[P.T.D España ] Un balance sobre las elecciones andaluzas

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[P.T.D España ] Un balance sobre las elecciones andaluzas

Mensaje por SS-18 el Mar Mayo 19, 2015 11:06 pm

http://trabajodemocratico.es/content/un-balance-sobre-las-elecciones-andaluzas


Un balance sobre las elecciones andaluzas



El domingo 22 de marzo de 2015 se celebraban en Andalucía las elecciones que daban pistoletazo de salida a la X legislatura de esta comunidad autónoma. Los comicios han sido los primeros de un año en el que se renovarán en diferentes citas electorales la mayoría de parlamentos autonómicos, la totalidad de los ayuntamientos y las cortes generales (si no se retrasara la celebración de los comicios a principios de 2016). 
Además esta cita electoral ha sido particularmente observada y analizada por ser la primera convocatoria electoral dentro de nuestro país celebrada tras las elecciones europeas del año 2014, siendo adelantadas voluntariamente por el gobierno del PSOE que dirigía la Junta de Andalucía tras gobernar primero en coalición con Izquierda Unida y luego en minoría tras la salida de esta del gobierno de andaluz.
El campo popular observaba con inquietud estos comicios. Se esperaba que los mismos arrojaran luz sobre la progresiva pérdida de apoyos de los principales partidos de la oligarquía, así como del verdadero arraigo de Podemos como fuerza del campo popular que las encuestas aupaban como un posible competidor estatal frente al PP y el PSOE. Por otro lado muchos esperaban ver el verdadero impacto del proceso de cambio político en España en Izquierda Unida, formación que sostenía particularmente un gobierno de coalición con el Partido Socialista en esta comunidad. También esperaba medirse el verdadero efecto que generaría la entrada de Ciudadanos como apuesta de la oligarquía por renovar sus mecanismos de representación política-partidaria.
Las elecciones pueden ayudarnos a mostrar tendencias así como una lectura general sobre la correlación de fuerzas existente en un momento concreto. También nos puede servir para poder sacar a la luz fortalezas y debilidades de los diferentes proyectos políticos de las clases sociales que pugnan por copar la representación parlamentaria. Para hacer todo esto debemos situar dos claves principales para evitar deformar las conclusiones:
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[*]Las elecciones no son el único reflejo de la correlación de fuerzas existentes entre las clases, capas sociales y sus diferentes sectores en la pugna política, pero sí uno de los indicadores más fiables para recolectar datos cuantitativos respecto a los apoyos que los proyectos políticos obtiene en un momento determinado. Así no debemos realizar lecturas mecánicas de los resultados, sino situar estos en una secuencia histórica más larga de evolución política y contextualizar los mismos en un plano social y económico más amplio, entendiendo los equilibrios electorales como reflejos de los equilibrios entre las diferentes clases y capas sociales (aunque ciertamente corregidos y deformados por factores sociales, culturales y legales).
[*]Estas elecciones se desarrollan en un contexto particular como es la comunidad autónoma andaluza. Erróneamente los analistas intentan extraer conclusiones para extrapolar al resto del Estado a raíz de los resultados obtenidos en estos comicios. Desde nuestro punto de vista este intento es un ejercicio más propio de posibilismo y elucubración que de determinación científica. Como marxistas nosotros no plantearemos qué reflejan los resultados andaluces respecto a la tendencia del pueblo y la clase obrera en el resto de regiones del Estado sino, contrariamente, como pueden afectar estos resultados al desarrollo de la lucha de clases dentro y fuera de Andalucía.
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[size=34]Algunos rasgos generales de los resultados electorales[/size]



Antes de imbuirnos en la valoración de los resultados electorales es necesario que nos ciñamos a los datos puramente objetivos del desarrollo de estos comicios. Es necesario que evaluemos la evolución de los apoyos obtenidos por las diferentes fuerzas respecto a los diferentes comicios que se han desarrollado en Andalucía en los últimos años. Para ello haremos una evolución histórica respecto a los comicios andaluces de 2012 y los recién celebrados, parándonos en el camino para evaluar su comparativa con los resultados obtenidos en las elecciones europeas en esta comunidad.

