Sobre Malenkov; Equipo de Bitácora (M-L), 2017

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Sobre Malenkov; Equipo de Bitácora (M-L), 2017

Mensaje por Enver19 el Miér Mayo 23, 2018 11:16 pm




«Como cualquier pseudomarxista, Roberto Vaquero líder de Reconstrucción Comunista (RC) esquematiza los acontecimientos históricos entre «buenos» y «malos». A ejemplo de ello, en base a que si una figura es enemiga del villano mayor debe de tratarse de un héroe, y viceversa, no estudia nada más, todo se reduce a ese simplismo: «el enemigo de mi enemigo es mi amigo». Así de nuevo, presenta a Gueorgui Malenkov bajo esa visión ya que fue uno de los miembros condenado por Jruschov en 1957 ante el intento de destituirle, lo considera un «gran marxista» que se mantuvo siempre «fiel al marxismo», ignorando toda su biografía y sus actuaciones durante 1953-1957. Veamos:

«Los denominados por los revisionistas como grupo antipartido, fueron los camaradas que se opusieron a Jruschov y que intentaron deponerle como Secretario general en Junio de 1957. Las cabezas visibles fueron Malenkov, Kaganóvich y Molotov. (...) En nuestro recuerdo están todos los camaradas que se enfrentaron al revisionismo en aquellos momentos tan difíciles y que se mantuvieron fieles». (Universidad Obrera; Aspectos sobre el grupo antipartido, 2017)

Ante esto, nos vemos de nuevo en la necesidad de repasar los aspectos fundamentales de la biografía política de Malenkov, figura principal junto a Mólotov del llamado «grupo anti-Jruschov» o conocido por los propios jruschovistas como «grupo antipartido» en 1957.

Es posible que Malenkov, a pesar de sus limitados conocimientos se haya podido camuflar como un pretendido marxista, pero para el final de su vida se destapó como tantos otros, como un seguidista, un hombre pragmático que jugaba a dos bandas para intentar sobrevivir; y es que así se puede resumir su carrera: apostó siempre fuerte y perdió en varias de sus aventuras políticas.

Malenkov, como tantos otros casos de políticos en que a la postre la historia las destaparía como antimarxistas consumados, ya tuvo roces con el partido comunista y su línea durante diversas épocas, algo que como el lector comprobará no es casualidad. Si algo podemos reprochar a los marxista-leninistas del partido bolchevique, fue el darle varias oportunidades a este oportunista.

Entre 1941-1943 la responsabilidad de Malenkov fue supervisar la producción militar en la fuerza aérea. En 1946 la mayoría de sus subalternos fueron juzgados por errores técnicos y malgastar recursos en la producción de aviones, posición que obviamente también afectó a Malenkov que era el encargado de supervisar todo esto, siendo sustituido el 4 de mayo de 1946 del puesto de Secretario del Comité Central del PCUS:

«La estrella política de Malenkov se fue atenuando. En abril de 1946, él aún presidía las sesiones del Orgbiuro, pero el arresto del comandante de la fuerza aérea soviética A.A. Novikov el 23 de abril de 1946 debilitaba aún más sus posiciones. Otros miembros del Consejo Militar de las Fuerza Aérea, del cual Malenkov era el miembro líder, fueron arrestados; bajo los interrogatorios. (...) denunciaron a Malenkov como un conspirador que se esforzaba por sabotear la fuerza aérea soviética. (...) El 4 de mayo, en una reunión del Politburó, Malenkov fue relevado de su trabajo en el Secretariado del Comité Central, principalmente bajo alegaciones de haber descuidado la supervisión sobre las fuerzas aéreas y la industria de aviación, que dio como resultado la construcción de aviones defectuosos». (Kees Boterbloem; Vida y época de Andréi Zhdánov, 2004)

Malenkov perdió definitivamente su autoridad y prestigió cuando apoyó las tesis del revisionista Varga en su libro «Los cambios en la economía del capitalismo resultantes de la Segunda Guerra Mundial» de 1946, un libro que en realidad no se diferenciaba mucho de las tesis de Browder. Posteriormente sería la Biblia político-económica para los revisionistas soviéticos en los años posteriores. Entre otras cosas este libro condensaba lo siguiente:

1) Propagaba la idea de que las contradicciones entre la URSS y el imperialismo eran limitadas, y que el imperialismo estadounidense pese a ser más poderoso ahora era más «razonable», alegaba que gracias a los cambios de la Segunda Guerra Mundial, tras el fin de las potencias fascistas, los conflictos entre el campo capitalista y el campo socialista podrían ser solucionados de forma cordial, que las guerras podían ser inevitables. .

2) Sobreestimaba el rol «progresista» del sector estatal en los países capitalistas y las medidas de «planificación» que supuestamente se habían implantado durante la guerra.

3) Creía que la clase obrera podía ir «asegurando su dominio» en el aparato estatal de los países capitalistas de forma pacífica y progresiva.

4) Subestimaba las nuevas formas de dominación del imperialismo tras el comienzo del fin del colonialismo, no entendiendo el peligro del neocolonialismo y en concreto de la exportación de capitales, precisamente uno de los rasgos que caracteriza al capitalismo en su etapa monopolística, imperialista.

5) Despreciaba los cambios introducidos por los partidos comunistas en las democracias populares, creía que aunque eran efectivamente muy progresistas no dejaban de ser nacionalizaciones similares a las que se producían en el resto de países capitalistas-burgueses como Gran Bretaña o Francia, creía que ese sector era un simple capitalismo de Estado, para más inri, añadía que la influencia económica de estos nuevos regímenes en el mundo no era algo determinante ni podía influenciar en demasía al resto de luchas y nuevos regímenes que se fuesen formando.

La mayoría del PCUS, no paró durante años de criticar sus teorías durante años, véase de ejemplo las críticas emitidas por nueve eminentes académicos que en la Conferencia celebrada entre el 14 y 21 de noviembre de 1947 criticando de arriba a abajo el libro en cuestión. Esto demuestra varias cosas que los historiadores esquemáticos metafísicos a todas luces no llegan a comprender:

1) en la URSS no todas las publicaciones diferentes a la línea eran prohibidas ipso facto debido a varios motivos, lejos de lo que creen algunos, se publicaron muchos libros en todos los campos que produjeron diversos debates;

2) en la URSS se estimulaba el debate de las obras que se consideraban ajenas a la línea política oficial, se animaba a ejercer una lucha ideológica sobre ellas dejando a los asistentes exponer sus argumentos, es más, ello se consideraba necesario para desenmascarar las desviaciones de los autores de dichos errores, tanto para atraerlos al partido si eran salvables, como por encima de todo para convencer a los trabajadores del partido y fuera del partido, el marxismo nunca ha considerado convencer o censurar a golpe de decretazo.

Hay que decir de paso, que aquellos idiotas estilo Vijay Singh y demás, que creen que automáticamente todo material político, económico y cultural en el PCUS o en otros partidos comunistas durante 1924-1953 llevaban el «sello de aprobación» de Stalin para intentar justificar a autores como Mao, están dando a entender que Stalin supervisaba toda obra publicada en la URSS o fuera de ella, lo cual no solo no es cierto sino que sería imposible y es una calumnia sobre el funcionamiento interno del PCUS, propagan una devoción y fe hacia una persona la cual debe controlar todo, lo cual es una tiranía profundamente antimarxista, y tratan de paso abalar la política desviacionista o ya directamente revisionista de muchas figuras que precisamente empezaban a asomarse como renegados antes de ser destapados años después.

Durante el periodo de Stalin en los diferentes partidos comunistas y por supuesto en los medios de la URSS se publicaron otras de diferentes autores nacionales e internacionales que luego se vería que no eran marxistas o que degeneraron: Bradler, Browder, Bujarin, Tito, Mao, Thorez, Ibárruri, Togliatti, Varga, Voznesensky, Dej, Kim Il Sung, Jruschov, y muchos otros. Algunos fueron destapados en vida de Stalin, algunos otros obviamente Stalin nunca llegó a leer todas sus obras ni conocía todos sus actos, por lo que no captó su esencia, hubo otros casos en los que personalmente aportó su grano de arena para desenmascararlo y éstos accedieron bajo autocríticas cínicas a renunciar momentáneamente de sus posiciones, pero igualmente quedaron registros del criticismo de Stalin hacia sus políticas, lo que nos ayuda a entender sus desarrollos posteriores: ¿y por qué estos autores circulaban libremente por estos partidos y publicaban tales aberraciones? Evidentemente porque había un bajo nivel ideológico, un espíritu de autosatisfacción, formalismo y otros defectos que el lector se puede imaginar, los cuales Stalin criticó si se revisan sus obras del último periodo como veremos más adelante.

