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En Venezuela no hay empresarios: Toda la información del funcionamiento estructural e histórico de las élites.

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Mensaje por DavidMlndz el Vie Mar 01, 2019 7:44 pm

Cuando el presidente Maduro habla de los "parásitos" en relación a la oligarquía económica venezolana no lo hace con algún interés burlesco o literario. Esa palabra, más bien, define con exactitud las características genéticas e históricas de una clase descompuesta que vive (y dirige la guerra económica) a partir del saqueo "legal" de aquello que no produce (ni producirá): dólares.

PRECISIONES INICIALES: ¿QUÉ ES UN EMPRESARIO?

Un empresario en términos ideales y abstractos cumple con un conjunto de características resumidas de la siguiente forma: capacidad de producir bienes y servicios con infraestructura propia, aumento sostenido de las inversiones, pago de impuestos, aceptación de las reglas de juego que impone el Estado y, sobre todo, generación de riqueza (monetaria y financiera) para el país de origen.

Los empresarios, en términos reales, evaden impuestos cuando tienen la oportunidad,
quiebran empresas más pequeñas
y especulan (desbocadamente) en el sector financiero.


Pero existe un elemento reconocible que constituye el factor más importante en el abismal distanciamiento que hay entre un parásito y un empresario, y ese factor es precisamente la capacidad de generar dividendos para la nación a través de la inversión, la innovación tecnológica y la generación de infraestructura para la producción (y exportación) de bienes y servicios.

De acuerdo al modelo político, la riqueza generada se concentra o se reparte.

LA CONDICIÓN DE MINA

La aceleración de este proceso histórico ya entrado el siglo XX, no supuso una encrucijada(1) (ni ética ni política) para la oligarquía venezolana que veía en el petróleo la consumación de la inagotable apetencia de extender su poder económico y político a costa del menor esfuerzo posible.

Como diría el Comandante Chávez: "El petróleo. No ves que nos acostumbramos los venezolanos a obtener dinero fácil, meter un tubo, el chorro de petróleo y venderlo. Y casi todos los ingresos del país han venido por esa vía, los dólares pues, los petrodólares, que no son producto del esfuerzo colectivo, no son producto. ¡Qué cuesta fabricar petróleo! ¿Quién fabrica petróleo? La misma madre tierra lo fue fabricando, lo fue produciendo". (Aló Presidene, Nº 347.)(2)

ANTIDESARROLLO: UNA DECISIÓN POLÍTICA


Diseñar el aparato económico de Venezuela para la importación y el encadenamiento productivo trasnacional en vez de promover un sistema económico independiente, fue, sin lugar a dudas, una decisión política bien pensada a partir de los privilegios que recibirían luego de la estafa. Corresponde a una imagen y a un proyecto de país (parasitario).

Mientras Europa y Estados Unidos formaban una clase empresarial desarrollada en el sentido estricto del término, en Venezuela se iban perfilando mafiosos, traficantes de influencias, aduladores, amantes de los privilegios petroleros y de la especulación desbordada. Parásitos de alta peligrosidad.

BANDA "LOS PARÁSITOS"

Las principales empresas gringas y angloholandesas (Standard Oil y Royal Dutch-Shell) que iniciaron actividades de perforación y extracción petrolera en el país durante la dictadura gomecista, fueron poco a poco ampliando sus actividades.

Los responsables de llevarles el maletín al oligarca gringo (los famosos "abogados petroleros"(3)) aprovecharon esa cercanía y con una buena dosis de adulación y tráfico de influencias dentro del Estado obtuvieron el privilegio de trasladar (con todas las tuercas) la industria gringa y sus procesos tecnológicos. También la licencia para comercializar productos terminados vía importación desde ese mismo país (y uno que otro europeo).

Por la vía de este mecanismo los petrodólares serían entregados hacia Estados Unidos mediante la importación de insumos, bienes de capital, repuestos y renovación de maquinarias para que la "producción nacional" siguiera su (anti)desarrollo.

De esta forma la mafia "Los Parásitos" concretarían un jugoso ciclo de especulación desbordada en moneda nacional.

Saquear dólares, entregárselos enteritos a Gringolandia, evadir impuestos de importación y ponerles al producto importado el precio final que le diera la gana. Así actúa el parásito (anti)venezolano.

GÉNESIS DEL PARASITISMO (ANTI)VENEZOLANO

Carlos Delfino, responsable de llevar los negocios a la Creole Corporation, consiguió importar la maquinaria para realizar la primera empresa cementera del país con una fuerte inversión de capital norteamericano.

Gracias al tráfico de influencias que le otorgaba su relacionamiento con la oligarquía petrolera norteamericana, consiguió la concesión para que su empresa, "Cementos La Vega", construyera Parque Central, el Teatro Teresa Carreño y el Nuevo Circo. El primer gran parásito de la construcción.

Diego Cisneros, abogado del Royal Bank of Canada, consiguió la concesión para producir Pepsicola en el año 1939 gracias a las relaciones tejidas desde la institución bancaria en cuestión(4). Consiguió los permisos gubernamentales para que la Liquid Carbonic (empresa gringa que produce insumos para bebidas carbonatadas) se asentara en el país completando el venenoso encadenamiento productivo (importador) mediante el grifo abierto de los petrodólares.

Óscar Zuloaga (otro familiar de Maria Corina Machado) funda el Banco Provincial gracias al relacionamiento que había tenido con los banqueros franceses del Credit Lyonnais mientras le llevaba los negocios a la Iron Mines y la Orinico Minning: empresas gringas que saquearon hierro y bauxita en el estado Bolívar por más de 30 años.

Gracias a Pedro Tinoco(5), encargado de negocios de Nelson Rockefeller, el Banco Mercantil pasó a manos de la poderosa familia Vollmer. Los mismos que producen el Ron Santa Teresa.

La familia Mendoza, gracias a la familia Cisneros, consiguió articularse con la oligarquía gringa de los Mills (creadores de la empresa de molinos más grande del mundo: Pillsbury Mills). Gracias a ese contacto consiguieron importar los molinos que hoy trituran trigo y maíz para la fabricación de arepas y pasapalos (Doritos, Ruffles, etc).

La familia Capriles se hizo con los derechos exclusivos de importación (y parcial fabricación) de Alimentos Kraft mediante las relaciones que tejieron sus ancestros del siglo XX con los Phelps, Rockefeller y compañía mientras jugaban golf en el recién inaugurado Country Club.

CONCLUSIONES

Aunque se nos quedan algunos parásitos por fuera de esta breve genealogía económica (los Pérez-Dupuy, los Velutini, los Phelps, los Stelling, los Domínguez, etc), la oligarquía descrita en los párrafos anteriores tuvo un papel protagónico en las rápidas gestiones que permitieron el acceso de las trasnacionales gringo-europeas (Pfizer, Bayer, Procter & Gamble, Fritz, Heinz, Colgate-Palmolive, Nestlé, General Mills, Cargill, etc) en el territorio venezolano, constituyendo un mecanismo violento de fuga de capitales (la mal llamada "repatriación de ganancias") acompañado por el subsidio estatal para importar materia prima y maquinarias.

Desde los años de 1950 en adelante la migración del parasitismo hacia el sector financiero se hacía notar, proyectando nuevos modelos de acumulación a partir de la expoliación especulativa de la renta petrolera que se reforzarían en la década de 1980.

En este sentido vale la pena preguntarnos, ¿cuál es el modelo económico que tanto pregonan?

Aquel que continúa planteando como principio fundamental la extendida (y absoluta) transferencia de la riqueza petrolera hacia los países del capitalismo desarrollado a cambio de privilegios, largos procesos de especulación comercial y corretajes malsanos en el sector financiero como modelo de acumulación rentista.

No producen ingresos para el país porque su papel ante la historia (decidido por ellos) los dotó de reforzadas incapacidades hacia la generación de procesos tecnológicos, productivos y económicos alejados del capital norteamericano y europeo.

Era (y sigue siendo más cómodo) constituir una empresa, rellenar la planilla, cumplir con los pasos legales y con los dólares (subsidiados) que produce el Estado para importar la "tecnología de punta" que hincha las ganancias de las empresas estadounidenses.

Y el saqueo no se detiene allí, pues las máquinas se dañan o se deprecian y la materia prima es finita. Necesitan volver a hacer la planillita y exigir los dólares que creen merecer para seguir con el mismo círculo vicioso.

Piden dólares porque sus intenciones de ampliar la "producción" (y las ganancias) requieren de eso que no producen y que jamás producirán, pues son parásitos intermediarios entre la Faja Petrolífera del Orinoco y la oficina de algún oligarca económico gringo-europeo.

Y cuando este último alza el teléfono para quejarse fúricamente sobre el control cambiario, la oligarquía responde fielmente con acaparamiento masivo y contrabando de extracción. La fidelidad en este sentido es un compromiso a futuro que el hijo mantenido y caprichoso sostiene con su progenitor prometiéndole nuevamente las mieles del saqueo. Pero de estas preocupaciones y estrategias para intenar conseguirlo será tema de la próxima entrega.




(1) Historiador de oficio Federico Brito Figueroa: Memorias para comprender nuestra Historia: http://www.scielo.org.ve/scielo.php?pid=S1315-94962013000200005&script=sci_arttext

(2) 10 Ene 2010 Hugo Chávez en Aló Presidente Nº 347: https://www.youtube.com/watch?v=hJdkkVNE65o

(3) Los abogados de negocios en Venezuela: http://www.ulpiano.org.ve/revistas/bases/artic/texto/RDUCV/125/UCV_2003_125_23-50.pdf

(4) El pran Cisneros: http://misionverdad.com/columnistas/el-pran-cisneros

(5) Pedro Tinoco: arquitectura de la Venezuela arrodillada al Imperio: http://misionverdad.com/la-guerra-en-venezuela/pedro-tinoco-arquitecto-de-la-venezuela-arrodillada-al-mercado


FUENTE: http://misionverdad.com/la-guerra-en-venezuela/en-venezuela-no-hay-empresarios-breve-repaso-historico-i



Chávez Radical: "Lo que están planteando es volver a la Apertura Petrolera"




Última edición por DavidMlndz el Lun Mar 04, 2019 4:57 pm, editado 5 veces


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Mensaje por DavidMlndz el Vie Mar 01, 2019 9:04 pm

EN VENEZUELA NO HAY EMPRESARIOS (II)

En la primera entrega de este trabajo abordamos con brevedad cómo la oligarquía parasitaria en Venezuela protagonizó la entrega casi absoluta de la nación al capital extranjero norteamericano. Sin embargo, en el año 1958 se inició un nuevo ciclo mucho más agresivo de neocolonzación económica (y financiera) que enfrentó a muerte a los "Amos del Valle" y al parasitismo delincuente en ascenso. La crisis económica (bancaria según los economistas de derecha) del año 1994 fue resultado directo de la usura, el tráfico de influencias, la avaricia y la especulación financiera desmedida por parte de los grupos parasitarios dedicados a la estafa y al saqueo a gran escala.

ACUMULACIÓN DELICTIVA DE CAPITAL

El rasgo delictivo del modelo de acumulación rentística en Venezuela recae en la mafiosa utilización del Estado con fines de enriquecimiento personal. Las oligarquías tradicionales (los Mendoza, los Zuloaga, los Vollmer, los Boulton, los Delfino, los Branger y los Domínguez) se sirvieron de la renta petrolera para apalancar la industrialización trasnacional del país, enarbolando como estandarte la dependencia y el lucro desbordado que le otorgaba el hecho de ser gestores y dirigentes de la inversión norteamericana (directa e indirecta) en los sectores primarios de la economía desvenezolanizada. Parásitos de cuna.

El apoyo económico que las oligarquías tradicionales le brindaron a Rómulo Betancourt fue el punto de partida para que la inversión extranjera (en su mayoría norteamericana) perpetrara el saqueo definitivo alucinado desde principios del siglo XX. El Pacto de New York propició reuniones de políticos y parásitos de cuna con el magnate Rockefeller, fue la oportunidad de oro para que Eugenio Mendoza consiguiera instalar, con apoyo financiero y tecnológico made in USA, su oligopólica industria agroalimentaria, cementera y financiera en Venezuela.

Las empresas: Alimentos Remavenca, Venepal, Cementera Vencemos, Proagro, Protinal, Hierros Guayana, Banco La Guaira, Banco Venezolano de Crédito, Cavani Sociedad Financiera, Concretera Lock Joint, Venezolana de Acciones Industriales y Productos EFE, nacen a la luz de estos pactos con el capital extranjero gringo(1).

