediados de 1943, las fuerzas del Eje eran más numerosas que las del Ejército Rojo y, durante el invierno de 1941, muy pocos días se bajó de los 10º bajo cero. Pero sí, al contrario, las pruebas de arrojo y destreza de los combatientes soviéticos son muy numerosas.

Como ejemplo, tenemos los primeros meses de la guerra. Los historiadores occidentales han consignado que, para los nazis, la invasión a la URSS hasta Moscú fue un paseo y que hicieron cientos de miles de prisioneros. Pero no mencionan que su guerra relámpago –que se resolvió en pocos días en los países ocupados de Occidente (un día Dinamarca, 5 días Holanda, 19 días Bélgica, 35 días Polonia, 44 días Francia y 63 días Noruega)-, fue un fracaso en la URSS.

Cada palmo de terreno, ya desde las fronteras soviéticas, fue defendido enconadamente por los guardafronteras. Brillantes contrataques desgastaron las fuerzas nazis, batallas como la de Smolensk duraron dos meses. Dentro de esta gran batalla, tuvo lugar la retirada hacia el oeste de los nazis en Yelnia, perdiendo cerca de 50.000 soldados y viéndose obligados a pasar a la defensiva. Desde el comienzo de la guerra hasta el 30 de Septiembre del 41, los hitlerianos perdieron 561.000 tropas, casi el 16,2 % de sus fuerzas terrestres.

La Gran Guerra Patria fue donde se decidió la Segunda Guerra Mundial. Allí, el fascismo alemán fue deshecho. Las pruebas, a pesar de la propaganda imperialista, son irrefutables.

En el transcurso de la Gran Guerra Patria fueron destruidas 607 Divisiones del Eje, o sea el 75 % de las tropas y material de guerra. Por ello, los datos son más importantes que las palabras: fueron destruidas 167.000 piezas de artillería, 48.000 tanques, 77.000 aviones, y 1.600 navíos y barcos de combate. En total, los fascistas perdieron en la guerra, entre muertos, prisioneros y heridos, 13.600.000 efectivos, de los que alrededor de 10.000.000 cayeron frente al Ejército Rojo.

En los otros escenarios de guerra, las tropas angloamericanas en el Norte de África, Italia y Europa Occidental derrotaron o hicieron prisioneros a 176 divisiones fascistas, alrededor de 3.500.000 soldados.

Pero tras la derrota nazi en Moscú, el Ejército Rojo fue logrando reseñables triunfos, por la audacia y el heroísmo de sus tropas. Stalingrado y Kursk son una muestra de estas hazañas. Ya el 1 de enero de 1941, los comunistas y komsomoles constituían el 79,9 % del total de la oficialidad de las fuerzas del Ejército Rojo.

Todas las nacionalidades de la Unión Soviética contribuyeron a que esta gesta de liberación y victoria fuera posible. Los combatientes soviéticos demostraron ante el mundo la defensa inequívoca de su tierra madre, la URSS. 7 millones de mujeres y hombres fueron condecoradas con órdenes y medallas.

A 11.603 se les adjudicó la más alta distinción de Héroes de la Unión Soviética. Mas 2.200 personas recibieron los tres grados de la Orden de la Gloria.

Pero si importantes son estas distinciones, lo son aún más por su significado, las 10.900 condecoraciones a grandes y medianas unidades del Ejército y la Marina Roja. Títulos dados a estas unidades que colectivamente consiguieron doblegar a los criminales ejércitos fascistas.

Esta Unión del Pueblo con el Socialismo, por la preservación de su sistema social de clase, fue esencial en la Victoria de la URSS y de los pueblos europeos.

El socialismo es confianza en un futuro mejor para la humanidad. Este internacionalismo lo expresa muy bien G. K. Zhúkov, mariscal soviético, en la toma de Berlín: “Dicho con franqueza, mientras duró la guerra yo estuve decidido a vengarme de los hitlerianos por su crueldad. Pero cuando, empujando al enemigo entramos en Alemania, retuvimos nuestro odio. Nuestros criterios y nuestros sentimientos internacionalistas no nos permitían entregarnos a una venganza ciega”[1].

b) Los frentes en la retaguardia nazi.

