La vida tras el fracaso.

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    Nestor Estebenz Nogal
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    La vida tras el fracaso.

    Mensaje por Nestor Estebenz Nogal el Sáb Jun 05, 2010 7:27 pm

    La vida tras el fracaso. Néstor Estebenz
    Definición de fracaso para que no haya lugar a dudas: insuficiencia energética y/o de dedicación para llevar a término un objetivo o un proyecto que por su contenido y el tiempo biográfico que haya ocupado pueda ser considerado como eje central de toda una vida. Los fracasos, como absolutamente todo, se pueden reutilizar para otras perspectivas. La genialidad literaria le debe mucho. El peor de los fracasados, o que a si mismo se considere, puede remontar, (podria hacerlo), en las circunstancias mas difíciles de reconsiderar su fracaso desde una óptica menos dramática. En un campo muy delimitado de objetivos medibles, el éxito-fracaso es sencillo de evaluar. Sobre un tambor de cien preguntas, 25 acertadas correctamente y el resto no contestadas o respondidas con respuestas falsas se puede evaluar como 75% de fracaso. El mismo criterio de evaluación se puede aplicar a un grupo de 100 estudiantes pasando unas pruebas si solo las consiguen superar una cuarta parte. El fracaso escolar, mercantil, industrial o político es todo aquello que esta por debajo de los mínimos asumibles y posibles. El umbral de la posibilidad es relativo. Lo que hace posible algo es generalmente la acción aplicada de la voluntad organizada y lo que lo hace imposible es la intervención de voluntades opuestas o la falta de voluntad suficiente en formas manifiestas de desidia. Lo que convierte la noción de imposible aplicada a una situacion a la noción de posible para la misma situación es una modificación de las circunstancias siendo el factor subjetivo de máxima importancia. Si bien la voluntad personal no lo puede todo la falta de voluntad lo derrota todo a priori.
    Lo que determina el fracaso de algo suele ser más una posición subjetiva que un impedimento objetivo. Es cierto que las circunstancias son decisivas para llevar a término algo. Hay que esperar a una determinada época del año para algunas empresas, hay que observar los árboles y los campos para aguardar a la recogida de los frutos o de las siembras. La voluntad impetuosa se convierte en una manifestación de la estupidez cuando no se atiene a razones ni interpreta las circunstancias. Se aprende pronto la diferencia entre lo determinante objetivo y lo coadyuvante subjetivo. La intuición de la frontera entre lo uno y lo otro es un conocimiento básico que acompaña a los aprendizajes durante toda la vida. El reconocimiento del límite -de los límites- es indispensable para su planteamiento de trascendencia. Sin aceptación de un hecho no cabe la hipótesis de alternativizarlo.
    El discurso vitalista promueve la energía a favor de la superación de todo obstáculo. Teóricamente todo es posible con la voluntad férrea y la inteligencia para poner los medios. Si no lo es de una manera lo es -lo sería- de otra. La imagen más socorrida para defender ese argumento es el del vuelo. Volar ha sido una de las aspiraciones clásicas desde que el humano observó y ambicionó el vuelo de los pájaros. Tras todas las tentativas necesarias emuló el vuelo de las alas consiguiendo vencer la gravedad. La posibilidad de una extralimitación no significa plagiar los recursos de otros sino encontrar una opción sustitutoria (la anatomía humana sigue sin generar alas naturales pero disfruta con el uso de las artificiales).
