Cuando la Escuela de Frankfurt negó al proletariado como clase ascendente de la historia

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Cuando la Escuela de Frankfurt negó al proletariado como clase ascendente de la historia

Mensaje por Enver19 el Sáb Mayo 19, 2018 8:04 pm




«Por otro lado como ya se ha comentado, la Escuela de Frankfurt niega al proletariado como clase ascendente de la historia, como clase que debe hegemonizar la superación del capitalismo. Clamaban que a causa de los medios masivos de información la alienación existente entre el proletariado en los países de la «sociedad de consumo» era enorme, que se había aburguesado, no pudiendo ser ya el sujeto determinante, transformador. Así algunos autores finalizaron calificando que la intelectualidad o incluso al lumpen proletariado como vanguardia, como capa social que cumplirían las veces de «clase determinante o ascendente», una completa aberración teórica por varias razones.

1) Gran parte de la intelectualidad en el capitalismo no puede sobrevivir sin prestar servicio a disposición de quién le paga: la burguesía; además la intelectualidad es una capa social que procede de varias clases sociales, gran parte de ella sale de las capas acomodadas, sus miembros están muy alejados del peso del tipo de trabajo físico, por lo que corre el riesgo de alejarse del proletariado sino asimila su teoría y mantiene lazos cercanos con él.

2) El lumpen por lo general es un elemento oportunista carente de todo principio ideológico y moral, es el esquirol y matón por excelencia, sobrevive gracias a cumplir los servicios de la burguesía, reúne en él los peores vicios de la sociedad burguesa, de hecho esta última se vale de su modo de pensar y actuar para hacer degenerar a los trabajadores, en especial a los jóvenes, propagando la cultura lumpen en los medios de comunicación como modelo a seguir para desactivar el movimiento proletario revolucionario.

3) La clase obrera es la única clase que por su lugar en la producción asegura su reproducción conforme el capitalismo se expande, no se produce su descomposición como ocurre con otras capas como la pequeña burguesía, su carencia de cualquier medio de producción y su concentración en zonas de trabajo hace proclive a su agrupamiento y solidaridad entre sus miembros, el rol que ocupa en la producción le da una posición decisiva, suponiendo el mayor peligro para la burguesía en caso de que decida levantarse, la condición de desposeída de toda propiedad hace que a diferencia de otras viejas clases de la historia que pugnaban por el poder, la clase obrera no necesita tomar el poder para asegurar su poder y propiedad, sino para liberar al ser humano de la explotación del hombre por el hombre, eso sumado a que es la única clase social que cuenta con una doctrina científica como es el marxismo-leninismo, hace que la clase obrera sea la clase de vanguardia para destruir al capitalismo sin discusión.

4) La alieneación no es un fenómeno exclusivo de la sociedad capitalista, ya estaba presente en el feudalismo y en otros sistemas, solo que los medios por los que ejercer esta alieneación son diferentes, la clase obrera puede repeler esta alieneación si se agrupa, difunde su doctrina, analiza y expone las causas de los problemas candentes y les propone dar solución por la vía revolucionaria.

Pese al bajo nivel de concienciación política en muchos lugares, a la burguesía le es muy difícil camuflar las contradicciones existentes en la sociedad de clases: un proletario sabe distinguir que él está desposeído de los medios de producción y que un burgués los posee.

a) Sabe de sobra que en caso de perder su puesto de trabajo depende de que otro burgués le requiera para poder trabajar, que ni siquiera con una formación laboral adecuada o una larga experiencia tiene garantizado el derecho al trabajo.

b) Es consciente que en las profesiones no se cobra acorde a su importancia, que él por ejemplo cobra un salario ridículo para el tiempo que trabaja y el esfuerzo que dedica y que otro de otra rama o incluso un superior cobra el triple.

c) Conoce de sobra que si comete una infracción la justicia no será la misma que para alguien adinerado.

d) Se da cuenta perfectamente que los políticos que están en el poder y se postulan para entrar en él, no son de su misma clase social.

e) La experiencia le dice que las crisis no las pagan los ricos ni siquiera cuando la han provocado por especulaciones y corruptelas manifiestas, que siempre terminan siendo pagadas por los trabajadores, etc.

Todo esto arrastra espontáneamente quiérase o no al proletariado hacia la lucha de clases, y los que toman concienciación, hacia inclinaciones anticapitalistas.

Otra cosa muy diferente es que a falta de un factor subjetivo como es la organización del proletariado y el estudio de su doctrina marxista-leninista y bajo la presión ideológica constante de la burguesía y sus agentes, no lleguen a buen puerto y el proletariado se desvíe.