Tras la agresión nazi, ¿iban a ser libres o esclavos los pueblos de la URSS? Así, en las zonas ocupadas, la mayoría de la población soviética no deseaba doblegarse ante el odiado enemigo y rechazaba el “nuevo orden fascista”. Así, tras los primeros meses, miles de mujeres y hombres cogían las armas y atacaban a los invasores. Y a la vez, tras el temporal retroceso del Ejército Soviético, los responsables de los Soviets planificaban qué activistas se quedaban y lucharían en la clandestinidad, la mayoría miembros cualificados del Partido y del Komsomol. De acuerdo a un plan maestro, estudiado antes de la invasión, en el Consejo Estatal de Defensa (CED) se creó el Consejo Central Guerrillero (CCG), que fue diseminando Frentes clandestinos en todo territorio ocupado, al principio destacamentos y luego Divisiones.

Cuando en una región no lo había, lo organizaban. Los invasores no debían tener ningún territorio pacífico. A tal efecto, se crearon en Moscú destacamentos de combatientes que eran lanzados tras las líneas: fueron los llamados “paracaidistas rojos”. Al principio, fueron seleccionados de entre las más expertas fuerzas, todos voluntarios, pues sabían que era muy posible que no volviesen. Por ello, al principio salieron de las OMSBON (Batallón de Tiradores de Designación Especial), expertos combatientes en diferentes armas y en la lucha cuerpo a cuerpo. En su composición, había gimnastas, campeones deportivos y de lucha sambo, estajanovistas, atletas e internacionalistas (los más numerosos fueron españoles republicanos comunistas, por su experiencia en la Guerra Nacional Revolucionaria de España). Pasando los meses, más de un millón de campesinos, ancianos, niños, mujeres y exprisioneros se unieron a las Divisiones Guerrilleras.

Poco a poco el movimiento guerrillero soviético fue adquiriendo proporciones cada vez más considerables, consiguiendo el armamento, en parte, del enemigo en combate y, de otra parte, por el aire desde la Tierra Madre y creando aeródromos y zonas liberadas de nazis. Los hechos son contundentes: pusieron fuera de combate a millón y medio de fascistas entre soldados y oficiales, funcionarios, y empleados de las instituciones de ocupación. Volaron 20.000 trenes, 10.000 locomotoras y 12.000 puentes ferroviarios y de carretera, destruyeron 65.000 automóviles, averiaron más de 4.000 tanques y carros blindados, derribaron o inutilizaron en aeródromos 1.100 aviones.

Pero el hecho más significativo es que desde 1943 controlaban las fuerzas guerrilleras un territorio superior a 200.000 kilómetros cuadrados (como Inglaterra, Bélgica y Dinamarca juntas).

Los nazis tuvieron que movilizar el 10 % de su ejército regular.

En el otoño de 1942 para la lucha contra la resistencia, el enemigo dedicó 15 divisiones de campaña, 10 divisiones de protección, 27 regimientos de policía y 144 batallones de la Gestapo.

Para comprender la significación de estas cifras, todas las tropas italo-alemanas que, en el verano del 42, operaban en el Norte de África constituían 12 divisiones.

En Octubre del 1943, a la lucha contra los guerrilleros fueron lanzadas 14 divisiones alemanas y 14 divisiones de los aliados de los nazis, además de otras 20 divisiones de protección. En total las fuerzas del Eje emplearon 50 divisiones contra las organizaciones clandestinas soviéticas.

En el mismo tiempo, en Italia a finales del 43, los alemanes tenían destacadas 21 divisiones hitlerianas, que era una décima parte de las fuerzas nazis combatiendo contra el Ejército Rojo.

A consecuencia de las operaciones de sabotaje de las fuerzas partisanas, el enemigo solo puedo extraer el 7 % del carbón del Donbass de antes de la guerra. Además, en toda la Unión Soviética ocupada, solo pudieron extraer el 15 % de madera y el 28 % de cereales e insignificantes cantidades de electricidad y metal.

Pese al terror y la violencia fascista, la tierra ardía bajo los pies de los ocupantes.

Tras la liberación de la Unión Soviética, en 1944, actuaron en Polonia 33 formaciones guerrilleras y en Checoslovaquia, 20 formaciones.

c) La inteligencia soviética.

