2 artículos del abogado Juan Manuel Olarieta Alberdi: Un manifiesto para justificar que las tripas se queden vacías, de 2014 y La crisis es una bendición que el cielo nos envía, de 2010 - en los mensajes: Los aristócratas del ecologismo, del mismo autor

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    Chus Ditas
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    2 artículos del abogado Juan Manuel Olarieta Alberdi: Un manifiesto para justificar que las tripas se queden vacías, de 2014 y La crisis es una bendición que el cielo nos envía, de 2010 - en los mensajes: Los aristócratas del ecologismo, del mismo autor

    Mensaje por Chus Ditas el Miér Jul 09, 2014 7:00 pm

    —Un manifiesto para justificar que las tripas se queden vacías

    artículo de Juan Manuel Olarieta Alberdijulio de 2014

    Hace un par de siglos las corrientes más avanzadas de la burguesía eran ateas, de manera que acabaron con lo sobrenatural para quedarse sólo con lo natural, aunque no fueron capaces de llegar a una concepción científica de lo que es la naturaleza, y mucho menos de la relación entre lo natural y lo social, una tarea que incumbió al marxismo.

    La concepción burguesa de la naturaleza es paisajística, o sea, estética. El burgués no es el campesino que trabaja la tierra de sol a sol y huye de ella a la menor oportunidad. A pesar de que es una clase social urbana, que siempre ha vivido de espaldas del campo, la burguesía ha impuesto sus puntos de vista sobre la naturaleza, como tantos otros que forman parte de la ideología dominante.

    El capitalismo nos ha traido a una ciudad asfaltada, con viviendas de ladrillo y aire acondicionado en el coche, pero soportamos una contradicción: vivimos en una ciudad aunque nos gusta engañarnos y creer que lo que en realidad nos gusta es todo lo contrario, el césped, pasear por el campo los domingos por la mañana y respirar aire puro. Mientras históricamente la humanidad ha huido siempre del campo a la ciudad, la burguesía "alternativa" quiere recorrer ahora el camino inverso... eso sí, en coche, con paraguas por si llueve, crema para que el sol no nos queme la piel, spray contra los mosquitos y un iPod en el bolsillo.

    Para la burguesía, lo mismo que para la mayor parte de nosotros, la naturaleza representa el paraíso perdido. Es idílica y su prototipo sigue siendo el viejo romanticismo de 1800, el mito del buen salvaje de Rousseau: frente a la ciudad donde vivimos, que es la cuna de todos los males, la gente "de campo" es depositaria de los mejores valores de la humanidad.

    Nuestra concepción de la naturaleza forma parte de una ideología burguesa arraigada a la conciencia como una hiedra. Por su origen romántico, está repleta de sentimentalismo: dado que la naturaleza es, por sí misma, algo bueno y bonito, hay que conservarla tal cual porque todo lo que el hombre ha hecho siempre con ella es destruirla. Y cuando me refiero "al hombre" en general también estoy hablando de ese "hombre" típico del idealismo alemán del siglo XIX del que no se sabe ni de dónde viene ni a dónde va.

    Sujeta a una decadencia imparable, para la burguesía actual el progreso ya no existe, y si existe hay que acabar con él porque destruye la naturaleza. En 1973 los imperialistas del Club de Roma lo llamaron "límites del crecimiento" y ayer un manifiesto firmado por relevantes personajes de la farándula política nos llamaron a poner coto a la supuesta "crisis ecológica", entre ellos Xosé Manuel Beiras, Alberto Garzón, Cayo Lara, Pablo Iglesias, Esther Vivas y López de Uralde.

    El manifiesto asume todos los tópicos seudoecologistas que el imperialismo lleva predicando desde hace décadas para encubrir y, al mismo tiempo, justificar la profunda crisis que atraviesa y que se resume últimamente en la consigna del decrecimiento. Hablan de la "vida buena" por no decirlo más claramente: la buena vida, que debe ser la de los firmantes. Los burgueses que tienen la tripa llena miran a los demás con sus propios ojos y dicen que consumimos demasiado. Por consiguiente, que no tengamos trabajo, que quienes lo tienen ganen menos, los desahucios de viviendas, los recortes en educación o la liquidación de la sanidad, no es algo malo sino algo saludable, o dicho de otra manera: no es algo bueno para nosotros, pero sí para el planeta, para la naturaleza y para la ecología. Por lo tanto, ya sabéis: hay que resignarse a tener el plato cada vez más vacío o, como decía antiguamente el movimiento obrero, a apretarse el cinturón.

