por jerome haldol el Mar Ene 17, 2012 1:14 pm
El caso de Polonia es de locos. Conocí durante mi erasmus en Roma a muchos estudiantes polacos y los encontré fundamentalmente de dos clases: por un lado, los ultranacionalistas anticomunistas que viven de fantasías como la matanza de Katyn y que odian más al comunismo que al nazismo, aunque fuera esa ideología la responsable de su mayor masacre histórica y que aún hoy mantienen un odio visceral profundo hacia Rusia. Por otro lados, los que simpatizan con el comunismo, jamás lo dicen abiertamente, a no ser que sea en confianza lejos de otros polacos. Tenía un par de amigas que, cuando hablaban de la época comunista (la cuál no vivieron, pero que imagino que habrán escuchado por sus padres) lo hacían casi con complacencia, pero cuidando mucho no apoyarlo explícitamente, creo que para no resultar antipolacas. Eso sí, en ningún caso hablaban de aquella época como una dictadura.
También tuve en mi clase hace poco (estudio sociología) a una polaca estudiando que, en el ambiente abierto e izquierdista de la clase, se decidió a hablar maravillas de la época socialista y de lo difícil que se había vuelto la vida con el capitalismo, que antes todo el mundo tenía trabajo y a nadie le faltaba nada para vivir (y eso que Polonia, dentro de los países socialistas, creo recordar que no era demasiado próspero)
En fin, que manipular la conciencia y la memoria de la gente es muy fácil con una buena campaña y una insoportable presión social filofascista. Más aún en un Estado ultraconservador y ultrarreligioso como es Polonia.