Los días 22-24 de marzo, los hitlerianos ocuparon Klaipeda, puerto de Lituania, y exigieron a Polonia un corredor que uniese Gdansk con Alemania. Entonces, el Gobierno soviético lanzó una nueva iniciativa, el 17 de Abril de 1939, con vistas a adoptar mediadas colectivas de defensa de la paz y seguridad junto con Inglaterra, Polonia y Francia, para hacer un frente común contra la guerra y las acciones nazis. Pero las potencias imperialistas “democráticas” dilataron su respuesta y se opusieron a cualquier acuerdo militar frente al fascismo. A finales de Agosto, el gabinete soviético llegó al convencimiento de que un dogal de muerte se cerraba alrededor de la URSS.

Tras el Pacto de Munich de Alemania con Inglaterra y Francia, hubo otro pacto, el 24 de Julio del 39, de Gran Bretaña con Japón, que reconocía las conquistas del País del Sol Naciente en China. Japón firmó acto seguido un tratado militar con Alemania e Italia. El Gobierno soviético se vio obligado a asegurarse por sí solo que la guerra no llegase a sus fronteras por el Este y el Oeste, concertando un Tratado de no Agresión con Alemania el 23 de Agosto de 1939.

A pesar de este acuerdo, y tras las inútiles negociaciones con los imperialismos occidentales, los dirigentes soviéticos entendieron que los países que constituían el llamado Eje desencadenarían la guerra de cualquier forma (como así sucedió) y que el pueblo soviético necesitaba una red mundial de inteligencia para prevenir los ataques a la URSS.

En los países donde se había instalado el terror nazi (Alemania, Italia y España) y, posteriormente, tras el comienzo de la guerra en todos los países ocupados, miles de antifascistas y comunistas tejieron con sus informaciones una fantástica línea de espionaje para defender la URSS, como único puntal contra el fascismo. Organizados en múltiples grupos, con sus emisoras, auxiliares de captación y exploración, realizaron un auténtico Frente Antifascista en todo el mundo.

Estas redes de información nutrieron la inteligencia soviética. El internacionalismo proletario, la solidaridad de clase logró esta hazaña. Combatientes arriesgados de la Internacional Comunista integraron en sus grupos de escucha a mujeres y hombres de diferentes ideologías, ateos y creyentes, intelectuales y obreros. La gran mayoría estaban en los países ocupados y en las naciones neutrales. Lo que les unía era su resolución para defender a la Unión Soviética, hasta la total aniquilación de la “peste parda”.

Las batallas esenciales como las de Moscú, Stalingrado, Kursk, Dniepper, Varsovia y Berlín fueron victorias soviéticas que, además de las operaciones militares, llevaban adjuntas muy avanzadas informaciones sobre la táctica del enemigo, sus fuerzas, el despliegue de su armamento y las intenciones del Mando Alemán y de los Países del Eje, mucho antes de las acciones de guerra.

Los hechos, de nuevo, son más importantes que las palabras:

Moscú.- Gracias a las informaciones llegadas del Japón (Victor Sorge informó que el Ejército de Manchuria no fue movilizado), las reservas siberianas preparadas por el General Apanasenko fueron desplegadas en el Frente Occidental. Para ello fue necesaria una gran operación clandestina que llevara las divisiones hasta Moscú, movilizando a centenares de miles de soldados, trabajadores de ferrocarriles, milicias urbanas y campesinas, y contribuyendo a la contraofensiva victoriosa.

Stalingrado.- Las redes que operaban en Alemania y los países ocupados, informaron de la escisión en dos de los ejércitos nazis hacia Stalingrado y el Caúcaso. Con tiempo, el Cuartel General Soviético tuvo toda la información de los ejércitos nazis y sus aliados en dichas ofensivas, contrarrestándoles con medidas de resistencia y contraataque. A tal efecto, el Consejo Central Guerrillero ordenó la llamada “Guerra de los Rieles” (destrucción de miles de kilómetros de vías férreas, carreteras y puentes), atascando y haciendo imposible el avituallamiento de las tropas nazis en esos frentes.

Kursk.- Desde toda la Europa ocupada se enviaban regularmente en la primavera del 43, las concretas medidas tomadas por el mando nazi. El número de nuevas levas, nuevas divisiones, nuevos tipos de tanque y artillería y el despliegue de flotas aéreas. Con esta información el Ejército Rojo desplegó la batalla de desgaste más demoledora de toda la guerra, creando sucesivas líneas defensivas, creando tres Ejércitos de Choque, enviando nuevos Ejércitos de Tanques de la Guardia, lo que llevó a la aniquilación de la mayoría de las divisiones blindadas nazis.

