Así pagó Franco la guerra - artículo de Javier Otero – publicado en 2012 en la revista ‘Tiempo’

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Mensaje por RioLena el Lun Ene 30, 2017 7:49 pm

Así pagó Franco la guerra

artículo de Javier Otero – publicado en 2012 en la revista ‘Tiempo’


Un estudio del banquero José Ángel Sánchez Asiaín descubre que el bando franquista se gastó al menos 31.152 millones de pesetas en la Guerra Civil.

Las nuevas revelaciones sobre la Guerra Civil que descubre en el libro «La financiación de la Guerra Civil española. Una aproximación histórica» (editorial Crítica) del banquero José Ángel Sánchez Asiaín dan como resultado que ambos bandos dedicaron a la guerra el 60% del PIB de los cuatro años que duró esta, 66.344 millones de pesetas, que se repartiría entre 31.152 millones de pesetas del bando de Franco y 35.192 millones del republicano. Se trata de la suma del gasto dedicado exclusivamente a la guerra de los presupuestos del Estado en ambas zonas más la financiación obtenida por otros medios, desde el oro de Moscú para los republicanos hasta los fondos que puso a disposición de Franco el financiero Juan March.

Franco gastó en la Guerra Civil 18.603 millones de pesetas de los presupuestos generales del Estado en los cuatro años de conflicto, según los cálculos de un estudio publicado por el banquero José Ángel Sánchez Asiaín. Se trata del esfuerzo de guerra, el gasto exclusivamente dedicado a la contienda en los presupuestos generales del Estado del bando nacional en esos cuatro años. Esta cantidad suponía el 17% del PIB nacional del cuatrienio, una proporción que, si se aplicara a la riqueza nacional actual, equivaldría a 711.000 millones de euros.

Con esto se descubre también que el esfuerzo presupuestario que tuvo que asumir Franco fue menor que el de la República, ya que la parte que se gastó este bando exclusivamente en la guerra suma 30.757 millones de pesetas para los cuatro años de conflicto. La suma de los dos bandos juntos, la factura económica total de la Guerra Civil española que se pagó con los presupuestos generales del estado, ascendió a 49.360 millones de pesetas, según la recopilación de las cifras del estudio publicado por Sánchez Asiaín. Esta cifra suponía el 45% del PIB, de la riqueza total del país, en los cuatro años de conflicto. Si se trasladara este porcentaje a día de hoy, el esfuerzo presupuestario de guerra equivaldría a casi dos billones de euros en cuatro años, casi el doble del PIB anual de España.
El reflejo de la guerra en los presupuestos de los dos bandos hizo subir el peso de los presupuestos del Estado en la riqueza nacional hasta el punto que, si estos presupuestos suponían solo el 13% del PIB antes de la guerra, en alguno de los ejercicios del conflicto llegaron a alcanzar el 62%.

Pero hay que tener en cuenta que no fueron estos los únicos recursos. Los datos de este estudio detallan la financiación a las filas de Franco previas al 18 de julio de 1936, cuando empieza la guerra; la cuantía económica de las suscripciones populares para sostener los gastos del conflicto, lo que Sánchez Asiaín llama financiación irregular; las incautaciones de bienes de uno y otro bando; y la venta de oro o de lo que comúnmente se conoce como la máquina de hacer billetes del Banco de España. Pero en este terreno es imposible tener las cifras totales, aunque sí muchas relevantes. En cualquier caso, con las cifras obtenidas se puede calcular aproximadamente lo que el bando nacional consiguió para preparar la sublevación. Las cifras que se conocen suman 1.245 millones de pesetas, sin contar con los datos de las aportaciones en divisas.

Suscripciones populares.
La cuantía de las suscripciones populares para el sostenimiento de la guerra en el bando nacional alcanzaría un total de 410 millones de pesetas, una cifra calculada hace años por el historiador Ángel Viñas y que Sánchez Asiaín considera válida. Los fondos obtenidos por Franco mediante incautaciones y sanciones a los integrantes del bando republicano, a través de las leyes de responsabilidades políticas, asciende a 3.690 millones de pesetas. La deuda externa de Franco alcanzó los 1.200 millones de pesetas, mientras que la financiación que obtuvo de Alemania fue de 2.104 millones de pesetas y de Italia, 3.900 millones. El total de estas cifras alcanza los 12.549 millones de pesetas. Si se sumaran a los 18.603 millones de pesetas de esfuerzo de guerra a través de los presupuestos generales del Estado la cifra llegaría a 31.152 millones de pesetas, un 28% del PIB total de España de los cuatro años de guerra, que si se aplicara a la riqueza actual en España equivaldría hoy a 1,17 billones de euros.