    La vida se termina por convertir en un pretexto para dar cuenta de su propia biografía. La mayor parte de la gente deja por todo texto lo que ha aprendido de ella misma, lo que es, lo que ha hecho, lo que va a dejar. Puede escribirlo o no, la mayoría de veces lo dice de viva voz permitiendo implícitamente a que sean otros que recojan su experiencia en forma de libros. Los libros hablan de todo, de los comportamientos y de los demás. La historia de las gentes lo es de sus éxitos y miserias. No hace falta subir al podium de honor de las medallas para ser objeto de recordatorio. Desde el momento en que uno está vivo y de su vida están poco o mucho al corriente los demás es susceptible de ser unidades informativas para ser referido. Obvio a pesar de las prevenciones privativas y el sentido de la vergüenza de los que quieren bloquear tal fenómeno. Reconocer la existencia de todo un mundo de submundos que no alcanzan ni alcanzarán jamás la gloria no es más que aceptar de lo que está hecha la realidad y la historia. La gloria es la denominación excelsa del triunfo. No falta ni han faltado a lo largo de los milenios que personajes que han subordinado su vida a alcanzar la fama, algunos incluso han supeditado la ética o el buen hacer para alcanzarla. Priorizaron su nombre a sus hechos. La historia se ha escrito a golpe de efectos. La verdad es que no necesariamente los más famosos y que han pasado por los más exitosos han sido ni los más felices ni los más aceptables. Desde pequeños se nos acostumbra a hablar y pensar en términos de éxito. El placer pasa por ser el más popular de la clase, el más guapo, el más listo. Quien no alcanza unos mínimos, sea por su figura física, por su modo de vestir y por su procedencia social, es automáticamente recluido a un área no específicamente demarcada de la marginalidad.
    Durante unas décadas en las que se vive con la ilusión de triunfar, entendiendo por eso: tener seguridad económica, adquirir propiedad y patrimonio, destacarse, tener una familia consolidada, un nombre reconocido...se tiene la vida pivotando en torno a un cromo demasiado coloreado. Los balances sucesivos con el paso del tiempo es que lo que importa de la vida son sus transacciones con el medio, sus experiencias y enseñanzas y que la mayoría de detalles que se han perseguido no son mas que decorado, mera filfa de rellenos de escenarios. Por encima de cada escenario es prioritaria la escena, por encima del donde y como está el qué y el quien. Por encima de lo material está lo esencial y antes que los retos de conquistas y logros está el de las ideas y sentido existencial. Es difícil que los objetivos de mercado doten a alguien de razones para vivir pero está fuera de duda que lo dotan de ahínco para conseguir cosas. Los mánagers se pelean por conseguir cotas de mercado y la meta del superhéroe es el de quien mas dividendos consigue. En ese planteamiento casi todo se resume a cifras y beneficio todo lo que no sea tangible es tomado como irreal. Lo no-realista es demonizado por idealista y por pérdida de tiempo. Por su parte, la conciencia idealista, la de quien persigue un ideal de vida y de mundo con un concepto de ser humano distinto al históricamente soportado, tiene a escala individual menores garantías de éxito personal que el de quien se plantea rendirse a los dictados del sistema y de la competitividad económica. Si dividimos (en una simplificación exagerada, claro) al comportamiento social en dos grupos humanos: el de los materialistas tras zanahorias y consumos, y el de los idealistas tras utopías y romances ideológicos; las nociones de éxito/fracaso sufren una transformación importante. El sentido del fracaso en el sujeto material-economicista no llega hasta más tarde biográficamente justo cuando se da cuenta que por mucho dinero que se tenga la felicidad y la vida consecuente no se compran en ningún mercado. En cambio en la vida idealista el sentido del fracaso no irrumpe hasta reconocer que todo aquello por lo que luchaba se demora ad infinitum hasta tal punto que no lo verá realizado. Es una conclusión dramática no porque las fuerzas retrogradas en la historia sean las únicas responsables de las metas idealistas sino porque los propios idealistas caen en picado como tales vendiéndose a existencias muertas.
    Para el idealista de primera etapa la historia es un proceso determinista que necesariamente conduce a la sociedad feliz, para el exidealista resentido con los movimientos reivindicativos que fracasaron, con la traición de los líderes y con la degradación de las luchas seguir viviendo la vida tras el fracaso es reconocer el poco sentido que tiene. Tipos como Doku Umárov 1 son indicativos de la degradación de las luchas por la independencia nacional y del nulo idealismo que le queda a determinadas posturas políticas oposicionistas.