Las fuerzas tradicionales de la oligarquía pierden apoyos, aunque de manera desigual



El Partido Socialista Obrero Español se consolida como el principal partido de la oligarquía en esta región y sale políticamente fortalecido de un escenario en el que conquista una mayoría simple pero incuestionable. El éxito del PSOE en estos comicios reside en haber aguantado su número de representantes frente a la marea política de los últimos años y situarse como un baluarte de la política oligárquica en esta región. Aunque el peso en diputados es el mismo que en 2012 (47 diputados), es incuestionable que la división del voto entre sus rivales (el parlamento pasa de tener tres partidos con representación a tener cinco) hacen que, con el mismo número de diputados, el margen de actuación y de dominio político sea sustancialmente mayor que hace tres años. La máxima de “divide y vencerás” se concreta en la formulación de un parlamento dónde una mayoría simple con una enorme ventaja sobre sus varios competidores le permite tener un enorme margen de maniobra que le permite rehuir de grandes coaliciones o de acuerdos que le obliguen a hacer concesiones duraderas a las clases y capas populares. Este escenario permite a los socialistas revalidar su gobierno ininterrumpido sobre esta comunidad autónoma desde que se inauguró la autonomía en esta región1.
En lo relativo a los votos recibidos el éxito del PSOE no se encuentra en haber recuperado votantes respecto a 2012, sino en haber amortiguado la caída electoral y la pérdida de apoyos respecto a la tendencia descendiente de este partido en todo el país. Realmente el PSOE perdió más de 100.000 votos respecto a los comicios de hace tres años, cayendo algo más de cuatro puntos porcentuales2. Este frenazo de la caída se edulcora con los correctores de la ley electoral y el efecto que genera el gran derrumbe del Partido Popular y la fragmentación de la cámara, transformando una pérdida de apoyos en una gran victoria electoral y una demostración de fuerza de este partido.
Aun con su fulgurante éxito electoral el PSOE desembarca como un tuerto en el país de los ciegos, recuperando la primera posición electoral de Andalucía y la gobernabilidad a la vez que obtiene los peores resultados de su historia3.
Paralelamente al sostenimiento del PSOE, el otro gran partido de la oligarquía, el Partido Popular, sufre un importante descalabro electoral que llega tres años después de haber conseguido, por primera vez en su historia, ser el partido más votado en Andalucía. Si bien este resultado ya mostró ser excepcional en el reparto del voto andaluz para las elecciones europeas4, no podía augurarse a priori una pérdida de fuerza tan pronunciada.
El PP se deja algo más de medio millón de votos respecto a las elecciones de 2012, lo que supone casi 14 puntos porcentuales de bajada y se traduce en la pérdida de 17 parlamentarios5. Más significativa supone esta caída cuando el elemento de juicio negativo hacia este partido no se deriva de la gestión autonómica, sino de ser el partido del gobierno central en mayoría absoluta durante la última legislatura.
En conclusión ambas fuerzas de la oligarquía muestran un desgaste respecto hace tres años. Las dos principales fuerzas políticas han perdido 625.546 votos, algo más de 18 puntos porcentuales. Sin embargo el desgaste es desigual. Mientras que el derrumbe del PP es enorme la caída de los socialistas es bastante menos pronunciada. Este dato se da además en un contexto de crecimiento de la participación electoral en algo más de 3 puntos6. Pese a ello aun ambas fuerzas aúnan más de 2.400.000 votos, y acaparan algo más del 60% de los votos emitidos. Aunque los partidos tradicionales de la oligarquía pierden apoyos aún están lejos de poder ser cuestionados como los principales actores políticos de la comunidad autónoma andaluza.

