Lo que Marijaia esconde: ¿acaso tenemos algo que celebrar?

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Mensaje por Enver19 el Lun Jul 30, 2018 5:54 pm

Lo que Marijaia esconde: ¿acaso tenemos algo que celebrar?


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Artículo de colaboración para Borroka Garaia da!. Autor: Kolitza



El sentido de las fiestas patronales hace tiempo que se perdió. Originariamente eran motivo de celebración, en fechas señaladas, de motivos materiales de la comunidad, como la recogida de una cosecha, la victoria en una batalla, la superación de un obstáculo.
Creo que está por hacer un estudio de cómo éstas fueron absorbidas por la poderosa industria y no menos poderosa política ideológica de la fiesta capitalista. Quizá habría que dividir la genealogía de esta modalidad de celebración en general, o celebración de nada, (en lo que respecta al caso vasco) en una periodización como la que sigue; primera fase, generación del rock and roll (los sesenta y los setenta), segunda fase, la identificación de la fiesta capitalista como un espacio de lucha (jaia bai, borroka ere bai; los ochenta y los noventa), y tercera fase, la identificación de la fiesta capitalista con la lucha misma (plazerrez desobeditu, etc… última década y lo que parece va a durar bastante). En este análisis me referiré exclusivamente tanto al concepto de fiesta capitalista en general, como a lo que respecta a la última fase, la contemporánea, de la misma, junto con los efectos políticos directos que acarrea para la clase trabajadora.
Primeramente deberíamos caracterizar, aunque sea vagamente, ese concepto de fiesta capitalista. Con ello me refiero a un tipo de evento social masivo (suele reunir a miles de personas, cuando no a cientos de miles) que sólo es posible bajo el régimen de salarización precaria (taberneros y taberneras, músicos aspirantes a la fama que son tratados como escoria, basureros, prostitutas, camellos de poca monta, suministradores de todo tipo, y trabajadores auxiliares de distinta clase) y bajo los poderosos intereses de un complejo industrial (hostelería, industria de la droga, industria de la música, industria del sexo, industria mediática, industria cosmética, industria del juego, mafias de otra calaña, corrupción política, e industrias subsidiarias de estas). La fiesta capitalista, producto de las últimas cinco décadas, es en ese sentido un fenómeno económico de primera magnitud, basado en la obtención de beneficios a través de trabajo mal pagado, mucha veces peligroso, y basado en la humillación y el maltrato que la clase trabajadora en su conjunto impone a una parte de sí misma.
Dichas festividades capitalistas son rigurosamente periodizadas y estructuradas temporalmente para ser compaginadas con la vida laboral de las y los trabajadores, en lo que casi constituye una disciplina subalterna a la disciplina laboral y la disciplina reproductiva de la fuerza de trabajo. Dicho en términos más simples, sucede en horarios y fechas que tratan de complementar, sin sustituir, el normal calendario de trabajo. De este modo, los fines de semana o el periodo estival, así como todo otro tipo de fechas no laborables (navidades, etc..) se convierten en motivo (o más bien obligación social) para celebrar no se sabe muy bien qué.
