Izquierdismo, la enfermedad infantil en el comunismo

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    Izquierdismo, la enfermedad infantil en el comunismo

    Mensaje por SS-18 el Sáb Abr 16, 2016 1:29 pm









    V. I. LENIN

    LA ENFERMEDAD
    INFANTIL DEL
    "IZQUIERDISMO"
    EN EL COMUNISMO


    EDICIONES EN LENGUAS EXTRANJERAS
    PEKIN 1975

    Primera edición 1966
    (4a impresión 1975)

    http://www.marx2mao.com/M2M%28SP%29/Lenin%28SP%29/LWC20s.html


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    Re: Izquierdismo, la enfermedad infantil en el comunismo

    Mensaje por SS-18 el Sáb Abr 16, 2016 2:01 pm

    Lecciones de tactica, comunicación y maduración de vanguardias y de las condiciones revolucionarias por parte de los Bolcheviques y Lenin.



    La primera pregunta que surge es la siguiente: ¿cómo se mantiene la disciplina del partido revolucionario del proletariado? ¿Cómo se controla? ¿Cómo se refuerza? Primero por la conciencia de la vanguardia proletaria y por su fidelidad a la revolución, por su firmeza, por su espíritu de sacrificio, por su heroísmo. Segundo, por su capacidad de vincularse, aproximarse y hasta cierto punto, si queréis, fundirse con las más grandes masas trabajadoras, en primer

    pág. 7

    término con la masa proletaria, pero también con la masa trabajadora no protetaria. Tercero, por lo acertado de la dirección política que lleva a cabo esta vanguardia; por lo acertado de su estrategia y de su táctica políticas, a condición de que las masas más extensas se convenzan de ello por experiencia propia. Sin estas condiciones, no es posible la disciplina en un partido revolucionario, verdaderamente apto para ser el partido de la clase avanzada, llamada a derrocar a la burguesía y a transformar toda la sociedad. Sin estas condiciones, los intentos de implantar una disciplina se convierten, inevitablemente, en una ficción, en una frase, en gestos grotescos. Pero, por otra parte, estas condiciones no pueden brotar de golpe. Van formándose solamente á través de una labor prolongada, a través de una dura experiencia; su formación se facilita a través de una acertada teoría revolucionaria, que, a su vez, no es ningún dogma, sino que sólo se forma definitivamente en estrecha relación con la práctica de un movimiento que sea verdaderamente de masas y verdaderamente revolucionario.



    De otra parte, el bolchevismo, surgido sobre esta base teórica granítica, tuvo una historia práctica de quince años (1903-1917) que, por la riqueza de la experiencia que representa, no puede ser comparada a ninguna otra en el mundo. Pues ningún país, en el transcurso de estos quince años, pasó ni aproximadamente por una experiencia revolucionaria tan Aca, por una rapidez y una variedad tales de la sucesión de las distintas formas del movimiento, legal e ilegal, pacífico y tormentoso, clandestino y abierto, de propaganda en los círculos y de propaganda entre las masas, parlamentario y terrorista En ningún país estuvo concentrada en un período de tiempo tan breve una tal riqueza de formas, de matices, de métodos de lucha de todas las clases de la sociedad con temporánea, lucha que, además, como consecuencia del atraso del país y del peso del yugo del zarismo, maduraba con particular rapidez y asimilaba con particular avidez y eficacia


    LAS PRINCIPALES ETAPAS EN LA HISTORIA
    DEL BOLCHEVISMO


    Todas las cuestiones por las cuales las masas tomaron las armas en 1905-1907 y en 1917-1920, pueden (y deben) verse, en forma embrionaria, en la prensa de aquella época. Naturalmente, entre estas tres tendencias principales hay todas las formaciones intermedias, transitorias, híbridas, que se quiera. Más exactamente: en la lucha entre los órganos de prensa, los partidos, las fracciones, los grupos, van cristalizándose las tendencias ideológicas y políticas realmente de clase; las clases se forjan un arma ideológico-política adecuada para los combates futuros.