En cuanto al dinero obtenido por la República fuera de los presupuestos públicos, existen varias partidas. La valoración más alta que se realiza de las ventas de oro del Banco de España en el libro de Sánchez Asiaín asciende a 2.250 millones de pesetas, aunque hay discrepancias en las cifras, según sean las cuentas realizadas por el Gobierno republicano o por el de Burgos. Los primeros calcularon que hasta 1938 habían usado unos 710 millones de pesetas del oro del Banco de España, que al comienzo de la guerra alcanzaba los 2.500 millones de pesetas. Los franquistas, en los documentos en los que hacen balance de los asuntos económicos al final de la contienda, consideran que todo el oro del Banco de España se perdió.

Por otra parte, el dinero conseguido por la incautación del contenido de las cajas de seguridad de los bancos y las joyas alcanzaría los 913 millones de pesetas, según un cálculo realizado por el bando franquista. Las sanciones e incautaciones del bando republicano contra simpatizantes del bando nacional ascendieron a 1.272 millones de pesetas. El total de todos estos ingresos más el esfuerzo presupuestario alcanza los 35.192 millones de pesetas.

La suma de los gastos totales conocidos de ambos bandos daría como resultado que el dinero que costó la guerra sería, al menos, 66.344 millones de pesetas de la época, el 60% del total de la riqueza nacional de los cuatro años de contienda. Hoy equivaldría a la enorme cantidad de 2,5 billones de euros.
Estas cifras son el resultado de cálculos realizados por esta revista con los datos aportados en el libro de Sánchez Asiaín. Más de 66 años después del comienzo de la guerra, se producen grandes revelaciones sobre las cifras del coste total de esta, y una aproximación a otras fuentes de financiación irregular a través de un trabajo de veinte años de investigación del que fue presidente del Banco Bilbao Vizcaya (BBV).

La máquina de los billetes.
La guerra no solo se jugaba en las trincheras. La necesidad de dinero era crucial y daba lugar a acciones desesperadas. El bando republicano puso en circulación, por ejemplo, 3.760 millones en billetes, que le sirvieron para hacer frente a sus gastos de guerra. Fue lo que se conoce como poner en marcha la máquina de los billetes. Esta práctica provocó una alta inflación en este bando, con lo que los historiadores concluyen que parte de la financiación de la guerra por el bando republicano fue realmente realizada a través del empobrecimiento de las clases más modestas por culpa de esta inflación.

Ambos bandos recurrieron a los anticipos del Banco de España al Tesoro. En la zona franquista, estos anticipos sumaron 10.100 millones de pesetas en toda la guerra. Pero en la zona republicana la financiación obtenida fue de 23.000 millones de pesetas, según comprobaron al terminar la guerra los expertos del bando de Franco. Los vencedores de la guerra subrayaron que los medios de pago lanzados a la circulación por la República eran seis veces superiores al poder de compra de toda España. Eso provocó, según la prensa del bando franquista, que, antes de la llegada de las tropas de este bando, en Barcelona los artículos de primera necesidad tuvieran unos precios homogéneos hasta 15 veces por encima de los de la zona nacional.

El libro recopila la información disponible sobre los primeros mecanismos de captación de recursos para la sublevación contra la República, que comenzaron en 1932 con el protagonismo de varios nobles, que contaron con la aprobación del rey Alfonso XIII en el exilio. Este entregó una carta autógrafa que fue usada para pedir aportaciones para la financiación de acciones encaminadas a acabar con la República. Con este método consiguieron 20 millones de pesetas, encabezadas por los primeros 2 millones aportados por el financiero Juan March, el millón del industrial José Luis de Oriol, el creador de Talgo, y otras aportaciones de un largo listado de nobles.

En esos momentos previos a la guerra es muy importante el apoyo económico de Mussolini en Italia y del dictador Salazar en Portugal. Mussolini, por ejemplo, hace aportaciones mensuales a Falange de 50.000 liras ya en 1934. Documentos descubiertos en los archivos italianos destapan que se realizó una captación especial de dinero para garantizar a los generales implicados una salida económica si fracasaba el golpe. La cantidad era de un millón de pesetas. Además, se recoge que Juan March avaló una póliza de seguros de un millón de euros por persona, además de garantizar la seguridad familiar de los implicados al más alto nivel. Pocos días antes de la sublevación, la misma oferta fue realizada a Franco, junto con un pasaporte diplomático, el pasaje para que su hija y su mujer se refugiaran en Francia y la garantía de March de una situación económica confortable en el extranjero. Franco siempre negó estas ayudas y garantías financieras.

Los avales de Juan March.
En estos momentos previos, se refleja que el financiero Juan March ofreció valores internacionales cuya cotización superaba los 600 millones de pesetas de su fortuna como aval al general Mola para financiar las operaciones de la guerra. Un poco más adelante también entregó 178 toneladas de oro, una cantidad enorme, ya que, por ejemplo, las reservas de Italia eran de 240 toneladas y las de España suponían 656 toneladas. Oriol también puso a disposición su fortuna, aunque no se cuantifica. También se hace referencia a que el político y magnate catalán Francisco Cambó consiguió 410 millones de pesetas en una colecta internacional en favor de este bando. No se trata de todas las aportaciones, sino de las más importantes.