Malenkov también fue criticado en 1946 por apoyas algunas de estas teorías o sus variantes:

«Los puntos de vista de Malenkov encajaban con los argumentos de Eugene Varga, que afirmaban que los cambios institucionales en el Estado estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial habían hecho un competidor internacional más fuerte pero menos agresivo, más capaz de controlar sus impulsos agresivos de los monopolios capitalistas. (...) Malenkov buscó un apoyo para estas tesis entre las clases medias urbanas y la intelectualidad cultural y técnica. (...) Los cargos asestados por los inquisidores zhdanovistas contra el libro de Varga expusieron el perfil de Malenkov como consecuentemente: «técnico» y «apolítico», que sufría de «empirismo», «objetivismo burgués» y un punto de vista «sin partido». Durante las discusiones de la obra Varga fue obligado a rectificar en todas sus posiciones. La famosa obra de Stalin «Problemas económicos del socialismo en la URSS» de 1952: «Estaba claramente dirigido contra Varga». (Erik P. Hoffmann, Robbin Frederick; La política exterior soviética 1917-, 2009)

Lo que aquí recoge el autor burgués de Zhdánov sobre Malenkov no es para nada casual, Zhdánov tenía toda la razón del mundo en calificar a Malenkov como un «apolítico» y «empirista», es decir alguien que se movía en base al pragmatismo, lo que le era útil de sus experiencias lo repetía sin mirar si concordaba con los principios, esto sería la constante en su carrera política, camuflarse dentro de la línea de debate que creía que iba a salir victoriosa.

Tras la crítica a Varga, el apoyo otorgado por Malenkov a las tesis de este le valieron el ser degradado también en el Buró Político:

«[En]las listas electorales de los miembros del Politburó. Durante las elecciones de enero de 1946, el nombre de Malenkov era tercero en la lista; él cayó al noveno lugar en noviembre de 1947, de 1946 hasta a mediados de 1948, la obra de Malenkov nunca apareció como el de un miembro del Secretariado del Partido Comunista». (Martin Ebon; Malenkov el sucesor de Stalin, 1953)

La prueba de su rol secundario pudo verse en la conformación de la Kominform donde Zhdánov encabezada siempre la delegación soviética: en la primera y la segunda Conferencia de 1947 y 1948. Es solo a partir de la muerte de Zhdánov cuando empieza a tener un rol más protagónico tanto en las sesiones de la Kominform como en el PCUS en sí.

Es precisamente durante esta época de 1947 de pleno apogeo de Zhdánov y ante su propuesta de celebrar el XIXº Congreso del PCUS, cuando según algunas fuentes señalan que Malenkov y Beria serían unos de los culpables del retraso de la celebración del congreso hasta 1952:

«Los archivos Hoover revelan la intención poco conocida del Buró Político de convocar al XIX Congreso del Partido a principios de 1947, asignándole a A. Zhdánov el papel más importante en su organización. En ese momento, Zhdánov era el segundo en el Partido, solo después de Stalin, y encabezaba el secretariado. Esta asignación del Buró Político situaba claramente a Zhdánov como el previsible sucesor de Stalin. El 7 de enero de 1947, el Buró Político aprobó la decisión de convocar un Pleno del Comité Central para el 21 de febrero, que incluía como tema principal la convocatoria del XIX Congreso del Partido, encargando a Zhdánov la responsabilidad de establecer su agenda [4]. El XIX Congreso del Partido se reunió finalmente cinco años más tarde, bajo la dirección de G. Malenkov, rival de Zhdánov. (...) La colección personal de materiales de Zhdánov contiene en efecto su intervención en el Pleno de 1947, en el que propuso que los principales puntos de la agenda del XIX Congreso sean el nuevo programa del Partido y los nuevos estatutos partidarios. (...) Zhdánov, el ex primer secretario de Leningrado y miembro del Buró Político desde 1939, se desempeñaba como secretario del Comité Central y ocupaba claramente el segundo lugar, solamente después de Stalin, en la organización del Partido a finales de 1940. Es en esa capacidad que el Buró Político le asignó en febrero de 1947 que realizara los preparativos para el XIX Congreso del Partido. Al parecer, el contrapeso de sus rivales Malenkov y Beria estancó la primera convocatoria del Congreso del Partido. Dieciocho meses más tarde, antes de que se convocara el Congreso, murió Zhdánov (31 de agosto de 1948), aparentemente de un ataque al corazón, aunque no se puede descartar el juego sucio. La muerte de Zhdánov perturbó el frágil equilibrio político. (...) Los Congresos del Partido exigen un tema principal. Si el XIX Congreso del Partido se hubiera llevado a cabo como estaba previsto en 1947 bajo Zhdánov, el tema habría sido el nuevo programa del Partido. Pero bajo Malenkov-Beria, el tema principal era la ratificación del segundo plan quinquenal de la posguerra –el quinto plan quinquenal– para el período 1951-1955». (Aleksei Tikhonov y Paul R. Gregory; El último Plan de Stalin, 2004)

Malenkov sólo pudo volver a puestos de poder de importancia tras la misteriosa muerte de su principal detractor: Andréi Zhdánov a mediados de 1948, otra famosa muerte que no está exenta de polémicas:

Malenkov fue recobrando su influencia poco a poco y en silencio. Seguramente los elementos sanos del partido pensaron que Malenkov había aprendido la lección de 1946 y que se dedicaría con diligencia al trabajo en el partido, Zhdánov que había calado muy bien su carácter, estaba fallecido, por lo que Malenkov se concentró en ganarse la confianza de Stalin no desentonando en los años sucesivos, y no reviviendo sus pensamientos desviacionistas hasta que éste falleció.

Durante el caso de Leningrado de 1949, a petición de Stalin, Malenkov fue a investigar junto a otros las irregularidades del partido in situ, como tantos otros. Finalmente Malenkov se mantuvo en la línea del partido y participó en la lucha contra las tesis económicas desviacionistas de Voznesensky, Kusznetov, Rodionov y Popkov. Voznesensky había participado en la crítica a Varga como la mayoría del partido, pero en 1947 había publicado su obra «La Economía de la URSS durante la II Guerra Mundial» lleno de errores antimarxistas, obra que a la postre sería la brújula de los jruschovistas y maoístas en el futuro. El hecho de que la obra hubiera sido publicitada y alabada en los medios soviéticos, volvía a demostrar, como en el caso de la obra antimarxista de Varga anteriormente, que el nivel de conocimientos económicos en el partido era realmente pobre, y que el partido dependía en gran parte, de la iniciativa de la crítica de los cuadros con mayor prestigio, de otro modo el indiferentismo reinaba.

Stalin como dijeron muchos historiadores, dirigió gran parte de la crítica de su obra «Problemas económicos del socialismo» hacia algunos de los aspectos de la obra de Voznesensky de 1947:

1) Stalin condenó a quienes negaban como Voznesensky la base objetiva y científica de las leyes económicas:

«Algunos camaradas niegan el carácter objetivo de las leyes de la ciencia, principalmente de las leyes de la economía política en el socialismo. Niegan que las leyes de la economía política reflejan el carácter regular de procesos que se operan independientemente de la voluntad de los hombres. Consideran que en virtud del papel especial que la historia ha asignado al Estado soviético, éste y sus dirigentes pueden abolir las leyes de la economía política existentes, pueden «formar» nuevas leyes, «crear» nuevas leyes.

Esos camaradas se equivocan profundamente. Por lo visto, confunden las leyes de la ciencia, que reflejan procesos objetivos de la naturaleza o de la sociedad, procesos independientes de la voluntad de los hombres, con las leyes promulgadas por los gobiernos, creadas por la voluntad de los hombres y que tienen únicamente fuerza jurídica. Pero no se debe confundirlas de ningún modo.