    ransformación de la huelga económica en política y de la huelga política en insurrección. Comprobación práctica de las relaciones existentes entre el proletariado dirigente y los campesinos dirigidos, vacilantes, dudosos. Nacimiento, en el desarrollo espontáneo de la lucha, de la forma soviética de organización. Los debates de aquel entonces sobre el papel de los Soviets son una anticipación de la gran lucha de 1917-1920. La sucesión de los métodos de lucha parlamentarios y no parlamentarios, de la táctica de boicot del parlamento y de participación en el mismo, de las formas legales e ilegales de lucha, así como sus relaciones recíprocas y los vínculos existentes entre ellos, todo esto se distingue por una asombrosa riqueza de contenido. Cada mes de este período vale, desde el punto de vista del aprendizaje de los fundamentos de la ciencia política -- para las masas y los jefes, para las clases y los partidos --, por un año de desenvolvimiento "pacífico" y "constitucional". Sin el "ensayo general" de 1905, la victoria de la Revolución de Octubre en 1917 hubiera sido imposible.


    Los partidos revolucionarios deben completar su instrucción Han aprendido a atacar. Ahora, deben comprender que esta ciencia tiene que estar completada por la de saber replegarse con el mayor acierto. Hay que comprender -- y la clase revolucionaria aprende a comprenderlo por su propia y amarga experiencia -- que no se puede triunfar sin aprender a tomar la ofensiva y a llevar a cabo la retirada con acierto. De todos los partidos revolucionarios y de oposición derrotados, fueron los bolcheviques quienes retrocedieron con más orden, con menos quebranto de su "ejército"; con una conservación mejor de su núcleo central, con las escisiones menos profundas e irreparables, con menos desmoralización, con más capacidad para reanudar la acción de un modo más amplio, acertado y enérgico. Y si los bolcheviques obtuvieron este resultado, fue exclusivamente porque desenmascararon y expulsaron sin piedad a los revolucionarios de palabra, obstinados en no comprender que hay que retroceder, que hay que saber retroceder, que es obligatorio aprender a actuar legalmente en los parlamentos más reaccionarios, en las organizaciones sindicales, en las cooperativas, en las mutualidades y otras organizaciones semejantes, por más reaccionarias que sean.


    Años de ascenso (1910-1914). Al principio, el ascenso fue de una lentitud inverosímil; luego, después de los sucesos del Lena, en 1912, un poco más rápido. Venciendo dificultades enormes, los bolcheviques eliminaron a los mencheviques, cuyo papel, como agentes burgueses en el movimiento obrero, fue admirablemente comprendido por toda la burguesía después de 1905 y a los cuales, por este motivo, esta última sostenía de mil maneras contra los bolcheviques. Pero éstos no hubieran llegado nunca a semejante resultado, si no hubiesen aplicado una táctica acertada, combinando la actuación ilegal con la utilización obligatoria de las "posibilidades legales" En la más reaccionaria de las Dumas, los bolcheviques conquistaron toda la curia obrera.


    Primera guerra imperialista mundial (1914-1917). El parlamentarismo legal, con un "parlamento" ultrarreaccionario, presta los más grandes servicios al partido del proletariado revolucionario, a los bolcheviques. Los diputados bolcheviques van a Siberia. En la prensa de la emigración hallan plena expresión todos los matices del socialimperialismo, del socialchovinismo, del socialpatriotismo, del internacionalismo inconsecuente y consecuente, del pacifismo y de la negación revolucionaria de las ilusiones pacifistas. Las eminencias estúpidas y los vejestorios de la II Internacional, que fruncían el ceño con desdén y soberbia ante la abundancia de "fracciones" del socialismo ruso y la lucha encarnizada de éstas entre sí, fueron incapaces, en el momento en que la guerra suprimió en todos los países adelantados la cacareada "legalidad", de organizar, aunque no fuera más que aproximadamente, un libre (ilegal) intercambio de ideas y una libre (ilegal) elaboración de concepciones justas, semejantes a las que los revolucionarios rusos organizaron en Suiza y otros países. Ha sido precisamente por esto por lo que los social-


    Segunda revolución rusa (febrero-octubre, 1917). El grado de decrepitud inverosímil y de caducidad del zarismo (con ayuda de los reveses y sufrimientos de una guerra infinitamente penosa) suscitaron contra él una fuerza extraordinaria de destrucción. En pocos días Rusia se vio convertida en una república democrático-burguesa más libre, en las condiciones de la guerra, que cualquier otro país del mundo. El gobierno fue constituido por los jefes de los partidos de oposición y revolucionarios, como en las repúblicas del más "puro parlamentarismo", pues el título de jefe de un partido de oposición en el parlamento, hasta en el más reaccionario, ha facilitado siempre el papel futuro de este jefe en la revolución