Dniepper.- Tras la toma de la ciudad de Belgorod, el Consejo Estatal de Defensa Soviético tuvo múltiples informaciones del colapso de las unidades motorizadas alemanas. Los nazis tuvieron que suplir estas pérdidas precipitadamente, enviando nuevas divisiones desde el Occidente gracias a la no apertura del Segundo Frente en Europa occidental. Ante estas noticias, el Cuartel General aceleró una gran ofensiva desde Oriol en Rusia hasta el Mar negro, que liberó casi toda Ucrania, incluida la capital Kiev.

Varsovia.- Tras la liberación de todo el territorio de la URSS, el Mando Nazí concentró el 85 % de sus efectivos en Polonia. Los Servicios Secretos ingleses y norteamericanos llevaron a cabo conversaciones en Suiza con el Régimen Nazi, a fin de lograr un armisticio y frenar la ofensiva soviética. Las redes de inteligencia soviética se enteraron y por ello los Ejércitos Rojos llegaron hasta el Vístula, destrozando las unidades estratégicas nazis, y posteriormente liberaron Varsovia, con el que todas las expectativas de acuerdo por separado de los nazis fueron desestimadas por los occidentales, ya que los frentes soviéticos en combate rompían las líneas y llegaban hasta Alemania.

Berlín.- Cercados los jerarcas nazis, se negaron a la rendición. Los resistentes alemanes y de otras nacionalidades que había en Alemania y en la propia Berlín, informaron de los preparativos defensivos nazis. A tal efecto, a pesar de las bajas habidas, el Ejército Rojo sabía lo que estaba sufriendo la población alemana.

Por ello, la capital nazi fue envuelta en un torbellino de fuego, cercando los accesos y anticipándose a las criminales maniobras de destrucción de vidas de los fanáticos nazis.

Después de la capitulación hitleriana, los alemanes liberados reconocieron este gesto internacionalista que costó bastantes víctimas soviéticas.

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La Segunda Guerra Mundial y el Socialismo - Asociación de Amistad Hispano-Soviética - año 2020 Empty Re: La Segunda Guerra Mundial y el Socialismo - Asociación de Amistad Hispano-Soviética - año 2020

Mensaje por RioLena el Lun Feb 17, 2020 9:32 pm

d) Los Ejércitos de Choque.

Durante la Gran Guerra Patria, el Ejército Rojo demostró al mundo que la organización y cohesión de sus tropas eran muy diferentes a las de las formaciones profesionales de los ejércitos imperialistas.

Las duras condiciones de las divisiones al comienzo de la guerra (inexperiencia en las unidades motorizadas, menor calidad de las armas, superioridad numérica del enemigo, etc.) fueron suplidas rápidamente por el ímpetu y la certeza de que no podían retirarse, que había que destruir cuantas más unidades enemigas, mejor.

Una de las medidas fue resaltar y reforzar aquellas unidades que se destacaban en los combates, recibiendo el título de “Unidad de la Guardia Roja”. Con esta distinción el Ejército Rojo tuvo unas fuerzas expertas en la lucha por la defensa del Poder Soviético.

Con estas unidades en los Ejércitos Soviéticos, se fortaleció extraordinariamente la capacidad de combate. Tras la batalla de Moscú, estás Divisiones de la Guardia, junto con otras divisiones destacadas, se agruparon en Ejércitos de Choque. Eran la punta de lanza de los contrataques, de las ofensivas, y, con su desarrollo en los frentes de batalla, se acortó extraordinariamente la guerra. Estos Ejércitos fueron letales para las fuerzas hitlerianas, pues coordinaban Divisiones de fusileros, blindadas y de artillería, lanzadas de golpe en vastos frentes, arrollando a su paso las más preparadas fuerzas nazis. Así ocurrió en las contraofensivas de Moscú, Stalingrado, Kursk, Korshun-Cherkassi, Leningrado y el Paso del Vístula.

Desde 1941 a 1945 se crearon cinco Ejércitos de Choque.

La famosa imagen de la bandera roja enarbolada sobre el Reichtag fue realizada por soldados de la 150º División de fusileros, del 3º Ejército de Choque.

e) Mejora continua de los armamentos, terrestres, aéreos y navales.

