El concepto de transición en el pensamiento marxista - Eduardo Sevilla Guzmán y Manuel González de Molina - publicado en 2014 en Marx desde cero

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RioLena
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El concepto de transición en el pensamiento marxista - Eduardo Sevilla Guzmán y Manuel González de Molina - publicado en 2014 en Marx desde cero

Mensaje por RioLena el Lun Sep 01, 2014 9:47 pm

El concepto de transición en el pensamiento marxista - Eduardo Sevilla Guzmán y Manuel González de Molina

Hoy nos centramos en el concepto de transición en la tradición marxista con especial atención a la agricultura. Como exponen en la introducción los autores Eduardo Sevilla Guzmán y Manuel González de Molina (expertos en estudios agrarios), “desde una perspectiva semántica transición significa “el cambio o mudanza de un modo de ser o estar a otro distinto”; en nuestro caso se trata del paso de unos sistemas económicos sociales y políticos preservadores de privilegios, potenciadores de la desigualdad y depredadores de la naturaleza hasta cotas próximas a la irresponsabilidad de la autodestrucción a sistemas ecológicamente sanos y sostenibles: económicamente viables y socialmente justos”.

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EL CONCEPTO DE TRANSICION EN EL PENSAMIENTO MARXISTA: REFLEXIONES DESDE LA AGROECOLOGÍA - Eduardo Sevilla Guzmán y Manuel González de Molina

LA TRANSICIÓN EN EL CONTEXTO TEÓRICO DEL MARXISMO ORTODOXO EN LA CUESTION AGRARIA

Tanto Marx como Engels, fundadores del Materialismo Histórico, elaboraron una forma de pensar la historia encaminada a descubrir las estructuras esenciales de la sociedad para, a través de ellas, explicar sus mecanismos de evolución (1). En sus obras subyace, por tanto, una teoría de los modos de producción y de las formaciones socioeconómicas. De una manera simplificada podría decirse que el esquema marxista del proceso histórico parte de la hipótesis general de que “la historia de la humanidad es la de la transición de formas de organización social sin clases a las sociedades de clases” (2).

En tales esquemas de pensamiento, el marxismo condena a la desaparición, por anacrónicas, determinadas formas de explotación. En efecto, tales categorías fueron integradas en el Materialismo Histórico en el contexto de los “órdenes económicos” respectivos en los que se encontraron y analizados de acuerdo no con sus dinámicas internas específicas, sino con las que marcaban la evolución de tales “órdenes económicos”.

El hecho de que tal teoría general de la evolución histórica, elaborada por los fundadores del Marxismo, no aparezca en un trabajo definido sino que se encuentre dispersa a lo largo de sus obras ha generado un “equívoco histórico” respecto al papel de la agricultura en tal esquema teórico. El único lugar donde Marx estudia específicamente la evolución de la agricultura es en el análisis de la génesis de la renta capitalista el suelo que realiza en el Tomo I de El Capital. Diversas formas de explotación son aquí esbozadas en aquellos aspectos relacionados con la evolución histórica de la renta del suelo. Y es este concepto el elemento conductor de una argumentación explicitada como sólo válida teóricamente para Europa (3). Por otra parte, este análisis se realizó mediante la ficción metodológica del dominio del capitalismo en todas las ramas de la producción, por un lado, y mediante la proyección, desde el pasado hacia el presente, de los elementos escrutados (4).

La marginación paulatina de la pequeña explotación campesina en el proceso de penetración del capitalismo en el campo a favor de la explotación agraria a gran escala es analizada por Marx en el tomo I de El Capital utilizando la experiencia inglesa (“enclosures acts”, leyes de pobres, etc.) como forma de contrastación empírica. Por ello la visión unilineal del proceso histórico aquí reflejado, sólo es válida para la configuración inicial del centro del sistema económico mundial (5). Pues bien, la extrapolación de este análisis y su categorización teórica como explicación universal constituye el núcleo teórico central a través del cual se interpreta la evolución de la agricultura en el proceso histórico, interpretación ésta que aquí denominamos como Marxismo Ortodoxo en la Cuestión Agraria (6). Sus formuladores fueron Karl Kautsky, por un lado, y Vladimir I. Lenin, por otro (7). Aun cuando ambos autores tuvieran un fuerte enfrentamiento en el terreno de la práctica política [8], su visión del avance del capitalismo en el campo es sustantivamente similar. Y ello no es casual ya que ambos pretendieron dar continuidad teórica al trabajo de Marx y a la lectura que ambos hicieron del capítulo de El Capital antes señalado con un profundo conocimiento de su obra hasta entonces conocida.

En un esfuerzo de síntesis el Marxismo Ortodoxo en la Cuestión Agraria podría definirse como el esquema teórico que interpreta la evolución de las estructuras agrarias en el proceso histórico a través de las siguientes características: 1) Una evolución unilineal de la agricultura determinada por el crecimiento de las “fuerzas productivas” y la configuración del progreso como resultado (9); 2) Una secuencia histórica de fases o modos de producción irreconciliables entre sí que disciplinan los cambios en la agricultura; 3) La centralización y concentración como procesos necesarios al capitalismo industrial eliminan al campesinado de la agricultura agraria posee una potencial superioridad técnica que, a través de las ventajas de las “economías de escala”, permitirán el crecimiento de su composición orgánica del capital, avanzando así hacia la socialización de la producción agraria, y 5) La existencia de una contraposición básica entre la gran y pequeña explotación cuyo desenlace será la proletarización del campesinado y la polarización social en el campo.

Aun cuando Kautsky y Lenin formularan el contexto teórico de las características apuntadas, la riqueza del análisis realizado por ambos, al intentar explicar la evolución del capitalismo en la agricultura, permite encontrar en sus trabajos multitud de elementos teóricos plenos de fertilidad analítica (10). En efecto, aunque fueron ambos quienes sentaron las bases teóricas del Marxismo Ortodoxo en la Cuestión Agraria (hasta aquí caracterizado a través de una lectura, por parte de sus seguidores, de sus obras en el “contexto teórico distorsionado” de El Capital) también han sido ellos quienes, en el seno de los Estudios Campesinos y de la Sociología de la Agricultura han contribuido a la renovación teórica del neomarxismo que desembocaría en la Agroecología.

