El pensamiento científico del lic. Pablo Rieznik.

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Blood
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El pensamiento científico del lic. Pablo Rieznik.

Mensaje por Blood el Dom Mar 22, 2015 8:40 pm

Una página de El mundo no empezó en el 4004 antes de Cristo. Marx, Darwin y la ciencia moderna (Buenos Aires, Biblos, 2005, 112 páginas.)
Extracto de Sobre la objetividad científica y su historia en el Siglo XX, escrito junto a Marina Rieznik.


  La alienación actual del trabajador científico, no sólo respecto de los procesos de trabajo sino respecto de su producto, es resultado de la producción mercantil capitalista. En tanto la ciencia se incorpore en este sistema como fuerza de la producción y -como dice Marx en la cita con la que comenzamos este trabajo- el trabajador y su prole sigan siendo bajo las ruedas del mítico capital, la organización social se seguirá efectuando a través de las relaciones sociales portadas en la mercancía. Lo que actualmente sigue siendo clave para estudiar las ciencias en nuestra sociedad es la forma en que el metabolismo social organiza su producción; es decir, el punto es el del movimiento contradictorio de las leyes de acumulación del capital y su manifestación en la lucha de clases, y no la fantástica lucha por el conocimiento, abstractamente localizada en la “ciencia” que modelaría la sociedad, como pretende [Daniel] Bell.

  La producción de conocimiento científico, en consecuencia, está regida por las leyes dl movimiento del capital. El control que tiene el científico sobre su trabajo individual es la contracara de un trabajo social que no controla. Esta contradicción cobra la forma propia de todos los trabajos en el modo de producción capitalista. Si por una parte los trabajadores son libres y disponen de su voluntad para vender su fuerza de trabajo, por otra no tienen los medios de producción y, a medida que el capitalismo avanza,, cada vez controlan menos directamente el proceso social de su propio trabajo, con el cual sólo se relacionan a través del intercambio de mercancías. Quien usa esa fuerza de trabajo en la producción es el que tiene los medios de producción científica. La ciencia en el proceso de producción funciona como fuerza productiva directa o indirecta al potenciar la productividad del trabajo. Está sí cristalizada en máquinas que acortan el tiempo de trabajo necesario para la producción de la fuerza de trabajo o en tecnologías de coacción y dirección del proceso laboral. La ciencia es también una fuerza de trabajo que produce directamente mercancías, por ejemplo, cuando la información que produce es una mercancía o cuando ella es directamente tecnología, como en el caso de la biogenética, o cuando produce fuerza de trabajo cualificada, que es también una mercancía. También produce servicios, es decir, esa mercancía que tiene la particularidad de ser consumida en el mismo momento en que se produce; sería el caso de algunas clases que dan profesores privados o consultorías científicas servidas a empresas. Actúa además como porción del trabajo social necesario para la producción de mercancías aunque no las produzca directamente. Esto es más fácil de ver en los desarrollos de ciencias básicas de los departamentos de investigación y desarrollo de una fábrica, pero el que sea el Estado el que lo haga no cambia esta cuestión. ¿Qué produce en este caso? Produce teorías que serán utilizadas en tecnologías presentes o futuras. De más está decir que incluso las teorías nunca aplicadas son partes necesarias del desarrollo del trabajo científico global, así como los residuos son necesarios y entran en la producción del valor de una teoría. Incluso la producción de información plagiada, de distorsiones, fraudes y basuras seudocientíficas entre en la forma en que este sistema organiza anárquicamente la ciencia. De tal modo la actividad de los científicos tiende a participar en el proceso de organización de la producción social como cualquier otra fuerza de trabajo. Se pueden consultar al respecto los interesantes trabajos compilados por Hilary Rose y Steven Rose (La economía política de la ciencia, México, Nueva Imagen, 1977) sobre la economía política de la ciencia para ver en forma más detallada cómo aun los procesos de producción de información científica han sido mercantilizados y cómo se han ido acortando los tiempos entre producción y aplicación. El trabajador científico cae bajo las generales de la ley y su conciencia es la conciencia de un trabajador. Sus potencias sociales también están portadas en los productos de su trabajo, tampoco ellos son dueños de sus medios de producción y también se relacionan a través de la venta de su fuerza de trabajo. La conciencia enajenada es un producto de la manera en que las relaciones sociales de producción se organizan a través del intercambio de mercancías.