Al principio de la Gran Guerra Patria, los alemanes lanzaron contra el Ejército Rojo miles de unidades motorizadas de todo tipo, que no tenían suficiente respuesta por parte de los soviéticos. Ante este desafío, en tan solo 22 días, V. Degtiariov (PTRD) y S. Símonov (PTRS) crearon dos fusiles antitanques que en los primeros meses pararon con su fuego las acometidas nazis. Esta fue la más importante contribución al Ejército del Pueblo por parte de estos dos ingenieros, los cuales equiparon a las unidades de tiradores de unas armas fiables y de rápida cadencia de fuego. Junto a ellos, otros ingenieros contribuyeron al desarrollo armamentístico soviético con nuevos fusiles, metralletas y pistolas, como F. Tókariev y B. Shpitalni: armas perfectas, en muchos aspectos superiores técnicamente a las de los ejércitos burgueses.

La artillería y los morteros fueron mejorados considerablemente. Las divisiones fueron equipadas con cañones de 76 mm y 152 mm, y las unidades anticarro, con piezas nuevas de 45 mm. Pero ya en 1938 los ingenieros del sistema espacial de cohetes habían inventado el BM-13, los célebres Katiushas. El 21 de Junio de 1941 se decidió empezar la fabricación en serie de los BM-13, llamados por los nazis “los órganos de Stalin” por el pánico que les producía su barrera de explosiones masivas.

También fueron desarrolladas las Unidades de Defensa Antiaérea en todas las ciudades de los frentes y en las grandes y medianas unidades de combate, la mayoría manejadas por expertas tiradoras de fuego rápido.

Desde 1939, comenzó la producción de los carros pesados KV y un año más tarde, los T-34. Este blindado está considerado como el mejor tanque de toda la guerra. Al principio, con un cañón de 76 mm, no podían perforar su blindaje los anticarros nazis. A medida que los hitlerianos lo imitaban (los Panther del año 43), este tanque se iba modificando con nuevos blindajes y cañones (de 85 mm). Para darnos una idea de su fiabilidad, anotamos la gesta del teniente D. Lavrinenko hasta su fallecimiento, quien abatió 52 tanques nazis del 6 de octubre al 18 de diciembre de 1941.

Posteriormente, los avances en la artillería de campaña hicieron que se equipasen regimientos de artillería montada autopropulsada con blindados pesados (el J.S con cañón de 122 mm) que lograron imponerse a los más modernos tanques fascistas.

En el País de los Soviets fue donde se crearon por primera vez las fuerzas paracaidistas.

Estas tropas de desembarco aéreo fueron sumamente imprescindibles a lo largo de la guerra en todos los frentes de batalla, en las ofensivas y en la retaguardia nazi.

En la aviación se desarrollaron, desde 1939 hasta 1944, nuevos aviones ultrarrápidos diseñados por los ingenieros S. Lávochkin (La), A. Mikoyán (Mig) y A. Yakolev (Yak) que asombraron a las unidades enemigas por su versatilidad y mejores prestaciones que las de los nazis.

Por decisión del Consejo Estatal de Defensa, se equiparon dos flotas, la del Pacífico y la del Norte. A estas flotas fueron agregadas navíos de la Marina de Guerra, navíos de transporte y submarinos.

3.- La conciencia de la población soviética.

El Frente Laboral.

Desde finales de 1939, la economía soviética se preparó para la guerra. Miles de Fábricas de toda la Unión se reconvirtieron, de fábricas civiles en complejos industriales militares. Fue una lucha contra el tiempo, contra el boicot imperialista y por superar las normas establecidas por la tecnología. Muchas ciudades industriales de la zona europea, de los Urales y de Kajzastán fueron girando su producción hacia la creación de nuevas armas. Las fábricas de tractores de Stalingrado y Cheliábinsk se convirtieron en fábricas de carros de combate. Así ocurrió en todos los combinados textiles, de municiones y de industrias manufactureras. El Gobierno Soviético comprendió que, ante la inevitable guerra que se acercaba, era completamente necesario ser autosuficientes en todos los pertrechos militares.

Y el pueblo soviético presentía el peligro. El Partido Comunista, llevando a cabo el rumbo trazado en el XVII Congreso, adaptó los planes para el auge de las industrias pesadas y aceleró las dedicadas a la Defensa. Solamente en 1940, se extrajeron 165,9 millones de toneladas de hulla, 31,1 millones de toneladas de petróleo y se fundieron 18,3 millones de toneladas de acero.