En el contexto teórico de Marxismo Ortodoxo en la cuestión Agraria respecto a la “Transición” es interpretada como una especie de “necesidad histórica” en el paso del capitalismo al socialismo. Existe, empero, un primer episodio de la transición: el paso del feudalismo al capitalismo donde se produce el derrocamiento del poder político de la aristocracia al final del desarrollo del feudalismo con la toma del poder por la burguesía, a través de la revolución burguesa. Sin embargo en sentido estricto la “transición” es el episodio último; es decir, el proceso que ineluctablemente culmina con la llegada a una sociedad sin clases: la sociedad del “comunismo”. (11)

El núcleo teórico del que surge la interpretación ortodoxa del concepto de transición lo constituyen la Crítica del Programa de Gotha (12) y El Manifiesto Comunista (13). En el primero de estos textos se diferencian una fase inferior del comunismo, en la que no se ha producido todavía la subsunción real, y otro superior donde se rompen; por un lado, la “subordinación esclavizadadora del individuo a la división del trabajo” y por otra, la alentadora antítesis entre trabajo físico y mental. La primera fase (inferior) es la del socialismo “donde todavía existen clases sociales y elementos de economía de mercado” y en segunda (superior) el comunismo donde se alcanza tal abundancia de bienes, como consecuencia del desarrollo de las fuerzas productivas, que los bienes podrían distribuirse entre todos de acuerdo con las necesidades e cada uno. En el segundo texto (El Manifiesto) la interpretación tiene un sentido más lato: la transición es una serie de pasos que terminan por “revolucionar” el modo de producción capitalista: el proletariado toma el poder y se conquista la democracia por el Estado obrero a través de la “dictadura del proletariado”. Tanto la crítica anarquista, especialmente de Bakunin como la reformista de Bernstein inician un debate en el que aparecerán en el proceso de acumulación recogido en estos papeles.

LA TRANSICIÓN EN LOS MARCOS TEÓRICOS DE LA RENOVACIÓN MARXISTA

El vacío teórico generado como consecuencia de la crisis de las teorías de la modernización de las que –según hemos visto- el Marxismo Ortodoxo en la Cuestión Agraria participó activamente, significó la gradual sustitución de la dicotomía tradicional/moderno por una nueva manera de entender la evolución de las sociedades que supuso un cambio cualitativo de gran entidad: el análisis de las formas heterogéneas de organización de lo social desde la perspectiva de la dialéctica centro/periferia. Con ello se trasvasaba el foco de atención de las “sociedades avanzadas” (en las que supuestamente debían desaparecer el campesinado, por un lado, y el obrero agrícola, por otro, para imponerse el modelo agroindustrial) a las sociedades denominadas “en desarrollo” donde continuarían subsistiendo tales “residuos” preindustriales.

Hasta entonces el marxismo clásico había asumido –como ha señalado acertadamente Hanza Alavi (14) la “perversa creencia” de que en estas “sociedades en desarrollo” el capitalismo generaría nuevas contradicciones de las que surgirían nuevas fuerzas sociales que impulsarían su desarrollo. Sin embargo y contra lo esperado, en las sociedades avanzadas, de una parte, persistieron formas de explotación basadas en la fuerza de trabajo familiar y, aunque en menor medida, focos de marginación jornalera (15), y, de otra parte, en las “sociedades en desarrollo” lo que realmente se desarrolló fue el subdesarrollo.

Un conjunto de teorías neomarxistas trataron, entonces, de explicar tal mantenimiento de formas, por un lado, y de situaciones, por otro, consideradas por Marx como de transición (16). Aquella parte del conjunto de cuestiones replanteada con el nuevo enfoque, que nos interesa particularmente, era la de sí las relaciones de producción en el seno de las formas de explotación en transición eran capitalistas o, por el contrario, tenían una naturaleza precapitalista.

El enfoque mayoritario de los estudios sobre el “subdesarrollo” buscaba, ante todo, las causas profundas del mantenimiento del mismo atribuyendo al “centro” la principal responsabilidad. No obstante, lo que realmente se hizo fue realinear la dicotomía Tradicional /Moderno al sistema económico mundial, “nuevo concepto teórico” en el que se buscó la génesis y pervivencia del atraso. Quizá el esquema conceptual más logrado y representativo de esta corriente fue el de Gunder Frank-Inmanuel Wallerstein sobre “La Economía Mundo”. En este contexto teórico, la transición adquiere una acepción analítica menos ambiciosa que la del Marxismo Agrario Ortodoxo. Aquí la cuestión es la del paso de feudalismo al capitalismo ya reseñada en el pie de página (XX). Desde la perspectiva de las fuentes originales el contexto teórico aquí viene establecido por: 1) el Manifiesto Comunista. Ya considerado; 2) La ideología Alemana (17), 3) Las formaciones económicas precapitalistas (18) y 4) El Capital, en lo referente a los debates sobre la acumulación primitiva y el capital comercial (19).

En el primero de los textos aparecen tan solo “escuetas proposiciones” sobre qué naturaleza tiene la transición al capitalismo ya que el tema, como hemos considerado anteriormente, se trata de una manera muy genérica. Por el contrario, en la “Ideología” se llevaron a cabo esbozos sugestivos sobre la naturaleza de la transición y la disgregación del feudalismo (20) y en los FORMEN aparece ya una rica complejidad desvelada por Eric Hobsbawn y Maurice Godelier (21). El marco teórico centro-periferia posee una fuerte rigidez, sin embargo, este enfoque mantenía aún grandes problemas para aprehender la heterogeneidad de formas de explotación presentes en formaciones sociales tanto del centro como de la periferia. Y ello porque tenderá a categorizar a los países de la periferia y del centro como exponentes de dos únicos modos de producción: el precapitalista en el país subdesarrollado y el capitalista en el centro desarrollado, reduciendo su interpretación del capitalismo a términos de mercado (22). Con ello se olvidaba que desde la Alta Edad Media existieron numerosas sociedades cuyos sistemas de producción de bienes solían, en mayor o menor grado, intercambiarse en el mercado sin que por ello pudiéramos afirmar su carácter inequívocamente capitalista, es decir la transición es un mero proceso de descomposición.