    Dictaminar el fracaso es algo de competencia individual. Solo cada uno puede reconocer el suyo de una forma operativa. La cifra del profesional de turno de la evaluación es más un dato anecdótico. De hecho cada fracaso parcial no significa un fracaso total. Mientras haya vida hay esperanza, se dice. Lo que no se dice es si tal esperanza tiene tanta potencia. La vida fracasada es aquella que no consigue lo que más deseo. Para los revolucionarios amantes de un mundo mejor el fracaso existencial es el de reconocer que no se progresa en su dirección. En cambio para los explotadores de recursos naturales y mercados de consumos el fracaso empresarial es el de no obtener más materias primas o más adictos al consumo. La diferencia concepcional del fracaso es tanta, que lo que para unos es fracaso para otros es un éxito y al revés. El éxito de unos en términos de supervivencia simplificada (aprender a vivir sin trabajar por cuenta ajena asalariada por ejemplo) es tomado como un fracaso por otros (el indice de paro en crecimiento está considerado como un dato de fracaso de toda la economía). Dado que no todos los indicadores o parámetros son consensuados unitariamente como objetivos e infalibles para demostrar el fracaso, datos internacionales que según una óptica son tomados por terribles, según otra son interpretados como saludables. La crisis económica declarada en el 2008 y sin fecha de terminación a la vista permite un respiro a los arboles ante las sierras amputadoras de la industria maderera y una descontaminación ambiental por la reducción de nuevas remesas de coches. Lo que para unos es fracaso (que entienden en términos de pérdida de dinero) para otros es un éxito (la recuperación de mas espacio en las playas por la reducción de la afluencia turística).
    Fuera de ese relativismo el fracaso es inequívoco por lo que hace al no-saber (preguntas de lo conocido con falta de respuesta por no aprenderlo) y dramático por lo que se refiere al no-hacer (la educación cívica sigue fracasando ante tanta mediocridad indispuesta a corregir actitudes para hacer la vida social mas sana y de mayor calidad).
    Las conductas persuasivos vienen fracasando ante mentes resistentes y comportamientos irascibles indispuestos al cambio. El exmilitantista que ha suspendido su actividad politica deja de creer en que la elocuencia sustituya el pensamiento autógeno de quien no quiere pensar (repensar) el mundo en el que vive, Eso no quita que de vez en cuando se intervenga de una forma agitativa puntual para remover las conciencias y poner en acción los cuerpos siempre que la llamada a la acción directa (con sus fracasos contables) n osea un pretexto de auto engaño para creer que eso es la vida triunfal. Amartya Sen 2se considera un académico que también puede ser un agitador. Vi vir intelectualmente la vida autonomiza al intelectual no poniendo su dicha en funcion del concurso mayor o menor del otro como recepcionario de las teorías avanzadas. Su fracaso biográfico es de distinta magnitud si sus ideas son seguidas o si no lo son y quedan en el mejor de los casos reconocidas por algunos ambientes pero el seguimiento y reconocimiento máximos no se pueden confundir con un éxito total si lo proclamado queda en proclama sin pasar a la realidad. El éxito de taquilla (de una función teatral, de una película, de una performance...) ilustra perfectamente eso. El éxito de una propuesta en cuanto su cuota de recibo no es igual a su éxito como incorporación a la vida. El autor de éxito puede seguir viviendo su vida de humano fracasado en tanto aquello que postula sigue en la lista de las esperas.
    Si la vida guionizada a priori por otros para ejercer roles de sumisión ya tiene poco sentido, y el sentido se encuentra por liberarse de esa perspectiva; la falta de prerrogativa idealista tras la crisis de alianzas y el cese de esperanzas reduce la vida a un proceso testimonial en el que se va actuando viendo como los pronósticos de lo sucedible se van sucediendo. La vida tiene tanto mas sentido cuanto menos se pueden predecir sus resultados y es tanto más mecanicista cuanto más ritualista se convierte en lo que hace. Las razones para vivir son formas de autoengaño ante el temor a la no-vida.

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