En los tres años y medio que precedieron a la guerra, en la URSS se crearon 3.000 grandes industrias de nueva planta. Grandes stocks estatales de víveres y combustibles, nuevos centros de producción de energía eléctrica y depósitos de armamento se instalaron en toda la Unión Soviética.

Tras la invasión de las zonas ocupadas por los fascistas, fueron trasladadas al este de la URSS 2.500 grandes empresas industriales y más de un millón de soviéticos.

Ya en 1942, la industria soviética superaba, en cantidad y calidad de material de guerra, a la industria nazifascista y a la de los países ocupados.

Artífices principales del Frente Laboral fueron:

* Antes de la Guerra, la Dosaaf y la Osoviajim (Asociaciones y Grupos de Colaboración Voluntaria de la Población Civil con el Ejército, la Aviación y la Flota) era una red de organizaciones que, en caso necesario, servía en la defensa activa del territorio soviético. Abarcaban prácticamente todas las ramas industriales, se articulaban en clubes científicos, de habilidades personales, de técnicas estajanovistas, en asociaciones deportivo-atléticas, de adiestramiento de perros, de comunicaciones y redes de emisoras radiales, de lenguas occidentales. Se desarrollaron como clubes de aficionados en todos los pueblos de la URSS. Cuando comenzó la guerra, gracias a estas sociedades, se integraron en el Ejército Rojo 10 millones de tiradores, decenas de miles de pilotos de aviación, paracaidistas, chóferes, telefonistas, radiotelegrafistas y sanitarios.

* La incorporación, ya iniciada la Guerra, de hombres y mujeres no aptos para el combate, ancianos y hasta niños que sustituyeron en las fábricas, complejos industriales y explotaciones agrícolas a los hombres y mujeres que fueron al Ejército Rojo.

* La creación de nuevas universidades tecnológicas en todas las Repúblicas de la Unión Soviética no ocupadas por el enemigo, para la formación de nuevas reservas de especialistas en todos los campos, para las fábricas y los complejos agroindustriales. Desde Siberia hasta el Turkestán, todas las nacionalidades contribuyeron al esfuerzo bélico.

* La roturación de nuevas tierras vírgenes en todo el Este Soviético, creándose cientos de miles de nuevas granjas agrícolas. En estas zonas, los ancianos y mujeres realizaron este inaúdito logro. Y los niños crearon nuevas organizaciones auxiliares de combate, como los Octubristas, Pioneros, Timurianos y Komsomoles, que lograron proezas asombrosas, para que no cesara la alimentación de los soldados y de la población soviética.

El Frente Moral

La unión del pueblo soviético con su sistema socialista fue esencial en las continuas victorias del Ejército Rojo. Tras superar el intento de golpe de Estado de los años 37 y 38, cientos de miles de nuevos responsables en todas las áreas de la Defensa Soviética, de todas las nacionalidades del país demostraron en la práctica su fidelidad a la Tierra Madre, soviética y socialista.

Obreras y obreros con las armas en la mano, tanto en los frentes como en la retaguardia, subordinaron sus intereses personales al logro de la victoria sobre el fascismo. La mayor parte de los trabajadores más conscientes de la causa del Socialismo ingresaron en el Partido Comunista Bolchevique y en el Komsomol Leninista.

Los aliados occidentales, la prensa imperialista mundial y los dirigentes de la coalición hitleriana se equivocaron en sus esperanzas de que, con la invasión nazi, surgirían sublevaciones internas contra el Poder Soviético. Son innumerables los ejemplos de este apoyo de toda la población a su gobierno para conseguir con su esfuerzo la Victoria sobre el nazismo.

El fondo de ayuda a la defensa.

El 18 de Diciembre de 1942 el periódico “Pravda” informó que Ferapont Golovati, koljosiano de la región de Sarátov, había donado de sus ahorros 100.000 rublos para la construcción de un avión.

Durante la guerra, el monto de los recursos del presupuesto nacional, empleado para fines militares, supuso 582.400 millones de rublos. Al mismo tiempo, para el Fondo de la Defensa, los soviéticos donaron voluntariamente 118.000 millones de rublos. Tan fabulosa ayuda monetaria del pueblo no la conoció ningún ejército del mundo. Muchas decenas de miles de equipos militares fueron fabricados con el dinero entregado voluntariamente por los trabajadores.

La donación de sangre.