Por todo esto, la llamada Escuela de Frankfurt tuvo una influencia brutal en los movimientos de mayo de 68, en la propia conformación del hippismo, del eurocomunismo y del postmodernismo. La «Escuela de Frankfurt» ha hecho las veces de «quinta columna» dentro del marxismo». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 30 de junio de 2017)


http://bitacoramarxistaleninista.blogspot.com.es/2018/04/cuando-la-escuela-de-frankfurt-nego-al.html
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Reflexiones sobre la juventud y su potencial

Mensaje por Enver19 el Jue Jun 21, 2018 3:45 am

Reflexiones sobre la juventud y su potencial





«La juventud es la capa social más susceptible de caer presa de la demagogia de estos individuos que propagaban el terrorismo, el apoyo a los regímenes revisionistas, el gansterismo y las drogas como forma de vida, como tal, la juventud es la mejor capa de la sociedad para ser seducida fácilmente por la propaganda pseudoradical de los discursos de algunos pseudomarxistas.

Como cualquier aceptación del revisionismo a la edad que sea, siempre ocurre generalmente debido a la falta de un factor subjetivo sólido –un partido marxista-leninista– que defienda las posiciones revolucionarias, ligado a las propias características intrínsecas del individuo, quién recibe el intento de engaño de la propaganda revisionista-burguesa sin demasiadas barreras de defensa –por sus vagos conocimientos–. Así esta gente se ve atrapada doblemente: por un lado su inmadurez política y su evidente incapacidad analítica –que hace que sustituyan el análisis autónomo y verificador de las cuestiones por el seguidismo o el sentimentalismo–, por otro, la cuestión de que no tienen críticas marxista-leninistas referentes que golpeen a estos fariseos y les proporcione facilidades para liberarse de estos mitos revisionistas. Existen además muchos casos en que este último factor –el de dar de forma «machacada» la solución en un tema– es decisivo para que la gente que no tiene espíritu de investigación se posicione, y si finalmente lo hacen y toman parte por una postura correcta no es un indicativo definitivo de que hayan madurado ideológicamente. Es más a este tipo de elementos que se acostumbran a que les den la solución en vez de buscarla, no adquirirán jamás capacidad para elaborar sus propias evaluaciones, no podrán resolver ni las tareas básicas más cotidianas, por lo cual solo puede aspirar a lo sumo a ser unos simpatizantes, ciertamente vacilantes, pero jamás unos marxista-leninistas como tales, pues bajo esta fisonomía siempre serán gente que solamente se ponen del lado correcto si les ponen la solución delante de sus ojos.

Que ocurra este fenómeno entre la juventud en plena era digital es realmente despreciable, pues parece que no se valora el hecho de que disponen de un material de estudio infinitamente mayor del que disponían las generaciones de antaño. Quién no estudia es porque no quiere, quién no desea salirse del mito revisionista es porque no investiga. Por supuesto la orientación de los más veteranos e ilustrados del marxismo-leninismo así como el estudio colectivo con otros camaradas puede ser un factor que acelere el proceso, pero como hemos señalado ya, el espíritu de investigación y estudio debe ser un requisito fundamental del joven marxista-leninista.

¿Significa esto que la juventud es una capa inútil hasta que estos elementos alcanzan su madurez como persona? La historia reciente ha demostrado todo lo contrario, que los jóvenes que se forjan en la teoría marxista-leninista, pueden tener el triple de conocimientos que aquellos revisionistas que han militado dentro de los partido revisionistas tradicionales durante décadas; estos líderes juveniles pueden liquidar dialécticamente en un debate a estos revisionistas añejos, tienen una capacidad de agitación y organizativa de masas que supera con creces a los veteranos y expertos revisionistas, aquellos que se orientan por el pragmatismo y que sufren de alergia al estudio teórico de la doctrina que dicen defender. Por tanto la respuesta es clara». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 30 de junio de 2017)


http://bitacoramarxistaleninista.blogspot.com/2018/06/reflexiones-sobre-la-juventud-y-su.html
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Los méritos de Marx y Engels presentando y demostrando la certeza del materialismo histórico

Mensaje por Enver19 el Jue Ago 30, 2018 7:11 am

Los méritos de Marx y Engels presentando y demostrando la certeza del materialismo histórico





«Karl Marx ha realizado la síntesis del materialismo histórico en forma tan breve como convincente en el prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política, publicado en 1859. Allí dice:

