Dos Líneas Opuestas en el Movimiento Sindical Mundial

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    dialectico
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    Dos Líneas Opuestas en el Movimiento Sindical Mundial

    Mensaje por dialectico el Mar Sep 09, 2014 8:45 am

    DOS LINEAS OPUESTAS EN EL MOVIMIENTO SINDICAL MUNDIAL
    Filip Kota

    FORMACION DE LA CLASE OBRERA Y DE LAS PRIMERAS ORGANIZACIONES SINDICALES

    1. Las condiciones del nacimiento y desarrollo de la clase obrera y del Movimiento Sindical

    Históricamente, el nacimiento del proletariado, como el de la burguesía y del modo de producción capitalista proviene de una época determinada, la del desarrollo de las fuerzas productivas, la de la sustitución progresiva del trabajo manual por la máquina, la de la revolución industrial naciente que conoció primero Inglaterra, después de la segunda mitad del siglo XVIII, y más tarde los demás países de Europa occidental y los EE.UU. de América.
    La revolución industrial, que se manifestó ante todo por la aparición de las máquinas y fábricas no era simplemente una revolución técnica; influyó directamente en la composición de las clases en la sociedad, en la creación de nuevas relaciones entre los hombres, en el nacimiento y desarrollo de dos clases antagónicas, la burguesía y el proletariado industrial. Esta profunda transformación cualitativa de la sociedad desembocó en la aparición y desarrollo de las relaciones de producción capitalistas; por una parte el propietario que disponía de los medios e instrumentos de producción y, por otra, el proletariado que no vivía más que de sus brazos. La lucha del proletariado contra la burguesía empieza con el nacimiento del proletariado como clase.
    Paralelamente al nacimiento y desarrollo del capitalismo se ha visto crecer la clase de los proletarios, de esos “esclavos asalariados”, clase que empezó a formarse con el proceso de acumulación inicial de capital, como consecuencia de la expropiación de los campesinos y de la ruina de los artesanos. Eran precisamente estas nuevas masas las que formaron el ejército de los asalariados, obligados a vender a los capitalistas la fuerza de sus brazos a precios baratos.
    La mecanización de la producción industrial trajo consigo la explotación sin freno e inhumana de los proletarios. El trabajo penoso, la ausencia de toda seguridad técnica, de condiciones de higiene o de cualquier ley sobre el trabajo, los salarios bajos, las condiciones insalubres de vivienda de los obreros, el hambre, la pobreza y el comportamiento arbitrario de los patronos capitalistas, eran las duras condiciones en las que trabajaba y vivía el proletariado. F. Engels nos hace un retrato fiel de esta situación en su obra: “La situación de las clases trabajadoras en Inglaterra”.
    Con el fin de asegurarse el máximo de beneficios posibles y producir a bajos costos, los capitalistas explotaron principalmente a mujeres y niños. En la industria textil, millares de niños trabajaban por un bocado de pan y con frecuencia había niños de cinco a seis años a quienes se pegaba para mantenerlos despiertos. “En mil ochocientos setenta y cinco, cerca de ciento veinte mil niños de menos de trece años trabajaban en la industria textil de Gran Bretaña e Irlanda. Eran obligados a trabajar doce y catorce horas por día, generalmente de pie.” (1)
    La Ley del 6 de abril de 1802 votada por la Cámara e los Comunes, que estipulaba que la jornada de trabajo no debía sobrepasar las doce horas para los niños y prohibía que se acostaran más de dos niños por cama, no fue jamás aplicada.
    Las condiciones de vida y trabajo de los obreros eran muy duras, el obrero era una mera mercancía que se contrataba o despedía conforme a las exigencias de la producción y de la competencia y estaba sometido a los actos arbitrarios, a las reglas draconianas de los patronos. Esto es lo que se podía leer en su reglamento de la fábrica alemana KRUPP en 1838, que en aquella época era considerada como una de las empresas más adelantadas en el plano social: “Todo trabajador debe ser fiel y obedecer sin límite, comportarse decentemente en el interior y fuera de la fábrica y mostrar con esmero que desea trabajar para beneficio de la fábrica” (2)
    Víctimas de una explotación feroz y faltos de los derechos más elementales, los obreros empezaron a luchar por mejorar su situación económica. Esta resistencia que se opuso por diferentes vías –violentas y pacíficas- era, hasta mediados del siglo XIX, espontánea, aislada, y sin un carácter consciente u organizado. Al principio, los obreros pensaron que las máquinas eran la causa de sus desgracias y se opusieron por todos los medios a su uso, llegando incluso a su destrucción. Pero la experiencia terminó por convencerles de que tales actos no podían desembocar en los resultados deseados, que el origen de sus sufrimientos no estaba en las máquinas sino en las relaciones de producción capitalista, en la clase capitalista que los desangraba.
    Tras las revoluciones burguesas, y hasta la mitad del siglo XIX, cuando el capitalismo había sido instaurado total o parcialmente como el sistema dominante en Europa occidental y en los Estados Unidos de América, el desarrollo capitalista acelerado arrastró el crecimiento cuantitativo y cualitativo del proletariado y la creación de la clase obrera.