Y aunque Eugenio Mendoza fue el que mayores beneficios obtuvo, los demás parásitos de cuna también consiguieron su respectiva tajada. Los Boulton fueron los promotores de Viasa, Avensa, Mavesa, Seguros La Seguridad y Consolidada de Cementos. Los Vollmer del Central Azucarero El Palmar y Yaritagua(2), además de jugosas acciones en el Chase Manhattan Bank, hoy Banco Mercantil. Los Domínguez beneficiados con maquinarias para la elaboración de empaques e insumos de plástico. Los Branger promotores de Aceites Branca y la libre importación de equipamiento agrícola marca Monsanto. Los Zuloaga principales acciones del sector minero y metalmecánico gringo, y dueños de la Electricidad de Caracas. Los Delfino fabricantes de papel, chicle y envases.

Estos "emprendimientos" industriales y financieros tienen como contexto la acumulación delictiva de capital. Pues fue con dinero del Estado que se financió este nuevo ciclo de colonización económica. Ese mismo Estado también sería el responsable de subsidiar las ganancias al país acreedor, a saber, Estados Unidos. ¿El resultado? Cero generación de riquezas para el país y enriquecimiento parasitario a partir del tráfico de influencias. El dinero de la nación defraudado para favorecer sus delictivos negocios en todos los sectores de la economía.

AÑOS MÁS TARDE

Este nueva oleada neocolonial inauguró definitivamente la era de las "inversiones extranjeras directas" en Venezuela. Consolidación del saqueo trasnacional como política de Estado.

El sector primario de la economía (hidrocarburos y minerales), el secundario (encadenamiento industrial e importaciones) y el terciario (sistema financiero) fue monopolizado por el capital extranjero en su totalidad. Cada dólar que entraba desde el capital extranjero en cada uno de estos sectores sería exportado con jugosos márgenes de ganancias gracias a la intermediación fraudulenta del parasitaje local.

Dice Federico Brito Figueroa que durante el año 1979 y el año 1983 las inversiones directas ascendieron a 720 millones de dólares. Los usureros rendimientos para la exportación de ese capital invertido supusieron un margen de ganancia superior al 500%, es decir, más de 4 mil millones de dólares salieron de las arcas de la nación para pagar los rendimientos de la especulación financiera del capital transnacional en los tres sectores económicos descritos con anterioridad.

En esta exportación especulativa también entran la repatriación de las ganancias de las principales transnacionales asentadas en el país: Procter, General Mills, Nestlé, Kimberly-Clark, Bayer, Pfizer, Colgate-Palmolive, Johnson & Johnson, entre otras.

El daño económico durante esa década y la siguiente escandalizan por su gravedad. El capital extranjero presta dinero (con altísimas tasas de intereses) al parasitismo local para que pueda ampliar la producción e innovar en términos tecnológicos (deuda externa privada). Condena al país a la fuga de capitales vía repatriación de las ganancias. Es decir, todos los "emprendimientos", "iniciativas" y "proyectos empresariales" tienen como fundamento el endeudamiento privado y saqueo sistemático de los petrodólares.

Así que cuando se altera la variable petrolera como sucedió durante los años 1981-1983, el castillo de naipes pegado con moco se vino abajo. Los parásitos de la mano con el capital extranjero endeudaron al país fantaseando con que las arcas del mismo seguirían expendiendo petrodólares como aquel torbellino envasado del Kino Táchira. Sólo bastó que el ingreso petrolero cayera en un 30% para que el capital extranjero en su paranoia bursátil fugara 8 mil millones de dólares de las reservas internacionales. ¿El resultado? Devaluación y un mayor endeudamiento privado que asumiría más tarde el "Estado apátrida".

LUSINCHI AL RESCATE


  • En el año 1985, Jaime Lusinchi pagó 5 mil millones de dólares al capital extranjero reconociendo la fraudulenta deuda externa privada generada por la avaricia desmedida del parasitaje (anti)venezolano.



  • Cuatro mil millones de dólares más para incentivar nuevamente el saqueo de las inversiones directas.



  • 50 mil millones de bolívares para que las empresas (nacionales y extranjeras) pudieran palear la importación en medio de la escalada inflacionaria generada por ellos mismos.


Cuando Lorenzo Mendoza habla de apoyar al "sector privado", se está refiriendo exactamente a este círculo vicioso en el cual participaron sus progenitores. La acumulación delictiva de capital no sólo generó una espiritualidad parasitaria bien definida, sino que también fue vertebrando sus apetencias genéticas signadas por el afán de lucro desmedido, hipotecando vorazmente a la nación.

La apertura petrolera y la privatización de los sectores estratégicos describen a la perfección este proceso psicosocial de los ricos en Venezuela. Traficar y delinquir con el dinero de la nación con el único objetivo de sostener sus parasitarias y acomodaticias riquezas en el extranjero. Y después quieren mostrarse como una "alternativa".

Que se digan tantas veces a sí mismos "empresarios", forma parte de ese proceso de autoconvencerse de aquello de lo que no han sido nunca pero que en el fondo siempre anhelaron. Los deseos y las cuentas en Suiza no empreñan.

CULEBRÓN FINANCIERO Y EL PARASITAJE VENIDO A MENOS

Los Cisneros, Pedro Tinoco y José Álvarez Stelling no forman parte de los parásitos de cuna. Su puesto en el clan se lo tuvieron que ganar a punta de relaciones serviles y rastreras.

Rompieron la liga emulando a los "Amos del Valle" y en el marco de la ola neocolonial del año 1958 en adelante lograron construir su propio castillo de naipes pegado con moco. El Banco Latino fue uno de los bancos nacionales más importantes del país. Con el dinero de los ahorristas y los mafiosos manejos financieros de Stelling y Tinoco, los Cisneros lograron multinacionalizar sus estafas económicas.

Con el dinero de la población y saqueando los petrodólares compraron la empresa Spalding, internacionalizaron la disquera Rodven, compraron importantes acciones de Televisa y Univisión, obtuvieron la licencia de Burger King y Pizza Hut, expandieron Automercados Cada, compraron las plantas de Yukery, invirtieron en la importación de productos cosméticos, entre otros negocios. Endeudando al país velozmente.

Al otro lado de la cancha, los parásitos de cuna. Los Mendoza poseían la mitad del Banco Provincial e importantes acciones en el Banco de Venezuela. Dueños del Venezolano de Crédito y del Banco La Guaira. Vollmer principal accionista del Banco Mercantil. Boulton y Mendoza en la cima del negocio asegurador e hipotecario y, en consecuencia, inmobiliario. Sin el "estatus internacional" del oponente, los parásitos de cuna cumplían la misma tarea: hipotecar a Venezuela.

La lucha intestina por ver quién dominaba el flujo de los petródolares (el "Estado apátrida") se asemeja a los narcoculebrones colombianos en el que la traición, la hipocresía y el chisme ocupan el 99% de la trama. Marcel Granier y Gustavo Roosen montaban parapetos mediáticos buscando generar corridas en el Latino, mientras que desde el otro lado de la cancha se hacían reuniones relámpago con el Secretario de Gobierno de Ramón J. Velázquez, Ramón Espinosa, intentando malponer los balances financieros del Banco Provincial.

Pero más allá del jaleo financiero, las cuentas nacionales del país no soportaban más la deuda externa privada y la rentabilidad especulativa de la inversión extranjera. No fue una crisis bancaria: fue una crisis sistémica.

Las inversiones extranjeras y la internacionalización de los negocios en un contexto en el cual la restricción de la demanda era una política de Estado fue lo que terminó de hacer implosionar el sistema económico. Es decir, los parásitos permitieron que la inversión extranjera desarrollara sus nichos especulativos sin ninguna garantía de retorno, pues cada vez la población consumía menos. La locura del capital ficticio y de la ambición financiera ilimitada.

La realidad les explotó en la cara. Los Boulton vieron quebradas sus empresas aseguradoras. Los Vollmer tuvieron que vender apresuradamente parte del parque industrial azucarero. Los Mendoza vendieron la Cementera Vencemos a Lafarge y otra parte a Cemex. Hierros Guayana desapareció. Automercados Cada fue subastada. Cisneros tuvo que vender Spalding y Rodven. Yukery se fue a la quiebra. Papeles Maracay también. Venepal, Protinal y Proagro la misma historia. La Electricidad de Caracas tuvo que vender sus acciones a precios bajísimos para medio salvarse. El Banco de Venezuela y el Banco Provincial revendidos en el extranjero. Las acciones en Sidor, Cantv, Pdvsa, Viasa y otras empresas mixtas subastadas a precio de gallina con osteoporosis.

Pero el "Estado apátrida" estuvo ahí para generar los auxilios que fueran necesarios. Ninguno de estos parásitos vio sus riquezas comprometidas, como tampoco el capital extranjero.

FINAL (INFELIZ)

Esa cicatriz suturada con petróleo no sólo expresa la memoria del desangre nacional, sino que también plantea una limitación histórica. En Venezuela nunca habrá empresarios serios, responsables, bolivarianos y productivos. El espíritu económico está signado por la intermediación extranjera, por la búsqueda incesante de ganancia fácil, rápida, sin esfuerzo alguno. No existe planificación posible en el ámbito empresarial más allá de la exigencia de divisas, de ampliar el mercado promoviendo la importación, de comprometer el dinero de todos los venezolanos a la aventura especulativa, usurera y ambiciosa que tiene 100 años haciendo estragos.

No existe un "proyecto empresarial venezolano" por el mismo hecho de que los que ostentan el título (y uno que otro aspirante) no piensan de aquí a 20 años. La motricidad de esa historia desangrada les fija la mirada en el próximo container que habrá de llegar a Puerto Cabello, en el 80% de ganancia, en el alquiler de varias tiendas en el nuevo centro comercial que se va a inaugurar, en la concentración de riquezas para mostrarse atractivos ante las compañías extranjeras.

Aquel que se llame a sí mismo empresario, sea del lado de la cancha que sea, nuevo, viejo, aspirante o recién llegado, viene con esa orfandad instalada en las venas. Y actuará en correspondencia.

Purgar la economía es una tarea histórica y de clase, y no es casualidad que un autobusero la esté llevando a cabo. Pues él refleja esa mayoría nacional que vivió la saña del saqueo perpetrado por los parásitos.





(1) Las empresas Mendoza: un caso de concentración de riqueza. http://gumilla.org/biblioteca/bases/biblo/texto/SIC1978410_466-467.pdf

(2) LA INDUSTRIA AZUCARERA EN LA REGIÓN CENTRO OCCIDENTAL. http://servicio.bc.uc.edu.ve/postgrado/manongo29/art03.pdf


FUENTE: http://misionverdad.com/la-guerra-en-venezuela/en-venezuela-no-hay-empresarios-y-ii




Chávez Radical: "El avance al socialismo con las herramientas del capitalismo es imposible"




Última edición por DavidMlndz el Dom Mar 03, 2019 3:57 am, editado 3 veces


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Mensaje por DavidMlndz el Sáb Mar 02, 2019 5:46 pm

EL MITO DE LA "PRODUCCIÓN" PRIVADA (+INFOGRAFÍAS)

La clase empresarial en Venezuela hunde sus raíces históricas en la clase latifundista/hacendada de los siglos XVII, XVIII y XIX. Son los mismos de aquella primera invasión: tataranietos de piratas, contrabandistas, traficantes, mercaderes, intermediarios y especuladores que llegaron a repartirse la tierra como el propio botín de guerra.

BREVE REPASO HISTÓRICO SOBRE LA ORIGINACIÓN EMPRESARIAL EN VENEZUELA


  1. La aparición de la cultura del petróleo precipitó cambios estructurales que se venían dando a finales del siglo XIX. Los latifundistas entregaban toda su producción extensiva (de cacao, caña, café, tabaco y ganado) a las casas exportadoras alemanas y británicas para vivir de la renta en otros países batiéndose un champú cosmopolita.



  1. Serían los primeros, en conchupancia con la clase aspirante de universitarios y comerciantes, vendiendo en miles de dólares cantidades abismales de hectáreas para que las empresas gringas y angloholandesas pudieran explorar yacimientos con el debido permiso de la sociedad civil. Fueron los primigenios buhoneros-traficantes del suelo patrio. Y los escritorios de Rockefeller y sus abogados, sus gestores.