«El resultado general al cual llegué, y que, una vez obtenido, sirvió de hilo conductor a mis estudios, puede resumirse así: En la producción social de su vida los hombres contraen relaciones determinadas, necesarias, independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a un determinado estadio del desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. La totalidad de estas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta una superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino, por el contrario, su ser social, lo que determina su conciencia. En una cierta etapa de su desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo que tan sólo es una expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se habían movido hasta entonces. Estas relaciones dejan de ser formas que favorecen el desarrollo de las fuerzas productivas y se transforman en trabas de las mismas. Entonces comienza una época de revolución social. Al cambiar la base económica se revoluciona, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura. Al considerar estas revoluciones hay que distinguir siempre entre los cambios materiales en las condiciones de producción económicas, que se pueden comprobar –con la exactitud de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas– o filosóficas, en una palabra, las formas ideológicas bajo las cuales los hombres adquieren conciencia de este conflicto y lo resuelven. Así como no nos formamos un juicio acerca de lo que es un individuo por lo que él piensa de sí, tampoco podemos juzgar una de estas épocas de revolución a partir de su conciencia, sino que debemos explicarnos más bien esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción. Una formación social no desaparece nunca antes de que se hayan desarrollado todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen relaciones de producción nuevas y superiores antes de que se hayan incubado, en el seno de la propia sociedad antigua, las condiciones materiales de su existencia. Por eso la humanidad siempre se plantea exclusivamente tareas que puede realizar, pues si se observa con más cuidado se encontrará siempre que la tarea sólo surge cuando ya existen, o por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización. A grandes rasgos se puede caracterizar a los modos de producción asiático, antiguo, feudal y moderno burgués como etapas progresivas en la formación económica de la sociedad. Las relaciones de producción burguesas son la última forma antagónica del proceso de producción social, antagónica no en el sentido de un antagonismo individual, sino en el de un antagonismo que surge de las condiciones sociales de vida de los individuos; pero las fuerzas productivas que se desarrollan en el seno de la sociedad burguesa crean al mismo tiempo las condiciones materiales para solucionar este antagonismo. Con esta formación social se cierra, por lo tanto, la prehistoria de la sociedad humana». (Karl Marx; Contribución a la crítica de la economía política, 1859)

Con estas pocas palabras se explica la ley que mueve la historia humana con una profundidad transparente y una claridad acabada que no encuentran su igual en toda la literatura. Y hay que ser realmente docente de filosofía en la buena ciudad mercantil de Leipzig para encontrar aquí, como lo hace el señor Paul Barth,«palabras e imágenes poco precisas”, formulaciones muy vagas, remendadas con imágenes, sobre la estática y la dinámica sociales. Pero ya once años antes, en El Manifiesto Comunista de 1848, Marx y Engels habían descrito así en qué medida los hombres son los portadores de este desarrollo histórico:

«La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases. (...) Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra, opresores y oprimidos se enfrentaron siempre como opuestos, mantuvieron una lucha ininterrumpida, a veces velada, a veces abierta, que terminó siempre con una transformación revolucionaria de toda la sociedad o con la desaparición conjunta de las clases en pugna. (...) En las épocas históricas anteriores encontramos por casi todas partes una división total de la sociedad en diversos estamentos, un escalonamiento múltiple de condiciones sociales. En la antigua Roma tenemos patricios, caballeros, plebeyos, esclavos; en la Edad Media, señores feudales, vasallos maestros, oficiales, siervos, y además, dentro de casi todas estas clases, nuevas divisiones especiales. (...) La moderna sociedad burguesa, surgida de las ruinas de la sociedad feudal, no ha eliminado las contradicciones de clase. Sólo ha creado nuevas clases, nuevas condiciones de opresión, nuevas formas de lucha en sustitución de las viejas. (...) Nuestra época, la época de la burguesía, se destaca sin embargo, porque ha simplificado las contradicciones de clase. Toda la sociedad se divide, cada vez más, en dos grandes campos enemigos, en dos clases que se enfrentan directamente: burguesía y proletariado». (Karl Marx y Friedrich Engels; El manifiesto del partido comunista, 1848)

Luego viene la famosa descripción de cómo la burguesía por un lado, el proletariado por otro, deben desarrollarse de acuerdo con sus condiciones de existencia históricas, una descripción que en el ínterin ha superado brillantemente la prueba de casi medio siglo pleno de las más inauditas transformaciones; y a continuación la demostración de por qué y cómo el proletariado triunfará sobre la burguesía. Al eliminar las antiguas condiciones de producción, el proletariado elimina las contradicciones de clase, las clases en general y con ello su propia dominación como clase.