    Históricamente, el nacimiento y desarrollo de la clase obrera, según los países y sus condiciones respectivas, ha conocido varias etapas y fases. En el transcurso de este proceso largo y laborioso, la clase obrera buscó y puso en práctica formas de trabajo, de lucha y de organización que desembocaron en la creación de sus primeras organizaciones: Cofradías, Mutualidades, Hermandades, “Trade-Unions”, Cámaras Sindicales, Bolsas de Trabajo, Sindicatos, etc.
    Al principio, estas asociaciones nacieron en las diversas ramas de la producción como consecuencia de los esfuerzos espontáneos de los trabajadores, como necesidad de una resistencia colectiva, para unirse y defender los intereses estrictamente profesionales. Estas reivindicaciones se limitaban a los problemas del momento: salarios, horarios de trabajo, paro, competencia, etc. Progresivamente, estas organizaciones se transformaron en “centros de organización”, en “órganos de resistencia” de la clase obrera contra la burguesía capitalista, y lucharon sistemáticamente contra la opresión y la explotación capitalistas. La primera forma, la forma inferior del movimiento sindical, fue, pues, la lucha económica.
    Desde 1720, los maestros sastres de Londres estaban agrupados en su organización, que tenía siete mil artesanos. Una carta que ésta dirigía a la Cámara de los Comunes da a conocer que el fin de la asociación era: “…aumentar sus salarios y dejar el trabajo una hora antes …, han acumulado grandes sumas de dinero para defenderse en caso de persecución”. (3)
    Con el crecimiento del proletariado y de su conciencia de clase, con su iniciación en las ideas socialistas, los sindicatos, en tanto que organizaciones de la clase obrera, estuvieron sometidos a cambios cuantitativos y cualitativos. Más tarde, respecto a su contenido y formas, tomaron un carácter de clase acentuado para realizar reivindicaciones económicas y políticas determinadas. “Los sindicatos (decía Marx), deben convencer al mundo entero que no luchan por sus simples intereses personales, sino por la liberación de millones de hombres oprimidos”. (4)
    La historia del Movimiento Obrero demuestra que las primeras organizaciones obreras, los sindicatos, no fueron en seguida reconocidos. La burguesía y el aparato del Estado tomaron una postura dura hacia ellos. Sus representantes, sus dirigentes sobre yodo, fueron objeto de odiosas persecuciones que llegaron hasta sus muertes. La burguesía había dirigido sus flechas contra la organización de la clase obrera, promulgando toda una serie de leyes y ordenanzas. Al principio, los sindicatos eran clandestinos y considerados un peligro para el orden público burgués, por eso el hecho de afiliarse era un acto condenado por la ley y calificado de delito.
    Con el fin de debilitar y destruir el movimiento obrero y sindical, la burguesía no titubeó en usar directamente la fuerza, la demagogia y la corrupción. Según las condiciones, ha utilizado uno u otro de estos métodos, pero con frecuencia ha utilizado los tres a la vez. El canciller del imperio alemán Bismarck, con el decreto “de la ley de excepción contra los socialistas” asesinó a millares en doce años. Consciente del hecho de que no podía extirpar las ideas del socialismo sin destruir a toda la clase obrera, que estaba empapada por éstas, cambió la táctica y en lugar de “la política del látigo”, les ofreció “la política del pastel”, y decretó las leyes sobre reconocimiento de los sindicatos, sobre seguros sociales, sobre accidentes de trabajo, etc. Todas estas “concesiones” o “reformas”, la burguesía se ve obligada a hacerlas también en nuestros días, con el fin de apaciguar a la clase obrera, e impedir las movilizaciones y los “grandes disturbios”.
    La creación de los sindicatos no es, pues, un regalo de la burguesía, de su “generosidad”, sino el resultado de la lucha encarnizada y consecuente del proletariado. El punto de vista de los ideólogos de la burguesía, según el cual el movimiento sindical habría nacido porque era necesario a la clase obrera para colaborar con el capitalismo, apunta a despojar al régimen capitalista de su carácter de clase, a perpetuarlo y demostrar que la colaboración de clase entre el proletariado y los capitalistas ha sido y debe ser la tarea principal del movimiento sindical.
    La clase obrera no ha conseguido nada de la burguesía sin una lucha de clases encarnizada, la cual, en etapas determinadas, ha tomado las formas más variadas y las más violentas, que van hasta la insurrección armada para el derrocamiento de la burguesía y la instauración de la dictadura del proletariado. Esta valiosa lección, la aprendió la clase obrera de su propia existencia.
    La organización de la clase obrera en sindicatos ha sido una gran victoria para los obreros los cuales pasaron de hombres aislados a unirse y convertirse en una gran fuerza a organizada. Así pues, la burguesía se ha visto obligada, a su pesar, a reconocer la existencia de los sindicatos como representantes de la clase obrera