La resistencia del campesinado a desaparecer con el desarrollo del capitalismo y la pervivencia estable, incluso, de otras formas de explotación no capitalistas en la periferia, convenció finalmente a un grupo de teóricos sociales marxistas de la necesidad de indagar él por qué los esquemas de evolución unilineales hacia la progresiva transformación de dichas formas de explotación en capitalistas o bien sufrían patrones cronológicamente considerables o desmentían el carácter unidireccional de tales esquemas. De esta reflexión surgieron nuevos planteamientos teóricos como el esquema conceptual de la disolución-descomposición de los modos de producción no capitalistas (23) y, sobre todo, las diversas versiones de la teoría de la “Articulación” de los modos de producción, debidas entre otros a Pierre-Philippe Rey (24) y Claude Meillassoux principalmente (25).

La virtud de este replanteamiento en la evolución de los “órdenes económicos” consistía en que, por primera vez en las versiones más o menos ortodoxas del marxismo, se reconocía la posibilidad de que existieran con carácter estable formas de explotación no capitalistas incluso en fechas muy avanzadas el siglo XX sin que, por ello, estuvieran condenadas de antemano a la desaparición: la concepción leninista de la irreconciabilidad quedaba así rota. La supervivencia de distintos modos de producción precapitalistas con mayor o menor intensidad según nos alejáramos del centro a la periferia era ahora enfocado desde la propia lógica del desarrollo desigual del capitalismo que los “articulaba” a través del mercado y de otros mecanismos de dominación. La coexistencia de diversos modos de producción no sólo era posible sino que era la forma más usual en la que el capitalismo se extendió por la periferia. Era ahora enfocado desde la propia lógica del desarrollo desigual del capitalismo que los “articulaba” a través del mercado y de otros mecanismos de dominación. La coexistencia de diversos modos de producción no sólo era posible sino que era la forma más usual en la que el capitalismo se extendió por la periferia.

En este contexto teórico la transición es contemplada desde las interpretaciones de Hobsbawn y Godelier de los FORMEN, ya consideradas; existe un centro capitalista y una periferia donde coexisten distintos modos precapitalistas de producción. Sin embargo “en todas las formas de producción de una sociedad hay un específico tipo de producción que predomina sobre todos los demás cuyas relaciones asignan, así, un rango y una influencia sobre los restantes modos de producción; es como una suerte de iluminación que colorea y modifica las particularidades de estos” (26). Es este texto, los GRUNDRISSE, el central para comprender el concepto de transición en el contexto del marco teórico de las teorías de la articulación. Y junto a los conceptos de subsunción formal y real elaborados por Marx en los capítulos dedicados a la Plusvalía Absoluta y Relativa (cap. XIV) y a la llamada Acumulación originaria (cap. XXIV) de El Capital. (27)

Sin embargo, esta nueva concepción no carecerá de graves problemas: no sólo no abandonaba la óptica del desarrollo unilineal representado por el capitalismo que dominaba a través de la articulación al resto de los modos de producción, sino que al considerar las diversas formas de explotación no capitalistas como modos de producción, permaneció dentro de la lógica del análisis macro sociológico. La confrontación entre lo tradicional y lo moderno se trasladaba a la periferia, pero para realzar la función estrictamente pasiva que lo tradicional jugaba en el desarrollo a pesar de todo imparable de lo moderno. Ignoraba, de esta manera la especificidad que las formas de explotación no capitalistas imprimen a cada sociedad subordinada relegando el problema a un mecánico impacto externo transformador, que solo produce una forma externa de dominación (28). La subordinación de cualquier forma de explotación al capitalismo venía determinada según esta visión casi exclusivamente por factores externos (29), olvidando las condiciones estructurales que actúan no sólo a niveles económicos sino a nivel de las estructuras de poder y de las mentalidades que sustentan las instituciones sociales como una unidad modelada por la historia. No podía ser de otra manera en tanto el capitalismo fuese considerado como un estadio superior de la racionalidad posible y, aún deseable, en el avance irrefrenable de las fuerzas productivas y éstas siguiesen considerándose como el demiurgo que finalmente condujese a los pueblos a grados superiores de bienestar, dado su carácter socializador inmanente (30). Sólo la crisis ecológica y el cuestionamiento subsiguiente tanto del impacto del desarrollo tecnológico como del concepto mismo de progreso podría como veremos poner en cuestión tales axiomas.

LA TRANSICIÓN EN LOS ENFOQUES NEOMARXISTAS ALTERNATIVOS

En efecto, la virulencia de la crisis ecológica, el cuestionamiento de los paradigmas usuales en las ciencias sociales, basados en un antropocéntrico concepto de progreso ilimitado, junto con la reflexión que generó en el seno de “la nueva tradición de los Estudios Campesinos”, la pervivencia del campesinado fue dando lugar a nuevas formas de entender la evolución de las órdenes económicas. La repercusión de Chayanov y de aspectos poco conocidos del propio Marx constituyen los primeros resultados de un replanteamiento crítico de la relación entre las formas de explotación capitalistas y no capitalistas, que han conducido a una crítica global del Marxismo Ortodoxo en la Cuestión Agraria.

No se trataba, como en tantas ocasiones, de averiguar cuál sería el auténtico Marx, el de ésta o aquella época, sino si era posible fundamentar en él una lectura distinta de los procesos sociales que, partiendo de la coexistencia de una pluralidad de formas de explotación, se distanciara ampliamente de los esquemas unilineales de la tradición marxista. Varios han sido los autores que han pretendido reconstruir, desde esta perspectiva, una concepción distinta del proceso histórico. Los que nos interesan aquí han sido quienes lo han hecho desde la perspectiva de los estudios campesinos, es decir, los que se han centrado en la caracterización del papel central del campesinado en el mismo. Respecto al análisis de las estructuras socioeconómicas precapitalistas son Thompson, Hobsbawn y Godelier, fundamentalmente (31), respecto al campesinado en el capitalismo, junto a los dos últimos citados, son Galeski, Shanin, Alavi y Palerm quienes nos interesan especialmente (32). Lamentablemente este último dejó inconclusa la más prometedora reconstrucción de la teoría general desde el enfoque de los estudios campesinos. (33)