  1. La burguesía comercial-importadora se abre camino de la mano de su padre: la oligarquía petrolera norteamericana. Luego de creada la Corporación Venezolana de Fomento, el capital monopólico utilizaría al Estado (mediante la chucuta burguesía local) para que le construyera las carreteras, autopistas, el sistema eléctrico, minero, telefónico en pro de facilitar la explotación petrolera y no petrolera a bajo costo. Y que de paso abandonara el uso del ferrocarril para proyectar todas las derivaciones industriales del ramo petrolero (asfalteras, bombas de gasolina, vehículos de combustible fósil).



  1. La clase empresarial venezolana se va convirtiendo entonces en un tumor económico que vive y subsiste de la renta petrolera. Es un viejo ya de 100 años que sigue recibiendo mesada por parte del papá Estado. Y cómo llora el anciano cuando papá no le da lo suyo.



  1. Las primeras industrias, fábricas de alimentos, bancos, proyectos de expansión ganadera y agrícola (con mecanización chatarra de posguerra y agrotóxicos incluidos) y todo lo que tiene que ver con la configuración primitiva del capital nacional se realizan verbigracia del capital monopólico norteamericano. Envenenamiento "hecho en Venezuela".



  1. No concibieron su proyecto de desarrollo económico por fuera de los dictámenes de la oligarquía petrolera extranjera. La renta petrolera les subsidiaría los materiales de construcción, la electricidad, el agua, teléfonos, autopistas, gasolina, minería, importaciones para el sector transporte y materias primas diversas con el objetivo de cumplir sus fines estéticos y estafadores: hacerse pasar por una clase "productora", que "invierte" en el país y que sin ella supuestamente es imposible desarrollar la economía nacional.



  1. Ellos sí "desarrollaron" lo que había que desarrollar dentro de esa conchupancia. Los de afuera, por ser los encargados de asentar las condiciones para extraer lo que les interesa; los locales por ser los gestores (propietarios vía letra jurídica) de la "transacción". Y aquí se tiene que tomar en cuenta la diferencia entre subdesarrollo y antidesarrollo: en Venezuela y gran parte de América Latina se desarrolló lo justo y necesario que tenía que desarrollarse para que circulara la materia prima hacia afuera y hacia adentro llegara la materia manufacturada en las industrias del norte (la mercancía), pero con nuestra materia prima. Decir subdesarrollo en este contexto es omitir responsables y hacer de esta situación la perfecta metafísica para la dominación. Aquí se desarrolló lo que se quiso que se desarrollara. Antidesarrollo.


En la siguiente infografía vemos cómo los proyectos originarios de capital privado nacional tienen por detrás fuertes inversiones norteamericanas. Crónica del desarrollo hipotecado, dependiente y subdesarrollado. El saqueo como forma económica dentro del rentismo estatal:

En Venezuela no hay empresarios: Toda la información del funcionamiento estructural e histórico de las élites. Produccion-02

La infografía muestra la profunda dependencia que posee nuestra criolla clase empresarial con respecto al capital transnacional norteamericano. Están condenados a mendigar divisas, no tienen otro proyecto que no sea el de ser menesterosos con flú y perfume.

La supeditación con respecto a materias primas, tecnología, bienes de capital e insumos enarbola el cuadro histórico de la burguesía saqueadora: usufructuar las divisas que produce la renta petrolera mediante recaudación estatal, sirviéndose de él para fortalecer el país galpón intoxicado que construyeron después del estallido petrolero.

EL ASISTENCIALISMO QUE SÍ LES CUADRA

El Estado capta en nombre del "país" la riqueza petrolera. Las trasnacionales norteamericanas y angloholandesas dejan puras conchas de ajo, mientras se llevan el petróleo a precio regalado. La neocolonización no fue nada más en el ámbito petrolero, sino que tuvo como principal objetivo penetrar e influir en todas las esferas de la sociedad. Intervenir en la cultura, en la economía, en la política. Controlarlo todo.

El sifrinaje criollo fue el vehículo ciudadano, decente y moralmente capacitado (en universidades y colegios privados) para que el proyecto se afirmara. Han pasado cien años y sus tataranietos siguen en las mismas de siempre: exigiendo que les faciliten lo que ellos no producen (divisas) para importar y ganarse su diferencial tomando piña colada en un yate. Quiste empresarial.

El Estado nace, entonces, para darle legitimidad (legal y política) al saqueo de divisas. Lo "público" financia lo privado porque éstos son los que producen los bienes necesarios para que exista consumo material y simbólico.

Como vimos en la infografía, esa justificación productiva va desde chicles, pasando por cartones para envasar el jugo y hasta el pan para perrocalientes. Ese es el país que ellos quieren seguir consolidando: donde abunden los alimentos envasados, los agrotóxicos y la dependencia eterna y perenne a la oligarquía fachofinanciera global. Esa que les paga las campañas electorales para que cuando se encaramen en el coroto entreguen el billete completico, devolviéndonos obesidad, diabetes, infartos, cáncer e inflación campante.

El asistencialismo totalitario cuando de divisas se trata sí les cuadra. Es la tetica de la que quieren seguir mamando.

PIRATAS CAMUFLADOS

Los grupos empresariales beneficiados con el potencial desarrollista del Estado venezolano son los Mendoza Goiticoa-Fleury (molinos, refrescos, mayonesa y jugos), los Delfino (aserraderos, aceites, pulpa para papel, chicles, etc.), los Machado-Zuloaga (acero, industria metalúrgica y metalmecánica, minería), los Vollmer (centrales refinadoras de caña para producir veneno azucarado), los Phelps (Radio Caracas Televisión y demás medios de comunicación), los Neumann (laboratorios químicos, cosméticos, cuidado personal), los Domínguez-Cía (empaques, tapas, envases, productos farmacéuticos y para la industria ganadera) y Branger (hateros, agrotóxicos y equipamientos agrícolas, tentáculo nacional de Monsanto y Dupont).

Todos ellos empresarios nacionales que armarían su infraestructura económica para la importación, solidificando los patrones de consumo "cosmopolitas" (gringos) propios de la cultura petrolera. Montaron sus carapachos industriales para darle un pírrico valor agregado a la macroproducción gringa, consiguiendo con ello aumentar sus ganancias absorbiendo continuamente los petrodólares.

Sin un Estado que favoreciera el rentismo como proyecto de país, estas familias hubieran tenido que pensar qué y cómo producir. Su navidad, que lleva más de un siglo, fue la motivación perfecta para copiar lo que tenían arriba: ese corpulento oligarca petrolero al que le firmaron concesiones, tierras y todo aquello que se podía mercantilizar para siempre mendigar y pedir con una sonrisa seductora del otro lado del charco.

LOS BANQUEROS

En el sistema bancario figuran varios apellidos que poseen, aún en la actualidad, el oligopolio financiero que controla parte de las divisas del país. Estamos hablando de los Velutini, los Salvatierra-Benacerraf, los Pérez Dupuy y los Losada.

Su actividad principal (realizada por sus hijos, sobrinos y ahijados), luego de la política de sustitución de importaciones de los adecos formato Cepal-Alianza para el Progreso, fue concentrar la ingente cantidad de recursos extranjeros, calmarlos, apaciguarlos (devolviendo los intereses a los bancos de Manhattan) y luego diluirlos en el primigenio capital nacional.

Fueron y son aún la intermediación entre la inversión extranjera y el capital privado: en sus manos estuvo (la nueva Ley del BCV les quita libertad con la reforma del encaje legal y las carteras para el desarrollo económico, además del control efectivo de la tasa de interés) la direccionalidad del billete hacia los sectores que priorizaron los gringos para ir fundando Venezuela a partir del comercio, la improductividad, el sobreprecio generalizado y el saqueo legal.

Henrique Capriles se especializó en derecho tributario (a nivel internacional). Un cobrador sofisticado, pero con capacidad de saber cómo se bate el cobre de una política comercial y arancelaria. El resto de la plana mayor de Primero Justicia son abogados vinculados a los principales escritorios que tienen como clientes a estos conglomerados. Por ahí pasa la línea histórica.

Los Velutini en la década de los 90 hicieron los que le dio la gana en el sector inmobiliario. Montaron fondos de inversión, bancos y consultorías jurídicas. En el año 1998 lograron especular internacionalmente, con la inscripción de sus fondos e inversiones en la Bolsa de Nueva York. Más adelante detallaremos las implicaciones económicas que tuvo en el país el libérrimo manejo financiero por parte de estas familias.

Los Pérez Dupuy, familia de los Domínguez-Cía, montaron el Banco de Venezuela y el Venezolano de Crédito años posteriores. Idearon el programa político del Consejo Económico Nacional que llevaría las riendas de la CVF. Importante familia ganadera que junto con Alfonzo Ribas montó estafas financieras monumentales vaciando al Estado sin mayor preocupación.

Salvatierra-Benacerraf y los Lecuna, presidentes de Cámaras de Comercio, conglomerados financieros y bancos privados. La misma práctica, distintos apellidos en apariencia.

LOS BANCOS Y LA ACUMULACIÓN RENTÍSTICA EN VENEZUELA

Los bancos manejaban las divisas que introducían en el mercado las petroleras gringas. Manejaban también los impuestos que cobraba el Estado y las inversiones extranjeras. Los fondos de inversión y los bancos privados, amparados en la libertina y antigua ley del BCV, direccionaban según los gustos del capital transnacional las inversiones en los distintos sectores de la economía nacional.

Les guardaban la plusvalía a sus familiares, la "invertían" en la importación, especulaban con títulos financieros afuera y reorientaban los recursos "nacionales" hacia la base económica fundacional venezolana: el comercio y los servicios.

Crónica de la tercerización improductiva que diseña los grandes márgenes financieros para el capital nacional (importación de insumos y bienes de capital) que luego inflará sus ganancias con la inversión en los sectores terciarios, garantizando el acceso y la efectiva distribución (ayudado por los subsidios antes mencionados como electrificación, gasolina y autopistas) de las sobras de la fábrica global.

En Venezuela no hay empresarios: Toda la información del funcionamiento estructural e histórico de las élites. Produccion-03_0

La dependencia casi absoluta con el capital transnacional gringo, y la reorientación financiera hacia el comercio, los servicios y la construcción, contribuyeron a definir a nuestra clase empresarial criolla: esperpento parido para pedir y luego importar, utilizando los subsidios para apalancar su acumulación rentística.

Un nombre y un apellido describen el punto de confluencia de todo esto. El arquitecto original de este modelo de país, representante de Nelson Rockefeller en Venezuela y luego ficha Rotschild, el hombre con la conexión directa con el capital internacional (y autor de la antigua Ley del BCV, que presidió en su momento más oscuro): nadie define mejor a la elite compradora que Pedro Tinoco(1).

EL SUBSIDIO TRADUCIDO EN ACAPARAMIENTO

El pasado 23 de octubre el presidente Maduro, el gobernador del estado Aragua, Tareck El Aissami y el titular de la Superintendencia de Precios Justos, Andrés Eloy Méndez, confiscaron un galpón en dicho estado con más de 5 mil sillas de ruedas, 14 mil jeringas, 7 millones de guantes, material para el tratamiento de la diálisis e insumos varios para hospitales y el sector salud.

Ambas empresas, Suministros Médicos Jayor y Suplidora Hospimed 2004, recibieron según el último listado del Cencoex una cantidad aproximada de 17 millones de dólares para la importación de estos insumos.

En Venezuela no hay empresarios: Toda la información del funcionamiento estructural e histórico de las élites. Produccion-04

El dato devela y desmitifica dos elementos fundamentales de la práctica económica criolla. En primer lugar, dependen de los petrodólares que produce el Estado. Patalean y se quejan pero al final terminan haciendo su carpetica para pedir aquello que no producen: divisas para la inversión nacional.

En segundo lugar, ¿dónde está la falta de divisas? Pura mentira. Acaparan y especulan para posicionar la matriz de opinión deseada, pero materialmente se siguen beneficiando de la renta petrolera.

Ahora, ¿quién es el que temblequea ante la caída de los precios del petróleo? Los supeditados y arrodillados al imperialismo, esos mismos.





PEDRO TINOCO, ARQUITECTO DE LA VENEZUELA ARRODILLADA AL MERCADO. http://misionverdad.com/la-guerra-en-venezuela/pedro-tinoco-arquitecto-de-la-venezuela-arrodillada-al-mercado

FUENTE: http://misionverdad.com/la-guerra-en-venezuela/el-mito-de-la-produccion-privada-infografias%20






Chávez Radical: "Aquí no se privatiza más nada"



Chávez Radical: "Las comunas deben convertirse en un sistema unificado nacional"



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Mensaje por DavidMlndz el Sáb Mar 02, 2019 6:15 pm

AQUEL MITO DE "SEMBRAR EL PETRÓLEO"

Lo productivo generalmente se concibe en términos de desarrollo o progreso, aun cuando correspondan a las dinámicas propias del capitalismo central y de los grandes talleres del mundo.