El marxismo concibe las leyes de la ciencia –lo mismo si se trata de las leyes de las ciencias naturales que de las leyes de la economía política– como reflejo de procesos objetivos que se operan independientemente de la voluntad de los hombres. Los hombres pueden descubrir estas leyes, llegar a conocerlas, estudiarlas, tomarlas en consideración al actuar y aprovecharlas en interés de la sociedad; pero no pueden modificarlas ni abolirlas. Y aún menos pueden formar o crear nuevas leyes de la ciencia. ¿Quiere decir eso que, por ejemplo, los efectos de la acción de las leyes naturales, los efectos de la acción de las fuerzas de la naturaleza sean en absoluto ineluctables, que las acciones destructivas de las fuerzas naturales tengan siempre y en todas partes la fuerza inexorable de elementos que no se someten a la influencia del hombre? No, no quiere decir eso. Si excluimos los procesos astronómicos, geológicos y otros análogos en los que los hombres, incluso cuando han llegado a conocer las leyes de su desarrollo, son verdaderamente impotentes para influir en ellos, en muchos otros casos los hombres no son, en absoluto, impotentes para influir en los procesos naturales. En todos esos casos, los hombres, una vez que han conocido las leyes de la naturaleza, pueden, tomándolas en consideración y apoyándose en ellas, utilizándolas y aprovechándolas debidamente, reducir la esfera de su acción, encauzar en otra dirección las fuerzas destructivas de la naturaleza y hacer que rindan provecho a la sociedad». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Problemas económicos del socialismo, 1952)

2) Stalin negaba que la ley del valor ejerciera una influencia reguladora en una economía socialista, y que de igual modo fuese un factor clave de todos los periodos de desarrollo, incluido el comunista:

«Ya he dicho que la esfera de acción de la producción mercantil está en nuestro régimen circunscrita y limitada. Lo mismo hay que decir de la esfera de acción de la ley del valor. Es indudable que la ausencia de la propiedad privada sobre los medios de producción y que la socialización de estos medios tanto en la ciudad como en el campo no pueden por menos de limitar la esfera de acción de la ley del valor y su influencia en la producción.

En el mismo sentido actúa la ley del desarrollo armónico –proporcional– de la economía del país, que ha sustituido a la ley de la concurrencia y de la anarquía de la producción.

En el mismo sentido actúan nuestros planes anuales y quinquenales, y, en general, toda nuestra política económica, que se basan en las exigencias de la ley del desarrollo armónico de la economía del país.

Todo ello, sumado, hace que la esfera de acción de la ley del valor esté en nuestro país rigurosamente limitada y que en nuestro régimen la ley del valor no pueda desempeñar el papel de regulador de la producción.

Ello, precisamente, explica el hecho «asombroso» de que, a pesar del desarrollo ininterrumpido e impetuoso de nuestra producción socialista, la ley del valor no conduzca en nuestro país a crisis de superproducción, mientras esa misma ley del valor, que en el capitalismo tiene amplio campo de acción, conduce en los países capitalistas, a pesar del bajo ritmo del incremento de la producción en esos países, a crisis periódicas de superproducción.

Se dice que la ley del valor es una ley constante, obligatoria para todos los períodos del desarrollo histórico, y que, si pierde su fuerza como regulador de las relaciones de cambio en el período de la segunda fase de la sociedad comunista, conservará en esa fase de desarrollo su fuerza como regulador de las relaciones entre las distintas ramas de la producción, como regulador de la distribución del trabajo entre las ramas de la producción.

Eso es completamente equivocado. El valor, lo mismo que la ley del valor, es una categoría histórica vinculada a la existencia de la producción mercantil. Cuando la producción mercantil desaparezca, desaparecerán también el valor, en todas sus formas, y la ley del valor». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Problemas económicos del socialismo, 1952)

3) Stalin criticaba la afirmación de Voznesensky sobre que la ley del valor regulaba las proporciones de la distribución del trabajo:

«Es también completamente errónea la afirmación de que en nuestro sistema económico actual, en la primera fase de desarrollo de la sociedad comunista, la ley del valor regula las «proporciones» de la distribución del trabajo entre las distintas ramas de la producción.

Si ello fuera así, no se comprendería por qué en nuestro país no se desarrolla al máximo la industria ligera, la más rentable, dándole preferencia frente a la industria pesada, que con frecuencia es menos rentable y a veces no lo es en absoluto.

Si ello fuera así, no se comprendería por qué en nuestro país no se cierran las empresas de la industria pesada que por el momento no son rentables y en las que el trabajo de los obreros no da el «resultado debido» y no se abren nuevas empresas de la industria ligera, indiscutiblemente rentable, en las que el trabajo de los obreros podría dar «mayor resultado». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Problemas económicos del socialismo, 1952)

4) Stalin resumía a grandes rasgos las leyes económicas fundamentales del capitalismo moderno y del socialismo de esta forma:

«Los rasgos principales y las exigencias de la ley económica fundamental del capitalismo moderno podrían formularse, aproximadamente, como sigue: asegurar el máximo beneficio capitalista, mediante la explotación, la ruina y la depauperación de la mayoría de los habitantes del país dado, mediante el avasallamiento y el saqueo sistemático de los pueblos de otros países, principalmente de los países atrasados, y, por último, mediante las guerras y la militarización de la economía nacional, a las que se recurre para asegurar el máximo de beneficio. (...) Existe una ley económica fundamental del socialismo? Sí, existe. ¿En qué consisten los rasgos esenciales y las exigencias de esta ley? Los rasgos esenciales y las exigencias de la ley económica fundamental del socialismo podrían formularse, aproximadamente, como sigue: asegurar la máxima satisfacción de las necesidades materiales y culturales, en constante ascenso, de toda la sociedad, mediante el desarrollo y el perfeccionamiento ininterrumpidos de la producción socialista sobre la base de la técnica más elevada». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Problemas económicos del socialismo, 1952)

5) Stalin criticó el bajo nivel ideológico en economía política entre los comunistas de la época:

«Debido al insuficiente nivel de desarrollo marxista de la mayoría de los partidos comunistas de los demás países, un manual así sería también de gran utilidad a los cuadros comunistas no jóvenes de esos países». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Problemas económicos del socialismo, 1952)

La adhesión de Malenkov a la crítica de Voznesensky en 1949-1953 parece ser que fue más por cuestiones de viejas rencillas personales con el grupo de Leningrado y para aumentar su prestigio, que por motivos de convicciones ideológicas, ya que las tesis del grupo de Leningrado eran muy similares a las de Varga que Malenkov había apoyado en 1946 y que volvería a apoyar al morir Stalin en 1953. Por eso el 30 de abril de 1954 de la mano de Malenkov, Voznesenskyy sus compinches fueron rehabilitados, incluyendo sus ideas económicas.

Esto no lo decimos por decir, pues solamente hay que ver que a la muerte de Zhdánov en 1948 y de Stalin en 1953, los líderes soviéticos revisionistas que fueron escalando en el poder rebuscaron entre las teorías de Varga-Malenkov-Voznesensky para apoyar su nueva vía. He aquí un ejemplo:

«Jruschov y Brézhnev compartían las tesis «realistas» de Varga-Malenkov sobre Occidente y sobre la posibilidad de rebajar la tensión». (Erik P. Hoffmann, Robbin Frederick; La política exterior soviética 1917-, 2009)

Durante las discusiones de los 50 sobre la reciente obra de Stalin, se pudo ver al propio Varga lanzando una autocrítica:

«El académico Varga reconoció que se había equivocado al suponer que la tesis leninista de la inevitabilidad de las guerras entre los países capitalistas había quedado obsoleta en las condiciones actuales. «Reconozco que me equivoqué en esta cuestión», dijo el académico Varga. «El camarada Stalin dio una minuciosa demostración de la inevitabilidad de las guerras entre los países capitalistas, incluso en la etapa actual. Considero que si en el curso de nuestro trabajo hemos cometido un error, estamos obligados honradamente a reconocerlo y no repetirlo». (Current Digest of the Soviet Press; Tareas del Instituto de Economía de la Academia de Ciencias de la URSS en relación con la publicación de la brillante obra de Stalin «Problemas económicos y socialismo en la URSS», Volumen 5, No. 3 26 de febrero de 1953)

Como diría en los años 60 esta autocrítica fue fingida, con ello estaba siguiendo los pasos de lo que ya hacía Malenkov, es decir, intentar recobrar su autoridad perdida, lo que nos indica el nivel de cinismo y arribismo que había en el partido.