En efecto, el enfoque teórico que Marx fue imprimiendo a su trabajo en la última década de su vida acabó por modificar su propia teoría de los modos de producción y las formaciones socioeconómicas, atribuyendo en ella una multiplicidad de posibilidades de actuación al campesinado. El análisis exhaustivo de la producción de Marx desde 1.870 a 1.883 y la interpretación de los manuscritos y cartas de estos años en el contexto de las lecturas que Marx fue realizando de los autores populistas (sobre todo de Chernyschevski) muestran una evolución de su pensamiento que desembocó en un claro replanteamiento del papel del campesinado en el proceso histórico (34), atribuyendo a este último una clara dimensión multilínea. Pero quien planteó la cuestión con mayor crudeza fue Chayanov, quien por los años veinte señaló que “solo raramente encontramos en la vida económica un orden económico …puro… Lo usual es que los sistemas económicos existan unos al lado de otros formando conglomerados muy complejos. Hoy día quedan bloques importantes e unidades de trabajo familiar campesino, entremezclados en el sistema capitalista mundial”, Lo cual exigía “concebir una serie de sistemas teóricos adecuados al rango de los ordenes económicos del presente y del pasado y que nos permita descubrir las formas de su coexistencia y de su evolución”. (35)

Se debe a Rosa Luxemburg la llamada de atención primera, dentro del Marxismo, sobre esta cuestión al plantear las lagunas derivadas de la aplicación de la teoría del Capitalismo que Marx realizara en El capital a otros contextos sociales en los que coexistían distintos sistemas económicos (36). Sin embargo, aunque la huella de Luxembug es evidente en las teorías neomarxistas que tratan de explicar las formas de penetración del capitalismo tanto en los espacios oscuros del centro como en los países periféricos existe un generalizado olvido a la hora de citar su obra, sea por pudor político o académico. Para nosotros, su reflexión metodológica sobre la obra de Marx y el germen teórico de su visión sobre el proceso de intercambio entre la producción capitalista y los espacios no capitalistas del sistema mundial constituye un punto de partida.

Punto de partida que no sólo es válido para un análisis histórico sino que resulta hoy de imprescindible utilidad. ¿Cómo sino analizar fenómenos cada vez más generalizados como el de las economías sumergidas o informales, o el “resurgimiento” de las explotaciones familiares como base de unos complejos agroindustriales más preocupados del suministro de crédito y de factores de producción y la distribución de las cosechas que de transformar el proceso de producción? Como afirma Shanin: “Un elemento central de la sociedad global contemporánea es el fracaso de las sociedades capitalistas y de las centralizadas en avanzar sin limites y en asegurar el bienestar general en las formas esperadas por las teorías del progreso del siglo XIX, tanto socialistas como liberales. El control y la magnitud de los beneficios de las empresas capitalistas multinacionales están avanzando al ritmo de la retirada de las formas de producción capitalista usuales y de la organización social en cuanto a la progresión del desempleo y del “subempleo”, de las “economías informales” y de otras estructuras de supervivencia. (37)

Estos planteamientos “neomarxistas” han partido y parten, efectivamente, de los supuestos de coexistencia mencionados, pero desde una doble perspectiva: desde la perspectiva de los procesos de transición y desde el alejamiento, e incluso rechazo, del carácter irreconciliable de tales formas de producción en el interior de un mismo espacio económico. Este cambio de enfoque no sólo ha significado una redefinición de las concepciones dicotómicas usuales: tradicional/moderno y centro/periferia, sino que han implicado también una ruptura con la unílinealidad en la evolución de los órdenes socioeconómicos. La necesidad, primero, de análisis macrosociales donde el estudio e los procesos de trabajo y las formas concretas de producción deben adquirir un papel central- para, después, intentar su inserción en un contexto capitalista (o de otro modo de producir distinto y dominante) ha necesitado la resolución de problemas derivados de las modalidades de interrelación entre los dos niveles micro y macrosocial, de análisis. Ello ha conducido a la revalorización de los conceptos de subsunción “formal” y “real” al capitalismo que elaborara Marx y que quedaron relegados a lugares secundarios en el conjunto de su obra42. En las páginas que siguen vamos a examinar, aun cuando sea esquemáticamente, tales posiciones al objeto de incorporar determinados aspectos de éstas a nuestra posterior propuesta teórica. Veamos, en primer lugar, las modificaciones que establecemos al esquema teórico de Godelier para adaptarlo a nuestro contexto teórico.

--fin del mensaje nº 1--
 


Última edición por RioLena el Lun Sep 01, 2014 9:50 pm, editado 1 vez

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Re: El concepto de transición en el pensamiento marxista - Eduardo Sevilla Guzmán y Manuel González de Molina - publicado en 2014 en Marx desde cero

Mensaje por RioLena el Lun Sep 01, 2014 9:48 pm

El punto central del esquema teórico de Maurice Godelier (38) es la manera en que se reproducen las formas materiales y sociales de producción durante los procesos de transición, los cuales serían aquellos momentos en que “los modos de producción, modos de pensamiento, modos de actuación individual o colectiva se ven confrontados a límites, internos o externos, y comienzan a agrietarse, a perder importancia, a descomponerse a riesgo de vegetar durante siglos en lugares menores, o también a extenderse por sí mismos o por voluntad sistemática de grupos sociales que se oponen a su reproducción en nombre de otros modos de producir, pensar y actuar cuyo desarrollo desean“. (39) Como puede observarse en este planteamiento, el resultado de dichos procesos de transición no tiene por qué implicar la desaparición de los viejos modos de producción que, en cambio, pueden coexistir durante mucho tiempo con el nuevo dominante. Hasta aquí Godelier no se aparta de los planteamientos que dieron lugar a las teorías de la Articulación. Además, la interpretación que ha realizado del pensamiento de Marx recientemente respecto a la génesis histórica del sistema capitalista es especialmente acertada (40) al delimitar, tanto espacial como temporalmente, la génesis del centro del sistema económico mundial y con ello subrayar la permanente división que Marx señaló en sus últimos trabajos (41) -de este en zonas centrales y periféricas conectadas orgánicamente mediante relaciones de dominación subordinación-.

Sin embargo, Godelier entiende la transición como un período limitado por más que de duración variable, entre un modo de producción y otro; con lo que la razón última, la racionalidad de un determinado modo de producción es la transformación total de todas las relaciones sociales antiguas en las específicamente suyas. En este sentido, sólo la práctica social consciente de la clase situada en el polo opuesto del eje de dominación en el viejo sistema de producción tiene una calidad fundadora de la nueva sociedad y tiende a ser considerada, por tanto, casi como la única práctica social significativa.

