Quieren la guerra - artículo de Ilya U. Topper - septiembre de 2014

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RioLena
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Quieren la guerra - artículo de Ilya U. Topper - septiembre de 2014

Mensaje por RioLena el Sáb Sep 13, 2014 12:20 pm

Quieren la guerra

artículo de Ilya U. Topper - septiembre de 2014


En el muro ponía con tiza
Quieren la guerra
El que lo escribió
ya cayó en combate.


Este poema lo escribió Bertolt Brecht en 1939. Los tiempos han cambiado: hoy ya no se muere uno por denunciar que quieren la guerra. Puede repetirse mil veces, con tiza o en digital, y nadie escucha. Pero ya que puedo, lo diré una vez más.

Quieren la guerra. El bombardeo de Gaza por parte de Israel no es un intento de acabar con Hamás. Tampoco es un error estratégico. Tampoco una reacción emocional desmedida. Ni siquiera una búsqueda de votos de la ultraderecha. Es un intento desesperado de supervivencia de Israel. Es un esfuerzo supremo de sembrar odio y garantizarse un ambiente lo suficientemente hostil como para que mañana sigan saltando chispas, muertos, cohetes, bombas. Para que nunca haya paz.

Israel no tiene otra opción: la paz se ha convertido en un peligro mortal para este Estado. No tendría que haber sido así. Pero durante décadas, sus dirigentes han llevado el país hacia un callejón sin salida, un estado de excepción al que sólo la guerra continua puede dar apariencia de normalidad.

De niño encontré en un libro escolar alemán sobre Geografía de los años setenta un esbozo de las dos posibles soluciones del conflicto: Convertir el territorio de la histórica Palestina en un Estado “binacional” en el que todos los ciudadanos gozaran de los mismos derechos, o bien establecer dos Estados, uno para los judíos y otro para los palestinos, tal y como planteó la ONU en 1948, aunque llevándose el bando judío un territorio sustancialmente mayor que el originalmente adjudicado.

Curiosamente, el autor citado, israelí a juzgar por su apellido, se permitía el lujo de añadir que no creía en ninguna de las dos soluciones. Desde entonces he cavilado cuál era el futuro que sugería el ensayista. Obviamente era el de mantener el conflicto sin resolver.

La primera solución, por la abogan numerosos palestinos, pero también grandes intelectuales israelíes como Ilan Pappé, significaría el fin de Israel tal y como fue planteado por el sionismo hace un siglo: un hogar exclusivo (o casi) para judíos, o para lo que las autoridades de ese Estado entiendan como “judíos”. Sería simplemente un país más. Un país normal.

El sionismo fue un afán comprensible a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando estaban en boga las ideologías nacionalistas, decididas a construir Estados con una única “etnia”, alemana, húngara, turca, armenia, kurda… Que el mito bíblico de una descendencia genética común del “pueblo” judío, mito comparable a la virginidad de María o la existencia eterna del Corán, se encuadrara en este nacionalismo como si fuera una realidad histórica, es una de las mayores paradojas de la Historia; sería el mayor ridículo que haya hecho la humanidad, si sus resultados no fueran tan sangrientos, si no se lo hubiesen tomado en serio Hitler y sus secuaces.

Pero tras un siglo de doctrina sionista, esta convicción de necesitar un “Estado judío” es tan arraigada que es imposible dar marcha atrás, argumenta Uri Avnery, gran camarada de Pappé en el Qué y gran adversario suyo en el Cómo. Queda la otra solución, la biestatal, fácil, rápida, al alcance de la mano, aprobada por la comunidad internacional, por Estados Unidos, por la UE, por la Liga Árabe, por la Autoridad Palestina y, con ciertas reservas perfectamente superables, hasta por Hamas. De boquilla, incluso por Israel.

¿Por qué no se lleva a cabo, pues? ¿Por qué, en lugar de ir evacuando a los 250.000 colonos extremistas de los Territorios Ocupados de Cisjordania, primer paso para devolver una coherencia territorial a una futura Palestina, el Gobierno de Israel financia y protege, con enormes fondos y mayores despliegues militares, estos asentamientos cuya existencia es un crimen de guerra según la Convención de Ginebra? ¿Por qué Israel se niega en las negociaciones a definir cuáles serán sus fronteras?