Antes de morir Stalin en marzo de 1953, Malenkov tuvo un peso fundamental en el XIXº Congreso del PCUS de 1952 conduciendo el informe principal, informe que debe decirse, fue revisado personalmente por Stalin y el Presídium, lo que demuestra que Malenkov no era entonces sino un engranaje de una dirección colectiva:

«En sus memorias, Kaganóvich confirmó que hubo una amplia discusión del informe Malenkov: «El borrador del discurso de Malenkov fue discutido bajo la dirección de Stalin en el Presídium y se hicieron correcciones varias veces». El archivo del XIX Congreso contiene la versión del informe de Malenkov con correcciones y comentarios de Stalin escritos a mano. Cabe señalar que estos comentarios se refieren en gran parte a la redacción, aunque algunos de ellos obviamente revelan diferencias de puntos de vista entre Stalin y Malenkov. En primer lugar, Stalin editó el discurso para «suavizar» el tono crítico de Malenkov en relación con fallos de la economía. Suprime adjetivos como «frecuente» o «numerosos» cuando se aplica a los errores y equivocaciones en la economía: «numerosos» casos de mala calidad en la producción, se convierten en «casos de mala calidad en la producción». En segundo lugar, Stalin demuestra su talento para la terminología colorida: las «malas personas que quieren derrocar el régimen», en la redacción de Malenkov, se convierten en «aquellos que quieren apuñalarnos por la espalda» según Stalin. (...) En cuarto lugar, Stalin, hizo una serie de modestas correcciones a las cifras de control sugeridas por Malenkov para el V Plan Quinquenal. (…) Las correcciones relativamente modestas de Stalin se pueden interpretar como poner más «optimismo social» en el discurso de Malenkov y como una confirmación de que todo estaba bajo control. El mejor ejemplo de esto último es la edición que hace Stalin de la parte donde Malenkov decía: «Después de la guerra se desaceleró el ingreso de nuevos miembros al Partido», cambiándola por «El Partido decidió frenar el reclutamiento de nuevos miembros del Partido». El único caso en que Malenkov no aceptó la corrección de Stalin, con respecto al asunto del «optimismo social», fue el pasaje sobre el papel de la sátira en la literatura soviética donde Malenkov insistía que los artistas soviéticos deben «con el fuego de la sátira quemar todo lo que en la vida soviética es negativo, podrido, muerto». Stalin probablemente pensó que era un método demasiado áspero para ser utilizado en la literatura soviética optimista». (Aleksei Tikhonov y Paul R. Gregory; El último Plan de Stalin, 2004)

Algunos se preguntaran bajo las formas de siempre: ¿si tan revisionista era Malenkov como que llegó a presentar el informe principal al congreso? Pues por la misma razón que en ese congreso Jruschov presentó el informe sobre la revisión de los estatutos del partido. ¡Porque no estaban destapados del todo y se sometían a la línea del partido que era la voluntad colectiva! En el caso de Malenkov esto indica que él: en caso de no haber superado sus desviacionistas o bien de haberlas profundizado desde 1946, no tenía oportunidad de presentar un informe revisionista saltándose la dirección colectiva y sin autodestapar una vez más sus divergencias con la línea oficial, algo que sabía de sobra que le volvería a poner bajo el foco del huracán, por lo que, pensase lo que pensase, jamás se atrevería a contradecir la línea oficial del partido mientras Stalin viviese y su autoridad estuviera intacta.

En este magnífico artículo, el autor anónimo en Pravda que seguramente fuera Stalin, se atacaba la falta de vigilancia y la autosatisfacción de los cuadros:

«El camarada Stalin ha advertido numerosas veces que nuestros éxitos tienen asimismo su aspecto negativo, que engendran en muchos de nuestros militantes responsables un estado de ánimo de placidez y cándido optimismo. Entre nosotros encontramos aún bastantes despreocupados. Precisamente esta despreocupación de nuestras gentes constituye el terreno favorable para el sabotaje criminal. Las relaciones socialistas dominan completamente en la Unión Soviética. En la gran guerra patria el pueblo soviético ha obtenido una victoria sin par en la historia. En un plazo extraordinariamente corto, las graves consecuencias de la guerra han sido reparadas. En todos los sectores de la edificación económica y cultural, obtenemos éxitos. De estos hechos algunos sacan la conclusión de que el peligro del sabotaje, de la diversión, del espionaje se encuentra ya actualmente descartado: que los magnates del mundo capitalista pueden renunciar a sus intentos de realizar una actividad de zapa contra la Unión Soviética. Pero sólo oportunistas de derecha, gentes que se atienen al punto de vista antimarxista de la «extinción» de la lucha de clases, pueden pensar y razonar de esa manera. No comprenden o no pueden comprender que nuestros éxitos conducen, no a la extinción de la lucha, sino a su agravación, que cuanto más progresemos con éxito más aguda será la lucha de los enemigos del pueblo, condenados a perecer, abocados a la desesperación». (Pravda; Espías y cobardes asesinos bajo la máscara de médicos y profesores, 13 de enero de 1953)
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Re: Sobre Malenkov; Equipo de Bitácora (M-L), 2017

Mensaje por Enver19 el Miér Mayo 23, 2018 11:17 pm

Hay que tener en cuenta que una persona, en este caso Stalin, no lo decide todo, él siempre se esforzó porque los cuadros tomasen la iniciativa y los felicitó de corazón cuando así se producía ya que eso significaba que el partido tenía esperanza, pero los éxitos nunca le impidieron que se mordiera la lengua en criticar los defectos que a sus ojos tenía el partido o ciertas personas.

Pensar otra cosa a la hora de analizar el retroceso de la URSS, es confiar en las teorías de los héroes y las masas, en que durante la época de Lenin existía un héroe que era Lenin que él solo conducía el partido, y que a su muerte, hubo otro héroe que condujo al partido entre las tinieblas, el resto solo eran chusma, desde los altos cargos hasta los intermedios, pasando por los militantes de base.

Precisamente esta teoría de subestimar a las masas y crear la idea de héroes fue la idea que Malenkov alentaba como se vio en la reunión del Politburó del 16 de octubre de 1952.

Veamos otro ejemplo histórico como el de Ismail Kadre, donde un famoso adulador que extendía la teoría de los héroes y la muchedumbre, siendo Hoxha el héroe albanés y el resto o unos burócratas o un pueblo indefenso:

«A  continuación, este poeta burgués ataca a toda la construcción del socialismo en nuestro país, todas las directivas del partido, toda la estructura y la superestructura política y llama a todo lo nuestro un gran farol destinado a cubrir la «decadencia y la burocracia».  (…) Sentencia a Enver como «el único salvador». No hay personas, clases o partido para Ismail Kadare. Todos son pésimos, solo «Enver Hoxha permanece y sacude a los enemigos». Así es como Kadare tratar de enmascarar su trabajo hostil. (…) Debemos ayudar a los escritores y poetas con todas las personas de la cultura en resumidas cuentas, pero no olvidemos que aparte de las cosas buenas las malas hierbas pueden surgir entre ellos. (…) Ismail Kadare está lejos de esa situación, pero si se lo deja sin educación y sin corrección, puede deslizarse en este camino. Ismail Kadare ha hecho cosas buenas y debería continuar en este ciclo. Este poema puede ser un «accidente» pero por eso para corregir este accidente debería ser ayudado en el camino del partido y no en caminos oportunistas y liberales. Señalamos sus cosas buenas y así lo hemos hecho, pero también señalamos las cosas no buenas para ser educadas y siempre vamos directos al grano». (Enver Hoxha; Diario, 20 de octubre de 1975)


Pero Kadare como ya señalaba Hoxha, resultó ser años más tarde un férreo enemigo de la figura que decía alabar, y en general un anticomunista declarado como se sabe hoy.

Aunque se intente achacar parte o gran parte de los éxitos o derrotas a una sola persona, esta no puede ser responsable directo de una obra colosal como es la dirección de un país o un partido, incluso aunque estos líderes vean los problemas que hay a su alrededor y se esfuercen en que sus compañeros eleven su nivel para acabar con ellos, si estos no lo quieren y no se esfuerzan concienzudamente, por más que estos «genios» aconsejen, repliquen y demás, no obrarán milagros, por más que se emitan decretos y se organicen campañas de agitación y propaganda para ello no resultarán: una obra colectiva de esta magnitud no la determina una o dos personas ni los añadidos que se puedan implementar para que se pongan manos a la obra para salvar los obstáculos. Es por ello que pese a la evidente documentación que acredita que tanto Stalin como Hoxha combatieron defectos como el indiferentismo, el burocratismo, el intelectualismo, la falta de nivel ideológico, el seguidismo y demás, este no podía ser curado por obra de ellos, sino por el esfuerzo de los cuadros intermedios y sobre todo por la concienciación y la actitud de los propios implicados a los cuales eran blanco de estos defectos.

El propio Jruschov más allá de todas las calumnias vertidas sobre Stalin, tuvo razón en una cosa, o al menos en una frase que adjudica a Stalin que parece verídica:

«Stalin nos dijo: «Ustedes son ciegos gatitos; ¿qué les sucederá sin mí? El país perecerá porque ustedes no saben reconocer a sus enemigos». (Nikita Jruschov; Informe Secreto en el XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, 25 de febrero de 1956)

Esto por tanto, no debe interpretarse como un desprecio de Stalin hacia todo el partido comunista, sino en concreto hacia la cúpula y los defectos que adolecía.