En la Primera Guerra Mundial, el 65% de las muertes por heridas se produjeron debido a la mucha pérdida de sangre y a la imposibilidad de restituirla.

En el periodo de la Gran Guerra Patria, las pérdidas de la Unión Soviética por esta causa constituyeron tan solo el 1%. La vida de cientos de miles de combatientes la salvaron con su sangre las trabajadoras y trabajadores de la retaguardia: hubo más de cinco millones y medio de donantes voluntarios.

Ni un paso atrás frente al fascismo.

Los habitantes de muchas ciudades las convirtieron en ciudades heroicas. Sus nombres se encuentran en el acervo de combate del proletariado mundial: Brest, Minsk, Murmansk, Smolensk, Moscú, Leningrado, Stalingrado, Odessa, Sebastópol, Kiev, Tula, Novorrosik, Kerch.

Ejemplos que nos dan fe de esta increíble gesta de la población soviética por defender el Socialismo los tenemos en increíbles combates del Ejército Rojo al comienzo de la guerra.

– La ciudadela de Brest.

Situada en Bielorrusia, resistió a los agresores más tiempo que Dinamarca, Holanda y Bélgica, reteniendo junto a la frontera a una división nazi, respaldada con tanques, artillería y aviación.
Fortaleza donde combatieron guardafronteras, comunistas y voluntarios, su lema era “… moriremos, pero no nos iremos de aquí”. Durante un mes, sus defensores cayeron, por las heridas, la sed y el hambre, abriéndose paso algunos para convertirse en guerrilleros.

– El puerto de Liepaja.

En esta pequeña ciudad de Letonia, juntos, obreros, marinos, soldados, milicianas y hasta niños resistieron durante diez días, causando severas pérdidas humanas al enemigo.

– Las islas de Moonsund (Estonia).

La pequeña guarnición de infantes de marina resistió durante seis semanas, el mismo tiempo que duró la campaña nazi en Francia.

– Sebastópol.

Era la principal base de la Marina de Guerra Soviética, en el Mar Negro, en la península de Crimea. Desde el 30 de octubre de 1941 al 4 de julio de 1942, las fuerzas soviéticas hicieron frente al XI Ejército nazi alemán, rechazando todos los intentos de éste para tomar la ciudad.

Soportaron durante ocho meses un asedio durante el cual causaron a los enemigos cerca de 300.000 bajas, más que todas las pérdidas hitlerianas en todos los frentes hasta el 22 de Junio de 1941.
– Leningrado.
El cerco de Leningrado es el bloqueo militar que los nazis establecieron sobre esta ciudad, cuando se dieron cuenta que no podían tomarla militarmente. Duró en total 872 días, desde 8 de septiembre de 1941 a 27 de enero de 1944, y costó la vida a 641.803 personas.

Los ancianos, mujeres y niños elevaron fortificaciones, produjeron armamento y tecnología en las fábricas, cosieron la ropa de los soldados, soportaron continuos bombardeos de artillería y aviación, privaciones de todo tipo, la falta de calefacción y comida. Con esfuerzos increíbles, los habitantes consiguieron defender su ciudad. El nombre de Leningrado se convirtió en sinónimo de Ciudad Heroica.

El Socialismo hizo posible la victoria en la Gran Guerra Patria.

La historia, las revoluciones sociales las hacen los pueblos, no determinadas personas. La confianza de la población en el Poder Soviético, la defensa del estilo socialista de producción, de la cultura y los derechos sociales para toda la clase obrera soviética, hizo comprender a los máximos dirigentes comunistas que la inmensa mayoría de los pueblos de la URSS defenderían las conquistas del proletariado y servirían de ejemplo a los países del mundo. Por ello, ni en los días más angustiosos de la Batalla de Moscú, el gobierno soviético abandonó su puesto en la primera línea de combate.

Los más entregados hijos de la URSS, el Partido Comunista bolchevique.

Las pérdidas en la Gran Guerra Patria fueron cuantiosas e irremplazables: 3.300.000 comunistas caídos. Pero durante toda la guerra muchos combatientes se afiliaron al Partido y muchísimos más, al no poder adherirse al Partido, consignaban en sus últimas cartas “…consideradme comunista”. Durante la guerra, ingresaron en el Partido Bolchevique más de 5 millones de soviéticos.