Es método cauto, a la hora de analizar los fenómenos sociales, no sólo observar lo que sucede en ellos, sino sobre todo, poner atención en cuáles son los resultados que arrojan. Cada fecha señalada de este modo, cada sábado, cada día de fiesta patronal, arrojan: 1- Por un lado, en lo que respecta a los trabajadores que vienen de trabajar toda la semana: cuerpos con resaca (incapaces de actividad relevante alguna hasta su siguiente fase de explotación) y a la vez psicológicamente estabilizados (gasto de adrenalina, ruptura de la monotonía, apariencia de socialización masiva y participación en espectáculo de efervescencia colectiva); en cierta manera psicológicamente recuperados para un nuevo empleo semanal; 2-Por otro, trabajadores desempleados que desgastan así su frustración para un nuevo episodio semanal crónico de impotencia (que desgastan, por otro lado, todo subsidio directo o indirecto que sean capaces de recibir, y que podrían emplear en actividades no deseadas por la clase que los mantiene arruinados); 3- Además, un buen número de nuevos conflictos al interior de la clase obrera (agresiones sexuales, peleas, discusiones causadas por la droga, malentendidos que destruyen lazos sociales costosamente construidos, maltrato de los que están de fiesta a los que están trabajando, traiciones y engaños de todo tipo, etc…), pero sobre todo, 4- Grandes ganancias para el complejo industrial antes mencionado. Cabe añadir, en el caso de la última fase mencionada al comienzo, 5- La impresión de que se está llevando a cabo una actividad política subversiva, radical o transformadora (tanto organizando estas celebraciones o participando en ellas, como generando continuamente un discurso político totalmente centrado en este mundo paralelo de la fiesta.)
A todas luces, son resultados que políticamente favorecen a los intereses de la clase trabajadora. ¡Quien no vea esto, debe de estar ciego! Razón por la cual, es de suponer, se apoyan, promueven, impulsan, y tratan de modernizan constantemente con gran entusiasmo dichos espacios por parte de los así llamados ‘movimientos sociales’, y no menos por parte de las organizaciones políticas juveniles que pretenden transformar el ‘sistema’. Mención aparte merece el régimen de turnos, o lapidación militante semivoluntaria, que innumerables organizaciones promueven para financiar una guerra o actividad política que ya no existe.
En lo que respecta al sector juvenil en concreto, no extraña que gran parte de sus temas, problemas y perspectivas políticas estén reducidas substancialmente al virtual espacio de la fiesta capitalista.
1- A nivel individual: Todo joven tiene que estar siempre presente a título individual en esos espacios para no perder puestos en la jerarquía social o directamente no perder amigos, fomentar con su participación el tipo de relaciones y hábitos estándar de esos espacios (el sexo (o consumir sexualmente a los demás), el consumo desproporcionado de droga, las discusiones para tener razón y las peleas) y hacerse una idea de que la vida es eso, y a partir de ahí no sólo hacerse a esa idea, sino ponerla en práctica; es decir, dedicarse exclusivamente a vivir la vida, en la medida de lo posible, como si consistiese simplemente en una fiesta capitalista, es decir, en buscar follarse a los demás, en intentar tener razón en todas partes, en consumir droga (incluido alcohol etc) todos los días, y en pelearse (dependiendo del género de diferente forma) con todos y todas los que sean tus iguales, pero no con los que están jodiéndote la vida. Este modus vivendi de la derrota proletaria, por cierto, sólo se ve interrumpido, no por la conciencia de que nos han quitado la capacidad de tener una vida, sino por la conciencia de que cada vez está más chungo conseguir algo de pasta para mantener la vida-de-fiesta capitalista, la celebración perpetua de la impotencia. Por otra parte, este modo de vida juvenil conlleva un modelo de subjetividad obrero impuesto por la clase dominante para nuestra generación y las que vienen; según la cual ser joven es estar de fiesta constantemente, no preocuparse y no comprometerse con nada ni con nadie, salvo con cuestiones relativas a la fiesta. Pero eso es falso, eso no es ser joven, jamás lo ha sido hasta hace unas décadas.
