Un texto sobre el sionismo socialista:
El mensaje de salvación humana universal, inherente al socialismo, atrajo bajo estas banderas a enormes cantidades jóvenes intelectuales judíos que habían abandonado el tradicional modo de vida del ghetto, pero que encontraron las puertas de la sociedad cerradas ante ellos. El unirse a uno de los distintos movimientos revolucionarios clandestinos se convirtió para muchos de estos jóvenes hombres y mujeres en el único camino para la emancipación social y espiritual. Sintieron que a través de la revolución socialista se derrumbaría toda la opresiva estructura de la sociedad zarista y con ello también el antisemitismo, resolviéndose el problema judío a través de la integración de la joven intelectualidad judía dentro de los marcos de la redención universal. Este sector había roto conscientemente sus lazos con la cultura judía tradicional Después de haber sido rechazados por la cultura rusa dominante, la frase de Marx "Los proletarios no tienen patria" representó en cierta manera su existencia social y sus esperanzas mesiánicas, quizás en mucho mayor medida que en lo que respecta al proletariado ruso de entonces, el cual —después de todo—estaba firmemente arraigado en la cultura nacional e histórica del pueblo ruso.
Mas aún, la organización socialista más grande y mejor organizada del imperio zarista hacia fines del siglo XIX era la Asociación de Trabajadores Judíos (Bund). Durante muchos años la cantidad de sus miembros fue mayor que la de cualquier otra organización socialista de Rusia, y la calidad de sus actividades intelectuales era realmente impresionante. El Bund reconocía la singularidad del problema judío en el marco económico y cultural general de Europa Oriental y al mismo tiempo afirmaba que la emancipación de las masas judías de Rusia tendría lugar de acuerdo con estructuras socioculturales específicamente referidas a la historia social judía. Por esta razón el Bund abogó por el desarrollo de la cultura en yídish, idioma al que veía como la lengua cotidiana de la vida judía, parte integrante de la lucha social de las masas judías y claro eco de las tradiciones populistas rusas. En esta concepción, el yídish como idioma de las masas trabajadoras fue adoptado en oposición a los idiomas ruso y polaco usados por la burguesía asimilacionista judía, y también en oposición al hebreo, que era considerado como un idioma clerical del pasado y del viejo establishment religioso. Los teóricos del Bund aspiraban a la integración del proletariado judío, consciente de su propio legado cultural, dentro del movimiento del proletario revolucionario. En la futura sociedad socialista se preservaría el legado cultural y linguístico de las masas judías, así como los idiomas ruso, polaco y ucraniano seguirían constituyendo el centro de la identidad del proletariado gentil dentro del concierto de la revolución universal.
Al mismo tiempo, el nacionalismo cultural del Bund, en sí mismo una de las expresiones de la búsqueda judía de una identidad nacional en los tiempos modernos, se opuso radicalmente a todo intento de vivificar la nación judía en Palestina: la inmigración hacia allí, el renacimiento del idioma hebreo, el establecimiento de una sociedad judía en la Tierra de Israel, era considerado por el Bund como nacionalismo estrecho y reaccionario que aislaba al problema judío del conjunto de las soluciones universales y empujaba a los judíos a su propio pasado y a un nuevo ghetto mesoriental. Según el Bund, los judíos —al igual que el proletariado en su totalidad— tenían solamente una patria: la Revolución
Sobre este trasfondo es que debe entenderse el derrotero intelectual de los escritos políticos de Ber Bórojov. Nacido en Poltava, Ucrania, en el hogar de un maskil simpatizante del movimiento de los Jovevei Tzion, Bórojov (1881-1917) creció cercano al movimiento socialista revolucionario ruso y a sus numerosas ramas, pletóricas de activistas judíos. Sobre este panorama de aspiraciones conflictivas entre una visión nacional y el socialismo revolucionario, desarrolló un programa sistemático que devendría posteriormente en una singular síntesis: la integración del nacionalismo judío con la doctrina marxista ortodoxa. De tal manera, el sionismo marxista (o marxismo sionista) se desarrolló y se convirtió en el basamento ideológico de los Poalei Tzión (Obreros de Sión), que se destacó -Primero en Rusia y luego en Palestina- como el movimiento sionista obrero más influyente.
Intelectualmente, tal síntesis entre marxismo y sionismo no fue una tarea fácil. El marxismo clásico y ortodoxo consideraba al nacionalismo como a un mero fenómeno "superestructural". En la doctrina marxista, tal como fuera desarrollada por Engels, Kautski y y Plejanov, los intereses puestos de manifiesto en la lucha de clases son los factores determinantes del progreso histórico, y la idea nacional no es más que una "ideología" confeccionada por la burguesía para legitimar por vías de una falsa generalidad sus intereses de clase particulares y estrechos. Según este punto de vista, el proletariado debe descubrir esta verdad que se esconde detrás de la verborragia nacional para desenmascarar su naturaleza burguesa, y forjar —a través de la solidaridad proletaria internacional—la base para el universalismo redentor de la revolución mundial.
El marxismo clásico establece que la sociedad se divide horizontalmente en clases sociales que luchan entre sí por mejorar sus condiciones materiales una en desmedro de la otra. Bajo la división de la sociedad en burguesía y proletariado, el burgués es el dueño de los medios de producción y el proletario le vende su fuerza de trabajo. La fuerza de trabajo es la capacidad de producir bienes. La burguesía entonces pasa a ser dueña de los medios de producción, de la fuerza de trabajo que le compra al proletariado y de los bienes que ellos producen. La explotación del proletariado consiste en que el burgués le paga al proletario mucho menos de lo que valen los bienes que ellos producen, lo cual crea un círculo vicioso de enriquecimiento de la burguesía y miseria del proletariado.