Más bien, en Venezuela la producción fecundó en un antidesarrollo necesario para estos sectores. La idea del país-mina se sustentó, en parte, en el concepto de la "siembra del petróleo", en la primera mitad del siglo XX como supuesta política de sustitución de importaciones y mecanización de los distintos sectores productivos, y luego, con el auge del puntofijismo al poder, como punta de lanza para el desmonte institucional conocido como neoliberalismo y libertad de mercado.

DE DÓNDE SALE ESO DE LA "SIEMBRA DEL PETRÓLEO"

El petróleo se concibió como El Dorado ansiado en otros tiempos. Subordinar toda la dinámica política del país al crudo era un mal necesario para que los grandes consorcios del mundo occidental se desarrollaran hasta los límites hoy conocidos. Sin embargo, durante el gobierno de Eleazar López Contreras el entonces ministro de Fomento, Manuel Egaña, propuso insertar petrodólares en la industria privada para el desarrollo interno y con calidad de exportación, idea que se fue amasando de la mano de Alberto Adriani y que tuvo su propagandista más audaz en la figura del redomado Arturo Uslar Pietri.

En 1936 Uslar escribió un editorial en el extinto diario Ahora titulado "Sembrar el petróleo", en el que habla de una economía destructiva (la de la renta petrolera) que trajo como consecuencia, en resumidas palabras, la desaparición de "la riqueza del suelo", es decir, la destrucción de una diversidad productiva sustituida por el latifundio y el extractivismo(1).

El escritor había lanzado una línea recta: "La única política económica sabia y salvadora que debemos practicar, es la de transformar la renta minera en crédito agrícola, estimular la agricultura científica y moderna, importar sementales y pastos, repoblar los bosques, construir todas las represas y canalizaciones necesarias para regularizar la irrigación y el defectuoso régimen de las aguas, mecanizar e industrializar el campo, crear cooperativas para ciertos cultivos y pequeños propietarios para otros".

El asunto con la idea de Adriani, expresada para la posteridad nacional por el autor de Las lanzas coloradas, es que toda esperanza de desarrollo consistía en entregarle dólares a la naciente burguesía importadora, que de comercio y acumulación ociosa era sabia, pero que por la misma rueca histórica del capitalismo que diseñó la silueta de Venezuela como una mina en el mapamundi de explotación y producción de mercancías, no pasaba de ser un anhelo sin cauce. La familia Rockefeller, principal promotor del campamento minero nacional, había conceptualizado antes que los peones burgueses locales al hombre del subsuelo venezolano sobre el hombre occidental y cosmopolita, aquel que soñara con ser el mismo Uslar Pietri.

PETRÓLEO NUESTRO QUE ESTÁS EN LOS SUBSUELOS

El chorro de petróleo se concibió, entonces, como la base única de desarrollo en Venezuela. Insertar dólares en las zonas económicas ligadas a la manufactura y los servicios no es una prerrogativa reciente, sino que más bien atiende a un plan histórico del capitalismo central para la época, y que se hace arena entre las manos en esta región del planeta.

Los elementos fundamentales para la industrialización podríamos resumirlos en cuatro elementos: capital disponible, tecnología, mano de obra calificada y mercado. En Venezuela, el proceso de ingreso de la renta por parte del Estado, y no a través de intermediarios (latifundistas, empresarios), comenzó en la época de Medina Angarita con la Ley de Hidrocarburos de 1943, que limitó las concesiones a los grandes consorcios petroleros sin que hubiera mucha reforma con relación a las ganancias de las corporaciones transnacionales(2).

El auge de la actividad extractivista trajo consigo la formación de lo que Rodolfo Quintero llama las "ciudades petróleo" como, por ejemplo, Ciudad Ojeda y Punta de Mata, donde trabajaban y descansaban los proletarios de la industria petrolera. Caracas y Maracaibo, por nombrar sólo dos, mantuvieron el estatus de centros de gozo, y consigo la ampliación del pretendido bazar nacional. Había capital disponible vía renta del crudo y se forjaban los territorios para introducir los productos terminados... pero no había producción que satisficiera la demanda en estas zonas.

A lo anterior se aúna un dato que no es menor: Venezuela firmó con EEUU el Tratado de Reciprocidad Comercial en 1939(3) (renovado en 1952 y que duró hasta 1972). Esto significó bajos aranceles para las transnacionales por "productos industriales de baja composición técnica", es decir, chatarra industrial y corotos para el consumo cotidiano. La tecnología importada para la supuesta industrialización era el bojote que quedaba de las grandes fábricas del norte y los resabios de Europa: básicamente, espejitos por pepitas de oro negro. Al mismo tiempo, el negocio se amasaba con la acumulación de dólares por parte de los grandes bachaqueros de ese entonces, un conglomerado de aspirantes a los petrodólares que se reunió para formar, en 1944, Fedecámaras(4), acrónimo de Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela.

NO LO LLAME INDUSTRIALIZACIÓN, LLÁMELO MECANIZACIÓN

En su trabajo de investigación "La industrialización de Venezuela", la alemana Dorothea Melcher describe el negativo proceso de desarrollo industrial, cuyos métodos fundamentales fueron la sobreevaluación de la tecnología importada, los créditos acomodaticios a la casta parasitaria llamada históricamente "empresarial" y la corrupción entrelazada entre los sectores privados y el Estado(5).

Melcher describe así la relación entre el sector agrícola y la pretendida "siembra petrolera", ya descrita con más detenimiento en una nota anterior(6): "La renta llegó a alimentar más bien el consumo y las importaciones, que el desarrollo de las industrias internas. La idea de reinversión en los países en vías de desarrollo de las ganancias de las empresas extranjeras llevó a fundar en Venezuela la empresa Basic Economic Corporation de Rockefeller, una cadena de automercados ligada a haciendas y empresas de procesamiento de productos agropecuarios, y no a la inversión en industrias manufactureras".

Desde los tiempos de Medina Angarita se ha hablado de la política de sustitución de importaciones mediante una política proteccionista de la producción tierras adentro. Sin embargo, la unión del capital comercial con agentes insertados en el Estado que propugnaban esta política encauzaron la "inversión industrial" hacia los sectores económicos arropados por Fedecámaras, que convenía en la compra de chatarra con el trademark de las corporaciones. Básicamente se instaló un negocio redondo, que acercaba la economía venezolana con la del capitalismo central. Esto es característico de la distribución de la renta y el surgimiento del capitalismo rentístico en Venezuela desde sus inicios.

La "necesidad de industrialización" devino en chiste como por efecto dominó debido a la ampliación del bazar instalado y el desplazamiento de territorios demográficos, por lo que los centros de goce (Caracas, Maracaibo, Valencia) se rodearon de los llamados cordones de miseria y zonas industriales.

Fedecámaras comienza a tomar la batuta interna de la política económica, en llave con las agencias financieras e industriales de corporaciones estadounidenses, en reacción a las políticas públicas en el sector inmobiliario que se llevaba la mayoría de las divisas por renta petrolera. El capital importador y financiero pedía dólares para el desarrollo, muy al estilo actual de Lorenzo Mendoza, pero jugaba a la fuga de capitales y al servilismo industrial de los distintos Rockefeller de la época. Acción Democrática, en aquella época un partido con sectores progresistas y reaccionarios, se unió al clan empresarial para pedir la liberalización de importaciones, cuenta Melcher en su investigación.

El golpe a Medina Angarita, gobierno atacado por una guerra económica(7) en su momento que dio apertura al trienio adeco (1945-1948), sirvió para crear un orden relacionado directamente a la dependencia importadora y al "entren que caben cien" de las compañías petroleras con el discurso de la "siembra del petróleo" como eslogan. Publicidad engañosa con la deformación productiva en llave.

Esta relación se desarrolla hasta cierto momento durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, que se sustituye por otra llamada "El Nuevo Ideal Nacional", proyecto apoyado por el sector mayoritario de Fedecámaras(-8-) que aupaba la Junta Militar. Se enmarcaba en la relación del Estado como principal actor financista y la banca privada con la industria de la urbana construcción y la renta del suelo al estilo Gómez: esta era la pauta de la dinámica económica durante el régimen de la década de 1950. La mecanización seguía a paso de vencedores, hasta que Rockefeller y cía montó la democracia pactada desde Nueva York(9).

A partir de la instalación puntofijista, y del auge del mundo financiero por sobre el industrial como forma de acumulación de capital, en Venezuela se concibió la "siembra del petróleo" como ancla del desmonte del Estado con operadores de primer orden, entre ellos Pedro Tinoco(10) y el resto de los Doce Apóstoles del primer Carlos Andrés Pérez.

FUENTE: http://misionverdad.com/historia-nuestra/aquel-mito-de-sembrar-el-petroleo-i



(1) Sembrar el petróleo. Arturo Uslar Pietri. http://webdelprofesor.ula.ve/economia/ajhurtado/lecturasobligatorias/sembrar%20el%20petroleo.pdf

(2) Ley de Hidrocarburos 1943 (Apuntes en 5 Tiempos). Frente de Comunicadores Revolucionarios SXXI. https://www.buenastareas.com/ensayos/Ley-De-Hidrocarburo/68563054.html

(3) Evolución Industrial en Venezuela. http://historiaeconomicavenezuelad.blogspot.com/2009/01/evolucin-industrial-en-venezuela.html

(4) Fedecamaras: evolución y fundación. https://web.archive.org/web/20160315085543/http://www.fedecamaras.org.ve/detalle.php?id=126

(5) La industrialización de Venezuela. Dorothea Melcher. ftp://iies.faces.ula.ve/Pdf/Revista10/Rev10Melcher.pdf

(6) ROCKEFELLER DECIDIÓ QUÉ COMEMOS Y QUÉ NO. http://misionverdad.com/la-guerra-en-venezuela/rockefeller-decidio-que-comemos-y-que-no

(7) FEDECAMARAS, LA GUERRA ECONÓMICA CONTRA MEDINA ANGARITA Y EL GOLPE DEL 18 DE OCTUBRE DE 1945. https://surversion.wordpress.com/2014/10/18/fedecamaras-la-guerra-economica-contra-medina-angarita-y-el-golpe-del-18-de-octubre-de-1945/

(-8-) EL DESFALCO HISTÓRICO DE LA FAMILIA MENDOZA A VENEZUELA. http://misionverdad.com/la-guerra-en-venezuela/el-desfalco-historico-de-la-familia-mendoza-a-venezuela

(9) EL PUNTOFIJISMO COMENZÓ EN NUEVA YORK. http://misionverdad.com/la-guerra-en-venezuela/el-puntofijismo-comenzo-en-nueva-york

(10) PEDRO TINOCO, ARQUITECTO DE LA VENEZUELA ARRODILLADA AL MERCADO. http://misionverdad.com/la-guerra-en-venezuela/pedro-tinoco-arquitecto-de-la-venezuela-arrodillada-al-mercado





Chávez Radical: "La praxis es la principal maestra de la conciencia"




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Mensaje por DavidMlndz el Sáb Mar 02, 2019 6:26 pm

LA DIETA DEL PETRÓLEO, ESCLAVITUD URBANA Y GUERRA CULTURAL EN VENEZUELA

Más que económica, la guerra contra Venezuela es cultural. Se trata de una agresión continuada que tiene como arma principal el imaginario de quienes habitamos este territorio, para ello, quienes la ejecutan, extorsionan a la población acaparando o especulando con los precios de los alimentos procesados que forman parte de hábitos impuestos por la cultura del petróleo.

Un evento en el siglo XX cambió sustancialmente la historia de Venezuela: la aparición del petróleo. Venezuela dejaba de ser mina agroexportadora de cacao y café para ser una mina exportadora de materias primas de origen mineral e hidrocarburos, tal cual lo determinaron las grandes potencias europeas al repartirse el mundo.

EL FANTASMA DEL DESARROLLO PETROLERO

Con el "desarrollo" petrolero, producto de la inversión de los excedentes del capital financiero-monopolista, el Estado venezolano logró incrementar los ingresos en divisas, dispuso de recursos crecientes y el ingreso por persona alcanzó niveles similares a los de algunas naciones avanzadas, lo que se desarrolló fue la capacidad importadora para satisfacer las necesidades creadas de bienes y servicios.