Porque el establecimiento del Estado palestino acabaría con la guerra. Y es lo único que Israel no se puede permitir: renunciar a la guerra.

Porque Israel no es un país normal. Ha elegido no serlo. Ha elegido ser un país exclusivo para un colectivo que por imperativo religioso se cree una “etnia” en lugar de saberse un colectivo religioso. Y que de tanto confundir etnia con religión, biología con biblia, cromosoma con dios, ha acabado bifurcado en una teocracia agnóstica.

“¿Ves a éstos? Los de negro. No, a éstos nunca los monto en autostop. Los odio. Muchísimo más que a… más que a los árabes no puedo decir, porque a los árabes no los odio”. El viejo kibbutznik Uri hizo un movimiento de mano hacia unos jóvenes en el arcén de la carretera, vestidos de negro, con sombreros negros sobre los rizos de las sienes. Ultraortodoxos. Haredim, se llaman en Israel.

Una secta nacida en la Europa oriental del siglo XIX, los haredíes eran los mayores adversarios del sionismo agnóstico, pero una vez establecido Israel fueron aprovechándose del atractivo económico de un Estado dedicado a subvencionar a todo judío que quisiera asentarse en su territorio. Tienen tanto en común con un israelí de Tel Aviv como un talibán afgano con un alemán, salvo que no abogan por la lucha armada. Por la lucha, sí: en sus barrios, nadie debe romper las normas que consideran judías. Con una media de seis o siete hijos por familia, sus barrios se extienden cada día, sobre una alfombra roja extendida por los políticos que cortejan su fuerza de votos.

No habrá que esperar hasta dentro de medio siglo, cuando según la curva demográfica serán mayoría. Mucho antes, numeroso israelíes laicos, hartos de que se les escupa a sus hijas si no van con manga larga en verano, se irán, primero de Jerusalén, luego del país. Tel Aviv quedará como un gueto de laicos, un reducto de quienes se consideran los herederos del sionismo verdadero, la ideología agnóstica, marxista, que quiso crear un “nuevo judío” sin rezos ni sombreros. “En el kibbutz nos duchábamos juntos chicos y chicas. Estos están poniendo playas separadas para hombres y mujeres”, decía Uri. El que los haredíes se hagan con el país fundado por quienes querían acabar de una vez por todas con los rabinos y las sinagogas, es otro de los tristes chistes de la Historia.

Uri sacó una conclusión: “Si los árabes fueran listos, se quedarían quietecitos unos años. Sin atentados suicidas. Entonces, sin esa continua presión de un enemigo común, empezaríamos a ocuparnos de nosotros mismos. Y nos daríamos cuenta de que nuestras sociedades son irreconciliables. Estallaría la guerra civil”.

Este diálogo tuvo lugar en 2001. Desde entonces han cesado los ataques suicidas. Cisjordania está quieta, aguantando en silencio los crímenes diarios de los colonos – criminales de guerra según la ley internacional – y sólo Hamas le daba un poco de esperanza a Israel, un poco de la violencia cotidiana que necesita para sobrevivir. Hasta que, a primeros de junio, se acabó lo que se daba: Hamas dio su acuerdo a un gobierno de unidad Palestina, sin exigir siquiera una participación efectiva. La paz parecía a la vuelta de la esquina. ¡Alerta roja!

A todo eso, encima Irán, que tantas veces ha servido de espantapájaros para la esquiva paloma de la paz, con media Europa prediciendo por cuarta, quinta y sexta vez el ataque inmediato e inevitable, está ahora tomándose cafés en Viena, con Bruselas certificando una “buena atmósfera” en las negociaciones nucleares. La situación parecía desesperada.

Nunca sabremos quién dio días después la orden de secuestrar y asesinar a tres adolescentes israelíes en una carretera de Cisjordania, rodeada por unidades militares israelíes. Sí sabemos que el Gobierno israelí utilizó ese secuestro, ocultando que ya se había verificado la muerte de los jóvenes, para construir una campaña de odio contra “los árabes” que habría hecho sonrojarse a un fascista veterano y para lanzar una campaña de detenciones, robos, saqueos y asesinatos por toda Cisjordania. Sin éxito. Sólo tras un bombardeo aéreo que mató a siete miembros de Hamas, por fin la milicia de Gaza empezó a lanzar cohetes. ¡Eureka!