El materialismo dialéctico planteado por Marx postula que la historia avanza a “saltos” en los cuales la lucha entre la clase social dominante (tesis) y la dominada (antítesis), en lugar de generar una clase vencedora, genera una síntesis, es decir, una nueva clase social que va de la mano con un nuevo sistema de organización de la sociedad. Esta síntesis con el tiempo se transforma en la clase dominante que lucha contra una nueva clase emergente y así sucesivamente hasta llegar al sistema social del capitalismo.
Marx plantea que bajo el capitalismo este proceso del materialismo dialéctico llegará a su fin ya que debido a la enorme concentración del capital y a las terribles desigualdades sociales que habrán, la síntesis entre la burguesía y el proletariado será una única clase y el sistema social resultante será el comunismo, donde no haya propiedad privada y el estado sea el dueño de los medios de producción y el encargado de la distribución de los bienes. Marx plantea que la propiedad privada enajena al hombre deshumanizándolo y transformándolo en un ente egoísta y fácilmente manipulable. En el comunismo esto desaparecerá, por lo que el hombre alcanzará un estado de libertad e igualdad.
Los marxistas en general fomentaban la lucha de clases y sostenían que mientras más fuerte esta sea, más rápido se produciría el “salto” en la historia y se llegaría al comunismo. Bajo éste contexto Bórojov postula que la organización socioeconómica de los judíos es una pirámide invertida, en la cual hay una gran masa de pequeños burgueses y un reducido número de proletarios, debido a las características histórico-culturales del pueblo judío. Según Borojov, esta estructura social nunca evolucionará al comunismo y más aún, entorpece la lucha de clases en las sociedades donde existe. Borojov postula que los procesos socioeconómicos están muy ligados a los aspectos geográficos y culturales del lugar donde ocurren ya que cada pueblo posee un ritmo de desarrollo y de evolución socioeconómica diferente. Borojov, aparte de considerar la división horizontal de la humanidad en clases también la divide en forma vertical, en naciones. Los judíos de diferentes clases sociales solidarizan entre sí al ser considerados ambos como “judíos extranjeros” debilitando su antagonismo social, lo que entorpece la lucha de clases. El proletario judío no sólo debe luchar contra la burguesía, si no también contra los sentimientos anti-judíos del lugar donde habita por lo que su situación es, en algunos casos, insostenible (por ejemplo en Europa oriental a principios de siglo).
La solución al problema judío, dice Borojov, radica en formar una sociedad socioeconómicamente sana para los judíos, a través de la creación de un estado judío en Palestina, ya que allí prácticamente no había ningún tipo de desarrollo industrial, por lo que todos los inmigrantes que llegaran comenzarían como proletarios y a medida que se desarrollaran la reclamación y el asentamiento, se produciría una pirámide social similar al de las demás naciones. Bórojov sostiene que la única clase social que emigrará a Palestina para crear los cimientos del estado judío será el proletariado.
"La burguesía media, al carecer de una base firme para su lucha por el mercado, se halla inclinada hacia una existencia política independiente y hacia un Estado Judío, dentro del cual podrá desempeñar una función directiva. Pero, en la medida en que logra conservar intactas sus posiciones económicas, y en la medida en que el antisemitismo aun no ha socavado su bienestar material, el centro de gravedad de los intereses de la burguesía media sigue centrado en la diáspora. Es verdad que éste continúa siendo causa de algunas molestias, pero todavía no ha alcanzado un grado de gravedad suficiente como para despertar en ella la voluntad de modificar substancialmente sus condiciones de vida."
La alta burguesía judía se remite a la cuestión judía solamente de manera filantrópica, mientras que la clase media judía desarrolla un Salon-Zionismus (sionismo de salón) cultural e intelectual, aunque inefectivo. Desde el punto de vista de la teoría borojovista, estas clases no pueden convertirse en la vanguardia del movimiento de liberación nacional, ya que su base económica, a pesar de su ambivalencia, su precariedad y su aislamiento, se apoya aún en la infraestructura económica de la diáspora.
Según Bórojov existe solamente una clase en la sociedad judía cuya miseria es tan radical que no puede continuar existiendo bajo las condiciones prevalecientes en la diáspora y esta compelida a buscar una nueva base económica. Se trata de la clase obrera judía acompañada por las clases medias bajas judías cuya existencia social esta siendo pulverizada por el desarrollo económico por lo cual se ve arrojada a las filas del proletariado. Para Bórojov, estas dos clases conforman una sola entidad social que no puede continuar existiendo en Europa Oriental. La emigración a América es la respuesta pasiva de estas clases a su conflicto, porque acepta como un hecho la existencia misma de una sociedad burguesa como Estados Unidos y busca una solución dentro de la estructura socioeconómica existente. La emigración a Palestina será, de acuerdo con Bórojov, la respuesta activa a la encrucijada en la que se encuentran. Esta respuesta es activa en tanto va necesariamente combinada con la creación de un nuevo sistema social, una infraestructura completamente nueva que dará lugar al surgimiento de una sociedad revolucionaria. El proletariado judío y las clases medias proletarizantes, que no tienen ni lugar ni futuro en la sociedad europeo-oriental, se convierten de esta forma en el sujeto social radical de la transformación nacional del pueblo judío.