Tras la muerte de Stalin el 5 de marzo de 1953, Malenkov ocuparía el puesto clave de Presidente del Consejo de Ministros de la URSS, precisamente a propuesta de Beria, como se pudo ver en el llamado protocolo

Pese a sus famosas relaciones con Beria durante diversos años, y su amistad mutua, Malenkov participó en la detección de Beria que fue realizada bajo términos de ilegalidad manifiesta:

«Confiamos la detención de Beria al camarada Moskalenko, al comandante de la defensa aérea y a cinco generales, y en la víspera de la sesión, Malenkov amplió nuestro círculo para incluir al mariscal Zhúkov y algunos otros. Once mariscales y generales en total, en aquellos días todo el personal militar debía revisar sus armas al llegar al Kremlin, por lo que el camarada Bulganin fue instruido para ver que los generales se les permitiese traer sus armas con ellos. Esperaron a que se hiciera una citación en una sala separada mientras se celebraba la sesión, cuando Malenkov dio una señal, entraron en la sala donde estábamos reunidos y llevábamos a Beria bajo custodia». (Nikita Serguéievich Jruschov; Memorias, Londres, 1971)

En agosto de 1953 Malenkov en su momento álgido y creyéndose con el control del partido para desatar sus ideas sin oposición, implementó el «Nuevo curso» en materia económica, entre cuyas directrices se encontraba la temprana propuesta de proponer reducir el número de inversiones en la industria pesada en favor de la industria ligera:

«Es nuestra tarea hacer una fuerte mejora en la producción de bienes de consumo y asegurar un desarrollo más rápido de la industria ligera y de alimentación». (Gueorgui Malenkov; Discurso ante el Soviet Supremo, 1953)

Un reajuste en las inversiones industriales y sus ramas no tiene porqué ser un indicio de nada negativo, pero aquí lo que se dio fue imponer sobre todo en el resto de países del campo socialista, un aumento en las inversiones de la industria ligera y el agro en detrimento de la industria pesada sin tener en cuenta si se habían respetado los niveles de inversiones en los diferentes campos o si las condiciones materiales eran diferentes entre los distintos países, fue un decreto general desde la Moscú revisionista que exigía ser obedecido. Véase las reuniones entre las delegaciones soviético-alemanas y soviético-húngaras de 1953-1955 disponibles online que hemos citado. La rehabilitación de las tesis de Varga que a Malenkov tanto le impresionaban contribuían a la rápida restauración económica del capitalismo en estos países, en cambio, su insistencia en cambiar el modelo económico en torno a una división internacional del trabajo con foco en la URSS, estaba diseñado para causar la dependencia económica y la sumisión política de estos países en torno al nuevo socialimperialismo soviético que ya se estaba conformando, algo que Jruschov se encargaría de rematar a partir de 1956.

El hecho de que Malenkov lanzara ese programa en aquel momento sin tener los suficientes apoyos de las grandes figuras como Bulganin o Zhúkov del PCUS, fue aprovechado por Jruschov y otros rivales para criticarlo como derechista al romper el esquema de la industria pesada como eje en el cual pivota la economía, mucho más al aumentarse la presión militar estadounidense durante 1954-1955 que coincidían con la vuelta de Malenkov a sus tesis de los años 40 sobre encarar todo y como sea a una salida conciliadora y pacífica a los retos imperialistas, recuérdese que hablamos además de una época en que la Red Gladio operaba en todo el mundo, por lo que las ideas de Malenkov eran criminalmente ilusas, y como se demostró el imperialismo no siempre resolvió su política por las buenas. Jruschov lanzaría su campaña a finales de 1954 y principios de 1955 contra Malenkov, contando paradójicamente con miembros del futuro grupo anti-Jruschov de 1957 como sería Shepilov; este último en sus artículos lanzaría un ataque frontal contra Malenkov por su:

«Vulgarización del marxismo». (D. Shpeilov; Línea general del partido y la vulgarización del marxismo, 24 de enero de 1955)

Que:

«Abandona la única correcta línea sobre el desarrollo de la industria pesada». (D. Shpeilov; Línea general del partido y la vulgarización del marxismo, 24 de enero de 1955)

Véase sino también el artículo de Jruschov en «Izvestia» del 28 de diciembre de 1954 básicamente repitiendo lo mismo.

Para entender el nivel de revisionismo y conciliación de la dirección poststalinista con los oportunistas: el 1954 el propio Malenkov le daría a Varga la orden de Lenin, luego en 1963, ya con Jruschov al cargo, se le otorgó el Premio Lenin «por las contribuciones distinguidas al desarrollo de la ciencia marxista-leninista». Varga en su libro «El camino ruso y sus resultados» de 1964, llegó a reconocer que su autocrítica de 1946 fue fingida, comparaba al régimen de Stalin como el «régimen de la plutocracia del partido» y lo calificaba como un sistema no diferente al de Hitler. Al fallecer en 1964 una nota de Pravda firmada por Jruschov, Mikoyan y otros lo calificarían de:

«Un destacado representante de la ciencia económica marxista-leninista. (…) Las obras de Varga están imbuidas en el espíritu de partido y son irreconciliables contra cualquier manifestación de dogmatismo o revisionismo, la vulgarización o el doctrinarismo que se autodenominó como ciencia en los años del culto a la personalidad». (Pravda; Obituario de Evgeny Varga, 9 de octubre de 1964)

Este infame revisionista fue el que se elevó a categoría de sabio económico gracias a Malenkov en los años 40 y de nuevo en los 50, Jruschov solo tomó el trabajo ya realizado por Malenkov.

Uno de los motivos centrales de Jruschov en 1955 para derribar a Malenkov fue exponer su «falta de capacidades» para el puesto de Presidente del Consejo de Ministros de la URSS en lo concerniente a las inversiones en la industria:

«El discurso de Malenkov en la quinta sesión del Soviet Supremo de la URSS es característico en este sentido. En su sentido de propósito y con grandes generalizaciones económicas y poco fundamentadas, este discurso recordaba más una declaración parlamentaria destinada a competir por la popularidad barata que un importante discurso del jefe del Gobierno soviético. En este mismo discurso el camarada Malenkov hizo un contraste teóricamente incorrecto y políticamente perjudicial entre la tasa de crecimiento de la industria pesada y la tasa de crecimiento de las industrias ligeras y alimentarias. Un eslogan del desarrollo acelerado de la industria ligera fue presentado como la conclusión principal. No es un accidente, por lo tanto, que varios de los llamados economistas que se apoderaron del discurso del camarada Malenkov y han comenzado a desarrollar puntos de vista antimarxistas, antileninistas y oportunistas sobre las cuestiones fundamentales del crecimiento de la economía soviética, exigiendo tasas de crecimiento prioritarias para la industria ligera». (Nikita Serguéievich Jruschov; Transcripción de una reunión del PCUS del Soviet Supremo de la URSS, 8 de febrero de 1955)

Lo paradójico es que después el mismo Jruschov implementaría las reformas debido a que eran productos más rentables de producir y de obtener beneficios por ellos. Jruschov como en su momento hizo Malenkov, usó estas reformas para hablar demagógicamente delante de los trabajadores sobre la «necesidad de incrementar el nivel de vida de los trabajadores» con la mayor inversión en bienes de consumo y así ganarse su favor, aunque con las sucesivas reformas lo que ganaban los obreros por un lado con la mayor producción en bienes de consumo lo acabasen perdiendo por otro lado como en el poco poder adquisitivo para comprar esos productos o en la mayor brecha salarial entre ramas, pero Jruschov a diferencia de Malenkov realizó tales reformas y lanzó esas consignas demagógicas con la seguridad de tener el partido maniatado a su gusto como para que nadie discutiese sus posiciones.

Uno de los aspectos importantes que se deja entrever en los discursos de Malenkov durante 1953-1955  es el hecho de que presentaba a la Unión Soviética y los Estados Unidos como los países guardianes de la paz, como los únicos en capacidad de parar la escala de tensión, por tanto ninguno de los países bajo la órbita directa o indirecta de estos bloques, podría mover un dedo sin pedir permiso a la cabeza del bloque. No debe confundirse cooperación entre los países socialistas a sumisión absoluta y desconfianza hacia el resto de países socialistas o hacia las masas trabajadores de los países capitalistas. Esto a la postre supondría sofocar todas las luchas de los partidos comunistas, recomendarles «no caer en aventuras», centrar su actividad en el cretinismo parlamentario, contraer alianzas sin criticismo alguno con partidos burgueses y pequeño burgueses, hasta el punto de ser reducidos a ser el furgón de cola de una burguesía nacional no molestando en lo más mínimo a su gobierno, incluso tratando de «hacer la revolución» ganándose a algún general de la casta del ejército, apoyándole en su golpe de Estado y confiando en que «democratizase el país». Poco tiempo después se puede ver como la URSS de Jruschov dictaminaría esta línea para los partidos comunistas de Egipto, Irak e Indonesia, aunque sus militantes acabasen asesinados por la burguesía reaccionaria en el poder, lo cual no impidió a la URSS de Jruschov seguir mantenido relaciones estrechas con estos países e incluso seguir aconsejando a los comunistas buscarse el favor de los líderes populistas de estos países. Mismo camino que adoptarían los maoístas en lo sucesivo con los partidos en su órbita.