Hasta acá pareciera que la capacidad de consumo de toda la población aumentó; no fue así. No se puede hablar de la Venezuela petrolera sin tomar en cuenta la acumulación de la renta petrolera de la "burguesía" parasitaria y de un funcionariado que convirtió al Estado en la caja chica de esa clase. De allí que lo que llamamos "estabilidad política" está sujeto a quien tiene poder sobre el petróleo, nuestra principal fuente de riqueza, y a quien orienta la cultura que éste ha generado.

El petróleo, como pocos productos de exportación, ha sido vinculado por las clases políticas y empresariales a conceptos como modernización, democracia, bienestar, progreso, acorde a la cartilla civilizatoria de los poderes europeos. Sin embargo, la industria monopolista fortaleció y se asoció a una franja de la clase media que va desde los tecnócratas hasta los intelectuales, pasando por la misma clase obrera concentrada en las "ciudades petróleo" para venderles un proyecto nacional que incluía todo ese paquete conceptual.

El mito de "sembrar el petróleo"(1) se concretó en un proceso de industrialización fantasma que aún adolece de una dramática dependencia de insumos y bienes de capital importados. Más dramática es la dependencia de las fluctuaciones del mercado exterior, con todo y que la OPEP ha logrado disminuirla. Por consecuencia, de lo descrito derivan procesos económicos y sociales en los que el capitalismo rentístico frustra cualquier pretensión de enarbolar un modelo que lo contradiga, el intento que consumió a totalidad la vida de Hugo Chávez.

LA INSERCIÓN DE LA CULTURA DEL PETRÓLEO

El antropólogo Rodolfo Quintero describía la cultura del petróleo(2) como "una cultura de conquista que establece normas y crea una nueva filosofía de la vida para adecuar una sociedad a la necesidad de mantenerla en las condiciones de fuente productora de materias primas". Este proceso no ha dejado de ocurrir, se hace y transforma a cada segundo, en cada hábito que se internaliza en el quehacer cotidiano.

El análisis sigue y se ha escrito mucho al respecto; ahora nos detendremos a contemplar cómo la guerra que ha desatado esa misma "burguesía" contra Venezuela se afianza sobre esa cultura, en específico sobre nuestra cultura alimentaria.

En nuestra condición de mina no solo cambió nuestro concepto y materialidad de vivienda y vestido, sino la forma de alimentarnos. Del ritual impuesto por los europeos, pasamos a la comida rápida y prefabricada que desacraliza el acto de comer y lo convierte en una transacción más.

Ese imaginario de consumo penetró mediante la propaganda que nos vendió como "progreso" el ser clientes sumisos de los productos de las empresas monopolistas, llámese vestidos, alimentos o vivienda, llámese también el tiempo y espacio necesario para ser sus esclavos.

El petróleo incluye a Venezuela en la órbita política, cultural y social de Estados Unidos(3), el american way of life. Aun cuando nunca fue pensada para todos, la idea del confort se fue adhiriendo a la defensa de la "libertad" individual, que se basa en apartar al Estado de la economía, añorar lo extraño y ver la tierra venezolana como un producto para extraer y mercadear.

LA PETRODIETA DEL ESCLAVO URBANO

Luego de la Segunda Guerra Mundial, comenzaba la gran aceleración (1950). Las élites subordinadas de las periferias latinoamericanas intensificaban su imitación gastronómica del american way of life. Un ejemplo sencillo es la popularización del formato de desayuno consistente en jugos, cereales (de avena, trigo o maíz), café con leche, tostadas o jamón con huevos. Más que una imitación directa, estos hábitos responden a presiones económicas y de tiempo, originadas por los intereses de comercialización e industrialización de corporaciones transnacionales.

Los centros urbanos fueron pensados para concentrar la fuerza de trabajo, no para la vida plena. Dentro de toda la estandarización que contienen, está la del consumo de alimentos, por ello aumentó la importación de leche, huevos, maíz, trigo, así como se sustituyeron las bebidas tradicionales por las industriales de origen extranjero. De esta manera, mientras progresaba la instalación de plantas "nacionales" con tecnologías controladas desde el extranjero, se vendió la idea de la "capacidad productiva" como la posibilidad de reprocesar o empacar productos alimenticios.

Desde la agroindustria se gobierna sobre la llamada "canasta alimentaria", elaborando y distribuyendo productos ultraprocesados con alto contenido de azúcar, grasa y sal, cuyo consumo se cuenta entre los factores de riesgo más importantes para desarrollar sobrepeso, obesidad y enfermedades no transmisibles (ENT) como la diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, enfermedad respiratoria crónica y algunos tipos de cáncer. Estos constituyen hoy día la principal causa de muerte en el mundo.

Se estima que alrededor del 58% de la población latinoamericana y caribeña (cerca de 360 millones de personas) tiene sobrepeso, y que la obesidad afecta al 23% (140 millones). Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), Venezuela era en 2014 el cuarto país con mayor porcentaje en prevalencia de sobrepeso y obesidad en población adulta (mayores de 18 años) en países de América Latina y el Caribe con un 61%.

Dicen la FAO y la OMS que esto se agudiza por los estilos de vida más sedentarios, jornadas laborales extensas, desregulación del mercado y publicidad de productos alimenticios no saludables, incentivos fiscales y otras fallas de mercado que favorecen productos que promueven la ganancia de peso, además de los procesos de urbanización sin un planeamiento para una movilidad más activa y menos motorizada.

Venezuela, como otros países de la región, presenta en los productos de la "canasta alimentaria" mayores precios por caloría para las verduras que para las bebidas azucaradas. El azúcar y las mantequillas y aceites son fuentes crecientes de calorías abundantes y baratas, además, los productos de charcutería (carnes procesadas) estaban entre los tres primeros productos de consumo en la IV Encuesta Nacional de Presupuestos Familiares (2008-2009). Más allá de los problemas de acceso y consumo que puedan estar ocasionando la especulación y acaparamiento de estos productos, el descontento social es por el shock cultural que provoca la escasez de esos productos ultraprocesados, inducida por cadenas agroindustriales.

Según la investigadora Pascualina Curcio, del total de rubros alimentarios disponibles, en promedio 88%(4), se produce en nuestro territorio (con semillas, agroinsumos y alimentos balanceados importados, cabe destacar), el 12% restante ha sido y sigue siendo importado. El 50% de la producción total de los alimentos procesados y de elaboración rápida (arroz, harinas, pasta, carnes, lácteos), impuestos como hábito por la cultura del petróleo, está concentrado en el 10% del total de empresas privadas monopolistas y su paquete tecnológico altamente dependiente de petrodivisas, no es casualidad. Así y para eso fue diseñado.

La cultura del petróleo nos inoculó hábitos que nos hicieron dependientes, no solo fisiológica, sino culturalmente. Para poder trabajar en los centros urbanos y dedicar el tiempo a trasladarnos a fábricas, oficinas, centros de servicios, debemos olvidarnos del trabajo que, en otros tiempos y lugares, ha llevado el proceso de preparación de los alimentos. Pilar, picar, fermentar, lavar alimentos frescos significan "atraso" para el habitante urbano. Progreso es cocinar lo precocido, aliñar con glutamato, congelar y descongelar, endulzar con azúcar refinada y tardar el menor tiempo posible para disfrutar las mieles del desarrollo.

Se hace difícil que la pura gestión gubernamental contrarreste este diseño cultural anclado a nuestro sistema de valores; ahí es de donde se ancla la guerra.




(1) AQUEL MITO DE "SEMBRAR EL PETRÓLEO". http://www.forocomunista.com/t42023-en-venezuela-no-hay-empresarios-toda-la-informacion-del-funcionamiento-estructural-e-historico-de-las-elites#454815

(2) La cultura del petroleo: ensayo sobre estilos de vida de grupos sociales de Venezuela. Rodolfo Quintero. http://www.elperroylarana.gob.ve/la-cultura-del-petroleo/

(3) ROCKEFELLER DECIDIÓ QUÉ COMEMOS Y QUÉ NO. http://misionverdad.com/la-guerra-en-venezuela/rockefeller-decidio-que-comemos-y-que-no%20

(4) Mitos sobre la economía venezolana (I). Pasqualina Curcio. https://www.alainet.org/en/node/186273


FUENTE: http://misionverdad.com/opinion/como-se-inserta-la-cultura-del-petroleo-en-la-guerra-contra-venezuela





Chávez Radical: "Es una lucha profunda, una lucha de Clases"



Chávez Radical: "nosotros parecemos pendejos dándole los dólares a la burguesía"



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Mensaje por DavidMlndz el Sáb Mar 02, 2019 6:33 pm

El Lago de Maracaibo, en el buche de los grandes buitres de metal por Eduardo Galeano

Aunque su participación en el mercado mundial se ha reducido a la mitad en los años sesenta, Venezuela es todavía, en 1970, el mayor exportador de petróleo. De Venezuela proviene casi la mitad de las ganancias que los capitales norteamericanos sustraen a toda América Latina. Este es uno de los países más ricos del planeta y, también, uno de los más pobres y uno de los más violentos.

Ostenta el ingreso per capita más alto de América Latina, y posee la red de carreteras más completa y ultramoderna; en proporción a la cantidad de habitantes, ninguna otra nación del mundo bebe tanto whisky escocés. Las reservas de petróleo, gas y hierro que su subsuelo ofrece a la explotación inmediata podrían multiplicar por diez la riqueza de cada uno de los venezolanos; en sus vastas tierras vírgenes podría caber, entera, la población de Alemania o Inglaterra. Los taladros han extraído, en medio siglo, una renta petrolera tan fabulosa que duplica los recursos del Plan Marshall para la reconstrucción de Europa; desde que el primer pozo de petróleo reventó a torrentes, la población se ha multiplicado por tres y el presupuesto nacional por cien, pero buena parte de la población, que disputa las sobras de la minoría dominante, no se alimenta mejor que en la época en que el país dependía del cacao y del café (1). Caracas, la capital, creció siete veces en treinta años; la ciudad patriarcal de frescos patios, plaza mayor y catedral silenciosa se ha erizado de rascacielos en la misma medida en que han brotado las torres de petróleo en el lago de Maracaibo. Ahora, es una pesadilla de aire acondicionado, supersónica y estrepitosa, un centro de la cultura del petróleo que prefiere el consumo a la creación y que multiplica las necesidades artificiales para ocultar las reales. Caracas ama los productos sintéticos y los alimentos enlatados; no camina nunca, sólo se moviliza en automóvil, y ha envenenado con los gases de los motores el limpio aire del valle; a Caracas le cuesta dormir, porque no puede apagar la ansiedad de ganar y comprar, consumir y gastar, apoderarse de todo. En las laderas de los cerros, más de medio millón de olvidados contempla, desde sus chozas armadas de basura, el derroche ajeno. Relampaguean los millares y millares de automóviles último modelo por las avenidas de la dorada capital. En vísperas de las fiestas, los barcos llegan al puerto de La Guaira atiborrados de champaña francesa, whisky de Escocia y bosques de pinos de Navidad que vienen del Canadá, mientras la mitad de los niños y los jóvenes de Venezuela quedan todavía, en 1970, según los censos, fuera de las aulas de enseñanza.

Tres millones y medio de barriles de petróleo produce Venezuela cada día para poner en movimiento la maquinaria industrial del mundo capitalista, pero las diversas filiales de la Standard Oil, la Shell, la Gulf y la Texaco no explotan las cuatro quintas partes de sus concesiones, que siguen siendo reservas invictas, y más de la mitad del valor de las exportaciones no vuelve nunca al país. Los folletos de propaganda de la Creole (Standard Oil) exaltan la filantropía de la corporación en Venezuela, en los mismos términos en que proclamaba virtudes, a mediados del siglo XVIII, la Real Compañía Guipuzcoana; las ganancias arrancadas a esta gran vaca lechera sólo resultan comparables, en proporción al capital invertido, con las que en el pasado obtenían los mercaderes de esclavos o los corsarios. Ningún país ha producido tanto al capitalismo mundial en tan poco tiempo: Venezuela ha drenado una riqueza que, según Rangel, excede a la que los españoles usurparon a Potosí o los ingleses a la India. La primera Convención Nacional de Economistas reveló que las ganancias reales de las empresas petroleras en Venezuela habían ascendido, en 1961, al 38 por ciento, y en 1962 al 48 por ciento, aunque las tasas de beneficio que las empresas denunciaban en sus balances eran del 15 y el 17 por ciento respectivamente. La diferencia corre por cuenta de la magia de la contabilidad y las transferencias ocultas. En la complicada relojería del negocio petrolero, por lo demás, con sus múltíples y simultáneos sistemas de precios, resulta muy difícil estimar el volumen de las ganancias que se ocultan detrás de la baja artificial de la cotización del petróleo crudo, que desde el pozo a la bomba de gasolina circula siempre por las mismas venas, y detrás del alza artificial de los gastos de producción, donde se computan sueldos de fábula y muy inflados costos de propaganda. Lo cierto es que, según las cifras oficiales, en la última década Venezuela no ha registrado el ingreso de nuevas inversiones del exterior, sino, por el contrario, una sistemática desinversión. Venezuela sufre la sangría de más de setecientos millones de dólares anuales, convictos y confesos como «rentas del capital extranjero». Las únicas inversiones nuevas provienen de las utilidades que el propio país proporciona. Mientras tanto, los costos de extracción del petróleo van bajando en línea vertical, porque cada vez las empresas ocupan menos mano de obra. Sólo entre 1959 y 1962 se redujo en más de diez mil la cantidad de obreros: quedaron poco más de treinta mil en actividad, y a fines de 1970 ya que el petróleo ocupa nada más que veintitrés mil trabajadores. La producción, en cambio, ha crecido mucho en esta última década.