    Notas
    (1) BIT, L´ OIT au service du progres social, Ginebra, 969, página 10.
    (2) Idem pág, 12.
    (3) G. LEFRANC, Le sindicalisme dans le monde, Paris, 1963, página 6.
    (4) K. MARX y F. ENGELS, Instrucciones dadas a los delegados del Consejo Central Provincial para cuestiones particulares, en Obras, edición rusa. Vol, 16, págs. 200-201.

    2. Las diversas tendencias y los rasgos del desarrollo del Movimiento Sindical Mundial

    La organización del proletariado y su lucha, al igual que los rasgos que revistió el movimiento sindical, han sido determinados por las condiciones históricas particulares de cada país: el desarrollo capitalista desigual, el grado de conciencia de clase del proletariado y la coyuntura política de la época.
    El último cuarto del siglo XIX vio nacer y desarrollarse en el movimiento sindical, sobre todo en Europa, tres tipos de organización sindical que tomaron amplitud en Gran Bretaña, en Francia y Alemania y que influyeron en todo el movimiento sindical mundial. Estas organizaciones tuvieron sus propios rasgos característicos que mencionamos brevemente a continuación:

    a) El Trade-Unionismo
    Es en Gran Bretaña, uno de los más antiguos países capitalistas, donde aparece primero el proletariado y, con él, las primeras organizaciones obreras. Aunque el Gobierno británico con las leyes de 1799 y 1800 prohibió estas organizaciones y sus primeras huelgas, los obreros del textil y de las minas crearon una serie de organizaciones ilegales y semi-legales. Ante la gran presión de los obreros que, en algunos casos desencadenaron levantamientos, el parlamento británico se vio obligado a votar leyes autorizando la organización de la clase obrera en sindicatos.
    Después de la derogación de las leyes que impedían la creación de as organizaciones obreras, en Inglaterra aparecieron las trade-unions, como primeras organizaciones sindicales. Estas organizaciones, que agrupaban a los obreros clasificados según sus profesiones y algunas veces según su especialidad, se unieron más tarde a nivel nacional y crearon en 1868 una central única: el Congreso de las Trade-Unions (TUC).
    El movimiento obrero y sindical en Gran Bretaña se ha desarrollado en condiciones particulares, cuando el poder económico de la burguesía se acrecentaba considerablemente como consecuencia de la explotación sin freno del proletariado inglés y del saqueo sin piedad al que eran sometidos numerosos países coloniales. Es así, como acumulando grandísimos beneficios, la burguesía fue la primera en pagar a los dirigentes de la clase obrera, quienes, con los obreros más cualificados, los “líderes” de los sindicatos y los de las corporaciones obreras, formaron la amplia capa de la aristocracia de la clase obrera que participó en los órganos políticos del país, en el parlamento, en los órganos del poder local, etc.
    En esas condiciones, se desarrolló en Gran Bretaña una corriente conocida bajo el nombre de Trade-Unionismo, cuya actividad está basada en la colaboración de clase, en la inviolabilidad del orden burgués y de la propiedad privada, y en la defensa de los intereses de los grupos obreros más privilegiados. Las trade-unions no luchan para abolir al régimen capitalista, y todo lo que él lleva consigo, sino para “perfeccionarlo”; utilizan sólo formas aceptables para la burguesía, tales como las negociaciones y los acuerdos con los patronos, su participación en los diversos órganos económicos, estatales y patronales, etc.