Por fin, Israel pudo volver a afianzarse. Mesarse los cabellos por estar obligada a “vivir bajo la amenaza yihadista”, invocar el “derecho a autodefensa”, ponerle sirenas de alarma como música de fondo al adoctrinamiento de los niños en los colegios y a las colectas de dinero en Estados Unidos – done un búnker –, en fin, volver a respirar con alivio.

Porque así funciona el círculo vicioso que mantiene con vida al Estado, a sus elites políticas, a sus industrias armamentísticas, a sus lobbies internacionales, a sus ciudadanos con tanta afición a la ceguera: Israel mata a unos cientos de palestinos, suscita algunas condenas internacionales, unas cuantas manifestaciones y con suerte, editoriales en la prensa, y puede afirmar con orgullo que “todo el mundo está en contra de Israel”. Y si todo el mundo está en contra de Israel, evidentemente la culpa es del mundo que no soporta la existencia de Israel y estará en contra de Israel para los siglos de los siglos, amén. De manera que toda cosa llamada Naciones Unidas y toda convención de Ginebra no son más que ardides para acabar con Israel, así que no cumplir con nada de lo que digan es la única vía recta para el pueblo elegido.

Lo del pueblo elegido sólo lo dicen los rabinos, desde luego. Los ministros se contentan con invocar la divinidad del “antisemitismo”, en cuyo altar se sacrificarán cientos de niños palestinos. Porque sólo el Antisemitismo, con mayúscula, es lo que justifica la existencia de un país declarado “hogar judío”.

Si este círculo vicioso se rompiera, se podría descubrir que en el último medio siglo, el mundo ha aprendido a prescindir de mitos bíblicos y que el concepto de un Estado “étnico” no es acorde a la Carta de Derechos Humanos. Que los fundamentos del sionismo – la ficción bíblica de que un tal Dios prometió a “los judíos” una tierra situada entre Jordán y Mediterráneo, y su derivado seudocientífico de un “pueblo judío” dispersado desde esta tierra por el resto de países – no son más que una estafa. Que Israel es un anacronismo.

Claro que la existencia de Israel se justifica, desde el punto de vista del derecho internacional, simplemente con su existencia: sería contrario a los derechos humanos de sus ciudadanos si alguien quisiera forzarles a disolver su Estado. Pero Israel no puede permitirse el lujo de reconocer el concepto de derechos humanos mientras insista en otorgar más derechos a un neoyorquino con abuela judía que a un nativo que no tenga abuela judía.

Tal y como está planteada ahora, Israel es un Estado imposible, porque sus ciudadanos no son quienes lo habitan sino quienes son afiliados de una religión determinada, aunque no se la crean siquiera. Es decir, sus ciudadanos son personas de todo el planeta siempre que así lo definan los rabinos de Israel: una especia de teocracia cósmica.

Esta paradoja quedará en evidencia y quedará en ridículo al firmarse la paz. Israel tendría que reinventarse como país democrático, es decir, renunciando al sionismo como ideología oficial. Algo que es más difícil con cada día que pasa, cada día en el que se adoctrina a los niños en el colegio, se les enseña a adorar las armas y saberse el pueblo elegido. De manera que el círculo vicioso ha de seguir.

Pero nadie se puede bañar dos veces en el mismo río de sangre y nada en el cosmos describe círculos: todo avanza en espiral. Una espiral de violencia que con cada nueva vuelta tendrá que ir a más para producir el mismo efecto de rabia, furia y odio en el resto del mundo y el mismo nivel de nacionalismo fanático entre sus ciudadanos, rodeados – eso creen – de hordas antisemitas. Entre ese nacionalismo fanático armado, dispuesto a quemar vivos a “los árabes”, y el fanatismo religioso de los haredíes, dispuesto a borrar a las mujeres hasta de las fotografías, se halla el futuro de Israel.