Como consecuencia de la desocupación creciente, se agudizó la crisis de los campamentos petroleros del lago de Maracaibo. El lago es un bosque de torres. Dentro de las armazones de hierros cruzados, el implacable cabeceo de los balancines genera, desde hace medio siglo, toda la opulencia y toda la miseria de Venezuela. Junto a los balancines arden los mechurrios, quemando impunemente el gas natural que el país se da el lujo de regalar a la atmósfera. Se encuentran balancines hasta en los fondos de las casas y en las esquinas de las calles de las ciudades que brotaron a chorros, como el petróleo, en las costas del lago: allí el petróleo tiñe de negro las calles y las ropas, los alimentos y las paredes, y abiertas hasta las profesionales del amor llevan apodos petroleros, tales como «La Tubería» o «La Cuatro Válvulas», «La Cabria» o «La Remolcadora». Los precios de la vestimenta y la comida son, aquí, más altos que en Caracas.

Estas aldeas modernas, tristes de nacimiento pero a la vez aceleradas por la alegría del dinero fácil, han descubierto ya que no tienen destino. Cuando se mueren los pozos, la supervivencia se convierte en materia de milagro: quedan los esqueletos de las casas, las aguas aceitosas de veneno matando peces y lamiendo las zonas abandonadas. La desgracia acomete también a las ciudades que viven de la explotación de los pozos en actividad, por los despidos en masa y la mecanización creciente. «Por aquí el petróleo nos pasó por encima», decía un poblador de Lagunillas en 1966. Cabímas, que durante medio síglo fue la mayor fuente de petróleo de Venezuela, y que tanta prosperidad ha regalado a Caracas y al mundo, no tiene ni siquiera cloacas. Cuenta apenas con un par de avenidas asfaltadas.

La euforia se había desatado largos años atrás. Hacia 1917, el petróleo coexistía ya, en Venezuela, con los latifundios tradicionales, los inmensos campos despoblados y de tierras ociosas donde los hacendados vigilaban el rendimiento de su fuerza de trabajo azotando a los peones o enterrándolos vivos hasta la cintura. A fines de 1922, reventó el pozo de La Rosa, que chorreaba cien mil barriles por día, y se desató la borrasca petrolera. Brotaron los taladros y las cabrias en el lago de Maracaibo, súbitamente invadido por los aparatos extraños y los hombres con cascos de corcho; los campesinos afluían y se instalaban sobre los suelos hirvientes, entre tablones y latas de aceite, para ofrecer sus brazos al petróleo. Los acentos de Oklahoma y Texas resonaban por primera vez en los llanos y en la selva, hasta en las más escondidas comarcas. Setenta y tres empresas surgieron en un santiamén.

El rey del carnaval de las concesiones era el dictador Juan Vicente Gómez, un ganadero de los Andes que ocupó sus veintisiete años de gobierno (1908-35) haciendo hijos y negocios. Mientras los torrentes negros nacían a borbotones, Gómez extraía acciones petroleras de sus bolsillos repletos, y con ellas recompensaba a sus amigos, a sus parientes y a sus cortesanos, al médico que le custodiaba la próstata y a los generales que le custodiaban las espaldas, a los poetas que cantaban su gloria y al arzobispo que le otorgaba permisos especiales para comer carne los viernes santos. Las grandes potencias cubrían el pecho de Gómez con lustrosas condecoraciones: era preciso alimentar los automóviles que invadían los caminos del mundo. Los favoritos del dictador vendían las concesiones a la Shell o a la Standard Oil o a la Gulf; el tráfico de influencias y de sobornos desató la especulación y el hambre de subsuelos. Las comunidades indígenas fueron despojadas de sus tierras y muchas familias de agricultores perdieron, por las buenas o por las malas, sus propiedades. La ley petrolera de 1922 fue redactada por los representantes de tres firmas de los Estados Unidos. Los campos de petróleo estaban cercados y tenían policía propia. Se prohibía la entrada a quienes no portaran la ficha de enrolamiento de las empresas; estaba vedado hasta el tránsito por las carreteras que conducían el petróleo a los puertos. Cuando Gómez murió, en 1935, los obreros petroleros cortaron las alambradas de púas que rodeaban los campamentos y se declararon en huelga.

En 1948, con la caída del gobierno de Rómulo Gallegos, se cerró el ciclo reformista inaugurado tres años antes, y los militares victoriosos rápidamente redujeron la participación del Estado sobre el petróleo extraído por las filiales del cártel. La rebaja de impuestos se tradujo, en 1954, en más de trescientos millones de dólares de beneficios adicionales para la Standard Oil. En 1953, un hombre de negocios de los Estados Unidos había declarado en Caracas: «Aquí, usted tiene la libertad de hacer con su dínero lo que le plazca; para mí, esa libertad vale más que todas las libertades políticas y civiles juntas.»(2). Cuando el dictador Marcos Pérez Jiménez fue derribado en 1958, Venezuela era un vasto pozo petrolero rodeado de cárceles y cámaras de torturas, que importaba todo desde los Estados Unidos: los automóviles y las heladeras, la leche condensada, los huevos, las lechugas, las leyes y los decretos. La mayor de las empresas de Rockefeller, la Creole, había declarado en 1957 utilidades que llegaban casi a la mitad de sus inversiones totales. La junta revolucionaría de gobierno elevó el impuesto a la renta de las empresas mayores, de un 25 a un 45 por ciento. En represalia, el cártel dispuso la inmediata caída del precio del petróleo venezolano y fue entonces cuando comenzó a despedir en masa a los obreros. Tan abajo se vino el precio, que a pesar del aumento de los impuestos y del mayor volumen de petróleo exportado, en 1958 el Estado recaudó sesenta millones de dólares menos que en el año anterior.

Los gobiernos siguientes no nacionalizaron la industria petrolera, pero tampoco han otorgado, hasta 1970, nuevas concesiones a las empresas extranjeras para la extracción de oro negro. Mientras tanto, el cártel aceleró la producción de sus yacimientos del Cercano Oriente y Canadá; en Venezuela ha cesado virtualmente la prospección de nuevos pozos y la exportación está paralizada. La política de negar nuevas concesiones perdió sentido en la medida en que la Corporación Venezolana del Petróleo, el organismo estatal, no asumió la responsabilidad vacante. La Corporación se ha limitado, en cambio, a perforar unos pocos pozos aquí y allá, confirmando que su función no es otra que la que le había adjudicado el presidente Rómulo Betancourt: «No alcanzar una dimensión de gran empresa, sino servir de intermediario para las negociaciones en la nueva fórmula de concesiones.» La nueva fórmula no se puso en práctica, aunque se la anunció varias veces.

Mientras tanto, el fuerte impulso industrializador que había cobrado cuerpo y fuerza desde hacía dos décadas muestra ya visibles síntomas de agotamiento, y vive una impotencia muy conocida en América Latina: el mercado interno, limitado por la pobreza de las mayorías, no es capaz de sustentar el desarrollo manufacturero más allá de ciertos límites. La reforma agraria, por otra parte, inaugurada por el gobierno de Acción Democrática, se ha quedado a menos de la mitad del camino que se proponía, en las promesas de sus creadores, recorrer.

Venezuela compra al extranjero, y sobre todo a Estados Unidos, buena parte de los alimentos que consume. El plato nacional, por ejemplo, que es el frijol negro, llega en grandes cantidades desde el norte, en bolsas que lucen la palabra «beans».

Salvador Garmendia, el novelista que reinventó el infierno prefabricado de toda esta cultura de conquista, la cultura del petróleo, me escribía en una carta, a mediados del 69: «¿Has visto un balancín, el aparato que extrae el petróleo crudo? Tiene la forma de un gran pájaro negro cuya cabeza puntiaguda sube y baja pesadamente, día y noche, sin detenerse un segundo: es el único buitre que no come mierda. ¿Qué pasará cuando oigamos el ruido característico del sorbedor al acabarse el líquido? La obertura grotesca ya empieza a escucharse en el lago de Maracaibo, donde de la noche a la mañana brotaron pueblos fabulosos conabiertas cinematógrafos, supermercados, dancings, hervideros de putas y garitos, donde el dinero no tenía valor. Hace poco hice un recorrido por ahí y sentí una garra en el estómago. El olor a muerto y a chatarra es más fuerte que el del aceite. Los pueblos están semidesiertos, carcomidos, todos ulcerados por la ruina, las calles enlodadas, las tiendas en escombros. Un antíguo buzo de las empresas se sumerge a diario, armado de una segueta, para cortar trozos de tuberías abandonadas y venderlas como hierro viejo. La gente empieza a hablar de las compañías como quien evoca una fábula dorada. Se vive de un pasado mítico y funambulesco de fortunas derrochadas en un golpe de dados y borracheras de siete días. Entre tanto, los balancines siguen cabeceando y la lluvia de dólares cae en Miraflores, el palacio de gobierno, para transformarse en autopistas y demás monstruos de cemento armado. Un setenta por ciento del país vive marginado de todo. En las ciudades prospera una atolondrada clase media con altos sueldos, que se atiborra de objetos inservibles, vive aturdida por la publicidad y profesa la imbecilidad y el mal gusto en forma estridente. Hace poco el gobierno anunció con gran estruendo que había exterminado el analfabetismo. Resultado: en la pasada fiesta electoral, el censo de inscritos arrojó un millón de analfabetos entre los dieciocho y los cincuenta años de edad.»

En Venezuela no hay empresarios: Toda la información del funcionamiento estructural e histórico de las élites. BgJ0fEVIMAA9bBq



Notas:

1 Para la redacción de este capítulo, el autor ha utilizado, además de las obras ya citadas de Harvey O’Connor y Francisco Mieres, los libros siguientes: Orlando Araújo, Operación Puerto Rico sobre Venezuela, Caracas, 1967; Federico Brito, Venezuela siglo XX, La Habana, 1967; M. A. Falcon Urbano, Desarrollo e industrialización de Venezuela, Caracas, 1969; Elena Hochman, Héctor Mujica y otros, Venezuela 1.°, Caracas, 1963; William Krehm, Democracia y tiranias en el Caribe, Buenos Aires, 1959; los ensayos de D. F. Maza Zavala, Salvador de la Plaza, Pedro Esteban Mejía y Leonardo Montiel Ortega en el volumen citado en la nota 27; Rodolfo Quintero, La cultura del petróleo, Caracas, 1968; Domingo Alberto Rangel, El proceso del capitalismo contemporáneo en Venezuela, Caracas, 1968; Arturo Uslar Pietri, (¿Tiene un porvenir la juventud venezolana?, en Cuadernos Americanos, México, marzo-abril de 1968; y Naciones Unidas-CEPAL, Estudio económico de América Latina, 1969, Nueva York-Santiago de Chile, 1970.)

2 Time, edición para América Latina, 11 de septiembre de 1953.

FUENTE: Eduardo Galeano: Las Venas abiertas de América Latina




Chávez Radical: Crisis, Bloque Histórico e Ideología



Chávez Radical: "La Batalla por convencer"



Chávez Radical: "Las juventudes que nacieron en revolución"




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Mensaje por DavidMlndz el Lun Mar 04, 2019 12:05 am

LA INSERCIÓN IMPERIALISTA EN VENEZUELA

En Venezuela no hay empresarios: Toda la información del funcionamiento estructural e histórico de las élites. Rockefeller

Que no hayan caído bombas encima de nosotros al mejor estilo Otan no quiere decir que el imperialismo no se haya insertado en todas las capas del país a lo largo de la historia. Los yanquis empezaron a instalar sus enclaves cuando el petróleo se instaló como el botín más preciado de las grandes corporaciones. El dólar y la sangrienta explotación fueron las divisas comunes.