    Los bolcheviques empezaron su lucha victoriosa contra la república parlamentaria (burguesa de hecho) y contra los mencheviques con suma prudencia y no la prepararon, ni mucho menos, tan sencillamente como hoy piensan muchos en Europa y América. En el principio del período mencionado no incitamos a derribar el gobierno, sino que explicamos la imposibilidad de hacerlo sin modificar previamente la composición y el estado de espíritu de los Soviets. No declaramos el boicot al parlamento burgués, a la Asamblea Constituyente, sino que dijimos, a partir de la Conferencia de nuestro Partido, celebrada en abril de 1917, dijimos oficialmente, en nombre del Partido, que una república burguesa, con una Asamblea Constituyente, era preferible a la misma república sin Constituyente, pero que la república "obrera y campesina" soviética es mejor que cualquier república democráticoburguesa, parlamentaria. Sin esta preparación prudente, minuciosa, circunspecta y prolongada, no hubiésemos podido alcanzar ni consolidar la victoria en octubre de 1917.





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    Re: Izquierdismo, la enfermedad infantil en el comunismo

    Mensaje por 현욱한 el Sáb Abr 16, 2016 2:17 pm

    Escuela Política El Arado y El Mar escribió:La socialdemocracia revisionista, el reformismo, esa enfermedad que ataca a los intentos revolucionarios en su juventud, tiene como objetivo impedir el Socialismo. La historia demuestra su éxito, son muchos los intentos revolucionarios que han sucumbido en sus arenas movedizas.

    Existe la “enfermedad infantil del izquierdismo”, ésta se diagnostica por un querer avanzar muy rápidamente; en contraste con la enfermedad de la socialdemocracia, que es no avanzar aún en condiciones favorables. Las dos se diagnostican en la práctica. No faltó quien dijera que Chávez, el 4 de febrero, fue infantil, la historia demostró que esa tesis fue errada. Es así, siempre los avances revolucionarios, a primera hora, parecen enfermedad infantil, lo mismo se puede decir del Asalto al Moncada. Ahora bien, la socialdemocracia, el socialadequismo, nunca ha avanzado hacia la Revolución, al contrario, es un signo de su derrota.

    La socialdemocracia, a través de los años, ha perfeccionado sus argumentos contra el camino socialista. Ya no usan el desprestigio brutal, como aquel de que los revolucionarios comían niños, o de que Stalin recibía transfusiones de sangre de niños de los koljoses. Estas bestialidades están reservadas para la ultraderecha, y cada día influye en menos incautos. La socialdemocracia es más sutil: deforma, extravía, se disfraza, aparenta ser, trabaja desde las entrañas de la Revolución.

    Aquí entre nosotros, estamos en una guerra entre dos capitalismos -el chino y el gringo- que se disputan la región, en una pugna dentro del capitalismo. Enfrente encontramos al Socialismo, que el Comandante Chávez puso de nuevo en la esperanza de la Humanidad, consiguió hacerlo entrar de nuevo en combate.

    La socialdemocracia es muy sagaz, lo primero que hizo fue hacernos creer que nadie sabía cómo es el Socialismo, que aquello era un asunto de inventarlo. Borró de un plumazo toda la experiencia de la humanidad de miles de años de lucha contra el egoísmo, desde los cristianos primitivos hasta la Revolución Cubana. De esa manera, desubicados históricamente, huérfanos, estafados de raíces ideológicas debíamos buscar nuestro rumbo a oscuras, ciegos, débiles, creó un terreno propicio para cualquier contrabando.

    Después de la muerte de Chávez la Revolución entró en turbulencia. Perdida la dirección impuesta cada vez con más tino por el Comandante, la socialdemocracia salió a cielo abierto y marcó con marrullería un rumbo restaurador.