Ciudadanos “recicla” el desgaste de la oligarquía



Sin embargo sería simple analizar el desplazamiento electoral y los apoyos de la oligarquía únicamente desde la evolución de sus partidos tradicionales. La oligarquía juega sus cartas para recomponer el sistema de partidos, habiendo apostado por la formación Ciudadanos como su proyecto estatal para “reciclar” el voto descontento con los históricos gestores al servicio de los empresarios y banqueros. La formación que ha sido auspiciada por los principales medios de comunicación y que condensa un programa reflejo de los intereses de algunos de los sectores más liberales de la patronal7 ha irrumpido en el escenario político andaluz con 368.988 votos (9,28%) obteniendo 9 parlamentarios en la cámara.
Así, una vez aplicado el filtro de Ciudadanos podemos observar como la táctica de reciclaje de la oligarquía tiene cierta efectividad, redirigiendo más de la mitad de los apoyos perdidos de las “formaciones tradicionales” a este nuevo proyecto político. Así, la caída de los apoyos del PSOE y del PP son compensados con la irrupción de Ciudadanos, habiendo amortiguado finalmente la oligarquía su caída, reduciéndose la misma a un total de 256.558 votos perdido.

Crecimiento contradictorio en las fuerzas populares



Por su lado las fuerzas populares democráticas obtienen un resultado total de crecimiento y mejoría respecto a los comicios anteriores, aunque mediante un efecto desigual que incorpora a Podemos en una tercera posición electoral y descompone el voto de IU haciéndole perder una gran cantidad de apoyos.
Izquierda Unida obtuvo 438.372 votos (11,35%) y 12 diputados en 2012, siendo la única fuerza democrática pequeño-burguesa que entró en el parlamento en aquellos comicios. En los comicios europeos el voto andaluz a estas fuerzas con representación incluso creció por encima del medio millón sumando los votos recibidos de IU y Podemos (18,73%). En los actuales comicios ambas fuerzas obtuvieron 863.938 votos (21,73%), aunque de manera desigual, obteniendo Podemos el 14,84% de los votos y 15 diputados e IU 6,89% y 5 representantes. Observamos un crecimiento de casi diez puntos respecto a 2012, sin embargo el mismo se hace mediante la fragmentación del voto por la irrupción de Podemos y a costa de Izquierda Unida, que pierde 164.445 votos y 7 diputados, quedándose al borde perder el grupo parlamentario.

[size=34]Lecciones políticas de los resultados electorales[/size]