    El manifiesto es un resumen de todos y cada uno de los topicazos de la posmodernidad burguesa más actual, más a la moda, que hay que mencionar aunque ni ellos mismos sepan lo que significa: caos, colapso de la civilización, barbarie, crecimiento demográfico, genocidio, agotamiento de los recursos, cambio climático, transversalidad... Para no repetir siempre las mismas frases grandielocuentes proponen algo tan infantil como "hacer las paces con la naturaleza".

    El modelo es el 15-M, "que abre posibilidades para otras formas de organización social". La alternativa no es ya el socialismo sino "una nueva civilización" porque, como es bien sabido, el socialismo es "desarrollista", cree en el progreso, en el incremento de las fuerzas productivas y del bienestar de la humanidad.

    A la burguesía "alternativa" el socialismo se le ha quedado pequeño. El próximo cambio tiene que ser del tamaño del neolítico. Lo que no saben es que con el neolítico es cuando aparecieron las grandes ciudades precisamente...
     



    Última edición por Chus Ditas el Jue Jul 10, 2014 9:30 pm, editado 1 vez

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    Re: 2 artículos del abogado Juan Manuel Olarieta Alberdi: Un manifiesto para justificar que las tripas se queden vacías, de 2014 y La crisis es una bendición que el cielo nos envía, de 2010 - en los mensajes: Los aristócratas del ecologismo, del mismo autor

    Mensaje por Chus Ditas el Miér Jul 09, 2014 7:02 pm

    —La crisis es una bendición que el cielo nos envía

    artículo de Juan Manuel Olarieta Alberdi

    Este fin de semana(*) se celebra en Barcelona la segunda reunión internacional para convencernos de que la crisis capitalista es una bendición que el cielo nos envía, de que el decrecimiento económico no es negativo sino positivo. La primera se convocó hace dos años en París. El lema es “small is beautiful”, el perfume auténtico se sirve en frascos pequeños. La calidad (no la cantidad) de vida está de moda.

    La capacidad del capitalismo para tratar de sucederse a sí mismo en las condiciones más difíciles, como las actuales, no puede constituir ninguna sorpresa, así como tampoco la imaginación de sus corifeos, como Carlos Taibo, para que su desplome sea lo más dulce posible. Antes a eso lo llamaban “aterrizaje suave"; ahora decrecimiento económico. De paso el capitalismo puede aprovecharse de ella para resolver algunos problemas ecológicos que tiene pendientes.

    En 1972 lo llamaron “crecimiento cero” y en 1987 “crecimiento sostenible” pero con la crisis eso se ha vuelto insostenible. Ahora lo mejor que podía pasarnos es que nos cayéramos por la cuesta abajo. Bendito sea el capitalismo; hemos tenido suerte: nos estamos hundiendo y debemos alegrarnos por ello.

    En fin, las teorías del decrecimiento económico que propugnan los imperialistas son la personificación de la desvergüenza, con el añadido de que nos llegan como otra de esas modas rabiosamente revolucionarias (como todas las modas), que es como aparece recurrentemente en esos ridículos medios “alternativos” que la propugnan.

    Repasar el recorrido que han seguido los imperialistas para colarnos esta sandez supina del decrecimiento económico resulta, además de largo, bastante pesado, pero se puede resumir diciendo que tiene su origen moderno en aquel montaje de monopolios multinacionales como Volkswagen que se llamó “Club de Roma”, un puchero en el que guisaron sus postulados malthusianos, confirmados en el informe que llevaba como título “Los límites del crecimiento” que constituyó la más gigantesca campaña de propaganda que se ha llevado a cabo jamás.

    El famoso informe fue una de las primeras proyecciones informáticas que se hicieron, aunque ahora nadie se quiere recordarlo porque sus predicciones tenían el mismo nivel científico de las de Rappel, el tarot y los horóscopos. Cómo serían las cosas en aquel fatídico año de 1972 que todos pudimos empezar a respirar mucho más tranquilos: hasta las Cortes franquistas presentaron el primer proyecto de ley contra la contaminación.

