Editorial: La guerra mundial

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    Editorial: La guerra mundial

    Mensaje por RyR-CEICS el Miér Dic 24, 2014 12:44 pm

    Fabián Harari
    El Aromo n° 82: "Donde el barro se subleva..."

    Los libros de Historia llaman “guerras mundiales” solo a los enfrentamientos en los cuales los contendientes, a lo largo del globo, son Estados. Es decir, se reduce ese término al combate mundial entre burguesías por sus propios intereses. Lo mismo sucede en las historias nacionales: el concepto de “guerra” se utiliza exclusivamente para aquellas disputas armadas entre la clase dominante en cuestión y su vecina (o alguna lejana). Las luchas obreras que sobrepasan cierta envergadura son consideradas como “protestas”, “rebelión” o “cuestión social”. Paradójicamente, cuando la clase obrera lucha por tomar el poder organizadamente, al proceso se lo señala (y condena) como “guerra civil”, para ocultar que estamos ante una revolución (como en España). En Argentina, por ejemplo, el libro de Historia canónico por excelencia (Revolución y guerra, de Halperín Donghi), educó a generaciones en una idea bien clara: una cosa es la revolución (que sería un cambio ordenado) y otra la guerra (la barbarie misma). Muy pocos advierten que cada período de ascenso del proletariado mundial y su consecuente respuesta burguesa constituye un episodio de una guerra. Una guerra a lo largo del planeta. En algunos lugares, con mayor profundidad; en otros, más incipiente. Pero el hecho de que tropas de un país “ayuden” a otro (Vietnam, Corea), o que revolucionarios crucen fronteras (España, Alemania) nos habla de una verdadera guerra mundial. El grado de centralización al que llegue cada ejército puede hablarnos del grado al que ha llegado y la eficacia requerida (y lograda) en cada caso, pero no cambia la caracterización.

    En los últimos diez años, asistimos a un despertar generalizado de la clase obrera mundial. En Sudamérica, en los procesos de la primera década de este siglo, la rebelión se llevó puestos a varios gobiernos (Venezuela, Bolivia, Argentina, Ecuador). Los límites llevaron a un reflujo relativo del que ya se está saliendo con el empuje de la crisis mundial. En Europa, los “mileuristas”, “inmigrantes” e “indignados” se levantan contra los ajustes. Como ya dijimos, en todos estos casos estamos ante formas bajo las cuales aparece la clase obrera.Las rebeliones en México y EE.UU. constituyen, en ese sentido, un episodio más de una guerra incipiente que se está desatando. En México, el asesinato de 43 estudiantes provocó una serie de manifestaciones a nivel nacional y mundial. El Estado respondió con una férrea represión, pero tuvo que retroceder, liberar activistas y permitir una de las mayores movilizaciones en el DF desde los ’70. Las consignas comenzaron con el pedido de “Justicia”, continuaron con “Fue el Estado” y pidiendo la renuncia del presidente Peña Nieto, para terminar con “Que se vayan todos”. La crisis amenaza llevarse puestos a todos los partidos del régimen, incluyendo al PRD.
    En EE.UU., los sucesos de Ferguson desataron una serie de movilizaciones masivas en todo el país, incluyendo New York y Washington DC. Este fenómeno evidencia un quiebre frente a sucesos anteriores. En primer lugar, a diferencia de Los Angeles (1992) o Cincinatti (2001), la clase obrera no priorizó los saqueos y las acciones individuales sobre elementos particulares, sino que la respuesta fue más organizada. A diferencia de los sucesos en Oakland (2010), la respuesta fue nacional. En segundo, frente a Occupy, un movimiento pequeño, de base en la pequeño burguesía proletarizada, aquí estamos ante la manifestación de grandes contingentes obreros, negros y blancos. El cuadro se completa con las huelgas generales en Italia y Bélgica, y con el proceso que está viviendo España, cuyo sistema partidario está atravesando la mayor crisis desde la Moncloa.

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