A)     La oligarquía no caerá por si sola
Se ha instalado cierta sensación generalizada en el campo popular de que la oligarquía se encontraba en una progresiva descomposición y que simplemente bastaría con esperar a que cayera por sí sola para recoger los réditos de su quiebra en forma de un buen resultado electoral para las fuerzas políticas del campo popular. Esta actitud general se ha mostrado evidentemente irresponsable, engendrando entre los activistas del movimiento popular una actitud de arrogancia que ha desembocado en minusvalorar la capacidad política de la oligarquía para obrar respecto a esta tendencia. Esta relajación general y confianza sobredimensionada en los sondeos y encuestas ha dado cierto margen de maniobra a los diferentes sectores de la oligarquía, que han recompuesto su mapa político mediante el reforzamiento del Partido Socialista y la construcción del proyecto político de Ciudadanos.
En primer lugar el Partido Socialista Obrero Español ha obrado de manera magistral para recomponerse adelantando la cita electoral en Andalucía, construyendo así un escenario donde, tras años de derrotas, el PSOE podía obtener una gran victoria que le permitiera a los ojos del electorado, de la oligarquía y de sus redes de influencia, revalidarse como una opción sólida de gobierno que se resiste a perder su papel en el sistema de partidos español. Este golpe de autoridad puede suponer un revulsivo para un proyecto que parecía desgastarse y precipitarse hacia el abismo desde su bochornosa salida del gobierno en 2011, pactando una reforma constitucional junto con el otro gran partido oligárquico: el Partido Popular.
Ni el crecimiento de las fuerzas populares ni la participación de una de ellas (IU) en un gobierno conjunto con el Partido Socialista ha sido capaz de desgastar al PSOE lo suficiente como para perder su posición dominante tres años después. Tras esta incapacidad para desgastar a la oligarquía volveremos más adelante, encontrándose profundos factores políticos y sociales. El principal de ellos es la inexistencia de un Partido Comunista capaz de arrebatar a las masas de la influencia de las poderosas redes clientelares articuladas por más de 30 años por el Partido Socialista Andaluz, de manera secundaria el otro factor sería la escasa base social de apoyo que disponen los proyectos reformistas pequeño-burgueses en la región8.
Especialmente atentos debemos encontrarnos ante la reactivación de sus redes de influencia en regiones dónde históricamente el PSOE cumplió un papel de gestor predominante al servicio de la oligarquía y dónde actualmente podrían aspirar a neutralizar el crecimiento del campo popular situándose como la única alternativa tramposa ante el Partido Popular. Si este efecto les permitiera fortalecerse no sería descabellado encontrar avances significativos de la recomposición de esta fuerza en regiones como Extremadura, Castilla La Mancha o Asturias9. Lejos parece quedar aquel escenario de “Pasokización” que muchos miembros del campo popular aspiran a dibujar antes de que se hubiera producido, intentando emular mecánicamente la debacle de la socialdemocracia griega en nuestro país.
En segundo lugar es necesario observar como la oligarquía ha optado por recomponer su fuerza social y electoral mediante el impulso del partido Ciudadanos. Esta táctica responde a un contraataque ante el avance del campo popular, flanqueando al mismo y optando por fortalecer una opción aparentemente nueva y regeneradora que sea capaz de reciclar el descontento frente a los actuales partidos de la oligarquía. Su objetivo es aprovechar los vacíos argumentativos de los reformistas y la debilidad ideológica de su programa democrático pequeño-burgués para situarse como una opción política que aparenta ser similar a la de ellos pero más sensata. La simplificación de la realidad política mediante discursos populistas10 – como el articulado por Podemos - con el objetivo de acelerar la descomposición de los principales partidos de la oligarquía ha abierto un flanco para que esta pueda promocionar a Ciudadanos y recuperar parte del terreno perdido aprovechando la evidente inconsistencia que existe en la contraposición entre la “vieja política” y la “nueva política” (Cuando lo más acertado sería educar a las masas en la necesidad de que el pueblo se enfrente a la oligarquía y que, a su vez, la clase obrera se enfrente a la burguesía). Así pues esta táctica exitosa de partidos como Podemos durante el último año está siendo respondida con un crecimiento de Ciudadanos que compensa cierta caída de los apoyos tradicionales de la oligarquía.
Ciudadanos es un partido que se consolida en un espectro social que parece querer atraer a cierta parte de esas clases y capas sociales intermedias que nutren de fuerza los proyectos del campo popular. No es raro que en su discurso intenten atraer a esos sectores intermedios como los pequeños empresarios o los autónomos pero bajo un recetario liberal que parece hacer sus intereses compatibles con los de la oligarquía financiera. Así la función de Ciudadanos parece ser la de establecer un puente entre los sectores de las capas intermedias que no se ven dispuestas a seguir a los demócratas y reformistas y la oligarquía financiera, recomponiendo la alianza entre el sector más parasitario de la burguesía y los sectores intermedios de la sociedad española para poder reestablecer un nuevo pacto político que asegure cierta estabilidad social y gobernabilidad.