    Proclamando el principio “ninguna clase de política en las uniones”, las trade-unions británicas siguen así limitando su actividad únicamente al estrecho marco de las reivindicaciones económicas; las cuestiones de carácter político son tratadas por el partido laborista, que, en su origen, no fue sino el producto del movimiento sindical aburguesado, su portavoz en el parlamento.
    La creación de las trade-unions era en esa época un fenómeno progresista en la historia del movimiento obrero, pero pronto el trade-unionismo se convirtió en el movimiento sindical en una corriente oportunista y empezó a jugar un papel negativo.

    b) El anarco-sindicalismo
    El proletariado francés ha participado en numerosas batallas y revoluciones. A partir de 1860 aparecen en Francia las cámaras sindicales o sindicatos, que fueron creadas en base a las profesiones, como organizaciones locales. La Comuna de París dio un nuevo impulso e influyó positivamente en el movimiento obrero y sindical en Francia y fuera de sus fronteras. En 1884, cuando el derecho sindical fue reconocido por el parlamento, tras la anulación de la ley Le Chapelier, el número de obreros que se afiliaron a estas organizaciones alcanzó los cien mil aproximadamente. Algunas Cámaras Sindicales estaban dirigidas por la Sección francesa de la Primera Internacional. En 1895, en Limoges, como consecuencia de la unión de todos los sindicatos, se fundó a escala nacional, la Confederación General del Trabajo (CGT).
    Las condiciones económicas y políticas de finales del siglo XIX y de principios del XX y hasta comienzos de la primera guerra mundial favorecieron, en el movimiento obrero francés, el nacimiento y difusión de las ideas anarcosindicalistas. Esta corriente encontró un terreno propicio, porque además, los obreros estaban frustrados a causa de la actividad oportunista y reformista de los dirigentes sindicales y del partido socialista francés. Más tarde el anarcosindicalismo se desarrolló también en Italia, España, Portugal, Argentina, Méjico, etc. Países, todos ellos, que tenían un claro retraso en su desarrollo capitalista. También se considera el anarco-sindicalismo como un fenómeno propio de los países de lenguas latinas.
    Los anarco-sindicalistas consideraban la huelga general de “brazos caídos” como la forma más elevada y más radical de la lucha del proletariado; su objetivo final era derrocar el capitalismo y tomar el poder mediante la Huelga General que consideraban como el “medio ideal de la revolución” y la “manifestación de la violencia que evita la efusión de sangre”. Los anarco-sindicalistas se opusieron a toda forma de Estado, independientemente de su carácter; consideraban los sindicatos como la única forma de organización del proletariado de resistencia a la burguesía y querían que el taller sustituyera al Gobierno.
    Proclamando la total “independencia” de los sindicatos con respecto a los partidos políticos de la clase obrera, los anarco-sindicalistas negaban la necesidad de la lucha política de la clase obrera. El anarco-sindicalismo introdujo en el movimiento obrero y sindical la ideología, la política y la táctica del anarquismo. Así fueron adoptadas formas de lucha como el sabotaje y la destrucción de las máquinas, de las materias primas, de la producción, etc. Las huelgas y los sabotajes, fuese cual fuese su carácter, eran considerados como una “gimnasia revolucionaria”.