«En lugar de la antigua sociedad burguesa con sus clases y contradicciones de clase, aparece una asociación en la cual el desarrollo libre de cada uno es la condición para el desarrollo libre de todos». (Karl Marx y Friedrich Engels; El manifiesto del partido comunista, 1848)

Y de las palabras que Engels pronunciara ante la tumba de su amigo, citemos aún las siguientes:

«Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, del mismo modo descubrió Marx la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho tan sencillo, pero encubierto hasta ahora bajo una proliferación de ideologías, de que los hombres deben ante todo comer, beber, tener un techo y vestirse antes de practicar la política, la ciencia, el arte, la religión, etc.; que, por tanto, la producción de los medios materiales inmediatos para la subsistencia, y con ello, el grado de desarrollo económico alcanzado en cada caso por un pueblo, o en un determinado período, constituye la base a partir de la cual se desarrollan las instituciones del estado, las concepciones jurídicas, el arte, e incluso las representaciones religiosas de los hombres, y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse, y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo». (Friedrich Engels; Sozialdemokrat de Zúrich, 22 de marzo de 1883)

Ciertamente, un hecho sencillo en el sentido de Ludwig Feuerbach, quien afirmaba: «Constituye un carácter específico de un filósofo el hecho de no ser un profesor de filosofía. Las verdades más simples, son precisamente aquellas que el hombre descubre siempre en último lugar».

Feuerbach fue el nexo entre Hegel y Marx, pero la miseria de las condiciones alemanas lo dejó a mitad de camino; consideraba aún que el «descubrimiento de verdades» es un proceso puramente ideológico. No fue así, empero, como Marx y Engels «descubrieron» el materialismo histórico, y afirmar de manera irresponsable que éste es un producto de sus mentes resultaría tan injusto como formular tal afirmación de manera injuriosa. Pues en todo caso se trataría de explicar bien intencionadamente a la concepción materialista de la historia como un mero producto de la mente. La verdadera gloria de Marx y Engels consiste, en cambio, en haber proporcionado, junto con el materialismo histórico mismo, la prueba más contundente de su exactitud. Ellos no sólo conocían la filosofía alemana, como Feuerbach, sino también a la revolución francesa y a la industria inglesa. Resolvieron el enigma de la historia de la humanidad en un momento en que la tarea de la humanidad apenas había sido planteada, en que las «condiciones materiales para su solución» se encontraban aún en camino, «en el proceso de su desarrollo». Y dieron pruebas de ser pensadores de primer rango en la medida en que casi cincuenta años atrás reconocieron ya, a partir de huellas relativamente débiles, lo que la ciencia burguesa de todos los pueblos ni siquiera es capaz de comprender a partir de una inmensa profusión de los testimonios más contundentes, vislumbrándolo a lo sumo, aquí y allá». (Franz Mehring; Sobre el materialismo histórico y otros escritos filosóficos, 1893)


http://bitacoramarxistaleninista.blogspot.com/2018/08/los-meritos-de-marx-y-engels.html
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Re: Cuando la Escuela de Frankfurt negó al proletariado como clase ascendente de la historia

Mensaje por IonaYakir el Lun Sep 03, 2018 3:39 am

Buen aporte. Las repercusiones de las ideas de esta escuela del pensamiento burgues, hoy están en pleno apogeo, por eso el "sujeto politico" para la nueva izquierda no es el trabajador, sino el estudiantado universitario, los artistas, las feministas y los LGBTIQ, los bohemios acabados, los delincuentes, los adictos, y cualquier elemento sacado de un pozo de subdesarrollo, ese es el material humano que la nueva izquierda toma como sujeto de construcción politica. Hoy todos los partidos de izquierda, están formados por elementos de esa naturaleza, la idea del partido leninista compuesto por cuadros comunistas y trabajadores, no se refleja en la realidad de la izquierda progre actual.

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Re: Cuando la Escuela de Frankfurt negó al proletariado como clase ascendente de la historia

Mensaje por Enver19 el Mar Sep 04, 2018 3:03 pm

IonaYakir escribió:Buen aporte. Las repercusiones de las ideas de esta escuela del pensamiento burgues, hoy están en pleno apogeo, por eso el "sujeto politico" para la nueva izquierda no es el trabajador, sino el estudiantado universitario, los artistas, las feministas y los LGBTIQ, los bohemios acabados, los delincuentes, los adictos, y cualquier elemento sacado de un pozo de subdesarrollo, ese es el material humano que la nueva izquierda toma como sujeto de construcción politica. Hoy todos los partidos de izquierda, están formados por elementos de esa naturaleza, la idea del partido leninista compuesto por cuadros comunistas y trabajadores, no se refleja en la realidad de la izquierda progre actual.