El Partido y su juventud –el Komsomol leninista-, realizaron una enorme labor organizativa, política y constructiva, con la lucha heroica de millones de militantes allí donde eran necesarios su ejemplo, sus contribuciones ideológicas de clase, en el frente y en la retaguardia, en las ciudades asediadas y en las fábricas, pertrechando al pueblo soviético de confianza y seguridad.

La amenaza de la guerra imperialista

La falacia de las “amenazas del comunismo” ha sido empleada como propaganda por el imperialismo para aupar el nazismo, incrementar la explotación de las colonias y restaurar los regímenes proimperialistas. Desde el fin de la guerra mundial, los Estados imperialistas no han cesado de crear las condiciones para nuevas intervenciones contra los pueblos, para destruir la Unión Soviética y para desarrollar la carrera armamentística.

La historia ha demostrado que no es suficiente con prevenir las guerras mediante acuerdos de buena voluntad, sino que se precisa del desarrollo de una nueva época de relaciones sociales, que unifique a los trabajadores del mundo contra el imperialismo. Porque, mientras éste mantenga subordinados a los países y pueblos de la tierra, la miseria, la pobreza y las guerras son la única forma que tiene el capitalismo monopolista, el imperialismo de hoy día, para mantenerse en el poder.

Desde el fin de la Gran Guerra Patria, el imperialismo ha librado más de 200 guerras, con más de 39 millones de muertos. Desde la caída de la Unión Soviética, ha habido más de 90 guerras con más de 19 millones de muertos.

La memoria colectiva del proletariado invoca y advierte. Las generaciones venideras recordarán la gesta de la URSS, la epopeya de quienes salvaguardaron a la civilización del fascismo causante de la desdicha y del sufrimiento de millones de seres.

Las lecciones prácticas de la Segunda Guerra Mundial demostraron que el Socialismo como sistema más avanzado de la humanidad, tanto en lo político como en lo económico, es más estable, productivo y con mayores esperanzas de futuro, porque es desarrollado por y para la mayoría de la población, con la clase obrera al frente.


•Bibliografía:

* El Ejército Soviético. Diversos autores. Editorial Progreso. Moscú, 1974.
* Documentos y Materiales de Vísperas de la Segunda Guerra Mundial. Tomo I y II. Ministerio de Negocios Extranjeros de la URSS. Ediciones en Lenguas Extranjeras. Moscú. 1948.
* El fracaso de la Operación “Tifón”. Dadó Muriev. Editorial de la Agencia de Prensa Nóvosti. Moscú, 1986.
* Los españoles de Stalin. Daniel Arasa. Editorial Vorágine. Barcelona, 1993.
* La URSS en la Segunda Guerra Mundial. Leonid Eremeiev. Editorial de la Agencia de Prensa Nóvosti. 1985.
* Sobre el pasado en aras del futuro, la Segunda Guerra Mundial: Causas, Resultados, Lecciones. Pável Zhilin, Pável Sevostiánov, Leonid Dobrojótov, Yuri Káshlev, Vladímir Lomeiko, Vladimir Miliutenko, Oleg Rzheshevski. Moscú. Editorial de la Agencia de Prensa Nóvostí, 1985.
* El último asalto. Vladímir Abyzov. Editorial de la Agencia de Prensa Novostí. Moscú, 1985.
* La guerrilla soviética. Dmitri N. Medvédev. Editorial del Ministerio de Defensa de la URSS. Moscú, 1964.
* Destacados jefes militares en la Gran Guerra Patria de 1941-1945. N. Svetlishin. Editorial Progreso. Moscú, 1985.
* Españoles en la Resistencia. Alberto Fernández. Editorial Zero, S.A. Madrid, 1973.
* Al servicio del pueblo. Kiril Meretskov. Editorial Progreso. Moscú, 1974.
* La Orquesta Roja. Gilles Perrault. Barcelona. Editoria Bruguera, S.A., 1982.
* Relatos de un guerrillero comunista. José Gros. Editorial ATE. Barcelona, 1977.
* Soldado de tres ejércitos, Karol Swierczewski (General Walter). Antonina, Marta y Zosia Swierczewski. AABI. Madrid, 2007.
* Stalin insólito, Ricardo E. Rodríguez. Editorial Templando el Acero. Pamplona, 2017.


•Notas:

[1] Recuerdos y meditaciones. G. K. Zhúkov. Tomo II, pág. 382. En ruso. Editorial Progreso. Moscú, 1978.



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