Una página de Las formas del trabajo y la historia. Una introducción al estudio de la economía política (Buenos Aires, Biblos, 2003, 158 páginas.)
El asombro, la apariencia y la esencia.


 En particular la sociedad moderna, en lo que se refiere a la órbita especial de la producción de la vida material del hombre, presenta muchas cosas “asombrosas”. Una ciencia debe poner de relieve esos asombros, o esas contradicciones. . Esa opacidad, ese asombro, esa contradicción, son propios de la sociedad moderna y no de una sociedad anterior, en lo que tiene que ver con el ámbito de la economía. Por ejemplo, en la época precapitalista la gente se podía morir de hambre porque había una mala cosecha. No había alimentos, no se podía comer, y sin comer no se pueden hacer muchísimas otras cosas. Eso es más o menos transparente, cristalino; su entendimiento no amerita una ciencia particular, salvo la que tiene que ver con la agricultura, el clima, etc. En la época moderna, en cambio, puede llover, cosecharse mucho, producirse una enorme cantidad de alimentos, y… está todo mal: los precios caen, las mercancías son invendibles; como consecuencia de esto, y de otros fenómenos que se llaman “macroeconómicos”, la depresión inunda el ámbito de la producción, los salarios caen, crece la desocupación y la gente deja de comer… porque sobran alimentos. Es “asombroso”.

  Por supuesto, ele ejemplo que doy es un ejemplo que está en el centro de la realidad económica mundial contemporánea. Las estadísticas oficiales hablan de que en el planeta Tierra hay 33 por ciento de seres humanos que pasan hambre.. Si las cosas siguen así tal vez se produzca una transformación biológica y ellos se van a convertir en una subespecie con características peculiares. Esto ya está sucediendo en algunos países del mundo. Porque de tanta desnutrición, maldad, opresión y explotación, cuando uno es chiquito, si no lo estimulan, si no come, y sobrevive, el cerebro se atrofia, la estatura no puede pasar de cierto límite y el individuo se transforma en una suerte de animal que llamamos “humano” por su analogía morfológica con otros seres que son auténticamente humanos, pero que ya no es totalmente humano. Y al mismo tiempo que sucede esto, en el mundo “sobra” de todo en materia de capacidad productiva.. Sobreproducción y miseria social: polos de una contradicción que provocan asombro y uno de los grandes temas que reclaman la indagación científica. Tan significativa es la cuestión que incluso se encuentra en el límite, como veremos, de lo que la economía clásica o convencional puede explicar.

  Como retrato de esta miseria social que recorre el planeta se puede mencionar lo que sucede con el sida. En el mundo, en el umbral del siglo XXI, se estima que habrá aproximadamente 40 millones de enfermos de sida. De ellos, 30 millones, aproximadamente, viven en África, donde rápidamente vamos a tener ya no una subespecie humana sino un genocidio monumental. En la industria farmacológica mundial está muy avanzado el descubrimiento, sino de una vacuna, de drogas que puedan disminuir mucho el efecto terrible de esta enfermedad. Pero, según lo que se lee en la prensa, éstas sirven para combatir el tipo de enfermedad existente fundamentalmente en los Estados Unidos, donde hay 600 mil de los 40 millones de infectados por el virus del sida. Hace poco, por ejemplo, se conoció una noticia que tiene que ver con las cosas “asombrosas” que pasan en nuestro mundo. Parece que frente a este genocidio en África del Sur decidieron que el Estado va a fabricar el remedio para el sida. Entonces el costo unitario de derrotar al sida va a bajar de 1.200 dólares, cuando a la vacuna la fabrican empresas farmacéuticas privadas, a 40 dólares, cuando son hechas por el Estado. Este solo dato sirve para derribar un mito –de los tantos que vamos a tener que derrumbar aquí- de que el Estado es ineficiente y lo privado es eficiente. Como retrato genérico vale para plantear algunos de los “asombros” o de las contradicciones que exigen una investigación particular sobre cómo es la producción de la vida (y de la muerte) en esta sociedad.

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