Jruschov también resaltó la falta de vigilancia de Malenkov en el caso Beria, recientemente declarado espía y traidor. Para fortalecer la acusación sacaría a flote en 1955 el apoyo de Malenkov a las propuestas de Beria sobre Alemania Oriental en 1953, o el hecho de que pese a haber tenido un papel fundamental en la detención de Beria poco después, nunca explicó sus vínculos durante tanto años con él, acusándole en lo fundamental de tener en el fondo los mismos defectos que el defenestrado Beria al vivir y formar parte de su círculo de influencia:

«Durante mucho tiempo el camarada Malenkov mantuvo estrechos vínculos con Lavrenti Beria, que resultó ser un aventurero y traidor, mostrando así una flagrante falta de visión política con respecto a Beria. Estuvo bajo la completa influencia de Beria en muchos asuntos debido a su débil voluntad siendo una herramienta en sus manos (…) El camarada Malenkov apoyó a Beria, y le otorgó su apoyo en una cuestión tan importante como la cuestión de nuestra política en Alemania. Malenkov apoyó la propuesta de Beria de abandonar por completo la política de construcción del socialismo en la RDA y trabajar para retirarse de Alemania, ofreciendo una oportunidad para la creación de una sola Alemania burguesa como un país supuestamente neutral. En el momento las propuestas capituladoras fueron rechazadas por la abrumadora mayoría de los miembros del Presídium del CC. (...) En junio de 1953, bajo la influencia de otros miembros del Presídium que estaban indignados por el comportamiento antipartido de Beria, el camarada Malenkov tomó parte activa en detener la actividad criminal de Beria. Sin embargo, en su discurso en el CC Plenum de julio, no encontró en sí el coraje de someter sus largas y estrechas relaciones con el provocador Beria a la vigorosa crítica del Partido». (Nikita Serguéievich Jruschov; Transcripción de una reunión del PCUS del Soviet Supremo de la URSS, 8 de febrero de 1955)

Si revisamos este discurso encontraremos paradojas históricas para nuestros días: como que Jruschov acusara de falta de experiencia y conocimientos a Malenkov en la cuestión agraria, el mismo que con sus experimentos en la agricultura acabaría en unos años haciendo que la URSS. tuviese que importar grano a EEUU, o le achacaría perder los estribos y hacer concesiones por el miedo a la hecatombe nuclear con la bomba de hidrógeno cuando la política jruschovista pecaría en ese mismo sentido, pero eso es ya otra historia.

Otra prueba que demuestra el carácter pérfido de Malenkov, fue la rehabilitación en puestos de importancia de Georgi Aleksándrov, quién había sido jefe del Departamento de Propaganda hasta que fue despedido en 1947 tras la publicación de su libro «Historia de la filosofía europea Occidental», una obra llena de errores antimarxistas que fue debatida en varias conferencias por el partido, y que entre ellos, recibió la crítica directa del mismísimo Stalin o el también agudo y punzante marxista-leninista Zhdánov. Véase la obra de Zhdánov: «Sobre la historia de la filosofía» de 1947. Por si el lector no conoce la obra, los errores de Aleksándrov podrían resumirse en grandes rasgos en que:

1) Se criticaba el no comprender que la historia de la filosofía ha sido y sigue siendo una sucesión continua de luchas entre materialismo e idealismo, entre dialéctica y metafísica. Abordar la cuestión filosófica como si se tuviese que hablar de su historia y desarrollos de forma «neutral», meramente descriptiva, cuando no simpatizando en la exposición con casi todas las corrientes no es marxista, el deber de un marxista es analizar los desarrollos de la filosofía desde un prisma de clase proletario, el «objetivismo burgués» lejos de ayudar no contribuye sino a confundir más a la gente que tiene dudas en el tema filosófico, y en ocasiones es un muy agudo disfraz de ingenuidad que los oportunistas utilizan conscientemente para presentar a sus ídolos. Es común ver la reconciliación con los autores reaccionarios y exagerar sus aportaciones; si bien es cierto que el marxismo debe asimilar todo lo progresista, no menos cierto es que debe desechar todo lo reaccionario de la obra de un filósofo, sopesar sus virtudes y defectos acorde a una época, pero la tendencia de muchos pseudomarxistas es ignorar los defectos de la figura –sobre todo cuando sobrepasan a los méritos– y contentarse con «recuperar» lo que ellos creen que es positivo –que a veces ni siquiera es cierto que ese rasgo que ellos ven sea progresista y positivo–.

2) El marxismo no es una escuela filosófica más que simplemente parte de las anteriores, su irrupción fue toda una revolución; si bien es cierto su aparición no surge de la nada porque responde a un contexto histórico concreto y que por tanto para su aparición fueron necesarias las escuelas filosóficas precedentes, no menos cierto es que su esencia y aportes se diferencian cuantitativa y cualitativamente de todas las escuelas precedentes. El marxismo no intenta interpretar el mundo sino que busca transformarlo en beneficio de las clases trabajadoras, de las mayorías. El marxismo no es la filosofía de una élite, es la filosofía de proletarios y trabajadores que tienen la necesidad y obligación de aprender a usar sus herramientas bajo la dirección de la vanguardia proletaria para que así puedan llegar a sus metas emancipadoras. El marxismo no acepta que sepas de memoria ciertos axiomas, sino que debes conocerlos y además saber aplicarlos en el día a día, te «obliga», o mejor dicho instiga, a que compruebes por tu cuenta cada cosa, para que sepas comprender y desenvolverte dentro de la problemática que genera la dialéctica. A diferencia de los sistemas filosóficos precedentes no pretende «elevarse por encima del resto de las otras ciencias»; sino que es un método que penetra todas las ciencias naturales y sociales, siendo precisamente las ciencias naturales la confirmación de que la naturaleza se comporta de forma dialéctica.

3) Se pretendía combatir la mala praxis de que cuando se realiza un trabajo que requiere de una labor de investigación, recopilación de fuentes, datos y demás, esta se elude o se acorta, y en su lugar se acude a declaraciones breves y formales de algo que se ha aceptado colectivamente o que el sujeto simplemente cree a fuerza de fe, sin contrastar lo más mínimo, propagando una visión del marxismo y análisis fundamentados en deseos, sentimientos y fantasías, sustituyendo por tanto el materialismo dialéctico e histórico por el idealismo subjetivista y la metafísica más vulgar.

4) Se fustigaba la indolencia en la formación ideológica, ya que habiendo un torrente de información cada vez mayor, pudiendo acceder a un material mucho más extenso del que pudieron disponer los viejos revolucionarios, en condiciones materiales y represivas en ocasiones mucho más delicadas. Actualmente muchos de los actuales pretendidos marxistas prefieren excusarse en la falta de tiempo para no adquirir más conocimientos, ni para aportar su grano de arena al movimiento.

5) Se subrayaba la importancia contra la ideología de la burguesía, que usa toda su superestructura para realizar una labor de presión ideológica, la cual no cesa ni un momento. Actualmente puede verse como en especial la cultura lumpen ha hecho estragos entre el proletariado y toda la capa de trabajadores, especialmente entre la juventud. El que actualmente elude prestar atención a las formas de pensar y actuar diseñadas o santificadas por la burguesía para despistar o adormecer a los revolucionarios, es que no debe ser considerado como un revolucionario serio.

La crítica de Zhdánov sin duda tiene una importancia vital por tanto, ya que fustiga las mismas desviaciones y defectos que hoy seguimos presenciando tan a menudo.

Pese a todos estos precedentes que evidenciaban sus debilidades de Aleksándrov, el propio Malenkov decidió nombrarlo Ministro de Cultura en 1954 en un claro gesto de compadrazgo para los cargos del partido. Un cargo que mantuvo hasta su destitución el 5 de febrero de 1955, cuando Jruschov consiguió hacer caer a Malenkov, con lo que Aleksándrov al ser su protegido, le seguiría en la defenestración. El lector se puede imaginar que la laxitud en el frente cultural bajo la dirección de Aleksándrov fue un clásico que permitiría a los revisionistas de todos colores idear ciertas teorías pseudomarxistas, que los jruschovistas se encargarían de refinar años después.