En Navarra los carlistas fueron recaudando fondos desde antes de la guerra y una parte de sus impuestos se dedicó en exclusiva a ella. Estos impuestos sumaron unos 14 millones de pesetas durante toda la guerra. Con los datos de la recaudación de suscripciones populares en favor de los gastos de guerra del bando nacional en Navarra desde que estalla la guerra en julio de 1936 a diciembre de ese año Asiaín realiza una extrapolación para toda España y calcula que se pudieron recaudar 120 millones de pesetas en ese periodo en este bando.

No obstante, el libro recoge el cálculo que realiza el historiador Ángel Viñas sobre el dinero de las suscripciones, que alcanzarían los 410 millones de pesetas a lo largo de toda la guerra. Como ejemplo del tono en el que se requería este dinero, en el estudio del banquero se recoge una de las requisitorias del bando de Franco publicadas en la prensa que decía: “¡Capitalista! El Movimiento Nacional, salvador de España, te permite en estos momentos seguir disfrutando de tus rentas. Si vacilas un solo momento en prestarle tu ayuda moral y material con largueza y desprendimiento, a más de un mal patriota, serás un desagradecido indigno de convivir en la España fuerte que empieza a renacer. Tu oro y alhajas deben pasar a engrosar inmediatamente el Tesoro Nacional del Gobierno de Burgos”. Para Sánchez Asiaín la ayuda de Navarra al Movimiento tuvo como consecuencia que Franco mantuviera el régimen foral, mientras que suprimió los conciertos de Guipúzcoa y Vizcaya.

El papel de Portugal también es clave en los momentos previos al 18 de julio. En el país vecino se facilitaron créditos por, al menos, 110 millones de pesetas. El libro de Sánchez Asiaín señala que todavía no se ha aclarado la cuantía de los banqueros e industriales españoles exiliados en este país.
Aviones para cruzar el Estrecho.

En el extenso estudio se pueden encontrar asuntos que son más que anécdotas, como cuando Juan March al finalizar la guerra reclamó los préstamos al Gobierno. March temía un posible impago debido a la incalculable cuantía de la deuda total incurrida en la guerra.
La ayuda de March, en cualquier caso, fue fundamental en algunas de las claves militares de la guerra, como la financiación de los aviones Savoia que Franco necesitó para que sus primeras tropas cruzaran el Estrecho, bloqueado por la escuadra naval republicana. Nadie hasta entonces había realizado un traslado de tropas en aeroplanos.

Entre las operaciones importantes desde el punto de vista financiero, pero sobre las que no se han podido realizar valoraciones económicas, está, por ejemplo, el apoyo de la petrolera Texaco al bando franquista. El presidente de la compañía, amigo personal del nazi Goering, dejó de suministrar petróleo a la República para ofrecérselo a Franco. Las condiciones no podían ser mejores. Un telegrama del presidente de Texaco fue claro: “Don’t worry about payment” (“No se preocupe respecto al pago”). De nuevo aquí se encuentra omnipresente March. El autor del libro subraya que el telegrama se envió desde Roma cuando se encontraba en la misma ciudad Juan March.

El último intento de vencer.
Otro de los grandes asuntos de la financiación de la Guerra Civil es el papel jugado por el oro del Banco de España vendido por el Gobierno de la República. Además de los cálculos sobre el valor del oro que salió de España, Sánchez Asiaín llama también la atención sobre un asunto que pudo cambiar el curso de la historia.

Según los documentos analizados por el estudioso, en los estertores de la guerra, el 8 de enero de 1939, se celebró en Barcelona una junta general extraordinaria del Banco de España de la República. Después de no haber celebrado estas juntas en los dos últimos años, se celebra esta de 1939. En ella el gobernador pide a los miembros de la junta un referendo que refuerce su autoridad legal ante los tribunales extranjeros. De lo que se trata es de intentar recuperar el llamado oro de Mont de Marsan. En 1931 se había concertado un préstamo con el Banco de Francia con la garantía de una prenda en oro. Cuando en 1937 se liquidó la operación, el Banco de España de cada bando en conflicto reclamó el oro. El Banco de Francia no tenía claro a quién tenía que enviar el dinero y el asunto recayó en los tribunales.

La junta general del Banco de España del bando republicano se celebró, después de dos años sin hacerlo, no solo poco antes del fin de la guerra, sino cuando faltaban 17 días para que el asunto se viera en el Tribunal Civil del Sena. Sánchez Asiaín relata que “en aquellos momentos era realmente importante para el Gobierno de la República disponer de esos fondos para alargar la contienda. La guerra europea parecía ya inevitable y cabía esperar que la ruptura de las hostilidades implicara un cambio radical en el curso de la guerra española. Las 40 toneladas de oro remanentes de la operación de Mont de Marsan constituían un balón de oxígeno para continuar. Pero no fue así. El 25 de febrero terminó la negociación de Francia con el Gobierno de Burgos y todas las peticiones de este fueron aceptadas.
 

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