La oligarquía muestra que es capaz de reorganizar sus fuerzas y de revertir su desgaste parcialmente con diferentes técnicas. Andalucía en 2015 ha sido un escenario que nos ha permitido ver que el margen de maniobra de la clase dominante en nuestro país aún es amplio, y que el escenario de crisis política no parece algo tan cercano como el sobredimensionamiento mediático ha querido hacer creer.
B)     Gobierno de coalición: ¿quién los hace y para qué?
También podemos extraer lecciones de la descomposición de Izquierda Unida y su reciente experiencia de gobierno de coalición con el PSOE en la comunidad. El candidato de IU, Antonio Maillo, achacó los malos resultados de la formación a un castigo por haber entrado a formar parte de lo que describieron como un “gobierno de resistencia”11. Este argumento fue más desarrollado por Alberto Garzón cuando en la sexta noche afirmó que el gobierno de coalición había desgastado muchísimo más a IU que al PSOE12. La formación de izquierda parece haber hecho un balance sobre su negativa participación en el gobierno de Andalucía.
Las conclusiones que podrían extraerse de este gobierno de coalición podrían ser equivocadas. Como consecuencia de un desastroso pacto de gobierno podrían reforzarse los planteamientos sectarios que abogan por descartar los compromisos como herramienta política de las formaciones políticas del campo popular. Lo cierto es que ni todo compromiso es válido ni la vía de concertar los mismos puede ser descartable en toda circunstancia. Izquierda Unida no debe buscar las causas de la descomposición en el exterior, sino dentro de ella, en los errores a los que les precipita su línea política reformista y pequeño-burguesa.
Si el “gobierno de resistencia” hubiera generado un amplio rechazo popular el desgaste del PSOE habría sido considerablemente mayor. Es más, como pudimos ver en el análisis de los resultados electorales de los dos grandes partidos, parece que la política del gobierno autonómico ha permitido frenar la caída del  Partido Socialista, mientras que el Partido Popular se ve claramente perjudicado por la gestión del ejecutivo estatal. Se impregna cierta sensación en el electorado de que la alternativa autonómica del PSOE es deseable frente a una política del PP que se percibe como anti-social y perjudicial para el electorado. En este proceso, sin embargo, es Izquierda Unida, la fuerza de la pequeña burguesía y las capas intermedias, la que pierde gran parte de su apoyo, es esta formación la que se ve “sustituida” por Podemos y la que observa como su socio de gobierno mantiene un resultado similar en lo relativo a la representación parlamentaria.
El error político de Izquierda Unida no ha sido concertar un compromiso con el PSOE, sino en hacerlo movida por la ilusión de que era posible reformar el capitalismo y hacerlo más humano. Esta falta de claridad política y la endeblez de los objetivos de intentar mostrar que se podía gestionar las administraciones autonómicas de una manera más eficaz sólo han servido para desgastarles políticamente y reforzar a un Partido Socialista que hoy es el gran beneficiado de este acuerdo ¿Era necesario que el compromiso contuviera la participación de IU en el nuevo gobierno?13, ¿Realmente se aprovechó la presencia en esta institución para educar a las masas en la lucha y alejarlas de la influencia de la oligarquía?, ¿realmente se quería someter a referéndum el pacto de gobierno por unos intereses sinceros de fortalecer la lucha popular o más bien esto respondía a una maniobra para intentar minimizar los daños que la formación estaba sufriendo electoralmente dado el nuevo contexto político?
Para los comunistas los compromisos son una herramienta más en nuestra acción política, sin embargo estos siempre quedan subordinados a la posibilidad de avanzar en nuestros objetivos revolucionarios y en que los mismos favorezcan las condiciones para poder educar a las masas en el socialismo y organizarlas en la lucha contra la burguesía14. La pequeña burguesía reformista, sin embargo, suele concertar compromisos con el objetivo de obtener una mayor relevancia política, hacerse un hueco en la político institucional y movidos por la creencia de que la implementación de reformas será suficiente para acabar con las injusticias del capitalismo. 
En ese sentido la expresión más avanzada de este fenómeno se da con la participación de los reformistas en los gobiernos de coalición cuando el contexto no es favorable para que los mismos ayuden a avanzar la lucha de las masas obreras por la toma del poder15.
La gran lección que podemos extraer de estos comicios es que la política de conciliación de la pequeña burguesía con la oligarquía termina fortaleciendo a esta última. Las masas arrastradas bajo la dirección de los partidos democráticos reformistas encuentran la desilusión o son cooptadas bajo la influencia de la oligarquía que logra convencerlas de que es posible articular una gestión de “izquierda” del sistema capitalista.