Aun estando de acuerdo con este planteamiento, quizá muy condicionados por la visión que de la Revolución Francesa han tenido los científicos sociales marxistas, no podemos limitar el cambio social ni a las prácticas conscientes únicamente de un determinado grupo social ni podemos reducirlo a los momentos en que se pasa de un modo de producción a otro; ni tan siquiera, incluso, sería pertinente entender el conflicto fundacional de la nueva sociedad como el resultado único de la confrontación de dos clases irreconciliables que de esa manera posible generarían el “Cambio Social”. Porque no hay reglas predeterminadas que rijan la evolución de las sociedades en su conjunto al margen de las sociedades mismas. Lo que podemos observar son “regularidades”, en el sentido de Pierre Bourdieu (42), en que las sociedades han evolucionado especialmente en Occidente como consecuencia no de conceptos analíticos a los que se le impute una tendencia inmanente (el modo de producción a dominar completamente, a transformar, a superar al anterior en mayor racionalidad, etc.), sino de estrategias que sociedades concretas compuestas de una red compleja de relaciones sociales entretejidas por sus componentes han desarrollado sobre la base de la realización de sus específicos intereses.

Ello implica considerar contingente la formalización estructural que de la evolución de los órdenes socioeconómicos ha hecho buena parte de la tradición marxista: implica, pues, el rechazo de las reglas preestablecidas que rigen su movimiento y que normalmente requieren e períodos igualmente formalizados de “transición”, para recuperar como necesaria una visión en la cual la propia evolución, la mudanza social es el resultado de las estrategias más o menos conscientes de los diversos grupos sociales, surgidos como consecuencia de la dinamización de las mismas que la confrontación de intereses distintos y contradictorios genera. Desde esta óptica la transición se parecería más a un movimiento continuo en direcciones múltiples que a un movimiento finito, limitado, teleológico; y el modo de producción sería definido a partir del análisis del conjunto de las regularidades observadas como resultado de prácticas sociales de expansión, dominación, sobrevivencia, resistencia o adaptación entre y en el interior de formas de explotación concretas.

Creemos que el concepto de transición sólo puede adquirir sentido en un marco teórico multilineal del proceso histórico. Y que su existencia se da no sólo en los momentos de cambio de dominación y consolidación de dos modos de producción, sino también en aquellos que pueden surgir de la coexistencia entre unas y otras formas de explotación en el interior de una formación social. Tales formas de explotación entretejen un enramado complejo de relaciones sociales en las que unas relaciones específicas de producción intentan subordinar (o transformar también) a las restantes. Su éxito o fracaso dependería, en todo caso, del resultado de un conflicto de intereses (que esas mismas formas de producción generan entre sí y en su interior) que dinamiza procesos de resistencia, confrontación o, finalmente, de adaptación. Es decir, lo que proponemos es una consideración consecuentemente múltiple y continua de la transición, como mudanza social, tanto en su dirección como en los distintos niveles en que nos movamos: el macrosocial o el microsocial. Así pues, de nuestra crítica a Maurice Godelier, llegamos a la conclusión de que la coexistencia de formas de producción se produce mediante mecanismos evolutivos que resultan imprescindibles desvelar para responder a las preguntas que surgen en el planteamiento de nuestro trabajo. Y que tales preguntas sólo cobran sentido con referentes empíricos surgidos de los procesos de trabajo que subyacen a tales formas de producción y en los que la tecnología, por un lado, y los proyectos de reproducción social, por otro juega, un papel central.

El problema se resuelve al indagar, por un lado, en la multilinealidad de tales formas de coexistencia y, por otro, en los procesos de trabajo como sistemas de relación. Tal como pretendimos hacer en otro lugar. (43)

NOTAS

1. La más clara, aunque harto esquemática, exposición de tal construcción teórica se encuentra, como veremos más adelante, en Ángel Palerm, Modos de Producción y formaciones socioeconómicas (México: Edicol, 1.977), que constituye una guía de aprendizaje. Cfr. También su trabajo Antropología y Marxismo (México: CIS-INAH, Nueva Imagen, 1.980). No obstante, en su forma originaria la caracterización de los esquemas de evolución del proceso histórico tal como Marx lo esbozara en sus anotaciones ha sido reconstruída partiendo de su Crítica de la Economía Política, que hoy se conoce como los Grundisse, Cfr. Karl Marx. Grundisse (Harmondsworth: Penguin Books, 1.974), con un excelente estudio introductorio de Martín Nicolaus: hay una edición castellana como Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (borrador), 1.857-58 (Madrid: Siglo XXI, 1.972), 2 tomos. Cfr., también, Eric J. Hobsbawn (ed.), Karl Marx, Precapitalism Economic Formations (Londres: Lawrence & Wishart, 1,964). Versiones castellanas en Gregorio Ortiz, J. Pérez Royo y W. Roces, en Barcelona: Grijalbo, 1.979. Cfr., igualmente, Maurice Godelier, Sur les sociales precapitalistes (París: Editions Sociales, 1,970), y su versión castellana con el título de Teoría Marxista de las sociedades precapitalistas (Barcelona: Laia, 1,971). Recientemente ha aparecido en castellano la edición de Krader de Sobre los cuadernos etnológicos de Marx, que permiten interpretar su pensamiento, dentro del esquema evolutivo del proceso histórico, respecto a las sociedades no occidentales y precapitalistas. Los apuntes etnológicos de Karl Marx, transcritos, anotados e introducidos por Lawrence Krader (Madrid: Pablo Iglesias-Siglo XXI, 1,988).

2. Karl Marx, carta a J. Weydemeyer del 5 de marzo de 1.852, citado en M. Godelier, La notion de “mode de production asiatique” et les shémes marxistes d’evolution des sociétés (ERM, 1.964). la primera edición castellana es de (Buenos Aires: Educor, 1.966). Utilizamos la edición castellana Maurice Godelier (ed.), Sobre el modo de producción asiático (Barcelona. Martínez Roca. 1,969), pp. 13 y 64.

3. Y ello en el contexto de lo que Marx denomina la economía natural “donde ninguna parte o sólo una parte insignificativa del producto agrícola entra en el proceso de circulación, e incluso sólo una parte insignificante de la porción del producto constituye la renta del terrateniente como ocurría, por ejemplo, en muchos latifundios de la antigua Roma y en las villas de Carlomagno y como sucede más o menos….durante toda la Edad Media”, Karl Marx, El Capital (México: FCE, 1,966), p. 729.