Donde acabará la espiral no es fácil de predecir. Pero no será un espectáculo bonito. En todo caso, su fin no será la desaparición del pueblo palestino. Será el suicidio de Israel.

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Re: Quieren la guerra - artículo de Ilya U. Topper - septiembre de 2014

Mensaje por vaktar111 el Sáb Oct 04, 2014 7:29 pm

Israel no quiere guerra. No la quiere ahora ni la ha querido nunca. El hecho de que adornes tu afirmación tan prolijamente no significa que sea acertada. Israel no necesita “su” guerra cercana para vender armas, el cual es un negocio que lleva funcionando en distintas sociedades desde hace mucho tiempo. Pero el pensamiento “socialista” solo carga las tintas en los países que han demostrado ser más poderosos, de una forma u otra, justa o injustamente. A lo mejor yo me he perdido algo, corrígeme si me equivoco. Israel no ha provocado una sola guerra con sus vecinos árabes. Ha respondido con guerra a los ataques de esos países árabes.
Observo que das por verdaderas ideas y conceptos simplemente porque son “convenientes” para tu argumento. Esto es faltar a la realidad. No es una cuestión de opinión. Los hechos no dependen de que estemos o no de acuerdo con ellos para que existan. Existen y punto.
Israel no provocó la guerra del 48, fueron los árabes que reaccionaron con el único argumento que conocen los árabes para dominar una discusión: la violencia. Israel no provocó los tumultos de los años veinte y treinta en la zona. Fueron los árabes. Israel no provocó la guerra del 67, fueron los árabes. Israel no provocó la guerra del Yon Kippur, fueron Egipcios y Sirios los que atacaron por sorpresa durante esa festividad judía, y fueron otra vez, pateados en el culo, como siempre que han atacado con la habitual falta de honestidad y mínimos morales que hasta en algunas guerras algunos demuestran de vez en cuando. Desde luego los árabes no. Y no se cansan de repetirlo una y otra vez desde hace siglos. Pero claro, decir todo esto no suena “progresista” o suficientemente “socialista”. Para mí, lo socialista es decir la verdad, aunque duela o reconozca que los enemigos del socialismo no son tan malos como queremos  que sean.
A lo mejor ha habido más guerras “oficiales” en las que hayan participado los Israelíes y yo no me enterado. Te ruego me ilustres.
Con todo esto dicho, creo que eso del estado de excepción permanente patrocinado por Israel es otra falacia “conveniente” para tu discurso, pero lamentablemente para ti, muy lejos de la realidad  .
“Su” guerra cercana lo único que hace es dificultar (ligeramente) la progresión positiva de sus industrias y demás instituciones. Y a pesar de lo pesados que son los árabes atacando constantemente su país, consiguen mantener liderazgo en ciencia, medicina, tecnología, etc.
Si. La venta de armas es un negocio cojonudo. La cuestión estriba en que todo el mundo está dado de alta en él, por lo que acusar selectivamente a un país y a otro no es un pelín sesgado. A lo mejor “conveniente”, pero faltando a la objetividad. No creo que tenga que darte datos, pero si los necesitas, estaré encantado de pasarte la lista de “empresarios” del sector.
Con respecto a lo que comentas sobre la opción del estado binacional te diré  que se ha ofrecido a los árabes esta solución en varias ocasiones. Creo que la retahíla de propuestas comenzó hace mucho años con la resolución de naciones unidas número 181, pero no estoy muy seguro ahora mismo. De todos modos, tienes a tu disposición todas las resoluciones y propuestas al respecto, y quien la rechazó y que motivos adujo.
Te puedo decir incluso que la solución no debería ser de dos estados. Debería involucrar a cinco grupos humanos distintos, a saber: siria, Jordania, libano. Israel y los árabes que viven en judea, samaria y gaza. Porqué?
Muy sencillo. Si echas un vistazo a la partición territorial de los británicos en su dia, el trozo del pastel resultante incluye partes de siria, Jordania y libano. No es solo lo que Israel controla actualmente. Pero luego hubo una “quita” de suelo para adecuarla a lo que conocemos hoy. Y los judíos siguieron aceptándolo, mientras que los árabes no.