    El reformismo enfrenta dificultades: debe mantener un discurso revolucionario, engañador y, simultáneamente, vigorizar al capitalismo simulando que eso es Socialismo. Si lo anterior no fuera suficiente, está en el medio de una lucha interimperialista que lo zarandea, no la comprende y por eso termina peleando con fantasmas, como los gatos que maúllan a la luna, víctima de la realidad que lo asedia, buscando polos donde sólo hay complicidad.

    No obstante la peor dificultad del reformismo, de la socialdemocracia, es que ¡el capitalismo no funciona! Por ese camino no podrán resolver los problemas más urgentes. No podrán engañar al pueblo contrabandeando el capitalismo cuartarepublicano por Socialismo, la miseria propia del capitalismo los delatará.

    Como ha sucedido en la historia, en estas condiciones, cuando se empantana en su propia indefinición, la socialdemocracia debe aplastar la idea revolucionaria y a los revolucionarios, aquellos que le atormentan desvistiendo su verdadero carácter de “socialtraidores”, como los califica Lenin en “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo". 

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    Re: Izquierdismo, la enfermedad infantil en el comunismo

    Mensaje por SS-18 el Sáb Abr 16, 2016 2:37 pm

    Otra cosa hay que decir de otro enemigo del bolchevismo en el seno del movimiento obrero. En el extranjero se sabe todavía de un modo muy insuficiente que el bolchevismo ha crecido, se ha ido formando y se ha templado en largos años de lucha contra ese revolucionarismo pequeñoburgués que se parece al anarquismo o que ha tomado algo de él y que se aparta en todo lo esencial de las condiciones y exigencias de una firme lucha de clases del proletariado. Para los rnarxistas está plenamente establecido desde el punto de vista teórico -- y la experiencia de todas las revoluciones y los movimientos revolucionarios de Europa lo han confirmado enteramente -- que el pequeño propietario, el pequeño patrón (tipo social que en muchos países europeos está muy difundido, que abarca masas), que sufre bajo el capitalismo una presión continua y muy a menudo un empeoramiento increíblemente brusco y rápido de sus condiciones de existencia y la ruina, adquiere fácilmente una mentalidad ultrarrevolucionaria, pero que es incapaz de manifestar serenidad, espíritu de organización, disciplina, firmeza. El pequeñoburgués "enfurecido" por los horrores del capitalismo es un fenómeno social propio, como el anarquismo, de todos los países capitalistas. La inconstancia de estas veleidades revolucionarias, su esterilidad, su facilidad de cambiarse rápidamente en sumisión, en apatía, en imaginaciones fantásticas, hasta en un

    pág. 17

    entusiasmo "furioso", por tal o cual tendencia burguesa "de moda", son universalmente conocidas. Pero a un partido revolucionario no le basta en modo alguno con reconocer teórica, abstractamente, semejantes verdades, para estar al abrigo de los viejos errores que se producen siempre en ocasiones inesperadas, con una ligera variación de forma, con una apariencia o un contorno no vistos antes, en una situación original (más o menos original).


    El anarquismo ha sido a menudo una especie de expiación de los pecados oportunistas del movimiento obrero. Estas dos aberraciones se completaban mutuamente. Y si el anarquismo no ejerció en Rusia, en las dos revoluciones de 1905 y 1917 y durante su preparación, a pesar de que la población pequeñoburguesa era aquí más numerosa que en los países europeos, sino una influencia relativamente insignificante, se debe en parte, indudablemente, al bolchevismo, que siempre luchó del modo más despiadado e irreconciliable contra el oportunismo. Y digo "en parte" porque lo que más contribuyó a debilitar el anarquismo en Rusia fue la posibilidad que tuvo en el pasado (en los años del 70 del siglo XIX) de adquirir un desarrollo extraordinario y de revelar hasta el fondo su carácter quimérico, su incapacidad de servir como teoría dirigente de la clase revolucionaria.