Hay una regla general que, en capitalismo, se cumple como ley tallada en piedra: quien controla la energía tiene el poder.

La energía dinamiza, encauza la realidad y hace correr el mundo. La energía humana ha sido explotada y expoliada durante siglos para construir lo que hace posible que podamos comer, vestirnos, tener un techo y hasta entretenernos. Asimismo ha estado sucediendo con el petróleo desde que apareció como forma de energía capaz de hacer circular mercancías, erigir bienes e impulsar servicios para el consumo humano.

Lenin describió, así, el imperialismo: "(...) es el capitalismo en la fase de desarrollo en la que ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero, ha adquirido señalada importancia la exportación de capitales, ha empezado el reparto del mundo por los trusts internacionales y ha terminado el reparto de toda la Tierra entre los países capitalistas más importantes". Esta distribución de la tajada global tuvo lugar a través de guerras, necesarias éstas para imponerse dueños sobre otros más pequeños, y para sojuzgar pueblos. Quien controla un territorio también controla la energía contenida en su jurisdicción.

En Venezuela la inserción imperialista está íntimamente vinculada con el auge del chorro petrolero. La concesión a Camilo Ferrand el 24 de agosto de 1865 para "taladrar, sacar y exportar petróleo o nafta en todo el estado Zulia", fue la primera de una serie que convendría sobre todo al capital extranjero con miras a la acumulación monopolista.

Una sola empresa venezolana, Petrolia del Táchira, tuvo la suerte de coronar en 1878 la concesión para extraer petróleo y comercializar kerosén desde la hacienda La Alquitrana, en zona andina. Ese mismo año se le concede la adjudicación a Horatio Hamilton sobre el lago de asfalto de Guanoco, en el estado Sucre, concesión que posteriormente fue traspasada a la New York and Bermudez Company. En los tiempos de Antonio Guzmán Blanco, caracterizado por el levantamiento del Estado moderno y el comienzo de la inserción de grandes, aunque pocos, capitales extranjeros en el desarrollo de la agricultura, el petróleo aún no estaba en la primera fila del escenario comercial global.

SE ENFILAN LAS TROPAS PARA LA INVASIÓN

Cipriano Castro, durante su mandato, en un impulso proteccionista en torno a las concesiones a capitales foráneos, revocó la adjudicación que estaba en manos de la New York and Bermudez Company. Debido a esta decisión, se acorraló a Venezuela desde la costa a finales de 1902 en un intento de invasión(1) que fue sorteado audazmente por el mismo gobierno, con Castro de cabecilla. Este presidente no era el indicado para llevar a cabo el plan de penetración imperialista que con Juan Vicente Gómez empezó a hacerse efectiva.

A partir de 1907, las concesiones fueron dadas a los compadres de Gómez, grandes terratenientes con vastas tierras para la exploración y explotación de petróleo. La mayoría de estas adjudicaciones fueron trasladadas al trust holandés-británico Royal Dutch Shell. John Allen Treguelles, Rafael Max Valladares, Eduardo Navarro, Rafael Antonio Font Carrera, Domingo Navarro, Manuel A. Álvarez, López Méndez, Adison Mac Kay, Julio F. Méndez, López Rodríguez, Adolfo Bueno, todos compinches, recibían una tajadita mientras las petroleras extranjeras hacían sus agostos.

La Dutch Shell llegó primero, y por eso disfrutó de las mejores concesiones. Luego la Standard Oil, de la familia Rockefeller, llegó a tierras venezolanas para quedarse. Fue el jefe de esa familia, Nelson D., quien había dicho por experiencia que "la mejor manera de explotar petróleo es con una dictadura petrolera". Cuestión que Gómez acató al dedillo.

"El imperialismo requería orden estable, inconmovible paz y trabajo constante, es decir, necesitaba una situación interior enteramente adecuada a sus intereses a fin de aumentar hasta el límite de lo posible sus superbeneficios a costa de la explotación de las masas. Por eso Gómez, lacayo incondicional del capital financiero, aplastó a sangre y fuego todo brote que pudiera trabar la tranquilidad interior. Esos imperativos tuvieron su concreción en el lema político de Gómez: Orden, Paz y Trabajo", escribía Carlos Irazábal en 1939. El proyecto del andino bigotón se llamó Rehabilitación Nacional, que, entre otras cosas, en el fondo significó convertir a la nación en segundo lugar como país productor y primero como exportador de petróleo en el mundo (la refinación del crudo se hacía en las Antillas a petición del mismo Benemérito, debido a su miedo por la proliferación del proletariado que crecía, según la tesis de Domingo Alberto Rangel). Comenzaba a perfilarse la mina Venezuela(2) como uno de los botines más preciados.

ENCLAVES PETROLEROS

En 1914 la Dutch Shell perforó en la costa oriental del lago de Maracaibo lo que se conocería como el primer campo venezolano de importación mundial: Mene Grande. Pero fue en 1922 que la excitación imperialista cobró mayor fuerza. El pozo Barroso 2, también en el Zulia, disparó al cielo un chorro incontenible de oro negro durante nueve días. Aquella lluvia petrolera hizo parecer pequeños los yacimientos explotados de Bakú y Tampico, en Rusia. Para fortuna de las grandes petroleras, los Rockefeller hicieron trabajar a sus abogados para que la Ley de Hidrocarburos de 1922 les beneficiara en cuanto a concesiones, exclusividades en torno a extracción y comercialización y pocos pagos en regalías para el Estado.

Sin embargo, ese puñado de dólares eran suficientes para invertir en infraestructura (que beneficiaba a las petroleras, como las carreteras), bienes y servicios varios. Y para que Gómez estuviera cogiendo sereno por las tardes y comiendo carne en vara sin ningún tipo de preocupación desde su finca en Maracay. Se erigió como el más grande terrateniente del país sólo para permitir enclaves de las petroleras, cuyo monopolio estaba en manos de la compañía holandesa-británica y, por supuesto, del trust Rockefeller. La Compañía Petrolia del Táchira, por mostrar el caso más representativo, fue absorbido completamente por estas transnacionales. La competencia empezaba a desecharse.

En 1928, desde el castillo de Achnacarry, Escocia, las grandes petroleras extranjeras (con la Standard Oil a la cabeza) suscribieron un acuerdo para controlar todas las áreas de producción fuera de Estados Unidos, todas las operaciones foráneas de refinación, y todas las patentes, conocimientos y tecnologías referidas al trabajo del crudo. Con esto el imperialismo encadenaba al mundo entero; las llamadas Siete Hermanas(3) se dividieron el mercado global, fijaron los precios, controlaron los oleoductos y las facilidades de transporte. Mientras esto sucedía, ya para 1939 el capital petrolero anglo-yanqui representaba en el país alrededor del 90% del total de las inversiones extranjeras, que también cubrían otros espectros industriales como las explotaciones de oro (New Gold Fields of Venezuela, Ltd.), cobre (de Aroa, South American Copper Company), magnesia (The Magnesite Products Corporation of New York and Philadelphia). Ni hablar de la industria eléctrica en manos de filiales norteamericanas y los tranvías en manos del capital inglés.

El proceso de destrucción del aparato productivo agrícola se vio incrementado a partir de la segunda mitad de la década de 1920. Las importaciones en masa se hicieron regla común, y con ello una burguesía que se dedicó a vender y revender lo que compraban con los dólares del Estado, provenientes de las migajas que dejaban los Rockefeller y cía.

"CONTROLA EL PETRÓLEO Y CONTROLARÁS LAS NACIONES"

La frase es de Henry Kissinger, pupilo y operador ejemplar de la política imperialista del trust Rockefeller. Las condiciones para explotar con alta rentabilidad, es decir, con un mercado para el excedente de la producción industrial, propiedad de las fuentes de riqueza y super-explotación de la fuerza de trabajo, fueron efectivas.

Estas características incrementaron sus cualidades durante el conocido trienio adeco (1945-1948) mediante el decreto Nº 319, el cual significó la creación de la Corporación Venezolana de Fomento(4). Con un capital inicial de 3 millones de dólares, de los cuales Rockefeller invirtió un tercio. Todo ese dinero, por supuesto, serviría para mejorar las condiciones de explotación de recursos de las transnacionales, mientras Fedecámaras y sus amiguitos financieros recibían una porción.

Con Marcos Pérez Jiménez las petroleras tuvieron sus buenos momentos, pero la pequeña oligarquía militar que sostenía al dictador se estaba enriqueciendo demasiado rápido, y su poder incrementaba con el pasar de los años. Por lo que Rockefeller mismo decidió financiar el golpe de Estado de 1958, para así tener un control más regio y seguro de sus inversiones. Este dominio se tradujo en el puntofijismo, nacido en Nueva York.

DE LA NACIONALIZACIÓN AL TOQUE DE PUERTA

El 31 de diciembre de 1975 la filial de Rockefeller en Venezuela, la Creole Petrolium Corporation, se fusionó con el Estado venezolano en forma de empresa mixta a la norteamericana. Conservó su sistema de comercialización y la Opep dejó de fijar los precios del crudo a lo interno. El monopolio sobre la tecnología, el cual el Estado pagó alrededor de 750 millones de bolívares, estaba en manos de la transnacional, además del control de la producción. Los ejecutivos de antes mantuvieron los puestos de aquel ahora. Además, se le pagó una mentirosa indemenización de 4 mil 300 millones de bolívares, cuando ya Rockefeller había recuperado hasta ocho veces y media la inversión total de hacía unas pocas décadas atrás. El vicepresidente de Mercado de la Exxon tildó el acuerdo "nacionalizador" de generoso.

El saqueo que ejecutaron los grandes trusts a Venezuela trajo consigo la miseria planificada de las mayorías empobrecidas y una clase media mayamizada hasta el absurdo(5).

Ya estábamos invadidos, pero no nos dimos cuenta hasta que llegó cierto comandante(6) para juntar la manada que estalló en 1989(7). O sí nos enteramos pero nos pintaron el asunto como un crimen aceptable.

Hoy, debido a los años forjados en Revolución Bolivariana y bajo la conducción de Hugo Chávez, y ahora con Nicolás Maduro al volante, el trust Rockefeller tiene que pedir permiso al Estado venezolano antes de entrar. Aun con todos las décadas fundiendo sus hierros para hacer llaves a su antojo.

Son aquellos dueños que se incrustaron en este territorio para saquearlo hasta la saciedad los mismos que, con el gobierno de Guyana de títere, quieren retomar el poder mediante una guerra. Aún se creen dueños de la energía de este pedazo de mundo.




(1) INTERVENCIÓN EN VENEZUELA: UNA LECCIÓN DE LA HISTORIA. http://misionverdad.com/la-guerra-en-venezuela/intervencion-en-venezuela-una-leccion-de-la-historia

(2) VII CUMBRE DE LAS AMÉRICAS: DEL SAQUEO A LA NUEVA NACIÓN CONTINENTAL. http://misionverdad.com/historia-nuestra/vii-cumbre-de-las-americas-del-saqueo-a-la-nueva-nacion-continental

(3) https://es.wikipedia.org/wiki/Siete_Hermanas

(4) Creación de La Corporación Venezolana de Fomento, 1946. https://es.scribd.com/document/350440847/Creacion-de-La-Corporacion-Venezolana-de-Fomento-1946

(5) RCTV: Mayami Nuestro. https://www.youtube.com/watch?v=1SCbDgB4Ifc

(6) 4 de Febrero de 1992. https://www.youtube.com/watch?v=HN5hHdGke1E

(7) El Caracazo. http://www.forocomunista.com/t18684-el-caracazo-la-pelicula#452462


FUENTE: http://misionverdad.com/la-guerra-en-venezuela/la-insercion-imperialista-en-venezuela%20



Chávez Radical: "No es reforma lo que estamos haciendo aquí, es una Revolución"



Hugo Chávez el creador de una nueva geopolítica mundial



















EL MUNDO SEGÚN ROCKEFELLER
Los hombres del subsuelo

En Venezuela, la Standard Oil se asentó en 1921 e hizo todo lo posible por ganar en la guerra de las concesiones petroleras.

Las filiales en suelo criollo fueron la Standard Oil Company de Nueva York, la Standard Oil de Venezuela (posteriormente Creole Petroleum Corporation), la Lago Petroleum Company y la Orinoco Oil Company, cuyos trabajos industriales abarcaban junto con otras petroleras unas 25 millones de hectáreas en 1947.