    c) Pluralismo sindical
    El movimiento sindical y obrero en Alemania se caracterizó sobre todo por el fraccionamiento sindical. La socialdemocracia alemana ejerció una gran influencia sobre este movimiento. En Alemania, las relaciones capitalistas se establecieron más tarde que en Inglaterra y en Francia. Hacia principios del siglo XIX, el desarrollo económico de Alemania, sobre todo después de la fusión de los estados alemanes en un único estado, se realizó aun ritmo más rápido; así también la clase obrera se formó y organizó más rápidamente.
    Pero fue sólo después de 1860 cuando se formaron en Alemania las primeras organizaciones de la clase obrera, porque la reacción política las había prohibido hasta entonces. Las organizaciones sindicales se multiplicaron inmediatamente; “crecieron, decía Augusto Bebel, como champiñones después de una lluvia de verano”. A causa de la diversidad de las corrientes políticas, el movimiento sindical en Alemania quedó fragmentado. Se distinguían cuatro corrientes sindicales, que según el orden cronológico de su creación se pueden dividir en:
    1º.- Sindicatos de Hirsch-Dunker (por el nombre de sus fundadores) que estaban bajo la influencia de la burguesía liberal, en tanto que organizaciones oportunistas y reformistas del tipo de las trade-unions británicas.
    2º.- Sindicatos lasallianos, que estaban dirigidos por el partido político lasalliano, negaban totalmente la lucha económica, se oponían a la revolución a la que sustituían por la lucha por los derechos electorales generales y la actividad en el parlamento; predicaban igualmente el paso pacífico a la sociedad socialista. Marx, en su obra Crítica del programa de Gotha denunciaba el carácter reaccionario de los lasallianos.
    3º.- Sindicatos de Eisenach a los que se conocía también con el nombre de “Asociación de Educación Obrera”. Fueron creados por el partido social-demócrata alemán, cuyos dirigentes permanecieron, en general, en posiciones marxistas. Al margen de la lucha económica de los obreros se habían impuesto como tarea de abolir el régimen capitalista y, a tal fin, estaban dispuestos a recurrir a todos los medios. Los sindicatos de Eisenach aceptaron en noviembre de 1868 el programa de la Primera Internacional; fueron los sindicatos más potentes y más influyentes de Alemania. En 1875 agrupaban aproximadamente a 500.000 miembros.
    4º.- Sindicatos cristianos, creados sobre los principios religiosos que predicaban la armonía de clases. Su fundador fue el clero católico.
    La unión de los dos partidos políticos de Eisenach y de los lasallianos llevó a unificar el movimiento sindical de estas dos centrales. La conferencia sindical que se reunió con esta ocasión estableció dos principios:
    a) “Deber de los trabajadores de alejar la política de los sindicatos”
    b) “Obligación moral para los obreros de afiliarse al partido socialista, quien sólo puede hacer idónea la condición política y económica del proletariado”.
    Después, el movimiento sindical unificado alemán empezó a seguir la vía del oportunismo y reformismo. Los sindicatos alemanes daban más importancia a los aspectos administrativos que a la lucha de la clase obrera. Los sindicatos se burocratizaron, a su cabeza se instalaron liberados quienes, aburguesándose progresivamente, desviaron estas organizaciones de la lucha de clases orientándolas hacia la lucha parlamentaria.
    Estas tres principales corrientes en el movimiento sindical tuvieron una importancia particular dado que influyeron sobre la evolución del conjunto del movimiento sindical mundial.

    Texto completo en: granmarchahaciaelcomunismo.wordpress.com/2014/09/07/dos-lineas-opuestas-en-el-movimiento-sindical-mundial-filip-kota/

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