Biotecnología y capitalismo (y la política científica como vergüenza nacional)

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Blood
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Biotecnología y capitalismo (y la política científica como vergüenza nacional)

Mensaje por Blood el Miér Mar 25, 2015 6:28 am

Biotecnología y capitalismo (y la política científica como vergüenza nacional)
17 de noviembre de 2014 | Por Pablo Rieznik, dirigente del Partido Obrero y docente en la Universidad de Buenos Aires

A comienzos de noviembre se llevó a cabo la llamada “BioArgentina”, una jornada organizada por la Cámara Argentina de Biotecnología. Tuvo lugar en la Sociedad Rural [histórico centro de exposiciones de la oligarquía terrateniente argentina], con más de 900 participantes y fue promocionada como un “encuentro virtuoso entre la ciencia y las empresas… destinado a la vinculación efectiva (sic) entre jóvenes investigadores y fondos de inversión”.

El acontecimiento central de “BioArgentina” fue una video conferencia ofrecida por Craig Venter, un biólogo estadounidense que se ha destacado por una acumulación recontramultimillonaria de capital vinculada a la privatización de los descubrimientos en biotecnología. Venter ascendió a la fama mundial al fundar la compañía Celera Genomics que, sobre el final del siglo pasado, se consagró a descifrar el código genético humano (el genoma) y a buscar “patentarlo” para su utilización comercial e industrial.

El asunto derivó en una suerte de escándalo planetario, ya que implicaba convertir a Venter en “propietario” de lo que entonces se llamó la revelación del “libro de la vida”. Uno de sus críticos más notorios fue el premio Nobel de Medicina John Sulston, quien denunció la incompatibilidad entre semejante pretensión y los beneficios posibles de la utilización de los descubrimientos de la ciencia en beneficio de la humanidad. El genoma es el “mapa” de aproximadamente 30 mil genes, que son la combinación de cuatro componentes químicos que constituirían sus “letras” y que se estructuran en una secuencia determinada.

En los últimos años los avances en esta técnica de “secuenciación” han sido enormes y se han revelado “genomas” de diversas especies que, entre otras, pueden cumplir funciones claves en la productividad de la industria agropecuaria o del petróleo (por la producción de bacterias genéticamente modificadas que colaboran en la degradación del combustible). Venter anunció inclusive la creación de vida “sintetica”, al introducir un genoma creado artificialmente en el núcleo de otra célula previamente vaciada del original. El planteo ha sido cuestionado, entre otras cosas, porque los genes de laboratorio copian un ADN previamente almacenado en un computador.

Nadie discute, sin embargo, que en esta investigación de punta, los descubrimientos por venir pueden tener un alcance revolucionario, permitiendo la creación de microorganismos aplicables en la creación de nuevos fármacos, en la fabricación de biocombustibles o en la ingeniería biológica de productos de la naturaleza que hace tiempo está en pleno desarrollo. En marzo pasado, un grupo de investigadores yanquis y europeos anunciaron la creación de un primer cromosoma que abriría la puerta a la creación de vida artificial.

En un artículo que acaba de publicar en el “The New Book of Review”, el biólogo Richard Lewontin remonta la historia de esta vieja fantasía humana de “crear vida” desde el mito del griego Pigmalión, cuya hermosa estatua femenina cobró vida, hasta el más reciente de Frankestein. Lewontin plantea los dilemas de esta biotecnología que alcanza una cumbre de la ciencia, mientras mueve millones de dólares, algo que puede terminar en catástrofe. Lo de Frankestein tiene lo suyo: el bioterrorismo basado en estos experimentos podría ser espantoso. El asunto ya está en la agenda de la CIA y sus congéneres. Digamos, de paso, que Craig Venter comenzó su carrera en la Marina de los Estados Unidos en la guerra de Vietnam.

El asunto ya dio lugar a un Manifiesto que recogió más de un centenar de adhesiones de organizaciones de todo el mundo, el cual reclama una inmediata “moratoria” de este tipo de investigaciones y plantea una cantidad de salvaguardas y protocolos dirigidos a encuadrar esta rama del quehacer científico. Se estima que el 2 por ciento de la economía norteamericana está vinculada a la ingeniería genética, creciendo a una tasa anual del 12 por ciento anual. Lewontin critica que el citado Manifiesto no considera el contenido social (capitalista) de la explotación científica y que las formas de “control” que plantea son inviables. El monopoliio de la propiedad privada se extiende en este caso al patentamiento y la privatización de los metabolismos más vitales. Monopolio capitalista y ciencia son, en definitiva incompatibles.

Naturalmente, nada de esto se debatió en “BioArgentina”, montada por “fondos de inversión” y una cámara empresaria que integra a los grandes pulpos de la explotación del campo, incluidas la grandes exportadoras y el capital especulativo. Quien abrió el encuentro en la Rural fue el Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva Lino Brañao. La imagen vale más que mil palabras. A tomar nota: cuando días atrás le preguntaron a Macri [candidato presidencial derechista] qué mantendría en pie del actual gobierno, no vaciló en responder: “la política científica”.

El área del quehacer científico ha sido convertida por el gobierno de los Kirchner en una rama de los negocios de las corporaciones privadas, para la confiscación de una fabulosa renta monopólica. Mientras tanto, los jóvenes del Conicet, el organismo rector de la ciencia en la argentina, son expulsados en masa de la carrera de investigador científico porque no han logrado un “encuentro virtuoso” con los “fondos de inversión”.

Fuente: Prensa Obrera, del Partido Obrero.

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