La política de alianzas del partido obrero siempre debe estar subordinada al objetivo estratégico de la toma del poder.
C)     La clase obrera no dispone aún de su partido político
Todo el análisis que hemos hecho describe los intereses y desplazamientos de diferentes clases y capas sociales así como de los partidos políticos que las representan. Sin embargo en todo este análisis la clase obrera no juega un papel de relevancia como sujeto político propio, más bien aparece arrastrada como masa electoral para dar fuerza a los proyectos de otras clases.
No existe en Andalucía hoy un partido político que defienda los intereses de la clase obrera y que haya mostrado cierta relevancia en estos comicios electorales. Ni siquiera en el ámbito extraparlamentario ninguna fuerza autodenominada “comunista” o “revolucionaria” dispone de un resultado que pueda ser síntoma de cierto avance de las posiciones de clase en el seno de la región.
Podemos lanzar críticas más o menos elaboradas a la actuación de los demócratas pequeño-burgueses y definir con mayor o menor acierto las fortalezas y/o debilidades de los proyectos políticos de la oligarquía, sin embargo todo esto no quedará más que en una simple reseña analítica hasta que la clase obrera actúe consecuentemente como actor político para sí (esto es, para sus intereses de clase).
En ese sentido la prioridad para todo comunista hoy debe ser la de luchar por reconstituir el partido de la clase obrera, esforzándose en estudiar la ciencia del socialismo con el objetivo de dominarla lo suficiente como para poder llevarla al conjunto de la clase16. De la fusión del socialismo científico con la clase obrera podremos empezar a articular un proyecto político de clase que permita al proletariado actuar como un sujeto político de relevancia en la región y que constituya una alternativa para que las y los obreros puedan ser arrancados de la tutela política de otros actores políticos y sociales con intereses diferentes al suyo.
Hasta que no reconstituyamos el partido obrero independiente no seremos capaces de intervenir en la realidad social existente. No seremos capaces de transformar esta realidad para desalojar del poder a la oligarquía y construir una verdadera democracia para la mayoría.
D)     Hay que ganarles: En las urnas y en las calles
Partiendo de las conclusiones extraídas en los apartados anteriores queda claro que, bajo la dirección de un partido obrero independiente (esto es, el partido comunista), debemos aplicar una política que nos permita ganar a las grandes masas obreras y populares de Andalucía, dirigiéndolas en la lucha por derrocar a la oligarquía para conquistar la democracia y el socialismo.
Para ello es necesario plantear una batalla a todos los niveles dónde la clase obrera, en alianza con el resto del pueblo, derrote al enemigo en todo campo de batalla dónde este reproduzca su régimen de dominación política y social. Así debemos fraguar una alianza con el conjunto del pueblo (entendiendo este como su base pero también como sus organizaciones, ya sean de resistencia económica, defensa de los derechos sociales e incluso partidos políticos) para debilitar a nuestro enemigo común.
Para poder ganar a la oligarquía en Andalucía será necesario canalizar todas las fuerzas existentes. Así pues las victorias electorales no deben ser despreciadas, pues no sólo sirven para elevar la moral del pueblo sino que además nos permitirán demostrar las limitaciones de la vía institucional y la necesidad de suprimir toda la arquitectura estatal burguesa por una edificada por y para la clase obrera y el pueblo. Las victorias electorales del pueblo nos permitirán mostrar la insuficiencia de los métodos parlamentarios burgueses y la necesidad de sustituir estos por una democracia socialista para la mayoría trabajadora. Por todo esto es necesario ganarles en las urnas.
Pero la victoria electoral no servirá de nada sin una fuerza social que respalde la misma en forma de oposición en los centros de trabajo, los barrios y otros eslabones de la sociedad. Aun ganando las elecciones andaluzas y con la mejor de las intenciones, una fuerza popular no sería capaz de aplicar medidas progresistas de manera estable, pues aun tendría que enfrentarse a la inmensa fuerza del capital privado bancario e industrial, a la fuerza de los grandes terratenientes y a las enormes redes clientelares creadas durante décadas de gobiernos de partidos oligárquicos. Además de todo esto tendríamos frente a nosotros un complejo entramado burocrático y judicial construido para un estado de empresarios y banqueros, así como cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado divorciados en su dirección del conjunto del pueblo. ¡Una mayoría electoral holgada sería impotente frente a todos estos factores capaces de boicotear al más bienintencionado de los gobiernos! Por ello se hace indispensable ganarles en las calles
Desde el Partido del Trabajo Democrático seguiremos trabajando por reconstituir el partido comunista y articular una política de Frente Unido que incorpore al conjunto del pueblo a la lucha por la República Democrática y el Socialismo.