Hola IonaYakir, me alegro de que te haya gustado el post que he colgado, si te sirve este texto para poder desmontar los argumentos de los progres de hoy en día siento que he ayudado a alguien y me doy por satisfecho. Un saludo.
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Re: Cuando la Escuela de Frankfurt negó al proletariado como clase ascendente de la historia

Mensaje por IonaYakir el Miér Sep 05, 2018 6:07 am

Serviría sobretodo estudiar y trabajar los motivos por los cuáles estas corrientes se equivocan, y no solamente criticarlas porque no coinciden con el marxismo. Por ejemplo, confrontarlas con el pensamiento marxista pero no con lo que dijo tal o cual clásico del marxismo. En filosofía también, el materialismo en general, da muy buenos resultados para demostrar la inconsistencias de estas corrientes idealistas.

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Re: Cuando la Escuela de Frankfurt negó al proletariado como clase ascendente de la historia

Mensaje por Enver19 el Miér Sep 05, 2018 1:33 pm

IonaYakir escribió:Serviría sobretodo estudiar y trabajar los motivos por los cuáles estas corrientes se equivocan, y no solamente criticarlas porque no coinciden con el marxismo. Por ejemplo, confrontarlas con el pensamiento marxista pero no con lo que dijo tal o cual clásico del marxismo. En filosofía también, el materialismo en general, da muy buenos resultados para demostrar la inconsistencias de estas corrientes idealistas.



Completamente de acuerdo. Aunque a decir verdad es dificil luchar contra esas corrientes tal y como esta el movimiento comunista hoy en dia, es un camino muy largo y tedioso, pero que aún así es necesario hacerlo.
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La concepción metafísica de la naturaleza es antagónica a la concepción dialéctica del marxismo

Mensaje por Enver19 el Jue Sep 13, 2018 12:28 am

La concepción metafísica de la naturaleza es antagónica a la concepción dialéctica del marxismo





«La metafísica considera la naturaleza como un conjunto de cosas definitivamente fijas. Pero hay dos maneras de considerar así las cosas. La primera manera considera que el mundo está absolutamente inmóvil, pues el movimiento no es más que una ilusión de nuestros sentidos. Si quitamos esta apariencia de movimiento, la naturaleza no se mueve. Esta teoría fue sostenida por una escuela de filósofos griegos a los que se llama eleáticos. Esta concepción simplista está en contradicción tan violenta con la realidad que ya no es defendida en nuestros días. La segunda manera de considerar la naturaleza como un conjunto de cosas fijas es mucho más sutil. No se dice que la naturaleza está inmóvil, queda admitido que se mueve, pero se afirma que esta animada por un movimiento mecánico. Aquí, la primera manera desaparece; ya no se niega el movimiento y esto no parece ser una concepción metafísica. Se llama a esta concepción «mecanicista» o el «mecanicismo». Constituye un error que se comete muy frecuentemente y que volvemos a encontrar en los materialistas de los siglos XVII y XVIII. Hemos visto que no consideran la naturaleza como inmóvil, sino en movimiento; sólo que para ellos ese movimiento es simplemente un cambio mecánico, un desplazamiento. Admiten todo el conjunto del sistema solar –la Tierra gira alrededor del sol–, pero piensan que ese movimiento es puramente mecánico, es decir, un simple cambio de lugar, y consideran ese movimiento únicamente bajo este aspecto. Pero las cosas no son tan simples. El girar de la Tierra es, ciertamente, un movimiento mecánico; pero mientras gira puede experimentar influencias, y, por ejemplo, enfriarse. Por lo tanto no se trata solamente de un desplazamiento: también se producen otros cambios. Lo que caracteriza, pues, esta concepción llamada «mecanicista», es que se considera solamente el movimiento mecánico.

Si la Tierra gira sin cesar y no le ocurre nada más, la Tierra cambia de lugar pero la misma Tierra no cambia; permanece idéntica a sí misma. No hace más que seguir girando siempre y siempre, antes como después de nosotros. De ese modo, todo pasa como si nada hubiese pasado. Por lo tanto, vemos que admitir el movimiento, pero haciendo de éste un puro movimiento mecánico, es una concepción metafísica, porque este movimiento es sin historia. Un reloj que tuviera órganos perfectos, construido con materiales que no se gastaran, marcharía eternamente sin cambiar en nada y el reloj no tendría historia. Una tal concepción del Universo se encuentra continuamente en Descartes. Él trata de reducir a la mecánica todas las leyes físicas y fisiológicas. No tiene ninguna idea de la química –véase su explicación de la circulación de la sangre– y su concepción mecánica de las cosas será también la de los materialistas del siglo XVIII. Haremos una excepción con Diderot, que es menos puramente mecanicista y que en ciertos escritos vislumbra la concepción dialéctica. Lo que caracteriza a los materialistas del siglo XVIII es que convierten a la naturaleza en un mecanismo de relojería. Si verdaderamente fuera así, las cosas volverían continuamente al mismo punto sin dejar huellas y la naturaleza permanecería idéntica a sí misma, lo que es precisamente el primer carácter del método metafísico». (Georges Politzer; Principios elementales de la filosofía, 1949)


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¿Reformas o revolución?