4. Sobre el método empleado por Marx al escribir el I tomo de El Capital como intento de dar continuidad a su enfoque teórico y metodológico Cf. Ángel Palerm, Modos de producción y formaciones socioeconómicas (México; Edicol, 1.976) y Maurice Godelier, “Introducción: el análisis de los procesos de transición” en Revista Internacional de Ciencias Sociales. UNESCO, 1,987; pp. 3-15.

5. Seguimos aquí la conceptualización de Wallerstein aunque como veremos más adelante, critiquemos tal enfoque en aspectos esenciales de su núcleo teórico.

6. Su legitimación global se debe a Engels quien (muerto Marx y con los materiales que preparó para entender la dinámica del campesinado en el proceso histórico) en El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado (1.884) presentó la universalización del esquema unilineal Cf. L. Krader (ed.), Karl Marx: The Ethological Notebooks (Amsterdam: Van Grocum, 1,972). Hay una versión castellana reciente en (Madrid: Siglo XXI/Fundación Pablo Iglesias). Para entender la relación intelectual de Marx y Engels y su divergencia final es imprescindible el trabajo Storia del marxismo I. Il marxismo ai tempi di Marx (Millán: Giulio Einandi editores, 1.978) y en especial los trabajos de Hobsbawn (pp. XXVI-XXIX); Lawrence Krader (pp.211-244). Y Gareth Stedman Jones (pp. 315-354).

7. En 1.899 se publicaron los trabajos en que ambos autores analizan el desarrollo el capitalismo en la agricultura. Kautsky utiliza Alemania como referencia empírica y Lenin hace lo propio en Rusia. Ambos trabajos han de considerarse como dos clásicos del pensamiento social agrario: Karl Kautsky, La Cuestión Agraria (París: Ruedo Ibérico, 1.970) y Vladimir I. Lenin. El desarrollo del capitalismo en Rusia (Barcelona. Ariel, 1.974)

8. Una esquemática pero clara exposición de tal enfrentamiento puede verse en L. Kolakowski. Las principales corrientes del marxismo. Su nacimiento, desarrollo y disolución II. La edad de oro (Madrid: Alianza Editorial, 1,982), pp. 55 y ss. Una visión más completa está en M. Salvadori, “Kautsky entre ortodoxia y revisionismo” en Historia del Marxismo 4. El marxismo en la época de la Segunda Internacional (2) (Barcelona: Bruguera, 1.980), pp. 217-262.

9. F. Engels, El origen de la familia, de la propiedad privada…..op. cit., p. 179.

10. Para un excelente análisis de la riqueza teórica de este trabajo Cf. Hanza Alavi y Teodor Shanin, “Peasantry and Capitalism: Karl Kautsky and the Agrarian Question” en Karl Kautsky, The Agrarian Question (Zwan, 1,988). Cf. Un extracto en Agricultura y Sociedad, no. 47, abril-junio, 1,988; pp. 43-54. Tiene mucho interés el análisis que realiza, sobre este tema, Miren Etxezarreta, La evolución del campesinado (Madrid: Ministerio de Agricultura, 1.979), aun cuando discrepemos en otros aspectos. Cf. También en este sentido el excelente análisis de David Goodman y Michael Redclift, From Peasant to Preletarian (Oxford: Brasil Blackwell, 1,981), pp. 100-112. Es importante matizar que la evolución intelectual de Vladimir I. Lenin como consecuencia de sus praxis política le apartó sustantivamente del Marxismo Agrario aquí caracterizado. Cf. Teodor Shanin, artículos publicados en Agricultura y Sociedad, no. 11, 1.979, y no 16, 1.980. También tiene interés, aun cuando discrepemos en determinados aspectos de su trabajo, la obra de Emilio Pérez Touriño, Agricultura y capitulación. Análisis de la pequeña producción campesina (Madrid: Ministerio de Agricultura. 1, 983).

11. Cuanto sigue es una síntesis apretada de las interpretaciones de Maurice Godelier; André Corts (Strategy for Labor, Boston: Beacon, 1.967) Mahailo Marcovic (The Contemporary Marx. Nottinghan: Spokesman, 1.974 y From Affluence to Praxis. Ann Arbor: Michigan University Press, 1.974) y V.I. Lenin (El Estado y la Revolución, 1.917, Madrid: Fundamentos, 1.975). Cf. Tom Bottomore (director) Diccionario del pensamiento
marxista (Madrid: Tecnos. 1,984)pp. 758-761.

12. (1.875). Versión consultada (Madrid. Aguilar, 1.971)

13. (1.848). Versión consultada The Comunist Manifiesto (Harmondsworth: Penguin Bookss, 1.970).

14. H. Alavi. “The Structure Peripheral Capitalism”, en H. Alavi y T. Shanin (eds.). Introduction to the Sociology of “Developing Societies” (London: Macmillan, 1.982), pp. 172-192; p. 172.

15 . Cf. Howard Newby, The Deferential worker (Harmondsorth: Penguin Books. 1.979); Francois Bourquelot. “De quelques tendances sur l’emploi des salaries dans la production agricole” en Economic rurale, 1.987; Giovanni Mottura and Enrico Pugliese, “Capitalism in Agriculture and Captalistic Agriculture; The Italian Case” en Frederick H. Buttel and Howard Newby (eds.). The Rural Sociology of advanced Societies (London: Croom Helm, 1,980)., pp. 171-199. Y más específicamente Enrico Pugliese. Il braccianti agrícoli in Italia (Milano: Franco Angeli, 1.983).