    En primer lugar, este partido, que rechazaba el marxismo, se obstinaba en no querer comprender (tal vez fuera más justo decir en no poder comprender) la necesidad de tener en cuenta con estricta objetividad, antes de emprender una acción política, las fuerzas de clase y sus relaciones mutuas. En segundo término, este partido veía un signo particular de su "revolucionarismo" o de su "izquierdismo" en el reconocimiento del terror individual, de los atentados, que nosotros, los marxistas, rechazábamos categóricamente. Claro es que nosotros condenábamos el terror individual únicamente por motivos de conveniencia; pero las gentes capaces de condenar "en principio" el terror de la Gran Revolución Francesa, o, en general, el terror ejercido por un partido revolucionario victorioso, asediado por la burguesía de todo el mundo, esas gentes fueron ya condenadas para siempre al ridículo y al oprobio en 1900-1903 por Plejánov, cuando éste era marxista y revolucionario. En tercer lugar, para los "socialrevolucionarios" ser "izquierdista", consistía en reirse de los pecados oportunistas, relativamente leves, de la socialdemocracia alemana, mientras imitaban a los ultraoportunistas de ese mismo partido en cuestiones tales como la agraria o la de la dictadura del proletariado.


    La historia, dicho sea de paso, ha confirmado hoy en gran escala, histórico-mundial, la opinión que hemos defendido siempre, a saber: que la socialdemocracia revolucionaria alemana (y téngase en cuenta que ya en 1900-1903 Plejánov reclamaba la expulsión de Bernstein del Partido y que los bolcheviques, siguiendo siempre esta tradición, desenmascaraban en 1913 toda la villanía, la bajeza y la traición de Legien), que la socialdemocracia revolucionaria alemana estaba más

    pág. 19

    cerca que nadie del partido que necesitaba el proletariado revolucionario para triunfar
    . Ahora, en 1920, después de todas las quiebras y crisis ignominiosas de la época de la guerra y de los primeros años que la siguieron, aparece con evidencia que, de todos los partidos de Occidente, la socialdemocracia revolucionaria alemana es precisamente la que ha dado los mejores jefes, la que se ha repuesto, se ha curado y ha recobrado sus fuerzas más rápidamente. Se advierte esto también en el Partido de los espartaquistas[7] y en el ala izquierda proletaria del "Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania", que sostienen una firme lucha contra el oportunismo y la falta de carácter de los Kautsky, Hilferding, Ledebour y Gispien.


    Ha habido dos momentos en los cuales la lucha de los bolcheviques contra las desviaciones de "izquierda" de su propio partido ha adquirido una magnitud particularmente considerable: en 1908, sobre la cuestión de la participación en un "parlamento" ultrarreaccionario y en las sociedades obreras legales que la más reaccionaria de las legislaciones había dejado en pie, y en 1918 (paz de Brest), sobre la cuestión de la admisibilidad de tal o cual "compromiso".

    En 1908, los bolcheviques "de izquierda" fueron expulsados de nuestro Partido, por su obstinado empeño en no comprender la necesidad de la participación en un "parlamento" ultrarreaccionario: los "izquierdistas", entre los que había muchos excelentes revolucionarios que fueron después (y siguen siendo), honrosamente, miembros del Partido Comunista, se apoyaban sobre todo en la experiencia favorable del boicot de 1905. Cuando el zar, en agosto de 1905, anunció la convocatoria de un "parlamento" consultivo, los bolcheviques, contra todos los partidos de oposición y contra los mencheviques, declararon el boicot a semejante parlamento, y la revolución de octubre de 1905 lo barrió en efecto. Entonces el boicot fue justo, no porque esté bien no participar en general en los parlamentos reaccionarios, sino porque fue acertadamente tomada en consideración la situación objetiva, que conducía a la rápida transformación de las huelgas de masas en huelga política y, sucesivamente, en huelga revolucionaria y en insurrección. Además, el objeto del debate era, a la sazón, saber si había que dejar en manos del zar la convocatoria de la primera institución representativa, o si debía intentarse arrancársela de las manos al antiguo ré-

    pág. 21

    gimen. Por cuanto no había ni podía haber la certeza plena de que la situación objetiva era análoga y de que su desenvolvimiento se había de realizar en el mismo sentido y con igual rapidez, el boicot dejaba de ser justo.