    Lo que quisieron demostrar entonces ya lo sabíamos de antemano porque nos lo habían dicho los Testigos de Jehová y las corrientes protestantes milenaristas que pululan en el mundo anglosajón: el mundo se acaba. La traducción de la Biblia al lenguaje de la teoría económica imperialista, realizada por el reverendo Malthus a finales del siglo XVIII, tiene varias connotaciones que conducen al mismo sitio: las materias primas se agotan, el suelo se desertiza, el hambre acecha, el aire se contamina, la demografía explota, la biodiversidad se reduce, etc.

    Pero, ¿por qué se acaba el mundo? Si lo estudiamos despacio veremos que tiene su lógica: el mundo se acaba porque, como dice Carlos Taibo, es finito. La Tierra es como una nave espacial que recorre el universo, un recinto cerrado en el que el agua, los alimentos y el combustible se agotan... Todo se acaba tarde o temprano... Hasta la paciencia.

    Los más listillos lo plantean de una manera mucho más “científica”, introduciendo términos difíciles como entropía, tendencia al caos, al desorden, muerte térmica, paralización de la vida... como en las películas de ciencia ficción de la serie B pero totalmente creíble porque se apoya en la magia: la segunda ley de la termodinámica. Incuestionable.

    Cuando se presta un poco de atención a ese tipo de disquisiciones se aprecia algo muy significativo: las relaciones de producción han desaparecido y con ellas ya no hay mención a ninguna sociedad de clase; no hay capitalismo sino que nos hablan de sociedad industrial, o moderna, o avanzada, o tecnológica. Todo son fuerzas productivas. Lo que se agota no es el capitalismo sino la civilización contemporánea (toda ella).

    El decrecimiento, pues, consiste en dar marcha atrás, es una ideología reaccionaria, un retorno al mito del “buen salvaje” de Rousseau que hoy se reviste de un aspecto modernista: volver de la sociedad industrial a la agrícola, de la ciudad al campo. Es allá donde está la vida sana, natural, auténtica, pura, sin CO2, aditivos, colorantes, ni conservantes. Los jornaleros que emigraron en los sesenta a las grandes urbes masificadas se equivocaron de recorrido. Tenemos que cambiar nuestros artificiales calzoncillos de nylon por otros de auténtica lana de oveja merina, abandonar internet para volver a las señales de humo.

    La teoría del valor es una antigualla; hay que empezar a pensar en la economía en términos físicos. Pongamos un ejemplo: el problema del hambre en el mundo no es un problema del precio de los alimentos sino de su volumen: de las toneladas de producción mundial de trigo, de arroz, de maíz, etc. El problema más grave es que la Tierra tiene una superficie limitada de cultivo; no da más de sí y, además, como sabemos desde comienzos del siglo XIX gracias a David Ricardo, el suelo tiene una fertilidad decreciente. En la ideología burguesa todo es siempre decreciente, todo cae cuesta abajo... menos los beneficios de las multinacionales.

    ¿Qué debemos hacer?. Dar media vuelta. La economía, como el reloj de la historia, puede entrar en el túnel del tiempo, retroceder, dar marcha atrás. Es reversible y en lugar de progresar lo que debemos hacer es regresar porque la civilización moderna, la industria, la tecnología, tienen un carácter destructivo hacia la naturaleza.

    A partir de este punto el imperio del sol decreciente enfrenta a la naturaleza con la sociedad y al hombre con el medio. Se plantea justamente de ese modo, en términos abstractos e intemporales: el hombre deteriora el planeta, el agua, el aire, el paisaje, el subsuelo, el océano, etc. En nombre de la naturaleza la burguesía imperialista y sus secuaces están logrando que en amplios sectores del mundo entero el ser humano se desprecie a sí mismo, reniegue de sí mismo y de su capacidad para seguir evolucionando, mejorando.

    Yo no voy a ser de los que caigan en esa trampa. ¿Por qué creo que sigue siendo posible el progreso?. ¿Por qué creo que sigue siendo posible la (r)evolución?. Pues por lo que ya dijo Giordano Bruno y le costó la hoguera: el mundo no es una nave espacial cerrada porque es infinito. ¿Que hace falta para seguir avanzando?. La revolución socialista. ¿Qué es lo que conduce al mundo hacia el socialismo?. El desarrollo incesante de las fuerzas productivas y su contradicción con las relaciones de producción.

    Pero mi opinión no vale nada. El que quiera tener la suya propia que eche un vistazo a la historia desde los tiempos del neolítico. Se dará cuenta de que no ha habido, no hay y no habrá nunca marcha atrás en este proceso. Como la evolución, la revolución es irreversible e inevitable.