Todos los estúpidos que hablan de la «heroica y consecuente lucha de Malenkov para mantener el legado de Stalin» no se han molestado en estudiar la biografía y documentación del mismo, ni de antes ni de después de 1953.

Durante el XXº Congreso del PCUS de 1956, Malenkov apoyó las conclusiones del «discurso secreto» de Jruschov que echaban la culpa a Stalin del culto a la personalidad hacia su persona. Subrayó como Jruschov la idea de que había una falta de democracia interna, y que ahora se habían podido liberar de ese antidemocratismo interno:

«En cuanto a la vida interna del partido, no cabe duda de que toda la membresía del partido ha recibido con gran satisfacción las importantes medidas adoptadas por el comité central durante el período que se examina, medidas decididamente resueltas para eliminar anomalías graves en la vida del partido y métodos de liderazgo partidario. Para asegurar la adhesión estricta al principio de orientación partidaria y normas de vida partidaria elaboradas por Lenin, la más estricta observancia del principio supremo del liderazgo partidario: el liderazgo colectivo. Todos nos damos cuenta de que la línea firme perseguida por el Comité Central contra el culto al individuo, que es ajena al espíritu del marxismo-leninismo, es de fundamental y vital importancia. El informe enfatiza con razón que el culto al individuo es una distorsión de la enseñanza marxista-leninista, y esta distorsión conduce inevitablemente a una disminución del papel del partido y de su centro principal, a sofocar la actividad creativa de la base del partido. No hay necesidad de demostrar que el debilitamiento, y más aún, la liquidación de los métodos de liderazgo colectivo, la distorsión de la comprensión marxista del papel del individuo y el culto al individuo, todo ello condujo a las perentorias decisiones de los hombres, a la arbitrariedad, y durante un período determinado hizo un gran daño a la dirección del partido y el país». (Gueorgui Malenkov; Discurso en el XXº Congreso del PCUS, 17 de febrero de 1956)

Stalin, a diferencia de otros líderes mundiales de aquella época como Perón, Mao Zedong o Kim Il Sung, siempre se había negado a que ejercieran sobre él un culto a la persona, y esto se ha demostrado con varios de sus escritos públicos y privados:

«Estoy absolutamente en contra de la publicación de las «Historias de la niñez de Stalin». El libro abunda en una masa de inexactitudes de hecho, de alteraciones, de exageraciones y de alabanzas inmerecidas. (...) Pero lo importante reside en el hecho de que el libro muestra una tendencia a grabar en las mentes de los niños soviéticos –y de la gente en general– el culto a la personalidad de los líderes, de los héroes infalibles. Esto es peligroso y perjudicial. La teoría de los héroes y la «multitud» no es bolchevique, sino una teoría socialrevolucionaria». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Carta sobre las publicaciones para niños dirigida al Comité Central del Komsomol, 16 de febrero, 1938)

En realidad eran los Malenkov, Jruschov y Mólotov los principales propulsores de tal práctica antimarxista, una que luego algunos de ellos utilizarían para atacar a Stalin por desarrollar el culto de la personalidad y bajo tal excusa, liquidar toda su obra.

El culto a la personalidad desarrollo por Malenkov hacia Stalin puede verse en su obra: «El camarada Stalin, líder de la humanidad» de 1949. Durante la reunión del Politburó del 16 de octubre de 1952, Stalin propuso como dijimos su liberación de los cargos que tenía por la argumentación que había hecho sobre la necesidad de ir remplazando a los cuadros más veteranos o al menos delegarlos a puestos de menor esfuerzo y dedicación:

«Una voz: Es el momento, debemos elegir al camarada Stalin como Secretario General del PCUS.

Stalin: ¡No! Exijo ser liberado de las funciones de Secretario General del PCUS y Presidente del Consejo de Ministros.

Malenkov: ¡Camaradas! Todos debemos unánimemente pedirle al camarada Stalin, nuestro líder y maestro, que continúe siendo el Secretario General del PCUS.

Beria: [Habla en apoyo de esta propuesta].

Stalin: El Pleno del Comité Central (CC) no necesita aplausos. Es necesario resolver las cuestiones sin emociones, de una manera profesional. Les pido que me liberen de mis deberes en esos dos cargos. Ya soy viejo. (…)

Tymoshenko: Camarada Stalin, la gente no entenderá eso. Todos como uno, lo elegimos a usted como nuestro líder: el Secretario General del PCUS. No puede haber otra solución.

[Todos aplauden con gusto y apoyan a Timoshenko. Stalin se detuvo por un largo tiempo y miró hacia el pasillo, luego agitó su mano y se sentó] ». (Iósif Stalin; Discurso en el Buró Político del Partido Comunista de la Unión Soviética, 16 de octubre de 1952)

Incluso el propio Stalin al revisar el borrador del informe de Malenkov en el XIX Congreso del PCUS de 1952, precisamente corrigió varias de estas prácticas lo que evidencia su hartazgo con este tipo de adulaciones:

«En tercer lugar, Stalin suprime algunas referencias al «Stalin héroe», pero deja muchas referencias sin tocar; recortó dos páginas glorificando a Stalin al final del informe y puso la palabra «Partido» en lugar de «Stalin». (Aleksei Tikhonov y Paul R. Gregory; El último Plan de Stalin, 2004)

¿Qué significa entonces todo esto que estamos documentando?:

«El gran ruido que levantaron los jruschovistas sobre el pretendido culto a Stalin era en realidad un bluf. Este culto no había sido cultivado por Stalin, que era un hombre sencillo, sino por toda la bazofia revisionista acumulada a la cabeza del Partido y el Estado. (...) Si se lee los discursos de Jruschov, Mikoyan y de todos los miembros del Presídium, se verá los elogios desenfrenados e hipócritas que estos enemigos prodigaban a Stalin mientras éste estuvo en vida. Esta lectura provoca nauseas cuando piensas que detrás de estos elogios, dichos elementos ocultaban su trabajo hostil a los ojos de los comunistas y de las masas, los cuales estaban engañados al pensar que tenían ante sí dirigentes fieles al marxismo-leninismo y camaradas leales a Stalin». (Enver Hoxha; Los jruschovistas, 1980)

Hay que recordar como dice Hoxha que toda esta campaña de calumnias de los jruschovistas y otros oportunistas dentro del PCUS fueron en parte posibles gracias al seguidismo de otros líderes mundiales de los partidos comunistas; por ejemplo gracias a la colaboración de Mao Zedong –quién irónicamente denunciaba un culto a la personalidad y unas prácticas antidemocráticas que él sí que desarrollaría hasta extremos enfermizos–. El líder chino propagó todo tipo de calumnias sobre Stalin sacados del arsenal Jruschov y apoyó personalmente su línea política como superior al de la era de Stalin:

«El desarrollo de la Unión Soviética ha sido como una curva y ha progresado dialécticamente. De la dialéctica de Lenin, pasando por la forma –parcial o esencialmente– metafísica de pensar de Stalin, ahora ha regresado a la dialéctica. (...) En los últimos cuatro o cinco años desde la muerte de Stalin, la situación ha mejorado considerablemente en la Unión Soviética en las esferas de la política interna y la política exterior. Esto demuestra que la línea representada por el camarada Jruschov es más correcta y que la oposición a esta línea es incorrecta. (...) Durante un largo periodo, su forma de pensar [Stalin] se hizo cada vez más metafísica y le hizo un gran daño a la dialéctica. El culto a la personalidad fue metafísico y nadie podía criticarlo». (Discursos de Mao Zedong en la Reunión de Partidos Comunistas y Obreros en Moscú 1957)

Para ver el propio culto a la personalidad de Mao sobre Stalin léase el documento del 9 de marzo en ocasión de su muerte titulado «La amistad más grande» de 1953 con todo tipo de lisonjas que a los cuatro días dejaría cambiaría por insultos grotescos sin prueba alguna. En esa misma conferencia de 1957 Mao dijo ridículamente que poco menos que se vio «obligado»  a escribir ese artículo y otros dos  previos sobre la figura de Stalin. ¿Obligado por quién si en 1953 el «gran tirano» estaba fallecido? Pero yendo a lo importante, ¿era cierto que Stalin sometía a Mao y al resto de líderes comunistas a un ambiente permanente de tensión, terror y exigencia de sumisión absoluta?