    El boicot de los bolcheviques contra el "parlamento" en el año 1905 enriqueció al proletariado revolucionario con una experiencia política extraordinariamente preciosa, haciéndole ver que, en la combinación de las formas legales e ilegales, de las formas parlamentarias y extraparlamentarias de lucha, es, a veces, conveniente y hasta obligado saber renunciar a las formas parlamentarias. Pero transportar ciegamente, por simple imitación, sin discernimiento, esta experiencia a otras condiciones, a otras coyunturas, es el mayor de los errores. Lo que constituyó ya un error, aunque no grande y fácilmente corregible*, fue el boicot de la "Duma" por los bolcheviques en 1906. Fueron errores más serios y difícilmente reparables los boicots de 1907, 1908 y los años siguientes, pues, por una parte, no había que esperar que se levantara de nuevo rápidamente la ola revolucionaria, ni la transformación de la misma en insurrección y, por otra, la necesidad de combinar el trabajo legal con el ilegal nacía del conjunto de la situación histórica ligada a la renovación de la monarquía burguesa. Hoy, cuando se considera retrospectivamente este período histórico, que ha llegado a su completo término y cuyo enlace con los períodos ulteriores se ha manifestado ya plenamente, se comprende con singular claridad que los bolcheviques no habrian podido conservar (y no digo ya

    * De la política y de los partidos se puede decir -- con las variantes correspondientes -- lo mismo que de los individuos. No es inteligente quien no comete errores. Hombres que no cometan errores, no los hay ni puede haberlos. Inteligente es quien comete errores que no son muy graves y sabe corregirlos bien y pronto.
    pág. 22

    afianzar, desarrollar y fortalecer) el núcleo sólido del partido revolucionario del proletariado durante los años 1908-1914, si no hubiesen defendido en la lucha más dura la combinación obligatoria de las formas legales de lucha con las formas ilegales, la participación obligatoria en un parlamento ultrarreaccionario y en una serie de otras instituciones permitidas por una legislación reaccionaria (sociedades de socorros mutuos, etc.).



    En 1918, las cosas no llegaron hasta la escisión. Los comunistas "de izquierda" sólo constituyeron entonces un grupo especial o "fracción" en el interior de nuestro Partido, y no por mucho tiempo. En el mismo 1918, los representantes más señalados del "comunismo de izquierda", Rádek y Bujarin, por ejemplo, reconocieron abiertamente su error. Les parecía que la paz de Brest era un compromiso con los imperialistas, inaceptable en principio y funesto para el partido del proletariado revolucionario. Se trataba, en efecto, de un compromiso con los imperialistas; pero precisamente un compromiso tal y en unas circunstancias tales, que era obligatorio.

    Actualmente, cuando oigo, por ejemplo, a los "socialrevolucionarios" atacar la táctica seguida por nosotros al firmar la paz de Brest, o una advertencia como la que me hizo el camarada Landsbury en el curso de una conversación: "Los jefes de nuestras tradeuniones inglesas dicen que también pueden permitirse un compromiso, puesto que los bolcheviques se lo han permitido", respondo habitualmente ante todo con una comparación sencilla y "popular":

    Figuraos que el automóvil en que vais es detenido por unos bandidos armados. Les dais el dinero, el pasaporte, el revólver, el automóvil, mas, a cambio de esto, os veis desembarazados de la agradable vecindad de los bandidos. Se

    pág. 23

    trata, evidentemente, de un compromiso. Do ut des ("te doy" mi dinero, mis armas, mi automóvil, "para que me des" la posibilidad de marcharme en paz). Pero difícilmente se encontraría un hombre que no esté loco y que declarase que semejante compromiso es "inadmisible en principio" y denunciase al que lo ha concertado como cómplice de los bandidos (aunque éstos, una vez dueños del auto y de las armas, los utilicen para nuevos pillajes). Nuestro compromiso con los bandidos del imperialismo alemán fue análogo a éste.

    Pero cuando los mencheviques y los socialrevolucionarios en Rusia, los partidarios de Scheidemann (y, en gran parte, los kautskianos) en Alemania, Otto Bauer y Friedrich Adler (sin hablar de los señores Renner y compañía) en Austria, los Renaudel, Longuet y compañía en Francia, los fabianos, "independientes" y "laboristas"[8] en Inglaterra concertaron, en 1914-1918 y en 1918-1920, con los bandidos de su propia burguesía y a veces de la burguesía "aliada", compromisos dirigidos contra el proletariado revolucionario de su propio país, entonces esos señores obraron como cómplices de los bandidos.