2- A nivel político: Obviamente esto acaba por tener consecuencias políticas. Entre ellas: Profundización en la obsesión sexual compulsiva (producto exclusivamente capitalista) en los cuadros militantes y presentación como políticamente radical de un modelo de vida centrado en la sexualidad (plazerrez desobeditu, gora ligoteo askea (sic!).), obsesión sexual abundantemente identificada con el concepto de feminismo, que en sus orígenes tenía mucho que ver con la emancipación política de la mujer bajo el concepto general de revolución comunista, y nada que ver con la inserción de la ‘mujer emancipada’ en la fiesta capitalista como modelo de vida o en el capitalismo en general, cosa que es imposible. Por otra parte, intento desesperado de eliminar las agresiones sexuales a las mujeres en el contexto de fiesta capitalista, lo cual es tan absurdo como pretender que un manzano de peras, y no manzanas. La fiesta capitalista es esencialmente un contexto de embrutecimiento generalizado que promueve la violencia machista, que saca del interior de todas las personas toda la basura en que se han convertido mediante el proceso de socialización capitalista, y pretender combatir los resultados promoviendo las causas es manifiestamente un contrasentido. Por más manifiestos que se hagan, por más pancartas que se pongan, por más escuadrones de autodefensa que se organicen, mientras se siga promoviendo políticamente de forma acrítica la fiesta capitalista, alimentando un modelo de relaciones basado en la obsesión sexual, en la moral sexual contractualista e individualista, en el consumo desproporcionado de todo tipo de estupefacientes, en la guerra social y el baboseo de ambos géneros, en la ética egoísta y narcisista, en la música y los contenidos culturales sexistas, y en la enorme aglomeración de trabajadores y trabajadoras psicológicamente desestabilizados e impotentes que buscan desahogarse ante la barbarie capitalista, es absolutamente imposible combatir las agresiones sexuales, las vejaciones sexuales, la violencia machista, como es imposible combatir toda la guerra social que en esos espacios acontece.
¿Pero cómo entender esto, sin entender el contexto actual de la lucha de clases en nuestro país?
Las últimas encuestas muestran lo que ya sabíamos: sólo el 15 por ciento de la juventud vasca tiene capacidad para salir de casa de sus progenitores, y la tendencia demuestra que ese pequeño grupo irá reduciéndose constantemente. Pero ojo, son datos tomados no de adolescentes, sino de una media de edad ¡entre los 18 y los 44 años! A efectos prácticos, se puede decir que ya son varias las generaciones que masivamente han visto cómo su posibilidad de tener una vivienda se veía truncada. Motivo para celebrar y estar de fiesta todo el verano, todo el año, en vez de hacer la guerra. 281.082 ‘’jóvenes’’ de esa franja de edad viven en casa de sus padres. 86.325 viviendas vacías (son todos datos de la CAV, de agosto, en Nafarroa parecido). Mientras tanto, los ‘jóvenes’ (que ya llegan a los 44 años) se organizan para la celebración, y no para la lucha de clases.
Los empresarios se quejan de que los jóvenes no obedecen: http://www.elcorreo.com/bizkaia/economia/201608/12/jovenes-entienden-quieren-empresarios-20160812004251.html
Pero la realidad dice que si obedecen, que están dispuestos a trabajar por una miseria de sueldo (lo justo para salir de fiesta), sólo son excusas de la patronal porque es incapaz de emplear siquiera precariamente a la mayor parte de la población, a pesar de que unos edulcorados datos arrojan el resultado del 26 por cien de paro juvenil. Los datos ocultan la realidad de que el trabajo como garantía de vida a la vez que de sumisión de clase ya no es una oferta para las nuevas generaciones, que el Capital no es capaz de mantener su dinámica interna.
El salario general familiar (el salario marxista a secas) ha sufrido variaciones; ahora la vieja guardia proletaria, los padres cincuentones, y no el clásico varón adulto, mantienen a flote a la familia trabajadora (muchas veces ampliado ese concepto económico ya a hermanos, etc.. que van quedándose sin trabajo ni prestación de ningún tipo a avanzada edad, con lo cual los ahorros de todas las familias obreras van bajando y a no mucho tardar la cosa va a estar muy chunga). Estos viejos obligados a trabajar como cabrones sin rechistar son el último punto de apoyo a borde del precipicio para muchísimas familias, en la medida en que conservan el trabajo (de por sí la mayor de las veces ya no rentable para el capitalista) generalmente subsidiado vía estímulos a las empresas a través de deuda estatal (que está empezando a agotar sus posibilidades de financiación), cuando no directamente en puestos de funcionarios mantenidos por el mismo dinero ficticio del estado.