Esto sin contar las propiedades de Nelson Rockefeller en Venezuela, que constaba de una finca en Portuguesa y la Hacienda Monte Sacro -su segundo hogar, según él- con más de 7 mil hectáreas en las afueras de Nirgua, estado Carabobo(1) .

Los intereses de la familia Rockefeller están íntimamente ligados al subsuelo venezolano pero también a otras áreas, demostrado en la fuerte inversión que hicieron en la agroindustria local (convertido el país en un supermercado)(2) y en la política adeca que derivó en el Pacto de Punto Fijo(3). Esta familia moldeó el país Venezuela en la mina Venezuela a su antojo.

Tal vez por ello se podría afirmar que la muerte de David Rockefeller, quien aguantó al menos seis trasplantes de corazón buscando una longevidad imposible, no lleva consigo su legado, sino que aún vive en los intereses de las grandes corporaciones y entidades financieras que aún tratan de pescar el botín que han perdido con los nuevos sismos geopolíticos de poder.

Esa influencia política no se vio sólo en Venezuela sino también en los regímenes del Plan Cóndor con las amistosas visitas de la familia a la Argentina de Jorge Videla(4) y la alianza entre Augusto Pinochet y Henry Kissinger en Chile. Pues fue el viejo John D. Rockefeller quien dejó como legado la siguiente frase: "La mejor manera de explotar petróleo es con una dictadura petrolera", aunque podría aplicarse a otras formas del extractivismo.

Fue el mismo David Rockefeller uno de los pioneros del llamado Nuevo Orden Mundial, entendiéndolo como uno sostenido en el dolo lucrativo de los pocos. En ese contexto muere el último de los que fueran en otro tiempo dueños de Venezuela, figura que simbolizó una manera corporativa de hacer política y que moldeó el siglo XX a una conveniencia ya decadente. Muere el último gerente de la familia Rockefeller pero no el Imperio.




(1) BLIGHT-FREE RICE MAY HELP LATINS; Venezuela Ranch Owned by Rockefeller Develops a New Resistant Strain. https://www.nytimes.com/1958/08/24/archives/blightfree-rice-may-help-latins-venezuela-ranch-owned-by.html

(2) ROCKEFELLER DECIDIÓ QUÉ COMEMOS Y QUÉ NO. http://misionverdad.com/la-guerra-en-venezuela/rockefeller-decidio-que-comemos-y-que-no%20

(3) EL PUNTOFIJISMO COMENZÓ EN NUEVA YORK. http://www.forocomunista.com/t42028-los-crimenes-del-puntofijismo-en-venezuela#454828

(4) Las visitas de Rockefeller a la Argentina: Videla, Alfonsín, Menem y su amiga Amalita Fortabat. Diario Clarín. https://www.clarin.com/economia/visitas-rockefeller-argentina-videla-alfonsin-menem-amiga-amalita-fortabat_0_SykL65pjl.html


ARTICULO COMPLETO: http://misionverdad.com/columnistas/el-mundo-segun-rockefeller



Chávez y la Revolución Petrolera. Cap I. La Guerra del Petróleo



Chávez y la Revolución Petrolera. Cap II. Geopolítica de la Solidaridad



Chávez y la Revolución Petrolera. Cap III. Chávez y la OPEP







LECTURA RECOMENDADA:

La miseria en venezuela de Michel Chossudovsky.

Documento que desmiente el mito de la supuesta bonanza de la "Venezuela Saudita" y pone de manifiesto cómo se saqueó y despilfarró la riqueza petrolera durante el boom de los setenta.

https://es.scribd.com/doc/5036864/La-miseria-en-venezuela-Michel-Chossudovsky


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Mensaje por DavidMlndz el Miér Abr 10, 2019 9:48 pm

VENEZUELA PETROLEUM COMPANY



Este documental comienza con una lluvia de petróleo en medio de los golpeos musicales de San Benito, allá en el pozo Barroso 2, municipio Cabimas, estado Zulia. A partir de ahí ya nada sería igual, como lo acentúa la película de Marc Villá (1973-2018).

Los testimonios que quedan de aquel momento dan la voz de un acontecimiento visto como una maldición casi bíblica, en medio de la época gomecista. Las expresiones del petróleo en Venezuela en la película, entre imágenes gráficas, audiovisuales, rostros y anécdotas, imponen un relato coherente sobre la historia venezolana, con el crudo como punto nodal.

"Quise hacer una historia de la dominación", había dicho Villá con relación a Venezuela Petroleum Company. La tragedia del petróleo significó un cisma que dividió las dinámicas económicas del país y la sociedad venezolana: el crudo impuso una dialéctica de miseria generalizada, en beneficio de las elites nacionales y foráneas.

Así lo testimonian escritores, artistas, historiadores, trabajadores petroleros, expertos en la materia y los documentos audiovisuales del siglo XX. La música también es protagonista en este documental, pues representa uno de los signos de resistencia estética frente a la dependencia del petróleo.

Por eso es importante el cómo se cuenta esta historia, a través de una diversidad de voces y registros plásticos, en combinación con las descripciones en torno a la represión hacia una clase obrera perteneciente a la industria del petróleo y sus periferias, vital en el desarrollo energético y de las ganancias para las compañías transnacionales y las elites opulentas.

Es una historia de despotismo, la de una Venezuela que cambió para siempre cuando el petróleo se convirtió en el centro de la economía, condenando a la miseria a millones de personas, pero que tampoco fueron condescendientes: las luchas populares son un elemento central en este documental, pues la riqueza aparente que signa a la renta petrolera también produjo resistencias.

Allí es donde entra la historia política actual del país, en la que el chavismo es el factor clave en medio de una crisis del rentismo petrolero y a la vez el actor a destruir por parte de unos pocos que siempre tuvieron para sí los pozos petroleros que, con la Constitución de 1999 y las conquistas nacionales producto de la Revolución Bolivariana, ahora son para el beneficio público. De ahí la actualidad de este documental de Marc Villá (QEPD), justo cuando PDVSA está siendo minada para su desindustrialización como forma de atacar el corazón económico de Venezuela.


Descripción del documental: A escala mundial Venezuela es sinónimo de petróleo, pero pocos conocen de donde surge el asfalto por el que transitan cotidianamente. Esta es la historia de los pueblos petroleros, de sus despojos y luchas por un recurso energético no renobable para los venezolanos. El documental a través de artistas, expertos, trabajadores petroleros y habitantes de los campos y ciudades, nos adentra en un mundo  signado por la explotación, la riqueza aparente y la miseria.


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Mensaje por SS-18 el Miér Abr 10, 2019 11:55 pm

muy buen hilo

Gracias por la info


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Mensaje por DavidMlndz el Lun Mayo 13, 2019 9:17 pm

¿EXISTE UNA BURGUESÍA REVOLUCIONARIA? (+CASO VENEZUELA)

En Venezuela no hay empresarios: Toda la información del funcionamiento estructural e histórico de las élites. Web-tp-burguesia-revolucionaria

Por WLADIMIR ABREU. Especial para Tribuna Popular (Periódico del Partido Comunista de Venezuela

Profesor de Historia

«La burguesía ha ejercido en la historia una acción esencialmente revolucionaria. Allí donde ha conquistado el poder ha pisoteado las relaciones feudales, patriarcales e idílicas. Desgarró sin piedad todos los lazos multicolores que unían el hombre feudal a sus superiores naturales para no dejar subsistir otro vínculo entre hombre y hombre que el del frío interés, el del duro pago al contado. Ha ahogado el éxtasis religioso, el entusiasmo caballeresco y el sentimentalismo del buen burgués en las aguas heladas del cálculo egoísta.»

Manifiesto del Partido Comunista (K. Marx y F. Engels, 1848)

El manejo «deportivo» de las ciencias sociales en Venezuela, hace que un ministro del Gobierno afirme que en Venezuela es necesario «construir una burguesía revolucionaria». Esto nos lleva a aclarar a nuestros lectores: ¿es posible la existencia de una burguesía revolucionaria? ¿fue alguna vez revolucionaria la burguesía? Y en un plano local y actual ¿puede ser revolucionaria la burguesía hoy en Venezuela?

Spoiler:

Estas interrogantes sólo pueden ser respondidas correctamente desde un punto de vista histórico, pues la cualidad de la burguesía como clase revolucionaria ha variado en el tiempo. La burguesía fue revolucionaria en el período de paso desde la edad media y el absolutismo, hasta la instauración definitiva del modo de producción capitalista. El pasado precapitalista, llamado de manera genérica «el antiguo régimen», fue barrido por la oleada revolucionaria que tuvo su amanecer con el liderazgo antimonárquico de Oliverio Cromwell a mediados del siglo XVII y la posterior revolución inglesa de 1688, pero que alcanzó su cenit con la gran revolución francesa de 1789.

Este evento representó efectivamente el momento de mayor impulso revolucionario de la burguesía, barrió los restos del viejo mundo feudal, y dio inicio a una revolución bihemisférica, que culminará con el fin del absolutismo y la instauración de repúblicas liberales burguesas en buena parte del globo. En aquellos lugares, como el Reino Unido, en donde la vieja aristocracia logró evitar la guillotina, surgieron las monarquías constitucionales, que restringían el poder efectivo de la corona y establecían a través del parlamento mecanismos de gobierno en alianza entre los terratenientes y los burgueses; andando el tiempo, los primeros se transformaron en una nueva capa de los últimos.

De manera que, sin duda, la burguesía sí fue revolucionaria. Así lo expresó Karl Marx en el más contundente reconocimiento al aporte revolucionario burgués, el capítulo primero del Manifiesto del Partido Comunista. El propio Marx comprendió que la cualidad revolucionaria de la burguesía era históricamente determinada y por lo tanto transitoria: derruidos los viejos muros de los castillos feudales por los cañones fabricados en los talleres de la burguesía, ésta se convirtió en la nueva clase dominante. Con la implantación de su nuevo modo de producción, y su consolidación y expansión por el planeta, la burguesía pasará de clase revolucionaria a clase reaccionaria. Este es un ciclo que, dependiendo de la región del mundo, se cerró aproximadamente entre mediados del siglo XIX y principios del XX.

El caso venezolano

El gran aporte revolucionario de la incipiente burguesía agraria comercial venezolana, fue la guerra de independencia. Es necesario comprender que esta guerra no fue simplemente un conflicto por la independencia del territorio: los patriotas venezolanos de principios del siglo XIX se reconocían como hijos de la revolución francesa, como republicanos, antimonárquicos, enemigos del viejo régimen católico absolutista de los Borbones, y mostraron sus simpatías por los liberales republicanos que, aproximadamente al mismo tiempo, luchaban en la propia España por la abolición del régimen monárquico y la introducción de mecanismos constitucionales de gobierno.

No en balde hombres como Bolívar, Sucre, Roscio o Miranda, calificaban a los enemigos de la independencia como «realistas», esto es, como defensores de los fueros tradicionales de la realeza. Ni es casualidad que hayan expresado tanto en palabras como en actos su admiración por los sistemas constitucionales emergidos del colapso de los antiguos regímenes europeos, particularmente por el caso del Reino Unido, cuyas instituciones políticas fueron calificadas por Bolívar como las más dignas de servir de modelo para las nuevas repúblicas americanas.

Culminada la independencia, el resto del siglo XIX venezolano fue una época caracterizada por el esfuerzo de la incipiente burguesía, unas veces en pugna con los terratenientes, otras en alianza con ellos, por consolidar una república liberal burguesa. Su mayor dificultad fue el carácter rentista agrario de la economía rural venezolana, basada en el monocultivo (cacao o café) y con un nulo nivel de industrialización. De ese hecho económico nacieron los contratiempos que finalmente impidieron el desarrollo pleno del proyecto de país liberal burgués que inicialmente perseguían.

Ese defecto en la estructura económica de base persistió en el tiempo, y se extendió a la Venezuela petrolera desde principios del siglo XX. Para la burguesía venezolana, que nunca llegó a consolidarse como verdadera burguesía progresista y modernizadora del país, el negocio consistía en vender al exterior primero productos agrarios y más tarde petróleo crudo, para comprar con ese ingreso rentista mercancías extranjeras.

Así nació, creció y se estructuró la burguesía venezolana. Su carácter, por más de dos siglos, ha estado marcado por su naturaleza rentista y atrasada. Por ello, la burguesía venezolana no es revolucionaria, ni puede serlo: no puede proponerse industrializar y modernizar el país, pues tal cosa equivaldría a ser su propia antítesis. Las tareas de desarrollo industrial y económico no son metas que le sean inherentes como clase; son tareas que sólo le interesan al proletariado venezolano.


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