    La conclusión es clara: rechazar los compromisos "en principio", negar la legitimidad de todo compromiso en general, es una puerilidad que es difícil tomar en serio. Un hombre político que quiera ser útil al proletariado revolucionario, debe saber distinguir los casos concretos de compromiso que son precisamente inadmisibles, que son una expresión de oportunismo y de traición, y dirigir contra t a l e s compromisos c o n c r e t o s toda la fuerza de su crítica, todo el filo de un desenmascaramiento implacable y de una guerra sin cuartel, no permitiendo a los socialistas, con su gran experiencia de "maniobreros", y a los jesuítas parlamentarios escurrir el bulto, eludir la responsabilidad, por medio de disquisi-

    pág. 24

    ciones sobre los "compromisos en general". Los señores "jefes" de las tradeuniones inglesas, lo mismo que los de la Sociedad Fabiana y del Partido Obrero "Independiente", pretenden eludir precisamente así la responsabilidad por la traición que han cometido, por haber concertado semejante compromiso que no es en realidad más que oportunismo, defección y traíción de la peor especie.

    Hay compromisos y compromisos. Es preciso saber analizar la situación y las circunstancias concretas de cada compromiso o de cada variedad de compromiso. Debe aprenderse a distinguir al hombre que ha entregado a los bandidos su bolsa y sus armas, con el fin de disminuir el mal causado por ellos y facilitar su captura y ejecución, del que da a los bandidos su bolsa y sus armas para participar en el reparto del botín. En política esto dista mucho de ser tan fácil como en este ejemplito de una simplicidad infantil. Pero el que pretendiera imaginar una receta para los obreros, que señalase por adelantado soluciones adecuadas para todas las circunstancias de la vida o prometiera que en la política del proletariado revolucionario no se encontrarán nunca dificultades ni situaciones embrolladas, sería sencillamente un charlatán.

    Para no dejar lugar a ninguna interpretación falsa, intentaré esbozar, aunque sólo sea brevemente, algunas tesis fundamentales para el análisis de los casos concretos de compromiso.

    El partido que concertó con el imperialismo alemán el compromiso consistente en firmar la paz de Brest, había empezado a elaborar prácticamente su internacionalismo a fines de 1914. Dicho partido no temía proclamar la derrota de la monarquía zarista y estigmatizar la "defensa de la patria" en la guerra entre dos imperialismos voraces. Los diputados de

    pág. 25

    dicho partido en el parlamento fueron a Siberia, en vez de seguir el fácil camino que conduce a las carteras ministeriales en un gobierno burgués. La revolución, al derribar el zarismo y crear la república democrática, sometió a este partido a una nueva y gran prueba: no contrajo ningún compromiso con los imperialistas de "su" país, sino que preparó su derrumbamiento y los derrumbó. Este mismo partido, una vez dueño del Poder político, no ha dejado piedra sobre piedra ni de la propiedad agraria de la nobleza ni de la propiedad capitalista. Después de haber publicado y hecho añicos los tratados secretos de los imperialistas, propuso la paz a todos los pueblos y sólo cedió ante la violencia de los bandidos de Brest, cuando los imperialistas anglo-franceses hicieron fracasar sus proposiciones de paz y después que los bolcheviques hubieron hecho todo lo humanamente posible para acelerar la revolución en Alemania y en otros países. La plena legitimidad de semejante compromiso, contraído por tal partido en tales circunstancias, se hace cada día más clara y evidente para todos.

    Los mencheviques y socialrevolucionarios de Rusia (como todos los jefes de la II Internacional en el mundo entero, en 1914-1920) empezaron por la traición, justificando, directa o indirectamente, la "defensa de la patria", es decir, la defensa de su burguesía ávida de conquistas, y persistieron en su traición coligándose con la burguesía de su país y luchando a su lado contra el proletariado revolucionario de su propio país. Su bloque con Kerenski y los kadetes primero, con Kolchak y Denikin después, en Rusia, así como el bloque de sus correligionarios extranjeros con la burguesía de sus propios países fue una deserción al campo de la burguesía contra el proletariado. Su compromiso con los bandidos del im-

    pág. 26

    perialismo consistió desde el principio hasta el fin en hacerse los cómplices del bandolerismo imperialista.





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    Re: Izquierdismo, la enfermedad infantil en el comunismo

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