Y ciertamente, somos más de uno los que permitimos el lujo de no aceptar esa división en dos estados. Fundamentalmente porque la nación “palestina” es un invento de los árabes para victimizarse, como hacen siempre, y pretender eliminar a los judíos de la ecuación mundial, como hacen siempre. No tienes más que leer o escuchar declaraciones de líderes “luchadores por la libertad” árabes diciendo que lo de “palestina” es una mera táctica para conseguir los fines que los árabes no han dejado nunca de airear: Terminar con el estado judío.
Independientemente de que haya soporte histórico sobre esto que te comento de la invención “palestina”, te hago una pregunta fácil:¿ Donde están los vestigios de una cultura “palestina”?
¿Tienen un idioma propio? ¿Tiene una cultura culinaria propia? ¿Tienen un estilo propio de vestir, construir casas, alguna aportación a la humanidad con “made in palestine” impreso?
Cualquier región de un país con un poco de historia y recorrido, tiene algún baile típico o una comida característica. Lo único que vas a encontrar es dinero con “palestinian” impreso en él, y fueron los británicos los que lo pusieron en circulación después del invento suyo del mandato palestino.
El mismo Yasser Arafat ha intentado siempre ocultar sus verdaderas raíces egipcias. Sin conseguirlo claro. El nombre verdadero del personaje es: Mohammed Abdel Rahman Abdel Raouf Arafat al-Qudwa al-Husseini.
"Al-Qudwa" es el nombre de la tribu egipcia de la que procede. Y intentaba convencer al mundo que había nacido en Jerusalem. Patético.
El profesor árabe Azmi Bishara dice:
“No existe nada parecido a una nación palestina,¿Cuándo ha habido nunca una cultura palestina?, Hasta finales del siglo XIX esa región conocida como palestina era la parte sur de Siria. La única nación que puede tener ciertas raíces ahí es la árabe. El termino palestina es un invento de los romanos para intentar borrar cualquier huella judía de Israel y judea. Incluso la palestinian national charter hace mención explicita al asentamiento de los judíos en esa zona previamente a 1948 “.
Uno de los responsables de la masacre de Damur y perteneciente a la O.L.P. Zuheir Moshen dice:
“El pueblo palestino  no existe. La creación de una nación palestina es solo un medio para la lucha del pueblo árabe contra el estado de Israel. En realidad no hay diferencia entre jordanos, sirios, palestinos o libaneses. Solo por motivos tácticos se habla de “pueblo palestino”.
Esto lo dicen árabes que viven el conflicto.
Y así te podría ir desgranando todos los apellidos de “palestinos” de la zona y decirte de donde procede exactamente. Ninguno es de origen palestino, porque ese origen no existe.
Acabaramos!!!!
Tu gran pensador e historiador Israelí que tomas como gran referencia es : Illan Pappé.
No creo que haya muchos “intelectuales” tan laxos, perezosos y poco objetivos, siendo generoso, o deshonesto e hipócrita, dejando de ser generoso. Y te doy alguna referencia.
En el panfleto ese tan gracioso titulado “la limpieza étnica de palestina “hace referencia al diario de Ben Gurion sobre unos experimentos de los judíos con productos químicos sobre animales. En esos ensayos se llega a la conclusión de que el gas resultante funciona bien como deslumbrante de la vista temporalmente (alrededor de 24 horas). Bien, Pappe omite deliberadamente lo de “temporalmente” y lo de “deslumbrante”, para hacer creer a  sus fieles que se trata de una ceguera permanente. ¿Porqué hace esto?. Muy fácil. Este comentario va dirigido al pueblo británico y occidental bastante sensibilizado con el tema de los animales. La palabra en inglés es “dazzled” que significa deslumbrado, y la palabra en hebreo concreta y que se usa en ese diario es “sunveru”. Exactamente “deslumbrado”.Pappe usa la palabra hebrea  “uvru” que traducido al inglés es “blinded”, que quiere decir cegado. Todo ello dirigido a poner al lector amante de los animales en contra de Ben Gurion y de Israel. Y  lo suele conseguir con los lectores poco rigurosos y crédulos.
Tales distorsiones de los hechos son la regla de esta publicación de Pappé y de otras. Sería muy prolijo entrar en detalle porque son muchas, pero si las necesitas te las doy.