[size=34]Notas[/size]



[1] Desde la inauguración del parlamento andaluz en 1982 todos los presidentes de la comunidad autónoma han sido del Partido Socialista. El PSOE ganó todos los comicios exceptuando el de 2012, dónde el Partido Popular obtuvo más votos y escaños pero fue incapaz de formar gobierno debido al pacto PSOE-IU que investía a José Antonio Griñán como presidente de la Junta de Andalucía. El monopolio gubernamental del PSOE es absoluto en esta región durante toda su serie histórica.
[2] Con los resultados provisionales al 99,95% del voto escrutado el PSOE tendría 1.409.042 votos (respecto a los 1.527.923 votos de 2012) suponiendo esto un 35,43% (en 2012 obtuvieron un 39,56% de los votos quedando como segunda fuerza política de la comunidad)
[3] Sólo obtuvo menos votos en 1994, sin embargo estos votos en bruto (1.395.131) supusieron porcentualmente un apoyo mayor que el actual, pues representaban un 39,05% del electorado. Aunque el número total de votos fuera menor, el apoyo en relación con los votos emitidos fue sustancialmente mayor. Esto sitúa a los resultados de 2015 como los peores de la historia del PSOE andaluz, pues donde menor porcentaje de votos del total ha obtenido.
[4] En las elecciones europeas de 2014 el PP caía a la segunda posición en esta comunidad autónoma, recabando 691.155 votos (25,89%). El dato no podía ser leído en una clave similar a la de la elección autonómica porque las particularidades de las elecciones europeas difuminan tanto el voto bruto como el neto respecto a otros comicios. Sin embargo si mostraba cierta tendencia al desgaste frente al PSOE, quien casi le logró sacar 10 puntos.
[5] El PP obtuvo 1.064.168 votos (26,76%) y 33 diputados. En 2012 había obtenido 1.570.833 votos (40,67%) y 50 diputados, siendo la opción política más votada y con más representación parlamentaria
[ 6] La participación pasó del 60,78% de 2012 al 63,94% en 2015
[7] Queda pendiente un análisis más profundo sobre el partido “Ciudadanos” y el carácter de clase de su programa. No entraremos en este análisis porque desviaría la atención central de la lectura de los resultados electorales en Andalucía. Basta tener claro que Ciudadanos se alinea en la lógica de un programa completamente sumiso a los intereses de la oligarquía, llegando a ser vocero de propuestas que atentan contra los derechos de los trabajadores y las posiciones conquistadas mediante la lucha obrera con propuestas como el contrato único.
[8] El Partido Socialista de Andalucía se caracteriza por tener un fuerte arraigo social en la comunidad. Las redes clientelares que este partido ha desarrollado durante todos los años posteriores a la constitución del 78 van desde las subvenciones a los agricultores, pasando por la articulación de una inmensidad de tentáculos sociales en los diferentes municipios con su presencia mediante las “casas del pueblo” o sus conocidos vínculos con el sindicato UGT.
[9] El efecto político de esta recomposición es diferente en cada región e incluso podría ser irregular. Mientras que en Extremadura o Castilla La Mancha se erigiría como alternativa al PP para recuperar estas históricas plazas, es posible que en Asturias se intentara jugar con el miedo a la desestabilización del escenario político y allanar el camino al PP para alcanzar este gobierno. Aunque ambos en clave conservadora y nostálgica, el proyecto del PSOE podría recuperarse de su caída al mostrarse ante gran parte de los votantes como la única “alternativa plausible a la victoria del PP”.
[10] Entendemos el populismo en este sentido no como una definición peyorativa, sino como una definición política referida a las ideas pequeño-burguesas e intelectuales de autores como Laclau. Fundamentos teóricos sobre los que se sustenta parte de la construcción partidaria de Podemos.