16. Los debates básicos del neomarxismo en torno a la acumulación del capital y los orígenes del capitalismo surgieron básicamente en dos frentes. Por un lado, como consecuencia de la crítica de Paul Sweezy al trabajo de Maurice Dobb, Studies in the Development of Capitalism (London: Routledge & Kegan Paul, 1,946) y las polémicas generadas en distintas revistas, originariamente en la revista norteamericana Science and Society, 1.950-53, reunida parcialmente en Rodney Hilton. The transition from feudalism to Capitalism (London; New Left Books, 1,976). Hay varias recopilaciones en castellano del debate, entre otras, en Ciencia Nueva, Ártica y Ayuso. Recientemente se ha publicado un interesante debate historiográfico sobre el tema que R. H. Milton considera como continuación de éste y que recopila trabajos aparecidos en Past and Present de 1.976 a 1.982. Cf. T. H. Antón y C. H. E. Pili (des.), El debate Vernier (Barcelona: Crítica, 1.988. De hecho, Rober Brenner (“The origins of capitalist development: a critique of neo-Smithian Marxism” en New Left Review, n° 104) participa activamente en la creación del otro frente del debate aparecido con los trabajos de André Gunder Frank que apoyándose en Paul A. Baran (The Political economy of growth, New York: Monthly Review Press, 1.957), analiza la problemática latiamericana (Capitalism and underdevelopment in Latin America, 1.967; Latin America. Underdevelopment or revolution, 1.969 y Lumpenbourgeoisie: lumpen-developmentdependence, class and politics in Latin America, 1.972., los tres publicados en New York: Monthly Review Press). Una interesante interpretación del marco teórico esbozado por Frank puede verse en A. Eugene Havens. “Methodological lssues in the Study of Development” en Sociologia Ruralis. Vol. XII, n°3-4, 1.972. Este enfoque fue completado más tarde por Inmanuel Wallerstein (The Modern World-System, New York: Academic Press, 1,974). Se establece así una estrategia teórica para interpretar la génesis, en el siglo XVI, de la jerarquización capitalista de estados y naciones que desde una posición central privilegiada explotan al resto como periferia subordinada por una red internacional de mercados. Esta teoría del subdesarrollo en el marco de la economía mundo tiene una gran relevancia política ya que define la estrategia revolucionaria a seguir respecto a las alianzas de clase. La crítica de Ernesto Laclau (“Feudalismo y capitalismo en América Latina”. Instituto Torcuato di Tella, Buenos Aires, 1.968, publicado más tarde en New Left Review. Mayo-junio, 1.971; hay versión castellana en Anagrama, 1.973, con el título de Tres Ensayos sobre América Latina junto a dos trabajos de Stavenhagen y Marini respectivamente), primero, y la disputa en torno al desarrollo desigual de Emmanuel y Bettelheim (L’echange inegal, París: Maspero, 1.969; trad. Cast. en Siglo XXI; (el mayor interés está en las observaciones teóricas del segundo), después, abrieron una nueva interpretación el tema en términos de articulación de modos de producción no-capitalistas en torno al capitalista que como hegemónico no disuelve uno que “conserva y descompone” a aquellos en el seno de la específica formación social periférica quedando así subordinados. La más radical interpretación de este esquema se debe a Samir Amin (L’accumulation a l’échelle mondiale. París: Anthropos, 1.970; hay traducción castellana en Siglo XXI). La incorporación de la crítica que la antropología marxista francesa realizara en los años 60 a la asumida economía neoclásica en la antropología anglosajona supone un importante enriquecimiento del debate (Cf, sobre todo Maurice Godelier, Rationalite et irrationalité en economie, París: Maspero, 1,966) aunque más tarde llegue a suponer un oscurecimiento del problema como consecuencia de la irrupción del idealismo althusseriano y sus seguidores (Cf. E. P. Thompson, The poverty of Theory and other Essays,London: Merlín Press, 1,978; hay traducción castellana en Barcelona: Crítica, 1,981).

17. 1.845-1.846. Edición consultada Karl Marx and Frederick Engels. The German Ideology (London: Lawrence & Wishart, 1,970) Existe una excelente version castellana en (Barcelona: Grijalbo, 1,970).

18. Cf. Notas 1 y 2.

19. 1861-1879. Edición consultada El Capital (México: FCE y 1973) Cf. Tom Bottomore (director) Diccionario del pensamiento… op. cit. pp. 762-764.

20. Karl Marx and F. Engels. The German…op.cit. pp. 74 y 80

21. Cf. Notas 1 y 2.

22. Antony Giddens. The Class Structure of the Advanced Soicieties (Londres: Hutchinson and Co. Ltd., 1980, 2ª ed., p. 95. Hay traducción en castellano en Madrid: Alianza Editorial, 1983.

23. Charles Bettelheim, “Prefacio a la edición francesa” de A. Emmanuel. El intercambio desigual (Madrid: Siglo XXI, 1.973), pp. 379-423, Cf. También del mismo autor La transición a la economía socialista (Barcelona: Fontanella, 1.974).

24. “ Sur l’ articulation des modes de production” en Problémes de la planification, nº 13. Centre d’études de planification socialiste, Paris-Sorbononne, pp. 42 y ss.

25. Femmes, greniers et capitaux (París: Maspero, 1.975). Hay edición castellana en (México: Siglo XXI, 1.977).

26. K. Marx, Grundisse. Foundations of the Critique of Political Economy (Harmonds-worth: Perguin Books, 1.973) p. 107.

27. Karl Marx, El Capital (México: FCF, 1962) Tomo I pp. 240, 266, 425-453, 476-482, 518 y 607 y ss. Sobre la interpretación de estos conceptos ef. Maurice Godelier. Transición, op. cit. pp. 195-205.

28. Para una interesante exposición de este “marco teórico de la articulación” en el contexto de los análisis del campesinado. Cf. David Goodman and Michael Redclift, From Peasant to Proletarian (Oxford: Basil Balckwell, 1.981). pp. 54-67.

29. Las dos posiciones extremas de los enfoques de la articulación en su aplicación al campesinado son la Meillassoux (Cf. “From Reproduction to Production” en Economy and Society, Vol. I, nº 1, 1.972, donde aparece esquematizado su enfoque teórico y Femmes, gremiers et capitaus, París: Maspero, 1.975, donde se desarrolla) para quien las relaciones de producción capitalistas tienen como premisa previa la separación del productor de los medios de producción, y la de Vergopoulos (con Samir Amin, La question paysanne et le capitalisme, París: Anthropos, 1.970) para quien el campesinado es reconstituido por “un capitalismo no capitalista”.

30. Juan Martínez Alier, “El marxismo y la economía ecológica” en Mientras Tanto, nº 35, octubre, 1.998, pp. 127-147.

31. Eric Hobsbawn (ed.) Karl Marx. Precapitalist Economic formations (London: Lawrene and Wishart, 1,964). Versiones castellanas de Gregorio Ortiz en (Madrid: Ciencia Nueva), primero, y Ayuso, después, en primera edición de 1.967 y segunda de 1.975, respectivamente; o, más cuidada, de G. Ortiz, J. Pérez Royo y Roces en (Barcelona: Grijalbo, 1.979). Cf. Igualmente Maurice Godelier, Sur les sociétés precapitalistes (París: Editions Sociales, 1.979) y su versión castellana con el título de Teoría marxista de las sociedades precapitalistas (Barcelona. Laia. 1,971).

