Mordaza y esposas para la prensa extranjera en Egipto

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Mordaza y esposas para la prensa extranjera en Egipto

Mensaje por Camarada Mauro el Jue Nov 20, 2014 5:41 am

El Cairo, 19 nov.- La prensa extranjera se ha convertido en el "enemigo occidental" para muchos egipcios y en un inquilino incómodo para las autoridades, lo que está pasando factura a los corresponsales que aún persisten en informar desde primera línea sobre lo que ocurre en este país.

"Hay xenofobia hacia la prensa extranjera", resumió en una entrevista con Efe Mustafa Shaat miembro de la Asociación para la Libertad de Pensamiento y Expresión (ALPE), que acaba de publicar un informe sobre los abusos sufridos por los corresponsales en Egipto desde el estallido de la Primavera Árabe.

La organización ha documentado 184 casos de ataques a periodistas extranjeros desde enero de 2011 hasta octubre de 2014, en los que los corresponsales fueron víctimas de un "mensaje de odio y enemistad" que ha calado en la sociedad durante esa etapa.

Palizas, detenciones provisionales, encarcelamientos, violencia sexual (desde el acoso hasta la violación) y destrucción, retención y robo de material son algunos tipos de violencia que han sufrido los periodistas en Egipto.

Patrick Kingsley, del diario británico The Guardian, ha estado detenido al menos seis veces por periodos de entre quince minutos a varias horas y sufre constantes complicaciones en las calles.
"La peor experiencia que recuerdo fue cuando me detuvieron dos 'baltaguiya' (matones), me pegaron y luego me llevaron a comisaría donde estuve detenido varias horas", relató a Efe este periodista que lleva dos años en Egipto.

También denuncia que fue perseguido por la seguridad del Estado, que es constantemente criticado en los canales de televisión pública y privada, y que ha sido amenazado de muerte en varias ocasiones.

Son muchos los reporteros extranjeros que han sido agredidos, amenazados o que han tenido que superar numerosos obstáculos para realizar su trabajo en el país desde 2011, entre ellos, dos periodistas de la Agencia Efe que fueron atacados físicamente cuando cubrían una celebración el pasado enero.

A los corresponsales se les prohíbe grabar en ciertas zonas -desde áreas cercanas a las instalaciones estatales o militares hasta lugares arqueológicos como las pirámides- por supuestos motivos de seguridad.

Si se saltan la prohibición "les requisan la cámara o los detienen", denuncia Sara al Masri, investigadora de la ALPE.

Además, desde hace tres meses, el Ministerio de Interior exige un permiso especial para grabar en las calles que debe ser renovado mensualmente.

Para Al Masri, las autorizaciones "no son un simple trámite, sino una expresión clara de la mentalidad del Estado que se arroga el derecho de controlar el trabajo del periodista", y cuyo objetivo es "complicar más su acceso a la información".

La situación de la prensa extranjera en Egipto "es la peor de los últimos setenta años", sentenció Shaat durante el encuentro.

Tanto Al Masri como Shaat destacan la falta de cooperación de las instituciones estatales para "relajar la xenofobia social" contra los periodistas, y advierten de que, además, cometen "una clara violación" de las promesas constitucionales del actual Gobierno.

Shaat subrayó, además, que la prensa nacional tiene "gran parte de culpa" en la difusión del mensaje de odio hacia los medios y periodistas extranjeros, tanto occidentales como árabes, y lamentó la existencia de "una fobia hacia la cámara extranjera".

Estos ataques "van aumentando y se están convirtiendo en algo casi habitual que ya nadie denuncia", advirtió Al Masri.

El caso más polémico en Egipto ha sido el reciente juicio contra la conocida como "célula del Marriot", el equipo informativo del canal catarí Al Yazira, entre quienes se encontraba el australiano Peter Greste. Greste y otros dos periodistas fueron sentenciados el pasado junio a entre siete y diez años de prisión "por difundir noticias falsas" y colaborar con la organización de los Hermanos Musulmanes, declarada terrorista por las autoridades egipcias.

Ese proceso "metió miedo en el cuerpo a muchos corresponsales extranjeros", aseguró Shaat.

"Cualquier cosa que se escriba puede ser fácilmente percibida como subversiva, pero la amenaza directa del Gobierno es mucho menor ahora porque quiere evitar que se repita el rechazo internacional que provocó el caso de Al Yazira", analiza el periodista británico.

No obstante, considera que "la amenaza del público es mucho mayor" y por eso, ahora tiene más cuidado al hablar con la gente o al sacar la cámara de fotos en la calle.

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