[11] “Mínimo histórico de IU porque “los ciudadanos han percibido como un error el pacto con el PSOE” “ Eldiario.es;http://www.eldiario.es/andalucia/eleccionesandalucia2015/IU-ciudadanos-p...
[12] Estas declaraciones las hizo en “La Sexta Noche” del 28/03/2015. También hizo alusión a los desahucios que se habían logrado parar por la participación de IU en el gobierno autonómico, cumpliendo una función inicial de resistencia y encontrando la oposición de los socialistas cuando empezaron a proponer las transformaciones.
[13] A colación de esta experiencia es interesante leer el texto de Herwig Lerouge “La participación de los partidos comunistas en el gobierno ¿Una forma de salir de la crisis capitalista?” en la revista teórica del PTB “Etudes Marxistes” y traducido al castellano por la Asociación Cultural Jaime Lago (http://www.jaimelago.org/node/80)
[14] “No es posible que los izquierdistas alemanes ignoren que toda la historia del bolchevismo, antes y después de la Revolución de Octubre, está llena de casos de maniobra, de acuerdos, de compromisos con otros partidos, ¡sin exceptuar los partidos burgueses!
 Hacer la guerra para derrumbar a la burguesía internacional, una guerra cien veces más difícil, prolongada y compleja que la más encarnizada de las guerras corrientes entre Estados, y renunciar de antemano a toda maniobra, a toda utilizacion (aunque no sea más que temporal) del antagonismo de intereses existente entre los enemigos, a los acuerdos y compromisos con posibles aliados (aunque sean provisionales, inconsistentes, vacilantes, condicionales), ¿no es esto acaso algo infinitamente ridículo? ¿No se parece esto al caso del que en una ascensión difícil a una montaña inexplorada, en la que nadie hubiera puesto la planta todavía, renunciase de antemano a hacer zigzags, a volver a veces sobre sus pasos, a prescindir de la dirección elegida al principio y a probar diferentes direcciones?“(Lenin. La enfermedad infantil del izquierdismo en el comuniso; VIII: ¿Ningún compromiso?)
[15]  “En las cuestiones de política práctica que surgen en cada momento particular o específico de la historia, es importante saber distinguir aquellas en que se manifiestan los compromisos de la especie más inadmisible, los compromisos de traición, que encarnan un oportunismo funesto para la clase revolucionaria, y consagrar todos los esfuerzos a descubrir su sentido y a luchar contra ellos. Durante la guerra imperialista de 1914-1918 entre dos grupos de países igualmente bandidescos y voraces, el principal y fundamental de los oportunismos ha sido el que adoptó la forma de socialchovinismo, esto es, el apoyo de la "defensa de la patria", lo que equivalía de hecho, en aquella guerra, a la defensa de los intereses de rapiña de la burguesía del "propio" país; después de la guerra, la defensa de la sociedad de bandidos llamada "Sociedad de Naciones"; defensa de las alianzas francas o indirectas con la burguesía del propio país, contra el proletariado revolucionario y el movimiento "soviético"; defensa de la democracia y del parlamentarismo burgueses contra el "Poder de los Soviets". Estas fueron las manifestaciones principales de estos compromisos inadmisibles y traidores que, en último resultado, han terminado en un oportunismo funesto para el proletariado revolucionario y para su causa.” (Lenin; ídem)
[16] Este tema se trata con más profundidad en el artículo de Miguel Ángel Villalón, “Para qué necesitamos el Partido Comunista” (http://trabajodemocratico.es/content/para-qu%C3%A9-necesitamos-el-partid... )


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