32. Cf. Boguslaw Galeski, Basic Concepts of Rural Sociology (Manchester University Press, 1.972). Hay edición castellana en (Barcelona: Península, 1.977) como Sociología del Campesinado: Teodor Shanin (ed.). Peasant and Peasant Societies (Harmondsworth: Penguin Books, 1.971). Hay traducción castellana en (México: Fondo de Cultura Económica. 1.979) y su trabajo clave Late Marx and the russian Road (London: Routledge & Kegan Paul, 1.983): Hamza Alavi and Teodor Shanin (eds.), Introduction to the Socilogy of “Developing Societies” (London and Basingstoke: The MacMillan Press Ltd., 1.982). Cf. también Eric Hobsbawn y Hamza Alavi, Los campesinos y la política. Las clases campesinas y las lealtades primordiales (Barcelona: anagrama. 1.976).

33. Se debe a este autor el intento de reconstrucción de la teoría de los modos de producción y las formaciones socioeconómicas situando la forma de explotación campesina en los esenciales contextos históricos. Su Historia de la Etnología, de la que solo llegaron a aparecer tres tomos, pretendía dedicar uno a Marx desarrollando tal labor. La reflexión primera de esta obra en la que busca una continuidad teórica de Marx con Luxemburg, Wittfogel, Chayanov, Kula, Polanyi y Preobayenski es su trabajo Ángel Palerm. Modos de producción y formaciones… op. cit. Cf. E. Sevilla-Guzmán. “L’evolucionisme multilíneal en els estudis pagazos. Sobre el llegat teoric d’Angel Palerm” en Historia i Antropología a la memoria d’Angel Palerm (Publicaciones de l’Abadia de Montserrat, 1.984) y E. Sevilla Guzmán. “Camperols i marxisme en l’obra d’ Angel Palerm” en Quaderns de l’Institut Catalá d’ Antropología, 1981.

34. Cf. M. Rubel, Marx: Life and Works (London: Macmillan, 1.980); L. Krader (ed.), Karl Marx: The Ethnological Notebooks (Amsterdan: Van Grocum, 1.972) y The Asiatic Mode of Production (Amsterdam; Van Grocum, 1.975). Hay una reciente traducción castellana en (Madrid: Pablo Iglesias-Siglo XXI, 1.988); D. Torr (ed.). Selected Correspondence (London: Lawrence & Wishart, 1.975); Marx/Engels, Cartas sobre el Capital (Barcelona: Lais, 1,974), y sobre todo los trabajos de H. Wada y D. Saker en Teodor Shanin (ed.). Late Marx And The Russian Road (London: Routledge & Kegan Paul, 1.984).

35. Alexander V. Chayanov. “Zur Frage einer Theorie der nich Kapitalistischen Wirstschafts-systeme” en Archiv für Sozial Wissenschaft un Sozialpolitik, Vol. 51, 1.924, en Angel Palerm, Modos de producción y formaciones socioeconómicos (México: Edicol, 1.977), p. 149. Acaba de aparecer una valiosísima edición italiana de algunos de sus trabajos sobre economía de las explotaciones, reforma fundaria y reforma agraria, y agronomía social y cooperación preparada por Fiorenzo Sperotto y presentada por Giovanni Mottura como A. Chayanov; L’economía di Lavoro (Milano: Franco Angeli, 1,988).

36. Rosa Luxemburg, La acumulación del capital (1.912) (Madrid: Orbis, 1.985), Tomo II, pp. 140-142.

37. Teodor Shanin, “El mensaje de Chayanov: aclaraciones, falta de comprensión y la teoría del desarrollo contemporánea” en  Agricultura y Sociedad, nº 48, julio-septiembre, 1.988: p. 170. El subrayado es nuestro.

38. No vamos a abordar aquí la compleja problemática del concepto de subsunción y su reelaboración teórica ampliando su ámbito de aplicación de la dimensión sociocultural ya que ello ha sido realizado concienzudamente en los trabajos reseñados en las notas 1 y 2 de estos papeles: especialmente en los trabajos. Eco sociología (pp. 27-41) e Iconología, campesinado e historia (pp. 69-86). No obstante cuanto sigue acepta la propuesta teórica allí formulada de coexistencia de distintas formas de explotación o modos de uso de los recursos naturales articuladas por una forma henemónica de manejo de éstos. Los “modos subordinados” de uso de los recursos naturales se encuentran subsumidos al hegemónico en estado de subsunción formal, o caso de haber perdido su especificidad en toda una amplia escala de formas de control, en estado de subsunción real, forma ésta también sometida a una amplia gradación. La diferencia básica de cada uno de estos dos estados desde la perspectiva de la transición es su mayor o menor irreversibilidad del proceso.

39. Maurice Godelier, D’ une mode de production á l’ autre: théorie de la transition” en Recherches Sociologiques. Vol. XII, n° 2, 1.981, pp. 161-194; pp. 162-163. Para una exposición global de la reinterpretación del pensamiento marxiano de Maurice Godelier en Enciclopédia Einandi (Vila da Maia: Imprensa Nacional-Casa da Moeda, 1.986), Vol. 7, pp. 11-215.

40. Maurice Godelier, “Introducción: el análisis de los procesos de transición” en Los procesos de Transición. Estudios de casos Antropológicos. Revista Internacional de Ciencias Sociales, UNESCO, Diciembre, 1,987, 3-15; p. 5.

41. Maurice Godelier, Los procesos…op. cit., pp. 5-15. Una interpretación en determinados aspectos análoga, respecto a tal periodización, centrada en Mesoamérica, extendiéndose en el pasado y dando a su trabajo una caladura histórica de gran relevancia puede verse en Eric R. Wolf, Europe and the People without History (Berkeley: University of California Press, 1.982).

42. Teodor Shanin, “Late Marx: gods and craftsmen” en Teodor Shanin (ed.). Late Marx and the Russian…op.cit., pp.3-39; p.6.

43. Pierre Bourdieu, “De la regla a las estrategias” en Cosas Dichas (Barcelona. Gedisa, 1.988), pp. 67-82. Traducción de Choses dites (parís: Editions de Minuit, 1.987).

44. Cf. E. Sevilla guzmán y M. González de Molina, Ecología, campesinado e Historia…op.cit.pp.69-86.


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