Veamos un documento del PCUS al PCCh en respuesta a una carta previa de Mao a Stalin de 1949:

«La delegación china declara que el Partido Comunista de China se someterá a las decisiones del Partido Comunista de la Unión Soviética. Para nosotros, esto nos parece extraño. El partido de un Estado sometiéndose al partido de otro Estado. Ello nunca ha sucedido y es impermisible. Es cierto, que ambos partidos deben someterse primero ante sus respectivos pueblos, y que a partir de esto deben consultar el uno con el otro sobre ciertas cuestiones, ayudarse el uno al otro, y en la dificultad unirse ambos. Entonces la reunión del Politburó con sus participantes sirve como una de las formas de asociación entre nuestros partidos. Y esto tiene que ser así.

Estamos muy agradecidos por tal honor, pero algunas ideas no son aceptables y queremos señalarlas. Esto es un consejo de amigo. Esto es así solo en palabras sino en hechos también. Podemos darles consejos, pero no podemos dar órdenes ya que estamos insuficientemente informados acerca de la situación en China, ni siquiera podemos compararnos con ustedes en el conocimiento de todos los matices de la situación, pero, sobre todo, no podemos dar órdenes porque los asuntos de China, deben resolverse totalmente por parte de ustedes. No podemos resolverlos por ustedes.

Ustedes tienen que entender la importancia de su posición y que la misión que han tomado sobre sus espaldas tiene un significado sin igual en la historia. Y esto no pretende ser un cumplido. Esto solo sirve para demostrar lo grande que es su responsabilidad y la importancia histórica de su misión.

El intercambio de opiniones entre nuestros dos partidos es esencial, pero a nuestro juicio no debe ser interpretado como órdenes. Los partidos comunistas de otros países pueden rechazar nuestras sugerencias. También nosotros podemos rechazar las sugerencias de los partidos comunistas de otros países». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Obras Completas, Tomo 18; De la conversación con la delegación del Comité Central del Partido Comunista de China en Moscú, 11 de julio 1949)

Como dice el refranero popular: «Las mentiras tienen las patas muy cortas».

Esto demuestra que tanto Malenkov, como Jruschov, como Mólotov, como Beria, como Mao eran unos completos canallas al haber propagado la teoría de que Stalin promocionaba su propio culto o no dejaba expresar a los camaradas, en realidad soltaron todo este tipo de barrabasadas para justificar su propia falta de iniciativa y seguidismo adulador, para denigrar su figura ante las masas y poder colocar mejor sus teorías revisionistas.

Volviendo al tema de Malenkov, dicha figura volvería en 1953 a los esquemas de la coexistencia pacífica que Varga había planteado en 1946. En un artículo que por supuesto fue reproducido por el Partido Comunista de España (PCE) de Carrillo-Ibárruri, se decía:

«Consideramos que no hay base objetiva para choques entre Estados Unidos y la Unión Soviética. (…) Si los pueblos permanecen vigilantes y dirigen sus esfuerzos a impedir los planes de los opresores, la paz será garantizada». (Gueorgui Malenkov; Discurso ante el Soviet Supremo de la URSS, 8 de agosto de 1953)

En 1956, pese a ser derrocado por Jruchov, apoyaría sus conceptos sobre la coexistencia pacífica, en detrimento de la concepción leninista-stalinista. Esto era normal, y es que, el concepto de coexistencia pacífica de Varga, Malenkov y Jruschov era un calco:

«La plataforma de coexistencia pacífica armoniza con los objetivos e intenciones genuinas de la Unión Soviética en las relaciones internacionales; Abre a la humanidad la posibilidad de evitar una nueva guerra mundial, mientras que las posiciones de los adversarios de la coexistencia pacífica no tienen más que una perspectiva: la perspectiva de la guerra. (...) A este respecto es necesario dirigir una y otra vez la importante tesis expuesta y fundamentada en el informe del camarada Jruschov, de que la guerra no es inevitable, que la guerra puede y debe ser prevenida». (Gueorgui Malenkov; Discurso en el XXº Congreso del PCUS, 17 de febrero de 1956)

Cuando el partido bolchevique más necesitaba a Malenkov para preservar sus principios de la adulteración que Jruschov estaba llevando a cabo, este se prestó de monigote para legitimar sus tesis, también se prestó para atacar a Stalin. En resumen, no dio el do de pecho cuando se le esperaba y pasó a la posteridad como un blandengue y traidor. ¿Qué decía Stalin sobre la lucha por la paz, los movimientos por la paz, y la posibilidad de las guerras?:

«Algunos camaradas afirman que, debido al desarrollo de nuevas condiciones internacionales después de la segunda guerra mundial, las guerras entre los países capitalistas han dejado de ser inevitables. Consideran esos camaradas que las contradicciones entre el campo del socialismo y el campo del capitalismo son más fuertes que las contradicciones entre los países capitalistas. (…)

Se dice que la tesis de Lenin relativa a que el imperialismo engendra inevitablemente las guerras debe considerarse caducada, por cuanto en el presente han surgido poderosas fuerzas populares que actúan en defensa de la paz, contra una nueva guerra mundial. Eso no es cierto.

El presente movimiento pro paz persigue el fin de levantar a las masas populares a la lucha por mantener la paz, por conjurar una nueva guerra mundial. Consiguientemente, ese movimiento no persigue el fin de derrocar el capitalismo y establecer el socialismo, y se limita a los fines democráticos de la lucha por mantener la paz. En este sentido, el actual movimiento por mantener la paz se distingue del movimiento desarrollado en el período de la primera guerra mundial por la transformación de la guerra imperialista en guerra civil, pues este último movimiento iba más lejos y perseguía fines socialistas.

Es posible que, de concurrir determinadas circunstancias, la lucha por la paz se desarrolle hasta transformarse, en algunos lugares, en lucha por el socialismo, pero eso no sería ya el actual movimiento pro paz, sino un movimiento por derrocar el capitalismo.

Lo más probable es que el actual movimiento pro paz, como movimiento para mantener la paz, conduzca, en caso de éxito, a conjurar una guerra concreta, a aplazarla temporalmente, a mantener temporalmente una paz concreta, a que dimitan los gobiernos belicistas y sean sustituidos por otros gobiernos, dispuestos a mantener temporalmente la paz. Eso, claro es, está bien. Eso incluso está muy bien. Pero todo ello no basta para suprimir la inevitabilidad de las guerras en general entre los países capitalistas. No basta, porque, aun con todos los éxitos del movimiento en defensa de la paz, el imperialismo se mantiene, continúa existiendo, y, por consiguiente, continúa existiendo también la inevitabilidad de las guerras.

Para eliminar la inevitabilidad de las guerras hay que destruir el imperialismo». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Problemas económicos del socialismo, 1952)

Estas tesis de Stalin son las únicas que se basan en una visión clara y científica de cómo opera el capitalismo, más aún en su etapa imperialista, como se demostró durante todo el siglo XX. Todo lo demás que anunciaban los revisionistas abiertos o encubiertos bajo una excusa u otra, como hablar de la posibilidad de congraciarse con el imperialismo para evitar la guerra o de forzarlo de una forma una otra a renunciar a desencadenar una guerra cuando lo desea o es su única salida, es pura fruslería de oportunistas.

Tiempo más tarde, en 1957, intentó junto a otras fracciones descontentas, retomar posiciones de poder como ya vimos a la hora de analizar en el caso de Mólotov, pero fue fulminado por Jruschov en el intento y expulsado del partido en 1961. Enver Hoxha diría:

«Jruschov y Mikoyan actuaron de acuerdo a un plan preestablecido y, con la muerte de Stalin, encontraron libre campo de acción, debido asimismo a que los otros, desde Malenkov a Voroshílov, pasando por Beria y Bulganin, se mostraron no sólo ciegos, sino también ambiciosos y cada uno pugnaba por el Poder. Estos y otros, viejos revolucionarios y comunistas honrados, se habían convertido ya en representantes típicos de esa rutina burocrática: de esa «legalidad» burocrática que había sido instituida y, cuando tímidamente quisieron recurrir a esta «legalidad» contra el complot manifiesto de los jruschovistas, la acción había sido consumada desde hacía tiempo». (Enver Hoxha; Los jruschovistas, 1980)

Esto demuestra que Malenkov fue a la vez, partidario de Varga, de Stalin, de Beria, de Jruschov y un conspirador contra todos ellos. Solo era fiel a su sombra. Un oportunista a todas luces.

Así pues, la gente que habla de Malenkov como un reputado marxista-leninista habla sin conocimiento, hace el ridículo». (Equipo de Bitácora (M-L); Antología sobre Reconstrucción Comunista y su podredumbre oportunista, 25 de septiembre de 2017)


http://bitacoramarxistaleninista.blogspot.com.es/2018/03/sobre-malenkov-equipo-de-bitacora-m-l_8.html

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