    (*) Artículo publicado en marzo de 2010 en http://odiodeclase.blogspot.com.es/2010/03/la-crisis-es-una-bendicion-que-el-cielo.html
       

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    Re: 2 artículos del abogado Juan Manuel Olarieta Alberdi: Un manifiesto para justificar que las tripas se queden vacías, de 2014 y La crisis es una bendición que el cielo nos envía, de 2010 - en los mensajes: Los aristócratas del ecologismo, del mismo autor

    Mensaje por Chus Ditas el Jue Jul 10, 2014 9:32 pm

    ···Los aristócratas del ecologismo

    artículo de Juan Manuel Olarieta Alberdi

    tomado del blog Opinión de clase

    Bajo el III Reich los nazis promulgaron varias leyes de protección de la naturaleza, de restricción de la caza de animales, establecieron en el país varios parques naturales y restringieron las instalaciones industriales en las zonas rurales para preservar el medio ambiente.

    La organización más característica del nazismo fueron las SS, una organización de tipo militar creada en 1925 cuyo objetivo era proteger a los jerarcas nazis. Paulatinamente las SS se convirtieron en el instrumento más leal de dominación del III Reich. Para ser oficial de alto rango de las SS había que ser vegetariano. Rudolf Hess sólo comía plantas cultivadas por métodos biodinámicos y estaba fascinado por la homeopatía. Impulsó una serie de medidas para la reforestación, la prohibición de la caza, la protección de especies en peligro de extinción y evitar la contaminación ambiental.

    Desde su fundación las SS constituyeron una élite selecta en la que se integraron los más rancios elementos de la aristocracia germana, apasionados de los uniformes y las guerras, príncipes como Bernardo de Lippe-Biesterfeld, primo del emperador Guillermo. Pero en la I Guerra Mundial, con la llegada a Alemania de la República de Weimar, el príncipe perdió su principado, pero no su inmensa fortuna. En 1933 se incorporó al partido nazi y posteriormente en el cuerpo de caballería de las SS, aunque tuvo que abandonar la organización en 1937 para poder casarse con la princesa Juliana de Holanda. Así el príncipe pudo tener, por fin, su principado.

    Bernardo tiene un primo, que también es príncipe en Inglaterra: Felipe, el duque de Edimburgo, cuyo verdadero apellido es Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glucksburg, que no oculta su origen alemán, a cuya nacionalidad renunció para entrar en la realeza británica en 1947 casarse con la reina Isabel II. Las aficiones ecologistas de la Casa Real británica son bien conocidas, tanto en el padre como en el hijo y heredero a la Corona, Carlos, el príncipe de Gales.

    La familia real británica, como el príncipe Bernardo de Holanda, son los más apasionados defensores de la ecología. En 1961 ambos príncipes impulsaron la creación del WWF (World Wildlife Fund, Fondo Mundial para la Naturaleza) y el nazi Bernardo fue nombrado su primer presidente, cargo que tuvo que abandonar en 1976 cuando fue sorprendido cobrando un soborno de la compañía de aviación Lockheed por sus gestiones para la compra de varios cazas F-104 para la Real Fuerza Holandesa.

    La financiación del WWF procede de una discreta organización que se llama “Club 1001”, otra selecta élite mundial compuesta por miembros de la nobleza, espías y magnates. La cuota de ingreso es de 25.000 dólares. Quien le entregó el dinero del soborno Lockheed al príncipe Bernardo fue otro miembro del “Club 1001”: Fred Meuser. Después de la muerte del príncipe Bernardo, en una entrevista a la prensa, Meuser contó que aquel había admitido el soborno, pero que lo justificó diciendo que estaba destinado a una buena causa: el WWF.

    El “Club 1001” donó un edificio de oficinas en Gland (Suiza) donde actualmente tiene su sede el WWF y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Este Club reúne a los personajes más notables del ecologismo mundial, como Juan Carlos I, presidente de WWF de España, de la nobleza europea y de las finanzas internacionales, entre ellos:

    - Alexander King: escocés, director científico de la OCDE, cofundador del Club de Roma y autor del libro "Límites al crecimiento", un éxito de ventas del ecologismo imperialista
    - Gustavo Cisneros: el magnate por antonomasia de América Latina. Amigo de conocidos benefactores del mundo como Kissinger, David Rockefeller y el clan de los Bush. Es director activo de la Universidad Rockefeller de Nueva York y del Instituto Español Reina Sofía de Madrid. Es propietario de numerosas empresas de telecomunicación.
    - Maurice Strong: vicepresidente de WWF International y primer director ejecutivo del Programa Ambiental de las Naciones Unidas hasta 1975. Presidente de Petro-Canadá de 1976 a 1978, Subsecretario General de las Naciones Unidas de 1985 a 1987; dirigió la Cumbre de la Tierra de Rio de Janeiro en 1992. En 1994 era presidente de Ontario Hydro, la compañía generadora de electricidad canadiense dueña de varios reactores nucleares.
    - Sir Francis de Guingand, general del ejército británico y jefe de su aparato de inteligencia.
    - Tibor Rosenbaum, húngaro que entró en el espionaje israelí en 1951, manteniendo siempre una estrecha amistad con el Príncipe Bernardo de Holanda. Fundó el Banque du Credit International (ICB), que en 1967 fue identificado por la revista "Life" como el centro de lavado del dinero del jefe de la mafia Meyer Lansky.

    Hay grandes monopolistas que no pertenecen al Club pero financian al WWF, como A.H.Heineken, presidente del Consejo de Administración de la multinacional cervecera holandesa del mismo nombre, un viejo colaborador de WWF y de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UINC).

    En los años noventa Heineken financió un estudio de WWF que proponía la desintegración de los Estados de la Unión Europea, cuadruplicar el número de reservas naturales, parques de fauna y flora y zonas protegidas en el continente. El estudio proponía redefinir el mapa de Europa para crear 75 mini-estados con una población no superior a 10 millones cada uno. Cada mini-estado sería gobernado por un integrante de alguna de las casas reales que existen en Europa. El plan recibió el apoyo de "Ecoropa", una de las filiales más importantes del WWF en Europa, fundado por el declarado "fascista universal", el difunto Dennis de Rougemont, junto con Teddy Goldsmith, fundador de la revista "The Ecologist".

    Para garantizar el éxito del plan, los miembros del “Club 1001” y los financieros del WWF compraron grandes extensiones de tierras en las regiones identificadas para futuros parques y zonas protegidas.

    Uno de los que crearon la rama africana del WWF en Washington fue Kermit "Kim" Roosevelt (1916–2000), nieto del presidente Theodore Roosvelt. Durante generaciones el clan Roosevelt trabajó para el imperialismo británico. En 1903 Theodore Roosevelt fundó la Sociedad para la Preservación de la Fauna Silvestre del Imperio Británico, la más antigua de las organizaciones de este tipo, cuyo objetivo aparente era crear parques y reservas naturales en África al estilo de los que se habían creado en Estados Unidos.

    La exportación del modelo ecológico estadounidense al continente africano comenzó con un safari que organizó Roosevelt en 1909, cuando ya no era presidente. Fue la mayor carnicería de la historia. Durante una larga expedición que recorrió África oriental, el Congo Belga y el Nilo, la legión de 250 cazadores que acompañaba a Roosvelt abatió 1.100 piezas, incluyendo más de 500 grandes mamíferos (17 leones, 11 elefantes y 20 rinocerontes). Así entendían Roosvelt y los demás ecologistas el papel de África en el mundo. Se trataba de conservar un coto de caza despoblado de hombres para que ellos pudieran cazar animales salvajes a sus anchas. Pocos años más tarde algunos de los participantes en aquel safari se convirtieron en los fundadores de las reservas de la biosfera que hoy en día cubren buena parte del continente africano.

    Por su parte, el nieto Kermit Roosevelt reunía la doble condición de espía y ecologista. Dirigió los servicios de inteligencia imperialistas en Oriente Medio. Era un experto en contrainsurgencia que había trabajado para la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) en El Cairo durante la II Guerra Mundial. En 1953, trabajando para el director de la CIA Alen Dulles, fue el responsable directo de la Operación Ajax, asumiendo la organización del golpe de estado que en 1953 derrocó al Primer Ministro iraní Mohammed Mossadegh, cuya suerte había sido echada cuando nacionalizó la compañía petrolera Anglo-Iranian Oil Company, propiedad del Imperio Británico.

    Mientras trabajaba como espía, en 1948 Roosevelt constituyó la Unión Internacional para Conservación de la Naturaleza y los Recursos Naturales (UICN), la red ambiental más grande y antigua del mundo.


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