Mensaje por Enver19 el Vie Oct 12, 2018 7:48 pm

¿Reformas o revolución?





«Hablando de la sociedad, se dice: ¿Hay que proceder por reformas o hacer la revolución? Se discute para saber si, para transformar la sociedad capitalista en una sociedad socialista, se llegará a ese objetivo mediante reformas sucesivas o por una transforinacion brusca: la revolución. Ante este problema, recordemos lo que ya habíamos estudiado. Toda transformación es el resultado de una lucha de fuerzas opuestas. Si una cosa evoluciona, es porque contiene en ella su contrario, ya que cada cosa es una unidad de contrarios. Se comprueba la disputa de los contrarios y la transformación de la cosa en su contrario. ¿Cómo se efectúa esta transformación? Este es el nuevo problema que se plantea. Se puede pensar que esta transformación se efectúa poco a poco, a través de una serie de pequeñas transformaciones, que la manzana verde se transforma en una manzana madura mediante una serie de pequeños cambios progresivos. Del mismo modo, mucha gente piensa que la sociedad se transforma poco a poco y que el resultado de una serie de esas pequeñas transformaciones será la transformación de la sociedad capitalista en sociedad socialista. Estas pequeñas transformaciones son las reformas, y será su totalidad, la suma de los pequeños cambios graduales, lo que nos dará una sociedad nueva. Esta es la teoría que se llama el reformismo. Se llama reformistas a los partidos de estas teorías no porque reclamen reformas, sino porque piensan que las reformas bastan, y que al acumularse deben transformar insensiblemente la sociedad. Examinemos si es verdad. 1. La argumentación política. Si observamos los hechos, es decir, lo que ha pasado en los otros países, veremos que, allí donde se ha ensayado este sistema, no ha tenido éxito. La transformación de la sociedad capitalista -su destrucción- ha tenido éxito en un sólo país: la U.R.S.S., y comprobamos que no ha sido mediante una serie de reformas, sino por la revolución. 2. La argumentacion histórica. ¿Es cierto que, de una manera general, las cosas se transforman por pequeños cambios, por reformas?
Veamos siempre los hechos. Si examinamos los cambios históricos, veremos que no se producen indefinidamente, que no son continuos. Llega un momento en que, en lugar de pequeños cambios, el cambio se produce mediante un salto brusco. En la historia de las sociedades, los acontecimientos notables que comprobamos son cambios bruscos, revoluciones.

En nuestros días, aún aquellos que no conocen la dialéctica saben que en la historia se han producido cambios violentos; sin embargo, hasta el siglo XVII se creía que «la naturaleza no da saltos»; no se querían ver los cambios bruscos en la continuidad de los cambios. Pero la ciencia intervino y demostró en los hechos que se producían cambios bruscamente. La Revolución Francesa de 1789 abrió aún más los ojos: era en sí misma un ejemplo evidente de total ruptura con el pasado. Y se llegó a comprender que todas las etapas decisivas de la Historia habían sido trastornos importantes,. bruscos, repentinos. Por ejemplo: de amistosas que eran, las relaciones entre tal y cual Estado se volvían más frías, luego tirantes, se envenenaban, adquirían un carácter de hostilidad -y, repentinamente, era la guerra, brusca ruptura en la continuidad de los acontecimientos. O también: en Alemania, después de la guerra de 1914-18, hubo un ascenso gradual del fascismo, y luego, un día Hitler tomó el poder: Alemania entró en una nueva fase histórica. Hoy, aquellos que niegan estos cambios bruscos pretenden que son accidentes, es decir, una cosa que ocurre y que hubiera podido no ocurrir. Así se explican las revoluciones en la historia de las sociedades: «Son accidentes». Se explita, por ejemplo, que la caída de Luis XVI y la Revolución Francesa ocurrieron porque Luis XVI era un hombre débil y blando: «Si hubiera sido un hombre enérgico, no hubiéramos tenido la Revolución». Hasta se lee que si no hubiera prolongado su comida en Varennes, no lo hubieran arrestado y el curso de la historia hubiera, cambiado. Por lo tanto, se dice, la Revolución Francesa es un accidente. Por el contrario, la dialéctica reconoce que las revoluciones son necesidades. Hay muchos cambios continuos, pero al acumularse terminan por producir cambios bruscos. 3. La argumentación científica. Tomemos el ejemplo del agua. Partiendo de 0° y haciendo subir la temperatura del agua a 1º, 2º, 3º hasta 98°, el cambio es continuo. Pero ¿puede continuar así indefinidamente? Llegamos hasta 99°, pero a los 100º tenemos un cambio brusco: el agua se transforma en vapor.