¿Me estás diciendo en serio que la liga árabe acepta la solución de dos estados? ¿De donde sale entonces la firma de esos países árabes en el famoso” tratado de las tres no”, No reconocimiento, No paz, No negociaciones?. Debe ser que hay por ahí otra liga árabe que no conocemos los demás, porque ese tratado entre árabes sigue vigente.
Como van a aceptar la via de dos estados, si no reconocen la existencia de uno de esos estados!!. Israel. Y ciertamente tampoco reconocen, como te he indicado más arriba, ni siquiera la existencia de un estado palestino sin judíos.
¿No te das cuenta que los árabes solo cometen despropósitos? No cuentan una verdad ni queriendo. Solo hay algún verdad en lo que dicen cuando  piensan que no les están grabando o en un ataque de sinceridad inexplicable. Es lo que se llama en el Corán Taqiyya. El arte de engañar y falsear intenciones en pro de una determinada táctica. Lo siguen al pie de la letra y veo que les da resultado.
En lo que tiene que ver con la existencia de un estado judío, bueno, no cuestiono ni dejo de cuestionar. Supongo que tienen el mismo derecho de existir que otro estado que base su existencia en el cultivo de esparragos trigueros. El mismo derecho que cualquiera que este constituido en base a lo que sea. La teoría de conspiraciones judeo-masónicas como base para la creación de un estado es tan buena como, por ejemplo, la creación de la Union Sovietica en base al marxismo-leninismo. Si,ya, unos son unos cerdos sionistas y los otros somos unos luchadores por la libertad del pueblo.
Claro, si basas tus argumentos en premisas falaces, tendrás tu razón a tu “conveniencia”, pero eso no quiere decir que sea cierto. Judea y Samaria son territorios ganados en una guerra defensiva. No como otros países como USA a mediados del siglo XIX quitándole un buen trozo a Mexico o la expansión incesante de la Union soviética con Afganishtan como ultimo episodio.
Ya sé que la legislación internacional dice que los territorios ganados en una guerra no se los puede quedar el país que lo haya ocupado de esa manera. Pero parece que esta legislación internacional la cumple todo dios a rajatabla excepto Israel, además con una zona que no pueden abandonar dado el grado de amenaza constante de Siria y Jordania: No sé si sabes que un caza tarda unos cuatro minutos en llegar desde Jordania hasta tel-aviv. Si se regresara a las fronteras del 67 no habría defensa posible ante un ataque con armamento moderno. Pero esto supongo que no es relevante ni importa. Solo les importa a los judíos. Desde luego, serian gilipollas si, por quedar bien con la comunidad internacional, dejaran Judea y samaria. Y no lo son, afortunadamente.
Aquí, los únicos descerebrados son los árabes. No he conocido una cultura tan obtusa, cerril, cacique e incompetente para todo excepto para generar violencia. No han generado nada útil para la humanidad en toda su existencia. Lo único que agradecería el mudo ahora mismo seria su ausencia.
Existen 57 estados árabes, los cuales por el mero hecho de identificarse como tales, discriminan a todo aquel que no es tan estúpido como hacerse seguidor de su “religión de paz”. Estos si que necesitan imponer su cultura sobre los demás porque no conocen otra cosa que la imposición y la soberbia. Los judíos tienen sus grupos étnicos que son más rigidos e intolerantes de lo normal. ¿Qué grupo humano no padece esto?. Yo no he visto a ningún judío, de la etnia que sea, agredir a una persona por pasearse con una biblia o un Corán en la acera donde hay una sinagoga. Vete a Londres, paseate por barrios musulmanes del East End cerca de una mezquita con una biblia y luego me cuentas la experiencia.
Si Israel, con todos los problemas planteados de nueva creación, adoctrinamiento religioso y rigidez étnica, estuviera implantado por ejemplo en el centro de Europa, ¿Cuáles serian los problemas con los vecinos?. No creo tener que contestar la pregunta. Se contesta sola echando un vistazo objetivo y frio a las preocupaciones reales de los israelíes.

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