Para mantenerse a flote, la familia necesita aun así de los aportes del trabajo precarizado de las madres cincuentonas, adecuadamente absorbidas por el trabajo capitalista después de la generación del rock and roll y su feminismo de crítica al asunto del ‘trabajo no remunerado’. Dicho feminismo reformista, promovido durante la fase neoliberal por todo tipo de ONG’s de dudosa financiación, teorizado por profesoras universitarias progres yankies y europeas bien pagadas, y coordinado desde 1975 por la ONU y su instituto de promoción para la mujer (INSTRAW) junto con un sinfín de políticas de intervención estatal, ha conseguido por fin que las familias obreras tengan menor poder adquisitivo que cuando sólo trabajaba el hombre adulto (una de las razones por las que la tasa de ganancia se ha conseguido mantener en la fase toyotista, ahora en quiebra, es que por el mismo salario, ahora trabajan dos personas, en vez de una); es decir, un poder adquisitivo familiar menor ahora con dos salarios familiares (que generalmente sigue controlando el hombre). Ese feminismo reformista (cuya expresión científica es la ‘economía feminista’ clásica) ha conseguido que las mujeres (desde hace ya un par de décadas) tengan que hacer un doble trabajo (en casa y fuera de ella), y además, como guinda del pastel, ha conseguido desestructurar gran parte de las familias obreras de los centros imperialistas, dejando desamparadas económica y socialmente a multitud de personas, sin haber conseguido, por lo que a los datos refiere, disminuir en absoluto la violencia machista en ninguna de sus formas, ni tampoco el monopolio del hombre sobre la economía familiar. Luego el problema de género no era interno al salario, sino a la relación del salario con la ganancia capitalista (lucha de clases). Es decir, que la explotación de género forma parte de la explotación de clase, pero esto se sigue ocultando alegremente.
Los pocos jóvenes que, por su parte, encuentran un trabajo precario, sometidos y sometidas a la disciplina de la fiesta, no pueden contribuir demasiado a la economía familiar, sino al contrario, alivian al menos los gastos que de otro modo tendría la economía familiar para pagar su disciplina festiva, la fiesta capitalista como modelo de subjetividad juvenil, punto clave del mantenimiento del orden actual y del poder de clase de nuestros enemigos.
Mientras tanto ellos ríen y promueven la orgía sexual, la imagen pornográfica de la sociedad y la psicodelia y estética drogota de la juventud desde sus medios de comunicación, desde sus formas de intervención política estatales, policiales, educativas, culturales, promueven así también su imagen de radicalidad para eliminar la radicalidad real, la lucha de clases, y todo esto lo hacen porque es la forma más barata de mantener el orden, de desaparecer de la visibilidad social como clase explotadora, y además, porque arroja cuantiosos beneficios.
Nuestros enemigos, los que nos joden la vida, los que nos quitan el derecho de autodeterminar nuestro modelo de relaciones personales, nuestro modelo de cultura, o de celebraciones; los que nos han quitado el derecho a la familia, cualquiera sea su forma, a los placeres de tener hijos por imposibilidad económica e intervención política, los que nos han negado la vivienda, nos han destruido el territorio, nos han inculcado su lengua, nos han enemistado entre nosotros, nos han jodido la infancia en sus cárceles para criaturas obreras, nos han torturado y masacrado, y nos han humillado destruyendo nuestras esperanzas políticas. Ellos, estarán encantados de veros esta semana en Bilbo, todos los días, contra toda resaca, discutiendo politiqueos y manteniendo en alto el emblema de la juventud combativa.


https://borrokagaraia.wordpress.com/2016/08/19/lo-que-marijaia-esconde-acaso-tenemos-algo-que-celebrar/

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