Si, a la inversa, de 99° descendemos hasta 1º, tendremos de nuevo un cambio continuo, pero no podremos descender así indefinidamente, porque a 0°, el agua se transforma en hielo. De lº a 99°, el agua sigue siendo siempre el agua; sólo su temperatura cambia. Esto es lo que se llama un cambio cuantitativo, que responde a la pregunta «¿cuánto?», es decir, «¿cuánto calor en el agua?». Cuando el agua se transforma en hielo o en vapor, tenemos un cambio cualitativo, un cambio de calidad. Ya no es agua, se ha transformado en hielo o en vapor. Cuando la cosa no cambia de naturaleza tenemos un cambio cuantitativo, (en el ejemplo del agua, tenemos un cambio de grados de calor, pero no de naturaleza). Cuando cambia de naturaleza, cuando la cosa se convierte en otra cosa, el cambio es cualitativo. Por consiguiente, vemos que la evolución de las cosas no puede ser indefinidamente cuantitativa; al transformarse las cosas experimentan, finalmente, un cambio cualitativo. La cantidad se transforma en calidad. Esta es una ley general. Pero, como siempre, no hay que atenerse únicamente a esta fórmula abstracta. En el libro de Engels, Anti-Dühring, en el capítulo «Dialéctica, cantidad y calidad», se encontrará un gran número de ejemplos que harán comprender que, en todo como en las ciencias de la naturaleza, se verifica la exactitud de la ley, según la cual en ciertos grados del cambio cuantitativo se produce repentinamente una conversión cualitativa. He aquí un nuevo ejemplo, citado por H. Wallon en el tomo VIII de la Enciclopedia Francesa (donde se remite a Engels): la energía nerviosa acumulada en un niño provoca la risa, pero si continúa aumentando, la risa se transforma en crisis de lágrimas; así, cuando los niños se excitan y ríen demasiado, terminan por llorar.

Daremos un último ejemplo bastante conocido: el del hombre que presenta su candidatura a un cargo cualquiera. Si hacen falta 4.500 votos para obtener la mayoría absoluta, el candidato no es elegido con 4.499 votos, sigue siendo lo que es: un candidato. Con un voto más, este cambio cuantitativo determina un cambio cualitativo, puesto que el candidato que era se convierte en un electo. Esta ley nos aporta la solución del problema: reforma o revolución. Los reformistas nos dicen: «Ustedes pretenden cosas imposibles que sólo ocurren por accidente; ¡son utopistas!». Pero por esta ley, se ve claramente quiénes son los que sueñan con cosas imposibles. El estudio de los fenómenos de la naturaleza y de la ciencia nos muestra que los cambios no son indefinidamente continuos, sino que en un cierto momento el cambio se vuelve brusco. No lo afirmamos nosotros arbitrariamente: ¡lo afirman la ciencia, la naturaleza, la realidad! Entonces puede preguntarse: ¿qué papel desempeñamos nosotros en estas transformaciones bruscas? Vamos a responder a esta pregunta y a desarrollar este problema mediante la aplicación de la dialéctica a la Historia. Hemos llegado a una parte muy célebre del materialismo dialéctico: el materialismo histórico». (Georges Politzer; Principios elementales de la filosofía, 1949)


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El ideario democrático-burgués ha propagado la noción de que no se puede criticar ningún cuerpo del Estado

Mensaje por Enver19 el Vie Nov 02, 2018 8:55 pm

El ideario democrático-burgués ha propagado la noción de que no se puede criticar ningún cuerpo del Estado





«Hay que decir una cosa importante al respecto: en el ideario democrático-burgués se ha propagado la noción de que no se puede criticar ningún cuerpo del Estado: ni la policía, ni el ejército, guardia civil, legión, etc., incluso que hacerlo es muestra de un espíritu poco democrático. Presentados como los garantes de la libertad de forma eterna, como aquellos que ejercen de forma indiscutible su desempeño, se exige al ciudadano por tanto, que rinda pleitesía a dichos cuerpos, en un ejercicio de idealización y culto ciego a las instituciones y organismos, creyendo en esto so pena de ser multado o algo peor si se emite una fuerte crítica. Esta idea es francamente ridícula, y es desmontable incluso desde un punto de vista no marxista y minimamente progresista, cualquier autodenominado «demócrata» comprende que esto no tiene lógica. ¿No es posible que los cuerpos e instituciones tengan fallos, queden desfasados? ¿Cómo entonces un demócrata va a pretender cortar toda crítica seria que implique poner en tela de juicio su desempeño en tal o cual actuación a un organismo como el Congreso o la Audiencia Nacional, a una carta magna como la Constitución Española de 1978 o a unos cuerpos como la policía o los jueces? Si como bien ha demostrado el marxismo la sociedad capitalista tiene fallos importantes y le es imposible escapar de ellos, ¿por qué las clases dirigentes si tan «democráticas» son, pretenden blindar ideológicamente y judicialmente a estas instituciones coartando a sus ciudadanos la libertad de crítica cuando algo funciona o puede funcionar mal? Porque estos cuerpos y organismos claramente defienden sus intereses económicos y políticos. Esa es la razón de que intente crear una cultura favorable a ellos basada en estas ideas. Se intenta eso pese a los escándalos que todos los días suceden dentro del sistema, tramas que no solo denuncian los progresistas, sino hasta los medios reaccionarios –no porque deseen defender la imagen del «sistema democrático plural», sino más bien porque se ven obligados ante el clamor popular que levantan esas tramas y por el oportunismo burgués existente que tiene como fin aupar a una u otra facción burguesa en los puestos a dichos organismos de poder del sistema–.

Menos aún vamos a fijarnos en esos detalles como el tono de la crítica cuando diariamente vemos como la burguesía glorifica a través de todos sus medios de comunicación a las figuras del régimen que han cometido verdaderas fechorías contra y a costa del pueblo: véase la unanimidad en ensalzar en el día de su fallecimiento a un franquista y criminal como Fraga, fundador del PP y corresponsable de la masacre de Vitoria de 1976, o al renegado de Carrillo, que llevó al PCE a la domesticación bajo la llamada «reconciliación nacional» mientras en la posguerra calumnió y mandó liquidar dentro del partido a quienes se oponían a tal política traidora. Estas figuras son consagradas como «padres de la transcisión», o tradcudido: como actores fundamentales del postfranquismo para que el sistema capitalista pudiera mantenerse intacto pese al cambio político hacia una democracia burguesa, esto es: sin traumas para los poseedores de medios de producción.

Llevar a alguien a declarar por criticar a la monarquía es efectivamente un signo de la decadencia del sistema político burgués, como lo es las condenas por «injuriar» a un santo o aceptar a trámite querellas por «injuriar» monumentos cristiano-fascistas como el Valle de los Caídos. Cuando los liberales se llenan la boca sobre los avances que presuntamente la humanidad ha conquistado gracias a la democracia burguesa les cuesta ver y defender este tipo de casos, pues cualquiera sin nociones políticas entiende que es una vergüenza absoluta que en nuestra época se pueda multar o condenar a un solo día de prisión a alguien en España, Países Bajos, Suecia, Dinamarca, Gran Bretaña, como en otras monarquías parlamentarias, por denunciar a la monarquía y su estatus de parasitario que vive a costa del pueblo, más cuando en el caso hispano se señalan sus corruptelas y los delitos manifiestos de toda su familia que han salido a la luz incluso en los propios medios de comunicación burgueses, incluso en los periódicos afines históricamente a la monarquía como ABC. Cuando músicos, y artistas de todo tipo, periodistas, estudiantes, campesinos, obreros y cualquiera más allá de su carácter social e ideológico, denuncia objetivamente el carácter reaccionario de la monarquía y sus desmanes, el modo, así como las formas pasan a un segundo plano; la crítica pese a que pueda estar cargada de verborrea radical no es moralmente repudiable como desde los medios de (in)comunicación nos intentan hacer creer para distraernos del contenido de la crítica. Tanto los revisionistas cuando son criticados como los neoliberales, se fijan en demasía en las formas, en los términos y en general en los modales, lo cual, es cierto que tiene importancia a la hora de argumentar, pero ellos en realidad resaltan esto para ocultar su miedo a enfrentar el contenido de la crítica». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)


http://bitacoramarxistaleninista.blogspot.com/2018/11/el-ideario-democratico-burgues-ha.html

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